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viernes, 16 de junio de 2017

¿La economía simbólica escapó de la estructura de la economía clásica?

La mayoría de estudiantes de economía, suelen hacer preguntas, regularmente, para corroborar lo que los libros textos enseñan y de las certezas  aprendidas de sus maestros —quienes nunca describen la historia de la construcción de modelos y los cambios posteriores formulados por otros economistas para interpretar plenamente las ideas de cada creador teórico ni explican los modelos y las perspectivas modificadas desde su construcción inicial; y, menos aún se somete a deliberación y debate por los alumnos en clase—, como tal parece haber sido la causa que dio origen a la pregunta del título —después de una clase (sesión) sobre las estructuras científicas de Kuhn. 
Y, como no hay apuro por conocer lo que los docentes no enseñan... 
Dirían quizás —al fin y al cabo, lo que aprendamos fuera de aulas, no vendrá como pregunta en los exámenes y cualquier desliz puede ofenderlos. 
Es por eso que rara vez se hacen preguntas, como o sobre los avances de la investigación, debates de teóricos del pasado o presente, falacias económicas o, cambios de la  realidad económica que han dado lugar a la evolución o involución de la teoría económica; después de todo, por qué habría que dudar de los libros textos si ellos difunden verdades indiscutibles y son el resultado de las investigaciones de nuestros docentes, aun que  no sean escritos directamente por los mismos autores teóricos.  
Y, como es natural, también se da por aceptado, sin dudar siquiera, que la teoría económica  avanza  o evoluciona tal como se explica en el libro de Tomas Kuhn (a pesar que la teoría económica es ontológicamente histórica, tan histórico como su método epistemológico postulado). Por lo tanto, el sentido de la evolución de la ciencia misma obedece al avance científico y no a los cambios de la vida económica en el tiempo (como por un acontecimiento histórico impactante, efectos de las guerras mundiales o un cambio tecnológico radical); pues, como dicen los docentes —la economía es una ciencia y no hay diferencia con la ciencia experimental y el progreso científico que evoluciona por sí mismo y no por cambios de la naturaleza por lo que solo busca la verdad para acercarse más a la realidad para así apostar por un cambio de paradigma.
Es por eso que la pregunta del título parece esperar la respuesta (como si fuera verdad que la economía simbólica es resultado de la evolución del pensamiento económico) —tal como una ciencia normal (de Tomas Kuhn) que afirma que la economía simbólica es una nueva teoría económica con su paradigma propio que ha superado a  la economía clásica...  —porque ha logrado escapar de su estructura (lógica o teórica) tal como se explica en "La revolución de las estructuras científicas", de Tomas Kuhn. Esperan, pacientes, la afirmación que fue el brillante maestro Keynes quien creo la economía simbólica que apuesta por una nueva teoría económica que ha superado a  la economía clásica que se explica en la famosa Teoría General... 

Pero: 
Keynes no hizo uso de gráficas cuando construyo su teoría; los modelos gráficos, como el modelo de ingreso-gasto, fueron formulados más tarde (en la década de 1940) por otros economistas. Los dos modelos de ingreso-precio son de cosecha más reciente, por lo que no es posible interpretar plenamente las ideas de Keynes.
Perspectiva estrictamente keynesiana: Keynes habría supuesto que la curva de oferta agregada podía dibujarse con la forma de una L invertida, como. La razón para esta suposición se basa en que, para cualquier producción a pleno empleo, la economía tiene recursos desempleados, por consiguiente, como la demanda agregada aumenta de DA0 a DA1, los productores pueden aumentar el producto real hasta el nivel del pleno empleo. 

Este punto de vista sobre la naturaleza de la inflación está de acuerdo con el mantenido por los economistas clásicos coetáneos de Keynes.

Perspectiva keynesiana modificada: Una de las deficiencias del punto de vista estrictamente keynesiano es su característica de tratar simultáneamente la inflación y el alto (pero no pleno) empleo, condición que la economía americana ha experimentado a menudo en las últimas décadas. Keynes no uso gráficas cuando formuló su teoría macroeconómica que permitan conocer el equilibrio keynesiano. La versión revisada introduce un “intervalo medio” en la curva OA. A pesar de que la demanda agregada y la oferta agregada de la economía se desplazan frecuentemente a largo plazo, generalmente intersecan en el intervalo medio, lo que explica por qué la nación americana ha experimentado a menudo  tazas de inflación irregulares junto con aumentos en el producto real mientras que el empleo a permanecido por debajo del “pleno”.

En resumen, nada más lejos de la  verdad y realidad económica, pero tan propia de un "economista maestrean" (como bien sentenciaba el mismo Keynes). 

  Pero si el propósito (de la pregunta) fuera distinta a la esperada y que busque acercarse a la verdad o realidad de la economía, lo que sigue puede ser más útil para nuestros lectores  —que respondería a la pregunta del origen, causa(s) determinante(s) y/o impacto de la emergencia de la economía simbólica.

El surgimiento de la economía  simbólica (del dinero y el crédito)

Pues bien, históricamente la economía  simbólica del dinero y el crédito surge como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, que había provocado la monetarización  (monetización) de las economías. Así es como la economía se amonedó, en todos los países beligerantes: durante la primera guerra mundial por haber movilizado toda la riqueza líquida de la comunidad, en parte a través de los impuestos pero principalmente a través de préstamos; por lo tanto, el dinero y el crédito, y no ya los  bienes y servicios, se había convertido en la "economía real". El crecimiento del crédito y de las finanzas es entendido entonces como sinónimo de estancamiento de las fuerzas productivas.

El siguiente ejemplo explicaría las causas: 
Alemania había contado con obtener una rápida victoria sobre sus enemigos en la guerra de 1914, por lo cual no vaciló en cubrir los gastos militares mediante empréstitos públicos que serían cancelados por las reparaciones exigidas a sus enemigos vencidos. Esta irresponsable decisión se adoptó no obstante saberse de antemano que sólo un seis por ciento de estos empréstitos serían cubiertos por impuestos. Alemania al finalizar la contienda, la cantidad de moneda en circulación era cinco veces superior a la de 1914—  perdió la guerra y se encontró en 1918 con el mayor déficit de su historia. Por los tratados de Versalles, Alemania perdía el 75 por ciento de sus reservas de mineral de hierro, el 25 por ciento de las de carbón y el 20 por ciento de su capacidad productiva de hierro y acero. Mayor gravedad revestía su situación financiera, agudizada por la necesidad de pagar ingentes reparaciones de guerra.  Dice Hans F. Sennholz en su libro Tiempos de inflación: “Mientras que los gastos oficiales subían a grandes saltos, los ingresos provenientes de impuestos declinaban gradualmente hasta que, en octubre de 1923, sólo el 0,8 por ciento del presupuesto de gastos quedaba cubierto por la recaudación impositiva. En el período comprendido entre 1914 y 1923 los impuestos apenas cubrían el 15 por ciento de los gastos. Durante la fase final de la inflación, el gobierno alemán llegó a experimentar una atrofia completa del sistema fiscal”.

    Esto fue explicado por Schumpeter quien se dio cuenta, mucho antes que cualquier otro y unos buenos diez años antes de que Keynes lo hiciera— (de que la realidad económica estaba cambiando), en  un brillante ensayo en un periódico económico alemán, en julio de 1918  —cuando el mundo (en el que Schumpeter había crecido y que conocía) se desmoronaba ante sus ojos— sostuvo que, en adelante, el dinero y el crédito serían la palanca del control. Lo que sustentaba era que ni la oferta de mercaderías, como habían sostenido la escuela clásica, ni la demanda de mercaderías, como habían manifestado algunos de los opositores, seguiría llevando el control de la economía. Los determinantes, de la actividad económica y de la asignación de recursos ahora serían los factores monetarios: –déficit, dinero, crédito y tasas.

Pero Schumpeter también sabía que las políticas deben adecuarse al corto plazo. Aprendió su lección de la manera más dura  —como ministro de finanzas de la República de Austria, recientemente formada, en la que trató infructuosamente de detener la inflación antes de que le fuera de las manos. Sabía que había fracasado porque sus medidas no eran aceptables en el corto plazo –las mismas medidas que, dos años más tarde, un no economista, un político y profesor de la teoría moral aplicó para frenar la inflación, pero sólo después de haber destruido totalmente la economía y clase media austriacas.
Schumpeter igualmente sabía que las medidas a corto plazo de hoy tienen impactos a largo plazo. Hacen el futuro de una manera irrevocable. No pensar en el porvenir  de las decisiones a corto plazo y su impacto mucho después de que "estamos todos muertos" (como decía Keynes) es irresponsable. También lleva a adoptar las decisiones erradas. Este énfasis constante que pone Schumpeter en la reflexión  referida a la consecuencias de lo momentáneo, lo popular, lo hábil y  brillante es lo que hace de él un gran economista y lo convierte en el  guía apropiado para el presente cuando una economía acelerada, hábil y brillante –y una política acelerada—  nos han llevado a la ruina.

 Sin embargo, con mucha habilidad y astucia, Keynes aprovecha esta coyuntura y la perspectiva ya explicada por Schumpeter para edificar su teoría general. Pero las conclusiones de Schumpeter fueron radicalmente distintas de las alcanzadas por Keynes. 

    Así es como Keynes llegó a decretar que el surgimiento de la economía  simbólica del dinero y el crédito hacia posible que el "rey-economista", el economista científico, jugando con unas pocas claves monetarias  —gasto público, tasas de interés, volumen de crédito o la cantidad de dinero en circulación—  mantendría el equilibrio permanente con pleno empleo, prosperidad y estabilidad. 

Pero, la conclusión de Schumpeter fue que el surgimiento de la economía simbólica como economía dominante abría la puerta a la tiranía y, de hecho, la invitaba. Consideró pura arrogancia el hecho de que el economista se proclamara a sí mismo infalible. Pero, por sobre todo, vio que no serían economistas los que ejercerían el poder, sino políticos y generales. —y tal como dice el dicho: el rey reyna pero no gobierna.

