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sábado, 6 de agosto de 2022

Daniel Kahneman. Un psicólogo Premio Nobel 2002

 Daniel Kahneman. Un psicólogo Premio Nobel 2002 

Orfelio G. León y Juan Botella 

Universidad Autónoma de Madrid 

La concesión del Premio Nobel 2002 de Economía a un psicólogo, Daniel Kahneman, motiva esta breve reseña, articulada en dos partes bien diferenciadas. En la primera se resumen los principales hitos de su carrera académica, que se ha basado en dos pilares principales: la toma de decisiones (ámbito por el que se le concede el premio) y la atención humana. En la segunda hacemos un repaso de los momentos en los que los trabajos de Kahneman han tenido un mayor impacto en nuestras propias trayectorias. Con ello pretendemos tanto reconocer su influencia en nuestro propio trabajo como animar a los psicólogos más jóvenes que no estén familiarizados con su trabajo a que relean sus contribuciones más clásicas y puedan ver en Kahneman un ejemplo de cómo la Psicología puede exportar sus ideas y resultar útil a otras ciencias en un futuro cada vez más interdisciplinar. 

Daniel Kahneman. A Nobel prize psychologist 2002. Nobel Prize in Economic Sciences, 2002, to psychologist Daniel Kahneman has originated this note, structured in two well defined parts. First part is devoted to the main academic contributions: judgment and decision making (which has motivated the prize) and human attention. Along the second part we relate those moments of our own academics lives influenced by Kahneman’s works. Our aim is to render a homage to the role played by the writings of Kahneman in our research as well as to let him know to the younger psychologists in order to drive them to classics papers of him. We think that Kahneman could be a good example of how Psycholgy can export their findings and be useful to other disciplines in a scenario of mixed sciences.

Notas biográficas sobre Daniel Kahneman El pasado mes de octubre un psicólogo, Daniel Kahneman, recibía el Premio Nobel de Economía «for having integrated insights from psychological research into economic science, especially concerning human judgment and decision-making under uncertainty». El premio era compartido con Vernon Smith, otro estudioso en el campo de la toma de decisiones (recomendamos a aquellos que no estén familiarizados con el tema que lean uno de los trabajos más afamados de Kahneman, publicado en Science, Tversky y Kahneman, 1981). Daniel Kahneman nació en Tel Aviv, Israel (comparte la doble nacionalidad con EE.UU.). Obtuvo el doctorado en Berkely CA. Hasta el año 1978 estuvo vinculado a la Universidad hebrea de Jerusalem, del 78 al 86 a la Universidad de la British Columbia (Canadá), del 86 al 94 a la Universidad de Berkeley, en California, y desde 1993 es profesor de Psicología en la Universidad Eugene Higgins y de Public Affairs, en la Universidad de Princeton, NJ, EE.UU. En sus primeros años se centró fundamentalmente en temas de percepción visual y atención (1961- 1973); es en 1971 cuando aparece su primer trabajo sobre sesgos, en compañía de Amos Tversky (Tversky y Kahneman, 1971); en 1979 publica (Kahneman y Tversky, 1979) la que vendría a ser aportación fundamental para el campo económico: la teoría prospectiva. Más tarde se vería revisada y ampliada (Tversky y Kahneman, 1992). Esta línea ya no la dejaría hasta nuestros días, lo cual no le ha impedido seguir publicando trabajos en atención, como el aparecido junto a Anne Treisman en el 84 (Kahneman y Treisman, 1984). Otros trabajos fundamentales de su misión en tierras económicas fueron su capítulo «Experimental economics: A psychological perspective» (Kahneman, 1987) y la reflexión teórica «New challenges to the rationality assumption» (Kahneman, 1994). Por último, los dos hitos que cierran su larga dedicación al estudio del juicio y la toma de decisiones pueden ser su libro aparecido en 2000 (Kahneman y Tversky, 2000) con su amigo y colaborador ya desaparecido y el capítulo (Kahneman y Frederick, 2002) donde renombra la psicología de los heurísticos y sesgos como «juicio intuitivo». Justamente esta denominación es la que ha divulgado en su lección magistral al tomar posesión del premio (véase en http://www.nobel.se/economics/laureates/2002/kahneman-lecture.html). 

La razón por la que un psicólogo ha sido premiado en un campo como la Economía es que la investigación en ésta cada vez se apoya más en datos obtenidos en el laboratorio. En concreto, en el campo del juicio y toma de decisiones. Kahneman, además de investigar en esta área, ha procurado hacer que los resultados y sus consecuencias fueran conocidos por los estudiosos de la Economía. Los responsables del premio han considerado que la visión que los psicólogos han descrito desde los años 50 (véase Simon, 1957) de cómo es «de hecho» la racionalidad humana, supone una aportación esencial para entender la conducta económica. El hombre no es ya un animal económico, con información completa y con un chip lógico implantado en su córtex. Kahneman y Tversky (como punta de lanza de otros muchos) han transmitido durante 30 años a los economistas una evidencia que muestra cómo usamos heurísticos que sistemáticamente se apartan de los modelos lógicos. 

En nuestra opinión, una de las claves de su éxito entre los vecinos economistas es que no sólo han descrito sesgos. Han reformulado los modelos de utilidad esperada máxima integrando las inconsistencias. Esto, además, no se ha hecho como una predicción desde una teoría, sino que se ha hecho desde la experimentación, es decir, manipulando variables y contrastando las relaciones causales hipotetizadas. 

A través de Kahneman, la Psicología cognitiva (y sus formas de investigación) recibe un nuevo reconocimiento social más allá del ámbito de la propia academia. 

El impacto de la obra de Kahneman en nuestras vidas 

La noticia del Nobel a Kahneman nos alegró y nos produjo una gran satisfacción. Durante años hemos tenido frecuentes contactos con su trabajo. El primero de nosotros (OL) con su trabajo sobre la toma de decisiones y el segundo de nosotros (JB) con su trabajo sobre atención, los dos pilares de su contribución a la Psicología. Estas dos líneas de investigación se han desarrollado de forma entrelazada durante cuatro décadas y cada uno de nosotros seguía de cerca uno de ellos, mientras nuestras propias vidas discurrían en paralelo, pero también en muchos sentidos entrelazadas. Por eso ambos hemos sentido un cierto orgullo vicario por este premio, como si lo recibiese uno de los nuestros (sería más propio decir que a nosotros nos gusta sentirnos copartícipes de su premio). También por eso hemos querido dar a estas líneas un formato algo infrecuente, que refleja ese entrelazamiento que al final muestra su aspecto entreverado, complejo y barroco que resulta nuestra propia trayectoria. Las dedicaremos a hacer un breve repaso de los principales momentos de nuestra vida académica en los que Daniel Kahneman ha tenido una influencia memorable1. Como decíamos, lo haremos entremezclando las experiencias de cada uno, que separaremos en diferentes párrafos marcados con nuestras iniciales. 

Pero comencemos por el nombramiento. Nos ha emocionado saber que al ser entrevistado en su campus actual de Princeton, nada más conocerse la noticia, el primer y honroso pensamiento de Kahneman fue para su colega y amigo, fallecido en 1996, Amos Tversky: «The work for which I’m honored is work I did collaboratively with a close friend and a very famous psychologist, Amos Tversky, who died in 1996. Certainly we would have gotten this together, and that’s one of the things that this means to me today. There is that shadow over the joy I feel.» Ambos han escrito durante treinta años en la senda que abrieran otros dos premios Nobel, Herbert Simon (1955) y Maurice Allais (1953): lo lógico no es necesariamente lo racional, aunque Piaget nos desease a todos ese empíreo al final de los estadios evolutivos. Ambos aspiraban al Nobel desde hacía tiempo. En realidad sólo tenemos constancia de que lo fuera Tversky. Eso fue en noviembre de 1986, aunque en realidad habíamos tenido noticias de ellos antes. Pero volvamos al principio, al nuestro. 

(OL) Debía ser un invierno de principios de los ochenta. Me hallaba reunido con Ángel Rivière y con un grupo de profesores de Matemáticas de instituto. Creo recordar que eran del grupo Azarquiel. Estábamos en una cafetería de la zona de Bilbao (Madrid). Era ya de noche y llovía. Aquel día nos visitó Mario Carretero. Acababa de llegar de una estancia en Estados Unidos. Le recuerdo exultante, emocionado. Traía lo último sobre pensamiento. La reunión de aquella noche pivotó sobre su experiencia. En algún momento blandió un libro de tapas en tonalidades azules. Los nombres… imposible. No los memoricé. Pero sí recuerdo que le servimos de «sujetos» (entonces todavía no éramos «participantes»). Puesto que estudiábamos el aprendizaje de las Matemáticas en adolescentes nos propuso una tarea que nos interesaría examinar. Ante mí apareció por primera vez «el problema de los hospitales» (Kahneman y Tversky, 1972). En el grupo, las respuestas fueron silencios o errores previstos por los dos ilustres judíos. Sin embargo, yo estaba explicando por esa época la distribución muestral de la media y tuve la suerte de «enmarcar» adecuadamente el problema y dar con la solución, que pasé a explicar a mis compañeros matemáticos. Creo que Mario hizo algún comentario sobre lo poco «representativa» que era mi posición. Hasta aquí, mi primera influencia. Yo entonces estaba en otras esferas y aquello no pasó de parecerme interesante. 

