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jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Cuál es la definición de «ingeniería económica» y cuáles son las ideas aceptadas de “ingeniería” y “economía” al ser subsumidas por ésta?

¿Cuál es la definición de  «ingeniería económica» y cuáles son las ideas aceptadas de “ingeniería” y “economía” al ser subsumidas por ésta?

A manera de introducción.

Antes  de dar respuesta  a la primera pregunta –acerca de la definición de « ingeniería económica», creemos necesario advertir a nuestros lectores que: no existe información estructurada (mejor dicho, que soporte un análisis epistemológico) o libro alguno que se acerque a la definición precisa de lo que hoy es la nueva rama de la ingeniería económica. Lo que podrá encontrar en la web –si usted lo busca– es una vieja reliquia de análisis de costos proyectados con ese título (de ingeniería económica), del autor DeGarmo, que no es precisamente un manual para formar ingenieros economistas, y por lo tanto lo llevaría a usted a un error seguro o a creer como mucha gente que la ingeniería económica es simplemente una herramienta para proyectos ingenieriles. Ante tal situación, nos vemos obligados a mostrar –previa a nuestra definición– dicha anomalía, a la par que explicar la falla gramatical, en el título de esos textos académicos. Para tal fin, discurriremos a través de la historia ingenieril desde los primeros indicios u origen del libro texto o manual (si se quiere) de ingeniería económica que nos permitirá iluminar el hecho histórico causante y poner al descubierto el error de los libros textos con ese título de "ingeniería económica" y otros más con el título de "Ingeniería de costos" o  "Ingeniería del valor", que, inconscientemente han sido aceptados en medios académicos–. Así mismo, intentaremos también develar el  error de sintaxis gramatical, en la titulación de los libros del mismo nombre, que se viene arrastrando desde comienzos del siglo anterior pero que se siguen usando en las Facultades de Ingeniería tradicional. 

Para tal propósito, intentaremos alumbrar el sendero histórico para ver claramente el error–, amenizándolo con una curiosa analogía, y hacerlo al mismo tiempo más digerible para no aburrir a nuestros lectores.
Imaginemos a un médico, que entra a una librería y pregunta si tienen un libro titulado medicina económicaEl vendedor le responde con una sonrisa –disculpe, pero creo que usted está bromeando, ¿verdad?. 
–No. No veo por qué le parece una broma el preguntar por un libro sobre medicinle contesta el doctor.
–Es que no podría existir un libro con ese título; pero, sí podría ser una buena idea para sugerir a algunos clientes economistas y, quizás otro de utilidad para abogados sobre abogacía económica. 
Sigo sin entender comenta el médico el por qué no existe siquiera uno si mi hermano ingeniero tiene varios libros sobre ingeniería económica con los que realiza excelentes proyectos en su trabajo y yo quisiera hacer lo mismo, para favorecer a mis pacientes. 

Nuestros lectores ya habrán descubierto el error ¿verdad? 
Sin embargo, los ingenieros afectados quizá por el síndrome de la rana hervida[1] no se han percatado del error, aún. La historia comienza en el año 1887, cuando Arthur M Wellington publicó la obra: “The Economic Theory of Location Railways” (Teoría Económica del Trazado de Vías Férreas). Willington fue un ingeniero civil, que utilizó análisis de costos para seleccionar las longitudes ideales en las vías férreas. Fue así como estableció específicamente el papel del análisis económico en los proyectos de ingeniería, por eso Wellington es considerado ingenuamente como el padre de la ingeniería económica
Desde entonces se viene utilizando el análisis de costos proyectados (como si fuera ingeniería económica) en textos al uso en las Facultades de Ingeniería tradicional. Actualmente (y desde 1942, la ingeniería económica de DeGarmo[2] y de otros autores y, algunos con título de ingeniería del valor. Dichos texto, como si fuera ingeniería, simplemente fueron de apoyo a la ingeniería tradicional mantiene aletargados a los ingenieros que desconocen el verdadero significado de esta nueva rama de la ingeniería. Dicho en otras palabras: en los actuales medios académicos ya se conoce y se diferencia claramente la nueva “Ingeniería Económica” pero solo se enseña en las Facultades del mismo nombre; mientras que la vieja reliquia de otra época, reliquia que estaba personificada por DeGarmo, se continua usando por docentes irresponsables[3] para enseñar el aspecto económico (métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles) en las diferentes Facultades de Ingeniería tradicional como si fuera una disciplina vigente.

¿Cuál sería  el error gramatical?

Desde la sintaxis[4]ingeniería económica´, forma un sintagma nominal[5], donde la palabra ingeniería actúa como el sustantivo y ‘económica’ es el  determinante[6], posesivo[7] que acompaña para  la acción del sustantivo[8]. Por lo tanto, la ingeniería económica es una nueva profesión y nueva rama de la ingeniería, mas nó un libro texto de apoyo a las demás ingenierías.

¿Cuál sería, por lo tanto, la definición de  «ingeniería económica» que se enseña en las Facultades de Ingeniería Económica?

La «ingeniería económica» ha devenido en ser el complemento[9] de acción económica proactiva[10] (del cambio[11] innovador[12][13]) de la economía ortodoxa[14], para la solución de los problemas económicos desde dentro de la ingeniería misma[15] (que aplica el ingenio, las herramientas, el método heurístico[16] y prácticas de toda ingeniería); en apoyo a las demás ingenierías y al empresariado innovador, alejándose del enfoque que considera que los gobiernos[17][18] son lo suficientemente capaces para solucionar los problemas económicos sociales –como la crisis, la pobreza[19], la escasez, el crecimiento[20], la redistribución de la renta (...)– que, bastaría solo con aplicar las políticas económicas planteadas, formuladas y basadas en la ortodoxia económica)[21]



