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domingo, 24 de abril de 2022

¿Cuál es la evidencia empírica develada que muestra la validez epistemológicamente de la ingeniería económica?

 ¿Cuál es la evidencia empírica develada que muestra la validez epistemológicamente de la ingeniería económica?


A manera de introducción, empezaremos diciendo que:
  
     El principio fundamental de la ingeniería económica es la innovación y, al mismo tiempo, la acción directa de la economía para resolver los problemas económicos de la sociedad y para hacer posible  el "beneficio" totalmente necesario para el desarrollo (solo posible mediante "los monopolios de valor", como los originados por la innovación (gracias a la destrucción creativa), postulado teórico (poco conocido) del economista Austro-americano y olvidado profesor de Harvard Joseph Alois Schumpeter y actualmente difundido por  Clayton Christensen –otro profesor de Harvard que replanteó la idea schumpeteriana de destrucción creativa en un producto de consumo corporativo bajo el nombre de innovación disruptiva).
    Sin embargo (también poco conocido), ni el capitalismo ni las innovaciones tecnológicas eran algo nuevo (tal como explica Peter Drucker) –"ambos habían sido fenómenos usuales y recurrentes a lo largo de todos los tiempos, tanto en el Este como en el Oeste; lo que si resultó realmente nuevo fue su rapidez de difusión y su alcance mundial a través de culturas, clases y geografías; y fue esto su rapidez y amplitud, lo que convirtió el capitalismo en Capitalismo y en un Sistema, y lo que convirtió los avances tecnológicos en la Revolución Industrial". Esto es la esencia de lo que ha llegado a conocerse como la primera revolución industrial, es decir la transformación de la sociedad  la civilización en el mundo entero. Por su puesto, es justamente cuando se crearon las primeras escuelas de ingeniería. En un espacio deciento cincuenta años, desde 1750 a 190, capitalismo y tecnología conquistaron el globo y crearon una civilización mundial..

    Sin embargo, cuando la economía y la ingeniería actúan por separado, los problemas económicos y sociales no se solucionan como debería: –mientras la economía,  delega la ejecución de las políticas económicas al gobierno (limitándose solo a proponerlas); la ingeniería, trabaja a nivel científico (tecnologías como artefactos o ciencia aplicada), construyendo, transformado o resolviendo problemas técnicos específicos (por lo general). Pero, cuando se establece un interfaz (entre las dos profesiones), los logros por trabajar juntos superan lo extraordinario: –dando así solución a gran parte de los problemas económicos de la sociedad; pero, eso, solo es posible gracias a las ingeniosas "innovaciones" (teorizada por Joseph Alois Schumpeter).

Igualmente, casi todos están seguros que la tecnología es responsabilidad plena de la ingeniería: sin embargo, pocos saben que realmente es la tecnología (al extremo de hablar de determinismo tecnológico). A pesar de esto, no sabemos a ciencia cierta  cual es la diferencia entre eficiencia y eficacia; o, invención e innovación. Así mismo, pocos están enterados que la innovación es un producto intelectual del economista austro-americano (profesor de Harvard) Schumpeter y que esto estableció el puente o interfaz entre la economía y la ingeniería tradicional –lo que dio precisamente origen a lo que hoy lo conocemos como la ingeniería económica).

Veamos la validez epistemológica:

   Desde el pensamiento económico
   El economista (professor de la Universidad de Hardvar) Joseph Alois Schumpeter (1) nos invitó a profundizar en los aspectos prácticos de la innovación (1942); sin embargo,  recién ahora se ha convertido en el elemento clave de la economía y de nuestra forma de vida. –Schumpeter, singularmente, fue un extraordinario profeta de la vida económica–. Desde entonces quedó establecido el puente o interfaz (que hacía falta) que (a su vez) dio lugar a lo que hoy llamamos Ingeniería económica. Como todos sabemos, la ingeniería tradicional crea y desarrolla  los inventos (2), pero no todos pueden tener acogida en el mercado, ni estar de acuerdo al contexto; por lo que la ingeniería económica, contribuye proactivamente (con sus pares y el empresariado innovador) asegurando la innovación (3). La innovación, sin embargo, no es solamente una actividad económica, sino que es fundamentalmente sociocultural y, por lo tanto, puede ser analizada como una conducta individual o colectiva  de una sociedad, que le permite aprovechar los cambios socioeconómicos como nuevas oportunidades de negocio.
Como todos sabemos -desde la macroeconomía- la teoría del crecimiento endógeno sostiene que el crecimiento económico es el resultado de factores endógenos y no de fuerzas externas como propone la teoría neoclásica. ​ En este proceso, la difusión del conocimiento y las externalidades producidas por el avance tecnológico son cruciales, pues compensan la tendencia de los rendimientos marginales decrecientes ante la acumulación del capital.
En los años setenta, el interés se hallaba enfocado en el campo de la macroeconomía, centrándose en los desarrollos del ciclo económico, las expectativas racionales y los temas de desempleo, dado el contexto de crisis debido a la caída del sistema de Bretton Woods y al estancamiento provocado por el alza de los precios del petróleo.
  Sin embargo, para Keynes, la «innovación» es solo un evento aislado, tal como lo sería un terremoto o el Fenómeno del Niño. Sin embargo la innovación no es solo un término tecnológico o científico: es un término económico. Para poder sacar provecho a la innovación, primero hay que entenderla. Lo nuevo no siempre es bien aceptada, no es fácil cambiar las costumbres –como sucedió hace unos 45 años, en el Perú con el envase de cartón para la leche –se tuvo que esperar treinta años para romper con el estatus quo basado en costumbres ancestrales (ahora, con el neuro-marketing, se hace estudios previos antes de su lanzamiento) . Ésta es la tarea del ingeniero economista que implica la creación de nuevas necesidades; y no dedicarse solo a estudiar la satisfacción de las (necesidades) existentes. Para el austríaco Joseph Schumpeter, la innovación (y el emprendimiento) son los motores esenciales de una economía efectiva. A esto se denomina “Desequilibrio Dinámico”. Es decir, en vez de penetrar mercados insistentemente con los mismos bienes; desafiar lo establecido y favorecer el desarrollo de soluciones más efectivas para las personas. Lo viejo por lo nuevo. La innovación, efectivamente, no es un evento aislado. Es consecuencia de una importante fórmula planteada en 1988 por el economista americano Edward B. Roberts: Innovación = Invención + Explotación

   Otro de los grandes economistas que aportó para el surgimiento de la ingeniería económica fue Jean Baptiste Say (4). El, es quién propuso el "cambio" para romper el "statu quo" económico,  los beneficios entre el interés del capital y el beneficio del empresario, que sería el residuo final.  Sin beneficio no habría crecimiento ni progreso. Fue autor de uno de los primeros libros de Economía, en el sentido de exposición didáctica, el Tratado de Economía Política (1803). En sus teorías destacan dos temas. Primero, la defensa del agente económico que consideraba más importante, el empresario, que le llevó a aumentar, en la exposición teórica, los factores de producción a cuatro: tierra, trabajo, capital y empresario, con la diferenciación de los beneficios entre el interés del capital y el beneficio del empresario, que sería el residuo final. En segundo lugar, la defensa de lo que posteriormente ha tomado su nombre, la ley de Say. Según esta ley, la oferta, o la producción, creaba su propia demanda, ya que el pago de los costes, que constituyen la distribución de la renta —salarios, beneficios, renta e interés—, formaba la demanda en la misma magnitud que la oferta. Por lo tanto, las crisis de subconsumo, tal como las describía Malthus, eran imposibles.
   SAY, en 1803, dijo: “el entrepreneur «cambia» recursos económicos de zonas de baja productividad y eficacia a zonas de alta productividad y eficacia”. En efecto, Jean Baptiste Say, determinó (estableciendo) también el método ingenieril: del nuevo ingeniero (economista), genuino de todo ingeniero (5). Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el nuevo ingeniero (economista), necesariamente significa innovación. En el sentido estricto, se dice que de las ideas solo pueden resultar innovaciones luego de que ellas se implementan como nuevos productos, servicios o procedimientos, que realmente encuentran una aplicación exitosa, imponiéndose en el mercado a través de la difusión (6).
   Cuando Say se refería a productividad no estaba hablando de «eficiencia productiva»[7] y menos aún de «eficiencia económica»[8], o Eficiencia asignativa; de lo que trataba Say es de la creación de un nuevo segmento de mercado[9] (al que llamó “Zona”), que beneficiaría con nuevos valores (subjetivos) a consumidores, valores creados talvez por los nuevos deseo impulsados por el nuevo producto.
  El economista Schumpeter teorizó (10), lo que hacía falta para completar la definición de «ingeniería económica». Ésta es, precisamente, la contribución (a la ingeniería económica) de Joseph Schumpeter (11) , quien en 1934, decía: Los emprendedores son innovadores que buscan destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios (12). Schumpeter postuló que el equilibrio dinámico causado por el empresario innovador, más que el equilibrio y la optimización es la «norma» de una economía sana y la realidad central de la cual debe partir la teoría y las prácticas económicas (13)

  Cuando se analiza la obra de Keynes en raras ocasiones se hace mención a su visión sobre el papel del empresario. Se considera que el sector público puede desempeñar su tarea, o que mediante la política fiscal se puede estimular al empresario a invertir. Sin embargo, Keynes le concede una gran relevancia a la hora de reducir el desempleo, señalando la importancia que tiene la eficacia marginal del capital. Cuando se cita a Keynes, lo primero que se suele pensar es que se va a defender una política intervencionista caracterizada por un aumento del gasto público que supondrá un incremento importante del déficit público, cuyo objetivo fundamental es el de generar más empleo, aunque ello suponga una mayor inflación. Se supone que el decisor político a través de las medidas que implanta, es capaz de «manipular» o alterar el comportamiento de los agentes económicos en sus decisiones de gasto, para estimular la demanda agregada, que es considerada como un factor esencial a la hora de reducir el desempleo. Además, se pretende conseguir este objetivo en el menor tiempo posible, ya que «en el largo plazo todos estamos muertos» (Keynes, 1923, página 65).

   Por otro lado, autores como Freeman (1987), Porter (1990) y Nelson (1993), señalan que la obtención de tecnologías nuevas y avanzadas es un determinante importante de la posición competitiva de un país o región, por lo tanto la innovación sería la única forma para que un país pueda generar, a largo plazo, una mejor posición competitiva y un crecimiento económico sostenible.
Según Paul Romer (Endogenous Technological Change, 1990: S71), el producto por hora trabajada en los Estados Unidos es ahora diez veces el producto por hora trabajada hace cien años. La explicación estaría en el cambio tecnológico. Resumiendo: (Schumpeter, 1911; Kondratiev, 1925; Freeman et al., 1985; Freeman y Louca, 2002) señalan que los ciclos económicos de crecimiento a largo plazo (ondas largas) están correlacionados con las “oleadas” de innovaciones por lo que la innovación se puede considerar el determinante principal del crecimiento. Schumpeter ya en 1939 planteaba que la aparición de un agrupamiento de innovaciones provoca un desequilibrio del sistema económico y desata toda una fase de movimiento en onda larga, y que incluso antes de llegar a un nuevo equilibrio aparecería otra oleada de innovaciones.

Veamos la comprobación empírica:

   Uno de los más importantes ejemplos de innovación lo encontramos en Google Inc quienes obsoletaron definitivamente a los famosos navegadores (buscadores en Internet). Esta es la historia de cómo dos Jóvenes «entrepreneurs» crearon lo que hoy es la empresa más conocida del mundo. Google Inc. es la empresa propietaria de la marca, cuyo principal producto es el motor de búsqueda del mismo nombre. Fue fundada el 7 de septiembre de 1998 por Larry Page y Sergey Brin (dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford). La empresa ofrece también entre otros servicios: un comparador de precios llamado Froogle, aunque luego pasó a llamarse Google Product Search, un motor de búsqueda para material almacenado en discos locales Google Desktop Search, y un servicio de correo electrónico llamado Gmail, el cual pone a disposición para sus usuarios más de 7 GB (24 de septiembre de 2008) de espacio y va aumentando constantemente a razón aproximada de 36 bytes por segundo. También es famoso su programa Google Earth, mapamundi en 3D con imágenes de alta resolución. Recientemente lanzó su versión beta de un servicio de mensajería instantánea basado en Jabber/XMMP llamado Google Talk.
   Igualmente, lo encontramos en el legado que nos dejó Steve Jobs: Cuando Steve Jobs cambia la tipografía tradicional a la digital: de la zona de Gütemberg a la zona creada por él: la topografía digital nació con Macintosh (14). Desde aquella fascinación inicial de Jobs por el arte de Palladino, hasta el toque mágico de Kare que finalmente les diera nombres propios. Más de 10 años debieron pasar para que las tipografías digitales pudieran cobrar vida. Una gestación que fue tan delicada y sutil como un fino trazo de tinta. En un notable giro de los acontecimientos (decía Jobs), Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia. Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe: 10 años de gestación y un final feliz. Definitivamente que Steve Jobs fue uno de los más geniales «Entrepreneurs»-, mientras que Susan Kare fue una «Intrapreneur» (15), de los últimos años. Aquí surge el tercer economista del hilo conductor: Wilfredo Pareto, con su famoso principio y diagrama ( «Principio de Pareto, el secreto de la prosperidad») ( «Diagrama de pareto - Que es el diagrama de pareto») es también conocido como la regla del 80-20, distribución A-B-C, ley de los pocos vitales o principio de escasez del factor.( The Application Of The Pareto Principle In Software Engineering. Ankunda R. Kiremire 19th October, 2011).

