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lunes, 20 de diciembre de 2021

Profetas Modernos: ¿Schumpeter y Keynes?

 Profetas Modernos: ¿Schumpeter y Keynes?

Peter Drucker, 1983

Los dos grandes economistas de este siglo, Jospeh A. Schumpeter y John Maynard Keynes, nacieron, con sólo unos meses de diferencia, hace cien años: Schumpeter el 8 de febrero de 1883, en una ciudad austriaca de provincia; Keynes el 5 de junio de 1883, en Cambridge, Inglaterra. (Y murieron con sólo cuatro años de diferencia - Schumpeter en Connecticut el 8 de enero de 1950, Keynes en el sur de Inglaterra el 21 de abril de 1946). El centenario del nacimiento de Keynes se celebra con una gran cantidad de libros, artículos, conferencias y discursos. Si el centenario del nacimiento de Schumpeter fuera notado, sería en un pequeño seminario doctoral. Y, sin embargo, cada vez está más claro que es Schumpeter quien va a dar forma al pensamiento y a las cuestiones de política económica para el resto de este siglo, si no para los próximos treinta o cincuenta años.

Los dos hombres no eran antagonistas. Ambos cuestionaron supuestos de larga data. Los opositores de Keynes eran los mismos "austriacos" de los que Schumpeter había roto como estudiante, los economistas neoclásicos de la Escuela Austriaca. Y aunque Schumpeter consideraba que todas las respuestas de Keynes eran erróneas, o al menos engañosas, era un crítico comprensivo. De hecho, fue Schumpeter quien estableció a Keynes en Estados Unidos. Cuando la obra maestra de Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, salió a la venta en 1936, Schumpeter, por entonces miembro de la facultad de economía de Harvard, les dijo a sus estudiantes que leyeran el libro y les dijo también que el trabajo de Keynes había reemplazado totalmente sus propios escritos anteriores sobre el dinero.

Keynes, a su vez, consideró a Schumpeter uno de los pocos economistas contemporáneos dignos de su respeto. En sus conferencias se refería una y otra vez a las obras que Schumpeter había publicado durante la Primera Guerra Mundial, y especialmente al ensayo de Schumpeter sobre Rechenpfennige (es decir, el dinero de cuenta) como el estímulo inicial para sus pensamientos sobre el dinero. La iniciativa política más exitosa de Keynes, la propuesta de que Gran Bretaña y Estados Unidos financiaran la Segunda Guerra Mundial mediante impuestos en lugar de mediante préstamos, surgió directamente de la advertencia de Schumpeter de 1918 sobre las desastrosas consecuencias de la financiación de la deuda de la Primera Guerra Mundial.

Schumpeter y Keynes son a menudo contrastados políticamente, con Schumpeter siendo retratado como el "conservador" y Keynes como el "radical". Lo contrario es más bien lo correcto. Los puntos de vista políticos de Keynes eran muy similares a lo que ahora llamamos "neoconservadurismo". Su teoría tuvo sus orígenes en su apego apasionado al libre mercado y en su deseo de mantener a los políticos y a los gobiernos fuera de él. Schumpeter, por el contrario, tenía serias dudas sobre el mercado libre. Pensaba que un "monopolio inteligente" -el sistema americano de Bell Telephone, por ejemplo- tenía mucho que recomendarse. Podría permitirse adoptar una perspectiva a largo plazo en lugar de verse obligado a pasar de una transacción a otra por razones de conveniencia a corto plazo. Su mejor amigo durante muchos años fue el más radical y más doctrinario de los socialistas de izquierda de Europa, el austriaco Otto Bauer, que, aunque era incondicionalmente anticomunista, era aún más anticapitalista. Y Schumpeter, aunque nunca estuvo cerca de ser socialista, sirvió durante 1919 como ministro de finanzas en el único gobierno socialista de Austria en el período de entreguerras. Schumpeter siempre sostuvo que Marx había estado totalmente equivocado en cada una de sus respuestas. Pero aún así se consideraba hijo de Marx y lo tenía en mayor estima que cualquier otro economista. Por lo menos, así lo argumentó, Marx hizo las preguntas correctas, y para Schumpeter las preguntas eran siempre más importantes que las respuestas.

Las diferencias entre Schumpeter y Keynes son mucho más profundas que los teoremas económicos o las opiniones políticas. Ambos veían una realidad económica diferente, se ocupaban de problemas diferentes y definían la economía de manera muy diferente. Estas diferencias son muy importantes para comprender el mundo económico actual. Keyned, por todo lo que rompió con la economía clásica, operó enteramente dentro de su marco. Era un hereje más que un infiel. La economía, para Keynes, fue el equilibrio económico de las teorías de Ricardo de 1810, que dominaron el siglo XIX. Esta economía trata de un sistema cerrado y un sistema estático. La pregunta clave de Keynes era la misma que habían hecho los economistas del siglo XIX: "¿Cómo se puede mantener una economía en equilibrio y estasis?"

Para Keynes, los principales problemas de la economía son la relación entre la "economía real" de bienes y servicios y la "economía simbólica" del dinero y el crédito; la relación entre los individuos y las empresas y la "macroeconomía" del Estado-nación; y, por último, si la producción (es decir, la oferta) o el consumo (es decir, la demanda) constituyen la fuerza motriz de la economía. En este sentido, Keynes estaba en línea directa con Ricardo, John Stuart Mill, los "austriacos" y Alfred Marshall. Por mucho que difirieran de lo contrario, la mayoría de estos economistas del siglo XIX, y eso incluye a Marx, habían dado las mismas respuestas a estas preguntas: La "economía real" controla, y el dinero es sólo la "voluntad de las cosas", determina la microeconomía de los individuos y las empresas, y el gobierno puede, en el mejor de los casos, corregir pequeñas discrepancias y, en el peor, crear dislocaciones; y los controles de la oferta, con la demanda en función de ella.
Keynes hizo las mismas preguntas que Ricardo, Mill, Marx, los "austriacos" y Marshall, pero con una audacia sin precedentes, dio la vuelta a cada una de las respuestas. En el sistema keynesiano, la "economía simbólica" del dinero y del crédito es "real", y los bienes y servicios dependen de ella y de sus sombras. La macroeconomía -la economía del Estado-nación- lo es todo, con individuos y empresas que no tienen poder para influir, y mucho menos para dirigir, la economía ni la capacidad de tomar decisiones efectivas contrarias a las fuerzas de la macroeconomía. Y los fenómenos económicos, la formación de capital, la productividad y el empleo son funciones de la demanda.

Ahora sabemos, como Schumpeter sabía hace cincuenta años, que cada una de estas respuestas keynesianas es una respuesta equivocada. Al menos son válidos sólo para casos especiales y dentro de rangos bastante estrechos. Tomemos, por ejemplo, el teorema clave de Keynes: que los acontecimientos monetarios -déficit del gobierno, tasas de interés, volumen de crédito y volumen de dinero en circulación- determinan la demanda y con ella las condiciones económicas. Esto supone, como el propio Keynes subrayó, que la velocidad de rotación del dinero es constante y no puede ser cambiada a corto plazo por individuos o empresas. Schumpeter señaló hace cincuenta años que toda la evidencia niega esta suposición. Y, de hecho, siempre que se ha intentado, las políticas económicas keynesianas, ya sea en la versión original keynesiana o en la versión modificada de Friedman, han sido derrotadas por la microeconomía de los negocios y de los individuos, de forma impredecible y sin previo aviso, cambiando la velocidad de rotación del dinero casi de la noche a la mañana.

Cuando las recetas keynesianas fueron probadas inicialmente - en los Estados Unidos en los primeros días del New Deal - al principio parecían funcionar. Pero entonces, alrededor de 1935 aproximadamente, los consumidores y las empresas redujeron bruscamente la velocidad de rotación del dinero en unos pocos meses, lo que frustró una recuperación basada en el gasto público en déficit y provocó un segundo colapso del mercado de valores en 1937. El mejor ejemplo, sin embargo, es lo que ocurrió en este país en 1981 y 1982. El intento intencionado de la Reserva Federal de controlar la economía mediante el control de la oferta monetaria fue derrotado en gran medida por los consumidores y las empresas, que de forma repentina y más violenta trasladaron los depósitos de los ahorros a los fondos del mercado monetario y de las inversiones a largo plazo a los activos líquidos, es decir, de la baja velocidad al dinero de alta velocidad, hasta el punto de que nadie podía decir realmente lo que es la oferta monetaria o incluso lo que significa el término. Los individuos y las empresas que buscan optimizar sus propios intereses y se guían por su percepción de la realidad económica siempre encontrarán la manera de vencer al "sistema", ya sea, como en el bloque soviético, convirtiendo toda la economía en un gigantesco mercado negro o, como en los Estados Unidos en 1981 y 1982, transformando el sistema financiero de la noche a la mañana a pesar de las leyes, los reglamentos o los economistas.