[1] El síndrome de la rana hervida hace referencia al desgaste emocional que se genera cuando nos encontramos encerrados en situaciones de las que creemos que es imposible escapar y, por ello, aguantamos y aguantamos hasta salir quemados. Digamos que, poco a poco, vamos metiéndonos dentro de una suerte de círculo vicioso que nos deteriora mental y emocionalmente hasta el punto de dejarnos sin fuerzas. Fue Olivier Clerc, escritor y filósofo francés, quien planteó, en un lenguaje sencillo, acertado e ilustrativo la fábula de “la rana hervida”. Veamos más detenidamente en qué consiste y cómo podemos aplicar sus enseñanzas. La fábula se basa en una ley física real que viene a decir que “si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor a 0,02 ºC/minuto, la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. A mayor velocidad, la rana salta y escapa”. Así, tal y como lo explicaba Olivier Clerc, si ponemos una rana en un recipiente de agua y comenzamos a calentar esta poco a poco, la rana irá ajustado en paralelo su temperatura corporal de manera gradual. Cuando el agua está llegando a su punto de ebullición, la rana ya no puede ajustar más su temperatura y, por lo tanto, intenta saltar. Sin embargo, tristemente, la rana ya no es capaz de hacerlo, pues ha malgastado su fuerza en ajustar su temperatura y ya no goza del ímpetu que le hace falta para escapar.
Como consecuencia obvia, la rana muere hervida sin hacer nada por saltar y salvarse. Ahora debemos plantearnos qué es lo que mató a la rana: ¿fue el agua hirviendo o fue su incapacidad para decidir adecuadamente en qué momento debía saltar? Seguro que si se hubiese sumergido en una cazuela a 50 ºC, ella misma habría dado un gran salto con el objetivo de ponerse a salvo. Sin embargo, mientras toleraba la subida de la temperatura, no se planteó que podía y debía salir de ahí. https://www.youtube.com/watch?v=wCuWAYuR9Jo
[2] La ingeniería económica tradicional se encargaba de los aspectos monetarios de las decisiones tomadas por los empleados de las organizaciones desde los años 20 cuando J. C. L. FISH Y O. B. Coldman empezaron a utilizarla mediante el análisis de las inversiones efectuadas desde la perspectiva de las matemáticas, formulando un modelo donde representaba la inversión y la relación con el mercado. Los métodos que se utilizaban antes, aún siguen siendo utilizados para reflejar los recursos y fondos públicos. Posteriormente, el profesor Eugene L. Grant formula los Principios de Ingeniería Económica en 1930 en su texto Principles of Engineering Economy. Él examinó la importancia de los factores de juicio y de la evaluación de inversiones. Desde entonces los desarrollos modernos estuvieron empujando fronteras de la “Ingeniería Económica” hasta hacerlas abarcar nuevos métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles. Los métodos tradicionales siguen siendo refinados para reflejar la preocupación actual por la conservación de los recursos y la utilización eficaz de los fondos públicos. DeGarmo, contemporáneo de Woods, era uno de los pocos pares, que aceptaron los principios de la ingeniería económica de Eugene Grant (escrito en 1930). Ésta aceptación quizá tenía razón de ser, y en rigor la explicaba el éxito económico de la ingeniería de aquel entonces. Resultaba muy claro que DeGarmo era partidario de la aplicación de los principios de Grant, mientras ella dirigía los buenos criterios económicos; pero ya era muy extraño que después de unos años aceptáramos que  esto es ingeniería económica, ni siquiera es la aplicación de la teoría económica, hasta ahora llamada ciencia.
[3] En 1942, Woods y DeGarmo escribieron la primera edición del libro texto de Eugene Grant “Principles of Engineering Economy” (New York: The Ronald Press Company, 1930).
[4] La Sintaxis es la rama de la gramática que estudia las relaciones de las palabras al combinarse para formar unidades superiores en significado.
[5] Sintagma: Palabra o grupo de palabras que constituyen una unidad sintáctica y que cumplen una función determinada con respecto a otras palabras de la definición.
[6] El Determinante es un tipo de adjetivo que identifica al sustantivo y precisa su significado.
[7] Los Determinantes Posesivos son un tipo de determinantes que acompañan al sustantivo para indicar relaciones de pertenencia.
[8] Es decir, ´ingeniería económica´, está compuesta por dos palabras que forman un conjunto de palabras estructuradas, relacionadas en torno a un núcleo. El núcleo de un sintagma es el miembro del sintagma que determina las propiedades básicas del conjunto.
[9] Porque los economistas más destacados se encuentran desorientados, todos los intentos por resolver la crisis económica utilizando las herramientas tradicionales han fracasado porque los paradigmas existentes, ya no coinciden con la realidad global e integral. Cualquier teoría bien aplicada o complementada una con otra, será siempre la estrategia perfecta para sacar adelante un país.
[10] Pero la proactividad no significa estar a favor de la actividad únicamente, sino a tener cierta visión de futuro, o la capacidad de ello. No se trata de ser ningún tipo de mago, chamán o adivino, para nada. Tener visión de futuro no es más que la inteligencia (o acaso ¿el don?) de analizar concienzudamente cualquier situación y actuar coherentemente con lo que deducimos de nuestros análisis. Por lo tanto la persona observadora, analítica y metódica tiene muchas papeletas de ser proactiva. Un ejemplo lo encontramos en Steven Paul Jobs (El hombre que cambió el mundo - Hipertextual), el co-fundador de Apple. Cuando él conoce la caligrafía (gracias a una de las clases a las que asistió por curiosidad), un elemento, una característica que años después se traduciría en un pilar estético y en una marca distintiva de Apple. Lo importante de ése momento fue la creación y el lanzamiento de Apple I, la primera verdadera computadora hogareña. Jobs comenzó a mostrarse como líder desde aquel entonces: empujo el desarrollo de los equipos Mac y entendió hacia donde debía ir el futuro. Es decir, ya desde esta temprana etapa de la compañía, Steve Jobs se mostró como un gran líder y visionario, algo que, inesperadamente, tendría un impacto. Steve convenció a John Sculley para que abandone Pepsi-Cola y se una a Apple. Sobre esto, es inevitable recordar la siguiente frase que se le atribuye a Jobs: “¿Quieres vender agua azucarada por el resto de tu vida o quieres venir conmigo y cambiar el mundo?”.  Steve Jobs, también,  marcó un momento en la historia del cine: en 1995 se lanzó Toy Story, aclamada por el público y la crítica, y en los próximos 15 años se lanzaron otros famosos títulos como A Bug’s Life en 1998, Monsters, Inc. en 2001, Finding Nemo en 2003, WALL-E en 2008, y Up en 2009 (entre muchas otras más). Además, cabe destacar que muchas de éstas recibieron Premios de la Academia en la categoría de animación. Entonces, para resumir: Steve no sólo revolucionó el mundo de la informática y de los ordenadores sino que además marcó un antes y un después en el universo del cine y de la animación.
[11] No existe en la realidad nada que sea siempre igual, porque lo único real es el cambio. Heráclito es el que cambia totalmente de orientación del pensamiento al observar que todo en la realidad está en perpetuo cambio y que es imposible definir algo porque de inmediato esa cosa se modifica y ya deja de ser lo que era para ser otra. Nunca tenemos la misma experiencia ni vemos dos veces lo mismo porque las cosas cambian en un constante devenir.
[12] Innovar en proceso, es desarrollar y aplicar con éxito nuevos métodos de fabricación que puedan aumentar la calidad, estandarizar los componentes, minimizar el tiempo de montaje, reducir el coste, el consumo energético de producirlo, los residuos generados, la verificación de la calidad. Logística y / o que puedan reducir el volumen de almacenamiento, el tiempo en que lo entregamos al cliente. Organización que puedan cambiar la forma de dirigir o trabajar con las personas, procesos, la introducción de sistemas de la información, la forma de pago o financiación...
[13] Se considera que no existe innovación hasta que no se ha introducido el producto en el mercado y hasta que no se ha implantado de forma efectiva la nueva idea o manera de hacer.