   Podríamos presentar muchos ejemplos como evidencia empírica de la existencia de la ingeniería económica demostrada con el éxito alcanzado con la tan ponderosa y convincente expresión de  "disrupción " acuñada por Clayton Christensen (tomada de Schumpeter) que se ha convertido en la nueva ortodoxia de la economía, afectando cómo pensamos sobre muchos aspectos de la vida en los mercados y también de nuestra vida. Esto demuestra que somos testigos del éxito actual de la profecía de Joseph Schumpeter sobre la innovación (en 1942) o, el equilibrio dinámico en la economía de los mercados (con la destrucción creativa). Otros textos popularizaron la misma idea, como los libros de George Gilder Riqueza y pobreza (Wealth and Poverty, 1981) y El espíritu de empresa (Spirit of Enterprise, 1984), más políticos y en línea con la “revolución conservadora” de Ronald Reagan. Desde entonces hasta hoy, la importancia de Schumpeter no ha dejado de crecer, y se manifiesta sobre todo en la llamada “economía evolucionista”, que estudia la innovación pensando más en grandes empresas que en el empresario heroico individual. En 1981 Robert Hayes y William Abernathy publicaron un influyente artículo, Managing our way to economic decline (en español, “Comportamientos de dirección que llevan a la ruina”, Har- vard-Deusto Business Review), en el que atribuían el declive de la competitividad norteamericana a su escasa capacidad para innovar, por el énfasis de sus empresas en la gestión financiera a corto plazo.

   Pero ¿que dicen los medios?

   En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes, la revista Forbes declaró que no era Keynes quien conocía el camino, sino otro economista que compartía el mismo año de nacimiento que Keynes –Joseph Schumpeter. En lugar de la intervención gubernamental que los keynesianos exigen para apuntalar la economía y fracasar negocios de todo tipo, Schumpeter creía que el capitalismo está dirigido por empresarios cuyas innovaciones reemplazan viejos modelos de negocios desgastados en un proceso que él llamó "destrucción creativa". Forbes bautizó a Schumpeter, no Keynes, el mejor navegante a través de los turbulentos mares de la globalización. El tiempo ha demostrado que la evaluación es precisa.

Y, ¿en política?

   La carrera presidencial de 2012 en Estados Unidos, fue, en parte, un enfrentamiento entre dos modelos diferentes de crecimiento económico.
El presidente Barack Obama en su gobierno demócrata no defendió la teoría de que el gobierno debe actuar como "tutor" de la economía y utilizar los fondos públicos para estimularla. El nominado republicano, presumiblemente Mitt Romney, avanzó el argumento del libre mercado de que la fuente principal de nuevo crecimiento es la energía innovadora de los empresarios estadounidenses y que el gobierno necesita salir del camino. Sin embargo, él no sabía que una parte esencial del argumento del libre mercado es la "destrucción creativa", una teoría propuesta por el gran economista austríaco y profesor de la Universidad de Harvard Joseph Schumpeter. Lástima que no entendía la visión de Schumpeter –expresada más poderosamente en su libro clásico de 1942, Capitalismo, Socialismo y Democracia–, por lo que tuvo dificultades para comprender por qué los mercados libres funcionan tan bien para generar prosperidad. La destrucción creativa es un concepto complicado, mal entendido por el público en general y no siempre fácil de defender.

Schumpeter en la casa blanca. Así, Schumpeter superó a Keynes en las elecciones de 2012.

Schumpeter dejó escrito en el Preliminar de su libro “Capitalismo, Socialismo y Democracia”:

“La mayoría de las creaciones del intelecto… desaparecen para siempre tras un plazo que varía entre una sobremesa y una generación. Con algunas sin embargo, no sucede así. Sufren eclipses, pero aparecen de nuevo, y reaparecen no como elementos de un legado cultural, sino con su ropaje propio y sus cicatrices personales que pueden verse y tocarse. A éstas podemos darlas el calificativo de grandes, y no es inconveniente para ésta definición el que se convine la grandeza con la vitalidad...”    En este sentido, nosotros diremos tal es indudablemente lo que debemos de aplicar a Jean Baptiste Say (después de más de doscientos años) y al mismo Schumpeter (más de cien años): genios cuyos pensamientos tienen carácter rizomático y no arborescente (que se pueden deducir sus raíces de su altura) coma la mayoría de las teorías económicas de vigencia temporal. No necesitamos creer que una gran obra tenga necesariamente que ser una fuente de luz y perfección en sus fundamentos y en sus particularidades ni menos impactantes.

Pocos economistas tienen reservado el privilegio de no solo ser recordados sino de estar plenamente vigentes más de seis décadas después de su muerte. Este es el caso de Joseph Schumpeter.
En un ensayo publicado en 2009 bajo el título de Schumpeter versus Keynes: En el largo plazo no todos estamos muertos, Arthur N. Diamond pudo constatar, comparando el número de referencias realizado en revistas especializadas de 1956 a 2006, que “en general, Keynes es más citado desde 1956 hasta aproximadamente mediados de los 90. Pero a continuación y hasta 2006, Schumpeter es citado más a menudo que Keynes.” (A. N. Diamond, “Schumpeter vs. Keynes: ‘In the long run nor all of us are dead’”, Journal of the History of Economic Thought, Volume 31, Number 4, December 2009, p. 531.)

   En 1983, en el centenario del nacimiento de Keynes y Schumpeter Peter Drucker. Escribió:

  En cierto sentido, Keynes y Schumpeter reeditaron la famosa confrontación de filósofos en la tradición occidental –el diálogo platónico entre Parménides, el brillante, hábil e irresistible sofista, y el lento y feo pero astuto Sócrates. Nadie en el periodo entre las dos guerras fue más brillante, más hábil que Keynes. En cambio Schumpeter parecía pedestre –pero tenía sabiduría. La habilidad sale airosa, pero la sabiduría perdura.

   Mientras vivió, Schumpeter fue uno de los economistas más importantes del mundo, y a partir de su muerte, se ha convertido en un ícono. John Maynard Keynes es considerado el maestro entre los economistas. No obstante, las ideas de Schumpeter tienen un mayor impacto en este nuevo milenio, que algunos economistas han denominado el “siglo de Schumpeter.” El estudioso Thomas K. McCraw ofrece una vívida descripción de este hombre destacado, sus teorías económicas y su profunda influencia. getAbstract recomienda conocer a Schumpeter por su aporte fundamental para comprender la economía empresarial de nuestros días. El libro de McCraw es un buen camino para llegar a conocerlo.