(JB) Es curioso que en esa misma época también yo escuchara precisamente de Mario Carretero un entusiasta comentario respecto al libro de Kahneman (1973) sobre atención, como el referente de mayor influencia en aquel momento para los estudiosos de la atención humana en Estados Unidos. Aunque ya conocía por referencias y resúmenes secundarios las ideas centrales, no había encontrado el momento para una lectura sosegada de la monografía completa. Embarcado como estaba en los trabajos preliminares de una tesis doctoral sobre atención, dirigida por el malogrado Isidoro Delclaux, la lectura de aquel libro supuso, sencillamente, una revolución en mi manera de afrontar el tema. Tal y como he expuesto en otro sitio, el impacto del libro de Kahneman fue enorme y muchas de sus ideas quedaron definitivamente incorporadas al corpus teórico sobre atención (Botella, 1997). 

(OL) Transcurre el año 1983. Alguien de la redacción de Investigación y Ciencia llama a un despacho compartido por cuatro profesores, en el edificio de «Económicas» de la UAM. Preguntaba por alguien de Psicología Matemática, el que fuera. El que contestó el teléfono fui yo y le dije que así se llamaba la asignatura que estaba impartiendo. Perfecto –me contestó–. Necesitamos que nos escriba una revisión sobre un libro de Psicología Matemática –añadió–. No recuerdo qué le dije exactamente pero la duda en mi voz le hizo esgrimir el argumento de que había una remuneración para la tarea y que, por supuesto, me enviaban el libro. Cuando recibí el texto comprobé, para mi sorpresa, que su temática no era lo que para la mayoría era la Psicología Matemática en España entonces (estadística), sino la que se hacía en los países líderes en la Psicología. La obra no era otra que la bien conocida de Coombs, Dawes y Tversky (1970). De conocer, pasé a estudiar aquel libro, y aquello me afectó. En concreto, el capítulo 2, «La toma de decisión individual», escrito por Amos Tversky, sirvió para dar una bordada a mi vida académica. Desde entonces sigo rumbos decisorios. 

Supongo que, casi a renglón seguido del episodio con el libro de Psicología Matemática, fue conocer el libro de Carretero y Madruga (1984) en el que otro compañero, Nacho Pozo, había traducido un artículo recopilatorio de Tversky y Kahneman (1974) sobre heurísticos y sesgos. Este lado de la investigación de Tversky, más psicológico que los trabajos a los que hacía referencia el capítulo antes citado, acabó de llenar mis aspiraciones más terrenas. El artículo traducido por Nacho, así como el resto del libro, tendrían un papel importante en mi vida académica al año siguiente. Pero esa es ya otra huella. 

(JB) En diciembre de 1983 presenté mi tesis doctoral, en la que estudié la capacidad predictiva de varios modelos que pretendían dar cuenta del rendimiento de los sujetos (aún permanecían en ese pasivo estatus) en una tarea de atención dividida. Ningún modelo estructural era capaz de hacerlo. En aquel momento los modelos meramente estructurales podían ya considerarse como auténticas reliquias. Como mínimo, cualquier modelo debía incorporar el concepto de capacidad definitivamente formulado por Kahneman más alguna mención de los mecanismos o reglas involucrados en la gestión de los recursos de procesamiento. Uno de los calificativos preferidos por los autores en aquellos años para referirse al modelo de Kahneman era la de su consideración como un «modelo económico», precisamente en ese sentido y mostrando así la coherencia de su pensamiento en ambos campos. 

(OL) Corría el año 1985 y me hallaba inmerso en la preparación de mi –perdonad el anglicismo– «tenure track» (una «evitación» perdonable). Acababa de ver publicado mi primer trabajo sobre uno de los sesgos que citaban Kahneman y Tversky, el de «anclaje y ajuste» (León y Botella, 1985). Ya tenía una buena carpeta de artículos fotocopiados sobre toma de decisiones. Entre ellos me llamó la atención uno, «Prospect theory», de Kahneman y Tversky (1979). Recuerdo que entonces me pareció curioso que estuviera publicado en una revista de Economía: «Econometrica». Pero entonces yo no era clarividente. Hoy, tampoco. El trabajo era un ambicioso planteamiento formal en el que, integrando algunos de los sesgos conocidos, se proponía un modelo sustituto al de la utilidad esperada. Revisé la literatura en español para ver si alguien lo mencionaba. Y, finalmente, «decidí» preparar mi lección magistral sobre la base de ese modelo. Noviembre de 1985. Revisando ahora las notas de prensa sobre el Premio Nobel me encuentro con lo siguiente: «Kahneman’s landmark paper on decision-making under circumstances where there is uncertainty, written with Tversky, was published in Econometrica in 1979. Kahneman said he would not have won the Nobel Prize if exactly the same paper had been published in a psychological journal. Because it was published in an economics journal, it had a fair amount of influence on the profession and it sort of legitimized a certain approach to thinking about decision-making which eventually, through the work of other economists, became influential in economics itself.» A nosotros, en nuestra modestia, nos pareció importante y prueba de ello es que nuestra compañera Hilda Gambara lo tradujo en Estudios de Psicología. 

El año 86 siguió presuroso al 85 y tras la consolidación profesional de Juan me fui a hacer las Américas con Lola Lopes. Una vez en el frío Wisconsin, ella fue la que me animó a que fuera a la cálida y jazzística Nueva Orleáns y pusiera caras a los nombres que ya conocía. Se reunía allí la Society for Judgment and Decision Making, a la que me agregué entonces. Aunque no le hubieran dado el Nobel a Kahneman, yo ya recordaba –y contaba– el momento en que Lola, además de lo de las caras, insistió en que «agitase» manos. Dos de ellas fueron las de Amos y Daniel. No recuerdo absolutamente nada de lo que hablamos. Mi único recuerdo es que yo tenía un complejo enorme por mi acento carpetovetónico y… resulta que, a las dos personas a las que las demás hacían corrillo, tenían un marcado acento de Israel. Ironías del destino. En esta reunión se hablaba en los corrillos de que a Amos le preparaban para el premio. 

(JB) Tras conseguir mi estabilización laboral en la universidad dediqué unos años al estudio de la distribución de la atención por el campo visual, en colaboración con Vicente Ponsoda. A finales de los ochenta me fui a Estados Unidos a pasar un año de investigación con Charles W. Eriksen, que en aquella época estaba muy dedicado al desarrollo de las secuelas de su famoso modelo del zoom sobre el despliegue de la atención por el campo visual. Este modelo me pareció un modelo (valga la redundancia) de cómo el concepto kahnemaniano de capacidad puede pasar a formar parte de modelos específicamente desarrollados para paradigmas experimentales relativamente concretos. 

(OL) En 1989 me aproveché de nuevo de Kahneman y Tversky para realizar un trabajo donde ponía a prueba uno de los sesgos utilizados en la Teoría Prospectiva: el «efecto de certidumbre». Las tareas clásicas utilizadas para poner de manifiesto la presencia de los sesgos eran/son de elección única. ¿Se mantendría el sesgo cuando los sujetos (ya aspiraban a activos «participantes», pero aún no lo conseguían) pudieran elegir numerosas veces y «constatar» las consecuencias de su elección? En aquel trabajo más de la mitad de las personas que mostraban inicialmente el sesgo no lo mantenían cuando las elecciones eran repetidas. 

A partir del fastuoso año 1992 había reorientado mis estudios en toma de decisiones hacia el análisis de decisión. Ya tenía suficientes datos de que los humanos no tomamos las mejores decisiones. A partir de entonces estudio cómo organizar la información para superar esos sesgos (León, 2001). Sin embargo, no he dejado en estos diez años a Kahneman y Tversky. Cuando me presento ante un auditorio al que quiero convencer de que no llevamos microchips implantados, lo que hago es replicar uno de los sesgos clásicos. Llevo haciéndolo desde entonces y siempre he obtenido datos compatibles con la teoría. De hecho en el próximo febrero de 2003 tengo aceptada una ponencia en un congreso de gestión clínica, donde, aparte de dar a conocer lo que los psicólogos han aportado al área del juicio y elección, tengo intención de replicar en directo uno de los sesgos. 