[14] La economía ortodoxa y la economía heterodoxa: La economía ortodoxa o convencional (en inglés Mainstream economics) es la forma más ampliamente aceptada de enseñar economía en las universidades, en contraste a la economía heterodoxa. Ha sido asociada con la economía neoclásica (ver: David C. Colander, 2000). y con la síntesis neoclásica, la cual combina métodos y aproximaciones keynesianas a la macroeconomía. (ver: Olivier J. Blanchard, 2008, "neoclassical synthesis," The New Palgrave Dictionary of Economics, 2nd Edition.). Mientras que la economía heterodoxa puede ser definida en términos de instituciones-historia-estructura social, la economía ortodoxa se define en términos de racionalidad-individualismo-equilibrio. La heterodoxia considera a la economía como una ciencia social, donde el comportamiento de los actores se caracteriza por su imprevisibilidad y donde las interpretaciones son subjetivas, mientras que la ortodoxia tiende a identificar a la economía como una ciencia exacta, racionalizando el comportamiento de las personas y el curso de acción a emprender con resultados
[15] El planteamiento correcto de un problema es el paso más importante hacia su solución. Una definición incorrecta del problema puede ocasionar que el ingeniero pierda el tiempo y llegue a una solución inapropiada.  Sin embargo, un problema definido correctamente es un problema parcialmente resuelto. Las soluciones ingenieriles siempre están sometidas a constricciones físicas, económicas, sociales y políticas. Los problemas en ingeniería, generalmente no tienen solución única. Con frecuencia, el objetivo es seleccionar la mejor solución de entre diversas alternativas. Por lo tanto, es importante el uso de heurismos de ingeniería como método ingenieril [Koen, Billy Vughn, El método de ingeniería, U. del Valle – ACOFI, Bogotá, 2000.] Se define como una estrategia para producir el mejor cambio, con los recursos disponibles. “Un heurismo es cualquier noción que proporcione una ayuda o dirección plausible en la solución del problema, pero que en el análisis final es injustificada, sin posibilidad de justificación, y falible. Es una guía para descubrir y revelar.” Se indica que no es difícil hallar ejemplos de heurismos, que varían desde la decisión de oído, o a ojo, hasta las nociones más complejas sobre cómo debe resolverse un problema. Koen ha dado varios ejemplos de heurismos ingenieriles que son particularmente relevantes y se pueden usar inclusive para enseñar el método ingenieril: Haga pequeños cambios en el estado del arte. Fortalezca el eslabón más débil). En estos casos, es necesario sopesar las distintas consecuencias conflictivas de una acción de ingeniería, y después seleccionar aquella solución que mejor se ajuste a los deseos y necesidades de los jefes, de los clientes, o de la sociedad.
[16] El método heurístico e cual se define como la capacidad que tiene el hombre de crear o inventar algo, con la finalidad de proporcionar estrategias que ayuden a la resolución de un problema. Los seres humanos a través de su creatividad, pensamiento divergente y en algunos casos de experiencias propias, son capaces de encontrar la solución más viable para resolver algún conflicto.
[17] Ninguna comisión gubernamental tiene que decidir si debe producirse o no una mercancía: se producirá si pasa la prueba del mercado. Si lo que los consumidores están dispuestos a pagar por ella es superior a sus costes de producción; tampoco necesita comprobar si una determinada empresa está produciendo de manera eficiente ya que la competencia se encarga de expulsar a los productores ineficientes.
[18] ¿Los políticos persiguen el interés general? Una de las primeras premisas que este análisis cuestiona es el supuesto de que el objetivo de un político es el interés general, a diferencia de cualquiera de nosotros en el mercado donde perseguimos el interés personal (lo cual no descarta que incluya ocuparnos e interesarnos por otros). Una teoría tiene que servirnos para comprender mejor la realidad, y ese supuesto, que persiguen el interés general, no nos permite comprender situaciones reales.  ¿Podemos entender esto asumiendo la búsqueda del interés general? La economía asumió ese supuesto bajo el nombre de “dictador benevolente”. El siguiente análisis de las fallas de la política se basa en el espíritu de aquella famosa frase de Winston Churchill (1874-1965): “Muchas formas de gobierno han sido ensayadas, y lo serán en este mundo de vicios e infortunios. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. En verdad, se ha dicho que es la peor forma de gobierno excepto por todas las otras que han sido ensayadas de tiempo en tiempo”. Churchill nos dice que no hemos ensayado un sistema mejor,  por el momento, pero que éste no puede ser considerado perfecto. Por ello, cuando se ponen demasiadas expectativas en él, pueden frustrarse, ya que la democracia no garantiza ningún resultado en particular (mejor salud, educación o nivel de vida), aunque ciertas democracias lo hacen bastante mejor que las monarquías, o las dictaduras.
[19] Amartya Sen demuestra empíricamente que el hambre no se produce por una insuficiente producción de alimentos. Las hambrunas pueden ser los resultados de una insuficiente producción, pero esta es consecuencia de unos pobres o injustos mecanismos de distribución. Así Sen señala que los problemas de distribución son en mayor medida la causa del hambre, contradiciendo los principios de la teoría económica tradicional. “Capital Humano y Capacidad Humana”
 El primer concepto se encuentra en el carácter de agentes (agency) de los seres humanos, que por medio de sus habilidades, conocimientos y esfuerzos, aumentan las posibilidades de producción y el segundo se centra en su habilidad para llevar el tipo de vida que consideran valiosa e incrementar sus posibilidades reales de elección. Ambas perspectivas están relacionadas porque se ocupan del papel de los seres humanos y en particular de las habilidades efectivas que éstos logran y adquieren..
[20] La carrera presidencial de 2012 en Estados Unidos, fue, en parte, un enfrentamiento entre dos modelos diferentes de crecimiento económico. El presidente Barack Obama en su gobierno demócrata no defendió la teoría de que el gobierno debe actuar como "tutor" de la economía y utilizar los fondos públicos para estimularla. El nominado republicano, presumiblemente Mitt Romney, avanzó el argumento del libre mercado de que la fuente principal de nuevo crecimiento es la energía innovadora de los empresarios estadounidenses y que el gobierno necesita salir del camino. Sin embargo, él no sabía que una parte esencial del argumento del libre mercado es la "destrucción creativa", una teoría propuesta por el gran economista austríaco y profesor de la Universidad de Harvard Joseph Schumpeter. Lástima que no entendía la visión de Schumpeter --expresada más poderosamente en su libro clásico de 1942, Capitalismo, Socialismo y Democracia--, por lo que tuvo dificultades para comprender por qué los mercados libres funcionan tan bien para generar prosperidad. –la destrucción creativa es un concepto complicado, mal entendido por el público en general y no siempre fácil de defender. Schumpeter en la casa blanca. Así, Schumpeter superó a Keynes en las elecciones de 2012.
[21] Aunque los fallos del mercado impulsaron a los países occidentales a adoptar los grandes programas públicos de los años treinta a los sesenta, en los setenta y en los ochenta las deficiencias de estos programas indujeron a los economistas y a los politólogos a investigar los fallos del Estado. ¿En qué condiciones no funciona bien el Estado? ¿Fueron meros accidentes los fracasos de los programas públicos o un resultado predecible de las características inherentes de las actividades del Estado? ¿Pueden extraerse consecuencias para la elaboración de los programas futuros? Son cuatro las causas de la incapacidad sistemática del Estado para cumplir los objetivos formulados: su reducida información, su reducido conocimiento de las respuestas privadas a sus intervenciones, su reducido control de la burocracia y las limitaciones que imponen los procesos políticos. 1. Información limitada, 2. Control limitado de las empresas privadas. 3. Control limitado de la burocracia. 4. Limitaciones impuestas por los procesos políticos. Los detractores de la intervención del Estado en la economía, como Milton Friedman, creen que estas cuatro causas de los fallos del Estado son suficientemente importantes para que éste se abstenga de intentar resolver las deficiencias supuestas o demostrables de los mercados. 

