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domingo, 27 de marzo de 2022
Diferencias y similitudes en las teorías del crecimiento económico
La conciliación entre virtud y comercio en Adam Smith
La conciliación entre virtud y comercio en Adam Smith
Ruth Pustilnik CIECE.
Universidad de Buenos Aires1
rpustil@hotmail.com
Revista Cultura Económica
Año XXXIX N°101
Junio 2021: 85-103
https://doi.org/10.46553/cecon.39.101.2021.p85-103
Resumen: En este artículo mostraremos que de acuerdo con Adam Smith, virtud y comercio se estimulan mutuamente de forma mecánica y acumulativa. Aunque podríamos pensar que son cuestiones contrapuestas porque la actividad comercial persigue el lucro y no la virtud, veremos que Smith no solo concilia ambas cuestiones, sino que muestra que son complementarias, que una requiere a la otra y la refuerza. Para demostrarlo comenzaremos por tratar la naturaleza propia de este mecanismo que vincula virtud y comercio, diferenciándolos de otros mecanismos. Para ello trabajaremos la noción de consecuencias no intencionales que propone Merton y los aportes de sus continuadores. Luego, aplicando esta concepción mertoniana, reconstruiremos el mecanismo económico según el cual Adam Smith vincula virtud y comercio. Finalmente, concluiremos haciendo un análisis detallado de la prudencia en tanto virtud que promueve y a la vez es promovida por el comercio.
Palabras clave: Adam Smith; Consecuencias no intencionales; Virtud; Comercio
The conciliation between virtue and commerce in Adam Smith
Abstract: In this article we will show that according to Adam Smith, virtue and commerce stimulate each other mechanically and accumulatively. Although we might think that they are opposing questions because commercial activity pursues profit and not virtue, we will see that Smith not only reconciles both question, but also shows that they are complementary, that one requires the other and reinforces it. To demonstrate this, we will begin by treating the own nature of this mechanism that links virtue and commerce, differentiating them from other mechanisms. To show this, we will work on the notion of unintended consequences proposed by Merton and the contributions of his co-workers. Then, applying this mertonian conception, we will reconstruct the economic mechanism according to which Adam Smith links virtue and commerce. Finally, we will conclude by doing a detailed analysis of prudence as a virtue it promotes and the same time is promoted by trade.
Keywords: Adam Smith; Unintended consequences; Virtue; Trade
Recibido: 14/05/2021 – Aprobado: 03/06/2021
1 Miembro del Centro de Investigación de Epistemología de las Ciencias Económicas (CIECE).
Facultad de Ciencias Económicas (FCE). Universidad de Buenos Aires (UBA).
I. Introducción
En la obra de Adam Smith se fusionan dos tradiciones respecto de la manera de concebir la sociedad. Por un lado, una tradición que podríamos denominar “clásica” que remonta a la antigüedad en la cual la concepción de la sociedad implica o está implicada en una moral y, por otro lado, una tradición moderna en la cual la sociedad es concebida como algo que requiere ser explicado a través un mecanismo que es independiente de la moral. En este artículo mostraremos que en la obra de Smith se fusionan ambas tradiciones respecto de la manera de concebir la sociedad. Veremos que en la obra del autor, por una parte, existe una cierta moral de la virtud, la cual se liga al comercio, a través de una virtud específica que interviene en este. Por otra parte, según nuestro autor esta virtud y el comercio se estimulan uno al otro de forma mecánica y acumulativa, satisfaciendo de este modo la aspiración a una ciencia social mecanicista. Aunque podríamos pensar que son cuestiones contrapuestas porque la actividad comercial persigue el lucro y no la virtud, veremos que Adam Smith no solo concilia ambas cuestiones, sino que muestra que son complementarias, que una requiere a la otra y la refuerza. Para mostrar esto comenzaremos por tratar la naturaleza propia de este mecanismo que vincula virtud y comercio diferenciándolos de otros mecanismos. Para ello trabajaremos la noción de consecuencias no intencionales que propone Merton y los aportes de sus continuadores. Luego, aplicando esta concepción mertoniana, reconstruiremos el mecanismo económico según el cual Adam Smith vincula virtud y comercio. Finalmente, concluiremos haciendo un análisis detallado de la prudencia en tanto virtud que promueve y a la vez es promovida por el comercio.
1. La naturaleza específica del mecanismo económico
Se suele indicar que, de acuerdo a Smith, de las acciones “egoístas” de los agentes económicos, a través de un cierto mecanismo, se arriba a un resultado beneficioso para toda la sociedad. Una primera reflexión crítica que podemos hacer sobre esta difundida manera de concebir la economía smithiana, consiste en detenernos sobre la diferencia entre los mecanismos naturales y aquellos mecanismos sociales que presupone Smith.
Se ha sostenido que en Adam Smith subyace una concepción naturalista, para algunos, mecanicista newtoniana; para otros, mecanicista evolucionista del tipo darwiniana. Creemos que es posible que Adam Smith se haya inspirado en Newton1 de modo general y también es posible encontrar algunos rasgos evolucionistas que pueden asimilarse al posterior pensamiento darwiniano. Sin embargo, cuando se intenta aplicar esas metodologías, no ya en forma general, sino de manera concreta a la obra de Smith, tales intentos naufragan. Smith sostiene que los precios de mercado gravitan en torno a los precios naturales. Sin embargo, el mismo Smith no ahonda en la comparación con el comportamiento planetario. Quien sí lo hace es Lord Kames2, quien se pregunta: “¿Puede el hombre posiblemente ser un libre agente algo más de lo que pueda ser un planeta girando en su órbita?” Y si esto es así, afirma el autor: “¿qué deviene de su propagada moralidad que presupone la libertad de elección?” Su respuesta es la que sigue: “en cuanto el hombre es gobernado por las leyes de la naturaleza, que es la ley de su propia naturaleza, sus acciones son estrictamente causadas como cualquier movimiento de los planetas” (Lord Kames, 1971: 54).
Ahora bien, si analizamos la analogía con detalle vemos que muy difícilmente sea aplicable a Adam Smith. Como veremos, una característica central que el autor atribuye a la naturaleza humana es que el hombre busca mejorar su propia condición. En ese sentido no es pasivo como podría serlo un planeta. Y, del mismo modo, la competencia, si bien conduce a un resultado no intencional, implica una búsqueda activa y reflexiva del hombre.
Por otra parte, cuando Smith refiere su admiración por Newton nos dice:
Tal el sistema de Sir Isaac Newton, un sistema cuyas partes están más estrechamente conectadas que las de ninguna otra hipótesis filosófica. Si se admite este principio, la universalidad de la gravedad, y que disminuye como incrementa el cuadrado de la distancia, todas las apariencias que une a través de él se siguen necesariamente (Smith, 1998: 111).
Pero Smith nunca sostiene que esto sea aplicable a su teoría moral o su teoría económica. A diferencia del principio de atracción gravitatoria newtoniana, Smith no pretende enunciar un principio con tal nivel de precisión para ninguna actividad humana.
