El objeto de la historia marxista de la filosofía como ciencia
es la historia del nacimiento y solución de los problemas
filosóficos y, ante todo, la historia de la formación y desarrollo
de las corrientes filosóficas fundamentales —el materialismo y
el idealismo—, de la lucha entre ellas, la investigación del
proceso de institución de unas formas y modalidades de
materialismo por otras, así como la gestación, el surgimiento y
el desarrollo de la dialéctica y su lucha con la metafísica. Por
cuanto la filosofía es una forma determinada, específica de
conocimiento de la realidad, forma expresada en categorías
lógicas, en conceptos e ideas filosóficos, la historia de la
filosofía estudia también la gestación, el nacimiento y el
desarrollo de las categorías del conocimiento más importantes.
La historia marxista de la filosofía dedica atención particular a la investigación y estudio del surgimiento y desarrollo del
materialismo dialéctico, que es el sistema filosófico científico, el
método de conocimiento y transformación revolucionaria del
mundo, la base filosófica de la cosmovisión científica de la clase
obrera y de otras fuerzas que combaten por el socialismo.
1 La problemática filosófica y su cambio en el transcurso de la historia.
En el proceso de desarrollo histórico de la filosofía fue
cambiando el haz de cuestiones que ésta trataba, a consecuencia de lo cual cambiaba el objeto de la filosofía y el modo de
entenderlo. Así, en la sociedad esclavista no existían aún
ciencias particulares, separadas, para la naturaleza y la
sociedad, para las diversas formas del movimiento de la
materia, y la filosofía era el saber en general y, al principio, casi
su forma única. Más adelante, al aparecer las ciencias
particulares se asiste a su segregación de la filosofía. El
progreso del saber hizo que la filosofía dejara de actuar poco a
poco en el papel universal de "ciencia de las ciencias" y
quedaran como materia de su estudio las cuestiones más
generales del ser y el conocimiento. La filosofía científica de
nuestros días —el materialismo dialéctico— estudia las leyes
más generales del desarrollo de la realidad que se manifiestan en la práctica socio-histórica del homdre y se reflejan en el
pensamiento del mismo.
Por más que cambiaran las cuestiones filosóficas y, en
consecuencia, el propio objeto de la filosofía, en todas las fases
de la historia del pensamiento hubo —y hoy perduran— los
problemas del ser, del conocimiento, de la vida humana
comunes a todas las doctrinas filosóficas y que, en grado mayor
o menor, constituyen el objeto de todas las teorías filosóficas.
De un modo u otro, los filósofos siempre respondieron al
interrogante de si existen por sí mismos la naturaleza, el
mundo, es decir, si son materiales o dependen "del más allá" y
son un "destello" de éste; de si el mundo existe desde toda la
eternidad o fue creado por un espíritu, por una divinidad; de
si el mundo, la naturaleza se encuentran en movimiento, en
mutación y evolucionan en razón de sus leyes objetivas,
independientes de la conciencia, del espíritu, o si no existen
tales leyes objetivas y el movimiento, la mutación en el mundo
dependen de una injerencia externa, del espíritu, la divinidad
o la conciencia del hombre, de su mente, su voluntad, etc.
Todos estos interrogantes y otros muchos, que en las doctrinas
premarxistas se denominaban ontológicos, siempre han figurado, y siguen figurando, entre las cuestiones de la filosofía.
Foco de la atención de la filosofía, como cuestión de
máxima entidad de la misma, ha sido y sigue siendo la atinente
a la relación entre el hombre y el mundo. Hállase esta cuestión
inseparablemente entroncada con el problema cardinal de la
filosofía y se resuelve en el proceso de la actividad práctica y
teórica del hombre, que tiene de ordinario carácter social y está
condicionada en última instancia por el modo de producción
material que predomine en la sociedad.
