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martes, 20 de agosto de 2019

Las ciencias sociales en el laberinto de la economía

Las ciencias sociales en el laberinto de la economía

The social sciences in the labyrinth of economy
As ciências sociaisno labirinto da economia
Alberto Acosta

Resúmenes

En el debate sobre la economía se grafica el laberinto en el que se encuentra una ciencia permanentemente en ciernes. Una ciencia que ocupa un puesto imperial entre las ciencias sociales. Paradójicamente la economía procura desligarse de ellas para aproximarse a las ciencias exactas y naturales. Asumiendo los retos propios de la complejidad del mundo y los actuales retos para la Humanidad, la pregunta que se plantea en estas líneas es sobre el tipo de ciencias sociales que habría que construir para atender la reproducción de la vida.

In discussing economy, we plot the labyrinth in which finds itself a science permanently budding. A science that occupies an imperial place among the social sciences. Paradoxically, the economic science seeks to detach from them to approach the natural sciences. Assuming the challenges of the complexity of the world and the current challenges for Humanity, the question that arises in these lines is about the kind of social science that we should build, in order to meet the reproduction of life.

No debate sobre a economia gráficase o labirinto em que se encontra uma ciência permanentemente embrotamento. Uma ciência que ocupa um lugar imperial entre as ciências sociais. Paradoxalmente, a economia visa romper come las para se aproximar das ciências exatas e naturais. Assumindo os desafios da complexidade do mundo eos atuais desafios para a Humanidade, a questão que se colocan estas linhas é sobre o tipo de ciências sociais que haveria que construir para atender a reprodução da vida.



Notas de la redacción

Recibido: 10.08.2015 Aceptado: 25.08.2015

Texto completo



“Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos;
de lo que se trata es de transformarlo.”
Carlos Marx
  • 1 Economista ecuatoriano. Investigador de la FLACSO. Ex ministro de Energía y Minas 2007. Ex presiden (...)
  • 2 Se recomienda, entre otros muchos textos, el valioso aporte de Alberto Graña (1997).
La economía, como ciencia, ha tenido y tiene una vida muy interesante, pero a la vez atribulada1. A lo largo de su historia se han sucedido diversas teorías, como parte de un proceso complejo, para nada absoluto ni continuo.2 En este empeño, sin posibilidad de avances mecanicistas o de espacios para un predominio monopólico por parte de alguna teoría, se han propuesto diversos nombres para definir a la economía y se han escogido muchos calificativos para distinguirla de las otras ciencias sociales, más allá de sus múltiples escuelas. La economía, en síntesis, tironeada por las visiones de acumulación y maximización de los recursos disponibles, de un lado, y las visiones de la interacción entre seres humanos con su entorno social y ambiental, de otro, no termina de encontrar su identidad.

Esto expresa la compleja búsqueda de legitimidad de una ciencia permanentemente en ciernes. Una ciencia que, por lo demás, ocupa un puesto preponderante –se podría decir hasta dominante- entre las ciencias sociales, aunque, paradójicamente, en ocasiones, procura desligarse de ellas para aproximarse a las ciencias exactas o aún a las conocidas como ciencias naturales. Estas son ciencias consideradas como objetivas y neutrales, por lo tanto serían superiores a las ciencias sociales. Estas ciencias, con una enorme carga positivista y funcionalista, cartesiana en esencia, han sido, de alguna manera, un campo de envidia para muchos científicos sociales. Y desde esa perspectiva muchos economistas y otros científicos sociales han estado permanentemente empeñados en “superarse” o al menos en emular a los científicos que se ocupan de los temas de la Naturaleza. Entonces, las ciencias sociales, sobre todo la economía, han tendido a ser exactas y medibles, pero sobre todo neutras. Este es el ideal de muchos científicos sociales.
3Es curioso anotar que mientras tanto, los científicos de la Naturaleza paulatinamente han entendido que los procesos sociales son mucho más complejos, como lo anotó Immanuel Wallerstein ya hace 20 años. Y en ese sentido es interesante -como lo descubrió Orlando Fals Borda (2009)- hasta los físicos cuánticos han dado un salto que deja al margen la exactitud al proponer el principio de indeterminación.
  • 3 Aquí cabe recomendar el estudio de la Comisión de la Fundación Gulbenkian para la reestructuración (...)
Todo esto ha sido tema de discusiones recurrentes desde hace mucho tiempo atrás. La pregunta sobre el tipo de ciencias sociales que habría que construir ha sido planteada con frecuencia.3
Pero volvamos a la economía. El debate sobre si la economía es una ciencia, una ingeniería o a momentos simplemente una ideología gira en torno a la cuestión ética. La economía lidia con esta cuestión desde sus orígenes. ¿Cuál puede ser la relación entre el enfoque de la ciencia económica y las otras ciencias con las exigencias que plantea hoy en día el problema de la convivencia de los seres humanos entre si y de estos con la Naturaleza?
Este tema recobra nueva fuerza en la actualidad, con una sociedad mundial signada por sus enormes logros materiales y tecnológicos, que contrastan con sus crecientes desequilibrios en términos de ingresos y riqueza, oportunidades y libertades. Una sociedad dominada por profundos y contradictorios fenómenos de globalización económica, caracterizados, además, por una mundialización de una cultura consumista y productivista, y, también, por una crisis de la institucionalidad de los Estados-nación, surgidos en la modernidad y que parece en la actualidad han asumido una función meramente policial: asegurar a nivel local el correcto desempeño que demanda la economía mundial, en medio de una creciente financiarización que parece ser el sustrato de inusitada violencia estructural.
En este contexto se gesta –como algo inédito en la historia de la relación entre la Tierra y la Humanidad- una cada vez más compleja y profunda crisis ambiental provocada por la superación de los límites biofísicos como consecuencia del accionar de los seres humanos. Y es este proceso de sostenida destrucción de la sociedad y de la Naturaleza el que está poniendo en peligro la vida misma.
A más de los problemas ambientales, el mundo enfrenta una crisis signada por la financiarización de la economía y con el consiguiente aparecimiento de una violencia estructural. Esta se expresa con una creciente y nunca antes vista desigualdad social, en medio de masivos negocios especulativos, que se dan, por ejemplo, a través de la migración y la trata de personas, el narcotráfico, la venta de armas y otras muchas formas de acumulación no productiva del capital.