Esto no significa que es probable que la economía vuelva al neoclasicismo prekeynesiano. La crítica de Keynes a las respuestas neoclásicas es tan definitiva como la crítica de Schumpeter a Keynes. Pero como ahora sabemos que los individuos pueden derrotar y derrotarán al sistema, hemos perdido la certeza que Keynes impuso a la economía y que ha hecho del sistema keynesiano el estandarte de la teoría económica y la política económica durante cincuenta años. Tanto el monetarismo de Friedman como la economía de la oferta son intentos desesperados de reparar el sistema keynesiano de economía de equilibrio. Pero es poco probable que cualquiera de los dos pueda restaurar el equilibrio económico autónomo y seguro de sí mismo, por no hablar de una teoría económica o una política económica en la que un factor, ya sea el gasto público, los tipos de interés, la oferta monetaria o los recortes fiscales, controle la economía de forma predecible y casi segura.

Que la respuesta keynesiana no iba a ser más válida que las pre-keynesianas a las que sustituyeron le quedó claro a Schumpeter desde el principio. Pero para él esto era mucho menos importante que que las cuestiones keynesianas -las cuestiones de los predecesores de Keynes también- no eran, pensó Schumpeter, las cuestiones importantes en absoluto. Para él, la falacia básica era la misma suposición de que la economía sana, la "normal", es una economía en equilibrio estático. Schumpeter, desde sus días de estudiante, sostuvo que una economía moderna está siempre en desequilibrio dinámico. La economía de Schumpeter no es un sistema cerrado como el universo de Newton - o la macroeconomía de Keynes. Está en constante crecimiento y cambio y es de naturaleza biológica más que mecanicista. Si Keynes era un "hereje", Schumpeter era un "infiel".

Schumpeter fue estudiante de los grandes hombres de la economía austriaca y en una época en que Viena era la capital mundial de la teoría económica. Mantuvo a sus maestros con afecto de por vida. Pero su tesis doctoral -que se convirtió en el primer de sus grandes libros, The The Theory of Economic Development (que en su versión original en alemán se publicó en 1911, cuando Schumpeter tenía sólo veintiocho años) - comienza con la afirmación de que el problema central de la economía no es el equilibrio, sino el cambio estructural. Esto condujo al famoso teorema de Schumpeter del innovador como el verdadero tema de la economía.

La economía clásica consideraba que la innovación estaba fuera del sistema, al igual que Keynes. La innovación pertenecía a la categoría de "catástrofes externas" como los terremotos, el clima o la guerra, que, como todo el mundo sabía, tienen una profunda influencia en la economía, pero no forman parte de ella. Schumpeter insistió en que, por el contrario, la innovación -es decir, el espíritu empresarial que traslada los recursos de los antiguos y obsoletos a nuevos y más productivos empleos- es la esencia misma de la economía y, sin duda, de una economía moderna.

Él derivó esta noción, como fue el primero en admitir, de Marx. Pero lo usó para refutar a Marx. El Desarrollo Económico de Schumpeter hace lo que ni los economistas clásicos ni Marx ni Keynes fueron capaces de hacer: Hace que el beneficio cumpla una función económica. En la economía del cambio y la innovación, el beneficio, a diferencia de Marx y su teoría, no es un Mehrwert, un "plusvalor" robado a los trabajadores. Por el contrario, es la única fuente de empleo para los trabajadores y de ingresos laborales. La teoría del desarrollo económico muestra que nadie, excepto el innovador, obtiene un verdadero "beneficio"; y el beneficio del innovador es siempre bastante efímero. Pero la innovación en la famosa frase de Schumpeter es también "destrucción creativa". Hace obsoletos los bienes de equipo y la inversión de capital de ayer. Cuanto más progresa una economía, más formación de capital necesitará por lo tanto. Así pues, lo que los economistas clásicos -o el contable o la bolsa de valores- consideran "beneficio" es un verdadero coste, el coste de permanecer en el negocio, el coste de un futuro en el que nada es predecible excepto que el negocio rentable de hoy se convertirá en el elefante blanco de mañana. Así pues, la formación de capital y la productividad son necesarias para mantener la capacidad de producción de riqueza de la economía y, sobre todo, para mantener los puestos de trabajo de hoy y crear los de mañana.

El "innovador" de Schumpeter con su "destrucción creativa" es la única teoría hasta ahora que explica por qué hay algo que llamamos "beneficio". Los economistas clásicos sabían muy bien que su teoría no daba ninguna razón para obtener beneficios. En efecto, en la economía de equilibrio de un sistema económico cerrado no hay lugar para el beneficio, no hay justificación para ello, no hay explicación para ello. Si el beneficio es, sin embargo, un verdadero coste, y sobre todo si el beneficio es la única manera de mantener los puestos de trabajo y crear otros nuevos, entonces el capitalismo vuelve a ser un sistema moral.

Moralidad y beneficios: Los economistas clásicos habían señalado que el beneficio es necesario como incentivo para el que asume el riesgo. Pero, ¿no es esto realmente un soborno y, por lo tanto, imposible de justificar moralmente? Este dilema había llevado al más brillante de los economistas del siglo XIX, John Stuart Mill, a abrazar el socialismo en sus últimos años. Le había facilitado a Marx fusionar el análisis desapasionado del "sistema" con la repulsión moral de un profeta del Antiguo Testamento contra los explotadores. La debilidad moral del incentivo del beneficio permitió a Marx condenar de inmediato al capitalista por malvado e inmoral y afirmar "científicamente" que no cumple ninguna función y que su rápida desaparición es "inevitable". Sin embargo, tan pronto como uno cambia del axioma de una economía inmutable, autocontenida y cerrada a la economía dinámica, creciente, móvil y cambiante de Schumpeter, lo que se llama ganancia es por más tiempo inmoral. Se convierte en un imperativo moral. De hecho, la pregunta entonces ya no es la que agitaba a los clasicistas y aún agitaba a Keynes: ¿Cómo se puede estructurar la economía para minimizar el soborno del superávit sin función llamado ganancia que tiene que ser entregado al capitalista para mantener la economía en marcha? La pregunta en la economía de Schumpeter es siempre: ¿hay suficientes beneficios? ¿Existe una formación de capital adecuada para cubrir los costos del futuro, los costos de permanecer en el negocio, los costos de la "destrucción creativa"?

Esto por sí solo hace que el modelo económico de Schumpeter sea el único que puede servir de punto de partida para las políticas económicas que necesitamos. Es evidente que el tratamiento keynesiano -o clasicista- de la innovación como algo "ajeno" y, de hecho, periférico a la economía y con un impacto mínimo en ella, ya no puede mantenerse (si es que alguna vez pudo mantenerse). La cuestión básica de la teoría económica y la política económica, especialmente en los países altamente desarrollados, es clara: ¿Cómo se puede mantener la formación de capital y la productividad para que se puedan mantener los rápidos cambios tecnológicos y el empleo? ¿Cuál es el beneficio mínimo necesario para sufragar los costes del futuro? ¿Cuál es el beneficio mínimo necesario, sobre todo, para mantener los puestos de trabajo y crear otros nuevos?

Schumpeter no dio ninguna respuesta; no creía mucho en las respuestas. Pero hace setenta años, cuando era muy joven, preguntó cuál iba a ser claramente la cuestión central de la teoría económica y la política económica en los años venideros.