(JB) A mitad de los noventa estaba en animada charla con Roberto Colom mientras esperaba al siguiente participante (ahora ya sí, y de pleno derecho) cuando salió en la conversación la conveniencia de que nuestros estudiantes leyesen a los autores directamente, especialmente a los clásicos. Lamentablemente, la mayoría de ellos no pueden hacerlo en inglés y haría falta traducirlos. Me preguntó qué clásico de la atención traduciría yo. Mi respuesta fue inmediata. Dejando aparte obras de la época introspectiva, como los Principios de Psicología de James o la Psicología de la Atención de Pillsbury, todos ellos ya traducidos, y centrándonos en la moderna Psicología Cognitiva, sólo había una respuesta posible. Dado que ya se había traducido Percepción y Comunicación, de Broadbent, hay que traducir a Kahneman –le dije–. Tras ponerme en contacto con Biblioteca Nueva por mediación de Roberto llegué fácilmente a un acuerdo. Si la tarea de la traducción en contextos académicos sólo tuviera como recompensa la remuneración económica, casi nadie lo haría. Pocas cosas hay que estén peor pagadas. Por supuesto, en este caso había otras motivaciones. No pensaba desperdiciar la oportunidad de traducir, presentar y anotar la edición en español. Me preguntaron si tenía acceso a la obra original o hacía falta localizarla y proporcionármela. Yo dije con una leve sonrisa que no hacía falta. Al volver a casa busqué en la biblioteca el viejo y manoseado ejemplar que heredé de Isidoro, con su firma en la primera página y lleno de subrayados y anotaciones de su puño y letra. Kahneman se sorprendió de que quisiéramos traducir su libro 23 años después de su publicación, pero, por supuesto, me dio su conformidad y me deseó suerte en la empresa. Fue una nueva oportunidad para releer con el cariño y el respeto que se merece una obra imprescindible para los estudiosos de la atención, así como de comprobar la vigencia de sus planteamientos.

ORFELIO G. LEÓN Y JUAN BOTELLA 

Hace poco he podido comprobar en mi amigo Orfelio que nuestras decisiones no las toma realmente un microchip, sino que muchas veces están guiadas por factores aparentemente caóticos que, sin embargo, dan un resultado global que a veces llamamos sabiduría y que encierran cosas tan poco racionales como la amistad. 

Nota 

1 Dado que estas líneas no pretenden ser un relato, ni siquiera sumario, del trabajo del laureado, remitimos a aquellos interesados en conocerlo in extenso a su página web: http://www.princeton.edu/~psych/PsychSite/fac_kahneman.html. 344 

Referencias 

Allais, M. (1953). The behaviour of rational man in risky situations. A critique of the axioms and postulates of American School. Econometrica, 2, 263-291. 

Botella, J. (1997). Presentación de la edición en español. En D. Kahneman, Atención y esfuerzo. Madrid: Biblioteca Nueva. 

Carretero, M. y García Madruga, J.A. (Comp.) (1984). Lecturas de Psicología del pensamiento. Madrid: Alianza Psicología. 

Coombs, C.H., Dawes, R.M. y Tversky, A. (1970). Mathematical psychology: An elementary introduction. Englewoods Cliffs, NJ: PrenticeHall. Traducción al castellano por N. Sánchez y A. Montesinos en Madrid: Alianza, 1980. 

Kahneman, D. (1973). Attention and effort. Englewoods Cliffs, N.J.: Prentice Hall. Traducción al castellano por Juan Botella en Madrid: Biblioteca Nueva, 1997. 

Kahneman, D. (1987). Experimental economics: A psychological perspective. In R. Tietz, W. Albers and R. Selten (Eds.), Modeling bounded rationality, 11-20. 

Kahneman, D. (1994). New challenges to the rationality assumption. Journal of Institutional and Theoretical Economics, 150, 18-36. Kahneman, D. y Frederick, S. (2002). Representativeness revisited: Attribute substitution in intuitive judgment. In T. Gilovich, D. Griffin and D. Kahneman (Eds.), Heuristics and biases: The Psychology of intuitive judgment. New York: Cambridge University Press. Kahneman, D. y Treisman, A. (1984). Changing views of attention and automaticity. In R. Parasuraman, D.R. Davies & J. Beatty (Eds.), Variants of attention. New York: Academic Press, 29-61.

Kahneman, D. y Tversky, A. (1972). Subjective probability: A judgment of representativeness. Cognitive Psychology, 3, 430-454.

Kahneman, D. y Tversky, A. (1979). Prospect theory: An analysis of decision under risk. Econometrica, 47, 263-291. Traducción al castellano por Hilda Gambara en Estudios de Psicología, 1987, 20, 95- 124. Kahneman, D. y Tversky, A. (Eds.) (2000). Choices, values and frames. New York: Cambrige University Press and the Russell Sage Foundation. 

León, O.G. y Botella, J. (1985). Sobre la seriación ordenada del anclaje y ajuste: una réplica a Lopes y Ekberg. Boletín de Psicología, 8, 101- 116. 

León, O.G. (1989). Influencia de la retroalimentación en el efecto de certidumbre. Revista de Psicología General y Aplicada, 42, 449- 454. León, O.G. (2001). Tomar decisiones difíciles (2ª ed.). Madrid: McGrawHill. 

Simon, H.A. (1955). A behavioral model of rational choice. Quaterly Journal of Economics, 69, 99-118. 

Tversky, A. y Kahneman, D. (1971). Belief in the law of small numbers. Psychological Bulletin, 76, 105-110. Tversky, A. y Kahneman, D. (1981). The framing of decision and the psychology of choice. Science, 211, 453-458. Tversky, A. y Kahneman, D. (1992). Advances in prospect theory: Cumulative representation of uncertainty. Journal of Risk and Uncertainty, 5, 297-323.

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QUÉ ES EL SESGO COGNITIVO Y POR QUÉ ES IMPORTANTE EN LOS NEGOCIOS

 24 enero, 2020 

QUÉ ES EL SESGO COGNITIVO Y POR QUÉ ES IMPORTANTE EN LOS NEGOCIOS

En este preciso instante, justo ahora, cada persona en cualquier parte del mundo está tomando o no acción en base a pensamientos, sensaciones, creencias o percepciones de las que no son del todo conscientes, y que difieren de lo predecible.

 

¿Crees que esa acción que toma o no una persona, viene determinada tan solo por la información que tiene ante sus ojos?

 

Todos nosotros desarrollamos sesgos cognitivos, es decir, impulsores no conscientes que influyen en la forma de percibir las cosas y de tomar decisiones tanto en el entorno empresarial, como en la vida.

 

¿Interesante, no? Veamos todo esto con más detalle.

 

CONOCE EL SIGNIFICADO DEL CONCEPTO SESGO COGNITIVO

 

Un sesgo cognitivo es una interpretación errónea sistemática de la información disponible que ejerce influencia en la manera de procesar los pensamientos, emitir juicios y tomar decisiones. El concepto de sesgo cognitivo fue introducido por los psicólogos israelíes Kahneman y Tversky en 1972.

 

Cada segundo tu cerebro ejecuta millones de procesos mentales. La probabilidad de que algún sesgo cognitivo influya en tu comportamiento es alta, y por cierto, ocurre con toda naturalidad.

 

Es fácil que las personas actúen movidas por sesgos ocultos cuyo efecto puede llegar a sorprenderles…

 

 

Los sesgos cognitivos pueden influir en la forma que ves el mundo. Están determinados por implicaciones culturales, influencia social, motivaciones emocionales o éticas, atajos en el procesamiento de la información, o distorsiones en la recuperación de los recuerdos y la memoria, entre muchos otros.

 

DESCUBRE ALGUNOS EJEMPLOS DE SESGO COGNITIVO

 

La naturaleza humana opta por no pensar demasiado en el momento de tomar una decisión, y en consecuencia, se sirve de experiencias pasadas, y de otro tipo de factores con más peso que la propia razón y la lógica.

 

Sesgo de confirmación

 

Es la tendencia a buscar, propiciar, interpretar o recordar información de manera que confirma algo que ya has decidido previamente, o que favorece creencias y suposiciones muy arraigadas.

 

Es el caso, por ejemplo, de personas que apoyan o se oponen a un tema determinado, y no solo buscan información para reforzar sus tesis sino que además, las interpretan de forma que defienda sus ideas preconcebidas.

 

Sesgo de anclaje

 

En este caso, te centras casi exclusivamente en la primera información que recibes para tomar una decisión.

 

En el transcurso de una negociación salarial el aspirante a un puesto de empleo se ve influenciado por la primera cifra mencionada en las negociaciones, en vez de examinar de manera racional otras posibles opciones.

