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domingo, 16 de abril de 2017

¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó lo que hoy llamamos ingeniería económica?

¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó la nueva ingeniería económica?
La respuesta a la pregunta del título es aparentemente fácil: bastaría con señalar el nombre del (o los) economista(s); sin embargo, esto, así de sencillo llevaría, sin duda alguna, únicamente a confundir a legos y no-legos (en economía)[1]. En todo caso, se prestaría a especulación de los que no conocen a fondo los teoremas de los economistas que vamos a mencionar y, aunque esto ayudaría al debate entre investigadores y estudiosos, preferimos llevar de la mano a nuestros lectores de modo que signifique responsabilidad académica más que impacto para quienes tienen curiosidad y deseo de  saberlo. Por lo que, consideramos necesario establecer una salvedad y una introducción taxonómica previa, antes de entrar a responder la pregunta del título de lo que hoy entendemos por "Ingeniería Económica".
Una salvedad previa:
En los actuales medios académicos se conoce y se diferencia claramente la nueva “Ingeniería Económica” (que se enseña en las Facultades del mismo nombre) de la vieja reliquia de otra época[2], reliquia que estaba personificada por DeGarmo[3] desde 1942. Sin embargo, muchos docentes irresponsables[4] siguen usando el texto-manual de DeGarmo para enseñar el aspecto económico (métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles) en las diferentes Facultades de Ingeniería como si fuera una disciplina vigente.
Una introducción taxonómica previa:
La mayoría no sabe que existen dos vertientes (grupos) de economistas-teóricos cuyos enfoques parecen antagónicos; sin embargo, aunque a simple vista parezcan así ser opuestas (por la diferencia en sus principio operativos), sus postulados y teoremas conviven desde mediados  del siglo pasado como las dos caras de la misma moneda: (1° grupo) La economía ortodoxa (y heterodoxa)[5], asociada con la economía neoclásica[6],  que contemplan la economía desde fuera y, además, keynesiana (que custodia)[7] y plantea los lineamientos políticos (dejando la participación activa a los gobernantes, para corregir las fallas y los errores del orden natural del mercado moral); y (el 2° grupo), la teoría económica activa que promueve la ruptura del estatu quo económico, participando proactivamente[8] en el «cambio», que considera que el problema central de la economía no es el equilibrio sino el cambio estructural para el desarrollo económico y social (Llamada economía de la innovación y del cambio tecnológico[9]).
Sin embargo, estas dos vertientes (grupos de teorías) no son sustitutivas sino complementarias –a favor del crecimiento y el progreso económico y social.

Los economistas defensores del segundo grupo se involucran y comprometen: al procurar el cambio del statu quo económico; mientras que, los economistas defensores del primer grupo, solo se involucran; sin embargo, deben ser versalistas (como Keynes)[10], por ello, la mayoría son keynesianos[11]
Después de esta introducción, creemos que nuestros lectores ya pueden estar adivinando a cuál de los dos grupos pertenece el «ingeniero economista».

Para alguien ajeno a los estudios económicos, ésta aclaración puede resultar sorpresiva, sin embargo debemos argumentar que la economía como ciencia ha perdido desde hace más de 100 años la unidad que caracteriza a muchas otras ciencias. Tal como lo señalara Murray Newton Rothbard (2004, p.23) en el prefacio de la edición española de su Tratado de Economía “Man, Economy and State”:

“desde que Wicsksteed (1910), Taussig (1911) y Fetter (1915) nos dieron sus brillantes obras, este tipo de tratado ha desaparecido del pensamiento económico y la economía se ha vuelto totalmente fragmentada, desvinculada hasta tal punto que ya casi no existe economía; en cambio tenemos miles de fragmentos de análisis sin coordinación. Primero se dividió la economía en campos ‘específicos’ –‘economía urbana’, ‘economía agrícola´,  ‘economía laboral’, ‘economía de finanzas públicas’, etcétera, inconexos entre sí. Aún más grave fue la desintegración  de lo comprendido en la categoría de ‘teoría económica´. La teoría de la utilidad, la teoría del monopolio, la teoría del comercio internacional, etcétera, hasta la programación lineal y la teoría de los juegos, cada uno se mueve dentro de su comportamiento rigurosamente aislado, con su propia y muy refinada literatura”.

A pesar de esto, creemos que no es posible aún explicarse fácilmente el origen de ésta nueva ingeniería. Con este propósito, lo que sigue a continuación ayudará a entender mejor, al mismo tiempo que nos aproximaría al economista (o economistas) que contribuyeron a la conceptualización de éste nuevo profesional.

Primeramente, diremos que lo  que establece la diferencia entre economistas e ingenieros (economistas) es el principio operativo (de funcionamiento profesional); por lo que, dilucidar sobre el método que usan los economistas (neoclásicos), comparado con el método de los economistas (ingenieros), explicará  claramente el concepto de ingeniería para descubrir qué economista lo planteó; cuál es la base fundamental de esta nueva ingeniería, y qué economista lo teorizó.
Veamos:

Para empezar,  diremos que ambos (economistas e ingenieros) aplican el cambio de A a B como estrategia metodológica (para buscar la eficiencia económica ). Así, al comparar los métodos, del paso de A a B  que, también se aplica en la «ingeniería económica», tanto como en la economía neoclásica[12] (dentro de la «teoría del bienestar»[13]), estaríamos diferenciando cómo solucionan el problema económico los economistas (neoclásicos) y como lo hacen los economistas (ingenieros).
  
