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lunes, 2 de septiembre de 2019

Discurso en memoria de Alfred Nobel, 11 de diciembre de 1974

La pretensión de conocimiento

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[Discurso en memoria de Alfred Nobel, 11 de diciembre de 1974]
La ocasión concreta de este discurso, combinada con el principal problema práctico que los economistas tienen que afrontar hoy, ha hecho la elección de su tema casi inevitable. Por un lado, el aún reciente establecimiento del Premio Memorial Nobel en ciencia económica indica un paso importante en el proceso por el que, en opinión de la gente en general, se ha concedido a la economía algo de la dignidad y el prestigio de las ciencias físicas. Por otro lado, a los economistas se les reclama en este momento que digan cómo librar al mundo libre de la grave amenaza de la aceleración de la inflación, que, debe admitirse, se ha producido por políticas que la mayoría de los economistas recomendaron e incluso urgieron seguir a los gobiernos. De hecho ene te momento tenemos poco de lo que enorgullecernos: como profesión hemos montado un lío.

Me parece que este fracaso de los economistas en guiar la política con más éxito está muy relacionado con su propensión a imitar tanto como sea posible las procedimientos de las ciencias físicas brillantemente exitosas, un intento que en nuestro campo puede llevar a un inmenso error. Es una aproximación que se ha descrito como la actitud “científica”, una actitud que, como la definí hace treinta años, “es decididamente acientífica en el verdadero sentido de la palabra, ya que implica una aplicación mecánica y acrítica de hábitos de pensamiento de campos distintos de aquellos en los cuales se han formado”.[1] Hoy quiero empezar explicando cómo algunos de los errores más graves de la política económica reciente son una consecuencia directa de este error científico.
La teoría que ha estado guiando la política monetaria y financiera durante los últimos treinta años y que sostengo que es en buena parte el producto de esa concepción errónea del procedimiento científico apropiado, consiste en la afirmación de que existe una correlación positiva simple entre el empleo total y el tamaño de la demanda agregada de bienes y servicios: lleva a la creencia de que podemos garantizar permanentemente el pleno empleo manteniendo el gasto monetario total en un nivel apropiado. Entre las diversas teorías aportadas para ocuparse de un desempleo extenso, esta es probablemente la única en cuyo apoyo pueda aducirse una fuerte evidencia cuantitativa. Sin embargo, yo la considero esencialmente falsa y actuar según ella, como experimentamos ahora, como muy dañino.
Esto me lleva a lo esencial. Frente a la postura que existe en las ciencias físicas, en economía y otras disciplinas que tratan con fenómenos esencialmente complejos, los aspectos de los eventos a considerar sobre los que obtenemos datos cuantitativos están necesariamente limitados y pueden no incluir los importantes. Mientras que en las ciencias físicas se asume por lo general, probablemente por buenas razones, que cualquier factor importante que determine los eventos observados será él mismo directamente observable y medible, en el estudio de fenómenos tan complejos como el mercado, que depende de las acciones de muchos individuos, todas las circunstancias que determinarán el resultado de un proceso, por razones que explicaré más tarde, difícilmente serán completamente conocidas o medibles. Y mientras que en las ciencias físicas el investigador podrá medir lo que, sobre la base de una teoría prima facie, crea que es importante, en las ciencias sociales a menudo se trata como importante lo que está disponible para su medición. Esto a veces se lleva al punto en que reclama que nuestras teorías deban formularse en tales términos que se refieran solo a magnitudes mensurables.
Difícilmente puede negarse que tal demanda limita arbitrariamente los hechos que se admitirían como causas posibles de los eventos que ocurrirían en el mundo real. Esta visión, que es a menudo aceptada muy ingenuamente como requisito para el procedimiento científico, tiene algunas consecuencias bastante paradójicas. Conocemos, por supuesto, con respecto al mercado y estructuras sociales similares, muchísimos hechos que no podemos medir y sobre los cuales tenemos solo alguna información muy imprecisa y general. Y como los efectos de estos hechos en un caso particular no pueden confirmarse por evidencias cuantitativas, simplemente son ignorados por los conjurados para admitir solo lo que consideran como evidencias científicas: a continuación proceden alegremente sobre la ficción de que los factores que pueden medir son los únicos que son relevantes.
La correlación entre demanda agregada y empleo total, por ejemplo, puede ser solo aproximada, pero como es la única sobre la que tenemos datos cuantitativos, se acepta como la única conexión causal que importa. Sobre este patrón puede ser que existan mejores evidencias “científicas” para una teoría falsa, que será aceptada porque es más “científica”, que para una explicación válida, que se rechaza porque no hay evidencia cuantitativa para ella.
Déjenme que explique esto con un breve ejemplo de lo que considero la cusa principal actual del enorme desempleo, un ejemplo que también explicará por qué dicho desempleo no puede en último término resolverse con las políticas inflacionistas recomendadas por las teorías actualmente de moda. Esta explicación correcta me parece que es la existencia de discrepancias entre la distribución de la demanda entre los distintos bienes y servicios y la asignación de mano de obra y otros recursos entre la producción de esos productos. Poseemos un conocimiento “cualitativo” bastante bueno de las fuerzas por las que se consigue una correspondencia entre demanda y oferta en los distintos sectores del sistema económico, de las condiciones bajo las cuales se conseguirá y de los factores que es posible que impidan dicho ajuste. Los pasos separados en la explicación de este proceso se basan en hechos e la experiencia diaria y pocos que se tomen la molestia de seguir el argumento cuestionarán la validez de la suposición factual o la corrección lógica de las conclusiones a partir de ello. Tenemos realmente buenas razones para creer que el desempleo indica que la estructura de precios y salarios relativos se ha distorsionado (normalmente por fijación monopolista o gubernamental del precios) y que para restaurar la igualdad entre la demanda y oferta de mano de obra en todos los sectores, serán necesarios cambios en los precios relativos y algunas transferencias de mano de obra.
Pero cuando se nos piden evidencias cuantitativas para la estructura particular de precios y salarios que se requeriría para asegurar una venta continua y regular de los productos y servicios ofrecidos, debemos admitir que no tenemos esa información. Sabemos, en otras palabras, las condiciones generales en las que lo que podemos llamar, algo equívocamente, un equilibrio se establece por sí mismo; pero nunca sabemos cuáles son los precios o salarios concretos que existirían si el mercado produjera dicho equilibrio. Solo podemos decir cuáles son las condiciones en que podemos esperar que el mercado establezca precios y salarios a los cuales la demanda igualará a la oferta. Pero nunca podemos producir información estadística que muestre en cuánto se desvían los precios y salarios existentes de aquellos que asegurarían una venta continua de la oferta actual de mano de obra. Aunque esta explicación de las causas del desempleo es una teoría empírica (en el sentido, de que podría demostrarse que es falsa, por ejemplo, si, con una oferta monetaria constante, un aumento general de salarios no llevara a desempleo), indudablemente no es el tipo de teoría que podríamos usar para obtener predicciones numéricas concretas respecto de los niveles salariales o la distribución del trabajo a esperar.
¿Por qué deberíamos, sin embargo, tener que suplicar ignorancia en economía del tipo de hechos sobre los que, en el caso de la teoría física, se esperaría indudablemente de un científico  que diera información precisa? Probablemente no sea sorprendente que los impresionados por el ejemplo de las ciencias físicas deban encontrar esta postura muy insatisfactoria y deban insistir en los patrones de prueba que encuentran allí. La razón para este estado de cosas es el hecho, al que ya nos referido brevemente, de que las ciencias sociales, igual de mucha de la biología, pero al contrario que la mayoría de los campos de las ciencias sociales, tienen que tratar con estructuras de complejidad esencial, es decir, con estructuras cuyas propiedades características pueden exhibirse solo por modelos compuestos por un número relativamente grande de variables. Por ejemplo, la competencia es un proceso que produciría resultados seguros solo si se produjera entre un número bastante grande de personas que actúan.
En algunos campos, especialmente donde aparecen problemas de tipo similar en las ciencias físicas, las dificultades pueden superarse usando, en lugar de información concreta acerca de elementos individuales, datos acerca de la frecuencia relativa o la probabilidad de ocurrencia de diversas propiedades distintivas de los elementos. Pero esto solo es verdad cuando tenemos que tratar con lo que ha sido llamado por el Dr. Warren Weaver (antiguamente de la Fundación Rockefeller), con una distinción que tendría que conocerse mucho más ampliamente, “fenómenos de complejidad desorganizada”, frente a los “fenómenos de complejidad organizada”, que tenemos que tratar en las ciencias sociales.[2]
Complejidad organizada significa aquí que el carácter de las estructuras que la muestran depende no solo de las propiedades de los elementos individuales que las componen y la frecuencia relativa con que ocurren, sino asimismo de la manera en que los elementos individuales están conectados entre sí. En la explicación del funcionamiento de dichas estructuras no podemos, por esta razón, reemplazar la información acerca de los elementos individuales por información estadística, sino que requiere una información completa acerca de cada elemento si desde nuestra teoría vamos a deducir predicciones concretas sobre acontecimientos individuales. Sin esa información concreta acerca de los elementos individuales estaríamos confinados a lo que en otra ocasión he llamado meras predicción de patrones, predicción de algunos de los atributos generales de las estructuras que se formarán a sí mismos, pero sin contener afirmaciones concretas acerca de los elementos individuales de los que estarán compuestas las estructuras.[3]
Esto es especialmente cierto en nuestras teorías que explican la determinación de los sistemas de precios y salarios relativos que se conformarán sobre un mercado que funcione bien. En la determinación de estos precios y salarios entrarán los efectos de información concreta en poder de cada uno de los participantes en el proceso del mercado, una suma de hechos que no puede conocer en su totalidad el observador científico ni ningún otro cerebro individual. Es realmente la fuente de la superioridad del orden del mercado y la razón por la que, cuando no es suprimida por los poderes del gobierno, desplaza regularmente otros tipos de orden, que se utilizará en la reasignación resultante de los recursos más de lo que se utilizará el conocimiento de hechos concretos que existe solo disperso entre innumerables personas y que ninguna persona individual puede poseer. Pero como nosotros, los observadores científicos, no podemos por tanto saber todos los determinantes de dicho orden, y en consecuencia no podemos conocer a qué estructura particular de demanda de precios y salarios se igualaría la oferta en todo lugar, tampoco podemos medir las desviaciones de ese orden, no podemos probar estadísticamente nuestra teoría de que son las desviaciones de ese sistema de “equilibrio” de precios y salarios lo que hace imposible vender algunos de los productos y servicios a los precios a los que se ofrecen.
Antes de continuar con mi preocupación inmediata, los efectos de todo esto en las políticas de empleo seguidas actualmente, permitidme definir más concretamente las limitaciones propias de nuestro conocimiento numérico que se olvidan tan a menudo. Quiero hacer esto para evitar dar la impresión de que rechazo de forma general el método matemático en economía. En realidad considero que la gran ventaja de la técnica matemática es que nos permite describir, por medio de ecuaciones algebraicas, el carácter general de un patrón, incluso cuando ignoramos los valores numéricos que determinarían su manifestación concreta. Apenas habríamos logrado este retrato comprensivo de las interdependencias mutuas de los distintos acontecimientos en un mercado sin esta técnica algebraica. Sin embargo, ha llevado a la ilusión de que podemos usar esta técnica para la determinación y predicción de valores numéricos de estas magnitudes y esto ha llevado a una vana búsqueda de constantes cuantitativas o numéricas. Esto se produjo a pesar del hecho de que los fundadores modernos de la economía matemática no tenían esas ilusiones. Es verdad que sus sistemas de ecuaciones que describían el patrón de un equilibrio de mercado estaban tan marcadas que si fuésemos capaces de rellenar todos los espacios de la fórmula abstracta, es decir, si conociéramos todos los parámetros de estas ecuaciones, podríamos calcular los precios y cantidades de todos los productos y servicios vendidos. Pero, como dijo claramente Vilfredo Pareto, uno de los fundadores de esta teoría, su propósito no puede sr “llegar a un cálculo numérico de precios”, porque, como dijo, sería “absurdo” suponer que podemos calcular todos los datos.[4] De hecho lo principal ya lo habían visto esos notables precursores de la economía moderna, los escolásticos españoles del siglo XVI, que destacaban que lo que llamaban pretium mathematicum, el precio matemático, dependía de tantas circunstancias particulares que nunca podría ser conocido por el hombre y solo era conocido por Dios.[5] A veces deseo que nuestros economistas matemáticos hicieran caso de esto. Debo confesar que sigo dudando si su búsqueda de magnitudes medibles ha hecho contribuciones importantes a nuestro conocimiento teórico de los fenómenos económicos, algo distinto de su valor como una descripción de situaciones concretas. Tampoco estoy dispuesto a aceptar la excusa de que esta rama de investigación sea aún demasiado joven: ¡Después de todo, Sir William Petty, el fundador de la econometría, era un colega veterano de Sir Isaac Newton en la Royal Society!
Puede haber pocos casos en que la superstición de que solo las magnitudes medibles puedan ser importantes haya hecho un daño real en el campo económico: pero los problemas actuales de inflación y desempleo son uno muy serio. Su efecto ha sido que lo que es probablemente la verdadera causa del extenso desempleo haya sido desechada por la mayoría de los economistas de mentalidad científica, porque su funcionamiento no podría confirmarse por relaciones directamente observables entre magnitudes mensurables y esa casi exclusiva concentración en fenómenos superficiales mensurables cuantitativamente ha producido una política que ha empeorado las cosas.