Y luego, durante la Primera Guerra Mundial, Schumpeter se dio cuenta, mucho antes que nadie - y diez años antes que Keynes - de que la realidad económica estaba cambiando. Se dio cuenta de que la Primera Guerra Mundial había provocado la miniaturización de las economías de todos los beligerantes. País tras país, incluido el suyo, todavía bastante atrasado, Austria-Hungría, había logrado movilizar durante la guerra toda la riqueza líquida de la comunidad, en parte a través de los impuestos, pero principalmente a través de los préstamos. El dinero y el crédito, más que los bienes y servicios, se habían convertido en la "economía real". En un brillante ensayo publicado en una revista económica alemana en julio de 1918 -cuando el mundo en el que Schumpeter había crecido y sabía que se estaba derrumbando alrededor de sus orejas- argumentó que, de ahora en adelante, el dinero y el crédito serían la palanca del control. Lo que argumentó fue que ni la oferta de bienes, como habían argumentado los clasicistas, ni la demanda de bienes, como habían sostenido algunos de los disidentes anteriores, iban a seguir controlando. Los factores monetarios -déficit, dinero, crédito, impuestos- iban a ser los determinantes de la actividad económica y de la asignación de recursos.

Esta es, por supuesto, la misma idea sobre la que Keynes construyó más tarde su Teoría General. Pero las conclusiones de Schumpeter eran radicalmente diferentes de las de Keynes. Keynes llegó a la conclusión de que el surgimiento de la economía simbólica del dinero y el crédito hizo posible que el "economista-rey", el economista científico, que jugando con unas pocas claves monetarias simples -el gasto gubernamental, la tasa de interés, el volumen de crédito o la cantidad de dinero en circulación- mantuviera un equilibrio permanente con el pleno empleo, la prosperidad y la estabilidad. Pero la conclusión de Schumpeter fue que el surgimiento de la economía simbólica como la economía dominante abrió la puerta a la tiranía y, de hecho, invitó a la tiranía. Que el economista ahora se proclamaba infalible, consideraba pura arrogancia. Pero, sobre todo, vio que no iban a ser los economistas quienes ejercieran el poder, sino los políticos y los generales.

Y luego, en el mismo año, justo antes de que terminara la Primera Guerra Mundial, Schumpeter publicó The Tax State ("The Fiscal State" sería una mejor traducción). Una vez más, la idea es la misma que Keynes alcanzó quince años más tarde (y, como reconoció a menudo, gracias a Schumpeter): el Estado moderno, a través de los mecanismos de impuestos y préstamos, ha adquirido el poder de desplazar los ingresos y, a través de los "pagos por transferencia", de controlar la distribución del producto nacional. Para Keynes este poder era una varita mágica para lograr la justicia social y el progreso económico, así como la estabilidad económica y la responsabilidad fiscal. Para Schumpeter -quizás porque, a diferencia de Keynes, era un estudiante de Marx y de la historia- este poder era una invitación a la irresponsabilidad política, porque eliminaba todas las salvaguardias económicas contra la inflación. En el pasado, la incapacidad del Estado para gravar más de una proporción muy pequeña del producto nacional bruto, o para pedir prestado más de una parte muy pequeña de la riqueza del país, había hecho que la inflación se autolimitara. Ahora bien, la única salvaguardia contra la inflación sería la política, es decir, la autodisciplina. Y Schumpeter no era muy optimista sobre la capacidad de autodisciplina del político.

El trabajo de Schumpeter como economista después de la Primera Guerra Mundial es de gran importancia para la teoría económica. Se convirtió en uno de los padres de la teoría del ciclo económico.

Pero la contribución real de Schumpeter durante los treinta y dos años entre el final de la Primera Guerra Mundial y su muerte en 1950 fue como economista político. En 1942, cuando todos temían una depresión deflacionaria mundial, Schumpeter publicó su libro más conocido, Capitalismo, Socialismo y Democracia, que aún se lee ampliamente, y con razón. En este libro argumentó que el capitalismo sería destruido por su propio éxito. Esto engendraría lo que ahora llamaríamos la nueva clase: burócratas, intelectuales, profesores, abogados, periodistas, todos ellos beneficiarios de los frutos económicos del capitalismo y, de hecho, parásitos para ellos, pero todos ellos opuestos al ethos de la producción de riqueza, del ahorro y de la asignación de recursos a la productividad económica. Los cuarenta años transcurridos desde que apareció este libro han demostrado que Schumpeter es un gran profeta.

Y luego procedió a argumentar que el capitalismo sería destruido por la misma democracia que había ayudado a crear y hecho posible. Porque en una democracia, para ser popular, el gobierno cambiaría cada vez más los ingresos del productor a ningún productor, movería cada vez más los ingresos de donde se ahorrarían y se convertirían en capital para el mañana a donde se consumirían. El gobierno en una democracia se encontraría así bajo una presión inflacionaria creciente. Al final, profetizó, la inflación destruiría tanto la democracia como el capitalismo.

Cuando escribió esto en 1942, casi todo el mundo se rió. Nada parecía menos probable que una inflación basada en el éxito económico. Ahora, cuarenta años después, este ha surgido como el problema central de la democracia y de una economía de libre mercado por igual, tal como había profetizado Schumpeter.

Los keynesianos en la década de 1940 inauguraron su "tierra prometida", en la que el economista-rey garantizaría el equilibrio perfecto de una economía eternamente estable a través del control del dinero, el crédito, el gasto y los impuestos. Sin embargo, Schumpeter se preocupó cada vez más por la cuestión de cómo se podía controlar y limitar el sector público para mantener la libertad política y una economía capaz de funcionar, crecer y cambiar. Cuando la muerte lo alcanzó en su escritorio, estaba revisando el discurso presidencial que había dado a la Asociación Económica Americana unos días antes. La última frase que escribió fue: "Los estancamientos son erróneos en su diagnóstico de la razón por la que el proceso capitalista debería estancarse; puede que aún así resulten correctos en su pronóstico de que se estancará - con suficiente ayuda del sector público".

El dicho más conocido de Keynes es: "A la larga todos estamos muertos". Este es uno de los comentarios más fatuos que se han hecho nunca. Por supuesto, a la larga todos estamos muertos. Pero Keynes, en un momento más sabio, comentó que las acciones de los políticos de hoy en día suelen basarse en los teoremas de economistas muertos hace mucho tiempo. Y es una falacia total que, como implica Keynes, optimizar el corto plazo crea el futuro correcto a largo plazo. Keynes es en gran medida responsable del enfoque a corto plazo de la política moderna, de la economía moderna y de los negocios modernos - el enfoque a corto plazo que ahora, con considerable justicia, se considera una de las mayores debilidades de los políticos estadounidenses, tanto en el gobierno como en las empresas.

Schumpeter también sabía que las políticas tienen que ajustarse al corto plazo. Aprendió esta lección por las malas - como ministro de finanzas en la recién formada república austriaca, en la que, sin éxito alguno, intentó detener la inflación antes de que se le fuera de las manos. Sabía que había fracasado porque sus medidas no eran aceptables a corto plazo -las mismas medidas que, dos años más tarde, un economista, un político y profesor de teología moral aplicaron para detener la inflación, pero sólo después de que hubiera destruido casi por completo la economía y la clase media de Austria.
Pero Schumpeter también sabía que las medidas actuales a corto plazo tienen impactos a largo plazo. Ellos irrevocablemente hacen el futuro. No pensar en el futuro de las decisiones a corto plazo y su impacto mucho después de "todos estamos muertos" es irresponsable. También conduce a decisiones equivocadas. Es este énfasis constante en Schumpeter en pensar en las consecuencias a largo plazo de lo conveniente, lo popular, lo inteligente y lo brillante lo que lo convierte en un gran economista y en la guía apropiada para hoy, cuando la economía a corto plazo, inteligente y brillante - y la política a corto plazo, inteligente y brillante - se han convertido en bancarrota.

De alguna manera, Keynes y Schumpeter repitieron la confrontación más conocida de los filósofos en la tradición occidental - el diálogo platónico entre los parménides, el brillante, inteligente, irresistible sofista, y el lento y feo, pero sabio Sócrates. Nadie en los años de entreguerras fue más brillante, más listo que Keynes. Schumpeter, por el contrario, parecía un peatón, pero tenía sabiduría. La inteligencia lleva el día. Pero la sabiduría resistió.

por Peter Drucker

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sábado, 18 de diciembre de 2021

Carl Menger, 2006, El Método de las Ciencias Sociales

 Carl Menger, 2006, El Método de las Ciencias Sociales, Unión Editorial, Madrid, 425pp. 