Asimismo, encontramos dificultades insalvables a la hora de analizar con detalle la posibilidad de interpretar el método de Smith a través del evolucionismo darwiniano. Tal como afirma Bellolio:
Lo que funciona para la vida económica no funciona en el campo de la biología. La corriente principal de la teoría de la evolución explica que las mutaciones a nivel genotípico no tienen ninguna relación con las necesidades presentes, el interés propio o las ventajas competitivas del organismo en cuestión. No hay espacio para decisiones conscientes. A nivel genotípico, el azar es el principio rector. Por azar se entiende, en este sentido, que las mutaciones genéticas se producen con independencia del eventual beneficio derivado para el organismo (Bellolio, 2019: 21).
Acabamos de mostrar las dificultades que encontramos en dos formas posibles de interpretación mecanicista de la obra de Smith. Sin embargo, entendemos que, en efecto, en la obra del autor subyace algún tipo de mecanicismo, pero este no es idéntico o asimilable al de las ciencias naturales. Smith gestó un nuevo método o forma explicativa, mecanicista, pero específica para una ciencia social. Este método, como veremos a continuación, puede ser asimilado a la concepción mertoniana de consecuencias no intencionales de la acción.
2. Las consecuencias no intencionales de Merton
La noción de consecuencias no intencionales fue abordada por Merton en su conocido artículo de 1936 “Las consecuencias no anticipadas de la acción social intencional”, el cual fue continuado y profundizado contemporáneamente en distintas ramas de las ciencias sociales, como la sociología y la economía.
Merton nos provee de un sistema conceptual que permite clasificar las acciones intencionales respecto de las posibilidades que tiene el actor social de anticipar las consecuencias de su acción. Para ello divide las posibilidades de acción social en dos clases: (a) no organizadas (b) formalmente organizadas. Lo que caracteriza a las acciones formalmente organizadas es que los actores sociales persiguen un objetivo común formalmente explicitado. Por el contrario, en las acciones no organizadas los actores no se proponen perseguir un objetivo en común. En los dos casos pueden ocurrir consecuencias no anticipadas.
El autor menciona tres motivos por los que las acciones de los actores sociales pueden producir consecuencias no intencionales o no anticipadas: (1) Por falta o dificultad en el conocimiento de alguno de los múltiples factores que intervienen. En ese caso la posibilidad de anticipar el resultado de la acción tiene dificultades de tipo probabilístico. (2) Un segundo motivo por el que pueden generarse consecuencias no intencionales o no anticipadas de la acción es por un error de evaluación de la situación por parte del actor social. Por ejemplo, puede actuar como lo hizo anteriormente, por costumbre o hábito, sin percatarse que algún aspecto de la situación objetiva cambió. (3) Un tercer motivo es la preponderancia del interés más inmediato por sobre ulteriores consecuencias de su acción. Merton cuando explica este tercer motivo, refiere explícitamente a Smith, aunque sin desarrollarlo:
La doctrina económica clásica según la cual el individuo que se esfuerza por emplear su capital donde sea más rentable para él y, por lo tanto, tiende a hacer que los ingresos anuales de la sociedad sean los más grandes posibles es, para citar a Adam Smith, dirigido “por una mano invisible a promover un final que no era parte de su intención”, puede servir como ejemplo de un interés económico que conduce a esta secuencia (Merton, 1936: 902).
A esta taxonomía de Merton debemos sumar tres elementos más que han sido propuestos por los continuadores de su enfoque3, a saber: el aspecto cognoscible de los resultados de la acción, el aspecto deseable de los mismos y la descripción del aspecto interno. El “aspecto cognoscible” refiere a si el fenómeno no intencional puede ser conocido de forma anticipada por el teórico o por el individuo, el aspecto “deseable”, refiere a si favorece o no a algunos individuos o a todos y “la descripción del aspecto interno” se refiere a la explicación sobre cómo o de qué forma específica, determinadas acciones intencionales llevan a determinadas consecuencias no intencionales específicas.
Este último aspecto describe el contenido interno del mecanismo, sin limitarse solo a describir su punto de partida y de llegada. Tal como lo define Cristiano, el aspecto interno pretende ser explicativo porque:
La clasificación [tradicional] aborda, sin embargo, sólo, el aspecto externo del fenómeno. Nos dice genéricamente “qué son” consecuencias no intencionales, cuáles son sus principales manifestaciones, pero aporta poco al esclarecimiento de cómo se producen, esto es, cómo se disponen4 acciones e interacciones para dar lugar a resultados no intencionales (Cristiano, 2011: 361).
Como veremos a continuación, la preponderancia del interés más inmediato, sumado a estos tres elementos están presentes en el mecanismo económico smithiano, ya que Smith sostiene que los resultados no intencionales de la acción son cognoscibles por el teórico, que estos son además deseables y describe también el aspecto interno de este mecanismo.
II. Mecanismo económico smithiano, acción recíproca entre virtud y comercio
Esta sección trata de cómo funciona internamente el mecanismo económico, abriendo la “caja negra” del mecanismo smithiano. Es común referirse al mecanismo económico a través de la metáfora de la “mano invisible”. Esto aparenta transformar el mecanismo económico en una especie de “caja negra”, cuyo funcionamiento desconoceríamos. Mostraremos que esto no es cierto y que el propio Smith nos proporciona una descripción detallada de los “engranajes” internos del mecanismo económico. En nuestro trabajo, hemos postulado la naturaleza específicamente social de este mecanismo (sección I), y en esta sección intentaremos una reconstrucción detallada del funcionamiento del mecanismo smithiano, que comienza con la acción egoísta5 y desemboca en las acciones prudentes de los agentes a través de las cuales la sociedad alcanza un beneficio en su conjunto.
Se dice que según Smith el hombre es egoísta, pero como consecuencia de las acciones motivados por ese egoísmo la sociedad obtiene un beneficio. Esto es solo parcialmente correcto.
Mostraremos que del proceso que resulta del desarrollo del comercio no se debe a un egoísmo desenfrenado sino un egoísmo guiado por una virtud: la prudencia o parsimonia. Mostraremos también que este mecanismo no se ajusta a una explicación que busque una causa primera, sino a un proceso cuyos componentes son muy pequeños al principio, casi insignificantes, y su misma interacción es la que les da entidad.
Esquemáticamente el sistema de Smith parte de tres propensiones naturales comunes a todos los hombres pero que se encuentran aún, antes del desarrollo del comercio, en un estado incipiente o poco desarrollado: la propensión a mejorar su propia condición, la propensión a intercambiar y una virtud natural, que tienen solo algunos de ellos: la prudencia. Smith sostiene que la búsqueda individual por mejorar su propia condición, lleva al individuo a buscar la actividad más redituable, esto conduce a la división del trabajo. Pero la división del trabajo requiere a su vez de la generación de un cierto capital, lo cual no es posible sino a condición de que individuo posea algún grado de prudencia. Finalmente, la división del trabajo, el mercado y la acumulación de capital, a través de un cierto mecanismo que describiremos, genera el mayor rendimiento para la sociedad en su conjunto.
