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lunes, 7 de marzo de 2022

¿De qué hablamos cuando hablamos de cambio estructural?

 ¿De qué hablamos cuando hablamos de cambio estructural? 

Una perspectiva evolucionista-neoschumpeteriana1 

Gabriel Yoguel (IDEI-UNGS) 

Las ideas que quiero transmitir en esta presentación se derivan de una reflexión sobre la noción de cambio estructural y sus vínculos con la teoría de la complejidad. 

Mi presentación consta de cinco partes. La primera presenta las preguntas que considero necesarias para discutir la idea de cambio estructural. Seguidamente haré algunas consideraciones generales sobre cambio estructural. La tercera sección introduce una posible conceptualización del cambio estructural que contribuya al debate. La cuarta parte plantea la discusión entre eficiencia ricardiana y eficiencia schumpeteriana y sus vínculos con la idea de cambio estructural. Finalmente, planteo algunos lineamientos de política que se pueden plantear al hablar de cambio estructural. 

1. Preguntas  ¿Qué es cambio estructural (CE)?  ¿Cuáles son los elementos cualitativos y cuantitativos que lo determinan?  ¿Cómo se mide?  ¿Cuáles son las fases que podrán ser identificadas y cuáles son las políticas necesarias para que la dinámica productiva y social vaya en la dirección de un CE?  ¿Qué es CE en países en desarrollo? (El análisis no puede pasar por alto las consecuencias de este proceso sobre el mercado de trabajo —salarios, nivel de empleo— y la distribución del ingreso).  ¿Se trata de aumentar la velocidad del crecimiento o de cambiar de dirección, o de ambas? 

2. Algunas consideraciones generales Tanto en América Latina como a nivel internacional existe una larga tradición de investigaciones heterogéneas en el campo de la teoría del desarrollo que se sustentan bajo la idea de cambio estructural. Esta heterogeneidad y los grados diferenciales de profundidad que presenta la literatura se refleja, entre otras contribuciones, en los trabajos de Fernandez Bugna y Fernando Peirano (2011), de Roitter, Erbes y Kababbe (2011) y de Sebastián Sztulwark (2005). 

Fernandez Bugna y Peirano ponen de relieve, desde una perspectiva heterodoxa, la existencia de cinco enfoques estilizados y remarcan que “el concepto es ambiguo y es utilizado desde distintas perspectivas”: i) el cambio estructural como transformación social asociado a las contribuciones de Karl Polanyi; ii) el cambio estructural y la relocalización de la fuerza de trabajo hacia las actividades de mayor productividad, asociado a las contribuciones de Lewis, Kutznets, Kaldor; iii) cambio estructural con renovación de la estructura tecnológica, derivado del proceso de destrucción creativa planteado por Schumpeter en Teoría del Desarrollo Económico y Capitalismo, Socialismo y Democracia; iv) el cambio estructural como upgrading de las cadenas de valor; y v) el cambio estructural como un proceso de diversificación, que desde una perspectiva macro refleja las posiciones de Fanelli y Frenkel (1994). Según afirman los autores, “la discusión acerca de si hubo o no cambio estructural, durante un período, puede resultar un diálogo vacuo si no se explicita el marco conceptual bajo el cual se está empleando el concepto” 

Por su parte, Roitter, Erbes y Kabbabe (2013), en un estudio coordinado por la CEPAL, analizan una buena parte de la literatura reciente sobre CE en la Argentina2 . Las autoras plantean 1 Ponencia presentada en el Seminario-Taller “La estructura productiva argentina. Evolución reciente y perspectivas”, 1-3 de octubre 2014, CEPAL, Oficina de Buenos Aires. 2 que un proceso de cambio estructural debería estar caracterizado por: i) la generación de encadenamientos productivos desde los sectores que traccionan y que son portadores de progreso técnico hacia el resto de la economía; y ii) por la difusión de los beneficios del crecimiento económico hacia distintos sectores sociales. Igual que Fernandez Bugna y Peirano, estas autoras revisan los antecedentes de la teoría del cambio estructural e identifican dos grandes líneas de trabajos. Por un lado, los aportes de la teoría del desarrollo y del estructuralismo latinoamericano y los aportes del evolucionismo y del neoestructuralismo latinoamericano. La primera corriente, asociada a la idea de heterogeneidad estructural como elemento central para dar cuenta de los procesos de cambio (Cimoli y otros, 2005; Porcile, 2011) que se nutren de los trabajos de la corriente clásica del desarrollo (Prebish, 1949; Hirshman, 1961; Singer, 1950; Pinto, 1970) que planteaban la importancia del proceso de industrialización para la generación de rendimientos crecientes y externalidades y por tanto el aumento de la productividad. El desarrollo de nuevas actividades que dieron lugar a encadenamientos “a la Hirshman” y el traspaso de trabajadores desde las actividades de menor productividad eran el camino. La segunda corriente incorpora al pensamiento neoestructuralista los principales planteos conceptuales de las ideas postkeynesianas, del evolucionismo y de la corriente neoschumpeteriana, que les permite incluir en la teoría el desarrollo de procesos de aprendizaje. Desde esta perspectiva, “el cambio estructural se asume como un proceso de coordinación de decisiones interdependientes que incluyen la interacción entre acumulación de capital físico, habilidades específicas y desarrollo de elementos de infraestructura tecnológica. La falta de coordinación en la evolución de estos factores puede condicionar o bloquear el desarrollo” (Erbes y otros, 2011:133). La generación de cambio estructural forma parte de una estrategia de desarrollo que requiere un abordaje sistémico que tiene contrapartidas a nivel micro, meso y macro. En esa dirección, diversos autores de esta corriente (Ocampo, 2005; Cimoli, 2005 e Infante, 2011) ponen de manifiesto la importancia, no solo de analizar la dinámica de la estructura productiva a nivel micro-meso, sino el conjunto de cuestiones asociados tales como el funcionamiento del mercado, de las instituciones y de sus interrelaciones. 