El progreso de la ciencia y de la propia filosofía tenía que
acrecentar necesariamente la significación de la problemática
gnoseológica, es decir, de las cuestiones relativas al proceso del
conocimiento, tales como la correlación entre el pensar y el ser,
entre nuestras representaciones del mundo y el mundo real,
los problemas del sujeto y el objeto, de las vías y medios,
estadios, formas y métodos del conocimiento de la realidad, las
cuestiones concernietes a la verdad y el criterio de la misma,
etc.
El pensamiento filosófico es un pensamiento lógico, presupone determinadas formas, categorías y nociones lógicas en las
que se realiza, leyes por las que se desarrolla; las cuestiones de
la lógica del pensamiento han sido y siguen siendo parte
inseparable, integrante, del objeto de la filosofía.
Los filósofos siempre han empleado unos y otros métodos
de conocimiento, siempre han abordado la aclaración de los
fenómenos del mundo desde el punto de vista de la dialéctica o
de la metafísica. Por lo tanto, las cuestiones tocantes a los
modos de explicar la realidad, a los métodos del conocimiento,
es decir, las cuestiones metodológicas también han sido y son
objeto de la filosofía.
En épocas pretéritas de la historia de la ciencia y la filosofía,
cuando era aún escaso el desarrollo de las ciencias naturales e
incompletos y fragmentarios los datos sobre la naturaleza que
éstas proporcionaban, algunos filósofos intentaban resolver
fuera de una generalización científica de tales datos el
problema de las leyes internas de la naturaleza, intentaban
establecer "nexos" entre unos u otros fenómenos de la misma,
etc. Estos problemas "natural-filosóficos" figuraron hasta
promediar el siglo XIX en la suma de las cuestiones de la
filosofía. Con el progreso de las ciencias naturales, en
particular después de sus grandes descubrimientos del siglo
XIX, las aclaraciones "natural-filosóficas" fueron reemplazadas por la generalización filosófica de los adelantos de las
mencionadas ciencias, que revelaron las leyes de la naturaleza,
la trabazón efectiva entre los fenómenos. En la esfera
cognoscitiva de la naturaleza se tornó objeto de la filosofía el
esclarecer las leyes más generales del paso de unas a otras
formas del movimiento de la materia, sus interconexiones
reales, la indagación de la dialéctica objetiva de la naturaleza,
del carácter dialéctico de las leyes de las ciencias naturales, el
estudio de la lógica del pensamiento científico en la esfera de
estas ciencias. Estos problemas filosóficos generales también
forman parte hoy del objeto de la filosofía.
Exponente de la cosmovisión de unas clases y otras, de unos
grupos sociales u otros, la filosofía siempre ha debatido las
cuestiones relativas al lugar del hombre en la sociedad y su
designación, al "sentido" de la historia, a cuáles son sus fuerzas motrices, hacia dónde va la sociedad, cuál es su futuro, etc.
Estas y otras importantísimas cuestiones, que en los sistemas
filosóficos premarxistas eran temas de la llamada filosofía de la
historia, también son objeto de la filosofía.
En el pasado —y hoy, en buena medida— eran materia de
la filosofía los problemas teóricos generales de la sociología
(esencia, leyes y estructura de la vida social, correlación entre
sus elementos materiales y espirituales, relaciones e interconexiones entre los hombres, entre el individuo y la sociedad, etc.),
de la ética (principios fundamentales y leyes de la moral) y de la
estética (qué es la belleza, relación entre arte y realidad, etc.).
De esta suerte, si las ciencias naturales concretas (física,
química, biología, etc.) indagan las diversas formas del
movimiento de la materia y las leyes del desarrollo de las
mismas y las ciencias sociales concretas (economía política,
derecho, estudio de las artes) tratan de los diversos aspectos de
la vida social y de las leyes de su desarrollo, la misión de la
filosofía es investigar las cuestiones más generales del ser y el
conocimiento. El desarrollo histórico de las concepciones del
hombre sobre estas materias constituye el objeto de la historia
de la filosofía.