Siguiendo la conceptualización mertoniana que hemos visto en la sección anterior, podemos describir este mecanismo que, según Smith, genera este proceso en los propios términos que utilizan ese autor y sus seguidores. El interés primordial e inmediato del individuo es la búsqueda por mejorar la propia condición. Esto dará como resultado, a través de un mecanismo económico, una mejora de la condición de la sociedad en su conjunto debido al aumento de la producción de bienes. Un resultado deseable para todos y no intencional. Finalmente, como describiremos a continuación, la competencia es el aspecto interno del mecanismo, en el que la acción intencional conduce al resultado no intencional. El que podamos describir el aspecto interno del mecanismo y que se pueda aseverar que su resultado es deseable, muestra que este resultado es cognoscible para el teórico.
Todos estos factores que intervienen en el proceso descripto son muy pequeños en el comienzo, pero se irán incrementando a través de la interacción. Estos factores no solo se modifican entre sí, cuantitativamente sino también cualitativa o conceptualmente. Smith no busca un fundamento último de la sociedad ni una explicación causal –pese a que eso pareciera indicar el título de su obra Investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones–, sino que explica el proceso por el que se desarrolla la sociedad comercial. Cada uno de los factores que intervienen interactúa con otro, en un proceso acumulativo que se acelera. Un ejemplo de ello, es la modificación cualitativa o conceptual que se opera en la prudencia. Esta tiene múltiples y variados rasgos, los cuales son descriptos en La teoría de los sentimientos morales (TSM), pero en su interacción con el comercio, se transforma en un concepto más estrecho pero aún virtuoso.
En el libro I de La riqueza de las naciones (RN) Smith nos dice que el ser humano tiene por naturaleza una tendencia a intercambiar, y supone también que es natural al hombre intentar mejorar su propia condición, es este su interés más inmediato. El ser humano encuentra que la división del trabajo le permite mejorar su propia condición, ya que obtiene más dedicándose a una sola actividad y luego intercambiando, que produciendo él mismo todo lo necesario para su vida. Pero, nos señala el autor, que el hombre para poder dedicarse a una sola ocupación necesita al menos contar con los medios que le permitan sobrevivir mientras produce, hasta que esté terminado el producto y logre intercambiar este por el resto de las cosas necesarias para su vida. Este primer capital será muy escaso y poco sofisticado. Tal como adelantamos, este factor comienza siendo muy pequeño, casi insignificante. Consistirá mayormente en la comida que consumirá en el lapso de tiempo que requiere para elaborar e intercambiar lo que produce y eventualmente alguna herramienta muy básica. Sin embargo, con ese poco alcanza, tal como dice: “Cuando se ha ganado un poco, fácilmente se consigue más: la gran dificultad estriba en conseguir ese poco” (Smith, 2012: 91). Aunque, quien no cuente con al menos un pequeño capital no podrá disfrutar de las ventajas de esa primitiva división del trabajo. El capital es entonces, condición necesaria para la división del trabajo. Pero debemos esperar al libro II para que Smith nos diga de qué depende que algunas personas puedan proveerse o acumular ese primer capital. Allí nos dice que depende exclusivamente de que la persona sea frugal, parsimoniosa, prudente6. Como afirma en la TSM la persona parsimoniosa o prudente es aquella que puede contener el impulso al consumo presente, en aras de una ganancia futura. Pero ¿de qué depende que una persona sea prudente? La prudencia, tal como sostiene Smith en la TSM es una virtud. Entonces, ¿cómo es que hay personas con esa virtud? Explicar esto no es necesario para el argumento de Smith. No es importante por qué algunas personas tienen esa virtud, sino simplemente es suficiente asumir que algunas personas la tendrán, aunque sean muy pocas y en muy poca cuantía. Pero incluso una cuantía ínfima de esa virtud se verá reforzada y se incrementará por la existencia misma del intercambio del que deviene el comercio propiamente dicho. El comercio a su vez premia mediante el beneficio a los dueños del capital, y este premio reforzará la aparición de personas prudentes. Así, el relato de Smith da cuenta del transcurso de la sociedad desde los tiempos rudos y primitivos hasta la sociedad comercial desarrollada. Veamos de manera más detallada dos de los condicionantes que, junto con la propensión a mejorar la propia condición, inician este proceso y se retroalimentan a través de él: la propensión a intercambiar y la prudencia.
1. La propensión a intercambiar
En el primer capítulo de la RN se explica que la mejora en la eficiencia del trabajo se debe a la división del trabajo. En el segundo capítulo se sostiene que esta división del trabajo es consecuencia de una característica inherente a la naturaleza humana, la propensión a permutar cambiar y negociar una cosa por otra:
Esta división del trabajo, no es la consecuencia de la sabiduría humana, que tantas ventajas reporta, que prevé y se propone alcanzar aquella general opulencia que de él se deriva. Es la consecuencia gradual, necesaria, aunque lenta de una cierta propensión de la naturaleza humana que no aspira a una utilidad tan grande: la propensión a permutar, cambiar y negociar una cosa por otra (Smith, 2012: 16).
Queremos destacar que Smith no se va a ocupar de explicar el origen de la propensión de la naturaleza humana a permutar o negociar. Sostiene que podría ser consecuencia de las facultades discursivas del lenguaje, pero no se propone investigarlo:
No es nuestro propósito, de momento, investigar si esta propensión es uno de los principios innatos en la naturaleza humana, de los que puede darse una explicación ulterior, o si como parece más probable, es la consecuencia de las facultades discursivas del lenguaje. Es común a todos los hombres y no se encuentra en otras especies animales (Smith, 2012: 16).
Sin embargo, Smith en su obra Consideraciones sobre la formulación del lenguaje, donde justamente analiza cómo se originó el lenguaje humano, no hace ninguna referencia explícita de la relación entre el lenguaje y propensión a permutar, cambiar o negociar. Y más importante aún, no publicó ningún escrito dónde indague sobre los orígenes de esa propensión a permutar, cambiar, negociar. Esto avala una de las hipótesis de este trabajo, que sostienen que Smith está preocupado por un proceso donde los distintos componentes se interrelacionan, y no así por una teoría que se centre en la causa primera o fundamento de la sociedad.
Sin indagar entonces sobre el origen de esta cualidad humana que es la propensión a intercambiar Smith, en la RN, sostiene simplemente que a través de esta cualidad, unida a la práctica efectiva del comercio, el individuo descubre que dedicarse a una sola actividad, primera forma de la división del trabajo, mejora su propia condición:
En una tribu de cazadores o pastores un individuo, pongamos por caso, hace flechas o los arcos con mayor presteza y habilidad que otros. Con frecuencia los cambia por ganado o por caza, con sus compañeros, y encuentra al fin, que por este procedimiento consigue una mayor cantidad de las dos cosas que si él mismo hubiera salido al campo para su captura. Es así como siguiendo su propio interés, se dedica casi exclusivamente a hacer arcos y flechas […] (Smith, 2012: 17).
Desde esta primera división del trabajo de la sociedad ruda y primitiva donde unos solo fabrican flechas, mientras otros solo crían ganado, se llega a la división del trabajo de la sociedad comercial moderna que Smith ilustra con el famoso ejemplo de las distintas tareas que se desarrollan dentro de una fábrica de alfileres7 . ¿Cómo es el proceso por el que de la división del trabajo rudimentaria se llega a una división del trabajo desarrollada, donde realizar un alfiler conlleva dieciocho operaciones distintas? Nos interesa destacar que no es el aumento de la productividad como tal lo que nos ocupa, sino su intensificación a lo largo del tiempo, tal como señala Wences Simons:
No me refiero a la especialización ocupacional y a la división de tareas que Platón ya conocía, sino a la intensificación de este proceso cuyo resultado es la idea de que la división del trabajo es una fuerza que incrementa la productividad e intensifica el desarrollo material (Wences Simons, 2006a: 185).
