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viernes, 12 de noviembre de 2021

LA DESTRUCCIÓN CREADORA DE SCHUMPETER

 LA DESTRUCCIÓN CREADORA DE SCHUMPETER 

Su significado histórico y su proyección actual

Joan Morro 

TESI DOCTORAL UPF / 2019 

Resumen 

Schumpeter entiende la Destrucción Creadora como el hecho esencial del capitalismo, es decir, como la experiencia genuina de la civilización capitalista. Ésta es el resultante de los procesos de modernización, los cuales suponen la tendencia al cambio radical en todas las dimensiones socioeconómicas; una tendencia vinculada significativamente al emprendimiento. No obstante, en los últimos años, la Destrucción Creadora ha sido entendida de dos nuevas maneras, ambas complementarias de lo que dijo Schumpeter. Por un lado, como deseo, según lo cual cada uno ha de destruir y crear las condiciones de su propia vida. Por otro lado, como principio crítico, por el que el mencionado hecho esencial se concibe como un postulado para cualquier teoría crítica de la modernidad. Las dos comportan, pues, sendas filosofías políticas. Según este planteamiento general, en esta tesis doctoral, analizo cómo se origina y se esparce la Destrucción Creadora y dónde se reconoce en la actualidad. 

Palabras clave: Capitalismo, Destrucción Creadora, Emprendimiento, Joseph A. Schumpeter, Modernización 


[...] para que el diálogo entre filósofos y científicos de la política pueda tomarse en formas no puramente académicas y volverse fecundo también desde un punto de vista político, considero necesario que ambas disciplinas hagan con firmeza las cuentas con su historia y se liberen de una parte de su tradición. Asimismo, es necesario que ambas se ocupen mucho más de los “problemas” que de los “hechos” de la política, para no hablar sólo de los asuntos de método o de las rituales reverencias académicas por los clásicos del pensamiento político. Más que limitarse a promover recíprocas actiones finium regundorum, ambas disciplinas deberían recuperar sensibilidad e interés por las grandes interrogantes sociales y políticas de nuestro tiempo: del destino de la democracia en las sociedades complejas, dominadas por las tecnologías robóticas y telemáticas, a los crecientes poderes reflexivos del hombre sobre su ambiente y su misma identidad genética y antropológica; de la violencia creciente de las relaciones internacionales al abismo económico que separa los pueblos del área postindustrial del resto del mundo. La filosofía política debería dejar a las espaldas algunos aspectos no secundarios de su tradición “vetero-europea”: su genérico humanismo, su moralismo, su tendencia especulativa a diseñar modelos de “óptima república”, su predilección por las grandes simplificaciones del mesianismo político, su desinterés por el análisis cuidadoso y resaltador de los fenómenos. […] La ciencia política, por su parte, debería liberarse de su obsesión metodológica, de las presunciones de su ideología cientificista, de su imposible aspiración a la neutralidad valorativa, de su débil sensibilidad por la historia y el cambio social (Zolo 2007: 66). […] las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree. En realidad el mundo está gobernado por poco más que esto. Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto. Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás. Estoy seguro de que el poder de los intereses creados se exagera mucho comparado con la intrusión gradual de las ideas. […] Pero, tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para mal como para bien (Keynes 1993: 337). [...] para decir aún una palabra sobre su pretensión de enseñar cómo debe ser el mundo, la filosofía llega siempre demasiado tarde. Como pensamiento del mundo sólo aparece en el tiempo después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y se ha terminado. Lo que enseña el concepto lo muestra necesariamente igual la historia, de modo que sólo en la madurez de la realidad aparece lo ideal frente a lo real y se hace cargo de este mundo mismo en su sustancia, erigido en la figura de un reino intelectual. Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris y, con gris sobre gris, no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer; el buho de Minerva sólo levanta su vuelo al romper el crepúsculo (Hegel 1993: 61).

Introducción 

La presente tesis doctoral es el resultado de una investigación que intenta aclarar un concepto cuyo principal autor, Joseph A. Schumpeter, es generalmente ignorado por filósofos y simplificado por economistas: el de la Destrucción Creadora. En base a esto, mi objetivo de partida fue responder a las siguientes preguntas de una manera articulada: ¿Qué es la Destrucción Creadora de la que habla Schumpeter? ¿En qué contexto y cómo se origina? ¿Dónde se reconoce en la actualidad? Las tres son igualmente constitutivas de este trabajo doctoral. Es preciso añadir que, a lo largo de la investigación realizada para responderlas, fue surgiendo un objetivo ulterior, a saber: establecer unas bases sólidas para una teoría crítica de los procesos de modernización y, por tanto, una filosofía política para nuestro tiempo, sin identificarlo ingenuamente con el presente inmediato. De aquellas cuestiones a estas metas: tal es lo que se ha afrontado con este trabajo. 

Schumpeter acuña la expresión “Creative Destruction” en Estados Unidos poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Por entonces daba clases de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad de Harvard, una institución donde fue profesor y supervisor de algunos de los principales economistas académicos del siglo XX (Paul A. Samuelson, Paul Sweezy, John K. Galbraith, Alvin Hansen, James Tobin, Nicholas Georgescu-Roegen, etc.). Durante esas fechas, mientras dicha institución se convertía en una cantera mundial de pensamiento económico keynesiano, Schumpeter era el único profesor que enseñaba a Marx en una facultad estadounidense de Economía. Este dato es clave para entender la Destrucción Creadora. 

Es en Capitalism, Socialism, and Democracy, de 1942, donde la expresión “Creative Destruction” aparece publicada por primera vez. Ésta ha sido traducida al castellano como “Destrucción Creativa” y “Destrucción Creadora”. En este estudio, opto por la segunda acepción porque se adecua mejor a la concepción de Schumpeter sobre el capitalismo. Con ésta se intenta dar cuenta de una situación general en la que la introducción exitosa de innovaciones en la economía comporta crisis no ya coyunturales, sino constitutivas para todas las relaciones implicadas, cargando un par ‘destruir/crear’ prácticamente fáctico y, por tanto, una tendencia al cambio radical en todas las dimensiones socioeconómicas. Se destruye lo precedente creándose lo nuevo. Es sobre todo por este carácter distintivo que traducir “Creative Destruction” por “Destrucción Creativa”, como se ha hecho a menudo, aun en ediciones recientes en lengua castellana (Schumpeter 2015a, 2015b), puede generar confusión. Schumpeter no habla de destrucciones que puedan crear, sino que crean a la par. “Creativo”, a diferencia de “Creador”, carece de connotaciones fácticas como las señaladas. El creativo puede crear, mientras que el creador crea o, al menos, ha creado. 

Al hacer referencia a la Destrucción Creadora no se está apelando a algo o alguien que se limite a poder crear, ni a prometer creaciones, sino que crea, y no sólo de una forma aislada ni uniformemente. De hecho, desde el siglo XVIII hasta la actualidad, ha venido generando una sucesión de lo que a finales del siglo XX economistas inspirados en Schumpeter como Christopher Freeman y Carlota Pérez han llamado paradigmas tecnoeconómicos. Con estos, la Destrucción Creadora deviene una realidad descaradamente visible. El par ‘destruir/crear’ que implica esta realidad propia del capitalismo triunfante supone una experiencia sustantiva, no meramente modal, que es correlativa a los procesos de modernización y a sociedades y subjetividades consiguientes. Hay que señalar que, frente a creaciones pretéritas como el trueque y el dinero, tales procesos comportan el crédito moderno, al que Schumpeter considera el complemento monetario de la innovación [the monetary complement of innovation]. Desde luego, el crédito no supone el fin del dinero, del mismo modo que el dinero no supuso el fin del trueque. El crédito no se limita a sustituir nada. Se trata de algo radicalmente moderno, pese a sus posibles antecedentes en la historia económica. 

El crédito es una novedad radical que condicionará incluso una civilización radicalmente nueva: lo que Schumpeter llama una civilización subjetiva. Ahora bien, aunque confuso, no es erróneo entender el crédito como una forma moderna de trueque o de dinero, al menos desde una perspectiva schumpeteriana. El caso es que supone una nueva forma de moneda, cuya esencia moderna radica en la unidad contable. Ya no implica tanto un equivalente físico, del tipo que tal número de animales equivale a tal número de productos textiles (como ocurre con el trueque tradicional) o que tal moneda acuñada equivale a tantas monedas de acuñación diferente (como ocurre con la forma tradicional de dinero), sino a una moneda descorporeizada. Esto supone una contabilidad. Por su parte, la innovación está imbricada en relaciones tales que sólo pueden concebirse como neutras o armonizadoras en el caso de que se confundan las innovaciones y los inventos. Ahora bien, innovar en economía, es decir, emprender con éxito, no es lo mismo que inventar en ningún caso. Pueden darse casi a la vez, como ocurre con un invento que revoluciona las relaciones socioeconómicas, pero es un error identificar innovación e invención. En cualquier caso, obsérvese que las precisiones conceptuales y las repercusiones históricas que Schumpeter le supone al crédito y la innovación cuanto menos convocan a una consideración filosófica,  irreductible al tratamiento característico del economista. Él fue totalmente consciente de esto y así lo reivindicó en sus últimos diez años de vida. 

Para nuestro autor, la Destrucción Creadora es el hecho esencial del capitalismo [the essential fact about capitalism], al que considera una civilización [civilization] marcada por el emprendimiento creador [creative entrepreneurs]. Esto, a su juicio, es lo que ha generado la mayor parte de innovaciones tecnoeconómicas en su sentido moderno y ha sido condicionado y potenciado por acreedores, a los que identifica con los capitalistas. Donde no hay innovación de este tipo, entendida como creación que destruye relaciones socioeconómicas existentes, tampoco hay capitalismo. Schumpeter llega a estas conclusiones tras comentar y discutir durante décadas, como estudiante y profesor, en Europa y en Estados Unidos, tres tradiciones: el marginalismo, el historicismo y el marxismo. Con todo, esta tercera tradición, y sobre todo la obra de Marx, es lo que más le acabará influyendo en su concepción de la modernidad. 