En la economía neoclásica, se compara dos asignaciones que las llaman A y B, para determinar si una de esas asignaciones es mejor que la otra[14]. Parte de que A es una asignación existente y que B es una alternativa, y lo que se busca es «cambiar» de A a B que sea la mejor deseable. En general, pasar de una asignación a otra implicará que algunos individuos se sientan en mejor posición (ganen) y otros se sientan en peor posición (pierdan). Pero, con el criterio de compensación, un cambio de A a B es una mejora si los que ganan pueden compensar a los que pierden y aun así sentirse en mejor posición. De ahí la necesidad del criterio de compensación (potencial más que real, de los economistas neoclásicos) que está estrechamente relacionada con el concepto de eficiencia asignada.

La ingeniería, por su lado, cambia el estado las condiciones de un bien inicial “A” a otro estado “B” mejorado (gracias al proceso de transformación, propio de la ingeniería). Por ejemplo, cambia pulpa de madera a papel.

Pero, este cambio de A a B, que hace el ingeniero, es igual a su método (para resolver los problemas[15]) e, idéntico al teorema de Jean Baptiste  SAY cuando explica la actitud del empresario innovador «entrepreneur»[16]. Veamos:

SAY, en 1802, dijo:
“el entrepreneur[17] «cambia» recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia”

Así es como, Jean Baptiste Say[18],  determinó (estableciendo) también el método ingenieril: del nuevo ingeniero (economista)[19] tal como de todos los ingenieros.
Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el nuevo ingeniero (economista), no significa innovación.[20]

Complementado el teorema de Say (en economía), Joseph Schumpeter teorizo este concepto en su «teoría de las innovaciones», en la que la define como el establecimiento de una nueva función de producción. La economía y la sociedad cambian cuando los factores de producción se combinan de una manera novedosa. Sugiere que invenciones e innovaciones son la clave del crecimiento económico, y quienes implementan ese cambio de manera práctica son los emprendedores.
Según Joseph Schumpeter [en: Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung (Teoría del desarrollo económico), 1911] la innovación es la imposición de una novedad técnica u organizacional en el proceso de producción y no simplemente el correspondiente invento. Un innovador es para Schumpeter el «empresario creador», en contraposición con el empresario de arbitraje, quien simplemente aprovecha para obtener ganancias las diferencias de precios existentes.[21]
Sin embargo, para Keynes, la innovación es solo un evento aislado, tal como lo sería un terremoto o el Fenómeno del Niño. Sin embargo la innovación no es solo un término tecnológico o científico: es un término económico. Para poder sacar provecho a la innovación, primero hay que entenderla. Lo nuevo no siempre es bien aceptada, no es fácil cambiar las costumbres –como sucedió hace unos 45 años, en el Perú con el envase de cartón para la leche –se tuvo que esperar treinta años para romper con el estatu quo basado en costumbres ancestrales (ahora, con el neuro-marketing, se hace estudios previos antes de su lanzamiento) . Ésta es la tarea del ingeniero economista que implica la creación de nuevas necesidades; y no dedicarse solo a estudiar la satisfacción de  las (necesidades) existentes.
Para el austríaco Joseph Schumpeter, la innovación (y el emprendimiento) son los motores esenciales de una economía efectiva. A esto se denomina “Desequilibrio Dinámico”. Es decir, en vez de penetrar mercados insistentemente con los mismos bienes; desafiar lo establecido y favorecer el desarrollo de soluciones más efectivas para las personas. Lo viejo por lo nuevo.
La innovación, efectivamente, no es un evento aislado. Es consecuencia de una importante fórmula planteada en 1988 por el economista americano Edward B. Roberts:
Innovación = Invención + Explotación
La siguiente presentación hace un sucinto repaso por los mercados que en la actualidad dan soporte y contribuyen a que la innovación sea una realidad para más personas y más organizaciones.

Es así como aparece este economista Schumpeter teorizando[22], lo que hacía falta para completar la definición de «ingeniería económica». Ésta es, precisamente, la contribución (a la ingeniería económica) de Joseph Schumpeter[23], quien en 1934, decía: Los emprendedores son innovadores que buscan destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios[24]. Schumpeter fue, de hecho, el primer economista importante en reemprender la línea de Say. En su clásico Die Theorie der Wirtschanftslichen Enrwicklung (La teoría del desarrollo económico), publicada en 1911. Recordemos que,   Schumpeter rompió con la Economía clásica, de una manera más radical de como John Maynard Keynes lo haría veinte años después. Schumpeter postuló que el equilibrio dinámico causado por el empresario innovador, más que el equilibrio y la optimización es la «norma» de una economía sana y la realidad central de la cual debe partir la teoría y las prácticas económicas.[25]
Cuando se analiza la obra de Keynes en raras ocasiones se hace mención a su visión sobre el papel del empresario. Se considera que el sector público puede desempeñar su tarea, o que mediante la política fiscal se puede estimular al empresario a invertir. Sin embargo, Keynes le concede una gran relevancia a la hora de reducir el desempleo, señalando la importancia que tiene la eficacia marginal del capital. Cuando se cita a Keynes, lo primero que se suele pensar es que se va a defender una política intervencionista caracterizada por un aumento del gasto público que supondrá un incremento importante del déficit público, cuyo objetivo fundamental es el de generar más empleo, aunque ello suponga una mayor inflación. Se supone que el decisor político a través de las medidas que implanta, es capaz de «manipular» o alterar el comportamiento de los agentes económicos en sus decisiones de gasto, para estimular la demanda agregada, que es considerada como un factor esencial a la hora de reducir el desempleo. Además, se pretende conseguir este objetivo en el menor tiempo posible, ya que «en el largo plazo todos estamos muertos» (Keynes, 1923, página 65).

