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martes, 14 de marzo de 2023

La naturaleza humana en Hobbes: antropología, epistemología e individuo

 La naturaleza humana en Hobbes: antropología, epistemología e individuo

 

The human nature in Hobbes: anthropology, epistemology and the individual

 

María Eugenia Cisneros Araujo*

* Licenciada en Estudios Internacionales, Universidad Central de Venezuela (UCV); Licenciada en Derecho (UCV); Licenciada en Filosofía (UCV). Candidata a Maestra en Filosofía y Ciencias Humanas (UCV). Profesora de la Escuela de Filosofía y en la Maestría en Filosofía y Ciencias Humanas de la UCV, y adscrita al Departamento de Análisis Político y Social del Instituto de Filosofía de la UCV. Correo electrónico: mariaeugeniacisnerosaraujo@gmail.com

 

Fecha de recepción: 14 de diciembre de 2008

Fecha de aprobación: 15 de febrero de 2010

 


Resumen

El presente ensayo tiene como fin mostrar la concepción de hombre como individuo desarrollada por Thomas Hobbes, la cual se estructura a partir del vínculo dinámico, en permanente movimiento entre el sujeto y el objeto, en donde el sujeto pone en ejercicio sus poderes y facultades para generar la objetividad. Se busca exponer que el interés del filósofo es la experiencia social individual, pues su antropología y epistemología desembocan en la praxis social del individuo cuyo producto es la creación del Estado. Hobbes sienta las bases de una praxis política que consiste en la puesta en movimiento de un modelo político plasmado en el accionar mismo de las facultades naturales del hombre como individuo.

Palabras clave: Naturaleza humana, antropología, epistemología, individuo, praxis.

 

Abstract

This essay aims to show the concept that Hobbes developed of man as an individual; such concept is structured from a dynamic link, moving constantly between the subject and the object, where the subject calls into exercise his/her powers and abilities to generate objectivity. It seeks to expose that the interest of the philosopher is the individual social experience, because his/her anthropology and epistemology lead to the social praxis of the individual whose product is the creation of the State. Hobbes lays the groundwork for a political practice that consists in setting in motion a political model embodied in the very action of the natural powers of man as an individual.

Key words: Human Nature, Anthropology, Epistemology, Individual, Praxis.

 

El problema del origen de las ideas agrega dos
curiosas criaturas a la zoología fantástica. Una fue
imaginada al promediar el siglo XVIII;
la otra, un siglo después.

La primera es la "estatua sensible" de Condillac.
Descartes profesó la doctrina de las ideas innatas;

Etienne Bonnot de Condillac, para refutarlo, imaginó
una estatua de mármol, organizada y conformada
como el cuerpo de un hombre, y habitación de
un alma que nunca hubiera percibido o pensado.
Condillac empieza por conferir un solo sentido a
la estatua: el olfativo, quizás el menos complejo de
todos. Un olor a jazmín es el principio de la biografía
de la estatua; por un instante, no habrá sino ese
olor en el universo, mejor dicho, ese olor será el
universo, que, un instante después, será olor a rosa,
y después a clavel. Que en la conciencia de la estatua
haya un olor único, y ya tendremos la atención; que
perdure un olor cuando haya cesado un estímulo, y
tendremos la memoria; que una impresión actual y
una del pasado ocupen la atención de la estatua, y
tendremos la comparación; que la estatua perciba
analogías y diferencias, y tendremos el juicio; que
la comparación y el juicio ocurran de nuevo, y
tendremos la reflexión; que un recuerdo agradable
sea más vívido que una impresión desagradable,
y tendremos la imaginación. Engendradas las
facultades del entendimiento, las facultades de la
voluntad surgirán después: amor y odio (atracción
y aversión), esperanza y miedo. La conciencia de
haber atravesado muchos estados dará a la estatua
la noción abstracta de número; la de ser olor a clavel
y haber sido olor jazmín, la noción del yo.

El autor conferirá después a su hombre hipotético
la audición, la gustación, la visión y por fin el tacto.
Este último sentido le revelará que existe el espacio
y que en el espacio, él está en un cuerpo; los sonidos,
los olores y los colores le habían parecido, antes de
su etapa, simples variaciones o modificaciones de su

conciencia.

La alegoría que acabamos de referir se titula Traité
des sensations y es de 1754; para esta noticia,
hemos utilizado el tomo segundo de la
 Histoire de la
philosophie de Bréhier.

La otra criatura suscitada por el problema del
conocimiento es el "animal hipotético" de Lotze.
Más solitario que la estatua que huele rosas y que
finalmente es un hombre, este animal no tiene
en la piel sino un punto sensible y movible, en la
extremidad de una antena. Su conformación le
prohíbe, como se ve, las percepciones simultáneas.
Lotze piensa que la capacidad de retraer o proyectar
su antena sensible bastará para que el casi
incomunicado animal descubra el mundo externo
(sin el socorro de las categorías kantianas) y distinga
un objeto estacionario de un objeto móvil. Esta
ficción ha sido alabada por Vaihinger; la registra la
obra
 Medizinische Psychologie, que es de 1852.

Jorge Luis Borges, Dos animales metafísicos

 

Thomas Hobbes nació en 1588 en Malmesbury, en el proceso de transición entre la caída del sistema medieval y el comienzo del Renacimiento. Esta transformación se caracterizó por el paso de lo teológico, la fe y la creencia a la razón, a la ciencia y al estudio racional de la naturaleza. Estaba en boga el sistema de Copérnico, las teorías físicas-matemáticas de Galileo; ocurrió el descubrimiento de la sangre por Harvey (Quaranta, 2007), la expansión geográfica con el descubrimiento de América; de tal acontecimiento, el mencionado filósofo, dejó testimonio en el Leviatán (Hobbes, 1996).1 Fue un siglo en el que se creó un método de conocimiento fundamentado en la visión científica que pretendía excluir la esfera religiosa medieval,2 específicamente la escolástica. En este sentido, el proceder de la investigación tiene como fin crear un modelo de conocimiento científico que sirva para dominar y controlar la naturaleza y a la vez elaborar una noción del hombre como individuo que se separe de la noción del hombre como imagen y semejanza de Dios. Este modelo metódico surge del seno de la matemática, de la visión mecanicista, cuerpos en movimiento, y de la teoría de la causalidad. Hobbes, es un filósofo que hace ciencia política,3 puesto que aplica el modelo científico en los campos de la antropología, la epistemología, la ética, la política para dotarlos de autonomía al proponer como fundamentos de los mismos la racionalidad humana tomando en cuenta los contenidos históricos y culturales.4

Hobbes se ocupa de la naturaleza humana en cinco vertientes: la antropológica, la epistemológica, la ética, la política y la religiosa. De las cinco, este ensayo, se detendrá en la antropológica y la epistemológica con el fin de mostrar la concepción de hombre como individuo, la cual se estructura a partir del vínculo dinámico, en permanente movimiento entre el sujeto y el objeto, en donde, el sujeto pone en ejercicio sus poderes y facultades para generar la objetividad. Se busca exponer que lo que le interesa a Hobbes es la experiencia social individual, pues la investigación antropológica y epistemológica del mencionado filósofo consiste en mostrar la praxis social del individuo cuyo producto es la creación del Estado.

De esa manera, Hobbes sienta las bases de una praxis política que consiste en la puesta en movimiento de un modelo político plasmado en el accionar mismo de las facultades y atributos del hombre como individuo.

 

ANTROPOLOGÍA

En las primeras líneas de La naturaleza Humana o los elementos fundamentales de la política (1987), Hobbes señala que para tener un conocimiento de los elementos de las leyes naturales y políticas es necesario investigar qué es la naturaleza humana, qué es el cuerpo político y a qué se denomina ley.5 Tres categorías que se encuentran vinculadas sin perder su independencia, porque no se puede hacer un análisis sobre los aspectos que constituyen la naturaleza humana sin tener presente su relación con el cuerpo político y la ley. Esta idea postula una visión de una naturaleza humana social, que deviene de esta trilogía. Tres categorías, que intervienen en la conformación antropológica y política de la teoría filosófica propuesta por Hobbes, que son utilizadas como instrumentos para explicar la praxis de los hombres como artífices de un Estado con el fin de garantizar la autonomía individual y colectiva en pro de la paz y la concordia.

El filósofo de Malmesbury, estudia e investiga la constitución humana, para extraer los elementos fundamentales del cuerpo político y de la ley; cómo estos elementos se vinculan y cómo se corresponden en la validez de una teoría política y su praxis.

Al respecto, Hobbes dice que "La naturaleza del hombre es la suma de sus facultades y poderes naturales" (1987: 127). ¿A qué alude esta frase? ¿Qué significa la suma de las facultades naturales? La suma es una operación intelectiva que consiste en discernir cuáles son los elementos constituyentes de la naturaleza humana, una frase que alude a la idea implícita de adición. En otras palabras, Hobbes maneja una concepción de la naturaleza humana en la que se pueden adicionar, agregar facultades. Este filósofo en sus escritos especifica algunas de esas facultades y deja abierta la posibilidad de poder sumar otras facultades a las ya propuestas en su antropología; por consiguiente, la noción de naturaleza humana en Hobbes es una noción abierta, no cerrada, porque el hombre es la suma de sus poderes y facultades naturales; dicho de otra manera: H = A+B+C+D+... N, donde H es hombre y A, B, C, D,..., N son las facultades o poderes naturales que se van adicionando.

Hobbes considera la naturaleza humana en dos vertientes, una compuesta por las facultades y poderes naturales que pertenecen a la parte animal y la otra constituida por los poderes y facultades naturales que pertenecen a la parte racional,6 lo que aplicando la idea de la suma expuesta por Hobbes, se puede expresar así:

H = An1 + Bn2 + Cn3 + Dn4 +... Nni = Animal

H = Ar1 + Br2 + Cr3 + Dr4 Nrj = Racional

Donde H es hombre y An1, Bn2 Cn3, Dn4, Nni son los poderes naturales que conforman la parte animal y Ar1, Br2, Cr3, Dr4,... Nrj son las facultades naturales que constituyen la parte racional, lo que confirma que Hobbes tiene una idea abierta y dinámica de la naturaleza humana pues la concibe con la posibilidad de agregar facultades ya sea en la parte animal o en la parte racional.

Hobbes muestra que hay unas facultades o poderes naturales que pertenecen al cuerpo como la nutrición, la reproducción, el movimiento, los sentidos, poderes biológicos; y unas facultades naturales de la mente como los poderes cognoscitivos, imaginativos o conceptivos y motrices. En cuanto a las facultades naturales del cuerpo Hobbes expresa lo siguiente: "Puesto que la anatomía minuciosa y discriminada de los poderes del cuerpo no es en absoluto necesaria para el presente propósito, me limitaré a agrupar estos poderes bajo los siguientes rótulos: poder de nutrición, poder de movimiento y poder de reproducción" (1987: 128).

Hobbes está consciente de que el cuerpo es un compuesto de facultades que debe ser investigado minuciosamente, porque la biología también es parte del hombre y, como estudioso, se ve obligado a tomar una decisión: ¿Qué parte de las facultades de la naturaleza humana va a analizar: las del cuerpo biológico o las de la mente? Hobbes decide estudiar los poderes de la mente, pero anuncia que existen facultades y poderes del cuerpo que son elementos constituyentes de la naturaleza humana que deben ser investigados, como la reproducción, la nutrición, el movimiento, pues siendo parte de la naturaleza humana, algún papel deben jugar en su conformación. En lo que se refiere a las facultades naturales de la mente, Hobbes señala "Hay dos tipos de poderes de la mente: cognoscitivos, imaginativos o conceptivos; y motrices" (1987: 128). (Valga aclarar aquí que Hobbes utiliza en forma equivalente los términos cognoscitivos, imaginativos, conceptivos). Cada uno de estos poderes en sí mismos es un conjunto de facultades, se está delineando una naturaleza humana activa, noción que se deriva de la alegoría de la aniquilación del mundo,7 la cual utiliza Hobbes para mostrar que la naturaleza humana es activa, para explicar los poderes de la mente, para revelar la noción de hombre y esbozar su teoría del conocimiento.

Esa alegoría consiste en que si el universo desapareciese y sólo quedase un hombre, a ese hombre —según Hobbes— le quedarían las imágenes de ese mundo que desapareció. ¿Por qué es posible que a ese hombre le queden las imágenes del mundo que desapareció? Porque tiene un poder cognoscitivo, imaginativo o conceptivo que le permite retener las imágenes. De esa manera, el poder cognoscitivo o imaginativo es la facultad que tiene el hombre para retener, recordar y asociar las imágenes del mundo que desapareció, y a su vez estas imágenes son los entes alimentadores de este proceso cognoscitivo o conceptivo, y el poder motriz es la facultad que permite que se produzca un proceso de alimentación entre estas facultades; por tanto, se trata de un proceso dinámico y no estático, porque lo cognoscitivo, imaginativo o conceptivo está en permanente movimiento para reconstruir el mundo que desapareció.

De ese modo, con la alegoría de la aniquilación del mundo Hobbes reafirma que la parte de la naturaleza humana que va a investigar es el poder de la mente, cuyas facultades son la cognoscitiva, conceptiva o imaginativa; y, la motriz. Asimismo, deja sentado que es a partir de los poderes de la mente que se posibilita la noción de hombre, como un sujeto capaz de reproducir y de producir imágenes para reconstruir o construir el mundo a partir de estas imágenes; así como también es con el poder de la mente que se genera el proceso de concepción o de la imaginación, como se verá a continuación. Dicho de otro modo, para Hobbes la imaginación es la condición previa de la praxis del hombre (Astorga, 2009).

 

EPISTEMOLOGÍA

Con la alegoría de la aniquilación del mundo,8 Hobbes explica qué quiere decir con poder cognoscitivo, conceptivo o imaginativo, pero además, pone de manifiesto que en la naturaleza humana radica la facultad de reconstruir el mundo desaparecido, lo que es posible partir de la formación de la concepción o imaginación, donde se hallan los fundamentos de su epistemología. En este sentido, Hobbes hace un análisis profundo del poder conceptivo, pues no le basta señalar qué entiende por el mismo, sino que también examina las diferencias, las causas y el modo de producción de este poder; en otras palabras, Hobbes estudia el modo en que se manifiesta la concepción.

Cada concepción tiene una praxis: hay matices, modulaciones en la forma en que las concepciones se manifiestan. Hobbes investiga detalladamente cuáles son las causas por las que esas concepciones se exteriorizan de manera distinta y por qué esa distinción consiste en matices, modulaciones. Tal investigación la realiza en la medida en que es necesaria para el desarrollo de su antropología y su epistemología, que propone construir una noción de la naturaleza humana para explicar, a partir de esa noción, las razones por las cuales es necesario que el hombre construya un cuerpo político.9 Esta noción se centra en destacar que la creación humana tiene su origen en la facultad imaginativa, porque es a partir de las imágenes que el hombre es capaz de reproducir o producir el mundo, en que se hace la política. Hobbes inicia su estudio sobre este punto con las siguientes palabras: "Originariamente todas las concepciones proceden de la acción de la cosa misma, de la que es la concepción. Ahora bien, cuando la acción es presente, la concepción que ésta produce se denomina también sentido y la cosa por cuya acción esto mismo se produce se llama objeto del sentido" (Hobbes, 1987: 128).

Hobbes se refiere al encuentro del sujeto con el objeto, tal como lo describe en la alegoría de la aniquilación del mundo, encuentro que consiste en que un objeto se manifiesta, se exterioriza, se hace observable por el movimiento al sujeto, y esa acción en el sujeto es la concepción. Lo que quiere decir, que para el filósofo de Malmesbury, la concepción se produce por la concurrencia del sujeto con el objeto, lo que no implica una vinculación entre el sujeto y el objeto; por el contrario, tanto el sujeto como el objeto son autónomos, puesto que el hombre puede producir y reproducir imágenes, aún desaparecido el objeto.

La concepción que produce la acción del objeto en el sujeto se denomina sentido, porque el objeto ejerce una acción en el sujeto que despierta el sentido y ello posibilita que el sujeto pueda emitir un juicio en respuesta a la acción recibida. De ese modo, la naturaleza humana expuesta por Hobbes permite que el hombre, además de tener una concepción del objeto, también emita un juicio sobre el objeto. Un ejemplo de esta situación se da cuando el sujeto, una vez que recibe el impacto del objeto, dice que lo siente dulce o salado, caluroso o frío.

Valga señalar que en estas palabras del filósofo subyace la noción de una naturaleza humana individual, porque cada hombre emite un juicio particular y personal sobre el objeto; por esta razón, un mismo objeto para algunos hombres es frío y para otros sujetos es caluroso. Así, hay individuos que tienen concepciones particulares, que emiten juicios que los diferencian, pero al mismo tiempo se requiere de algo que los mantenga como unidad:10 el Estado. Por eso Hobbes dice:

Por nuestros diversos órganos tenemos distintas concepciones de las variadas cualidades en los objetos. Por la vista tenemos una concepción o imagen compuesta por color y figura, que es toda la observación y conocimiento que el objeto nos imparte a través del ojo acerca de su propia naturaleza. Por la audición tenemos una concepción llamada sonido que es todo el conocimiento con que contamos acerca de la cualidad del objeto a través del oído. Y así, el resto de los sentidos son también concepciones de diversas cualidades o naturalezas de sus objetos (1987: 128).

Hay un esfuerzo de Hobbes por dejar claro lo atinente a la concepción; dejar sentado que la concepción se produce por el movimiento del objeto que impresiona los sentidos, lo que permite que el sujeto asigne un juicio al objeto que es la concepción.

Ahora bien, ¿por qué Hobbes le da tanta importancia a la concepción y se esfuerza porque la entendamos?; ¿por qué en La naturaleza humana o los elementos fundamentales de la política dedica la primera parte a desarrollar lo referente a la concepción?, ¿por qué le interesa que quede claro el origen de la concepción? Hay varios aspectos a considerar cuando el sujeto asigna cualidades al objeto: 1) cada sujeto le da un matiz o modulación a esa concepción que produce; 2) ¿qué pasa cuando un sujeto asigna una cualidad a un objeto?, ¿qué está haciendo? Hay una distinción; cuando el sujeto asigna cualidades cuantitativas y cualitativas al objeto, lo distingue del resto de los objetos. Por ejemplo, cuando se dice que algo es azul, ese azul, es ese color, dentro de la gama de colores; 3) hay un ejercicio de las facultades y poderes naturales para hacer la distinción; 4) Todo ello produce la concepción originaria.

