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martes, 3 de diciembre de 2013

Economistas Notables: Paul A. Samuelson

Termodinámica económica, curvas de indiferencia, síntesis neoclásica y Samuelson son términos sinónimos que vamos a detallar en nuestra sección de Economistas Notables, dedicando esta entrada a Paul A. Samuelson, concretamente ahora, que se ha cumplido un año del fallecimiento de este premio Nobel de Economía.

Biografía 
Las aplicaciones matemáticas en economía y sus nexos con la química, le valieron para que en 1970 le otorgaran el Nobel de economía 

Paul Anthony Samuelson nació en Gary (Indiana) el 15 de mayo de 1915, con padres relativamente acomodados, dado que su progenitor era farmacéutico y su madre provenía de una familia industrial con origen judio. 
Schumpeter. 
Falleció en Belmont (Massachusetts) el 13 de diciembre de 2009 a los 94 años. Samuelson inició sus estudios superiores en la Universidad de Chicago, donde se licenció en 1935. 
Después ingresó en la Universidad de Harvard, para alcanzar el grado de doctor en 1941, teniendo como mentor a Schumpeter. 
En 1940, obtuvo una plaza como profesor asistente de economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), organismo donde realizó la mayor parte de su carrera académica. 
Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial y hasta 1952 perteneció a la Oficina del Tesoro de los Estados Unidos, de la que después fue asesor. 
Al mismo tiempo, trabajó intensamente en el departamento de Economía del MIT, siendo sus contribuciones económicas y su cátedra como profesor hasta su fallecimiento, una figura crucial para que este centro haya alcanzado el prestigio que actualmente ostenta. 
El fundamento del análisis económico, por Paul A. Samuelson La obra magna de Samuelson se agrupa bajo El fundamento del análisis económico (1947). 
En este trabajo, Samuelson comenzó a generalizar la aplicación de modelos matemáticos a la economía, particularmente, los estudios de termodinámica de Willard Gibbs, con base en la evolución de los principios del químico francés Lé Chatelier, llevaron a Samuelson a establecer el método de estática comparativa en economía. Este método explica los cambios en la solución de equilibrio de un problema de maximización obligada cuando una de las restricciones es marginalmente reforzada o relajada. 
Esta extrapolación del estudio de los principios termodinámicos han servido para desarrollar los distintos escenarios económicos que se originan cuando se altera alguna variable del sistema estudiado.

Las aplicaciones matemáticas en economía y sus nexos con la química, le valieron para que en 1970 le otorgaran el Nobel de economía por estos estudios dado que introdujo una aplicación sistemática de la metodología de maximización a un amplio conjunto de problemas. 
La introducción matemática de las teorías keynesianas con la corriente económica de la síntesis neoclásica se le debe sin duda a Samuelson mediante el desarrollo de las curvas de indiferencia, que permitieron evaluar la utilidad marginal decreciente de un bien sin recurrir a su cuantificación. Su enfoque matemático y su liderazgo intelectual llevó al estudio de la economía al camino del análisis matemático que, durante unas décadas dominó la profesión de las económicas. 
Otros trabajos y contribuciones Samuelson ha sido un economista sumamente prolijo en sus escritos y trabajos, pero destacan fundamentalmente las siguientes contribuciones: Economics: An Introductory Analysis, 1948. Este libro es el libro de economía más vendido de la historia con más de 19 re-ediciones y que ha sido traducido a 40 idiomas, utilizándose en casi todas las universidades del mundo como texto recomendado. Este texto es una manual mucho más sencillo y simple que todo el desarrollo de su tesis doctoral que lo escribió por recomendación de sus amigos para que la economía fuese entendible por los no economistas. 

Economía de bienestar, como la aplicación de las condiciones Lindahl-Bowen-Samuelson. Estas condiciones son los criterios a seguir para determinar su una acción mejorará el bienestar. En 1950 demostró la insuficiencia del PIB per cápita para revelar cuál de las dos opciones sociales estaba uniformemente fuera de la otra función de posibilidad factible. 

Teoría de las finanzas públicas, en las que determina el ratio óptimo para distribuir los recursos públicos y privados. Desarrollo de dos importantes modelos de tendencia internacional: el efecto Balassa-Samuelson y el modelo Heckscher-Ohlin, como modelo que parte de la hipótesis de que las tasas de crecimiento de la productividad varían más por país en los sectores de bienes comerciales que en otros sectores. Este modelo se apoya en el efecto Penn, tal que las proporciones de ingreso real entre los países de altos y bajos ingresos son sistemáticamente exageradas por la conversión del PIB en los tipos de cambio de mercado. 

Teoría de la preferencia revelada, método por el cual es posible discernir la mejor opción posible y, por tanto, definir las funciones de utilidad del consumidor observando el comportamiento del consumidor.

Para finalizar, podemos decir que Samuelson se ha declarado siempre como un economista escéptico, muy crítico con la política económica americana impulsada desde los años 80 y con una gran perspectiva. Os dejo con una de sus últimas columnas en El País, donde lanzaba una crítica muy dura a Friedman y Hayek y con una recopilación de errores de esta crítica por Adrian Ravier.

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Cinco grandes errores de Keynes y Samuelson

Para aquellos que les interesa la economia y la teoria economica les recomiendo leer este post del economista argentino Adrian Ravier desmitificando algunos de los argumentos a favor del intervencionismo promoviod por el socialista Lord Keynes y un gran porcentaje de los economistas de hoy. 

Cinco grandes errores de Keynes y Samuelson politica



 Hace unos días el Nobel Paul Samuelson escribió una columna que recogieron distintos medios donde se criticaba el liberalismo defendido por otros dos Nobel como Milton Friedman y Friedrich von Hayek. 

