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lunes, 1 de agosto de 2022

LA HISTORIA DE LA OIT

 

Historia de la OIT

La OIT durante la segunda guerra mundial (1940-1945)

 

Transferencia del Centro de Actividades de la Organización Internacional del Trabajo a Montreal (1940)

Morrice Hall (a former Presbyterian university located on the campus of McGill University), ILO premises from August to November 1940, Montreal, 1940.En el momento en que el conflicto mundial se desencadena, la OIT se encontraba dispuesta a continuar sus labores. En efecto, el Consejo de Administración ya había vislumbrado las disposiciones necesarias para asegurar la continuidad de las actividades en caso de guerra. Sin embargo, estando el territorio suizo rodeado por las tropas de ocupación alemana, la situación de la Organización se volvía cada vez más precaria. Tal era ésta, que establecer un centro de actividad fuera de Ginebra se tornó imperativo. Efectivamente, el Director de la OIT, John G. Winant, deseaba evitar a todo precio que la OIT pudiese convertirse en un instrumento de Estados totalitarios.

En agosto de 1940, el gobierno canadiense da su consentimiento oficial para que se realice la transferencia temporal del personal de la OIT. Cuarenta miembros del personal de dieciocho nacionalidades diferentes pudieron ser transferidos. Un grupo de funcionarios permanece en Ginebra para realizar los arreglos necesarios, mientras que los otros miembros retornan a sus países como corresponsales nacionales o agregados en oficinas de correspondencia a fin de reunir allí información relativa a cuestiones sociales de interés para la Oficina.

Una place conmemorativa fue inaugurada el 14 de septiembre de 1950 en la Universidad McGill, Montreal: "La Organización Internacional del Trabajo transfirió su sede durante la guerra, en 1940, a este recinto para responder a la generosa invitación del gobierno del Canadá y de la Universidad McGill. Desde aquí la O.I.T. dirigió su trabajo de promover la paz mundial a través de la justicia social hasta 1948. Esta tableta registra la profunda gratitud de la O.I.T. a la Universidad McGill" (Véase Unveiling of a Plaque at McGill University, Montreal, p.163).

(Foto: Morrice Hall (una antigua universidad presbiteriana ubicada en el campus de la Universidad McGill), locales de la OIT de agosto a noviembre de 1940, Montreal, 1940). 

Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, New York y Washington DC, 27 de octubre - 6 de noviembre de 1941

El objetivo y el carácter especial de esta Conferencia se precisan en un telegrama y en una carta que el Director interino de la OIT dirigió a los Gobiernos de los Estados Miembros de la OIT y cuyo tenor fue el siguiente: "[...] Conferencia no tendrá atribuciones constitucionales normales y no prevese adopción convenios internacionales trabajo. Pero reunión proporcionará oportunidad verificar evolución mundial problemas sociales en esta época critica así como actividades y tareas actuales y venideras Organización.  [...]" (Véase Conferencia de la OIT, 1941, New York y Washington DC, Actas, pag vi - introducción).

La Conferencia Internacional del Trabajo adopta una resolución que proclamaba que "la victoria de los pueblos libres en la guerra contra la agresión totalitaria es condición indispensable para el logro de los ideales de la Organizatión Internacional del Trabajo" (Véase Revista Internacional del Trabajo
, vol. 25, nº1, 1942, p. 15). Otra resolución aprueba las disposiciones económicas y sociales de la Carta del Atlántico. Así, en 1941, la OIT pensaba ya en las medidas a tomar debido a los problemas que surgirían después de la guerra.

La Declaración de Filadelfia (1944)

En 1944, la 26a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, congregada en Filadelfia, adopta una Declaración referente a las fines y objetivos de la Organización International del Trabajo. Dicha declaración, comúnmente denominada Declaración de Filadelfia, fue incorporada en anexo a la Constitución de la OIT revisada de 1946, en reemplazo del artículo 41 de la versión precedente de la Constitución.

La Declaración de Filadelfia, que ya anticipaba el advenimiento de la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los derechos del hombre a las cuales sirvió de pauta, es todavía en la actualidad la carta de los objetivos y principios de la OIT. Las recomendaciones contenidas en la Declaración se sitúan en la más amplia perspectiva: conciernen no sólo al mundo del trabajo sino también al ser humano en su conjunto. Sus destinatarios directos son "todos los seres humanos, cualesquiera fueren su raza, credo o sexo".