2. Los principios marxistas
en su aplicación a la historia
de la filosofía
El principio del espíritu de partido
El marxismo-leninismo parte de que la historia de la
filosofía ha sido siempre y es hoy terreno de la contienda entre
los dos partidos en filosofía, de la lucha entre el materialismo y
el idealismo; esta pugna es una expresión de los intereses
sociales y la ideología de las distintas clases y grupos sociales.
"La novísima filosofía —dice Lenin— está tan penetrada del
espíritu de partido como la filosofía de hace dos mil años."
2 V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo. Obras Completas, 5" ed. en
ruso, t. 18, pág. 380.
El materialismo lleva ínsito el espíritu de partido, pues entiende
que, al enjuiciar cualquier hecho, la filosofía adopta el punto
de vista de un grupo social determinado. Ahora bien, muchos
filósofos que fueron exponentes de la cosmovisión y los
intereses de las clases dominantes en la sociedad explotadora
presentaron sus escritos como doctrinas "por encima de las
clases y los partidos" y pretendieron hacerlas pasar por verdad
"universal", "eterna" y "absoluta". Bajo el ropaje de un
supuesto "apartidismo", los idealistas intentan, no obstante,
desterrar al materialismo de la historia de la filosofía
presentando al idealismo como la corriente única de un
pensamiento genuinamente filosófico. Incluso un filósofo
dialéctico tan encumbrado como Hegel, en rigor excluyó al
materialismo de la historia de la filosofía. Hegel sostuvo que "la
filosofía se halla con la religión en el mismo terreno, tiene el
mismo objeto: la razón universal, esencia en sí y para sí" ^. Para
él, la única diferencia consiste en la forma de expresar este
contenido común, cosa que distingue la historia de la filosofía
de la historia de la religión. Contra toda razón juzgaba el
materialismo "forma inferior del filosofar".
Frente a la filosofía idealista, muchas de cuyas corrientes,
aunque no lo admitan, están vinculadas a la ideología y a los
intereses de las clases dominantes de la sociedad explotadora,
la filosofía marxista proclama que es parte integrante de la
cosmovisión del proletariado revolucionario, la base filosófica
del comunismo científico, que fundamenta la transformación
revolucionaria de la sociedad burguesa en una sociedad
comunista. El espíritu de partido de la filosofía marxista
estriba, asimismo, en que combate resueltamente la filosofía
burguesa reaccionaria, los intentos de "conciliar" el materialismo y el idealismo, de situarse "por encima" de la lucha de los
partidos en filosofía, y critica toda dejación del materialismo en
favor del idealismo y la religión.
3 G. HegeK Obras, ed. en ruso, t. IX, pág. 62.
En tanto que los intereses clasistas del proletariado
revolucionario y de otras fuerzas que batallan por el socialismo
coinciden en última instancia con el proceso histórico objetivo, el espíritu de partido de la filosofía marxista guarda indisoluble conexión con su objetividad científica y ofrece la posibilidad de conocer detallada y verídicamente la realidad y las leyes
de su desarrollo.
El principio marxista del historicismo
Al estudiar y enjuiciar los sistemas filosóficos del pasado, el
marxismo los sitúa en su marco histórico concreto. Lenin decía
que no se debe juzgar a los pensadores por lo que no dieron al
nivel de las demandas de su tiempo, sino por lo que aportaron
de nuevo en comparación con sus precursores. "Todo el
espíritu del marxismo, todo su sistema —escribió— exige que
cada tesis sea examinada sólo (a) históricamente; (b) sólo en
relación con otras; (Y) sólo en relación con la experiencia
concreta de la historia." 4
En cumplimiento del principio marxista del historicismo, la
historia científica de la filosofía no echa por la borda el
idealismo, sino que indaga las raíces y la esencia de las
doctrinas idealistas, examina las contradicciones que envuelven, rescata los elementos valiosos que contienen algunos
sistemas idealistas (la dialéctica en la filosofía de Hegel, por
ejemplo), muestra que, si bien ciertas concepciones idealistas
son una flor estéril, no dejan por ello de haber nacido en el
árbol frondoso del saber, emanan del propio proceso del
conocimiento, tienen raíces gnoseológicas relacionadas con
tales o cuales desvíos del acertado camino del conocimiento,
con la unilateralidad, el subjetivismo, etc. Estas distorsiones de
la verdad fueron abultadas, entronizadas en bien de las clases
dominantes y convertidas en sistemas idealistas entroncados
con la religión y a menudo hostiles a la ciencia.
