ESCRIBA LO QUE DESEA LEER EN ESTE BLOG

sábado, 22 de octubre de 2022

Joseph Alois Schumpeter (1883-1950): una semblanza



Joseph Alois Schumpeter (1883-1950): una semblanza 

Miguel González Moreno 

Resumen: en el presente trabajo se ofrece una semblanza de J. A. Shumpeter, señalando los principales aspectos de su vida y obra que le han llevado a erigirse en uno de los grandes economistas de la historia del análisis económico. Palabras clave: Schumpeter, Historia del análisis económico. Códigos JEL: B0

Durante el pasado siglo, la ciencia económica estuvo dominada, tanto desde el punto de vista de la teoría como de la política económicas, por una figura histórica: J. M. Keynes. En una primera etapa, desde la conclusión de la II Guerra Mundial hasta finales de la década de los 60, su primacía fue indudable, gracias a la política económica keynesiana los países occidentales registraron una etapa de desarrollo económico y social sin igual en la historia contemporánea. Con posterioridad, desde la década de los 70 hasta el presente, las reacciones teóricas y políticas de diversa índole a las doctrinas keynesianas han dominado los debates económicos. Esta presencia constante de lo keynesiano o de lo antikeynesiano, junto a la existencia de una escuela de pensamiento keynesiana propia, han hecho que la vida y, sobre todo, la obra de J. M. Keynes hayan sido profusa y ampliamente estudiadas. 

No han corrido parecida suerte otras figuras relevantes de la ciencia económica del siglo XX. Este es el caso, entre otros, de Joseph Alois Schumpeter. Coetáneo de Keynes, nacieron el mismo año (1883) y murieron en fechas cercanas (en 1946, el economista inglés, y en 1950, el austríaco). La vida y la obra de J. A. Schumpeter no han sido objeto de estudio hasta fechas relativamente recientes. Salvo excepciones, las referencias a su biografía giraban en torno a jocosas anécdotas (su expresado deseo de ser: «el mejor amante de Viena, el mejor jinete de Europa y el mejor economista del mundo»); en tanto que el conocimiento de su extensa, profunda y erudita obra ha estado reservado a unos pocos, siendo un economista más citado que leído y estudiado, y más recordado por discutibles profecías sobre el futuro del capitalismo y del socialismo que por la calidad indudable y el rico contenido de su labor científica. 

¿Por qué este olvido de la vida y de la obra de J. A. Schumpeter? 

Un conjunto de circunstancias, de muy diverso tipo, han determinado la postración de este gran e irrepetible científico social. En primer lugar, sin duda la figura de Keynes, con quien mantuvo una relación respetuosa pero claramente distante en lo personal y en lo científico, proyectó una extensa sombra sobre la persona y la labor de Schumpeter. 

En segundo lugar, los temas schumpeterianos (desarrollo económico, fluctuaciones cíclicas, historia del análisis económico y futuro del capitalismo) no coincidían en modo alguno con los keynesianos, su visión de la realidad y de la ciencia económica era diametralmente opuesta a la de Keynes y sus seguidores. En tercer lugar, Schumpeter era contrario a la creación y existencia de escuelas de pensamiento, de modo que a su muerte no dejó ninguna, a pesar de haber tenido como alumnos a figuras señeras de la ciencia económica: «Sólo reconozco dos escuelas en economía: las de aquellos que demuestran sus proposiciones, y la de quienes no las fundamentan». Y por último, la obra de Schumpeter es muy amplia y erudita, exige, pues, una lectura atenta, detallada y minuciosa; es decir, un serio esfuerzo analítico, su comprensión y su justa valoración precisan un lector paciente y con no pocos conocimientos teóricos e históricos. 

Así pues, Schumpeter no ha tenido intérpretes de su obra, como profusamente ha tenido y tiene Keynes, nadie ha escrito una guía de su obra, y nadie ha elaborado voluminosos estudios sobre lo que quiso y no quiso decir, nadie ha analizado la mayor o menor vigencia de su obra; en definitiva, hasta fechas relativamente cercanas la trayectoria personal y científica de Schumpeter no ha comenzado a ser analizada con detenimiento y en profundidad. 

Este arrinconamiento de la figura de Schumpeter nos lleva a plantearnos una interrogante que en su momento se hizo J. Tobin en relación a Keynes1 : ¿Hasta qué punto está Schumpeter muerto? 

Con motivo de cumplirse en 1983 el centenario del nacimiento de Keynes y Schumpeter, y de la muerte de Carlos Marx, estas tres figuras, especialmente el primero de los citados, fueron objeto de recuerdo en numerosos artículos y libros. Por este motivo, la relectura de la obra de Schumpeter a la luz de los profundos cambios económicos acontecidos durante la década de los 80, llevaron a un renovado interés por el economista austríaco. En contestación al interrogante planteado podemos decir que algunos aspectos de la obra de Schumpeter tienen síntomas de vida, no está muerto. 

Pero esta revitalización de la figura de Schumpeter no obedeció principalmente, como es lógico, a una mera conmemoración, detrás se encuentran argumentos más sólidos y duraderos. 