(Foto: reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo en Filadelfia, abril-mayo de 1944. De izquierda a derecha: una mujer desconocida, el Dr. PP Pillai (Oficina Regional para la India), Edward Phelan (Director de la OIT), M. Rubbins (representante de la OIT en Londres ) y Hai Fong Cheng (Director de la Oficina Regional para China).)

Creación de las Comisiones de Industrias (1945)

Si bien la idea de instituir Comisiones para la industria surgió desde la Conferencia de Nueva York en 1941, es durante la 94ª reunión del Consejo de Administración de la OIT, llevada a cabo en Londres en enero de 1945, que se crean las Comisiones de Industrias. Su objetivo era adaptar los mecanismos y métodos de la OIT a las necesidades urgentes de la post guerra. La Organización buscaba focalizar su atención de manera particular en ciertos sectores: "Evidentemente, se debe comenzar seleccionando un pequeño número de industrias bien organizadas que presenten problemas internacionales importantes y urgentes, pata tomar medidas inmediatas" (Cf. Actas de la 94a reunión del Consejo de Administración de la OIT, p. 125, en inglés).

  • Sectores industriales considerados (lista del gobierno británico) : minas de carbón ; hierro y acero ; construcción mecánica e industrias conexas ; construcción e ingeniería civil ; industria textil ; transportes ferroviarios, por carretera y por vías de agua interiores ; trabajo en puertos ; profesiones del comercio de distribución.
  • Lista complementaria de la OIT: industria química; industrias de la electricidad; transporte aéreo; producción y refinamiento del petróleo.
Las primeras resoluciones adoptadas por las Comisiones de Industrias abordaron principalmente los problemas siguientes: 
  • mano de obra, contratación y formación ;
  • condiciones de trabajo, horas de trabajo, licencias con goce de sueldo ;
  • salarios ;
  • pleno empleo y producción ;
  • seguridad e higiene ;
  • relaciones laborales.

La OIT durante el período de entreguerras (1919-1939)

La OIT durante el período de entreguerras (1919-1939)

Creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)

La idea de reglamentar el trabajo a nivel internacional se va gestando progresivamente en el curso del siglo XIX. La Primera Guerra Mundial marca un momento crucial para este movimiento: la Conferencia de la Paz, iniciada el 25 de enero de 1919, crea la Comisión de Legislación Internacional del Trabajo, encargada de elaborar la constitución de una organización internacional permanente. El texto que adopta el 11 y el 28 de abril, bajo el título de "Trabajo", se convierte en la parte XIII del Tratado de Versailles que forma la "Constitución de la OIT" El Tratado de Versailles fue adoptado en su totalidad por la Conferencia de la Paz el 28 de junio de 1919. Los artículos 387 al 427 tratan sobre la estructura de la OIT que comprende : 
  • una Conferencia General Tripartita, la Conferencia international del Trabajo ;
  • un órgano ejecutivo tripartito, el Consejo de Administración ;
  • ILO Assistant Director Harold Butler and Director Albert Thomas enjoy a moment of rest in front of the first ILO building, La Châtelaine. This building now houses the Headquarters of the International Committee of the Red Cross.  Pregny, Switzerland, 1920.

    una secretaría permanente, la Oficina Internacional del Trabajo, a la vez centro de investigación, de actividades prácticas y de edición.
Su funcionamiento, basado en el tripartismo, y su universalidad caracterizan a la OIT, organización única en su género. Es así que la creación de la OIT es guiada, desde sus orígenes, por el principio general de justicia social, según los términos del Tratado de Versailles, condición previa para "una paz universal y durable". Los Estados Miembros de la OIT han pasado de ser 44 en 1919 a 182 en 2008. La lista de los "miembros originarios" comprendía los 29 Estados signatarios del Tratado de Versalles y que al ratificarlo tuvieron de inmediato la calidad de miembros de la SDN y de la OIT. El título de "Miembro originario de la OIT" fue además acordado a 13 otros Estados invitados a adherir al pacto de la SDN.

Asimismo, la OIT actúa a través de conferencias regionales, comisiones especializadas y reuniones de expertos, constituidas progresivamente a lo largo de su historia. Actualmente los diferentes campos de acción de la OIT se articulan en base a cuatro objetivos estratégicos :
  • promover y ejecutar las normas y los principios y derechos fundamentales en el trabajo ;
  • incrementar las posibilidades de que las mujeres y los hombres obtengan un empleo y un ingreso decentes ;
  • incrementar la cobertura y la eficacia de la protección social para todos ;
  • fortalecer el tripartismo y el diálogo social.