Por supuesto, tiene que admitirse que el tipo de teoría que considero como la verdadera explicación del desempleo es una teoría de un contenido algo limitado, porque nos permite realizar solo predicciones muy generales del tipo de eventos que debemos esperar en una situación concreta. Pero los efectos en política de las construcciones más ambiciosas no han sido muy afortunados y confieso que prefiero un conocimiento real pero imperfecto, aunque deje muchos indeterminado e impredecible, a una pretensión de conocimiento exacto que es probable que sea falso. El crédito que la aparente conformidad con patrones científicos reconocidos puede ganar por teorías aparentemente simples pero falsas, puede tener graves consecuencias, como demuestra el caso actual.
DE hecho, en el caso que explicamos, las mismas medidas que ha recomendado la teoría “macroeconómica” dominante como solución al desempleo (a saber, el aumento en la demanda agregada) se han convertido en una cusa para una muy extendida mala asignación de recursos que es probable que haga inevitable un desempleo posterior a gran escala. La inyección continua de cantidades adicionales de dinero en puntos del sistema económico donde crea una demanda temporal, que debe cesar cuando el aumento en la cantidad de dineros e detenga o ralentice, lleva a la mano de obra y otros recursos a empleos que solo pueden durar mientras continúe el aumento de la cantidad de dinero al mismo ritmo, o quizá incluso solo mientras continúe acelerándose a un ritmo determinado. Lo que ha producido esta política no es tanto un nivel de empleo que no podría haberse producido de otra forma, como una distribución del empleo que no puede mantenerse indefinidamente y que después de algún tiempo pueda mantenerse solo mediante una tasa de inflación que llevaría rápidamente a una desorganización de toda actividad económica. El hecho es que por una visión teórica errónea hemos llegado a una posición precaria en la que no podemos evitar que reaparezca un desempleo sustancial; no porque, como se representa erróneamente a veces esta opinión, este desempleo se produzca deliberadamente como medio para combatir la inflación, sino porque ahora está condenado a producirse, como una consecuencia profundamente lamentable, pero inevitable, de las políticas erróneas del pasado, tan pronto como la inflación deje de acelerarse.
Sin embargo, debo dejar ahora estos problemas de importancia práctica inmediata que he presentado principalmente como un ejemplo de las consecuencias trascendentales que pueden seguirse de errores con respecto a problemas abstractos de la filosofía de la ciencia. Hay tantas razones para ser aprensivo sobre los peligros a largo plazo creados en un campo mucho más amplio por la aceptación acrítica de afirmaciones que tienen la apariencia de ser científicas como con respecto a los problemas que acabo de explicar. Lo que quería exponer principalmente con el ejemplo de actualidad, es que indudablemente en mi campo, pero creo que también en general en las ciencias humanas, lo que parece superficialmente como el procedimiento más científico es a menudo el menos científico y, aparte de esto, que estos campos hay límites definidos  a lo que podemos esperar que logre la ciencia. Esto significa que confiar a la ciencia (o al control deliberado según principios científicos) más de lo que puede lograr el método científico, puede tener efectos deplorables. El progreso de las ciencias naturales en los tiempos modernos, por supuesto, ha excedido tanto todas las expectativas que cualquier sugerencia de que haya algunos límites a ellas va a generar sospechas. Especialmente se resistirán a esa idea quienes hayan esperado que nuestro creciente poder de predicción, generalmente considerado con el resultado característico del avance científico, aplicado a los procesos de la sociedad, nos permitiera pronto moldear la sociedad enteramente a nuestro gusto. Es en realidad cierto que, frente a la euforia que tienden a producir los descubrimientos en las ciencias físicas, las ideas que obtenemos del estudio de la sociedad tiene más a menudo un efecto de enfriamiento en nuestras aspiraciones y quizá no sea sorprendente que los miembros jóvenes más impetuosos de nuestra profesión no estén siempre dispuesto a aceptar esto. Aun así, la confianza en el poder ilimitado de la ciencia está demasiado a menudo basada en una falsa creencia en que el método científico consiste en la aplicación de una técnica ya preparada o en imitar la forma en lugar de la sustancia del procedimiento científico, como si bastara con seguir algunas recetas de cocina para resolver todos los problemas sociales. A veces casi parece como si las técnicas de la ciencia se aprendieran más fácilmente que el pensamiento que nos muestra cuáles son los problemas y cómo aproximarse a ellos.
El conflicto entre lo que en su actual estado de ánimo espera el público que logre la ciencia para satisfacer esperanzas populares y lo que está realmente a su alcance es un tema serio porque, aunque todos los verdaderos científicos reconocieran las limitaciones de lo que pueden hacer en el campo de los asuntos humanos, mientras la gente espere más, siempre habrá alguno que pretenda, y quizá crea honradamente, que puede hacer más por atender las demandas populares de lo que realmente él puede hacer. A menudo es bastante difícil para el experto, e indudablemente en muchos casos imposible para el lego, distinguir entre afirmaciones legítimas e ilegítimas desarrolladas en nombre de la ciencia. La enorme publicidad dada recientemente por los medios de comunicación a un informa que se pronuncia en nombre de la ciencia sobre Los límites del crecimiento y el silencio de esos mismos medios acerca de la devastadora crítica que ha recibido este informe por los expertos competentes,[6] debe hacer a uno algo aprensivo acerca del uso que puede darse al prestigio de la ciencia. Pero no es en modo alguno solo en el campo de la economía en el que se hacen afirmaciones de largo alcance en nombre de una dirección más científica de todas las actividades humanas y la conveniencia de reemplazar los procesos espontáneos por un “control humano consciente”. Si no me equivoco, psicología, psiquiatría y algunas ramas de la sociología, por no hablar de la llamada filosofía de la historia, están incluso más afectadas por lo que he llamado el prejuicio científico y por afirmaciones engañosas de lo que puede lograr la ciencia.[7]
Si queremos salvaguardar la reputación de la ciencia y evitar la arrogación de conocimiento basada en una similitud superficial del procedimiento con el de las ciencias físicas, tendrá que dirigirse mucho esfuerzo hacia desacreditar esas arrogaciones, algunas de las cuales se han convertido ahora mismo en los intereses creados de departamentos universitarios establecidos. No podemos estar lo bastante agradecidos a filósofos de la ciencia tan modernos como Sir Karl Popper por darnos un test por el que podemos distinguir entre lo que podemos aceptar como científico y lo que no, un test que estoy seguro de que no aprobarían algunas doctrinas ahora ampliamente aceptadas como científicas. Sin embargo, hay algunos problemas especiales, en relación con aquellos fenómenos esencialmente complejos, de los cuales las estructuras sociales son un ejemplo importante, que me hacen desear replantear en conclusión en términos más generales las razones por las que en estos campos no solo son los únicos obstáculos absolutos para la predicción de eventos concretos, sino por qué actuar como si poseyéramos conocimiento científico que nos permita trascenderlos puede convertirse en sí mismo en un serio obstáculo al avance del intelecto humano.
Lo principal que debemos recordar es que el avance grande y rápido de las ciencias físicas tuvo lugar en campos en los que demostró que la explicación y predicción podía basarse en leyes que explicaban los fenómenos observados como funciones de comparativamente pocas variables (ya fueran hechos concretos o frecuencias relativas de eventos). Esta puede incluso ser la razón última por la que caracterizamos estos ámbitos como “físicos” frente a otros con estructuras más altamente organizadas, que he llamado aquí fenómenos esencialmente complejos. No hay razón por las que la postura deba ser la misma en los primeros campos que en los últimos. Las dificultades que encontramos en los últimos no son, como podría sospecharse en principio, dificultades sobre la formulación de teorías para la explicación de los eventos observados (aunque causan también dificultades especiales para probar explicaciones propuestas y por tanto para eliminar malas teorías). Se deben al problema principal que aparece cuando aplicamos nuestras teorías a cualquier situación particular en el mundo real.
Una teoría de los fenómenos esencialmente complejos debe referirse a un gran número de hechos concretos y para derivar de ella una predicción, o probarla, tenemos que verificar todos estos hechos concretos. Una vez consigamos esto, no tendremos especial dificultad en deducir predicciones comprobables: con la ayuda de computadoras modernas, debería ser bastante fácil insertar estos datos en los espacios apropiados de la fórmula teórica y deducir una predicción. La dificultad real, a cuya solución la ciencia tiene poco que contribuir y que a veces es realmente irresoluble, consiste en la verificación de los hechos particulares.
Un sencillo ejemplo mostrará la naturaleza de esta dificultad. Consideremos un partido de béisbol jugado por unas pocas personas con habilidades aproximadamente iguales. Si supiéramos unos pocos hechos particulares además de nuestro conocimiento general de la capacidad de los jugadores individuales, como su estado de atención, sus sensaciones y el estado de sus corazones, pulmones, músculos, etc. en cada momento del juego, probablemente podríamos predecir el resultado. De hecho, si estamos familiarizados tanto con el juego como con los equipos deberíamos tener probablemente una idea bastante inteligente sobre de qué dependerá el resultado. Pero por supuesto no seríamos capaces de verificar esos hechos y en consecuencia el resultado del juego estará fuera del rango de lo predecible científicamente, por muy bien que conozcamos qué efectos tendrían acontecimientos concretos en el resultado del partido. Eso no significa que no podamos hacer predicciones en absoluto acerca del transcurrir de ese partido. Si sabemos las reglas de los distintos juegos, al ver uno sabremos muy pronto a qué se juega y qué tipos de acciones podemos esperar y cuáles no. Pero nuestra capacidad de predecir se limitará a esas características generales de los eventos a esperar y no incluirá la capacidad de predecir eventos individuales concretos.
Esto se corresponde con lo que he llamado antes las predicciones de mero patrón, a las cuales estamos cada vez más confinados a medida que penetramos desde el ámbito en que prevalecen leyes relativamente simples al rango de fenómenos en los que rige la complejidad organizada. Al ir avanzando, encontramos cada vez más frecuentemente que podemos en realidad verificar solo algunas pero no todas las circunstancias particulares que determinan el resultado de un proceso concreto y en consecuencia solo podemos predecir algunas pero no todas las propiedades del resultado que tenemos que esperar. A menudo todo lo que podremos predecir serán algunas características abstractas del patrón que aparecerá, relaciones entre tipos de elementos sobre los cuales individualmente sabemos muy poco. Pero, como estoy dispuesto a repetir, todavía conseguiremos predicciones que puedan ser falsadas y que por tanto son de valor empírico.
Por supuesto, comparadas con las predicciones precisas que hemos aprendido a esperar en las ciencias físicas, este tipo de predicciones de mero patrón es algo inferior con lo que no gusta contentarse. Pero el peligro del que quiero advertir es precisamente la creencia de que para que una afirmación se acepte como científica es necesario lograr más. Esta vía lleva al charlatanismo y peor. Actuar con la creencia de que poseemos el conocimiento y poder que nos permite modelar los procesos de la sociedad enteramente a nuestro gusto, conocimiento que en realidad no poseemos, es probable que nos cause mucho daño. En las ciencias físicas, puede haber pocas objeciones a tratar de la hacer lo imposible; podría incluso sentirse que no tendría que desanimarse al que tiene un exceso de confianza, porque sus experimentos pueden después de todo producir nuevos conocimientos. Pero en el campo social, la creencia errónea de que el ejercicio de algún poder tendría consecuencias beneficiosas es probable que lleve a un nuevo poder a coaccionar a otros hombres si se le confiere alguna autoridad. Incluso si ese poder no fuera en sí mismo malo, su ejercicio es probable que impida el funcionamiento de ese fuerzas del orden espontáneo por las que, sin entenderlas, el hombre está de hecho tan enormemente ayudado en la búsqueda de sus objetivos. Solo estamos empezando a entender lo sutil de un sistema comunicación en cuyo funcionamiento se basa una sociedad industrial avanzada, un sistema de comunicación al que llamamos el mercado y que resulta ser un mecanismo más eficaz para digerir información dispersa que cualquier cosa que haya diseñado deliberadamente el hombre.
Si el hombre no va a hacer más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, tendremos que aprender que en esto, como todos los demás campos en que prevalece la complejidad esencial de un tipo organizado, no puede adquirir el conocimiento completo de lo que haría posible el control de los acontecimientos. Por tanto tendrá que usar el conocimiento que pueda lograr, no para amoldar los resultados como el artesano de forma a su artesanía, sino más bien para cultivar un crecimiento proporcionando el entorno apropiado, en la forma en que un jardinero hace esto por sus plantas. Hay un peligro en la sensación exuberante de un poder siempre creciente que ha engendrado el avance de las ciencias físicas y que tienta al hombre para intentar “ebrio de éxito”, por usar una expresión característica del primer comunismo, someter no solo nuestro entorno natural, sino también el humano, al control de una voluntad humana. El reconocimiento de los límites insuperables a su conocimiento tendría por tanto que enseñar al estudiante de la sociedad una lección de humildad, que debería protegerle frente a convertirse en cómplice de la lucha fatal de los hombres por controlar la sociedad, una lucha que no solo hace de él un tirano sobre sus iguales, sino que bien puede hacerle el destructor de una civilización que no ha ideado ninguna mente, sino que ha crecido de los esfuerzos libres de millones de individuos.