¿Cuál es el papel que cumple la ética en la economía?

Sin recurrir a las valiosas reflexiones aristotélicas, cabe reconocer que Adam Smith, considerado el padre de la economía, el gran profeta del liberalismo económico, planteó profundos problemas éticos en sus textos. Él, en tanto profesor de filosofía moral, colocó en el tapete de la discusión la relación entre los individuos y la sociedad, entre el egoísmo y el altruismo, entre el conflicto y la cooperación social.
Los clásicos a diferencia de lo que intentarán posteriormente los neoclásicos, no separaban para nada economía de sociedad, entre las dos veían una relación dinámica y conflictiva. En su libro “Teoría de los sentimientos morales” (1759) -anterior a su obra clásica “Sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” (1776)-, Adam Smith sostenía que para que la gente pueda vivir en sociedad, en calidad de individuos libres, debía existir un elemento perceptible de interés común, con el fin de hacer tolerable y posible la vida social. Interesante es recordar que Smith, coincidiendo con algunos fisiócratas de su época, creía en un sistema de leyes naturales a través de las cuales el individuo se reconciliaba con la Naturaleza: la “mano invisible” (del mercado) a través de regularidades empíricas expresada en esas leyes. (Cole et. al. 1990: 62-63)
10  Debe quedar claro que la “mano invisible” fue para Smith, hombre de la Ilustración, una metáfora -la metáfora más importante de la historia económica según John Kenneth Galbraith-, no un dogma. El mercado fue un medio, no un fin teológico como lo entienden los neoliberales. A Smith le interesaba la libertad de los individuos, no de las empresas; libertad enmarcada en relaciones sociales, no en un mercado caracterizado por relaciones abstractas; cuando bien sabemos que, en realidad, es siempre una relación concreta entre personas dentro de una comunidad o entre comunidades. Entonces, los individuos no son aquellos entes autónomos y maximadores que se relacionan entre sí en un mercado surgido espontáneamente. Sostenerlo, es, sin duda alguna, manifestación de una notable falta de contacto con la realidad.
11  Esta discusión sobre la ética en la economía, que se mantuvo a lo largo del tiempo, comenzó a debilitarse con la maduración de las ideas neoclásicas. En este trajinar se ha llegado inclusive a proponer la supresión de toda obligación social o moral en la ciencia económica. Así esta conceptualización tecnocrática de la economía se transformó casi en un axioma indiscutible, que asumía, sin mayores problemas de conciencia, tal como es el mundo, con sus inequidades, desigualdades e injusticias. Bien, en este punto, se podría entender que se trata de una ética de mercado sustentada en las preferencias individuales.
12  Dicha comprensión del mundo constituye la fuerza moral que respalda al mainstrean económico y a través de él se filtra en las ciencias sociales. En la práctica, ética de las preferencias individuales asoma casi como una imposición que significa una especie de cárcel ideológica para la economía. Y, es más, la economía, de esta manera, conquista y hasta coloniza las otras ciencias sociales, en lugar de nutrirse de ellas.