Intentaré a continuación escribir una breve respuesta a los dislates allí esgrimidos: 

1. El artículo comienza haciendo referencia a los años de su infancia, cuando imperaba el capitalismo “puro” de los años 1915 a 1929. Primer gran error. 
El capitalismo “puro” en el que gobernaba el laissez faire de los liberales clásicos, de los primeros monetaristas, y de los pensadores de la Escuela Austríaca de Economía, murió con el comienzo de la Primera Guerra Mundial y no estuvo presente durante esos años de guerra y de entre guerras, donde el gasto público se exacerbó y los banco centrales empezaron a gestionar “científicamente” las variables monetarias, empezando a abandonar el patrón oro.

2. Luego Samuelson se pregunta, ¿quiénes mataron este capitalismo “puro”? Y su respuesta apunta al presidente Hoover y su secretario del tesoro. 
La gran depresión a los ojos de Keynes, y también de Samuelson, ha sido el fruto de la inestabilidad del capitalismo, la insuficiencia de la demanda agregada y fundamentalmente de los “espíritus animales” de los inversores. 

Es cierto que el presidente Hoover fue uno de los responsables de la gran depresión, pero la causa central no fue correctamente advertida por los keynesianos. Estudios profundos de Milton Friedman y Anna Schwartz, así como de Lionel Robbins, Benjamín Anderson y Murray Rothbard, muestran que la causa de aquella crisis, al igual que la presente, debemos encontrarla en los errores de la política monetaria practicada por la Reserva Federal durante los años previos a la gran depresión. 

Sintéticamente, desde 1924 la Reserva Federal practicó fuertes operaciones de mercado abierto comprando títulos públicos, comprando también títulos privados y desarrollando una política expansiva en materia de redescuentos. Esta liquidez inyectada por el banco central de los Estados Unidos, y que logró reducir artificialmente las tasas de interés, fue canalizada hacia los llamados Broker´s loans (créditos a corredores de bolsa), que eran créditos destinados a operaciones bursátiles. El resultado fue un auge económico, acompañado de una burbuja inmobiliaria y bursátil, que tenía como sustento la expansión de la política monetaria y que necesariamente debía terminar en algún momento, como predijo correctamente el mismo
Friedrich von Hayek
Friedrich von Hayek a través de su teoría austríaca del ciclo económico. Esto ocurrió efectivamente en 1929, luego de que un año antes la Reserva Federal revirtiera su política monetaria expansiva, por otra contractiva.

3. A paso siguiente, Samuelson se pregunta, ¿y quién hizo resucitar al capitalismo? Y su respuesta apunta al New Deal de Franklin Roosevelt. Tercer gran error. 

Resulta quizás uno de los mitos más importantes en la historia de la macroeconomía que el New Deal permitió, aumentando el gasto público y estimulando la demanda agregada, reducir los niveles de desempleo y revertir la situación recesiva dejando atrás lo que se considera la depresión más profunda en la historia de los Estados Unidos. Lo cierto es que, si uno se atiene a las estadísticas, el New Deal no logró reducir las tasas de desempleo, ni tampoco estimular la actividad económica. Veamos el caso del desempleo: en 1932 había en Estados Unidos 12 millones de desocupados; en 1937 alcanzó su pico más bajo de 7.7 millones; pero luego, en 1938 volvió a subir a 10.4 millones, mostrando que las políticas practicadas eran sólo de corto plazo. Estados Unidos recién logra abandonar la crisis económica y el estancamiento con la segunda guerra mundial. Y no sólo eso. Los estudios mencionados nos muestran que el New Deal no sólo no logró los resultados buscados, sino que incluso fueron los culpables de que la crisis se prolongue durante tanto tiempo.

4. A continuación Samuelson nos propone en su artículo correr hacia delante el hilo de la historia, y trasladarnos al “terremoto financiero global” de nuestros días. Afirma con crudeza que “tarde o temprano, los sistemas de mercados no regulados están condenados a la implosión”, y si bien critica a Marx, Lenin, Stalin, Mao, Castro y Chávez por no considerar imprescindibles los sistemas de mercado, concluye que los orígenes del “peor terremoto financiero de un siglo a esta parte” los encontramos en el capitalismo libertario del “dejar hacer” que enseñaron Milton Friedman y Friedrich von Hayek, “al que se permitió crecer desmedradamente y sin respeto por regla alguna”. Y luego sentencia: “Esa es la causa principal de las dificultades actuales. Esos dos señores han muerto, pero su venenoso legado sobrevive hasta nuestros días.” Cuarto gran error. 

 Lo primero que debemos señalar sobre todas estas condenas, a mi juicio injustificadas, es que no existe mercado más regulado en estos tiempos modernos que el sistema financiero. Es el banco central de cada país, o de cada región, el que regula cada operación desarrollada en un sistema financiero. Es el banco central el que determina la tasa de interés, el tipo de cambio y la cantidad de dinero que circula en la economía, y que intenta determinar también la tasa de crecimiento económico e incluso la tasa de desocupación mediante lo que los keynesianos denominan la “gestión científica de las variables monetarias”. Es el banco central quien determina incluso el nivel de encajes con el que deben operar los bancos comerciales. Es el banco central de los Estados Unidos, la Reserva Federal, quien ha expandido la oferta monetaria en torno al 10 por ciento anual en los últimos tiempos, tal como lo hiciera con antelación a la gran depresión de los años 1930. Es en el banco central donde debemos buscar el origen de la actual inestabilidad financiera mundial. En definitiva, no es menos capitalismo lo que se necesita para evitar nuevos procesos semejantes, sino más capitalismo. No es el “venenoso legado” del laissez faire de Friedman y Hayek el que provocó las dificultades actuales, sino el “venenoso legado” del intervencionismo de Keynes, que hoy sobrevive en la discrecionalidad y las regulaciones defendidas por Paul Samuelson.