      A manera de conclusión, diremos que:
     No son suficientes los teoremas económicos de los economistas-teóricos (Say y Schumpeter) para lograr la formación profesional del economista ingeniero, a pesar que sus planteamientos son tan necesarios y fundamentales (a propósito de esta nueva profesión) –hace falta formar la mentalidad del ingeniero para comportarse como tal. Es, por lo tanto, necesario el aprendizaje de otras materias ingenieriles y, sobre todo, realizar las prácticas pre-profesionales con los demás estudiantes de las facultades de ingeniería, para completar su formación integrada.
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(1) Joseph Alois Schumpeter: (Trest, Moravia, 1883-Salisbury, Connecticut, 1950). Economista y sociólogo austríaco. Inició su formación superior en Viena, en donde fue discípulo de los principales representantes de la escuela austríaca, F. von Wieser y Von Böhm-Bawerk. En 1907 continuó sus estudios en Gran Bretaña. Ministro de Hacienda austríaco (1919), se dedicó principalmente a la enseñanza, siendo profesor en Bonn y Harvard. En 1932 se instaló definitivamente en EE UU. Su obra es una de las más vastas que se han producido en el siglo XX, con gran influencia en el pensamiento económico y las ciencias sociales en su conjunto. Destacó la influencia de los empresarios, la creación del crédito y la técnica en el desarrollo económico, además de polemizar con el socialismo. Uno de los conceptos introducidos por Schumpeter que más influencia ha tenido es el de innovación. Según él, existe un estado de no crecimiento, el «circuito» económico, y un estado de crecimiento, la «evolución». El paso del «circuito» a la «evolución» se efectúa por medio de las innovaciones, que constituyen el motor del crecimiento. Es autor, entre otros trabajos, de Teoría de la evolución económica (1912), Ciclos económicos (1939), Capitalismo, socialismo y democracia (1942), Historia del análisis económico (1954) y el ensayo Diez grandes economistas: de Marx a Keynes (1951).
(2) La invención implica dos ideas distintas. Conceptualmente, es el acto de dar con un pensamiento o una idea original, pero concretamente una invención es crear un elemento o dispositivo nuevo. La invención se refiere a la creación en todas sus formas. El diccionario Merriam Webster la define como "algo inventado como un producto de la imaginación o un dispositivo, artefacto o proceso que se originó tras el estudio y la experimentación".La innovación es la única forma para que un país pueda generar, a largo plazo, una mejor posición competitiva y un crecimiento económico sostenible (1). La innovación ofrece soluciones parciales para problemas sociales como el SIDA o la protección del medioambiente, etc… (2). La innovación ofrece soluciones parciales para superar la escasez de materias primas como energía, madera, metales, etc. (3). La innovación es una estrategia de la empresa para competir en el mercado, para abrir nuevos mercados y/o desarrollar nuevos productos; para evitar la imitación de los productos por parte de los competidores y para reactivar un mercado saturado (4). La innovación es el proceso de llevar las invenciones al mundo. El diccionario Merriam Webster la describe como "introducir algo nuevo o una nueva idea, método o dispositivo".
Los innovadores piensan en ideas y campañas para traer invenciones al mundo. La innovación es la parte comercial de la invención. Cuando se define literalmente, la innovación y la invención parecen muy similares, pero mientras la invención se refiere a la creación, la innovación se trata del uso de esa creación y con qué fin. Según techdirt.com, "la invención no tiene nada que ver con el éxito comercial, mientras que la innovación tiene mucho que ver con eso".
Para el invento, no hay evolución en el tiempo. Puede que se mejore u optimice, pero al no tener demanda concreta o un uso específico, es difícil que evolucione (a menos que el inventor desee mejorarlo). La Innovación se va perfeccionando. Puede ser usada para otras innovaciones o inventos. La principal diferencia es que al tener un mercado o demanda concreta, se logra obtener retroalimentación que puede ser usada para mejorar la experiencia de uso.  http://www.emprendedorxxi.coop/html/tribuna/tribuna_entrevista.asp?IdEntrevista=2283&idTipo=6
(3) Schumpeter definía innovación como: (a) Nuevo producto que no es conocido por los consumidores, (b) Nueva mejora o proceso de producción, (c) Expansión a nuevos mercados, (d) Nuevo canal de ventas, (e) Nueva organización (quebrando monopolios)...
[4] Say decía que el estudio de la economía no debía comenzar con análisis matemáticos y estadísticos abstractos sino con la experiencia real de la persona humana. Say estudió el libro de Smith y, aunque estuvo de acuerdo en todos los puntos, encontró que la omisión de empresarios emprendedores era un defecto serio. Los empresarios buscan oportunidades de lucro y, al hacerlo, crean nuevos mercados y nuevas oportunidades. Al interrumpir constantemente el equilibrio de la competencia, los empresarios evitan que los monopolios se formen y creen una amplia diversidad de productos que mantienen a los consumidores y productores. A cambio de tomar estos riesgos, los empresarios exitosos como Bill Gates y Henry Ford cosechan fortunas mucho más allá de los agentes normales en la economía.
[5] Podemos deducir entonces que el primer economista teórico que formuló la aplicación de la economía y formuló (al mismo tiempo) el método ingenieril, fue Jean Baptiste SAY. ¿Por qué? Porque él planteó la proactividad y la vocación para provocar el cambio (como propio del «entrepreneur»); pero no lo hace como ejemplo de conducta a seguir (actitudinal), o como son los líderes, sino como un ejemplo de ruptura del status quo económico –cambiando el Pero, este “Cambio”, que para el ingeniero tradicional significa mejora de condiciones; para el equilibrio (las estructuras económicas) del mercado.
[6] Thomas Malthus y Sismondi, luego reivindicados por Keynes, rechazaron la ley de Say argumentando la posibilidad de atesoramiento, que podría conducir al subconsumo. Say y otros clásicos respondieron aseverando que el atesoramiento era un fenómeno de importancia marginal.
Cuando Say se refería a productividad no estaba hablando de «eficiencia productiva»[30] y menos aún de «eficiencia económica»
[7] Eficiencia productiva (también conocida como eficiencia técnica) se produce cuando la economía está utilizando todos sus recursos de manera eficiente, produciendo el máximo de producción con el mínimo de recursos. El concepto se ilustra en la Frontera de posibilidades de producción (FPP) en la cual todos los puntos de la curva son los puntos de máxima eficiencia productiva (es decir, no se puede lograr más productos a partir de las recursos presentes). (Standish, Barry. Economics: Principles and Practice. South Africa: Pearson Education. pp. 13-15. ISBN 978-1-86891-069-4.)
[8] En economía, economía política, ciencia política, etc, se puede definir eficiencia económica como la eficiencia con la cual un sistema económico utiliza los recursos productivos a fin de satisfacer sus necesidades. De acuerdo a Todaro el concepto significa en materias de “producción, utilizar los factores de producción en combinaciones de menor coste, en consumo, asignación de gastos que maximicen la satisfacción ( utilidad) del consumidor” (Michael P. Todaro: “Economic Development”. Longman (Londres y New York) 1997 (6th edition) p 687) Una definición alternativa se refiere al uso de los recursos a fin de maximizar la producción de bienes y servicios. (Sullivan, Arthur; Steven M. Sheffrin (2003). Economics: Principles in action. Upper Saddle River, New Jersey 07458: Pearson Prentice Hall. p. 15. ISBN 0-13-063085-3) Se dice que un sistema económico es más eficiente que otro (en términos relativos) si provee más bienes y servicios para la sociedad utilizando los mismos recursos económicos. En términos absolutos, la situación puede ser llamada económicamente eficiente si: -Nadie puede mejorar su situación sin que empeore la de algún otro. (ver Eficiencia de Pareto); -No puede obtenerse producción adicional sin aumentar la cantidad de insumos. (eficiencia asignativa) -El producto se obtiene al costo por unidad más bajo posible. (eficiencia técnica o productiva)
[9] La segmentación de mercado es el proceso, como su propio nombre indica, de dividir o segmentar un mercado en grupos uniformes más pequeños que tengan características y necesidades semejantes, la segmentación de muchos sociales mercados se puede dividir de acuerdo a sus características o variables que puedan influir en ...
(10) El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene. Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX.
(11) En 1934 Joseph Alois Schumpeter dio la siguiente definición de emprendedor: Un emprendedor es un innovador que busca destruir el estatus-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados.
(12) El próximo trienio será más decisivo que los 50 años anteriores: Ya no hay verdades absolutas. Todo está sujeto a revisión. Las grietas en el ‘statu quo’ hacen que los directivos estén muy preocupados. Esta sensibilidad a la transformación disruptiva que viene de la mano de la tecnología queda patente en la última encuesta realizada por KPMG el pasado mes de junio. Este trabajo, bajo el título Global CEO Outlook señala que los próximos tres años traerán consigo una transformación sin precedentes y serán mucho más decisivos para la evolución de la economía que los 50 anteriores. Así lo cree el 78% de los consejeros delegados españoles (el 72% a nivel global). Con la creencia que se debe actuar “ahora o nunca”, casi siete de cada diez ejecutivos de todo el mundo admiten su preocupación por tener que abordar asuntos ante los que tienen poca experiencia, como la transformación digital de la compañía o la adecuación de sus negocios a los nuevos gustos y exigencias de los consumidores. Un tercio de los ejecutivos españoles admite que su empresa “se transformará en otra significativamente diferente” en los próximos tres años. Un mayor foco en el cliente, el uso de sistemas de análisis de datos y tecnología cognitiva en sus organizaciones, así como la lealtad de los consumidores y la ciberseguridad son algunos de los temas que más les preocupan.
(13) El enfoque schumpeteriano difiere de otras ópticas porque reemplaza la noción del equilibrio por un circuito dinámico transformado por medio del proceso de innovación; es decir, que este circuito evoluciona por medio de un proceso de destrucción creadora producto del medio y al mismo tiempo con consecuencias sobre el medio de donde proviene. Joseph Alois Schumpeter fue uno de los principales gurúes de la economía del siglo XX. Es célebre por su innovadora teoría del empresario como factor del desarrollo económico. Nacido en 1883 en el Imperio Austro-Húngaro (en una ciudad de la actual República Checa), Joseph Alois Schumpeter alternó la cátedra universitaria en Czernowitz, Graz, Bonn y Harvard con puestos públicos y privados. Su obra cumbre, "Historia del Análisis Económico" es de tal erudición y profundidad que, a más de 50 años de su publicación póstuma, sigue siendo el mejor tratado sobre la materia. En la "Teoría del Desarrollo Económico" (1934), Schumpeter investigó los ciclos económicos y realizó una innovadora caracterización del empresario capitalista. Para este eminente economista austríaco, el empresario desempeña un papel clave como motor del desarrollo económico. Él es quien aporta los componentes de innovación y cambio tecnológico que hacen avanzar los negocios. En este punto, su análisis contrasta con el poco realista empresario neoclásico, que toma los precios como dados y se limita a adaptar su producción. Con Schumpeter, por el contrario, renace el empresario real, el empresario ubicado en el centro del proceso productivo con su importante papel de creador de nuevos productos, nuevas formas de organización y nuevos mercados. Sin embargo, no fue sólo un eximio economista. Hombre de fenomenal erudición, en su "Capitalismo, Socialismo y Democracia" (1942) plasmó sus profundos conocimientos de historia, filosofía política, economía y sociología en un análisis global de la sociedad, coronado por una inquietante predicción: el capitalismo se acerca a su derrumbe: su éxito sería su fracaso.
(14) La tipografía digital nació con Macintosh, Steve Jobs fue definitivamente su padre (Y Susan Kare, la madre de la tipografía digital). Y fue él mismo quien se encargó de reconocerlo y difundir la historia detrás de su creación, en aquel famoso discurso que brindara en la Universidad de Stanford en 2005. El cofundador de Apple recordaba entonces la anécdota que se vinculaba a una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar en su juventud: abandonar por motivos económicos los estudios en el Reed College Desde aquella fascinación inicial de Jobs por el arte de Palladino, hasta el toque mágico de Kare que finalmente les diera nombres propios, más de 10 años debieron pasar para que las tipografías digitales pudieran cobrar vida. Una gestación que fue tan delicada y sutil como un fino trazo de tinta.
(15) En el año de 1992, el American Heritage Dictionary definió al intrapreneur como “aquella persona dentro de una organización que se responsabiliza por convertir una idea en un producto terminado, económicamente viable, a través de la toma de riesgos y la innovación”.



jueves, 21 de abril de 2022

FUNDAMENTOS ANTROPOLÓGICOS Y TEORÍA ECONÓMICA: ANÁLISIS COMPARADO DE ESCUELAS DE INSPIRACIÓN LIBERAL Y DE INSPIRACIÓN CATÓLICA

  “FUNDAMENTOS ANTROPOLÓGICOS Y TEORÍA ECONÓMICA: ANÁLISIS COMPARADO DE ESCUELAS DE INSPIRACIÓN LIBERAL Y DE INSPIRACIÓN CATÓLICA” 

AUTOR: DANIEL BALLESTEROS CALDERÓN

ÍNDICE 

Objetivos y desarrollo de la tesis. ............................................................................. 8 

1. La antropología católica. ..................................................................................... 15 

1.1. El hombre y la acción humana. ...................................................................... 16 

1.1.1. La persona, criatura de Dios.......................................................................... 16 

1.1.2. El fin del hombre. .......................................................................................... 17 

1.1.3. La libertad. .................................................................................................... 19 

1.1.4. La ley moral natural. ..................................................................................... 23 

1.1.5. El pecado y la salvación. ............................................................................... 25 

1.2. Implicaciones antropológicas en la interacción social. ................................. 26 

1.2.1. La comunidad política. ......................................................................... 27 

1.2.1.1. El Derecho y la Justicia. .................................................................... 28 

1.2.1.2. El bien común. ....................................................................................... 30 

1.2.1.3. Los principios de solidaridad y subsidiariedad. ................................... 33 

1.2.1.4. El Estado y la fe católica. ......................................................................36 

1.2.2. La interacción económica. ....................................................................... 41 

1.2.2.1. Destino universal de los bienes y propiedad privada. .......................... 41 

1.2.2.2. La riqueza. .............................................................................................. 43 

1.2.2.3. La empresa y el trabajo. ......................................................................... 45 

1.2.2.4. El préstamo con interés. ......................................................................... 51 

1.2.2.5. El papel del Estado en la economía........................................................ 68 

2. Orígenes y naturaleza de la antropología liberal. ......................................... 71 

2.1. Los orígenes intelectuales y religiosos del liberalismo. ............................. 71 

2.1.1. La separación entre fe y razón. ....................................................... 71 

2.1.2. Las antropologías protestante y católica. ....................................... 77 

2.1.3. Racionalismo y empirismo. ..................................................................... 83 

2.2. El concepto de liberalismo. ....................................................................... 91 

2.2.1. El concepto de individuo. ...................................................................... 94 

2.2.2. La libertad. ............................................................................................. 96 

2.2.3. La doctrina “ética” utilitarista. .......................................................... 104 

6 2.2.4. Debilidades de la doctrina utilitarista. ............................................ 110 

2.2.5. Posiciones utilitaristas en el liberalismo. .......................................... 115 

2.3. Implicaciones antropológicas en el ámbito político. ........................... 124 

2.3.1. Estado, Derecho y Justicia: el contrato social. ................................ 124 

2.3.2. El desarrollo de la idea del contrato social....................................... 127 

2.3.3. Estado y religión según la doctrina liberal. .................................... 132 

3. La incompatibilidad antropológica entre Catolicismo y liberalismo clásico: las condenas católicas. ..................................................................... 140 

4. Lugar de “lo antropológico” en la Economía. ..................................... 153 

4.1. Economía y Crematística. .................................................................. 153 

4.2. El concepto de Teoría Económica...................................................... 154 

4.3. Un esquema analítico de referencia. ................................................ 160 

4.3.1. Esquema de las construcciones teórico-económicas. ................... 160 

4.3.2. La acción humana. ........................................................................ 163 

5. Antropología liberal y economía clásica. ............................................ 168 

5.1. La propiedad privada......................................................................... 172 

5.2. La empresa y el trabajo. .................................................................... 179 

5.3. El préstamo con interés. ................................................................... 202

5.4. El intervencionismo liberal. ............................................................. 209 

5.5. El modelo antropológico de la economía clásica. ...................... 229 

6. Antropología liberal y economía neoclásica. ................................. 233 

6.1. La propiedad privada y la riqueza. ............................................... 238 

6.2. La empresa y el trabajo. ..................................................................... 241 

6.3. El préstamo con interés. ........................................................................... 259 

6.4. El intervencionismo neoclásico................................................................ 264 

6.5. El hombre neoclásico. ............................................................................. 287 

7. La Escuela Austriaca de Economía. ......................................................... 301 

7.1. La propiedad privada............................................................................... 302 

7.2. La empresa y el trabajo. ......................................................................... 308 

7.3. El préstamo con interés. ........................................................................ 317 

7.4. El Estado en la Escuela Austríaca. ...................................................... 322 

7.5. El hombre austríaco.............................................................................. 337 

7 7.6. La separación de “lo económico” y “lo moral”. .............................. 349 

8. Economía y fe católica. .......................................................................... 356 

8.1. La crítica moral del liberalismo económico: el distributismo. .......... 357 

8.2. La insuficiencia moral de un orden liberal estricto: el ordoliberalismo..... 373 

8.3. Propuesta de una teoría de los precios integradora de la ética y basada en la “Escuela de Salamanca”. ........................................................................................... 398 

8.3.1. La “Escuela de Salamanca”. ....................................................................... 398 

8.3.2. Una reinterpretación del mecanismo de precios. .................................. 416 

8.4. La integración de la Economía y la Moral según la DSI. ....................... 424 

9. Conclusiones: antropología de la Modernidad y Teoría Económica. ............ 430

Bibliografía. ....................................................................................................... 443

Objetivos y desarrollo de la tesis. 

 En toda elaboración teórica en ciencias humanas subyace una concepción del hombre o antropología, que condiciona los logros explicativos de las teorías y los cursos de acción eventualmente recomendados por aquéllas. Partiendo de este hecho, en la presente tesis nos proponemos demostrar la infraestructura antropológica liberal de la teoría económica clásica, neoclásica y austríaca; describir sus carencias y ocasionales incompatibilidades respecto a la antropología católica y delinear los elementos analíticos fundamentales de una teoría económica consecuente con esta última. 