Miguel Duranti, Dpto. de Humanidades, Universidad CAECE miguelduranti@hotmail.com

El presente volumen reúne bajo este título tres obras originalmente publicadas en alemán en 1883, 1884 y 1889 por el economista austríaco Carl Menger. Si bien los lectores de habla hispana disponían desde hace mucho de una traducción de sus Principios de Economía Política [1871], sus obras metodológicas han permanecido sin traducción al español hasta muy recientemente.Contar finalmentecon un ejemplar en castellano que reúna estas obras comporta ventajas indiscutibles. Se trata además de las últimas obras importantes publicadas por Menger, quien en lo sucesivo y como bien destaca el excelente estudio introductorio a este volumen escrito por Darío Antiseri sólo habrá de publicar unos pocos artículos y reseñas. Al parecer desde 1890 hasta su muerte en 1921, Menger estuvo consumido por una revisión permanente de la primer obra reunida en este volumen, así como por el estudio de la filosofía y la etnografía lo que terminó por aplazar indefinidamente su proyecto de redactar un tratado general sobre la naturaleza y metodología de las ciencias sociales en general. 

La primera obra titulada Investigaciones Sobre el Método de las Ciencias Sociales [1883], constituye el núcleo principal del volumen, tanto en su importancia teórica como en extensión, por lo cual la mayor parte de esta reseña estará centrada en esta obra, mientras que sólo se hará una breve referencia a las otras dos. Sin embargo es preciso destacar que el hilo que une a estas tres obras es en parte la percepción de Menger del estado crítico en que se encuentra la ciencia económica fundamentalmente en su aspecto teórico, pero sobre todo la convicción de que aquello que obstaculiza su progreso es la metodología excesivamente inductivista adoptada por la Escuela Histórica Alemana, dominante en ese momento en el mundo germano tanto académica como políticamente, llegando a negar la posibilidad misma de una teoría económica independiente de la historia económica y de la estadística. Contra esto habrá de reaccionar Menger y su propuesta positiva tenderá en consecuencia a reivindicar la validez y autonomía de la teoría económica abstracta. 

En esta primera obra pues Menger plantea el núcleo de sus tesis metodológicas en relación con la economía y la división de las ciencias económicas que servirán de base para las posteriores discusiones con la Escuela Histórica. El punto de partida de Menger es el reconocimiento de que el mundo fenoménico, incluido el mundo de los fenómenos sociales, se presta a una doble orientación epistemológica. Por un lado se puede aspirar al conocimiento de los fenómenos concretos, lo que incluye naturalmente su ubicación en el tiempo y en el espacio y por el otro se puede aspirar a conocer el carácter formal que parecen presentar muchos fenómenosy cómo éstos se repiten y suceden. Empleando una distinción tradicional Menger llama a lo primero conocimiento individual y a lo segundo conocimiento general. La consecuencia para la economía es que tendremos ciencias del aspecto individual de los fenómenos, que según Menger son la historia económica y la estadística económica, y una ciencia de lo general, la economía teórica. Esta última tiene por misión indagar las formas empíricas de los fenómenos (tipos o formas típicas), así como las leyes (o relaciones típicas) que unen entre sí a estas formas típicas regularmente. 

Los fenómenos de la compraventa, del dinero, de la oferta y la demanda, del precio, del capital, del tipo de interés son ejemplos de formas típicas de fenómenos económicos. Por otra parte, la constante bajada del precio de una mercancía como consecuencia del aumento de la oferta, la subida del precio de las mercancías en razón del aumento de dinero circulante, el descenso del tipo de interés por la notable acumulación de capital, etc. se nos presentan como relaciones típicas entre fenómenos económicos (Menger, 2006, p. 104). 

A esta distinción entre ciencias históricas y teóricas, Menger añade una tercera distinción: la de las ciencias prácticas. En el ámbito de la economía se trata aquí de la política económica y la ciencia de las finanzas. La función de estas cienciasno es ocuparse de lo que es o no es el caso, sino de indicarnos cuales son los medios adecuados para alcanzar ciertos fines, siempre partiendo de específicas situaciones concretas. A su vez la economía teórica, junto con las recién mencionadas ciencias prácticas Menger las agrupa bajo el conocido término de economía política, dejando expresamente fuera de la misma a las ciencias históricas. 

Sumada a esta clasificación general de las ciencias sociales, Menger, concentrándose específicamente en la economía teórica, distingue dos formas de investigación posibles de los fenómenos económicos: la orientación exacta y laorientación empírico-realista. La primera se encargaría de formular tipos rigurosos y leyes exactas, mientras que la segunda formularía tipos y leyes empíricos. Así pues la diferencia entre ambos tipos de orientaciones consiste en una diferencia de grado de rigor acerca de los postulados que formulan. En otras palabras las leyes exactas son formulaciones sobre la regularidad en la sucesión de los fenómenos económicos que no admiten excepciones, mientras que las leyes empíricas de la orientación realista si las admiten.

Para Menger es de especial importancia, sin olvidar el rol que cumple la orientación realista, defender la validez y autonomía de la orientación exacta en economía teórica. La metodología que este tipo de indagación debe adoptar para formular leyes exactas no puede consistir, naturalmente, en la inducción dado que esta no puede garantizar que las leyes obtenidas a partir de la observación de casos concretos no admitan excepciones: 

La conclusión de que el fenómeno C generalmente, o sea en todos los casos, incluidos los no observados, sucede a los fenómenos Ay B, o que estos fenómenos son generalmente coexistentes, trasciende la experiencia, el conocimiento empírico; desde un tal punto de vista, esa conclusión no es rigurosamente válida. Ya lo reconoció Aristóteles cuando negó a la inducción cualquier rigor científico (Menger, 2006, p. 126). 

Por eso sólo queda adoptar un método deductivo dentro de esta orientación. De este modo en el campo de los precios, sabemos que bajo ciertos presupuestos el aumento de la demanda de una mercancía, llevará a una subida de los precios, la cual puede ser medida con exactitud. Algunos de estos presupuestos, como que los sujetos económicos no ignoran la situación económica o que estos no sufren coacción externa alguna, pueden darse raramente en la realidad de manera plena y la medición real nunca puede ser del todo precisa, pero eso no alcanza a ojos de Menger para impugnar la validez y la utilidad empírica innegable de las leyes exactas de la teoría económica. Esto es así dado que la ley empírica que se puede establecer tendrá un parecido muy fuerte con la ley exacta: ¨La ley empírica... afirma que a un aumento de la necesidad sigue, por lo general, un aumento de los precios reales, aumento que normalmente mantiene cierta relación con el aumento de la necesidad, aunque no exactamente determinable¨ (Menger, 2006, p. 143). 

De esta obra hay que destacar además su teoría ¨orgánica¨ de ciertos fenómenos sociales. Por este término, Menger entiende aquellas formaciones sociales que no son fruto en su origen ni de la legislación positiva ni de la convención explícita, sino que son el resultado no intencionado de acciones intencionales de los hombres en aras a perseguir su propio beneficio individual. Ejemplos de este tipo de interacciones son el lenguaje, el derecho, la división del trabajo, el dinero y el Estado, entre otras. A efectos clarificatorios mencionemos la concepción de Menger acerca del origen del dinero, teniendo en cuenta además el efecto que esta teoría tendrá en economistas austríacos posteriores, en particular en Ludwig von Mises. 

Dentro de una economía de trueque los individuos persiguen el objetivo de intercambiar bienes que no necesitan por bienes que necesitan de manera inmediata. Esto pone un límite natural a la extensión del intercambio y la civilización, dado principalmente el problema de la doble coincidencia de necesidades. Para que se realice un intercambio una persona debe poseer exactamente aquello que otro necesite y ese otro debe a su vez poseer lo que el primero necesite y ambos deben hacerlo en medidas sino exactas, ciertamente muy aproximadas. Pero he ahí que en estas circunstancias muchos podían observar que para ciertas mercancías existe una demanda muy extendida respecto de las demás, por lo que incrementaban sus chances de obtener aquello que quisiesen si llevasen al mercado este tipo de bienes, o si intercambiasen por esas mercancías más demandadas aquello de lo cual quisiesen deshacerse. Se trata justamente de estas mercancías más vendibles las que han alcanzado el status de dinero en las distintas civilizaciones. Primero han sido dinero cosas como las cabezas de ganado, las pieles o las semillas y después los metales no acuñados y luego los acuñados. Al intercambiar sus bienes por dinero-mercancía los sujetos no satisfacían directamente sus necesidades pero se acercaban notablemente, sabiendo con mucha mayor certeza que en un paso adicional podrán intercambiar su dinero-mercancía por aquello que necesitan. 