1. Tobin (1977): «¿Hasta qué punto está Keynes muerto?». Cuadernos Económicos de ICE, nº 2. 

Por un lado, el estudio de su persona obliga a una atenta mirada a una época apasionante y crucial del mundo occidental. Schumpeter vivió y fue testigo de acontecimientos tales como la I y II Guerras Mundiales, la Gran Depresión, la Europa de entreguerras, la guerra fría, etc.; y, además, mantuvo relaciones personales, académicas o epistolares con figuras de la talla de Walras, Marshall, Keynes, Fisher, Taussig, etc.; y tuvo como alumnos a economistas de la relevancia de Leontief, Samuelson, Tsuru, Haberler, Tobin, etc. Por tanto, el análisis de su persona nos permite no sólo conocerlo y comprenderlo mejor, sino también a su época y a las personas con las que se relacionó personal y académicamente. 

Por otro lado, partes esenciales de su obra han recobrado vigencia al hilo de los problemas que en la actualidad padecen las economías occidentales; pero, cuidado, en la obra de Schumpeter no encontraremos prescripciones de política económica, aunque sí análisis e ideas. ¿Acaso no fue Schumpeter el que nos advirtió hace ya bastantes décadas sobre la crisis del estado fiscal, sobre los problemas que acarrearía la excesiva regulación de la actividad económica, sobre la importancia de la figura del empresario innovador, sobre el mal de la inflación, sobre la necesidad del equilibrio presupuestario, sobre el papel crucial del ahorro, sobre los desincentivos que causa una presión fiscal excesiva y sobre la innovación tecnológica como factor decisivo del desarrollo económico? 

Y por último, con independencia de recuerdos y olvidos, hay partes de su obra que son imperecederas. En tal sentido, su labor en el campo de la historia del análisis económico es fuente inagotable de satisfacción intelectual para los que amamos la historia de los esfuerzos analíticos en el campo de la ciencia económica; la lectura asidua de sus escritos sobre esta materia siempre es enriquecedora y como afirmó M. Grice-Hutchinson, «en cuanto a la Historia del Análisis Económico, la he estado leyendo desde que apareció en 1954 y quiero seguir haciéndolo tanto tiempo como me sea posible. Cuando estoy fatigada la abro al azar, y al cerrarla, nunca dejo de sentirme reanimada y fresca. ¿Cuántas historias de la teoría económica tienen el mismo efecto terapéutico?»2. 

2. M. GRICE-HUTCHINSON (1983): «Los economistas españoles y la historia del análisis económico de Schumpeter», Papeles de Economía Española, nº 17; pág. 183.

La combinación de todas estas circunstancias ha conducido a un creciente interés por la persona y por la obra de J. A. Schumpeter. A este cambio de orientación han contribuido sobremanera la creación de la Asociación Internacional J. A. Schumpeter y la labor emprendida, entre otros, por autores como W. Stölper, A. Heertje, Swedberg, Augello, etc. 

Schumpeter era un personaje muy complejo, contradictorio en sus comportamientos y en sus pensamientos, pero atrayente. Era un hombre dotado de una gran inteligencia, además de latín y griego dominaba a la perfección numerosos idiomas y su erudición era enciclopédica; y sus peripecias e inquietudes vitales fueron de lo más variopinto: se batió en duelo; fue asesor de una princesa egipcia, alto cargo político y presidente de un banco; y además fue un viajero empedernido y un experto y amante de la arquitectura gótica. 

Podemos distinguir tres imágenes de Schumpeter superpuestas en el tiempo: persona, profesor y científico. 

Desde el punto de vista personal, Schumpeter, lejos de sus conocidas anécdotas, es un ser humano enormemente contradictorio, paradójico; él solía ilustrar este rasgo decisivo de su personalidad diciendo que «el poste indicador no tiene por qué ir en la dirección que señala». Pero sobre todo nos aparece un Schumpeter que tras su formación, modales y aspiraciones aristocráticas, esconde una personalidad compleja y hundida en profundas y continuas depresiones que le llevaron en algunas ocasiones, en especial en 1926, al borde del suicidio. El citado año 1926 es el momento crucial de su vida, el que marca un antes y un después. 

Con anterioridad nos encontramos a una persona formada en los ambientes aristocráticos, con grandes aspiraciones académicas y profesionales, y amante de la buena vida, en su más amplio sentido. Vemos cómo, tras unos arduos años de dura formación, inicia su carrera académica y científica, no dudando —una más de sus paradojas, él que tanto criticaba a los políticos— en desempeñar un relevante puesto político (Secretario de Estado de Hacienda) para, inmediatamente, pasar a ocupar la presidencia de un banco, que al poco fue a la bancarrota, lo cual le sumió en problemas económicos durante bastantes años. 

En definitiva, nos hallamos ante una persona ambiciosa, contradictoria, aristocrática, inestable, etc. Estos trazos biográficos registran un profundo cambio en 1925 al casarse, en segundas nupcias, con A. Reisinger, mujer de origen humilde, otra paradoja, él que tanta importancia daba al linaje de las personas. A partir de este momento, Schumpeter registra una profunda transformación, en pocas palabras, sienta la cabeza. Pero pronto, en 1926, su vida se rompe y quedará marcada hasta su muerte por una triple tragedia: la muerte en pocos meses de su madre, a la que adoraba, de su mujer y de su hijo recién nacido. Este trágico hecho marcó en el futuro a Schumpeter como persona, sufriendo profundas depresiones y estableciendo una relación religiosa muy personal entre él y las dos mujeres que marcaron su vida: su madre y su segunda esposa. Desde este momento, internamente, aunque no lo aparentase hacia el exterior, se volvió una persona triste, pesimista y depresiva; lo cual, sin duda, marcó el resto de su obra científica. 