En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes, la revista Forbes declaró que no era Keynes quien conocía el camino, sino otro economista que compartía el mismo año de nacimiento que Keynes –Joseph Schumpeter. En lugar de la intervención gubernamental que los keynesianos exigen para apuntalar la economía y fracasar negocios de todo tipo, Schumpeter creía que el capitalismo está dirigido por empresarios cuyas innovaciones reemplazan viejos modelos de negocios desgastados en un proceso que él llamó "destrucción creativa". Forbes bautizó a Schumpeter, no Keynes, el mejor navegante a través de los turbulentos mares de la globalización. Time has proved that assessment accurate. El tiempo ha demostrado que la evaluación es precisa.

La carrera presidencial de 2012 en Estados Unidos, fue, en parte, un enfrentamiento entre dos modelos diferentes de crecimiento económico. El presidente Barack Obama y su gobierno demócrata no defendió la teoría de que el gobierno debe actuar como "tutor" de la economía y utilizar los fondos públicos para estimularla. El nominado republicano, presumiblemente Mitt Romney, avanzó el argumento del libre mercado de que la fuente principal de nuevo crecimiento es la energía innovadora de los empresarios estadounidenses y que el gobierno necesita salir del camino. Sin embargo, él no sabía que una parte esencial del argumento del libre mercado es la "destrucción creativa", una teoría propuesta por el gran economista austríaco y profesor de la Universidad de Harvard Joseph Schumpeter. Lástima que no entendía la visión de Schumpeter --expresada más poderosamente en su libro clásico de 1942, Capitalismo, Socialismo y Democracia--, por lo que tuvo dificultades para comprender por qué los mercados libres funcionan tan bien para generar prosperidad. –la destrucción creativa es un concepto complicado, mal entendido por el público en general y no siempre fácil de defender. Schumpeter en la casa blanca. Así, Schumpeter superó a Keynes en las elecciones de 2012.

Pocos economistas tienen reservado el privilegio de no solo ser recordados sino de estar plenamente vigentes más de seis décadas después de su muerte. Este es el caso de Joseph Schumpeter. En un ensayo publicado en 2009 bajo el título de Schumpeter versus Keynes: En el largo plazo no todos estamos muertos, Arthur N. Diamond pudo constatar, comparando el número de referencias realizado en revistas especializadas de 1956 a 2006, que “en general, Keynes es más citado desde 1956 hasta aproximadamente mediados de los 90. Pero a continuación y hasta 2006, Schumpeter es citado más a menudo que Keynes.” (A. N. Diamond, “Schumpeter vs. Keynes: ‘In the long run nor all of us are dead’”, Journal of the History of Economic Thought, Volume 31, Number 4, December 2009, p. 531.)
En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes y Schumpeter Peter Drucker. Escribió:
En cierto sentido, Keynes y Schumpeter reeditaron la famosa confrontación de filósofos en la tradición occidental –el diálogo platónico entre Parménides, el brillante, hábil e irresistible sofista, y el lento y feo pero astuto Sócrates. Nadie en el periodo  entre las dos guerras fue más brillante, más hábil que Keynes. En cambio Schumpeter parecía pedestre –pero tenía sabiduría. La habilidad sale airosa, pero la sabiduría perdura.

Mientras vivió, Schumpeter fue uno de los economistas más importantes del mundo, y a partir de su muerte, se ha convertido en un ícono. John Maynard Keynes es considerado el maestro entre los economistas. No obstante, las ideas de Schumpeter tienen un mayor impacto en este nuevo milenio, que algunos economistas han denominado el “siglo de Schumpeter.” El estudioso Thomas K. McCraw ofrece una vívida descripción de este hombre destacado, sus teorías económicas y su profunda influencia.  getAbstract recomienda conocer a Schumpeter por su aporte fundamental para comprender la economía empresarial de nuestros días. El libro de McCraw es un buen camino para llegar a conocerlo.

Por otro lado, sin embargo, es importante señalar que, no son suficientes los teoremas económicos de los economistas-teóricos (Say y Schumpeter) para lograr la formación profesional del economista ingeniero, a pesar que sus planteamientos son tan necesarios y fundamentales (a propósito de esta nueva profesión) –hace falta formar la mentalidad del ingeniero para comportarse como tal. Es, por lo tanto, necesario el aprendizaje de otras materias ingenieriles y, sobre todo, realizar  las prácticas pre-profesionales con los demás estudiantes de las facultades de ingeniería, para completar su formación integrada.
Al menos, fue así como se formaron  los primeros ingenieros economistas que se  separaron definitivamente del tradicional economista[26]: por su mentalidad ingenieril. Para tal propósito, se los hizo convivir académicamente con estudiantes de las otras facultades de ingeniería, compartiendo aulas, profesores, prácticas profesionales, como fue desde 1964 en la “Escuela de economía aplicada” en la UNI.
En conclusión, diremos que: no son las ciencias[27] ni las matemáticas, sino su formación actitudinal del  ingeniero en ciernes, preparándolo para usar eficazmente su «ingenio»[28] que necesitará para la resolución de problemas[29].
Precisamente, esto es lo que aleja al ingeniero del economista. Lo dicho por Say determina la función de éste tipo de economista (que no teme al cambio, sino que lo enfrenta, provoca el cambio y aprovecha la energía generada) que se encarga de cambiar recursos económicos. Ejemplo: reestructurando un negocio, innovando un producto o servicio, que, a diferencia del economista tradicional, no parte de las necesidades existentes, sino que crea nuevas necesidades, desplazándolo del mercado (con la destrucción creativa de Schumpeter). De modo que compita,  no con precios bajos (dentro del orden natural del mercado) sino compitiendo con valores (funcionales) mejorados, es decir Innovando[30].
--por ejemplo un teléfono móvil “A”(actual), para agregar las nuevas funciones, necesitamos  pasar del estado (funcional actual), a otro con más funciones “B” (o más sofisticado) y asequible al mercado, transformándolo, para lograr nuevas y mejores funciones usando el «ingenio» (propio de la ingeniería) que convierta en obsoleto el actual dando lugar (en el mercado) al otro mejorado, sacándolo del mercado al teléfono inicial.