La economía como ciencia imperial

  • 4 “Para ser objetivo, dicen, debemos aportar ante todo datos que no estén al arbitrio del investigado (...)
13 La economía, sobre todo en la medida que es asumida más como una ciencia exacta que social, ya no tendría nada que ver con cuestiones morales. Con el intento por sustituir las relaciones sociales de producción por simples relaciones técnicas, sobre todo expresadas matemáticamente (las matemáticas como otro leguaje formal y abstracto4), la economía asume una racionalidad y una ética atada al mercado, llevado éste casi a la categoría mítica de fin último. Esta fe en el mercado dio lugar, como constató Karl Polanyi hace más de medio siglo, a “la más violenta y extendida de las explosiones de fervor religioso que ha conocido la humanidad”.
14Si la economía quiere ser considerada como ciencia, tal como pretenden los economistas “serios y pragmáticos”, debería marginar de sus reflexiones aquellos temas como la justicia y la injusticia, el dolor y los costos sociales, inclusive aquellas complicaciones o ambientales que provoca el propio manejo económico. En el mejor de los casos se contentan con decir que esos son los costos inevitables del progreso. El sistema es así, además no tenemos otro, concluyen. Por lo tanto hay que permitir que funcione.
Varios economistas de renombre ratifican esta pretensión.
15 Para William Stanley Jevons, “la economía, si ha de ser en absoluto una ciencia, deberá ser una ciencia matemática” (Citado por Galbraith 1989: 139). En consecuencia, las valoraciones éticas de la vida se excluyen de la economía tratada como una ciencia exacta, que asume la ética del mercado. Milton Friedman, uno de los principales publicistas del neoliberalismo, fue mucho más allá, para él “La economía positiva es, en principio, independiente de cualquier postura ética o juicio de valor (…) lidia con lo ‘que es’ y no con lo ‘que debería ser’ ” (1953: 4)”. George Stigler (1959: 522), otro de los economistas destacados de la Escuela de Chicago, también sostuvo que “la economía como ciencia positiva es éticamente neutral, y por lo tanto políticamente neutral”.
16  Desde esas aproximaciones se concluye que el manejo económico hay que asumirlo como un asunto aislado de lo político. Los logros sociales, por ejemplo la reducción de la pobreza, asoman como resultado de un manejo económico “sano y coherente”. Así, lo social, en el mejor de los casos, es entendido como un complemento para mejorar la productividad de la economía y ésta, a su vez, puede contribuir para garantizar aquella “paz social” que facilite la “gobernabilidad” demandada para sostener la lógica económica dominante. Alrededor de este empeño se arremolinan las ciencias sociales buscando sostener el sistema. Forzando un poco, casi se podría considerar que las ciencias sociales giran, cual satélites, alrededor de la economía.
17 En este paradigma técnico-económico, muchas veces, no se cuestiona en su profundidad la distribución de la riqueza y del ingreso existente; a estos elementos se los asume casi como un dato. El paradigma de mercado proyectado universalmente se sustenta en la acumulación sin límites, exacerbada por valores desbocados de productivismo, consumismo e individualismo, tan propios del neoliberalismo.
18Se asume la existencia de un ser humano unidimensional, superrealista, muy bien informado. El individuo en libertad (valor fundamental), en un proceso de autoformación de soberanías privadas autosuficientes, lograría el mejor estado social posible en un ambiente de competencia, garantizadas por el funcionamiento óptimo del mercado, para ponerlo de acuerdo al muy difundido punto de vista de Friedrich von Hayek, el maestro más destacado de la escuela austríaca de economía, mentor del neoliberalismo o ultraliberalismo. Y todo esto será posible siempre que se asegure y garantice, a través del Estado, la propiedad privada sobre los medios de producción (que siempre será un esfuerzo colectivo, cabría acotar.)
19La economía, sustentada en un orden espontáneo, y asumida casi como una técnica, asoma, entonces, como que estuviera dominada por las matemáticas y por su lenguaje; no deja prácticamente espacio para lo político, lo social, lo cultural. Un tratamiento de los problemas económicos con criterios interdisciplinarios, hasta invalidaría muchos estudios e investigaciones que no se rigen por las normas de la ortodoxia económica.
20La tarea del economista, en consecuencia, sería hacerse a un lado de los problemas sociales y políticos para llevar adelante la aplicación del manejo económico ortodoxo indiscutible, el único. El economista, entonces, debería analizar, describir, de ser posible sintetizar en cálculos matemáticos su trabajo, sin pronunciar juicios morales, ni comprometerse en ningún otro aspecto. El profesional de la economía no se ocuparía, entonces de la justicia ni de la bondad de la estructura social imperante, si lo hace estaría negando su razón científica.
21Eludir responsabilidades sociales e inclusive ambientales es el resultado de esa aproximación autodefinida como “científica”. Eso se percibe cada vez más en el mundo académico, en donde a nombre de “la ciencia” se excluye cualquier compromiso concreto con miras a superar de raíz las inequidades, las desigualdades, las injusticias, las violaciones de derechos, las insostenibilidad del sistema. Esto sirve para que muchos economistas y también profesionales de las ciencias sociales tengan “una vida profesional tranquila y libre de controversias” (Galbraith 1989: 139-140). No sería de su incumbencia haber asumido, como de hecho sucede, el papel de “oficiosos legitimadores del poder de la economía mundo” (Raúl Prada 2015).
22La economía, vista de esta posición “científica”, en su extravío teórico, sería casi una técnica, con su correspondiente ética instrumental: campo propicio para pretender que la técnica está desapegada de la moral. ¿Puede existir una ética instrumental? Difícil aceptar una renuncia ética a cambio de una eficiencia técnica: Sería como asumir que si tal política da resultado entonces es buena -por ejemplo- en términos de mejorar algunos indicadores macroeconómicos, más allá de sus consecuencias sobre la vida de las personas. Sin embargo esta ética instrumental (o mejor aún esta razón instrumental desprovista de ética), expresada en la neutralidad científica, explica el rechazo a analizar profundamente las causas que provocan las inequidades e injusticias, a buscar alternativas; todo eso termina por justificar los medios, da racionalidad a los sacrificios sociales y ambientales. Predomina la racionalidad tecnocrática. Da sentido a la moral de los resultados.
23Pero no se quedan allí. Quienes incluso podrían contribuir en la construcción de alternativas no solo se enconchan en “su ciencia”, sino que hacen todo lo posible para bloquear dicha construcción. En ese empeño pontifican que intentar una alternativa económica demoraría la aplicación de los cambios demandados por la economía ortodoxa, que es asumida casi como la única posible. Por eso se escucha con frecuencia que transitar por otra senda retrasaría el desarrollo. Así, el permanente chantaje del retraso cobra fuerza como forma invertida de la ideología del progreso. Si el camino económico es conocido y el pensamiento económico es único, ¿por qué perder tiempo en construir alternativas?, concluyen.
24Este vigoroso mensaje es determinante en el mundo contemporáneo. Así, este pensamiento, especialmente el de quienes toman las decisiones, está influenciado “permanentemente por los conceptos que manipulan los economistas; la formulación misma de los problemas está condicionada por las palabras claves que estos han forjado”. Sus “conclusiones tienen la fuerza que antaño tuviera la Verdad revelada. Se transforman en fuerte de un verdadero fanatismo, tan radical como el ciertas sectas religiosas: el fanatismo económico, ‘el economicismo’ ” (Jacquard 1995: 35-36). La economía termina como un dispositivo de dominación, a través del cual se pretende orientar el destino del mundo. Y desde esas visiones totalitarias, por ejemplo, se deriva la aceptación indiscutible del extractivismo por gobiernos progresistas o neoliberales.
25Frente a estas pretensiones teóricas surge la fuerza de la realidad. La economía, en tanto ingeniería con demanda de ciencia exacta, comprendida como un ejercicio de lógica matemática, encuentra sus límites. Sin negar para nada el valor de las matemáticas, en ocasiones, al ser asumida como una ingeniería, a la economía le resulta difícil, y en ocasiones imposible, explicar sus propias hipótesis, sus supuestos. Así, con frecuencia esta economía “moderna” sintetiza una serie de teorías, con algún atractivo lógico, pero muchas veces no verificables a la luz de los hechos observables.
26Mas que objetividad, muchas de estas teorías demuestran una clara distancia con la realidad, a la cual hasta pretenden deformarla para que se aproxime a sus requisitos teóricos. Este cuestionamiento no menosprecia la gran importancia que tienen las matemáticas. Sabemos que dos piernas, al menos, son indispensables para poder caminar. Y en el caso de la economía éstas piernas son las matemáticas y la historia, pero que nunca podrán suplantar al cerebro, lo conceptual, y al corazón, lo vivencial.
27A pesar de este predomino de esta ciencia imperial, poco a poco, cada vez con más fuerza, emergen cuestionamientos que replantean la propia problemática de la economía. Hay voces de renombrados economistas, que piden desarrollar la economía social. Inclusive hay quienes hablan de la necesidad de abordar tres temas fundamentales, que no pueden separarse: lo social, lo económico y lo ecológico, en un contexto donde lo político es sostén de la reflexión y de la acción. La democracia misma no está ajena a esta renovada discusión económica.
28En síntesis, es necesario replantearse la ética instrumental del “economicismo”. No podemos aceptar aquella pretensión de “la economía ortodoxa (que) da por supuesto el sistema social existente, como si perteneciera al orden natural de la cosas”, como anotó Paul Sweezy (1977: 81). Y que intenta hacer de la economía un cuerpo teórico apologético del capitalismo.