[1] «Scientism and the Study of Society», Economica, vol. IX, nº 35, Agosto de 1942, reimpreso en The Counter-Revolution of Science, Glencoe, Ill., 1952, p. 15 de esta reimpresión.
[2] Warren Weaver, «A Quarter Century in the Natural Sciences», The Rockefeller Foundation Annual Report 1958, capítulo I, «Science and Complexity».
[3] Ver mi ensayo «The Theory of Complex Phenomena» en The Critical Approach to Science and Philosophy: Essays in Honor of K.R. Popper, ed. M. Bunge, Nueva York 1964 y reimpreso (con adiciones) en mi Studies in Philosophy, Politics and Economics, Londres y Chicago 1967.
[4] V. Pareto, Manuel d’économie politique, 2ª ed., París 1927, pp. 223-224.
[5] Ver, por ejemplo, Luis Molina, De iustitia et iure, Colonia 1596-1600, tomo II, disp. 347, nº 3 y especialmente Johannes de Lugo, Disputationum de iustitia et iure tomus secundus, Lyon 1642, disp. 26, sec. 4, nº 40.
[6] Ver The Limits to Growth: A Report of the Club of Rome’s Project on the Predicament of Mankind, Nueva York 1972; para un examen sistemático de esto por un economista competente, cf. Wilfred Beckerman, In Defence of Economic Growth, Londres 1974, y para una lista de críticas anteriores de expertos, Gottfried Haberler, Economic Growth and Stability, Los Ángeles 1974, quien llama correctamente a su efecto “devastador”.
[7] He dado algunos ejemplos de estas tendencias en otros campos en mi discurso inaugural como profesor visitante en la Universidad de Salzburgo, Die Irrtümer des Konstruktivismus und die Grundlagen legitimer Kritik gesellschaftlicher Gebilde, Munich 1970, ahora reimpresso para el Walter Eucken Institute, en Freiburg i.Brg. por J.C.B. Mohr, Tubinga 1975.

Publicado el 5 de diciembre de 2008. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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¿Qué es Epistemología?

¿Qué es Epistemología? 

Mi mirar epistemológico y el progreso de la ciencia, Luis Guillermo Jaramillo Echeverri. Profesor de Investigación. Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y de la Educación. Universidad del Cauca. Popayán (Colombia).

Abstract 
The author review different answers given to the definition of “epistemology”, highlighting from them the process of thinking from the investigator, as individual as with others. Key Words: efinition, epistemology, shared thinking 

Resumen 
El autor revisa diferentes respuestas que se han dado a la definición de epistemología, destacando de ellas el proceso de reflexión del investigador, tanto individual, como en forma compartida. 
Palabras claves: definición, epistemología, reflexión compartida. 

....pensamos demasiado de prisa y caminando, sin detener el paso siquiera, atendiendo al mismo tiempo toda clase de asuntos, incluso cuando aquello en que pensamos es de lo más serio; necesitamos poca preparación, incluso poco silencio es como si llevásemos en la cabeza una máquina que funciona sin parar, funcionando incluso en las condiciones más desfavorables. En tiempos pasados, cuando uno se ponía a pensar -¡eso era, claro, una excepción! – se le notaba, se le notaba que proponía volverse más sabio y estaba preparándose para un pensamiento: asumía un aire como que va a orar y detenía el paso; hasta estaba ahí inmóvil en plena calle – En uno o en los dos pies, durante horas cuando el pensamiento. ¡así era ! NIETZSCHE 
Pérdida de Dignidad, La Gaya Ciencia 

En la mayoría de los textos la palabra epistemología se encuentra relacionada como aquella ciencia, o parte de la ciencia encargada de la teoría del conocimiento; caso de Tamayo (1997) que, al citar a Aristóteles, la reconoce como la ciencia que tiene por objeto conocer las cosas en su esencia y en sus causas

Para Piaget, la epistemología "es el estudio del pasaje de los estados de menor conocimiento a los estados de un conocimiento más avanzado, preguntándose Piaget, por el cómo conoce el sujeto (como se pasa de un nivel de conocimiento a otro); la pregunta es más por el proceso y no por lo "qué es" el conocimiento en sí" (Cortes y Gil 1997). 

Para Ceberio y Watzlawick (1998), "el término epistemología deriva del griego episteme que significa conocimiento, y es una rama de la filosofía que se ocupa de todos los elementos que procuran la adquisición de conocimiento e investiga los fundamentos, límites, métodos y validez del mismo". 
Ahora bien, la adquisición de conocimiento se fundamenta en vivencias otorgadas por el mundo de la vida, (1) en la cotidianidad del sujeto; pero son las constantes que se verifican en esas vivencias, en la adecuación y relación sujeto –objeto - sujeto, en la validez de los conceptos que surjan de dicha adecuación, y en la posibilidad de predecir o interpretar acciones estableciendo causas o comprensiones sobre lo que realmente la epistemología legisla. 
Se puede esbozar entonces que la epistemología tiene por objeto ese conocimiento que se soporta en sí mismo o que soporta alguna disciplina en su especificidad; lo que la sustenta como tal, su esencia, sus alcances y límites en su acepción interna (propia de la disciplina) y externa (su influencia en el contexto social). 

Para otros autores, la epistemología es aquella parte de la ciencia que tiene como objeto(no el único) hacer un recorrido por la historia del sujeto respecto a la construcción del conocimiento científico; es decir, la forma cómo éste ha objetivado, especializado y otorgado un status de cientificidad al mismo; pero a su vez, el reconocimiento que goza este tipo de conocimiento por parte de la comunidad científica. Es aquella epistemología que estudia la génesis de las ciencias; que escudriña cómo el ser humano ha transformado o comprendido su entorno por la vía de métodos experimentales o hermenéuticos en el deseo o necesidad de explicar fenómenos en sus causas y en sus esencias. 

Concepción esta última asumida por Thuillier (citado por Mardones 1991) al considerar la noción de epistemología como aquella "ciencia o filosofía de la ciencia que no impone dogmas a los científicos sino que estudia la génesis y la estructura de los conocimientos científicos". 

Para el autor, la epistemología no es un sistema dogmático conformado por leyes inmutables e impuestas; sino que mas bien, es ese trasegar por el conocimiento científico que se mueve en el imaginario de la época; las reflexiones sobre el mismo, y el quebranto o "crisis" de las normas que sustentan un paradigma en particular propio de una comunidad científica (Ver Kuhn 2001). 

Ahora bien, relacionar la epistemología con la génesis de los conocimientos científicos, permite reconocer en ella los diferentes alcances que tienen este tipo de conocimientos en las instituciones de una sociedad, los saberes ideológicos de la época, y el impacto y transformación cultural causado por un conocimiento objetivo que a veces se abstrae de la realidad. 

Desde el reconocimiento del entorno y la emergencia(emerger) del conocimiento en medio de la historia, Osorio (1998) percibe dos visones en la epistemología: una externa y una interna; yo entiendo la visión externa, comenta el autor, "como la consideración del contexto social y cultural en la actividad reflexiva acerca del conocimiento; y por la visión interna, los aspectos epistemológicos sin dicho contexto."
Visión esta que se aleja un tanto del término formal de epistemología como objeto de estudio respecto a la esencia de algo, e invita más bien, a tener una mirada ecológica del mundo real en relación con un saber disciplinar. 

Para Galindo (1998), poseer una mirada ecológica, es tener presente los alcances del conocimiento en cuestión (de una disciplina en particular) en su acepción interna, y la influencia del contexto o entorno donde se gesta y se hace presente dicho conocimiento. 

El mismo Lakatos, en su propuesta "Los programas de Investigación Científica", considera que todo programa posee una historia interna, una historia externa y una historia real. 

En la historia interna del programa, "se precisan los desplazamientos progresivos o regresivos de las  problemáticas que lo han afectado, y la victoria que emerge lentamente de un programa sobre otro, consiguiendo así, una explicación racional del crecimiento del conocimiento"; por otra parte, la historia externa "son aquellas explicaciones (del crecimiento racional del programa) que requieren de teorías empíricas para explicar los factores residuales no racionales del programa; por tanto, la historia externa, suministra explicaciones del ritmo, localización y selectividad entre otros, de los acontecimientos históricos del contexto en el cual se ha desarrollado el programa". 

Por último, ambas historias (interna – externa) son contrastadas en la historia real del programa. Sin embargo, es importante aclarar que Lakatos (1983) otorga prioridad a la historia interna. 

A mi juicio, la historia real del programa, es esa mirada ecológica que hace el científico - investigador al confrontar sus postulados verosímiles con una realidad que no le es ajena. 
Por consiguiente, "la aptitud de contextualizar tiende a producir el surgimiento de un pensamiento "ecologizante" en el sentido de que sitúa todo acontecimiento, información o conocimiento en una relación inseparable con el medio - cultural, social, económico, político y por supuesto natural, no hace más que situar un acontecimiento en su contexto e incita a ver cómo éste modifica al contexto o cómo le da luz diferente" (Morín 1999). 

Poseer una mirada ecológica, permite asumir la epistemología como una forma de comprender la construcción del conocimiento científico unido a la vida cotidiana del sujeto; puesto que por más que el científico (social o natural) quiera dar sus explicaciones o comprensiones al margen de la vida, y apoyar sus postulados sin un fundamento del mundo vital cotidiano, no será capaz (intento fallido) por cuanto sus explicaciones carecerían de vida y sensibilidad; su misma esencialidad (humana) lo invita, o más bien lo consume y lo "arrastra" a explicar y comprender que sus planteamientos sistemáticos y coherentes tienen como principio fundante una racionalidad sazonada con el sueño, el mito, el asombro, el deseo de descubrir y de hacer de sus utopías "científicas" algo realizable y plausible. 
"La epistemología es a mi criterio, ese punto de vista desde el cual me relaciono con las cosas, con los fenómenos, con los hombres y eventualmente con lo trascendente. Esto, que se produce en el ámbito personal y cotidiano, también ocurre en el ámbito científico, donde proliferan distintas corrientes y sistemas de pensamiento que resultan ser, en definitiva, formas de ver el mundo..... 
Podríamos comparar la Epistemología con un mirador u observatorio de la realidad que, con lentes más o menos agudos, la miran críticamente, dándose cuenta que no se halla fuera de ella, sino contribuyendo a constituirla; es decir, no es meramente un proceso de observación, sino una participación activa en el hecho o fenómeno estudiado" Ricci (1999). 