Así, el ingeniero economista  aplicará su «ingenio» para  pasar del primer estado A al segundo estado B, para lo cual transformará los primeros recursos económicos convertiéndolos  en otros mejorados (con mayores funciones). Innovar es contribuir al progreso. Porque la innovación, en la famosa frase de Schumpeter, junto con la  "destrucción creativa." Convierte en obsoletos el equipamiento y las inversiones de capital del  pasado. Cuanto más progresa una economía, más formación de capital va a necesitar. En cierta forma, la destrucción creativa es lo que hace el “Entrepereneur, de J. B. SAY.

Esto es:
Cambiar recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia (es decir, romper el statu quo del mercado)

Pero que este cambio tenga el propósito, como ya lo mensionamos, de alterar el statu quo económico (que, sólo es posible gracias al uso del ingenio, más que con la ayuda de las disciplinas económicas[31]).

Las aportaciones al pensamiento económico de Schumpeter fueron de importancia vital para la ciencia económica, dominada por la teoría del equilibrio general de 1879 a 1900.[32] No podríamos entender a Schumpeter sin situarlo en su tiempo teórico y el espacio natural[33] de la transición de dos siglos caracterizados por crisis económicas. El estudio profundo del Essai de Cantillon y en sí la secuencia de Petty-Cantillon-Quesnay le hizo interesarse en el crédito y la hacienda pública. Posteriormente, profundizó en la abstracción de dichos conceptos en Adam Srnith y David Ricardo y sus colegas, como Marshall. Sin embargo, Walras lo lleva a crear la teoría del desarrollo económico, respuesta al equilibrio general, y posteriormente, en 1912, a publicar su libro «Teoría del desenvolvimiento económico». En el primer capítulo de la obra mencionada sobre la corriente circular, Schumpeter explica que "la teoría del valor denominada de los costos, y la de Ricardo, del trabajo, sugieren con fuerza la misma conclusión, explicándose por ello algunas tendencias doctrinales, como la que pretende reducir a trabajo toda clase de ingresos, incluyendo a veces el interés”.

Agradeceríamos sus comentarios.