Las ciencias sociales subordinadas a la ciencia imperial

29Dejemos a los economistas en su laberinto. Concentremos nuestra atención en una situación perversa. Si la economía pretende alejarse de lo social y ambiental para asumirse como ciencia exacta, las ciencias sociales, al parecer, intentan acomodarse al mensaje ideológico tecnocrático de lo económico. Basta ver como asumen simplonamente algunas teorías planas como “la elección racional”. Es hasta enternecedor ver el empeño de algunas personas por intentar leer la compleja realidad a través de modelos de racionalidad extrema. Hay ocasiones en las que primero plantean el modelo a utilizar, antes de haber discurrido sobre el problema a tratar. Es decir, lo grave y preocupante es que las ciencias sociales quieran seguir en este confuso e imposible intento de negar la realidad, hablando a nombre de situaciones fragmentadas que incluso terminan por violentar la realidad.
30Esta situación de sumisión da fuerza al reclamo de despolitización de las ciencias sociales, no solo de la economía, de la sociedad, hasta de la misma política. Por lo tanto, al ver en la economía, sobre todo en el mercado, el eje de toda la sociedad, el Estado asoma como el máximo distorsionador político.
31Esta constatación, digámoslo al paso, abriendo un paréntesis, no puede llevar a conclusiones apresuradas. El Estado no es “el problema”, pero tampoco es “la solución”. Como se ha demostrado recientemente en varios casos concretos la menor presencia relativa del Estado –me refiero a los períodos neoliberales- no solo que no resolvió los problemas, sino que contribuyó a agudizarlos. Mientras que la recuperación del papel del Estado en la economía –me refiero a los países con gobiernos progresistas- no contribuyó para un cambio estructural. En ambos casos, este esfuerzo ha representado, en realidad -como diría el gran pensador ecuatoriano Agustín Cueva- una modernización periférica del capitalismo derivada de las necesidades de acumulación del capitalismo metropolitano. Hasta aquí este breve paréntesis.
32De una u otra manera la burda instrumentación matemática en nombre de la ciencia imperial por excelencia: la economía, puede llevar a vaciar de contenido o al menos a nublar la reflexión conceptual de las ciencias sociales. A la postre, lo que registramos es la imposición de una concepción no solo tradicional o clásica, sino hegemónica de las ciencias sociales, a las que se les quiere presentar como neutrales, objetivas y sobre todo de validez universal.
  • 5 Se recomienda el demoledor análisis de Arturo Villavicencio sobre Yachay, la ciudad del conocimient (...)
33Por otro lado, en línea con la búsqueda de la excelencia tecnocrática, pensemos en los devastadores efectos que produce la estandarización profesionalizante en la enseñanza universitaria. Sus resultados están a la vista. Se forman profesionales funcionales al sistema. Sus estudios, reiteradamente, son parte de procesos individuales e individualizantes, alejados de la comunidad, de lo comunitario. Hay estructuras disciplinarias que constituyen una suerte de “reja protectora”, que impide que alguien trate de salir del terreno trazado (Wallerstein 1996: 77). En ese contexto también han aparecido múltiples y novedosos programas académicos que muchas veces solo sirven para complicar el laberinto académico. Se alientan investigaciones sin compromiso, muchas veces anodinas y hasta tautológicas. El cumplimiento de metas “académicas”, medidas por las publicaciones en revistas indexadas, que no tiene que ver con la vivencia social y que inclusive pueden estar influenciadas por poderosos grupos transnacionales, por ejemplo, termina por aislar aún más a los centros universitarios de la realidad y a los mismos profesores e investigadores universitarios entre si. Igualmente perversos resultan los rankings que se proponen desde visiones tecnocráticas derivadas de las demandas de acumulación del capital, muchas veces transnacional, o de los grandes centros de poder; rankings que son referentes ineludibles para varios gobernantes progresistas que imponen una modernización autoritaria del capitalismo en sus países. Para cristalizar este empeño afloran los consejos superiores desde donde se impone de manera autoritaria opciones extranjerizantes en el mundo universitario, normalmente copia de las universidades de los Estados Unidos o de Europa. En este escenario asoman propuestas cada vez más audaces, y no por ello menos torpes, como las que ofrecen aquellas “ciudades del conocimiento”, cuyas perspectivas de éxito tecnocrático-empresarial no solo que son muy reducidas, sino que conducen a crear verdaderos “guetos de sabios”, aislados de sus sociedades.5
34Adicionalmente las presiones derivadas de la competitividad o también provenientes de la falta de adecuado financiamiento, en complicidad con el Estado, conducen a aceptar apoyos de grupos poderosos -nacionales o transnacionales-, que financian cátedras especializadas o universidades enteras, becas de estudio, con lo que se transforma a muchos centros de enseñanza en una suerte de desiertos académicos en caja de resonancia condicionada a sus intereses. La comunidad académica se transforma en una agregación de individuos forzados a cumplir con cada vez más requisitos tecnocráticos y por cierto burocráticos.
35Así las cosas, la privatización y la creciente mercantilización del conocimiento están a la orden del día. Para mencionar un par de casos, hay cátedras especializadas en “estudiar” los transgénicos, agrocombustibles, petróleo, minería… con académicos prestos a legitimar el extractivismo. Inclusive este tipo de financiamiento se ha dado para tratar de desconocer o aún falsear desde la academia aquellos estudios que denuncian graves problemas para la Humanidad. Este es el caso, por ejemplo, de los estudios e investigaciones negacionistas sobre los efectos del cambio climático, atendiendo los requerimientos de poderosos grupos transnacionales, como los mineros o petroleros, interesados en seguir acumulando. Algo similar ocurre con los impactos provocados por la industria del tabaco, que tratan de ser ocultados (o al menos minimizados) con “investigaciones” orientadas a proteger a dicha industria de las demandas legales y de las normativas que controlan el consumo de cigarrillos. En esta lista, por demás incompleta, se podría incluir aquellos estudios antropológicos o biológicos que patrocinan las empresas petroleras en los territorios en donde explotan el petróleo y que inclusive los consideran verdaderos aportes a la ciencia, a través de los cuales pretenden ocultar la devastación social y ambiental que provocan sus propias actividades extractivas. No hay duda esa “ciencia” es cada vez más dependiente de los poderes hegemónicos, que tienen en la mira la apropiación sistemática de la Naturaleza y el control de territorios estratégicos.
  • 6 Una tarea que nos conmina a de-construir teóricamente varios conceptos caros a la economía, como eq (...)
36Como saldo de lo descrito, que en ocasiones no es tan evidente a primera vista, tenemos una suerte de desiertos académicos en donde no florece debate alguno y donde la ciencia ha sido forzosamente exiliada. En esos ámbitos, además, resulta difícil nadar contra corriente y mucho más establecer vínculos con realidades emergentes, que cuestionan, por ejemplo, el tradicional concepto del progreso en su deriva productivista y del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo con su visión mecanicista de crecimiento económico.6
37Traigamos a colación, además, que el actual mundo subdesarrollado o en vías de desarrollo (eufemismo ampliamente difundido) fue objeto de las ciencias sociales inicialmente a través de estudios antropológicos, que servían para conocer sobre estas sociedades de bajo desarrollo tecnológico, con economías estancadas y con sistemas políticos premodernos (como se los considera aún en la actualidad por parte de varios científicos sociales que se precian de modernos o de posmodernos). Immanuel Wallerstein (1995) nos recuerda que “por lo menos el 95% de todos los estudiosos y de la investigación académica en el período entre 1850 y 1914, y probablemente hasta 1945, proviene tan sólo de cinco países: Francia, Gran Bretaña, las Alemanias, las Italias y los Estados Unidos. Hay todavía algo más; no sólo la investigación académica proviene de estos cinco países, sino que gran parte de la investigación hecha por la mayoría de los estudiosos es sobre su propio país. Esto es parcialmente pragmático y en parte obedece a presión social y a razones ideológicas: son los países importantes, lo que interesa y lo que debemos estudiar si queremos saber cómo opera el mundo.” Ese es el punto de partida de las actuales ciencias sociales, que, por lo demás, no han intentado romper realmente su cordón umbilical con lo que Aníbal Quijano definiría como “la colonialidad del poder”.