5. Y por último, resume Samuelson que “la mayor parte de las pérdidas que se han producido ahora serán permanentes, como sucedió con la crisis de 1929-32”, punto al que suscribo; sin embargo, agrega, “con la inyección de suficiente dinero de parte de la Reserva Federal y el Tesoro estadounidense, será posible recuperar la estabilidad y tomar el camino de la recuperación”. 
Vemos de esta manera como Samuelson propone apagar un incendio con más fuego, por no haber podido determinar la causa correcta de la crisis global. Si Friedrich von Hayek estuviera presente ante esta crisis, entiendo que afirmaría que lo que se necesita es reconocer las pérdidas, abandonar toda intervención y regulación en materia monetaria, y dejar que el mercado libre ajuste rápidamente los errores de inversión inducidos por la política monetaria de la Reserva Federal. Toda otra política sólo prolongará más tiempo la crisis. 

* Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek 

 Fuente: 

Sintesis neokeynesiana

"Oferta Monetaria"

Keynes y la demanda efectiva

Keynes y la demanda efectiva “A pesar de su nombre, la síntesis neoclásica no fue realmente una síntesis de las ideas neoclásicas con las ideas keynesianas... sino simplemente la reafirmación del marco neoclásico con la adición de alguna terminología “macroeconómica” keynesiana. Se conservó el sabor de algunas de las recomendaciones específicas de política económica de Keynes, pero se desechó la lógica esencial de la teoría económica de Keynes. Así pues, la síntesis neoclásica se tradujo en el aborto de la revolución keynesiana fundamental... Davidson, 1980 

 “En la nueva teoría macro-micro se ha perdido este punto. Mediante una estratagema simple todo el argumento de Keynes se pone a dormir. Estimemos lo que sería el ahorro con empleo pleno en la situación actual a corto plazo, con la distribución actual de la riqueza y la jerarquía actual de las tasas de ingresos de las diversas ocupaciones, y veamos que haya suficiente inversión para absorber el nivel del ahorro que esta distribución del ingreso genera. ¡Y listo! Regresamos al mundo del equilibrio, donde el ahorro gobierna la inversión y la teoría microeconómica puede deslizarse otra vez en los viejos canales” Robinson, J. 1980 

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KEYNES y El Principio de la Demanda Efectiva

El Principio de la Demanda Efectiva

Examinando a nivel agregado el comportamiento de los empresarios, Keynes llega a la conclusión de que la demanda efectiva es la variable esencial que determina el nivel de empleo. Sigamos su razonamiento tal como está expuesto en el capítulo III de la Teoría General.

El primer concepto agregado es el "precio de oferta global". Este se define para un nivel dado de empleo, y se presenta como "el producto esperado que, a los ojos de los empresarios, es justo suficiente para que valga la pena ofrecer ese volumen de empleo" (p.46). Este precio de la oferta global, evidentemente, no es un precio en el sentido habitual sino un valor: se trata del producto mínimo exigido por los empresarios para que acepten contratar los trabajadores que permiten obtenerlo. Así, si Z es el precio de oferta global que corresponde al empleo de N personas, la relación Z=j(N) es, para Keynes, "la función o curva de la oferta global". Esta curva es evidentemente creciente en función de N.

Pero, este "producto" suficiente para justificar el empleo que le corresponde, no es, en general, igual a las ventas que los empresarios esperan. Puede ser superior o inferior según el nivel de demanda previsto. De este modo, Keynes define la variable D como "el producto que los empresarios esperan obtener del empleo de N personas" (p.47). Como existe un valor D para cada nivel de empleo, diremos que la "función o curva de demanda global" es la relación D=f(N). Esta curva es creciente en función del empleo.

Siempre que la demanda global sea superior a la oferta global, esto significará que, en el vocabulario de Keynes, el "producto anticipado" por los empresarios es superior al producto mínimo requerido para que se adelanten las operaciones de producción con el nivel correspondiente de empleo. En este caso, el beneficio global no es máximo y, como dice Keynes: "habrá un movil que incitará a los empresarios a aumentar el empleo" (p.47). De ahí la célebre definición de Keynes: "denominaremos demanda efectiva al volumen del producto esperado D en el punto donde la demanda global corta a la oferta global" (p.47).

En resumen: la demanda efectiva es la demanda anticipada que es igual a la oferta global; y al nivel de la demanda efectiva obtenida de este modo, corresponde un nivel de empleo perfectamente determinado. Keynes añade: "esto constituye lo esencial de la Teoría General del empleo que nos proponemos exponer". Nosotros seguiremos tal exposición.

2.1 El principio de la demanda efectiva y la economía política clásica.

Esta manera de plantear el problema del empleo (a través de la demanda efectiva) constituye una ruptura radical con lo que Keynes denominaba "la economía política clásica", la cual no solamente abarca a los grandes economistas clásicos (como Ricardo), sino también a los neoclásicos (como Edgeworth y Pigou, por ejemplo). En efecto, para Keynes la economía política clásica se caracteriza principalmente por la adopción de la "ley de Say" según la cual la oferta crea su propia demanda. En esta concepción, los ingresos distribuídos, que constituyen exactamente la contrapartida contable del valor de los productos ofrecidos, servirán, sin exceso ni defecto, para absorber la producción. De esto resulta, transponiendo este principio al vocabulario de Keynes, que la oferta agregada y la demanda agregada no pueden servir para determinar el nivel de empleo, el cual, según la economía "clásica", se determina independientemente en el mercado de trabajo.

 En dicho mercado, los empresarios demandan trabajo igualando la productividad marginal (decreciente), al salario real. Esta regla conduce a una curva decreciente de demanda de trabajo. En cuanto a los trabajadores, estos igualan el salario real a la desutilidad marginal (creciente) del trabajo. Esta regla conduce, segun las hipótesis habituales, a una curva creciente de oferta de trabajo. El mercado se encontrará en equilibrio cuando la oferta sea igual a la demanda, es decir, cuando la desutilidad marginal del trabajo es igual, al mismo tiempo, al salario real y a la productividad marginal del trabajo.