Finalmente, para Sztulwark (2005) —que podría estar encuadrado en el grupo 4 que plantean Bugna y Peirano (2011)— el concepto de estructura tiene que ser analizado desde la perspectiva de la cadena. Para poder ascender en la cadena se requiere un cambio en la base de conocimiento del sistema local. Desde esta perspectiva, el cambio estructural sería una complejización del sistema de innovación sobre cuya base se puede ascender a los eslabones de la cadena en los que tienden a concentrarse las rentas de innovación. Por lo tanto, se trata de la capacidad de crear conocimiento y de explotarlo económicamente. El problema es que la cadena es un concepto meso: ni macro ni micro. Desde esta perspectiva, el cambio estructural alude a un proceso más agregado, que requiere analizar la posición de un país en distintas cadenas globales. 

Para aumentar aún más la heterogeneidad acerca de la conceptualización de “cambio estructural” una simple búsqueda en google scholar, arroja una cantidad muy significativa de trabajos, que se reduce significativamente cuando la búsqueda se hace en scopus o enconlit. Tres miembros de esta mesa —Mario Cimoli, Jorge Katz y Fernando Porta—han participado en varios 2 Diferencian dos tipos de trabajos: en primer lugar, los centrados en los cambios en la estructura económica que sostienen que i) el cambio fue inducido desde la politica cambiaria y de costos laborales (Azpiazu y Schorr (2010); Fernández Bugna y Porta (2008); Coatz y otros, (2010), y los que plantean que el núcleo de actividades que contribuyen al crecimiento sigue siendo el mismo pero con fuerte dinamismo en los sectores más complejos (Briner y otros, 2007; Basualdo y otros, 2010; Tavosnanska y Herrera, 2009; Lavopa y Muller, 2009; Peirano y otros, 2010; Santarcángelo y otros, 2011). En segundo lugar discuten los trabajos centrados no sólo en los cambios productivos derivados de la devaluación, sino también en los cambios sociales (Lavopa, 2007; Cenda 2010a y 2010b), destacando los impactos positivos en la inclusión social y la generación de empleo de calidad. A esta lista de trabajos se podría añadir los aportes más recientes de Robert y Rivas (2014), Porta y otros (2014) y todos los trabajos presentados ayer y antes de ayer en el seminario llevado a cabo en la CEPAL. 3 de ellos. Por ejemplo, cuando la búsqueda que se centra en “cambio estructural” y “desarrollo” arroja en scholar algo más de 30.000 trabajos, de los cuales cerca de 20.000 fueron escritos desde principios de los años noventa. En ese marco, y como es previsible, existen diferencias acerca de la forma implícita o explícita en la que estos trabajos conciben el CE. 

Cuando la búsqueda se focaliza en “cambio estructural y patrón de especialización”, el número de trabajos se reduce a algo más de 8.000. La inclusión de la palabra “feedback” reduce aún más la nómina (algo menos de 100) y, finalmente, la inclusión del término “sistemas complejos” arroja algo más de 500 trabajos. Cuando esa misma búsqueda se hace en inglés, el número de trabajos aumenta, obviamente, en forma significativa: algo más de un millón de trabajos cuando la búsqueda incluye “structural change” and “development”. Esto se reduce a algo más de 30.000 trabajos buscando con “structural change” and “specialization pattern”; a algo menos de 20.000 cuando la búsqueda es “structural change” and “feedbacks” y, finalmente, más de 10.000 con “structural change” and “complex systems” 3 . 

Tabla 

1. Sobre la literatura de “Cambio estructural” y “structural change” 

1.1“Cambio Estructural” y “desarrollo” 32500a 

1.2 “Structural Change” “development” b 1 070 000 

2.1 “Cambio Estructural” y “patrón de especialización” 557 

2.2 “Structural Change” “specialization pattern” 33 500 

3.1 “Cambio Estructural” “feedbacks” 96 

3.2 “Structural Change” “feedbacks” 18 800 

4.1 “Cambio estructural” “sistemas complejos” 578c 

4.2 “Structural Change” “complex systems”d 11 400 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de búsquedas en Google Scholar. a 

Desde el 2000, aparecen 17.100 trabajos, algo más de la mitad de las contribuciones, donde los autores más relevantes (más de 50 citas) son los siguientes: Boisier (2001, 2005 y 2005); Vazquez Barquero (2000), Cimoli (2005); Cimoli y otros (2005); Bianchi y Miller (2000); French-Davis (2005); Dussels Petters (2003); Bugna y Porta (2007); Ocampo (2005); Albuquerque (1999 y 2003); Katz (2000 y 2006); Katz y Stumpo (2001). Sin embargo, al buscar por “Cambio Estructural” en Scopus aparecen sólo 12 contribuciones y en Econlit sólo ocho, lo que revela que la mayor parte de las contribuciones en castellano no aparecen en publicaciones indizadas. 

b Algo menos de la mitad de los resultados (448.000) son publicaciones entre 2000 y 2014. Cuando la búsqueda se hace en Econlit colocando Structural Change y development aparecen 3.828 publicaciones, 400 veces más artículos que en el caso de la búsqueda “Cambio estructural” y desarrollo. A la vez, la búsqueda en Scopus arroja 1958 documentos. Ambas cantidades son significativamente menores a la búsqueda realizada a través de Google scholar. 

c La mayor parte (481) han sido publicadas desde el 2000. Entre ellos destacan sólo dos con más de 100 citas: Rolando Garcia (2005) y Roberto Camagni (2003). En este caso no aparecen artículos ni en Scopus ni en Econlit. 

d La mayor parte de los documentos (8.970) fueron publicados a partir del 2000. Buscando en Econlit se pueden identificar 110 documentos, mientras que haciendo la búsqueda por Scopus, el número de documentos se reduce a 25. 

Algunas de estas conceptualizaciones encontradas en la literatura tienden a pensar el CE como un fenómeno binario e irreversible, y no como un proceso que constituye un fenómeno económico y social con dimensiones no solo cuantitativas sino además cualitativas, que dependen de la dinámica del proceso de competencia (en sus dos acepciones “competence” y “competition”), de la estructura de los mercados, de la existencia de voice por parte de los actores, de la existencia de diferentes bloqueos y de la creatividad e intencionalidad de las acciones humanas. Así, la gran amplitud de la idea de “cambio estructural” asociada a estas búsquedas permite pasar de una conceptualización binaria centrada solo en la mención del término (existe o no existe CE mas allá de la definición 3 Se identifican 6.000 cuando la búsqueda se centra en “structural change and evolutionary economics”. 4 explícita), hacia otras más centradas en el cambio de especialización productiva y en la performance en términos de dinámica de la producción, productividad, empleo e inserción externa (como muchas de las contribuciones latinoamericanas) y, finalmente, hacia las que retoman la idea de complejidad y que toman en cuenta la existencia o no de feedbacks positivos, y la generación de rendimientos crecientes. Desde esa perspectiva el cambio estructural –como los resultados del proceso de innovación— constituye una propiedad emergente de un sistema complejo. 