(Foto: El Director Asistente de la OIT Harold Butler y el Director Albert Thomas disfrutan de un momento de descanso frente al primer edificio de la OIT, La Châtelaine. Este edificio ahora alberga la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja. Pregny, Suiza, 1920.)

Primera Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) (1919)

"Conferencia General de los representantes de los Miembros", la Conferencia Internacional del Trabajo es el órgano plenario de la OIT que elabora, adopta y supervisa las normas internacionales del trabajo. Constituye una tribuna mundial del trabajo en la que se debaten cuestiones sociales.

La primera reunión de la CIT que congrega a delegaciones de 40 países, se lleva a cabo en Washington en octubre-noviembre de 1919. Cada delegación estuvo compuesta por 2 delegados del gobierno, un delegado representante de los empleadores y un delegado representante de los trabajadores. Los delegados podían estar acompañados por un número más o menos importante de consejeros, según los países. En primer lugar, la Conferencia decide admitir a Alemania y a Austria como Estados Miembros y en seguida adopta 6 convenios y 6 recomendaciones relativos a cuestiones esenciales :
  • las horas de trabajo en la industria ;
  • el desempleo ;
  • la protección a la maternidad ;
  • el trabajo nocturno de las mujeres y de los niños ;
  • la edad mínima para el trabajo en la industria.

Instalación de la Oficina Internacional del Trabajo en Ginebra (1920)

ILO's first premises (1920-1926), today the headquarters of the International Committee of the Red Cross (ICRC).La Oficina Internacional del Trabajo (OIT), secretaría permanente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se establece en un primer momento en Londres y luego en Ginebra, el 19 de julio de 1920. Se instala en el edificio que actualmente es la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), frente a la entrada Pregny del Palacio de las Naciones. La OIT se percata en seguida que ese edificio no se adaptaba a sus actividades y por lo tanto no lo adquiere. La decisión de construir un nuevo edificio se toma durante la 2ª Asamblea de la Sociedad de Naciones (SDN). El 21 de octubre de 1923, se desarrolla la ceremonia de colocación de la primera piedra del nuevo edificio situado en Sécheron, al borde del lago Leman. Este edificio, construido por el arquitecto suizo Georges Epitaux (1873-1957), es inaugurado en menos de tres años, el 6 de junio de 1926. El edificio actual de la OIT, situado en la route des Morillons, fue inaugurado el 12 de noviembre de 1974.

(Foto: Primer local de la OIT (1920-1926), hoy sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).)

Segunda Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (Reunión Marítima de la Conferencia Internacional del Trabajo) (1920)

Albert Thomas, ILO Director (1920-1932) and a group of shipowners, members of the Joint Maritime Commission. 2nd International Labour Conference (Maritime Session), Genoa, June 1920.La OIT convoca periódicamente a una reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) dedicada al sector marítimo con la finalidad de examinar los problemas inherentes al trabajo en ese sector.

La segunda CIT se llevó a cabo en Génova, en junio de 1920 y abordó exclusivamente cuestiones marítimas. La Conferencia adoptó el Convenio sobre la edad mínima (trabajo marítimo), que entró en vigor el 27 de septiembre de 1921 y fue revisado por el Convenio sobre la edad mínima (trabajo marítimo), 1936 y por el Convenio sobre la edad mínima, 1973

(Foto: Albert Thomas, Director de la OIT (1920-1932) y un grupo de armadores, miembros de la Comisión Marítima Conjunta. Segunda reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (Sesión Marítima), Génova, junio de 1920.)

Creación del Servicio Cooperativo (1920)

Creación de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones y de la Comisión de Aplicación de Normas de la Conferencia (1926)

Durante los primeros años de existencia de la OIT, la adopción de las normas internacionales del trabajo y las actividades regulares de control se llevaban a cabo cada año en el marco de las sesiones plenarias de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). Sin embargo, el considerable aumento del número de ratificaciones de los convenios generó rápidamente un incremento importante del número de memorias anuales presentadas. En poco tiempo se hizo evidente que la reunión plenaria de la CIT no podría continuar encargándose al mismo tiempo del examen de todos esos informes, de la adopción de nuevas normas y de otras cuestiones importantes. De allí que la 8a reunión de la CIT adopta, en 1926, una resolución instiluyendo cada año una comisión de la Conferencia (denominada en adelante Comisión de Aplicación de Normas de la Conferencia) y solicita al Consejo de Administración que nombre una comisión técnica (denominada en adelante  Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones).