 Por definición, el equilibrio descrito arriba corresponde a un equilibrio de pleno empleo. Esto se debe a que, en equilibrio, al tipo corriente de salario real, todo trabajador dispuesto a trabajar encontrará un puesto de trabajo (esto es lo que se representa en la figura).

En laconcepción Keynesiana, la determinación del empleo tiene poco que ver con el mecanismo precedente: la demanda efectiva puede por supuesto conducir a un nivel de empleo N* inferior al de pleno empleo (Npe). Si: N=N*, la demanda de trabajo fijará el salario al nivel (w/p)o, correspondiente a la productividad marginal asociada a tal nivel de empleo. Keynes llama a esta regla el "primer postulado de la economía clásica", lo califica de "ley primordial" y lo hace suyo sin ninguna restricción.
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Por el contrario, la desutilidad del trabajo, tal como aparece en la curva de oferta (u), no es igual al tipo de salario, es inferior. Keynes rechaza entonces lo que denomina "el segundo postulado de la economía clásica", que es precisamente el que admite la igualdad mencionada. En efecto, admitir este segundo postulado, además del primero, equivale a situarse en el pleno empleo, es decir en el único caso específico en que se cumplen los dos postulados. Siguiendo este razonamiento, Keynes concluye que la ley de Say y el "segundo postulado de la economía clásica" son equivalentes.

Evidentemente, el pleno empleo de los economistas clásicos es compatible con un cierto paro residual o friccional que resulta de distintos "defectos del proceso de ajuste" (según la expresión de Keynes). También este pleno empleo es compatible con el paro "voluntario", de aquellos que no están dispuestos a trabajar al tipo de salario de mercado, por debajo de su desutilidad marginal. Para lo que no hay lugar en la teoría clásica es para la existencia de "desempleo involuntario", es decir, el de aquellos que, al tipo de salario vigente, no encuentran un empleo que estarían dispuestos a aceptar. Si el empleo se determina por la demanda efectiva, es evidente que puede existir tal desempleo involuntario (AB). A partir de esta observación Keynes concluye: la ley de Say y la ausencia de desempleo involuntario son equivalentes.

En resumen, la economía clásica para Keynes, reposa sobre tres afirmaciones estrictamente equivalentes: (1) la igualdad entre el salario real y la desutilidad marginal del empleo; (2) la ausencia de desempleo involuntario; y (3) la oferta crea su propia demanda. Admitir una de ellas es admitir inmediatamente las otras dos y, sobre todo, admitir la automaticidad del equilibrio de pleno empleo.

2.2. Determinación de salarios y paro involuntario:

Según el razonamiento anterior, hay dos caminos igualmente efectivos, para llegar a la conclusión de que el pleno empleo no se obtiene automáticamente:

1. criticando la "ley de Say" a partir del principio de la demanda efectiva; o,

2. rexaminando los mecanismos de fijación de salarios.

En el apartado anterior vimos el primero de estos caminos, veamos ahora lo que dice Keynes cuando aborda el segundo. El razonamiento clásico supone que la oferta y la demanda de trabajo dependen del salario real. Según Keynes, hay dos razones para afirmar que esto es cierto para la demanda (primer postulado de los clásicos) pero no lo es para la oferta. La primera es que la experiencia muestra que la "fuerza de trabajo razona en términos de salarios nominales más que de salarios reales", y que "se resiste habitualmente a la disminución de los salarios nominales" (p. 30-31). La segunda razón, mucho más importante, es que los acuerdos pasados entre empresarios y trabajadores no determinan diréctamente los salarios reales. Puede ocurrir, dice Keynes, que "la fuerza de trabajo no cuente con medio alguno para reducir sus salarios reales a una cifra dada, revisando las clausulas monetarias de los acuerdos firmados con los empresarios (p.35). Así, si la baja de los salarios nominales trae como consecuencia una reducción de los precios, es posible que los salarios reales no disminuyan. A la inversa, los asalariados no tienen cómo oponerse a un alza generalizada de precios que haga caer el salario real de todos ellos. Keynes piensa que en realidad, y en contra de las apariencias, no está reñido con la razón que los trabajadores negocien en términos nominales; lo que realmente está en juego, cuando un grupo de trabajadores defiende y negocia un salario nominal, es el salario relativo, es decir el lugar a ocupar dentro de una jerarquía de salarios reales sobre los cuales cada uno de ellos tiene una influencia mínima.

 Imaginemos que, por ejemplo, los precios crecen mientras que los acuerdos salariales están cerrados y no son revisables. Los salarios reales disminuirán y, en consecuencia, crecerá la demanda de trabajo (primer postulado de la economía clásica admitido por Keynes). Si los trabajadores están dispuestos a aceptar los nuevos empleos ofrecidos al salario nominal anterior, pero a un salario real más bajo, esto significará que antes estaban en situación de desempleo involuntario ¿acaso no están dispuestos a trabajar por un salario real más bajo?. Esto es exactamente lo que dice Keynes en su definición de desempleo involuntario: "Existen desempleados involuntarios si, en caso de un ligero aumento en los precios de los bienes de consumo obrero con respecto a los salarios nominales, la oferta global de fuerza de trabajo dispuesta a trabajar en las condiciones corrientes de salario y la demanda global de mano de obra en las mismas condiciones, se establecen ambas por encima del nivel anterior de empleo" (p.37)

No hay que malinterpretar el análisis precedente: lo que tenemos en él es una definición del desempleo involuntario y, en ningún caso, el fundamento teórico de una política económica para solucionarlo a través de la inflación. El nivel de empleo sigue estando determinado por la demanda efectiva. Esta se impone en el mercado de trabajo y hace que, de algun modo, el tipo de salario esté sobredeterminado. En ese sentido, la expresión "mercado de trabajo" no es un concepto adecuado ni tiene un lugar preciso en la economía keynesiana. Más aun, podríamos decir que es un concepto completamente ajeno; ¿qué otra cosa se puede pensar de un mercado supuestamente encargado de definir una cantidad de equilibrio una vez que dicha cantidad se fija en otra parte completamente extraña a tal mercado?.