Y luego, justo antes que terminara la Primera Guerra Mundial, Schumpeter publicó El Estado Fiscal”.  Pués nuevamente, la apreciación es la misma que Keynes haría quince años más tarde (y, como él mismo Keynes lo reconoció, muchas veces, gracias a Schumpeter)
Pese a los mecanismos de tributación y crédito, el  estado moderno ha adquirido el poder de desviar el ingreso y, a través de los "pagos de transferidos", de  controlar  la distribución del producto nacional. Para Keynes, este poder era una varita mágica para alcanzar tanto la justicia social como el progreso económico, y tanto la estabilidad económica, como la  responsabilidad fiscal. 

   Para A Schumpeter –tal vez porque él, a diferencia de Keynes, era un estudiante de la historia­–  este poder era una invitación a la irresponsabilidad política, porque eliminaba las salvaguardas económicas contra la inflaciónEn el pasado, la incapacidad del estado para gravar más que una proporción muy pequeña del producto bruto interno o de tomar prestado más que una parte muy pequeña de la riqueza del país había hecho que la inflación fuera autolimitara. 

Ahora la única salvaguarda contra la inflación sería política, o sea, la autodisciplina. Y Schumpeter no era demasiado entusiasta respecto de la capacidad de los políticos para la autodiscina.

Pero la real contribución de Schumpeter durante los treinta y dos años transcurridos entre el fin de la Primera Guerra Mundial y su muerte en 1950 fue como economista político. En 1942, cuando todos estaban asustados por la posibilidad de una depresión deflacionaria mundial, Schumpeter publicó su más famoso libro, Capitalismo, socialismo y democracia, todavía, y merecidamente, muy leído. En este libro sostenía que el capitalismo sería destruido por su propio éxito. Esto alimentaría lo que ahora llamaríamos una nueva clase: burócratas, intelectuales, profesores, abogados, periodistas, todos ellos beneficiarios de los frutos económicos del capitalismo y, en realidad, parásitos de ellos, y sin embargo todos opuestos al ethos de la producción de riqueza, del ahorro y de la asignación de recursos a la productividad económica. Los 75 años transcurridos desde la publicación de su libro han probado indudablemente que Schumpeter era un gran  profeta.
Y luego seguía argumentando que el capitalismo sería destruido por la misma democracia que había ayudado a crear y que había hecho posible. Porque en una democracia, para ser popular, el estado cada vez desviará más los ingresos del productor al no productor, cada vez desviará más ingresos de donde fueron ahorrados y se convertirían en capital para el futuro en donde sería consumido. Por consiguiente, en una democracia el estado se vería bajo una presión inflacionaria creciente. A la larga —profetizaba— la inflación destruiría tanto a la democracia como al capitalismo.

Cuando escribió esto en 1942, casi todo el mundo se rio. Nada parecía menos probable que una inflación basada en el éxito económico. Ahora, 75 años después, esto ha surgido como el problema central de la democracia e igualmente del mercado libre, tal  como Schumpeter lo había profetizado.

Sobre si la economía simbólica escapó de la estructura de la economía clásica, podríamos decir que, según lo expuesto: Keynes[1], a pesar de haber roto con la economía clásica, se manejó enteramente dentro de su estructura. Fue más un hereje que un infiel. La economía, para Keynes, a diferencia de Schumpeter, fue el equilibrio de las teorías de Ricardo de 1810, que dominaron el siglo XIX. Los opositores de Keynes eran los mismos "austríacos" con los que Schumpeter había roto siendo estudiante, los economistas neoclásicos de la Escuela Austriaca. Así, si Keynes era un "hereje", Schumpeter era un "infiel". Para él, la falacia fundamental era la suposición misma de que la economía sana y  "normal" es una economía en equilibrio estático. Desde sus días de estudiante, Schumpeter sostuvo que una economía una economía moderna está siempre en dinámico desequilibrio.  La pregunta clave de Keynes era la misma que se habían planteado los economistas del siglo XIX:

“¿Cómo se puede mantener una economía en equilibrio y estancamiento?
    Keynes planteó los  mismos interrogantes que Ricardo, Mill, Marx, los "austríacos", y Marshall ya habían formulado, pero, con audacia sin precedentes, dio vuelta a todas las respuestas. 
Para Keynes, los principales problemas de la economía son la relación entre la " economía real de bienes y servicios y la "economía simbólica" de dinero y crédito; la relación entre individuos y empresas y la "macroeconomía" de la nación-estado; y por último, si la producción (o sea, la oferta) o el consumo (o sea, la demanda) da impulso a la economía.

     Sin embargo, con la publicación de la Teoría General Keynes dio el gran salto teórico fundamental que le permitió realizar su revolución. Abandona el análisis del desequilibrio típico del Treatise[2] y la adopta de un enfoque de equilibrio macroeconómico. 

     Para entender este paso, es necesario partir de la ley de Say
    La mayoría de los críticos prekeynesianos habían rechazado la ley de Say por sus implicaciones relativas al equilibrio entre producción y gasto. Este tipo de crítica se encontraba implícito en todos los modelos del desequilibrio ahorro-inversión que finalmente culminarían en las ecuaciones del Teatrise on Money.

    En la Teoría General, Keynes critica la ley de Say por una razón distinta de la tradicional: Por sus implicaciones en relación con la dirección del nexo causal entre producción y gasto.

   Para Keynes, no es la producción la que genera el gasto y la demanda, sino las decisiones de gasto las que generan la demanda, a la que luego se ajustará la producción. 

    A partir de esta tesis, Keynes deduce tres implicaciones. Supone que los procesos por los cuales la producción se ajusta a la demanda son lo suficientemente rápidos para darlos por sentado o para dejarlos fuera del análisis; convirtiendo el análisis en uno de equilibrio. No hay razón para detenerse en la dinámica de la composición intersectorial de la producción, dado que la producción se ajusta rápidamente a la demanda, los cambios de su estructura pueden ignorarse en el estudio de los factores que determinan su nivel (el de producción). 

   “Desde tiempos de Say y Ricardo los economistas clásicos han enseñado que la oferta crea su propia demanda – queriendo decir con esto de manera señalada, que el total de los costos de producción debe necesariamente gastarse por completo, directa o indirectamente, en comprar los productos”... “ se ha supuesto que cualquier acto individual de abstención de consumir conduce necesariamente a que el trabajo y los bienes retirados así de la provisión del consumo se invertirán en la producción de riqueza en forma de capital y equivale a los mismo”... “La versión moderna de la tradición clásica consiste en la convicción, frecuente, por ejemplo, en casi todos los trabajos del profesor Pigou, de que el dinero no trae consigo diferencias reales, excepto las propias de la fricción, y de que la teoría de la producción y la ocupación pueden elaborarse (como la de J.S. Mill2) como si estuvieran basadas en cambios “reales”, y con el dinero introducido superficialmente en un capitulo posterior. El pensamiento contemporáneo está todavía profundamente impregnado de la noción de que si la gente no gasta su dinero en una forma lo gastará  en otra” ( Keynes TG: Capítulo II,  sección VI).

     Este modelo clásico de caso específico (del lado de la oferta) demostró que la incompatibilidad de la que hablaba Keynes era equivocada, ya que los mercados son eficientes. El óptimo crecimiento económico global, en consecuencia, requiere del enfoque de laissez-faire para las actividades de mercado con tipos de cambio flexibles, libre comercio y libre movilidad del capital internacional. Este caso específico afirma que cualquier regulación para limitar el flujo financiero (ya sea flujo de capital transfronterizo o dentro de una nación) impone altos costos a la sociedad. Liberar el sistema bancario y los mercados financieros de la onerosa vigilancia y regulación gubernamental-se dijo a los formuladores de políticas-llevaría a un mundo de felicidad económica que abarcaría a todo el planeta. Lo único que impediría la llegada del Jardín del Edén a la Tierra serían las limitaciones por el lado de la oferta en cuanto a los recursos disponibles y el nivel de avance técnico.

En cierto sentido, como decía Peter Druker, Keynes y Schumpeter reeditaron la famosa confrontación de filósofos en la tradición occidental –el diálogo platónico entre Parménides, el brillante, hábil e irresistible sofista, y el lento y feo pero astuto Sócrates. Nadie en el periodo  entre las dos guerras fue más brillante, más hábil que Keynes. En cambio Schumpeter parecía pedestre –pero tenía sabiduría. La habilidad sale airosa, pero la sabiduría perdura.

      ¿Pero, que otros los efectos negativos de la economía simbólica hemos experimentado?

    Es que mucha gente progresista, o crítica del capitalismo, sostiene que la causa principal de la crisis iniciada en 2007 fue la mundialización de las finanzas, producto a su vez de la desregulación de los mercados y del ascenso del neoliberalismo. Según esta perspectiva, los capitales financieros impusieron su dominación sobre el capital productivo a comienzos de los 1980, por lo cual succionaron el excedente y alimentaron la especulación y el parasitismo. En esta lectura, el crecimiento del crédito y de las finanzas es entendido entonces como sinónimo de estancamiento de las fuerzas productivas. La globalización financiera habría sido perjudicial, y la contradicción fundamental pasaría por la oposición entre las finanzas y los pueblos (incluyendo este segundo polo a las fracciones del capitalismo productivo). El objetivo sería, por lo tanto, poner “en caja” a las finanzas.
   La contribución de Stephen Cecchetti (jefe del Departamento de Economía y Dinero del BIS) presenta cuestiones –en este respecto  que son de interés para los debates sobre el significado de las finanzas. En la intervención de Stephen Cecchetti –en la undécima Conferencia del BIS (Banco de Pagos Internacionales), realizada en junio, que estuvo dedicada a la globalización financiera– da pie para realizar algunas reflexiones sobre el tema. 
  Se ordena de la siguiente manera. En primer lugar, presentamos la postura de Cecchetti. En segundo término, se explica por qué -desde el enfoque “a lo Marx”-, el crédito es consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y el mercado mundial. Pero también por qué las finanzas y el crédito potencian las contradicciones, la sobreproducción y la crisis. La idea es que esta es la dialéctica que subyace a lo que registra, tal vez de manera confusa, Cecchetti. Una dialéctica que muchas veces pasan por alto los críticos del capitalismo. Precisamos también que Cecchetti se centro en el rol del crédito y las finanzas. 
    El sentido de la globalización (¿históricamente progresiva? ¿regresiva?), que también es tocado por Cecchetti, se ha discutido en Valor, mercado mundial y globalización, y en notas anteriores (por ejemplo, aquí y aquí), y no lo trató esta vezSegún Cecchetti, como enfoque desde el BIS, la globalización fue beneficiosa para los pueblos, ya que mejoró los niveles de vida de millones de personas. Pero esto solo fue posible porque descansó en intermediarios financieros que proveyeron los fondos para el desarrollo del comercio. Es que el sistema financiero, argumenta, permite asignar recursos con eficiencia, y que los individuos, empresas y gobiernos reduzcan la volatilidad del consumo y la inversión. Sin embargo, el crecimiento de las finanzas dejaría de ser bueno cuando los niveles de endeudamiento superan ciertos niveles. 
    Por ejemplo, cuando la deuda de hogares, empresas y gobiernos alcanza el 90% del PBI; o cuando el sector financiero incrementa en demasía su participación en el valor agregado y el empleo. 
    De acuerdo a estudios realizados por el propio Cecchetti, los problemas empiezan si el empleo en el sector financiero supera el 3,2% del empleo total, y si el valor agregado por las finanzas el 6,5% del valor agregado total. Sostiene que en 2008 el empleo en el área financiera en EEUU, Canadá, Gran Bretaña e Irlanda era del 4,1%, 5,7%, 3,5% y 4,5%, respectivamente. Y que el valor agregado por las finanzas en EEUU alcanzaba el 7,7% y en Irlanda el 10,4%. 