Esa intensificación es específica de una sociedad comercial. En ella la búsqueda de mejorar la propia condición conduce a la división del trabajo. Esta división del trabajo requiere capital. A su vez quien emplea su capital, buscando mejorar su propia condición a través del lucro, aumenta y perfecciona la división del trabajo para lograr un aumento de productividad.
Este proceso continúa retroalimentándose e intensificándose. La división del trabajo aumenta la extensión del mercado, pues todos quienes producen pasan a obtener lo necesario para la vida a través del intercambio. Esta extensión del mercado permite absorber la creciente cantidad de bienes producida por una división del trabajo más desarrollada y requerirá de una mayor cantidad de capital, ya que por conllevar más tareas requerirá más trabajadores. A su vez la acumulación del capital aumenta nuevamente la división del trabajo de esta forma este proceso continúa incrementando, mediante su retroalimentación, cada uno de los factores que participan en él. El resultante de este proceso es un aumento del desarrollo del mercado, o tal como lo llama Smith, el comercio. Este aumento y constitución de un mercado desarrollado es una consecuencia no intencional del proceso que acabamos de describir.
2. La prudencia en tanto virtud que promueve y a la vez es promovida por el comercio
Como ya vimos la división trabajo requiere para generarse de un capital inicial, y la acumulación de este capital inicial requiere en el individuo de una virtud especial: la parsimonia o prudencia. Pero como veremos ahora con más detalle, el desarrollo del comercio estimula la aparición e incremento de dicha virtud.
De acuerdo con Smith, en la era comercial8 la proporción del ingreso que se destina a actividades productivas respecto de las improductivas es muy superior a épocas anteriores. Esto se debe a que la sociedad comercial provee un ambiente adecuado que estimula la inversión productiva, tal como sostiene Smith: “Nuestros antepasados eran ociosos porque carecían de un estímulo suficiente para desarrollar su actividad. Hay un antiguo proverbio que dice que: ‘para no ganar es preferible jugar’” (Smith, 2012: 304). Como indica el proverbio, cuando no es posible ganar en términos económicos es preferible dedicarse a placeres más inmediatos como el juego o el consumo. Pero la sociedad comercial brinda una gran cantidad de oportunidades seguras de actividad productiva. En ella la actividad productiva está asegurada porque la división del trabajo convierte, tanto a los trabajadores como a los dueños de capital, en potenciales compradores de sus productos.
Este mercado que funciona de manera certera va a estimular la aparición de la prudencia o parsimonia, no ya en algunas pocas personas, sino de manera generalizada. La razón de ello está dada en los propios rasgos de la prudencia o parsimonia que refiere Smith. La prudencia o parsimonia reside esencialmente en resignar el disfrute inmediato para lograr un disfrute mayor en el futuro, una vez que el capital haya dado sus frutos. En la TSM Smith describe esta propiedad de la prudencia o parsimonia en estos términos:
En su incesante sacrificio de la paz y disfrute del presente en aras de la expectativa probable de una holgura o gozo mayores en un período de tiempo más distante pero más duradero, la persona prudente siempre resulta apoyada y recompensada por la aprobación total del espectador imparcial, el hombre dentro del pecho. El espectador imparcial no se siente agotado por el esfuerzo presente de aquello cuya conducta analiza, y tampoco requerido por los importunos llamamientos de sus apetitos presentes. Para él su situación actual y lo que probablemente sea su situación futura son casi idénticas: las contempla a la misma distancia y es afectado por ellos casi de la misma manera. Pero él sabe que para las personas principalmente concernidas están lejos de ser idénticas y naturalmente les afecte a ellas de forma muy distinta (Smith, 2013: 375).
Ese sacrificio del disfrute presente es lo que permite el ahorro que genera el capital que requiere toda actividad productiva:
La sobriedad o parsimonia y no la laboriosidad es la causa inmediata del aumento del capital. La laboriosidad, en efecto, provee la materia que la parsimonia acumula; pero por mucho que fuera capaz de adquirir aquella, nunca podría lograr engrandecer el capital, sin el concurso de esta última (Smith, 2012: 306).
El ahorro que genera la prudencia, permite mejorar nuestra condición porque convertido en capital nos dará ganancias futuras. Esto es un conocimiento que ya está establecido entre quienes participan de una sociedad comercial. En ella el ahorro destinado al capital como forma de mejorar la condición es una práctica altamente difundida y permanente:
Con lo que ahorra un hombre sobrio, no sólo mantiene un cierto número de manos adicionales productivas, en el año en curso y en el siguiente, sino que establece un cierto fondo permanente para el mantenimiento del mismo número de brazos productivos en lo venidero […] (Smith, 2012:306).
Con lo antes expuesto, se ha logrado mostrar que la acción intencional que nos lleva a mejorar nuestra propia condición es en principio virtuosa e implica una forma de prudencia.
III. La competencia como mecanismo no intencional que conduce al bienestar de la sociedad en su conjunto. Retroalimentación competencia y prudencia
1. La competencia como mecanismo no intencional que conduce al bienestar de la sociedad en su conjunto
Smith explica que la búsqueda de nuestro propio interés redunda en el beneficio de toda la sociedad por la intermediación del comercio:
No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos a sus sentimientos humanitarios sino a su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas (Smith, 2012: 17).
A su vez el autor nos provee de una descripción detallada de cómo partiendo del interés propio se llega a la situación más conveniente para todos. Lo que nos permite, en terminología mertoniana, acceder un aspecto interno o explicativo del proceso, el cual como veremos a continuación se basa en la competencia.
El funcionamiento del mecanismo de la competencia se explica de la siguiente forma: cuando la demanda de un bien supera la oferta del mismo, los que quieren comprar ese bien estarán dispuestos a pagar más por él con tal de obtenerlo, de esa forma hacen subir su precio de mercado, incluso por encima de su precio natural. Esto generará que más capitales se apliquen a la producción de ese bien, lo que aumentará su oferta y por tanto para vender toda la cantidad ofertada tendrán que vender incluso a quienes no estén dispuestos a pagar por encima de su precio natural. De esta forma frente a la escasez de un producto, la competencia entre quienes compran puede hacer subir su precio de mercado por sobre su precio natural y la competencia entre quienes venden hace descender el precio de mercado al precio natural.