2.3. Una transición: el paso del empleo al ingreso real

Hasta ahora hemos seguido el razonamiento de Keynes en términos de empleo. En lo que sigue, Keynes va a continuar su análisis en términos de ingreso. ¿Bajo qué condiciones se opera esta sustitución de variables? Denominemos a a la participación de los salarios (E) dentro del ingreso nominal (R). Por hipótesis, entonces: E=aR; y, como E=N.S (empleo, N, por salario unitario, S), resulta inmediatamente que N=aR/S=aRs (donde Rs es el ingreso real). Según si la participación de los salarios es estable, creciente o decreciente, la relación entre el empleo y el ingreso real será de las distintas formas ilustradas en la figura.

 ¿Cuál es la hipótesis de Keynes al respecto? Su posición es que "el crecimiento del empleo tiende, debido a los rendimientos decrecientes, a aumentar la proporción del ingreso global atribuído a los empresarios" (p.138) y como consecuencia, "el aumento del ingreso medido en unidades de salario será más que porporcional al aumento del empleo" (p.131). La justificación de tal afirmación se encuentra en una nota de pie de página (p.47-48) que retoma brevemente los argumentos que utilizó Ricardo para obtener el mismo resultado (t1.cap.IV). En resumen, la hipótesis de Keynes es que a es decreciente lo que corresponde a la curva 3 del gráfico. 

2.4 Demanda efectiva y empleo: resumen 

Admitidos los elementos anteriores, es posible entender el resumen que ofrece Keynes al lector en la segunda parte del capítulo III, destinado a aclarar el sentido general de los desarrollos que expondrá a continuación. El objetivo principal consiste en explicar el nivel de empleo. Como éste está determinado por la demanda efectiva, se trata entonces de saber cómo se determina esta última. Como ya sabemos, ésta se determina en el equilibrio de dos funciones: la demanda global y la oferta global.

La demanda global es la suma del consumo y la inversión prevista. Es decir, en términos reales: Ds=Cs+Is. Anticipando resultados posteriores (como hace el propio Keynes en su exposición), admitamos que el consumo crece con el ingreso, pero menos que proporcionalmente, en tanto que la inversión es independiente del ingreso.
- En cuanto a la función de oferta global (Zs en términos reales), ésta tendrá como contrapartida los ingresos que serán distribuídos con ocasión de las operaciones de producción. Es decir, en términos reales: Zs=Rs.

Según lo anterior, la condición de equilibrio: oferta global=demanda global, conduce a la condición de equilibrio Rs=Cs+Is. Como el ingreso es también igual a la suma del consumo más el ahorro (Rs=Cs+Ss), de ello resulta inmediatamente que el equilibrio también puede definirse como la igualación del ahorro y la inversión (Is=Ss o, en términos nominales, I=S). En equilibrio, se realizará la producción prevista, se distribuirán los ingresos esperados, la demanda efectiva será igual a la demanda descontada; es decir, en suma, se realizarán las expectativas de los empresarios. Desde que Samuelson lo propuso en 1939, tenemos el hábito de representar este resumen de la Teoría General en el gráfico de 45 grados que aparece en la figura, y en el que hemos añadido la relación entre el ingreso y el empleo tal como la concebía Keynes. El caracter familiar de esta representación no debe hacernos olvidar que según Keynes todas las funciones en el representadas se calculan en unidades de salarios y, sobre todo, que se trata de variables anticipadas, con excepción de la situación de equilibrio, cuando la igualación de la oferta y la demanda determina la demanda efectiva y el empleo, y, en consecuencia, se ratifican las expectativas.

3. La propensión marginal a consumir y el multiplicador:

La función de consumo, o la propensión a consumir en el vocabulario de Keynes, es la primera componente de la función de demanda agregada que se estudia en la Teoría General. Su importancia es crucial, ya que de ella depende el multiplicador.
- El comportamiento de los consumidores depende, a priori, de numerosos factores que Keynes clasifica entre "factores objetivos" y factores subjetivos". Los factores objetivos que pueden influir sobre el consumo son los siguientes:

1. el desfase entre el ingreso real y el ingreso neto (porque "el ingreso neto es, por definición, a lo que atiende cada quien cuando decide la escala en la que ha de consumir" (p.89);

 2. las variaciones imprevistas en el valor de los bienes de capital (estas se encuentran entre "las causas principales de las variaciones a corto plazo de la propensión a consumir" p.90);

3. las variaciones del tipo de descuento del futuro, aproximado por el tipo de interés, que tiene una importancia "secundaria" o "negligible" en el corto plazo, ya que el valor del capital, al que éste afecta, se incluyen en el rubro anterior;
4. las variaciones de la política fiscal (porque con ella se propone "obtener una distribución más igualitaria del ingreso");

5. los cambios en las previsiones concernientes a la relación entre el ingreso futuro y el ingreso presente (pero estos cambios se tienden a compensar a escala macroeconómica).

En cuanto a los factores subjetivos, estos agrupan las razones que tienen las personas para abstenerse de gastar. Entre estas Keynes enumera, con mayúsculas: la Precaución, la Previsión, el Calculo, la Ambición, la Independencia, la Iniciativa, el Orgullo y la Avaricia. ¿Debemos concluir de la enumeración anterior que la propensión al consumo es inestable?. Keynes pensaba justo lo contrario, precisamente porque los factores subjetivos son esencialmente estables y los factores objetivos citados arriba son de escasa importancia comparados con la otra variable determinante del consumo: el ingreso real. Su conclusión será entonces doble. Por una parte: "la propensión a consumir se puede considerar como una función suficientemente estable" (p.93): y, por otra, "el ingreso global, medido en unidades de salario, es, por norma general, la variable fundamental que influye sobre el consumo" (p.94). 