3. Una posible conceptualización de CE que contribuya a la discusión 

Desde esta última perspectiva el CE se podría definir como un proceso de mutación cualitativa y cuantitativa en una determinada estructura productiva que se refleja en: 

i) Un aumento generalizado de capacidades (productivas, tecnológicas, organizacionales y comerciales) y de las interconexiones de los componentes del sistema (recursos humanos y organizaciones como empresas e instituciones; 

ii) la generación de variedad relacionada (innovaciones incrementales) respecto al perfil de especialización de partida; 

iii) la generación de variedad no relacionada (innovaciones radicales) que dan lugar a la emergencia de nuevos sectores en la estructura (Saviotti y Pyka, 2008); 

iv) la aparición de feedbacks positivos entre los componentes del sistema —a nivel micro, meso y macro— que dan lugar a un aumento de las capacidades y a la aparición de rendimientos crecientes; y 

v) un aumento de la eficiencia productiva más allá de los sectores. 

Un proceso de cambio estructural debería dar lugar, entonces, a profundas modificaciones en el perfil de especialización y en las nuevas formas en que se organizan las actividades productivas. Esto requiere entender y analizar: 

i) Cómo funcionan las organizaciones (firmas e instituciones) que forman parte de una determinada estructura productiva; 

ii) cómo se manifiesta el proceso de competencia en el que están inmersas; y 

iii) qué lugar ocupan en las cadenas globales de valor en las redes, en los sistemas locales y territoriales de innovación. Estas dimensiones deberían incluir también la identificación de los bloqueos que es necesario levantar para que se desarrollen las capacidades de las organizaciones y para que se generen vinculaciones virtuosas con otras organizaciones que den lugar a un aumento de las capacidades y a procesos de feedbacks positivos. Como plantea Saviotti: “Desde la perspectiva de complejidad el significado de cambio estructural es mucho más amplio porque hablamos de coevolución entre sistema productivo e instituciones. Es más que un cambio relativo del peso de los sectores en la economía: esto es un RESULTADO”. 

Desde esta perspectiva, un proceso de CE consistiría en una propiedad emergente de un sistema complejo que es la consecuencia de múltiples y heterogéneos procesos de retroalimentación positivos entre los componentes del sistema cuando se lo analiza: 

i) Desde una perspectiva micro que toma en cuenta el desarrollo de capacidades y de rutinas y reglas por parte de las empresas; 

ii) desde una perspectiva meso, centrada en el análisis del proceso de destrucción creativa y la forma en que funciona el proceso de competencia en el marco en el que tienen lugar los procesos de innovación, y la presencia o no de las instituciones (el mercado como una de ellas) que pueden potenciar o bloquear ese proceso; 5 

ii) desde una perspectiva macro que —considerando las cuestiones asociadas a la restricción externa— pueda dar lugar a procesos de retroalimentación desde el plano institucional a los planos meso-micro que permitan el desarrollo de capacidades y conectividad. 

Un proceso de CE debería requerir además de las condiciones anteriores ser sustentable desde una perspectiva económica, es decir que desplace la restricción externa fortaleciendo una especialización productiva sectorial caracterizada por la importancia decisiva de la innovación en el proceso de competencia (eficiencia schumpeteriana) y por la elevada elasticidad ingreso de la demanda (eficiencia keynesiana). Pero a la vez, un proceso de CE debería ser sustentable desde una perspectiva social, esto es disminuyendo sistemáticamente las desigualdades de ingreso4 . 

Esta conceptualización de CE requiere entonces considerar: 

i) la presencia de relaciones no lineales; 

ii) la relevancia del path dependence y la posibilidad de introducir cambios no esperados en el mismo; 

iii) la divergencia de senderos asociados a diferentes perfiles de especialización; 

iv) la presencia o no de fenómenos de causación acumulativa al estilo Kaldor-Verdoorn; y 

v) que el CE es una propiedad emergente de un sistema complejo. 

Estas cuestiones pueden ser apreciadas en la historia del pensamiento económico con distinta intensidad desde Smith, y cobran más importancia en el estructuralismo de los años cincuenta, que planteaban una reasignación de factores productivos hacia los sectores de mayor productividad, en las corrientes postkeynesianas (Kaldor, Seterfield, O´Hara) en los que es clave la idea de causación acumulativa y el rol de la demanda, en los referentes actuales de la escuela del Desarrollo (Cimoli y otros, 2005)5 y en el evolucionismo neoschumpeteriano plus complejidad (Antonelli 2007) según la que tanto la innovación como el CE constituyen propiedades emergentes del sistema. 

 4. Tensión entre eficiencia asignativa/ricardiana y eficiencia schumpeteriana 

Como sugieren Abeles, Lavarello y Montagu (2013), en los países en desarrollo existe un conflicto entre “la asignación de recursos según la eficiencia ricardiana y la schumpeteriana”. Esto merece tres consideraciones de los autores. En primer lugar, el régimen de incentivos tiende a reforzar la expansión de los sectores que presentan menores brechas de productividad en el corto plazo, lo que puede limitar el potencial de progreso técnico en el mediano y largo plazo6 . 

Cuando estos procesos tienen lugar en una estructura económica y social y no existen bloqueos al desarrollo de capacidades y de mecanismos de feedback, el cambio estructural es inclusivo. 

5 En esa investigación, los indicadores considerados son los siguientes: i) cambio de la participación de los sectores difusores de conocimiento (DFC) en el valor agregado; ii) cierre de la brecha de productividad del trabajo en la industria manufacturera con respecto a los Estados Unidos; iii) gasto en I+D como porcentaje del PIB; iv) número acumulado de patentes por habitante otorgadas a los residentes de cada país en los Estados Unidos; v) cambio en el patrón de especialización internacional, medido a través del índice de adaptabilidad, definido como la relación entre la participación de las exportaciones del país en los sectores de mayor dinamismo en la demanda mundial, sobre la participación en los sectores de menor dinamismo externo; y vi) tasa de crecimiento económico como indicador del desempeño de cada país, o región, en la economía internacional. 