Schumpeter no se compromete con la expresión “Destrucción Creadora”. No acude literalmente a ella cuando la tiene en mente. En la Trilogía de Harvard, que es como llamo al conjunto de sus libros redactados y publicados en Estados Unidos, apela a ella de diferentes maneras. Pero, sin duda, la expresión mencionada es la que más ha arraigado en la literatura sobre la obra schumpeteriana. Con todo, es oportuno remarcar dos aspectos sobre la historia de esta expresión tan tergiversada y que mueve nuestra investigación. Por un lado, ha sido tradicionalmente reprobada por los economistas. Según Samuelson, acaso el principal autor de la Economía como disciplina académica contemporánea, la Destrucción Creadora es básicamente una proyección romántica derivada del carácter artístico y atormentado de Schumpeter (Samuelson 1965, 1981). En este sentido, hay una considerable literatura formada por textos de historiadores de la economía y filósofos que han presentado a nuestro autor como a un nietzscheano, tanto para bien como para mal. Por otro lado, según he podido recoger a lo largo de la investigación, hay al menos dos lecturas diferenciadas sobre la obra schumpeteriana en general y sobre la Destrucción Creadora en particular, a saber: la documental y la revisionista o neoschumpeteriana. Mientras que para la lectura documental la Destrucción Creadora es una visión, lo que permite ver el capitalismo, para la revisionista se trata de algo que corroborar o incluso de una evidencia que, en un caso y en el otro, se puede codificar en pos de la optimización de la economía y la sociedad. Esta segunda lectura ha sido significativamente promocionada por la OCDE.

Este trabajo supone una defensa y una radicalización de la lectura documental de Schumpeter, la cual nos conduce a mantener la siguiente hipótesis general: la Destrucción Creadora es el hecho esencial del capitalismo, como ya dijera nuestro autor reconstruyendo los textos de Marx sobre la modernidad, y en la actualidad comporta al menos uno de dos grandes compromisos, esto es, asumirla como deseo o como principio crítico. En términos prácticos, esto puede sintetizarse en que la experiencia moderna o capitalista implica en nuestros días al menos una de las siguientes asunciones, a saber: o el mito del emprendedor o las políticas fáusticas. Mientras que la primera asunción se manifiesta en unas relaciones generadas por el imperativo “emprende”, según el cual se concibe la realidad bajo la óptica de la empresarialidad hasta el punto de normalizarse la conciencia de ser un “empresario de sí”, de acuerdo a la expresión asociada a Michel Foucault (Foucault 2007), la segunda comporta un compromiso “trágico”, por el que se advierte la imposibilidad histórica de una realidad regida por una razón sustantiva, un tiempo cíclico, un bien común o un utilitarismo eficiente. Como diría Marshall Berman, la política fáustica comporta una conciencia radical del fin del “pequeño mundo”, arrasado de forma irreversible por el capitalismo, y cualquier alternativa que lo ignore no conlleva sino a una política pseudofáustica, tal vez autocomplaciente pero anacrónica (Berman 1988). O, como diría Schumpeter, carente de experiencia histórica [historical experience]. Todo esto supone una serie de cuestiones que han ido delimitando la presente investigación, generando y confirmando su encuadre o marco teórico. Lo expongo a continuación en una serie de puntos. 

El primer punto es una crítica a la lectura revisionista de Schumpeter. Según esta lectura, nuestro autor fue un economista pesimista que, pese a sus brillantes intuiciones, no pudo completar sus investigaciones de una forma satisfactoria debido a sus limitaciones para la formalización matemática, la cual rehusó en su obra madura. Los revisionistas consideran que Schumpeter destacó especialmente por sus “opiniones” generales en torno a la innovación, las cuales, no obstante, desarrolló de una manera incompleta y al margen del tecnicismo propio de los economistas profesionales. Es por esto que tratan de actualizarlo con datos y recursos disponibles en la actualidad, desde fórmulas a estadísticas, a fin de poder homologar lo que dijo en su momento dentro de los estándares de la ciencia económica contemporánea y poder citarlo como a un clásico para el estudio de los sistemas de innovación, en el sentido promocionado en el siglo XXI por la OCDE y economistas e ideólogos afines, como Alan Greenspan (Greenspan 2007, OECD-EUROSTAT 2006). Relacionado con esto, un aspecto implícito en el neoschumpeterismo es lo que llamo la asunción del mito del emprendedor. Mediante este mito se postula que el imperativo “¡emprende!” es un criterio para explicar y potenciar la optimización de la economía en cualquier sociedad humana. Dicho imperativo está presente dentro y fuera de la academia y tiene repercusiones diversas y muy notables1 . Y es así como muchos lo defienden y prescriben. En este sentido, la Destrucción Creadora ya no es tanto lo que distingue trágicamente al capitalismo: para los revisionistas, a diferencia de lo sostenido por nuestro autor, es lo que hay que confirmar en la teoría y generar en la práctica. 

La lectura revisionista parte de cuatro grandes afirmaciones sobre Schumpeter: que fue un genio que no acabó de desarrollar su obra; que se equivocó al rehusar el formalismo económico en sus análisis; que, por lo precedente, su tesis sobre la obsolescencia de la función emprendedora es errónea, ya que está supuestamente desacreditada por la historia; y que, pese a todo, es un autor que debe ser actualizado incluso frente a lo que él mismo sostuvo en pos de la explicación y la potenciación del crecimiento y el desarrollo económico. Mi defensa y radicalización de la lectura documental implica un rechazo inequívoco de estas afirmaciones. 

El segundo punto de mi marco teórico es la defensa de la lectura documental de Schumpeter. Mientras que el criterio principal del neoschumpeterismo es que la Destrucción Creadora es algo que corroborar o incluso una evidencia, el criterio principal de esta segunda lectura es que la Destrucción Creadora es una visión [vision], según las palabras textuales de nuestro autor. Este criterio tiene un triple sentido determinante en mi investigación. Por un lado, implica que la Destrucción Creadora es irreductible a codificación. No hay ni formalismo alguno que pueda agotarla ni programa (político, económico o ético) que pueda garantizar su feliz realización. La Destrucción Creadora es algo que o se ve o no se ve: formalizarla para justificar inferencias de lo que habrá o de lo que ha de haber es un contrasentido. O, por lo menos, implica trastornar el sentido de la obra madura de Schumpeter. En tanto visión, por otro lado, la Destrucción Creadora constituye la experiencia genuina de la modernidad. Experimentarla implica ver el capitalismo, al menos lo que éste tiene de civilización diferenciada. Ni puede verse el capitalismo antes de que éste alcance cierto grado de realización y desarrollo –lo que Schumpeter identifica a “civilización”– ni cabe la posibilidad de dicho grado al margen de lo que contienen los procesos de modernización, esto es, desde la estatalidad moderna a las formas 

 1 Es significativo que, durante la elaboración de esta tesis doctoral, Donald Trump y Emmanuel Macron lleguen a presidir las dos repúblicas decanas de la democracia liberal. Por cierto, los procesos fundacionales de ambas se producen mientras Goethe elabora su versión de Fausto, lo cual es también significativo para esta tesis. El caso es que ambos líderes han sido presentados públicamente por los medios de comunicación como emprendedores, pese a tener biografías muy diferentes y puestas en escena incluso contrapuestas entre sí. Es como si lo de “emprendedor” tuviera funciones equivalentes a lo que antaño fueron la “gracia divina” y la “pureza racial”. Igualmente significativos son los resultados de una macroencuesta, que se ha publicado en diversos medios también mientras se ha elaborado esta tesis, en las que se muestra que la mayoría de adolescentes españoles quieren parecerse a Bill Gates, Steve Jobs y Amancio Ortega (Llaneras & Pérez Colomé 2017).

 

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jueves, 11 de noviembre de 2021

De Schumpeter a los postschumpeterianos: viejas y nuevas dimensiones analíticas

 De Schumpeter a los postschumpeterianos: viejas y nuevas dimensiones analíticas

 Introducción 

La idea de que el desenvolvimiento económico de un sistema constituye un proceso endógeno que se genera en condiciones de desequilibrio, y que la competencia se manifiesta a partir de un proceso de destrucción creativa bajo diferentes estructuras de mercado, fueron desarrolladas por Joseph Alois Schumpeter en Teoría del desenvolvimiento económico (1912, en adelante la tde); Bussiness cycles (1939), Capitalismo, socialismo y democracia (1942, en adelante el csd) y en The creative responses in economic history (1947, en adelante creh). Sin embargo, sus ideas fueron prácticamente olvidadas durante los 30 años posteriores a su muerte y fueron retomadas a partir de 1982 con la aparición del libro de Richard Nelson y Sidney Winter, An evolutionary theory of economic change. Éste dio lugar a la generación de una nutrida tradición de trabajos evolucionistas y neoschumpeterianos que produjeron un renacimiento y actualización del pensamiento de Schumpeter,1 desarrollando a su vez nuevas dimensiones analíticas ausentes en su obra. 

En ese marco, el objetivo de este artículo es discutir qué ideas del pensamiento de Schumpeter tienen vigencia en la moderna teoría evolucionista de la innovación y el cambio tecnológico. Las preguntas que guían este artículo son: ¿Se pueden identificar rupturas y continuidades en la obra de Schumpeter? ¿Qué dimensiones fueron rescatadas por la literatura evolucionista y neoschumpeteriana? ¿Cuáles fueron las nuevas dimensiones planteadas por esta literatura? 