Noción de Ricci que se asemeja al “conocimiento proliferante” propuesto Mill, el cual invita a mirarlo "no sólo como una interpretación de la experiencia, ni como algo que sólo responde a problemas epistemológicos, ni tampoco como una mera definición del acto del conocer, sino a considerar el conocimiento como una solución a un problema de la vida. 

Citado por Feyerabend (1974). Solución que necesita de una epistemología que se pregunte si aquellos conocimientos producto de una investigación, llevan a un beneficio social y cultural. En tal sentido, se trata de mirar el conocimiento "científico" como algo que hace parte de la vida del hombre, no sólo de su deseo, sino también de su necesidad; por consiguiente, la epistemología lo debe ser también. 

Visión epistemológica en la que yo, como investigador, soy capaz de "darme cuenta" (pensar y reflexionar) del alcance de mis observaciones en un mundo que estoy viendo como objetivo desde mi visión subjetiva; el cual, a su vez objetivo con mis verificaciones o comprensiones.

 ¿Qué es entonces un mirar epistemológico? 

Es poseer conciencia histórica y reflexiva de un mundo que me observa, me rodea y me absorbe por más que quiera objetivarlo desde mis propios argumentos racionales; es una epistemología donde se alberga el ser y quehacer de mi disciplina específica rodeada de otras tantas que la pueden complementar(transdisciplinariedad). 
De lo que se trata entonces, es de tener presente como modifico el mundo, pero también, como soy modificado por él en el ciclo de mi espacio vital.

Siendo así, epistemología no sería sólo el objeto de estudio de una disciplina, ni el trasegar de ésta a través de la historia. 
Es más que esto; es una práctica continua y móvil de un mundo dinámico que: aunque esté plagado de leyes fijas e inmutables, el científico-investigador por multiplicidad de razones(la mayoría de ellas en confrontación y reflexión con el otro) se encarga de desenterrar o arrancar toda esa urdimbre estática que sustenta la ciencia en su generalidad, y especial, aquellas propias su saber disciplinar. 

La misión del epistemólogo entonces, es estar en constante movimiento crítico - reflexivo, así tienda a formar nuevamente leyes fijas e inmutables, las cuales a su vez, debe volver a desenterrar y poner a consideración de los otros (pares u homólogos); ya que todo su ser inquieto, movido por la crítica constructiva (y a veces destructiva) de sus pares, vuelve a remover lo estatificado para ponerlo nuevamente en escena. 
"Las categorías y todos los elementos estables de nuestro conocimiento deben ser puestos en movimiento...nuestra tarea es hacer fluido el material petrificado que encontremos, y volver a iluminar los conceptos y contenidos en esa materia muerta...disolver la oposición de una subjetividad y una objetividad congeladas y comprender el origen del mundo intelectual y real como un devenir." 
Mill citado por Feyerabend (1974). 

En la percepción de ese congelamiento estatificado en que duermen los conceptos y que muchas veces se aceptan ciega y acríticamente, fue que Sir Karl Popper criticó la teoría de T. S. Khun acerca de la forma como concibe éste el progreso del conocimiento científico en su teoría de “Ciencia Normal”. 
Para Popper, la labor que ejerce el científico dentro de la Ciencia Normal, es de alguien que desarrolla una ciencia poco crítica y reflexiva; es decir, petrificada y agonizante; que asume los paradigmas de forma ingenua sin someterlos a procesos de conjetura y refutación permanente. Inclusive, Popper anuncia que quien construye este tipo de conocimiento científico es “digno de compasión” capaz de conducir la ciencia e incluso la civilización al aniquilamiento. 
“La ciencia normal, es una actividad rutinaria, susceptible de conducir a la empresa científica al aniquilamiento...su profesional es muy poco crítico, inexperto, que no pone en duda el dogma dominante y que sólo acepta el dogma nuevo acríticamente, según impulsos de la moda o corriente presente suficientemente seguida...el científico normal es una persona digna de compasión: es un hombre mal formado profesionalmente, ya que ha sido educado con un espíritu dogmático y acrítico” (Lakatos y Musgrave 1975). 

Ser digno de compasión, es no poner en duda los dogmas dominantes y seguirse moviendo en ellos así la realidad nos grite al oído que podemos estar equivocados; ser digno de compasión es seguir ahí(estatificados), haciendo "Ciencia Normal" para un público ilustrado que tímidamente cuestiona nuestros avances científicos; ser digno de compasión es no ejercer un proceso de pensamiento reflexivo de forma permanente, y encerrarnos en nuestros propios juicios de verificabilidad e irrefutabilidad; ser digno de compasión es no pensar que el otro, que en ocasiones no se encuentra de acuerdo con mis certezas, puede tener la razón; ser digno de compasión es ceñirse con rigurosidad a un método ajustándolo truncada y forzosamente a la realidad; peor aún, llegar a la conclusión que es la realidad la que no se ajusta a mí método; ser digno de compasión es haber perdido, por lo acelerado de nuestro tiempo, la capacidad de pensar crítica y reflexivamente. 

Es a esa ausencia de pensar crítica y reflexiva, lo que Nietszche puede llamar "Pérdida de Dignidad" tal y como aparece citado al inicio del presente escrito. El Pensar reflexivo debe ser parte de nuestra mirada epistemológica, de nuestros progresos científicos al tratar de comprender o explicar un fenómeno natural, cultural o social. La epistemología debe llevar consigo un pensamiento crítico del conocimiento en confrontación consigo mismo, con sus pares e impares (otros) y con su mundo(lo otro); debe ser una epistemología proliferante movida por el viento, la cual reacciona frente a aquellos adelantos científicos que el sujeto se niega aceptar ciegamente y sin ningún juicio. Lo producido "como científico" por el que hace ciencia, debe ser continuamente depurado en procesos subjetivos e intersubjetivos de reflexión "como fuente de respiración, expiración - inspiración que lleva consigo gérmenes fecundantes de una animación capaz de resistir a largo término, la pesadez mortífera que tiende a la esclerosis....un viento así, es la metáfora por excelencia de la circulación sin freno" Maffesoli (1999). 

Epistemólogo es quien tiene conciencia reflexiva de su hacer "científico y cotidiano"; del alcance de sus planteamientos en el contexto general y particular (mirada ecológica); que considera que no puede escapar del error por mínimo que este sea, pues el saber (darse cuenta de y actuar en correspondencia) que el error existe, lo mueve nuevamente a reflexión, no para disminuirlo si a bien no pudiere; sino para saber que está allí, presente, y afecta por tanto su saber científico progresivo o degenerativo. 

Ese "darse cuenta de, y actuar en correspondencia", hace parte del tener una mirada epistemológica; pues el científico - investigador debe ser consciente que todo cuanto ocurre a su alrededor, hace parte de su humanidad vital; de hombre limitado que no transforma, produce y comprende fenómenos que pueden ser ilimitados, pero que sí pueden ser aceptables o plausibles para un mundo académico y social. 

Epistemólogo entonces, no es aquella persona encargada de sólo hacer epistemología, sino que es ese sujeto que reflexiona constantemente de su ser y hacer respecto a los otros y otro, atravesado por su devenir histórico. 

Por último, se hace necesario precisar que el conocimiento epistemológico se escenifica en la interacción, por cuanto no se anida en la estructura de un pensamiento interno solipsístico, sino también en la interacción que se tiene con el otro; es decir, es una epistemología producto de una reflexión compartida. 

Los cuestionamientos del otro, las concordancias y discordancias, inclusive las no empatías, son motivos que mueven al sujeto a reflexionar; estas reflexiones, se evidencian en lo público y en lo privado, en la convivencia, en el colectivo, en la comunidad académica; en pocas palabras, en el intervalo del yo-otro, o sea, en un nosotros. 

Igual que sucede con el científico que piensa reflexivamente, sucede también con el grupo que construye un saber epistemológico, movido por una reflexión émica de grupo, la cual es enriquecida y compartida en el ser de la comunidad académica. 

Bibliografía 
Ceberio, Marcelo y Paul Watzlawick. 1998. La Construcción del Universo. Herder. Barcelona. 
Cortés, Fernando y Manuel Gil. 1997. 
El Constructivismo Genético y las Ciencias Sociales: Líneas Básicas para una Reorganización Epistemológica. En: La epistemología genética y la ciencia contemporánea, de Rolando García (coord.). Editorial Gedisa, Barcelona, España. 
Feyerabend, Paul K.1974. Contra el Método. Barcelona Ariel. 
Galindo Cáceres, Jesús. 1998. 
La Lucha de la Luz y la Sombra. En: Técnicas de Investigación en Sociedad Cultura y Comunicación. México: Addisión Wesley -Parsón. 
Habermas, J. 1987 Teoría de la Acción Comunicativa I. Taurus, Madrid. 
Kuhn, Thomas. 2001. La Estructura de las Revoluciones Científicas. FCE. 10ª edición. Bogotá Colombia. 
Lakatos, Imre. 1983. La Metodología de los programas de Investigación Científica. Madrid. Alianza Editorial. 
Lakatos y Musgrave. 1975. La crítica y el desarrollo del conocimiento. Acerca de la discusión Popper – Khun. Barcelona. Grijalbo.
Maffesoli, Michel. 1999. El Nomadismo fundador. En: Revista Nómadas. No 10. Santafé de Bogotá. Departamento de Investigaciones Universidad Central. Abril. Pág. 126 -142.
Mardones, José M. 1991. Filosofía de las Ciencias Humanas y Sociales. Materiales para una fundamentación científica. Barcelona: Anthropos.
Morín, Edgar. 1999. La Cabeza Bien Puesta. Repensar la Reforma. Reformar el Pensamiento. Buenos aires. Ediciones Nueva Visión.
Osorio, Francisco. 1998. Qué es Epistemología. Conferencia dictada para el Magíster en Antropología Mención Desarrollo. Departamento de Antropología. Universidad de Chile. Abril 7 de 1998.
Ricci, Ricardo Teodoro. 1999. Acerca de una Epistemología Integradora. En: Revista Cinta de Moebio No.5. Abril. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile.
Tamayo y Tamayo, Mario. 1997. El Proceso de la Investigación Científica. México. Limusa Noriega Editores.

Nota 
(1) Para Habermas (1999) el mundo de la vida se encuentra relacionado con las actitudes de las personas que manifiestan estabilidad en el tiempo, porque expresan la identificación con grupos en los que el sujeto encuentra conformación, seguridad y sentido. Las relaciones interpersonales cotidianas constituyen el medio en que las personas desarrollan sus vidas. En: Teoría de la Acción Comunicativa, Tomo I. España. Taurus.

LA TEORÍA DEL CICLO ECONÓMICO DE FRIEDRICH VON HAYEK: CAUSAS MONETARIAS, EFECTOS REALES

LA TEORÍA DEL CICLO ECONÓMICO DE FRIEDRICH VON HAYEK: CAUSAS MONETARIAS, EFECTOS REALES
Rebeca Gómez Betancourt *
* Candidata a Doctor en Ciencias Económicas en la Universidad de París I, Panthéon-Sorbonne y Magíster en Historia del Pensamiento Económico. Actualmente, se desempeña como profesora asistente de la Universidad París II, Panthéon-Assas (París, Francia). Email: rebeca.gomez-betancourt@u-paris2.fr.
Este artículo corresponde a una parte de la tesis de maestría de la autora, en Historia del Pensamiento Económico, sustentada en octubre de 2003 en la Universidad de París I. La autora agradece las observaciones de Jérôme de Boyer y de Alexander Tobón, así como las sugerencias y críticas de dos evaluadores anónimos.

Este artículo fue recibido el 28 de septiembre de 2006 y su publicación aprobada el 21 de noviembre de 2007.