 Por tanto, el presente trabajo no se limita a realizar una mera crítica de los fundamentos antropológicos de la teoría económica moderna, sino que además propone enriquecer la teorización económica con elementos propios de la antropología católica, más completa que la liberal. La propuesta de quizás mayor relevancia responde a la cuestión de cómo integrar adecuadamente la Ética en la Economía, lo que se traducirá en un análisis más realista del lugar que persona, mercados y Estado ocupan en el devenir social y, consecuentemente, en un incremento de la precisión y potencia explicativa de la teorización económica. A modo de ejemplo, veremos cómo asumir la existencia de costes y retribuciones éticas permite describir con precisión e identificar la verdadera causa de importantes problemas económicos y sociales, cosa imposible para las teorías de matriz liberal, dado su rechazo de una genuina ética. 

 Otros científicos sociales han afrontado antes que nosotros la labor de señalar las carencias de la antropología liberal empleada en teoría económica y los graves problemas institucionales, sociales, políticos y empresariales inducidos por su pobre visión del ser humano, proponiendo soluciones de carácter eminentemente práctico (Gilbert K. Chesterton, Hilaire Belloc, Stefano Zamagni, entre otros muchos). La novedad de este trabajo reside en que no sólo se realiza en él una crítica sistemática a la teoría económica basada en la antropología liberal, sino que 9 también se propone un fundamento para la elaboración de una teoría económica enriquecida por la antropología católica. 

 Las caracterizaciones antropológicas fundamentales de las que parten las teorías económicas radican y se conforman en la historia del pensamiento y son resultado complejo, tanto de la experiencia histórica, como de la libertad intelectual del teórico. Por esto consideramos que una comprensión nuclear de la antropología liberal y católica requiere no sólo describir, sino también analizar sus características fundamentales, exponiendo adecuadamente su enraizamiento intelectual. 

 A tal efecto, los capítulos 1 y 2 son respectivamente dedicados a la descripción de las antropologías católica y liberal, así como de sus implicaciones sociales, con el objeto de conocer las similitudes y divergencias existentes en aspectos como el concepto de persona, sentido de la existencia, concepción de la libertad, naturaleza de la sociabilidad humana y del Derecho. Así veremos que para la antropología católica la persona es unidad de alma y cuerpo cuya existencia tiene por fin último el encuentro con Dios. Esta persona es social por naturaleza y libre cuando elige el verdadero bien, debiendo las leyes promover el bien común de toda la sociedad. En cambio, para la antropología liberal, enraizada en el nominalismo y la Reforma protestante (como también explicamos), la persona es individuo o átomo social, cuya existencia tiene por fin obtener la máxima felicidad según su criterio autodeterminado. Este individuo es social por conveniencia propia, y libre cuando obra sin restricciones, debiendo las leyes arbitrar las conductas individuales para procurar un máximo de bienestar social. 

 El capítulo 3 detalla el magisterio católico respecto al liberalismo en lo que atañe a los puntos señalados. Éste es condenado porque su indiferentismo religioso y su oposición a planteamientos metafísicos le hace rechazar un ser objetivo del hombre que exceda la mera individualización y, con ello, el bien genuinamente ético (adicionalmente al pathos, el ethos es una segunda naturaleza o “ser”, adquirida mediante el ejercicio de hábitos perfeccionantes del ser -virtudes-) que 10 hace a la persona ser digna de aspirar a la vida eterna. De esta forma, el liberalismo desprecia la relevancia para la vida personal y social de promover el verdadero bien ético y la verdadera libertad, siendo considerado por el magisterio católico un sistema de filosofía político-económica que degrada a la persona y tiende a disolver los vínculos sociales. En definitiva, el liberalismo sería un sistema que atenta contra el bien común. 

 Llegados a este punto, se plantean dos cuestiones: ¿qué grado de analogía con el ser humano referenciado guardan los modelos antropológicos liberales?, y además, ¿se puede emplear la antropología católica para elaborar una teoría económica? Los siguientes capítulos tratarán de dar respuesta a ambas preguntas. 

 En el capítulo 4 se acota el ámbito de la Economía siguiendo la tradición intelectual griega, romana y católica al respecto. Así pues, la Economía es la ciencia que estudia el diseño eficiente de las acomodaciones proyectivas que una entidad personal o social (el hogar, la empresa, el Estado, etc.), realiza entre unos fines deseados y los medios que considera aptos para su consecución. Por consiguiente, la Economía constituye una “ciencia del eficiente actuar u obrar”, abierta a todo tipo de medios y fines; lo que la diferencia de la Crematística, “ciencia del eficiente hacer o fabricar”, cuyo único fin es la adquisición eficiente de bienes materiales. Adicionalmente, esta concepción clásica permite entender con claridad la relación existente entre la verdadera Economía y la verdadera Ética: mientras que la Economía es un “ciencia del eficiente actuar u obrar” abierta a todo tipo de fines, la Ética es un “ciencia del recto actuar u obrar” cuyo único fin es el perfeccionamiento del ser del hombre. 

 A continuación, para desarrollar rigurosamente este enfoque, se precisa el papel de la antropología en la Teoría Económica y se describe el esquema analítico del Dr. Rafael Rubio de Urquía, empleado en la presente obra para sistematizar las descripciones antropológicas.

  En los capítulos 5 a 7 se describe el pensamiento económico de varias escuelas económicas liberales respecto a cuatro temas con fuerte carga antropológica (propiedad, trabajo, interés e intervención estatal), lo cual permitirá identificar tanto las implicaciones teóricas comunes derivadas de compartir una antropología común, como las divergencias teóricas existentes entre ellas a raíz del empleo de modelos antropológicos particulares. Quizás el rasgo común más relevante es su rechazo del concepto clásico de justicia (“constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo” según la recta razón orientada al bien común) y su reemplazo por una idea de justicia basada en la utilidad-bienestar (constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que se puede considerar suyo, según la razón orientada a la utilidad-bienestar). De esta forma la óptica antropológica liberal puede incapacitar intelectualmente para comprender el tratamiento escolástico del interés; la responsabilidad social de la propiedad privada asociada al “destino universal de los bienes”; la excepcionalidad analítica que impone el ser del hombre y su vocación perfectiva en las relaciones empresa-trabajo; o la ilegitimidad de ciertas políticas públicas que incrementan el bienestar material pero dañan el ser del hombre y/o degradan su existencia social. De hecho, si algunos economistas consiguen elevarse por encima de la pobreza antropológica liberal (como por ejemplo Marshall) es gracias a las notas antropológicas cristianas que imbuyen -enriqueciéndolo- su pensamiento. 

 En el capítulo 8 se pretende elaborar una interpretación alternativa del sistema de precios, respetuoso con la adecuada relación que la DSI establece debe existir entre Economía y Ética. Para esta labor tomamos nuestro enfoque analítico previo como punto de partida, al cual incorporamos nociones muy relevantes procedentes de ciertas escuelas económicas fundamentadas de forma directa (escolástica española del siglo XVI-XVII, distributismo) o indirecta (“ordoliberalismo”) en una antropología católica. Con ello demostraremos, en primer lugar, que es un reduccionismo inadmisible considerar al precio como traducción sintética y monetaria del valor asignado por el agente a toda clase de costes o retribuciones (supuesto fundamental de la teoría económica neoclásica). 12 

 En segundo lugar, se refuta analíticamente la concepción liberal de intercambio y producción justos (si no media engaño o amenaza, todo precio acordado refleja la expectativa mutua de una ganancia de utilidad-bienestar y por tanto sería justo): de hecho, al introducir los costes éticos (no traducibles en precios) se entiende que una persona puede acordar un precio por realizar una acción que implica costes éticos y, por consiguiente, una degeneración personal, de forma que tal intercambio será recíproco, pero en modo alguno será justo. 

 En tercer lugar entenderemos algo aparentemente paradójico, como es que las acciones antiéticas pueden conferir ventajas competitivas en el mercado. A simple vista parecería imposible que fuese así, ya que los costes éticos no son traducibles en precio. Sin embargo los costes éticos son sólo una parte del coste, pero influyen en el resto de costes asociados a una determinada acción. Por ejemplo, es éticamente degradante depositar residuos tóxicos en un vertedero ilegal, pero es indudable que esto permite un ahorro de costes monetarios que mejora la posición competitiva de una empresa. Lo mismo podría decirse de intimidar a empleados para mejorar su productividad, a proveedores para disminuir los precios de adquisición de sus productos, o de engañar a clientes para que compren “limones” (Akerlof). 

Por consiguiente, un precio inferior a otro por no incorporar los costes no éticos derivados de asumir conductas éticas (“costes asociados a la eticidad”) no tiene por qué ser socialmente preferible a un precio superior que sí los incorpora. 

 En definitiva, veremos cómo la incorporación al análisis económico de los costes éticos y las retribuciones éticas modifica decisivamente la teoría de la producción y el intercambio, permitiendo explicar en profundidad la existencia simultánea de una tendencia social a la plétora material junto con una tendencia al desequilibrio humano, que no puede ser paliada -sino agravada- con las doctrinas propias de la “Economía del Bienestar”. 

 Finalmente, en el noveno capítulo se recogen a modo de síntesis las conclusiones a las que se ha llegado: se enumeran las notas definitorias de las antropologías 13 liberal y católica, se detalla estructura de la acción del modelo antropológico empleado en la teorización económica, las diferentes concepciones de Economía y la Ética, así como los aspectos cognitivos comunes a las escuelas económicas de inspiración liberal. 

 Se explicará cómo el diferente tratamiento de cuestiones fundamentales como la propiedad privada, la empresa, el trabajo o la intervención pública entre escuelas liberales, no es causado por divergencias antropológicas sustanciales, sino por otras meramente accidentales: fundamentalmente, el diferente grado de cognoscibilidad de valoraciones, costes y precios por parte de los respectivos subtipos de cada modelo antropológico (como son el empresario, el empleado, el prestamista, el prestatario o el político), así como la posibilidad o no de modificarlos por medios legales (al margen de consideraciones genuinamente éticas) para obtener una situación de máxima utilidad social. 

 Asimismo se explicará por qué lógica de reciprocidad entre individuos, sometida a la guía correctora del Estado, es incapaz por sí sola de generar procesos de autoorganización a corto, medio o largo plazo. Si aparenta generarlos es debido a la parasitación por un régimen económico liberal de un orden ético-social preexistente (un sustrato ético común no utilitarista que restringe acciones individuales antiéticas y/o palía sus consecuencias) así como a la existencia de un Estado apuntalador que desempeña una ingente labor de vigilancia, corrección y promoción del producto social (Estado del Bienestar), pero que no puede sustraerse a dinámicas viciosas, articular la sociedad o imponer la conducta virtuosa por medios legales (no se puede hacer del hombre una máquina de obrar el bien). De esta forma, el Estado puede acabar siendo contemplado como un ente corrupto incapaz de cumplir con su cometido, quizás incluso como el principal responsable de la degradación ética y la disgregación social. 

 Ninguna teoría económica moderna contempla este devenir social como una posible ocurrencia teórica, a consecuencia de su común fundamento antropológico 14 liberal, ciego a la relevancia de una genuina ética en la acción del hombre y en su evolución social.


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APROXIMACIÓN EPISTEMOLÓGICA AL CONCEPTO DE CIENCIA: UNA PROPUESTA BÁSICA A PARTIR DE KUHN, POPPER, LAKATOS Y FEYERABEND

APROXIMACIÓN EPISTEMOLÓGICA AL CONCEPTO DE CIENCIA: UNA PROPUESTA BÁSICA A PARTIR DE KUHN, POPPER, LAKATOS Y FEYERABEND

Leonarda García Jiménez*

RESUMEN. En el siguiente artículo, se propone una aproximación al concepto de ciencia, aproximación que resulta valedera para el ámbito de lo social, históricamente menos desarrollado que el natural. Es probable que esta situación se deba, en parte, al menor grado de consenso que los científicos sociales han alcanzado en cuestiones epistemológicas fundamentales. Por ello, es el objetivo principal de este artículo desarrollar una propuesta básica para esbozar una definición conceptual genérica a partir de los supuestos defendidos por algunos filósofos de la ciencia, concretamente, por Karl R. Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend. 

PALABRAS CLAVE: Conocimiento científico, filosofía de la ciencia, epistemología, clasificación de las ciencias, ciencias sociales.

INTRODUCCIÓN

Los aires de la posmodernidad han menoscabado la fe en la ciencia a través de la caída del proyecto de la ilustración (el progreso de la humanidad gracias al desarrollo de las ciencias y las técnicas) (Hottois, 1999: 481), aunque no es éste el único metarrelato que ha perdido un cierto poder de imantación en la contemporaneidad. Junto a la pérdida de credibilidad del progreso científico —tal y como recuerdan los miembros de la Escuela de Frankfurt, éste ha provocado el auge de la razón instrumental y con ella la barbarie de los campos de concentración nazi, por citar un ejemplo—, habría que destacar el hecho de que la sociedad de la información se “organiza en torno al conocimiento para lograr el control social y la dirección de la innovación y el cambio” (Bell, 1976: 34).1 De hecho, se concibe a esta sociedad informacional como aquel estadio de desarrollo no solamente en el que se aumenta el acceso a la información hasta cotas históricas, sino en su sentido más amplio: como aquella “forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de productividad y poder debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico” (Castells, 2000: 51). 