Algunos elementos para salir del laberinto

38Buscar alternativas nunca será tarea fácil. Aún corriendo el riesgo de ser tildados como locos, retrógrados, románticos o incluso infantiles, desde situaciones precarias y de marginación, quienes todavía cuestionamos cómo las ciencias sociales pueden contribuir a construir democráticamente una sociedad democrática, ser factores para la paz sobre bases de igualdad y equidad, así como favorecer el reencuentro de los seres humanos con la Naturaleza, hemos asumido el reto.
39Tengamos presente, eso sí, que un nuevo paradigma sólo se cristalizará, cuando las transformaciones sociales buscadas cuenten con actores sociales con capacidad para derrotar al paradigma todavía dominante. Dicho en otras palabras, capitalismo habrá mientras los pueblos lo aguanten. Y su superación no se logrará solo desde las ciencias sociales.
40La tarea actual de las ciencias sociales es buscar salidas del este laberinto, en el que, como en la mitología griega, para sobre vivir realizan cada vez más sacrificios al capitalismo: el Minotauro. Estas salidas no pueden ser intentos inútiles o frustrantes al estar alejados de la realidad de nuestros orígenes ancestrales (o más claro aún de la “indigenidad”, para ponerlo en términos de Aníbal Quijano, 2014: 18). Incluso hay que evitar correr la suerte de Ícaro al que se le derritieron las alas por acercarse demasiado al sol al tratar de escapar del laberinto de la isla de Creta; diríamos explicando nuestra metáfora, que las soluciones no pasan por elaborar opciones propias del profetismo tecnocrático.
41En concreto, desde la ciencia económica, no interesa exclusivamente la evolución de la economía medida en variables cuantitativas, sino cómo la política económica afecta la vida de la gente y cómo se puede impulsar el vivir bien de todos los habitantes. Un virtuoso uso de la lógica matemática y de la econometría, así como un adecuado conocimiento de la historia, no son suficientes sino nos ocupamos de los problemas vitales de la gente: el empleo, el salario, la calidad de vida, la pobreza y la excesiva concentración de la riqueza, tanto como de la devastación ambiental y cultural…
42Pero mucho más que todo eso. Es indispensable descolonizar la economía (y las otras ciencias sociales como proponía Rodolfo Stavenhagen hace muchas décadas). Eso pasa por ubicarla en su sitio. La economía no está al mismo nivel que la sociedad y que la Naturaleza. En esta otra economía, el ser humano debe ser el centro de la atención y es su factor fundamental. El capital debe estar subordinado al ser humano. Pero siempre el ser humano debe estar integrado como parte de la Naturaleza, más aún, debe entender que es Naturaleza.
43Si el ser humano es el eje de esta otra economía, el trabajo es su sostén. Esto plantea el reconocimiento en igualdad de condiciones de todas las formas de trabajo, productivo y reproductivo. Es decir, se requiere otra economía que se reencuentre con la Naturaleza y atienda las demandas de la sociedad, no del capital. Entonces, si es que la economía tiene algún sentido debe empezar por superar su enclaustramiento en el campo del valor. Y aquí está implícito un gran paso revolucionario, realmente civilizatorio, que nos conmina a transitar de visiones antropocéntricas a visiones socio-biocéntricas, asumiendo las consiguientes consecuencias políticas, económicas, culturales y sociales que supone.
44En paralelo, mientras se desmonta la posición imperial de la economía en tanto pretendida ciencia exacta, hay que abrir de su enclaustramiento a las ciencias sociales. No pueden ser vistas más como compartimentos estanco. Y menos aún se puede seguir su construcción –figurativamente hablando- de torres de cristal alejadas de la sociedad, desde donde ni siquiera se la regresa a ver...
  • 7 Tal como lo plantea en su libro Morris Berman, cuyo aporte sirve para rectificar la epistemología d (...)
45La transdisciplinariedad abre el camino. Sobre todo la economía -una nueva economía para otra civilización-, así como cada una de las ciencias sociales están conminadas a aprender de las otras, a estudiar con las otras, a investigar con las otras. Cabe dar paso al “reencantamiento del mundo”7 es decir
“a derribar barreras artificiales entre los seres humanos y la naturaleza, a reconocer que ambas forman parte de un universo único enmarcado por la flecha del tiempo. El reencantamiento del mundo se propone liberar aún más el pensamiento humano. El problema fue que, en el intento de liberar el espíritu humano, el concepto del científico neutral (propuesto no por Weber sino por la ciencia social positivista) ofrecía una solución imposible al laudable objetivo de liberar a los estudios de cualquier ortodoxia arbitraria. Ningún científico puede ser separado de su contexto físico y social. Toda medición modifica la realidad en el intento de registrarla. Toda conceptualización se basa en compromisos filosóficos”, como recomienda Immanuel Wallerstein.
46El mismo Wallerstein (1996: 81-83) recomienda reinsertar en las ciencias sociales “el tiempo y el espacio como variables constitutivas internas en nuestros análisis y no meramente como realidades físicas invariables dentro de las cuales existe el universo social”. Y en tercer lugar pide superar las separaciones artificiales erigidas entre lo político, lo social y lo económico.
47Todo es eso importante, pero no suficiente. Las ciencias sociales, especialmente en sus lógicas de escolaridad individualizante y alienante, tendrán que dar paso a procesos de descolarización, como los que proponía Ivan Illich. Y, por cierto, es indispensable que se de paso a un acelerado proceso de des-colonialidad de las ciencias sociales.
48Tratar de explicar el mundo para transformarlo, fallará en su empeño mientras no se combinen los ingredientes y las reflexiones de distintos enfoques científicos y los aportes procedentes de las culturas y pueblos en toda su enorme diversidad. Habrá que reflexionar sobre las posibilidades del surgimiento de epistemes alternativas, que nos permitan superar la colonialidad, a partir del “caos ecléctico”, en los términos planteados por Elmar Altvater (2001: p.191):