En la explicación anterior podemos ver que, a través de los compradores, con la intención de satisfacer sus gustos o necesidades, y los vendedores, con la intención de obtener ganancias –todas intenciones vinculadas a mejorar su propia condición–, se produce una interacción por la cual los precios de mercado convergen a un precio determinado: el precio natural. Esto ilustra la importante noción de competencia a la que Smith le atribuye un rol clave en el funcionamiento del comercio o como se denomina contemporáneamente en economía: el mercado. El mercado se explica través de un detallado análisis de los precios a los que el autor dedica siete capítulos del libro I de la RN. En ellos distingue entre precio mercado y el precio natural. Smith muestra que este precio natural depende de la tasa natural de salarios beneficios, y le dedica un capítulo a cada uno. Pese a este esfuerzo, el autor sin embargo no logra explicar claramente “la naturaleza” o “qué son” los precios naturales9. Aun cuando el autor no logra pronunciarse claramente sobre “qué son” los precios de naturales, nos deja en claro cuál es el proceso por el que se llega a ellos. Tal como hemos sostenido en la sección II, el autor no indaga la naturaleza del fenómeno, no dilucida la naturaleza o “qué son” los precios naturales. Podemos apreciar que, para el argumento de Smith, es más importante el proceso que la causa, naturaleza o fundamento.
En una de sus posibles acepciones, los precios naturales son los que, al buscar cada cual mejorar su propia condición, nadie sale perjudicado. Veamos cómo sucede.
De acuerdo con Smith, los precios de mercado gravitan alrededor de los precios naturales. Nos dice Smith que el precio natural es el precio mínimo que puede tener un bien sin que ninguno de los factores que interviene10 resulte dañado o pierda en ese trato. Pues si pierde, por ejemplo, no cubren los costos. Recuérdese que el pago de beneficios al capital es parte de los costos; esos capitales se retirarían de esa actividad e invertirían en otra, o bien terminarían desapareciendo pues no lograrían reponer los materiales, el pago de salario que adelantan o lo que requiere el dueño del capital para vivir. Si intentan vender a un precio superior que el precio natural, otros capitales se verían atraídos y la competencia entre capitales haría descender el precio hasta el precio natural. Vemos cómo, sin que intervenga la intención de los capitalistas, los precios de mercado tienden a los precios naturales. Ese es un nivel de precios al que nos llevaría una mano invisible que promueve el interés de toda la sociedad. Como afirma Smith:
Como cualquier individuo pone todo su empeño en emplear su capital en sostener la industria doméstica y dirigirla a la consecución del producto que rinde más valor, resulta que cada uno de ellos colabora de una manera necesaria en la obtención del producto anual máximo para la sociedad. Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su propia seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor posible, solo piensa en su ganancia propia; pero en este como en muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones (Smith, 2012: 402).
En cada rama de la producción solo permanecerán quienes logren posicionarse en el nivel de productividad competitivo; como consecuencia de ello la sociedad obtiene el mayor producto posible.
2. La retroalimentación de la prudencia a través del mecanismo no intencional de la competencia
La competencia genera que los bienes se vendan en torno a sus precios naturales. Tal como vimos en la sección anterior, estos se sitúan en el nivel mínimo, por lo cual el beneficio que obtiene el dueño del capital se sitúa igualmente en el nivel mínimo. Veamos detalladamente cómo sucede:
A tenor que aumentan los capitales en un país los beneficios resultantes de su empleo disminuyen necesariamente. Cada vez se hace más difícil encontrar un procedimiento para colocar de forma rentable el nuevo capital. Surge por tal causa, la competencia entre los diferentes capitales, porque los dueños de estos buscan aquella colocación que ya está ocupada por otros […]. No solo es necesario vender algo más barato [el producto que está a la venta], sino que en ocasiones se compra a veces más caro [insumos] […]. La demanda de trabajo aumenta diariamente con el incremento de los fondos que se destina a su sostenimiento […]. La competencia encarece los salarios del trabajo y disminuye los beneficios del capital. (Smith 2012:320)
A medida que el sistema comercial se desarrolla, debido a la competencia, el beneficio es cada vez menor, hasta el punto que representa solo lo que el dueño del capital utiliza para cubrir sus propias necesidades. Esto hace que se produzca un aumento de la prudencia requerida. El hombre prudente debe conformarse cada vez con un beneficio menor, esto requiere una continencia cada vez mayor. Su prudencia lo induce a contener el consumo presente, y no solo reponer sino aumentar el capital. Debe aumentar el capital porque las técnicas productivas en permanente perfeccionamiento así lo requieren. El dueño del capital debe ser cada vez más prudente, invertirá mucho para obtener cada vez menos. La tentación al consumo presente cada vez será más grande. Así, lo que la prudencia busca, entendemos, está más en relación a la regularidad del beneficio que con su magnitud. Lo que el sistema comercial asegura al hombre prudente es esa regularidad. El hombre prudente pondera su seguridad, no aspira a grandes beneficios sino a beneficios certeros o seguros. Esto nos permite conectar el atributo de resignar el consumo presente en aras del beneficio futuro con otros atributos que el autor le atribuye en la TSM a la prudencia, a saber: la preocupación por preservar lo que se tiene más que a obtener grandes ganancias y la seguridad, tal como sostiene Smith: “cuando caemos de una situación mejor a una peor sufrimos más de lo que nunca disfrutamos al pasar de una peor a otra mejor. La seguridad, por consiguiente, es el primer y principal objetivo de la prudencia” (Smith, 2013: 372).
IV. Comentarios finales
Creemos que a Adam Smith le preocupa especialmente mostrar que la era comercial es una era virtuosa para la humanidad, más aún cuando otros miembros de la ilustración escocesa como Adam Ferguson sostienen lo contrario. Tal como afirma Wences Simons:
Ante este panorama de desastrosas consecuencias éticas, sociales y políticas generadas por la intensificación de la división del trabajo, de la opulencia y el lujo, de la llegada del interés y de una inmovilización progresiva de aquello que hace actuar a los hombres y que les convierte en prisioneros de los fines directamente utilitarios y competidores, conduciéndoles a la despreocupación del bien público, Ferguson se pregunta cómo evitar que se corrompa el espíritu público de los hombres, la virtud, y se expandan los excesos de la riqueza, el comercio con lujo. Cómo hacer para armonizar a la virtud con el comercio […] (Wences Simons, 2006b: 7).
Smith logra conciliar virtud y comercio mostrando que del mismo brota la virtud de la prudencia. Mediante el proceso de retroalimentación que hemos descripto en la sección II, el comercio estimula a la prudencia y la prudencia, a su vez, estimula a la actividad comercial. En una sociedad comercial, la búsqueda por mejorar la propia condición a través de la división del trabajo y el comercio, se traduce en la conformación de hombres prudentes. Esta transformación de la búsqueda de mejorar la propia condición en prudencia, como así la multiplicación de hombres prudentes, son consecuencias no intencionales en sentido de Merton. La conciliación entre virtud y comercio termina de establecerse cuando el autor configura en la TSM una teoría moral en la que la prudencia tal como surge en una sociedad comercial es una virtud.
De acuerdo con la teoría desarrollada en la TSM, la virtud está basada en la simpatía de un espectador imparcial. Un espectador imparcial es una persona normal en todos los aspectos pero que no tiene intereses en juego en esa situación. Una acción es virtuosa si cumple con dos requisitos: uno de ellos ser correcta y el otro ser meritoria, esto es, contar con la simpatía del espectador imparcial y ser digna de recompensa, respectivamente. Simpatizamos con la acción de otra persona si al ponernos en su lugar imaginamos que tenemos los mismos sentimientos que esa persona tiene en esas circunstancias. Una acción es correcta si un espectador imparcial simpatiza con ella. Por otro lado, una acción es meritoria si un espectador imparcial la considera digna de recompensa.