lunes, 16 de octubre de 2017

¿Cuál sería –entonces– el problema que quedaría suelto y debería solucionar la “ciencia económica?

     Si la ingeniería económica opera directa y eficazmente para solucionar los problemas económicos, usando la “innovación”, desde el clásico método de la ingeniería 
¿Cuál sería, entonces, el problema que quedaría suelto y debería solucionar la “ciencia económica?

¿Cuál sería el problema pendiente?

Quedan muchas cosas pendientes y que hasta ahora siguen siendo muy oscuras y contradictorias en la Ciencia Económica tradicional. 

Para tal fin, se de debe avanzar con el consenso de los fundamentos, axiomas y principios de aceptación universal hasta convertir la economía en una ciencia (reconocida por todos). A la fecha cada economista tiene sus propias  definiciones de economía, postulados, principios y todos se preguntan ¿Cuál es la de la verdadera ciencia económica?
Es por eso que, la economía es criticada: no sólo por fracasar en sus pronósticos y por formular políticas económicas erróneas. 
Veamos un  ejemplo

Si el conocimiento económico es acumulativo, por qué hay discrepancias entre los autores y premios Nobeles. Y..., por qué los docente siguen tomando partido.  

Veamos el siguiente caso (de desfase en el tiempo) y que los docentes no debaten en sus aulas, para que los estudiantes no crean ciegamente lo que la literatura económica difunde.

Keynes y el Premio Nobel de 1970, Samuelson (opuestos totalmente, uno del otro) que confunde a los lectores:

     Keynes consideró que el problema económico de las sociedades ha sido la pobreza. Plantea que el mundo occidental tiene los recursos suficientes para resolverlo. Se empeñó en convencer a los políticos y economistas de que la economía había cambiado, de manera que los supuestos tradicionales ya no se daban y había que inventar una teoría económica, que fue en su caso la Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero, que no fue más que una adaptación a la realidad de su tiempo.

   El Premio Nobel de 1970, Samuelson, por su ladodefine la economía como la ciencia que nos permite comprender como distribuir los recursos escasos. La realidad actual es que gracias a la tecnología (de la innovación de Schumpeter) hay que aprender a distribuir los recursos abundantes, por eso hay pobreza y necesidad a la vez que contratos multimillonarios. Ya no puede hacerse el reparto por el empleo, sino por la renta básica.

    Quedaría  pendiente, entonces, el desarrollo de teorías, técnicas, herramientas y modelos para realizar «análisis económicos» precisamente para no caer en errores como las declaraciones de algunos Premios Nobeles de economía.  Ej.: El Premio Nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz, que declara en 2008 que la crisis económica origina un incremento del desempleo en 6,1%  y que irá aumentando. Analizando la economía se puede observar que el desempleo se equilibra con el progreso tecnológico y  es, sin embargo, el aumento del desempleo lo que da lugar a la crisis, pero no se puede crear más empleo, más bien, cada vez será menos  y hay que afrontar esta nueva situación. La realidad económica ha variado. Una de las soluciones que da este economista es renegociar las hipotecas, pero sería un  error dar ayudas parciales, ya que los que no hayan comprado y hayan alquilado una vivienda quedaría fuera y esto hundiría más el Sistema. La implantación de una Renta Básica se ajusta mejor a la crisis de modelo, permite ajustar el desempleo estructural y ayuda a las familias a afrontar alquileres e hipotecas de igual forma, en proporciones de necesidad y no de negocios. ¿Por qué los bancos centrales van en ayuda de los bancos comerciales y grandes empresas y no de las familias endeudadas y ciudadanos que lo necesitan?                    

Asimismo, se debe replantear la revisión de supuestos tradicionales, como la restricción del concepto de capital (a capital físico y a la consideración del trabajo como un factor homogéneo, como detallaremos líneas abajo); de lo que hoy se debe llamar recursos económicos.

   La economía requiere ir avanzando hacia la ciencia. 
No debe continuar operando basado en supuestos que solo contribuyen a creer que ésta disciplina nunca será una ciencia. 
Ya hemos perdido mucho tiempo con los modelos teóricos (para descubrir la realidad). Despertemos, no sigamos soñando como los alquimistas.  Es importante hacer investigación, pero abandonando la arrogancia, para responder a los epistemólogos que consideran (la economía)  una pseudociencia.