Entonces, ¿qué se deriva de la concepción? Un objeto que se mueve, un sujeto con poderes y facultades naturales para concebir y asignar cualidades cuantitativas y cualitativas al objeto y un lenguaje que posibilita la construcción de un discurso, porque al momento de distinguir un objeto de los demás, simultáneamente se crea un código común que expresa de manera precisa para cualquier otro la descripción del objeto. Se dice que el receptor del lenguaje lo percibe con claridad. A Hobbes le interesa la noción de concepción porque allí se encuentra el origen de la praxis humana.

En síntesis, la concepción se produce por la concurrencia del sujeto con el objeto; el objeto por el movimiento, impresiona a los órganos del sentido del sujeto. Esta impresión motiva la emisión de un juicio que asigna atributos cuantitativos y cualitativos al objeto, el sujeto lo distingue de las demás cosas. Por último, se produce el manejo de un código común porque otros sujetos saben sobre qué se habla, una vez que se asigna las cualidades al objeto.

Llama la atención otro punto sobre la concepción, y es el hecho de que el filósofo caracteriza al objeto con el movimiento y al sujeto con la facultad de asignar cualidades al objeto. De lo expuesto surgen unas interrogantes: ¿por qué para Hobbes el hombre es quien le asigna cualidades al objeto?; ¿por qué las cualidades no están en el objeto?, ¿cuál es la vinculación entre el objeto y el sujeto? Para abordar estas interrogantes, es necesario analizar las "Cuatro proposiciones acerca de la naturaleza de las concepciones" expuestas por Hobbes. Este apartado, lo inicia el filósofo con el siguiente razonamiento:

Puesto que la imagen en la visión, que consiste en color y figura, es el conocimiento que tenemos acerca de las cualidades del objeto de este sentido, no es difícil que un hombre caiga en la opinión de que el color y la figura son en sí mismos auténticas cualidades y, por la misma causa, que el sonido y el ruido son las cualidades de la campana o del aire. Esta opinión ha gozado de aceptación durante tanto tiempo que lo contrario parecerá necesariamente como una gran paradoja. Y, sin embargo, la introducción de lo visible e inteligible (lo cual es necesario para mantener tal opinión) pasando de un lado al otro del objeto es peor que cualquier paradoja, dado que es una completa imposibilidad (1987: 129).

Hobbes considera que se maneja una visión en cuanto al objeto que no es la correcta: aquella que considera que el objeto tiene cualidades auténticas. Hobbes va a discutir esta perspectiva; va analizar si es o no posible que el objeto tenga cualidades auténticas, porque sostiene que el objeto no posee dichas cualidades, sino que es el sujeto quien las asigna. Para rebatir la tesis que considera que el objeto tiene cualidades auténticas, expone cuatro pruebas, que desarrollo a continuación.

La primera prueba, señala "que el sujeto, en quien el color y la imagen son inherentes, no es el objeto o la cosa vista" (1987: 129). La explicación de Hobbes, respecto a esta prueba es la siguiente:

Todo hombre ha tenido la suficiente experiencia como para haber visto el sol y otros objetos visibles reflejándose en el agua y los cristales. Esto basta para extraer la conclusión de que tanto el color como la imagen pueden encontrarse allí donde la cosa vista no está. Pero puesto que pese a ello puede decirse que la imagen en el agua no está en el objeto sino que es algo meramente fantástico, de todos modos puede haber color realmente en la cosa misma.

Llevaré más lejos esta experiencia: supongamos que varios hombres ven directamente el objeto en duplicado, como si fueran dos velas en lugar de una, cosa que puede deberse a alguna perturbación física; o si se prefiere, sin perturbación alguna, estando los órganos de un hombre en perfecto estado o no, los colores y figuras de cada una de tales imágenes de la misma cosa no pueden ser inherentes a ellas porque la cosa vista no puede estar en dos sitios.

Por consiguiente, una de éstas imágenes no es inherente al objeto. Pero si se comprueba que los órganos de la vista están igualmente ajustados o desajustados, una de ellas no es más inherente que la otra y, en consecuencia, ninguna de las dos está en el objeto, lo cual constituye la primera proposición, mencionada en el párrafo precedente (1987: 129-130).

De esta primera prueba se deriva que si las cualidades fueran inherentes al objeto, éstas no se podrían transferir ni disociar. También se desprende que un mismo objeto no puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Esto quiere decir que para Hobbes los objetos no tienen cualidades auténticas, porque si los objetos tuviesen cualidades auténticas, estas cualidades no se podrían disociar del objeto. Si no se pueden disociar del objeto, sería imposible que se proyectaran en la imagen; y si las cualidades se proyectaran en la imagen, entonces el objeto no tendría cualidades auténticas. En resumen, de acuerdo con esta primera prueba, las características del objeto son: a) el movimiento y, b) no poseer cualidades auténticas. La segunda prueba, dice: "Que no existe nada fuera de nosotros (en verdad) que llamemos imagen o color [...]. En segundo lugar, todo hombre puede comprobar por sus propios medios que la imagen de una cosa cualquiera que se refleja en un cristal, en el agua o en algo parecido, no es algo que esté en o detrás del cristal, o bien en o bajo el agua; lo cual es la segunda proposición" (1987: 130).

En cuanto a esta prueba, Hobbes afirma indubitablemente que la imagen es una hechura del hombre porque pone en ejercicio sus facultades y poderes naturales. La imagen es una materialización del ejercicio de las facultades y poderes naturales, puesto que el hombre puede comprobar por sus propios medios que se trata de una imagen; si la imagen no está en o detrás del cristal, o en o bajo el agua, ¿dónde está? En la mente, producto del movimiento de sus poderes y facultades naturales. Por consiguiente, no es una imagen estática; el hombre puede modificarla, nutrirla con el ejercicio de sus facultades naturales.

La tercera prueba, postula "que la así llamada imagen o color no es más que una aparición ante nosotros del movimiento, la agitación o alteración que el objeto produce en el cerebro, o en los espíritus, o en cierta sustancia interna de la cabeza" (1987: 130).11

La tercera prueba tiene que ver con el impacto del objeto en los sentidos del sujeto. Este impacto tiene diversos grados de intensidad sobre el sujeto y la respuesta que el sujeto emite será directamente proporcional a la intensidad con la cual el objeto afecta los sentidos.

La cuarta prueba, sostiene "que igual que en la visión, con las concepciones que surgen de los demás sentidos sucede que el sujeto de su inherencia no es el objeto sino el sintiente" (1987: 129).12 Aquí, hay una conclusión afirmativa de Hobbes que señala: el hombre es el que tiene la facultad de asignar cualidades cualitativas y cuantitativas al objeto.

El análisis del filósofo explica el proceso de origen de la concepción o imaginación, lo que denota que se trata de una categoría fundamental en la antropología, porque a partir de ella es que se puede entender el origen del pensamiento, de la imaginación y del razonamiento humano, así como de la antropología, de la epistemología, de lo ético, de lo político y de lo religioso.

 

LA NATURALEZA HUMANA COMO FUNDAMENTO DE LA POLÍTICA

La antropología y la epistemología revelan que Hobbes está creando una noción de hombre moderno que se distancia de lo escolástico y también de sus contemporáneos, tal como lo muestran sus diferencias con Descartes (Descartes, 1977). Descartes propugna las ideas innatas, el pienso, luego existo; Hobbes propone el empirismo, donde la naturaleza humana está definida por los poderes y facultades de la mente que se activan por el movimiento del objeto sobre éstas, y que en ausencia del objeto, le permiten al hombre reproducir y producir imágenes, con lo que concibe a un hombre creativo y activo porque sus facultades naturales están en permanente movimiento, propugna una praxis política.

Esas características son los elementos constituyentes que llevan al hombre a construir un cuerpo político y una ley. Hobbes advierte sobre la importancia de abordar el estudio de la naturaleza humana porque estima que sólo conociendo la constitución de la naturaleza humana, se puede crear un proyecto político acorde con dicha naturaleza. Dicho de otro modo, de acuerdo con Hobbes, la única manera de elaborar proyectos políticos es conociendo a profundidad la cosa con la que se va a realizar ese proyecto político, porque si no se conoce la naturaleza humana no se puede proyectar políticamente una organización social sobre los hombres. Probablemente por esta razón, fracasan la mayoría de los proyectos políticos, pues no se ocupan de investigar la naturaleza humana a la cual van dirigidos.

 

EL INDIVIDUO

La antropología y la epistemología ayudan a configurar la idea de individuo, al considerar que tales categorías no pueden entenderse sino a partir de las relaciones sociales que desarrollan los hombres, que no son sociables en el sentido aristotélico, sino sociales a partir de las relaciones utilitarias de intercambio. Hobbes no habla del hombre primitivo al que se refiere Rousseau, sino del hombre civilizado de su tiempo. Me apoyaré en la tesis del individualismo posesivo de Macpherson para entender al hombre de Hobbes como el individuo de su tiempo.

Los aspectos fundamentales de la antropología y la epistemología hobbesiana suponen ya la idea de individuo, debido a que las capacidades naturales del cuerpo y de la mente se expresan de una manera particular en cada hombre. En otras palabras, la estructura corporal, la experiencia, el pensamiento, el lenguaje, la razón y las pasiones pertenecen a cada quien y se expresan de diferentes maneras. Es evidente que la diversidad de pasiones hace que los hombres sean diferentes, que cada hombre piense en su bien verosímil y elija los medios para alcanzarlo. Esto se puede traducir en el hecho de que cada hombre usa en su propio beneficio su estructura corporal, su conocimiento, su pensamiento, sus pasiones y sus habilidades. La diferencia surge en la manera en la que cada hombre manifiesta o expresa su poder o facultad natural, y en esa expresión se materializa la individualidad. Se puede decir que el individuo se configura en la diferencia que surge entre los hombres como producto de la manifestación particular de sus facultades naturales.

Sin embargo, para comprender la idea de individuo en Hobbes no es suficiente tener presente la noción de los poderes o facultades del cuerpo y de la mente, sino que se requiere tomar en cuenta las relaciones sociales que desarrollan los hombres, pues son esas relaciones las que le dan forma y sentido al individuo y a su praxis, y tienen su origen en la diferencia que resulta de la manera en que cada hombre expresa su facultad o poder natural. De esta forma, las relaciones sociales se constituyen en la diversidad de pasiones que cada hombre tiene y en sus distintas expresiones, pues algunos, por ejemplo, son vanidosos y se creen superiores a aquellos que son moderados. Cada uno piensa en el bien de sí mismo y a veces algunos coinciden en el bien que buscan, con el inconveniente que éste no puede ser disfrutado por todos, lo que trae como consecuencia que sólo el más fuerte lo disfrutará o sólo aquel que se sirva de todos los medios y realice cualquier acción necesaria para conseguirlo. Lo que significa que cada hombre delibera sobre los medios y las consecuencias para obtener lo que considera como su bien. Por tanto, los hombres desarrollan diferencias que los llevan a ser o a creerse superiores y a tratar de subyugar a aquellos que consideran inferiores. Y simultáneamente, los inferiores se opondrán a los que se consideran superiores, lo que llevará a una lucha entre ellos.

Se puede afirmar entonces que las relaciones sociales en Hobbes se estructuran de la siguiente manera: 1) en la diferencia que se expresa en las facultades naturales, y 2) en la diferencia que se expresa en el uso de los medios necesarios para conseguir su propio bien. Desde este doble ámbito tiene lugar el desarrollo del individuo.13

Hay que advertir que si bien las relaciones sociales que desarrollan los hombres son importantes porque en ese ámbito se define el individuo, esto no quiere decir que el hombre sea sociable por naturaleza. Hobbes lo explica claramente en el capítulo XVII del Leviatán, donde señala que algunas criaturas vivientes, como las abejas y las hormigas, viven sociablemente unas con otras, y por eso Aristóteles las incluye en la categoría de los animales políticos. Sin embargo, para él, esto no es así en la humanidad, pues, los hombres están compitiendo continuamente por el honor y la dignidad. Esto hace que haya odio y envidia, y en consecuencia se encuentren en permanente lucha. Además, cada hombre persigue su bien privado y no el bien común. Para lo cual, cada uno piensa la forma y los medios de conseguirlo. En cambio, para las abejas el bien común no es diferente del bien privado, y además, ni piensan, ni tienen el uso de la razón. Los hombres gozan del lenguaje, pudiendo modificar las dimensiones de lo bueno y lo malo, representando a otros lo malo dándole la apariencia de bueno o lo bueno dándole la apariencia de malo. El hombre busca controlar y mostrar su sabiduría para someter a otros. Por tanto, el hombre no es sociable por naturaleza sino que es social a partir de las relaciones sociales que desarrolla. Y como ya se dijo, éstas se expresan en obtener un bien, buscar medios y medir habilidades, capacidades y fuerza.

Ahora bien, considerando la importancia de las relaciones sociales para entender al individuo, se puede hacer valer la explicación mecanicista que ofrece Hobbes de la naturaleza humana, mediante la cual se puede confirmar que el individuo es el resultado de un proceso de interrelación con los demás. En otras palabras, el individuo se va formando a partir de la relación con otros, no debido a una esencia natural.

Sobre este aspecto, Alfredo Cruz Prados en su libro La sociedad como artificio. El pensamiento político de Hobbes, dice:

El modelo genético de consideración —cuyo fundamento es la concepción del movimiento como causa universal— conduce a una interpretación de la naturaleza humana desde el punto de vista de su producción: lo que la constituye es aquello que procede de modo espontáneo del movimiento. Cabe describir, por tanto, cómo funciona el hombre, pero no definir estrictamente qué es [...]. La definición de la naturaleza es estrictamente descripción del cómo de su conducta.

Pero se trata de un cómo que no apunta hacia un qué; es decir, se trata de un modo de obrar sin fundamento en un modo de ser, del que aquél pudiera fluir como despliegue, orientado, al mismo tiempo, hacia la consecución de este modo de ser en plenitud. El único fin de los movimientos que integran esa conducta es su conservación. Cualquier otro es considerado no sólo como artificial y superpuesto, sino como carente de todo fundamento racional. La conservación es el único fin que puede extraerse de la condición de movimiento. El movimiento adquiere así carácter definitivo: su razón deja de radicar en un término ad quem. Abandona toda consideración final, sólo resta una consideración inercial.

En Hobbes, la naturaleza humana, que no expresa una esencia, se ordena sólo a la mera existencia (Cruz, 1992: 138-139).

Hobbes crea un modelo mecanicista donde lo social es concebido bajo los parámetros de la mecánica universal y el comportamiento humano es pensado como análogo a los desplazamientos intercorpóreos, a los cuales cabe aplicar los conceptos de cuerpo, movimiento y causa eficiente (Lukac de Stier, 1999: 56-57), y siendo la causa universal el movimiento; se entiende que lo natural es aquello que procede del movimiento de las causas mecánicas. En este sentido la naturaleza es considerada como un sistema de relaciones causales, desprovisto de finalidad y sentido (Cruz, 1992: 131-133).

Es por ello que, como bien lo explica C. B. Macpherson en La teoría política del individualismo posesivo, Hobbes presenta un hombre muy parecido a una máquina o autómata, que posee dentro de él un equipo por el cual modifica su movimiento como respuesta a las diferencias del material y al impacto de otra materia sobre él. Este equipo se compone de los sentidos, que reciben la presión de los cuerpos exteriores y los transmiten a través de los nervios al cerebro y al corazón. A ello se agrega la imaginación o memoria, que puede recordar las impresiones sensoriales pasadas y almacenar su experiencia en ellas. Asimismo, se activa el mecanismo de la serie de pensamientos o imaginaciones que va de las causas a los efectos o de los efectos a las causas, el cual le permite prever los resultados probables de las diversas acciones posibles que puede emprender. Ello supone el lenguaje, a través del cual el hombre se comunica y recibe comunicaciones y ordena sus propias estimaciones; y la razón, que añadiendo o sustrayendo nombres y las consecuencias de los nombres puede llegar a proposiciones generales o reglas para su propia orientación (Macpherson, 1979: 38-39).

El concepto de hombre hobbesiano nace entonces de la consideración de la naturaleza bajo los criterios de la mecánica universal, donde la naturaleza se concibe como una relación causal de cuerpos cuyo fundamento es el movimiento. En esta concepción el hombre es un cuerpo más dentro de esa mecánica, que se relaciona con otros cuerpos y el fundamento de esa relación es el movimiento. La explicación hobbesiana del hombre bajo la visión de la mecánica universal (cuerpo, movimiento y causa eficiente) cambia la pregunta y la forma de estudiarlo, pues ya no se trata de saber qué es el hombre, sino de cómo se relaciona el hombre con otros hombres. Este cambio del qué al cómo es de suma importancia porque ya no se trata de estudiar la esencia del hombre sino de investigar las relaciones humanas, es decir, de explicar que el individuo es el resultado de la relación con los otros. Por ello, Hobbes lo define a partir de la descripción de sus facultades o poderes naturales de la mente y del cuerpo, y de la expresión de este equipo natural.

Esta perspectiva antropológica se puede apreciar mejor si se compara la interpretación de Hobbes con la de Rousseau. Hobbes no se refiere al hombre primitivo, sino al hombre que posee el fuego de Prometeo, las artes y la razón. Nuestro filósofo no supone a un hombre en su condición primitiva, salvaje, tal cual salió de la naturaleza, que sacia su hambre bajo una encina, su sed en el arroyo más cercano, que duerme bajo el mismo árbol que le proporcionó su sustento y se dedica a satisfacer todas sus necesidades (Rousseau, 1959: 736-737), sino que está pensando en el hombre que tiene facultades naturales, en las que están presentes rasgos sociales como la sensibilidad, la imaginación, la memoria, el discurso mental, la razón, el lenguaje, la pasión, los cuales se manifiestan individualmente. Creo que Hobbes parte no del hombre en su condición primitiva sino de su condición actual, tal como lo veía en el siglo XVII: un hombre que tenía y había cultivado la imaginación, la memoria, el lenguaje y la razón.