El dueño del capital es virtuoso tal como hemos mostrado en este trabajo, pues se comporta como lo haría el espectador imparcial, aquel que no es “requerido por los importunos llamamientos de sus apetitos presentes” (Smith, 2013: 375). Es decir que, para él tal como lo evaluaría un espectador imparcial “su situación actual y lo que probablemente sea su situación futura son casi idénticas” (Smith, 2013: 375), por lo cual puede resignar el consumo presente para obtener un beneficio mayor en el futuro. Esta coincidencia del comportamiento del hombre prudente con la evaluación que haría de su situación un espectador imparcial es lo que hace que la acción sea correcta. Por otro lado, el comportamiento del hombre prudente merece recompensa por el esfuerzo que implica su continencia (Smith, 2013: 454) al resignar el disfrute del presente. Sumado a lo anterior, entendemos, también merece recompensa pues no solo genera su propio bienestar, sino que lo genera, aunque de forma no intencional, para la sociedad en su conjunto.
Nos habíamos propuesto mostrar que para Smith la actividad comercial es una actividad virtuosa. Griswold (1999: 206), sostiene que la virtud de la prudencia en la TSM no se limita a ser una virtud económica11 , pero en la RN, como hemos visto, se reduce casi exclusivamente a esto. Sin embargo, para nuestro objetivo es suficiente destacar que aún la versión restringida de la prudencia centrada en lo económico continúa siendo una virtud en sentido de Smith.
Asimismo, sugerimos que ciertos rasgos del carácter del hombre prudente presentados en la última edición de la TSM, como la búsqueda de la seguridad, están implicados en el comportamiento del hombre prudente dentro del mecanismo económico.
Smith está preocupado, tal como sostienen Dickey (1998), por la cuestión moral del comercio, y esta preocupación no solo se mantiene, sino que se agudiza, después de escribir la RN en 1776. Una prueba en esa dirección, es que la sección VI titulada “Del carácter de la virtud” se agrega en la sexta edición de 1790 y está casi en su totalidad dedicada a la prudencia. En la RN el autor describe con gran lucidez y detalle la sociedad comercial naciente. Si bien queda más que satisfecho en lo que refiere a la producción material de bienes, creemos, le preocupa su aspecto moral. Entendemos que la virtud de la prudencia fue desarrollada en respuesta a las dificultades morales que intuye en la descripción de la sociedad comercial luego de escribir la RN.
Smith fue un filósofo moral, de una moral basada en la virtud. También fue precursor de la disciplina económica, descubre y anticipa la gran trasformación que implica la división del trabajo y el desarrollo comercial de la sociedad. Rápidamente entiende que en una sociedad comercial, la relación entre las personas no estará basada en la benevolencia. No por eso concluye que esta nueva sociedad carece de virtud, niega o intenta modelar las características que le atribuye a la naturaleza humana, tampoco sostiene que la virtud debe ser impuesta por alguna autoridad. Sino que encuentra que una manera de resolver la cuestión moral en una sociedad comercial: gestando en su TSM, virtudes que no sólo sean compatibles con el comercio, sino que surgen de él y lo promueven.
Referencias Bibliográficas
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Carrasco, A. (2004). “Reinterpretación del espectador imparcial impersonalidad utilitarista o respeto a la dignidad”. Revista Hispanoamericana de Filosofía, 46(137), 61-84.
Cristiano, J. (2011). “Acciones y resultados”. Revista Internacional de Sociología, 69(2), 354-369.
Dickey, L. (1998). “Historicizing the ‘Adam Smith Problem': Conceptual, Historiographical, and Textual Issues”. Journal of Modern History, 58(3), 579-609.
Griswold, Ch. (1999). Adam Smith and the Virtues of Enlightenment. New York: Cambridge University Press.
Hume, D. (1998). Tratado de la naturaleza humana. Madrid: Tecnos.
Hurtado Prieto, J. (2003). “La teoría del valor de Adam Smith: La cuestión de los precios naturales y sus interpretaciones”. Cuadernos de economía, 22(38), 15-45.
Lord Kames (1971). Essays on the Principles of Morality and Natural Religion. Edimburgo: printed by R. Fleming, for A. Kincaid and A. Donaldson.
Meek, R. L. (1981). Los orígenes de la ciencia social. El desarrollo de los cuatro estadios. Madrid: Siglo XXI.
Merton, R. (1936). “The Unanticipated Consequences of Purposive Social Action”. American Sociological Review, 1(6), 894-904.
Smith, A. (2012). Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. México D.F: Fondo de Cultura Económica.
Smith, A. (2013). La teoría de los sentimientos morales. Madrid: Alianza.
Smith, A. (2018). Consideraciones sobre la formación original de los lenguajes. Oviedo: KRK ediciones.
Smith, A. (1995). Lecciones sobre jurisprudencia. Granada: Comares.
Smith, A. (1998). “Los principios que presiden y dirigen las investigaciones históricas”. En Ensayos filosóficos. Madrid: Ediciones Pirámide.
Wences Simon, M. I. (2006a). Sociedad Civil y virtud cívica en Adam Ferguson. Madrid: Centro de estudios políticos y constitucionales.
Wences Simon M. I. (2006b). “Adam Ferguson y la difícil articulación entre el comercio y la virtud”. Polis: Revista Latinoamericana, N° 14.
1 También Hume, integrante de la ilustración escocesa contemporáneo a Smith, en su Tratado de la naturaleza humana sostiene refiriéndose a las ideas que: “Hay aquí una especie de atracción, que se encontrará tiene en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el natural, y que se releva en formas tan múltiples como variadas. Sus efectos son visibles por todas partes, aunque sus causas sean en su mayor parte desconocidas y deban reducirse a las cualidades originarias de la naturaleza humana –cualidades que no pretendo yo explicar–” (Hume, 1998: 57). En la cita anterior, la “atracción” a que refiere Hume suele ser identifica por los comentaristas con la atracción gravitatoria de Newton.
2 Integrante de la ilustración escocesa, contemporáneo a Smith.
3 Cfr. Cristiano (2011) sistematiza la concepción mertoniana y los aportes de sus continuadores a través de los siguientes pares de conceptos: acción intencional/no intencional, resultado deseable/no deseable, cognoscible/no cognoscible.
4 De aquí en más todos los resaltados de las citas son nuestros.
5 En este artículo referiremos a “egoísmo” y “propensión a mejorar la propia condición” indistintamente.
6 En la RN Smith se refiere al hombre frugal y en la TSM a hombre prudente. Como veremos más adelante el “hombre prudente” contiene todos los atributos del “hombre frugal”, aunque el primero, tal como es descripto en la TSM, contiene también otros atributos.
7 Entendemos que Smith está preocupado por la división técnica del trabajo, pues su foco de atención es el aumento de productividad que produce. Por tal motivo no distingue entre división social y división técnica del trabajo.
8 Según Smith “hay cuatro distintos por lo que la Humanidad ha pasado: La era de los cazadores, la era de los cazadores, la era de los pastores, la era del comercio” (Smith, 1995: 47).
