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martes, 16 de agosto de 2022

LA PAPA MILENARIA ORIUNDA DEL PERÚ

 ¿Imaginas un alimento con más de 10 mil años de existencia? Sí, hablamos de la papa. Este tubérculo originario de los Andes es actualmente uno de los alimentos más consumidos en el planeta por lo dúctil, sencilla de preparar y económica que es adquirirla. En el Perú, la papa tiene un rol importante en la alimentación de los ciudadanos y también en su gastronomía, ya que suele utilizarse como base o ingrediente principal para la preparación de diversos y deliciosos platillos.

 

¿Prefieres tus papas sancochadas con crema huancaína o con ocopa? Estos platillos pueden servirse tanto como entrada como un plato de fondo, la elección es tuya. ¿Te apetece una deliciosa e histórica Causa rellena? Porque la papa también cumplió un rol importante en la lucha por la Independencia del Perú. ¿O mejor prefieres degustar una suculenta Papa rellena? Es el perfecto acompañante para unos sabrosos anticuchos.

 

La papa estará siempre presente en las mesas de los peruanos y aquí te contaremos un poco más sobre su historia, las propiedades nutritivas con las que uno se beneficia al consumirlas y también el impacto que tiene en las cocinas del mundo entero.

 

La papa tiene más de 10 mil años de ser cultivada. Estas crecían en el sur peruano (Puno) y zonas aledañas.

 

La historia de la papa

 

No es una exageración decir que la papa tendría más de 10 mil años de antigüedad. Según diversos historiadores, este tubérculo era cultivado desde los años 8000 a 5000 a. C, en la zona que hoy conocemos como la región de Puno. Este alimento crecía solo en los Andes sureños peruanos y zonas aledañas, por lo que su presencia era una total incógnita para el resto de continentes.

 

Con la globalización y posterior conquista del régimen europeo en Sudamérica, estos descubrieron la papa por primera vez. Algunos colonizadores creían que era un alimento exótico que tenía poderes de fertilización. Sin embargo, en tierras incaicas era ya bastante popular, pues era una pieza importante en la alimentan del pueblo: conocían sus diversas variedades, lo nutritivas que son y las preparaban y utilizaban como ingredientes en distintos platillos.

 

Los antepasados peruanos, sin tener la información que se maneja hoy en día, le otorgaron un sitio importante en sus mesas a este regalo de la Madre Tierra. Sentían que les daba energía y llenaba de vitalidad, ya que las papas contienen vitamina C, hierro y ácido fólico (B9); además de altos niveles de antioxidantes, nutrientes esenciales y antinflamatorios.

 

Hoy en día, la papa, además de ser utilizada para el consumo alimenticio, también cumple funciones curativas para tratar enfermedades como la anemia, artritis, reumatismo, hipertensión, estreñimiento y temas cardiovasculares, entre otras.

 

Las papas contienen vitamina C, hierro y ácido fólico (B9); además de altos niveles de antioxidantes.

 

Papas para todo el mundo

 

Esta fuente alimenticia no se podía quedar solo en esta parte del mundo, pues es de suma importancia para la raza humana ya que, gracias a las papas, se podría acabar con la hambruna en el planeta. Y por ello es vital su producción, comercialización y exportación a tierras extranjeras. En América Latina, Perú es el líder en exportaciones y, según una investigación realizada en 2017, el decimoprimer puesto a nivel global.

 

Las principales zonas de producción en Perú son Puno, Apurímac, Arequipa y Cusco. Se calcula que salen del país incaico un promedio de 5 millones de toneladas de papa anualmente. Los principales mercados son Estados Unidos, Bolivia y Europa, que se asombra por las más de 3 mil variedades de papas peruanas que existen. Desde las cada vez más populares papas nativas, hasta las clásicas huayro, cóctel, rosada, canchán o yungay. Hay distintos tipos de papas para todos los gustos.

 

Existen más de 3 mil variedades de papas peruanas.