   En definitiva, la internacionalización de las finanzas habría sido buena hasta cierto punto, pero superado ese umbral se habría convertido en un problema. Cecchetti plantea que la evidencia empírica también sugiere que una creciente participación del sector financiero en el empleo y el valor agregado hace más lento el crecimiento, y afecta negativamente a la productividad. La razón es que consumiría recursos escasos, en especial mano de obra calificada y capital especializado. 
     Por otro lado, también la globalización financiera tendría su aspecto negativo. Es que los flujos de capital alimentan booms de crédito (el crédito supera la provisión doméstica de fondos), pero cuando esa provisión se seca, todo viene para abajo. Por eso, al haber aumentado la dependencia de las economías nacionales de los flujos de crédito dominados por algunos grandes bancos, los problemas de un país rápidamente se transmiten a los otros países y a los mercados internacionales. 

Sin embargo, “La experiencia de algunos países sugiere que demasiado capital internacional, como demasiada deuda, es perjudicial”.








Agradeceríamos sus comentarios.

Autor responsable:


Cortezhonorio@mail.com




[1] Sin embargo, la afirmación ortodoxa, defendida por líderes políticos como Margaret Thatcher y Ronald Reagan e incorporada en el actual Consenso de Washington, según la cual los mercados financieros siempre son eficientes y constituyen la única esperanza de la humanidad para alcanzar el progreso social y económico, también ha resultado insatisfactoria. Los mercados financieros liberalizados llevaron a la economía mundial al borde de un desastre económico en el otoño de 1998, después de la crisis monetaria del Sudeste Asiático y del incumplimiento del pago de la deuda rusa. En ese momento, ningún servidor público responsable de la definición de las políticas de gobierno, ni funcionario alguno del FMI o el Banco Mundial quiso hablar sobre el tema por temor a ser acusado de provocar pánico. El juicio más prudente de estos funcionarios consistió en ganar más tiempo, es decir, resolver los problemas como buenamente podían. Pero la economía mundial se recuperó con gran rapidez en 1999. Empero, Keynes pasó los últimos años de su vida pugnando por un sistema financiero internacional que nunca fuera rehén de mercados financieros liberalizados. En vez de ello, propuso un sistema "bancor" (un tipo de banco supranacional) de dinero internacional (Plan Keynes) que fomentaría la posibilidad de una economía mundial civilizada después de la segunda guerra mundial.
[2] En el Tratado de Keynes, explicó cómo podrían suceder las recesiones, pero no las depresiones a largo plazo. La teoría de balancín Mecanismo de equilibrio de la economía clásica dice que un exceso de ahorro producirá una tasa de interés más baja que causaría un aumento en el consumo. Keynes tuvo que averiguar cuál era el factor que estaba reteniendo la economía. Fue capaz de abordar esto más en la Teoría General del Empleo, Interés y Dinero . En su Teoría General, Keynes argumentó en contra de la teoría del balanceo y dijo que la economía era más como un ascensor que puede detenerse en cualquier nivel. Esto es porque una vez que la economía alcanza el fondo, los individuos no tendrían ningún exceso de ingresos para ahorrar. Ningún ahorro resulta en ninguna inversión, por lo que la economía no puede salvarse. Sin los ahorros, no hay presión para bajar los tipos de interés, por lo que no hay incentivos para que las empresas inviertan. En su teoría sobre el dinero, afirma que la inversión es una "rueda impulsora irrealizable para la economía", y cuando no se puede encontrar ninguna nueva inversión, la economía empezará a vacilar.

martes, 16 de mayo de 2017

¿Cómo perciben los economistas la ingeniería económica?

 ¿Cómo perciben los economistas la ingeniería económica?

   La respuesta a ésta pregunta nos conduce a poner de manifiesto (ex professo) algo muy censurable para el creyente que, como es natural, se siente agraviado por la aplicación del frío análisis de lo que para él es la fuente misma de la verdad. Pero una de las cosas que más le disgustaría es la develación que pone en evidencia el quiebre que sufre la teoría económica desde que Keynes se aleja del concepto de la teoría económica de la acción económica (de la escuela austriaca, enfocada desde la oferta) y apuesta por el enfoque al cual la denomina "Economía Simbólica" (enfocada desde la demanda); es decir aleja al economista del mundo económico real y lo deja simplemente como custodio de la ortodoxia (quedando a la sombra de los políticos): "custodio, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización"En el sistema keynesiano, la "economía simbólica" del dinero y el crédito son "reales" y los productos y servicios dependen de ella y son su sombra. 
Él decía que "La macroeconomía –la economía de la nación-estado— es todo, con individuos y empresas que no tienen poder para influir, y menos dirigir, la economía ni la capacidad de adoptar decisiones efectivas  contrarias a las fuerzas de la macroeconomía. (Determinismo de mercado: las personas no tienen vida, son pasivas, y dependen del mercado) Y los fenómenos económicos, la formación del capital, productividad y empleo son funciones de la demanda". 

Posteriormente (a Keynes) aparece la “Metodología de la economía positiva” del cientificista Milton Friedman (1958) que se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos de una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo. Finalmente, después de la Segunda Guerra Mundial, una nueva y sofocante ortodoxia conocida como “síntesis neoclásica” se estableció sobre la economía, especialmente en los Estados Unidos. Esta denominada “síntesis” era en realidad una mezcla confusa de los tres enfoques diferentes que eclipsaron el enfoque causal-realista mengeriano en la período entre las guerras. Mezclaba los enfoques marshalliano y walrasiano sobre determinación de precios con macroeconomía keynesiana.
    
Todo esto, determina al economistas mainstream que lo aleja  de la economía de la acción empresarial de la escuela austriaca; específicamente de la famosa teoría del mercado de Jean Baptiste Say, y, por supuesto de la teoría de la innovación de Schumpeter. 


¿Pero qué tipo de economistas entran en esta reflexión?       J. M. Keynes los llamaba economistas mainstream (término para la ortodoxia económica), pero Lord Keynes también condujo su vida académica de este modo. A pesar de que revolucionó la ciencia económica, es considerado el doctor del capitalismo, después de la crisis de 1929.

     Desde entonces la mayoría de economista tienen una percepción un muy oscura acerca de la Ingeniería EconómicaEl problema es que ellos no han estudiado a Schumpeter. Para Schumpeter, el empresario es la fuente del cambio que decide y administra el curso a seguir; entonces, el espíritu empresarial pasa a ser un importantísimo factor de producción y un motor del crecimiento económico, que a su vez, propicia el proceso capitalista de la acumulación de capital, y por otra parte, genera desarrollo económico a través del proceso de innovación; de Wallras tomó la noción de empresario, pero en lugar de su figura pasiva en el sistema del “equilibrio general”, la sustituye por un agente activo del progreso económico.
   
      El otro problema es que, para que un economista  pueda ser capaz de refutar lo aprendido en las aulas tendría que ser infiel (o hereje) a las enseñanzas (certezas) que con tanta seguridad sus maestros insertaron  en su mente de estudiante (como hacían los sofistas en la famosa confrontación de filósofos en la tradición occidental), por lo tanto, difícilmente aceptarían que la economía tiene dos  vertientes –la del sistema económico (propio de ellos) y la de la acción económica (empresarial, muy propia de la ingeniería económica); y por lo tanto, tampoco aceptaría que el sistema económico tenga una situación de equilibrio (del mercado) estático, muy propio de la economía convencional (en el que no existe beneficio para el empresario como renta residual de la economía) y, por lo contrario, que la economía de la acción económica tenga otra situación de equilibrio (dinámico), que altera la situación de equilibrio anterior (del mercado), provocando una situación de progreso económico, en el que, de hecho, existe un poder de monopolio temporal, obteniéndose unos beneficios extraordinarios hasta que la imitación de otras empresas vuelva a restablecer el equilibrio. 

    La verdad (mejor dicho, la causa) es  que, tomando en cuenta la tendencia dominante, un economista no está formado para cuestionar el enfoque teórico metodológico de orientación neoclásica que sustenta la formación e investigación en las Ciencias Económicas en la mayoría de las Universidades del mundo. A esta perspectiva no le interesa, dado los fines y objetivos que persigue, consentir un pensamiento alternativo que permita reflexionar (por ejemplo) cómo debería transformarse en cada país, el modelo de desarrollo económico vigente.  Así que, su pensamiento seguirá siendo inconsistente y no representará en absoluto una ruptura con la teoría dominante.  Por lo tanto, mientras el aprendizaje y la enseñanza (en economía) no promuevan la interacción social, la práctica y el uso del aula de clase como un espacio para la liberación que fomente el aprendizaje autónomo y profundo, los futuros economistas seguirán siendo esclavos de la tendencia dominante.