Como decía Schumpeter (1942) una empresa que busque la eficiencia estática en todos los períodos puede, a la larga, ser menos eficiente desde el punto de vista dinámico que una empresa que no cumpla con las condiciones de “optimalidad” de corto plazo. 

En segundo lugar, el  potencial de aumento de productividad derivado de los procesos de convergencia (catching up) es menor porque son los sectores con menor “brecha externa”. En tercer lugar, los sectores con eficiencia ricardiana en la región —intensivos en recursos naturales— en general no son los de mayor ritmo de progreso técnico (y aumento de la productividad) a nivel internacional. Por lo tanto el perfil de especialización resultante puede limitar el crecimiento por el bajo potencial de convergencia, por su mínima proyección de mediano o largo plazo y porque constituyen sectores que –incluso al interior de los países desarrollados— están aumentando la brecha de productividad con la manufactura avanzada7 . 

Como plantea Lee (2013), esta tensión entre ambos tipos de eficiencia se pone de manifiesto en lo que denomina la “trampa de los países de ingresos medios”. La Argentina y el Brasil están atrapados entre una manufactura de bajos salarios e innovadores de altos salarios: los niveles salariales son muy altos para competir con los exportadores de bajos salarios y su nivel de capacidades tecnológicas es muy bajo para competir con los países avanzados. 

Tabla 2. Especialización comercial vs Especialización tecnológica (Keun Lee, 2013)

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Países de ingresos bajos y medios bajos            Países de ingresos medios y medio alto 

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Tipo de especialización Comercial Tecnológica 

Fuente de especialización Ventaja comparativa Capacidades tecnológicas (aprendizaje y esfuerzos de I+D) 

Tipo de sectores Trabajo intensivos/ maduros/ basados en recursos Tecnologías de ciclo corto y emergentes Objetivo final Industrias de exportación competitivas Localización de la creación y difusión del conocimiento 

Fuente de competitividad Bajos costos (salarios o RRNN) Diferenciación de productos en forma continua 

Riesgo Bajo en la adopción del equipamiento existente Trampa de ingreso medio Baja dependencia de tecnologías existentes Capacidades tecnológicas y de diseño difíciles de adquirir Incertidumbre 

Política pública Aranceles, devaluación, control ingreso importaciones Consorcios de I+D público- privados Subsidios adoptante temprano Contratación pública 

 Fuente: Lee (2013). 

.....

Es dentro de la lógica de la dinámica del sistema que los ricos se vuelven más ricos y la brecha se mantiene y se amplía para los que están rezagados, debido a que la existencia de capital es necesaria para producir nuevo capital y el conocimiento previo es necesario para absorber nuevo conocimiento. En esa perspectiva, la coevolución entre la estructura productiva y el progreso tecnológico y los feedbacks positivos retroalimenta las brechas de productividad (Nelson, 1994). 7 Además, dado que el mayor ritmo de progreso técnico está actualmente en la manufactura avanzada, la brecha entre la productividad de estos sectores y los centrados en recursos naturales aumentará en las próximas décadas. Por consiguiente, incluso en los casos de especialización ricardiana absoluta en los países de menor desarrollo con las tecnologías de frontera, es muy factible que la brecha de productividad de estos países aumente muy significativamente en los próximos años. 7 

5. Como generar procesos de cambio estructural: algunos lineamientos de política 

Una primera cuestión asociada al diseño de política para generar procesos de CE es la discusión sobre si debieran ser de tipo normativo (como un deber ser) o positivo, o sea, como la dinámica evolutiva esperable de un sistema productivo que conduce a un CE. Es decir, los aspectos normativos deberían tener en cuenta los aspectos positivos. 

En segundo lugar, la intervención debería tener en cuenta cómo identificar i) los bloqueos que limitan la posibilidad de que una estructura tenga esa dinámica, ii) los obstáculos que interponen los conflictos de intereses y iii) los aspectos que benefician que la dinámica productiva y social vaya en la dirección de un CE, tal como fue definido más arriba. Por lo tanto, debería ser necesario identificar elementos que podrían ser parte de un proceso de generación de CE, así como elementos que constituyen restricciones y bloqueos. Desde este conjunto de perspectivas. la conceptualización de la idea de CE no debería tener como resultado lo que generalmente se puede apreciar en la literatura como una variable binaria: existe o no existe. Se trata, por el contrario, de distintos patrones de cambio estructural con dinámicas y especificidades para cada país y contexto global. 

En tercer lugar, la política dirigida a generar procesos de cambio estructural tiene que operar sobre los componentes del sistema en un nivel micro, meso y macro, accionando sobre las capacidades de los componentes y sobre los procesos de retroalimentación positivos que pueden dar lugar a la aparición de rendimientos crecientes. Siguiendo a Lee (2013), se requiere un diseño de intervención que busque la localización y la creación del conocimiento en lugar de ventajas comerciales tradicionales de tipo estático. Esto supone una amplia gama de instrumentos que van desde los Consorcios de I+D público-privados a los subsidios para adoptantes tempranos y la relevancia de la contratación pública. 

En cuarto lugar, una política de este tipo lejos de fundarse en la necesidad de eliminar fallas de mercado tiene que poder generar fallas dinámicas de mercado que posibiliten cambios significativos en la generación y apropiación de conocimiento por parte de las organizaciones y que den lugar a nuevas actividades inexistentes previamente. 

En quinto lugar, y partiendo de la fuerte brecha de productividad que tienen los países en desarrollo respecto a los países desarrollados, el diseño de política debería ser fuertemente vertical, identificando los sectores de especialización que favorecerían el proceso de CE. Sin embargo, esa política de tipo vertical debería complementarse desde la perspectiva intrasectorial con políticas de tipo horizontal. Esta complementación de políticas verticales y horizontales es muy importante, sobre todo porque al plantear el cambio estructural como una propiedad emergente estamos ante la presencia de un resultado incierto y, por tanto, si bien definir sectores estratégicos es clave, la política debería concentrarse más en el proceso que en la meta 

En sexto lugar, si bien esas políticas verticales y horizontales deberían ser complementarias, deberían promocionarse con diferente intensidad de acuerdo al grado de de desarrollo de cada país. Cuando las estructuras productivas están especializadas en un número escaso de commodities, la intervención debería tender a aumentar la variedad no relacionada mientras se hacen esfuerzos en incrementar la variedad relacionada. En esa dirección, un punto clave en el diseño de la intervención es identificar la presencia de bloqueos y evaluar la posibilidad de que se puedan levantar. 