Al distinguir al hombre salvaje del hombre con virtudes sociales, Rousseau dice que:

[...] el hombre salvaje y el hombre civilizado difieren tanto en sus sentimientos y en sus inclinaciones, que lo que hace la felicidad suprema en uno reduciría al otro a la desesperación. El primero no respira más que por el reposo y la libertad; desea sólo vivir y permanecer ocioso, sin que la misma ataraxia del estoico pueda igualarse a su profunda indiferencia por todo. Por el contrario, el ciudadano, siempre activo, suda, se agita, se atormenta sin cesar en busca de ocupaciones más laboriosas siempre; trabaja hasta la muerte, corre, si se quiere, tras ella para colocarse en estado de vivir, o renuncia a la vida para alcanzar la inmortalidad; obsequia a los grandes que odia y a los ricos que desprecia, sin dejar ningún medio para alcanzar el honor de servirles; jáctase orgullosamente de su bajeza y de la protección que recibe, y ufano de su esclavitud, habla con desdén de los que no tienen el honor de compartirla (Rousseau, 1959: 797).

Si se tienen presentes los dos hombres a los que se refiere Rousseau, es decir, el hombre salvaje o primitivo y el hombre sociable, considero que Hobbes en todo momento se refiere al hombre sociable, al concebir sus facultades naturales y la manifestación de las mismas en el desarrollo de las relaciones sociales.

En este sentido Lukac de Stier al igual que Cruz Prados, considera que para Hobbes la naturaleza no expresa una esencia sino una suma de facultades y poderes. Y los hombres, que caerían en el estado de guerra por no haber un poder común, serían hombres civilizados con deseos civilizados de una vida conveniente y gustos civilizados de sentirse superiores. Por tanto, es preciso evitar el error de tratar el estado de naturaleza de Hobbes como un análisis del hombre primitivo, o del hombre considerado independientemente de todas sus características socialmente adquiridas (Lukac de Stier , 1999: 102, 110). En esta misma línea, Omar Astorga sostiene que Hobbes tenía en mente al hombre moderno formado en un proceso cultural en el cual concurrían la religión, la superstición, la vida civil, la política, la ciencia; no pensaba en un hombre primitivo sino en un hombre cargado de imágenes suscitadas en un contexto lingüístico repleto de confusiones (Astorga, 2000: 90). Asimismo, C. B. Macpherson se propuso demostrar que Hobbes se refiere a hombres sociales, y no a hombres naturales, y que este filósofo desarrolló una teoría de las relaciones necesarias de los hombres en sociedad para fundamentar su hipótesis del estado de naturaleza. Es decir, específicamente quiso mostrar que Hobbes no se refiere al hombre natural contrapuesto al hombre civilizado, sino que se refiere a hombres cuyos deseos son específicamente civilizados, que se trata de hombres cuya naturaleza ha sido formada por la vida en la sociedad civilizada. Para este autor el estado de naturaleza hobbesiano es:

[... ] una formulación del comportamiento al que los hombres tal como son ahora —hombres que viven en sociedades civilizadas y tienen los deseos de los hombres civilizados—, [...]. Para conseguir el estado de naturaleza, Hobbes dejó de lado el derecho, pero no el comportamiento y los deseos históricamente adquiridos de los hombres. [... ] Se trata [... ] de una formulación del comportamiento de hombres sociales, civilizados (Macpherson, 1979: 31).

El hombre que se desarrolla a partir de las relaciones sociales es, pues, un individuo civilizado que posee un lenguaje cargado de imágenes, pensamiento, experiencia, pasiones, y razón, que se expresan en un ámbito que él mismo crea a partir de la versatilidad de su condición natural.

Una de las ideas que permite entender a este hombre aparece en el capítulo X del Leviatán ("Del poder, la valía, la dignidad, el honor y la aptitud"), y que desarrolla Macpherson con la tesis del individualismo posesivo. Se trata de la idea del valor del individuo según la cual dicho valor está determinado por los demás y no por el individuo mismo.14

En la filosofía hobbessiana el concepto de valor aplicado al hombre responde entonces a una posición relativista pues, como se desprende del párrafo antes trascrito, no es una categoría absoluta. Tal relativismo lo determina el entorno a través del juicio de los otros. De esta manera, el valor de un hombre se traduce en el poder que tenga y en la estimación que las circunstancias y el juicio que otros hombres hagan de él. Así, en esta propuesta antropológica y económica, el valor que se dé así mismo un hombre viene determinado por los otros y el entorno. Esta determinación responde a las relaciones sociales que desarrollan los mismos hombres a partir de sus diferencias, pues como ya vimos, el hombre no es social por naturaleza, pero sí establece relaciones sociales a partir de la diferencia que se expresa en las facultades naturales y en el uso de los medios necesarios para conseguir su propio bien.

Me parece pertinente introducir aquí dos ejemplos para comprender cómo el entorno constituido por el juicio de los otros determina el valor de un hombre. El primero de ellos, seguramente conocido por Hobbes debido a su trabajo de traducción de algunos clásicos griegos, se encuentra en la Ilíada, específicamente en el personaje de Aquileo. La trama se inicia con la discusión entre Agamenón y Aquiles en el ágora por la negativa de Agamenón de devolver a Criseida a su padre y de quedarse con Briseida, lo que llevó a que el dios Apolo se irritara y les enviara una peste y que Aquiles, uno de los mejores y principales guerreros, tomara la decisión de no combatir por ningún motivo y retirarse a su campamento. La decisión de Aquiles para ese momento no afectó a Agamenón ni a sus compañeros pues no se encontraban en guerra y no les era útil ni necesario. Sin embargo, posteriormente, al cambiar las circunstancias por la guerra y al entrar en escena Héctor, la utilidad y el valor de Aquiles adquieren una estimación de tal índole que fue necesario rogarle para que desistiera de su decisión y volviera a combatir. En este sentido son significativas las palabras que le dirige Patroclo:

¡Oh Aquiles, hijo de Peleo, el más valiente de los aquinos! No te irrites, porque es muy grande el pesar que los abruma. Los que antes eran los más fuertes, heridos unos de cerca y otros de lejos, yacen en las naves —con arma arrojadiza fue herido el poderoso Diómedes Tidida; con la pica Odiseo, famoso por su lanza, y Agamenón; a Eurípolo flecháronle en el muslo—, y los médicos, que conocen muchas drogas, ocúpanse en curarles las heridas. Tú, Aquiles, eres implacable. Jamás se apodere de mí rencor como el que guardas! ¡Oh tú, que tan mal empleas el valor! ¿A quién podrás ser útil más tarde, si ahora no salvas a los argivos de muerte indigna? [...]. Si te abstienes de combatir [... ] permite que cubra mis hombros con tu armadura para que los teucros me confundan contigo y cesen de pelear [...] (Homero, 1954: 286).

Se aprecia así como la guerra y el juicio de sus compañeros determina el valor de Aquiles, que a pesar del ruego que le hicieran, insistió en su posición. Pero, el valor que le asignaban era de tal magnitud que Patroclo le pidió que le permitiera usar su armadura para que los enemigos lo confundieran con él y cesaran de pelear.

Tomo el segundo ejemplo de la Historia de la guerra del Peloponeso (Tucídides, 1986, i). Por su lectura es posible percatarse cómo el entorno y el juicio de las ciudades que intervienen en la guerra y en la paz determinan el valor de los embajadores, el cual se deriva específicamente de los acontecimientos bélicos más importantes que se desarrollaron, como la guerra de Arquidamo (del año -431 al -421); la cuarta guerra Siciliana (del -415 al -413); y la guerra de Deceia entre el (-413 y el -404) (Tucídides, 1986, i: 5) pues los embajadores eran los mediadores para efectuar los acuerdos, específicamente, los términos con base en los cuales se comenzaba la guerra y los términos para acordar la paz. Así, los corcirenses para pedir ayuda y socorro a los atenienses envían a sus embajadores. Por su parte, los corintios envían a sus embajadores a Atenas, para que éstos prefieran su amistad y alianza que los de Corcira. Los atenienses se alían con los de Corcira y envían sus embajadores a Lacedemonia para defender su causa; y acordada la guerra por todos los del Peloponeso contra Atenas, los lacedemonios envían sus embajadores a Atenas para tratar de algunas cosas. Asimismo, para acordar la paz, los lacedemonios envían sus embajadores a Atenas (Tucídides, 1986, i: 5). Los embajadores para la época de la guerra del Peloponeso constituían el vínculo entre las ciudades y los encargados de tratar directamente los asuntos relativos a la paz y la guerra de las ciudades involucradas.

En efecto, luego que los corcirenses vencieron a los corintios y pasado un tiempo, los corintios quisieron iniciar la guerra contra los corcirenses por venganza e ira, se acudió a los embajadores. Asimismo, cuando los lacedemonios y atenienses querían hacer una tregua acudían a los embajadores:

Todo aquel año, después de la batalla naval, y el siguiente, los corintios, por la ira y saña que tenían contra los corcirenses, determinaron renovar la guerra, y mandando rehacer sus naves, aparejaron una nueva armada, cogiendo hombres de guerra y marineros a sueldo del Peloponeso y de otras tierras de Grecia. Sabido esto por los corciren-ses tuvieron gran temor por no estar aliados con ninguno de los pueblos de Grecia ni inscritos en las confederaciones de los atenienses ni de los lacedemonios, por lo cual les pareció que sería bueno ir a Atenas, ofrecer su alianza para la guerra y tentar si hallarían allí algún socorro. Al saberlo los corintios, enviaron también sus embajadores a Atenas para que estorbasen que la armada de los atenienses se uniera a la de los corcirenses, porque esto les impediría hacer la guerra con ventaja. Llamados en asamblea unos y otros expusieron sus razones, y primeramente los corcirenses hablaron de esta manera [...]. Visto todo, y considerando que no había medio de socorrer a los que estaban en la isla, y que corrían peligro de ser presos o muertos de hambre o por fuerzas de armas, opinaron pedir una tregua a los caudillos de los atenienses durante la cual pudiesen enviar a Atenas a tratar de paz y concordia [... ] en caso que de una parte u otra hubiese alguna contravención, por grande o pequeña que fuese, las treguas se entendiesen rotas, debiendo durar lo más hasta que los embajadores lacedemonios volvieran de Atenas [...]. Así se convino la tregua, y para su ejecución, los lacedemonios entregaron a los atenienses cerca de sesenta naves, siendo después enviados los embajadores a Atenas, que hablaron en el Senado de la manera siguiente [...] (Tucídides, 1986, ii: 38, 39, 252).

De forma que el valor de los embajadores está determinado por el juicio de los corcirenses y corintios, los atenienses y lacedemonios, y por la necesidad de la guerra y la paz, dependiendo los intereses de cada ciudad. En mi criterio, estos ejemplos demuestran claramente la idea hobbessiana del valor de un hombre, al mostrar cómo el valor de Aquiles en tiempos de guerra no era el mismo que cuando decidió retirarse a su campamento; y cómo los embajadores eran de un estimable valor al tratarse de los asuntos de la guerra y la paz como se describe en la Guerra del Peloponeso.

Por ello, me parece importante retomar la propuesta que hace Macpherson sobre la idea del valor de un hombre mostrada por Hobbes. Al respecto sostiene que:

Tenemos aquí las características esenciales del mercado competitivo [...]. Valorar, u honrar, no es simplemente una relación entre un hombre que recibe honor o deshonor y otro que lo da; es una relación entre un hombre que recibe honor y todos los demás que se lo dan, esto es, todos los demás hombres que tienen algún interés, por contingente o remoto que sea, por el modo en que usa su poder. Todos estos otros hombres hacen las estimaciones de su poder independientemente. Y lo hacen comparativamente con el poder de los otros, pues su utilidad para ellos no es una cantidad absoluta, sino que depende de la disponibilidad de otras. Y cada uno no solamente es estimado por todos los demás que tienen algún interés en el modo en que usa su poder, sino que también estima a todos los demás. Pero a partir de este número inmensamente grande de juicios de valor independientes, se establece un valor objetivo para cada hombre. Solamente puede ser establecido así porque el poder de cada uno es considerado como una mercancía, esto es, como una cosa ofrecida normalmente para el cambio, y ofrecida competitivamente (Macpherson, 1979: 44-45).

Macpherson sugiere entonces que el valor se constituye desde las relaciones sociales entendiendo a la sociedad a partir de la idea de mercado. Este mecanismo de mercado, según el cual el precio de un hombre es producto del valor que surge por la vía de la competencia, hace que la competencia se convierta a su vez en un mecanismo que determina la constitución del individuo. Este planteamiento me produce la siguiente inquietud: ¿Hasta qué punto el concepto social tiene que ver con la consolidación del individualismo?

Para responder a esta pregunta hay que centrarse en la idea de que, a partir del valor, los hombres desarrollan relaciones sociales en un ámbito competitivo, en el que un grupo de personas y el entorno asignan un valor estimable a un individuo, pero que simultáneamente, este individuo hace uso de ese valor que le asigna el entorno para afianzar sus tendencias antropológicas y por consiguiente su individualismo. De esta manera, se confirma la dimensión social de la naturaleza humana. Pero, también se pone de manifiesto que esa misma dimensión social puede convertirse en fuente de reforzamiento de las tendencias individualistas puesto que la estimación que el entorno le asigna a un individuo, afianza el valor que él se da a sí mismo como individuo y ese afianzamiento acrecienta sus tendencias individualistas. Se establece así una relación paradójica entre el individuo y el entorno. Esto es, mientras más valorado es el individuo por el entorno más se distingue de éste y se incrementan sus tendencias individualistas.

 

CONCLUSIONES

De acuerdo con lo desarrollado en los puntos anteriores, se puede apreciar que el problema de Hobbes radica en la praxis y que el filósofo lo postula como una actividad política que realizan los hombres. En otras palabras, todo lo que hace el hombre es una praxis, y ésta se constituye en la base de la antropología y la epistemología que está desplegando el empirismo.

Se tiene así, que las facultades naturales del hombre condicionan y definen su praxis y por consiguiente, para Hobbes, el conocimiento antropológico es fundamental porque ello es lo que posibilita que se pueda conducir esa praxis a un fin. Es decir, para el filósofo de Malmesbury, el ejercicio de la praxis de los hombres se manifiesta en la construcción de un Estado y de un conjunto de leyes que promuevan la conservación del hombre, en una sociedad armónica; en la constitución del individuo como ciudadano autónomo, artífice de una praxis política continua y perfectible.

La praxis constituye el fundamento de la antropología y la epistemología expuestas por Hobbes, la acción del hombre por excelencia. Desde esta perspectiva, la filosofía política de Hobbes es un tratado racional-pasional de una praxis específica, que contiene elementos políticos, morales, éticos, religiosos necesarios para entender y comprender la concepción de hombre que propone el mencionado filósofo. De esta manera, en su tesis, el hombre es una praxis, y como tal, se encuentra en un movimiento permanente y de constante renovación en busca de lo perfectible y por ello indeterminable. Es un movimiento dinámico con deseo de superación, de poner en ejercicio sus facultades naturales en busca de una praxis que, kantianamente hablando, sea ejemplo de todo y para todos.

Finalmente, para Hobbes es importante estudiar la antropología y la epistemología porque esta investigación, permite conocer las facultades naturales del hombre, lo que el hombre hará con ellas, las acciones que emprende habitualmente. Esto es, acercarse a la praxis de su condición social, para a partir de allí, proponer un modelo político-social que: a) sea expresión de esa praxis; b) permita la continua perfectibilidad, y c) sea el promotor y el agente de una praxis política que garantice un movimiento de autonomía individual y colectiva en pro de la paz y la armonía.

 

FUENTES CONSULTADAS

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NOTAS

1 "[...] Podrá tal vez pensarse que jamás hubo un tiempo en el que tuvo lugar una situación de guerra de este tipo. Y yo creo que no se dio de una manera generalizada en todo el mundo. Pero hay muchos sitios en los que los hombres viven así ahora. Pues los pueblos salvajes en muchos lugares de América, con la excepción del gobierno que rige en las pequeñas familias, cuya concordia depende de los lazos naturales del sexo, no tienen gobierno absoluto y viven en el día de hoy de esa manera brutal que he dicho antes [...]" (Hobbes, 1996: 108).

2 En este sentido, véanse Strauss (2006); Astorga (2000), y De Los Reyes (2002).

3 "[...] el concepto de movimiento aparece como fundamento de la teoría hobbesiana, al demostrar que la estrategia de Hobbes consistió en aplicar nociones de la física a la teorización del hombre, partiendo de la prolongación del concepto de movimiento a la psicología y política, al considerar que el hombre es parte del sistema mecánico de la naturaleza [...] la conducta social no es más que un aspecto de la conducta humana que consiste en una acción interindividual análoga a los desplazamientos intercorpóreos. Emerge así la presencia de una física política y no de una política prudencial [...]" (Cisneros, 2000: 172).

4 Véase Astorga (1999: 103-118).

5 "La explicación verdadera y clara acerca de los elementos de las leyes naturales y políticas, que es el interés actual de estos escritos, depende del conocimiento de qué es la naturaleza humana, qué es el cuerpo político y qué es lo que denominamos ley" (Hobbes, 1987: 127).

6 "La naturaleza del hombre es la suma de sus facultades y poderes naturales, esto es, la nutrición, el movimiento, la reproducción, los sentidos, la razón, etcétera. Estos poderes son llamados unánimemente por nosotros, naturales, y están contenidos en la definición de hombre bajo las palabras: animal y racional" (Hobbes, 1987: 127).