Estas dos comisiones se han convertido en los dos pilares del sistema de control de la OIT.

Los expertos provienen de diferentes regiones geográficas, diversos sistemas jurídicos y diferentes culturas. La Comisión se reúne cada año en noviembre-diciembre. Tiene por función señalar en qué medida la legislación y la práctica de cada Estado aparecen de conformidad con los convenios ratificados y en qué medida los Estados cumplen con sus obligaciones que les incumben, en virtud de la Constitución de la OIT. Para el cumplimiento de esta función, la Comisión hace siempre suyos los principios de independencia, de objetividad y de imparcialidad.

La Comisión de Aplicación de Normas de la Conferencia es una de las dos comisiones permanentes de la CIT. Es tripartita y comprende, al respecto, los representantes de los gobiernos, empleadores y trabajadores. En cada reunión, la comisión elige su mesa directiva compuesta de un presidente (miembro gubernamental), de dos vicepresidentes (miembro empleador y miembro trabajador) y de por un ponente (miembro gubernamental). La Comisión se reúne cada año con ocación de la reunión de junio de la CIT. La Comision examina :
  • del el informe general y del Estudio general de la Comisión de Expertos ;
  • los casos de incumplimientos graves por parte de los Estados Miembros con respecto a la obligación de presentación de memorias o a otras obligaciones vinculadas a las normas ;
  • los casos individuales de aplicación de convenios ratificados que hubiesen sido objeto de observaciones de la Comisión de Expertos.

Creación del sistema de supervisión mutua y del sistema de doble discusion (1927)

El sistema de supervisión mutua está compuesto por la Comición de Expertos en Aplicación de Convenios yRrecomendaciones y por la Comición de Aplicación de Normas de la Conferencia, las cuales fueron creadas en 1926 mediante una resolución de la Conferencia Internacional del Trabajo (Véase 1926). Los trabajos de estas dos Comisiones se iniciaron en 1927. 

La Comisión de Expertos y la Comisión de la Conferencia examinan las memorias anuales de los Estados Miembros sobre las medidas tomadas para dar efecto a las disposiciones de los convenios ratificados. Se trata de un mecanismo de control regular de las obligaciones que resultan de los convenios y recomendaciones (artículos 19 y 22 de la Constitución de la OIT [artículos 405 y 408]).

El sistema de doble discusión está compuesto por los mecanismos de adopción de normas internacionales del trabajo.
En 1924, se adoptó a manera de prueba un sistema denominado "de doble lectura" que consistía en someter los proyectos de convenios al voto durante dos sesiones sucesivas de la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). El principio era el siguiente: el voto emitido en la primera de esas sesiones era considerado sólo como provisional de manera que los delegados y los gobiernos tuvieran el tiempo necesario para analizar las disposiciones adoptadas. Cada gobierno tenía derecho de proponer enmiendas antes de que se procediera al voto definitivo, emitido un año más tarde por la CIT en su siguiente reunión.

Dado los resultados prácticos poco convincentes, se abandona el sistema de doble lectura y se le reemplaza en 1926 por un procedimiento nuevo denominado de "doble discusión". La idea de extender el examen de cada cuestión a lo largo de dos años prevalece, pero en el nuevo sistema cada uno de los debates tiene un carácter distinto. En ese sentido, la primera sesión de la CIT procedía a realizar un examen general del problema; la segunda, por su parte, procedía a efectuar una discusión de los textos, llegando, eventualmente, a la adopción de un convenio o de una recomendación.

Este sistema, aplicado por primera vez en 1927 y 1928, se ha mantenido desde entonces con algunas modificaciones.