Finalmente, la identificación de los procesos de CE y el diseño de políticas para su desarrollo requiere: i) la construcción de instituciones resilentes que estén embebidas en la sociedad; ii) la identificación continua de los actores y los bloqueos; y iii) un sistema de información estadística —en general no presente a nivel micro, meso y macro—, no solo centrada en el nivel alcanzado en las capacidades sino también en la conectividad de los componentes del sistema. 8 

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¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó la ingeniería económica?

¿Cuál es el economista que planteó y fundamentó la ingeniería económica?

La respuesta a la pregunta del título es aparentemente fácil: bastaría con señalar el nombre del (o los) economista(s); sin embargo, esto, así de sencillo llevaría, sin duda alguna, únicamente a confundir a legos y no-legos (en economía)[1]. En todo caso, se prestaría a especulación de los que no conocen a fondo los teoremas de los economistas que vamos a mencionar y, aunque esto ayudaría al debate entre investigadores y estudiosos, preferimos llevar de la mano a nuestros lectores de modo que signifique responsabilidad académica[2] más que impacto para quienes tienen curiosidad y deseo de  saberlo. Por lo tanto, creemos que es necesario una introducción previa que nos permita fácilmente entender: una apretada introducción taxonómica talvez sea necesaria:

La mayoría no sabe que existen dos vertientes (grupos) de economistas-teóricos cuyos enfoques parecen antagónicos; sin embargo, aunque a simple vista son opuestas (por su principio operativo), sus postulados y teoremas conviven desde mediados  del siglo pasado como las dos caras de la misma moneda: (1° grupo) La economía ortodoxa (y heterodoxa)[3], asociada con la economía neoclásica[4])  que contemplan la economía desde fuera y, además, keynesiana que custodia[5] y plantea los lineamientos políticos (dejando la participación activa a los gobernantes) para corregir las fallas y los errores del orden natural del mercado moral; y (el 2° grupo), la teoría económica activa que promueve la ruptura del estatu quo económico, participando proactivamente[6] en el «cambio», que considera que el problema central de la economía no es el equilibrio sino el cambio estructural para el desarrollo económico y social (Llamada economía de la innovación y del cambio tecnológico[7]).

Sin embargo, estas dos vertientes (grupos de teorías) no son sustitutivas sino complementarias –a favor del crecimiento y el progreso económico y social.

 

Los economistas defensores del segundo grupo se involucran y comprometen: al procurar el cambio del statu quo económico; mientras que, los economistas defensores del primer grupo, solo se involucran; sin embargo, deben ser versalistas (como Keynes)[8], por ello, la mayoría son keynesianos[9]. 

Después de esta introducción, creemos que nuestros lectores ya pueden estar adivinando a cuál de los dos grupos pertenece el «ingeniero economista».

A pesar de esto, creemos que no es posible aún explicase fácilmente el origen de ésta nueva ingeniería. Con este propósito, lo que sigue a continuación ayudará a entender mejor; al mismo tiempo que nos aproximaría al economista (o economistas) que contribuyeron a la conceptualización de éste nuevo profesional.

Primeramente, diremos que lo  que establece la diferencia entre economistas e ingenieros (economistas) es el principio operativo (de funcionamiento profesional); por lo que, dilucidar sobre el método que usan los economistas (neoclásicos), comparado con el método de los economistas (ingenieros), explicará  claramente el concepto de ingeniería para descubrir qué economista lo planteó; cuál es la base fundamental de esta nueva ingeniería, y qué economista lo teorizó.

Veamos:

Para empezar,  diremos que ambos aplican el cambio de A a B como estrategia metodológica. A sí, al comparar los métodos, del paso de A a B (que busca la eficiencia económica ), que se aplican en la «ingeniería económica», tanto como en la «economía»[10] (dentro de la «teoría del bienestar»[11]), estaríamos diferenciando: cómo solucionan el problema económico los economistas (neoclásicos) y como lo hacen los economistas (ingenieros).

 

En la economía neoclásica, se compara dos asignaciones que las llaman A y B, para determinar si una de esas asignaciones es mejor que la otra[12]. Parte de que A es una asignación existente y que B es una alternativa, y lo que se busca es «cambiar» de A a B que sea la mejor deseable. En general, pasar de una asignación a otra implicará que algunos individuos se sientan en mejor posición (ganen) y otros se sientan en peor posición (pierdan). Pero, con el criterio de compensación, un cambio de A a B es una mejora si los que ganan pueden compensar a los que pierden y aun así sentirse en mejor posición. De ahí la necesidad del criterio de compensación (potencial más que real, de los economistas neoclásicos) que está estrechamente relacionada con el concepto de eficiencia asignada.

La ingeniería, comparativamente, cambia el estado las condiciones de un bien inicial “A” a otro estado “B” mejorado (mediante el proceso de transformación, propio de la ingeniería). Por ejemplo, cambia pulpa de madera a papel.

Pero, este cambio de A a B, que hace el ingeniero, es igual a su método para resolver los problemas[13] e idéntico al teorema de Jean Baptiste  SAY cuando explica la actitud del «entrepreneur»[14].

Él, en 1802, dijo:

“el entrepreneur[15] «cambia» recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia”

 

A sí es como, Jean Baptiste Say[16],  determinó también el método ingenieril: del nuevo ingeniero (economista)[17]

Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el nuevo ingeniero (economista) no significa innovación; tal como lo teorizó posteriormente Schumpeter. Cualquier nuevo producto, por más mejorado que aparezca, no nos asegura que tenga éxito comercial (será sólo una nueva invención, como lo fue el caso de la aparición de la computadora electrónica), para evitar este riesgo surge el nuevo ingeniero quien es el arquitecto que configura el nuevo bien (con su investigación del mercado y del consumidor, teniendo en cuenta la “La Ley del Mercado de Say) estableciendo las bases del resultado del cambio, de ahí la necesidad de trabajar en equipo (de modo que esta nueva ingeniería tenga la característica de ingeniería concurrente).