En la primera sección se presentan las principales ideas del pensamiento de Schumpeter y se identifican las continuidades y rupturas a lo largo de sus obras. 

En la segunda sección se identifican las ideas retomadas y reelaboradas por autores posteriores del enfoque evolucionista y neoschumpeteriano y se discuten nuevas dimensiones planteadas por la literatura. 

Finalmente, se presentan las conclusiones. Sendero evolutivo de las ideas de Schumpeter El sendero evolutivo del pensamiento de Schumpeter puede ser sintetizado de las siguientes maneras: i) la dinámica del desenvolvimiento económico entendido como el desarrollo de nuevas combinaciones (introducción y mejora....


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martes, 9 de noviembre de 2021

Proyección en el s. xxi de la hermenéutica del ser del hombre, del ser y del lenguaje

Proyección en el s. xxi de la hermenéutica del ser del hombre, del ser y del lenguaje 

Wálter Navia Romero 

En la filosofía sólo hay caminos; en las ciencias, al contrario, 

sólo métodos, es decir, maneras de proceder. 

Heidegger

 

En filosofía, el orden de los factores altera el producto. En este sentido, la alteración del orden de los temas (hombre-ser-lenguaje), diferente al que encierra la obra de Heidegger (olvido de la pregunta por el ser, ontología del hombre, el único ente que se interroga por el ser, lenguaje como la casa del ser) implica una postura teórica propia. Esto no significa que no camine por los senderos abiertos por Heidegger, quien, a mi criterio, cambió la ruta de la filosofía; lo que planteo es seguir una de las sendas abiertas por este filósofo, para él menos importante. En lugar de iniciar con la pregunta fundamental de la filosofía desde los presocráticos, es decir, la pregunta por el ser, enfoco el problema centrándolo en el hombre, sin caer, desde luego, en una antropología. La pregunta inicial es la siguiente: ¿Cuál es la contribución fundamental que puede hacer la filosofía hermenéutica a la problemática del presente siglo y, tal vez, del milenio, en una época del imperio de la ciencia y la tecnología? Esta interrogante contiene: 1) La hermenéutica; 2) Su contribución a la problemática del siglo presente. 

Hermenéutica significa en griego interpretación y surge como un método de comprensión de textos. Según el objeto de estudio, surgió como hermenéutica religiosa, si tenía por objeto la interpretación de los textos sagrados; jurídica si se discriminaba la aplicación de los principios jurídicos a los casos particulares; filológica, aplicada a textos literarios. En todos estos casos, la hermenéutica es un método de interpretación de textos que por su ambigüedad debían ser examinados e interpretados. La hermenéutica, pues, se redujo a un método de conocimiento. Uno de sus principios es el de interpretar los textos como una totalidad, cuyas partes se comprenden en relación al todo y viceversa, tal como lo ejerce el estructuralismo contemporáneo. 

Quien introdujo el término hermenéutica en la consideración filosófica fue Aristóteles, en su Peri hermeneias, Sobre la interpretación. No la aplica al conocimiento de textos, sino a la búsqueda de los juicios verdaderos. Continúa en la vía de la búsqueda del conocimiento, caminando por la brecha abierta por su maestro 

Platón. Para el primero, el método de acceder al conocimiento verdadero es la lógica, para el último es la paideia, la formación del filósofo quien luego tendrá el destino de gobernar la república1 . Platón la explica magistralmente en el “Mito de la caverna”2 . La paideia, según este filósofo, es un transcurso que parte de la ignorancia absoluta de los hombres que sólo ven sombras al fondo de la caverna, pues están encadenados en sus asientos. Uno de ellos es liberado y se inicia el proceso de su paideia, de su formación, caminando por un sendero escabroso y ascendente para descubrir, primero, que las sombras son proyecciones de simples imágenes de las cosas, algo alethesteron, algo más verdadero, y, luego, al salir de la caverna, para contemplar la verdad del ente, lo alethesteron, lo más verdadero, que no es otra cosa que las ideas de los entes. La formación consiste en encontrar el camino, el método adecuado, orthortees, para la contemplación ajustada de las ideas que luego han de ser expresadas con un lenguaje enunciativo preciso. La idea suprema es la idea de bien, la cual ilumina y da constancia a todas las ideas de los entes, en otras palabras, la que confiere la universalidad y permanencia del conocimiento verdadero. En este ámbito conceptual, no cabe la hermenéutica que se ocupa de lo ambigüo. 

A las ideas las colocó Platón en un lugar ideal, el topos ouranos. Pero su discípulo Aristóteles las bajó a la esencia de los xoristos, de las cosas reales, cuyo conocimiento requería la aplicación de la lógica que él invento. Esta disciplina fue un análisis racional riguroso de los juicios aseverativos y de sus relaciones. Aristóteles fue también el que definió al hombre como zwon logon exon, animal que tiene lenguaje, proposición que fue traducida equivocadamente, durante veinte siglos, como animal racional. 

La postulación de un conocimiento racional fue la base del conocimiento científico. Pero durante diez siglos este conocimiento dependió de la lógica aristotélica, hasta que Galileo la superó fundando el método científico y leyendo el libro de la naturaleza con el lenguaje matemático. Los fundamentos filosóficos del conocimiento científico fueron formulados por Descartes3 , piedra angular de la filosofía moderna. El hombre cognoscente antes de este filósofo todavía era un ser humano que estaba en el mundo. Pero Descartes, al postular un método para obtener un conocimiento evidente por sí mismo, despoja al ser humano, por una parte, de todos los atributos que le permiten tener experiencia de mundo (sensaciones, percepciones, memoria) transformándolo en un sujeto cognoscente puro, el ego cogito, y, por otra, convierte al mundo en un objeto de conocimiento también puro. En otras palabras, deshumaniza y desmundaniza al hombre real. 

A partir de Descartes, la filosofía se orienta al conocimiento de la verdad del ente, con olvido de la cuestión inicial de los filósofos presocráticos, el problema del ser, como denuncia Heidegger en Ser y tiempo (19270). No es posible en este trabajo hacer un seguimiento de la frondosa historia de la filosofía, pero cabe mencionar a dos importantes representantes de esta tendencia, Kant y Husserl. 

Kant publica en 1781 La crítica de la razón pura, obra fundamental de su pensamiento que fue considerada como “una revolución copernicana” de la historia de la filosofía. Para ello, en su “filosofía trascendental”, somete a la razón a una crítica sobre sus límites de conocimiento. Se pregunta: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas y en la física? Sobre los juicios sintéticos a posteriori, es decir, los que se refieren a hechos empíricos, no hay duda. En cambio, sobre los que constituyen las ciencias propiamente dichas, matemáticas y física, es necesario plantear su fundamento. El fundamento del conocimiento de los fenómenos, que son los únicos que se pueden conocer, es la noción de sujeto trascendental o conciencia trascendental, pues él es quien impone las condiciones del conocimiento. Por lo visto, más que una revolución filosófica, es una proyección de la filosofía cartesiana del sujeto-objeto, aunque en un nivel crítico más sistemático. 

El último Husserl es más explícito. En Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía, retoma el método de la duda metódica de Descartes bajo la forma de epojé, puesta entre paréntesis. Mediante este proceso, se eliminan todas las suposiciones del mundo exterior a fin de constituir un sujeto puro capaz de intuir las esencias puras que él denomina noema. No puedo ahora ni siquiera esbozar el complejo pensamiento de este filósofo. Sólo me interesa mostrar que él está también en el camino del conocimiento científico y verdadero. Hay que anotar, sin embargo, que el método fenomenológico que él desarrolló, así como sus investigaciones sobre intencionalidad y sobre el lenguaje, tuvieron gran repercusión entre sus discípulos, uno de los cuales fue Martin Heidegger.

 La filosofía del sujeto-objeto, orientada al conocimiento y al dominio de la realidad natural, propició un extraordinario desarrollo de los conocimientos científicos y fundamentó un desarrollo increíble de su manipulación mediante recursos tecnológicos cada vez más sofisticados. La visión que actualmente tenemos del micro y macro cosmos biológico es pasmosa; la capacidad para sondear en los recovecos de la psique humana y para planificar y modelar la realidad social de los hombres es impresionante. En este momento, billones de personas pueden tener simultáneamente una experiencia compartida, como por ejemplo el gol que define el campeonato mundial de fútbol. Se creyó, con optimismo, en el siglo de las luces, que por fin se había encontrado la fórmula para creer el progreso ilimitado de la especie humana. ¿Quién podía dudar de los beneficios de la ciencia y la tecnología? Sólo los insensatos. 

Pero la realidad del mundo actual nos condujo a mirar también las consecuencias negativas del adelanto científico-tecnológico. Unos pocos datos que todos conocemos: la capacidad de destrucción de los medios tecnológicos actuales crece día a día. En la última guerra mundial, mataron a ochenta millones de personas; en Hiroshima y Nagasaky pudieron eliminar en fracciones de segundos cientos de miles de civiles. La planificación económica rigurosamente racional de las transnacionales está destruyendo el planeta e incrementando la transferencia de riqueza del tercer al primer mundo en proporciones nunca imaginadas, sin guerra ni derramamiento de sangre. Cuando es necesario, se inventa los motivos para declararla por el sólo delito de tener pretróleo, apoderarse de sus riquezas, destruirlo en tres días y.....

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1 Cfr. heidegger, Martin, La doctrine du Platon sur la verité. En: heidegger, Questions ii, Paris, Gallimard, 1942/68. 

2 Platón, La República, libro vii. 

3 descartes, Meditaciones Cartesianas, Ediciones Paulinas, Madrid, 1979, Trad. de Mario A. Presas.