Resumen
Este artículo propone una lectura simultánea de dos textos: La Teoría monetaria y el ciclo económico (1929) y Precios y producción (1931), con el objetivo de presentar la teoría de los ciclos económicos del joven Hayek, como un conjunto teórico congruente. Ambos textos poseen una unidad temática complementaria, que representa el pensamiento del joven Hayek. Este artículo, subraya la distinción entre el rol que juegan los factores reales y los monetarios en la coherencia de su teoría. Aunque Hayek demuestre que el dinero no es neutro, ya que existe una variación de la estructura de los precios relativos, su propósito era probar su neutralidad.
Palabras clave: Hayek, precios, neutralidad, ciclos, efectos reales, efectos monetarios. JEL: B22, E31, E32, E42.
Abstract
This article proposes a parallel reading of two texts: Monetary Theory and the Trade Cycle (1929) and Prices and Production (1931). The aim is to present the young Hayek´s business cycle theory as a congruent theoretical whole. Both texts possess a complementary thematic unity, which represents the thinking of the young Hayek. This reading emphasizes the distinction between the roles played by real and monetary factors in the coherence of his theory. Even if Hayek demonstrates that money is not neutral, because there is variation in the structure of relative prices, his purpose was to prove the neutrality of money.
Key words: Hayek, prices, neutrality, cycles, real effects, monetary effects. JEL: B22, E31, E32, E42.
Résumé
Cet article propose une lecture en parallèle de deux textes : La théorie monétaire et le cycle économique (1929) et Prix et production (1931), dans le but de présenter la théorie des cycles économiques chez Hayek en tant qu´un ensemble théorique cohérent. Les deux textes possèdent une unité thématique complémentaire qui représente la pensée du jeune Hayek. Ce travail souligne la distinction entre le rôle qui jouent les facteurs réels et monétaires dans la cohérence de sa théorie. Bien que Hayek démontre que la monnaie n´est pas neutre, puisqu´il existe un changement de la structure des prix relatifs, son intention était de prouver sa neutralité.
Mot clés : Hayek, prix, neutralité, cycles, effets réels, effets monétaires. JEL : B22, E31, E32, E42.