Autor responsable: cortezhonorio@gmail.com






[1] Un lego o un no-profesional (en inglés layperson o layman) es una persona que no es un experto en un determinado campo de conocimiento (en general, que no tiene formación en ningún área muy especializada o calificada). Originalmente, el término era sinónimo de laico, o sea un no-clérigo, aunque con el paso del tiempo el concepto fue evolucionando. ("Layman, n.1", OED Online, Septiembre 2011, Oxford University Press) El concepto que describe algo en términos legos ha tenido amplia difusión en el mundo anglófono. Poner algo en términos legos, es describir o explicar un tema complejo y técnico, usando palabras y expresiones que el individuo promedio (una persona sin formación profesional en la materia) pueda entender con cierta facilidad, logrando al menos algún grado de comprensión sobre el asunto en cuestión. En forma breve y por su parte, podemos decir que 'laico' (originalmente y aún hoy) significa "gente común", término que viene del griego 'laikos' que significa "del pueblo", "común", "impío", "usual", "profano", o similar.
[2] La ingeniería económica tradicional se encargaba de los aspectos monetarios de las decisiones tomadas por los empleados de las organizaciones desde los años 20 cuando J. C. L. FISH Y O. B. Coldman empezaron a utilizarla mediante el análisis de las inversiones efectuadas desde la perspectiva de las matemáticas, formulando un modelo donde representaba la inversión y la relación con el mercado. Los métodos que se utilizaban antes, aún siguen siendo utilizados para reflejar los recursos y fondos públicos. Posteriormente, el profesor Eugene L. Grant formula los Principios de Ingeniería Económica en 1930 en su texto Principles of Engineering Economy. Él examinó la importancia de los factores de juicio y de la evaluación de inversiones. Desde entonces los desarrollos modernos estuvieron empujando fronteras de la “Ingeniería Económica” hasta hacerlas abarcar nuevos métodos de riesgo, sensibilidad, análisis de intangibles. Los métodos tradicionales siguen siendo refinados para reflejar la preocupación actual por la conservación de los recursos y la utilización eficaz de los fondos públicos. DeGarmo, contemporáneo de Woods, era uno de los pocos pares, que aceptaron los principios de la ingeniería económica de Eugene Grant (escrito en 1930). Ésta aceptación quizá tenía razón de ser, y en rigor la explicaba el éxito económico de la ingeniería de aquel entonces. Resultaba muy claro que DeGarmo era partidario de la aplicación de los principios de Grant, mientras ella dirigía los buenos criterios económicos; pero ya era muy extraño que después de unos años aceptáramos que  esto es ingeniería económica, ni siquiera es la aplicación de la teoría económica, hasta ahora llamada ciencia.
[3] En 1942, Woods y DeGarmo escribieron la primera edición del libro texto de Eugene Grant “Principles of Engineering Economy” (New York: The Ronald Press Company, 1930).
[4] “Numerosas son las cátedras, pero escasos los profesores sabios y nobles. Numerosos y grandes son las aulas pero pocos los jóvenes que realmente tienen sed de verdad y justicia”  “¡Que cada cual juzgue ateniéndose a su opinión personal, basada en sus  propias lecturas, pero que no se base en lo que dicen otros!” Einstein, de “La libertad de enseñanza”, a propósito del caso Gumbel.
[5] La economía ortodoxa y la economía heterodoxa: La economía ortodoxa o convencional (en inglés Mainstream economics) es la forma más ampliamente aceptada de enseñar economía en las universidades, en contraste a la economía heterodoxa. Ha sido asociada con la economía neoclásica (ver: David C. Colander, 2000). y con la síntesis neoclásica, la cual combina métodos y aproximaciones keynesianas a la macroeconomía. (ver: Olivier J. Blanchard, 2008, "neoclassical synthesis," The New Palgrave Dictionary of Economics, 2nd Edition.). Mientras que la economía heterodoxa puede ser definida en términos de instituciones-historia-estructura social, la economía ortodoxa se define en términos de racionalidad-individualismo-equilibrio. La heterodoxia considera a la economía como una ciencia social, donde el comportamiento de los actores se caracteriza por su imprevisibilidad y donde las interpretaciones son subjetivas, mientras que la ortodoxia tiende a identificar a la economía como una ciencia exacta, racionalizando el comportamiento de las personas y el curso de acción a emprender con resultados
[6] Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, (1960). “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable.
[7] John Maynard Keynes alguna vez llamó a los economistas "custodios, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización".
[8] Los proactivistas no buscan los cambios del sistema integral o del entorno sino el interior del sistema mismo. Ackoff señala que no se debe buscar ir contra la corriente ni contra ella, sino viajar delante. Plantean que de este modo pueden aprovechar oportunidades antes de que otros accedan a ellas. Se orientan hacia la obtención de un control sobre el futuro. Los proactivistas diseñan el futuro que desean y crean los mecanismos y herramientas para lograrlo. No se conforman con la supervivencia o el crecimiento; buscan el autocontrol, el autodesarrollo y la autorrealización. Se proponen incrementar su habilidad para influir o controlar el cambio o sus efectos con el fin de responder con rapidez y eficacia a los cambios que no pueden controlar. El proactivismo se preocupa por eliminar amenazas y aprovechar oportunidades. Los proactivos intentan ser mejores en el futuro en contrario con su situación presente; se proponen alcanzar niveles ideales, procuran que la organización se desarrolle. Los proactivistas creen que el futuro es mejor que el presente y el pasado, y que el grado de mejoría depende de lo adecuado de su preparación; la predicción y la preparación son las dos etapas de ese tipo de planeación. Estos planificadores desean incrementar su habilidad para pronosticar los cambios que ocurrirán. Se ocupan de aprovechar las oportunidades y de “optimizar” los recurso con el propósito de lograr que la organización crezca. Russell Acroff et al., Guía para controlar el futuro de la empresa, México, Limusa. 1986, y Russell Acroff, Rediseñando el futuro, Mexico, Limusa, 1984.
[9] Cada vez resulta más evidente que el cambio tecnológico no es un procedimiento mecánico que consiste simplemente en encontrar mejores productos y procesos, sino que para introducir rápidamente innovaciones  es necesario fomentar la iniciativa empresarial.  Y para esto se requiere de gente preparada, con visión del futuro, que perciba lo que es mejor de lo que hoy se tiene…