LA POBREZA EN SMITH Y RICARDO

 

LA POBREZA EN SMITH Y RICARDO


POVERTY IN SMITH AND RICARDO



Edgar Pardo Beltrán*

* Profesor de la Universidad Externado de Colombia, estudiante del doctorado en economía, New School for Social Research, New York. Se agradecen los comentarios de Robert L. Heilbroner a una versión en inglés de este artículo; lo mismo que a Mauricio Pérez, Jaime Lozano y Carolina Esguerra, por su colaboración para la publicación en español. E-mail: parde097@newschool.edu


RESUMEN

[Palabras clave: pobreza, historia del pensamiento económico, Smith, Ricardo, teoría económica, JEL: B12, B31, I32]

Este artículo compara los enfoques de Adam Smith y David Ricardo sobre la pobreza en una sociedad capitalista. La comparación se centra alrededor de los diferentes argumentos que ellos utilizan para relacionar la pobreza con la inequidad y las realidades institucionales. La discusión se contextualiza en las experiencias vividas de cada autor, así como en los intereses intelectuales de cada uno; teniendo en cuenta que la pobreza fue uno de los principales problemas que enfrentó Inglaterra entre el siglo XVIII y XIX. La postura de Smith establece una relación entre la pobreza y la estabilidad del orden social; mientras que la perspectiva de Ricardo postula la pobreza como función de los conflictos distributivos y las fuerzas del crecimiento de la población.

ABSTRACT

[Key words: poverty, history of economic thought, Smith, Ricardo, economic theory, JEL: B12, B31]

This paper provides a comparison between Adam Smith and David Ricardo�s treatments of poverty in a capitalist society. The comparison focus on the different arguments they use to relate poverty to inequality and institutional realities. The discussion points out the life experiences of each author and their intellectual interests, taking into account that poverty was one of the most pressing social problems faced by England between the 18th and 19th century. Smith associates poverty with the stability of social order; while Ricardo postulates that poverty is a function of the distributive struggle and the forces of population growth.



El hecho de que Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo 1772-1823) pertenecieran a la escuela económica clásica no significa que ambos coincidieran totalmente en sus ideas y argumentos. A pesar de compartir una misma visión de economía política, la época y el ambiente en que sus vidas se desarrollaron fueron distintos y, en esas circunstancias, sus apreciaciones sobre la manera en que el sistema económico opera pudieron diferir. Tanto Smith como Ricardo consideraron las libertades individuales y el mercado libre como características cruciales de la economía capitalista, pero llegaron a esta conclusión por caminos diferentes. Igualmente, ambos relacionaron la pobreza con la desigualdad �ejemplo, diferencias en ingreso y riqueza entre clases� y, por razones diferentes, con las realidades institucionales �ejemplo, un orden social dado, leyes, impuestos.

Smith, figura central de la Ilustración, luchó por la emancipación filosófica, social y política de la tiranía clerical. Enseñó en la Universidad de Glasgow la cátedra de filosofía moral, que cubría los temas de teología natural, ética, jurisprudencia y economía política, todo ello desde una perspectiva histórica. Smith consideró al sistema capitalista, que denominaba comercial o mercantil, como parte de un orden social regido con �armonía celeste�. Sostuvo que la inequidad, principal causa de la pobreza, se justificaba para garantizar la estabilidad del orden social. Dijo además que la acumulación de capital, al incrementar los beneficios de la división del trabajo, genera al cabo del tiempo un aumento en los salarios, sin que ello sea garantía de una menor desigualdad entre las clases sociales.

Ricardo, un exitoso hombre de negocios y miembro de la Cámara de los Comunes, era más pesimista y veía el proceso de acumulación de capital como parte de un conflicto distributivo sin fin entre las clases sociales. Pensaba que el conflicto central era entre los salarios y las ganancias, pero creía que los intereses de los terratenientes chocaban a su vez con los de los capitalistas y trabajadores. Para Ricardo, la pobreza dependía de las dinámicas del conflicto distributivo y del crecimiento poblacional.

A pesar de pertenecer a generaciones diferentes, Smith y Ricardo se preocuparon por el tema de la pobreza porque fue uno, si no el mayor, de los problemas sociales enfrentados por la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. Para entender la concepción de Smith acerca de la pobreza es necesario revisar La teoría de los sentimientos morales

(TSM, 1759) y otras obras que precedieron a La riqueza de las naciones (RN, 1776)1, así como establecer la relación de este fenómeno con sus ideas sobre división del trabajo, población, salarios e intervención gubernamental. A su turno, Ricardo asocia el problema de la pobreza con su descripción de los procesos de distribución y acumulación; con sus ideas sobre los salarios, los beneficios, la renta y el papel del gobierno; y con el debate con Malthus acerca de la población.

Ambos autores son complejos, aunque por razones diferentes. Smith lo es por la diversidad de temas que estudia, no sólo de economía política, y por las relaciones que establece entre ellos, provocando que su teoría sea más propensa a contradicciones y malentendidos. Ricardo porque a pesar de que no se ocupa de temas tan variados como Smith, los que toca son en sí bastante densos y además porque, como se lo confesara a Mill, tenía muchas dificultades para ejercitar el duro arte de escribir.

1. ADAM SMITH

La pobreza posee un distintivo rasgo de clase para Smith. Los pobres son quienes solamente pueden sostenerse por su trabajo asalariado (Lecciones sobre jurisprudencia, LJ, 39), pero un trabajador �es rico o pobre, está bien o mal, en proporción al precio real de su labor� (RN,

51), y este precio está relacionado con la cantidad de bienes que él pueda comprar. Las personas más pobres, entonces, son aquellas que apenas pueden proporcionarse las necesidades de subsistencia, aun cuando disfruten mucho los pocos bienes materiales que pueden adquirir. No obstante, afirma Smith, ellos no son vistos como seres inferiores con respecto a aquellos que pueden poseer mucho más (TSM, 123)2.

El carácter de clase de la pobreza subyace en toda la teoría de

Smith. Metodológicamente hablando, y al igual que el resto de su teoría, la explicación acerca de las causas de la pobreza la va construyendo gradualmente, con argumentos que va tomando de diferentes disciplinas del saber. Se apoya no sólo en criterios económicos sino también en elementos históricos, sociológicos, psicológicos, filosóficos e incluso, aunque parezca paradójico, teológicos.

La pobreza está históricamente relacionada con la desigualdad, pues aparece conjuntamente con la propiedad privada y el gobierno, según Smith. La propiedad privada es la que crea diferencias entre las personas. Aquellos que poseen menos, o incluso nada, desean alcanzar aunque sea un poco de la fortuna material de otros, pero es el gobierno el que impide que tal cosa suceda. Smith argumenta que en la época de los cazadores, una de las eras en la que él dividió la historia humana,

no existía un gobierno regular, ellos vivían de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La apropiación de las manadas y los rebaños, que introducen la inequidad de la fortuna, fue lo que primero permitió el surgimiento de un gobierno regular. Hasta cuando exista la propiedad no puede existir un gobierno, porque su fin último es proteger la riqueza y defender al rico del pobre... Esta inequidad de fortunas implica una distinción entre los ricos y los pobres, dándole a los primeros influencia sobre los segundos, porque quienes no poseían manadas ni rebaños tenían que depender de quienes sí los poseían... [Los ricos] necesariamente llegan a poseer una gran influencia sobre los demás... (LJ, 40; cursivas añadidas).

Esta explicación puede extenderse también a otros escenarios históricos, incluyendo la sociedad mercantil descrita en RN:

Donde quiera que haya una gran propiedad, hay una gran inequidad. Por cada hombre rico deben existir al menos cinco pobres, y la abundancia de unos pocos supone la indigencia de muchos. La opulencia de los ricos suscita la indignación de los pobres, que se guían por los deseos, y se incitan por la envidia, para invadir sus posesiones. Es sólo bajo la protección de la magistratura civil que quien posee la propiedad, que se adquiere por el trabajo de muchos años, o por medio de generaciones sucesivas, puede dormir en paz (RN, 709-710; cursivas añadidas).

A través de la historia los gobiernos han estado entonces para proteger la propiedad privada del acecho de los pobres. Los individuos con poder económico, siguiendo sus propios intereses, han influido sobre la sociedad para fomentar la creación de instituciones que preserven el orden social y refuercen los patrones existentes de distribución de riqueza. En consecuencia, para Smith, la inequidad es el resultado de un convenio social entre los propietarios privados y los líderes políticos en donde se legitiman los intereses de los primeros3. Más aún, en una sociedad mercantil, tal acuerdo fundamental, en donde lo político se supedita a lo económico, es el que determina el proceso de acumulación de capital y la manera en que el excedente social será repartido.

Hasta aquí, la pobreza es el resultado de un proceso histórico-económico con profundas repercusiones políticas y sociales. La inquietud permanente de Smith por encontrar siempre la causa última de las cosas lo llevó a preguntarse acerca de la persistencia de la desigualdad y, por ende, de la pobreza. Para ello, acude a argumentos morales y psicológicos en donde el tema del orden social surge: si la inequidad está asociada con la propiedad de la riqueza, los poseedores de dicha riqueza promoverán un orden social que los favorezca, aun en detrimento de otras clases. Pero, ¿cómo es posible garantizar la estabilidad social en un entorno de desigualdad?

Para Smith, el orden social está apoyado en dos principios morales, autoridad y utilidad, que inducen al hombre, por temor y conveniencia, a ser obediente y a entrar en una sociedad civil. La autoridad consiste en la sumisión de los pobres a los ricos, mientras que la utilidad es el reconocimiento universal por parte de los individuos de la conveniencia de obedecer al �magistrado civil�. Ambos principios se reflejan en actitudes y comportamientos tanto de los individuos como de las instituciones. Dichos principios, que son la base moral de la socialización, están muy entrelazados. �La adquisición de la valiosa y extensa propiedad... necesariamente requiere el establecimiento de un gobierno civil... [, el que] supone una cierta subordinación� (RN, 710).