      El hecho es que la Ingeniería Económica  se concibe únicamente dentro de una teoría de la acción más que de la decisión, y ésta es, una de las características que más lo distingue de la economía ortodoxa-convencional (la neoclásica). El concepto de acción humana engloba y supera con mucho al concepto de decisión individual. 

    En primer lugar, para la Ingeniería Económica el concepto relevante de acción incluye, no sólo el hipotético proceso de decisión en un entorno de conocimiento “dado” sobre los fines y los medios, sino, sobre todo y esto es lo más importante, “la percepción misma del sistema de fines y medios” en el seno del cual tiene lugar la asignación económica que con carácter excluyente estudian los neoclásicos.
   En segundo lugar, la Ingeniería Económica toma de Schumpeter la propuesta de "Desarrollo económico", donde hay dos conceptos que han tenido un enorme impacto en los desarrollos posteriores de este tema: la innovación como causa del Desarrollo y el empresario innovador como propiciador de los procesos de innovación. El modelo de desarrollo económico (propuesto por Schumpeter) muestra la importancia que éste le atribuye a la innovación y, en segundo lugar, se discute la tendencia existente en la actualidad, tanto en los círculos académicos como en los encargados de la ejecución de la política tecnológica, de establecer un determinismo tecnológico al considerar que la innovación y los desarrollos tecnológicos son el motor fundamental del desarrollo económico y del bienestar social.

    Para corroborar lo dicho, presentamos la percepción de dos prestigiados economistas cuyas opiniones personales tratan de enfocar la relación de la economía con la ingeniería: 

En el primer caso, ubicamos al famoso economista de Google.com Hal Varian (1989)[4], quien en una conferencia en París, cuyo tema era examinar si la economía estaba llegando a ser una ciencia dura, (La economía en examen riguroso), quien en su ponencia sostuvo que:

[...] Desde mi perspectiva, es un error comparar la economía con la física, ya que hacerlo con la ingeniería podría ser una mejor comparación... similarmente, es un error comparar la economía con la biología; en todo caso sería mejor compararla con la medicina... ...La ciencia física, por supuesto, tiene el potencial para mejorar los niveles estándar de vida, pero este es realmente un subproducto de la ciencia como actividad intelectual.
[...] Parte del encanto y de las promesas de la economía, es que de ella se nos dice que está para delinear políticas que mejorarán la vida de la gente, a diferencia de lo que la mayoría de las otras ciencias físicas y sociales. Las sociología y la ciencia política tienen un componente de (policy) política, pero en su mayor parte están involucrados en la comprensión y el funcionamiento de su respectiva materia temática
 [...] Me parece que Keynes estaba bromeando en parte cuando dijo que los economistas deberían ser más como dentistas. Los dentistas dicen que ellos pueden mejorar la vida de la gente, al igual que los economistas. La premisa metodológica de la odontología y la economía es similar: se valora lo que es útil. Ninguno de estos “temas de política” (policy subjects) —ingeniería, medicina, o odontología— están más relacionados con la metodología y los economistas, por mucho, tampoco lo están.
[...] Cuando se piensa acerca de esto, es sorprendente que no haya más trabajo en la metodología de la ingeniería o de la medicina. Estos aspectos han tenido una gran enorme influencia en la vida del Siglo XX, y aun así, han sido ignorados totalmente por la filosofía de la ciencia. Esta negligencia debería ser contrastada con otras ciencias sociales en las que el debate metodológico ha ocupado grandes dosis de tiempo y energía. La filosofía de la ciencia, tal como es practicada en los departamentos de filosofía, parece estar básicamente relacionada con la física, con filósofos con conocimientos rudimentarios de psicología, biología y escasamente con las ciencias sociales. Me parece que muchos economistas y filósofos que han escrito sobre metodología económica, no le han dado suficiente énfasis a la orientación de gran parte de la investigación económica. Una razón de lo anterior es la carencia de un modelo adecuado a seguir. No existe filosofía de la ingeniería, filosofía de la medicina o filosofía de la odontología. No hay un modelo de metodología para una ciencia política con el cual pueda construirse un análisis. La tarea de formular dicha teoría es, desde mi punto de vista, uno de los problemas más interesantes para aquellos que están involucrados con los aspectos metodológicos y filosóficos de las ciencias sociales… Este es un fragmento de la charla preparada para la conferencia “¿La economía puede convertirse en una ciencia dura?” (29--30 de octubre de 1992, París, Francia.), que examinó cómo la teoría económica neoclásica es útil para la comprensión de política económica. También describió el papel de la teoría económica en la política económica.[5]. 

Claramente podemos ver que el profesor Varian es consciente de la diferencia que existe entre la ciencia (blanda) de la economía y las ciencias (duras) como la física y la biología, bases científicas de la ingeniería y la medicina  —éstas profesiones actúan directamente mediante su respectiva acción profesional que no debe confundirse la profesión con la ciencia que la sustenta. A su vez, sostiene la utilidad de la economía (a través de la política de los gobernantes de turno) como la que ofrece la ingeniería, la medicina y la odontología para mejorar los niveles estándar de vida.  Por otro lado, Varian sabe que la política y la economía son materias que van juntas, y que las acciones del gobierno en la economía, debe sustentarse en bases tanto económicas como políticas; sin embargo:   “los economistas teóricos nunca han conseguido integrar adecuadamente el gobierno con los agentes económicos privados en una teoría única del equilibrio general. En cambio, han tratado la acción gubernamental como una variable exógena, determinada por consideraciones políticas que son ajenas al campo de la economía”.
Es por eso, precisamente, que Varian comenta que muchos economistas y filósofos que han escrito sobre metodología económica, no le han dado suficiente énfasis a la orientación de gran parte de la investigación económica. Una razón… --es la carencia de un modelo adecuado a seguir. No hay un modelo de metodología para una ciencia política con el cual pueda construirse un análisis. La tarea de formular dicha teoría es, desde mi punto de vista, uno de los problemas más interesantes para aquellos que están involucrados con los aspectos metodológicos y filosóficos de las ciencias sociales… En este respecto, Anthony Downs en su teoría económica de la acción política en una democracia escribe:

 …que desde la teoría económica se parte de una aceptación de la división del trabajo, en la que un agente actúa en pro de sus propios beneficios, y como efecto secundario de esto contribuye a una función social. En el estudio de la acción gubernamental, ésta no se ha estudiado desde la óptica de la división del trabajo ya que se considera que el gobierno no entra en esta división: se supone que él no actúa movido por asuntos privados. Sin embargo, el autor ve esto como un problema para el estudio de la acción gubernamental y busca integrar este enfoque en su análisis, “cualquier pretensión de formular una teoría de la acción gubernamental que no discuta los motivos de quienes dirigen el gobierno debe ser considerada incoherente con el cuerpo principal del análisis económico”.    En resumen podemos decir que la mayoría de economistas ignoran la economía de la acción económica de la escuela austriaca. «Lo que distingue a la Escuela Austriaca y habrá de proporcionarle fama inmortal es precisamente el hecho de haber desarrollado una teoría de la acción económica y no de la “no acción” o “equilibrio” económico» (Von Mises, 2001: 70), que hoy ha sido reivindicada por la ingeniería económica. Igualmente, desconocen los teoremas de Schumpeter que sustentan a la ingeniería económica; él (Schumpeter) es uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Ocupa un lugar  destacado en  la Sociología Económica con Adam Smith, Carlos Marx, Émile Durkheim, Georg Simmel y Max Weber y es uno de los primeros economistas en reivindicar “explícitamente” el papel que debería de jugar la Sociología Económica en el estudio de las instituciones y de la vida económica. Tradicionalmente se reconoce su contribución a la Sociología Económica  en sus ensayos sobre la crisis  fiscal del Estado, el imperialismo y  las transformaciones de la estructura de clases con el desarrollo del capitalismo. Sin embargo, estos ensayos  no son las únicas aportaciones en las que, como nos recuerdan Salvador Giner y  Richard Swedberg, muestra su interés en la perspectiva sociológica. La Sociología está presente en el núcleo de su aportación  a la teoría económica: en la teoría de la innovación. La teoría de la innovación (y de las crisis) de Schumpeter se encuentra a miedo camino entre la teoría de alcance medio en el sentido de Merton y la ambición por la gran teoría.

   En el  segundo caso, ubicamos al famoso economista PhD. Adolfo Figueroa, quien discrepa con Hal Varian (la idea de ingeniería). Dicho economista teórico (considerado por sus colegas y alumnos como el único economista que hace teoría económica),  refuta la propuesta del profesor Hal Varian, como se puede leer en su artículo “Ciencia y desarrollo: el papel de la ciencia económica[7]”. Precisamente, este artículo fue escrito como una reacción a la propuesta de Hal Varian [que fue preparada para una conferencia, cuyo propósito era examinar si la economía estaba llegando a ser una ciencia dura]. Obviamente que, por las expresiones vertidas en dicho artículo (ver líneas abajo) indican  que se sintió oscuramente impactado cuando Varian sostiene que:  …es un error comparar la economía con la física, ya que hacerlo con la ingeniería podría ser una mejor comparación... similarmente, es un error comparar la economía con la biología; en todo caso sería mejor compararla con la medicina...

Así, y 
fiel a Milton Friedman, Adolfo Figueroa, sostiene:
>La utilidad de una ciencia se expresa en la ingeniería.
>El desarrollo de la ingeniería depende del desarrollo de las ciencias naturales, y no al revés.
>La medicina es en cierto sentido también ingeniería, pues se funda en la biología y en la química.
>La concepción de que economía es ingeniería es muy aceptada.

Respecto a Varian, sobre la economía como ingeniería, Figueroa sostiene que:

El argumento de Varian tiene un problema lógico.
No puede existir ingeniería sin una ciencia que la sustente.
Economía no puede ser ingeniería pura.

La enseñanza de la economía en el tercer mundo deja de preocuparse por la ciencia para convertirse en pura ingeniería.
La ingeniería económica es la política económica y viceversa.
Implícitamente, se acepta que la ontología universalista de las ciencias naturales también se aplica a la economía.