7 "Para entender qué quiero decir con poder cognoscitivo debemos recordar y reconocer que continuamente hay en nuestras mentes ciertas imágenes o concepciones de las cosas externas de tal modo que, si todo el mundo fuese aniquilado y sólo sobreviviese un hombre, este hombre retendría la imagen del mundo y de todas aquellas cosas que anteriormente había visto o percibido en él. Por propia experiencia, todos saben que la ausencia o destrucción de las cosas que una vez fueron imaginadas no causa la ausencia o destrucción de la propia imaginación. Llamamos a estas imágenes y representaciones de las cosas externas, nuestra concepción, imaginación, idea, apercepción o conocimiento de ellas, y el poder o facultad por medio del cual somos capaces de tal conocimiento es aquel que aquí llamo poder cognoscitivo o conceptivo, el poder de conocer o concebir" (Hobbes, 1987: 128).

8 Sobre la alegoría de la aniquilación del mundo véanse Cassirer (1993); Astorga (1999: 104, 105); Defez I Martín (2002), y Cisneros (2003).

9 "Una vez que he declarado qué quiero decir con la palabra concepción y otras palabras equivalentes, paso a las concepciones mismas para mostrar sus diferencias, sus causas, su modo de producción, en la medida en que sea necesario para este lugar" (Hobbes, 1987: 128).

10 Sobre este punto, véase Cisneros (2003).

11 "Como tercera proposición hemos de considerar primero que, cualquier gran agitación o sacudida que sufra el cerebro (como la que produce un golpe, especialmente si se da contra el ojo) por la que el nervio óptico sea sometido a gran violencia, aparece delante de los ojos cierta luz que no es nada externo sino una aparición, ya que lo único verdadero es la sacudida o movimiento de las partes de aquel nervio. A partir de esta experiencia podemos concluir que tal aparición de luz no es en verdad más que movimiento interior. Por consiguiente, si de los cuerpos brillantes puede derivarse un movimiento, de tal modo que afecte al nervio óptico de la manera que le es propia, habrá una imagen de luz en algún lugar de la línea por la que, en definitiva, se derivó el movimiento al ojo, es decir, en el objeto, si miramos directamente hacia él, y en el cristal o el agua cuando lo miramos siguiendo la línea de reflexión. Esto es, en efecto, la tercera proposición: que la imagen y el color no son más que una aparición ante nosotros de aquel movimiento, agitación o alteración que el objeto produjo en el cerebro o en los espíritus, o bien en cierta sustancia interna de la cabeza" (Ídem).

12 "Igual que el color no es inherente al objeto sino un efecto que el movimiento de éste causa sobre nosotros, tal como se ha descrito, tampoco hay sonido en la cosa que oímos sino en nosotros mismos [...]. Si quisiéramos proseguir con el resto de los sentidos, resultaría suficientemente claro que el olor y el gusto de la misma cosa no son lo mismo para todos los hombres, lo cual quiere decir que no se encuentran en la cosa olida o degustada sino en los hombres" (1987: 131, 132).

13 Nos encontramos aquí con un problema. Hobbes plantea la igualdad entre los hombres tanto en los Elementos de derecho natural y político, donde expresa que teniendo simplemente en cuenta la naturaleza, los hombres deben reconocer la igualdad existente entre ellos, como en el Leviatán, donde sostiene que la naturaleza ha hecho a los hombres iguales en sus facultades de cuerpo y de alma. Sin embargo, la descripción de las diferencias que hay entre los hombres ocupa un lugar decisivo en ambos textos. Véase al respecto Astorga (2000).

14 "El valor o VALÍA de un hombre es, como ocurre con todo lo demás, su precio, es decir, lo que daríamos para hacer uso de su poder. Por lo tanto, no es algo absoluto, sino que depende de la necesidad y del juicio de los otros. Un hábil conductor de ejércitos es de gran precio en tiempos de guerra presente o inminente; pero no lo es tanto en tiempos de paz. Un juez instruido e insobornable tiene mucho valor en época de paz, pero no tanto en tiempo de guerra. Y, como sucede con otras cosas, sucede también con el hombre: que es el comprador, y no el vendedor, quien determina el precio. Pues aunque un individuo, como hace la mayoría de los hombres, se dé a sí mismo su máximo valor, su valor real no será más que el que venga determinado por otros [...]" (Hobbes, 1996: 79-80).

 

INFORMACIÓN SOBRE LA AUTORA

María Eugenia Cisneros Araujo. Licenciada en Estudios Internacionales. 1993. Universidad Central de Venezuela. Abogada. 1999. Universidad Central de Venezuela. Licenciada en Filosofía. 2003. Universidad Central de Venezuela. Maestría en Filosofía y Ciencias Humanas. 2004. Universidad Central de Venezuela.

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IMPORTANCIA DE LOS INFORMES BEVERIDGE EN EL DESARROLLO DEL ESTADO SOCIAL

 

IMPORTANCIA DE LOS INFORMES BEVERIDGE EN EL DESARROLLO DEL ESTADO SOCIAL (la hoja de ruta en la creación del Estado de bienestar)

De la seguridad “de la cuna a la tumba” (ayer) al desmantelamiento del Estado social (hoy)

José Vidal Portillo Universidad para Mayores: 2º A Enero, 2014

Introducción 

La existencia del ser humano y su evolución, desde los orígenes, viene condicionada por su instinto de supervivencia, su conciencia de libertad y el desarrollo de sus capacidades hacedoras. Igualmente, va adquiriendo su dimensión social, para aumentar sus posibilidades de conservación como especie, pasando del “estado natural”1 a vivir en colectividad. Pasa, por tanto, de ser “un hombre lobo para el hombre” al “hombre como animal político por naturaleza”2; pasa de la comunidad o polis al Estado en sociedad, o el Estado político y social.3 

Al mismo tiempo, el instinto de conservación de especie lleva al ser humano a tomar conciencia de su ser débil y limitado y, en consecuencia, a buscar en la comunidad la seguridad para él y para los suyos ante la incertidumbre, tanto en el presente como para el futuro. Es en esa demanda de protección, de prevenir el riesgo y satisfacer las necesidades humanas, donde el “zóon politikon”, o “animal político” de Aristóteles, intenta buscarla inicialmente en la comunidad política. 

A lo largo de la historia, las comunidades políticas4 han ido adquiriendo distintas formas y cometidos. Todas ellas, desde la antigüedad, han pretendido y han encontrado su fundamento en la búsqueda y el fomento del “bonum commune”; un “bien común”, basado en la conciliación de los intereses de los distintos grupos que forman la comunidad, y como forma de garantizar su supervivencia, a través del establecimiento de fórmulas cada vez más articuladas de orden y justicia. 

La forma de distribución y organización del poder en las sociedades, a su vez, se ha visto sometido a un continuo proceso de adaptación a complicados cambios sociales, económicos y tecnológicos que, al mismo tiempo que ofrecen soluciones y nuevas perspectivas, también crea nuevos conflictos. El Estado moderno, que aparece con el renacimiento, va a diferenciar el Estado de la sociedad (Maquiavelo); y de esta distinción van a surgir dos cuestiones claves: el derecho a la propiedad5 y las desigualdades sociales. 

 1 En su formulación filosófica clásica es un estado pre-social hipotético, tal y como lo concibió Hobbes, en el que cada individuo, cruel, egoísta y perverso por naturaleza, solo se preocupa de su propia supervivencia 

2 Concepción Aristotélica, en la que el hombre tiende a formar una sociedad políticamente organizada 

3 Evidentemente, la evolución es más compleja y tiene más hitos diferenciados, como corresponde a una evolución que, con seguridad, alcanza miles y miles de años, que tiene conexiones con la evolución en las formas de vivir, trabajar y producir (del nomadismo al sedentarismo; de la agricultura a la fábrica; de la esclavitud a la servidumbre feudal y a la liberación de una sociedad de hombres libres e iguales). Como tiene que ver con la geografía, con la población y hasta con las variantes religiosas y que provoca organizaciones sociales cada vez más complejas y más sometidas a reglas iguales para todos 

4 Desde la Polis griega, pasando por la res publica romana, al Estado de la Edad Moderna 

5 Se antepone el derecho a la propiedad entendida como un “derecho natural” que es anterior a la invención del Estado (Locke)

La igualdad en abstracción del poder individual al Estado para el bien común de todos, no elimina las diferencias reales. Al contrario, en el nuevo marco político, adaptado a las nuevas transformaciones económicas, y con la aparición y el ascenso de la burguesía y el desarrollo del capitalismo, la actuación estatal queda sometida al imperio de la ley y se centra, especialmente, en garantizar las libertades individuales y el derecho de propiedad; que vienen a ser el origen de las grandes desigualdades (según Rousseau). 

La misión de este nuevo Estado liberal, radicaba en la protección de las libertades individuales y en el mantenimiento de un orden jurídico que permitiese el libre juego de las fuerzas sociales y económicas. 

Pensadores como Hobbes, Spinoza, Pufendorf Locke, Montesquieu, Rousseau, John Adams o Kant, contribuyen a institucionalizar la libertad y los derechos del ciudadano, en lo que se ha venido en llamar el contrato social 7 . Evitar la tendencia del poder del Estado a constituirse en poder absoluto (Locke), garantizar la libertad y evitar el despotismo, la separación de poderes (Montesquieu), son algunos de sus rasgos definitorios, independientemente de otras características particulares y de la forma de gobierno expresada por cada uno. 

Son rasgos que, hasta el siglo XVIII, giran alrededor de: la libertad como autonomía y la democracia como gobierno directo del pueblo (Rousseau) y un gobierno obligado a rendir cuentas; un poder limitado al Estado para que no transgreda los límites del pacto social, conservación de la vida, la libertad, la igualdad jurídica y la propiedad (Locke); la república como el imperio de la ley y la necesidad de contrapesos para evitar el abuso de poder del pueblo (John Adams); o la República como garante del estado de derecho, respetando la libertad e igualdad frente a la democracia que es despotismo (Kant). Pensamientos y prácticas que no evitan el conflicto entre libertad e igualdad, al contrario, se van agudizando con el desarrollo del capitalismo y la nueva economía política (Adam Smith). 

En los siglos XIX y XX, la aparición y el crecimiento del proletariado industrial y, posteriormente, su toma de conciencia de clase, el desarrollo del capitalismo y su pensamiento, los conflictos entre las potencias europeas y la falta de respuesta a las nuevas condiciones socioeconómicas creadas (empeoramiento de la situación económica y aumento de la pobreza), resta legitimidad al Estado liberal y surgen nuevos modelos de sociedad que intentan competir con él. 

 6 <> Sotelo, Ignacio: El Estado social, Editorial Trotta, Madrid, 2010, pag23 

7 Contrato o pacto social que explica la autoridad política del Estado y del orden social en base a la cesión voluntaria de las personas de sus derechos naturales a la comunidad de la que forman parte, sometiéndose a la existencia de una autoridad, de unas normas y de unas leyes para garantizar la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instaurado por medio de ese contrato social

De ese conflicto entre posiciones antagónicas -economía de mercado versus colectivismo, Estado liberal versus Estado marxista-, surge el Estado social8. 

El Estado social, por tanto, nace para evitar el conflicto social agudo, la revolución o el cambio de la estructura de poder, mejorando en algunos aspectos la calidad de vida de trabajadores y las clases bajas; intentando, así, limitar o compensar una desigualdad social creciente que pone en peligro el orden social establecido. En versión hegeliana, la función específica del Estado social consiste en hacer tolerable la desigualdad social. 

En ese dilema entre la primacía de la sociedad o la preeminencia del Estado, los conflictos entre libertad e igualdad dan lugar a enfrentamientos entre una izquierda revolucionaria que propugna una democracia social frente a otra reformista que preconiza un Estado social. En esa dinámica, en un contexto de bloques ideológicospolíticos, y como alternativa a la socialización de los medios de producción, la respuesta que se va a dar, desde el “sistema”, es la que se conoce como “Welfare State”, Estado de providencia o bienestar9 , concebido en sus orígenes como un desarrollo del Estado social. 

Un concepto éste, “welfare state”, que intenta dar respuesta tanto a las consecuencias indeseadas del conflicto igualdad/libertad como al de seguridad y contra la pobreza, garantizando unos ingresos mínimos que aseguren una vida digna. 

El Estado de bienestar o providencia, que toma forma a partir de 1945 con la introducción de nuevos instrumentos y objetivos tanto políticos como económicos, surge como respuesta a las soluciones más drásticas derivadas de la lucha de clases que se ofrecen desde uno de los bloques consolidados tras la Segunda Guerra mundial. Esta respuesta, el “welfare state”, tiene en su origen una concepción que puede considerarse de “colectivismo liberal”10, cuyo sustento o pilares se basan en los Informes Beveridge. 

Conocer, aunque sea brevemente, el origen en el que se fundamenta el Estado de bienestar, su finalidad, instrumentos y desarrollo, es el objeto de este trabajo. Con una pretensión, entender mejor, desde el significado del modelo y el contexto social, económico y político, el nacimiento, evolución y declive al que está sometido, así como la afectación a la cohesión y el bien común, pilares fundamentales en la acción colectiva; y si se ofrecen alternativas. 

 8 Es el compromiso entre el capital y el trabajo dando lugar a un Modelo de Estado, desarrollado en el marco del capitalismo y el surgimiento de la lucha de clases, que se fundamenta en conciliar la aceptación de la economía de mercado (la máxima libertad) con un progreso social y derechos derivados de la actividad económica y de ese acuerdo (la máxima igualdad que el sistema permita) 

9 Marcado por el énfasis en las tareas sociales del Estado que establece mecanismos obligatorios de solidaridad entre los ciudadanos. 

10 Tercera vía entre capitalismo y colectivismo socialista. Karel y John Williams

No deja de ser curioso, y paradójico, que habiendo nacido el Estado de bienestar en la Inglaterra de 1945, y que buscaba garantizar la seguridad “de la cuna a la tumba” del Beveridge liberal, sea también en ese país donde se inicie, con el nuevo liberalismo de Margaret Thacher, el intento de desmantelamiento y, a partir de entonces, se abran serios interrogantes que afectan al propio modelo representativo de convivencia. 

1. Las formas más antiguas en la protección 

El ser humano nace mucho menos preparado para la vida, más desprotegido, que los demás animales. Sin embargo, desde el homo habilis, pasando por el homo erectus, hasta el homo sapiens, ha demostrado su capacidad de organizarse y enfrentarse a la naturaleza, intentando y consiguiendo dominar su entorno (a veces en exceso). 

Desde sus orígenes, el ser humano ha pasado por diferentes fases. Una primera, en la que busca sobrevivir; probablemente es la etapa inconsciente en la que funciona a base de instinto, cazar para comer, defenderse de agresiones externas, desarrollando ciertas habilidades prácticas en la fabricación de utensilios para tales fines, y reproducirse. Una posterior fase en la que, además de luchar por la vida, está más orientado a la satisfacción de las necesidades individuales y sociales; va acumulando habilidades y conocimientos y busca la protección, se organiza, para garantizar su subsistencia. Por último, posteriores estadios evolutivos de la especie, ponen de relieve que, a las anteriores necesidades, se suman también las de afecto, participación, conciencia de identidad, búsqueda de la protección, ante el infortunio, y comodidad individual. 

En este proceso de desarrollo del ser humano, en el que inicialmente se organiza en grupos o comunas, donde no existía la propiedad privada y los intereses individuales quedaban en segundo plano, da paso a diferentes etapas en las que, con la acumulación de conocimientos, surge el mundo de las ideas, las aspiraciones individuales y los deseos de un mundo ideal donde conseguir sus sueños. Y es en esa etapa de tensión entre lo que se “es” y lo que se quiere “ser”, en la que va aflorando la historia de los sueños de las personas luchando por la búsqueda del bienestar ya sea individual o colectivo. Un sueño en el que, en esa búsqueda del bienestar, surgen los conflictos entre derechos, como el de la libertad y la propiedad con el de igualdad y seguridad en tener garantizadas las necesidades. 5 

1.1. Las comunidades de riesgos 

Liberarse del miedo de no tener garantizadas las necesidades fundamentales y alcanzar la felicidad en la tierra, es un viejo sueño de la humanidad desde sus orígenes, bien a través de un Estado ideal o de mecanismos compensatorios, tanto individuales como sociales. Es así como nacen las comunidades de riesgos. 

Desde muy antiguo, vemos diferentes formas de protección económica, como: Previsión de hambruna en Egipto, en el siglo XVIII a.C.; protección de viudas y huérfanos en Israel en el siglo XVI a.C.; seguros contra riesgos en caravanas de mercancías, en Babilonia, siglo XII a.C.; Hetairiai11 en la Grecia clásica o asociaciones para asegurar el entierro de sus miembros en Roma, en el siglo III a.C.; y demás formas solidarias grupales o gremiales en la Edad Media, Gildas, Gremios... 

En la Edad Media, siglo XII, existió un seguro para personas embarazadas, fuesen o no esclavos, para asegurar un buen nacimiento o resarcir al señor feudad de una posible pérdida. En España, adquiere una singular importancia las Cofradías Generales,12 eclesiásticas o gremiales. Las Cofradías dan paso a las Hermandades de Socorro,13 ya en el siglo XVI, donde sus asociados ejercen actividades profesionales de altos ingresos. 

1.2. La pobreza: de la calamidad pública a la amenaza social 

No obstante, la realidad es que quien tiene acceso a la seguridad o previsión es quien puede pagarla, pues las instituciones, en la Edad Media, no tienen los recursos necesarios y la presión es muy alta (a causa de las crisis agrarias, falta de abastecimiento alimentario, epidemias y guerras). El cuidado de los viejos, enfermos, huérfanos, los pobres en general, los no cubiertos por redes sociales de gremios, cofradías o deber de protección del señor feudal, corría a cargo de la familia o de las iglesias. 

En esa época, la pobreza se empieza a ver como un fenómeno de masas y constante, tan <>14. Esta concepción de la indigencia, también en los siglos XV y XVI, es considerada como un peligro para la sociedad y como un problema de seguridad y orden. 

11 Manifestación de mutualismo primitivo, en Grecia, como los Collegia funeralitia, ambas asociaciones de artesanos que aseguraban, en el caso de los collegia, enterramientos dignos 

12 De ámbito privado o eclesiástico, cubrían situaciones de necesidad a la persona de una misma profesión en caso de muerte del cofrade, enfermedad. Se nutrían de cuotas y aportaciones periódicas. 