  La ingeniería no puede resolver los problemas conceptuales (fundamentales) de la (llamada) ciencia económica. Porque la ingeniería no es una ciencia, ni los ingenieros son (o presumen de ser) científicos, precisamente porque sólo conocen a la ciencia como su herramienta fundamental. Los economistas investigadores(autollamados científicos) deben resolver los problemas ontológicos, epistemológicos y axiológicos; para que la economía deje de ser criticada como una pseudociencia.       
También queda pendiente la connotación moral de la economía; es decir, pasar de la ética económica a la economía ética


«El juego debe continuar: este es el mandato de la Naturaleza. 
Pero es al hombre a quien le toca determinar las reglas fundamentales y delinear los equipos. 
La determinación de las reglas atañe principalmente al especialista en ética. 
La delincación de los equipos. . . bueno, para esta tarea se necesitan muchas disciplinas». Garrett Hardin [1959, pág. 318]. 

La connotación moral de la economía[1]; es decir: pasar de la ética económica a la economía ética;  problema pendiente desde que Adam Smith abordó la moral a partir de los sentimientos de aprobación mutua y la figura del “espectador imparcial: el proceso de mercado moral, precios morales, y precio de equilibrio dado por las normas[2] de justicia.

En los círculos económicos se considera casi indecoroso preguntar:

« ¿Cuál es la relación entre moral y economía? o ¿qué es la connotación moral de la economía?», y se acepta con demasiada frecuencia la opinión de los teóricos, sea ella cual fuere, acerca de este punto. La pregunta: « ¿Qué significa pasar de la ética económica a la economía ética?» encuentra, por ende, esta respuesta: «eso es propio de la axiología, no de la economía».

Es posible que esta respuesta parezca excesivamente simple. Si ello ocurre, es porque lo es. Veamos: Entre 1999 y 2002 saltaron a la prensa internacional los escándalos en U.S.A. provocados tras la quiebra de grandes internacionales que ocultaron cifras y manipularon sus balances, así como la gran crisis financiera y bancaria en América Latina asentada en mucho sobre la práctica de otorgar créditos vinculados, estos es créditos ventajosos a empresas pertenecientes a los mismos dueños y administradores de bancos –incluso a empresas fantasmas creadas para tal efecto-. Estos acontecimientos avalarían la opinión de la imposibilidad de una conciliación  entre ética y economía.
Por un lado, hay un reflorecimiento de la ética (que nos remonta a Adam Smith). A nivel de las investigaciones genéticas se plantean a la bioética problemas sobre el valor moral de la vida y la correspondiente actitud que frente a ella debemos tener.
Por otro lado, en el orden público se exige de los gobernantes mayor moralidad en sus acciones, y los políticos ofrecen ética y moral a través de una lucha contra la corrupción como parte de sus campañas electorales y planes de gobierno. Las empresas atraviesan también un periodo de exigencias y propuestas éticas, se habla de “ética

De hecho, la afirmación de que la Ciencia Económica tiene su punto de arranque en la obra de Smith y la caracterización de éste como una ruptura con la filosofía moral es uno de los tópicos más generalizados en la historiografía oficial del pensamiento económico.
No obstante, los característicos binomios positivo-normativo, eficiencia-equidad, que surgen en el proceso de divorcio entre la Economía y la Ética, carecen de sentido en la obra de Smith (Young, 1997, pp. 5-11). El funcionamiento de la economía sólo es posible dentro de un marco motivacional, cultural e institucional más amplio, es decir, la economía es un subsistema del sistema cultural. De ahí que, frente al intento de separar la filosofía moral o la ética de la Economía, se impone la necesidad de un estudio científico que contemple el análisis económico de la moral y el análisis moral de la economía. El punto de referencia para desarrollar el mencionado estudio lo puede constituir el denominado «problema de Smith», esto es, la aparente contradicción entre sus dos obras centrales: La Riqueza de las Naciones 2 y La Teoría de los Sentimientos Morales 3, contradicción que ha alimentado un debate recurrente tanto en el ámbito de la Economía como en la historia del pensamiento económico (Sen, 1986, p. 32).

Pero, en la economía, se sigue creyendo que los precios morales[3] se determinan de modo marginal y pueden alterarse a causa de las interferencias por parte del gobierno (aumentando el grado de conflicto en las relaciones sociales). Adam Smith, se centró en la retórica de la ética; pero, para Smith la ética se relaciona más con la formación del carácter[4] que con el establecimiento de reglas y preceptos. Se concluye, sobre esa base, que Smith debe ser considerado junto a Hutcheson y Hume como uno de los fundadores en el siglo XVIII de la ética de la virtud contemporánea, y que, al igual que los cultores de esta última, le debe mucho a Aristóteles y, de hecho, bien puede servir de interlocutor en los actuales debates neo-aristotélicos. Aunque la insatisfacción por los fundamentos económicos y el marco conceptual de la economía no es nueva, poco se ha hecho para explicar el problema, y menos aún para remediarlo.

Hasta ahora parece imposible: –“Ética y economía dos realidades distantes una de otra y hasta contradictorias.