La subordinación de unos hombres a otros es mantenida por cuatro elementos: la superioridad de las cualidades personales, la edad, la fortuna y el origen. Los dos últimos son los más importantes para cualquier sociedad4 pues pueden ser percibidos por los individuos, sin importar su nivel de educación o su posición social5. Si la �gran masa�, dice Smith, percibe la autoridad puede entonces aceptarla e interiorizarla colectiva e individualmente. Es así como el principio de autoridad entra a hacer parte de los pensamientos y pasiones de los individuos, pues

surge de nuestra simpatía con nuestros superiores que son más que nuestros iguales e inferiores: nosotros admiramos su feliz situación, entramos en ella con placer, y nos esforzamos por promoverla (LJ, 39; cursiva añadida).

El concepto de simpatía es muy importante en la TSM de Smith. Consiste en la identificación de un individuo con las ideas, sentimientos y circunstancias de otros. Esta simpatía puede traducirse en colaboración, solidaridad, pero también en admiración y respeto, e incluso tolerancia y sumisión6. Es por esto que, a más de la determinación económica e histórica de la inequidad, las diferencias entre los individuos se refuerzan con motivaciones sociales y psicológicas. Los trabajadores aceptan individualmente la autoridad de los ricos debido a la existencia de la simpatía. Un elemento atribuido a la naturaleza humana, a sus sentimientos. Esta es la argumentación psicológica que Smith incorpora dentro de su teoría para explicar cómo el orden social se mantiene no obstante las diferencias materiales y sociales.

Sobre esta de la humanidad, de aceptar las pasiones de los ricos y los poderosos, están fundadas las distinciones de rango, y el orden de la sociedad... Nosotros deseamos servir [al rico y al poderoso] por su propio bien, sin ninguna otra recompensa que la vanidad y el honor de servirles... Incluso cuando el orden de la sociedad parece requerir que nos opongamos a ellos, nosotros mismos nos resistimos a hacerlo (TSM, 81; cursiva añadida).

En Smith la estabilidad social está por encima de cualquier otra consideración: La paz y el orden de la sociedad son de mayor importancia que incluso el consuelo de los miserables (TSM, 136, cursiva añadida). Considera que cualquier sociedad necesita seguridad y orden para ser próspera, y esto se hace posible mediante la aceptación del predominio de ciertas relaciones sociales entre clases7. Las pasiones humanas ayudan a superar el odio y el resentimiento que pudieran surgir8. Smith da mayor importancia a los efectos positivos de la inequidad �fortalecimiento de la cohesión y el orden� que a sus perjuicios como fuente de ruptura social y desasosiego9. No obstante, Smith reconoce que el orden social construido de esta manera puede generar un complicado problema, la �corrupción de nuestros sentimientos morales�, que en el caso de la pobreza se traduce en despreciar o rechazar a los individuos de menor condición10.

Dicho problema moral tiene varias dimensiones. Por una parte, pareciera que la simpatía, como lo anota Heilbroner (1991), tuviera una asimetría peculiar, muy evidente en el análisis que Smith hace de la pobreza11. Reconoce que la pobreza inspira poca compasión porque se considera al pobre como resultado de una desgracia económica que el mismo individuo habría podido evitar por sus propios medios; mientras que otro tipo de desgracias, consideradas inevitables (inundaciones, terremotos, accidentes, enfermedades), generan mayores sentimientos de solidaridad o compasión en el resto de la población. Es precisamente en el contexto del tratamiento de Smith sobre la inequidad y la pobreza que la simpatía no funciona.

De otro lado, Smith, al aceptar que las diferencias en riqueza y grandeza son necesarias para mantener el orden social, reconoce que dichas diferencias se oponen a los principios de sabiduría y benevolencia, que serían moralmente más deseables. Además, en una sociedad capitalista, las pasiones �egoísmo y ambición� de unos pocos hombres, que los mueven a ser ricos y poderosos, pueden limitar las posibilidades de otros para alcanzar su propio bienestar. Smith no es muy claro en este sentido. Al parecer, deseaba que las virtudes de conciencia y justicia fueran un contrapeso a las acciones, no sólo económicas, basadas en el egoísmo.

Esta �paradoja de construir una comunidad moral sobre dichos fundamentos inmorales�12, lo mismo que la verdadera importancia de la simpatía para Smith, son todavía fuente de profundos debates teóricos. Smith intenta superar todas estas dificultades acudiendo a explicaciones filosóficas e incluso teológicas que aún hoy son también tema de discusión.

Efectivamente, en su Historia de la Astronomía (HA), Smith había escrito

La filosofía es la ciencia de los principios conectados de la Naturaleza. La Naturaleza, después de la larga experiencia que la observación común puede adquirir, parece abundar de eventos que aparecen solitarios e incoherentes con todo lo demás que ésta los precede... La filosofía, representando las cadenas invisibles que unen los objetos separados, trata de introducir orden en el caos de las discordantes apariencias... La filosofía, por lo tanto, debe ser tratada como una de esas artes que se relacionan con la imaginación; y cuya teoría e historia, bajo la que se explica, cae propiamente dentro de la circunferencia de nuestro tema (31; énfasis añadido).

Así, la Naturaleza se revela ante nosotros con la experiencia cotidiana, como la realidad que enfrentamos. La filosofía nos ayuda a entender el orden lógico existente detrás del aparente caos que a primera vista parece caracterizar al universo. Esta concepción, sin embargo, le generaría a Smith una contradicción adicional al reconocer después

que los reyes son los sirvientes de la gente... [Esa] es la doctrina de la razón y la filosofía; pero no es la doctrina de la Naturaleza. La Naturaleza nos enseñará a someternos a ellos porque sí, a estremecernos y a inclinarnos ante su situación exaltada... Los motivos más fuertes, las más furiosas pasiones... son apenas suficientes para compensar esta disposición natural a respetarlos. (TSM, 81; énfasis añadido).

Smith estaba en contra de la influencia del clericalismo sobre el pensamiento científico. En su HA muestra su admiración por la teoría de la mecánica celeste de Newton. Desea que otras ciencias logren también descubrir las leyes naturales subyacentes. En la perspectiva de Smith, el uso de la razón y la filosofía para entender las relaciones entre el soberano y su nación genera un grave malentendido acerca de cómo es que realmente se llevan a cabo. La razón y la filosofía ayudan a entender cómo y por qué funciona la Naturaleza, excepto al estudiar las causas del orden social establecido, debido a que Smith no rechaza la creencia, bastante difundida en ese entonces, de que tanto la Naturaleza como la monarquía tenían un origen divino13, lo que obliga a la gente a servir al rey, contrario a lo que la filosofía propone �la democracia. Al parecer, es por esto que Smith abandona algunos argumentos filosóficos cuando trata de explicar por qué la inequidad es necesaria para garantizar la paz y el orden de la sociedad y, curiosamente, para los ojos de nuestra época, decide guarecerse en argumentos teológicos, como veremos en seguida.

El avance que en aquel entonces tenía la teoría del conocimiento, junto con la estructura política imperante, le impedían a Smith distinguir con claridad lo natural de lo originado en fenómenos históricos o institucionales. Otro elemento que ayudó a la confusión radica en que Smith, en TSM, pese a que las había distinguido, no precisa en ocasiones el tipo de sociedad al que se está refiriendo �la que es o la que debería ser�. Así por ejemplo, Smith cree que en su sociedad ideal, la de la libertad perfecta �caracterizada por la seguridad política y la libertad de contrato�, la Naturaleza, de manera justa, recompensa los esfuerzos y las virtudes (especialmente la prudencia y la frugalidad) del hombre. Al incrementarse el egoísmo la desigualdad social aumenta. Algunos individuos, como colectividad, basados en su buena voluntad, desearían evitar que tal cosa sucediera. Pero, dice Smith, sus acciones bien-intencionadas pueden causar, en contra de lo esperado, más inequidad.

En efecto, a pesar de que la Naturaleza, creada por Dios, desea que la humanidad mejore por sí misma y solucione sus propios problemas, la intervención humana para corregir las diferencias sociales en muchas ocasiones empeora la situación en lugar de mejorarla, porque el hombre no es tan perfecto como �El Autor� de la Naturaleza. Tanto la Naturaleza como la humanidad tienen los mismos fines (ejemplo, la preservación del ser humano y la propagación de las especies), con la diferencia de que el hombre no puede controlar el curso de la Naturaleza como ella lo hace por sí misma (TSM, 97, 116-117). En consecuencia, será la Naturaleza la que resuelva cualquier desviación de la desigualdad �y por ende de la pobreza� de una forma más perfecta que el hombre. Todo este análisis lo inicia Smith a partir de su concepción de sociedad perfecta. Pero, por falta de claridad en la obra, esta descripción es comúnmente interpretada como si se estuviera refiriendo al funcionamiento corriente de la sociedad capitalista.