 

Sesgo de observación selectiva

 

Este tipo de sesgo cognitivo se da cuando diriges tu atención a algo en función de tus expectativas, y desatiendes el resto de la información.

 

Te compras un coche y a partir de ese momento empiezas a ver coches de esa marca y ese color por todas partes.

 

Sesgo cognitivo ejemplos

 

Sesgo de negatividad

 

Prestas más atención, y le das mucha más importancia a experiencias e información negativa, en vez de positiva o neutral.

 

Alguien da un paseo por un paraje espectacular entre montañas y valles de gran belleza, y se rompe una pierna. ¿Qué va a recordar mucho más vívidamente?

 

Resistencia reactiva

 

Consiste en el deseo de hacer lo contrario de lo que alguien te solicita o aconseja, debido a una amenaza percibida o a la propia libertad de elección.

 

Lo anticipa esta frase de Baltasar Gracián, el célebre escritor del Siglo de Oro: «No tome el lado equivocado de una discusión solo porque su oponente ha tomado el lado correcto».

 

Efecto de primera impresión

 

Llamado también efecto halo, explica el motivo por el que las primeras impresiones tienen tanto peso, y describe cómo la impresión positiva acerca de alguien, conduce a impresiones también positivas sobre otros aspectos de esa misma persona.

 

En el momento de evaluar a un candidato en una entrevista de selección de personal, se corre el riesgo de no ser objetivo porque los primeros rasgos tienen una enorme influencia en percepciones posteriores.

 

Disponibilidad heurística

 

Es un atajo mental que otorga más valor y credibilidad a la primera información que llega a tu mente y que es más fácil de recordar.

 

No importa la opinión que tengas con respecto al cambio climático o a las circunstancias ambientales; cuando hace calor, el responsable es el calentamiento global.

 

Sesgo de impacto

 

Es la tendencia a sobreestimar la intensidad y duración de una reacción ante acontecimientos o eventos futuros de carácter bueno o malo.

 

El hecho de que te toque la lotería, por ejemplo, no va a variar tu nivel de felicidad ni tu estado emocional promedio y poco después, dejas de verlo como algo excepcional.

 

Sesgo de status quo

 

A causa de este sesgo cognitivo se tiende a favorecer las decisiones que mantienen el status quo, es decir, el estado de cosas actual.

 

Las personas afectadas por este sesgo eligen no desviarse de los comportamientos establecidos a menos que haya un incentivo convincente para cambiar.

 

CÓMO INFLUYE EL SESGO COGNITIVO EN LA TOMA DE DECISIONES

 

 

El cerebro humano es increíble.

 

Ante una pregunta determinada, por ejemplo, responde antes a lo que no le gusta que a lo que sí le gusta. Además lo hace en menos de la mitad de un segundo, completamente al margen de la respuesta conductual de la persona y de todas esas reacciones rápidas e imposibles de controlar como efecto de los sesgos cognitivos.

 

Y es que gran parte de la memoria que utilizas todo el tiempo en tu vida diaria es implícita, es decir, accedes a ella sin pensar y está sujeta a información que no eres consciente que sabes. La memoria implícita tiene una respuesta objetivable  e imposible de manipular.

 

Pero espera, hay más.

 

La neurociencia cognitiva es una disciplina que conecta el comportamiento de las personas con las reacciones producidas en el cerebro, y es capaz de analizar los mecanismos cerebrales que subyacen a la toma no consciente de decisiones. Para conseguirlo se sirve de tecnología de neuroimagen muy sensible, como la Magnetoencefalografía, en combinación con análisis de datos avanzados y aplicaciones de machine learning e inteligencia artificial.

 

Entiende qué valoran realmente tus potenciales clientes, anticipa sus necesidades o preferencias, impulsa experiencias consistentes y toma decisiones estratégicas de negocio con precisión científica.

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Qué es el sesgo de disponibilidad

 

Qué es el sesgo de disponibilidad

 
Por Gianluca Francia8 junio 2021
Qué es el sesgo de disponibilidad

¿Tiene más habitantes Irak o Tanzania? Probablemente has respondido en base a lo rápido que Irak o Tanzania te han resultado familiares. Si los ejemplos están fácilmente disponibles en la memoria, entonces se supone que los otros ejemplos de este tipo son comunes. Así pues, vemos cómo tenemos una cierta facilidad para recordar contenidos

En este artículo de Psicología-Online, profundizaremos juntos sobre el secreto que está detrás de este mecanismo mental, descubriendo qué es el sesgo de disponibilidad. Descubre en qué consiste este sesgo, para qué sirve, los principales efectos del sesgo de disponibilidad y ejemplos del mismo.

En qué consiste el sesgo de disponibilidad

El sesgo o la heurística de la disponibilidad es la tendencia a juzgar la frecuencia o la probabilidad de un acontecimiento o situación en términos de lo fácil que es pensar ejemplos de ese acontecimiento o situación. Por lo tanto, en el uso de esta heurística, el factor más importante para las personas no es el contenido del recuerdo, sino la facilidad con la que se recuerda o se imagina un contenido.

Por lo tanto, si te preguntas cuál es el significado del sesgo de disponibilidad, se puede definir como un atajo mental que se basa en ejemplos inmediatos que llegan a la mente de una persona determinada cuando evalúa un tema, un concepto, un método o una decisión específica. Descubre qué otros sesgos cognitivos existen.

Para qué sirve el sesgo de disponibilidad

El uso del sesgo de disponibilidad evidencia un principio básico del pensamiento social: las personas son lentas en deducir casos particulares de una verdad general, pero son increíblemente rápidos en deducir una verdad general de un caso vivo. El sesgo de disponibilidad deriva, en efecto, de la exigencia de la mente humana de tomar las decisiones de manera rápida, teniendo en cuenta la experiencia pasada propia (experiencia directa) o ajena (experiencia indirecta).

A pesar de ser una estrategia poco eficaz, tiene la ventaja de transmitir la experiencia entre generaciones sobre los acontecimientos más importantes con el fin de evitar la repetición de los mismos errores. Por ejemplo, proverbios, cuentos de hadas, etc. Descubre cómo aprender de los errores del pasado.

Si un evento tiene una fuerte influencia emocional en la mente humana es muy probable que también sea un evento importante. Desde el punto de vista evolutivo, el sesgo de disponibilidad es una estrategia rápida y eficaz, aunque sólo parcialmente, para dar la mejor respuesta posible en una situación de escasa de información.

El sesgo cognitivo heurístico de la disponibilidad explica también por qué las anécdotas fuertes pueden ser más convincentes que la información estadística y por qué el riesgo percibido a menudo se separa de los riesgos reales.

Efectos del sesgo de disponibilidad

¿Qué es la disponibilidad para hacer juicio? Esta parte del supuesto de que si algo puede ser fácilmente recordado, debe ser importante, o al menos más importante que las soluciones alternativas que no son tan fácilmente recuperables. Según esta dinámica, las personas tienden a orientar sus juicios en gran medida sobre temas que son objeto de informaciones más recientes, haciéndose nuevas opiniones erróneamente condicionadas por las últimas noticias.

Está claro que nuestras intuiciones estadísticas ingenuas y nuestros consiguientes miedos no están guiadas por cálculos o razonamientos, sino por emociones en sintonía con la heurística de la disponibilidad. Esto puede llevar a atribuir un peso excesivo a una situación vivida y, por lo tanto, por ejemplo, tener miedo de cosas equivocadas.

La disponibilidad de las consecuencias asociadas a una acción está correlacionada positivamente con las percepciones del alcance de las consecuencias de esa acción. En otras palabras, es más fácil recordar las consecuencias de algo, más estas consecuencias se percibirán como más importantes. A menudo, las personas confían en el contenido de sus creencias si sus implicaciones no se ven cuestionadas por la dificultad que tienen para examinar el tema en cuestión.

Causas del sesgo de disponibilidad

El sesgo de disponibilidad es causa de comportamientos irracionales efectivos en las opciones de consumo. En la edad contemporánea, el hombre puede acceder a una mayor cantidad de información que en el pasado, pero sigue principalmente un proceso cognitivo-decisorio basado en la disponibilidad de la información, en el recuerdo y en el oído.

Por ejemplo, un consumidor toma sus decisiones de compra sobre información inadecuada, con el riesgo de tomar malas decisiones y de malgastar su dinero.

Ejemplos del sesgo de disponibilidad

Dado que la secuencia de noticias sobre accidentes aéreos es una memoria fácilmente disponible para muchos, en particular después del 11 de septiembre de 2001, a menudo se considera más peligroso viajar en avión que en automóvil. A continuación, veremos ejemplos del sesgo de disponibilidad respecto a este tema.