Engels señaló que el idealismo es una forma falsa de la
filosofía, pero inevitable para su tiempo y para la misma
trayectoria del conocimiento 5 Lenin enseñó que "desde el
punto de vista del materialismo dialéctico, el idealismo filosófico es el desarrollo unilateral, desmedido... (la hinchazón, el
abultamiento) de uno de los rasgos, de los aspectos, de las
facetas del conocimiento hasta elevarlo en un absoluto
desconectado de la materia, de la naturaleza, divinizado. El
idealismo es el oscurantismo clerical. Cierto. Pero el idealismo
filosófico es ("mejor dicho" y "además") el cawino hacia el
oscurantismo clerical a través de uno de los matices del
conocimiento infinitamente complicado (dialéctico) del
hombre." 6
En su enfoque historicista de las doctrinas filosóficas, la
historia marxista de la filosofía tiene en cuenta los elementos
valiosos contenidos en las concepciones que elaboraron acerca
de la historia de la filosofía los pensadores del pasado:
Aristóteles, Bacon, Feuerbach, Herzen, Chernishevski, etc. El
marxismo valora debidamente el "núcleo racional" que
envuelve la doctrina de Hegel sobre la historia de la filosofía:
aunque asentándose en un basamento idealista, falso, Hegel
revela el nexo lógico de las distintas doctrinas filosóficas y la
sucesión en su desarrollo, merced a lo cual la historia de la
filosofía deja de ser un enjambre caótico de concepciones y
representaciones y aparece como proceso histórico de progreso
del conocimiento. Mérito de Hegel fue también el haber
rastreado el desarrollo de la dialéctica en la historia de la
filosofía.
Refiriéndose a los logros de los científicos bvirgueses que,
quiéranlo o no, actúan en las sociedades explotadoras como
"comisionados" de las clases dominantes, Lenin entendía que
la tarea de los marxistas "es la de saber asimilar y reelaborar las
adquisiciones de esos "recaderos"... y saber rechazar su
tendencia reaccionaria, saber seguir una línea propia y luchar
contra toda la línea de las fuerzas y las clases que nos son
enemigas.7
4 V. I. Lenin. Carta a Inés Armand. O.C, t. 49, pág. 329.
5 Véase C. Marx y F. Engeis. Obras, ed. en ruso, t. 20, pág. 513.
6 V. I, Lenin. En tomo a la cuestión de la dialéctica. O.C., t. 29, pág. 322,
7 V. I. Lenin. Moterinlismo y empiriocriticismo. O.C., t. 18, pág. 364.
La historia de la filosofía en la deformada óptica
de la filosofía burguesa contemporánea
Los principios de la historia de la filosofía como ciencia, su
objeto y su método son hoy materia de ásperas controversias
ideológicas entre el marxismo y algunas concepciones idealistas
de nuestros días.
Muchos exponentes del neopositivismo (Philipp Frank,
Ludwig Wittgenstein, etc.), difundida corriente de la filosofía
idealista moderna, en esencia niegan que la filosofía tenga un
objeto específico propio distinto del objeto de las ciencias
concretas; para ellos, la única misión de la filosofía es estudiar
los procedimientos y medios del pensamiento lógico, la
estructura del "lenguaje de la ciencia". Partiendo de tal
interpretación del objeto de la filosofía niegan a la historia de
ésta toda substancia positiva, niegan su inmenso y autónomo
papel en el conocimiento del mundo.
