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viernes, 8 de abril de 2022

 


Lecturas 

Esta edición recoge completos a los Libros Primero, Segundo y Tercero de La riqueza de las naciones, salvo las notas al pie de página, y una selección de los Libros Cuarto y Quinto, que representan cada una aproximadamente la mitad del original. El criterio de selección ha sido retener lo analíticamente relevante de esos dos últimos libros, y sólo sacrificar los detalles y explicaciones de carácter más incidental, histórico o ilustrativo. 

Si esta edición parcial de La riqueza las naciones estimula al lector a proseguir su estudio sobre Smith y los economistas clásicos, podría empezar a recorrer la bibliografía smithiana por los textos siguientes. 

Una buena biografía de Smith es: 

E. G. West, Adam Smith. El hombre y sus obras, Madrid, Unión Editorial, 1989. 

El mejor estudio sobre la economía clásica, que permite analizar a Smith y a sus sucesores, es: 

D. P. O’Brien, Los economistas clásicos, Madrid, Alianza, 1989. 

Los mitos sobre el capitalismo o liberalismo «salvaje» de Adam Smith son despejados en: 

Jacob Viner, «Adam Smith y ellaissez faire», en J. J. Spengler y W. R. Allen (eds.), El pensamiento económico de Aristóteles a Marshall, Madrid, Tecnos, 1971. 

Para comprender la complejidad del sistema económico más duramente atacado por Smith, y observar el grado de continuidad que existe en las doctrinas económicas, puede verse en el mismo volumen editado por Spengler y Allen: 

William D. Grampp, «Los elementos liberales en el mercantilismo inglés». 

Hay buenos artículos en idioma español sobre Smith en: 

Hacienda Pública Española, No. 23, 1973; No. 40, 1976; y No. 59, 1979. 

Información Comercial Española, No. 519, noviembre 1976. 

Moneda y Crédito, No. 139, diciembre 1976; y No. 141, junio 1977. 

Y si el lector desea abordar la edición completa de La riqueza de las naciones, hay varias versiones en español: de la editorial madrileña Aguilar, del Fondo de Cultura Económica de México y, la más recomendable con diferencia, de la editorial Oikos-Tau de Barcelona, en dos volúmenes. Por desgracia, todavía no existe una traducción de La teoría de los sentimientos morales, salvo una parcial y muy deficiente del Fondo de Cultura Económica. Recientemente han aparecido las Lecciones sobre jurisprudencia, Granada, Editorial Comares, 1995. 

La bibliografía sobre Adam Smith en otros idiomas es vastísima. Pueden consultarse, por ejemplo, las referencias en los libros mencionados de E. G. West y D. P. O’Brien. Si el lector conoce el idioma inglés debería empezar por el propio Smith, por la justamente famosa «edición de Glasgow»: The Glasgow Edition of the Works and Correspondence of Adam Smith, una magnífica edición de los escritos de Smith que comprende: The theory of moral sentiments, An inquiry into the nature and causes of the wealth of nations, Essays on philosophical subjects, Lectures on rhetoric and belles lettres, Lectures on jurisprudence, así como también Correspondence of Adam Smith y dos volúmenes asociados: Essays on Adam Smith y Life of Adam Smith. Estos títulos fueron publicados por Oxford University Press a partir de 1976 en tela; de todos ellos, asimismo, salvo los dos últimos, hay ediciones en rústica publicadas en la colección Liberty Classics de Liberty Press, Indianápolis. 

Hay tres importantes colecciones de artículos en inglés sobre Smith, que recogen prácticamente todo lo que han escrito sobre él los mejores especialistas, y donde se citan también los numerosos libros publicados sobre el gran economista escocés: 

Mark Blaug (ed.), Adam Smith (1723-1790), 2 vols., Aldershot, Inglaterra, Edward Elgar, 1991. 

J. C. Wood (ed.), Adam Smith. Critica/ Assessments, 4 vols., Londres, Croom Helm, 1984. J. C, Wood (ed.), Adam Smith. Critica/ Assessments. Second series, 3 vols., Londres, Routledge, 1994.

UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES

Introducción y plan de la obra 

El trabajo anual de cada nación es el fondo del que se deriva todo el suministro de cosas necesarias y convenientes para la vida que la nación consume anualmente, y que consisten siempre en el producto inmediato de ese trabajo, o en lo que se compra con dicho producto a otras naciones. 

En consecuencia, la nación estará mejor o peor provista de todo lo necesario y cómodo que es capaz de conseguir según la proporción mayor o menor que ese producto, o lo que con él se compra, guarde con respecto al número de personas que lo consumen. 

En toda nación, esa proporción depende de dos circunstancias distintas; primero, de la habilidad, destreza y juicio con que habitualmente se realiza el trabajo; y segundo, de la proporción entre el número de los que están empleados en un trabajo útil y los que no lo están. Sean cuales fueren el suelo, clima o extensión territorial de cualquier nación en particular, la abundancia o escasez de su abastecimiento anual siempre depende, en cada caso particular, de esas dos circunstancias. Además, la abundancia o escasez de ese abastecimiento parece depender más de la primera circunstancia que de la segunda. Entre las naciones salvajes de cazadores y pescadores, toda persona capaz de trabajar está ocupada en un trabajo más o menos útil, y procura conseguir, en la medida de sus posibilidades, las cosas necesarias y convenientes de la vida para sí misma o para aquellos miembros de su familia o tribu que son demasiado viejos, o demasiado jóvenes o demasiado débiles para ir a cazar o a pescar. Sin embargo, esas naciones son tan miserablemente pobres que por pura necesidad se ven obligadas, o creen que están obligadas a veces a matar y a veces a abandonar a sus niños, sus ancianos o a los que padecen enfermedades prolongadas, para que perezcan de hambre o sean devorados por animales salvajes. Por el contrario, en las naciones civilizadas y prósperas, numerosas personas no trabajan en absoluto y muchas consumen la producción de diez veces y frecuentemente cien veces más trabajo que la mayoría de los ocupados; y sin embargo, la producción del trabajo total de la sociedad es tan grande que todos están a menudo provistos con abundancia, y un trabajador, incluso de la clase más baja y pobre, si es frugal y laborioso, puede disfrutar de una cantidad de cosas necesarias y cómodas para la vida mucho mayor de la que pueda conseguir cualquier salvaje.

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https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/1%20La%20riqueza%20de%20las%20Adam%20Smith.pdf


La Riqueza de las Naciones, Adam Smith, resumen capítulo 7, libro 1

 


La Riqueza de las Naciones, Adam Smith, resumen capítulo 7, libro 1

UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA CAUSA Y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES
ADAM SMITH

Libro 1, Capítulo VII
El precio natural y el precio de mercado de los artículos

En toda sociedad existe una tarifa corriente o media para los salarios del trabajo, los beneficios del capital y para la renta de la tierra, originada por la fertilidad natural o artificial de la tierra. Estas tarifas pueden llamarse los tipos naturales de los salarios, beneficios y renta en el momento y en el lugar en donde imperan corrientemente.

Cuando el precio de un artículo no es superior ni inferior a lo necesario para pagar la renta de la tierra, los salarios de la mano de obra y los beneficios del capital invertido en cultivarlo, prepararlo y trasladarlos al mercado, de conformidad con sus tipos naturales, entonces el artículo se vende por lo que podríamos llamar su precio natural.

El precio real a que se vende corrientemente un artículo determinado es lo que se llama su precio de mercado, que puede ser superior, inferior o exactamente igual a su precio natural.

El precio de mercado de todo artículo se regula por la proporción entre la cantidad que en ese momento hay en el mercado y la demanda de quienes están dispuestos a pagar el precio natural del artículo (sumatoria de renta, mano de obra y beneficio).

Demandantes efectivos son los que están dispuestos a pagar por los productos en el mercado.  En contraposición está la demanda absoluta, que se origina cuando hay personas que le gustaría adquirir un producto, pero por limitaciones económicas no lo hacen.

Cuando la cantidad de un artículo puesto en el mercado es inferior a la demanda efectiva, no es posible proporcionar la cantidad que desean a todos los que están dispuestos a pagar el valor total de la renta, salarios y beneficios que hubo que abonar para llevarlo hasta el mismo.  Algunos de esos demandantes preferirán pagar más, a carecer por completo de tal artículo.  Se iniciará en el acto entre los demandantes una competencia, y el precio del mercado subirá más o menos por encima del precio natural, según la escasez relativa o la riqueza y opulencia de los competidores den mayor o menor animación a su afán de competir. 

Si la cantidad puesta en el mercado supera a la demanda efectiva, no puede toda ella venderse a quienes están dispuestos a pagar el valor total de la renta, salarios y beneficios que tuvieron que abonarse para ponerla en el mismo. Habrá, pues, que vender una parte de ella a quienes están dispuestos a pagar menos, y lo bajo del precio que pagan tiene por fuerza que reducir el precio del conjunto. El precio del mercado caerá más o menos por debajo del precio natural, según que la cuantía del excedente haga subir más o menos la competencia entre los vendedores, o según que resulte para ellos más o menos importante el quitarse de encima el artículo en cuestión.

Cuando la cantidad puesta en el mercado es justamente la precisa para atender a la demanda real y no más, el precio del mercado se pone, naturalmente, a un nivel idéntico, o sensiblemente idéntico, al del precio natural.

La cantidad de cada uno de los artículos que se ponen en el mercado se adapta de una manera espontánea a la demanda efectiva. Pues si supera en algún momento a la demanda efectiva, será preciso pagar alguna de las partes integrantes del precio a menos de su tarifa natural.

La cantidad puesta en el mercado tardará poco en ser precisamente la necesaria para corresponder a la demanda efectiva.

El precio natural, es como si dijéramos, el precio eje hacia el que los precios de todos los artículos gravitan constantemente.  Sin embargo, por incidentes especiales, causas naturales o por reglamentaciones de la Administración Pública, puede ocurrir que muchos artículos se sostengan durante largo espacio de tiempo en un precio de mercado muy superior al precio natural.

La cantidad total de esfuerzo que se emplea en poner en el mercado cualquier artículo, se acomoda por sí misma a la demanda efectiva.  Tiende, naturalmente, a poner en el mercado la cantidad precisa, y nada más que la precisa, para abastecer aquella demanda.

Las fluctuaciones en el precio del mercado, normalmente afectan la parte integrante del precio que se resuelve en salarios y beneficios, y la parte de la renta suele ser la menos afectada.

Cuando debido a un aumento en la demanda efectiva sube el precio de mercado de algún artículo muy por encima del precio natural, los que emplean sus capitales en abastecer el mercado, ocultan esa alteración, pues si se conoce la situación se tentarían a nuevos rivales a invertir sus capitales de la misma manera, de modo que al satisfacer la demanda efectiva, el precio de mercado se reduciría al precio natural. Tal secreto puede durar más en el fabricante y mucho menos en el comerciante.

Un monopolio concedido a un individuo o a una compañía mercantil produce efecto idéntico al de un secreto en el comercio o en la industria. Los monopolizadores, manteniendo constantemente insuficientemente abastecido el mercado, no satisfaciendo nunca plenamente la demanda efectiva, venden sus artículos muy por encima de su precio natural, y elevan sus ganancias, ya consistan éstas en salarios o en beneficios, muy por encima de su tarifa natural.

Los precios de los monopolios son siempre los más elevados que es posible conseguir. Por el contrario, el precio natural, o sea el precio de la libre competencia, es el más bajo que se puede obtener, no ciertamente en todas las ocasiones, pero sí durante un espacio considerable de tiempo. Aquél es en todo momento el mayor que se puede arrancar a los compradores, o que se supone que éstos consentirán en pagar, el otro es el más bajo que los vendedores se hallan comúnmente en situación de aceptar, y al mismo tiempo poder seguir sus negocios.

Si un artículo está muy por debajo de su precio natural, aquellas personas a cuya interés afecta, sentirán en seguida la pérdida y retirarán inmediatamente de ese empleo, la tierra, la mano de obra o el capital, con lo que la cantidad puesta en los mercados no tardarán en ser insuficiente para abastecer la demanda efectiva. Por ello, su precio de mercado se elevará hasta alcanzar el precio natural.