La contribución de Friedrich von Hayek a la teoría económica es fundamental, dado el estado actual de la macroeconomía monetaria. En efecto, Hayek defiende la idea según la cual el liberalismo, sin Estado interventor, es un sistema que puede conducir las economías capitalistas a un equilibrio económico dinámico, que hoy podría ser definido como "óptimo", en el marco de la nueva síntesis entre los nuevos clásicos y los nuevos keynesianos.
El joven Hayek se forma en la tradición de la escuela austríaca del capital, una corriente neoclásica (no walrasiana puesto que no hay maximizaciones, sino productividades marginales), caracterizada por explicar el sistema capitalista a partir de un modelo de "equilibrio general" de trueque al que se añade el dinero. Hayek propone un modelo de tipo austríaco, en el cual describe un proceso de producción indirecto, representado por los diferentes estadios del triángulo de Jevons1. Con este modelo se pueden determinar los precios relativos en términos reales y los precios monetarios al introducir la cantidad de dinero.
Una vez conocido el equilibrio, los economistas austríacos se interesan por el desequilibrio. Es aquí donde se inscribe la especificidad de Hayek. El desequilibrio se caracteriza por la divergencia entre la oferta y la demanda global de bienes, y se evidencia a través de una crisis de sobreproducción (debida a la desproporción entre los sectores productivos), lo que representa la fase decreciente o negativa del ciclo.
En los estudios desarrollados, hasta principio de los años treinta, encontramos una importante evolución conceptual en relación con la explicación del fenómeno del ciclo económico2. La teoría de los ciclos de la escuela austríaca, y especialmente la de Hayek, aporta una de las primeras justificaciones teóricas de la crisis de 1929 y, con la teoría de Mises, representa la posición de la tradición austríaca del período entre guerras3.
Para su análisis, Hayek utiliza la distinción convencional establecida para explicar el ciclo económico: teorías monetarias y no monetarias. Las teorías llamadas no monetarias son las que explican los ciclos provocados por factores reales; por ejemplo, los cambios tecnológicos, las variaciones de las prácticas de consumo e inversión o las olas de optimismo o pesimismo de los empresarios. Las teorías monetarias se refieren a los cambios en la oferta de crédito, es decir, a la cantidad nominal de dinero en circulación.
Sin embargo, para Hayek, la diferencia entre estos dos tipos de teorías no es tan importante en comparación con la gran divergencia que existe entre las distintas teorías monetarias. En otros términos, hay una mayor distancia entre las teorías monetarias del ciclo económico que entre las monetarias y las reales. Encontramos, por una parte, las que consideran como causa de los ciclos las variaciones del valor del dinero y, por otra, las que adjudican los cambios reales de la estructura de producción a causas monetarias.
Uno de los objetivos del presente artículo es mostrar la importancia teórica del primer libro de economía de Hayek: La teoría monetaria y el ciclo económico (en adelante TMCE) el cual sigue siendo relativamente desconocido, incluso entre los economistas de hoy en día4. Otro objetivo más general es esclarecer la teoría del ciclo económico y la concepción del dinero del joven Hayek de los años treinta. Con lo cual se desarrollará la teoría austríaca del ciclo económico de Hayek sólo a la luz de los trabajos de 1929 y 1931, aún sabiendo que en trabajos posteriores5 Hayek siguió profundizando varios puntos de su teoría del ciclo.
Las preguntas claves del artículo son tres: i) ¿cómo aparecen los ciclos en el modelo de Hayek, ii) ¿cuáles son sus consecuencias sobre las otras variables de la economía y iii) ¿cómo se regresa al equilibrio? A lo cual demostraremos que el joven Hayek responde: i) si las teorías son reales o son teorías del valor, el desequilibrio surge de un cambio en las preferencias o de un cambio técnico y, si las teorías son monetarias, el desequilibrio proviene de un cambio en la tasa de interés monetaria, la cual afecta la cantidad de dinero en circulación. ii) Las consecuencias son: una modificación en los precios relativos (que también son monetarios), lo que altera el nivel de producción y permite rechazar la teoría cuantitativa, con lo cual se niega la neutralidad del dinero. iii) Para Hayek, el regreso al equilibrio es incierto porque depende de muchos factores, como del patrón monetario (por ejemplo, si hay patrón-oro); del sistema bancario y sus propios comportamientos; las rigideces; entre otros.
Ambos textos poseen una unidad temática complementaria que representa el pensamiento del joven Hayek, sin embargo, en el presente artículo adoptaremos el mismo orden de presentación de TMCE por ser más claro. En la primera sección intentaremos sintetizar, brevemente, las teorías no monetarias del ciclo económico introducidas por Hayek. En la segunda sección expondremos la base de las teorías monetarias de los ciclos económicos, así como la influencia de Wicksell y Mises sobre la teoría hayequeana de los ciclos económicos. En la sección tres desarrollaremos la explicación de Hayek (1936 [1929], 1996 [1931]) que coloca al crédito en el centro del debate sobre los ciclos económicos. Para terminar, seguiremos al economista austríaco en sus argumentos sobre el dinero neutro y la crítica que dirige a los partidarios de la teoría cuantitativa del dinero.
LAS TEORÍAS NO MONETARIAS DEL CICLO ECONÓMICO SEGÚN HAYEK
En el segundo capítulo de su texto TMCE (1929), Hayek presenta las teorías no monetarias del ciclo económico. Éstas se basan en la variación de factores reales y convergen en la existencia de una falta de proporcionalidad entre los distintos sectores productivos. En particular, el primer aspecto que se proponen explicar es la producción en exceso de los medios de producción.
Hayek distingue dos tipos de teorías no monetarias que explican los efectos de las fluctuaciones sobre las industrias productoras de medios de producción. En primer lugar, las que ven en la técnica de la producción la causa de un aumento de la demanda de bienes de consumo, lo que conduce a un aumento relativamente mayor de la producción de mercancías. Y más adelante, las que sostienen que las variaciones de la tasa de interés y el volumen de la producción se deben a circunstancias particulares (de carácter no monetario), relativas al ahorro y a la inversión. Veamos de manera más detallada la presentación de Hayek de estos dos tipos de explicaciones no monetarias del ciclo económico.
Fluctuaciones no proporcionales de la producción de medios de producción
Estas teorías hacen referencia al largo período de tiempo que es necesario dedicar para reunir el capital fijo que permitirá la extensión del proceso productivo. Hayek nos remite a los textos de Aftalion (1913) y de Robertson (1915), y presenta el esquema siguiente: cuando se produce un aumento de las ventas de bienes de consumo causado por un aumento de la demanda o por una reducción de los costes de producción, esto origina un aumento más que proporcional de la producción de bienes de producción. Según estas teorías se provocará un "efecto acumulativo" de los precios, por las variaciones de la venta de bienes de consumo en los estados superiores de la producción; es decir, toda variación de la demanda tendrá lugar de manera acumulativa, a través de todas las fases de la producción.
De acuerdo con estos tipos de explicaciones, el problema está en que el período que pasa desde el principio del proceso productivo hasta el momento en que el producto terminado llega al mercado, es muy largo. Cuando surge un alargamiento del proceso productivo, se impide el ajuste progresivo de la producción en relación con el cambio de la demanda, a través del mecanismo de los precios. Se evidencia un desfase temporal entre la producción de bienes de consumo y de bienes de producción.
Las industrias que son intensivas en capital son propicias a tener acumulaciones excesivas durante los períodos de prosperidad, porque los pequeños aumentos son imposibles en este tipo de empresas. Generalmente, se acostumbra a atribuir el crecimiento acelerado de industrias de medios de producción a las nuevas invenciones y descubrimientos, pero para Hayek, en su texto de 1929, ésta es sólo una de las causas posibles del proceso acumulativo.
Para Hayek todas estas teorías presentan relaciones que tienden a perturbar el equilibrio económico6, pero no llegan a solucionar la principal dificultad: ¿por qué las fuerzas que tienden a restablecer el equilibrio se revelan temporalmente ineficaces y por qué sólo llegan a actuar cuando ya es demasiado tarde?
Según Hayek, el problema de esta concepción es que el mecanismo de los precios actúa, solamente, cuando los productos han llegado al mercado. Este mecanismo es imperfecto cuando subsiste un largo período de tiempo entre el principio del proceso de producción y la llegada del producto final al mercado. Así, los productores no pueden orientar sus producciones, sino únicamente calculando el volumen total de la demanda. Aquí, desde la concepción de Hayek, existen ideas falsas sobre el comportamiento de los empresarios e incluso sobre el significado del mecanismo de los precios. Los que defienden estos puntos de vista no consideran que la producción se mida en relación al volumen total de la demanda, sino por el precio que se puede obtener en el mercado. Hayek es explícito:
En la moderna economía de cambio, el empresario no produce con vistas a satisfacer una demanda determinada, sino sobre la base de calcular el beneficio, y es justamente este cálculo lo que equilibra la oferta y la demanda (Hayek 1936 [1929]];, 71).
Realmente, el empresario basa su decisión sobre el precio que podría obtener después de que haya tenido lugar el intercambio en el mercado. Este precio representa uno de los factores que determinan la extensión de la producción, pero existen otros factores que la determinan, como el precio que el productor debe pagar por las materias primas, el factor trabajo y el capital prestado, es decir, sus costos. En este sentido, los dos precios se deben comparar para determinar el volumen de producción de los agentes en competencia.
Sin embargo, ¿por qué los precios no actúan de modo que las cantidades producidas se modifiquen de una manera o de otra, con el fin de poder llegar al equilibrio, como lo concibe la teoría del equilibrio estático? ¿Por qué no, si finalmente "el supuesto del cual tenemos que partir es siempre un precio que haga rentable, dentro de las nuevas condiciones, la ampliación del proceso de producción"? (Hayek 1936 [1929], 73).
Para criticar este análisis, Hayek afirma, por una parte, que la simple existencia de un largo período de producción no puede impedir el funcionamiento del mecanismo de precios (Hayek 1936 [1929], 74) y, por otra, añade en Precios y producción (en adelante PP), que "la transición hacia procesos más breves será acompañado regularmente de una crisis" de producción (Hayek 1996 [1931], 88). Hayek sostiene que si el precio que se obtiene para el producto terminado se calcula bien, entonces el ajuste de los precios de los factores de producción debe garantizar que la cantidad producida se encuentre limitada a lo que puede venderse.
Variaciones del ahorro y la inversión debidas a causas reales
Estas teorías no monetarias parten de la preconcepción, no fundada e inadmisible para Hayek, que el ahorro no invertido se acumula durante algún tiempo y luego se inyecta repentinamente en la economía, causando una explosión en el sistema productivo. Por una parte, para Hayek es difícil comprender por qué sería necesario acumular el ahorro disponible durante un período de tiempo y, por otra, aunque se justificara esta aclaración, esto no explica el aumento desproporcionado de los medios de producción. Aquí Hayek cita a Spiethoff (1925): "Si los capitalistas y los productores de artículos de consumo inmediato desean mantener su producción en proporción con la oferta de capital adquisitivo, ambos procesos deben ser ajustados el uno al otro concienzudamente" (Hayek 1936 [1929], 79)7.
La creación del ahorro es independiente de la producción de bienes y de medios de producción. Por lo tanto, ésta puede producirse sin que el empresario sepa cómo es el ahorro y su disposición a ser invertido. Si se asume este enfoque, se estaría abandonando el principio según el cual el volumen de producción se controla gracias a la determinación de los precios relativos. Para Hayek es necesario tratar de responder a la siguiente pregunta: ¿por qué los precios, y en particular, el precio del capital que es la tasa de interés, no regulan el volumen de la producción? Esto, sabiendo que la producción no se regula sobre la base de la demanda, sino sobre la determinación de los precios.
Cassel (1927) también se inscribe entre los partidarios de las teorías no monetarias del ciclo económico. Respecto a la referencia que hace Hayek, éste explica que toda discordancia entre el ahorro y la inversión debe justificarse a través del mal funcionamiento del mecanismo de la tasa de interés, que según Hayek, normalmente debería permitir igualar el ahorro y la inversión.
Hayek reprocha a este análisis el hecho de basar su argumentación sobre la simple modificación de las condiciones económicas iniciales, lo cual no añade ninguna explicación a las teorías de los ciclos económicos. Afirma que la aparición de perturbaciones del equilibrio no es un problema para la teoría de los ciclos, pero sí el hecho de que se llegue a éste a través de una serie de reacciones que no pueden considerarse como ajustes en el sentido usual de la teoría del equilibrio económico.
El verdadero problema, según Hayek, es que aparecen fluctuaciones desproporcionadas de las industrias productoras de los medios de producción, a partir de las oscilaciones inevitables e irregulares del resto del sistema económico. Según Hayek "el fenómeno no se aclara mientras no se explique por qué su causa, sea cual sea, no provoca un continuo proceso de equilibrio" (Hayek 1936 [1929], 65).
Para que Hayek y Schumpeter puedan considerar válida la explicación del ciclo es necesario indicar por qué lo que produjo la fluctuación no causa, de igual forma, un proceso continuo de ajuste hacia el equilibrio. Para Hayek, normalmente el mecanismo de precios debe impedir el ciclo. En su modelo, el mercado es autorregulador, los precios son una variable de ajuste y aquellos que permiten el ajuste serán siempre los precios de equilibrio.
Según estas teorías no monetarias, hay un momento en que el mecanismo de precios no funciona más, entonces, la demanda puede satisfacerse a un precio que la oferta disponible no puede proporcionar, por lo tanto, "aparece un nuevo estado de indeterminación en el cual pueden producirse desviaciones que se alejan del equilibrio. [...] Es precisamente el manejo de la tasa de interés, el precio del crédito, lo que hace posible esas perturbaciones en la formación de los precios" (Hayek 1936 [1929], 84).
Hayek refuta las teorías no monetarias de los ciclos económicos ya que, según él, los choques se corrigen automáticamente y esto no queda claro en dichas teorías. Igualmente, no explican por qué, tras un choque, la situación no se restablece a través del mecanismo de los precios y por qué no se retorna, automáticamente, al equilibrio. Sin embargo, en su teoría, él retoma el carácter de la "desproporción" que destacan, especialmente, las teorías reales del ciclo económico8.
La crítica que dirige a las teorías no monetarias del ciclo económico es la introducción de rigideces; sin embargo, éstas aparecen en su propia teoría (Hayek supone que no hay rigideces, pero se puede mostrar que sí las hay)9. El argumento con respecto a la variación de la técnica de producción no es suficiente. Según este autor, los empresarios van a corregir la desproporción para frenar el ciclo, pero el defecto de las teorías reales es que no explican cómo se hará.
A este respecto, parece pertinente mencionar la incompatibilidad subrayada por Carlo Benetti, quien resume la respuesta de Hayek a la crítica hecha por Sraffa (Hayek 1932, 238), en dos posibilidades. La primera posibilidad (i) se refiere al hecho de que hay una tendencia inherente al equilibrio del sistema económico, siempre que se dejen de lado los factores monetarios. Como consecuencia, si se sigue esta proposición, se estudiarán solamente los efectos de un choque real. La propuesta (ii) afirma que no se puede explicar el desequilibrio del sistema sin tomar en cuenta las causas monetarias.
Benetti exige de la teoría de Hayek que:
... o se acepta la propuesta (i), y en este caso ningún desequilibrio verdadero causado por factores monetarios puede aparecer; o se acepta la propuesta (ii), es decir, se analiza el proceso que conduce al desequilibrio debido a factores monetarios, pero entonces es necesario renunciar a la creencia en la tendencia al equilibrio afirmada por la propuesta (i) (Benetti 1995, 65, trad. del autor).
De lo que precede, él concluye que "la oposición entre el ajuste real y el desajuste monetario no puede obtenerse sino a través de dos análisis mutuamente contradictorios del mismo sistema económico" (Benetti 1995, 65). He aquí la crítica que Benetti dirige a Hayek.
Cuando se analizan los efectos de un choque real se constatan las modificaciones de los precios relativos que implican un desplazamiento de bienes, a través de las distintas fases de la producción. Hayek identifica el problema del carácter específico de los bienes; la transferencia de bienes específicos (que no pueden utilizarse sino en una única fase de la producción o, a lo sumo, en un reducido número de fases) o no específicos (que se pueden utilizar en todas o, al menos, en numerosas fases de la producción) se realiza de manera diferente según el tipo de bien. Sin embargo, para defender la "tendencia espontánea al equilibrio" después de un choque real, Hayek muestra que, incluso si hay disparidades temporales entre la oferta y la demanda, el mecanismo de los precios relativos será suficientemente fuerte para superar toda clase de obstáculos.
Al contrario, si se trata de un choque de origen monetario, el nuevo equilibrio es inestable y, por tanto, el sistema corre el riesgo de caer en una crisis económica. El mecanismo de los precios relativos (que funciona cuando el choque es real) no funciona cuando el choque es monetario. En este último caso, hay obstáculos -como la dificultad de movilidad de los factores de producción- que estaban ausentes en su explicación de los choques reales.
No obstante, es importante resaltar que Hayek utiliza en PP argumentos puramente técnicos y sobre todo explanaciones de tipo real, como razones para explicar el fenómeno de las crisis, mientras que en TMCE las causas de los ciclos son más bien monetarias.
LAS TEORÍAS MONETARIAS DEL CICLO ECONÓMICO SEGÚN HAYEK
Una mirada al pasado nos hace descubrir que, generalmente, para las explicaciones monetarias del ciclo económico, las fluctuaciones dependían de las variaciones en el valor del dinero10. En este marco, Hayek menciona en PP los trabajos pioneros de Thornton (1802), a quien reconoce una de las más notables contribuciones a la teoría monetaria. El autor austríaco menciona, también, a Ricardo (1821) haciendo una breve referencia a su teoría de tasas de interés.
En esa línea, Hayek recuerda la existencia de los trabajos de Marshall (1871 y 1887), el Officials Papers y su libro posterior sobre Money, Credit and Commerce, y hace referencia especialmente a Wicksell (1898), alegando que este último no tuvo en su época la difusión merecida, debido a los retrasos en las traducciones y ediciones de su obra, a pesar de ello, fue quien propuso integrar la política del crédito de los bancos a la teoría de los ciclos. Por último, se refiere a Mises (1912) como una de sus fuentes de inspiración en teoría monetaria y, en particular, en la teoría del ciclo económico11.
Hayek escribe12:
Para el objetivo de este estudio no es necesario retroceder a los primeros representantes de este grupo; basta considerar las concepciones de Wicksell y Mises, puesto que tanto los recientes progresos efectuados como los errores que aún subsisten pueden ser mejor analizados sobre la base de esos estudios (Hayek 1936 [1929], 99).
Según Hayek, el profesor Mises realizó un gran progreso en relación con la posición de Wicksell sobre el análisis de los efectos de una diferencia entre la tasa de interés monetario y la tasa de interés natural. Ahora bien, Wicksell fue más lejos que Mises en cuanto a la explicación sobre el origen de estas divergencias. Por una parte, Hayek reconoce a su maestro Mises que "en lo relativo a la teoría del dinero (en tanto que diferente de la teoría pura del capital), la obra que proporciona el marco en el que he procurado elaborar un punto especial es la del profesor Mises, mucho más que la de Knut Wicksell" (Hayek 1996 [1931], 23). Por otra parte, él reconoce la influencia del economista sueco en el proceso de formación de su propia teoría monetaria:
Aunque yo creo que en el análisis de los efectos de la diferencia entre la tasa de interés monetaria y la tasa natural, el professor Mises ha realizado un considerable progreso con respecto a la posición de Wicksell, este último acertó mejor que Mises al explicar el origen de dicha divergencia. Más adelante ahondaremos en la explicación de Wicksell (Hayek 1936 [1929], 121).
Veamos con detalle la influencia de las teorías de Wicksell y Mises sobre la teoría de los ciclos de Hayek.
Repercusiones de Wicksell sobre el joven Hayek
La teoría de Wicksell de las tasas de interés puede resumirse así: existe una tasa de interés natural (in) -suponiendo que no existen perturbaciones monetarias- que permite igualar la demanda y la oferta de ahorro13 . Ahora bien, en una economía monetaria, hay una tasa de interés monetaria (im) que puede ser diferente de la tasa de interés natural, ya que "la demanda y oferta de capital no se encuentran en su forma natural sino en forma de dinero, y la cantidad de dinero disponible para objetivos de capital puede ser modificada arbitrariamente por los bancos" (Hayek 1996 [1931], 39).
Su teoría explica que si se quiere que la tasa de interés sea neutra y que no interfiera sobre los precios de los bienes, es necesario que la tasa de interés monetaria sea igual a la tasa de interés natural. En caso de que los bancos decidieran aumentar la circulación (o que la autoridad monetaria incrementase la cantidad de dinero disponible de los bancos para dar créditos), éstos van a reducir (im) por debajo de (in) para atraer a los prestamistas, dado un aumento de los precios monetarios de los bienes. Al mismo tiempo, una mayor oferta de dinero tendería a disminuir su valor y se presentaría una inflación general de los precios durante este proceso. Si la autoridad monetaria o los bancos continúan aumentando la oferta monetaria en cada período, el resultado será lo que se conoce como un "proceso acumulativo" de los precios.
Hasta este punto Hayek está de acuerdo con Wicksell: el hecho de que (im) sea igual a (in) implica que el nivel de los precios se mantiene constante y que "en tales condiciones no hay causas monetarias que tiendan a generar un cambio en el nivel de los precios" (Hayek 1996 [1931], 39-40). El momento en que se separa de su colega sueco es cuando este último concluye que si las dos tasas de interés no coinciden, el nivel general de los precios se modifica en una proporción constante. Según Hayek, no se puede saber cuánto van a cambiar los precios relativos después de una disminución o de un incremento de (im)14.
Hayek muestra que la influencia del dinero sobre los precios relativos y la producción es independiente de los efectos sobre el nivel general de los precios. Cualquier cambio en la cantidad de dinero debe, necesariamente, afectar los precios relativos y la producción, pero este cambio puede o no tener influencia sobre el nivel general de los precios. En este punto, Hayek muestra su adversidad con respecto a las teorías cuantitativas del dinero, afirmando que:
...en un futuro próximo, la teoría monetaria no sólo rechazará la explicación en términos de una relación directa entre el dinero y el nivel de precios, sino que incluso arrojará por la borda el concepto de un nivel general de precios y lo reemplazará por investigaciones sobre las causas de los cambios en los precios relativos y sus efectos sobre la producción (Hayek 1996 [1931], 43).
En realidad, Wicksell no se propuso desarrollar una teoría del ciclo: "no defendió una teoría de los ciclos monetarios como tampoco defendió una teoría de la tasa de interés monetario" (Schumpeter 1971 [1954], 286). Sin embargo, basta con hacer algunos retoques a la teoría del proceso acumulativo de Wicksell para que se pueda extraer una teoría del ciclo económico.
Repercusiones de Mises sobre el joven Hayek
Si Hayek hizo suya una buena parte del análisis de Wicksell, a nivel monetario, él se apropió principalmente del análisis de Mises15, profundizándolo y relacionándolo con el del economista sueco. Como Mises, Hayek pensaba que el proceso acumulativo inducido por la extensión del crédito, el cual conduce a inversiones equivocadas, termina inevitablemente por detenerse. Se interrumpe cuando la tasa de interés monetario iguala la tasa de interés real.
Para Mises, los mecanismos de creación monetaria introducen perturbaciones permanentes en el funcionamiento de los mercados. Según él, el dinero no es nunca neutro. Hayek extendió los resultados obtenidos por su antecesor, ahondando en el análisis del sistema de precios relativos y de la estructura de producción.
En su libro Monetary and Credit Theory (1912), Mises aceptó grosso modo los argumentos de Wicksell de los efectos de la expansión monetaria sobre la producción y los precios. Sin embargo, él hizo progresar las ideas wicksellianas mostrando el proceso a través del cual una expansión monetaria de este tipo, genera una crisis económica y una serie de fenómenos conocidos bajo el nombre de ciclo económico.
Mises también supuso que la autoridad monetaria tiene el poder de influir sobre la oferta de dinero, creando crédito. Según Mises la creación de medios fiduciarios permite al banco de aumentar las cantidades de dinero prestadas y al mismo tiempo le da la posibilidad de conceder créditos que sobrepasan los límites de su propio dinero o el que sus clientes le hayan entregado en depósito.
Según Ravier (2006) la demanda de productos terminados aumenta en la misma proporción que la oferta suplementaria de dinero. La demanda suplementaria de crédito necesaria para seguir estos proyectos ejerce una presión a la alza de la tasa de interés y este incremento se convierte en un catalizador de la crisis en los sectores de los bienes de inversión. La fase positiva del ciclo económico llega a su término y da paso a una contracción o incluso a una depresión, a medida que se van suspendiendo los proyectos de inversión. Estos proyectos costosos se revelan económicamente insostenibles, la única manera de recuperar estos proyectos sería un nuevo aumento de la oferta de dinero por decisión de las autoridades monetarias. Pero tal decisión repetiría el proceso anterior infinitamente. Si la autoridad monetaria prosigue acrecentando la oferta de dinero, se desembocaría en una inflación incontrolable que, a largo plazo, amenazaría el conjunto del sistema monetario.
A través de este análisis, Mises (1981 [1912]) llega a la conclusión que las causas del ciclo económico no hay que buscarlas en una hipotética disfunción de la economía de mercado. En última instancia, la causa principal se encuentra en la manipulación del dinero y del crédito por las autoridades monetarias. Por consiguiente, Mises es quien de forma más directa aporta a Hayek una teoría monetaria de los ciclos, mostrando la influencia que la tasa de interés puede ejercer sobre los precios relativos.
LA TEORÍA HAYEQUEANA DEL CICLO ECONÓMICO
Hayek figura entre los economistas que atribuyen las fluctuaciones cíclicas a una causa monetaria. Pero, a diferencia de la mayoría de las principales teorías monetarias del ciclo económico que se basan en la hipótesis de que el dinero influye en la vida económica, a través del nivel general de los precios, Hayek no se preocupa por los efectos del crédito sobre el nivel de precios sino por los efectos sobre los precios relativos de las mercancías y sobre la distribución de la producción entre bienes de producción y bienes de consumo: efectos reales del ciclo económico 16.
Para Hayek es importante criticar a los partidarios de la estabilidad del nivel general de precios. Por esta razón, aprovecha la ocasión para atacar a los defensores de las teorías monetarias del ciclo económico, afirmando que: cuando hay un aumento de la cantidad de dinero, hay una variación de los precios relativos. Por ejemplo, para Hayek, Wicksell no reconoció el poder de los factores monetarios para romper el sistema de equilibrio de la economía de trueque, más allá de toda variación del nivel general de los precios. A su modo de ver, Wicksell permaneció preso de la trampa del nivel general de los precios. En cambio, Hayek creía necesario observar los precios relativos (como los autores clásicos), es decir, la relación de dos precios expresados en dinero (en unidades monetarias). Afirma que el dinero perturba el equilibrio a través del aumento de los precios relativos provocados por una expansión crediticia.
Es importante reconocer que sus investigaciones, al hacer hincapié en los precios relativos, consiguen una nueva formulación de la teoría de los ciclos, permitiendo una evolución de las ideas cuantitativistas de ese momento. En general, estas teorías concedían un lugar menor a las distorsiones admitidas por el aparato productivo durante los procesos cíclicos. Según Hayek los cambios en la cantidad de dinero de la economía no son, solamente, la consecuencia de intervenciones de las autoridades monetarias como lo asumen la mayor parte de teorías monetarias del ciclo económico. Para Hayek las variaciones de la oferta de dinero son un efecto inmanente de la organización del crédito. En este sentido la teoría de Hayek busca ser una teoría endógena como la de Wicksell.
El origen de los ciclos económicos, según Hayek, a semejanza de Wicksell, debe buscarse en el diferencial entre la tasa de interés natural y la tasa de interés monetario. Este residuo entre las dos tasas de interés es posible gracias a la elasticidad del crédito bancario 17.
Finalmente, Hayek intenta reunir las consecuencias del desencadenamiento del ciclo económico: primero, tarde o temprano aparecen las restricciones del crédito bancario; segundo, cuando los precios aumentan, las desigualdades presentadas entre los distintos sectores productivos afectan de manera distinta a los diversos sectores de la producción. Se podría pensar que es el exceso de crecimiento de las industrias productoras de materias primas y de bienes de capital, la causa principal de las recesiones periódicas, pero lo que se descubre es que detrás de ello hay una sobre-expansión de la elasticidad del sistema de crédito, una expansión excesiva del crédito. Por lo tanto, la causa fundamental de las fluctuaciones cíclicas debe buscarse en las modificaciones de la cantidad de dinero disponible o en la elasticidad del volumen del dinero que constituye, según Hayek, la condición necesaria y suficiente para la formación del ciclo económico (Hayek 1936 [1929], 118).
Para Hayek la teoría de los ciclos no puede explicarse sólo a partir de causas reales, dado que habría que indicar por qué no se retorna al estado de equilibrio después del choque; y tampoco puede explicarse solamente a partir de causas monetarias como una variación del nivel general de precios. Según Hayek los ciclos se deben al mal funcionamiento de los precios relativos y en este sentido su teoría de ciclos es a la vez real y monetaria. Es real, porque según Hayek, no es equivalente alargar el proceso de producción que acortarlo, ya que existen rigideces que lo impiden; y es monetaria porque para los bancos es muy difícil ajustar, rápidamente, la tasa de interés a las variaciones de la tasa natural, produciéndose una diferencia entre las tasas de interés.
Se puede comprender la teoría de los ciclos de Hayek a través del efecto acumulativo de los precios debido a un aumento de la demanda de productos. Para Hayek, este efecto comienza cuando los bancos están en situación de aumentar el crédito más allá del respectivo crecimiento del ahorro. Dado que el aumento de la demanda se manifestó en un mercado donde la oferta siguió siendo constante, entonces los precios deben también aumentar. El error fue cometido por los bancos al otorgar capital financiero más allá del capital real disponible. Por lo tanto, éstos podían ofrecer capital financiero más caro, creando inversiones en capital económicamente injustificadas, fuente de pérdidas futuras.
Según Hayek, lo que se necesitaba para garantizar el funcionamiento del proceso auto-regulador era algo similar al sistema de patrón oro -o un sistema de tasas de cambio fijo- y que el Gobierno dejase de intervenir en la economía: esto disminuiría (aunque no eliminaría completamente) los efectos del ciclo. A pesar de que, en la práctica, lo que origina desajustes en el orden cataláctico del mercado es la mala gestión monetaria por parte del Gobierno.