El interés de los individuos que actúan con criterio económico les lleva por tanto, con un conocimiento mayor del propio interés individual, y sin ninguna convención o acuerdo, constricción legislativa e incluso sin consideración alguna del interés público, a ceder sus propias mercancías por otras más vendibles... Así bajo la poderosa influencia de la costumbre, aparece el fenómeno... por el que un cierto número de bienes, es decir los más solicitados, los más transportables duraderos y fácilmente divisibles... son aceptados por todos en el intercambio (2006, p. 231) 

De carácter mucho más ameno es la segunda obra Los Errores del Historicismo en la Economía Alemana [1884], la cual constituye una respuesta a la violenta reseña que Gustav Schmoller realizó de las Investigaciones, en una prestigiosa revista académica alemana de la cual él mismo era director. A pesar del tono incisivamente burlón e irónico, por momentos excesivo, que Menger adopta para discutir contra un adversario al que no considera más que un diletante, para nada idóneo en cuestiones de economía teórica, la obra, escrita en formato de 16 cartas a un amigo, consigueresponder eficazmentea las críticas que la Escuela Histórica destina a la economía teórica por ¨abstracta¨. 

La crítica principal de Menger al enfoque de la Escuela Histórica es a su inductivismo ingenuo. Schmoller, y por extensión el resto de la Escuela Histórica, parece creer que el recabamiento exhaustivo de datos históricos y estadísticos debe servir como momento preparatorio para la elaboración de los postulados de la teoría económica. Pero esta tarea se revela pronto como imposible ya que ¨sólo eones podrían bastar¨ para abarcar siquiera aproximativamente los períodos ¨necesarios para construir una base histórico-estadística completa y adecuada a la investigación teórica según los....


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Dialéctica del amo y el esclavo

 Dialéctica del amo y el esclavo

PEDRO G. CUARTANGO

Actualizado: 26/12/2014 21:01 horas

En las páginas más brillantes de la Fenomenología del Espíritu, Hegel analiza la dialéctica del amo y del esclavo como una parábola del ser social del hombre. Según el filósofo alemán, el progreso hacia lo absoluto o Autoconciencia, por utilizar sus términos, se basa en esa relación entre dueño y sirviente.

El esclavo renuncia a su deseo para satisfacer el afán de dominación del amo, pero a la vez éste existe en la medida que es reconocido por su antagonista. Hegel escribe que el sujeto -el amo- se constituye cuando el objeto - el esclavo- acepta su condición. Esto implica muchas consecuencias. La primera es que la acción nace de la negación de ese vínculo de dependencia por parte del esclavo que quiere acabar con la supremacía del amo. Y la acción no es otra cosa que deseo que genera un vacío, una nada que se materializa en algo tras el rechazo de lo existente. «El deseo es la presencia de una ausencia», concluye Hegel.

Esta reflexión puede parecer muy abstracta pero explica muy bien la esencia de la política y, sobre todo, ilustra la relación de antagonismo entre Mariano Rajoy, el amo, y Esperanza Aguirre, la esclava, que se ha ofrecido esta semana como candidata a la Alcaldía de Madrid. El PP ha respondido que Rajoy no tomará la decisión hasta febrero y que no se va a dejar presionar.

Aguirre asume el papel de la esclava hegeliana en el momento en el que se somete a la voluntad de Rajoy para ser designada candidata, lo que equivale a aceptar su legitimidad para nombrar a dedo a quien le convenga. Y el presidente del Gobierno y jefe del partido encarna el papel de amo en cuanto ese nombramiento depende de su voluntad y sólo la suya.

Pero Rajoy está totalmente condicionado por la voluntad de la esclava, que, al expresar su deseo, le obliga a salir fuera de sí mismo para dar una respuesta. En ese movimiento dialéctico, los papeles se invierten y la esclava fuerza la creación de una nueva realidad superadora. Pero al actuar así, y siguiendo el análisis de Hegel, Esperanza Aguirre revela la presencia de una ausencia, una herida, que es su voluntad de volver a la política contrariamente a lo que ella misma había dicho hace un par de años.

La tensión entre el amo y el esclavo es dinámica y se resuelve mediante el triunfo del deseo del uno sobre el otro porque la realidad jamás es estática. Esa lucha es la base del poder político, en términos hegelianos. Por tanto, el choque dialéctico entre Aguirre y Rajoy tiene que saldarse en una síntesis que depende de lo que decida el amo pero también de la respuesta del esclavo, que siempre tiene la posibilidad de decir no, fundamento de la libertad.

La cuestión es si lo real es racional y lo racional es real, como creía Hegel al interpretar la Historia. Más bien su dialéctica nos lleva a pensar que la política es un juego que, como en la guerra, hay que doblegar la voluntad del contrario para seguir adelante.

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domingo, 5 de diciembre de 2021

Growth, Employment, Inequality, and the Environment

 

Growth, Employment, Inequality, and theEnvironment: Unity of Knowledge in Economics. Volume I y Volume II

 

Adolfo Figueroa

Palgrave Macmillan, New York
2015

 

https://departamento.pucp.edu.pe/economia/libro/growth-employment-inequality-environment-unity-knowledge-economics-volume-y-volume-ii/

The first volume of Growth, Employment, Inequality, and the Environment deals with the fundamental economic problems of our time: employment, inequality, the environment, and quality of life. This exciting new volume is unique in that it is the first book of its kind in which these problems are analyzed using a unified theory framework.

Growth, Employment, Inequality, and the Environment present a method that contains such rules. The method is derived from the Popperian epistemology, making it operational in economics. The proposed unified theory is therefore empirically valid; it is a good approximation of the real world. Theoretical economics is thus treated under explicit epistemological rules: theory is the servant, not the master.

El primer volumen de Crecimiento, empleo, desigualdad y medio ambiente trata de los problemas económicos fundamentales de nuestro tiempo: empleo, desigualdad, medio ambiente y calidad de vida. Este emocionante nuevo volumen es único en el sentido de que es el primer libro de este tipo en el que se analizan estos problemas utilizando un marco teórico unificado.

 

El crecimiento, el empleo, la desigualdad y el medio ambiente presentan un método que contiene tales reglas. El método se deriva de la epistemología popperiana, lo que lo hace operativo en economía. Por tanto, la teoría unificada propuesta es empíricamente válida; es una buena aproximación al mundo real. La economía teórica se trata así bajo reglas epistemológicas explícitas: la teoría es el sirviente, no el amo.

 

Dialéctica del amo y el esclavo

En las páginas más brillantes de la Fenomenología del Espíritu, Hegel analiza la dialéctica del amo y del esclavo como una parábola del ser social del hombre. Según el filósofo alemán, el progreso hacia lo absoluto o Autoconciencia, por utilizar sus términos, se basa en esa relación entre dueño y sirviente.

El esclavo renuncia a su deseo para satisfacer el afán de dominación del amo, pero a la vez éste existe en la medida que es reconocido por su antagonista. Hegel escribe que el sujeto -el amo- se constituye cuando el objeto - el esclavo- acepta su condición. Esto implica muchas consecuencias. La primera es que la acción nace de la negación de ese vínculo de dependencia por parte del esclavo que quiere acabar con la supremacía del amo. Y la acción no es otra cosa que deseo que genera un vacío, una nada que se materializa en algo tras el rechazo de lo existente. «El deseo es la presencia de una ausencia», concluye Hegel.

Esta reflexión puede parecer muy abstracta pero explica muy bien la esencia de la política y, sobre todo, ilustra la relación de antagonismo entre Mariano Rajoy, el amo, y Esperanza Aguirre, la esclava, que se ha ofrecido esta semana como candidata a la Alcaldía de Madrid. El PP ha respondido que Rajoy no tomará la decisión hasta febrero y que no se va a dejar presionar.

Aguirre asume el papel de la esclava hegeliana en el momento en el que se somete a la voluntad de Rajoy para ser designada candidata, lo que equivale a aceptar su legitimidad para nombrar a dedo a quien le convenga. Y el presidente del Gobierno y jefe del partido encarna el papel de amo en cuanto ese nombramiento depende de su voluntad y sólo la suya.