Si bien la información y el conocimiento son dos de las fuentes de poder del sistema, en el caso concreto del saber científico, éste se presenta como una vía válida para acceder al mundo, un mundo caracterizado por la complejidad (Luhman, 1996), por el dominio de las industrias culturales y por el constante cambio que imprime el modelo de desarrollo sociotécnico capitalista (Castells, 2001) que rige la lógica mundial.2 Ahora bien, la ciencia no es el único camino para acceder al conocimiento del hombre y de la sociedad,3 aunque, al convertirse la construcción de dicho conocimiento en una tarea compleja debido a la propia lógica social contemporánea, el papel desempeñado por las ciencias sociales tiene, si cabe, un mayor valor que en épocas anteriores. 

Ahora la cuestión está en esbozar una aproximación epistemológica al concepto de ciencia, una vez que se ha reconocido que sobre ésta no hay un acuerdo general (Alonso, 2004: 32), falta de consenso que es más pronunciada en las ramas científicas sociales que en las naturales (Woolgar, 1991: 13).

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1 En realidad, Bell habla de la sociedad postindustrial, dado que la obra aludida salió publicada en la década de los 70. Según Castells (1997), la sociedad postindustrial ha sido reemplazada por una sociedad de la información. 

2 Aunque sabemos que en dicho modelo no están incluidos todos por igual (países, individuos o actividades), sino principalmente aquellos sectores y actividades que generan riqueza al sistema, conformando lo que se ha denominado como el espacio de flujos (Castells, 1997: 409 y ss.). 

3 Reclamar este carácter único sería caer en lo que se ha denominado cientificismo, y no hay nada más anticientífico que el cientificismo (Alonso, 2004: 14). Esta cuestión queda desarrollada en el apartado titulado “Aproximación integradora al concepto de ciencia”.

Por todo ello, es el principal objetivo de este artículo esbozar los rasgos del conocimiento científico a partir de las aportaciones de algunos filósofos de la ciencia (principalmente: Karl R. Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend) y poner en evidencia que es posible inferir una conceptualización de la ciencia, a pesar de la aparente contradicción de algunos de sus supuestos. A partir de esta base común, pensada principalmente para las ciencias sociales, cada disciplina deberá trazar sus propias particularidades epistemológicas. Es éste el caso de la comunicación (de las ciencias de la comunicación), en que las reflexiones de carácter epistémico continúan siendo no solamente un área de interés, sino también una prioridad para definir la identidad de la investigación en comunicación.

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO DESDE UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA: POOPER, KUHN, LAKATOS Y EL ANARQUISMO METODOLÓGICO DE FEYERABEND

En general, "la ciencia es valiosa como herramienta para domar la naturaleza y remodelar la sociedad; es valiosa en sí misma, como clave para la inteligencia del mundo y del yo; y es eficaz en el enriquecimiento, la disciplina y la liberación de nuestra mente" (Bunge, 1981: 36).

Para presentar las diferentes aproximaciones a la ciencia que han propuesto los filósofos en el siglo XX, me centraré principalmente en las concepciones de Popper, Lakatos, Kuhn y Feyerabend del progreso científico, dado que todos ellos han intentado explicar cómo es el proceso de construcción del conocimiento. A lo largo del artículo, se señalarán los supuestos principales de las propuestas de estos autores, se apuntarán las carencias y críticas de cada una de dichas posturas y, finalmente, se superará la apriorística incongruencia de algunos de estos supuestos.

Como veremos, el trasfondo que encierra esta "histórica discusión" es si existe un método universal y ahistórico en la ciencia, que contenga las normas que todas las disciplinas deben respetar si desean merecer el título de ciencia. Es decir, si desde una perspectiva general, podemos esbozar los rasgos característicos del conocimiento científico, en todas sus dimensiones (disciplinas) a lo largo de la historia.

Ante todo, podría decirse que el empirismo popperiano ha "llegado a ser la visión estándar de la ciencia" (Iranzo y Blanco, 1999: 64), dado que, según Popper, toda teoría debe poder ser falsable y, en el momento en que no supere las pruebas de confutación empírica, la teoría será sustituida por otra. Pero, como se defenderá a lo largo del presente artículo, un enunciado, para que adquiera el rango de científico, es suficiente con que sea racional y tenga un principio que le confiera coherencia interna. Es ésta una concepción de ciencia lata, vaga, que apunta el hecho de que el conocimiento científico ha de estar metodológica y sistemáticamente contrastado.4

Para Popper, el científico, independientemente de que sea teórico o experimental, propone enunciados, hipótesis o sistemas de teorías y los contrasta paso a paso por medio de observaciones y experimentos (Popper, 1999: 27). En esta idea se recogen algunos de los principales supuestos que defiende Popper en la investigación científica, como el reconocimiento del método deductivo para la ejecución de la obra teórica y la experiencia como método de corroboración.

Por todo ello, Popper cree en el avance progresivo de la ciencia y propone, como criterio de demarcación, que propicie la mejora gradual y creciente de la investigación, el falsacionismo : "No exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico" (Popper, 1999: 40).

Popper habla de la necesaria comprobación empírica a la que han de ser sometidos los enunciados para determinar la falsedad de una teoría, de ahí que el autor (Popper, 1999: 38) crea en la experiencia como base de toda teoría, pues concibe a la ciencia empírica como la representación del mundo real o mundo de nuestra experiencia, porque ha de ser posible refutar con la experiencia, un sistema científico empírico. El autor distingue los tres requisitos que debe satisfacer dicho sistema: el primero es que ha de ser sintético, es decir, ha de representar un mundo posible; el segundo es que debe satisfacer el criterio de demarcación; esto es, la teoría, hipótesis o sistemas de teorías no serán metafísicas, sino que representarán un mundo de experiencia posible. Por último, es menester que sea un sistema que se distinga (de alguna manera) de otros sistemas semejantes por ser el que represente nuestro mundo de experiencia. Mas, "¿cómo ha de distinguirse el sistema que represente nuestro mundo de experiencia? He aquí la respuesta: por el hecho de que se le ha sometido a contraste y ha resistido las contrastaciones" (Popper, 1999: 39).

La idea fundamental de esta propuesta es que la experiencia no puede demostrar la verdad, pero sí la falsedad, es decir, las teorías o hipótesis deben ser siempre tenidas en cuenta como certezas, que cada vez irán acercándose más a la verdad a través de las críticas y la detección de errores: una teoría puede ser definitivamente rechazada, pero nunca definitivamente aceptada. El falsacionismo permite al investigador discernir entre unos enunciados y otros, no porque los que sobrevivan sean verdaderos, sino porque mediante el empirismo se ha demostrado que los desestimados son errados. "Los enunciados científicos empíricos han de ser decidibles de modo concluyente, es decir, que en un principio, tanto su verificación como su falsación han de ser posibles" (Popper, 1999: 42).

Este supuesto no reúne el consenso de los filósofos de la ciencia, dado que no siempre una teoría puede ser corroborada por la experiencia. Lakatos (1998) se muestra contrario a que una proposición pueda ser confirmada o refutada por los hechos, puesto que en función de las reglas de la lógica, este hecho supondría mezclar lenguajes distintos. Según el autor, las proposiciones sólo pueden ser derivadas a partir de otras proposiciones, no a partir de los hechos: no se pueden probar enunciados mediante experiencias.

También Feyerabend (1986 y 2000) señala que las teorías científicas generales no son comprobables por la experiencia; son construcciones teóricas tan extremadamente elaboradas y complejas que están alejadas del plano de los hechos. La elección de unas teorías generales llega a ser para Feyerabend una cuestión de gusto, pues no hay un criterio objetivo de elección (más bien se trataría de factores diversos: económicos, políticos, prácticos y estéticos), debido a que se mueven en un plano muy abstracto.

Además, cuando la experimentación o la observación proporcionan evidencias que entran en conflicto con las predicciones de cierta ley o teoría, puede ser que la evidencia sea errónea y no la ley o la teoría. Esto es, cuando los resultados de una hipótesis refutan la ley, el falsacionismo no prevé las herramientas necesarias para que el científico discierna la ubicación del error (si en la hipótesis o en la propia teoría): "No hay nada en la lógica de la situación que exija siempre desechar la ley o la teoría en caso de una colisión con la observación o el experimento" (Chalmers, 2003: 82).

Sobre este aspecto, se ha defendido que el método deductivo no termina de corresponderse con la práctica científica, puesto que a menudo la investigación no parte de una teoría, como sostiene Popper, sino que se certifica la realidad de un fenómeno antes de que haya una propuesta teórica que sirva de predicción (Hacking, 1983). Esto ha sido así en algunos de los descubrimientos más relevantes de los últimos tiempos, como exponen Iranzo y Blanco (1999: 61): "En observaciones como el descubrimiento de los rayos X se certificó la realidad de un fenómeno antes de que hubiera una teoría que lo explicase (...)

El caso es que no existe teoría científica alguna que guiase la construcción y consolidación del objeto de estudio".

Popper parece creer en una ciencia sujeta a confutación por parte de hipótesis más consistentes; se trata de una ciencia conformada por un conjunto de teorías y modelos que en un momento determinado se han mostrado más válidos que sus coetáneos y han superado con mayor éxito el rigor de las comprobaciones empíricas. Es, pues, una ciencia en perpetuo cambio, en un continuo avance, dado que "la ciencia progresa hacia la verdad mediante la elaboración de teorías cada vez más verosímiles, mediante las adquisición de verdades putativas y la destrucción definitiva de falsedades" (Iranzo y Blanco, 1999: 60).

Ahora bien, se ha apuntado que el falsacionismo ha fallado a la hora de aprehender la complejidad del desarrollo de las teorías importantes.

Por ello, Kuhn (1989 y 2001), Lakatos (1998) y Feyerabend (1986 y 2000) realizan otras propuestas mediante las que intentan explicar cómo ha avanzado la ciencia desde una perspectiva histórica. Según Chalmers (2003: 98), lo que tienen en común estas perspectivas —en mayor medida Kuhn y Lakatos, puesto que como veremos Feyerabend niega la existencia del método científico y aboga por el anarquismo metodológico— es que la "concepción más adecuada de la ciencia debe originarse en la comprensión del entramado teórico en el que tiene lugar la actividad científica (...) El significado de los conceptos depende de la estructura de la teoría en la que aparecen, y la precisión de aquéllos depende de la precisión y el grado de coherencia de ésta" (Chalmers, 2003: 98 y 99).

A continuación, se expondrán las ideas principales de Kuhn, Lakatos y Feyerabend, para inferir, a partir de estas premisas, los rasgos generales del conocimiento científico.

Por su parte, Kuhn (1989 y 2001) sostiene que toda actividad científica se desarrolla bajo un paradigma, entendido éste como "el conjunto de ilustraciones recurrentes y casi normales de diversas teorías en sus aplicaciones conceptuales, instrumentales y de observación. Ésos son los paradigmas de la comunidad revelados en sus libros de texto, sus conferencias y sus ejercicios de laboratorio" (Kuhn, 2001: 80). El paradigma debe ser lo suficientemente inconcluso como para que en él se alberguen los distintos desarrollos teóricos de un periodo histórico determinado. El autor rechaza el falsacionismo porque considera que todos los paradigmas tendrán anomalías (entendidas como el conjunto de problemas que se resisten a ser solucionados), pero éstas se consideran como fracasos concretos y particulares del científico, más que insuficiencias del propio paradigma. En el momento en que está consolidado un determinado paradigma, dentro de él se desarrollarán lo que Kuhn denomina periodos de ciencia normal, en que el avance se produce de manera progresiva, añadiendo las nuevas generalizaciones a las que ya están consolidadas (Kuhn, 1989: 86). Pero llega un momento en que comienzan a aparecer numerosas dificultades que no pueden ser resueltas dentro del paradigma y, por lo tanto, quedan fuera del alcance del científico (Chalmers, 2003: 102). En este momento, se entra en un periodo de crisis, que finalizará cuando emerja un paradigma completamente nuevo, que gane la adhesión de la gran mayoría de la comunidad científica. Cuando un paradigma sustituye a otro, se produce un cambio revolucionario, más problemático que el normal, pues altera el modo en que se piensa, ya que debe albergar a esos nuevos descubrimientos que no han podido ser articulados en los conceptos que eran habituales en el paradigma en crisis. Con este cambio de referentes tan radical, el desarrollo científico no puede ser completamente acumulativo (como en el caso de la ciencia normal), pues "no se puede pasar de lo viejo a lo nuevo mediante una simple adición a lo que ya era conocido. Ni tampoco se puede describir completamente lo nuevo en el vocabulario de lo viejo o viceversa" (Kuhn, 1989: 59 y 60).

El progreso, por tanto, se produce a través de estas revoluciones —más que de una forma estrictamente acumulativa, como una línea ininterrumpida de progreso (Escohotado, 1987: 461)— en las que un paradigma completamente diferente sustituye a otro, planteando nuevas problemáticas que deben ser resueltas por la ciencia, nuevos métodos y nuevas concepciones del mundo.