 

Fuentes: The National Academy / BBC / Saborusa.com / Gestión

 

 

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Federico el Grande firmó el Decreto de la Patata en 1746 para introducir por orden real el tubérculo en Prusia y acabar con las hambrunas periódicas en su territorio

 JUAN CARLOS BARRENA

Cuenta la leyenda que cuando Federico el Grande firmó el Decreto de la Patata en 1746 para introducir por orden real el tubérculo en Prusia y acabar con las hambrunas periódicas en su territorio, los campesinos, desconfiados del nuevo cultivo, no le hicieron caso. El monarca ordenó entonces plantar patatas en sus propias tierras en la región de Brandeburgo en torno a Berlín y desplegó a sus soldados para protegerlas. Una maniobra que, inevitablemente, provocó la curiosidad de los campesinos de la región, a los que los militares informaron de que las patatas estaban destinadas a la mesa real y que tenían orden de evitar cualquier robo. Lo que es bueno para el rey tiene que ser bueno para el pueblo, debieron de pensar los curiosos, que por las noches sustraían las simientes para plantarlas en sus propios huertos. Todo, con el consentimiento de los soldados, cuya consigna era echarse a dormir y hacer la vista gorda para facilitar los hurtos.

A partir de entonces, la 'kartoffel' -la patata- se convirtió en alimento básico de los alemanes; cocida, asada, en puré o frita, no falta casi a diario en sus mesas. Federico el Grande probó al parecer por primera vez las 'tartuffoli', como se conocían al principio las patatas en tierras germanas, en la corte de su hermana Wilhelmine en Bayreuth y reconoció inmediatamente el valor nutritivo del tubérculo para su propio pueblo. Este se lo agradece todavía hoy. Escoltada por las tumbas de sus caballos y perros favoritos, la sepultura del monarca en los jardines del palacio de Sanssouci, en la ciudad de Potsdam, que linda con Berlín, no está cubierta de flores, sino de patatas, que los admiradores del rey que convirtió Prusia en potencia europea acostumbran a depositar sobre su lápida. 

Sin embargo, el principal recurso alimenticio del pueblo germano se ve ahora amenazado por el cambio climático. El pasado verano, Alemania sufrió el periodo de sequía más largo desde el comienzo de los registros sistemáticos, hace casi 140 años. Como consecuencia, se produjo la peor cosecha de patatas de los últimos 28 años. Pese a que la superficie de cultivo se incrementó en 1.700 hectáreas, solo se recogieron 8,9 millones de toneladas, casi un 25% menos que el año anterior. Y para este año las previsiones no son mejores. Ya en junio, la región de Brandeburgo, una de las zonas mas productivas del país, registró durante más de dos semanas temperaturas superiores a los 30ºC -algunos días, incluso 35ºC-, y las tormentas no fueron suficientes para humedecer la tierra.

El calor ha multiplicado los incendios de los grandes bosques en torno a Berlín, que solo pueden ser sofocados desde helicópteros e hidroaviones por el peligro de explosión de la numerosa munición de guerra que se acumula en su subsuelo.

La sequía del pasado año hizo dispararse los precios del tubérculo y sus derivados. Hasta las patatas fritas de bolsa subieron de media casi un euro por kilo en otoño. La empresa Intersnack, mayor productora alemana de patatas fritas para aperitivos, señaló que sus suministradores registraron mermas en sus cosechas de hasta un 40%. La compra de patatas fuera de Alemania tiene límites legales y no es posible compensar las carencias en el país con la importación de esa solanácea, por ejemplo, de China, el mayor productor del mundo. Y en el caso de países vecinos como Polonia, el fuerte calor y la falta de lluvias les afectó en igual medida. La sequía de 2018 ha tenido además consecuencias graves para 2019, ya que también escasea el producto para la siembra.

Tres museos

La reducción de la cosecha en Alemania, pero también en otros países de la Unión Europea, ha dejado huella en el mercado internacional de energía y materias primas EEX de Leipzig, donde la patata ha alcanzado cotizaciones récord: de junio de 2018 a junio de este año, su precio se ha más que duplicado, hasta alcanzar los 32 euros por quintal. También en la venta al público se ha dejado notar. En 2017, el kilo de patatas costaba en Alemania 55 céntimos de media; en otoño pasado subió a 88 céntimos y actualmente supera los 1,20 euros. La baja cosecha ha hecho incluso que salgan al mercado tubérculos que en otros años se desechaban por llevar manchas o tener demasiados 'ojos', defectos estéticos que no afectan al sabor, pero que no gustan al consumidor.

Este tubérculo es tan preciado en Alemania que cuenta incluso con tres museos exclusivos en Múnich, Fussgönheim y Tribsees. Todos dedicados a la historia y el cultivo de la patata, aunque el primero, el Kartoffelmuseum de la capital bávara, cuenta con una amplia colección sobre el tema en óleos, acuarelas, grabados y dibujos de todos los tiempos reunidos por el fallecido industrial Werner Eckardt, propietario en su día de la mayor empresa alemana de productos alimenticios elaborados a base de patata.