Pero Rajoy está totalmente condicionado por la voluntad de la esclava, que, al expresar su deseo, le obliga a salir fuera de sí mismo para dar una respuesta. En ese movimiento dialéctico, los papeles se invierten y la esclava fuerza la creación de una nueva realidad superadora. Pero al actuar así, y siguiendo el análisis de Hegel, Esperanza Aguirre revela la presencia de una ausencia, una herida, que es su voluntad de volver a la política contrariamente a lo que ella misma había dicho hace un par de años.

La tensión entre el amo y el esclavo es dinámica y se resuelve mediante el triunfo del deseo del uno sobre el otro porque la realidad jamás es estática. Esa lucha es la base del poder político, en términos hegelianos. Por tanto, el choque dialéctico entre Aguirre y Rajoy tiene que saldarse en una síntesis que depende de lo que decida el amo pero también de la respuesta del esclavo, que siempre tiene la posibilidad de decir no, fundamento de la libertad.

La cuestión es si lo real es racional y lo racional es real, como creía Hegel al interpretar la Historia. Más bien su dialéctica nos lleva a pensar que la política es un juego que, como en la guerra, hay que doblegar la voluntad del contrario para seguir adelante.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Schumpeter y la destrucción de instituciones por los innovadores

Autor: Jacobo de la Corte Carmona 

Director: Aldo Colussi Madrid 

Marzo 2015 

Resumen 

Este artículo analiza las ideas del economista austríaco Schumpeter desde un punto de vista histórico y social. Para ello se utilizan diversos ejemplos históricos que demuestran la aplicación de dichas teorías, con el objetivo de demostrar la implicación de las aportaciones del economista en la Historia. Como contribución a este trabajo, se ofrece una explicación de la teoría principal de Schumpeter, la destrucción creativa, así como sus influencias. El artículo concluye con una previsión futura en base a los conocimientos adquiridos durante la elaboración del artículo. 

Palabras clave Schumpeter, destrucción creativa, innovación, sistema, proceso.


1 Introducción 

El propósito general de esta investigación es el estudio del pensamiento desarrollado por el economista austríaco Schumpeter, especialmente su teoría de la “destrucción creativa”, tratar de conocer su aplicación a lo largo de la Historia y la influencia que ha tenido la aplicación de la teoría económica en ésta. A través de las siguientes páginas buscaremos explicar cómo los distintos momentos de la Historia se han visto afectados por la caída de unas instituciones y el triunfo de otras. Utilizando diversos ejemplos dentro de las diferentes etapas históricas se señalará el dominio de las postulaciones económicas de Schumpeter sobre el derrumbe de las estructuras económico-sociales y el ascenso de otras, condicionando de esta manera el avance de la Historia. 

Joseph Alois Schumpeter (Austria-Hungría, 8 de febrero de 1883 - EE. UU., 8 de enero de 1950) fue un destacado economista austro-estadounidense, ministro de Finanzas de Austria y profesor en la Universidad de Harvard, por mencionar unos de sus cargos más importantes. Actualmente sus teorías e ideas más destacadas están cobrando una mayor importancia que la que tuvieron cuando fueron propuestas por el propio autor. Esta falta de popularidad se debió a la coexistencia del austríaco con el considerado mayor economista del siglo pasado: John M. Keynes. Desde el final de la II Guerra Mundial hasta finales de los 60, las doctrinas keynesianas eclipsaron todo el panorama del pensamiento económico, no solo a Schumpeter. Y no fue hasta los 70 cuando empezaron a cobrar relevancias otras teorías económicas frente a la supremacía del keynesianismo. El resurgimiento de las teorías de Schumpeter se debió a los trabajos de Nelson y Winter en la década de los 70, en los que argumentaban que las relaciones entre los individuos, las empresas y el ambiente que éstos forman retornan al foco del cambio económico, de forma parecida a como en su día lo explicó Schumpeter (Berumen, 2007). 

Actualmente, en un período de constantes cambios institucionales y de innovaciones de todo tipo (a nivel tecnológico, productivo y organizacional), las teorías de Schumpeter están en auge y su aplicación no solo conviene observarlas, sino incluso seguirlas. El economista y pensador austríaco consideraba que la mayor parte de los errores actuales en la economía se deben a un desconocimiento de las competencias históricas, opinión con la que coincido plenamente. Las personas que desconocen la Historia están condenadas a repetirla, especialmente sus errores más graves. 

La evolución planteada por Schumpeter ofrece un punto de vista de análisis que, en el contexto de crisis económica en el que aún estamos inmersos, puede ser muy interesante conocer sus ideas y el porqué de la caída de unas instituciones y la supervivencia de otras, así como las razones por las que surgen nuevas empresas o industrias y cómo se adaptan las que ahora mismo existen. También permite, en su justa medida, poder adelantar acontecimientos, ya que se podrán diagnosticar aquellas instituciones y naciones condenadas al fracaso o en qué sectores van a alzarse las próximas instituciones. Pensar como un innovador que crea a partir de lo que se ha destruido (o que él mismo destruye) concede un mayor conocimiento de los acontecimientos pasados, presentes y futuros, no solo dentro de la economía, sino también del comportamiento humano. 

Personalmente, esta posibilidad de combinar varias disciplinas, tales como Historia, Sociología y Economía me parecía muy atractiva por las razones que se acaban de exponer en el anterior párrafo, además de ampliar mis horizontes de cultura académica y personal. Pienso que conocer la obra de uno de los grandes economistas de la Historia siempre es interesante, pero más aún cuando sus ideas pueden ser comprendidas no sólo a través de un proceso histórico continuo, sino también usando el contexto actual en el que nos encontramos. 

Por ello, debido a la popularidad y la utilidad que están alcanzando las ideas de Schumpeter, el objetivo es el siguiente: demostrar la aplicación teórica del economista austríaco a lo largo de la Historia, con ejemplos reales económico-sociales que lo reflejen, hasta llegar al contexto actual de la realidad económica y social e intentar hacer una aproximación futura en base a sus ideas. Schumpeter reconocía el elemento profético de los economistas de cara al futuro, por lo que este último apartado simplemente trazará un esbozo en base a los ejemplos históricos analizados.

En concreto, el análisis se va a realizar basándose en la “destrucción creativa”, proceso que se considera el hecho esencial del capitalismo, siendo su protagonista el empresario innovador (Schumpeter, 1942). La destrucción creativa implica la introducción de nuevos bienes y servicios, nuevas industrias y nuevos competidores que hacen frente a los ya existentes, por lo que los productores tienen que sobrevivir mediante la racionalización de la producción con nuevas y mejores herramientas que hacen que los trabajadores sean más productivos y sus productos más competitivos. Esto provoca que las empresas tienen que estar constantemente innovando y adaptándose para mantenerse, y las que ya no cumplen lo que quieren los consumidores a precios competitivos pierden clientes , y, finalmente, se marchitan y mueren (Alm y Cox, 1999). Para el economista austriaco la evolución se debe entender en términos de los cambios que ocurren en el seno de las organizaciones; donde el cambio tecnológico en el centro y al empresario es el ente innovador de las empresas que permite que las empresas evolucionen (Berumen, 2007). Respecto al innovador, el propio Schumpeter (1963) decía que debíamos tratar de redondear nuestra imagen del empresario de la misma manera en la que nosotros siempre , en la ciencia y en la vida práctica , tratamos de entender el comportamiento humano, a saber por el análisis de los motivos característicos de su conducta. 

Siempre se debe tener en mente que la Economía, como el resto de ciencias sociales, trata con el comportamiento humano. La Psicología es realmente la base a partir de la cual comienza todo comportamiento humano y en sus términos debe realizarse cualquier explicación sobre éste (Schumpeter, 1954), por lo que el comportamiento innovador de las personas (empresarios) debe analizarse desde otros puntos de vista además del económico. Es interesante que el concepto de destrucción creativa es la base de la teoría económica de Schumpeter, pero no fue invención suya, sino del sociólogo y economista alemán Werner Sombart, de tal forma que el economista recurre al resto de ciencias sociales que rodean al ser humano para fundamentar sus teorías, como son la sociología, psicología, la historia y la economía. A través de la lectura de diversos trabajos de Schumpeter se puede entender el objetivo del autor en la unión universal de todas las ciencias sociales con el fin de comprenderlas mejor (Bögenhold, 2014). Es por ello que la explicación más acertada para una mejor comprensión del lector sea a través de los diferentes ejemplos históricos, inicialmente relevantes o no, pero que desencadenaron una evolución en las instituciones sociales, políticas y económicas que permitieron que la Historia se haya desarrollado tal y como lo ha hecho. 