Para Chalmers (2003: 112 y 113), estos supuestos apuntan correctamente que el trabajo científico implica resolver problemas dentro de un sistema que no se cuestiona lo fundamental; no se trata, por tanto, del continuo planteamiento de refutaciones y conjeturas del que hablaba Popper, ya que esta actitud puede llevar a que no se produzca un avance explícito en la ciencia, debido a que no se favorece la consolidación de un determinado corpus de conocimientos, situación que no permite la profundización en la actividad investigadora: "Los principios no permanecerán indiscutibles el tiempo suficiente para que se haga el trabajo interpretativo" (Chalmers, 2003: 113).

Además, el planteamiento de las revoluciones científicas subraya la naturaleza no acumulativa del avance de la ciencia, ya que el progreso a largo plazo no sólo comprende la acumulación de hechos y leyes, sino que a veces implica el abandono de un paradigma y su reemplazo por otro nuevo incompatible. La principal diferencia de esta cuestión con la propuesta de Popper es que para este último se trata simplemente del abandono de una teoría por otra, cuando Kuhn habla del cambio en la visión del mundo, una transformación que es más radical y profunda.

La perspectiva kuhniana presenta algunos inconvenientes. En primer lugar, como el propio autor indica, el desarrollo científico en los periodos de ciencia normal es tremendamente conservador, en el sentido de que suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan innecesariamente subversivas por sus compromisos básicos hacia el paradigma dominante en ese periodo determinado (Kuhn, 2001). Aunque, evidentemente, dichas innovaciones serán introducidas cuando se produzca la revolución científica en la que emerge el paradigma que ha sustituido a su predecesor, en principio la adscripción del científico a un solo paradigma puede resultar un tanto empobrecedora.5 En segundo lugar, una de las críticas más importantes esgrimidas a la comprensión de la ciencia que plantea Kuhn es que el cambio de un paradigma a otro tiene algo de irracional, incluso de relativista, ya que el autor no justificó por qué un paradigma es mejorque otro: en última instancia, es la propia comunidad científica la que determina la mayor idoneidad de una visión del mundo en detrimento de su contemporánea. A esta deficiencia, Kuhn contestó que las teorías científicas posteriores son mejores para resolver enigmas en los entornos, pero esto resulta contradictorio porque, según él, lo que cuenta como enigma (es decir, problema) y su solución depende del paradigma (Chalmers, 2003: 116). Así, a lo largo de la Estructura de las revoluciones científicas, Kuhn (2001) asegura que algunos problemas de un determinado paradigma, cuando éste es sustituido por otro, pueden ser declarados como no científicos, o aquellas cuestiones que resultaron triviales en un momento determinado o simplemente no existían, con el surgimiento del nuevo paradigma, pueden volver a presentarse como los nuevos grandes retos a conquistar por la comunidad científica. De ahí que al cambiar los problemas, con frecuencia también lo hagan las normas que distinguen una solución científica real de una simple especulación metafísica, por lo que el nuevo periodo de ciencia normal no sólo es incompatible con el antiguo, sino, incluso, incomparable.

Lakatos (1998: 13) intentó superar las debilidades del cambio de paradigma kuhniano mediante sus programas de investigación científica,6 que cuentan con un núcleo teórico–hipotético eficazmente protegido por un gran cinturón de hipótesis auxiliares y con una maquinaria elaborada para solucionar problemas. Así, el programa posee una serie de reglas metodológicas, que marcan qué rutas de investigación deben ser evitadas (heurística negativa) y cuáles seguidas (heurística positiva) (Lakatos, 1998: 66). El núcleo central estaría conformado por un conjunto de hipótesis muy generales a partir de las cuales se desarrolla el programa. Estos fundamentos necesitan ser ampliados con suposiciones complementarias, con el fin de llenarlos de sustento y de proteger al núcleo central de las falsaciones (Chalmers, 2003: 124).

La heurística negativa del programa impide que apliquemos el modus tollens a este núcleo firme. Por el contrario, debemos utilizar nuestra inteligencia para incorporar e incluso inventar hipótesis auxiliares que formen un cinturón protector en torno a ese centro, y contra ellas debemos dirigir el modus tollens. El cinturón protector de hipótesis auxiliares debe recibir los impactos de las contrastaciones y para defender al núcleo firme, será ajustado y reajustado e incluso completamente sustituido (...) La heurística positiva consiste en un conjunto, parcialmente estructurado, de sugerencias o pistas sobre cómo cambiar y desarrollar las versiones refutables del programa de investigación, sobre cómo modificar y complicar el cinturón protector refutable. Impide que el científico se pierda en el océano de anomalías (Lakatos, 1998: 66 y 69).

En principio, los programas de investigación de Lakatos se corresponderían con los paradigmas científicos de Kuhn. La principal diferencia entre ambos es que aquél intentó superar el cierto relativismo que suponía el cambio de paradigma kuhniano. Lakatos (1998: 15) sí que ofrece las claves del avance científico, justificando las razones a través de las cuales un programa de investigación sustituirá a otro; se trata de los programas regresivos o progresivos:

Las refutaciones no indican un fracaso empírico, como Popper ha enseñado, porque todos los programas crecen en un océano permanente de anomalías. Lo que realmente importa son las predicciones dramáticas, inesperadas, grandiosas (...) Kuhn se equivoca al pensar que las revoluciones científicas son un cambio repentino e irracional de punto de vista. La historia de la ciencia refuta tanto a Popper como a Kuhn; cuando son examinados de cerca, resulta que tanto los experimentos cruciales popperianos como las revoluciones kuhnianas son mitos; lo que sucede normalmente es que los programas de investigación progresivos sustituyen a los regresivos (Lakatos, 1998: 15 y 16),

siendo más eficiente los primeros en la predicción de los nuevos fenómenos.

De esta manera, un programa de investigación es superior a otro en cuanto a que puede predecir con más éxito un fenómeno nuevo: "En un programa de investigación progresivo, la teoría conduce a descubrir hechos nuevos hasta entonces desconocidos. En los programas regresivos, las teorías son fabricadas sólo para acomodar los hechos ya conocidos" (Lakatos, 1998: 15).

Lakatos reconoce el papel trascendental que desempeñan las predicciones en los programas, hasta tal punto que cuando un programa sea incapaz de generar nuevas perspectivas de futuro y únicamente trate de encajar hechos ya pasados, estará en un proceso degenerativo. Precisamente en este punto es en el que el núcleo de un programa puede ser abandonado cuando deje de anticipar hechos nuevos: "Nuestro núcleo firme puede derrumbarse en ciertas condiciones (...) una posibilidad que es fundamentalmente lógica y empírica" (Lakatos, 1998: 68).

En contra de lo que apuntaba Popper, en el sentido de que una teoría que no supere las falsaciones debe ser desestimada, Lakatos (1998: 16) explica que hay "que tratar con benevolencia a los programas en desarrollo; pueden transcurrir décadas antes de que los programas despeguen del suelo y se hagan empíricamente progresivos. La crítica no es un arma popperiana que mate con rapidez la refutación". Según lo señalado por Lakatos, si se destruyeran los supuestos teóricos con la rapidez preconizada por Popper, no sería posible alcanzar un cierto avance científico: "La principal diferencia con respecto a la versión original de Popper creo que es que, según mi punto de vista, la crítica no destruye (ni debe destruir) con la rapidez que imaginaba Popper. La crítica destructiva, puramente negativa, como la refutación o la demostración de una inconsistencia no elimina un programa de investigación. La crítica de un programa es un proceso largo y a menudo frustrante; hay que tratar a los programas en crecimiento sin severidad" (Lakatos, 1998: 122).

Por tanto, Lakatos (1998: 17) apuesta por un progreso científico que es racional, al igual que Popper y en contraposición a Kuhn, quien parece creer que el "cambio de un paradigma a otro es una conversión mística que no puede estar gobernada por pruebas racionales" (Lakatos, 1998: 19).

La principal objeción esbozada a la propuesta de Lakatos es que no ofrece las pautas para desestimar definitivamente un programa de investigación, puesto que "es racional aferrarse a un programa degenerativo con la esperanza de que podrá regresar" (Chalmers, 2003: 138). Esto sucedió con algunas teorías, como, por ejemplo, con la copernicana, que degeneró durante un siglo, después de sus primeros éxitos, antes de que volviera a generar predicciones gracias a la recuperación que llevaron a cabo Galileo y Kepler (Chalmers, 2003: 136).

El propio Lakatos reconoce la debilidad de la racionalidad instantánea, que para él no existe en la ciencia, de ahí que sólo a largo plazo (es decir, desde una perspectiva histórica) se pueda determinar la validez o inconsistencia de un programa, por lo que su propuesta no sirve como método para desestimar un determinado paradigma, sino que servirá principalmente para esbozar la valoración desde una perspectiva histórica (Chalmers, 2003: 136).

En relación con el núcleo inamovible de los programas de investigación, en ocasiones el avance científico ha estado generado precisamente por la transformación de su propia fundamentación (fue el caso de las teorizaciones de Copérnico).

Esta problemática redunda directamente sobre uno de los pilares más básicos de la propuesta que se expone, puesto que si no es posible determinar el núcleo del programa de investigación, tanto más difícil para la comunidad científica será establecer qué hipótesis deben permanecer inamovibles y cuáles deben ir siendo modificadas con el fin de que cumplan el papel de cinturón protector–receptor de críticas y refutaciones.

Por último, Lakatos, para esbozar una perspectiva de cómo se produce el avance científico, parece hacer referencia, por los ejemplos con los que ilustra sus supuestos, principalmente a la ciencia física (también a la lógica y la matemática). Es posible que la metodología y las normas usadas para juzgarla no sean apropiadas en otras disciplinas, puesto que "no se pueden hacer ensayos experimentales con la gente y las sociedades, sin destruir lo que se está investigando. Los sistemas vivos necesitan de una gran complejidad para funcionar, de modo que se puede esperar que incluso la biología exhiba diferencias importantes con la física. En las ciencias sociales el conocimiento que se produce forma él mismo un componente importante de los sistemas en estudio" (Chalmers, 2003: 138).78

Un filósofo de la ciencia que ha criticado la propuesta de Lakatos ha sido Feyerabend, autor que apuesta por una total anarquía en los procedimientos que deben seguirse en la construcción del conocimiento científico. Feyerabend parte del hecho de que no existe un solo método científico como tal, pues, a lo largo de la historia, en general la investigación ha atacado alguna de sus normas metodológicas; de tal manera que la mayoría de los avances históricos de la ciencia no se ajustan a las teorías planteadas por los filósofos clásicos. "Descubrimos entonces que no hay una sola regla, por plausible que sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión u otra" (Feyerabend, 1986: 7), por lo que si hay que apuntar algún principio del método científico (que en realidad no existe) será el del todo vale, ya que los científicos tienen que seguir sus propios deseos y deben desarrollar su trabajo en un total ambiente de libertad, lejos de todo tipo de prejuicios, supersticiones o restricciones metodológicas, liberando a la sociedad de la camisa de fuerza que supone una ciencia ideológicamente petrificada (Feyerabend, 1986: 307 y ss).

Feyerabend mantiene que la mayor parte de las investigaciones científicas nunca se han desarrollado siguiendo un método racional, por lo que el anarquismo debe reemplazar al racionalismo: de esta manera se alcanzará el progreso intelectual, mediante la creatividad y el propio empuje del científico.

La idea de un método que contenga principios firmes, inamovibles y absolutamente obligatorios para conducir la actividad científica tropieza con graves dificultades cuando se confronta con los resultados de la investigación histórica. Es evidente que tales infracciones no son acontecimientos meramente accidentales, no son resultado de la insuficiencia del conocimiento o de descuido que pudieran haberse evitado (Feyerabend, 1986). En concreto, para este autor, el falsacionismo popperiano impide el desarrollo de teorías alternativas: "El requisito de aceptar sólo aquellas teorías que son consistentes con los hechos disponibles y aceptados nos deja también sin ninguna teoría, pues no existe ni una sola teoría que no tenga una dificultad u otra... El método correcto no debe contener reglas que nos obliguen a elegir entre teorías sobre la base de la falsación. Por el contrario, las reglas de dicho método deben hacer posible elegir entre teorías que ya fueron contrastadas y resultaron falsadas" (Feyerabend, 1986: 49), de ahí que la sumisión a reglas y normas haga, a la larga, estéril el trabajo del científico y, más que una teoría del camino recto, deba escribir una teoría del error. Para él, la ciencia es una combinación de reglas y errores, de lo que se deduce que el científico que trabaja en una situación histórica particular debe aprender a reconocer el error y a convivir con él, teniendo siempre presente que él mismo está sujeto a añadir nuevos errores en cualquier etapa de la investigación.