[10] El economista perfecto: "Un economista debe ser en cierta medida un matemático, un historiador, un estadista, un filósofo... tan distante e incorruptible como un artista y, sin embargo, a veces con los pies tan en el suelo como un político" Así describía John Maynard Keynes, uno de los economistas más importantes del siglo pasado y de toda la historia, las características que debía reunir un buen compañero de profesión. Un buen economista debe poseer varias habilidades, en apariencia no difíciles de manejar, pero sí raras de reunir. No se  pueden cubrir la gran cantidad de variables que convergen en la economía sin varias aptitudes y puntos de vista: Debe conocer la historia para no repetir errores, debes hacer cálculos matemáticos, debes estudiar el presente pensando en el futuro y el futuro pensando en el presente, debe actuar ante la realidad con la sangre fría de un ser ajeno a este mundo y a la vez introducirte en él de lleno.
[11] El paradigma keynesiano de los ajustes macroeconómicos que dominó el mundo académico y económico en las décadas subsiguientes a la  posguerra, consideró, al cambio tecnológico, solo como progreso técnico, al interior de sus funciones de producción, es decir simplemente como una tendencia en el tiempo, sin lograr de ésta manera plantear en su real dimensión la relación entre productividad y cambio tecnológico. La teoría neoclásica del crecimiento, al introducir formalmente el progreso tecnológico en su análisis, incorpora implícitamente el supuesto de que el progreso técnico pude expresarse en términos de una taza global, en la forma de un facto exógeno que aparece reflejado en términos residuales. (Abramovitz, 1956; Solow, 1957; Solow, 1956.). Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, 1960. “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable. Sin embargo, no es hasta la crisis económica de la década de los años setenta, donde el crecimiento de las industrias basadas en los avances de la microelectrónica, específicamente los ordenadores y los sistemas de procesamiento de la información, los cuales presentan tasas de crecimiento que serán la capacidad explicativa desde los planteamientos neoclásicos de capital y trabajo. Se plantea así, en el análisis económico, como centro explicativo de este crecimiento económico, las variables relacionadas con el progreso tecnológico (Romer, 1990 ). Educación, Investigación y Desarrollo Experimental e Innovación, serán entonces los elementos centrales en la explicación de dicho crecimiento, relegando el papel de las inversiones en capital a un segundo plano (OCD, 1998: Romer, 1986).
[12] La escuela neo clásica se caracteriza por tres aspectos:
-El criterio económico fundamental el subjetivo: satisfacción y beneficio.
-El objeto de estudio es micro-económico: el equilibrio del consumidor y de la empresa. Se busca maximizar y optimizar los recursos,
- En lugar del análisis histórico de los clásicos,  los neoclásicos consideran factores (tierra, capital y trabajo).
Los neoclásicos conciben que el libre juego de la oferta y la demanda en el mercado establezcan los precios que permiten asignar más eficientemente los recursos. Trabajo más capital producen mercancía, en cantidades limitadas,  sus características le permiten ser combinados de acuerdo al producto. Productores y consumidores viven todos en un mundo donde: todos cuentan con plena información sobre los precios, los costos, la disponibilidad de factores y necesidades planeada por la demanda; hay plena movilidad de factores los empresarios pueden trasladar su  inversión; los factores se suponen divisibles y sustituibles; el mercado opera libremente sin intervención del estado, y está abierto al ingreso y salida.
[13] “Economía del bienestar es una aproximación metodológica para juzgar la asignación de recursos y establecer criterios para la intervención gubernamental”. La economía del bienestar es una rama de las ciencias económicas y políticas que trata de cuestiones relativas a la eficiencia económica y al bienestar social. Analiza el bienestar general -cualquiera que sea su medida- en términos de las actividades económicas de los individuos que conforman una sociedad. “La economía del bienestar provee las bases para juzgar los logros del mercado y de los encargados de decisiones políticas en la distribución o asignación de los recursos. Amartya Sen y Martha Naussbaum, compiladores del texto “La Calidad de Vida” (1996), manifiestan que, “El término “Bienestar” debe ser usado en un sentido amplio. No solo debe incorporar los elementos de las teorías del bienestar que postulan como elemento primordial, la satisfacción de las necesidades o el placer (teoría utilitarista) y las que afirman que los bienes que controla una persona son lo más importante (teorías objetivas del bienestar). El término “Bienestar” debe relacionarse con aspectos como las capacidades, las oportunidades, las ventajas y otros elementos no cuantificables que hacen referencia a la calidad de vida de las personas”.
[14] "En la literatura contemporánea, el tema de la racionalidad económica se presenta bajo la for­ma de dos preguntas: 1º) ¿En qué forma deben comportarse los agen­tes económicos en un sis­tema económico dado para alcan­zar los objetivos que se propo­nen?  2º) ¿Cuál es la racionalidad del sistema económico en sí y cómo comparar­la a la de otros sistemas?”
[15] En cualquier problema existe un estado original de condiciones al que nos referiremos como estado A; o como el insumo, o datos de entrada. Igualmente, existe un estado de condiciones (objetivo o resultado) respecto al cual la persona encargada de la solución del problema trata de hallar el medio de alcanzarlo, y al cual lo llamamos estado B, resultado, producto, o salida. Un problema existe si hay un deseo de lograr una transformación de un estado de situaciones a otro, siempre y cuando haya más de una manera posible de lograr dicha transformación, que las diferentes soluciones posibles no tengan el mismo grado de aceptación y que no sea palpable el grado de aceptación relativa de las diferentes soluciones posibles. Por eliminación, podemos concluir que un problema involucra algo más que hallar una solución cualquiera; requiere encontrar el mejor método para lograr la transformación deseada. A las bases que permiten seleccionar la mejor solución posible se les conoce como el criterio, bases éstas que pueden variar dentro de límites muy amplios.
[16] En sentido económico, Richard Cantillon, en 1755, definió el término por primera vez como «el proceso de enfrentar la incertidumbre». Así se fue utilizando para identificar a quien comenzaba una empresa y fue ligado a empresarios innovadores.