Tras el hundimiento personal de 1926, no es hasta 1932, con su marcha definitiva a la Universidad de Harvard, cuando Schumpeter recobra el ánimo gracias a su capacidad de trabajo y al ambiente académico y científico en que se desenvuelve y, muy especialmente, a su casamiento con E. Body Schumpeter, persona que le amó y cuidó hasta el más mínimo detalle durante el resto de sus días. A pesar de esta recuperación el Schumpeter posterior a 1926 era una persona profundamente marcada por la tragedia, la angustia y la depresión, agudizadas por los dolorosos momentos históricos que le tocó vivir: la ascensión nazi en Alemania, régimen ante el que mantuvo una postura confusa (de apoyo en unos momentos, de rechazo en otros); y la II Guerra Mundial, que le afectó profundamente, por ser contrario a todo tipo de enfrentamiento bélico, por verse implicados dos de los países que más amaba (Alemania e Inglaterra) y por el relativo aislamiento que sufrió durante la contienda por su postura proalemana, que incluso le llevó a ser investigado por el FBI. 

La otra imagen es la de Schumpeter como profesor. Fue docente en cuatro Universidades: Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard. Después de unos primeros años en que su arrogancia y petulancia le acarrearon no pocos problemas con alumnos y compañeros; descubrimos un profesor al que adoraban sus alumnos y respetaban sus colegas. Con los alumnos mantuvo magníficas relaciones, llegando al esperpento de batirse en duelo con un bibliotecario por la negativa a prestar libros a los alumnos, siendo para ellos no sólo un excelente y admirado profesor por sus conocimientos y erudición sino un verdadero amigo y consejero personal. Con sólo mencionar a algunos y comprobar la opinión que de él tenían se perfila la figura de Schumpeter como profesor: Leontief, Haberler, Samuelson, Stölper, Tsuru, Schumacher, Lange, Metzler, Hansen, Tobin, Musgrave, Galbraith, etc. 

A pesar del renombre de muchos de sus alumnos, él nunca creó una escuela, no creía en ellas, era contrario a las mismas. Este rasgo se manifestaba en dos hechos que todos sus alumnos han señalado reiteradamente: nunca hablaba en las clases y en los seminarios de su obra, siendo muy respetuoso con la de los demás; y su objetivo no era adoctrinar, convencer a los alumnos, él siempre decía que su misión era abrir puertas al intelecto. 

El perfil docente de Schumpeter es muy nítido; nos muestra un profesor íntegra y totalmente dedicado a su labor académica y a la formación de sus alumnos, con los que mantuvo una relación que iba más allá de la del simple profesor. Esta visión se fundamenta en los múltiples testimonios de sus principales alumnos, en especial los de Leontief y Samuelson. 

En el terreno científico, se nos presenta un Schumpeter con fuertes convicciones e ideas precisas en esta cuestión. Su alocución de despedida como profesor de la Universidad de Bonn es reveladora de su concepción científica: «La Economía no es una filosofía, sino una ciencia. A partir de esto, no debería haber escuelas en nuestro campo… Por lo que a mí respecta, acepto el juicio de las generaciones futuras». Schumpeter era un científico puro, él se planteaba el por qué, no el qué hacer. Esta forma de entender la labor científica en el campo de la economía le llevó a propugnar y defender ardientemente la formación matemática de los economistas, de ahí su predilección por quien él consideraba el economista más grande de todos los tiempos: L. Walras. Esta forma de concebir la ciencia económica le distanció de los principales economistas ingleses (Marshall y Keynes, principalmente), y de otras escuelas de pensamiento, como la histórico-alemana y la austríaca; científicamente se quedó, por expresarlo de una forma gráfica, en una tierra de nadie. 

Schumpeter creía firmemente que el periodo fundamental de la vida de un científico era la tercera década, la que él denominaba la década sagrada, periodo de máxima fertilidad y creación de un científico, durante el que se fija el calendario de trabajo de toda una vida intelectual. 

La agenda científica de Schumpeter estuvo dominada por varios temas: la teoría económica, la metodología, la teoría del desarrollo económico, la historia del análisis económico, las oscilaciones cíclicas de la actividad económica y el futuro del capitalismo. Fruto de sus investigaciones en estos campos fueron numerosos artículos (alrededor de 200), conferencias y abundantes recensiones de libros; pero muy especialmente sus libros, alguno de ellos publicado con posterioridad a su muerte: La naturaleza y los contenidos principales de la teoría económica (1908); Teoría del desarrollo económico (1911); Síntesis de la evolución de la ciencia económica y sus métodos (1914); Ciclos económicos (1939); Capitalismo, socialismo y democracia (1942); e Historia del Análisis Económico (1954). En este material bibliográfico, junto con algunos artículos capitales y ensayos biográficos3 , se sustancia la amplia y profunda labor científica de Schumpeter. La fecunda labor científica de Schumpeter estuvo dominada por un conjunto de circunstancias. Por un lado, por su concepción de la economía, ésta es una ciencia y no un conjunto de prescripciones de política económica. 