Para que esto sí sea una realidad (aunque esto también parezca un sueño) se requiere que los teóricos de la economía dejen de soñar como alquimistas (con sus modelos, para demostrar que la economía es ciencia); o, por lo menos se preocupen –de convertir el sueño de Adam Smith (padre de la economía[5]) en realidad de la vida económica, de modo qué –este no siga siendo un mito más de la economía, como la racionalidad de los agentes económicos (homo economicus).  
La Economía neoclásica tiende a prescindir del hecho de que las interacciones económicas precisan de algún modo de comprensión entre individuos o de una prosocialidad elemental[6]. En particular, el denominado paradigma de homo economicus no ha prestado demasiada atención a la capacidad empática del hombre y a la existencia de vínculos de simpatía, aunque constantemente reconoce que los participantes en el mercado pertenecen a grupos que comparten ideas, sentimientos, valoraciones, etc. La denominada revolución marginalista y la consiguiente generalización del paradigma fisicalista en Economía, supuso a la postre una tendencia a forzar su escisión de las restantes ciencias sociales. Tanto es así que cualquier interpretación en clave mainstream consideraría fuera de lugar una proposición que afirmase que la Economía es una ciencia moral.
En el origen de la controversia está la creencia de que la RN[7] ofrece una perspectiva incompleta en la que el ser humano parece guiarse exclusivamente por el interés propio, mientras que en la TSM proporciona una visión notablemente más compleja de la estructura motivacional del comportamiento humano, en la que valores como la justicia, la generosidad o el espíritu cívico desempeñan un papel esencial. En realidad, la obra smithiana en su conjunto proporciona una visión equilibrada de la relación entre Ética y Economía, que a la postre resulta de interés para una reconsideración de la articulación entre ambas dimensiones del actuar humano. La TSM y la RN se plantean como un intento de dar una respuesta sistemática a dos de los grandes problemas intelectuales de la ilustración inglesa. Por un lado, el debate altruismo-egoísmo existente entre los filósofos y teólogos del momento y, por otro, la preocupación de empresarios y administradores públicos por el incipiente crecimiento económico a escala nacional (Danner, 1976, p. 307). Ambas obras estarían escritas desde dos puntos de vista considerados por Smith complementarios. La TSM[8] se centra en los aspectos psicológicos de la vida social y, por tanto, en sentimientos, pensamientos y tendencias naturales de socialidad. La RN, por su parte, aborda los aspectos económicos de la vida social, donde lógicamente las dimensiones psicológica o moral están aparentemente ausentes (Brown, 1994, p. 26). En esta línea, resulta pertinente un replanteamiento del «problema de Smith» que nos acerque al auténtico significado de la obra de este autor y que sirva de base para abordar la tensión existente entre el orden moral siempre tendente hacia la benevolencia y la «aparente» amoralidad de los mercados.
El problema de A. Smith: Como punto de partida para abordar el problema de Smith cabe mencionar que este autor, como antes lo había hecho Hume, recupera una tradición de estudio que busca un primer principio de la moral de la que participan pensadores de muy diverso signo, desde Spinoza a Mandeville. Cronológicamente, la primera de las obras de Smith (TSM)[9], presta su máxima atención a la formación de los juicios morales de nuestras acciones y de las acciones de otros, siendo las nociones de prudencia y simpatía el núcleo de la argumentación. Por su parte, en la RN se preocupa por el estudio de los factores conducentes al desarrollo económico y apunta al interés particular como motor del mismo. Así, en el comienzo de la (TSM) puede leerse
«Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de estos resulte necesaria, aunque no derive de ella más que el placer de contemplarla» (TSM, I,1).
En tanto que en el fragmento más citado de la RN se afirma:
«No de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de quien esperamos nuestra cena (...) sino de su interés particular...» (RN, I, 2). De una lectura descontextualizada de los fragmentos más citados de ambas obras parece desprenderse la existencia de una contradicción básica entre su obra inicial de carácter ético y su posterior obra económica. Ahora bien, lo sorprendente es que esa contradicción no fue objeto de debate en la época en la que Smith desarrolla su labor educativa, sino que aparece un siglo más tarde. La primera alusión histórica al «problema» surge entre pensadores alemanes de orientación socialista fuertemente críticos con el librecambismo dominante. Estos autores, entre los que destaca Skarzynski, afirman que en la obra de Smith existe una doble interpretación de la naturaleza humana que resulta contradictoria (Peters-Fransen, 2001). La benevolencia o el altruismo[10]  defendidas en la TSM serían incompatibles con la defensa del egoísmo como fundamento del sistema económico que se hace en la RN. Oncken[11], Brentano y Knies, atribuyeron esta contradicción al giro (umschwungstheorie) que habría supuesto para Smith el contacto con el pensamiento liberal francés de los filósofos materialistas (Helvetius, Holbach...) y las ideas de los fisiócratas que tendrían su refrendo en la RN, frente a la influencia que Hume y Hutcheson habían tenido en su obra moral (Nieli, 1986; Teichgraeber, 1986).

Sin embargo, tenemos que reconocer que bajo las condiciones reales del mercado y del mundo en que nos movemos parece imposible ser ético si se quiere sobrevivir en medio de la competencia generalizada en todo ámbito de la vida social y mucho menos si se quiere ser exitoso en el mercado; sin embargo, para la ingeniaría económica si es posible gracias a la economía de la información, donde “el saber” es el recurso económico fundamental: –ahora estamos viviendo, por lo menos en la industria de las TICs, cada vez que se logra innovar insumos obtenemos más ventajas para el consumidor y a menores precios de modo que se puede ver que las tendencias –con la destrucción creativa– muchas cosas pueden ser posible. En la relación entre la economía y la moral: Aun cuando la economía y la disciplina moral[12], cada cual en su ámbito, tienen principios propios, a pesar de ello es erróneo que el orden económico y el moral estén tan distanciados y ajenos entre sí, que bajo ningún aspecto dependa aquél de éste. Las leyes llamadas económicas, fundadas sobre la naturaleza de las cosas y en la índole del cuerpo y del alma humanos, establecen, desde luego, con toda certeza qué fines no y cuáles sí, y con qué medios, puede alcanzar la actividad humana dentro del orden económico; pero la razón también, apoyándose igualmente en la naturaleza de las cosas y del hombre, individual y socialmente considerado, demuestra claramente que a ese orden económico en su totalidad sigue siendo un mito.

En los círculos económicos se considera casi indecoroso preguntar
« ¿Cuál es la relación entre moral y economía? o ¿qué es la connotación moral de la economía?», y se acepta con demasiada frecuencia la opinión de los teóricos, sea ella cual fuere, acerca de este punto. La pregunta: « ¿Qué significa pasar de la ética económica a la economía ética?» encuentra, por ende, esta respuesta: «eso es propio de la axiología, no de la economía».

Es posible que esta respuesta parezca excesivamente simple. Si ello ocurre, es porque lo es. Veamos: Entre 1999 y 2002 saltaron a la prensa internacional los escándalos en U.S.A. provocados tras la quiebra de grandes internacionales que ocultaron cifras y manipularon sus balances, así como la gran crisis financiera y bancaria en América Latina asentada en mucho sobre la práctica de otorgar créditos vinculados, estos es créditos ventajosos a empresas pertenecientes a los mismos dueños y administradores de bancos –incluso a empresas fantasmas creadas para tal efecto-. Estos acontecimientos avalarían la opinión de la imposibilidad de una conciliación  entre ética y economía.
Por un lado, hay un reflorecimiento de la ética (que nos remonta a Adam Smith). A nivel de las investigaciones genéticas se plantean a la bioética problemas sobre el valor moral de la vida y la correspondiente actitud que frente a ella debemos tener.