[17] El término emprendedor, del francés entrepreneur, es usado para referirse a un individuo que organiza y opera una o varias empresas, asumiendo cierto riesgo financiero en el emprendimiento. Fue definido por primera vez por el economista anglo-francés Richard Cantillon como «la persona que paga un cierto precio para revender un producto a un precio incierto, por ende tomando decisiones acerca de obtención y uso de recursos, y admitiendo consecuentemente el riesgo en el emprendimiento».  Aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros que viajaban al Nuevo Mundo en busca de oportunidades de vida sin saber con certeza qué esperar o también a los hombres relacionados con las expediciones militares. A principios del siglo XVIII, los franceses extendieron el significado del término a los constructores de puentes, de caminos y a los arquitectos.
[18] Say decía que el estudio de la economía no debía comenzar con análisis matemáticos y estadísticos abstractos sino con la experiencia real de la persona humana. Say estudió el libro de Smith y, aunque estuvo de acuerdo en todos los puntos, encontró que la omisión de empresarios emprendedores era un defecto serio. Los empresarios buscan oportunidades de lucro y, al hacerlo, crean nuevos mercados y nuevas oportunidades. Al interrumpir constantemente el equilibrio de la competencia, los empresarios evitan que los monopolios se formen y creen una amplia diversidad de productos que mantienen a los consumidores y productores. A cambio de tomar estos riesgos, los empresarios exitosos como Bill Gates y Henry Ford cosechan fortunas mucho más allá de los agentes normales en la economía.
[19] Podemos deducir entonces que el primer economista teórico que formuló la aplicación de la economía y formuló (al mismo tiempo) el método ingenieril, fue  Jean Baptiste  SAY. ¿Por qué? Porque él planteó la proactividad y la vocación para provocar el cambio (como propio del «entrepreneur»); pero no lo hace como ejemplo de conducta a seguir (actitudinal), o como son los líderes, sino como un ejemplo de  ruptura del status quo económico –cambiando el Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el
equilibrio (las estructuras económicas) del mercado.
[20] En el sentido estricto, se dice que de las ideas solo pueden resultar innovaciones luego de que ellas se implementan como nuevos productos, servicios o procedimientos, que realmente encuentran una aplicación exitosa, imponiéndose en el mercado a través de la difusión.
[21] Según Jürgen Hauschildt la innovación se trata esencialmente de algo «nuevo»: nuevos productos, nuevos mercados, nuevos modelos, nuevos procedimientos, nuevos procesos, nuevas vías de distribución, nuevas frases publicitarias, etc. El resultado de las innovaciones es algo «novedoso», que se diferencia notablemente del estado anterior dado. Esta novedad debe ser perceptible; una innovación solo puede ser tal para quien la percibe. La novedad consiste en que los propósitos y los medios se enlazan entre sí de una forma que hasta ese momento no se conocía. Ese enlace tiene que validarse económicamente en el mercado o dentro de la empresa. Así, puede alcanzarse un propósito dado (por ejemplo la marcha de un automóvil) con nuevos medios (hidrógeno, autogás, gas natural, etc.) o bien, para medios ya dados (por ejemplo, una línea telefónica existente) puede crearse un propósito nuevo (su utilización para la transmisión de datos en Internet). La mera generación de una idea no es suficiente es recién su uso o su venta lo que diferencia una innovación de una invención. Peter Drucker fue uno de los primeros científicos que se ocupó de investigar qué fuentes existen para la innovación. En 1986 identificó siete fuentes que se suman a la «gran idea». Aunque esta última tiene gran encanto, lo más frecuente es que fracase.
[22] El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene.  Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX.
[23] En 1934 Joseph Alois Schumpeter dio la siguiente definición de emprendedor: Un emprendedor es un innovador que busca destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.
[24] El próximo trienio será más decisivo que los 50 años anteriores: Ya no hay verdades absolutas. Todo está sujeto a revisión. Las grietas en el ‘statu quo’ hacen que los directivos estén muy preocupados. Esta sensibilidad a la transformación disruptiva que viene de la mano de la tecnología queda patente en la última encuesta realizada por KPMG el pasado mes de junio. Este trabajo, bajo el título Global CEO Outlook señala que los próximos tres años traerán consigo una transformación sin precedentes y serán mucho más decisivos para la evolución de la economía que los 50 anteriores. Así lo cree el 78% de los consejeros delegados españoles (el 72% a nivel global). Con la creencia que se debe actuar “ahora o nunca”, casi siete de cada diez ejecutivos de todo el mundo admiten su preocupación por tener que abordar asuntos ante los que tienen poca experiencia, como la transformación digital de la compañía o la adecuación de sus negocios a los nuevos gustos y exigencias de los consumidores. Un tercio de los ejecutivos españoles admite que su empresa “se transformará en otra significativamente diferente” en los próximos tres años. Un mayor foco en el cliente, el uso de sistemas de análisis de datos y tecnología cognitiva en sus organizaciones, así como la lealtad de los consumidores y la ciberseguridad son algunos de los temas que más les preocupan.
[25] El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene.  Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.  Su obra cumbre, "Historia del Análisis Económico" es de tal erudición y profundidad que, a más de 50 años de su publicación póstuma, sigue siendo el mejor tratado sobre la materia. En la "Teoría del Desarrollo Económico" (1934), Schumpeter investigó los ciclos económicos y realizó una innovadora caracterización del empresario capitalista. Para este eminente economista austríaco, el empresario desempeña un papel clave como motor del desarrollo económico. Él es quien aporta los componentes de innovación y cambio tecnológico que hacen avanzar los negocios. En este punto, su análisis contrasta con el poco realista empresario neoclásico, que toma los precios como dados y se limita a adaptar su producción. Con Schumpeter, por el contrario, renace el empresario real, el empresario ubicado en el centro del proceso productivo con su importante papel de creador de nuevos productos, nuevas formas de organización y nuevos mercados. Sin embargo, no fue sólo un eximio economista. Hombre de fenomenal erudición, en su "Capitalismo, Socialismo y Democracia" (1942) plasmó sus profundos conocimientos de historia, filosofía política, economía y sociología en un análisis global de la sociedad, coronado por una inquietante predicción: el capitalismo se acerca a su derrumbe: su éxito sería su fracaso.