El precio natural mismo varía con la tarifa natural de cada una de sus partes integrantes: salarios, beneficios y renta, y esta tarifa varía en todas las sociedades de acuerdo con las circunstancias en que se encuentran, de acuerdo con su riqueza o su pobreza, su avance, estacionamiento o decadencia.

Adam Smith y la metáfora de la gravitación

 Germán Raúl Chaparro *

* Magíster en Economía. Investigador del Grupo de Protección Social de la Universidad Nacional de Colombia y del grupo Ataralawaa Amaa de la Universidad Central. Profesor asistente de la Maestría en Tributación en la Universidad Central. .

Resumen 

Se expone la metáfora de la gravitación de Adam Smith, que parte de dos conceptos: 1) precio natural y 2) precio de mercado. A su vez, se propone que en las clases en que se exponga esta metáfora se realice un ejercicio de cartas que hará que el estudiante comprenda a qué se refiere tal metáfora y cuáles son los mecanismos por los que se puede decir que el mercado de competencia perfecta funciona de esa manera. 

Palabras clave: competencia perfecta, mano invisible, juegos de clase, enseñanza de la economía. Clasificación jel: A22, B12, C91, D01, D40. 

Abstract 

The Adam Smith’s gravitation metaphor is explained. This metaphor surges due to two concepts: 1) natural prices and 2) market prices. This chapter proposes that classes where this metaphor is explained should complement the explanation with a card game, whose objective is that students understand the mechanisms that makes this economic structure a perfect market. 

Keywords: perfect competition, invisible hand, games in classes, teaching economics. jel Codes: A22, B12, C91, D01, D40. 

INTRODUCCIÓN

Este capítulo describe los resultados de un ejercicio realizado en el aula de clases para explicar a los estudiantes el proceso de convergencia de los precios de mercado en el nivel del precio natural, lo que se conoce como teoría de la gravitación. Se trata de un juego de cartas en el que se simula un mercado cuya dinámica y resultados facilitan la comprensión y apreciación de la robustez de la teoría propuesta por Adam Smith en el capítulo VII del libro I de La riqueza de las naciones. 

Adam Smith utilizó la metáfora de la gravitación para señalar que en condiciones competitivas los precios de mercado gravitan alrededor de un nivel de referencia que él denominó precio natural. Esta metáfora es una pieza fundamental de la concepción clásica del mercado y del proceso de formación de precios: “El precio natural es, por así decirlo, el precio central, alrededor del cual gravitan continuamente los precios de todas las mercancías” (Smith, [1776] 1976, p. 65). 

La gravitación de los precios no es un fenómeno fácil de evaluar a partir de la observación de los mercados reales. Por esta razón, un experimento económico puede resultar útil como recurso didáctico orientado a facilitar su explicación; se trata de realizar una actividad que le permita al estudiante el aprendizaje activo de una pieza teórica abstracta. En particular, por ser un ejercicio enteramente pedagógico, se pretende motivar e iniciar a los estudiantes en el tema mediante la realización de una actividad “práctica” y de fácil recordación, a modo de heurística expedita, de suerte que puedan aprehender intuitivamente los conceptos de precio natural y precio de mercado. 

A las claras, y sin desconocer la suma importancia que tienen los conceptos adecuadamente estructurados y formalizados (formas que se pueden remitir a actividades lectivas complementarias), se evita enseñar concepciones que en una etapa primaria del proceso de aprendizaje podrían parecerles abstrusas a los alumnos, lo cual evidentemente puede suponer algún grado de escollo motivacional en dicha fase del proceso de instrucción y formación. De esta manera, se propone que las actividades convencionales de la clase, esto es, la lectura de parte de los estudiantes del capítulo de Smith titulado “Sobre el precio natural y el precio de mercado de las mercancías” y la clase magistral del profesor sobre el mismo texto se complementen con una actividad de clase en la cual los estudiantes toman decisiones e interactúan simulando un mercado y, en el desarrollo de la actividad, pueden apreciar por sí mismos el proceso de convergencia de los precios de mercado hacia su nivel de equilibrio. 

La actividad propuesta es el experimento diseñado por Charles A. Holt (1996): Trading in a Pit Market, el cual está diseñado para explicar el modelo de oferta y demanda, una pieza central de cualquier curso introductorio a la economía, como es el caso de los cursos de introducción al pensamiento económico o doctrinas económicas. Una forma efectiva de introducir este modelo es poner a los estudiantes en una situación que se asemeje al comercio de alguna mercancía en el mercado, donde los precios son negociados y los participantes pueden apreciar los parámetros del mercado y preguntarse y explicar por qué los precios convergen en los niveles observados. El objetivo es que los estudiantes descubran el modelo de oferta y demanda por sí mismos y que reconozcan que, incluso en mercados con pocos compradores y vendedores, un mercado competitivo es capaz de producir resultados eficientes. Como ha señalado Holt, este tipo de prácticas pueden incrementar el interés y reducir el escepticismo de los estudiantes acerca de la teoría económica (Holt, 1996, p. 193). 

La novedad del experimento didáctico propuesto radica en el contraste entre la exposición magistral tradicional y los resultados del experimento pedagógico desarrollado. En particular, a la luz de la publicación de Charles A. Holt y de la experiencia tanto personal como la observada en los cursos de teoría económica, en este caso ante el tema de convergencia de precios, se considera que las presentaciones tradicionales que ofrecen los manuales más populares tienen poca efectividad en cuanto a la trasmisión y aprehensión del conocimiento. Al respecto, Holt manifiesta que 

solía preguntarles a los estudiantes qué teoría explicaría por qué los precios convergen al nivel observado, pero incluso aquellos con conocimiento previo de la oferta y la demanda no hacían la conexión. A menudo, los estudiantes salían con teorías basadas en el promedio de todos los valores y costos. Esto dice mucho acerca de la ineficacia de las habituales presentaciones autoritarias, las exposiciones de las curvas suaves de oferta y demanda (1996, p. 198). El capítulo se divide en tres secciones: en la primera parte se presenta la teoría de Adam Smith acerca del precio natural y los precios de mercado; en la segunda, los resultados del experimento pedagógico propuesto; y finalmente se exponen las conclusiones. El capítulo se complementa con un apéndice que contiene las instrucciones del juego. 

I. Adam Smith y la dicotomia entre precio natural y precio de mercado 

Adam Smith dedicó los capítulos 5 al 7 del libro i de La riqueza de las naciones al análisis de los principios que regulan el valor en cambio de las mercancías. Después de explicar en qué consiste el precio real, o valor en cambio, de todos los bienes y las partes componentes del precio real, dedicó el capítulo vii a la tarea de revelar “cuáles son las causas que en ocasiones obstaculizan que el precio de mercado, o sea el precio real de las mercancías, coincida exactamente con lo que podríamos denominar su precio natural” (Smith, [1776] 1976, p. 33) [I] . 

Esta tarea ya se encontraba en el curso de Filosofía Moral impartido por Smith en la Universidad de Glasgow, cuyas notas de clase se conocen como Lecciones sobre jurisprudencia (Smith, [1762-3] 1995). Allí propuso la distinción entre precio natural y precio de mercado: “Hay, en cada especie de bienes, dos precios separados que se han de considerar, el precio natural y el de mercado. El primero es el que es necesario para inducir a alguien a dedicarse a un negocio en particular” (Smith, [1762-3] 1995, p. 404). El precio natural depende, entonces, de tres circunstancias básicas: la primera consiste en garantizar el mantenimiento o sustento de quienes ofrecen el producto, aunque al garantizar el mero sustento no se induce a nadie a mantenerse en una actividad, y menos si esta ha implicado alguna inversión anterior, por lo que la segunda circunstancia es garantizar una compensación por la capacitación o educación necesarias para emprender un negocio particular. La tercera circunstancia consiste en compensar el riesgo, o la posibilidad de que no se gane nada en el desarrollo de una actividad particular. 

Smith plantea que el precio de mercado difiere a menudo considerablemente del precio natural, y se regula por circunstancias distintas. Cuando vamos al mercado a comprar una mercancía no nos cuestionamos sobre la ganancia que obtendrá el productor a un precio u otro. “Son otras circunstancias las que determinan lo que obtendrá. Estas son primero la demanda o necesidad (ya sea real o caprichosa); en segundo lugar, la abundancia en proporción a la demanda; y, en tercer lugar, la riqueza de la demanda, o de los demandantes” (Smith, [1762-3] 1995, p. 406).

Mark Blaug señala que esta es “una de las cumbres del libro, contiene muchos análisis del equilibrio parcial que siempre fueron típicos de los economistas” ([1962] 2001, p. 57). Esta perspectiva microeconómica de Smith fue rescatada por AlfredMarshall ([1980] 1957, p. 288); sin embargo, no siempre se presenta en los libros de texto. Dos libros modernos que si lo hacen y presentan la dicotomía entre precios naturales y precios de mercado son los de Ekelund y Hébert (1992, pp. 115-119) y el del propio Blaug ([1962] 2001, pp. 57-62).

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Los precios naturales de Adam Smith, la metáfora de la gravitación y los propósitos de la naturaleza

 Los precios naturales de Adam Smith, la metáfora de la gravitación y los propósitos de la naturaleza 

David Andrews1 

Resumen 

El “precio natural” de Smith ha sido interpretado por mucho tiempo como el “precio normal” o el “precio del centro de gravitación” basado en la famosa metáfora de la gravitación de La riqueza de las naciones I.VII, natural en el sentido de que es un precio que resultaría si la competencia fuera realmente libre, no obstruida por el monopolio o la regulación gubernamental, y podría ser, por lo tanto, llamado precio normal, apelando a un sentido de lo natural opuesto a aquello que es producido artificialmente. 

Este ensayo tiene tres propósitos. 

Primero, critico esta interpretación de la metáfora de la gravitación de Smith. Para Smith, no es una metáfora newtoniana del carácter atractivo del precio natural, sino más bien una metáfora aristotélica del patrón de movimiento de los precios de mercado, en donde el precio natural sirve meramente como un punto de referencia. 

Segundo, presenta una interpretación del precio natural de Smith basado en su entendimiento de la naturaleza, en el contexto de sus afirmaciones de que los objetivos de la naturaleza son la autopreservación de los individuos y la propagación de las especies, metas que los humanos persiguen con la división del trabajo bajo los límites de la dependencia mutua, facilitado por el intercambio y por lo tanto, los precios. El precio natural de un bien es el precio que apoya los objetivos de la naturaleza ayudando al mantenimiento de aquellos que participan en la producción y provee de cierta forma que sea suficiente para que esas actividades continúen indefinidamente. 

Tercero, resalto la similitud entre los precios naturales interpretados de esta forma y los precios de Piero Sraffa en La producción de bienes por medio de bienes. 

Palabras clave: Adam Smith, Piero Sraffa, precio natural, precio normal, naturaleza, gravitación. 

Abstract 

Adam Smith’s ‘natural price’ has long been interpreted as a ‘normal price’ or ‘centre of gravitation price’ based on the famous gravitation metaphor of the Wealth of Nations I.vii, natural in the sense that it is the price that would result if competition were truly free, unobstructed by monopoly or government regulation, and could also therefore be called normal price, appealing to a sense of natural opposed to that which is produced artificially. 

This essay has three purposes. First I criticise this interpretation of Smith’s gravitation metaphor. For Smith, it is not a Newtonian metaphor for the attractive character of natural price, but rather an Aristotelian metaphor for the pattern of movement of market prices, in which natural price serves merely as a reference point. 

Second I present an interpretation of Smith’s natural price based on his understanding of nature, in the context of his assertions that the goals of nature are the self-preservation of individuals and the propagation of species, goals humans pursue with divided labour under bonds of mutual dependence, facilitated by exchange and hence prices. The natural price of a commodity is the price that supports nature’s goals by providing for the maintenance of those who participate in production and supply in a manner that is just sufficient for these activities to continue indefinitely. 

Third I highlight the similarity between natural prices construed in this way and the prices of Piero Sraffa’s Production of Commodities by Means of Commodities. 