9 Respecto de los precios naturales en Smith y sus distintas acepciones puede consultarse Hurtado Prieto (2003). Allí se aprecia las dificultades que tiene el autor a la hora de definirlos.
10 Los factores de la producción son tres: trabajo, capital y tierra y reciben como pago salario, beneficio y resta respectivamente.
11 En efecto Smith (2013: 272) sostiene que el hombre prudente anhela fortuna por la reputación y respeto que ello implica y no meramente para cubrir necesidades básicas. También, nos dice Smith (2013: 272), que la prudencia cuida que no arriesguemos nuestra salud, fortuna, rango o reputación. Además, el hombre prudente siempre es sincero, le horroriza la deshonra que acompaña la detección de la mentira.
sábado, 26 de marzo de 2022
POLITOLOGIA E , , INGENIERIA POLITICA
POLITOLOGIA E , , INGENIERIA POLITICA
José Antonio Rivas Leone
Resumen
En el presente artículo intentamos mostrar como en estos últimos años la ingeniería política ha venido consolidándose como uno de los campos y subdisciplinas muy fecundos de la politología contemporánea. Constituyéndose la ingeniería política como el sector con mayor vocación de intervención y aplicación, cuestión que esta íntimamente relacionada con los gobiernos, el funcionamiento y desempeño institucional, la constitución entre las divisiones donde la ingeniería política tiene mucho que proponer en aras de lograr una nueva arquitectura estatal, gestiones más eficientes y diseños institucionales más sencillos, eficaces y acordes a las circunstancias actllales de transformación política e institucional.
Abstracts
Presently I articulate we try to show like in these last years the political engineering has come consolidating like one of the fields and very fertile subdisciplines of the contemporary politología. Being constituted the political engineering as the sector with bigger intervention vocation and application, question that this intimately related with the governments, the operation and institutional acting, the constitution between the divisions where the political engineering has a lot to propose for the sake of achieving a new state architecture, more efficient administrations and more simple, effective institutional designs and chords to the current circumstances of political and institutional transformation.
Introducción
En primer lugar, es preciso establecer que la politología es una disciplina que por su objeto, método y características propias, la hacen ser una disciplina de intervención. Es decir, una disciplina que debate, critica, sugiere y propone. En segundo, cuando abordamos a la ciencia política como ingeniería política es para destacar ese carácter y vocación que posee de convertirse en conocimiento y saber aplicable. 1.
De acuerdo al reciente trabajo de Gianfranco Pasquino tendríamos que
el saber politológico es un saber aplicable. Esto no significa de ningún modo que su aplicación será siempre inmediata ni que estará siempre coronada por el éxito. Significa -en cambio- que el cuerpo de conocimientos, de generalizaciones, de teorías de alcance medio, construido y acumulado por la ciencia política, puede ser utilizado en la práctica.2.
La ingeniería política como la parte dinámica de la polito10gía incluye una serie de sub-disciplinas que van desde la ingeniería electoral, la planificación y p1aneación estratégica hasta el diseño y rediseño de las instituciones y la reforma de las estructuras.3
Señala y advierte Pasquino 4 que "la reforma de las instituciones, si no quiere ser una aplicación de aprendices de brujo, requiere un tipo de análisis configurativo en condiciones de captar todas las variables e interacciones sistémicas ... "; paradójicamente siendo éste un sector privilegiado y privi1egiab1e para los operaciones de ingeniería política, es al mismo tiempo el más difícil y en el que los politólogos tienen mayores dificultades, si no para acceder, sí para operar libremente en el mismo.
I Véanse los planteamientos de Giovanni Sartori, Ingeniería constitucional comparada: una investigación de estructuras, incentivos y resultados, México, FCE, 1994; además, Gianfranco Pasquino, "La ciencia política aplicada: la ingeniería política", en Revista Argentina de Ciencia Política, Buenos Aires, EUDEBA, 1997.
2 Cf Pasquino, 1997, p. 13.
3 Véase ampliamente José Antonio Rivas Leone, Ciencia Política: una aproximación transdisciplinaria, Mérida, Venezuela, Universidad de Los Andes, Centro de Investigaciones de Política Comparada, 2002 y Giovanni Sartori, op. cit.
4 Cf Pasquino, op. cit., p. 22.
A la ingeniería política como actividad dinámica y saber aplicable le corresponde, por competencia y naturaleza, asumir los diversos procesos de reforma que exigen nuestros sistemas políticos, procesos éstos donde paradójicamente la politología ha estado si no ausente sí marginada, privilegiándose en su lugar la técnica jurídica o el aspecto puramente normativo o formal en detrimento de lo político y lo social.
En el mismo orden de ideas tendríamos que la reforma de un sistema político no puede ser en ningún modo pensada correctamente en términos de reformas de poco a poco, como bricolage, sino que debe ser vista y planteada en clave sistémica, como reforma del todo, o por lo menos como reforma que, aun refiriéndose a estructuras y procesos específicos, toma en consideración los efectos y las consecuencias sistémicas de eventuales reformas parciales.
Es decir, la propuesta de Gianfranco Pasquino, pasando por Giovanni Sartori hasta los neoinstitucionalistas Jean Marsh y Johan Olsen, o constitucionalistas como Bruce Ackermann, entre otros, coinciden al abordar al proceso de reforma institucional como una labor compleja e integral de las instituciones, procesos, lapsos, canales y demás factores.
Labor ésta que en un primer momento persigue evaluar el papel de las diversas instituciones y organizaciones que integran el sistema político. En un segundo momento, el diseño y rediseño propiamente dicho, que pasa por la corrección y adecuación de los déficit, fallas y desbalances presentes en el funcionamiento de estas últimas, buscando un mejor desempeño y performance institucionaJ.5
5 Véase José Antonio Rivas Leone, "Reto y desafíos de la Ciencia Política", revista Papel Político, núm. 13, Bogotá, Colombia, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, octubre, 2001 y Ciencia Política: una aproximación ... , op. cit. Sobre La reforma constitucional y poder constituyente, véase el novísimo trabajo de Jesús Rondón Nucete, Teoría Jurídica del Poder Constituyente, Mérida, Universidad de los Andes, Consejo de Publicaciones, 2000. Además, Ricardo Combellas, Derecho Constitucional. Una introducción al estudio de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Caracas, Mc Graw Hill, 200 l.
La ingeniería política,6 vale decir la aplicación de la ciencia política que proviene de la reflexión teórica, científica, de la disciplina, es una parte integrante de la ciencia política misma; su modo de ser es un componente latente o bien manifiesto del discenso del análisis de la naturaleza de la politología, vieja y nueva. En este sentido, el estudio de los gobiernos, de las instituciones, los procesos y su propio desempeño conforman parte importante, por no decir central, en el desarrollo y promoción de una ciencia política con criterios de aplicación e intervención en la vida política.