Una vez admitida la estabilidad del comportamiento y el ingreso real como variable explicativa, hay que determinar la forma de la función de consumo. Esta última descansa sobre una "ley sicológica fundamental", corroborada por la experiencia, y que consta de dos proposiciones: la primera, es que: "en promedio y la mayor parte del tiempo los hombres tienden a aumentar su consumo a medida que crece su ingreso, pero no en una cantidad tan grande como el crecimiento del ingreso" (p.93). Es decir: la propensión marginal a consumir (dCs/dRs) es positiva e inferior a la unidad. La segunda es que: "en general, se ahorra una proporción cada vez más importante del ingreso a medida que crece el ingreso real" (p.94). En otros términos: la propensión media a consumir (Cs/Rs) decrece a medida que aumenta el ingreso.

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¿QUÉ ES LA INFLACIÓN?

Qué es la inflación

Inflación es el crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios y factores productivos de una economía a lo largo del tiempo. Otras definiciones la explican como el movimiento persistente al alza del nivel general de precios o disminución del poder adquisitivo del dinero.
Inflación es el crecimiento continuo y generalizado de los precios de los bienes y servicios y factores productivos de una economía a lo largo del tiempo.
En la práctica, la evolución de la inflación se mide por la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Para comprender el fenómeno de la inflación, se debe distinguir entre aumentos generalizados de precios, que se producen de una vez y para siempre, de aquellos aumentos de precios que son persistentes en el tiempo. Dentro de estos últimos también podemos hacer una distinción respecto al grado de aumento. Hay países donde la inflación se encuentra controlada por debajo del 10% anual, otros con inflaciones medias que no superan el 20% anual y países en los que el crecimiento sostenido de precios ha superado el 100% anual. Cuando la variación de los precios alcanza el 50% mensual se la denomina hiperinflación.

Causas de la inflación

La inflación, como fenómeno económico tiene causas y efectos. La definición de sus causas no es una cuestión sencilla debido a que aumento generalizado de los precios suele convertirse en un complejo mecanismo circular, del cuál no resulta sencillo determinar los factores que impulsan al incremento de los precios. Esta dificultad para determinar las causas de la inflación, ha sido el motor que impulsó a diversos teóricos a ensayar diferentes explicaciones sobre los procesos inflacionarios. Las teorías explicativas suelen agruparse en tres categorías. Por una parte, están las que consideran como explicación de la inflación un exceso de demanda agregada, o sea inflación de demanda. Por otra parte, se encuentran aquellos que apuntan a la oferta agregada como disparadora del proceso inflacionario, esto es lo que se denomina inflación de costos. Por último, existe un grupo de teóricos que entienden a la inflación como el resultado de rigideces sociales, esto es lo que se denomina inflación estructural.

Los Déficit Fiscales, su financiación a través de emisión y la inflación

El déficit fiscal es un posible disparador de un proceso inflacionario. Por una parte, suponiendo que partimos de una situación de equilibrio entre oferta agregada y demanda agregada, un incremento en el gasto del gobierno sin que sea acompañado por un incremento similar en los ingresos tributarios, generará tanto un exceso de demanda agregada, como un incremento en el déficit fiscal. Este hecho es el que señalan los keynesianos como disparador del proceso inflacionario.
Los monetaristas también suponen que es un exceso de demanda agregada lo que enciende el proceso inflacionario, pero difieren con los keynesianos respecto a la causa que genera ese exceso de demanda. Desde su concepción, es un incremento en la oferta monetaria, vía mayor disponibilidad de liquidez, lo que provoca el incremento de la demanda agregada. Por lo tanto, si el Estado, luego de haber agotado todas las fuentes de crédito privado, recurre a financiarse a través de incrementos en la emisión de moneda, generará un exceso de liquidez que se traducirá en exceso de demanda e incremento generalizado en los precios.
Cuando un gobierno acarrea una pesada deuda, cada le vez resultará más complicado conseguir financiamiento genuino. Cuando las fuentes de crédito se agotan y los déficits son persistentes, los gobiernos suelen recurrir a la impresión de moneda como último instrumento para financiar sus gastos. La emisión no genuina, es decir un incremento en la oferta de dinero no acompañado de un aumento en la demanda de moneda, genera un incremento en los precios.
La financiación de un déficit mediante emisión, tiene efectos diferentes según se trate de un régimen de tipo de cambio fijo o flexible. Como se verá, a los países que tengan déficit presupuestario crónico y de alta magnitud, les resultará complicado en extremo mantener un tipo de cambio fijo y tendrán que optar por pasar a tipo de cambio flotante o, al menos, hacer frecuentes ajustes de la paridad monetaria.