3. Recopilados y publicados por su viuda como libro; J. A. Schumpeter: Diez grandes economistas: de Marx a Keynes, Alianza Editorial, 1979, Madrid (4ª edición).

Por otro lado, por la ausencia de una escuela schumpeteriana; al respecto son esclarecedoras las palabras de Haberler, «la razón fundamental por la que no se desarrolla una escuela schumpeteriana es que Schumpeter no fue ni reformista ni partidario entusiasta del capitalismo, del socialismo, del intervencionismo ni de cualquier otro ismo; fue un científico y un intelectual». 

Pero sobre la labor científica de Schumpeter planeaba la sombra de Keynes. Así, cuando Schumpeter tenía previsto sacar a la luz un libro sobre el dinero, Keynes publicó en 1930 su «A traitise on Money»; y toda la obra del economista austríaco posterior a 1936 se vio eclipsada por los escritos y la influencia del economista inglés y la escuela keynesiana. Esto agudizó aún más las distancias entre ambos: en lo personal y en lo científico. 

En una cita de P. Drucker se refleja a la perfección las relaciones Schumpeter-Keynes: «En algunos aspectos Keynes y Schumpeter repitieron la confrontación más conocida de los filósofos de la tradición occidental –el diálogo platónico entre Parménides, el sofista brillante, inteligente e irresistible, y Sócrates, lento de movimientos y feo, pero sabio. Nadie en el periodo de entreguerras fue más brillante ni más inteligente que Keynes. Schumpeter, por el contrario, pareció vulgar, pero era sabio. La inteligencia cosecha éxitos, pero la sabiduría perdura». 

Todas estas consideraciones nos presentan a un científico insatisfecho, frustrado en ocasiones; por un lado, por no conseguir en el terreno científico todo lo que él ambicionaba («ser el mejor economista del mundo») y por otro lado, porque su labor no tuvo el reconocimiento que él esperaba y que se merecía. No obstante, la desazón que le provocó el escaso eco y aprecio de su obra tuvo una cierta reparación con los nombramientos de Presidente de la Sociedad de Econometría (1940), Presidente de la Sociedad Americana de Economistas (1948) y Presidente de la Asociación Internacional de Economistas (1950). 

Sin duda, biografiar a una figura como Schumpeter, complejo y paradójico desde el punto de vista humano y con una amplísima labor académica y científica, no es una tarea fácil. 

En cualquier caso, creemos que la lectura de la obra de Schumpeter puede ser fructífera y enriquecedora, porque, como certeramente nos ha recordado G. Stigler4 , «estudiar el pasado tiene un interés especial: nos permite ponernos en contacto con mentes superiores. 

4. G. STIGLER (1992): Memorias de un economista. Biblioteca de Economía, Serie Perfiles, Espasa Calpe, Madrid, pág. 193. 

Ninguna universidad ha tenido al tiempo cuatro economistas de la calidad de Adam Smith, David Ricardo, Irving Fisher y Alfred Marshall, por no decir nada de una docena de sus mejores colegas, pero todos ellos pueden habitar en nuestra estantería. Sus mentes sutiles están siempre dispuestas a enseñar, a bromear y a desconcertar. Enseñan que se vuelven incomprensibles si se les lee con un microscopio de alta reducción, y desesperadamente blandos si se les lee con un telescopio. Uno puede maravillarse de ver cómo en un punto sucumben ante su personalidad y entorno y cómo en otro punto los ignoran completamente. Una mente superior y su obra tienen que ser los objetos de estudio más fascinantes y están aquí, a nuestra disposición, con el único coste de nuestro esfuerzo intelectual.» 

Siguiendo la recomendación de Stigler, pocas cosas hay más gratificantes para un economista en estos momentos de desconcierto e incertidumbre que leer o releer la obra del economista austriaco. Pero seguro que Schumpeter, con esa sabiduría que le caracterizó, contestaría a estas halagadoras palabras de Sitgler lo que ya nos advirtió en su Historia del Análisis Económico5 : «Es sin duda mejor arrinconar modos de pensar ya desgastados que aferrarse a ellos indefinidamente, las visitas al cuarto trastero pueden ser beneficiosas, siempre que uno no se quede en él demasiado tiempo». 

5. J. A. SCHUMPETER (1982): Historia del Análisis Económico. Ed. Ariel, 2ª edición, Barcelona, pág. 38.

Una guía para la crisis financiera: 10 años después

 

Una guía para la crisis financiera: 10 años después


por Renae Merle

10 de septiembre de 2018 a las 13:47 EDT

 


(ARCHIVOS) En esta foto de archivo tomada el 15 de septiembre de 2008 se ve el letrero de la sede de Lehman Brothers en Nueva York. - Era el "Fin de semana de Lehman". El momento en septiembre de 2008 cuando el banco de inversión de 150 años Lehman Brothers colapsó, precipitando la peor crisis económica mundial desde la década de 1930. Lunes, 15 de septiembre de 2008, a la 1:45 am, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, tomando al mundo por sorpresa dejando más de $600 mil millones en deuda, así como 25,000 empleados en estado de shock. (Foto de NICHOLAS ROBERTS / ARCHIVOS AFP / AFP) NICHOLAS ROBERTS/AFP/Getty Images (NICHOLAS ROBERTS/AFP/Getty Images)

Los hermanos Lehman. Mutual de Washington. Oso Stearns.