Un enfoque algo distinto, aunque también erróneo desde el
punto de vista del marxismo, preconizan los adeptos del
existencialismo, otra corriente de la filosofía burguesa moderna. Por ejemplo, Karl Jaspers no niega la necesidad de estudiar
la historia de la filosofía, pero da por imposible examinarla de
modo objetivo como proceso histórico único. Para él cada
filosofo es el creador de su mundo subjetivo individual,
independiente de la historia, y la filosofía en conjunto es "una
lucha del espíritu no encerrado en el tiempo". El subjetivismo
de Jaspers y otros ex i stenci alistas les lleva a tratar de modo
arbitrario los hechos de la historia de la filosofía; por algo este
autor, con desdén por la verdadera historia del pensamiento
filosófico, reúne a los filósofos de diversas épocas y corrientes
en "grupos" (por ejemplo. Platón y Kant, Hobbes y Fichte,
Tomás de Aquino y Hegel, Cicerón y Voltaire, etc.). En virtud
de estas arbitrariedades se establece un divorcio entre la
historia real de la filosofía y la historia auténtica del desarrollo
de la ciencia y de la batalla de las ideas.
Otras corrientes de la filosofía idealista contemporánea (los
neotomistas, los espiritualistas y otros seguidores del idealismo
objetivo, por ejemplo) sustentan respecto a la filosofía un
modo de ver próximo a la religión al afirmar que el objeto de
Historia de la aquélla siempre ha sido y sigue siendo cierto espíritu absoluto
eterno, la razón universal (Dios, dicho con otras palabras).
Así pues, los modernos historiadores burgueses de la
filosofía —tanto los que subordinan la filosofía a la religión y
hacen de la historia de la filosofía un apéndice de la historia de
la religión, como los que juzgan la historia de la filosofía como
una consecuencia de la creación subjetiva de tales o cuales
pensadores— imponen en rigor una separación entre la
historia de la filosofía y el proceso real de la historia de la
sociedad y la ciencia. Los filósofos idealistas reaccionarios
—entre ellos los que se ocupan de la historia de la filosofía—
combaten el materialismo, tratan de minimizar y demoler sus
logros y tradiciones, proclaman las doctrinas filosóficas idealistas teorías que se hallan al margen de las clases y los partidos y
echan por la borda el acervo materialista y dialéctico del
pensamiento filosófico.
La filosofía marxista-leninista critica las concepciones
histórico-filosóficas reaccionarias de los autores burgueses
modernos que falsean el panorama del desarrollo del pensamiento filosófico y arremeten contra sus mejores tradiciones.
3. El método marxista de conocimiento de la
historia de la filosofía y de las leyes de su
desarrollo
La esencia del método marxista en
la historia de la filosofía
El materialismo dialéctico e histórico distingue dos aspectos
en la filosofía: el cognoscitivo, por cuanto la filosofía cumple en
medida considerable las funciones de conocimiento del mundo
y, en determinadas circunstancias, las de la ciencia, y el
ideológico, por cuanto es parte integrante de la superestructura ideológica. La historia marxista de la filosofía hace ver la
conexión que existe entre las doctrinas filosóficas y otras
formas de la vida social y de la conciencia del hombre (el
desarrollo de la ciencia, particularmente), hace ver que la
filosofía dejjende de las relaciones sociales de una época determinada (y, finalmente, del modo de producción material), de la lucha de clases. A causa de ello, la historia de la
filosofía explica los motivos que guiaron a los filósofos en la
construcción de sus doctrinas, las razones últimas por las cuales
las ideas filosóficas exponentes de la cosmovisión de un grupo
social u otro adoptaron un sesgo determinado.