“Para poder plantear las preguntas adecuadas resulta necesario un conocimiento teórico previo, asequible únicamente mediante la generalización de numerosas observaciones. En este contexto, los estudios de casos concretos que se plantean como opción atractiva a la “gran teoría” resultan de importancia. Sin embargo, el estudio comparativo no solo es interesante por los casos en si, sino sobre todo por las conclusiones interpolables y generalizables.”
49Entre las muchas preguntas que cabrían formular, destacamos una: ¿existe una neutralidad de la técnica? ¿Hasta cuándo vamos a esperar que el progreso tecnológico resuelva los enormes problemas existentes? No se trata de un conservadurismo ante la idea del progreso tecnológico, sino acerca de su sentido. La técnica moderna se encuentra –casi siempre- subsumida al proceso de valorización del capital, lo cual la vuelve nociva en muchos aspectos.
50La técnica, bien lo sabemos, no es neutra. No olvidemos que en todo tipo de técnica hay inscrita una “forma social”, que implica una manera de relacionarnos unos con otros y de construirnos a nosotros mismos; basta mirar la sociedad que “produce” el automóvil y el tipo de energía que éste demanda. Y, a estas alturas de la historia de la Humanidad, cabe preguntarse qué tipo de sociedad se está construyendo con la adopción de determinados dispositivos tecnológicos, como son los teléfonos celulares, por ejemplo, que en pocos años de vida se han convertido en un fenómeno global: hoy habría ya más teléfonos celulares que seres humanos...
51Entonces, habría que preguntarse -desde las ciencias sociales- cuál es la forma social implícita en esos avances tecnológicos presuntamente democratizadores a los que deberíamos enrolarnos todos, cuando en realidad muchas de las nuevas técnicas son fuente de renovadas formas de desigualdad y de explotación. En la cotidianidad muchos de esos considerados avances tecnológicos, por ejemplo, hacen que ciertos trabajados se vuelvan caducos al sustituir ciertas funciones del cerebro humano, al tiempo que excluyen o desplazan a todos aquellos que no pueden acceder a la tecnología; todo esto redefine el trabajo mismo, desplazándolo al ámbito cognitivo, contribuyendo a su flexibilización. Desde esa perspectiva, para que exista otro tipo de técnica, es necesario transformar las condiciones de su producción social y comprender todo este complejo proceso. Como se aprecia, menuda tarea tienen las ciencias sociales para salir de atolladero.
  • 8 Citado por María Jesús Arroyo Fernández; “Economía positiva y normativa”, http://www.expansion.com/ (...)
52En este punto es preciso rescatar una oportuna conclusión de uno de los grandes economistas, algo olvidado en la actualidad: Gunnard Myrdal. Él, en su libro Solidaridad o Desintegración (1962), aceptó que “una ciencia social desinteresada no existe y, por razones lógicas, no puede existir... nuestros propios conceptos están cargados de valor... y no pueden ser definidos sino en términos de valoraciones políticas”. Por lo que, según el mismo Myrdal (1970), “la única forma en que podemos perseguir la objetividad del análisis teórico consiste en exponer nuestras valoraciones claramente, de forma consciente, específica y explícita, permitiendo que determinen la investigación teórica”.8
53Adicionalmente, desde una remozada aproximación a los retos de la Humanidad se convoca a repensar colectivamente el aporte de las ciencias sociales. Este es, quizás, uno de los puntos más atractivos de este empeño. Una suerte de minga o minka en todo el sentido de la palabra; es decir recuperando aquella institución indígena de ayuda reciproca en el ámbito comunitario, que asegura el trabajo destinado para el bien común de la población.
54Se trata de un esfuerzo comunitario para satisfacer las necesidades e intereses colectivos de la comunidad, que ha permitido superar y enfrentar el olvido y la exclusión durante el sistema colonial y republicano. Además, esta institución ha ayudado a las comunidades a potencializar su producción, estimular el trabajo y fomentar el ahorro, consolidando su identidad cultural. La minka es, entonces, un potente ritual cultural y ceremonial de convocatoria y cohesión de las comunidades, así como espacio de intercambio de normas socio-culturales. Y este empeño comunitario podría enriquecerse con el ranti-ranti, que a diferencia del trueque puntual y único que se da en algunas economías mestizas, representa el intercambio como parte de una cadena que desata una serie interminable de transferencias de valores, productos y jornadas de trabajo.
  • 9 La Universidad de la Tierra de los zapatistas estaría en sintonía con las ideas de Fals Borda.
55La idea es, entonces, que las ciencias sociales asuman el compromiso de entender primeros los problemas para luego resolverlos y todo con una acción participativa. Aquí cabe recoger las enseñanzas del colombiano Orlando Fals Borda, quien contribuyó decididamente para repensar las ciencias sociales con sus propuestas investigación acción participación para transformar, como base de una universidad participativa, que no puede ser confundida con una vulgar extensión universitaria, ni con simples relaciones comunitarias. Este pensador recomendaba otro tipo de universidad, no dividida en departamentos o facultades, sino concentrada en problemas sociales, económicos, políticos, culturales reales.9
  • 10 Sobre estos temas existe una amplia bibliografía, a más de los aportes del autor, se recomienda los (...)
  • 11 Se asume de Eduardo Gudynas el término de progresista para estos gobiernos, que no son de izquierda (...)
56Ya que estamos recuperando instituciones ancestrales propias del mundo indígena, cabe preguntarse hasta qué punto las ciencias sociales están en capacidad de abordar propuestas propias como el Buen Vivir o sumak kawsay.10 Sus expresiones más conocidas nos remiten a las constituciones de Ecuador y Bolivia; en el primer caso es el Buen Vivir o sumak kawsay (en kechwa o quichua), y en el segundo, en particular el Vivir Bien o suma qamaña (en aymara) o ñanda reko (en guaraní). Esta constatación no implica para nada que en esos países, con los gobiernos progresistas11 que impulsaron dichas constituciones, se esté construyendo el Buen Vivir. En realidad el Buen Vivir ha quedado relegado al discurso político del momento y se ha transformado en un dispositivo de poder para controlar esas sociedades, mientras modernizan el capitalismo.