Keywords: Adam Smith, Piero Sraffa, natural price, normal price, nature, gravitation

 1 Departamento de Economía, Universidad del Estado de Nueva York en Oswego, EE.UU. david.andrew s@oswego.edu Los precios naturales de Adam Smith 146 

Introducción 

Al menos desde La economía de la industria de Alfred Marshall y Mary Palley (1879), el “precio natural” de Adam Smith ha sido interpretado como el “precio normal” o “el precio de centro de gravitación” basado en la famosa metáfora de la gravitación del capítulo 7 del libro uno de La riqueza de las naciones: “l Precio Normal, o como dice Adam Smith, “el precio natural es como fuera el precio central al cual los precios de todos los bienes están gravitando continuamente. Diversos accidentes pueden a veces mantenerlos suspendidos muy por arriba de él, y a veces los fuerza hacia abajo aun por debajo del mismo. Pero cualesquiera que sean esos obstáculos que les dificultan el establecimiento en el centro de reposo y continuidad, están constantemente tendiendo hacia el”. (Marshall y Marshall, 1879, p. 77; citando a Smith WN I.VII.15). Los marshallianos tomaron la metáfora de la gravitación para decir que el precio natural es natural en el sentido de que es el precio que resultaría si la competencia fuera completamente libre, no obstruida por el monopolio o la regulación gubernamental, y podía por lo tanto ser llamada como precio normal, apelando al sentido de lo natural opuesto a aquello que es producido artificialmente. 

Una interpretación similar ha sido adoptada por un número de escritores más recientes de economía política clásica, que sostienen, junto con Marshall, que el mecanismo del centro de gravitación juega un papel crucial en la teoría del precio natural de Smith, escritores como Pierangelo Garegnani, Geoffrey Harcourt, Ian Steedman, John Eatwell, Murray Milgate, Tony Aspromourgos, Heinz Kurz y Neri Salvadori. 

“Como todos sabemos, (teóricos como Adam Smith) entendieron la posición de largo plazo como el “centro” hacia el cual gravitaría la economía competitiva en las condiciones dadas de largo plazo” (Garegnani, 1976, p. 27). 

“Los autores clásicos no consideraron los valores ‘normales’ de las variables como puramente ideales o teóricas; sino que más bien las vieron como ‘centros de gravitación’, o ‘atractores’ de los valores reales o de mercado” (Kurz y Salvadori, 1998, p. 3). 

“Los precios naturales son el ‘centro de gravitación’ competitivo para las fluctuaciones de los precios de mercado (vgr. Reales). Con la creación de estas categorías Smith definió a qué se refería la teoría del valor, el núcleo de cualquier análisis de una economía de mercado” (Eatwell y Milgate, 1999, p. 83).

“En relación a los precios de los bienes, la pieza fundamental del enfoque de Smith es un proceso dinámico: la convergencia o “gravitación” de los precios de mercado hacia los precios naturales via competencia” (Aspromourgos, 2010, pp. 65-6). 

“Desde los fisiócratas y Adam Smith, los economistas políticos han peleado con la relación entre los precios de mercado observables (y) subyacentes a los precios naturales… Central a este análisis ha sido el concepto de un centro de gravitación… Común a ellos está el concepto de un centro”. 2 

A pesar de las diferencias sustanciales con respect a la teoría del valor, Marshall comparte con estos estudiosos la idea de que el precio natural de Smith debe ser entendida en términos del proceso económico que Smith ilustró con la metáfora de la gravitación. En este entendimiento compartido, el precio natural es natural antes que nada porque es el precio que es el resultado hacia el cual los precios de mercado tienden a moverse si no son obstruidos ni limitados: “cualesquiera que sean las diferencias entre los dos tipos de teoría (la de los escritores clásicos y la de Marshall)… lo que nos ocupa aquí es únicamente señalar que la noción de “posiciones de largo plazo” como “centros” de gravitación era fundamentalmente la misma en los dos casos” (Garegnani, 1976, p. 29). 

Este ensayo tiene tres propósitos, el primero de los cuales es criticar la interpretación común de la metáfora de la gravitación de Smith. Smith la usa, no en el sentido newtoniano para representar el carácter atrayente del precio natural, sino más bien en un sentido empedocleano o aristoteliano para ilustrar los patrones de movimiento de los precios de mercado, un patrón por el cual el precio natural sirve meramente como un punto de referencia.3 

2 Aspromourgos (2010) proporciona una discusión más comprensible del uso de la naturaleza de Smith y el significado de precio natural. 

3 Empédocles fue el primero en formular la teoría de los cuatro elementos, pero Aristóteles es responsable de su forma madura.

Un segundo propósito es presentar una interpretación alternativa del precio natural de Smith, basado en su entendimiento de la naturaleza. Smith asevera que los objetivos de la naturaleza son la autopreservación de los individuos y la propagación de especies, objetivos que los humanos persiguen con la división del trabajo bajo los límites de la   dependencia mutua, facilitado por el intercambio y por lo tanto, los precios. El precio natural de un bien es el precio que ayuda a los objetivos de la naturaleza al ayudar al mantenimiento de aquellos que participan en la producción y proveen de tal forma que sea suficiente para que esas actividades continúen indefinidamente. 

El tercer propósito de este ensayo es resaltar la similitud entre los precios naturales entendidos de esta forma y los precios de La producción de bienes por medio de bienes: preludio a la crítica de la teoría económica de Piero Sraffa. Aunque Sraffa va más allá de Smith en varios aspectos, él comienza con supuestos similares, tomando como dada una sociedad con división de trabajo, teniendo el mismo problema de dependencia mutua entre los miembros de tal sociedad y llega a conclusiones similares, recurriendo al intercambio y los precios. 

Este ensayo procede como sigue: la primera sección examina el contexto en el que aparece la metáfora de la gravitación de Smith para mostrar que pretendía ser una aseveración acerca del movimiento de los precios de mercado más que una acerca del significado del precio natural. La sección dos explora la metáfora de la gravitación a detalle para mostrar que lo que Smith describió es la gravedad en el sentido antiguo más que el moderno, implicando que el movimiento surge de la tendencia del precio del mercado más que de cualquier propiedad del precio natural. La tercera sección se enfoca en el entendimiento de la naturaleza de Smith, diciendo que, de acuerdo al uso aristotélico de Smith, lo “natural” se refiere a la reproducción de las especies, incluyendo la especie humana. Basado en esta discusión, la sección cuatro presenta una interpretación de este sentido en el cual los precios naturales son naturales para Smith. La sección cinco vuelve a los precios de la Producción de bienes por medio de bienes de Sraffa, enfocándose en la discusión del término precio natural. 

1. Gravitación en el contexto de la Riqueza de las naciones I.VII 

Libro1, capítulo VII de la Riqueza de las naciones, “Del precio natural y de mercado de los bienes”, inicia postulando una sociedad en la que el ingreso es distribuido entre los salarios, ganancias y renta, de tal forma que sea suficientemente estable para justificar la descripción de las tasas de pagos como “ordinarias”: “En cada sociedad o colonia, una tasa ordinaria o promedio tanto de salarios como de ganancias en cada empleo diferente de trabajo y capital” (y también renta) (RN, I.VII.1). 

Smith definió estas tasas estables como las tasas naturales: “estas tasas ordinarias o promedio deben ser llamadas las tasas naturales de salarios, ganancias, y renta, al tiempo y lugar en que normalmente predominan” (RN I.VII.3).4 Smith toma como dado el que el objeto de estudio es una sociedad actual estable con una división de trabajo que distribuye el ingreso de acuerdo a la propiedad de tierra, trabajo y capital. 

Smith definió el “precio natural” sobre la base de estas tasas postuladas de distribución del ingreso: “Cuando el precio de un bien no es ni más ni menos que el suficiente para pagar la renta de la tierra, los salarios del trabajo y las ganancias del capital empleado en cultivar, preparar y traer al mercado, de acuerdo a sus tasas naturales, el bien es entonces vendido por lo que puede ser llamado su precio natural” (I.vii.4). 

Smith siguió con dos puntos sobre el precio natural, explicando primero que el precio natural es “precisamente… lo que vale, o… lo que (un bien) realmente cuesta a la persona que lo trae al Mercado” (I.vii.5). Y segundo que “no es siempre el más bajo al cual el vendedor puede a veces vender sus bienes, sino que es el más bajo al cual es probable que los venda por un tiempo considerable” (I.vii.6). Volveremos a esos puntos porque constituyen la explicación de Smith del precio natural, pero lo que nos ocupa es el mecanismo de gravitación, así que sólo es necesario para notar que ni el punto de Smith sobre el precio natural involucra ninguna referencia a ninguna propiedad de atracción o hacia los precios de mercado. 

Sólo tras haber explicado el precio natural es que Smith introduce el precio de mercado, definido como el “precio real al cual cualquier bien es comúnmente vendido” (I.vii.7) y “regulado por la proporción entre la cantidad que es realmente traída al mercado, y la demanda de aquellos que pueden pagar el precio natural del bien”( I.vii.8). 

 4 Aunque Smith llamó a éstos precios naturales, reconoció que no eran completamente naturales en el sentido de ser necesarios para la reproducción física, sino que tiene también un elemento convencional a través de la convencionalidad de los salarios. Sostenía que la tasa natural de salarios tendería a ser aquella que fuera suficiente para la autopreservación de los individuos, la “más baja que sea consistente con la humanidad común” (RN I.viii.16; y I.viii.28), pero aclaró que esto no significaba el mínimo necesario para la sobrevivencia biológica, distinguiendo entre un componente del salario que es absolutamente necesario para la sobrevivencia física, y un componente social que variara a través de los diferentes países: “por necesarios yo entiendo, no sólo los bienes que son necesariamente indispensables para la vida, sino cualquiera que la aduana del país considere indecente para la gente encomiable, aun del más bajo orden” (RN V.ii.k.3). Smith dice que éstas “pueden ser llamadas” las tasas naturales, incluso reconoció que, estrictamente hablando, la tasa natural de salarios no era natural


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LA TEORÍA DEL VALOR DE ADAM SMITH: LA CUESTIÓN DE LOS PRECIOS NATURALES Y SUS INTERPRETACIONES

 LA TEORÍA DEL VALOR DE ADAM SMITH: LA CUESTIÓN DE LOS PRECIOS NATURALES Y SUS INTERPRETACIONES

Jimena Hurtado Prieto

Profesor asistente (Attachée temporaire d'enseignement et de recherche) en la Facultad de Economía de la Universidad de París X Nanterre y estudiante en último año de Doctorado en Economía en la misma universidad, asociada al laboratorio de investigación PHARE (Pôle d'histoire de l'analyse et des représentations économiques) de las Universidades de París I Panthéon-Sorbonne y París X Nanterre y del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique). Una primera versión de este texto fue presentada en el IX Coloquio de la Asociación Charles Gide para el Estudio del Pensamiento Económico: "Agréger, répartir, échanger: la valeur d'Aristote à Sraffa, Shapley et Debreu", Estrasburgo, 27-29 de septiembre de 2001. Agradezco los comentarios y preguntas de los participantes a este coloquio y, en particular, a Annie L. Cot, mi comentadora. Igualmente, agradezco la lectura y las sugerencias de Andrés Álvarez, Carlo Benetti, Sara Garbagnoli y Guy Vantyghem. Mi análisis sigue de cerca los desarrollos de Arnaud Berthoud, cuyos comentarios contribuyeron de manera sustancial a la realización de este texto. Cualquier error u omisión son de mi entera responsabilidad. Para comentarios y reproducción de este material comunicarse con la autora al correo: Jimena.Hurtado@wanadoo.fr. Artículo recibido el 4 de septiembre de 2002 y aprobado por Consejo Editorial el 31 de marzo de 2003.


Resumen

Este artículo presenta un análisis crítico de las interpretaciones de la teoría de los precios naturales de Adam Smith. Las nuevas lecturas de la obra de Smith ofrecen un análisis renovado del autor pero no logran resolver una de las grandes preguntas en su teoría económica: la cuestión de los precios naturales. La interpretación y la determinación de estos precios ha sido materia de debate desde la publicación de la Riqueza de las Naciones en 1776. Smith no parece dar una respuesta definitiva al problema. Esto ha llevado a diferentes interpretaciones de su teoría del valor que, aunque contribuyen a una visión más sistemática y completa de la obra del autor, no avanzan en resolver el problema de los precios naturales. El problema de la determinación de estos precios persiste.