De otro lado, es interesante señalar que la primera vez que Smith introduce explícitamente su famoso término de la �mano invisible� en TSM es precisamente para justificar el carácter natural y divino de la inequidad. Dios aconseja a los ricos para que consuman sólo lo que necesitan y para que compartan con los pobres un poco de lo que poseen, de tal forma que la población pueda adquirir lo que cada uno se merece y de paso sean felices con ello. Su argumentación se resume en el siguiente pasaje:

El producido del suelo mantiene en todo tiempo aproximadamente aquel número de habitantes que es capaz de sostener. Los ricos únicamente seleccionan del montón lo que es más precioso y agradable. Ellos consumen un poco más que los pobres, y a pesar de su egoísmo natural y su rapacidad, de que busquen sólo su propia conveniencia, de que pretendan como último fin que el trabajo de sus miles de empleados complazca su propia vanidad e insaciabilidad de deseos, ellos comparten con los pobres lo producido de todas sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a realizar una distribución según las necesidades de la vida, similar a la que sería realizada si la tierra se repartiera en porciones iguales entre todos los habitantes, y así sin intentarlo, trabajan por el interés de la sociedad, y facilitan los medios para la multiplicación de las especies. Cuando la Providencia dividió la tierra entre los pocos nobles, no olvidó ni abandonó a aquellos que aparentemente habían quedado fuera de la repartición. Estos últimos también disfrutan de todo lo producido. En lo que constituye la verdadera felicidad de la vida humana, ellos no están de ninguna manera por debajo de aquellos que parecen superiores (TSM, 112-123; énfasis añadido).

Por tanto, la pobreza es también un resultado del orden social sabiamente establecido por la Naturaleza y su Creador, en donde la mano invisible es un mecanismo natural o divino que garantiza un reparto justo del producto social y además la estabilidad del orden social, que es expresión de la armonía celeste.

No obstante lo anterior, Smith cree que el hombre y las instituciones, a pesar de sus limitaciones, algo pueden hacer para evitar que la injusticia social y la miseria aumenten. La subordinación de los pobres en una sociedad mercantil puede reducirse a través de un sistema de justicia que limite la influencia directa o fuerte de los poseedores de propiedad sobre el destino de los pobres. El �gasto en justicia� (RN) que haga el gobierno importaría además al revelar la conveniencia de la aplicación del principio de utilidad, más exactamente el de la utilidad pública. Al hacerse evidente su beneficio, motivaría a los hombres a acatar la �magistratura civil�.

Cada cual es sensible a la necesidad de este principio para preservar la justicia y la paz en la sociedad. Por medio de las instituciones civiles los más pobres deben ser recompensados por los ricos y poderosos; y a pesar de que pueden existir algunas irregularidades en casos particulares, como indudablemente las hay, nos sometemos a ellas para evadir mayores perjuicios. Este es el sentido de la utilidad pública, más que la privada, que influencia al hombre a obedecer� (Smith, LJ, 39, énfasis añanido).

Así, la utilidad pública refuerza la obediencia civil, aunque

En todos los gobiernos ambos principios [autoridad y utilidad pública] se presentan en algún grado, pero en una monarquía la autoridad prevalece, y en una democracia la utilidad... (LJ, 39).

En RN Smith analiza también la inequidad y la pobreza a través de sus explicaciones sobre la división del trabajo, los salarios, el proceso de acumulación y el papel del gobierno. Acepta, al igual que Hume y otros pensadores, que los seres humanos son iguales al nacer e incluso en sus primeros años de niñez; pero, al cabo del tiempo, la división del trabajo establecería las diferencias

entre un filósofo y un mozo de servicio...[que] parecen surgir no tanto de la naturaleza, como de los hábitos, costumbres y la educación14... Las diferencias en talentos comienzan entonces a ser evidentes y se hacen cada vez mayores...(RN, 28-29).

A su vez, la división del trabajo proviene de la disposición natural del hombre a permutar, feriar e intercambiar. Es esta última la que �crea las diferencias en los talentos, que están bien marcados entre los hombres de diferentes profesiones, es esta misma disposición la que hace que las diferencias sean útiles� (RN, 29).

La idea de una sociedad económicamente estratificada, como la que se refleja en RN, difiere del orden social mencionado en el TSM en cuanto a que la desigualdad no estaría mediada cotidianamente por la Naturaleza, sino por el mercado. Ello, sin embargo, parece que no representa para Smith una contradicción en la medida en que el mercado, teleológicamente hablando, según lo muestra en RN, también se rige por unas leyes naturales. Así como la mano invisible hace que las motivaciones individuales generen bienestar y mantengan la estabilidad social, el mercado libre se convierte en el instrumento económico eficaz para tales fines, el cual además reproduce las condiciones de distribución del ingreso y la riqueza. La inequidad, entonces, parece surgir por razones de mercado, que en últimas también se rige por condiciones �naturales�, y en donde la división del trabajo tiene un papel crucial.

El valor real del trabajo está relacionado con la cantidad de bienes que un trabajador puede comprar. A su turno, el precio natural del trabajo es aquel valor que garantiza la reproducción de la cantidad de trabajo que la sociedad necesita. Este precio natural es diferente del de mercado, ya que este último resulta de la interacción de la oferta y la demanda en un momento en el tiempo. A un precio natural dado, la pobreza empeora cuando la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, pues el salario caería por debajo de su nivel natural. Cuando el crecimiento de la población y la oferta de trabajo se ajusten al de la demanda de trabajo, el salario volvería a ubicarse cerca del precio natural.

Es por esto que en el corto y mediano plazo la pobreza puede incrementarse más allá de lo considerado como natural. Ello no sucede, sin embargo, en el largo plazo, a medida que el país avanza. Smith cree conveniente para la sociedad como un todo que los trabajadores mejoren su nivel de bienestar (RN, 100), pero esto depende del proceso de acumulación, que es lo que permite incrementar la demanda de trabajo y los salarios en períodos largos. Para Smith, �la demanda de hombres, como la de cualquier otra mercancía, necesariamente regula la producción de hombres� (RN, 98) y los salarios están regulados por la demanda de trabajo y por �el precio de las necesidades y comodidades de la vida� (RN, 103).

La pobreza puede así decrecer en términos absolutos, pero en RN no resulta claro si la división del trabajo asociada con el proceso de acumulación disminuye o incrementa la inequidad generada por el prevaleciente orden social. Smith afirma que el bienestar nacional va mejorando las �circunstancias� de las personas pobres quienes conforman �la mayor parte� de la población, y aunque esto no signifique que la inequidad haya decrecido en términos relativos, el mejoramiento absoluto en las condiciones de vida de los trabajadores �no podrá considerarse como un inconveniente. Ninguna sociedad puede florecer y ser feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables� (RN, 96).

Aparte del gasto en justicia arriba mencionado, y con la excepción de ampliar el acceso a la educación de los trabajadores para evitar su idiotización15, Smith cree que el gobierno no debe, en general, intervenir en el proceso de acumulación y distribución porque es por medio del mercado, dirigido por la mano invisible, que los individuos persiguiendo sus propios intereses �frecuentemente promueven los resultados sociales de manera más efectiva que lo que él puede intentar promover� (RN, 456) por sí solo o a través de otros mecanismos.

Smith piensa además que el gobierno no debe aplicar impuestos indirectos que afecten el precio de los bienes consumidos por los trabajadores porque tales tributos incrementan el costo del trabajo y se transmiten a los consumidores finales vía mayores precios. Dos excepciones se aplicarían a esta regla. La primera se refiere a los gravámenes a los bienes de lujo, pues ayudarían a las personas pobres a ahorrar más (no malgastarían sus salarios en dichos bienes). La segunda excepción estaría basada en la importancia para los ingresos públicos de un determinado tributo. Tal era el caso del impuesto al combustible, que a pesar de estar afectando una necesidad básica, incluso para los más pobres (RN, 874-875), su importancia en términos de recaudo impedía su desaparición. En contraste, Smith creía que no debía existir ningún impuesto directo que afectara a los salarios.

2. DAVID RICARDO

El interés teórico primordial de Ricardo es la distribución del producto social entre clases. �El problema principal de la economía política consiste en determinar las leyes que regulan esta distribución�16. A pesar de que no provee una definición explícita de la pobreza, no es difícil deducir de sus trabajos y su correspondencia, especialmente con Mill, Malthus y Trower, que Ricardo identifica la pobreza como un problema social que afecta a las clases trabajadoras y reduce el bienestar general de la sociedad. Se preocupó por la pobreza porque era uno de los mayores problemas sociales de Gran Bretaña, pero sobre todo porque consideraba que las medidas que se habían tomado para resolverla la habían empeorado en lugar de aliviarla y además estarían reduciendo el ritmo de acumulación de capital.

El trabajo y los salarios son fundamentales en la teoría de Ricardo. Primero, �el valor de una mercancía, o [sea] la cantidad de cualquiera otra por la que se cambiará, depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para producirla...� (Principles, 11). Segundo, �el teorema fundamental de Ricardo� (Blaug, 1996) �los salarios y las ganancias relativas siempre se mueven en direcciones opuestas y las últimas dependen de los primeros� refleja la existencia de un conflicto distributivo durante el proceso de acumulación. En octubre de 1816, Ricardo escribió a James Mill: �Pienso que las ganancias dependen de los salarios �los salarios dependen de la demanda y la oferta de trabajo, y del costo de las necesidades en que los salarios son gastados. Estas dos causas deben estar operando sobre las ganancias al mismo tiempo, ya sea en la misma dirección, o en sentido contrario� (Sraffa, 1973, p. 72)17.

Ricardo deduce tal �teorema� de sus consideraciones sobre la renta. Muestra que el capital y los salarios determinan los precios de los bienes agrícolas. La renta, entonces, aparece cuando es necesario utilizar tierras menos fértiles para satisfacer la demanda agrícola creciente. El incremento en los precios se debe a una mayor demanda y también a los mayores costos de producción, pero nunca a un incremento de la renta. Este último es una consecuencia, no una causa. Ricardo es muy enfático con respecto a la relación entre la renta y los precios de los bienes agrícolas. Insiste en que la importación de granos no sólo es favorable para los trabajadores sino también para los capitalistas, al reducir los costos del trabajo. Sólo los terratenientes pueden perjudicarse con las importaciones.