Déficits fiscales con tipo de cambio fijo

Cuando una economía que opera bajo un sistema de tipo de cambio fijo ha agotado sus fuentes de financiamiento provenientes de préstamos directos del público, interno y externo, la única herramienta que le queda para financiar el exceso de gastos sobre los ingresos es tomar préstamos del banco central.
Cada vez que el gobierno intente financiarse a través de préstamos del banco central, incrementará la base monetaria, pero dado que los saldos monetarios que se demandan permanecen constantes se generará un exceso de oferta de dinero. Las familias convertirán los saldos monetarios excedentes en activos externos, presionando hacia la devaluación del tipo de cambio. Como el banco central está comprometido a mantener el valor de la moneda doméstica a un nivel dado, deberá cambiar el exceso de moneda nacional por divisas. Este proceso continuará hasta que la oferta de dinero retorne a su nivel inicial e iguale a la demanda por saldos monetarios que se mantuvo constante durante todo el proceso.
Mientras el banco central disponga de divisas para sostener el tipo de cambio, la inflación se mantendrá bajo control dado que los precios internacionales no varían y se supone el cumplimiento de la ley de un solo precio. De esta forma, el gobierno podrá mantener el nivel de precios financiando sus gastos a través de la emisión. Pero esto es una solución que no puede sostenerse por mucho tiempo, ya que si el gobierno insiste con financiar sus déficits mediante la creación de dinero, sólo conseguirá agotar las reservas del banco central. Cuando los residentes del país advierten que el banco central no podrá mantener el valor de la moneda, cambian con mayor velocidad sus activos domésticos por activos externos, para protegerse de la eventual pérdida de valor que sufrirán ante la futura devaluación. Finalmente, cuando las reservas del banco central han llegado a su límite, no hay más opción que dejar que la moneda nacional se deprecie. El proceso finalizará con el abandono del sistema de tipo de cambio fijo, ya sea devaluando y fijando un nuevo valor más alto del tipo de cambio o permitiendo que la moneda nacional fluctúe libremente. Al colapso de un sistema de tipo de cambio fijo cuando se agotan las reservas del banco central se le llama crisis de balanza de pagos.

Déficits fiscales con tipo de cambio flotante

Cuando una economía se maneja bajo un sistema de tipo de cambio flotante ante un eventual incremento en la oferta monetaria el banco central ya no debe salir a defender el valor de la moneda ofreciendo divisas. Si la emisión se concreta, el valor de la moneda foránea aumentará. Dado que existe una relación entre los precios domésticos y externos, formalizada en la ley de un solo precio o paridad del poder de compra, la tasa de inflación será igual a la tasa de devaluación. En un sistema como este, hay una relación directa entre la magnitud del déficit que se pretende financiar y la tasa de inflación. El financiamiento del déficit proviene efectivamente del impuesto inflación.

Efectos de la inflación sobre la economía de un país

Los efectos de la inflación dependen en cierta medida según ésta pueda ser prevista o sea sorpresiva. Cualquiera sea la forma que tome la inflación, acarrea costos y mientras mayor sea la tasa de variación de los precios mayores serán los costos.
Existen costos de mantener dinero en efectivo, por lo que los agentes económicos dedican más tiempo a analizar qué harán con sus saldos monetarios. El proceso inflacionario implica, para los comerciantes, costos reales para actualizar los precios. El incremento continuo del nivel general de precios tiene efectos redistributivos a favor de los deudores, en la puja distributiva los asalariados y todos aquellos que dependan de ingresos nominales fijos verán disminuir sus ingresos reales. Por último, según ha sido estudiado por Olivera-Tanzi, la inflación también ocasiona costos para el fisco debido al retardo que existe entre el momento en que se realizan los gastos y el cobro de los impuestos.
Existen dos tipos de inflación; por un lado tenemos aquella que se conoce con anticipación y se incorpora a las expectativas de los agentes económicos; por otra parte, la inflación puede ser no anticipada por los agentes económcios, que es la que se presenta antes de que los individuos hayan ajustado sus expectativas.

Inflación Anticipada

- Los agentes tratarán de minimizar dicha pérdida reduciendo sus saldos medios de dinero. 

- Se asignará mayor parte de la riqueza al consumo de bienes durables, como medio de protección contra elimpuesto inflacionario.
- El proceso de actualización de los precios nominales implica costos reales asociados a las erogaciones que deben realizar los comerciantes en el proceso de demarcación. 

- La inflación puede generar distorsiones en la presión tributaria. Por ejemplo, suponiendo que los tramos de impuesto a los ingresos se fijan en términos nominales, con el paso del tiempo los ingresos nominales se incrementarán, y la gente se desplazará a tramos tributarios más altos, incrementándose así su tasa tributaria marginal. De esta forma, una persona cuyo ingreso real antes de impuestos es constante sufrirá un incremento gradual en sus obligaciones tributarias y la pérdida consiguiente de ingreso disponible, debido simplemente a la inflación. Mientras mayor sea la variación en los precios, mayores serán los costos implicados.
- La inflación también implica costos para el Estado, ya que socava el valor de los tributos que recauda. Esto se debe a que existe un lapso de tiempo entre el momento en que se produce el gasto del Estado y el momento en que se recaudan los impuestos para cubrir dichas erogaciones. En muchos países, durante este tiempo de rezago, no existe ningún mecanismo para mantener el valor real de la obligación tributaria. Este fenómeno se conoce como el efecto Olivera-Tanzi, que puede llevar a un círculo vicioso. Un incremento del déficit fiscal se traduce en un aumento en la inflación, que a su vez, reduce los ingresos tributarios; menores ingresos tributarios, por su parte, incrementan aún más el déficit fiscal, y así sucesivamente.