Palabras clave: Adam Smith, precios naturales, teoría del valor. JEL: B1, B3, B5

Abstract

This article presents a critical analysis of the existing interpretations of Adam Smith's theory of natural prices. New readings of Smith's work provide a fresh analysis of the author, but fail in solving one of the great questions regarding his economic theory: the question of natural prices. Interpreting and determining these prices has been subject to debate since An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations was published in 1776. Smith does not seem to give a definitive answer to the problem. This has led to different interpretations of his theory of value which, whilst leading to a more systematic and complete view of Smith's work, hardly contribute in solving the problem of natural prices. The problem regarding the determination of natural prices thus prevails.

Key words: Adam Smith, natural prices, theory of value. JEL: B1, B3, B5

Résumé

Cet article vise à montrer que les nouvelles lectures de l'œuvre d'Adam Smith, bien qu'elles offrent une approche renouvelée des analyses de l'auteur, ne permettent pas pour autant de résoudre l'une des grandes interrogations de sa théorie économique : la question des prix naturels. L'interprétation et la détermination de ces prix ont suscité des débats depuis la publication de La Richesse des nations. Smith ne semble pas donner de réponse définitive à ce problème. Cela a donné lieu à l'élaboration de diverses interprétations de sa théorie de la valeur qui, si elles ont effectivement permis une vision plus systématique et plus complète de l'œuvre de Smith, ne semblent pas fournir un apport décisif quant au problème des prix naturels. La question de la détermination de ceux-ci n'est donc toujours pas résolue.

Mots-clefs: Adam Smith, prix naturels, théorie de la valeur. JEL: B1, B3, B5


1. INTRODUCCIÓN

El precio natural ocupa un lugar central en la comprensión de la teoría del valor de Adam Smith. Esta teoría es un elemento fundamental para el análisis de la sociedad comercial que lleva a cabo este autor. Una sociedad basada sobre los intercambios de excedentes de producción requiere la existencia de un lenguaje común y de una equivalencia entre los objetos a intercambiar.

Todos los miembros de esta sociedad viven del intercambio y, en esta medida, todos son considerados comerciantes. Cada uno de ellos vive la experiencia del intercambio, la experiencia del valor. Esta experiencia pasa por los precios nominales expresados en términos monetarios. Sin embargo, estos precios, por su carácter contingente, no pueden ser el objeto de un estudio dinámico tendiente a fundar una teoría del crecimiento económico. En consecuencia, Smith utiliza los precios reales, precios en términos de tiempo de trabajo. Este precio hace referencia a una unidad universal de medida que permite aprehender la magnitud del valor. Expresa un trabajo comandado o las "penas y fatigas ahorradas a aquel que compra la mercancía".

En consecuencia, Smith analiza los precios de mercado y los precios naturales en términos reales. El precio de mercado es un precio momentáneo, resultado de la confrontación entre la oferta y la demanda efectivas, mientras el precio natural es un precio que permite la reproducción del sistema económico. Y es precisamente en la relación que existe entre estos dos precios, es decir, en la teoría de la gravitación, donde el precio natural adquiere toda su relevancia:

El precio de mercado de cada mercancía particular está determinado por la proporción entre la cantidad presente de esta mercancía en el mercado y las demandas de aquellos que están dispuestos a pagar el precio natural o el valor completo de las rentas, beneficios y salarios que se deben pagar para traerla al mercado [ Smith 1981 (1776), i.vii.8] .

Claramente, los demandantes poseen una información antes de llegar al mercado: el precio natural. Existe una información anterior a los intercambios, representada por el precio natural, sin la cual la medida del valor de cambio y el sistema de mercado serían indeterminados. En efecto, sin este precio de referencia los procesos de ajuste de mercado, de competencia entre demandantes en el caso de un exceso de demanda o de entrada de nuevos demandantes en el caso de un exceso de oferta, no pueden ocurrir.

Este artículo presenta un análisis crítico de las interpretaciones existentes de la teoría del valor de Adam Smith con el fin de explorar este problema cognitivo — el conocimiento previo del precio natural —, y buscar respuestas a la pregunta de cómo los individuos adquieren la información necesaria para la realización de los intercambios. Las diferentes interpretaciones han sido clasificadas en dos grandes grupos: el primero contiene las interpretaciones centradas en los elementos puramente económicos de la teoría de Smith; el segundo, las lecturas recientes de la obra de este autor que incluyen elementos no económicos.

El análisis tradicional, al cual pertenecen las interpretaciones del primer grupo, se restringía a La riqueza de las naciones.1 En esta línea se siguieron dos vías: por una parte, la evaluación de la teoría en los términos de la economía contemporánea, es decir, como una elaboración más o menos satisfactoria de un modelo de equilibrio general; por otra, la comprensión de la teoría en sus propios términos.

La primera parte de este artículo está dedicada al estudio de estas interpretaciones con el fin de mostrar las críticas de que ha sido objeto la teoría del valor de Smith. Estas críticas parecen estar asociadas a la imposibilidad de determinar el origen del precio natural, precio de referencia sin el cual la teoría de la gravitación pierde todo sentido. La revisión de estas interpretaciones permitirá destacar la existencia de un problema cognitivo en la base de los intercambios mercantiles.

La renovación del interés en torno a la obra de Adam Smith incluye una nueva visión de su teoría del valor. La introducción de elementos del análisis del autor, diferentes de los puramente económicos, en la explicación del mecanismo de mercado ha aportado nuevas luces y abierto nuevas vías para la comprensión de la teoría de Smith. En efecto, la utilización sistemática y conjunta de las principales obras de Smith, la búsqueda de una solución al nuevo "problema de Adam Smith",2 pasa por la comprensión del origen y la naturaleza del precio natural.

Así, la introducción de la simpatía o de un proceso semejante al de formación de los juicios morales en el mercado y/o en la formación de los valores de cambio parece ser una nueva vía de exploración de la teoría del valor de Adam Smith. La segunda parte de este artículo busca dar cuenta de esta bibliografía reciente, de sus aportes y sus límites. No pretendemos dar una respuesta definitiva al problema cognitivo del precio natural: nuestro propósito se limita a hacer una presentación crítica de las interpretaciones existentes.

Este análisis crítico permitirá, en primer lugar, mostrar la posibilidad de la independencia entre economía y moral en tanto ciencias o esferas de la actividad humana —en general— y como dimensiones dentro de las cuales pensar y aprehender la totalidad del ser humano —en particular—. En segundo lugar, sugerir que el método científico utilizado por Smith demuestra que la autonomía de la economía no implica ni la incoherencia de su sistema teórico (el problema de Adam Smith) ni el carácter inmoral de la acción económica de los comerciantes. Finalmente, proponemos una posible vía que permitirá profundizar la comprensión de la teoría del valor de Smith, yendo más allá de la RN, pero sin suponer la acción de la simpatía en la formación de los valores de cambio.

2. LOS SUPUESTOS ERRORES E INCOHERENCIAS DE LA TEORÍA DEL VALOR Y LOS PRECIOS DE SMITH

La propensión a intercambiar les permite a los individuos descubrir su interés propio y transformar la sociedad en una sociedad mercantil. En el capítulo II del primer libro de la RN, por medio del ejemplo de un individuo que produce arcos y flechas Smith ilustra cómo en los tiempos rudos y primitivos los seres humanos adquieren información sobre los demás. Cada individuo observa a su alrededor y así conoce las condiciones de producción de los otros. De esta manera, todos se dan cuenta de que es mejor especializarse en la producción de un solo bien y luego intercambiar su excedente de producción por el excedente de los demás con el fin de obtener todo lo que necesitan [ I.ii.3] . Los individuos aprenden a calcular el valor trabajo de cada bien a través de la observación del tiempo de trabajo. Aprenden, por lo tanto, a calcular los precios, dado que en la sociedad ruda y primitiva el trabajo comandado equivale al trabajo incorporado.

Es así como surge una sociedad comercial [ I.iv.1] . Esta sociedad está basada en los intercambios entre individuos, lo cual implica que éstos deben respetar ciertas reglas en sus transacciones [ I.iv.12] . Smith dedicará los capítulos restantes del primer libro a explicar las reglas que determinan el valor relativo o valor de cambio de las mercancías [ ibid.] .

Smith se propone elucidar y hacer explícito el lenguaje de quienes intercambian: aquel que les permite establecer una equivalencia entre sus productos y, en consecuencia, transar. Lo que los individuos intercambian son valores; y es, precisamente, porque los excedentes de producción tienen un valor para aquel que desea adquirirlos por lo que pueden ser intercambiados. Por lo tanto, el valor implica que una cosa es sustituible por otra en un proceso de intercambio [ Foucault 1966, 203] . El uso que hace un individuo de cantidades físicas producidas por otro implica la experiencia del intercambio, del valor y de los precios. Pero todo esto aparece de manera confusa y desordenada en la realidad.

A través de su teoría del valor y de los precios, Smith tratará de diferenciar cada fenómeno con el fin de establecer sus relaciones y su naturaleza. Comenzará estableciendo la que considera verdadera medida del valor de cambio, a la cual llamará precio real; luego, las diferentes partes de este precio y, finalmente, las diferencias entre el precio de mercado y el precio natural [ RN, I.iv.15-17] .

Esta teoría será el objeto de múltiples interpretaciones y, sobre todo, de gran cantidad de críticas. La revisión de estas críticas nos permitirá entender no sólo la teoría de Smith sino también los desarrollos recientes en la búsqueda de una solución al nuevo problema de Adam Smith.

2. El rol de la utilidad y la paradoja del valor

Se debe observar que la palabra "valor" tiene dos significados diferentes: algunas veces significa la utilidad de un objeto particular, y otras significa la facultad que otorga la posesión de este objeto de comprar otras mercancías. Al primero se le puede llamar valor de uso, y al segundo, valor de cambio [ RN, I.iv.13] .

Smith continúa este párrafo con el ejemplo del agua y el diamante para ilustrar que un objeto con un gran valor de uso puede tener un muy pequeño valor de cambio y, por lo tanto, que no hay una relación entre la utilidad y el valor de cambio. Esto constituye la paradoja del valor y ha sido considerado por algunos comentadores como la prueba de que Smith no propone una teoría del valor utilidad, o bien, de que cambió de opinión entre las Lecturas sobre jurisprudencia3 y la RN.

Douglas [ 1928] , por ejemplo, estima que Smith, luego de haber considerado la posibilidad de la utilidad, la deja de lado, precisamente en razón de la paradoja del valor. La explicación sería que Smith comparaba la utilidad total producida por diversos objetos, en lugar de considerar la utilidad marginal [ ibid., 78] . Además, Smith no continuó su análisis sobre la utilidad, debido a su "sentido moral" [ 80] , que no le permitía reconocer que un bien cualquiera, incluso si no fuera "bueno" para el individuo, podría tener valor únicamente por ser deseado [ 80-81] . Smith no habría hecho la diferencia entre valor ético y valor económico [ 81] .

Consideremos la primera parte de la argumentación: el ejemplo del agua y el diamante muestra que Smith establece una diferencia estricta entre valor de uso y valor de cambio. Así, no hay relación entre el uno y el otro. La manera en que Smith formula su frase puede dar pie a confusión y parecería sugerir que la utilidad, en el sentido de la "deseabilidad", no es una condición para que un bien tenga valor [ Collison Black 1987, 778] . Sin embargo, esto no implica que un objeto con valor de cambio no sea deseable [ Hollander 1987, 62] . Por valor de cambio Smith entiende la utilidad objetiva de un bien, el que un bien, por sus cualidades físicas, pueda satisfacer una necesidad [ Cartelier 1976, 126] .

No se debe confundir este argumento con una posición moralista, la cual pretendería determinar cuáles son los "buenos" y los "malos" objetos de consumo. El argumento de Smith tiene como base el que los individuos, al proteger su integridad y su supervivencia, tienen un orden de preferencias que puede ser determinado por el teórico. Esto es lo que Smith trata de demostrar cuando afirma que los individuos, en primer lugar, buscan las cosas estrictamente necesarias; en seguida, intentan hacerlas agradables y, finalmente, tratan de diversificarlas y refinarlas por el placer estético [ LJ(A), 334-335] .