Una década después de la crisis financiera, las víctimas del casi colapso económico se están desvaneciendo de la memoria. Pero ese período de agitación alteró permanentemente la economía y el sistema financiero de los Estados Unidos.

Aquí hay 10 preguntas comunes sobre la crisis y su impacto duradero:

1. ¿Cuál fue el impacto a corto plazo de la crisis financiera en la economía?

La crisis fue el peor desastre económico estadounidense desde la Gran Depresión. En los Estados Unidos, el mercado de valores se desplomó, eliminando casi $ 8 billones en valor entre fines de 2007 y 2009. El desempleo aumentó, alcanzando un máximo del 10 por ciento en octubre de 2009. Los estadounidenses perdieron $ 9.8 billones en riqueza a medida que el valor de sus viviendas se desplomó y sus cuentas de jubilación se evaporaron. .

En total, la Gran Recesión provocó una pérdida de más de $2 billones en el crecimiento económico mundial, o una caída de casi el 4 por ciento, entre el pico previo a la recesión en el segundo trimestre de 2008 y el mínimo alcanzado en el primer trimestre de 2009. , según Moody's Analytics.

“Fue un impacto tan grande para el sistema económico que desató una dinámica que todavía no comprendemos del todo”, dijo Joe Brusuelas, economista jefe de RSM, una firma de auditoría y asesoría.

2. ¿Cuál ha sido el impacto a largo plazo en la economía?

La economía estadounidense se ha recuperado en gran medida. A fines de agosto, el mercado de valores de EE. UU. estableció un récord por el repunte más prolongado de su historia, reabasteciendo las cuentas de jubilación de los trabajadores que permanecieron invertidos durante episodios de volatilidad. Los precios de la vivienda también han repuntado, lo que ha empujado a la riqueza inmobiliaria total a superar los niveles observados en el pico anterior a la recesión. El desempleo es bajo, en 3,9 por ciento en julio.

“Es justo decir que la crisis fue una calamidad financiera para los propietarios de viviendas en todas partes, pero ahora casi todos han recuperado lo que perdieron en esa recesión”, dijo Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics.

Aún así, la recuperación no ha impulsado a todos los consumidores por igual. Muchos trabajadores han luchado por conseguir trabajos que pagaran tan bien como los puestos que tenían antes de la recesión. Ese cambio, combinado con el tiempo que pasó sin trabajar y otras caídas en la productividad desde la crisis, ha llevado a una pérdida de alrededor de $70,000 en ingresos de por vida para cada estadounidense, según una estimación del Banco de la Reserva Federal de San Francisco. A finales de 2017, 4,4 millones de propietarios estaban bajo el agua de sus hipotecas, lo que significa que debían más de lo que valían sus casas, según la empresa de bienes raíces Zillow.

3. ¿Qué pasó con Fannie Mae y Freddie Mac?

En 2008, el gobierno tomó el control de los gigantes hipotecarios en problemas cuando el mercado de la vivienda se desmoronó y las pérdidas de las empresas se acumularon. Los contribuyentes inyectaron miles de millones en las empresas, pero en los últimos años, Fannie Mae y Freddie Mac, que compran hipotecas de los prestamistas y luego las empaquetan en valores para vender a los inversores, han arrojado ganancias que alimentan las arcas del gobierno. Fannie Mae, por ejemplo, tomó $119,800 millones en dinero del rescate de los contribuyentes, pero entregó $167,300 millones al Departamento del Tesoro. El Freddie Mac más pequeño recibió $ 71,6 mil millones en dinero de rescate y ha generado $ 112,4 mil millones en ganancias.

Las empresas permanecen bajo la tutela del gobierno y hay poca urgencia en el Congreso para abordar la complicada tarea de determinar su futuro. Algunas propuestas han pedido que Fannie y Freddie sean privatizadas, otras para abolirlas por completo. Para complicar aún más la lucha: algunos inversionistas de Wall Street dicen que las ganancias de Fannie Mae y Freddie Mac deberían ir a los accionistas y no al gobierno.

Mientras tanto, Fannie y Freddie todavía respaldan alrededor del 60 por ciento de las hipotecas de EE. UU., y los legisladores parecen vacilar en alterar el statu quo, dicen los expertos en vivienda.


“Existe el riesgo de que si se equivoca, realmente dañará un mercado que es esencial para millones de estadounidenses”, dijo Michael Barr, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan que se desempeñó en el Departamento del Tesoro en 2009. y 2010.

4. ¿Cómo cambió la crisis el mercado inmobiliario?

El mercado inmobiliario fue la zona cero de la crisis. El mercado colapsó cuando los propietarios de viviendas con préstamos de alto riesgo y otros préstamos problemáticos incumplieron en niveles récord. Los precios de las viviendas cayeron y millones perdieron sus hogares por ejecución hipotecaria.

El mercado se ha recuperado en gran medida, con el aumento de los precios de las viviendas y muchas menos personas atrasadas en sus hipotecas. Los reguladores también han establecido nuevas restricciones sobre los tipos de préstamos que pueden ofrecer los bancos.


“¿Recuerdas los préstamos ninja? ¿Sin ingresos, sin bienes, sin problemas? 

Hemos recorrido un largo camino”, dijo Brusuelas.