Convenio sobre el trabajo forzoso, 1930 (núm. 29)

Committee on Forced Labour, Geneva, May 1953. From left to right: Dag Hammarskjold (United Nations Secretary-General), Sir Ramaswami Mudaliar (Chairperson), David A. Morse (ILO Director-General) and Enrique Garcia-Sayan (former Minister for Foreign Affairs of Peru)."Este Convenio fundamental prohíbe todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio […] Se prevén excepciones para los trabajos exigidos por el servicio militar obligatorio, las obligaciones cívicas normales, en virtud de una condena pronunciada por sentencia judicial […], en casos de fuerza mayor, o para pequeños trabajos comunales realizados por los miembros de una comunidad en beneficio directo de la misma. Asimismo, este Convenio dispone que el hecho de exigir ilegalmente un trabajo forzoso u obligatorio será objeto de sanciones penales, y que todo Miembro que ratifique este Convenio tendrá la obligación de cerciorarse de que las sanciones impuestas por la ley sean realmente eficaces y se apliquen estrictamente". (Véase Las Reglas del juego: una breve introducción a las normas internacionales del trabajo, p. 40).

(Foto: Comité sobre trabajo forzoso, Ginebra, mayo de 1953. De izquierda a derecha: Dag Hammarskjold (Secretario General de las Naciones Unidas), Sir Ramaswami Mudaliar (Presidente), David A. Morse (Director General de la OIT) y Enrique Garcia-Sayan (ex Ministro de Relaciones Exteriores del Perú))

El Tribunal Permanente de Justicia Internacional (PCIJ) y la Competencia de la OIT (1932)

Entre 1922 y 1932, el Permanent Court of International of Justice (PCIJ), actual Tribunal Internacional de Justicia, emitió cuatro dictámenes sobre la competencia de la OIT:
  • PCIJ serie B núm. 02: Competence of the ILO in regard to International Regulation of the Conditions of the Labour of Persons Employed in Agriculture (1922). (en inglès y francés)
  • PCIJ serie B núm. 03: Competence of the ILO to Examine Proposals for the Organization and Development of the Methods of Agricultural Production (1922). (en inglès y francés)
  • PCIJ serie B núm. 13: Competence of the ILO to Regulate Incidentally the Personal Work of the Employer (1926). (en inglès y francés)
  • PCIJ serie AB núm. 50: Interpretation of the Convention of 1919 concerning Employment of Women during the Night (advisory opinion of 15 November 1932). (en inglès y francés)
Según C. Wilfred Jenks (ver documentos claves), la actividad de la OIT hubiera podido reducirse, incluso verse comprometida, si el TIJ hubiera tenido una concepción estrecha de las funciones de la Organización. El Tribunal, al reconocer en la Sección 1 de la Constitución (denominada Preámbulo a partir de 1946) la calidad de texto de referencia para definir la competencia de la OIT, tomó una decisión de importancia capital. Así, definiendo de manera amplia las competencias de la OIT, el TIJ le ha permitido a la Organización desarrollar plenamente su acción en el plano internacional.


EVALUANDO LOS ARGUMENTOS DE FRIEDRICH HAYEK EN EL DEBATE DEL CÁLCULO ECONÓMICO

 Todo sistema económico tiene que resolver dos problemas: qué es lo que la gente desea y cuál es la mejor manera de producirlo. Para dar respuesta a estas cuestiones se debe recurrir al proceso de cálculo monetario, que consiste en calcular los ingresos y las pérdidas pasadas y esperadas. Aunque pudiéramos saber qué es lo que la gente quiere, eso solo resuelve parte del problema; nos quedaría saber cómo producirlo.

El hecho de que los bienes de capital—aquellos empleados en la producción de bienes de consumo—sean heterogéneos hace que según su combinación se puedan producir distintos bienes de consumo. Los mismos inputs pueden generar outputs distintos, y un output puede producirse con inputs diferentes, es decir, una combinación de madera, clavos, martillo y barniz puede fabricar una mesa o una silla y una silla puede producirse con madera, clavos, martillo y barniz o con acero, una sierra y un soldador. La esencia de la economía, pues, va más allá de conocer las preferencias de los consumidores porque éstas pueden satisfacerse de distintos modos.

Que el capital sea heterogéneo nos explica por qué hemos de decidir qué tenemos que producir y cómo ya que hay muchas cosas posibles para producir de muchas posibles maneras. Que las economías avanzadas se basen en una división del trabajo y de la información cada vez más profunda, nos plantea el problema de decidir el quién producirá qué y cómo. Si lo que queremos es un sistema económico que sea eficiente, tenemos que ver cuál es el que mejor resuelve ese problema, incluso cuando sepamos qué es lo que la gente quiere. Para eso se requiere comparar procesos de producción alternativo mediante el cálculo económico.