Sobre “La Ingeniería Económica”
La ingeniería económica se sustenta en la teoría económica (la teoría neoclásica). Esta metodología deductivista es de aceptación general entre los economistas.
 En el tercer mundo se practica la ingeniería económica antes que la ciencia económica.
La ingeniería del desarrollo económico está limitada por el poco desarrollo de esta rama de la ciencia económica que explique el funcionamiento del tercer mundo

Luego añade que:
La historia de las políticas económicas en el tercer mundo es la historia de los fracasos de los gobiernos para generar desarrollo. Este fracaso se refleja en la falta de convergencia entre el primer mundo y el tercer mundo. Una nueva teoría del desarrollo capitalista, que toma en cuenta el peso de la historia, y que explica la convergencia, se presenta en este trabajo. Las políticas que emergen de esta teoría son muy distintas a las que se ha aplicado hasta ahora. 
La teoría de la exclusión sugiere que se debe modificar el legado de la desigualdad inicial, es decir, modificar las condiciones actuales en la desigualdad de los activos. Se requiere de un shock refundacional. Esta proposición implica eliminar los mecanismos de exclusión. Una forma consistiría en crear un piso de bienestar en la sociedad en la forma de derechos. Este piso serviría para reducir la pobreza y poner límites a la desigualdad, y estos derechos servirían para eliminar los mecanismos de exclusión. ¿Cómo hacerlo? La respuesta corresponde a la ingeniería económica e ingeniería social que se deriva de la teoría de la exclusión.
La economía que estudia el tercer mundo se denomina economía del desarrollo —development economics. Pero esta es una sub-disciplina, la cual consiste, fundamentalmente, de aplicaciones de la economía estándar a los problemas del tercer mundo. Es una sub-disciplina en el sentido que no tiene un cuerpo teórico independiente.

Nosotros creemos que tantas (falacias de ambigüedad) patéticas desconcatenadas (y a la vez disímiles), corroboran simplemente que este economista (Adolfo Figueroa) es un cientificista con problemas existenciales… como si lo hubieran dejado sin piso (al quitarle el rigor científico a su ciencia económica). 

Es tan absurdo admitir que La economía del desarrollo no es ciencia sino ingeniería económica […]; con esto, estaría únicamente  corroborando que él nunca ha tratado con un ingeniero economista, o, que no ha leído la  'Teoría del desarrollo económico' de Joseph Alois Schumpeter,[8] (fundamentada en los procesos de innovación y desarrollos Tecnológicos y en el cambio socio-cultural) elaborada en 1911 en su Theorie der wirtschaftlichen Entwicklung; o, que no lo ha entendido. Sin embargo, estamos seguros que lo quiere ignorar, porque no le conviene; de ser así —se habría quedado congelado en el “mainstream económico académico” de su época de estudiante al creer que sigue vigente la gran referencia ideológica y analítica para los desarrollistas latinoamericanos y caribeños (CEPAL, 1951, 1962, 1973) de Prebisch[9]. Este autor sostenía[10] que la industrialización espontánea en curso tenía un significado especial en la historia de la humanidad, porque representaba la posibilidad de que la vasta región subdesarrollada latinoamericana captara los frutos del progreso técnico mundial, hasta entonces confinados esencialmente a los países industrializados.

En este respecto, nosotros dudamos que el economista PhD. Adolfo Figueroa aún crea que sigue vigente la gran referencia ideológica y analítica para los desarrollistas latinoamericanos y caribeños (CEPAL, 1951, 1962, 1973) de Prebisch[11]. Este autor sostenía[12] que la industrialización espontánea en curso tenía un significado especial en la historia de la humanidad, porque representaba la posibilidad de que la vasta región subdesarrollada latinoamericana captara los frutos del progreso técnico mundial, hasta entonces confinados esencialmente a los países industrializados. Lo contrario está más cerca a la verdad. Más parece que éste economista PhD. Adolfo Figueroa esconde capciosamente (insidiosamente)  —así parece, por que no dudamos que ignore— que: la “Economía del Desarrollo”, entendida como teoría económica del desarrollo, formaría parte del pensamiento económico en desarrollo, por lo que pueden encontrarse importantes antecedentes de las concepciones de desarrollo económico que se engloban en esta disciplina a lo largo de la historia del pensamiento económico; podemos arrancar desde el pensamiento mercantilista (T. Mun) e ir atravesando otras escuelas como la fisiócrata (F. Quesnay), la clásica (A. Smith, D. Ricardo, T. Malthus y J. S. Mill), la marxista (K. Marx y V. I. Lenin), la historicista (F. List, W. Roscher, B. Hildebrant, G. Schmoller, y W. Sombart), la institucionalista (T. Veblen, C. Ayres, J. Commons), la neoclásica (A. Marshall, C. Menger y L. Walras), la keynesiana (J. M. Keynes y A. Hansen) y la schumpeteriana (J. A. Schumpeter).
Sin embargo, en la Economía del Desarrollo propiamente dicha podemos encontrar cinco corrientes de pensamiento bien diferenciadas, la teoría de la modernización, la teoría estructuralista del desarrollo, la teoría neomarxista del desarrollo, la teoría neoliberal del desarrollo y las teorías alternativas del desarrollo.

Sin embargo, éste economista Ph.D (Doctor en Filosofía) se atreve a calificar la propuesta del profesor Hal Varian afirmando que su argumento[13] tiene un problema[14] lógico[15], al mismo tiempo afirma en los términos siguientes:

«No puede existir ingeniería sin una ciencia que la sustente. Economía no puede ser ingeniería pura. En realidad, su argumento es que la ciencia económica es deductiva, y una vez creada la teoría hay que utilizarla sin necesidad de pasar por el proceso de su falsación. Su visión es que la economía no es una ciencia fáctica. 

La ingeniería económica se sustenta en la teoría económica (la teoría neoclásica)[16]. Esta metodología deductivista es de aceptación general entre los economistas. Así lo prueban los datos de la realidad. (Pág. N° 31) […] Y como no puede existir una epistemología para la ingeniería, la economía no necesita de la filosofía de la ciencia. Economía es aplicación de la teoría económica a problemas de política económica. Economía es pura ingeniería

    Este economista concatenó puntos de vista diferentes; insinuosamente  parte de una proposición falsa al afirmar que No puede existir ingeniería sin una ciencia que la sustente”, para lo cual capciosamente emplea una pseuda-argumentación[17]. 

Pues, no dudamos de que no esté enterado que la ciencia es apenas uno de sus componentes de la ingeniería, pues antes de que aquélla se incorporare (a la ingeniería), ésta ya existía como quehacer del hombre[18]. Se indica como la ingeniería no puede plegarse a los dictados de la ciencia[19] porque los problemas que enfrenta y su método para resolverlos son de naturaleza muy diferente. Asimismo, en la actualidad la ingeniería no sólo se basa en disciplinas sino que está asociada con otras profesiones. Existe la costumbre, además, de pensar que la ingeniería es parte de una trilogía: ciencia pura, ciencia aplicada e ingeniería. Se debe hacer énfasis en que esta trilogía es solamente una de la tríada de trilogías en cuales encaja la ingeniería. La primera es ciencia pura, ciencia técnica, ingeniería; la segunda es teoría económica, finanzas, ingeniería; y la tercera es relaciones sociales, relaciones industriales, ingeniería.

   Luego supone que Hal Varian concluye que: […]Economía es pura ingeniería. Pues, si leemos cuidadosamente la propuesta (Leer aquí https://core.ac.uk/download/pdf/6499123.pdf), no encontramos tal afirmación.

No es necesario ser epistemólogo[20] para entender que ésta crítica no es propia de un economista de su talla[21].

“Numerosas son las cátedras, pero escasos los profesores sabios y nobles. Numerosos y grandes son las aulas pero pocos los jóvenes que realmente tienen sed de verdad y justicia”  “¡Que cada cual juzgue ateniéndose a su opinión personal, basada en sus  propias lecturas, pero que no se base en lo que dicen otros!” Einstein, de “La libertad de enseñanza”, a propósito del caso Gumbel.

Varian, cuando indica que: 
[…] Y como no puede existir una epistemología para la ingeniería, la economía no necesita de la filosofía de la ciencia.
Figueroa no interpreta cabalmente lo dicho por Varian, pues éste se refiere a que –“Cuando se piensa acerca de esto, es sorprendente que no haya más trabajo en la metodología de la ingeniería o de la medicina. Estos aspectos han tenido una gran enorme influencia en la vida del Siglo XX, y aun así, han sido ignorados totalmente por la filosofía de la ciencia. Esta negligencia debería ser contrastada con otras ciencias sociales en las que el debate metodológico ha ocupado grandes dosis de tiempo y energía. La filosofía de la ciencia, tal como es practicada en los departamentos de filosofía, parece estar básicamente relacionada con la física, con filósofos” Leer aquí.

Para hacer una crítica al testimonio de Varian hay que hacerla desde la perspectiva epistemología testimonial[22] y no desde la lógica cartesiana[23]; en todo caso, debería hacer una crítica con el soporte de la "lógica proposicional"   
En lógica, la lógica proposicional es un sistema formal diseñado para analizar ciertos tipos de argumentosLa lógica proposicional intenta esclarecer nuestra comprensión de la noción de consecuencia lógica para el rango de argumentos que analiza.

 Pués, en efecto, por de pronto, una «cuestión de hecho»,  no existe una única validez epistemológica y en cuanto a su crítica sobre el contenido del concepto, la crítica que Figueroa hace a la propuesta que Varian plasma en su afamada exposición, pués... nos parece exagerada, y totalmente fuera de lugar. Además, y es bueno tenerlo en cuenta, su postura, cuando esgrime críticas al contenido del vocablo ingeniería, lo vuelve un pensador profundamente conservador.  Y esto, pensamos, es una sólida razón para destacar la importancia que guarda su lectura ahora que, aprovechando la magia de la Red de Redes cualquier persona puede acceder a esta obra. 
El Dr. Figueroa no debe olvidar las recomendaciones de John Maynard Keynes cuando hablaba del economista perfecto: "Un economista debe ser en cierta medida un matemático, un historiador, un estadista, un filósofo... tan distante e incorruptible como un artista y, sin embargo, a veces con los pies tan en el suelo como un político" Así describía John Maynard Keynes, uno de los economistas más importantes del siglo pasado y de toda la historia, las características que debía reunir un buen compañero de profesión. Un buen economista debe poseer varias habilidades, en apariencia no difíciles de manejar, pero sí raras de reunir. No se  pueden cubrir la gran cantidad de variables que convergen en la economía sin varias aptitudes y puntos de vista: debe conocer la historia para no repetir errores, debe hacer cálculos matemáticos, debe estudiar el presente pensando en el futuro y el futuro pensando en el presente, debe actuar ante la realidad con la sangre fría de un ser ajeno a este mundo y a la vez introducirte en él de lleno. John Maynard Keynes alguna vez llamó a los economistas "custodios, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización".