Feyerabend no pretende abolir todo tipo de normas o demostrar que no tienen valor, sino que trata de ampliar el inventario de reglas y proponer un uso distinto de éstas. En principio, la comunidad científica maneja unas construcciones teóricas determinadas en función de la elección mayoritaria dentro de un extenso grupo de opinantes. No se elige necesariamente la que parece más ajustada a la realidad, pues se mueven en un plano muy abstracto y en la elección influyen factores muy diversos: económicos, políticos, prácticos y aun estéticos (Escohotado, 1987: 478).

Por eso, se apuntaba que el científico no debe trabajar bajo el constreñimiento de la supeditación a un solo método, sino que en función de la investigación se usará una regla u otra según interese e incluso se abandonarán las reglas ya existentes para inventar una nueva (Feyerabend, 1986).

Según Feyerabend, la única regla de contrastación de teorías consistirá en compararlas, no con la experiencia, como sugieren Popper y Lakatos, sino con sistemas teóricos combinados con ésta. "La evidencia relevante para la contrastación de una teoría T a menudo sólo puede ser sacada a la luz con ayuda de otra teoría T', incompatible con T " (Feyerabend, 1986).

Para Martínez Freire (1990), la actitud de Feyerabend es útil para evitar dogmatismos en metodología, pero su radicalidad le lleva a olvidar la existencia de patrones de descubrimiento que son eficaces; las consideraciones de Feyerabend son relevantes en el contexto de la investigación en nuevos campos de estudio, pero no pueden pretender aplicarse a la práctica científica en campos de estudio ya conocidos, en los que la rutina en el uso de reglas es posible.

Feyerabend apunta que la ciencia progresa cuando existe independencia y autonomía en la utilización metodológica, y no sometimiento a normas estrictas de investigación. Blaug (1985: 63) lo resume de la siguiente forma: "Feyerabend no está en contra del método en las ciencias, sino que más bien está en contra del método en general, incluyendo su propio consejo de ignorar todo método". También arremete Feyerabend contra el estatus de la propia ciencia,9 pues ésta no posee ningún rasgo que la haga superior al resto de conocimientos: se le ha atribuido un rango que no le pertenece, un rango cuasi religioso.10 En Diálogo sobre el método, Feyerabend (2000: 85) arremete contra los científicos11 y equipara a la ciencia con otros saberes, como la astrología, ya que para él los ataques que la descalifican como ciencia son infundados: "La astrología constituye también un ejemplo excelente de cómo los ignorantes (es decir, los científicos), con el concurso de otros ignorantes (los filósofos de la ciencia, por ejemplo) corren el riesgo de engañar a todo el mundo" (Feyerabend, 2000: 85). En definitiva, Feyerabend apuesta por el pluralismo metodológico y paradigmático, por la transparencia y por una ciencia humanista y plural. Pero la total libertad de creación que defiende el filósofo no es en la práctica muy factible, puesto que el científico, para hacer una contribución a la ciencia deberá enfrentarse a los trabajos previamente consolidados, por lo que "los caminos abiertos a los científicos en general vendrán delimitados por la situación objetivamente existente, mientras que el camino abierto a un científico en particular estará determinado por el subconjunto de los recursos existentes a los que puede tener acceso. Los científicos serán libres de seguir sus deseos subjetivos sólo en la medida en que puedan elegir entre la serie restringida de opciones que les son posibles. Aún más: les guste o no, los individuos tendrán que hacer una caracterización de la situación con la que se enfrentan como pre–requisito para su comprensión. Bien sean cambios en la ciencia, bien en la sociedad en general, el trabajo teórico principal implica una comprensión de la situación a la que se enfrenta el individuo, y no una llamada generalizada a una libertad sin restricciones" (Chalmers, 2003: 150).

 

APROXIMACIÓN INTEGRADORA AL CONCEPTO DE CIENCIA

Lo que se deduce de todo ello es que no hay un acuerdo general lo suficientemente consolidado sobre qué es la ciencia (Alonso, 2004: 32) y se apunta la necesidad de que, en concreto, las ramas sociales deben alcanzar un cierto consenso, que todavía no se ha producido, "a pesar de la prolífica actividad investigadora desarrollada por el estudio social de la ciencia, emprendida en un clima general de creciente escepticismo por lo que respecta a los logros y afirmaciones de las ciencias naturales" (Woolgar, 1991: 13). Una de las razones que explicaría la falta de acuerdo en la conceptualización de la ciencia es que se trata de una realidad muy compleja que contiene aspectos nada triviales, de modo que resultan diferentes imágenes de ella según se centre la atención en un rasgo u otro (Alonso, 2004: 333): "Podría decirse que resulta difícil hacerse con la verdadera naturaleza de la ciencia debido al hecho de que ésta es un organismo complejo y cambiante" (Woolgar, 1991: 31).

En una sucinta aproximación integradora de todo lo expuesto hasta ahora, el conocimiento científico podría identificarse como aquel conjunto de saberes12 que deben poder ser falsables y que serán sometidos al dictamen empírico (mediante la observación o experimentación), pero también aquellos conjuntos de saberes racionales que están desarrollados en función de un principio que les confiere coherencia interna y, por tanto, estos últimos no deben estar comprobados necesariamente en el mundo de la experiencia (aunque sí metódica y sistemáticamente); conjunto de conocimientos que son programas de investigación, en el sentido de que cuentan con una serie de hipótesis y teorías muy generales que son asumidas por la comunidad científica, además de la especial valoración e importancia que tienen las formulaciones capaces de establecer predicciones frente a las que no permiten la inferencia de resultados futuros. Una historia de la ciencia que viene marcada por los cambios en las concepciones de la realidad, transformaciones que en ocasiones son tremendamente radicales, hasta tal punto que una visión del mundo, en una época determinada, puede estar enfrentada a su antecesora o predecesora.

En palabras de Ferrater Mora (1994: 545), el saber científico es un "saber culto13 o desinteresado, que es un saber teórico, susceptible de aplicación práctica y técnica, que es un saber riguroso y metódico".14 De esta manera, la ciencia quedaría entendida como aquella forma de conocimiento que aspira a formular, mediante lenguajes rigurosos y apropiados, leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos, leyes que tienen en común:

Ser capaces de describir series de fenómenos; ser comprobables por medio de la observación de los hechos y de la experimentación; ser capaces de predecir (ya sea mediante predicción completa, ya mediante predicción estadística) acontecimientos futuros. La comprobación y la predicción no se efectúan siempre, por lo demás, de la misma manera, no sólo en cada una de las ciencias, sino también en diversas esferas de la misma ciencia. En gran parte dependerá del nivel de las diferentes teorías. En general, puede decirse que una teoría científica más comprensiva obedece más fácilmente a requerimientos de naturaleza interna a la estructura de la propia teoría (simplicidad, armonía, coherencia...) que a una teoría menos comprensiva (Ferrater Mora, 1994: 545).

En este punto, quisiera recoger la conceptualización de ciencia esbozada por Omnes (2000), que supera brillantemente esa falta de consenso aludida y que se encuentra en sintonía con las aseveraciones de Alonso (2004), cuando asegura este último que la ciencia es una selección de aspectos de la realidad, por lo que no es un saber que abarque el mundo en su plenitud. En principio, para Omnes, la ciencia es simplemente una representación de la realidad, "un cuadro abstracto, codificado y, no obstante, fiel" (Omnes, 2000: 273). Obviamente, no se trata del único tipo de representación de los que dispone el hombre (puesto que también existen las poéticas o ideológicas), pero sí de aquel en el que "la coherencia lógica se ha convertido en un carácter mayor, desde el momento en que ésta aspira a una coherencia completa" (Omnes, 2000: 274), coherencia que perpetuamente se pregunta a sí misma, otorgando gran valor a la revelación de la incoherencia y que se transforma gracias, en gran medida,15 a las revoluciones (Omnes, 2000: 280 y 281).

Esta actividad científica, que usa un método científico (entendido como el procedimiento para contrastar hipótesis) para alcanzar sus logros y cuyos resultados conforman esa cosa llamada ciencia,16 tiene una serie de características específicas y diferenciadoras. En concreto, el conocimiento17 que conforma las ciencias fácticas18 es (Bunge, 1981; Alonso, 2004 y Sierra Bravo, 2001):

• Fáctico; esto es, parte de los hechos,

• Teórico en su origen y en su fin. Con ello se quiere decir que su punto de partida es, en general, una teoría previa o un conjunto racional y sistemático de ideas sobre la realidad de que se trate.

• Analítico, porque no aborda los problemas desde una perspectiva general, sino que analiza sus componentes y las interrelaciones que se establecen entre ellos.

• Claro y preciso. En cambio, el conocimiento ordinario es vago e impreciso, no trata de consolidar justificaciones exactas o mediciones afinadas, porque, como señala Bunge (1981: 21), "si éstas nos preocuparan demasiado, no lograríamos marchar al paso de la vida".

• Comunicable, ya que debe estar abierto a la comunidad científica para que sea sometido a posibles verificaciones, refutaciones, etc.

• La investigación científica es metódica, puesto que el investigador sabe lo que busca (define su objeto de estudio) y también sabe cómo encontrarlo (Bunge, 1981: 24).

• Sistemático, pues presenta un conjunto de ideas interrelacionadas y "se organiza mediante hipótesis, leyes y teorías" (Alonso, 2004: 31).

• General, ya que ubica los hechos singulares en pautas generales y los enunciados particulares en esquemas amplios. "No es que la ciencia ignore la cosa individual o el hecho irrepetible: lo que ignora es el hecho aislado. Por esto, la ciencia no se sirve de los datos empíricos (que siempre son singulares) como tales; éstos son mudos mientras no se los manipula y convierte en piezas de estructuras teóricas" (Bunge, 1981: 27).

• A pesar de esta universalidad, el conocimiento científico también es provisional, dado que la actividad racional que lo produce aporta conjeturas, no verdades absolutas; la ciencia no se reduce a métodos y demostraciones impersonales: las pruebas se sitúan en contextos históricos sometidos a modificaciones y que pueden incluir factores ideológicos (Alonso, 2004: 43–44).

• Crítico, pues según Sierra Bravo (2001: 21), constantemente se somete a crítica o examen y juicio todas sus fases, operaciones y resultados, o lo que es lo mismo, a contraste y verificación.

• Esencialista, porque busca leyes (de la naturaleza y de la cultura) y las aplica, insertando lo particular en las denominadas leyes naturales o sociales.

• Explicativo, porque trata de explicar los hechos mediante leyes, y éstas en principios (aún más generales que las leyes). Es decir, intenta explicar lo particular a través de una formulación general. La explicación no se queda en la mera descripción, sino que llega incluso a responder por qué ocurren los hechos de una forma determinada, por lo que quizá sea preferible caracterizar a la ciencia, no como una acumulación de conocimientos en sentido estricto (lo que implicaría un cierto estatismo anticientífico),19 sino más bien como una indagación persistente y temerariamente crítica (Alonso, 2004: 32), basada en conocimientos previos, que no tienen por qué ser incorruptibles.

• Predictivo, pues "trasciende la masa de los hechos de experiencia, imaginando cómo puede haber sido el pasado y cómo podrá ser el futuro" (Bunge, 1981: 31).

• Útil, por su búsqueda de la verdad.

En relación con este último rasgo del conocimiento científico apuntado, existe un acuerdo en que el objetivo de la ciencia es conocer el universo en su totalidad, aunque se sabe que esta empresa es difícilmente alcanzable y, por ello, el quehacer científico simplifica el mundo, seleccionando una serie de rasgos de éste, porque no es posible establecer un sistema general de todo el universo que plasme la estructura de la realidad entera. Pero ello no significa que no puedan establecerse verdades científicas: "Cuando las construcciones científicas están bien comprobadas, poseen una verdad que, si bien es contextual, y por tanto, parcial, también es una verdad auténtica" (Alonso, 2004: 38 y 47).

Precisamente, por no ser el saber científico omniabarcante, no puede ambicionar ser un saber absoluto (Alonso, 2004: 49), ni tampoco ser el único saber certero, puesto que el científico puede caer en el cientificismo, es decir, creer que sólo mediante la ciencia se puede conocer, desestimando el resto de tipologías del conocimiento. Esto resulta peligroso, ya que no hay nada más anticientífico que el cientificismo: "Quien cree que sólo la ciencia aporta genuino conocimiento no puede sin más reconocer que esta misma posición es ideológica, es decir, que no es científica" (Alonso, 2004: 14).

La cualidad que sí se puede asignar al conocimiento científico es que, aunque esté influido por el conocimiento común, lo supera y sobrepasa porque no le basta la captación de lo externo, ni el sentido común, puesto que existen fenómenos que no se captan en el nivel perceptivo, por lo que el conocimiento científico profundiza y va más allá del conocimiento ordinario.