Inflación no anticipada

Los principales efectos de la inflación no anticipada son redistributivos. Las sorpresas en las tasas de inflación conducen a desplazamientos del ingreso y la riqueza entre diferentes grupos de la población. Durante un proceso inflacionario, los deudores se verán beneficiados a costa de los acreedores, ya que la inflación socava las tasas reales de interés. Dependiendo del grado de aumento en los precios las tasas reales de interés pueden volverse negativas, lo que termina favoreciendo claramente a los sujetos que tomaron préstamos.
En general, todos los poseedores de activos financieros que tengan una tasa de rendimiento nominal fija, sufrirán una pérdida ante aumentos en la tasa de inflación. Para evitar el desgaste que sufren estos activos frente al aumento en los precios, se han desarrollado instrumentos indexados, que se comprometen a pagar una tasa de interés real o, dicho de otra manera, ajustan la tasa de interés nominal que pagan por un índice que evita la pérdida de valor provocada por el aumento en los precios.
Los efectos redistributivos de la inflación inesperada también se manifiestan dentro del sector familias. Los propietarios de viviendas hipotecadas resultarán beneficiados al ver que la cuota de su hipoteca disminuye en términos reales. Por otra parte las personas mayores, mantienen más saldos nominales que las más jóvenes, por este motivo un proceso inflacionario redistribuye ingresos a favor de los individuos de menor edad.
También se ven sujetos a una puja redistributiva los sectores asalariados. El aumento en los precios socava el salario real de los trabajadores contratados. Aun cuando los contratos laborales incluyan cláusulas de ajuste, la efectividad de estás para evitar la pérdida de los ingresos de los trabajadores, se ve reducida ya que los contratos se revisan esporádicamente mientras que el aumento en los precios es un proceso continuo, de esta forma los ajustes en los contratos sólo logran mejorar por cierto tiempo el salario real, a medida que la inflación sigue su curso ascendente, los salarios reales vuelven a caer. De esta forma, el proceso inflacionario no solo disminuye el salario real sino que también afecta su variabilidad.

Hiperinflación

Hiperinflación es una inflación muy elevada, según Philip Cagan es aquella que sobrepasa el 50 por ciento mensual.

Presiones Inflacionarias y Mecanismos de Propagación de la Inflación

En todo proceso inflacionario pueden distinguirse dos elementos: las presiones inflacionarias, que son los desequilibrios básicos causantes de aumentos autónomos en los precios y los mecanismos de propagación. Las presiones inflacionarias se originan en un proceso de demanda que provoca un ascenso de los precios en uno o varios mercados. Los mecanismos de propagación hacen que esos aumentos de precios se extiendan al sistema económico en su conjunto y se repitan a través del tiempo. Es posible que la presión inflacionaria luego desaparezca, incluso que se presenten tendencias deflacionarias, pero no por ello el proceso inflacionario habrá de detenerse: mecanismos de propagación, fundamentalmente las expectativas de inflación, pueden perpetuarlo y mantener o crear nuevas presiones inflacionarias. En todo proceso inflacionario prolongado los desequilibrios básicos van cambiando, en tanto que los mecanismos de propagación se hacen permanentes. (Arnaudo, Aldo "El progama antiinflacionario de 1973")

Hiperinflación


Hiperinflación



Hiperinflación es una inflación muy elevada, según Philip Cagan es aquella que sobrepasa el 50 por ciento mensual.En muchos países latinoamericanos las subidas de precios han alcanzado en las últimas décadas tasas muy elevadas, algunas del orden del 400% anual e incluso superiores. Este es el fenómeno llamado hiperinflación. Aquí hay un cambio cualitativo, es una situación substancialmente diferente a la inflación normal, con problemas y peculiaridades propias, que requieren explicaciones y soluciones diferentes. En una situación hiperinflacionista la gente no está dispuesta a mantener dinero debido a la rapidez con que disminuye su valor.

Historia de la hiperinflación

La hiperinflación no es una novedad. En otros países y otros períodos históricos se han conocido también procesos inflacionistas extraordinarios. El más estudiado de todos ellos es el sufrido por Alemania tras la Primera Guerra Mundial. La obligación de pagar fuertes indemnizaciones a las naciones vencedoras y la caótica situación interna que impedía obtener por la vía fiscal los ingresos necesarios, indujeron a la República de Weimar a financiarse imprimiendo papel moneda sin ninguna contención. Entre 1922 y 1923 la tasa acumulada de inflación ascendió a un billón por ciento. Para hacernos una idea del significado de esa cifra piénsese que el dinero suficiente para adquirir todas las viviendas del término municipal de Málaga no bastaría un par de años después para pagar una ración de boquerones.
Aún más grave fue la hiperinflación sufrida por Hungría inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Los precios se multiplicaron por más de 1027 en doce meses, multiplicándose dos veces cada día.

Hiperinflación en América Latina

La hiperinflación latinoamericana no ha alcanzado nunca esas tasas extremas, pero ha resultado ser mucho más perdurable en el tiempo. La tasa media de inflación anual durante el período 1978-1987 fue del 166% para Brasil, del 299% para Argentina y hasta del 602% para Bolivia. Pero no fueron las propuestas estructuralistas sino las más clásicas (restricción monetaria y contención del gasto público) las que han conseguido domeñar la fiera. Eso sí, con efectos muy desagradables para la población de estos países. De hecho, como consecuencia de las repercusiones de algunas políticas antiinflacionistas excesivamente rígidas, a finales de los ochenta se llegaron a producir en varios países sudamericanos (ArgentinaVenezuela, entre otros) motines espontáneos con asalto de muchedumbres procedentes de los barrios más pobres a tiendas de alimentación.

Véase también

LA INFLACIÓN EN EL PERÚ DURANTE LOS ÚLTIMOS MESES

INEI: Inflación cayó a 0.22% en noviembre y regresó al rango meta del BCR

(Foto: USI)
Analistas esperaban que los precios al consumidor cayeran 0.15%. El menor precio estacional de los alimentos fue el factor clave, dando una variación acumulada de 2.69% y una anulizada de 2.69%, según el ente estadístico.

Scotiabank: Inflación en el Perú cerraría el año en 2.8%

El analista senior del banco, Mario Guerrero, explicó que los factores de oferta que afectaron a la inflación están revirtiéndose. Hoy, cifras del INEI mostraron que la inflación anualizada a setiembre se situó en 3.04%.

INEI: La inflación anualizada a setiembre se situó en 3.04%

Superó ligeramente el rango meta del Banco Central de Reserva, entre 1% y 3%. Los precios al consumidor en Lima Metropolitana–indicador de referencia– subieron un 0.04% a octubre, aunque fue menor al 0.11% de setiembre.