57Las ciencias sociales en Nuestras América, incluso muchas de las corrientes críticas, se desenvuelven dentro de los saberes occidentales propios de la Modernidad. Por eso les resulta muy difícil asumir al menos un debate serio sobre las propuestas latinoamericanas más recientes, sobre todo provenientes del mundo indígena, que escapan a esos límites. Un debate que debería enriquecerse en un diálogo de saberes con los pueblos y las nacionalidades indígenas, los campesinos y los habitantes de los barrios y las comunidades; inclusive porque la mira local es más profunda, real y adecuada para proponer soluciones concretas, a partir de sus propias complejidades. No se trata de negar los conocimientos científicos, pero sí de revalorizar los conocimientos ancestrales y comunitarios.
La tarea demanda conocer los valores, las prácticas y las vivencias que dan cuenta del Buen Vivir en muchas comunidades indígenas. Por eso es imperioso recuperarlas, asumiéndolas tal como son, sin llegar a idealizarlas.
58Lo destacable y profundo de estas propuestas alternativas, de todas formas, es que surgen desde grupos tradicionalmente marginados, a los que las ciencias sociales les tienen, en el mejor de los casos, como objeto de estudio y no como sujetos capaces de aportar con sus conocimientos y prácticas en la construcción de otra ciencia social.
59Por cierto que es difícil para las actuales ciencias sociales asumir este Buen Vivir que plantea una cosmovisión diferente a la dominante al surgir de raíces comunitarias no capitalistas, que conviven armónicamente con la Naturaleza. Se precisa otras epistemologías, es decir otras formas de aproximación a la realidad. Urge por igual romper con las lógicas antropocéntricas del capitalismo en tanto civilización existente, y también de los diversos socialismos realmente existentes hasta ahora.
  • 12 De la mano de la multidisciplinariedad de las ciencias se podrá comprender mejor la complejidad del (...)
60Es importante tener presente que el Buen Vivir no sintetiza una propuesta monocultural, es un concepto plural: mejor sería hablar de “buenos vivires” o “buenos convivires”, que surgen especialmente de las comunidades indígenas y que aportaran con nuevas epistemes.12 Esto sin negar las ventajas tecnológicas del mundo moderno o los posibles aportes desde otras culturas y saberes que cuestionan distintos presupuestos de la Modernidad. Estos Buenos Convivires son para todos o no lo son; esa debería ser la divisa que impulsa este cambio civilizatorio. No puede haber más espacio para situaciones de inequidad estructural, en donde unas relativamente pocas personas disfrutan de los beneficios del progreso a costa del sacrificio de amplias mayorías y de la destrucción de la Naturaleza.
  • 13 “Yo soy porque nosotros somos, y ya que estamos, por lo tanto yo soy”: esta es la esencia de esta f (...)
  • 14 Se trata de la construcción de comunidades sustentadas en el autogobierno y en economías sostenidas (...)
61El Buen Vivir, dejémoslo sentado, no es una originalidad ni una novelería de los procesos políticos de inicios del siglo XXI en los países andinos. El Buen Vivir forma parte de experiencias de vida fraguadas en el calor de las luchas de la Humanidad por la emancipación y la vida desde diversos espacios de la “indigenidad”. A más de estas visiones del Abya-Yala hay otras muchas aproximaciones a pensamientos filosóficos de alguna manera emparentados con la búsqueda del Buen Vivir desde visiones filosóficas incluyentes con la Naturaleza y las comunidades humanas en diversas partes del planeta. El sumak kawsay o Buen Vivir, en tanto cultura de la vida o vida en plenitud, con diversos nombres y variedades, ha sido conocido y practicado en diferentes períodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra; Ubuntu en África13 o Swaraj14 en la India.
62La pregunta que nos hacemos es si estas aproximaciones a la vida, diferentes de las visiones de la Modernidad, con sus múltiples experiencias, valores y sobre todo prácticas, podrían estar en capacidad de ofrecer algún nuevo paradigma civilizatorio, como fundamento de procesos sociales alternativos. De cualquier forma se requiere otras epistemologías –quizás una epistemología del Sur, como propone Boaventura de Souza Santos-, que nos deberían facilitar la lectura y la comprensión de las actuales circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas de Nuestra América, en particular, pero no exclusivamente, con miras a construir y obtener los conocimientos que demanda el cambio civilizatorio propuesto.
  • 15 Entre los muchos puntos a reflexionar está la el papel del Estado, si es que todavía tiene alguno s (...)
63Está abierto, entonces, un debate de cómo la crisis del modelo civilizatorio implica el surgimiento de una nueva frontera de la ciencia en la interacción de los seres humanos entre sí, y por ciertos de los seres humanos con la Naturaleza. Ni la economía15, ni las ciencias sociales, con excepción quizás de la antropología tomaron en cuenta esta interacción, hoy desde todo punto de vista crucial para la sobrevivencia de la propia Humanidad.
64Por último, algunas de las preguntas fundamentales que habría que preguntarse son: ¿cómo afrontan las ciencias sociales los grandes problemas de la Humanidad y si proponen soluciones relevantes y adecuadas? ¿han entendido las ciencias sociales que requieren una ética de vida, no simplemente una ética instrumental?
65A partir de las respuestas a dichas preguntas surge otra,¿serán capaces las ciencias sociales de reinventarse para asumir los retos propuestos, para comprometerse con los problemas a partir de entenderlos en su verdadera profundidad y densidad?, ¿serán las ciencias sociales un factor para construir democráticamente una sociedad democrática?En suma, ¿conseguirá las ciencias sociales emanciparse de sus orígenes coloniales y de las ataduras que les impone el capitalismo? ¿Podrán las ciencias sociales ser actores de una gran minga global que permita impulsar el reencantamiento del mundo?
66La discusión está planteada. Continuará, no lo dudo. Nadie tiene la última palabra. Tampoco hay espacio para dogmas, ni para imposiciones verticales y unilineales. Nos toca profundizar este ejercicio de permanente subversión epistémica.Por eso, contribuir al debate es el objetivo de estas líneas escritas desde la experiencia y el compromiso.