Su teoría del dinero neutro permite representar una economía caracterizada por un instrumento de intercambio que por sí mismo no es perturbador18. En la teoría de Hayek el dinero no es neutro ya que, en los sistemas bancarios de economías capitalistas, el aumento del volumen del crédito no modifica todos los precios de la misma manera (al contrario de la teoría walraseana del equilibrio general) y los cambios en los precios relativos inducen a los participantes del mercado al error, creando anticipaciones que luego no se confirman.
La neutralidad no es un postulado como lo era para los representantes de la escuela clásica, sino un elemento activo en la teoría de Hayek. La neutralidad desempeña un papel indispensable en la construcción hayequeana, haciendo posible el orden de cooperación humana y el cálculo general de los valores de mercado. Su importancia está vinculada directamente al hecho de que los precios se expresan en términos monetarios y sobre la base de los precios monetarios se efectúa la coordinación de las actividades económicas. El dinero desempeña el rol de recolector de la información a través de los precios y es el vehículo del cálculo económico, como lo describió Mises: aquello que permite el cálculo de los valores de mercado y entonces hace posible las elecciones individuales descentralizadas. Sólo puede cumplirse correctamente este papel si su funcionamiento no se obstaculiza de ninguna manera.
Sin embargo, a partir de su aparición, el dinero fue objeto de manipulaciones por parte de los Gobiernos y los bancos y, por lo tanto, se convirtió en la principal fuente de perturbaciones de los procesos auto-reguladores en el orden social. Por lo tanto, el dinero bajo la forma del crédito no puede cumplir su papel de recolector de la información, sino que transmitirá falsos mensajes.
En definitiva, se ha argumentado que el dinero distará mucho de ser neutro para la teoría hayequeana19. También, que la no neutralidad de los movimientos monetarios a corto plazo no es el descubrimiento de Hayek: mucho antes que él, los economistas clásicos admitieron que la creación monetaria, al estimular artificialmente la demanda, influye sobre las condiciones reales de la producción.
Muchos economistas como Ricardo, Overstone, Torrens y Fisher se preocuparon de construir sistemas monetarios que permitieran neutralizar la emisión de dinero, lo que nos sitúa frente a una paradoja: el objetivo en común es ver cómo se puede hacer para que el dinero no desempeñe ningún papel en la teoría y, en relación con la política monetaria, el dinero es el elemento central, el único factor que cuenta. Por ejemplo, el dinero es el único responsable de la inflación: esta inestabilidad inherente a todo sistema bancario de reservas parciales que se instaura bajo la garantía de los Bancos Centrales y, en definitiva, de las autoridades públicas.
Las conclusiones del economista austríaco en cuanto a política económica aparecen, en particular, en la cuarta conferencia de PP. Según Hayek, puesto que el dinero no es nunca neutro, ninguna política monetaria es posible ni deseable20. El Estado no debe intentar ni apropiarse del dinero ni administrarlo: si se quiere salvaguardar la economía de mercado, será necesario devolver la gerencia del dinero al mercado, que es el único que puede garantizar la estabilidad de su valor.
Hayek criticó la teoría neoclásica que construía, en primer lugar, una teoría y que, en un segundo momento, intentaba integrar el dinero a esa teoría. Reconoció que el problema con este enfoque es que los precios seguían siendo, esencialmente, relaciones de intercambio, expresadas como precios relativos y que el dinero no afectaba de ningún modo. Esta construcción teórica proporcionaba además una base analítica para la política monetaria, que ajustaba el nivel de precios a la cantidad de dinero: al estabilizar el coeficiente de liquidez (la masa monetaria dividida por la producción) se nivelaban al mismo tiempo los precios, entonces, el dinero seguía siendo un bien neutro. Hayek, rechazando esta perspectiva dicotómica, intentó integrar directamente el dinero en el análisis de los fenómenos económicos, devolviéndole todas sus dimensiones: la temporal y la social.
A pesar de que Hayek consideró aspectos como la incertidumbre y el hecho de que la información es limitada, el carácter dinámico del dinero no aparece en su teoría. Como los economistas neoclásicos, él tampoco logró incluir el dinero en la teoría general. Además, la función de reserva de valor del dinero no aparece desarrollada (crítica de Sraffa21 ), así como las consecuencias del progreso técnico y de la innovación no fueron tratadas.
Aunque las soluciones propuestas por Hayek son aún motivo de discusión y crítica, este autor intentó poner en el centro de la problemática económica el estudio del dinero, dando el papel principal a la teoría monetaria. Sus ideas se dirigían, igualmente, hacia una desaparición de la política monetaria como solución a las crisis.
CONCLUSIONES
La lectura de la TMCE de 1929 sirve para entender mejor el texto PP de 1931. Por una parte, metodológicamente la TMCE presenta de manera más clara las distintas teorías del ciclo, de las cuales se inspira Hayek. Por otra parte, se muestra la anterioridad de TMCE, la cual fue escrita bajo la inspiración del debate alemán sobre los ciclos económicos y, en particular, bajo la influencia de Wicksell y de Mises, y no como respuesta crítica al Tratado de la Moneda de Keynes.
De igual manera, es posible subrayar los siguientes puntos:
1) Hayek se interesó por las teorías reales del ciclo económico, concretamente en el análisis del ciclo económico de Spiethoff y Cassel, dada la importancia que estos últimos dieron a las deformaciones de la estructura de producción y a los efectos de una variación de precio, así como a la insuficiencia del ahorro. Para ellos, la expansión está motivada por el desarrollo de la producción de los bienes de producción, y la crisis tiene su origen en el desfase temporal entre el crecimiento de las industrias que producen los bienes de consumo y las que producen los bienes de producción. Al mismo tiempo, ellos destacaron la importancia de las situaciones de insuficiencia de fondos prestables, de ahorro, necesarios para la continuación de la acumulación. Hayek estaba de acuerdo con una parte de esta explicación; sin embargo, quiso probar si los modelos teóricos que proponían, podían modificarse para aplicarlos en el caso de una economía monetaria. Hayek criticó el hecho de que estos autores no tuvieran en cuenta el crédito como inicio del ciclo.
En relación con las teorías monetarias del ciclo económico, éstas podían tener dos defectos: descuidaban la variación de la estructura productiva y las consecuencias sobre los factores reales, o se basaban en un índice general de precios, noción a la que Hayek daba una importancia menor. Finalmente, Hayek intentó reconciliar los dos puntos fundamentales en su teoría del ciclo: los factores monetarios y los no monetarios.
Con respecto a la explicación de las variaciones de la estructura real de la producción, su análisis está más desarrollado en PP, mientras que se extiende sobre el origen monetario del ciclo en su primer libro, TMCE.
2) Hayek es uno de los economistas que más profundizó en el análisis de la neutralidad del dinero, así como en la voluntad de neutralizar los efectos de su emisión. Su planteamiento es lógico al poner de manifiesto que el dinero implica distorsiones en la vida económica, explicando su papel en el ciclo económico, y afirmando que, una moneda neutra no tiene directamente nada que ver con la estabilidad del nivel general de los precios, pero si aquella que no modifique los precios relativos de equilibrio. Poner de relieve esta función perturbadora del dinero, he aquí el objetivo y la importancia de su teoría de ciclos. Para Hayek, la crisis económica será la consecuencia del desorden causado por la manipulación monetaria, en particular, la creación de dinero ex-nihilo, a través de la intermediación del crédito.
Hayek defendió las ventajas de la neutralidad del dinero: aspiró encontrar un modelo donde el dinero sería neutro. Sin embargo, en el texto de 1929 lo que quiso demostrar fue la no neutralidad del dinero (que es la hipótesis de este artículo), y lo logra. El problema es que para su demostración Hayek partió de la concepción del dinero neutra de Mises y Wicksell. En resumen, él deseaba demostrar la no neutralidad partiendo de la neutralidad, pero guardando la esperanza de que fuese posible obtener un dinero neutro.
3) Esta teoría, también, conduce a tropezarse con un tipo de dicotomía. Como vimos, el pensamiento monetario de Hayek cae en una tradición tan dicotómica como la teoría cuantitativa del dinero, que él critica, lo cual es evidente si reconocemos que la neutralidad del dinero no es más que un corolario de la teoría cuantitativa del dinero: "La neutralidad del dinero... es una mistificación heredada de la teoría cuantitativa del dinero. Para pensar el dinero es necesario liberarse de esta visión cuantitativista" (Boyer 2003, 340).
Hayek sitúa su razonamiento en una economía que quiere ser monetaria, pero en la que el dinero no posee todas sus dimensiones: suponiendo que la cantidad de dinero en circulación es constante, los resultados obtenidos son los mismos si el ahorro fuera en mercancía en vez de ser en dinero. La principal contribución de Hayek es el hecho de plantear el problema de construir una teoría monetaria vinculada a los precios relativos que son, al mismo tiempo, precios monetarios.
Quiso demostrar que el dinero tiene efectos reales sobre la economía y sobre todo, que estos efectos actúan sobre los precios relativos de las mercancías y sobre la distribución de la producción entre bienes de producción y bienes de consumo, y no sobre el nivel general de precios. El inconveniente está en que Hayek no llegó a explicar la relación exacta entre el dinero y el proceso de formación de los precios y, finalmente cayó, como aquellos a quienes criticó, en el error de confundir economía monetaria de intercambio con una economía de trueque más el dinero. Esto es un error típico de los modelos de estática comparativa, puesto que, aunque presenta su modelo como dinámico, sabemos que no lo es. Hayek razona en términos dinámicos, pero realmente su modelo sigue siendo estático. La fuente de su confusión es la influencia de la teoría cuantitativa del dinero y el concepto de dinero de la escuela austríaca (Menger, Mises), lo cual niega la posibilidad de construir, realmente, una teoría monetaria donde el dinero esté vinculado a la teoría del valor, sin caer en la dicotomía.
NOTAS AL PIE
1 Jevons (1871) utilizó un triángulo para representar gráficamente las diferentes etapas de la estructura de producción. Hayek retoma esta construcción para exponer su propia teoría. Para una explicación detallada sobre este tema ver Garrison (2001, 82-96).
2 Sin embargo, Lucas (1981) indica que no hubo grandes progresos en la teoría de los ciclos económicos desde los austríacos, posiblemente, por la falta de un nivel de formalización adecuado. A pesar de esto, es asombroso encontrar en la literatura de los años treinta, ideas que han resurgido con fuerza en la última década, esta vez sobre la base de una rigurosa formalización matemática. Para las relaciones Hayek-Lucas, ver Arena (1994).
3 Hayek estaba preocupado por el hecho de que los bancos centrales, especialmente el de Estados Unidos, estaba haciendo un esfuerzo para combatir la depresión a través de una política de expansión del crédito. A partir de ese momento, Hayek comienza sus estudios sobre las crisis, los ciclos y la teoría monetaria en general.
4 Partimos de la hipótesis de que esta ignorancia se debe a dos razones principales. Por una parte, el texto no se tradujo al inglés hasta 1933, dos años después de la publicación de Precios y producción. Este último que, por haber sido publicado con motivo de la llegada de Hayek al London School of Economics, directamente en inglés y bajo la protección y dirección de Robbins, se benefició de un rápido renombre en el medio intelectual inglés de aquel momento. Por otra parte, la recomendación un poco perniciosa del mismo Hayek cuando afirma que todo lo que había desarrollado en TMCE aparece incluido en Precios y producción, y que ahora sabemos que no es cierto. En este artículo se propone una lectura paralela y complementaria de los dos textos del joven Hayek y de sus artículos, para comprender mejor este momento de su pensamiento.
5 Hayek continúa su trabajo sobre la teoría de los ciclos económicos en sus libros "Profits, Interest and Investment" (1939) y en "The Pure Theory of Capital" (1941), pero en este artículo nos concentraremos en la lectura de los textos de 1929 y 1931.
6 Ver Arena (1999).
7 "La misma concepción general... ha sido después expuesta por Mr. J.M. Keynes en diversos pasajes de su Treatise on Money (1930) [...]: ´No existe realmente posibilidad de una previsión inteligente que iguale el ahorro y la inversión como no sea realizada por el sistema bancario" (Hayek 1936 [1929], 79). Este texto fue añadido por Hayek en la edición en inglés (1933) del texto en alemán de 1929. El Profesor Hansjoerg Klausinger, quien prepara la reedición de este texto en inglés, muestra las diferencias entre la versión original de la TMCE de 1929 y la traducción al inglés de 1933, ésta es una muestra.
8 La idea de la falta de proporción es desarrollada ampliamente por Hayek en PP.
9 Se trata de una rigidez tecnológica, dado que no se puede pasar fácilmente de una rama de la producción hacia otra: no es lo mismo producir camisas que trigo. Hay una hipótesis con respecto a las dotaciones de tecnología en la teoría de los ciclos de Hayek que explica por qué no hay retorno al equilibrio tras un choque monetario.
10 Para profundizar en el análisis respecto a las teorías monetarias de ciclos económicos ver: Shackle (1933) y Garrison (2001). Sobre las teorías prekeynesianas que explican los ciclos ver Rebeyrol (1988).
11 Uno de los vínculos entre la TMCE y PP es la influencia de Wicksell y Mises en el pensamiento monetario de Hayek que está presente en los dos textos. Para ahondar en el tema de las fuentes intelectuales de la teoría de ciclos de Hayek ver Dostaler (1994).
12 Desgraciadamente para nosotros, interesados en el estudio de la historia del pensamiento económico, Hayek decidió no remontar más lejos en el tiempo y no profundizó en los trabajos de Thornton y Ricardo. Esto habría podido ayudarnos a descifrar y comprender de una manera más clara y perspicaz el pensamiento monetario de Hayek, así como la influencia de los economistas ingleses en sus teorías. Hayek se inspiró sobre todo en los trabajos de Wicksell y Mises para elaborar su propia teoría monetaria.
13 La tasa de interés natural es aquella que iguala la demanda de préstamos a la oferta de ahorro o la tasa de interés que se encontraría en el mercado si no existiese ninguna transacción monetaria y si el capital real se hubiese prestado in nature (Wicksell 1936 [1898], 93; citado por Hayek 1936 [1929], 167).
14 A este respecto, Hayek muestra que en el modelo de Wicksell, para que el nivel de los precios no se modifique, la cantidad de dinero debe cambiar en la misma proporción que la producción. Además, los bancos pueden mantener la oferta de ahorro estable o el nivel de los precios estable, pero no los dos simultáneamente.
15 Ver Moss (1976) y Huerta de Soto (1998).
16 Según Hayek, los ciclos económicos son causados por factores monetarios, pero tienen como consecuencias efectos reales sobre la estructura de precios relativos de la economía: una perturbación del equilibrio de los precios provoca, necesariamente, cambios en la estructura de la producción.
17 Para profundizar sobre el tema de la elasticidad del crédito bancario, ver Howard (1934), Deblock y Ghislain (1988), y Garrison (2001).
18 Hayek hubiese querido encontrar la neutralidad precisamente porque apoya su posición política: defender la neutralidad es defender el liberalismo, dado que implica que una economía puede funcionar sin el dinero emitido por el Estado. Con respecto al tema de la neutralidad del dinero véase: Laidler (1994), Huerta de Soto (1998) y León (2001 y 2002).
19 Hayek demostró que la neutralidad del dinero no se da ni en el corto, ni en el mediano, ni en el largo plazo, contradiciendo a la literatura tradicional. Como sugirió uno de los árbitros de este artículo, las implicancias que este principio de neutralidad del dinero tiene dentro del análisis macroeconómico moderno pueden ser muy relevante, aplicada, por ejemplo, a las teorías de expectativas adaptativas y racionales o, también, a la Curva de Phillips y a la política monetaria en general.
20 Sobre el tema de política monetaria y ciclos económicos en Hayek ver Arena (2002) y Tutin (1989).
21 Con respecto a la crítica de Sraffa ver entre otros: Rebeyrol (1988), Tutin (1989) y Benetti (1995).

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