Es así como aparece este economista Schumpeter teorizando, que hacía falta para completar la definición de «ingeniería económica».

Así es como vemos surgir la contribución (a la ingeniería económica) de Joseph Schumpeter[18], quien en 1934, decía: Los emprendedores son innovadores que buscan destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Schumpeter fue, entonces, el primer economista importante en reemprender la línea de Say. En su clásico Die Theorie der Wirtschanftslichen Enrwicklung (La teoría del desarrollo económico), publicada en 1911. Recordemos que,   Schumpeter rompió con la Economía clásica, de una manera más radical de como John Maynard Keynes lo haría veinte años después; Schumpeter postuló que el equilibrio dinámico causado por el empresario innovador, más que el equilibrio y la optimización es la «norma» de una economía sana y la realidad central de la cual debe partir la teoría y las prácticas económicas.

 

Pero, es importante señalar que, no son suficientes los teoremas económicos de los economistas-teóricos (Say y Schumpeter) para lograr su formación profesional, a pesar que sus planteamientos son tan necesarios y fundamentales (a propósito de esta nueva profesión) --hace falta formar la mentalidad del ingeniero para comportarse como tal. Es, por lo tanto, necesario el aprendizaje de otras materias ingenieriles y, sobre todo, realizar  las prácticas pre-profesionales, juntos con los demás estudiantes de las demás facultades de ingeniería, para completar su formación integrada. Al menos, fue así como se formaron  los primeros ingenieros economistas que los separó definitivamente del tradicional economista[19], por su mentalidad ingenieril. Para tal propósito tubo que convivir académicamente con estudiantes de las otras facultades de ingeniería, compartiendo aulas, profesores, prácticas profesionales, como fue desde 1964 en la “Escuela de economía aplicada” en la UNI. En conclusión, diremos que: no son las ciencias ni las matemáticas, sino su formación actitudinal del  ingeniero en ciernes, preparándolo para usar eficazmente su «ingenio» que necesitará para la resolución de problemas[20].

Precisamente, esto es lo que separa al ingeniero del economista[21]. Lo dicho por Say determina la función de éste tipo de economista (de acción directa) que se encarga de cambiar recursos económicos; ejemplo: reestructurando un negocio, innovando un producto o servicio, sobre todo, a diferencia del economista tradicional, no parte de las necesidades existentes, sino que crea nuevas necesidades obsoletando el estado de los bienes anteriores (con la destrucción creativa de Schumpeter). Compitiendo, así,  no con precios bajos (dentro del orden natural del mercado) sino compitiendo con valores (funcionales) mejorados, es decir Innovando.

--por ejemplo un teléfono móvil (actual), para agregar las nuevas funciones, necesitamos  pasar del estado (funcional actual), a otro con más funciones (o más sofisticado) y asequible al mercado, es menester transformarlo, para lo cual requerimos del «ingenio» (propio de la ingeniería) que convierta en obsoleto el actual para que dé lugar (en el mercado) al otro mejorado, para lo cual es necesario  obsoletarlo (sacándolo del mercado) al teléfono actual. Así, el ingeniero economista  aplicará su «ingenio» para  pasar del primer estado A al segundo estado B para lo cual transformará los primeros recursos económicos y convertirlos  en otros mejorados (con mayor funciones). Innovar es contribuir al progreso. Esto es:

Cambiar recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia (es decir, romper el orden natural del mercado)

Pero que este cambio tenga el propósito de alterar el statu quo económico (que, sólo es posible gracias al uso del ingenio, más que con la ayuda de las disciplinas económicas).



[1] Un lego o un no-profesional (en inglés layperson o layman) es una persona que no es un experto en un determinado campo de conocimiento (en general, que no tiene formación en ningún área muy especializada o calificada). Originalmente, el término era sinónimo de laico, o sea un no-clérigo, aunque con el paso del tiempo el concepto fue evolucionando. ("Layman, n.1", OED Online, Septiembre 2011, Oxford University Press) El concepto que describe algo en términos legos ha tenido amplia difusión en el mundo anglófono. Poner algo en términos legos, es describir o explicar un tema complejo y técnico, usando palabras y expresiones que el individuo promedio (una persona sin formación profesional en la materia) pueda entender con cierta facilidad, logrando al menos algún grado de comprensión sobre el asunto en cuestión. En forma breve y por su parte, podemos decir que 'laico' (originalmente y aún hoy) significa "gente común", término que viene del griego 'laikos' que significa "del pueblo", "común", "impío", "usual", "profano", o similar.

[2] “Numerosas son las cátedras, pero escasos los profesores sabios y nobles. Numerosos y grandes son las aulas pero pocos los jóvenes que realmente tienen sed de verdad y justicia”  “¡Que cada cual juzgue ateniéndose a su opinión personal, basada en sus  propias lecturas, pero que no se base en lo que dicen otros!” Einstein, de “La libertad de enseñanza”, a propósito del caso Gumbel.

[3] La economía ortodoxa y la economía heterodoxa: La economía ortodoxa o convencional (en inglés Mainstream economics) es la forma más ampliamente aceptada de enseñar economía en las universidades, en contraste a la economía heterodoxa. Ha sido asociada con la economía neoclásica (ver: David C. Colander, 2000). y con la síntesis neoclásica, la cual combina métodos y aproximaciones keynesianas a la macroeconomía. (ver: Olivier J. Blanchard, 2008, "neoclassical synthesis," The New Palgrave Dictionary of Economics, 2nd Edition.). Mientras que la economía heterodoxa puede ser definida en términos de instituciones-historia-estructura social, la economía ortodoxa se define en términos de racionalidad-individualismo-equilibrio. La heterodoxia considera a la economía como una ciencia social, donde el comportamiento de los actores se caracteriza por su imprevisibilidad y donde las interpretaciones son subjetivas, mientras que la ortodoxia tiende a identificar a la economía como una ciencia exacta, racionalizando el comportamiento de las personas y el curso de acción a emprender con resultados

[4] Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, (1960). “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable.

[5] John Maynard Keynes alguna vez llamó a los economistas "custodios, no de la civilización, sino de la posibilidad de civilización".