Karl Marx defiende que la anarquía de la producción propia del capitalismo en la que cada agente produce lo que considera como lo considera es un sistema poco eficiente, al incentivar la competencia entre proyectos y al frustrar unos planes por el éxito de otros. A diferencia de lo que se ha creído después, sí que dejó unos pequeños esbozos sobre cómo funcionaria el socialismo, siendo este el primer planteamiento formal de cómo se lograría esto como se puede observar en Marx (1891[1996]). Marx criticaba el sistema capitalista porque había un elemento de orden y otro de caos. Este elemento caótico se debe a que al competir los productores entre ellos algunos recursos sean desperdiciados porque estos solo se den cuenta de sus errores cuando es demasiado tarde, ya han hecho sus inversiones y están sufriendo por minimizar sus pérdidas. Marx (1867[1976], 667) afirmaba que:

«El modo de producción capitalista, aunque impone la economía en de cada empresa individual, también engendra, por su sistema anárquico de competencia, el despilfarro más escandaloso de la fuerza de trabajo y de los medios sociales de producción; por no hablar de la creación de un gran número de funciones actualmente indispensables, pero en pero en sí mismas superfluas».

El capitalismo, según Marx, no permite que toda la producción social sea racionalmente planeada con antelación porque el capitalismo incluye diseños simultáneos de planes conflictivos de productores distintos. El resultado de este choque anárquico de muchos planes intencionales es un modo de producción social que produce conflicto y despilfarro de recursos. Por tanto, para Marx la idea de la planificación central requiere la unificación de planes sociales en uno único y consistente, una estructura compleja y coherente preparada por las mentes de los arquitectos socialistas antes de ser implementada. Para Marx el socialismo reemplaza estos productores capitalistas con una voluntad única y común de todos los productores. En el capitalismo hay una lucha constante entre los productores por beneficios. Estas relaciones antagonistas eran un desperdicio para la sociedad.

Marx creía que permitir que los propietarios privados de los medios de producción experimenten con alternativas y descubran sólo a posteriori cuáles son las mejores como hace el capitalismo era un despilfarro y que esta mecánica podía mejorarse decidiendo colectivamente antes del acto lo que debía producirse y cómo, y luego simplemente ejecutando ese plan, incluyendo quién debía recibir qué bienes al final. El socialismo, según este, sería más racional y eficiente, además de más justo.

En 1920 Ludwig von Mises publica “El cálculo económico en la comunidad socialista”, artículo en el cual critica la viabilidad de una economía socialista argumentando que, si todos los medios de producción son de propiedad estatal, esa viabilidad es imposible. El motivo es que no hay forma de realizar un cálculo económico objetivo y, por tanto, de asignar los recursos a sus usos más productivos. Mises defendía que reemplazando la propiedad privada por propiedad estatal se elimina el único mecanismo para distinguir entre los planes económicamente viables y los derrochadores, aunque se asumiese información perfecta. Esto es así, aunque se asumiese que no se cumple el dicho soviético de “ellos hacían como que nos pagaban y nosotros hacíamos como que trabajamos” y los trabajadores producirán bajo su máxima eficiencia; aunque se asumiese que Friedrich Hayek estaba equivocado cuando decía que los peores llegaban al poder; y aunque se asumiese que Lord Acton también lo estaba cuando decía que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” y que el planificador central no terminaría corrompiéndose.

El argumento podemos presentarlo en forma de lo que llamo el silogismo miseano del cálculo económico, que afirma que sin propiedad privada de los medios de producción no se realizarán intercambios voluntarios de estos entre agentes y, por tanto, no se formará un mercado de estos. En segundo lugar, sin un mercado no podrán surgir precios que reflejen la escasez relativa de los bienes de capital. Y, por último, sin precios que reflejen la escasez relativa de los medios de producción, el planificador no podrá distribuir los recursos escasos entre los distintos fines. Por lo tanto, en un sistema socialista el cálculo económico racional es imposible.