Por otro lado, en el orden público se exige de los gobernantes mayor moralidad en sus acciones, y los políticos ofrecen ética y moral a través de una lucha contra la corrupción como parte de sus campañas electorales y planes de gobierno. Las empresas atraviesan también un periodo de exigencias y propuestas éticas, se habla de “ética

    Cuando se da un debate entre dos posiciones opuestas se suele llegar, a veces con excesiva prisa, a tomar partido por una de las posturas, o bien, a tratar de conciliarlas a partir de un supuesto acuerdo implícito entre ambas. Nos oponemos  a esa disyuntiva, no porque consideremos incorrecto tomar partido o llegar a un acuerdo, sino porque nos parece más fructífero para el pensamiento mantener el debate abierto y pensar esa apertura. En el caso específico del debate entre economía e ingeniería económica, tema de este trabajo, ¿qué es lo que cada uno está negando en el otro y por qué? y aun, ¿por qué hay posiciones opuestas en economía? Puede ser que al tratar de responder a estas preguntas ahondemos en cuestiones tales como personalidad y motivación de quien filosofa, y en la naturaleza de la filosofía misma, además de los temas específicos tratados en el debate



[1] La economía moral es una noción utilizada por las ciencias sociales acuñada originalmente por el historiador E.P. Thompson (como economía moral de la multitud, 1979) para explicar el comportamiento popular en los motines de subsistencias del siglo XVIII. Su uso se ha generalizado para describir o explicar los comportamientos económicos que se definen a partir de valores morales o normas culturales, en general distintos a los que presupone la ciencia económica (v. homo economicus).
[2] Smith encuentra en la regularidad de ciertas maneras de sentir, de comportarse y de juzgar de los agentes de un orden, y en la habitualización de ciertas y determinadas relaciones morales, la causa que explicaría el surgimiento espontáneo de tales normas. Estas normas promueven la armonía y la concordia señalando la propiedad moral de una conducta. Según nuestra hipótesis, las normas morales serían la resultante del proceso de intercambios que determina los precios morales a los que tendería todo mercado moral, cualquiera fuera su objeto y su extensión. Es nuestra impresión que, mientras en la economía la eficiencia del libre mercado tiende a remover gradualmente los estadios de pobreza, en un sentido análogo, el mercado moral tiende a remover gradualmente el conflicto, alcanzándose una mayor armonía social a través de relaciones morales libres, de mayor concordia y justicia, en ausencia de suficientes relaciones fundadas en sentimientos de amor y de benevolencia. Desde esta perspectiva, finalmente llegaremos a la conclusión de que un parlamentario o juez, legislando o fallando respectivamente, en contra del proceso libre y espontáneo de formación de normas morales, estaría interfiriendo con los precios morales del sistema. Podríamos calificar estas interferencias gubernamentales como “controles de precios morales”, los cuales impactarían sobre la armonía del orden, aumentando el grado de conflicto en las relaciones sociales.
[3] Está claro que Smith no habló de mercados o de precios morales, ni tampoco de demandas u ofertas morales, y mucho menos, de determinaciones marginales. Por consiguiente, estos términos transmiten nuestra propia lectura de las ideas de Smith. Nos pronunciamos en un todo de acuerdo con él cuando afirma que las relaciones morales (para nosotros intercambios morales) se explican ab initio por el principio de simpatía antes que por el principio de utilidad que rige en las relaciones económicas. Es decir, los intercambios morales no serían inicialmente el resultado de la especulación o del cálculo, sino que se gestarían a fuerza de comportamientos emocionales, que se irían deslizando gradualmente hacia una instancia cognitiva, más reflexiva y deliberada. En ésta, los agentes podrían captar ex post su conveniencia, reforzándose a posteriori y por razones de utilidad, el origen simpático que caracteriza las relaciones morales. Como resultado del proceso de intercambios interpersonales, surgen los precios morales a la manera de estándares sociales que indican lo que es correcto o apropiado, en una primera instancia a nivel de los sentimientos de los agentes y en una segunda instancia, más racional, por la simpatía que media entre sus juicios de aprobación. Así entendida, la idea de intercambio moral late en TSM cuando Smith describe una relación simpática en donde el actor modera sus conductas para alcanzar la aprobación de un espectador. Esta relación moral se materializa si los agentes logran hacer concordantes sus sentimientos entre sí. Por un lado, se materializa cuando el espectador, gracias a un esfuerzo de su imaginación, logra simpatizar con el actor, aunque con un sentimiento de menor intensidad por lo que le sucede. Por el otro lado, se materializa cuando el actor logra autocontrolar sus maneras de sentir y de comportarse obteniendo la simpatía del espectador. En TSM, Smith describe minuciosamente y con ejemplos, el proceso de socialización (para nosotros, mercado moral) mostrando cómo un actor alcanza con un espectador una concordia de sentimientos de primer orden, y luego, cómo ambos y por el mismo principio de simpatía intentarían gozar de la aprobación moral de un espectador de segundo orden, y así sucesivamente, hasta alcanzar la aprobación del espectador imparcial. Smith se vale metafóricamente de la figura de un espectador, al cual va ubicando progresivamente a mayores distancias del suceso, señalando con este recurso y con esa mayor distancia, el mayor nivel de objetividad y de imparcialidad de sus juicios, léase, de las normas morales (Smith, 1790: 68/72).
[5] Adam Smith fue un filósofo moral antes que el padre de la ciencia económica. Su obra La teoría de los sentimientos morales (en adelante TSM) data de 1759, mientras que La riqueza de las naciones (en adelante RN), es de 1776. Diferentes académicos han opinado que las mismas constituyen parte de una única y coherente construcción intelectual. En particular, James Otteson propuso una interesante analogía en referencia a la forma de estructuración de ellas, planteando que para Smith las reglas morales y económicas son análogas, en el sentido de que se desarrollan a partir de un intercambio de información entre personas que cooperan mutuamente interactuando en un mercado, concepto que subyace a las interacciones humanas descriptas tanto en TSM como en RN (Otteson, 2002:6-7). Otteson encuentra en TSM el proceso de configuración de un mercado moral donde se intercambian sentimientos, comportamientos y juicios de aprobación. Inspirándonos en ciertos pasajes de TSM y profundizando en la tesis propuesta por Otteson, trataremos de demostrar que el fenómeno moral constituye un proceso de mercado. Para ello, formularemos una teoría propia a la que denominaremos teoría moral de mercado, en franca distinción con lo que pudiera suponerse como un análisis económico