[26] El economista se centra en conseguir los máximos resultados de los recursos existentes y persigue establecer el equilibrio. No sabe tratar al empresario y lo condena al reino oscuro de las «las fuerzas externas», junto al clima y el tiempo meteorológico, el gobierno y sus políticas, las pestes y las guerras y, también, la tecnología. El economista tradicional, a pesar de las diferentes escuelas o «ismos», no niega, evidentemente, que dichas fuerzas externas existen y que son relevantes. Pero no son parte de su mundo, no cuenta para su modelo, sus ecuaciones, o sus predicciones.
[27] Ninguna ingeniería es una ciencia. Se describe a la ingeniería como actividad humana y su impacto en la evolución de la sociedad. La ingeniería nace de la necesidad de supervivencia y el crecimiento de los hombres y con ellos construye bienes que permiten el desarrollo de la sociedad. La Revolución industrial constituyó un cambio trascendente para la profesión de los ingenieros. Junto con la importancia creciente de la productividad, la aparición del “management” o teoría de la dirección impulsaron la creación de una nueva especialización como la ingeniería económica. La ingeniería, como actividad humana, tiene un protagonismo esencial en esa evolución  del hombre: sus necesidades de sobrevivencia y crecimiento.
[28] Desde un punto de vista histórico, ha habido períodos en los que las novedades aparecen por oleadas. Aparentemente, esto sería porque ciertas condiciones sociales favorecen el surgimiento de innovaciones. También se ha observado que las condiciones de sobrepoblación o la mala cosecha las fomentan («la necesidad trae el ingenio»). La innovación puede surgir de manera casual (un ejemplo famoso es el del descubrimiento de la penicilina) o tras una búsqueda sistemática, por ejemplo, vía I&D investigación y desarrollo (en inglés, R&D research and development). Una invención no es aún una innovación. Con el concepto de invento, se engloba desde las nuevas ideas hasta la construcción de prototipos o el desarrollo concreto de una concepción, pero en la fase previa al mercado. En cambio, se puede hablar de innovación en el sentido económico recién cuando ella transforma el proceso de producción de algo en una economía política determinada.
[29] A diferencia de los problemas que normalmente deben resolver los estudiantes de ingeniería, los problemas reales a menudo no están estructurados y son de carácter abierto. En ocasiones, no se conocen o están disponibles todos los datos requeridos. En otros casos, es necesario buscar entre una gran cantidad de información e identificar qué partes de ésta se necesitan para resolver el problema en cuestión. Algunas veces los ingenieros novatos se sorprenden al descubrir que un problema puede no tener una única solución definitiva. Con frecuencia, el objetivo consiste en seleccionar una cierta solución entre otras alternativas. Tal vez se requiera sopesar varias consecuencias conflictivas de una acción ingenieril y entonces seleccionar la solución que mejor satisfaga las necesidades y deseos de un empresario, cliente o del público en general.
[30] Un innovador es para Schumpeter el «empresario creador», en contraposición con el empresario de arbitraje, quien simplemente aprovecha para obtener ganancias las diferencias de precios existentes. Pero la innovación es, en la famosa frase de Schumpeter, también "destrucción creativa." Convierte en obsoletos el equipamiento y las inversiones de capital del  pasado. Cuanto más progresa una economía, más formación de capital va a necesitar. En cierta forma, la destrucción creativa es lo que hace el “Entrepereneur, de J. B. SAY.
[31] Desde la perspectiva de Hal Varian (economista de google.com), muchos estudiosos del pensamiento metodológico han perdido de vista el aspecto más relevante de la ciencia económica. Es un error comparar la economía con la física, ya que hacerlo con la ingeniería podría ser una mejor comparación. Similarmente, es un error comparar la economía con la biología; en todo caso sería mejor compararla con la medicina. Me parece que Keynes estaba bromeando en parte cuando dijo que los economistas deberían ser más como dentistas. Los dentistas dicen que ellos pueden mejorar la vida de la gente, al igual que los economistas. La premisa metodológica de la odontología y la economía es similar: se valora lo que es útil. Ninguno de estos “temas de política” (policy subjects) —ingeniería, medicina, u odontología— están más relacionados con la metodología y los economistas, por mucho, tampoco lo están.
[32] La teoría del equilibrio se ha formado por las aportaciones de los economistas más importantes de fines del siglo pasado: Menger en Austria; Jevons, Edgeworth y Marshall en el Reino Unido; Walras en Francia; Pareto y Barone en Italia; Clark y Fisher en Estados Unidos, y Wicksell en Suecia. Claudio Napoleoni, El pensamiento económico en el siglo XX, Oikos-Tau Ediciones, Barcelona, 1983.
[33] El pensamiento schumpeteriano recobra su vigencia 100 años después, luego de los cambios ocurridos en el proceso de producción en escala internacional en el marco de la transición de dos milenios. Hoy, en la esfera financiera, los productos, los servicios y la informática han revolucionado conceptos y conformado la llamada "nueva economía". El pensamiento económico actual, en especial el latinoamericano, debe rescatar las brillantes aportaciones de la obra de Schumpeter, que de alguna manera fueron desplazadas en su época por la presencia de John Maynard Keynes y su influencia en la posguerra. Los cambios estructurales del modelo económico conformado después de la segunda guerra mundial y el quiebre de Bretton Woods han marcado la economía internacional constituyendo un sistema productivo cuya economía en transición ha recogido, creado y conformado nuevos conceptos que no se habían presentado antes de la década de los noventa del siglo XX, propiciando una nueva etapa en la reconstrucción del pensamiento económico y del mundo global. En este entorno la obra de J oseph Schumpeter cobra actualidad y fortalece la teoría económica y la ciencia económica en las tendencias actuales de la ciencia social. La "destrucción creativa" es un concepto que a lo largo de la obra de Schumpeter muestra su importancia para el desenvolvimiento del desarrollo económico y la vigencia de la ciencia económica en el marco de una transición de ciclos económicos en el tiempo y espacio. En la obra de este gran pensador se afirma que la innovación tecnológica desplaza las viejas tecnologías y propicia la "destrucción creativa". En este marco del aná- lisis, las innovaciones para el financiamiento del desarrollo económico durante los últimos dos decenios han transformado significativamente la orientación de los flujos de capital en escala internacional, no sólo en su origen sino también en sus destinatarios y en la canalización hacia los diferentes sectores de los países receptores. Ver más: http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/41/7/RCE.pdf

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