[6] Los proactivistas no buscan los cambios del sistema integral o del entorno sino el interior del sistema mismo. Ackoff señala que no se debe buscar ir contra la corriente ni contra ella, sino viajar delante. Plantean que de este modo pueden aprovechar oportunidades antes de que otros accedan a ellas. Se orientan hacia la obtención de un control sobre el futuro. Los proactivistas diseñan el futuro que desean y crean los mecanismos y herramientas para lograrlo. No se conforman con la supervivencia o el crecimiento; buscan el autocontrol, el autodesarrollo y la autorrealización. Se proponen incrementar su habilidad para influir o controlar el cambio o sus efectos con el fin de responder con rapidez y eficacia a los cambios que no pueden controlar. El proactivismo se preocupa por eliminar amenazas y aprovechar oportunidades. Los proactivos intentan ser mejores en el futuro en contrario con su situación presente; se proponen alcanzar niveles ideales, procuran que la organización se desarrolle. Los proactivistas creen que el futuro es mejor que el presente y el pasado, y que el grado de mejoría depende de lo adecuado de su preparación; la predicción y la preparación son las dos etapas de ese tipo de planeación. Estos planificadores desean incrementar su habilidad para pronosticar los cambios que ocurrirán. Se ocupan de aprovechar las oportunidades y de “optimizar” los recurso con el propósito de lograr que la organización crezca. Russell Acroff et al., Guía para controlar el futuro de la empresa, México, Limusa. 1986, y Russell Acroff, Rediseñando el futuro, Mexico, Limusa, 1984.

[7] Cada vez resulta más evidente que el cambio tecnológico no es un procedimiento mecánico que consiste simplemente en encontrar mejores productos y procesos, sino que para introducir rápidamente innovaciones  es necesario fomentar la iniciativa empresarial.  Y para esto se requiere de gente preparada, con visión del futuro, que perciba lo que es mejor de lo que hoy se tiene…

[8] El economista perfecto: "Un economista debe ser en cierta medida un matemático, un historiador, un estadista, un filósofo... tan distante e incorruptible como un artista y, sin embargo, a veces con los pies tan en el suelo como un político" Así describía John Maynard Keynes, uno de los economistas más importantes del siglo pasado y de toda la historia, las características que debía reunir un buen compañero de profesión. Un buen economista debe poseer varias habilidades, en apariencia no difíciles de manejar, pero sí raras de reunir. No se  pueden cubrir la gran cantidad de variables que convergen en la economía sin varias aptitudes y puntos de vista: Debe conocer la historia para no repetir errores, debes hacer cálculos matemáticos, debes estudiar el presente pensando en el futuro y el futuro pensando en el presente, debe actuar ante la realidad con la sangre fría de un ser ajeno a este mundo y a la vez introducirte en él de lleno.

[9] El paradigma keynesiano de los ajustes macroeconómicos que dominó el mundo académico y económico en las décadas subsiguientes a la  posguerra, consideró, al cambio tecnológico, solo como progreso técnico, al interior de sus funciones de producción, es decir simplemente como una tendencia en el tiempo, sin lograr de ésta manera plantear en su real dimensión la relación entre productividad y cambio tecnológico. La teoría neoclásica del crecimiento, al introducir formalmente el progreso tecnológico en su análisis, incorpora implícitamente el supuesto de que el progreso técnico pude expresarse en términos de una taza global, en la forma de un facto exógeno que aparece reflejado en términos residuales. (Abramovitz, 1956; Solow, 1957; Solow, 1956.). Si bien algunos economistas neoclásicos, al llegar a conclusiones similares a las de Solow (Denison, E., 1962. “Source of economic Growth in the United States and The Alternatives Before Us.” Committee for Development Vol. pp.), al considerar al progreso técnico como origen diferenciador del crecimiento de la productividad y describir como una difusión irregular del mismo entre distintas industrias lleva a un crecimiento diferencial de la productividad (Salter, W, 1960. “Productivity and technical ghange.” Cambridge University Press, Vol. pp.), no logran explicar con claridad, e incluir en sus modelos la relación de éste progreso técnico con el resto de las variables económicas, progreso técnico que resultó ser algo inesperado y raro para estos economistas. Esta condición llevó a considerarlo como un elemento exógeno al sistema económico, sobre el cuál los agentes económicos carecían de control, exogeneidad que se ve reflejada en los modelos de crecimiento, al presentar al progreso técnico, como un elemento residual que no es claramente observable ni tampoco explicable. Sin embargo, no es hasta la crisis económica de la década de los años setenta, donde el crecimiento de las industrias basadas en los avances de la microelectrónica, específicamente los ordenadores y los sistemas de procesamiento de la información, los cuales presentan tasas de crecimiento que serán la capacidad explicativa desde los planteamientos neoclásicos de capital y trabajo. Se plantea así, en el análisis económico, como centro explicativo de este crecimiento económico, las variables relacionadas con el progreso tecnológico (Romer, 1990 ). Educación, Investigación y Desarrollo Experimental e Innovación, serán entonces los elementos centrales en la explicación de dicho crecimiento, relegando el papel de las inversiones en capital a un segundo plano (OCD, 1998: Romer, 1986).

[10] La escuela neo clásica se caracteriza por tres aspectos:

-El criterio económico fundamental el subjetivo: satisfacción y beneficio.

-El objeto de estudio es micro-económico: el equilibrio del consumidor y de la empresa. Se busca maximizar y optimizar los recursos,

- En lugar del análisis histórico de los clásicos,  los neoclásicos consideran factores (tierra, capital y trabajo).

Los neoclásicos conciben que el libre juego de la oferta y la demanda en el mercado establezcan los precios que permiten asignar más eficientemente los recursos. Trabajo más capital producen mercancía, en cantidades limitadas,  sus características le permiten ser combinados de acuerdo al producto. Productores y consumidores viven todos en un mundo donde: todos cuentan con plena información sobre los precios, los costos, la disponibilidad de factores y necesidades planeada por la demanda; hay plena movilidad de factores los empresarios pueden trasladar su  inversión; los factores se suponen divisibles y sustituibles; el mercado opera libremente sin intervención del estado, y está abierto al ingreso y salida.

[11] “Economía del bienestar es una aproximación metodológica para juzgar la asignación de recursos y establecer criterios para la intervención gubernamental”. La economía del bienestar es una rama de las ciencias económicas y políticas que trata de cuestiones relativas a la eficiencia económica y al bienestar social. Analiza el bienestar general -cualquiera que sea su medida- en términos de las actividades económicas de los individuos que conforman una sociedad. “La economía del bienestar provee las bases para juzgar los logros del mercado y de los encargados de decisiones políticas en la distribución o asignación de los recursos”.