Tercero, la determinación de las causas de los movimientos salariales, junto con su teoría de la renta, ayudan a Ricardo a sustentar sus ideas en contra de la hipótesis de Malthus sobre la población �ejemplo, mientras la población crece geométricamente la oferta de alimentos lo hace aritméticamente18.

Por último, el estudio de los salarios le sirve a Ricardo para mostrar las tres causas principales de la pobreza, a saber: la relación dinámica entre las fuerzas demográficas y económicas, el carácter del proceso de acumulación y las razones institucionales. La primera causa que esboza es una refutación a su amigo Malthus.

El crecimiento de la población y el aumento de los alimentos serán efecto, aunque no necesariamente, del alza en salarios. La mejorada condición del trabajador, debido al mayor valor que se le paga, no le obliga a casarse y a tomar sobre sí el peso de una familia; en vez de eso, con el incremento podría comprarse, si le agrada, algunas de las mercancías que contribuyan a su satisfacción. En este caso, su mayor salario no irá acompañado de otro efecto distinto al aumento de la demanda de algunos de esos artículos, y como la clase de los trabajadores no aumentaría materialmente, sus salarios continuarían permanentemente altos. Pero aunque esto pueda ser la consecuencia de los salarios altos, las delicias de la sociedad doméstica son aún tan grandes que en la práctica se encuentra que al mejoramiento de la condición del trabajador sigue invariablemente un aumento de la población; y sólo porque ocurre así, con la ligera excepción antes mencionada, es que surge una nueva y mayor demanda de alimentos. Por lo tanto, esta demanda es efecto de un aumento de capital y de la población, pero no la causa �únicamente porque los gastos de la gente toman esa dirección es que el precio de mercado de las subsistencias excede su precio natural, y se produce la cantidad de alimentos requerida; y es porque el número de personas aumenta que los salarios vuelven a descender nuevamente (Principles, 406-407).

Así, la pobreza puede incrementarse con disminuciones tanto indirectas como directas de los salarios. La primera se da cuando a un incremento salarial sigue una demanda adicional de bienes básicos tal que coloque el precio de mercado de dichos artículos por encima de su precio natural, reduciendo la capacidad de compra de los trabajadores. La pobreza también puede aumentar con un exceso de oferta de trabajo tal, con respecto a su demanda, que reduce los salarios por debajo de su nivel natural, impidiendo adquirir la totalidad de los bienes necesarios para la subsistencia.

La segunda causa principal de la pobreza, el carácter de la acumulación, está relacionada con el �teorema fundamental�. Dado que los salarios absolutos se incrementan en el largo plazo, Ricardo considera que la pobreza puede ser mayor si las ganancias relativas disminuyen en una proporción tal que induzca una reducción en el proceso de acumulación. Al darse tal reducción, la demanda de trabajo caería y, en consecuencia, los salarios. Por otra parte, los capitalistas pueden alternativamente introducir maquinaria para enfrentar el alza salarial. Dicha introducción es inicialmente una amenaza para los trabajadores19, pero con el tiempo, afirma Ricardo, puede también crear problemas a los capitalistas porque un menor costo de producción aumenta la rentabilidad, atrae capital y, por tanto, disminuye la tasa de ganancia de la industria. El empresario ya establecido puede evitar esa mayor afluencia de capital anticipándose a reducir el precio de las mercancías a un nivel tal que sea compatible con la tasa general de ganancias20. A pesar de esto, Ricardo considera que toda la sociedad se beneficiará porque en el largo plazo todos los precios serán menores y la demanda efectiva mayor, incluyendo la demanda de bienes de los trabajadores.

La tercera causa fundamental de la pobreza está relacionada con los intentos institucionales usados para resolver la pobreza en Gran Bretaña: las Leyes de Pobres y los impuestos. Con respecto a las primeras, Ricardo cree que fomentan innecesariamente el crecimiento de la población en lugar de disminuirlo. �Si usted se propone alimentar, vestir y educar a todos los niños pobres, usted estará generando un gran estímulo a un principio ya bastante activo. Con este esquema no puedo ser amigable�21. Ricardo cree ciegamente que el proceso de acumulación y el libre mercado ajustarán el crecimiento poblacional a la demanda de trabajo. Dichas leyes aumentan artificialmente la capacidad de compra de los trabajadores. La intervención gubernamental a este respecto no debe existir.

Cuando los salarios suben, el hecho se debe generalmente a que un aumento de la riqueza y del capital han ocasionado una nueva demanda de trabajo, la cual servirá infaliblemente para aumentar la producción de bienes... Estas son, pues, las leyes por las que se regulan los salarios y se rige la prosperidad de la mayoría de un pueblo. Como todos los demás contratos, los salarios deben abandonarse a la leal y libre concurrencia del mercado, sin someterla nunca a la intervención del poder público. La tendencia manifiesta de las leyes de beneficencia está en directa oposición a estos principios evidentes (Principles, 104 105; énfasis añadido).

En oposición a Malthus, Ricardo considera que cualquier control al crecimiento de la población no soluciona el problema. En 1816 Ricardo escribió a Trower: �reduciendo la población se reduce el nivel de alimentos en quizás una mayor proporción, lo que agrava en lugar de reducir la miseria� (Sraffa, 1973, 48). En otras palabras, debemos dejar que las fuerzas naturales que regulan el crecimiento de la población funcionen libremente. En otra carta a Trower, en 1817, Ricardo afirmó:

La población sólo puede ser controlada con la reducción de las fuerzas que la hacen crecer excesivamente, dejando perfectamente libres los contratos entre los pobres y sus empleadores, se limitaría la cantidad de trabajo en el mercado a su demanda efectiva. El pretender alimentar a todo el que lo requiera crea una demanda ilimitada de seres humanos, y si no fuera por la mala administración... la población seguiría creciendo en una progresión regular hasta que los ricos se conviertan en pobres, y entonces no exista más distinción alguna de rangos (Sraffa, 1973, 25; cursiva original).

Ricardo también creía que las leyes contra la pobreza habían vuelto perezosa a la gente. Los pobres deberían hacer algún esfuerzo para conseguir los ingresos que desean e, igualmente, deberían ser prudentes en sus gastos y en el número de hijos que deseen tener22. Ricardo consideraba preciso modificar las Leyes de Pobres. Al respecto, le escribe a Trower:

Estaría de acuerdo en realizar cambios en las Leyes de Pobres así como en reconstruirlas para enmarcarlas dentro de lo que la intención original deseaba de ellas; a saber, socorrer a los ancianos, enfermos y, bajo algunas circunstancias, a los niños (Sraffa, 1973, 248).

Con respecto a los niños, las Leyes de Pobres serían más efectivas si se enfocaran en su educación23, aunque

el gran propósito sería enseñar a las clases trabajadoras a valerse por sí mismas ante las eventualidades a las que estén expuestas en razón de variaciones ocasionales en la demanda de ciertos bienes manufacturados, las que no deben ser objeto de legislación (Sraffa, 1973, 248).

Otra de las soluciones discutidas en esa época se refería a la creación de bancos privados en donde los trabajadores pudieran ahorrar parte de sus salarios, motivándolos así a la prudencia. Esta última también podría resultar de una mayor educación. Ricardo piensa que el salario ideal de una persona debería ser uno que

sea suficiente no sólo para mantenerse a sí mismo y a su familia cuando se encuentra trabajando sino aquel que le permita dejar una provisión en un banco de ahorros (Sraffa, 1973, 248).

Finalmente, Ricardo no está de acuerdo con los impuestos que agobian a las personas pobres, pero no exactamente por razones sociales. Siente que el problema con los impuestos es que tienen una �tendencia a reducir el poder de acumulación. Todos los impuestos recaen sobre el capital o la renta� (Principles, 152). Adicionalmente, �los impuestos sobre el salario incrementan los mismos y por consiguiente disminuirán la tasa de ganancia del capital� (ibid, 213). Cualquier impuesto que afecte el capital reduce �el goce anual de las personas... [Los tributos] reducen los fondos para la manutención del trabajo, y por esto disminuyen la producción futura del país� (ibid, 153).

3. CONCLUSIONES Y COMENTARIOS FINALES

Tanto para Smith como para Ricardo, los pobres pertenecen a la clase trabajadora. Aunque por razones diferentes, ambos creen que la pobreza está relacionada con asuntos distributivos e institucionales en las economías capitalistas. Para Smith, Dios, con su mano invisible, fija los patrones sociales de distribución, mientras Ricardo ve la distribución como un resultado del conflicto entre tres clases �trabajadores, capitalistas y terratenientes� en donde la relación inversa entre los salarios y los beneficios es la principal fuente del conflicto distributivo y la fuerza determinante del proceso de acumulación.

La inequidad y la pobreza resultante están natural o socialmente predeterminadas. Smith y Ricardo señalan que dejando trabajar libremente las fuerzas económicas y demográficas será posible aliviar la pobreza en virtud de la tendencia de largo plazo a que los salarios absolutos aumenten a medida que el proceso de acumulación avanza. Según Smith, la inequidad prevaleciente preserva la estabilidad social, política y económica porque, a pesar de las diferencias de clase, la sociedad avanza con la acumulación de capital de manera análoga al funcionamiento ordenado de la Naturaleza o el Universo. Smith piensa también, según Heilbroner (1992), que �las leyes del mercado por sí mismas serán una parte integral de las leyes que permiten que la sociedad prospere o decaiga� (54). Las explicaciones de Smith son más complejas que las de Ricardo porque aquéllas consideran no sólo dimensiones históricas, económicas y políticas, como lo hace Ricardo, sino también aspectos psicológicos, morales, filosóficos y teológicos en una muy intrincada manera. En contraste, Ricardo no va más allá de indicar que cualquier aumento en los salarios relativos constituye una amenaza a la acumulación de capital, porque reduce la participación de los beneficios en el ingreso total. Cabe recordar que Smith fue un académico formador de elites, mientras que Ricardo fue un hombre práctico dedicado a los negocios y la política.