Por otro lado, un sistema capitalista sí que permite un cálculo económico racional. En primer lugar, en el capitalismo se puede calcular en términos de precios que hacen posible hacer los cálculos según la valoración de todos los participantes en el intercambio. Como los precios reflejan las actividades económicas de todos los participantes, podemos saber si el gasto de dinero de un agente ha sido beneficioso y si la señal de beneficios y pérdidas que emite guía los recursos hacia usos mejor valorados. Un emprendedor que descubre un mejor uso de un recurso que sus rivales tenderá a desplazar recursos hacia usos más valorados. Los beneficios se logran dándose cuenta de lagunas en el sistema de preciso y tendiendo a eliminar estas lagunas con tu actividad empresarial. Aunque las estimaciones futuras de beneficios no garanticen el uso social óptimo de los recursos, esta al menos permite eliminar de la consideración las innumerables posibilidades de procesos tecnológicamente posibles, pero no económicamente rentables. Y, por último, este sistema permite reducir evaluaciones de producción a un común denominador, el dinero. El marxismo rechaza el uso del dinero, por lo que no habría una unidad de cuenta común requerida para los cálculos cuantitativos que requiere la coordinación descentralizada.

Mises inició uno de los debates más importantes del siglo pasado, que continúa hasta nuestros días. Los socialistas del momento tuvieron que modificar sus argumentos para poder contestar al economista austríaco. Los autores principales del lado socialista fueron Oscar Lange (1964), Abba Lerner (1934, 1936, 1944), Henry D. Dickinson (1933), Fred M. Taylor (1964) y Evan Frank Durbin (1936).

Los dos primeros son los principales desarrolladores del llamado socialismo de mercado. Estos concedieron a Mises, aunque fuese implícitamente, la crítica de que los precios eran esenciales para el cálculo racional de una economía por lo que idearon un sistema de planificación central con precios. Estos autores proponen un órgano de planificación central que se ocupase de seguir unas reglas como que tienen que poner los precios al coste marginal y producir bajo los costes medios mínimos. Para Mises y Hayek esto suponía aceptar haber perdido el debate por aceptar la importancia del mercado y un sistema de precios para coordinar la actividad económica y reflejaba la confusión causada por la preocupación entre economistas por estados de equilibrio en vez de por procesos de intercambio y producción que causa la coordinación de la actividad económica.

Varios socialistas de mercado, entre ellos Lange, proponían que la junta central de planificación estipulase un precio—algunos mantenían que el mismo que durante la producción capitalista ya que creían que esta se encontraba bajo una situación de equilibrio general (que, de ser así, ¿qué necesidad había de cambiar de sistema a uno más eficiente si en un equilibrio general ningún factor se puede mejorar?)—y posteriormente, mediante un método de ensayo y error, este precio podía modificarse para determinar la asignación óptima de los bienes de capital. Otros socialistas como Taylor (1964) y Dickinson (1933) proponían hacer estas modificaciones mediante fórmulas matemáticas que podían ir resolviéndose. Resulta curioso ver que, para poder funcionar, el socialismo tiene que asemejarse cada vez más al capitalismo e intentar adoptar algún mecanismo de competencia entre planes de producción, aunque diste mucho del ideal libre mercado.

Hayek continúa con la tarea miseana de demostrar el problema del cálculo económico en un sistema socialista (1948). Para ello, critica los posicionamientos de Lange y Lerner sobre el socialismo de mercado. Al igual que la crítica de Mises se centra en el socialismo puro que plantea Marx, la de Hayek lo hace en la versión adulterada de Lange. Lionel Robbins (1934, 150–54) también realiza una crítica del socialismo de mercado similar a la de Hayek, sólo que al no ser considerado este austríaco y al haber rechazado a la escuela austríaca en sus años más avanzados de carrera, no se ha generado una controversia sobre si sus argumentos son compatibles con los de Mises. Con respecto a Hayek, sí.

Joseph Salerno (1990), Hans-Hermann Hoppe (1996), Murray Rothbard (1991) y Jeffrey Herbener (1991), entre otros, critican los argumentos de Hayek respecto al debate del cálculo económico, por ser erróneos o por ser innecesarios al estar ya incluidos en los de Mises. El austrianismo de Hayek también es un tema debatido. Pero tanto si se le puede considerar como un economista austríaco, a pesar de no serlo (Blasco 2020), como si no, sólo explicaría por qué otros autores austríacos se han centrado en criticarle. Y aunque sus argumentos sí sean austríacos, eso sólo nos diría que Hayek, un economista o no austríaco, usa argumentos austríacos para criticar el socialismo, elemento el cual no es condición suficiente para ser considerado austríaco.