La historia de la filosofía es un proceso regido por leyes
internas, en el cual las diversas doctrinas filosóficas guardan
interconexión, se condicionan unas a otras, evolucionan en el
transcurso de la lucha que riñen las corrientes y tendencias
filosóficas opuestas (el materialismo y el idealismo, la dialéctica
y la metafísica, etc.). Esta colisión da lugar a cambios
cualitativos dentro de la filosofía: cambian las formas del
materialismo y la dialéctica, y a mediados del siglo XIX se asiste
a una revolución en la filosofía: aparece el materialismo
dialéctico e histórico.
La historia marxista de la filosofía no se limita a describir, a
exponer las doctrinas filosóficas, sino que ofrece un panorama
general del desarrollo ascensión al de los conocimientos filosóficos, de lo inferior a lo superior, en el proceso de la lucha del
materialismo con el idealismo, de la dialéctica con la metafísica,
y revela las leyes de este desarrollo. El método marxista de la
historia de la filosofía considera con historicidad todas las
doctrinas filosóficas como peldaños en el progreso del
conocimiento del mundo, sin admitir la modernización de tales
doctrinas ni adjudicar a los pensadores del pasado ideas que
sus mentes no cobijaron ni podían cobijar. A la hora de
estudiar una doctrina filosófica, el marxismo exige aclarar sus
raíces sociales y gnoseológicas, investigar todas sus facetas y
emitir desde posiciones científicas, marxistas, un parecer sobre
el sistema de concepciones filosóficas articuladas en dicha
doctrina.
Algunas leyes generales y particulares
del desarrollo de la filosofía
El marxismo-leninismo diferencia las leyes dialécticas
generales ínsitas en todas las formas de desarrollo del ser y el
conocimiento, las leyes particulares características de todas las formas de la conciencia social, incluida la filosofía, y las leyes
específicas concernientes a la filosofía, como forma particular
de la conciencia social y de su historia. Las leyes generales del
desarrollo de todo conocimiento, como también del ser, son las
leyes de la dialéctica: la transición de los cambios cuantitativos a
los cualitativos, la negación de la negación, la unidad y la lucha
de los contrarios como fuente de todo desarrollo, etc. Una ley
particular y, al propio tiempo, sociológica general determinante del desarrollo de todas las formas de la conciencia social es,
en última instancia, el papel decisivo, que cumple el modo de
producción material en el surgimiento y desarrollo de todas las
ideas sociales. El marxismo expresa esta ley con la fórmula: "El
ser social determina la conciencia social." La filosofía, como las
demás formas de la conciencia social (ideología política,
derecho, moral, religión, arte), pertenece a la superestructura,
que descansa en la base económica de la sociedad.
Por cuanto la filosofía, en particular su corriente materialista, evoluciona en interconexión con las ciencias naturales, el
carácter y el nivel de su desarrollo dependen, en buena
medida, del progreso de la industria, del progreso científico y
técnico, al que las ciencias naturales están enlazadas indisolublemente. "„. Los filósofos —escribió Engels— no avanzaban
impulsados solamente, como ellos creían, por la fuerza del
pensamiento puro. Al contrario. Lo que en la realidad les
impulsaba eran, principalmente, los progresos formidables y
cada vez más raudos de las Ciencias Naturales y de la
industria.»"
La ley sociológica general del desarrollo de la conciencia
social se cumple en las sociedades clasistas bajo la forma de la
dependencia de la conciencia social con respecto a la lucha de
clases. Esta lucha se expresa no sólo en el terreno político, sino
también en el ideológico. En las sociedades clasistas, las
doctrinas filosóficas representan la cosmovisión de clases o
grupos sociales determinados, tienen carácter clasista.
Como una ley opera en la historia de la ideología, incluida
la filosofía, la interconexión entre las condiciones nacionales y
las internacionales del desarrollo de la conciencia social.
8 C.Marx y F.Engels. Obras, t. 21, pág. 285.
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