13 Cubren riesgos de enfermedad, invalidez, muerte. Exigían a sus asociados un mínimo de ingresos 

14 Gerhard A. Riter: El Estado Social, su origen y desarrollo. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid, 1991, p.49

Se inicia, pues, un proceso de clasificación de la pobreza, diferenciando pobres dignos e indignos 15 , y de represión de la mendicidad y la vagabundería, como un problema de orden que se intenta corregir (lo que se consideraba un defecto moral del individuo), mediante internamientos y la obligación a trabajar (confiados frecuentemente a los patronos para su explotación o en cárceles con expectativa de un beneficio económico). 

Es decir, se pasa de la calamidad pública tratada con caridad, al problema de orden público y seguridad que, además de ser ejemplar, permitía obtener un beneficio económico. 

A principios del siglo XVIII, los humanistas y los liberales ilustrados arremeten contra los gremios, hermandades y cofradías, que se van transformando en Montepíos, al tiempo que van cuajando influencias de pensamiento sobre la eliminación de la pobreza. Los representantes de la Ilustración, que como los cameralistas estaban en la tradición del absolutismo ilustrado, tenían la idea de que la pobreza no era un mal inextirpable, sino que podía solucionarse eliminando sus causas: el trabajo y la mejora de la educación y la solidaridad entre los hombres. <>16. 

Pero, sin embargo, esas nuevas ideas ilustradas de que nadie debía ser excluido de la protección en caso de pobreza y de la responsabilidad del Estado en el bienestar y la seguridad de sus súbditos (a través de ayudas voluntarias, privadas y municipales), sufre una importante alteración y retroceso a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, con la revolución industrial. Comienza un siglo XIX marcado por profundos cambios y alteraciones en la organización social y en la vida de las personas. 

1.3. De la pobreza persistente a la “cuestión social” 

La vieja pobreza, incrementada en el nuevo proceso de industrialización y urbanización, busca salida por la vía del liberalismo económico que reduce la asistencia social pública e intensifica la obligatoriedad del trabajo. 

 15 Indignos: los ociosos y vagabundos con capacidad de trabajar. Los dignos: los que habían caído sin su culpa en la pobreza (viejos, enfermos, inválidos, viudas) 

16 Gerhard A. Riter: El Estado Social, su origen y desarrollo. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid, 1991, p.59

El siglo XIX viene marcado por las revoluciones liberales (1820, 1830 y 1848) que acabó con el período de la Restauración absolutista iniciado desde el Congreso de Viena en 1814 y, también, por la primera fase de la revolución industrial, que supuso la transformación del mundo conocido y la configuración de una nueva sociedad. 

En esta primera fase de la revolución industrial, surge el “proletariado” y las organizaciones sindicales. El liberalismo, que recoge los principios de la Ilustración, y que representa un movimiento político en defensa de las libertades individuales y la separación de poderes, frente al absolutismo y la revolución de los pueblos (que fracasó), es reconducido, entre 1848 y 1875, por una nueva burguesía que surge del avance de la economía capitalista. Un sistema que, cada vez más, se va concentrando, formando grandes conglomerados industriales y financieros monopolísticos17, y cuya lógica y desarrollo técnico lleva a la expansión y búsqueda de mercados, con las consiguientes fricciones, el surgimiento y expansión del imperialismo, hasta la primera de las grandes depresiones o crisis sistémica del capitalismo en 187318. 

Las nuevas condiciones de la revolución industrial y auge del capitalismo, desde <>19, son un factor decisivo en el surgimiento de los movimientos sociales que cuestionan el orden vigente. Surge “la cuestión social”, ante la explotación, el hacinamiento en barrios obreros, la miseria, la explotación infantil, el exceso de horas de trabajo (16 horas), etc. 

Las sociedades, antes de la explosión de la “cuestión social”, hacen política social dando respuesta a las situaciones de pobreza acorde con sus estructuras jurídicas, políticas y económicas. La ayuda social a través de la caridad de las familias, la iglesia, el surgimiento de instituciones no eclesiásticas o la responsabilidad del Estado en el bienestar de los ciudadanos, tras la influencia de corrientes de pensamiento, desde el humanismo de Luis Vives y Tomás Moro, pasando por los cameralistas20. Así, de un despotismo ilustrado que ofrece seguridad pública y obediencia ciega a cambio de un bienestar creciente, se llega a un liberalismo que confunde libertad política con la económica del laissez-faire, y que adquiere nuevas formas (el manchesterismo 21 ) propugnando dejar a la sociedad a merced del mercado y reducir el Estado al mínimo. 

 17 Cuestionando, curiosamente, la idea de concurrencia en el capitalismo, contradicciones que se siguen repitiendo en el siglo XXI 

18 Primera gran crisis sistémica del capitalismo. Quiebra de una entidad financiera en EEUU, caída de la bolsa en Europa, dieron lugar a sucesivas crisis económicas conocida como “la Depresión larga”, que duró hasta 1879.

19 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p.140. 

20 Los primeros que entroncan la teoría del Estado con la ciencia de la administración y con la economía. Para Schumpeter el cameralismo consiste en integrar el desarrollo económico en su circunstancia social, cultural y política, frente a un liberalismo que lo aísla. Un liberalismo que arremete contra el cameralismo por los muchos recortes de la libertad que conlleva 

21 Doctrina económica liberal que promueve un librecambio incondicionado y una libertad económica ilimitada

1.4. De ciertas protecciones sociales al desamparo liberal 

A mediados del siglo XIX el liberalismo se va imponiendo tanto en la teoría como en la práctica. Para grandes capas de la población, especialmente los trabajadores o nuevos proletarios, el liberalismo económico representa la etapa más dura y sórdida de su historia. 

En Francia, se empeora la situación de los pobres cuya ayuda se les garantizaba a través de los municipios; <> 22 . Similar respuesta, desde esa concepción utilitarista y liberal dominante en la época, se da en Gran Bretaña con la Ley de pobres de 183423, al considerar que el subsidio y las ayudas a las familias favorecía el incremento de la población y de la miseria. 

La filosofía liberal y utilitarista, junto con las medidas que se van aplicando, producen la separación entre obreros y pobres receptores de limosnas favoreciendo, indirectamente, la extensión de organizaciones de socorros mutuos de los sindicatos. 

Esa misma industrialización, causante de tanta miseria, impulsa un crecimiento económico inusitado que, a su vez, propicia una mejora notable en la clase obrera en los dos últimos decenios del siglo XIX. Una mejoría que, probablemente, no se explica sin la lucha de <>24. Se van dando los primeros pasos del Estado social. 

1.5. El Estado social 

De manera desigual, en Europa el Estado social va dando pasos en base a la formación y desarrollo del movimiento sindical y de potentes representaciones de los intereses de los empresarios. Así, mientras que Gran Bretaña es el primer país industrial que toma medidas modernas de protección laboral y tiene unas organizaciones sindicales fuertes25, vemos como Alemania se adelanta en la creación de un sistema educativo estatal e imitan a los sindicatos británicos pero con un carácter más inclusivo y radical. 

22 Gerhard A. Riter: El Estado Social, su origen y desarrollo. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid1991, p.69 

23 Que modificó significativamente el sistema existente de alivio a la pobreza, haciendo depender de condiciones muy duras la concesión de ayudas que debían ser menos deseables que el trabajo asalariado y éste, a su vez, con salarios cada vez más bajos. 

24 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 154. 

25 Los sindicatos asumen funciones de previsión social a través de sus cajas de socorro o promovieron fórmulas de abastecimiento de artículos de consumo para los afiliados a través de cooperativas, es decir, fórmulas basadas en la cooperación y la solidaridad y cuyo objetivo es conseguir la emancipación económica y social de los trabajadores.

En el desarrollo y consolidación del Estado social se van a distinguir tres etapas: la primera, que va desde los años ochenta hasta la primera guerra mundial; la segunda, abarca el período entreguerras; y la tercera, en la que el Estado social adquiere una nueva forma, conocida como Estado de bienestar. Un pilar fundamental en ese desarrollo del Estado social, evolucionado más tarde en Estado de bienestar, lo constituye, a su vez, el desarrollo de los sistemas de seguridad social; y, en su génesis, las distintas respuestas ante el temor a las revueltas y cuestionamiento del sistema. Así, por ejemplo, <>26. 

2. Los primeros pilares del Estado de bienestar o desarrollo del Estado social 

Bismark, Keynes y Beveridge son tres nombres que explican el desarrollo de un nuevo modelo, el Estado social, que a lo largo de casi cien años –desde la década de los sesenta del XIX hasta la de finales de los cuarenta del XX- se extiende fundamentalmente por Europa en base a sus ideas, hasta emerger en un Estado nuevo: El Estado de bienestar. 

Es el fin de la caridad y la transformación de la beneficencia y su reemplazo por una primitiva seguridad social. Deja paso la sociedad compasiva a un Estado de derecho. 

Si bien la beneficencia más que buscar un mínimo de seguridad social fue creada como una medida de orden público, para evitar las consecuencias que todo estado de desesperación entraña, de nuevo, el desarrollo del Estado social es la consecuencia de una situación socioeconómica y política. Es la reacción a la amenaza de subversión revolucionaria, y su extensión, dando respuesta a ciertas carencias del sistema en ese momento para evitar el ejemplo del bolchevismo asentado en Rusia. 

La Gran Guerra trajo consigo y contribuyó sobremanera al desarrollo del Estado democrático y social. Las razones hay que buscarlas en que el esfuerzo bélico exigía atraerse al movimiento obrero, o al menos neutralizarlo, para garantizar el buen desarrollo de la industria militar, y la victoria sólo se podía alcanzar si prevalecía la cohesión social. En Alemania se reconoce la acción sindical en las empresas y los sindicatos socialdemócratas tanto en Alemania (con divisiones) como el movimiento obrero laborista en Inglaterra, con dudas iniciales y poco entusiasmo, consideran que no sería patriótico no luchar. 

 26 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 177.

No obstante, cuatro son las contribuciones al Estado social que, tanto directa como indirectamente, provocan la guerra: 

1. La integración social y política de las clase obrera.27 

2. La intervención del Estado en la economía, sustituyendo el capitalismo por una “economía de guerra”. Los recursos productivos al servicio de ganar la guerra y dirigido por el aparato estatal. 

3. La incorporación masiva de la mujer al trabajo28 y al ejército. El factor que más ha influido en la transformación de la sociedad de la posguerra y en el devenir social. 

4. La revolución rusa que, al igual que ocurrió con la Revolución Francesa, mueve los cimientos de las sociedades al surgir un socialismo de Estado o “economía comunitaria o colectivista” como una alternativa al capitalismo. Un capitalismo que, para su desarrollo, el obrero es un factor importante 

Ya en la posguerra no se pudo dar marcha atrás. <>29, con el mensaje imperial de Bismarck el 21 de noviembre de 1881 ante el Reichstag. 

En Inglaterra, se hace un esfuerzo en cubrir carencias como en la vivienda; en la salud, imponiendo una política sanitaria estatal; en educación, como forma de aumentar la capacidad productiva, se establece la escuela gratuita hasta los 14 años y se aumentan los subsidios. Pero, sobre todo, el tema central de la política social, en ese período entreguerras, es el subsidio de desempleo, una innovación en la que Inglaterra va a hacer el mayor aporte teórico y práctico30. 

 27 El Estado adquiere el papel de mediador entre los intereses empresariales y los obreros. Se consigue la primera y mayor reivindicación del movimiento obrero en Inglaterra: el sufragio universal en 1918 (para los varones mayores de 20 años y mujeres mayores de 30). En Alemania se deshacen del Emperador y de las monarquías asociadas y, al final de la guerra, se constituye un gobierno de mayoría parlamentaria socialdemócrata. 

28 En 1918, la industria pesada como la Krupp, de 110.000 trabajadores, 30.000 eran mujeres. En Gran Bretaña, de 1914 a 1918, la mano de obra femenina sube de 24% al 38% de la población empleada. (Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 189) 

29 Gerhard A. Riter: El Estado Social, su origen y desarrollo. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid1991, p.131 

30 La Unemployment Insurance Act de 1920 amplía la ley de 1911 a todos los trabajadores con un salario de 250 libras. Sin embargo, su alto coste lleva en 1924 a la ortodoxia liberal de una economía estricta en el gasto público

2.1. Los antecedentes del Estado de bienestar 

Es indudable la aportación de William Beveridge y las tesis económicas de J.M. Keynes, como piezas claves en la construcción de lo que hoy se conoce como Estado de bienestar, sobre unos principios de unidad y universalidad para la eliminación de la pobreza, al asegurar a todos los individuos un mínimo con el que hacer frente a su subsistencia. No obstante, antecedentes en la implementación del seguro social con intervención del Estado, como técnica para el logro del bienestar, los encontramos con Bismarck y en la República de Weimar. 

2.1.1. El primer sistema moderno de seguridad social con Bismarck en Alemania 

Entre 1883 y 1889, el Gobierno de Alemania, presidido por Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, crea el primer sistema de seguro social (ejemplo único en su clase durante unos treinta años). <>31. 

La administración del seguro de enfermedad se confiaba a las cajas de ayuda mutua existentes, la del seguro de accidentes del trabajo a las asociaciones de empleadores y la del régimen de pensiones a las autoridades provinciales. Se combinaba, así, las características de cada uno de los métodos que se aplicaban anteriormente, atenuando la posible oposición. 

Extraña que un gobierno y un primer ministro como Bismarck, autoritario y obsesionado con frenar el movimiento obrero alemán que ilegalizó, pudiera comprender tan pronto que ni el individualismo ni las mutuas de ayuda por sí solos podían resolver el problema de la inseguridad social. Las razones, probablemente, hay que encontrarlas en que en Alemania no había calado tan hondamente, como en otros países, el liberalismo del laissez-faire, manteniendo su paternalismo autoritario; y, por otro lado, que desde ese paternalismo autoritario intentaba atraerse a los trabajadores32 con la legislación social más avanzada del momento al igual que había desarrollado medidas proteccionistas para favorecer el crecimiento industrial. 

 31 OIT: La seguridad social. Ginebra, 1970 

32 El propio Bismarck no tuvo empacho en reconocerlo, con ocasión del debate parlamentario sobre sus reformas, manifestó que: “a partir de ahora, los demócratas tocarán inútilmente la flauta cuando las masas obreras comprueben que es el propio Estado el que se preocupa por su bienestar

Es decir, <>33 para la pacificación de los obreros y la conservación del orden político, económico y social. Así, para Bismarck la política de seguros sociales era un instrumento para debilitar la socialdemocracia y a los sindicatos socialistas 34 ganándose a los obreros para el Estado monárquico. Si bien esto no lo explica completamente. Pudiera encontrarse explicación, también, en que el principal asesor de Bismarck en política social estuviera impregnado por los planteamientos de Lorenz von Stein 35 , de “democracia social” y también los flirteos del canciller con Lasalle en su lucha contra el liberalismo. 

2.1.2. La República de Weimar 

El 31 de julio de 1919, la Asamblea Nacional constituyente se reúne en la localidad de Weimar y aprueba la primera Constitución democrática alemana. Una constitución que prefigura los elementos básicos del Estado de bienestar, sobre el reconocimiento de los derechos sociales del individuo, y que surge del compromiso entre el liberalismo democrático y la socialdemocracia mayoritaria, en un entorno en el que las fuerzas revolucionarias quieren implantar los consejos obreros; los sectores económicos rechazan las limitaciones a la libertad económica del nuevo modelo y fuerzas contrarrevolucionarias agazapadas en torno a un ejército que se niega a aceptar la derrota. No es de extrañar que, en ese entorno político y las condiciones económicas y sociales, consecuencia de la guerra, frustrara la puesta en marcha total del Estado de bienestar que había concebido en sus entrañas la Constitución de Weimar. 

Hay que reconocer que la legislación social recogida en la Constitución de 1919 y que prefigura el nuevo Estado de bienestar, no hace sino elevar a ley el <>36. Sin embargo, marca diferencias claras respecto al antiguo Estado social 37 , pues pone en tela de juicio el sistema capitalista de producción al que considera incompatible con la dignidad humana y esboza un orden socioeconómico “justo”38 y, sobre todo, recoge el derecho al trabajo como un derecho fundamental de la persona que el Estado ha de proteger, en lugar de una mercancía más; sanciona un sistema amplio de seguridad social, ante los riesgos de enfermedad o imposibilidad de trabajar; se reconoce el derecho a la negociación colectiva, etc. 

33 Gerhard A. Riter: El Estado Social, su origen y desarrollo. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, Madrid1991, p. 86 

34 Todavía retumban las palabras de Bismack en el edificio del Reichstag, hoy Bundestag : “mediante esta ley tenemos que liberar a los obreros de las garras de los socialistas” (Del discurso de Bismarck ante el Reichstag el 21 de noviembre de 1881 

35 Fundamentó la teoría del Estado social moderno 

36 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 192 

37 A diferencia del Estado social que parte de la racionalidad del sistema capitalista buscando un mejor reparto de cargas y beneficios, el Estado de bienestar partiendo de que el capitalismo, sin control, produce un orden social injusto, cree que el Estado ha de intervenir y corregir el orden socioeconómico desde los principios de la justicia 

38 Muy ligado a la tradición humanista e ilustrada

Sin embargo, el dibujo constitucional de Weimar de lo que un día llegaría a ser el Estado de bienestar y que tiene su pilar central en el derecho al trabajo, se desploma, precisamente, por la falta de trabajo. Algunos opinan que: <>39. 

El tratado de paz impuesto en Versalles, que obligaba a Alemania a pagar sumas enormes en concepto de reparaciones40; la necesidad de poner en marcha una amplia reestructuración social, para contrarrestar las presiones revolucionarias de una “economía colectivista”; la huida de capitales y el surgimiento de una hiperinflación 41 brutal y una posterior fase de estabilización monetaria42; y una descomposición política impulsada por la gran crisis de 1929, no sólo acabaron con la Constitución de Weimar43, sino que también terminaron abriendo las puertas a la dictadura nazi. Paradójicamente, de nuevo, la economía de guerra que el nazismo pone en marcha, en 1938, hace que el paro se reduzca en pocos años hasta alcanzar el pleno empleo. 