En sus cursos de jurisprudencia, Smith aún no había introducido la noción de precio real. Cuando habla de la regla de intercambio, Smith se interesa únicamente por las circunstancias que regulan el precio de las mercancías [ LJ(A), 353; LJ(B), 494] . Por lo tanto, estudia sólo los precios naturales y de mercado de los bienes y no se preocupa por la medida del valor. En cuanto al precio de mercado, Smith afirma que los tres factores que lo determinan son: su demanda, la abundancia relativa y la riqueza de los demandantes [ LJ(A), 358] . La demanda puede ser real o imaginaria [ ibid.] —lo cual demuestra que la consideración explícita de la utilidad en tanto "deseabilidad" está presente en el análisis— y esta demanda será inexistente por un objeto que no sea muy útil o que "no sea un objeto real de deseo" [ LJ(B), 496] .

En consecuencia, para que un objeto tenga un precio, primero que todo debe ser deseado. Sin embargo, esto es insuficiente; también debe tenerse en cuenta la escasez del objeto, el segundo elemento considerado por Smith. Por esto el agua en el desierto adquiere un precio que no tendría en otras circunstancias y por esto los diamantes tienen un precio tan alto [ LJ(A), 358] . El tercer elemento restringe la demanda libre (esto es, demanda nocional) y define lo que Smith llamará, en la RN, demanda efectiva [ I.vii.8] .

Con la RN, Smith parece romper con las teorías del valor utilidad-escasez [ Lapidus 1986, 60; Robertson 1957, 79] . Su análisis incluye ahora una etapa anterior a la consideración de los precios de mercado y naturales. Esta nueva etapa empieza con la búsqueda de la medida del valor de cambio, es decir, con la explicación del precio real [ RN, I.iv.15] . Esta nueva diferenciación entre precio real y precio nominal, además de refrendar la distinción presente en las LJ entre precio natural y precio de mercado, busca mostrar una dimensión aún más esencial del lenguaje de equivalencias de los comerciantes. El precio nominal es conocido por los agentes, pero la moneda es sólo un medio para facilitar las transacciones. La moneda no expresa la verdadera relación de cambio entre los objetos, pues su valor varía y, en consecuencia, debe ser descartada como unidad de medida del valor. Así, la moneda oculta las verdaderas relaciones económicas.

Desde las LJ, Smith consideraba que existe una relación estrecha entre precio de mercado y precio natural, y precisamente este concepto de precio real le permitirá aclarar esta relación. En efecto, tanto el precio de mercado como el precio natural deben referirse a un precio real, es decir, a un precio en términos de tiempo de trabajo. Este precio hace referencia a una unidad universal de medida que permite captar la medida del valor y que no depende ni de las circunstancias generales de la sociedad —como el precio natural— ni de la relación entre la demanda efectiva y la cantidad ofrecida —como el precio de mercado—.

La RN no representa un rechazo del papel de las preferencias individuales o de la escasez relativa en la determinación del precio de un objeto [ Hollander 1987, 62] . La RN constituye una profundización de la teoría del valor y los precios que responde a la necesidad de buscar una medida invariable. En efecto, limitar el análisis de Smith a la utilidad y la escasez implica la pérdida del precio real y, en consecuencia, el abandono de la búsqueda de la medida invariable del valor y la conversión del precio natural en un precio de mercado de largo plazo. Continuar por la vía de la medida invariable del valor ha llevado a una interpretación de la teoría de Smith como una teoría del valor trabajo. Seguir con la interpretación del precio natural como un precio de mercado de largo plazo lleva a la interpretación de esta misma teoría como una teoría de costos de producción. Cada una de estas posibilidades será explorada en seguida.

2.2 La confusión de las interpretaciones entre trabajo comandado y trabajo incorporado

La medida invariable será el trabajo [ RN, I.v.1, 17] . Smith afirma que en la sociedad comercial la mayor parte de las necesidades individuales se satisface gracias al trabajo de otro [ I.v.1] . En consecuencia, un individuo será rico o pobre en la medida en que pueda disponer del trabajo de los demás [ ibid.] . El precio real de una cosa, para quien desea intercambiarla, serán, entonces, las penas y las fatigas que ésta le ahorrará y le permitirá imponerle a alguien más [ I.v.2] .

Por lo tanto, tras toda transacción mercantil hay un intercambio de trabajo. Trabajo entendido como tiempo de vida, penas y fatigas. Existe una realidad más profunda del intercambio, que se expresa en el precio real. Una realidad que va más allá de lo evidente y que el filósofo, en este caso Smith, debe explicar. Así,

si hay un orden en las riquezas, si esto puede comprar aquello [ …] no es porque los hombres tengan deseos comparables [ …] ; es porque todos están sometidos al tiempo, a la pena, a la fatiga y, en el límite, a la muerte misma. Los hombres intercambian porque sienten necesidades y deseos; pero pueden intercambiar y ordenar estos intercambios porque están sometidos al tiempo y a la gran fatalidad exterior [ Foucault 1966, 237] .

La idea del trabajo como precio real de las mercancías ha dado lugar a la interpretación de la teoría de Smith como una teoría del valor trabajo [ Meek 1956; Henry 2000, 11] . En particular, el capítulo v del primer libro de la RN ha sido presentado como el punto de apoyo de esta teoría del valor trabajo. La teoría del valor sería, en este caso, una teoría de las relaciones sociales. El intercambio de mercancías es visto como un intercambio de actividades sociales y, por lo tanto, el valor es considerado una relación social [ Meek 1956, 62] . Considerar el trabajo como la causa del valor equivale a ver una mercancía como el producto del trabajo social [ ibid., 63] . En consecuencia, la medida del valor no podría ser aprehendida en las condiciones de producción sino en el intercambio [ ibid.] . Es por esta razón que Smith hace referencia al trabajo comandado.4

El problema reside en la determinación de los trabajos intercambiados. En otras palabras, únicamente en una pequeña sociedad de productores independientes la cantidad de trabajo comandado y la cantidad de trabajo incorporado en una mercancía son equivalentes [ Meek 1956, 64; Das Gupta 1960, 144] . En efecto, habría que "suponer que la cantidad de trabajo indispensable para producir una cosa fuera igual a la cantidad de trabajo que esta cosa, en cambio, podía comprar en el proceso de intercambio" [ Foucault 1966, 265] , lo cual equivale a asimilar el trabajo como actividad productiva y el trabajo como mercancía que se puede comprar y vender [ ibid.] .

Siguiendo la crítica de Cartelier [ 1976, 131-134] a la interpretación hecha por Marx de la teoría del valor de Smith, es posible ver que este último no confunde los dos conceptos. En efecto, Smith no hace preguntas sobre la naturaleza de la mercancía, sobre su carácter como resultado del trabajo social. Sólo busca un equivalente, una medida del valor que permita el intercambio. Por consiguiente, cuando afirma que los intercambios comerciales son intercambios de trabajo, está considerando el trabajo como una mercancía. La cantidad de valor de una mercancía es una cantidad de trabajo comandado y continúa siendo "definida por una relación de intercambio al trabajo" [ ibid., 128] .

Smith no cuestiona ni la realidad ni el carácter natural del intercambio. El intercambio mercantil, según este autor, no corresponde a un momento histórico particular, caracterizado por unas relaciones específicas de producción. El intercambio es, por el contrario, el resultado de tendencias presentes en la naturaleza humana y, por lo tanto, es el lenguaje natural de los comerciantes. Además, todos los individuos son inevitablemente llevados a convertirse en comerciantes, razón por la cual es tan importante descubrir el código que sostiene las transacciones.

Duboeuf [ 2001] muestra que los conceptos de trabajo comandado y trabajo incorporado responden a preguntas diferentes y, por lo tanto, no pueden ser asimilados. Así, la noción de trabajo comandado es la solución al problema de la distinción entre medida y causa del valor. Este problema no parecería estar presente en la obra de Ricardo. Sin embargo, su imposibilidad de ver la diferencia entre su pregunta y la de Smith funda la crítica que hace al autor de la RN y que ha sido retomada posteriormente.

Además, la interpretación de Meek de la teoría de Smith como una teoría del valor trabajo se enfrenta al obstáculo del paso entre el tiempo rudo y primitivo y el estado avanzado de la sociedad. Nuevos elementos aparecen en la explicación de Smith: el beneficio y la renta. Por consiguiente, no se aplicaría la misma teoría del valor en la sociedad moderna. De una teoría del valor trabajo Smith pasaría a una teoría de costos de producción en la cual el objetivo sería establecer la manera en que se determinan los niveles de equilibrio del salario, el beneficio y la renta. Así, la teoría del valor trabajo no sería más que un caso particular de la determinación de los costos de producción de largo plazo [ Hollander 1987, 60] .

Smith en ninguna parte hace la equivalencia entre trabajo comandado y trabajo incorporado. El valor de una mercancía está dado por el trabajo que ella puede comandar y no por el trabajo que materializa. El valor es, en consecuencia, un poder sobre el trabajo, y son los intérpretes de la teoría de Smith quienes han creado la confusión entre trabajo comandado y trabajo incorporado.

2.3 Las interpretaciones como una teoría de costos de producción

Smith afirma que el precio de toda mercancía está compuesto por los salarios, el beneficio y la renta y, entonces, que "los salarios, el beneficio y la renta son las tres fuentes originales de todo ingreso como de todo valor de cambio" [ RN, I.vi.17] . Esta frase parece conducir a una interpretación de la teoría de Smith como una teoría de costos de producción. Los salarios, el beneficio y la renta serían la remuneración (el costo) de los tres factores de producción: trabajo, capital y tierra. Schumpeter [ 1954, 308] , quien, como es bien sabido, no tenía una muy alta opinión de la teoría del valor de Smith, la considera un embrión de la teoría neoclásica y, en particular, de la teoría marshalliana.

Schumpeter sostiene que, en esta teoría de costos de producción, el precio natural es un precio de equilibrio de largo plazo, determinado e igual a los costos, y el precio de mercado, un fenómeno de corto plazo [ ibid., 309] . Esta teoría de costos de producción podría interpretarse como una teoría de equilibrio de largo plazo con una curva de oferta con pendiente positiva en función de la utilización de stocks y una curva de demanda con pendiente negativa cuya inclinación depende del ingreso de los consumidores [ Hollander 1987, 67, 68] .5

Smith presentaría un caso con un solo factor de producción y rendimientos constantes a escala; por consiguiente, con costos marginales constantes en todos los sectores [ ibid., 71] . La presentación del beneficio y de la renta como deducciones de la retribución del trabajo sería, en esta perspectiva, una crítica más o menos explícita de la sociedad capitalista [ 75-77] .

Las limitaciones de la teoría de Smith, en esta óptica, serían las siguientes [ ibid., 70] : en primer lugar, no existe una discusión formal sobre la variabilidad de las proporciones entre factores y, en segunda instancia, las retribuciones de dichos factores están dadas, aunque deberían ser variables endógenas del modelo. Habría, entonces, una dicotomía entre la formación de precios de mercado y la formación de precios de factores. En otras palabras, Smith explicaría los precios por medio de los precios, lo cual equivale a decir que, en realidad, no posee una teoría del valor [ Rashid 1992, 136] .

El primer problema de esta interpretación es que parece poco adecuado suponer la existencia de rendimientos constantes a escala en el análisis de Smith. Basta con recordar el conocido pasaje del primer libro de la RN sobre la división del trabajo. Smith presenta con gran claridad la existencia de un incremento creciente de la productividad asociado a la profundización de la división del trabajo. Esto demuestra que el precio de equilibrio no puede, en ningún caso, ser determinado de manera exclusiva por las condiciones de producción.

La segunda reserva, formulada por Benetti [ 1981, 13] , es que el precio natural no puede interpretarse como la evaluación de un costo de producción, porque esta evaluación dependería de los niveles de retribución, "que no son realizados sino al término del proceso de gravitación" [ ibid.] . En consecuencia, "si el precio natural expresara el costo de producción de la cantidad llevada al mercado, no podría diferir del precio de demanda, puesto que la remuneración efectiva de los recursos a su tasa natural equivale a la igualdad entre el precio de mercado y el precio natural" [ ibid.] .

En tercer lugar, la teoría del valor y de los precios de Smith no se limita al capítulo vii del primer libro de la RN. Esta lectura lleva a concluir que el trabajo comandado es un índice de bienestar, irrelevante para el análisis de la determinación de los precios. Por lo tanto, la discusión sobre la medida del valor en términos de trabajo comandado no tendría incidencia alguna sobre la teoría concerniente a su determinación [ Hollander 1987, 64] . Siguiendo esta línea, el verdadero análisis de los precios aparecería en el capítulo VII, donde el precio natural sería un precio de producción al cual los factores son pagados a las tasas corrientes [ ibid., 66] . Esto equivale a eliminar la evolución teórica introducida en la RN y subrayada anteriormente.