Pero la recuperación de la vivienda ha dejado atrás a los prestatarios de bajos ingresos y bajo puntaje crediticio, dicen los economistas. En lugar de arriesgarse a otorgar préstamos a esos compradores, los bancos se han centrado más intensamente en aquellos con crédito impecable y en la compra de viviendas más caras, dicen.

“Hay presión para cambiar esto”, dijo Aaron Terrazas, economista senior de Zillow.

5. ¿Todavía existen bancos “demasiado grandes para quebrar”?


Sí. De hecho, muchos de los bancos más grandes del país son más grandes ahora que antes de la crisis financiera. JPMorgan Chase tiene $2,5 billones en activos, en comparación con $1,5 billones en 2007. Bank of America tiene alrededor de $2,3 billones en activos, en comparación con $1,7 billones en 2007. Los activos de Wells Fargo están cerca de $2 billones, más del doble de lo que eran antes la crisis.


“Si llega otra crisis, y cuando ocurra, los jugadores más importantes serán mucho más grandes que durante la última crisis”, según un informe de S&P Global Market Intelligence de 2017.


Algunos formuladores de políticas, incluido el presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, Neel Kashkari, continúan pidiendo la ruptura de los grandes bancos, pero la idea no ha ganado mucha fuerza. 

Los legisladores consideraron tratar de limitar el tamaño de los bancos mientras debatían la legislación para reformar la industria financiera, pero finalmente rechazaron la idea. En cambio, la ley de revisión financiera de 2010, la Ley Dodd-Frank, otorgó a los reguladores nuevos y amplios poderes para vigilar la industria, y los bancos más grandes se someten al escrutinio más intenso.

“Esencialmente, demasiado grande para quebrar se ha resuelto: los contribuyentes no pagarán si un banco quiebra”, escribió Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan, el banco más grande del país, en una carta de 2017 a los accionistas.

6. ¿Qué pasó con Lehman Brothers?


Muchos apuntan al 15 de septiembre de 2008, el día en que Lehman Brothers, entonces el cuarto banco de inversión más grande del país, se declaró en bancarrota, como un punto de inflexión en la crisis. Después de acudir al galope al rescate de otras instituciones financieras importantes, el gobierno federal trazó el límite con Lehman, lo que permitió el colapso de la empresa.


Una década más tarde, un tribunal de quiebras todavía está investigando los escombros. El síndico del banco vendió miles de sus activos y pagó más de 130.000 millones de dólares para liquidar las reclamaciones en su contra. Pero 365 ex empleados de Lehman Brothers todavía están solicitando recuperar millones en salarios y bonos perdidos, lo que podría mantener el caso en los tribunales en los próximos años.

“Cuando comenzamos hace diez años, enfrentamos las condiciones caóticas de una crisis de liquidez global y tuvimos que tomar decisiones inmediatas en la 'Niebla de Lehman'”, dijo James W. Giddens, síndico de liquidación de Lehman Brothers, en un comunicado. “Fue una cantidad monumental de trabajo. Estamos orgullosos de haber podido recuperar tantos activos como sea posible para esas distribuciones en un proceso eficiente y justo”.

7. ¿Alguien fue a la cárcel por causar la crisis financiera?


Ningún director ejecutivo de un banco importante fue acusado penalmente de causar la crisis financiera. Los fiscales federales consideraron casos contra algunas figuras de alto perfil, incluido Angelo Mozilo, director ejecutivo del gigante hipotecario Countrywide Financial, pero finalmente no los llevaron a cabo. En 2013, el fiscal general Eric H. Holder Jr. dijo que algunas instituciones financieras se habían vuelto “tan grandes” que se nos hacía “difícil procesarlas”.

Los fiscales habrían necesitado pruebas de que los ejecutivos de alto rango estaban personalmente involucrados en una conducta delictiva para presentar un caso, dijo Jacob Frenkel, exfiscal federal y socio del bufete de abogados Dickinson Wright. “Muchas de las decisiones en las instituciones que dieron lugar a la crisis financiera, y ciertamente el diseño de las prácticas e instrumentos agresivos que desencadenaron la crisis, ocurrieron en niveles muy por debajo de los ejecutivos de renombre”, dijo.

Docenas de ejecutivos de bancos más pequeños han sido procesados ​​por la Oficina del Inspector General Especial para el Programa de Alivio de Activos en Problemas, que se estableció para controlar las empresas que recibieron fondos de rescate. Pero incluso SIGTARP ha expresado su frustración con la dificultad de enjuiciar a los ejecutivos de las principales empresas.


Sin duda, la industria bancaria pagó un alto precio por la crisis: miles de millones en multas. Bank of America, por ejemplo, pagó la friolera de $ 17 mil millones para resolver las acusaciones de que, a sabiendas, vendió valores hipotecarios defectuosos que contribuyeron a la crisis financiera. JPMorgan Chase pagó $ 13 mil millones.


8. ¿Wall Street sigue dando grandes bonos?


Algo así como. Los bonos de Wall Street se acercan nuevamente a máximos históricos. El pago de bonificación promedio alcanzó los $184,220 el año pasado, un aumento del 17 por ciento en comparación con el año anterior y lo más cerca que ha estado Wall Street en más de una década de su máximo histórico de $191,360 en 2006, según el contralor del estado de Nueva York.