Ejemplos del 11 de septiembre

Entre 2000 y 2001, los viajeros estadounidenses eran 39,5 veces más propensos a morir en un accidente de coche que en un vuelo que cubría la misma distancia. Para la mayoría de los viajeros del aire, la parte más peligrosa del viaje era el transporte en coche hasta el aeropuerto.

Inmediatamente después del 11 de septiembre, muchas personas abandonaron los vuelos y utilizaron las carreteras. Myers (2001) había estimado que si los americanos hubieran volado un 20% menos que conduciendo millas, se podría esperar en el año siguiente otros 800 muertos en la carretera. En este artículo, te contamos el significado, causas, síntomas y tratamiento de la aerofobia o miedo a volar.

Un investigador alemán se tomó el tiempo de verificar esa predicción y confirmó un aumento de cerca de 350 muertes en los últimos tres meses de 2001, en comparación con la media de los últimos tres meses de los últimos cinco años (Gigerenzer, 2004). Los terroristas que murieron el 11 de septiembre mataron más gente anónima que las 266 personas que perdieron la vida en los cuatro aviones secuestrados.

Este artículo es meramente informativo, en Psicología-Online no tenemos facultad para hacer un diagnóstico ni recomendar un tratamiento. Te invitamos a acudir a un psicólogo para que trate tu caso en particular.

Si deseas leer más artículos parecidos a Qué es el sesgo de disponibilidad, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Psicología cognitiva.

Bibliografía
  • Myers, G. D. (2009). Psicologia sociale. Milán: McGraw-Hill.
  • VER MÁS AQUÍ

El ascenso de la economía del comportamiento: misbehaving, de Richard Thaler

 


The rise of behavioral economics: Richard Thaler's Misbehaving

O surgimento da economia comportamental: Misbehaving, de Richard Thaler

Cass R. Sunsteitf
Universidad de Harvard

El ascenso de la economía del comportamiento: misbehaving, de Richard Thaler*

Revista de Economía Institucional, vol. 21, núm. 41, pp. 5-20, 2019

Universidad Externado de Colombia

Recepción: 07 Septiembre 2017

Aprobación: 14 Mayo 2019

Resumen:La economía del comportamiento surgió en la década 1980, debido sobre todo a la obra de Richard Tnaler, quien exploró la relevancia del efecto dotación, la contabilidad mental, la preocupación por la justicia y otras "anomalías", según la teoría económica estándar. Su maravilloso libro, Misbehaving, ofrece una descripción narrativa del surgimiento de estas ideas, y explora algunas de sus implicaciones para el futuro. Los retos continuos incluyen el de hacer predicciones cuando los resultados del comportamiento inciden en direcciones diferentes (como, p. ej., cuando el sesgo optimista entra en conflicto con el sesgo de disponibilidad); entender la línea entre empujar y manipular; y aplicar los resultados del comportamiento a desafíos apremiantes de política pública, como la pobreza, la educación, el terrorismo y el cambio climático.

Palabras clave:Richard Thaler, conducta económica, valor de una vida estadística.

Abstract:Behavioral economics emerged in the 1980s, above all because of the creative work of Richard Thaler, exploring the relevance of the endowment effect, mental accounting, concern for fairness, and other "anomalies" from the standpoint of standard economic theory. His engaging book, Misbehaving, offers a narrative account of how these ideas came about, and also explores some of their implications for the future. Continuing challenges include making predictions when behavioral findings cut in different directions (as, for example, where optimistic bias conflicts with availability bias); understanding the line between nudging and manipulation; and applying behavioral findings to pressing public policy challenges, such as poverty, education, terrorism, and climate change.

Keywords:Richard Thaler, behavioral economics, value of a statistical life.

Resumo:A economia comportamental emergiu na década de 1980, principalmente, devido ao trabalho de Richard Thaler, que explorou a relevância do efeito de dotação, da contabilidade mental, da preocupação com a justiça e de outras "anomalias", de acordo com a teoria econômica padrão. Seu maravilhoso livro, Misbehaving, oferece uma descrição narrativa do surgimento dessas ideias e explora algumas de suas implicações para o futuro. Os desafios contínuos incluem fazer previsões quando os resultados comportamentais atingirem direções diferentes (como, por exemplo, quando a tendência otimista entra em conflito com a de disponibilidade); entender a linha entre empurrar e manipular; e aplicar resultados comportamentais nos desafios emergentes das políticas públicas, como pobreza, educação, terrorismo e mudança climática.

Palavras-chaves:Richard Thaler, comportamento econômico, valor de uma vida estatística.

Al catalogar los beneficios de las regulaciones diseñadas para reducir las muertes en las autopistas o la contaminación del aire, el gobierno de Estados Unidos debe monetizar el valor de salvar vidas humanas1. Para ello se basa en algo llamado "valor de una vida estadística" (VVE)2. Ese número proviene principalmente de determinar la cantidad de dinero que la gente paga realmente por incurrir en riesgos en el lugar de trabajo. Cuando los trabajadores estadounidenses enfrentan un riesgo de mortalidad adicional de 1 en 100.000, ¿cuánto más dinero les dan los empleadores? La respuesta actual, en la academia y en el gobierno de Estados Unidos, es que en el conjunto de la economía son unos 90 dólares, lo que lleva a un valor de una vida estadística de 9 millones (ver Sunstein, 2014).

A los economistas convencionales les gusta la idea de utilizar el VVE, pero en muchos círculos esa idea es muy controvertida (ver Heinzerling y Ackerman, 2007). ¿Los trabajadores y los empleadores realmente hacen intercambios racionales entre riesgos de mortalidad y dinero? El difundido uso del VVE en el gobierno cuenta como un gran triunfo de la teoría económica estándar y de sus supuestos sobre la racionalidad humana. ¿Adivina el lector quién es el pensador original que impulsó el uso del VVE? La respuesta improbable: Richard Thaler, fundador de la economía del comportamiento, que transformó las ciencias sociales al explorar cómo se apartan los seres humanos de las explicaciones económicas habituales de la racionalidad.

La tesis doctoral de Thaler en la Universidad de Rochester dio inicio a las ideas y las técnicas que hoy cumplen tan gran papel en el gobierno de Estados Unidos (y en todo el mundo) (Thaler y Rosen, 1976). Su director de tesis fue Sherwin Rosen, un creyente en la teoría económica estándar, y los dos escribieron un artículo muy influyente sobre el tema, con un título no exactamente atractivo, "El valor de salvar una vida" (ibíd.). A pesar de la exitosa coautoría, Rosen no estaba impresionado con Thaler, y después le dijo al New York Times: "no esperábamos mucho de él". (Este es un buen momento para hacer una advertencia en letras bien destacadas: Thaler no es solo coautor sino también amigo mío, así que por favor discúlpenme por este posible sesgo. Puedo decir honestamente que después de leer un borrador inicial de Misbehaving, no esperaba mucho de ese libro. ¿Una autobiografía intelectual de un economista? ¿Con largas historias de batallas académicas en el Journal of Business? ¿Puede eso funcionar? Contra todo pronóstico, funciona.)

Thaler tiene un espíritu travieso. Al mismo tiempo que elaboraba su tesis, muy matemática, empezó a hacerle dos preguntas a la gente. Primera: ¿cuánto pagaría por eliminar un riesgo de mortalidad de 1 en 100.000? Segunda: ¿cuánto habría que pagarle para que acepte un riesgo de mortalidad de 1 en 100.000? Según la teoría económica estándar, las respuestas a esas dos preguntas debían ser en esencia idénticas. Pero no lo eran. Ni siquiera cercanas. Las respuestas a la segunda pregunta eran mucho más altas (a menudo de un orden de 500 mil dólares) que las respuestas a la primera (a menudo de un orden de 2 mil dólares). De hecho, a la segunda pregunta algunas personas respondieron: "no hay una suma que pueda pagarme". Según la teoría económica, ese es un mal comportamiento grave.

Thaler le mostró sus resultados a Rosen, y él le dijo que dejara de perder el tiempo; pero Thaler estaba enganchado. Como demostró al final, la disparidad en las respuestas a las dos preguntas refleja el "efecto dotación", que hoy es parte central de la economía del comportamiento (Thaler, 2015, pp. 12-19): la gente valora los bienes que tiene más de lo que valora esos mismos bienes cuando están en manos de otros. Si se le pide que renuncie a un derecho (p. ej. estar libre de un riesgo), pedirá mucho más de lo que pagará por conseguir ese mismo derecho. El efecto dotación se puede encontrar en un sinnúmero de cosas: tazas de café, barras de caramelo, billetes de lotería, aspectos ambientales (como aire limpio) y protección legal de muy diferentes tipos3.