Bibliografía

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Notas

1 Economista ecuatoriano. Investigador de la FLACSO. Ex ministro de Energía y Minas 2007. Ex presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi 2007-2008.
Nota aclaratoria: Como economista me he preguntado, ¿para qué sirve la economía?; es más, ¿para qué sirven los economistas?, si es que realmente podemos aportar en algo… Parte de esas disquisiciones las he publicado en textos más o menos estructurados sobre esta cuestión, como son, entre otros, el artículo “Ética y economía: Una discusión de permanente actualidad” (1999) y el prólogo “Desde el mito del desarrollo y su ética - Algunas preguntas para una discusión transformadora” (2015). Este artículo forma parte de un proceso de búsqueda permanente e inconclusa de respuestas a las dos preguntas anteriores. Además, algunas ideas básicas para pensar en respuestas al reto planteado provienen de varias discusiones con mi gran amigo y maestro el economista Jürgen Schuldt, quien afirma que los economistas somos de los más pretenciosos entre los científicos sociales, pero a la vez de los más ignorantes. Y agradezco observaciones, así como sugerencias valiosas de Carlos Arcos, José María Tortosa, Raúl Prada Alcoreza.
2 Se recomienda, entre otros muchos textos, el valioso aporte de Alberto Graña (1997).
3 Aquí cabe recomendar el estudio de la Comisión de la Fundación Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales (Wallersten 1995).
4 “Para ser objetivo, dicen, debemos aportar ante todo datos que no estén al arbitrio del investigador. Mientras más cuantitativos sean los datos, menos dependen de la subjetividad del estudioso y más comparables son en situaciones diversas.” (Wallerstein 1995).
5 Se recomienda el demoledor análisis de Arturo Villavicencio sobre Yachay, la ciudad del conocimiento, propuesta por el gobierno ecuatoriano. Este es un proyecto en marcha, con no pocas denuncias inclusive de corrupción, inspirado en una experiencia coreana y con aspiración de reeditar una suerte de Silicon Valley en los Andes.
6 Una tarea que nos conmina a de-construir teóricamente varios conceptos caros a la economía, como equilibrio o el mismo crecimiento económico.
7 Tal como lo plantea en su libro Morris Berman, cuyo aporte sirve para rectificar la epistemología dominante y también para construir un nuevo paradigma que entienda en la práctica que los seres humanos formamos parte integral de la vida de la Madre Tierra y del Universo.
8 Citado por María Jesús Arroyo Fernández; “Economía positiva y normativa”, http://www.expansion.com/diccionario-economico/economia-positiva-y-normativa.html
9 La Universidad de la Tierra de los zapatistas estaría en sintonía con las ideas de Fals Borda.
10 Sobre estos temas existe una amplia bibliografía, a más de los aportes del autor, se recomienda los trabajos de Eduardo Gudynas, Arturo Escobar, Fernando Huanacuni Mamani, Rosa Vacacela Quishpe, Raúl Prada Alcoreza, Ariruma Kowii, David Cortez, Atawallpa Oviedo Freire, entre otros.
11 Se asume de Eduardo Gudynas el término de progresista para estos gobiernos, que no son de izquierda. Dejamos constancia de que se trata de progresista por su vocación extractivista propia del concepto de progreso del XIX y de su propuesta modernizadora del capitalismo.
12 De la mano de la multidisciplinariedad de las ciencias se podrá comprender mejor la complejidad del mundo, sinónimo de realidad desde la perspectiva de la reproducción de la vida.
13 “Yo soy porque nosotros somos, y ya que estamos, por lo tanto yo soy”: esta es la esencia de esta filosofía africana.
14 Se trata de la construcción de comunidades sustentadas en el autogobierno y en economías sostenidas por su propia producción sobre todo la agroecología.
15 Entre los muchos puntos a reflexionar está la el papel del Estado, si es que todavía tiene alguno siendo herramienta de dominación del capital, de los mercados y por cierto de las comunidades, en un entorno de armonía con la Naturaleza.

Para citar este artículo

Referencia electrónica

Alberto Acosta, « Las ciencias sociales en el laberinto de la economía », Polis [En línea], 41 | 2015, Publicado el 19 septiembre 2015, consultado el 20 agosto 2019. URL : http://journals.openedition.org/polis/10917

Autor

Alberto Acosta

Flacso Ecuador, Quito, Ecuador. Email: alacosta48@yahoo.com

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