3. Los Informes Beveridge 

Pese a haber alumbrado los antecedentes de Bismarck y Weimar, tanto en los seguros sociales como en un desarrollo avanzado del Estado social que prefiguraba un nuevo modelo de “Estado de bienestar”, la primacía creativa e innovadora la pierde Alemania en el periodo entre guerras y, aunque se reconozca su aporte ideológico, van a ser los británicos los que, aparte del nombre “welfare state”44, lleven a cabo con éxito su instrumentalización en la sociedad. Y en ese proceso, dos nombres inescindibles son sus grandes arquitectos: John Maynard Keynes, en su fundamentación económica, y Williams Beveridge, en su implementación institucional. 

39 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 201 

40 En su fórmula finalmente pactada suponían entre un 10% y un 12% del producto nacional bruto anual con un calendario de pagos ¡¡hasta 1987!! 

41 En 1919, un dólar valía 10 marcos, a finales de 1923, se cambiaba por 4.200 millones de marcos. Hay quien dice que la hiperinflación fue una estrategia del gobierno para librarse de las reparaciones, dejando que los aumentos de salarios se trasladaran a los precios, como una pescadilla que se muerde la cola. Este antecedente todavía hoy marca la obsesión por una política monetarista en Alemania 

42 Como consecuencia de la hiperinflación y la presión de los costes de trabajo, la respuesta empresarial es disminuir drásticamente la inversión, se aplica un plan de austeridad (estabilización) y se aumenta la productividad poniendo en la calle a más de un millón trescientos mil trabajadores 

43 El 14 de junio de 1932 por decreto se vacía de contenido la ley de seguro de desempleo 

44 Los ingleses utilizan la denominación “Welfare state, como aquel que procura el bienestar de los ciudadanos, frente al “warfare state” o estado de guerra que aplican a la Alemania nazi

3.1. Las condiciones entreguerras 

El periodo 1918-1939, conocido como entreguerras, se ve marcado por el triunfo de la revolución bolchevique, la crisis de las democracias liberales y el ascenso de totalitarismos y fascismos, y el crack del 29. 

La Gran Guerra transformó radicalmente las sociedades occidentales, produjo desengaño, no solucionó viejos problemas y creó otros nuevos, al tiempo que se fueron gestando las condiciones de la segunda guerra mundial. Inflación, reducción de la capacidad de producción y exceso de mano de obra tras la guerra45, generan paro, carestía y hambre; mientras otros sectores se aprovechan de una expansión económica (en los decadentes “felices años 20”), hasta la “Gran Depresión”46 de 1929. 

Una crisis que afectó a todo el planeta, (de nuevo, crisis del capitalismo); y que favoreció los nacionalismos y el apoyo popular a los fascismos (1923 en Italia, con Mussolini; 1933, Hitler sube al poder en Alemania; 1936 el fascismo inicia una guerra civil en España). Es el preludio de la segunda guerra mundial. 

Ésta tuvo consecuencias graves en términos de pérdidas humanas, pero también económicas y sociales. Sin embargo, al mismo tiempo que se daba cierta confusión y temores (hacia las revueltas sociales, la miseria, el comunismo y la guerra) 47 , también surgió una determinación, después de la guerra, del “nunca más”, de no volver a la política anterior y sus consecuencias, de llevar la victoria de la guerra a su vida anterior. Es el espíritu de 1945, que tan bien retrata Ken Loach en su documental. Es el interés por la paz, la democracia, y, con ellas, la política y la justicia social. 

3.2. Keynes 

John Maynard Keynes es considerado el economista más influyente del siglo XX y a él se debe el basamento de la teoría económica del Estado de bienestar. 

A finales de 1930, en los países industrializados europeos el paro alcanza los veintidós millones; representando en Alemania el 25% de la población activa y en Inglaterra el 21%48. 

45 Favorecido por el ya irreversible empleo masivo de las mujeres en la producción abandonada por los hombres movilizados en el frente 

46 El 24 de octubre de 1929, la Bolsa de Nueva York salta por los aires, y con ella las ilusiones, el bienestar , e incluso la vida, de muchas personas. La especulación financiera generó una crisis que afectó a todo el planeta desencadenando legiones de parados y situaciones de pobreza. La crisis lleva a replantear el rol del Estado en la economía y, en 1933, Flanklin Roosevelt desarrolló un plan conocido como "New Deal", que consistía en la regulación de la economía favoreciendo las inversiones, el crédito y el consumo, lo que permitiría reducir el desempleo. El gasto público debía orientarse a la seguridad social y a la educación. El modelo estaba inspirado en las ideas de John M. Keynes que proponía la intervención del Estado en aquellos casos en que se viera perjudicado, al creer que una redistribución de los ingresos y el aumento de la tasa de empleo, reactivaría la economía.

 47 El miedo al comunismo facilitó, tanto el surgir de los fascismos, como después de la segunda Guerra Mundial, el Estado de bienestar (IS p.190) 

48 Sotelo, Ignacio: El Estado social. Editorial Trotta, Madrid, 2010, p. 207

Keynes es de los pensadores que cree que se paga un alto precio por las malas ideas y que las buenas son las que ayudan a resolver problemas acuciantes como son, en su tiempo, la pobreza y el desempleo. Ataca la teoría clásica al uso, en su época, afirmando que <> 49 . Llega a decir que, de atenerse a los principios marcados por las leyes de la ciencia económica liberal dominante, no se hubiera ganado la guerra pues ésta evidenció lo imprescindible que fue, para el éxito en la contienda, que el Estado interviniera en la economía. 

Considerado como uno de los fundadores de la macroeconomía moderna, pone en tela de juicio el laissez-faire, la capacidad de autorregulación del mercado, que el mercado por sí mismo consiga el equilibrio entre la oferta y la demanda; demuestra que no es cierto que los intereses individuales y sociales coincidan, o que el interés individual sea más racional que el colectivo. 

Los ejemplos de la situación anterior a la guerra, y la misma guerra, desmontan la teoría clásica al uso y cómo el Estado cumple un papel crucial en el proceso económico; al mismo tiempo que se desmarca del comunismo al afirmar que el Estado ha de llegar (en un papel subsidiario) allí donde la iniciativa individual no llega o llega mal. 

Rechaza y ataca los mantras, que todavía hoy perviven, de que el desempleo es consecuencia de la falta de flexibilidad del mercado laboral 50 , y que bajando los salarios aumentan los beneficios empresariales y con ello el ahorro que se convierte en inversión. Por el contrario, Keynes dice que puntualmente funciona pero que, generalizado, desciende la demanda global de acuerdo con la bajada de ingresos de los trabajadores; que no se traduce en inversión (hoy vemos que es así, como también se comprobó entonces). La gran depresión se debió a la fortísima caída de la inversión que no fue compensada con un descenso equivalente del ahorro o los déficits presupuestarios. En la economía capitalista, en la búsqueda del máximo beneficio, el ahorro depende de la acumulación de ganancias y de la expectativa de beneficios en la inversión. 

Denuncia, también Keynes, el desperdicio que supone tener tantos recursos ociosos habiendo tantas necesidades por cubrir. 

En definitiva, Keynes en su teoría económica hace unas aportaciones básicas para la construcción del Estado de bienestar, al tiempo que pone en evidencia las dos deficiencias fundamentales de la economía capitalista: la incapacidad de ofrecer empleo a todas las personas que lo necesitan y una distribución desigual de la riqueza. 

 49 Keynes: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero 

50 Pigou y su teoría de que la disminución de los salarios restauraría el empleo, opinión contraria a la importancia dada por Keynes a los salarios como factor que afecta a la demanda de bienes

3.3. Beveridge 

Nació en Rangpur (Bengala), el 5 de marzo de 1879, y murió en Oxford, el 16 de marzo de 1963. Se educó en Chaterhouse y en el Balliol College (Oxford), donde obtuvo el número uno en el primer grado y posteriormente en el segundo de las licenciaturas de Clásicas y Matemáticas. Se graduó en Bachellor of Art, en 1903, y de 1902 a 1909 fue Fellow de Derecho Civil del University College de Oxford. De 1903 a 1905 fue subdirector del Toynbee Hall 51 . En 1905 es nombrado miembro de la comisión que estudia el desempleo en Londres, y de 1906 a 1908 fue un prolífico director literario del conservador Morning Post. En 1907 hace un viaje a Alemania para estudiar una seguridad social que se tenía como modélica. En 1908 ingresa en la Administración Pública, en el Ministerio de Comercio, trabajando como ayudante personal de Windston Churchil. 

Fue primer secretario del Ministerio de Municiones en 1919, muy breve, para desempeñar el cargo de director de la prestigiosa London School of Economics, hasta 1937. De 1937 a 1944 fue profesor del University College de Oxford. Tras un breve paso por la política, fue diputado liberal un año, y durante la segunda guerra mundial se convirtió en presidente de un comité interdepartamental sobre el seguro social y los servicios conexos y publicó el famoso <> de 1942 Si Keynes aportó el basamento de la teoría económica del Estado de bienestar, Beveridge es el gran hacedor de su puesta en marcha institucional. 

3.3.1. Los “Informes Beveridge” 

De los textos publicados por Beveridge, dos de ellos son fundamentales en el devenir de la política social, no sólo en Gran Bretaña, sino en el mundo: el Informe sobre Seguridad Social y servicios afines y el Informe sobre Pleno Empleo en una Sociedad Libre. 

El primero, el famoso “Informe Beveridge”52, publicado en 1942, es un trabajo colectivo53 firmado por su presidente. En él, hace una revisión crítica de la seguridad social y presenta un conjunto de recomendaciones para mejorarla, describiendo las líneas generales del Estado de bienestar que se iría levantando en los años cincuenta y sesenta en el Reino Unido. 

51 Institución dependiente de la Universidad de Oxford, fue el más importante de los centros de enseñanza superior británicos comprometidos con una labor social 

52 Social Insurance and Allied Services de 1942, definió el perfil del sistema de la seguridad social británica durante una generación, después de 1945 

53 el 10 de junio de 1941 el ministro sin cartera Artur Greenwod anunció en la Cámara de los Comunes de la Gran Bretaña el nombramiento de una Comisión encargada de estudiar un plan de Seguridad Social para la reconstrucción del país después de la guerra, designándose como presidente de la Comisión a Sir William Beveridge

En el informe se elogia la seguridad social británica54 al tiempo que destaca carencias y los déficits en su funcionamiento, como es el caso de los servicios médicos; también su complejidad y su insuficiencia, al ser incapaz de evitar que muchos obreros vivan por debajo del umbral de la pobreza. 

En su parte propositiva fija el objetivo de la seguridad social en erradicar la pobreza, garantizando a todos, y sin límite temporal, un subsidio que asegure una vida digna. El camino para alcanzar los objetivos de una mayor justicia social consiste en unificar los sistemas e instituciones y extender el campo de los beneficiados. 

Las recomendaciones, amplias y detalladas, se desprenden de cuatro principios básicos en los que se sustenta el informe: 

1. Las reformas de futuro han de tener en cuenta las experiencias del pasado, sin que eso signifique restricciones en base a intereses sectoriales. Por otro lado, la guerra ha mostrado que es el momento para cambios revolucionarios, es un tiempo para la revolución y no para los parches. Por tanto, las reformas serán efectivas si se hacen a fondo. 

2. La seguridad social, siendo el aspecto más importante del progreso social puesto que debe garantizar ingresos suficientes55 a lo largo de la vida, forma parte de una amplia política de progreso social que tiene como objetivo eliminar los cinco males que afectan a muchos ciudadanos: la miseria (al no poder cubrir sus necesidades básicas), la enfermedad, la ignorancia, el desamparo y el desempleo. 

3. La seguridad social debe ser el resultado de la cooperación entre el Estado y los individuos; es decir, debe sustentarse sobre principios contributivos, puesto que no es un acto de caridad, contribuyendo los beneficiados con sus aportaciones a al sostenimiento del sistema. 

4. El Estado no debe debilitar la iniciativa ni la responsabilidad individual. 

54 En 1897 Inglaterra contaba con una ley de indemnización de trabajadores, generalizándose su aplicación en 1906 con un seguro contra accidentes laborales. En 1909 se crea la red nacional de agencias de colocación. En 1911 se instaura el seguro obligatorio de desempleo aunque solo para determinadas industrias y determinados trabajadores manuales de oficios que habían padecido gran inestabilidad en su empleo, en 1916 se amplia y en 1920 se generaliza 

55 Debe garantizar el mantenimiento de un nivel de renta de subsistencia en caso de que su percepción se vea interrumpida por encontrarse en situación de desempleo, enfermedad o accidente, y tras alcanzar la edad de retiro

El Plan de Seguridad Social56, recogido en el Informe, se plasma en un conjunto de propuestas. Las principales provisiones del plan, <>57, son: 

Ø Su carácter universal, llegando a todos los ciudadanos sin un límite de ingresos por arriba, alcanzando, por tanto, a las personas y a las necesidades, dividiendo la población en cuatro clases principales de personas en edad de trabajar y en otras dos por debajo y por encima de la edad de trabajar, de la siguientes forma: 

1. Trabajadores con ocupación bajo contrato de trabajo. 

2. Otros trabajadores remunerados, incluyendo patronos, comerciantes y trabajadores autónomos. 

3. Mujeres casadas en edad de trabajar. 

4. Parados, en edad de trabajar que no tienen ocupación. 

5. Personas por debajo de la edad de trabajar, jóvenes. 

6. Personas que han superado la edad de trabajar, jubilados. 

Ø La clase 6 (jubilados) reciben pensiones de jubilación; y la 5 (los jóvenes en edad de no trabajar) está cubierta por asignaciones infantiles con cargo al Tesoro Público, pagándose por todos los hijos cuando el padre reciba la prestación o pensión, y por todos los hijos. Las otras cuatro clases están aseguradas de forma apropiada a sus circunstancias. En cualquier caso, todas las clases están cubiertas por el tratamiento médico general, la rehabilitación y los gastos de entierro. 

Ø Toda persona de la clase 1, 2 o 4 (empleados, patronos, comerciantes, autónomos y parados), pagará una cotización única por el seguro. En el caso de los empleados con contrato de trabajo, el empleador también contribuirá, deduciendo la cuota del empleado del salario. La cotización diferirá de una clase a otra y será más alta para los hombres que las mujeres, a fin de asegurar prestaciones para la clase 3 (amas de casa). 

56 Entendida, a diferencia del viejo sistema que pretende sustituir (que cubría algunos de los riesgos sociales a reducidos grupos sociales), como una organización nacional, unificada y completa, que atiende a todos los ciudadanos, para dar una cobertura de unos mínimos ingresos cuando dejan de percibirse por desocupación, enfermedad, accidente, invalidad y vejez o la pérdida de sustento por la muerte de otra persona 

57 Karel Williams y John Williams: Antología de Beveridge. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1990, p.128

Ø Cada persona de la clase 1 (trabajadores por cuenta ajena), sujeta a las condiciones de cotización, recibirá prestaciones por desempleo, invalidez, pensión de jubilación, tratamiento médico y gastos de entierro. Las personas de la clase 2 (patronos, comerciantes y autónomos) recibirán todas las prestaciones, excepto la de desempleo e invalidez, durante las primeras trece semanas. Las personas de la clase 4 (parados que, en edad de trabajar, no tienen trabajo) reciben todas las prestaciones menos la de desempleo e invalidez. El subsidio de maternidad, la provisión de viudedad y la cualificación para la pensión de jubilación, será asegurando a todas las personas de la clase 3 (amas de casa), en virtud de la cotización hecha por sus maridos. En adición al subsidio de maternidad, las amas de casa con trabajo remunerado recibirán la prestación de maternidad durante trece semanas, al objeto de permitirlas dejar el puesto de trabajo antes y después del parto. 

Ø La prestación por desempleo, invalidez, pensión básica de jubilación o la prestación de aprendizaje, tendrán el mismo tipo, independientemente de los ingresos previos, el objetivo es garantizar unos ingresos mínimos dignos o la renta necesaria para subsistir. Todos los tipos de prestación serán los mismos para hombres que para mujeres, si bien hay un conjunto de excepciones definidas, como: un tipo conjunto para hombre y mujer que no esté ocupada bajo remuneración y si no hay esposa o trabaja el tipo es singular y más bajo; hay asignaciones por personas dependientes que están a cargo del asegurado; la prestación de maternidad para amas de casa que trabajan por un salario será de un tipo superior al individual en el desempleo, en tanto que su prestación por desempleo será inferior. 

Ø La prestación por desempleo está sujeta a la asistencia a un trabajo o a un centro de formación después de un periodo determinado. 

Ø Las pensiones se pagan únicamente a la jubilación del trabajador que pueden ser pedidas después de la edad mínima, sesenta y cinco para los hombres y sesenta para las mujeres, pudiéndose incrementar el tipo de pensión por encima del tipo básico si se pospone la jubilación. 

Ø Las viudas en edad de trabajar, que no tengan personas a cargo, tienen un subsidio temporal, y si tienen niños a su cargo, un subsidio de tutela. 

Ø Los casos de necesidad no cubiertos por el seguro social, podrán acceder a la asistencia social, sujetos a un test de carencia de recursos. 20 

Ø El tratamiento médico que cubra todos los requerimientos será dado a todos los ciudadanos por un Servicio Nacional de Salud. 

Ø Se establecerá un Ministerio de la Seguridad Social, responsable del seguro social, la asistencia nacional y del apoyo y la supervisión del seguro voluntario, centralizando el trabajo de otros departamentos del Gobierno y de las Autoridades Locales en este campo. 

Tras su publicación, el informe fue acogido con frialdad por parte del Gobierno conservador de Churchil, mientras que alcanzó un éxito y aceptación entusiasta por parte de los ciudadanos que, tras la segunda guerra mundial, dio su apoyo a un gobierno laborista que llevaba en su programa estas propuestas de Beveridge. 

Se puede decir que, el Informe, dio pie a un conjunto de reformas legales58 colocando la política social británica en la vanguardia y sentando los pilares del futuro Estado de bienestar. 