En relación con estos dos tipos de conocimiento (común y científico), Heller (1991: 343), retomando la diferenciación platónica entre la doxa (opinión) y la episteme (saber filosófico o científico), apunta que la doxa no puede ser separada de la acción práctica, porque en ella está única y exclusivamente su verdad: "Pero no en la praxis como totalidad y ni siquiera en un conjunto relativamente grande de acciones; su verdad, por el contrario, se muestra cada vez en tipos particulares de acciones concretas conseguidas". Ahora bien, "los fragmentos particulares del saber doxa no se relacionan entre ellos, sino que están siempre referidos solamente a una determinada praxis y el eventual contacto recíproco es muy efímero" (Heller, 1991: 344). Es decir, que ese conocimiento no puede generalizarse a un cúmulo de eventos más numeroso, porque se refiere principalmente a la realidad aludida, por lo que se establecen numerosas verdades, casi tantas como realidades sugeridas. Esta sería la principal diferencia con el saber episteme, cuyos fragmentos particulares sí se encuentran interrelacionados y hacen alusión, pueden ser extrapolados, a una representación más general: "La episteme, por el contrario, no constituye nunca un saber relativo a una sola cosa, sino que es un saber sobre una cosa en relación con otras cosas (conjuntos)" (Heller, 1991: 344). Por ello, el saber episteme profundiza en mayor medida en el conocimiento de la realidad porque no trata sus partes de manera aislada. En esta capacidad de interconexión reflexiva se detecta uno de los principales valores de la episteme, deudora en su origen de la doxa, puesto que aquella "surge allí donde puede ser puesto en discusión el contenido del saber recibido" (Heller, 1991: 345).

En este sentido, Popper (2003: 149) expone los diferentes tipos de conocimiento, concretamente tres: en primer lugar, el esencialista (doctrina de las esencias; es posible hallar la verdad); en segundo, el instrumentalista (corriente que rechaza a la esencialista; la teoría no describe nada, sino que es un instrumento, por lo que no puede ser verdadera, sólo conveniente, simple, poderosa..); por último, aquel conocimiento al que aspira el científico, que es al de una verdadera descripción del mundo o de algunos de sus aspectos; ahora bien, la diferencia principal con la perspectiva esencialista es que la "verdadera descripción del mundo" se presenta como una aspiración, como un objetivo, no como una realidad alcanzable, de ahí que el investigador nunca pueda saber con certeza si sus hallazgos son verdaderos, aunque a veces pueda demostrar que una teoría es falsa (Popper, 2003: 150). Otra de las diferencias principales de este tercer tipo de conocimiento con el esencialismo es que niega la existencia de realidades esenciales (Popper, 2003: 150–151), ya que no existe una única realidad última, sino que una teoría es un intento por describir el mundo y debe ser considerada junto a esas otras teorías: "Así, nos vemos conducidos a considerar a todos esos mundos, incluyendo nuestro mundo ordinario, como igualmente reales; o mejor, quizás, como aspectos o capas igualmente reales del mundo real" (Popper, 2003: 150–151).

Por lo tanto, se reconoce que la ciencia es un medio valioso para el desarrollo del conocimiento humano, pero tiene sus límites, porque ninguna ciencia es capaz de abarcar toda la realidad y explicarla: el conocimiento científico no agota la realidad: tan sólo intenta explicar cómo funciona ésta y sólo en el dominio en que es competente la disciplina científica (Alonso, 2004: 13 y 38).

En definitiva, la ciencia sería un saber racional, sistemático, metódico, crítico, parcial y, por ende, selectivo; una representación que es sometida al propio dictamen de la experiencia o de la racionalidad y la coherencia, y que trata de entender la realidad en toda su complejidad, no reflejándola tal cual es, sino indagando en las causas y en los porqués de los eventos que conforman el mundo de la experiencia. Así también lo expresa Bunge (2002: 15): "De los científicos se espera que exploren el mundo a fin de entenderlo. Preguntan, responden y argumentan. Observan los hechos (naturales, sociales o mixtos) e inventan hipótesis para explicarlos o predecirlos. Clasifican y construyen sistemas de hipótesis, vale decir, teorías de diversos grados de profundidad y extensión. Verifican los datos y las conjeturas para averiguar si esas hipótesis son al menos aproximadamente verdaderas. Inventan técnicas para recolectar, controlar y procesar datos. Y argumentan sobre proyectos y descubrimientos, amplios o limitados".

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

De todo lo anterior se deduce que a partir de la aproximación general, ofrecida desde la filosofía de la ciencia moderna, cada disciplina deberá trazar sus particularidades: objeto de estudio, niveles de análisis, áreas de investigación prioritarias... También se apunta la idoneidad de definir programas de investigación en el sentido descrito por Lakatos, para que los investigadores no pasen de un tema a otro sin mayor discernimiento.

En relación con la tarea epistemológica que debe llevar a cabo cada disciplina de manera particular, resulta interesante la defensa que realiza Donsbach (2006) de la necesidad de definir la identidad de la investigación en el área que se trate.20 Argumenta dos motivos principales para llevar a cabo dicha defensa: extrínsecamente, para competir con el resto de las disciplinas científicas en la obtención de fondos públicos con los que sufragar las investigaciones; intrínsecamente, para contar con una plataforma común que propicie la acumulación del conocimiento aceptado (Donsbach, 2006: 443), porque tal y como se ha desarrollado en este artículo, en los periodos de ciencia normal el crecimiento del conocimiento científico se produce de manera acumulativa, acumulación que ha sido menos evidente en las ciencias sociales que en las naturales.

Sobre la aproximación conceptual a la ciencia, se ha mantenido, a lo largo de este trabajo, la necesidad de superar la perspectiva positivista que definía el conocimiento científico únicamente como el que es sometido a una rigurosa comprobación experimental, dado que se apunta, sin caer en una simplificación excesiva, que un enunciado científico también es aquel que es sistemático, metódico, racional, coherente y que está ordenado en función de un principio que le confiere una importante cohesión interna.

Por último, es necesario superar el complejo de inferioridad que históricamente han tenido las ciencias sociales frente a las naturales, dado que las primeras se presentan como unos tipos de conocimientos claves para entender la complejidad que caracteriza a la contemporánea sociedad de la información: la comprensión del hombre y de la sociedad debe ser, hoy más que nunca, una cuestión prioritaria dentro de los programas nacionales e internacionales de investigación y desarrollo.

 

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NOTAS

1  En realidad, Bell habla de la sociedad postindustrial, dado que la obra aludida salió publicada en la década de los 70. Según Castells (1997), la sociedad postindustrial ha sido reemplazada por una sociedad de la información.

2 Aunque sabemos que en dicho modelo no están incluidos todos por igual (países, individuos o actividades), sino principalmente aquellos sectores y actividades que generan riqueza al sistema, conformando lo que se ha denominado como el espacio de flujos (Castells, 1997: 409 y ss.).

3 Reclamar este carácter único sería caer en lo que se ha denominado cientificismo, y no hay nada más anticientífico que el cientificismo (Alonso, 2004: 14). Esta cuestión queda desarrollada en el apartado titulado "Aproximación integrad ora al concepto de ciencia".

4 Según ese concepto lato de ciencia, también la teología puede ser calificada como "corpus científico". Y, de hecho, así es: la teología posee sus criterios de veracidad científica, su coherencia interna, etc. (consúltese, para ello, un manual de teología sistemática). Ahora bien, no cualquier argumentación cabe en la teología (si continuamos con este ejemplo), dado que lo que en ella se dice ha de estar metodológica y sistemáticamente contrastado. Aunque obvio, es necesario diferenciar a la teología como disciplina científica de los meros actos de fe. Para que exista la ciencia tiene que haber conocimiento obtenido a través de uno o varios métodos contrastados, ordenado sistemáticamente, sometido a crítica racional y a principios unitarios. Todo eso no está ausente del acto de fe, pero tampoco lo constituye. El acto de fe parte de la experiencia religiosa y tiene por objeto la relación con Dios, no la construcción de un "corpus" de enunciados científicos. El acto de fe (religioso) no está, efectivamente, en el mismo orden que el enunciado científico. Pero es que esta disparidad se da, incluso, entre el acto de fe y el enunciado teológico. La auténtica disparidad se encuentra entre el conocimiento pre–científico y el científico. La experiencia religiosa se encuentra en el primer orden (conocimiento pre–científico), no porque no sea real o no apunte a objetos reales, sino porque no está metodológicamente asentada ni sistemáticamente ordenada, etc. Puede incluso ser más válida que un enunciado científico; pero no es un enunciado científico.

5 Por ejemplo, en el ámbito concreto de la Comunicación, se está apuntando hacia "una situación pluriparadigmática. Se produce la coexistencia de teorías alternativas que no necesariamente son complementarias; pueden ser incluso contradictorias. Todo lo dicho no resta valor a las teorías y los paradigmas clásicos; yo diría que simplemente les resta su valor absolutista" (Rodrigo, 2001: 144).

6 Lakatos enmarca la actividad científica en los programas de investigación, dado que considera que la formulación de teorías e hipótesis no se realiza en solitario, de manera independiente, sino que debe ser entendida en un contexto determinado.

7 Curiosamente, la crítica proviene de Chalmers, cuando él mismo, en la obra aludida, ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, a pesar de que se refiere a la ciencia en general, reconoce finalmente que lo que realmente ha tratado es esclarecer qué son las ciencias físicas (Chalmers, 2003: 236).

8 Permítaseme, para ilustrar esta cuestión, volver al caso concreto de las ciencias de la comunicación, cuyo objeto de estudio (la comunicación) es activo, dinámico e incluso único, por lo que someterlo a una experimentación exhaustiva y fuertemente controlada podría suponer una transgresión a su propia naturaleza, aunque, en este sentido, lo filosóficamente relevante es que los experimentos en ciencias sociales son posibles (Bunge, 2002: 29).

9 De hecho, hablará de ciencia mortuoria (Feyerabend, 2000: 36).

10 Define a la ciencia como "nuestra religión favorita" (Feyerabend, 2000: 25).

11 En concreto, los filósofos de la ciencia no salen bien parados de este envite: "La filosofía de la ciencia no ayuda a las ciencias, tergiversa sus procedimientos, afronta problemas nacidos sólo de planteamientos equivocados, engaña gravemente a la gente y malgasta millones de dinero público. El predominio del racionalismo crítico en Alemania, con el consecuente estancamiento de las tareas de investigación, constituye, una vez más, un buen ejemplo" (Feyerabend, 2000: 117).

12 Esto no se refiere a que el saber científico sea, en sentido estricto, acumulativo, "sino que se suponen muchas reinterpretaciones de los resultados anteriores a la luz de las ideas actuales, que a su vez están sujetas a críticas posteriores" (Alonso, 2004: 42).

13  Caracterizado como el opuesto al saber común, ordinario o vulgar (Ferrater Mora, 1994: 545).

14 El saber cotidiano es aquel que se adquiere en la experiencia cotidiana; se trata de conocimientos inconexos entre sí, a veces superficiales, constituidos por una yuxtaposición de casos y hechos. Es el modo común, corriente y espontáneo de conocer que se adquiere en el trato directo con los hombres y con las cosas; es ese saber que llena nuestra vida diaria y que se posee sin haberlo buscado o estudiado, sin aplicar un método y sin haber reflexionado sobre algo (Ander Egg, 1990). Se caracteriza por ser predominantemente superficial, sensitivo y subjetivo, no sistemático y acrítico. Ahora bien, esto no significa que ambos, el saber pre–científico y el culto, se encuentren claramente diferenciados y no se establezcan numerosas interrelaciones entre ambos. De hecho, Mario Bunge (1983) señala que la ciencia crece a partir del conocimiento común y le rebasa con su crecimiento.

15  Esta matización se origina porque, como se ha expuesto, Kuhn habla del avance científico en los periodos de ciencia normal (en la que el saber sería acumulativo) y en los cambios revolucionarios, que sería la sustitución del paradigma dominante (cambio en los parámetros del saber).

16 Además, la ciencia no es únicamente un cúmulo específico de saberes, sino que, al tratarse de una actividad reflexiva llevada a cabo por seres humanos, sería una auténtica actividad social determinada; la comunidad científica, un grupo social específico, y el conocimiento científico, un discurso social idiosincrásico (Iranzo, 2000).

17 "Las características básicas de que goza la ciencia son las mismas que se atribuyen al conocimiento científico, ya que, en definitiva, son una sola y misma cosa (uno es el resultado de la actividad y la otra es la actividad humana que lo produce)" (Alonso, 2004: 31).

18 Una de las clasificaciones clásicas de las ciencias es aquella que distingue entre las ciencias abstractas (la lógica y la matemática) y las fácticas (las ciencias naturales y sociales), aunque sabemos que ambos conjuntos de saberes no están claramente separados, de ahí la máxima moderna de que el libro de la naturaleza debe ser leído en lenguaje matemático.

19 Además, como ha apuntado Lakatos, describir a la ciencia como un avance progresivo es erróneo, puesto que también se producen errores y regresiones. En este sentido, uno de los principales procesos de crisis en los que se ha visto envuelta la modernidad es el derrumbamiento de la creencia en la ciencia y en la razón, cuestiones a las que han contribuido los desastres que en ocasiones ha generado el avance científico.

20 Concretamente, el autor se refiere a la investigación en comunicación.

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