Sería exagerado decir que la economía del comportamiento nació con esa pequeña encuesta, pero Thaler empezó a recopilar anomalías, que a menudo implicaban el mal comportamiento de sus amigos, y cuyo resultado fue lo que llamó la Lista4. Como explica en su libro, la Lista capta una serie de diferencias entre Econos (una especie imaginaria muy discutida por los economistas) y Humanos (nuestra especie real). Este es un ejemplo: "Stanley corta el césped cada fin de semana y le da una terrible fiebre del heno. Le pregunto por qué no contrata a un chico para que corte el césped. Stan dice que no quiere pagarle los 10 dólares. Entonces le pregunto si él cortaría el césped de su vecino por 20 dólares, y me dice: no, claro que no". Pero Thaler no sabía qué hacer con su Lista, pensando que nadie querría publicar un artículo académico llamado "Tonterías que cometen las personas".

En 1976, hubo una casualidad. Thaler asistió a una conferencia en California, junto con Rosen; allí conoció a un joven psicólogo israelí llamado Baruch Fischhoff, quien le habló de dos psicólogos entonces desconocidos llamados Daniel Kahneman y Amos Tversky. Eso lo llevó, el día siguiente, a leer un artículo de ellos que catalogaba desviaciones sistemáticas de las predicciones estándar de la teoría económica. Cuando lo leía, su "corazón empezó a palpitar rápidamente, así como palpita durante los minutos finales de un juego emocionante. Me tomó treinta minutos leer el artículo de principio a fin, pero mi vida cambió para siempre". (En las últimas décadas, muchas personas han tenido esa reacción al leer a Kahneman y Tversky, y también al leer a Thaler. Confieso que soy una de ellas.)

Lo que impresionó especialmente a Thaler, y donde Kahneman y Tversky iban más allá de la ciencia social de la época, fue la demostración de que los errores de las personas no son aleatorios sino predecibles5. Los economistas sabían, por supuesto, que la gente cometía errores, pero creían que ocurrían al azar, y así se cancelaban unos a otros, dejando intactas las predicciones basadas en el modelo del agente racional. Kahneman y Tversky demostraron que ese supuesto era erróneo. Mostraron, por ejemplo, que al evaluar riesgos, las personas usan la "heurística de disponibilidad" (1972). Este es un atajo mental, mediante el cual evaluamos los riesgos no recurriendo al análisis estadístico sino preguntando si podemos pensar fácilmente en acontecimientos en los que los riesgos relevantes se materializan. Si se puede pensar en robos recientes en el vecindario, quizá se tenga una sensación exagerada del peligro; y si no se puede, quizá se sea demasiado complaciente. La heurística de disponibilidad desempeña un gran papel en la vida individual y en la política pública, lo que a veces lleva a precauciones excesivas, o insuficientes6.

Kahneman y Tversky también subrayaron la importancia del "marco"7. Supongamos que el médico le pide a una persona que considere una cirugía por una enfermedad grave, y le dice que de cada 100 personas a las que se les ha hecho la cirugía 90 están vivas después de cinco años. Quizá esa persona le diga que siga adelante. Pero supongamos que le dice que de cada 100 personas a las que se les ha hecho, 10 están muertas después de cinco años. Esa persona puede dudar. La influencia de los "marcos" muestra el impacto ubicuo de los factores supuestamente irrelevantes (FSI, en la taquigrafía de Thaler), que la teoría económica considera carentes de importancia, pero que pueden tener un gran efecto en lo que las personas terminan haciendo.

Es necesario destacar que Kahneman y Tversky no afirmaron que las personas son "irracionales". Lejos de ello (y, por tanto, es un error sugerir que la ciencia del comportamiento muestra que las personas son "predeciblemente irracionales"). Por el contrario, insistieron en que nuestras heurísticas, o nuestras reglas generales, suelen funcionar bien. Pero en algunos contextos fallan, lo que puede llevar a errores sistemáticos.

Al defender esta conclusión entre economistas escépticos, Thaler expuso repetidamente un argumento que él llama "la seña de la mano invisible". La idea básica es que aun si los individuos cometen errores, los mercados competitivos y las manos invisibles aliviarán el problema y al final lo corregirán8. Thaler dice que los economistas no pueden terminar este argumento manteniendo quietas ambas manos. "La seña de la mano es indispensable porque no hay una manera lógica de llegar a la conclusión de que los mercados transforman a las personas en agentes racionales" (p. 52). Conoce, sin duda, el argumento más elaborado de que debido a las presiones del mercado los precios puede resultar totalmente racionales aunque los individuos no lo sean, un argumento que él considera "plausible, quizá incluso convincente. Solo que es erróneo" (p. 53).

Haberse dedicado a la economía del comportamiento no fue, por cierto, una elección de carrera obviamente racional. Muchos años después, en un discurso de graduación, Thaler intentó explicar por qué siguió ese camino9. Mencionó dos razones. "Primera, mis costos de oportunidad no eran muy altos", porque él "solo era un economista promedio con perspectivas bastante modestas. Y "segunda, descubrí que este nuevo empeño era muy divertido [...] Ahora se pueden preguntar, ¿qué hay de racional en elegir una carrera con base en la diversión? Digo que nada podría ser más racional. Pienso en la diversión como la mejor cobertura. Si disfrutan lo que hacen, establecen una base firme para lo que resulta en la vida. ¿En cambio, si sufren en cada etapa del proceso, vale realmente la pena volverse ricos o famosos?". En mi opinión, esas palabras están entre las más racionales que Thaler o cualquier economista jamás haya escrito.

Su primer artículo sobre economía del comportamiento, publicado en 1980, se tituló "Hacia una teoría positiva de la elección del consumidor" (Thaler, 1980). Se basaba fuertemente en Kahneman y Tversky, y subrayaba el efecto dotación; el artículo fue rechazado por numerosas revistas antes de ser aceptado por una muy nueva, Journal of Economic Behavior and Organization. (Hoy es uno de sus artículos más citados, con un asombroso número de citas, 4.386 a comienzos de 2016, la mayoría en 2014; es muy pronto para saber si la cifra de 2015 será aún mayor.) Thaler arrancó desde ese punto. En una serie de artículos, expuso la Lista para especificar en qué difieren los Humanos y los Econos. Muchos de ellos se han convertido en clásicos; son fundamentales para la ciencia social contemporánea10.

Los humanos están, por supuesto, intensamente preocupados por la justicia. Si se mira alrededor, se verá que la mayoría de nosotros queremos actuar de manera justa, que cederemos algún dinero para ser justos y que la mayoría castigaremos la injusticia y renunciaremos a un poco de dinero para hacer exactamente eso. Pero muchos economistas tienen poca paciencia con la idea de justicia, que les parece un embrollo, y cabe preguntar: ¿qué significa decir que la gente se preocupa por la justicia?

Trabajando con Kahneman y Jack Knetsch de la Universidad de Columbia Británica, Thaler encuestó a varias personas para averiguarlo (Kahneman, Knetsch y Thaler, 1986). Les preguntó, por ejemplo, si pensaban que era justo que una ferretería subiera el precio de las palas de nieve de 15 a 20 dólares después de una gran tormenta de nieve. Más del 80% respondió que ese aumento era injusto. Resulta que al hacer juicios sobre lo que es justo, las personas tienen en mente una especie de "precio de referencia", y no les agrada cuando las compañías se apartan de ese precio. Es cierto que el aumento de los costos puede justificar un alza del precio, pero no las tormentas de nieve.

La idea del precio de referencia ayuda a resolver un grave problema que ha confundido a los economistas durante mucho tiempo: ¿Por qué no bajan los salarios durante una recesión? La mejor respuesta, basada en la obra de Thaler y elaborada por Truman Bewley (2002), de Yale, es comportamental. Los empleados piensan que es muy injusto que los empleadores recorten sus salarios. Los empleadores son conscientes de ello, y sienten temor por la reacción de sus empleados si creen que han sido tratados injustamente. De modo que no reducen su salario. Sin embargo, con respecto a las decisiones de precios, Thaler piensa que muchas empresas "fallan en los principios de equidad comercial". A la luz de sus resultados, él habría predicho los problemas de relaciones públicas de Uber por el "alza de precios".

Thaler también estaba intrigado por el hecho de que, en una fiesta, sus colegas economistas se sintieron muy felices cuando retiró de la mesa un plato de marañones antes de servir la cena. Según la teoría económica estándar (y el sentido común), usualmente no es deseable eliminar una opción atractiva (comer los marañones). Con base en el ejemplo, Thaler observó que en numerosos contextos las personas tienen problemas de autocontrol, son plenamente conscientes de ese hecho y toman medidas para contrarrestar esos problemas. Para dar sentido a todo ello, sugirió que debíamos pensar en personas con dos yo, un planificador y un hacedor, cada cual luchando por la supremacía (Thaler y Shefrin, 1981). Para contrarrestar a los hacedores, los planificadores pueden adoptar reglas en forma de estrategias de compromiso que restringen las elecciones de los hacedores. Así como Ulises trata de evitar a las sirenas (Elster, 1983), un planificador puede negarse a llenar el refrigerador con algo diferente de frutas y verduras, puede hacer inversiones que no puede retirar fácilmente o puede delegar autoridad a una entidad privada o pública para contrarrestar sus propios impulsos de corto plazo.