La crítica que se le hace a Hayek en este tema proviene de que Hayek plantea que el socialismo no es imposible de que funcione, sino altamente difícil. Hayek habla de la gran dificultad de obtener, procesar y transformar la información requerida en la creación de los precios por parte de un órgano de planificación central, por lo que concede a los socialistas de mercado que el socialismo no es imposible, o al menos según sus críticos. Pero esto no es del todo cierto. Hayek sí que critica a Mises por haber “utilizado ocasionalmente la afirmación un tanto imprecisa de que el socialismo era ‘imposible’, cuando lo que quería decir era que el socialismo hacía imposible el cálculo racional”. Porque “por supuesto, cualquier curso de acción propuesto es posible en el sentido estricto de la palabra, es decir, puede intentarse” (Hayek 1948, 145–46). Por lo tanto, vemos de sus propias palabras decir a efectos prácticos lo mismo que decía Mises cuando afirmaba que el socialismo era imposible: que el cálculo racional en este sistema lo es.

Hayek aceptaba los argumentos de Mises. El malentendido respecto a sus propios argumentos reside en ver qué contestaba cada uno. Mises (1920[1990], 21) decía que aún con información perfecta, una economía socialista sería imposible producir de una manera eficiente por la ausencia de precios. Los socialistas que le respondieron malinterpretaron el argumento de Mises, al no entender que la imposibilidad del cálculo racional que describía Mises se daba aún si hubiese información perfecta (Lavoie 1985[2015]). Por tanto, fueron varios los socialistas los que pretendieron darle una respuesta al problema planteado por Mises elaborando métodos como la respuesta matemática o la de prueba y error para alcanzar esta información perfecta de las demandas de los consumidores y poder saber así qué producir. Aquí es donde se encuadra la crítica de Hayek.

Este les responde explicando por qué esta información nunca sería perfecta. Es decir, Mises por un lado asume que ni con información perfecta el socialismo podría producir más eficientemente que el socialismo, a lo que Lange y otros le responden con formas de alcanzar un estado de información perfecta para así poder llevar a cabo el cálculo económico. Hayek intenta demostrarles por qué un órgano de planificación central no podría calcular de manera racional ni aún asumiendo información perfecta, como pretendían los socialistas a los que contestaba. Un órgano de planificación central nunca podría hacerse con la información tácita, subjetiva y dinámica que reside en las mentes de los productores y consumidores y procesarla para lograr unos objetivos de producción superiores a los del capitalismo. Hayek asume que Mises tiene razón y que el cálculo racional no sería imposible sin propiedad privada de los bienes de producción ni aún si el órgano de planificación central tuviese toda la información correcta, pero para dar respuesta a los críticos del momento baja al barro y explica por qué esa información nunca puede llegar a ser perfecta.

Hayek critica que se presuma la información como dada y que un órgano de planificación central solo necesitaría instrucciones. Esta información necesita ser generada y para eso se necesita competencia. Tiene que ser real, no puede ser ficticia en un marco donde la gente no puede quebrar realmente ni beneficiarse si triunfan. Los datos para hacer cálculos económicos sobre las propias preferencias de los consumidores y, por extensión, sobre las preferencias de los productores, residen en la mente de todo el mundo, una pequeña parte en cada una. Esta es una información dispersa. Cada persona tiene un orden con los bienes de consumo que puede desear en distintos grados en distintas circunstancias, según surjan distintas necesidades y oportunidades. Según las circunstancias, un bien de consumo puede encabezar nuestra lista y actuamos para adquirirlo. Cuando lo hacemos, surgen los precios. Pero esto son información histórica. Transmiten información valiosa a los empresarios, pero esta es imperfecta, por lo que cada empresario actúa según la misma asumiendo un riesgo.

No obstante, aunque no se le puedan achacar errores teóricos o cesión a Hayek, sí que se le puede criticar por errores estratégicos. Hayek podría haber pensado que se iba a malinterpretar su crítica y que los socialistas la retorcerían para hacer parecer que estaba reconociendo que ciertos postulados de Mises estaban incorrectos y que el socialismo no era imposible sino enormemente difícil. Quizá Hayek tendría que haberse mantenido firme en la postura miseana y no haber entrado a explicar por qué el órgano de planificación central no puede poseer información perfecta sino repetido que aun así el socialismo sería imposible.

Referencias

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