El capítulo VI del primer libro de la RN sobre los componentes del precio puede entenderse como una teoría de la distribución y no de los precios de producción [ Henry 2000, 7] . Si el beneficio y la renta fueran costos adicionales, siguiendo la teoría de costos de producción el precio debería aumentar con respecto al salario en el estado avanzado de la sociedad, por cuenta de la utilización del capital y de la tierra. Pero esto no parece ser lo que dice Smith, pues el paso del estado rudo y primitivo a los tiempos avanzados implica un crecimiento de la cantidad de los bienes producidos (gracias al aumento de la especialización) y una reducción de los precios. En efecto, Smith considera que abundancia y bajos precios son sinónimos o que la primera es la causa de los segundos [ LJ(A), 333] .

Además, en ninguna parte Smith permite suponer que la producción en el estado rudo y primitivo no incluyera la utilización de capital y tierra; sólo dice que hay un cambio importante en la propiedad de los factores. Así, Smith no habla de un cambio de precios por cuenta de la introducción de la propiedad privada del capital o de la tierra. El precio real de toda mercancía sigue siendo el mismo: el trabajo que los componentes del precio natural están en capacidad de comandar [ RN, I.vi.9] . La aparición de la propiedad privada implica, entonces, un cambio social de la producción sin acarrear un cambio tecnológico. En primer lugar, porque trabajo, capital y tierra no pueden considerarse factores de producción: son las remuneraciones de las clases que participan en la producción de bienes. Y, en seguida, porque el cambio tecnológico responde a la profundización de la división del trabajo y no a la apropiación de los medios de producción. En realidad, Smith no tiene una teoría de la producción.

2.4 Interpretación como teoría de los componentes

Es posible, entonces, considerar la teoría de Smith como una teoría de componentes donde "el precio se concibe como la suma de diversas partes, todas correspondientes a remuneraciones" [ Cartelier 1976, 126] . En este caso, la teoría de la repartición sería la clave para entender la determinación de los precios [ ibid., 134-135] . La tasa natural de salario no parece poner problema si se acepta que está determinada por un mínimo que permite la reproducción de los trabajadores según las condiciones en las cuales se encuentra la sociedad [ RN, I.viii.15] y que existe una estructura constante de salarios que permite la homogeneización de los diferentes trabajos, la cual no depende de las fuerzas del mercado [ RN, I.x] .

Con respecto a la tasa natural de beneficio, Smith no parece dar una respuesta, pues el capítulo IX del primer libro está dedicado a un análisis histórico del nivel de la tasa de interés. En consecuencia, no es claro cómo se determina la tasa de beneficio, pues la competencia entre comerciantes ricos descrita por Smith [ RN, I.ix.2] requiere una tasa de referencia semejante al salario mínimo, que no se encuentra en el análisis.6

En consecuencia, en tanto teoría de componentes, la teoría de Smith sería inadecuada en la medida en que las tasas naturales quedan sin explicación [ Benetti 1981, 20, 26] , lo cual es el caso, en particular, para la tasa natural de beneficio [ Cartelier 1976, 142-143] . Es decir, el razonamiento sería circular: la imposibilidad de encontrar una explicación para la determinación de las tasas naturales por fuera del mercado implica, por lo menos, que "el precio natural no puede calcularse sin partir de la cantidad presente en el mercado" [ ibid.] . La consecuencia inmediata es que no es posible determinar la demanda efectiva en términos de poder adquisitivo efectivo [ Cartelier 1982, 149] .

En efecto, en su explicación sobre el funcionamiento del mercado y, por lo tanto, de la determinación del precio de mercado, Smith considera únicamente la demanda efectiva compuesta por aquellos que están dispuestos a pagar el precio natural [ RN, I.vii.8] . Es claro, entonces, que este precio aparece como una información anterior a los intercambios mercantiles o, al menos, que las tasas naturales deben existir antes que el mercado [ Cartelier 1976, 130; 1982, 146] .

Existe, por lo tanto, un problema de indeterminación en la teoría de los precios propuesta por Smith. En efecto, el precio de mercado depende del precio natural por medio de la demanda efectiva, y el precio natural, a su vez, depende de las tasas naturales de remuneración. Estas tasas son determinadas simultáneamente con el precio natural. El sistema de ecuaciones que esto supone no tiene solución mientras no se fije de manera exógena una de las variables de la distribución.

Además, la ausencia de, por lo menos, una hipótesis sobre la existencia de rendimientos constantes a escala implicaría la presencia de varios precios naturales durante el proceso de mercado. Así, suponiendo unas tasas naturales fijas, y sin una hipótesis explícita sobre los rendimientos a escala, la convergencia de los precios de mercado hacia los precios naturales no está asegurada [ Arena 1979, 139-140, 142] .

Esta convergencia tiene como condición el desplazamiento de trabajo y de capital entre sectores de producción [ RN, I.vii.12-14] . Sin embargo, este desplazamiento depende, en primer lugar, de la percepción de los propietarios de capital; por consiguiente, el proceso de convergencia dependerá de la pertinencia de esta percepción. El problema es que nada asegura, en el texto de Smith, que estos agentes descubrirán la verdadera tasa natural de beneficio [ Cartelier 1982, 151-152] .

Aunque la interpretación de la teoría de Smith como una teoría de los componentes parece la más próxima a sus escritos, queda por resolver el problema de la indeterminación. Parece claro que Smith considera los precios naturales como determinados por fuera del mercado y, aún más, como una información anterior a los intercambios. Sin embargo, su análisis económico no permite encontrar una solución a esta indeterminación. La pregunta sobre la naturaleza y el origen de esta información queda sin respuesta. Es evidente que sin esta información el proceso de mercado no puede funcionar. Así, Smith habría fracasado en su intento de explicar el lenguaje de los comerciantes.

La última década, en particular, ha estado marcada por una renovación del interés alrededor de la obra de Smith en tanto sistema teórico sobre el funcionamiento de la sociedad. Esto implica una lectura de su obra como un cuerpo teórico completo y unificado. En consecuencia, la lectura de Smith no se limita a los elementos económicos de su análisis. Los comentadores han emprendido una exploración sistemática de las relaciones entre la TSM y la RN, utilizando las LJ. Esto implica, para la teoría del valor y de los precios, la posibilidad de buscar la determinación de los precios naturales más allá de la economía. El camino a seguir permitiría no solamente dar cuenta de la información anterior a los intercambios sino también entender la evaluación consensual entre comerciantes que funda la sociedad mercantil [ TSM, II.ii.3.2] .

3. SOCIALIZACIÓN Y MERCADO

Las lecturas recientes de la obra de Smith enfatizan el carácter socializado del individuo del cual él se ocupa. La información necesaria para determinar el precio natural podría encontrarse en la consideración de esta característica. Así, los demandantes llegan al mercado con una idea del precio natural de la mercancía que quieren conseguir, y es precisamente esta información la que explica la gravitación del precio de mercado en torno al precio natural [ Berthoud 2002] .

En efecto, la competencia entre demandantes, en el caso de un exceso de demanda, o la entrada de nuevos demandantes, en el de un exceso de oferta, gira en torno al precio natural que conocen. La noción misma de demanda efectiva utilizada por Smith implica la restricción de la demanda absoluta por medio del poder adquisitivo de los compradores: la determinación del precio de mercado empieza con aquellos que pueden pagar el precio natural. En otros términos, sólo van al mercado quienes tienen el poder adquisitivo necesario: aquellos que, a partir del precio natural, han calculado la cantidad de recursos que les hace falta para adquirir la cantidad deseada de una cierta mercancía.

El interés de las nuevas lecturas de Smith surge precisamente de haber notado que, para este autor, la comprensión de la sociedad comercial pasa por la explicación del individuo socializado, guiado por ciertas tendencias específicas que lo ponen en relación con sus semejantes. El mercado es, entonces, considerado un lugar social.

Dado que las bases de este análisis se encuentran en la TSM, la lectura de la RN no puede hacerse de manera independiente y parece, a veces, ser subsidiaria de la primera obra. Así, la TSM mostraría el proceso sociosicológico de la socialización del individuo y la RN presentaría las consecuencias socioeconómicas de las acciones de estos individuos socializados [ Heilbroner 1982, 434] .

Además, como la TSM contiene la explicación de la formación de los juicios morales, el acercamiento realizado entre las dos obras no se limita a la inclusión del carácter socializado de los comerciantes sino que abarca igualmente la moral. El mercado necesitaría individuos virtuosos para funcionar, y, de manera más específica, la determinación de la medida del valor de cambio debería considerar el proceso de formación de los juicios morales o, incluso, ser analizada de manera análoga a la formación de estos últimos.

En otras palabras, el operador que se encuentra en la base de la socialización del individuo y, posteriormente, de su educación moral debe ser considerado, de igual manera, en la explicación de la teoría del valor y de los precios. En consecuencia, la simpatía parecería ser un elemento importante que ha sido relegado a un segundo plano hasta ahora. La inclusión de este elemento podría hacerse antes o después del intercambio.

Esta segunda parte está dedicada a la profundización de esta visión de la obra de Smith con el fin de establecer sus aportes a la comprensión de la teoría del valor.7 Ésta ya no se considera incompleta o incoherente, como era el caso anteriormente. La consideración de otros elementos presentes en la obra de Smith ha permitido darle a su teoría del valor un nuevo alcance. Estos elementos resultan significativos para la solución del problema cognitivo creado por el precio natural. Sin embargo, es posible que la preponderancia dada a la justicia o a la simpatía haya producido nuevas confusiones.

4. LA SIMPATÍA ANTES DEL INTERCAMBIO

4.1 El respeto de las reglas de justicia

Una posibilidad de incluir la simpatía en el proceso de determinación de la medida del valor de cambio es tomar en cuenta el papel de las reglas de justicia en el funcionamiento del mercado; en particular, considerar la relación entre precios y justicia. El precio natural, en esta óptica, sería equivalente a un precio justo [ Young 1986; 1997] .

Esta visión parte de la explicación de Smith sobre el origen del derecho de propiedad como derecho natural [ LJ(A) 13] . En las LJ, Smith sostiene que existen cinco formas de acceder a la propiedad, de las cuales la primera es la ocupación [ ibid.; LJ(B), 459] .8 El derecho de propiedad, en este caso, dice Smith, "parece estar bien fundado cuando el espectador está de acuerdo con mi posesión del objeto, y aprueba mi acción cuando defiendo mi posesión por la fuerza" [ LJ(B), 459] . Por consiguiente, el derecho de propiedad está directamente asociado a la simpatía de un espectador imparcial. Éste podrá simpatizar con el poseedor del objeto porque puede compartir con él su "expectativa razonable de uso" del objeto en cuestión [ LJ(A) 17] . "La expectativa razonable, en consecuencia, que el primer poseedor provee es el fundamento sobre el cual el derecho de propiedad se adquiere por ocupación" [ ibid.] .

En la base, entonces, del derecho de propiedad existe un mecanismo social que le confiere su legitimidad y que autoriza su defensa activa. No es la conciencia individual la que provee esta legitimidad: es la mirada de los demás miembros de la sociedad. El espectador imparcial al cual hace referencia Smith en este caso es un tercero. Por consiguiente, no es necesario ser un individuo virtuoso, respetuoso de los dictados de la propia conciencia para ser propietario. Tampoco es necesario que la sociedad esté compuesta por individuos virtuosos9 para garantizar el derecho de propiedad. Los individuos sólo deben simpatizar con una expectativa razonable de uso, lo cual no implica un juicio sobre las motivaciones de la adquisición del derecho de propiedad.

En la base de esta interpretación suponemos una diferencia entre el proceso de socialización y la educación moral en la teoría de Smith. En el primero, el elemento determinante son las miradas de los demás, mientras que en la segunda lo que cuenta es la mirada del espectador imparcial, de la conciencia individual. Así, la educación moral, según Smith, y, por lo tanto, la formación de individuos virtuosos están un paso más allá de la simple socialización.