de la moral.2 Intentaremos demostrar la existencia de un mercado moral mediante la identificación de sus elementos principales. En primer lugar, alumbrando la existencia de un problema moral representado por la escasez afectiva del hombre, amortiguada en parte por la conformación de ese mercado moral. Para ello, deberemos demostrar la existencia de intercambios morales, de oferentes y de demandantes morales que trocan sus sentimientos, sus comportamientos y sus juicios de aprobación, convergiendo en precios morales. Conforme a los postulados de nuestra hipótesis, sostendremos también que los precios morales se determinan y varían de manera marginal. Los mismos tenderían hacia un supuesto precio moral de equilibrio, revelado por las normas morales de justicia más universales, cual sistema de señales que guían las acciones de los agentes en el mercado moral. Está claro que Smith no habló de mercados o de precios morales, ni tampoco de demandas u ofertas morales, y mucho menos, de determinaciones marginales. Por consiguiente, estos términos transmiten nuestra propia lectura de las ideas de Smith. Nos pronunciaremos en un todo de acuerdo con él cuando afirma que las relaciones morales (para nosotros intercambios morales) se explican ab initio por el principio de simpatía antes que por el principio de utilidad que rige en las relaciones económicas.3 Es decir, los intercambios morales no serían inicialmente el resultado de la especulación o del cálculo, sino que se gestarían a fuerza de comportamientos emocionales, que se irían deslizando gradualmente hacia una instancia cognitiva, más reflexiva y deliberada. En ésta, los agentes podrían captar ex post su conveniencia, reforzándose a posteriori y por razones de utilidad, el origen simpático que caracteriza las relaciones morales. Como resultado del proceso de intercambios interpersonales, surgen los precios morales a la manera de estándares sociales que indican lo que es correcto o apropiado, en una primera instancia a nivel de los sentimientos de los agentes y en una segunda instancia, más racional, por la simpatía que media entre sus juicios de aprobación. Así entendida, la idea de intercambio moral late en TSM cuando Smith describe una relación simpática en donde el actor modera sus conductas para alcanzar la aprobación de un espectador. Esta relación moral se materializa si los agentes logran hacer concordantes sus sentimientos entre sí. Por un lado, se materializa cuando el espectador, gracias a un esfuerzo de su imaginación, logra simpatizar con el actor, aunque con un sentimiento de menor intensidad por lo que le sucede. Por el otro lado, se materializa cuando el actor logra autocontrolar sus maneras de sentir y de comportarse obteniendo la simpatía del espectador. En TSM, Smith describe minuciosamente y con ejemplos, el proceso de socialización (para nosotros, mercado moral) mostrando cómo un actor alcanza con un espectador una concordia de sentimientos de primer orden, y luego, cómo ambos y por el mismo principio de simpatía intentarían gozar de la aprobación moral de un espectador de segundo orden, y así sucesivamente, hasta alcanzar la aprobación del espectador imparcial. Smith se vale metafóricamente de la figura de un espectador, al cual va ubicando progresivamente a mayores distancias del suceso, señalando con este recurso y con esa mayor distancia, el mayor nivel de objetividad y de imparcialidad de sus juicios, léase, de las normas morales (Smith, 1790: 68/72).
[6] 1 Existe una línea de investigación que trata de introducir en el análisis económico esta dimensión relacional a través del estudio de las funciones de utilidad interdependientes y la Teoría de Juegos. Al respecto puede verse Pena y Sánchez (2006, pp. 55-73).
[7] Smith, A. (1776) Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, 7.ª ed. En adelante nos referiremos a esta obra con la abreviatura RN.
[8] Smith (1759) La teoría de los sentimientos morales, Madrid, Alianza, 1997, en adelante se aludirá a la misma con las siglas TSM
[9] Esta obra estableció su reputación como filósofo en toda Europa y su impacto de su obra moral en el pensamiento de la época no debe ser subestimado. De hecho tuvo cinco ediciones en vida y fue inmediatamente traducida al francés (tres veces en el XVIII) y al alemán (dos veces en el mismo siglo) y fue leída y discutida por todos los grandes filósofos del XVIII y XIX, desde Hume hasta Kant. Sobre este tema puede verse el estudio de Reeder (1998, pp. 9-39).
[10] El término altruismo está ausente de toda la obra de Smith. No podía ser de otro modo, ya que se trata de una invención de A. Comte, un siglo más tarde. La expresión al uso en el mundo intelectual smithiano era heredera de la tradición escolástica y no exactamente equivalente: «Amor de benevolencia».
[11] Entre las obras de este grupo de autores merece la pena destacar la postura de Oncken (1897). Este autor fue el que acuñó la expresión «Das A. Smith problem».
[12] Para algunas interpretaciones, una economía moral está basada en la equidad y la justicia y se circunscribe a pequeñas comunidades donde los principios de la cooperación mutua priman sobre la búsqueda individual de ventajas. En esas economías, los individuos no se relacionan entre ellos como actores económicos anónimos que compran y venden, sino que ponen en juego su estatus, su reputación, sus necesidades, y las ideas de justicia y reciprocidad. En las sociedades complejas esas normas de equidad pueden convertirse en costumbres o leyes, como en las normas de abastecimiento de los mercados en la Europa del Antiguo Régimen. Los grandes motines de subsistencias del siglo XVIII y el siglo XIX, en muchas ocasiones se oponían a los efectos de los proyectos del gobierno de liberalizar el comercio de granos y acabar con la política de abastecimientos y precios fijos. Frente a ese mercado libre, donde el grano fluía allí donde se pudiese conseguir vender más caro, los amotinados exigían que el gobierno se comprometiese a mantener los mercados abastecidos y a un precio asequible, es decir, que respetase la economía moral y no desvinculase la responsabilidad política del funcionamiento de la esfera económica. La economía moral se sustentaba en una cierta ética de la subsistencia, en la búsqueda del bienestar colectivo y no en el lucro personal. Aunque no exentas de desigualdades y pobreza, el objetivo prioritario que articulaba tales sociedades tradicionales (de las que perduran algunos ejemplos) no era la acumulación material, sino la reproducción y el mantenimiento del sistema social, debiendo garantizar para ello las necesidades de todos los miembros de la comunidad. Se trataba de un modelo sustentado en unas estrechas relaciones de parentesco, en el que el estatus social no era otorgado por la riqueza, sino por la posición ocupada en el complejo de relaciones sociales, y en el que la legitimidad de los líderes políticos se derivaba de su capacidad para garantizar las necesidades básicas de la comunidad.

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