[12] "En la literatura contemporánea, el tema de la racionalidad económica se presenta bajo la for­ma de dos preguntas: 1º) ¿En qué forma deben comportarse los agen­tes económicos en un sis­tema económico dado para alcan­zar los objetivos que se propo­nen?  2º) ¿Cuál es la racionalidad del sistema económico en sí y cómo comparar­la a la de otros sistemas?”

[13] En cualquier problema existe un estado original de condiciones al que nos referiremos como estado A; o como el insumo, o datos de entrada. Igualmente, existe un estado de condiciones (objetivo o resultado) respecto al cual la persona encargada de la solución del problema trata de hallar el medio de alcanzarlo, y al cual lo llamamos estado B, resultado, producto, o salida. Un problema existe si hay un deseo de lograr una transformación de un estado de situaciones a otro, siempre y cuando haya más de una manera posible de lograr dicha transformación, que las diferentes soluciones posibles no tengan el mismo grado de aceptación y que no sea palpable el grado de aceptación relativa de las diferentes soluciones posibles. Por eliminación, podemos concluir que un problema involucra algo más que hallar una solución cualquiera; requiere encontrar el mejor método para lograr la transformación deseada. A las bases que permiten seleccionar la mejor solución posible se les conoce como el criterio, bases éstas que pueden variar dentro de límites muy amplios.

[14] En sentido económico, Richard Cantillon, en 1755, definió el término por primera vez como «el proceso de enfrentar la incertidumbre». Así se fue utilizando para identificar a quien comenzaba una empresa y fue ligado a empresarios innovadores.

[15] El término emprendedor, del francés entrepreneur, es usado para referirse a un individuo que organiza y opera una o varias empresas, asumiendo cierto riesgo financiero en el emprendimiento. Fue definido por primera vez por el economista anglo-francés Richard Cantillon como «la persona que paga un cierto precio para revender un producto a un precio incierto, por ende tomando decisiones acerca de obtención y uso de recursos, y admitiendo consecuentemente el riesgo en el emprendimiento».  Aparece a principios del siglo XVI haciendo referencia a los aventureros que viajaban al Nuevo Mundo en busca de oportunidades de vida sin saber con certeza qué esperar o también a los hombres relacionados con las expediciones militares. A principios del siglo XVIII, los franceses extendieron el significado del término a los constructores de puentes, de caminos y a los arquitectos.

[16] Say fue fundador, junto a Adam Smith, Thomas Robert Malthus y David Ricardo, de la Escuela Clásica de pensamiento económico. No todo fue tan fácil para Say. En su vida tuvo difíciles contratiempos. Famosa fue, por ejemplo, la polémica con Napoleón cuando éste le negó la licencia para publicar la segunda edición de su Tratado de economía política, a menos que cambiase cierto capítulo. Say, que se caracterizaba por su independencia y Liberalismo, se negó y la edición quedó anulada. Say tuvo que abandonar París por un período de varios años y empezar una nueva carrera como fabricante. Tras su regreso a París, se publicó por fin una segunda edición de la obra en 1814 que fue seguida, aún en vida del autor, por otras tres ediciones, así como también por sendas traducciones al inglés, italiano y español. Jean-Baptiste Say murió en 1832, pero las huellas de su influencia son perceptibles en todas las subsiguientes escuelas de la economía política. La sola discusión (con Keynes) de si se cumplía la Ley de Say se sostuvo, a lo menos, un siglo en el campo de la economía. El economista francés Jean-Baptiste Say nació en Lyon en el seno de una familia hugonote de mercaderes textiles. 

[17] Podemos deducir entonces que el primer economista teórico que formuló la aplicación de la economía y formuló (al mismo tiempo) el método ingenieril, fue  Jean Baptiste  SAY. ¿Por qué? Porque él planteó la proactividad y la vocación para provocar el cambio (como propio del «entrepreneur»); pero no lo hace como ejemplo de conducta a seguir (actitudinal), o como son los líderes, sino como un ejemplo de  ruptura del status quo económico –cambiando el equilibrio (las estructuras económicas) del mercado.

[18] En 1934 Joseph Alois Schumpeter dio la siguiente definición de emprendedor: Un emprendedor es un innovador que busca destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.

[19] El economista se centra en conseguir los máximos resultados de los recursos existentes y persigue establecer el equilibrio. No sabe tratar al empresario y lo condena al reino oscuro de las «las fuerzas externas», junto al clima y el tiempo meteorológico, el gobierno y sus políticas, las pestes y las guerras y, también, la tecnología. El economista tradicional, a pesar de las diferentes escuelas o «ismos», no niega, evidentemente, que dichas fuerzas externas existen y que son relevantes. Pero no son parte de su mundo, no cuenta para su modelo, sus ecuaciones, o sus predicciones.

[20] A diferencia de los problemas que normalmente deben resolver los estudiantes de ingeniería, los problemas reales a menudo no están estructurados y son de carácter abierto. En ocasiones, no se conocen o están disponibles todos los datos requeridos. En otros casos, es necesario buscar entre una gran cantidad de información e identificar qué partes de ésta se necesitan para resolver el problema en cuestión. Algunas veces los ingenieros novatos se sorprenden al descubrir que un problema puede no tener una única solución definitiva. Con frecuencia, el objetivo consiste en seleccionar una cierta solución entre otras alternativas. Tal vez se requiera sopesar varias consecuencias conflictivas de una acción ingenieril y entonces seleccionar la solución que mejor satisfaga las necesidades y deseos de un empresario, cliente o del público en general.

[21] El economista se centra en conseguir los máximos resultados de los recursos existentes y persigue establecer el equilibrio. No sabe tratar al empresario y lo condena al reino oscuro de las «las fuerzas externas», junto al clima y el tiempo meteorológico, el gobierno y sus políticas, las pestes y las guerras y, también, la tecnología. El economista tradicional, a pesar de las diferentes escuelas o «ismos», no niega, evidentemente, que dichas fuerzas externas existen y que son relevantes. Pero no son parte de su mundo, no cuenta para su modelo, sus ecuaciones, o sus predicciones.