Respecto a la convergencia, Sala-i-Martin en sus "Apuntes de crecimiento económico" 1994 comparando los datos de 114 países entre 1960 y 1985 él observó que no ha habido convergencia sino que, por el contrario, las diferencias tienden a aumentar (ver http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002996/helvia/aula/archivos/repositorio/250/271/html/economia/18/convergencia.htm )

Por otro lado ya el economista holandés Jan Tinbergen, en su folleto "Convergencia de los Sistemas Económicos del Este y del Oeste" (1968), anotó que esa convergencia se producía “como consecuencia de la experiencia recogida por cada sociedad dentro del ámbito de su propio sistema y no como consecuencia del deseo de imitar al otro sistema”. La tesis era que, bajo la planificación matemática  —mathematical planning—,  las decisiones de los dos sistemas tenderían a aproximarse en cuanto a productividad, formación de los precios, planeación económica, atención a las demandas de los consumidores, seguridad social, modernización de los aparatos industriales y otros elementos de la economía. Con lo cual era de esperar una disminución en la intensidad del conflicto entre el Este y el Oeste.

Para un estudiante de economía,  que tiene sed de verdad (como decía Einstein), a propósito del Dr. Figueroa, el alumno debe aprender a diferenciar la epistemología de una tercera disciplina, más restringida que ella: la metodología. Primeramente, debemos ver si las ideas, publicadas por estos dos economista, tienen la intención de conceptualizar sobre lo que es la “Ingeniería Económica”, de modo que los alumnos puedan darse cuenta como estas ideas, por el “efecto mateo”[24]son aceptadas inconscientemente como verdades indiscutibles, lo que da lugar a un conflicto sobre quien tiene la “razón”.  Para finalmente aceptar solo una de ellas como verdadera o acertada, o, si solo nos interesa aprobar el examen, aprender la que el profesor espera como una respuesta ante una pregunta del examen. Esta situación crítica (para el alumno) nos obliga pedirle prestado la lámpara a Diógnes, para permitirnos aclarar cuál es la intención de fondo de cada uno de los autores. El metodólogo (con el estilo de Figueroa) no pone en tela de juicio el conocimiento ya aceptado como válido por la comunidad científica sino que se concentra en la búsqueda de estrategias para ampliar el conocimiento. Por ejemplo, la importancia de la estadística está fuera de discusión para el metodólogo, pues constituye un camino para construir nuevas hipótesis a partir de datos y muestras. En cambio, el epistemólogo a la vez podría cuestionar el valor de esos datos y muestras y de la misma estadística

El pensamiento y el análisis económico, a lo largo de toda su historia hasta nuestros días, ha estado dominado por un dualismo elemental, el cual define dos formas esencialmente distintas de hacer economía. Esta oposición entre dos tipos de análisis económico ha sido rotulada de muy diversas maneras: oposición entre un enfoque organísmico y mecanicista, colectivista e individualista metodológico, holista y atomista, conservador y emancipador, etc. Más allá de esta diversidad de calificativos, en términos generales se pueden caracterizar los dos grandes paradigmas que están detrás de cada uno de los extremos de esta dicotomía fundamental como una economía del sistema económico y una economía de la acción económica, respectivamente. Toda teorización económica puede encasillarse en cierta medida en uno u otro de estos paradigmas, aunque debe decirse que la historia de la economía registra varios intentos de conciliación de ambos polos. Los paradigmas a los que nos referimos entrañan dos concepciones radicalmente opuestas del agente humano y de su accionar. En el contexto de la economía del sistema económico, los actores económicos que  aparecen representados en gran medida como sujetos pasivos de un sistema que los constriñe. Éste ejerce una fuerte dominación sobre los agentes al punto que los determina en su condición de seres económicos e individuales, vale decir, en su conducta, relaciones sociales y en su sentido de identidad personal. La dominación ejercida por el sistema es posible en virtud del proceso de socialización que se da en su interior; de esta forma, sostiene Dawe, los actores “son socializados según los valores centrales de la sociedad y las normas adecuadas para los roles que deben desempeñar en la división del trabajo, los roles que les otorgan tanto su identidad personal como su lugar y su propósito central en la satisfacción de las necesidades funcionales del sistema”.

Entre otras, la intención de este análisis no está concebida en un sentido dogmático ni se pretende en modo alguno sentar cátedra o definir seguridades. Todo lo dicho aquí tiene más bien un sentido hipotético, conjetural, de planteamientos que puedan ser discutidos, criticados y evaluados, siempre dentro de una función didáctico-aplicativa que pueda servir de aporte para el mejoramiento de los procesos investigativos universitarios aún en el seno de los programas de postgrado. Por eso se puso un empeño particular en proveer la mayor cantidad posible de referencias bibliográficas, de manera que el usuario tenga la opción de validar y continuar por sí mismo las ideas aquí tratadas.