Al ser básico y fundamental, inicialmente se procederá a explicar detalladamente las principales ideas y teorías tal y como fueron concebidas por Schumpeter, ya que la ausencia de éstas o una insuficiente explicación de las mismas implicaría un trabajo vacío de sentido. El método utilizado para conseguir toda la información necesaria consistirá en una revisión de la literatura, principalmente del propio Schumpeter, pero también de los autores que influenciaron su obra, no necesariamente economistas, y a partir de los cuales se han beneficiado los conocimientos del austríaco. Para ello, es vital recurrir al contenido de dos de sus principales obras: Capitalismo, socialismo y democracia (1942) e Historia del análisis económico (1954). En estas obras se encierran las principales aportaciones del autor y se trataran de sintetizar las ideas más fundamentales. 

Una vez que explicados los conceptos fundamentales que se van a tratar a lo largo de todo el trabajo, el lector podrá comprobar la aplicación de los mismos a través de distintos ejemplos históricos. Estos modelos mostrarán la evolución histórica tal y como la concibió el economista austríaco, con el triunfo de los innovadores de la época y el cambio económico como centro del análisis, sin olvidar las instituciones o industria que no supieron adaptarse y fracasaron. En referencia a las instituciones históricas, se diferenciará entre las extractivas, instituciones diseñadas por las élites para enriquecerse y perpetuar su poder a costa del resto de la sociedad, y las inclusivas, que otorgan la oportunidad de acceder a la economía a todos los individuos fomentando la inclusión y la prosperidad (Acemoglu y Robinson, 2012). Los modelos económicos e institucionales elegidos son tres: el cambio de la República romana al Principado, la Revolución Gloriosa en Inglaterra y la transición de los últimos zares a la URSS. En todos ellos se buscará el contraste de lo antiguo contra lo nuevo, de las instituciones extractivas contra las inclusivas, de forma que se identifique claramente la destrucción creativa que permitió el desarrollo de los diferentes sistemas. Estos ejemplos abarcan un amplio rango, ya que se comparará el cambio sufrido por las diferentes naciones y clases sociales en un período de tiempo muy elevado o muy breve, dependiendo de la intensidad de los cambios. La exposición de los ejemplos históricos es fundamental, pues en ellos se trata de sintetizar de una forma comprensible las disciplinas que Schumpeter consideraba relevantes para entender la Historia de la Economía. 

Por último, y a modo de cierre del círculo iniciado con la explicación teórica del modelo, el trabajo finalizará con unas previsiones sobre el desarrollo de las ideas del austríaco y con unos últimos ejemplos actuales de instituciones innovadoras usando como fuente principal el libro ¿Por qué fracasan los países? de Acemoglu y Robinson (2012). Respecto de las previsiones futuras, se utilizarán modelos actuales de instituciones sociales y económicas en los países y cómo éstos están influyendo en su desarrollo. A partir de los sistemas de determinados países o sectores podemos hacer una previsión sobre su futuro, ya que, al repetir los mismos errores que sus precedentes históricos ya cometieron, el resultado será previsiblemente el mismo. 

Lo que importa en todo ensayo de prognosis social no es el sí o el no que compendia los hechos y argumentos conducentes a tal conclusión, sino estos mismos hechos y argumentos, que son los que contienen todo lo que hay de científico en el resultado final. Todo lo demás no es ciencia, sino profecía. (Schumpeter, 1942; 58) 

Con ello, el lector conseguirá una perspectiva del trabajo de Schumpeter de una forma que él consideraba fundamental: a través de la colaboración de varias disciplinas sociales, especialmente la Historia y la Economía.

2 La destrucción creativa y su influencia 

2.1 Concepto previo de destrucción creativa 

El concepto de destrucción creativa se considera obra del economista austríaco Joseph A. Schumpeter, pero su teoría más conocida no fue fruto de su pensamiento y se vio influenciada por otras fuentes. El concepto de la creación a partir de la destrucción la encontramos en la mitología egipcia, con la muerte de Osiris a manos de su hermano Seth y su posterior resurrección gracias a Isis, en el mito nórdico del Rägnarok, donde los miembros del panteón nórdico se enfrentarán a sus enemigos en un completo Armagedón en el cual todos perecerán y se creará una nueva Midgard con el mal erradicado, o en la religión hindú, con la figura de Shiva, el Destructor y Creador. Incluso en la propia religión cristiana, Cristo representa el ejemplo de destrucción creadora, puesto que derrumbar las creencias hebraicas y sus símbolos: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”1 y consigue crear tras su muerte y resurrección una nueva religión como es el cristianismo. Todas estas creencias e historias reflejan lo mismo: la destrucción de lo antiguo da lugar al surgimiento de una idea totalmente nueva que ocupa el lugar que hasta entonces había desempeñado lo antiguo. 

Esta percepción de la destrucción creativa en clave mística y mitológica siempre había existido, pero también va a abarcar distintas ciencias sociales. Uno de los primeros en aproximar el concepto fue Goethe en un fragmento de uno de sus poemas Wiederfinden2 , donde hacía referencia al concepto Schöpfungskraft, que significa creatividad, y en el contexto del poema se refiere al poder de crear de Dios. Esta interpretación, unida a la concepción renacentista de que el ser humano, al haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, también tiene el poder para crear, aparece un concepto de superioridad del ser humano que va a presentarse como oposición al status quo. Estas ideas, con influencias del filósofo alemán Nietzsche, va a tener grandes repercusiones en la economía alemana, donde el poder para crear/producir era concebido como la llave del éxito para la riqueza de la nación (Reinert, H. y Reinert, E., 2004). Es Werner Sombart el encargado de profundizar en esta idea de lo que el llama el devenir, que siempre está activo y vivo (Sombart, 1930). Las teorías del alemán van a servir de puente entre las concepciones clásicas de la creatividad y la economía alemana de principios de siglo XIX. 

Las influencias del Fausto de Goethe y de Así habló Zaratustra de Nietzsche van a estar presentes en las ideas de Sombart. Muchas de las ideas económicas y sociológicas del alemán van a tener su origen en la obra de Nietzsche, especialmente en la voluntad de poder y en el principio establecido por el filósofo sobre quien quiera ser creador debe aniquilar primero (Nietzsche, 1884), ya que la creación encuentra su base en la destrucción y es un camino en una única dirección que no se puede cambiar. Estos postulados marcarían el rumbo de las ideas económicas en Alemania que, al contrario que las teorías inglesas basadas en hechos históricos aislados, se fundamentaban en una evolución de sistemas conectados entre sí en los que cada uno llevaba dentro de sí el germen del siguiente (Rubio, 1941). Por ello, el conocimiento de la Historia como influencia en el presente es fundamental para el alemán, pues considera que sin esta visión los sistemas económicos serían estáticos, cuando él siempre había abogado por su carácter evolutivo. Es Sombart el que explica la génesis del capitalismo moderno como la destrucción de los antiguos modelos, ya que el capitalismo trae consigo a los países europeos una nueva ciencia, una nueva técnica y hasta un nuevo Estado. 

Sombart aplica una nueva visión de la teoría histórica, ya que no busca un absolutismo de los sistemas económicos, sino un análisis racional sobre la validez y efectividad de un sistema económico en una época histórica determinada, pues, siguiendo el concepto de destrucción creativa y los postulados de Nietzsche, todo lo que debe ser útil debe resurgir de las cenizas de lo antiguo. Por tanto, no es válido observar el sistema como un todo, pues la observación de los hechos históricos desde un punto de vista realista se hace al concebir el pasado desde el presenta, ya que solo de esta manera se podrá comprender la progresión del desarrollo que ha culminado en la realidad tal y como la conocemos. Esta es la importancia de las ideas de Werner Sombart y su influencia en economistas posteriores, siendo el más destacado Schumpeter, autor que nunca dio crédito de la idea de la destrucción creativa y que para muchos será considerado creador. 

2.2 Destrucción creativa por Schumpeter 

A pesar del origen y las influencias del concepto de destrucción creativa, fue Schumpeter el que lo dio a conocer al mundo en su obra Capitalismo, socialismo y democracia en 1942, y es sus teorías son las que prevalecen en nuestros días. La destrucción creativa del economista austríaco no puede entenderse sin su relación con el capitalismo. La propia noción del concepto nace a través de un análisis que hace Schumpeter sobre la viabilidad del capitalismo y los diferentes razonamientos sobre su futuro, constituyendo este proceso el dato de hecho esencial del capitalismo. 