El segundo informe de Beveridge (Full Employment in a Free society, "Pleno Empleo para todos en una sociedad libre"), publicado en 1944, no tuvo tanta popularidad como el primero. Sin embargo, liga perfectamente en ese proyecto global que le mueve de acabar con la pobreza y los estados de necesidad derivados de esa lacra que es el desempleo, proponiendo que el reto es alcanzar el pleno empleo sin eliminar la iniciativa privada ni el mercado. 

En resumen, Beveridge diseña un modelo complejo y completo. La gran novedad que aporta, respecto a sus precedentes, consiste, por un lado, en su convencimiento de que el progreso económico de la nación requiere la participación real de todos y que, por ello, hay que luchar contra las desigualdades de origen protegiendo por igual a todos los ciudadanos ante situaciones de necesidad que, aun en el mejor de los mundos, a todos se les presentan –enfermedad, invalidez, muerte, cargas familiares y, finalmente, desempleo-, y, por otro, en su enfoque global y universal, superando, así, la visión de seguros sociales parciales y singularizados y extendiendo su proyección al conjunto de la población que reúna condiciones fijadas de antemano 

No es, por tanto, una suma de seguros. Es una construcción nueva completa que incorpora como elemento de igualdad no solo la seguridad social sino otros bienes de servicios públicos (servicios afines, enseñanza, desempleo, servicios sociales), como un derecho de ciudadanía. 

58 1945, ley sobre Asignaciones Familiares. 1946, Ley sobre Accidentes de Trabajo y Ly sobre Seguridad Social; también se crea el Sistema Nacional de Salud. 1948, se reunifica y organizan los Servicios de Asistencia y Previsión social

3.3.2. Utopía, liberalismo social o colectivismo 

Beveridge propuso un sistema políticamente utópico para la mejora social que el gobierno conservador de entonces era incapaz de llevar a cabo. El desarrollo y articulación de sus propuestas se articula en torno a una filosofía de acción estatal. Esto ha llevado a que algunos autores59 subrayen el colectivismo de izquierdas, casi socialista, de Beveridge; mientras que otros60, sitúan a Beveridge como un técnico de derechas de carácter no liberal o un liberal de derecha radical. 

Sin embargo, lo que se aprecia es una evolución de un Beveridge joven, en el año 1909, liberal de derechas, con unas transiciones que le llevan a una prudente edad madura cargada de reformismo social en un sistema capitalista. 

Karel Williamns y John Willians61, sostienen que Beveridge en la primera década del siglo XX no estaba tan a la derecha como M. Freeman afirma en su libro “The New Liberalism”, y que el Beveridge de los años cuarenta no se encontraba tampoco tan a la izquierda como J. Harris dice, en una biografía sobre Beveridge. Para estos autores, el Beveridge de los cuarenta combina elementos de individualismo y colectivismo para producir un resultado que ellos denominan <>. 

En realidad, la estrategia de Beveridge puede ser presentada como un sustituto liberal de derechas para el socialismo, puesto que proponía incrementar los niveles mínimos de ingresos de los pobres y su seguridad, sin ninguna disminución de los ingresos de los ricos. Lo cierto es que la cuestión de la pobreza y la limitada esfera de la acción estatal, centraba el foco de la atención sobre una cuestión de insuficiencia de ingresos, desviando la atención del tema de la desigualdad y el reparto total de los ingresos. 

Sin quitar méritos, Beveridge es un reformista que busca crear una democracia social en los resquicios del capitalismo, influido por Keynes y marcando diferencias con el socialismo. 

Beveridge se sentía atraído por la administración de la demanda keynesiana porque prometía conseguir el pleno empleo sin necesidad de unas formas de planificación más dirigistas que recortarían la libertad. 

59 J. Harris dice que su ambición colectivista le llevó a intentar extender la esfera de la acción estatal de forma masiva 

60 Freeden. Sin embargo, para no ser considerado liberal acabó siendo el liberal que más influyó en el gabinete liberal 

61 Profesores de Historia económica y Social en el University College de Gales

Al igual que Macmillan62 y otros colectivistas posteriores, Beveridge consideraba que el libre mercado, por sí mismo, nunca llegaría a resolver los problemas de la pobreza e inseguridad económica, siendo necesaria una intervención estatal, teniendo claro que ésta debía ser mínima. Un minimalismo que diferencia a los colectivistas liberales de los colectivistas socialistas. 

En ese sentido, el plan concebido por Beveridge, su filosofía colectivista, planteaba una interferencia mínima y salvaguardaba las libertades individuales y, por tanto, la filosofía capitalista de un sistema económico que dejaba al hombre libre para hacer por sí mismo cuanto quisiera. La mínima intervención era para atajar las consecuencias tan inaceptables de esa libertad (de mercado), y como recurso para que esas libertades capitalistas pudieran sobrevivir. 

A su vez, otro teórico social y economista en la Alemania que surge de la 2ª guerra mundial, Walter Eucken, el verdadero autor del milagro alemán con sus teorías económicas, fue el que impulso el Estado de economía social y afianzó el sistema contributivo alemán. 

4. De la seguridad “de la cuna a la tumba” en 1941, de Beveridge, a los límites del Estado de bienestar hoy. Inicio del desmantelamiento desde 1979 

Razón de Estado y razón utópica, sociedad y Estado, poder y justicia, moral y derecho, son las principales coordenadas del Estado moderno sin las que no se puede entender el nacimiento del Estado social. Como no se puede entender, tampoco, sin el desarrollo de líneas de pensamiento sobre la evolución de la libertad del “estado naturaleza” al pacto social. 

“El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado”. Con esta frase, Rousseau en su libro sobre el “contrato social” trata sobre el origen de la desigualdad “natural” entre los hombres y de un pacto social que convierte la “libertad natural” en “libertad moral”. 

62 En los años treinta se distinguió como disidente en las filas conservadoras, abogando por una lucha más enérgica contra el paro, defendiendo las propuestas de Keynes para combatir la crisis económica, y criticando la política exterior apaciguadora de Chamberlain. Fue primer ministro, desde 1957 hasta 1963 y un europeísta convencido, promovió incluso el ingreso de Gran Bretaña en el Mercado Común Europeo, frustrado por el veto francés en 1963.

Con la primera industrialización, en el siglo XVIII, son muchos los pensadores 63 que contribuyen a institucionalizar la libertad y los derechos del ciudadano en lo que se vino a llamar el “contrato social”, con una cesión de derechos a la comunidad (el Estado); a la vez que se establecen mecanismos para garantizar la libertad y evitar o limitar el poder del Estado, para que no transgreda los límites de ese pacto, en la conservación de la vida, la libertad y la propiedad (Locke, Kelsen), y los abusos del poder (John Adams). 

Así mismo, durante la segunda y tercera revolución industrial, en los siglos XIX y XX, el conflicto entre libertad e igualdad se va agudizando, derivado de las contradicciones que surgen en esa sociedad industrial. Es el resultado de la forma de hacer de aquellos que, detentando la propiedad privada 64 de los medios de producción y habiéndose apropiado de las riquezas del mundo “natural” (que diría Rousseau), provocan desigualdad social, pobreza y frustración, derivado de la división del trabajo y la puesta en marcha de actividades que, cada vez, exigen más mano de obra barata para ser más productivas y rentables. 

Consolidado un Estado, que nace de la necesidad de proteger la libertad individual y la propiedad (entre otras), surgen pensadores y movimientos que, lejos de aceptar la desigualdad como una consecuencia necesaria del progreso social (como mantiene el liberalismo económico hasta el día de hoy), propugnan vías alternativas frente a modelos conservadores defensores del status y de la libertad individual por encima de la igualdad. 

De este enfrentamiento surge una vía revolucionaria que preconiza la “democracia social” y otra que, como respuesta, adopta una vía reformista que propugna un “Estado social”. Del desarrollo de éste, surge el Estado de bienestar que se levanta sobre el pleno empleo; y su fortaleza descansa en preservar la propiedad privada, la libertad económica y el mercado, eso sí, con un control social de las inversiones y la libertad de iniciativa para el progreso económico. 

El Estado de bienestar ha sido muy desigual en su desarrollo en Europa, siendo el paradigma el modelo Sueco, así como en su concepción; desde el que se entiende como un instrumento para superar gradualmente el capitalismo y avanzar hacia un socialismo en democracia, al modelo inicial británico que busca mantener la estructura social existente garantizando una vida digna a todos, como única forma de evitar la revolución social que estallaría si una parte de la población es arrojada al desempleo y a la miseria. 

63 (…) Hobbes, Spinoza, Pufendorf Locke, Montesquieu, Rousseau, John Adams, Kant… 

64 Para Rousseau la propiedad privada es el inicio de todos los males de la humanidad y el origen de la desigualdad

El consenso generalizado en la sociedad británica, tras la guerra y mantenido en los años cincuenta y sesenta, en torno a la cohesión social y el derecho de todo ciudadano a unos ingresos mínimos que garanticen la satisfacción de sus necesidades, permite que laboristas y conservadores coincidan en el desarrollo del Estado de bienestar y, también, como alternativa a la socialización de los medios de producción que proclamaba la izquierda revolucionaria. 

Son los años dorados del Estado de bienestar que intenta hacer bueno el objetivo planteado por Beveridge de que un Estado democrático y social debía aspirar a garantizar a todos los ciudadanos la “seguridad de la cuna a la tumba”. Con una política económica y un sistema para cubrir, compensar o prevenir riesgos sociales como el desempleo, la incapacidad, la vejez, la viudedad, la enfermedad o la pobreza. 

Refleja algo que hoy es más evidente: la lucha contra las discriminaciones en origen no triunfa si solo garantiza protección frente a estados de necesidad. Requiere, además, combatir la discriminación en ámbitos más amplios y más radicales. Es esta convicción la que incorpora la educación pública, universal y gratuita; la que asume que la provisión de la atención a la salud como derecho público, universal y gratuito es condición inexcusable del progreso y el bienestar; la que, últimamente, integra la necesidad de atender a quienes estuctural o coyunturalmente se encuentra en las fronteras del sistema (marginados, parados de larga duración…) mediante sistemas de servicios sociales o de subsidios de subsistencia… 

Sin embargo, en los años setenta, se produce un frenazo en el crecimiento y desarrollo del Estado de bienestar, asociado a un debilitamiento estructural de la economía, cuyo estancamiento es el precio a pagar por una sociedad más igualitaria y solidaria, surgiendo nuevos discursos de que una sociedad más rica ha de tolerar mayor desigualdad social. Es el surgimiento y triunfo de una nueva corriente ideológica de política liberal a ultranza que se consuma con la llegada al poder en 1979 de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, hasta 1990, y de Reagan en 1981 en EEUU. Es la vuelta al viejo “egoísmo” y el intento de desmantelamiento de un Estado de bienestar en declive que se va achicando. 

Tres son los elementos fundamentales sobre los que descansa el Estado social. Por un lado, la red que cubre servicios esenciales de los ciudadanos (educación, sanidad, pensiones, servicios sociales…). En segundo lugar, un sistema más o menos desarrollado de canalización social de los conflictos (desde la cogestión a las vías de conciliación…). Por último, todo Estado social se concibe como parte esencial de un Estado democrático que se rige por la Ley (Estado democrático de derecho).

El thatcherismo, precisamente, al calor de una determinada política económica viene a debitar esos pilares, desde la persecución y limitaciones a los sindicatos (y los cauces de conciliación) a las privatizaciones masivas entre las que se incluyeron servicios esenciales (sanidad, transporte…), etc Es la vuelta, con más fuerza, del laissez-faire que hoy pervive y cuyo dilema que plantea es: pobreza e igualdad o riqueza y desigualdad. Es el desmantelamiento del Estado de bienestar, la afectación del Estado social y la propia supervivencia del Estado y de la democracia en la era de la globalización de un capitalismo financiero que trasciende al Estado nación. 

5. Consideraciones finales 

Los mecanismos modernos de protección social o seguridad contra el infortunio y la inseguridad existencial, puede decirse que han pasado por tres etapas o “edades”65 en su evolución. 

Una primera, en la que se va fraguando la protección social como un derecho frente a la discrecionalidad de las formas conocidas hasta ese momento de beneficencia. Se produce en el marco de lo que fue la vía reformista a finales del siglo XIX que propugna el Estado social para evitar conflictos sociales, ante las miserables condiciones de vida. Es la etapa que sienta las bases de <>66. 

La segunda etapa, va desde los años cuarenta hasta 1970. Es la que se puede considerar como de progreso de los mecanismos de protección social, de su consolidación y extensión, en todos los países industrializados, de su configuración como derecho. Es el desarrollo del Estado social cuya extensión es el Estado de bienestar. 

La tercera edad, que alcanza su momento de maduración en los años setenta y cinco, del siglo XX, coincide con una crisis (la del petróleo) y se abre un debate sobre la viabilidad económica de los sistemas de protección, que dura hasta nuestros días. Es la vuelta a las esencias del liberalismo capitalista, sin contrapesos y sin rostro humano que propugna la desregulación, el gobierno del mercado y la reducción del Estado y los gastos sociales al mínimo. Es la idea de que el Estado de bienestar es insostenible financieramente. 

 65 Ferreras Alonso, Fidel:

 66 Ferreras Alonso, Fidel: El sistema público de pensiones. Madrid 2013

En todas estas etapas, o edades, el Estado nación ha tenido un papel primordial en las respuestas nacionales a la superación de las contradicciones internas y como soporte fundamental de los instrumentos e instituciones de la protección social. En todas ellas, aunque con matices, predominan un conjunto de rasgos comunes que pareciera como que la historia se repite. 

Como en ‘el día de la marmota’, desde el siglo XIX hasta nuestros días, en el ámbito social, político y económico, se repiten comportamientos y situaciones marcadas por planteamientos económico-ideológicos que, en nombre del progreso y la libertad (sobre todo la económica), vienen produciendo desigualdades en la mayoría de la población. Una desigualdad que sólo se justifica desde un progreso en el que prima el egoísmo, la codicia y los intereses particulares, olvidando el “bonum commune” de las personas como el objetivo para la convivencia. 

Se repiten crisis sistémicas67 que genera el propio sistema capitalista. Igualmente, se repiten posiciones político-ideológicas y prácticas económicas dogmáticas, cuyas consecuencias se materializan en inseguridad económica, desempleo y precariedad laboral, así como una creciente desprotección social para amplios sectores de la población que viven con la incertidumbre de si van a tener futuro. Aunque, también hay diferencias significativas en cuanto a respuestas e instrumentos en cada ciclo. 

A lo largo de los tiempos, las instituciones han entrado en crisis o se han ido transformando de acuerdo con la dinámica de acción-reacción de los cambios económicos, sociales, tecnológicos y culturales. 

Así, la pobreza y la desigualdad, en los siglos XV y XVI, se ven como parte de un problema social amenazante que hace que el Estado lo atienda como una cuestión de “seguridad y orden”. 

La Revolución Francesa, en el siglo XVIII, da lugar al fin del “Antiguo Régimen” y de la sociedad estamental, alumbrando un nuevo régimen en el que emerge la burguesía. En la posterior separación entre Estado y sociedad con la economía capitalista, y en el conflicto de intereses de la denominada lucha de clases, surge “la cuestión social” y, como freno a situaciones revolucionarias, da lugar al “Estado social”. 

67 Primera crisis sistémica del capitalismo en 1873, la conocida por Depresión Larga, como consecuencia de la caída de una importante entidad financiera en EEUU y que duró hasta 1879 (simultánea con la segunda revolución industrial). Crisis de 1929, la Gran Depresión, con la caída de la bolsa de Nueva York, de efectos devastadores en todos los países y que duró diez años. Crisis financiera de 2007, con las subprimes en EEUU, y la quiebra de Lehman Brothers en 2008

El desarrollo de este Estado social, y su posterior evolución en el Estado de bienestar, se ve sometido a crisis de crecimiento afectadas por el desarrollo tecnológico, por nuevos sistemas de producción y, especialmente, por planteamientos ideológicos, contenidos éstos en sus respuestas por las amenazas exteriores o interiores al sistema. Sin embargo desaparecidas dichas amenazas (aparentemente), el declive del Estado protector o social hoy se ve sometido, de nuevo, a embates y permanentes limitaciones con profundos cambios que introducen serias alteraciones en la organización social, en la vida de las personas, y muchos interrogantes sobre los mecanismo de protección social y sobre el propio futuro del Estado. 

Desde la primera revolución industrial y el auge del capitalismo, los planteamientos del liberalismo económico se vienen repitiendo y se tratan de imponer. Desde la concepción que el mercado es el mejor asignador de los recursos y la riqueza (y cuyo objetivo, como entonces, era disponer de mano de obra suficiente y más barata), pasando por un liberalismo que confunde libertad política con la económica del laissezfaire, a un nuevo ultraliberalismo, a finales del siglo XX, que reconecta con sus orígenes 68 y que hace bandera de la desregulación, de mantener reducidos los impuestos y de reducir al máximo el Estado. Un liberalismo en el que la pobreza, la desigualdad y la exclusión social aparecen como un hecho inevitable y necesario para el progreso. 

La batalla histórica, y no resuelta, entre libertad individual y de mercado versus igualdad y solidaridad, resurge con fuerza en el siglo XXI, al socaire de las crisis y de gobiernos de derechas en Europa que dominan la política social y económica de la Unión Europea. Y, de nuevo, ahora igual que antes, se utilizan los mismo argumentos para justificar o restar importancia a la desigualdad. Antes, el intervencionismo del Estado era el impedimento para el progreso económico, el desarrollo industrial; ahora, con la recesión, lo importante es recuperar el crecimiento económico, sin preocuparse de cómo se distribuyen sus beneficios o si producen desigualdades. 

En ambas situaciones, antes y ahora, las recetas son las mismas: prácticas políticas, económicas y sociales, afectadas por los planteamientos del libre mercado 69 , no interferencia del Estado, apertura de mercados globales, estabilidad monetaria y equilibrio presupuestario, liberalización y reformas estructurales y fomento del individualismo. 