 Autor responsable
cortezhonorio@gmail.com




[1] El principio más elemental del Objetivismo es la fórmula A es igual a A (A = A), esto quiere decir que el hombre debe apartar de su camino toda creencia espiritual o religiosa que le haga pensar que la realidad otra que la que se percibe con los sentidos. “Los hechos son hechos” reza la idea metafísica del objetivismo en la que se contempla el desprendimiento del hombre de todo deseo o temor que lo haga sentir que lo sobrenatural puede ser aceptado como real.
[2] Milton Friedman (1912) quien recibió en 1977 el premio Nobel de economía «por sus trabajos sobre el consumo, historia monetaria y sus aportaciones al problema de las políticas de estabilización». No obstante, como él mismo indica (Friedman y Friedman, 1998, p. 215) que su trabajo de más amplia repercusión fue el prefacio que redactó para su primer libro como catedrático de la Universidad de Chicago, una compilación de artículos titulada Ensayos de economía positiva (1953). Friedman: la cientificidad de la economía, como cualquier otra disciplina científica, debe evaluarse por el acierto de sus predicciones y no por el realismo descriptivo de sus hipótesis. Así, por ejemplo, aunque ninguno de nosotros se reconozca en el agente económico de los teóricos de la demanda, éste les servirá a los economistas para predecir acertadamente su decisión, y con eso bastará, según Friedman, para que consideremos su teoría como ciencia positiva. Debemos, por tanto, aceptar las hipótesis que ofrezcan mejores predicciones sin prejuicios normativos sobre sus fundamentos o consecuencias. Para defender sus tesis, Friedman construye diversos argumentos contra sus adversarios a base de ejemplos y contraejemplos: por un lado, los partidarios del realismo en economía (críticos, en su mayor parte, de la teoría de la utilidad) y contra quienes se preocupan más de la formalización de la teoría económica que de sus implicaciones empíricas (fundamentalmente, los teóricos walrasianos). Desde un punto de vista epistemológico, no es difícil reconocer aquí una tesis instrumentalista. No obstante, son muchos los que han señalado las insuficiencias de su elaboración conceptual. Pensemos, por ejemplo (Mäki, 1992), en la coexistencia en el ensayo de Friedman de un instrumentalismo metodológico con un realismo ontológico (sobre entidades económicas como el consumidor, la empresa, etc.). O la posibilidad de interpretar sus tesis desde perspectivas tan distintas como la de Popper o el pragmatismo, con su asentimiento para ambas. Esta ambigüedad probablemente explique su amplísima aceptación. Pero debemos prestar atención también al éxito de la estrategia teórica justificada por sus prescripciones metodológicas: la minimización de las constricciones formales impuestas por el equilibrio general simplifica la adaptación estadística de la teoría económica, de modo que de ella se puedan obtener predicciones simples y políticamente relevantes, como las deseadas por tantos economistas entonces y ahora. Pese a todo, los resultados de Friedman no llegaron a producir el consenso deseado, entre los economistas o el público.
[3] El ministerio francés de investigación reunió en 1992 a varios pensadores provenientes de diversas corrientes de la economía para que compararan el estado de la ciencia económica con el de las ciencias 'duras'. La pregunta central era la siguiente: ¿puede hoy la economía equipararse a las ciencias naturales (tanto en su metodología como en sus resultados)?
[4] Varian, Hal,1989, “What Use is Economic Theory”, Trabajo presentado a la Conferencia Is Economics Becoming a Hard Science?, Octubre 29-30, 1992, Paris. El artículo está disponible en el sitio electrónico del autor, University of California at Berkeley, http://www/sims/berkeley/edu Se publicó una versión anterior de este documento (en Francés) en A. Autume y J. Cartelier, ed. Lâ  Economie DEVIENT-Elle Une Ciencia Duré?”, Economica, París.Esta es una charla preparada para la conferencia “¿La economía puede convertirse en una ciencia dura?” (29--30 de octubre de 1992, París, Francia.), examinó cómo la teoría económica neoclásica es útil para la comprensión de política económica. También describió el papel de la teoría económica en la política económica.
[5] Por fortuna, la editorial francesa Economica publicó, bajo la edición de [ean Cartelier y Antoine D'Autume, las ponencias de esa reunión. Hubo una amplia gama de participantes y de enfoques. Neoclásicos importantes: Malinvaud, Hildebrand, Varian, Polemarchaquis, Kirman; heterodoxos de diversos matices y grados: Benetti y Cartelier (enfoque monetario), Dumenil, Levy, Foley (visión clásica), Boyer, Amable, Lordon (Escuela de la Regulación) y Robert Clower (antiguo impulsor de la teoría de los equilibrios no-walrasianos). Además, estaban bien representadas las técnicas auxiliares de la economía: la econometría (David Hendry) y lo mejor de la epistemología económica francesa (Brochier, Favereaud, Guesmerie, Walliser, Lantner).
Las respuestas a la pregunta central pueden clasificarse en dos grupos: En el primero, las que intentaban establecer si la economía comparte las características formales de las ciencias duras: 1. Unos principios explicativos o leyes generales del objeto empírico de investigación aplicables a diferentes situaciones; es decir, la existencia de una teoría general de los fenómenos estudiados válida para muchos casos particulares; 2. Que las variables y sus relaciones mutuas se puedan cuantificar y medir en forma estadística; 3. Que se puedan hacer predicciones sobre los eventos reales cubiertos por la teoría; 4. Hacer experimentos para probar la solidez de los argumentos explicativos, es decir, que existan métodos de prueba y refutación empíricos.
El debate concluyó que la economía no reúne o no puede reunir todas esas características. Todos los participantes coinciden en que la economía posee una teoría dominante (la formulación del equilibrio general de los mercados de Arrow y Debreu) con niveles de formalización equivalentes a los que existen en las ciencias naturales, pero la mayoría de ellos acepta que aún no cumple todos los requisitos y que, por tanto, no es una ciencia dura.
Malinvaud, Brochier, Lantner, Feveraud y Foley son los principales exponentes de esta conclusión. Según ellos, la economía no es una ciencia dura porque:
1. Los fenómenos económicos son más complejos y menos permanentes que los naturales;
2. Los fenómenos económicos se presentan en contextos políticos y sociales donde la interpretación deja campo a la subjetividad. La economía, entonces, está dominada por lo normativo y, por ende, por los valores que existen en la sociedad;
3. La autonomía de lo económico en la sociedad y su permanencia no son un rasgo adquirido;
4. En la economía no se pueden hacer pruebas de laboratorio ni experimentos. En su lugar, se construyen modelos artificiales. Al no poder hacer experimentos controlados, los economistas ensayan y prueban con los modelos;
5. Los economistas no pueden hacer cálculos y predicciones exactas por las dificultades de información y construcción de datos;
6. En contraste con la física, el equilibrio general carece de sustancia pues sus magnitudes no se dejan medir estadísticamente.
[6] Las cualidades que Keynes predicaba de su maestro Alfred Marshall podrían aplicarse también a un puñado de economistas que han marcado los derroteros de las ciencias económicas, no siempre en la misma dirección. La creciente complejidad de los fenómenos económicos y de la ciencia económica convierten el ejemplares cada vez más raros esos mirlos blancos capaces de fecundar el análisis económico con los métodos y precauciones de las matemáticas…
[7] Ciencia y desarrollo: el papel de la ciencia económica, Adolfo Figueroa, Setiembre, 2001, documento de trabajo 202, Http://www.pucp.edu.pe/economia/pdf/DDD202.pdf
[8] En primer lugar, Schumpeter considera el proceso de producción como una combinación de fuerzas productivas, las que, a su vez, están compuestas por fuerzas materiales y fuerzas inmateriales. Las fuerzas materiales las componen los llamados factores originales de la producción (Factor trabajo, Factor tierra y Factor capital –“ medios de producción producidos”). Las fuerzas inmateriales las componen los “hechos técnicos” y los “hechos de organización social” (SCHUMPETER, Joseph. Teoría del desenvolvimiento económico. Quinta Reimpresión, Fondo de Cultura Económica, México, 1978, p.25.), que, al igual que los factores materiales, también condicionan la naturaleza y el nivel del desarrollo económico. El segundo concepto es el de desarrollo económico. “El desenvolvimiento en nuestro sentido, es un fenómeno característico, totalmente extraño a lo que puede ser observado en la corriente circular, o en la tendencia al equilibrio [crecimiento económico]. Es un cambio espontáneo y discontinuo en los cauces de la corriente, alteraciones del equilibrio, que desplazan siempre el estado de equilibrio existente con anterioridad” (Por innovación, Schumpeter entiende una invención que se introduce en el mercado, es decir, con potencial de industrialización, con potencial de mercado.). El Desarrollo económico es, pues, un fenómeno dinámico y no estático, implica, contrario al crecimiento económico que es únicamente “alteración de datos”, un proceso de transformación cualitativa de la sociedad y de la economía.   A pesar de que el desarrollo económico está determinado por la Tecnología y las fuerzas socio-culturales, las dos no lo determinan con la misma intensidad. En efecto, “este carácter evolutivo del proceso capitalista no se debe simplemente al hecho de que la vida económica transcurra en un medio social y natural que se transforma incesantemente y que, a causa de su transformación, altera los datos de la acción económica; este hecho es importante y estas transformaciones (guerras, revoluciones, etc) condicionan a menudo el cambio industrial, pero no constituyen su móvil  primordial. Tampoco se debe este carácter evolutivo al crecimiento casi automático de la población y el capital ni a las veleidades del sistema monetario, de todo lo cual puede decirse exactamente lo mismo que de las transformaciones del proceso capitalista. El impulso fundamental que pone y mantiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista” (SCHUMPETER, Joseph. Op. Cit.,  P.75.).
[9] La trayectoria intelectual de la CEPAL se inicia con la redacción por Prebisch, en 1949 y 1950, de tres documentos que contenían los elementos básicos que figurarían como la gran referencia ideológica y analítica para los desarrollistas latinoamericanos y caribeños (CEPAL, 1951, 1962, 1973).
[10] La nueva "teoría del desarrollo": Prebisch presenta entonces los elementos de la matriz analítica de la que "arranca" el pensamiento cepalino. En ellos se encuentran tanto el análisis de la inserción internacional de las economías periféricas y de la vulnerabilidad externa consiguiente, como el análisis de las condiciones problemáticas y de las tendencias "perversas" (desequilibrio en las cuentas externas, inflación, desempleo) con que se procesa internamente el crecimiento en la periferia latinoamericana, en función de las características estructurales heredadas: baja especialización productiva y heterogeneidad tecnológica. Por último, el autor realiza una primera incursión en la temática de la intervención estatal, que surge fortalecida al argumentarse la naturaleza problemática de la industrialización en las condiciones estructurales periféricas, que el mercado no tendría cómo resolver espontáneamente. Los años cincuenta fueron para la CEPAL los del auge de la creatividad y de la capacidad de osar e influenciar. Prebisch y la osadía intelectual son sinónimos en América Latina. Apoyándolo, en el seno mismo de la CEPAL o en sus cercanías, estarían nada menos que Celso Furtado, José Medina Echavarría, Regino Botti, Jorge Ahumada, Juan Noyola Vázquez, Aníbal Pinto, Osvaldo Sunkel y otros conocidos cultores del conocimiento sobre la realidad latinoamericana. Los mensajes eran innovadores y fértil el campo para divulgarlos. En el plano de la conveniencia histórica, la ideología cepalina encajaba perfectamente con los proyectos políticos de varios gobiernos del continente. En el plano analítico, el mensaje general estaba plenamente sintonizado con el meollo de la nueva "teoría del desarrollo": los países subdesarrollados merecían una formulación teórica independiente o a lo menos adaptada, ya que en aspectos relevantes funcionaban en forma diferente a los desarrollados. En el fondo, con diferentes conceptos y maneras de formular la cuestión, todos exponían el mismo mensaje central, el de la necesidad de realizar políticas de industrialización como forma de superar el subdesarrollo y la pobreza. La CEPAL se manejó admirablemente en ese contexto. No sólo se tornó en una referencia indispensable cuando se hablaba de América Latina, sino que desarrolló una teorización propia en la que combinó en forma consistente un buen número de innovaciones conceptuales: relaciones "centroperiferia", deterioro de los términos de intercambio, desequilibrio estructural del balance de pagos, inflación estructural, desempleo estructural, planificación del desarrollo en América Latina, integración regional, entre otras.
[11] La trayectoria intelectual de la CEPAL se inicia con la redacción por Prebisch, en 1949 y 1950, de tres documentos que contenían los elementos básicos que figurarían como la gran referencia ideológica y analítica para los desarrollistas latinoamericanos y caribeños (CEPAL, 1951, 1962, 1973).