De manera increíble, su investigación de las flaquezas humanas lo llevó al campo de las finanzas, donde se esperaría que esas flaquezas sean menos importantes. Si algunas personas son inversionistas poco avispadas, ¿otras no podrán aprovecharse de ellas y asegurar que los precios de las acciones terminen siendo en esencia correctos? En una serie de artículos, Thaler ayudó a establecer el campo de las finanzas del comportamiento al demostrar que el mercado en su conjunto a veces reacciona en forma exagerada (o en forma insuficiente). Después de documentar las anomalías en el comportamiento de individuos y empresas, y también de los precios de mercado, se interesó en la política pública y se preguntó si la economía del comportamiento podía ayudar "a hacer del mundo un lugar mejor", y "hacerlo sin confirmar la arraigada sospecha de nuestros mayores críticos de que éramos socialistas que no habíamos salido del clóset, si no comunistas, que queríamos sustituir los mercados por burócratas"11.

Al comienzo, esas preguntas lo llevaron a prestar atención al tema de los ahorros para la jubilación. Ya en 1994, hizo esta sugerencia: si los empleados se inscribieran automáticamente en planes de ahorro, las tasas de participación podrían aumentar drásticamente, aunque el costo de no participar fuese fue muy bajo. (Años después la economista de Harvard Brigitte Madrian, entonces en Chicago, escribió un artículo empírico que demostró que Thaler tenía razón [Madrian y Shea, 2001].) Y con el economista de la UCLA Shlomo Benartzi, desarrolló la idea de Ahorre más mañana, por la cual se pregunta a los empleados si desean poner algún porcentaje de sus aumentos de salarios futuros en pensiones. Thaler observó que las personas pueden ser reacias a separarse de parte de su salario neto, pero no les importa mucho si se reduce en algo la ganancia futura. Y si el plan se diseñaba de modo que se mantuviese estable excepto que las personas optaran por retirarse, la inercia obraría en su favor. Por ahora, los planes de inscripción automática y Ahorre más mañana se han adoptado en todo el país, y reciben mucha atención internacional (Benartzi, 2012). (A propósito, un primo cercano de Ahorre más mañana es Dé más mañana, diseñado para promover aportes de caridad12. Algunos datos iniciales sugieren que Dé más mañana funciona bien. Esperamos ver tales programas en acción.)

El trabajo de Thaler sobre planeación de la jubilación llevó a escribir nuestro libro Nudge [Empujoncito], que explora diversos enfoques que preservan la elección, diseñados para orientar a las personas en buenas direcciones (con sus propias luces) al tiempo que les permiten seguir su propio camino. El libro llevó, a su vez, a que Thaler estrechara y mantuviera su compromiso con el United Kingdom's Behavioural Insights Team, a veces llamado Nudge Unit, creado por el primer ministro David Cameron en 200913. En su calidad de asesor, Thaler recalcó dos ideas simples que se han convertido en lemas del equipo. La primera: "Si se quiere animar a alguien a que haga algo, facilítelo". La segunda: "No podemos hacer política basada en la evidencia sin evidencia". Thaler señala que las ciencias del comportamiento se han incorporado al trabajo de 136 naciones, y que Chicago, su sede, creó su propio equipo de análisis del comportamiento. Él dice: "Anime a su propio gobierno a hacer lo mismo. No hacerlo equivale a un mal comportamiento grave" (p. 345).

No es posible apreciar la carrera de Thaler, o el libro que comento, sin entender que durante largo tiempo se lo consideró un renegado; si no como un enfant terrible, al menos algo terrible. Luchó para encontrar un editor que publicara algunos de sus artículos más influyentes.

Cuando lo nombraron en la Universidad de Chicago, el premio Nobel Merton Miller, una de las grandes figuras de la universidad, no disimuló su disgusto. Cuando se le preguntó por qué no bloqueó el nombramiento, Merton solo pudo responder: "cada generación debe cometer sus propios errores". El juez federal Richard Posner, fundador del análisis económico del derecho, estaba muy excitado cuando Thaler habló en la Escuela de Derecho de Chicago, y lo acusó: "¡Usted es totalmente anticientífico!" (Yo estaba allí, y fue muy feo.) Pero en 2015, Thaler fue presidente de la Asociación Americana de Economía. Una de las muchas virtudes de este libro, que se ha de convertir en un clásico, es que ofrece resúmenes claros, útiles y vívidos de la obra académica más importante del autor. Al mismo tiempo, la ciencia del comportamiento, incluida la economía del comportamiento, sigue siendo relativamente joven y, para su progreso futuro, algunos asuntos merecen continua atención.

De modo revelador, la obra de Thaler comenzó con la Lista, y algunos críticos objetan enérgicamente que el campo en sí no consiste en una teoría sino en una Lista actualizada, con un conjunto abrumado-ramente largo de heurísticas, sesgos y otras desviaciones con respecto a las explicaciones económicas estándar14. Esa es una preocupación legítima. Algunos psicólogos ridiculizan a los economistas por tener una imagen extraña y deformada de los seres humanos, pero deberían ser más cuidadosos. Los economistas intentan hacer predicciones, y para la mayoría de los propósitos, los economistas son los mejores predictores de las ciencias sociales. Supongamos que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) va a adoptar una nueva norma para ahorrar combustible de vehículos, y quiere identificar los costos y los beneficios15. Los economistas estándar le pueden decir a la EPA muchas cosas; una pregunta es cuánto deben añadir los psicólogos y los economistas del comportamiento. O imaginemos que el gobierno está preocupado por un desastre inminente: una inundación o un huracán. ¿Cómo pueden ayudar, exactamente, los hallazgos del estudio del comportamiento?

Supongamos que sabemos, a partir de la investigación del comportamiento, que las personas usan la heurística de disponibilidad, padecen de inercia, están sujetas a anclaje, hacen caso omiso del largo plazo (y, por tanto, muestran el "sesgo del presente"), exhiben un optimismo nada realista y es probable que den un peso excesivo a pequeños riesgos de catástrofe (como descubrieron Kahneman y Tversky). ¿Cómo reaccionarán entonces a la advertencia de un desastre natural inminente? ¿Qué harán ante un brote potencial de una enfermedad infecciosa? ¿Qué harán ante un aparente riesgo de recesión? ¿Es posible hacer predicciones cuando dos sesgos llevan en una dirección y tres llevan en otra? ¿Realmente podemos hacer predicciones con base en una lista? ¿Qué tipo de predicciones? También hay preguntas sobre la heterogeneidad dentro de la población relevante. Cuando el 65% (para poner un ejemplo) de las personas muestra un sesgo o usa una heurística, ¿qué las distingue del 35% restante?

Algunos científicos sociales, entre los que se destacan Ralph Hertwig y Elke Weber, han hecho avances significativos con respecto a algunas de estas preguntas, pero aún falta mucho que aprender (Hertwig et al., 2004). En el siguiente periodo, los científicos del comportamiento -en especial los más jóvenes- deben dedicar mucha atención al proyecto de entender la heterogeneidad y de hacer predicciones fiables cuando los hallazgos sobre el comportamiento parecen apuntar en direcciones diferentes.

En lo que atañe a la política, también hay preguntas justas sobre el riesgo de manipulación16. Si en las personas hay fuerte influencia de factores supuestamente irrelevantes, ¿cuáles son los límites éticos al uso de tales factores por el gobierno? Amos Tversky bromeaba cuando dijo que su trabajo con Kahneman estableció lo que hacía mucho sabían "los anunciantes y vendedores de autos usados"; e invocando ideas sobre la dignidad y la autonomía, algunas personas se sienten alarmadas por la posibilidad de que funcionarios elegidos usen la ciencia del comportamiento para movilizar a los ciudadanos en la dirección que aquellos prefieran (ver Rebonato, 2012). En mi opinión, esas preocupaciones se exageran demasiado, y pierden fuerza en el contexto de prácticas concretas (ver Sunstein, 2015a). Los usos recientes de la ciencia del comportamiento han tenido el propósito de asegurar que las decisiones de las personas estén informadas (como en la divulgación de tarjetas de crédito, la simplificación de las hipotecas y el mejoramiento de las etiquetas de ahorro de combustible) y promover reglas útiles predeterminadas (como en los planes de pensiones, seguro de salud y alimentos escolares gratuitos para niños pobres). Pero es cierto que la plena transparencia y la rendición de cuentas son importantes, y que se necesita trabajar mucho más sobre el concepto de manipulación.