Smith y Ricardo aceptan que la inequidad puede continuar o ser mayor, pero la tendencia de la sociedad hacia el progreso económico y social por medio de la acumulación de capital mitigará esta indeseada situación, al mejorar el bienestar de los trabajadores en virtud de una mayor disponibilidad de la riqueza material de la sociedad a la que incluso los pobres tendrían algún acceso. La libertad, a su vez, basada en la discrecionalidad de los individuos para contratar en concordancia con las leyes �naturales u objetivas- del mercado, sería un pilar fundamental. Es por estas razones que Smith y Ricardo desestiman la efectividad de la intervención gubernamental directa para reducir la incidencia de la pobreza. Smith sólo acepta la acción estatal dirigida a mejorar el nivel de educación de los pobres para contrarrestar los efectos negativos de la división del trabajo en el desarrollo intelectual de los trabajadores. De la misma manera, Ricardo considera que lo mejor que el gobierno puede hacer, aparte de atender a enfermos y ancianos, es promover la educación de los niños y motivar a los trabajadores a ser prudentes a través del ahorro y también una mayor educación.

Para Smith, el mayor ahorro de los pobres se lograría con el mantenimiento de impuestos a los bienes suntuarios. Pese a que por razones sociales, el ingreso de los pobres debe estar exento de la tributación directa, Smith propone mantener vigentes algunos impuestos indirectos por razones de recaudo. Ricardo coincide con Smith en cuanto a la reducción de los gravámenes a los trabajadores, pero porque el mantenerlos constituye una carga adicional sobre las ganancias, lo que reduce el ritmo de acumulación de capital.

Tres comentarios finales. El primero, en contra de la creencia general y a pesar de la existencia de algunas incongruencias que no se pueden negar, el tratamiento de la pobreza en los trabajos de Smith

�especialmente en sus dos libros más importantes, La teoría de los sentimientos morales y la riqueza de las naciones � muestra una extraordinaria consistencia en el sentido de que no modifica sustancialmente sus ideas fundamentales. Segundo, aunque Smith y Ricardo están preocupados por la incidencia de la pobreza en Gran

Bretaña y coinciden en resaltar las bondades del libre mercado y el poco margen de intervención que debería tener la intervención estatal, llama la atención que sus motivaciones hayan obedecido a vivencias e intereses intelectuales completamente diferentes. Por último, es interesante observar en la literatura reciente de la filosofía, la economía y la política que muchos de los argumentos expuestos por estos autores son todavía utilizados, casi dos siglos después de que fueran inicialmente desarrollados. ¿Será que los pensadores de hoy en día siguen creyendo en el origen natural y divino del mercado?


NOTAS AL PIE

1. Todas las citas textuales en este artículo se referirán a la versión inglesa de las diferentes fuentes, con traducciones libres del autor.

2. Todas las referencias a las obras de Smith diferentes a RN están basadas en la edición hecha por Heilbroner (1987).

3. �Los ricos, particularmente, están interesados en apoyar el orden que pueda asegurarles la posesión de sus propias ventajas... El gobierno civil, en tanto, es instaurado para asegurar la propiedad, está en realidad instituido para la defensa del rico contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes no tienen ninguna� (RN, 715).

4. �El nacimiento y la fortuna son evidentemente las dos circunstancias que principalmente ponen a un hombre sobre otro. Éstas son las dos fuentes de la distinción personal y, por esto, son las causas principales que naturalmente establecen la autoridad y la subordinación entre ellos� (RN, 714).

5. �La naturaleza sabiamente ha juzgado que la distinción de rangos, la paz y el orden social, estarán mejor aseguradas sobre las diferencias palpables de nacimiento y fortuna, que bajo las diferencias invisibles y a veces inciertas de la sabiduría y las virtudes. Los ojos de la gran multitud pueden percibir claramente lo primero: es con mucha dificultad que los sabios y virtuosos pueden distinguir lo segundo� (TSM, 136).

6. Autores como Heilbroner, por ejemplo, prefieren denominarlo empatía en vez de simpatía.

7. No interesa qué tan justos o injustos, qué tan virtuosos o no sean los reyes y los nobles, porque �ellos están sustentados en su rango y preeminencia� (TSM, 82). Fitzgibbons (1995), por su parte, dice: �Smith da prioridad a la preservación del sistema... La equidad no era un objetivo o valor por sí mismo, y la preservación del estado requería que la ley fuera imparcial, en lugar de que estuviera parcializada en favor de los pobres� (168).

8. �Los motivos más fuertes... son apenas suficientes para balancear esta disposición natural a respetar [a los ricos]... son aptos para ceder en cualquier momento y fáciles de recaer dentro de su estado habitual para aquellos que están acostumbrados a seguir a sus superiores naturales� (TSM, 81).

9. Heilbroner (1991).

10. Esta disposición a admirar y casi venerar al rico y al poderoso, y a despreciar, o por lo menos a rechazar, a las personas en condiciones de pobreza, aunque necesaria para establecer y mantener la distinción de rangos y el orden de la sociedad, es, al mismo tiempo, la mayor y más universal causa de la corrupción de nuestros sentimientos morales (TSM, 86).

11. Ver TSM, Parte III, Capítulo 3.

12. Heilbroner (1991, 436).

13. Smith evade utilizar la palabra Dios. El prefiere referirse a �El Autor�, �La Deidad� o �El Creador�.

14. Esta oración fue curiosamente utilizada por Morrow (1928) para demostrar cómo �Smith era un creyente convencido de la equidad como cualquier líder revolucionario� (168).

15. Smith dice en RN que el hombre, en virtud de la division del trabajo, es confinado a realizar operaciones simples durante su jornada laboral que lo pueden convertir en estúpido e ignorante. Es este perjuicio social el que justificaria el gasto gubernamental en educación.

16. Prefacio de su libro On the Principles of Political Economy and Taxation, p. 5. En adelante, Principles.

17. Ricardo también afirma en Principles que los salarios dependen de �la oferta y la demanda de trabajo y del precio de las mercancías en que los salarios de trabajo son gastados� (97).

18. Un resumen sobre el principio de la población de Malthus y el debate sobre la población, la renta y la acumulación están en Schumpeter (1966), Cap. V. Ver también Heilbroner (1992), cap. IV.

19. �Que la opinión mantenida por la clase trabajadora de que el empleo de la maquinaria es frecuentemente perjudicial para sus intereses no está fundado en un prejuicio ni en un error, sino que se ajusta a los principios más correctos de la Economía Política� (Principles, 392).

20. Un manufacturero �podría continuar cobrando el mismo precio por sus productos; pero, como ya lo hemos visto, estará obligado a bajar el precio de sus bienes, o si no el capital llegará a la industria hasta que sus ganancias se reduzcan al nivel general... Ni las máquinas, ni las mercancías hechas por éstas, aumentan en valor real, sino que todos los bienes hechos por máquinas se reducen, y caen en proporción a su durabilidad� (Principles, 41-42).

21. Correspondencia a Mill (Sraffa, 1973, 361).

22. �La operación del sistema de las Leyes de Pobres ha sido contraria a esto. Ellas han creado restricciones superfluas, y han invitado a la imprudencia, al ofrecer una porción de los salarios prudentes y de la industria para tal fin� (Principles, 107).

23. Ricardo considera esta posibilidad en una carta a Mill (Sraffa, 1973, 360).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Blaug, Mark. Economic Theory in Retrospect, 5ª ed., Cambridge, Cambridge University Press, 1996.

2. Fitzgibbons, Athal. Adam Smith�s System of Liberty, Wealth and Virtue. Oxford, Clarendon Press, 1995.

3. Heilbroner, Robert L. The Essential Adam Smith, New York, W.W. Norton & Company, 1987.

4. Heilbroner, Robert L. �The Socialization of the Individual in Adam Smith�, en Mark Blaug, editor. Adam Smith (1723-1790), Vol. II, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.

5. Heilbroner, Robert L. The Worldly Philosophers, 6ª ed., New York, Touchstone, 1992.

6. Morrow, Glenn L. �Adam Smith: Moralist and Philosopher�, en J. M. Clark, P. H. Douglas, J. H. Hollander, G. L. Morrow, M. Palyi y J. Viner. Adam Smith, 1776-1926. Lectures to commemorate the sesquicentennial of the publication of the Wealth of Nations, New York, August M. Kelley, 1966.

7. Ricardo, David. On the Principles of Political Economy and Taxation, editado por Piero Sraffa, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.

8. Schumpeter, Joseph. History of Economic Analysis, 6ª ed., editado por Elizabeth Boody Schumpeter, Oxford, Oxford University Press, 1966.

9. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, editado por R. H. Campbell, A. S. Skinner y W. B. Todd, Oxford, Oxford University Press, 1981.

10. Smith, Adam. �The History of Astronomy�, en R. L. Heilbroner, The Essential Adam Smith. New York, W. W. Norton & Company, 1987.

11. Smith, Adam. �The Theory of Moral Sentiments�, en R. L. Heilbroner. The Essential Adam Smith. New York, W. W. Norton & Company, 1987.

12. Smith, Adam. �Lectures on Jurisprudence�, en R. L. Heilbroner. The Essential Adam Smith. New York, W.W. Norton & Company, 1987.

13. Sraffa, Piero. The Works and correspondence of David Ricardo. Vol. VII. Letters 1816-1818, Cambridge, Cambridge University Press, 1973.


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