Siguiendo con el análisis sobre la propiedad, Smith considera que, en el caso en que el primer poseedor sea privado del objeto, el espectador podrá simpatizar con la defensa por la fuerza de este objeto, pues esta privación constituye un verdadero perjuicio [ ibid.] . En consecuencia, la defensa de la propiedad privada es uno de los principales objetivos de la justicia.

Smith afirma que el verdadero fundamento de la sociedad es la justicia. Sin ella, ninguna relación social sería posible [ TSM, II.ii.3.3] . El respeto de la justicia no puede dejarse a la libre voluntad de los individuos y puede exigirse por la fuerza, pues la injusticia equivale a un verdadero perjuicio [ TSM, II.ii.1.4] . La justicia es una virtud negativa: expresa la exigencia de no hacer daño a los demás, de respetar su vida y su propiedad, y no requiere acción positiva alguna por parte del agente [ TSM, II.ii.9] .

El respeto de las reglas de justicia es, sin duda, una condición necesaria para el funcionamiento de la actividad económica y, en particular, del intercambio. Esto no significa, sin embargo, que el mismo proceso que explica el origen de estas reglas pueda explicar el intercambio. La formación de valores de cambio no es análoga a la formación de valores morales como generalización de experiencias repetidas,10 "que resultan en un sistema de valores válido para todos" [ Duboeuf 1985, 94-95] .

Los agentes no conocerán el precio natural a través del intercambio de lugares o de la abstracción a partir de experiencias repetidas. En efecto, "mientras se suponga que los agentes se pliegan a las reglas de justicia, no hay necesidad alguna de un intercambio imaginario de personalidad en la relación de cambio" [ Fontaine 1997, 269] .

En resumen, la idea según la cual el funcionamiento del mercado requiere la acción del espectador imparcial para garantizar que los agentes sean virtuosos y estén informados de modo que controlen su interés propio [ Stabile 1997, 300] no parece encontrar apoyo en la definición de justicia propuesta por Smith. Lo que parece claro es que una organización social con formas complejas de propiedad y de producción requiere reglas mucho más explícitas y, al mismo tiempo, más generales para regular las acciones de sus miembros. Así, los individuos tienen derecho a hacer todo lo que quieran dentro del marco establecido por la ley. La justicia y el respeto al otro, a su propiedad y a los contratos son el fundamento de la sociedad comercial [ Young 1986, 373] .

Es claro que ningún sistema de intercambio puede mantenerse en una sociedad de bandoleros. Pero esto no significa, por oposición, que la virtud sea el fundamento de la sociedad mercantil. El intercambio es una relación de cantidades físicas mientras que el espectador imparcial es un regulador de pasiones: "No se deben confundir la educación interna de las pasiones y la limitación externa de los intereses los unos por los otros" [ Berthoud 2000, 62] . La posición simétrica [ Fontaine 1996, 145-147] en la cual se encuentran los agentes en el intercambio no deja lugar a la simpatía en el proceso de conocimiento y acuerdo de sus intereses.

El precio de mercado es, entonces, un precio justo en la medida en que es el resultado de intercambios voluntarios, respetuosos de la vida y la propiedad de los participantes en la transacción. Este precio puede ser diferente del precio natural sin que por ello se transgredan las reglas de justicia [ Salter 1998, 680] . En consecuencia, la noción de precio justo entendida como justo medio implica una visión de justicia positiva que no es considerada por Smith en la medida en que requiere una acción particular de parte de los agentes involucrados en relaciones de simpatía. Por consiguiente, ni el precio de mercado ni el precio natural pueden ser asimilados a un precio justo.

4.2 Trabajo comandado y simpatía con las penas y fatigas

Otra posibilidad de inclusión de los mecanismos de la simpatía antes del intercambio es ver su relación con el trabajo. Ésta sería otra manera de explicar el precio natural como un precio de referencia sobre el cual se realizan los intercambios.

El trabajo siempre requiere el mismo sacrificio de bienestar, de libertad y de felicidad para el trabajador [ RN, I.v.7] . El trabajo implica penas y fatigas, al igual que un sacrificio de vida [ Das Gupta 1960, 144] . Como todos los individuos están sometidos al tiempo y como todos son considerados trabajadores y comerciantes, no tendrían mayor dificultad en simpatizar con las penas y las fatigas asociadas con la producción de una mercancía [ Young 1986, 375; 1995, 761] . Así, el trabajo comandado encarnaría la naturaleza social del valor [ Duboeuf 1991, 93] .

Los casos del carnicero y del panadero podrían ilustrar esta explicación: la ausencia de distancia social entre ellos garantiza que están bien informados, gracias a la simpatía, sobre el costo en tiempo de trabajo [ Salter 1998, 301] . Según tal interpretación, este ejemplo puede generalizarse, pues todos los intercambios podrían ser considerados transacciones bilaterales. Los individuos están en capacidad de cambiar de lugar con sus contrapartes y, de esta manera, logran tener una idea de las penas y las fatigas asociadas al trabajo representado por la mercancía a intercambiar. En este sentido, el precio de mercado podría ser interpretado como el resultado de la negociación entre individuos [ Defalvard 1991, 550; Salter 1998, 305; Rosier 2002] .

Este caso haría prácticamente simultáneo el proceso de formación del precio de referencia y el intercambio sobre el mercado. La distancia y la diferencia entre precio natural y precio de mercado quedan reducidas al mínimo, si no es que desaparecen por completo. En este caso, nada garantiza la existencia de un precio de mercado o de un precio natural único para cada mercancía. Es más: limitar el análisis del intercambio al caso de la negociación bilateral parece quitarle todo el sentido a la diferencia entre precio de mercado y precio natural y, en consecuencia, a la teoría de la gravitación. Una buena parte del análisis de Smith perdería toda relevancia.

Esto sin olvidar que, no porque en el trueque el agente económico y el sujeto moral parezcan tan cercanos, se les puede confundir. "El motivo del trueque sigue estando definido por los dos principios fundamentales11 —el deseo de mejorar la propia condición, la disposición al intercambio— que no contienen, ni el uno ni el otro, una espera mutua de aprobación en vista de una justa medida en el amor que cada uno se tiene a sí mismo" [ Berthoud 2000, 65] .

5. LA SIMPATÍA DURANTE EL INTERCAMBIO

Esta última alternativa —la de la negociación bilateral— nos lleva a considerar la posible influencia de la simpatía en el momento del intercambio. La consideración de factores exteriores al mercado en la explicación de la formación de precios enfatiza dos elementos: en primer lugar, el que la formación del valor de cambio refleja relaciones sociales y, en segundo término, la formación del valor de cambio como un proceso intersubjetivo con un resultado objetivo: el precio natural. En efecto, este precio expresaría una realidad más allá de la intersubjetividad. Este precio respondería a leyes naturales que garantizan la reproducción del orden social de manera independiente a la voluntad de los individuos [ Duboeuf 1991, 99] .

Sin embargo, Smith no parece hacer una verdadera analogía y menos aún, crear una confusión entre juicio moral y valor de cambio. El primero hace referencia a lo que Smith llama la conveniencia y el mérito de una acción mientras que el valor de cambio es sólo una equivalencia. Un juicio moral pronuncia un veredicto sobre una acción en términos de "buena" o "mala"; el valor de cambio establece una relación de equivalencia entre bienes. No es la búsqueda de la justicia o de la aprobación lo que explica el intercambio. Esta acción responde a tendencias naturales, inherentes al ser humano y que están más allá de la organización social.

5.1 Las tendencias naturales

Aunque el individuo esté movido por su interés propio, su sociabilidad natural, expresada por medio de la simpatía, hace que siempre se interese por la suerte de sus semejantes [ TSM, I.i.1.1] . En la TSM, el interés propio es la motivación de la acción y la simpatía es el sentimiento que permite juzgar esta motivación.

El individuo descubre su interés propio mediante la interacción con sus semejantes, y este mismo interés lo hace dependiente de los demás [ Levine 1998, 40] . En su actividad económica, en particular, el individuo es guiado por dos tendencias que le permiten descubrir su interés propio [ Defalvard 1991, 539] : el deseo de mejorar su condición y la tendencia a intercambiar. El primero es un deseo que lo acompaña desde el nacimiento hasta la muerte, un deseo calmado y sin pasión [ RN, II.iii.28] . El segundo es el resultado de una tendencia natural a convencer a los demás [ LJ(A) 352] . Los dos expresan las principales preocupaciones de los seres humanos: el interés propio y el interés por los demás.

En efecto, Smith afirma que la naturaleza, habiendo formado al individuo para vivir en sociedad, le ha dado el deseo original de agradarles y la aversión original a disgustarles a sus semejantes [ TSM, III.2.6] . En consecuencia, el deseo de persuadir al otro responde al malestar que a uno le produce la divergencia de opiniones [ LJ(A) 352] . Sucede lo mismo con el deseo de mejorar la propia condición, pues su ventaja principal es ser observado y considerado con simpatía y aprobación [ TSM, I.iii.2.1].12

Ahora bien: estas dos tendencias no tienen como origen la simpatía ni son el resultado de un juicio moral. Por una parte, ellas dan al individuo la inteligencia técnica necesaria para guiarlo hacia la especialización y la profundización de la división del trabajo y, por otra, le enseñan a ahorrar, lo cual favorece la acumulación. Estas tendencias "no entran en la categoría de pasiones, las cuales, en diversos grados, suaves o violentas, benéficas o peligrosas, se educan, se moderan y, en el largo plazo, toman la forma de sentimientos virtuosos bajo el efecto del espectáculo social" [ Berthoud 2000, 61] .

Aunque el mercado sea un lugar social, no es el lugar en el cual el individuo encontrará la aprobación del espectador imparcial o la de sus semejantes. El intercambio es una actividad social en la medida en que implica una relación entre los miembros de una sociedad. Pero la diferencia con las demás actividades sociales es que el individuo no encuentra en sí la aprobación o la armonía de sentimientos asociados con la simpatía. El sujeto moral no aparece en el análisis del mercado, ni siquiera en una situación de trueque. Se trata de un agente económico guiado por su propio interés.13

Esto no implica la división del ser humano o la separación práctica entre economía y moral: "Podemos no necesitar la benevolencia del carnicero cuando nos dirigimos a su interés propio en la venta de carne, pero esto no equivale a no tener simpatía imaginativa alguna o ninguna capacidad para entender y formular un juicio sobre su comportamiento, bien sea de aprobación o de rechazo" [ Winch 1996, 105] . No obstante, no se debe confundir entre interés y pasiones o entre agente económico y sujeto moral. Este agente es una noción utilizada por Smith con el fin de explicarles a los seres humanos su actividad económica.

5.2 El intercambio y el lenguaje

A pesar de todos los inconvenientes encontrados hasta el momento para incluir la simpatía en la determinación de la medida del valor de cambio, queda aún una posibilidad. En las LJ, Smith sostiene que la tendencia a intercambiar proviene de la inclinación natural a persuadir [ LJ(A) 352] . Por lo tanto, el lenguaje, una de las más importantes características antropológicas, le da al individuo la capacidad de convencer a sus semejantes de que colaboren con el fin de satisfacer sus necesidades [ Winch 1996, 70] . La inclinación natural a persuadir está asociada con el deseo de lograr la aprobación del otro. Esto significaría que, si el intercambio está guiado por el deseo de persuadir, es porque, en el fondo, quienes transan buscan la aprobación de su contraparte.

Sin embargo, el texto de las LJ no plantea la equivalencia entre persuasión y aprobación.14 Aprobar o condenar una acción concierne a los juicios morales y, por consiguiente, al espectador imparcial. Este último juzga, de una parte, la conveniencia de las pasiones que provocan una acción y, de otra, el mérito de la acción con respecto a las motivaciones del agente. Es únicamente por cuenta de la irregularidad de nuestros sentimientos morales que la fortuna y el azar y, en consecuencia, el resultado de la acción tienen influencia sobre nuestros juicios morales [ TSM, II.iii.intro.5-6].15 La aprobación no implica una influencia sobre las motivaciones o sobre la acción en sí. La persuasión, por el contrario, implica un ejercicio de poder [ LJ(A) 352] : se trata de convencer a alguien de actuar o de pensar de cierta manera, y esto es precisamente lo que dice Smith: "Deme lo que necesito y usted obtendrá de mí lo que usted mismo necesita" [ RN, I.ii.2] .