Es también importante entender que así los equipos de ciencias del comportamiento sean de mucha ayuda, no debemos pensar que son necesarios o suficientes para incorporar las ideas de esta ciencia. Algunos investigadores académicos hoy son víctimas de lo que podríamos llamar la "heurística del equipo de ciencias del comportamiento", que mide la influencia de esta ciencia preguntando si la nación relevante tiene un equipo de ciencias del comportamiento. Esa no es la peor heurística del mundo, pero es muy mala y a menudo falla el blanco. Cualquier equipo de ese tipo puede o no ser influyente (incluso podría resultar marginal), y se puede hacer mucho, y se ha hecho, sin tal equipo.

Si la ciencia del comportamiento ha de cumplir un papel en el diseño de políticas, hay dos posibles razones. Primera, la investigación existente puede decirles a los diseñadores de política algo que necesitan saber. Es claro, por ejemplo, que la regla predeterminada importa17: si las personas deben tomar medidas para inscribirse en un plan de algún tipo, es probable que las tasas de participación sean mucho más bajas que si se inscribieran automáticamente. (Sin un equipo de ciencias del comportamiento, Oregón aprovechó esta idea y se convirtió en el primer estado de la unión que registra automáticamente a las personas como votantes. California lo siguió.) Es también claro que la complejidad puede imponer costos muy altos; los numerosos requisitos de papeleo pueden perjudicar programas importantes. Segunda razón, la gente del gobierno puede hacer su propia investigación, sobre todo con ensayos aleatorios controlados.

Pero, al contrario de lo que parecen pensar algunas personas, no se necesita un equipo de ciencias del comportamiento para ninguna de esas tareas18. Si el objetivo es aprovechar la investigación existente, lo más importante es el apoyo político de alto nivel. En Estados Unidos, mucha legislación reciente muestra la influencia de los hallazgos del estudio del comportamiento, sin ayuda de ningún tipo de equipo de ciencias del comportamiento. Entre algunos ejemplos se pueden mencionar la Ley de cuidado de la salud a bajo precio, la Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street y protección del consumidor, y la Ley sobre rendición de cuentas, responsabilidad y divulgación de tarjetas de crédito (ver Sunstein, 2013). Eso mismo se puede decir de las acciones de la rama ejecutiva en torno al ahorro de combustible, la eficiencia energética, la educación, la obesidad infantil, el gobierno abierto y muchas más (ibíd.).

No hay nada distintivamente comportamental, por supuesto, en la comprobación empírica o en los ensayos aleatorios controlados. A muchas personas que no les entusiasma la economía del comportamiento, y que piensan que la teoría económica estándar tiene cosas en esencia correctas, les agrada la idea de experimentar, y apoyan e incluso insisten en ensayos aleatorios controlados. (La economía del comportamiento no es igual a la comprobación empírica, aunque quienes participan en pruebas empíricas a menudo se terminan inclinando al estudio del comportamiento.) Las agencias del Estado no necesitan un equipo de análisis del comportamiento para probar sus políticas. Pueden y deben hacerlo por sí mismas.

Estas afirmaciones no se deben malinterpretar. Nadie niega que los equipos de análisis del comportamiento pueden hacer y han hecho mucho bien (ver Halpern, 2015), y se debería animar a las naciones para que consideren crearlos. Su formación y su proliferación son avances significativos; deberían existir muchos más. Pero no debemos medir la influencia de la ciencia del comportamiento preguntando si una nación tiene dicho equipo. Cuando las ideas provenientes del estudio del comportamiento desempeñan un papel en la política real, no se debe a abstracciones y teorías académicas, sino a que los diseñadores de política más importantes quieren resolver problemas concretos, y entienden que esas ideas son útiles para abordar esos problemas.

En cuanto a los retos de política pública más apremiantes, es necesaria mucha reflexión sobre la aplicación de las ideas provenientes del estudio del comportamiento. En cuanto a la pobreza, el eslogan de Thaler, "facilítelo", es muy pertinente, sobre todo por el problema de la escasez cognitiva, refinado inteligentemente por Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir (2013). Pero "facilítelo" no es suficiente para establecer una plataforma contra la pobreza. Se necesita mucha más reflexión sobre ese tema. Para el cambio climático y otros problemas ambientales, el comportamiento de los consumidores es muy importante, y la inscripción automática en energía verde puede ayudar19. La educación es un campo maduro para los usuarios de las ciencias del comportamiento20. Tanto el atractivo como la efectividad del terrorismo parecen tener mucho que ver con los hallazgos de estas ciencias, y se podrían idear herramientas informadas por las ciencias del comportamiento para reducir los riesgos relevantes. En estos y otros campos apenas estamos en las primeras etapas.

Hoy establecido como una de las grandes figuras en la historia del pensamiento económico, Richard Thaler no tiene predecesores. Rebelde con causa, no es especialmente político. Confiesa ser perezoso, no es bueno en matemáticas y no tiene mucha paciencia para la filosofía. Donde gana el oro olímpico es en la aguda observación; sus mejores ideas son el resultado de que observa atentamente21. Inclinado a las travesuras y fascinado por las flaquezas humanas, es plenamente consciente de esto: "El primer paso para abatir la sabiduría convencional, cuando la sabiduría convencional es errónea, es observar el mundo que nos rodea" (p. 355). Resulta que eso es bastante racional, aunque sea también una forma de mal comportamiento.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Notas

JEL D90, G41, J17, J26.
* DOI: https://doi.org/10.18601/01245996.v21n41.01. Una versión anterior de este ensayo se publicó en The New Rambler [http://newramblerreview.com/book-reviews/economics/the-mischievous-science-of-richard-thaler]. Se publica con autorización del autor. Traducción de Alberto Supelano. Fecha de recepción: 07-09-2017, fecha de aceptación: 14-05-2019. Sugerencia de citación: Sunstein, C. R. (2019). El ascenso de la economía del comportamiento: Misbehaving, de Richard Thaler. Revista de Economía Institucional, 21(41), 5-20.
1 Para la discusión, ver Sunstein (2014).
2 Para una valiosa discusión, ver Viscusi (1993).
3 Aquí pongo entre paréntesis algunas de las complejidades. Muchos trabajos refinan o cuestionan la idea del efecto dotación; el resultado es que existe, y debemos tener cuidado al especificar las condiciones de su aparición. Ver Marzilli y Fuster (2013).
4 Thaler (1993) recopila gran parte de lo que ha resultado de la Lista, y aún vale la pena leerlo cuidadosamente.
5 Kahneman (2012) recopila buena parte de ese trabajo.
6 Para la discusión, ver Kuran y Sunstein (1999).
7 Tversky y Kahneman (1981). Una excelente colección es Keren (2010).
8 Para un análisis de por qué esta idea puede llevar a cosas totalmente erróneas, ver Bar (2012); Akerlof y Shiller (2015).
9 [http://www.chicagobooth.edu/pdf/thalergrad.pdf]. Una versión en español se publicó en Revista de Economía Institucional, 20(38), 9-43.
10 Para una recopilación, ver Thaler (1993). Thaler (1994), también recopila varios artículos importantes.
11 Parte de su trabajo culminó en nuestro esfuerzo conjunto (Thaler y Sunstein, 2008).
12 Thaler y yo discutimos brevemente la idea en Nudge. Que yo sepa, el único estudio es Breman (2011).
13 Para una excelente revisión, ver Halpern (2015).
14 No menciono los acalorados ataques que desde hace décadas ha entablado Gerd Gigerenzer, quien subraya la "racionalidad ecológica" de las personas. Ver Gigerenzer (2015). En mi opinión, Gigerenzer ha hecho valiosas contribuciones, especialmente en ibíd., pero a pesar de importantes desacuerdos, están a grandes rasgos dentro y no en contra del programa fundamental de investigación iniciado por Tversky y Kahneman (entiendo que esta afirmación suscita preguntas, que se discuten bien en (2011). Una valiosa discusión de las implicaciones es Grüne y Hertwig (2015), aunque los estímulos se deberían ver como un subconjunto de empujoncitos.
15 Sobre algunos de estos asuntos, ver Allcott y Sunstein (2015).
16 Discuto este tema en Sunstein (2016a y 2016b).
17 Para una revisión, ver Sunstein (2015).
18 Para la discusión, ver Sunstein (2016c).
19 Ebeling y Lotz (2015). Ver, en general, Beckenbach y Kahlenbor (2015).
20 Ver Adam Lavecchia et al. (2014).
21 A este respecto, él tiene un traslapo con Albert Hirschman, quien fue también un observador impresionante.