Los críticos de Wall Street argumentaron que las bonificaciones excesivas ayudaron a alimentar la crisis financiera, y el Congreso intentó abordar el problema en Dodd-Frank, exigiendo a los reguladores que establecieran nuevas reglas destinadas a evitar que los ejecutivos hicieran apuestas financieras arriesgadas para aumentar su salario y luego cobrar grandes bonificaciones antes. las consecuencias son claras. Pero las reglas tienen años de retraso y aún no se han finalizado. No se espera que los reguladores de la era Trump lleven más lejos el asunto.


“Diez años después de la crisis, la causa, los incentivos de pago venal, siguen sin ser abordados por Washington”, dijo Bart Naylor, un defensor de la política financiera del grupo de consumidores sin fines de lucro Public Citizen.

Los funcionarios de la industria dicen que las reglas propuestas eran demasiado complicadas e innecesarias. Los bancos ya han abordado el problema, dicen, señalando que la mayoría de los bonos se entregan durante varios años en lugar de todos a la vez.


9. ¿Todas las empresas rescatadas por los contribuyentes devolvieron el dinero?


El Departamento del Tesoro inyectó $ 412 mil millones en bancos, fabricantes de automóviles y otras empresas en dificultades a través del Programa de Alivio de Activos en Problemas, o TARP. A fines del año pasado, había recaudado todo lo que había pagado en fondos de rescate y algo más, dejando al gobierno con una ganancia de $12 mil millones.


Solo alrededor de la mitad de los bancos y otras empresas en las que invirtió el Departamento del Tesoro reembolsaron por completo, dijo Christy Goldsmith Romero, directora de SIGTARP. Algunas empresas pagaron dividendos e intereses, lo que ayudó a compensar las pérdidas del programa en algunas empresas, dijo. Los contribuyentes, por ejemplo, perdieron alrededor de $11 mil millones en el rescate de General Motors.


Algunos bancos no han terminado de devolverle el dinero al gobierno. Pero deben un total de menos de $100 millones, una pequeña porción del dinero prestado. Además, TARP obtuvo miles de millones para ayudar a los propietarios de viviendas en dificultades pagando a los bancos para que reduzcan sus tasas de interés y pagos mensuales. Se espera que los grandes bancos, incluido Wells Fargo, continúen recibiendo dinero a través de ese programa hasta 2023.


10. ¿El sistema financiero es más seguro que antes de la crisis?


Generalmente, los economistas están de acuerdo en que el sistema financiero es más seguro. La Ley Dodd-Frank de 2010 puso nuevas barreras en el sector bancario. Los bancos más grandes del país ahora deben someterse a "pruebas de estrés" periódicas para demostrar que pueden sobrevivir a otra crisis y redactar "testamentos en vida" para que puedan ser desmantelados en una emergencia sin requerir un rescate de los contribuyentes.


Pero el Congreso y los reguladores recientemente comenzaron a flexibilizar algunos de los requisitos clave de Dodd-Frank, lo que permite a los bancos pequeños y medianos escapar de algunas de las reglas más rigurosas, por ejemplo. Los críticos advierten que tales esfuerzos podrían hacer más probable otra crisis.


“Muchos agujeros en nuestro sistema de regulación financiera ahora están tapados”, dijo Aaron Klein, director de políticas del Centro de Regulación y Mercados de la Institución Brookings.

 “¿Somos impermeables a otra crisis? 

No. Es la naturaleza humana. Los autos son más seguros hoy que hace 30 años, pero aún puedes tener un accidente”.


VER MÁS AQUÍ


Un Nobel que avala las ayudas públicas a la banca en las crisis

 

Un Nobel que avala las ayudas públicas a la banca en las crisis

PUBLICADO
DURACIÓN LECTURA:  6min.
 
 
 
 

Parados hacen cola en un comedor de beneficencia en Chicago, 1931, durante la Gran Depresión

El Premio Nobel de Economía 2022 ha recaído en tres expertos en el estudio de la banca en las crisis financieras, los estadounidenses Ben S. Bernanke (ahora miembro de la Brookings Institution), Douglas W. Diamond (Universidad de Chicago) y Philip H. Dybvig (Universidad de Washington). Y a uno de ellos, Bernanke, le tocó pilotar en 2008 la mayor crisis desde la de 1929, precisamente la que él ha estudiado y por la que le han concedido el galardón. Bernanke estaba al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos en la depresión que generó la crisis de las hipotecas subprime que puso en jaque el sistema financiero mundial.

La tesis de los investigadores es que los bancos juegan un papel trascendental en las crisis y pueden agudizarla o contribuir a resolverla en función de cómo se gestione su labor desde las instituciones públicas. En palabras de la Academia sueca, por ejemplo, Bernanke “mostró cómo los episodios de pánico bancario fueron un factor decisivo para que la crisis [de 1929] se hiciera tan profunda y prolongada”.

El punto de partida de los tres investigadores es que los bancos –las instituciones financieras– no son intermediarios neutrales entre los prestatarios –particulares y empresas– y los prestamistas –los que tienen el dinero para invertir–, porque ofrecen una información vital para el correcto funcionamiento de la economía. En particular, recopilan información sobre los prestatarios y deciden a quién conceder créditos, y a la vez canalizan el ahorro de la sociedad. Cómo ha escrito The Economist, “de esta percepción surge una conclusión importante: debido a que los bancos son cruciales para la economía, también son peligrosos”.