[12] La nueva "teoría del desarrollo": Prebisch presenta entonces los elementos de la matriz analítica de la que "arranca" el pensamiento cepalino. En ellos se encuentran tanto el análisis de la inserción internacional de las economías periféricas y de la vulnerabilidad externa consiguiente, como el análisis de las condiciones problemáticas y de las tendencias "perversas" (desequilibrio en las cuentas externas, inflación, desempleo) con que se procesa internamente el crecimiento en la periferia latinoamericana, en función de las características estructurales heredadas: baja especialización productiva y heterogeneidad tecnológica. Por último, el autor realiza una primera incursión en la temática de la intervención estatal, que surge fortalecida al argumentarse la naturaleza problemática de la industrialización en las condiciones estructurales periféricas, que el mercado no tendría cómo resolver espontáneamente. Los años cincuenta fueron para la CEPAL los del auge de la creatividad y de la capacidad de osar e influenciar. Prebisch y la osadía intelectual son sinónimos en América Latina. Apoyándolo, en el seno mismo de la CEPAL o en sus cercanías, estarían nada menos que Celso Furtado, José Medina Echavarría, Regino Botti, Jorge Ahumada, Juan Noyola Vázquez, Aníbal Pinto, Osvaldo Sunkel y otros conocidos cultores del conocimiento sobre la realidad latinoamericana. Los mensajes eran innovadores y fértil el campo para divulgarlos. En el plano de la conveniencia histórica, la ideología cepalina encajaba perfectamente con los proyectos políticos de varios gobiernos del continente. En el plano analítico, el mensaje general estaba plenamente sintonizado con el meollo de la nueva "teoría del desarrollo": los países subdesarrollados merecían una formulación teórica independiente o a lo menos adaptada, ya que en aspectos relevantes funcionaban en forma diferente a los desarrollados. En el fondo, con diferentes conceptos y maneras de formular la cuestión, todos exponían el mismo mensaje central, el de la necesidad de realizar políticas de industrialización como forma de superar el subdesarrollo y la pobreza. La CEPAL se manejó admirablemente en ese contexto. No sólo se tornó en una referencia indispensable cuando se hablaba de América Latina, sino que desarrolló una teorización propia en la que combinó en forma consistente un buen número de innovaciones conceptuales: relaciones "centroperiferia", deterioro de los términos de intercambio, desequilibrio estructural del balance de pagos, inflación estructural, desempleo estructural, planificación del desarrollo en América Latina, integración regional, entre otras.
[13] En lógica, un argumento se define como un conjunto de premisas seguidas por una conclusión. Un argumento puede ser sólido, (válido y con premisas verdaderas) o ser persuasivo de alguna otra manera. Sin embargo, un argumento no necesita ser sólido o persuasivo para ser unargumento.
[14] El valor de la crítica: En la época moderna, y casi hasta nuestros días, se ha puesto de moda el ser crítico; pero pocas veces se establece con claridad en que consiste esta exigencia. Ser crítico solo se comprende dentro de un sistema filosófico, pues la crítica no es una noción primera ni innata. No obstante, todo el mundo acepta casi ingenuamente el valor de la crítica, y somos infrecuentemente críticos para con el valor y fundamento de la misma.
[15] Los hombres y los entendimientos son diversos. Como nada hay innato en los hombres de una misma especie, la única causa de esta desigualdad se halla, para Locke, en la culpa que cada uno tiene por no ejercitarse y desarrollar las facultades de la mente. Las aptitudes que se encuentran en los hombres, o las ausencias de las mismas, se deben más que a ninguna otra cosa, a la falta de educación. La educación, en efecto, es el resultado de ser “capaz de rehusarse a la satisfacción de los propios deseos, de contrariar sus propias inclinaciones y seguir solamente lo que su razón le dicta, como mejor, aunque el apetito le incline en otro sentido” [4 LOCKE, J. Some Thoughts Concerning Education, n. 33. Cfr. LOCKE, J. La racionalidad del Cristianismo. Madrid, Paulinas, 1977. DYER, W. Glück der positiven Erzzihung: so werden Kinder frei, creativ und selbständig. München, MVG Verlag, 1992.]
[16] “Prejuzgar las ideas de otros antes de haberlas examinado no es mostrar su oscuridad, sino ponerla en nuestros propios ojos”  (Locke, J. Of the Conduct of Understanding. O. C., p. 211. Cfr. JOLLEY, N. Leibniz and Locke. Oxford, Clarendon Press, 1984. LEPERLIER, G. La communication pédagogique: des techniques d'expression au développement personnel. Toulouse, Privat, 1992. Historical Relations. Cambridge, Cambridge University Press, 1931)
[17] La argumentación es una variedad discursiva con la cual se pretende defender una opinión y persuadir de ella a un receptor mediante pruebas y razonamientos, que están en relación con diferentes: la lógica (leyes del razonamiento humano), la dialéctica (procedimientos que se ponen en juego para probar o refutar algo) y la retórica (uso de recursos lingüísticos con el fin de persuadir movilizando resortes no racionales, como son los afectos, las emociones, las sugestiones ...).
[18] El desarrollo de la ingeniería comenzó con la revolución agrícola en el año 8000 A.C. cuando los hombres dejaron de ser nómadas, y se establecieron en un lugar fijo para poder cosechar sus productos y criar sus animales comestibles. Al rededor del año 4000 A. C. las poblaciones comenzaron a asentarse alrededor de los ríos Nilo, Indo y Éufrates, estas tenían gobierno y escritura. De ahí estas civilizaciones se vieron en la necesidad de construir. Los primeros ingenieros fueron arquitectos, que construyeron muros para proteger las ciudades y los primeros edificios para lo cual utilizaron algunas habilidades de ingeniería. Seguidos por los especialistas en irrigación, estos se encargaron de facilitar el riego de las cosechas. A partir de ahí surge la INGENIERÍA MILITAR (primera disciplina de ingeniería), como las zonas de cosecha eran frecuentemente atacadas hubo necesidad de proteger las zonas vulnerables, ese era el trabajo de los ingenieros militares se encargaban de defender esas zonas a partir de la construcción de murallas y así las ciudades podían sobrevivir a los continuos ataques.
[19] El desarrollo de la ingeniería comenzó con la revolución agrícola en el año 8000 A.C. cuando los hombres dejaron de ser nómadas, y se establecieron en un lugar fijo para poder cosechar sus productos y criar sus animales comestibles. Al rededor del año 4000 A. C. las poblaciones comenzaron a asentarse alrededor de los ríos Nilo, Indo y Éufrates, estas tenían gobierno y escritura. De ahí estas civilizaciones se vieron en la necesidad de construir. Los primeros ingenieros fueron arquitectos, que construyeron muros para proteger las ciudades y los primeros edificios para lo cual utilizaron algunas habilidades de ingeniería. Seguidos por los especialistas en irrigación, estos se encargaron de facilitar el riego de las cosechas. A partir de ahí surge la INGENIERÍA MILITAR (primera disciplina de ingeniería), como las zonas de cosecha eran frecuentemente atacadas hubo necesidad de proteger las zonas vulnerables, ese era el trabajo de los ingenieros militares se encargaban de defender esas zonas a partir de la construcción de murallas y así las ciudades podían sobrevivir a los continuos ataques.
[20] Un buen estudiante de economía, que tiene sed de verdad, para contestarse, debe entender que la epistemología, como teoría del conocimiento, se ocupa de los problemas tales como: las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y los criterios por los cuales se le justifica o invalida, así como la definición clara y precisa de los conceptos epistémicos más usuales, tales como verdad, objetividad, realidad o justificación. Por otro lado, un estudiante de economía  que tiene sed de verdad, venido el caso, debe aprender a diferenciar la epistemología de una tercera disciplina, más restringida que ella: la metodología. El metodólogo no pone en tela de juicio el conocimiento ya aceptado como válido por la comunidad científica sino que se concentra en la búsqueda de estrategias para ampliar el conocimiento. Por ejemplo, la importancia de la estadística está fuera de discusión para el metodólogo, pues constituye un camino para construir nuevas hipótesis a partir de datos y muestras. En cambio, el epistemólogo a la vez podría cuestionar el valor de esos datos y muestras y de la misma estadística.
[21] Debido a la combinación del efecto Mateo y la Ley de Stigler, los autores afamados previamente, obtienen más fama personal que los no famosos por sus obras o descubrimientos; sus trabajos obtienen más repercusión, citas, difusión, impacto mediático, publicidad o ventas; consiguen más fondos, patrocinadores o medios para continuar con su actividad; y además es posible que reciban indebidamente el reconocimiento por trabajos o creaciones que no les son propias, o sólo tengan el mérito por alguna pequeña mejora o modificación respecto a la obra o descubrimiento de un autor más anónimo.
[22] La Epistemología Testimonial: Es llamada también “epistemología del testimonio” (testimony epistemology, epistemology of testimony) y, para muchos, está incluida en la epistemología social (Fuller 2002). Surge dentro del problema de las fuentes del conocimiento y de la justificación del mismo y desarrolla las condiciones bajo las cuales el conocimiento en general, incluyendo el científico, resulta válido no a partir de las propias construcciones del agente, sino de los procesos de transmisión desde otras personas. Es, precisamente, en el caso de la ciencia donde más se revelan los mecanismos transmisivos, testimoniales, como fuentes de conocimiento válido, en el sentido de que gran parte de la producción científica se fundamenta en lo que otros investigadores han logrado y han comunicado. Las mismas nociones de comunicación, difusión y transferencia científicas sólo pueden ser explicadas dentro de una epistemología testimonial. Los orígenes remotos de esta tendencia están en los siglos XVII (John Locke) y XVIII (David Hume y Thomas Reid). Dos de los autores fundamentales en esta epistemología son Robert
Audi y Anthony Coady (1995). Este último rebate la tendencia del sujeto (cartesiano, por ejemplo) a defender su propia autonomía de juicio respecto a lo que los demás le transmiten y, en cambio, sostiene que “las cogniciones racionales y empíricas no pueden suplantar completamente a las testimoniales, ya que dependen de esta última, al menos bajo el perfil del horizonte lingüístico y comunicativo dentro del cual son elaboradas” (1995:18). Sostiene también que “el testimonio es una fuente de información tan fundamental como lo es la percepción individual, la memoria individual y la inferencia individual. Todo nuestro mundo de entendimiento, creencias y conocimiento se funda fuertemente en nuestra confianza en lo que otras personas nos dicen” (entrevista en Radio ABC, 2004, en (http://www.georgetown.edu/faculty/jod/encounter.htm)
[23] Descartes parte de la crítica a la filosofía de su tiempo, en donde todo era dudoso y objeto de disputas. Admiró la matemática porque nos presenta verdades que poseen certeza: unas (los axiomas) porque se captan directamente gracias a la intuición, y otras (los teoremas) porque se deducen de los axiomas. El Racionalismo cree que la matemática es un saber modélico, e intentará renovar la filosofía imitando las características de su método: simplicidad de los principios, deducción y certezas.
[24] El efecto Mateo es la denominación sociológica de un fenómeno de acumulación de bienes, riqueza o fama, simplificado por la frase «el rico se hace más rico y el pobre se hace más pobre». La denominación «efecto Mateo» se debe a la conocida cita de este evangelista en su parábola de los talentos. (Mt, cap. 25, vers. 14-30), que resalta en el versículo 29 la frase: al que más tiene más se le dará, y al que menos tiene, se le quitará para dárselo al que más tiene En literatura, artes, industria cinematográfica o ciencias, el efecto Mateo puede observarse en la mayor estimación o reconocimiento personal que reciben los escritores, artistas, cineastas o científicos que ya son prestigiosos frente a otros menos conocidos.  Quienes han publicado o expuesto anteriormente sus trabajos, además de más fama, publicidad o atención, consiguen con mayor facilidad fondos económicos. Con estos mayores medios les es más fácil continuar su actividad o acometer proyectos de mayor envergadura. Estos dos factores: mayor fama y más medios disponibles dan lugar a un efecto multiplicador, o espiral creciente del «efecto Mateo». Su prestigio previo facilita ya de por sí que revistas científicas de primer orden, salas de exposiciones, editoriales, distribuidoras de cine, etc. publiquen o expongan sus trabajos. Los mayores o mejores medios a su disposición facilitan además una mayor y mejor capacidad de producción, que hará más probable que sean publicados, expuestos y publicitados, y que aumentará circularmente la fama y el prestigio de sus creadores. Adams, Marilyn J. (1990). Beginning to Read: Thinking and Learning about Print. Cambridge, MA: MIT Press.

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