Como dice el propio economista: “El punto esencial que hay que tener en cuenta consiste en que, al tratar el capitalismo, nos enfrentamos con un proceso evolutivo.” (1942; 120). Ciertamente estas palabras son claves a la hora de entender este sistema económico. La influencia del capitalismo en la vida social, legislativa y cultural es de gran importancia y afecta a la totalidad de los individuos, puesto que todos ellos forman parte de él como un todo. Esta interconexión entre el sistema económico y la sociedad permite que el avance de la misma este motivado por el desarrollo del sistema y viceversa. Los hechos que afectan a la vida de las personas van a influir en sus necesidades y actuaciones, por lo que la economía, y en concreto, la producción del sistema, van a verse condicionadas por esos hechos que han provocado variaciones en los individuos. De la misma manera, las alteraciones en los diferentes elementos que conforman el sistema económico van a ser una poderosa autoridad respecto de los juicios de las personas. Este carácter evolutivo del proceso económico se debe al hecho de que la vida económica transcurre en un medio social y que, como hemos expresado, existe una relación recíproca entre las alteraciones que sufren ambos. No obstante, este no es el único hecho que provoca la evolución del sistema capitalista, y para ello es necesario explicar el capitalismo tal y como lo entendía Schumpeter.

El capitalismo debe de entenderse como una poderosa máquina de producción masiva, motivo por el cual recibe los ataques de muchos economistas, cuyo objetivo es la creación de un lucro y beneficio para el propietario. Más adecuado sería pensar que el empresario busca satisfacer las necesidades de la población mediante la producción de aquellas mercancías y productos que llenen esas lagunas, a la vez que obtienen un beneficio con la producción y venta de estos elementos. No hay que olvidar que la producción capitalista es una producción de masas, donde la búsqueda de poblaciones con poder adquisitivo motiva la aparición de productores de bienes y servicios. Es más, el cambio sustancial que provocaron estas producciones en masa fue el aproximar determinados productos a las rentas más bajas. Las rentas con un alto poder adquisitivo no encuentran ningún beneficio en la producción masiva, pues siempre van a disponer de la riqueza necesaria para satisfacer sus necesidad. Sin embargo, las rentas más bajas sí van a poder adquirir esos productos, ya que esta maquinaria productiva crea productos en función de los tipos salariales. Con ello, el sistema produce productos de forma casi automática satisfaciendo diferentes necesidades, normalmente de las rentas más bajas, y dando pie a que la sociedad avance y se desarrolle. 

No obstante, en esta evolución de la sociedad encontramos que las necesidades van a cambiar debido a que las antiguas carencias de la sociedad ya están satisfechas y, como ya nos hemos referido anteriormente, esto va a afectar al sistema económico. Son las llamadas ondas de larga duración3 las que van a condicionar el ciclo económico, puesto que en ellas se dan “revoluciones” que modifican, durante el período de duración de la onda, la estructura existente en la industria al introducirse nuevos métodos de producción que cubren las nuevas necesidades. “Hay así, sucesivos períodos prolongados de elevación y de bajada de precios, de tipos de interés, de empleo, etc., cuyos fenómenos constituyen otras tantas piezas del mecanismo de este proceso de rejuvenecimiento recurrente del aparato de producción.” (Schumpeter, 1942;168). Este proceso da lugar a una retroalimentación del sistema ya mencionado en los párrafos anteriores, pues los cambios sociales provocados por la aparición de la producción masiva van a provocar que surjan nuevas necesidades en la sociedad, y por ello el sistema  económico capitalista va a tener que evolucionar para adaptarse a los nuevos requerimientos, manteniendo, de esta manera, un proceso dinámico. 

El carácter evolutivo del sistema capitalista nace de su relación con el medio social, pero se puede concluir que su motor fundamental es la búsqueda de los nuevos modos de producción, la creación de bienes de consumo, la innovación en los sistemas organizativos, etc., que dan lugar a la creación de la empresa capitalista. En este contexto de búsqueda e innovación es donde surge la destrucción creativa. La característica fundamental es el origen del cambio en el sistema, ya que éste tiene su origen en el interior de la estructura económica. Al ser una búsqueda, es el propio complejo económico el encargado de buscar cómo satisfacer sus necesidades, que en este caso se traducen en la apertura a nuevos mercados o a la creación de nuevos elementos. Para ello es necesario dejar atrás las estructuras y procesos antiguos, que anquilosan el sistema y lo vuelven estático, dando lugar a su irremediable destrucción. Esta destrucción creativa contrapone dos intereses, lo antiguo y lo novedoso, que tras una inevitable lucha, acabará con la imposición de la innovación sobre lo ya establecido. Digo inevitable porque la propia realidad social, no solo la económica, impondrá el cambio a las estructuras e instituciones, y la oposición a éste conllevará una caída más fuerte y con menos posibilidades de ocupación. El éxito de uno solo puede surgir si se produce el fracaso del otro, ya que, al igual que un ave Fénix, debe renacer de sus cenizas. 

No es posible la convivencia de ambos durante más de un cierto tiempo, el necesario para que se produzca el paso del testigo, puesto que la existencia de lo antiguo se va a ir descomponiendo a medida que la innovación gana terreno, y no será tal si no termina derrumbando los elementos vetustos. Sin embargo, no siempre la introducción de algo nuevo (ya sea un producto, método de producción, mercado, etc.) trae consigo una destrucción creativa, pues muchas veces el arraigamiento de lo ya establecido es más poderoso que la innovación, y se mantiene lo antiguo debido a una fuerte oposición del status quo a la entrada de cualquier tipo de novedad. El triunfo completo no siempre se produce, y muchas veces solo podemos observar un afloramiento de la creatividad cuando el mantenimiento y oposición de las antiguas instituciones o procesos han conseguido destruir hasta los cimientos. En el caso en que se diese una convivencia de ambos elementos, no estaríamos ante una 16 verdadera innovación, simplemente una novedad, que, aunque en el futuro desemboque en una creación destructora, en el momento en que permite la existencia de lo primitivo no es una auténtica innovación. 

Del mismo modo que un organismo vivo, el capitalismo solo puede adaptarse continuamente al medio que lo rodea, destruyendo los elementos que se han convertido en un lastre y dando salida a otros que le reportará nuevas metas y beneficios. Esta conexión con lo biológico da pie a un símil ilustrador del concepto: cuando un niño va creciendo, se desprende de forma natural de los denominados “dientes de leche”, para dar lugar a los dientes que formarán su dentadura definitiva. Del mismo modo, el sistema económico capitalista se mantiene en un continuo desprendimiento de sus elementos arcaicos, y aparecen nuevos entes que se adaptan a las nuevas situaciones, pero, al contrario que los dientes humanos, este proceso no finaliza, ya que un establecimiento permanente es contrario a la perenne destrucción creadora. 

Con esto, queda clara la función del empresario capitalista: buscar la forma de revolucionar el sistema para conseguir una innovación efectiva y llevarla a la práctica de todo el sistema, ya sea explotando un invento, una nueva fuente de materias primas, una reorganización del sistema, encontrar un nuevo segmento en el mercado, etc. Es decir, la función del empresario se resume en ser el encargado de descubrir la destrucción creadora. Por tanto, es en su labor donde se fundamenta todo el sistema económico capitalista, donde el progreso técnico no puede ser entendido como un factor distinto del desarrollo de la producción. Ambos están tan relacionados que sin el primero no habría dado el segundo. 

Sin embargo, no hay que entender que el empresario busca el progreso técnico y tecnológico por el simple hecho de ver avanzar a la sociedad. Es la búsqueda de beneficio del capitalista lo que permite el progreso y, unido a éste, el desarrollo de la sociedad. Desde la aparición del capitalismo moderno, que Schumpeter en sus bosquejos históricos sitúa a finales del siglo XVIII 4 (Schumpeter, 1939), la destrucción creadora del capitalismo ha motivado también la aniquilación de situaciones sociales y legales, además de las económicas. Ejemplo de estos cambios es la reducción de la jornada laboral, con la promulgación de la “Ley de las diez (...)


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