Lecciones de la Gran Depresión

En un famoso paper de 1983, Bernanke “demostró con análisis estadístico y fuentes históricas, que el pánico bancario conducía a la quiebra de los bancos y que este fue el mecanismo que convirtió una recesión relativamente ordinaria en la depresión de los años 30, la crisis más dramática y severa del mundo que hemos visto en la historia moderna”, según John Hassler, miembro del comité del Premio Nobel de Economía. Para Bernanke, el pánico bancario fue la principal causa de la Gran Depresión de 1929. El temor de los ahorradores a perder su dinero depositado en las entidades provocó la retirada masiva de fondos, un racionamiento del crédito y una subida de tipos de interés que frenó la actividad empresarial. Con el colapso del crédito, la economía terminó en una profunda recesión.

Como hemos comentado, a Ben Bernanke, experto en el estudio de las crisis financieras, le tocó estar al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos en la segunda mayor crisis bancaria del siglo XX, la que nació en Estados Unidos con el estallido de las denominadas hipotecas subprime o hipotecas basura –que tenían activos fallidos que los bancos no iban a poder cobrar–, que se materializó en septiembre de 2008 con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers.

En cuanto comenzó a frenarse la concesión de créditos, lo que ponía en peligro a todo el sistema financiero estadounidense, Bernanke activó un sistema de estímulos monetarios que consistió en inyectar liquidez economía para evitar su colapso. Así, compró bonos del Estado y activos hipotecarios con el fin de colocar ese dinero en el sistema productivo y que las empresas pudieran tener acceso al crédito barato para continuar invirtiendo y los particulares tuvieran dinero para seguir consumiendo. Es lo que se denominó el “helicóptero” de Bernanke, en una imagen que reflejaba el reparto millones y millones de dólares tirando billetes desde el cielo. A la vez, dejó los tipos de interés a cero, también para estimular el crédito.

Fue una política económica expansiva y heterodoxa –nunca se había aplicado con esta contundencia en época de paz–, pero estuvo bien considerada por los economistas en su momento. Conviene recordar aquel “haremos lo que haga falta” de Mario Draghi el 26 de julio de 2012, con el que puso fin a las especulaciones sobre el futuro del euro por los efectos de la crisis financiera en la Unión Europea. Para salvar a los bancos, Bernanke se saltó la “ortodoxia” liberal, pero consiguió enderezar la economía en un tiempo aceptable. Aunque para ello necesitó destinar billones de dólares a estimular la economía.

Evitar el pánico

Los profesores Diamond y Dybvig han acompañado a Bernanke en el Nobel de este año también por sus estudios sobre el papel de los bancos en las crisis. “Han desarrollado modelos teóricos que explican por qué existen los bancos, cómo su papel en la sociedad los hace vulnerables a los rumores sobre su inminente colapso y cómo la sociedad puede disminuir esta vulnerabilidad”, explican desde el comité. En primer lugar, los miembros del jurado destacan sus aportaciones sobre la importancia de la creación de un fondo de garantía de depósitos avalado por el Estado ante las crisis. Es decir, cuando corre el rumor de que un banco pasa por dificultades, los depositantes corren a retirar sus ahorros, lo que acelera el deterioro de la institución. En cambio, si los ciudadanos saben que sus ahorros están seguros porque están avalados por el Estado, es más difícil que cunda el pánico.

El Nobel de este año muestra que rescatar a los bancos con recursos públicos en momentos de crisis es salvaguardar a los ahorradores, a las empresas y a la economía de un país

Diamond también ha estudiado que los bancos desempeñan una función socialmente responsable porque parte de su trabajo es la examinar las solicitudes de crédito y “están mejor preparados para evaluar la solvencia de los prestatarios y garantizar que los préstamos se utilicen para buenas inversiones”, explican desde el comité del Nobel. Los bancos son fundamentales, pues, para que el dinero llegue a la economía productiva, la que genera riqueza y empleo.

La aportación de los ganadores del Nobel es que asegurar el buen funcionamiento de los bancos es fundamental para salir de las crisis financieras. Incluso aunque estas instituciones hayan contribuido al desencadenamiento de una crisis, son imprescindibles para volver a la senda del crecimiento y de la creación de empleo. El saneamiento de los bancos fue el primer paso para empezar a construir lo que la crisis había destruido. Al margen de que, como ocurrió en España con algunas cajas de ahorros, conductas presuntamente delictivas de sus gestores desembocaran en procesos penales, condenas incluidas. O que esos “rescates” se hicieran con mejor o menor éxito.

Hay quien ha culpado a Bernanke del fuerte incremento de los precios de los últimos años porque su política de estímulos monetarios fue demasiado agresiva, pero de lo que casi nadie duda es de que su actuación, llevando a la práctica lo que había estudiado de la depresión de 1929, fue clave para que la crisis de 2008 no fuera más profunda de lo que fue.

En definitiva, el Nobel de Economía de este año recuerda que salvar a las instituciones financieras con recursos públicos en momentos de crisis no es salvar a los grandes capitalistas con dinero del pueblo, sino que supone salvaguardar a los ahorradores, a las empresas y a la economía de un país.

VER MÁS AQUÍ