68 Es la vuelta a los valores clásicos del liberalismo económico (abandonado por las ideas de Keynes), de Hayek, Friedman, Popper, etc, pero más descarnados y que, a juicio de algunos intelectuales, "es una amenaza para la función de la política. Estamos amenazados por una concentración de poder y por la limitación del bien común" (Tzteran Todorov (Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales) 

69 Donde vemos que la “mano invisible” de Adam Smith no manifiesta suficientemente la capacidad autoreguladora del mercado y, por el contrario, se hace demasiado visible sólo en un sentido

Sin embargo, como decía recientemente Paul Krugman, a propósito de las recetas neoliberales aplicadas a la crisis de 2007: <>70 

Es la imposición de recetas (equivocadas) 71 , orquestadas desde diferentes organismos internacionales y gobiernos que están aumentando la brecha de la desigualdad, soportadas más en planteamientos ideológicos que en racionalidad económica y social. Recetas propugnadas desde organismos e instituciones cuyos líneas de pensamiento o fundamentos económicos han contribuido a las crisis cíclicas, o no han sabido evitarlas. Por cierto, organismos e instituciones repletas de tecnócratas que, en ese juego que se ha venido en denominar de “puertas giratorias”, están ahí como están en empresas, gobiernos, clases dirigentes o élites de poder72. 

La experiencia está demostrando que no es la economía sino las nuevas élites de poder sin legitimidad democrática, y cierta ideología, las que están marcando las salidas a las crisis recientes que ellos mismos crean (financiera, económica, de deuda…), en función de sus interesesideología y no del interés general. Véase, si no, las nefastas consecuencias de las recetas equivocadas que vienen aplicando. Países como Grecia y Portugal cuyos sacrificios y empobrecimiento de los ciudadanos, por la aplicación de los teóricos rescates, les están llevando a la desesperación y a un callejón sin salida. Políticas de austeridad fiscal que estrangulan el crecimiento, pero que son aprovechadas para recortar gastos sociales 73 , educación, sanidad, dependientes, pensiones74…, y para hacer privatizaciones o transferencias de recursos públicos al sector privado, como es el caso en nuestro país. 

70 Krugman, Paul: Por qué la desigualdad es importante. El País, 22 de diciembre de 2013 

71 Una política económica macroeconómica (en Europa y España) equivocada, justificada en una visión moralista de las causas del déficit público como la cortina para tapar la verdadera razón de la austeridad: el interés de los países acreedores por cobrar el sobreendeudamiento privado que ellos mismos habían creado irresponsablemente 

72 Clases dirigentes o élites de poder cuya mayor parte de su riqueza financiera la tienen en productos de deuda y derivados de todo tipo, que se volatizaría si dejasen caer a los bancos o entidades financieras que manejan esos activos 

73 Gasto social en relación con el PIB: España, 25,73%. Alemania, 30,65%. Francia, 33,77%. Italia, 29,87%. Portugal, 26,98% 

74 Recortes más justificados por una línea ideológica empeñada en debilitar el pilar redistributivo, para pagar menos impuestos, al tiempo que, por ejemplo, con los recortes y el debilitamiento del sistema público de pensiones, también se busca potenciar los seguros privados de pensiones.

Resultan paradigmáticas algunas de las actuaciones en España con la excusa de la crisis económica. Por ejemplo, con la reforma de las pensiones, que afecta a los colectivos más vulnerables, confundiendo o mezclando problemas coyunturales75 y estructurales76. Así, se adoptan dos mecanismos77 cuyo objetivo es la reducción de la cuantía de las pensiones 78 y que, objetivamente, tiene un efecto que beneficia al negocio de las pensiones privadas. Con las dos medidas, injustas y de dudosa constitucionalidad, se prevé un ahorro hasta el año 2022 de 33.000 millones de euros; es decir, el sistema, pese a tener un Fondo de Reserva de casi el doble, no puede soportar ese sobrecoste, pero sí hemos podido pagar o pagaremos entre todos 38.000 m€ del rescate al sistema bancario. 

A diferencia de otras épocas, se están produciendo cambios y transformaciones que introducen grandes incertidumbres e inseguridades para la mayoría79, sin que se desarrollen instrumentos que los mitiguen o eviten. La explicación se encuentra en el nuevo contexto que se abre tras la caída del muro de Berlín y unas nuevas élites de poder (financieras, empresariales, políticas) que superan a los Estados nación. 

Con la caída del muro de Berlín, no sólo cayó el muro, cayó también el pacto del consenso socialdemócrata y socialcristiano fraguado como reacción a la amenaza que representaba el comunismo y que permitió construir el Estado de bienestar. Al mismo tiempo que desapareció el muro, desaparecen también las trabas al desarrollo de los mercados sin barreras; surgiendo el fenómeno del capital financiero globalizado80. Desaparece una alternativa ideológica y, por tanto, la necesidad de concesiones para conservar el orden político, social y económico. 

Igualmente, y no deja de ser paradójico, el ultraliberalismo capitalista, defensor de un mercado mundial sin trabas ni regulaciones81 y defensor del Estado (aunque mínimo), es el que más está haciendo para la inestabilidad y crisis del propio sistema económico, al tiempo que desarrolla políticas de un Estado reducido a su mínima expresión y que está sometido a una globalización que marcan organismos supranacionales y, por tanto, que augura su desaparición o transformación en otra cosa. 

75 Problema coyuntural, que tiene que ver con la caída de ingresos en el sistema (por la destrucción de empleo) y un mayor gasto derivado de las pensiones actuales y las nuevas (efecto sustitución). Que se corregiría con la creación de empleo que el Gobierno anuncia para este y siguientes años 

76 El problema de la pirámide demográfica. Algo ya contemplado en la ley anterior 27/2011, cuyas medidas ya introducidas preveían en 35 años el gasto en pensiones en España llegaría en torno al 13% del PIB, niveles similares a la media europea actual o países como Alemania, Italia, Francia 

77 Índice de revalorización de pensiones que sustituye al mecanismo que garantizaba su poder adquisitivo y Factor de sostenibilidad cuya fórmula da como resultado, también, bajar la cuantía de las nuevas pensiones solo por la afectación del alargamiento de la esperanza de vida, sin tener en cuenta otros parámetros (edad de jubilación, cotizaciones…) 

78 Cuando el problema no es tanto de gasto como de ingresos fiscales (gasto social en relación con el PIB: España, 25,73%. Alemania, 30,65%9 

79 Justamente lo contrario lo contrario que pretende y persigue conseguir la seguridad social desde su origen 80 Primacía y trashumancia del capital financiero en todos los mercados (que favorece un capitalismo especulativo) 81 No deja de ser curioso que, el capitalismo, cuanta más desregulación ha tenido, más crisis ha favorecido. De 1945 a 1970 se produjeron 5 episodios de crisis financieras. Entre 1970-2003, cuando más desregulación ha habido, se produjeron 117 episodios de crisis financieras en 93 países (fuente: Banco Mundial)

Las nuevas formas de producir y competir, la rentabilidad y productividad del capital financiero, lleva a los poderes fácticos de los mercados económicos y financieros a replantear posiciones y ganar terrenos tanto en el terreno ideológico como en el regulatorio. 

En los años ochenta del siglo XX, el liberalismo, que parecía superado en los años sesenta, recupera su vieja posición dominante reinstalando su pensamiento ampliamente en la sociedad con Thatcher82 y Reagan. Tras los años de thatcherismo y reaganismo, los ciudadanos optan por alternativas que restauren la cohesión social, pero el pensamiento sigue instalado en los centros de poder económico. El progreso tecnológico, factor decisivo en el aumento de la productividad y la destrucción de puestos de trabajo, junto con el monetarismo y la búsqueda de la rentabilidad fácil del dinero (las burbujas), hace que esa línea de pensamiento busque la oportunidad del momento, pero mantenga el Estado y ciertos derechos y mecanismos de protección social. 

Sin embargo, la crisis de 2007 ofrece la oportunidad de reintroducir nuevas cargas de profundidad ideológicas. Así, bajo políticas de teórico rigor y desapalancamiento de las cuentas públicas, lo que realmente se persigue es recuperar terrenos cedidos en ámbitos regulatorios, fiscales, laborales o conseguir transferencias del sector público al privado. Es una nueva ofensiva, con la excusa del ahorro frente al despilfarro 83 , que busca el desmantelamiento total del Estado de bienestar, la ‘jibarización’ del Estado y la ruptura de los mecanismos redistributivos 84 . Es el neoliberalismo amoldando la sociedad a la medida de sus intereses. 

Es la nueva “era líquida”85. Una sociedad de cambio, en transformación constante, y de transitoriedad, en la que desaparecen las certezas. Es la primacía de la volatilidad frente a lo sólido conocido, es la cultura del individualismo en la que prima el “yo” para surfear por encima de la ola, en busca del éxito personal; es la cultura en la que todo se mide en términos de coste y beneficio monetario, de flexibilidad, desregulaciones y libertad de los mercados. Es también la era de la mediocridad política y de liderazgos. Una cultura de flexibilidad, de incertidumbre, que impide toda previsión de futuro a la gran mayoría, y esa incertidumbre se corresponde con el debilitamiento de los sistemas de seguridad que protegían al individuo, antes, de la “cuna a la tumba”. Hay también una licuación que afecta a las relaciones, las estructuras y el propio Estado. 

82 A diferencia de la socialdemocracia, la nueva derecha ofreció soluciones, las suyas, a los problemas de entonces 

83 Moderación salarial para fomentar vivir a crédito y el consiguiente endeudamiento, coherente con la racionalidad económica, con tasas de interés negativas, es presentado después como “despilfarro” 

84 En lo que algunos han definido como la “rebelión de los ricos” 

85 La metáfora de liquidez de Bauman, de un tiempo sin certezas

Hasta finales del siglo XIX la izquierda revolucionaria es antiestatalista, al ver al Estado como un instrumento de dominación del sistema capitalista, mientras que la burguesía ve en el Estado de derecho el mejor protector de sus intereses. 

Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX hay un cambio de posiciones: la izquierda se proclama defensora del Estado, al considerarlo el mejor instrumento para la redistribución de la riqueza, mientras que el capital se refugia en un liberalismo que busca el Estado mínimo que no ponga trabas. 

Esa filosofía, del ultraliberalismo rampante que vivimos en el siglo XXI, donde las leyes las marca un mercado mundial sin trabas ni regulaciones y que vacía de competencias al Estado; una filosofía y una práctica que no hacen sino socavar los cimientos de éste y anunciar su desaparición. Es la filosofía de las privatizaciones, con el argumento de que todo lo puede llevar más eficazmente el mercado; es la filosofía de una política fiscal en la que se dice que los impuestos impiden el crecimiento, y por ende, es la filosofía de restricciones presupuestarias, para controlar el endeudamiento del Estado, que debilitan o desmontan los sistemas de protección social. 

Es el capitalismo financiero de casino que, a diferencia de etapas anteriores, pierde su rostro humano y no ofrece respuestas a sus efectos indeseados. Un capitalismo que crea las crisis, como la actual, y, curiosamente, las soluciones que ofrece son socializar las pérdidas de las entidades financieras que son responsables; al tiempo que se aplican recortes y privatiza servicios públicos (con el argumento no demostrado de garantizar servicios más eficientes86) y hace ajustes teóricamente estructurales que recortan derechos, bajan salarios y generan desempleo y empleo precario. Una filosofía que hace que el Estado vaya perdiendo el papel que tenía y pierda competencias en un mundo globalizado con un mercado y capitales que traspasan las fronteras nacionales. 

Se aplican políticas de austeridad que prestan mucha atención al equilibrio presupuestario y la flexibilidad laboral, pero muy poca atención a la eficiencia empresarial y financiera que no garantiza el crédito para invertir. Se busca la productividad sin invertir en educación y en i+D+I o devaluando el factor trabajo sin que ello repercuta en los precios sino en los beneficios. Se da la paradoja de que, en pura teoría capitalista, habiendo quebrado el mercado, la solución que se aplica es recortar el Estado y crear desigualdades. 

 86 El problema es de gestión no de titularidad. Un servicio público bien gestionado es más rentable que uno privado en la medida que no introduce márgenes de beneficio que no sean de carácter social y de eficiencia

En España, 12 millones de personas viven en el umbral de la pobreza y 3 millones en la pobreza severa; hay casi 6 millones de parados y la tasa de paro de los jóvenes alcanza el 56,5%; 1.800.000 hogares, tienen a todos sus miembros en el paro; con la crisis, los ricos son más ricos y los pobres más pobres: la desigualdad entre el 20% más rico y el 20% más pobre se ha incrementado un 27,8% desde 2008. 

En definitiva, a propósito de la última crisis económica se están aplicando fórmulas que están abriendo un camino, de nuevo, de grandes desigualdades, paro y crecimiento de la pobreza; una situación que genera pocas expectativas de salir de ese ciclo vital, al estar, cada vez más, debilitadas las redes de seguridad del Estado de bienestar o del Estado social. Y la desigualdad creciente impedirá una recuperación sana y sostenida. 

Una crisis económica que también ha traído la crisis política e institucional y la desafección ciudadana en muchos países. Es la incapacidad e impotencia de los poderes representativos de tener control sobre las fuerzas del mercado mundial y centros de poder múltiples y diversos (la poliarquía) que trascienden a los Estados nación y que generan fuertes desequilibrios sociales y, además, cuestionan la soberanía y las propias libertades. Y a ello se suma una decadencia de algunas instituciones en su funcionamiento y unos políticos y dirigentes en los que priman la mediocridad y no están a la altura de las circunstancias. 

En pocos años, se ha pasado de la seguridad “desde la cuna a la tumba” a una sociedad en la que el capitalismo financiero pareciera que hubiera adoptado el eslogan de: “trabajadores del mundo, rendíos”. Es el marco de una globalización financiera y capitalista que orilla la cuestión social, en el que las personas son meros números del factor productivo, y donde el vaciamiento del Estado nación y su superación por centros de poder transnacionales cuestionan su propia pervivencia y, por tanto, la democracia representativa que se sustenta en el Estado nación de derecho. 

Todas las crisis han traído desajustes sociales, desempleo, desigualdad y pobreza, corregidos por los Estados nacionales con medidas sociales, como forma de garantizar la supervivencia del sistema. Hoy, la globalización, que trasciende los Estados nacionales y su capacidad de actuar, junto con el desmedido afán de lucro, con una cultura o ideología que antepone el beneficio a las personas, y un Estado debilitado para cumplir con las funciones que en otro momentos ha tenido encomendadas, plantea serios interrogantes para su futuro y la democracia. Un “darwinismo económico” que, sin contrapesos, lleva a la destrucción de los modelos conocidos, estrecha el margen de adaptación para unos pocos y opera profundos cambios en la estructura de poder y en la cohesión social. 33 

Cohesión e igualdad de oportunidades que, sin embargo, son los pilares que dan sentido a la acción colectiva y al “contrato social” que garantiza la convivencia. 

La desigualdad, al contrario, lejos de ser la base del crecimiento provoca inestabilidad social y fracaso económico. Y sin igualdad no hay libertad, al igual que sin libertad no hay democracia. 

Son muchos y de gran calado los retos a los que las sociedades actuales se enfrentan, el calentamiento global, el problema demográfico, la pobreza y las desigualdades o los fundamentalismos identitarios (ya sean estos económicos, religiosos, políticos…). Y las soluciones pasan por saber controlar o humanizar las fuerzas del mercado mundial y la multiplicidad de centros de poder que generan fuertes desequilibrios sociales y que, además, cuestionan la soberanía y las propias libertades. Para ello, se requiere mucho músculo social y una cultura en la que las personas sean el centro de atención y prime el “bien común”. 

Por ejemplo, es indudable que sólo una Europa fuerte tendrá masa crítica para afrontar con éxito los retos geoestratégicos, políticos y económicos en el acomodo entre potencias económicas mundiales por los mercados, y, por tanto, cobra sentido una verdadera Unión Europea. Sin embargo, las respuestas económicas dadas a los problemas recientes87, vistas como decisiones que no responden a la mayoría que las sufre, así como una cultura en la que prima los egoísmos, la política de vuelo corto, los nacionalismos y la creación de problemas artificiales para mantener el estatus88, no van, precisamente, por el buen camino. No están sirviendo para ganar credibilidad democrática, al contrario está favoreciendo ciertos populismos peligrosos, ni están sirviendo para contrarrestar los efectos indeseados de una globalización financiera dirigida por élites de poder que trascienden a los Estados nación. 

No es muy alentador el panorama complejo de cambio social que vivimos y que traslada dudas razonables sobre si es posible mantener a la vez globalización (inevitable), el Estado nación y la democracia. Dudas ante la ausencia de respuestas cuando se ahonda la brecha de las desigualdades y se resiente el marco de convivencia que nos hemos dotado para resolver los conflictos, la democracia. ¿La transformación social a la que estamos abocados implicará la aceptación de la desigualdad y la desaparición del Estado nación y su organización democrática? ¿Habrá una ruptura del pacto de convivencia desestabilizadora o surgirá un nuevo contrato social?89 

87 Una concepción de la economía y políticas macroeconómicas y monetarias ortodoxas que no han aportado ni estabilidad, ni crecimiento permanente, ni una mejor distribución de la riqueza, generando un fuerte desgaste social y desesperanza en países y personas 

88 En nuestro país, por ejemplo, la espiral secesionista para tapar vergüenzas y problemas propios y mantenerse en el poder 

89 ¿Acabará chocando la desigualdad del capitalismo financiero con la lógica de la igualdad de la democracia?

Bibliografía 

Gerhard A. Riter: El estado social, su origen y desarrollo en una comparación internacional. Ministerio de Trabajo y Seguridad social, 1991, Madrid 

Ignacio Sotelo: El Estado social. Antecedentes, origen, desarrollo y declive. Editorial Trotta, 2010, Madrid 

Karel Williams y Jhon Williams: Antología de Beveridge. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1990 

Manuel Alonso Olea: Introducción al Derecho del Trabajo. Civitas, varias ediciones. Madrid 

Manuel Alonso Olea: Instituciones de Seguridad Social. Civitas, diversas ediciones, Madrid 

M.W. Flinn: Orígenes de la Revolución Industrial. Instituto de Estudios Políticos. 1970. Madrid. Oficina Internacional del Trabajo: La seguridad social. Ginebra, 1970 

Ferreras Alonso, Fidel: diferentes artículos sobre protección social, el sistema de pensiones y la Seguridad social

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