No hay espectador en el intercambio: sólo hay agentes. Lo que está en juego no son las motivaciones sino los actos. Los individuos no emiten juicios: establecen equivalencias. Todo esto, ciertamente, gracias al lenguaje.

Cabe notar el papel desempeñado por el lenguaje. No existe posibilidad alguna de contrato y, en consecuencia, de intercambio sin lenguaje.16 El ser humano es la única criatura que posee un lenguaje articulado, según Smith; por lo tanto, es el único que puede establecer contratos y así satisfacer sus necesidades por medio del intercambio. Es más: dado que el lenguaje es una característica natural de los seres humanos [ Smith 1983, 203-204] , el intercambio también lo es. En otras palabras, el intercambio no es el resultado de una organización social particular sino de la naturaleza humana. La acción de intercambiar responde a causas que no provienen de la sociedad, pero, evidentemente, no se puede desarrollar más que en el interior de esta sociedad. El ser humano es un ser social; para Smith nunca ha existido un individuo anterior a la sociedad o sin sociedad, al igual que nunca ha existido un individuo sin lenguaje y, por consiguiente, nunca han existido individuos que no intercambien.

5.3 La división del trabajo y la extensión del mercado

El lugar de la simpatía en la explicación de la esfera económica parece aún más difícil de mantener al considerar lo que dice Smith con respecto a la creciente especialización y al anonimato introducido por la moneda. Esta última no es relevante en el análisis del intercambio, pues éste es un fenómeno natural mientras que la moneda es una creación humana. No siendo más que un medio para facilitar los intercambios, ella permite a los individuos transar sin preocuparse por las preferencias de sus contrapartes. La moneda implica la superación del trueque: ya no es necesario conocer a la contraparte para realizar un intercambio, el cual ya no requiere la doble coincidencia de necesidades [ RN, I.v.6] . La moneda lleva a término la generalización de un fenómeno natural pero no cambia su carácter o su funcionamiento.

La consolidación de la sociedad de mercado y la profundización de la división del trabajo están asociadas con el incremento de la distancia social entre individuos. El poder de la simpatía se ve disminuido por esta razón. La sociedad de mercado es una sociedad de desconocidos que se encuentran en posición simétrica sobre el mercado. La identificación emocional no resulta únicamente inútil sino también imposible en la esfera de los intercambios mercantiles.

6. EN BUSCA DE UNA REFERENCIA COMÚN

Las lecturas hechas durante los últimos quince años de la obra de Smith han permitido darle una nueva dimensión. Resulta de una importancia crucial el considerar la existencia de un individuo socializado en la base de toda la teoría de Smith para comprenderla como un sistema teórico coherente. Sin embargo, las respuestas al problema cognitivo de los precios naturales son poco satisfactorias.

¿Cuál es el origen de la referencia a partir de la cual los individuos transan? ¿Cuál es la medida que permite a los agentes comparar sus mercancías? Smith habla de trabajo comandado. Se ubica en la óptica del comerciante y no del consumidor: "Así, el valor de un bien cualquiera para quien lo posee y que no pretende usarlo o consumirlo, sino que tiene la intención de intercambiarlo por otra cosa, es igual a la cantidad de trabajo que este bien le permite comprar o comandar" [ RN, I.v.2] .

El precio real de toda mercancía es el trabajo [ RN, I.v.1,2,7] . En el momento del intercambio, un poder adquisitivo se pone en marcha, un poder sobre el trabajo del otro. Por lo tanto, el valor de cambio implica que quien transa puede imponer a otro las penas y las fatigas de la producción de cierta mercancía. Este poder adquisitivo es una magnitud medida por el trabajo y, de manera más específica, por un tiempo de trabajo.

La posibilidad de medir implica, lógicamente, un patrón de medida. Incluso si en la realidad parece difícil establecer una medida exacta para comparar diferentes trabajos, analíticamente Smith es capaz de encontrar una. En efecto, en la realidad y en el caso del trueque, la equivalencia se establece por medio de la negociación entre agentes. Con la aparición de la moneda, esta negociación desaparece y la equivalencia se hace en términos monetarios.

No obstante, Smith, en tanto teórico, está en capacidad de ir más allá de la contingencia, y dirá que:

[ ...] cantidades iguales de trabajo deben ser, en todo tiempo y en todo lugar, de un valor igual para el trabajador. En su estado habitual de salud, de fuerza y de actividad, y según el grado ordinario de habilidad y de destreza que pueda tener, es necesario que sacrifique siempre la misma proporción de su descanso, de su libertad, de su felicidad. Cualquiera que sea la cantidad de bienes que reciba en recompensa de su trabajo, el precio que paga siempre es el mismo [ RN, I.v.7] .

Considerar seriamente esta idea equivale a notar que la medida invariable del valor pasa por una condición antropológica. El trabajo y el intercambio hacen parte de la esencia de la naturaleza humana. El patrón de las magnitudes económicas se encuentra en el carácter invariable de las penas asociadas al trabajo humano en todo tiempo y en todo lugar [ Berthoud 2000, 34] .

El universal necesario para la medida del valor se encuentra en el interior de cada ser humano. Precisamente porque cada miembro de la sociedad mercantil es, antes que cualquier otra cosa, un ser humano, los intercambios son posibles sobre la base de una evaluación consensual de las mercancías. Cada individuo lleva en sí el patrón que le permite entender y comunicarse con los demás. De esta manera se garantiza la superación de la intersubjetividad, puesto que no puede haber error en la evaluación del precio natural, expresado en términos de precio real, dado que cada individuo posee la llave que le permite decodificar el lenguaje de los mercaderes.

7. CONCLUSIÓN

La imposibilidad de encontrar la simpatía como fundamento del intercambio mercantil no equivale, de ninguna manera, a considerar una separación definitiva entre moral y economía en la obra de Adam Smith. La visión compartida durante largo tiempo, y debida a la influencia del positivismo sobre la economía, la cual consideraba a Smith como el origen de una ciencia económica sin relación alguna con la moral, ha quedado atrás. Smith estudia, como él mismo lo dice, los hechos [ TSM, II.i.5.10] , pero esto no significa que las consideraciones normativas no hagan parte de su obra.17

Tampoco significa que Smith confunda economía y moral. Este autor no pretende mostrar la independencia sino la posibilidad analítica de concebir estas dos esferas de la actividad y del pensamiento humano como resultado de principios diferentes. No es en el mundo real donde podremos constatar esta separación. Ella sólo es relevante en la búsqueda de las cadenas invisibles que explican los fenómenos y que le permiten a nuestra mente pasar del uno al otro sin mayor dificultad [ Smith 1982b, II.4] . En otras palabras, Smith, en su función de filósofo, busca explicar la sociedad como un todo coherente y ordenado [ ibid., II.12; RN, V.i.f.25] .

En la realidad, todo aparece mezclado. La simpatía está presente en el mercado real: prueba de esta afirmación18 son las negociaciones salariales, la creación de asociaciones, la importancia de la reputación y la confianza. Pero Smith es capaz de hacer una abstracción que le permite establecer la diferencia entre filosofía y sociología económica.

La pregunta sobre la conmensurabilidad de cantidades heterogéneas de bienes y servicios obtiene una respuesta teórica que no está fundada en la observación empírica [ Berthoud 2002] . Smith, filósofo, nos provee de los instrumentos necesarios para que podamos concebir el funcionamiento de la sociedad. Lo hace aplicando un método que va de lo general a lo particular, de lo abstracto a lo concreto. Utiliza diferentes niveles de análisis que le permiten establecer una diferencia analítica entre esferas de actividad humana: se trata de una "pura invención de la imaginación" [ Smith 1982b, IV.76] .

El individuo que actúa es siempre el mismo, un miembro de la sociedad humana, pero las tendencias que lo guían en cada una de estas esferas pueden diferir. Este individuo no está en capacidad de pensarse como una totalidad. La totalidad está más allá de su capacidad de comprensión. Requiere nociones tales como sujeto moral y agente económico, que constituyen dimensiones en las cuales un individuo singular se piensa a sí mismo. Sujeto moral y agente económico son los predicados de un sólo individuo vivo que no se piensa a sí mismo como un todo.

NOTAS AL PIE

1 Smith, A. [ 1981 (1776)] , de ahora en adelante: RN. Acá seguimos la forma de citación de la edición de Glasgow.

2 El llamado "problema de Adam Smith" hace referencia a la supuesta incoherencia entre las dos principales obras del autor: la RN y la Teoría de los Sentimientos Morales (TSM de ahora en adelante). A partir de la edición de Glasgow de las obras completas de Adam Smith [ 1976] , este problema se da por resuelto y se habla de una nueva versión que hace alusión a la búsqueda de los vínculos entre la teoría social y moral y la teoría económica del autor. Existe una vasta bibliografía secundaria sobre este problema. Para una revisión de la misma, ver Teichgraeber [ 1981] , Dickey [ 1986] , Brown [ 1987] y Défalvard [ 1991] .

3 De ahora en adelante, LJ(A) corresponde a las lecturas comprendidas entre 1762 y 1763, y LB(J), a las de 1766. En realidad, la paradoja del valor había sido resuelta por Galliani en 1751, aduciendo que es la utilidad marginal y no la utilidad total del bien la que determina el precio.

4 Esta visión del valor como resultado de una relación social será retomada en las nuevas lecturas de la obra de Smith, las cuales incluyen elementos extraeconómicos y que permiten profundizar en el problema cognitivo presente en su teoría. Ellas serán el objeto de la segunda parte de este artículo.

5 Existe otra interpretación posible en esta misma perspectiva, en la cual la curva de oferta es lineal tanto en el corto como en el largo plazo, pues no se considera la utilización de stocks [ Rosenbluth 1969, 234-235] .

6 Este problema invalida cualquier desarrollo ulterior de la teoría, y nosotros, por consiguiente, dejaremos de lado la determinación de la tasa natural de renta, la cual parece, además, ser igualmente problemática.

7 Para un desarrollo sintético de los argumentos de esta visión, ver Dellemotte [ 2001] .

8 Estas cinco maneras son: la ocupación, a través de la cual se adquiere la propiedad de un objeto que pertenecía anteriormente a otra persona; la accesión, que implica la posesión de una parte o de un producto proveniente de alguna cosa de la cual ya se es propietario; la tradición o la transferencia voluntaria de la propiedad; la prescripción, por la cual el propietario pierde su derecho de propiedad y ésta pasa a uno nuevo, y la sucesión o la transmisión de la propiedad por legado o herencia [ LJ(A) 14-15; LJ(B), 459] . Sólo las dos primeras son métodos "originales" de adquisición de la propiedad [ LJ(A) 27] .

9 Es decir, individuos prudentes, justos, benévolos y dotados de autocontrol.

10 En esta perspectiva, los precios naturales serían la expresión de valores morales y comunitarios [ Stabile 1997. 302] .

11 Estos dos principios se tratarán en detalle en la siguiente sección.

12 Sin embargo, esto no significa que la búsqueda de simpatía sea egoísta. Por el contrario, Smith rechaza la confusión entre simpatía y egoísmo o la posibilidad de fundar todas las acciones humanas en la búsqueda de la ventaja personal. El placer y la armonía de sentimientos son suficientemente atractivos en sí mismos, y los individuos no los buscan porque permitan poner a los demás a su servicio o porque aseguren su supervivencia [ TSM, I.i.2.1] .

13 Este agente económico es una construcción conceptual realizada por un individuo real que necesita ciertas nociones para poder pensarse como totalidad. Esta idea se desarrollará en la conclusión.

14 Smith establece la equivalencia entre aprobación y adopción de opiniones. En la TSM sostiene que adoptar las opiniones de otra persona equivale a aprobarlas [ TSM, I.i.3.2] , pero el objetivo en la búsqueda de aprobación no es la modificación de la acción sino la armonía de sentimientos, el placer de la simpatía compartida [ TSM, I.i.2.1] .

15 De manera más precisa: Adam Smith no presenta una moral consecuencialista [ TSM, II.iii.intro.2] .

16 Agradezco a D. Levy y a S. Peart haberme hecho notar la importancia de este punto.

17 Resulta, cuando menos, anacrónico atribuirle a Smith categorías de pensamiento de este tipo.

18 Ejemplos dados por Smith en la RN. Para un análisis del último punto, ver Tullock [ 1985, 1073] y Fontaine [ 1996, 150] .


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