De manera que debemos precisar que la ciencia política, si bien es cierto, tiene una importante vocación de intervención y aplicación, no por ello podemos asumirla, abordarla y relegarla a una simple técnica. Somos partidarios de contar con una ciencia política que "contando con un método y objeto definido y grandes potencialidades aplicativas se desenvuelve entre la reflexión teórica y la aplicación concreta. 7
Un número considerable de autores postulan que los cambios que estamos registrando en el ámbito de la política, de nuestros sistemas políticos, comportamientos y conductas aunado a otros fenómenos, demandan no sólo nuevos modelos, estudios y propuestas, sino la reformulación de todo el arsenal teórico con que cuenta la moderna ciencia política.
Tendríamos así de acuerdo a Alfredo Ramos Jiménez, que "el desarrollo de una tecnología política obedece en nuestros días a un cierto cálculo de impacto tanto en nuestros países como en los países centrales".s Lo cierto del caso es que la ingeniería política no sólo se ve exigida y demandada por una realidad compleja.
De manera que la ingeniería política se presenta como aquel espacio conformado por el conjunto de habilidades y destrezas del análisis político que se propone como objetivo hacer accesibles los diversos contenidos conceptuales básicos a la luz de las realidades empíricas.
6 Gianfranco Pasquino, op. cit., p. 24.
7 CI Pasquino, op. cit., p. 26.
8 CI Ramos Jiménez, Invitación a la politología, Mérida, Venezuela, Universidad de los Andes, Escuela de Ciencia Política, 1977, p. 53.
De allí que Giovanni Sartori defina a la moderna ciencia política e ingeniería política como una disciplina integrada por estructuras, procesos y resultados. Ahora bien, el problema a dilucidar planteado por Giovanni Sartori estriba en el hecho de que ¿son los científicos políticos actuales capaces de dar una asesoría adecuada? Y decimos de acuerdo con Sartori, debido a que dentro del gremio encontraremos una diversidad de practicantes, que cabría preguntarse hasta qué punto de vista están formados y preparados para el desarrollo y promoción de asesorías adecuadas. Concretamente en materia electoral, señala Giovanni Sartori: "nuestros supuestos expertos electorales no han podido en gran medida desarrollar los conocimientos que se les solicitan, y que mucha de su asesoría es insuficiente o está claramente equivocada".9
Nunca perdamos de vista que el espíritu y ambición que guía a la ingeniería política como subdisciplina de la ciencia política, está asociado a la capacidad y/o cualidad de poder intervenir en los procesos políti.cos, en las estructuras políticas y en las propias dinámicas políticas.
Las transformaciones políticas experimentadas recientemente, los problemas de gobernabi1idad y algunos desfases registrados en el funcionamiento de ciertas instituciones y organizaciones han generado ciertamente una demanda objetiva de parte de la polito10gía contemporánea y la propia ingeniería política. La política de hoy conflictiva y cambiante exige respuestas a la ingeniería política como subdisciplina que puede contribuir a optimizar el funcionamiento de la democracia, los sistemas políticos y los propios procesos sociopolíticos.
A estas alturas, desvincular a los po1itó10gos y a la moderna y fructífera ciencia política de los procesos y reformas observadas, relegándolos muchas veces a un conocimiento de capilla, encerrados en sus torres de marfil, constituye a parte de un error, un contrasentido, más si asumimos los útiles y perspectivas teórico-metodológicas con que cuenta la ciencia política y sus profesionales.
9 Giovanni Sartori, op. cit., p. 41.
Los politólogos como comunidad no sólo buscan intervenir en el debate y en las refonnas institucionales, sino en la operatividad y aplicación en concreto del enorme caudal de propuestas, enfoques y premisas que se disponen. La brecha entre la reflexión teórica y la aplicación de conocimiento político (ingeniería política) tiende en la actualidad a reducirse. 10 Se requiere, como señala Gianfranco Pasquino,11 conseguir un equilibrio entre conocimientos teóricos y una sobria, cauta y ponderada aplicación.
Por otra parte, las inquietudes y demandas en nuestro gremio siempre han estado presentes. Existen centenares de investigaciones alrededor de la ingeniería de procesos, el diseño institucional, los sistemas electorales (efectos), los partidos y sistemas de partidos, el parlamento y otros en los que con la aplicación de conocimiento experto e ingeniería política se pueden logra mejores instituciones y organizaciones.
De manera que la ingeniería política se plantea tanto impulsar una serie de procesos y reformas, como la búsqueda permanente de instituciones políticas, procedimientos y fonnas (diseños) públicas más idóneas, estables, eficientes que contribuyan no sólo a una mayor gobernabilidad democrática, sino a la propia profundización de la democracia, de sus instituciones y procedimientos en un sentido integral.
Si algún reto asume la ciencia política en el nuevo milenio, sin lugar a dudas es el referido a su vocación de aplicabilidad, de ampliación e intervención. La rigurosidad y cientificidad de la ciencia política nunca será trastocada por su propensión a la aplicación. Esa visión virginal (como señala Pasquino de la ciencia política) y aislada está superada. La aplicación del saber forma parte de la actividad científica tanto como del conocimiento teórico, así lo observó David Easton hace unas décadas.
A la moderna politología le compete el tratamiento y solución de los diversos problemas, desbalances, déficit, y distorsiones observadas y reproducidas en el seno y funcionamiento de nuestros sistemas políticos. Por otra parte, no se puede ni debe confundir a la ingeniería política como mera técnica y proceso. La ingeniería política es mucho más que eso. Se asume como una investigación y sub disciplina conformada por estructuras, incentivos y resultados.
10 Véase José Antonio Rivas Leone, Ciencia Política: una aproximación ... , op. cit.
11 Gianfranco Pasquino, op. cit., p. 15.
viernes, 25 de marzo de 2022
La influencia de Newton sobre Smith
La influencia de Newton sobre Smith
Andrés Bilbao Sentís
La concepción de Newton se asienta sobre el Dios nominalista, un Dios que es Voluntad, es omnipotente y nada debe a los hombres. El nominalismo estableció dos principios.
Primero: la creación del mundo es resultado de la voluntad de Dios; una voluntad incomprensible para el ser humano.
Segundo principio: la vinculación entre la voluntad del Creador y el poder 1 .
Lo que Dios decide desde su voluntad es la verdad. El nominalismo afirma que Dios no hace cosas contradictorias. La teoría de la predestinación establece que si desde el comienzo de los tiempos Dios decide que Pedro se salve, éste accederá al paraíso. La voluntad de Dios es la verdad. El texto de Ockham (1983), Predestination, God’s foreknowledge, and futures contingents (El conocimiento previo de Dios y los contingentes futuros) da lugar a la noción del ser humano como un ser predestinado y a la vez como un ser que actúa mediante el deseo.
La noción del ser humano como ser movido por las pasiones fue desarrollada por autores como La Mettrie, Holbach, Morelly y en alguna medida Condillac.
Lord Kames puso la cuestión en esta forma:
«puede el hombre posiblemente ser un libre agente algo más de lo que pueda ser un planeta girando en su órbita. Y si él es libre, ¿Qué deviene de su propagada moralidad que presupone la libertad de elección?»
Su respuesta es la siguiente:
«en cuanto el hombre es gobernado por las leyes de la naturaleza, que es la ley de su propia naturaleza, sus acciones son estrictamente causadas como cualquier movimiento de los planetas» (Lord Kames, 1971:54).
La concepción moderna del ser humano reduce todo conocimiento a técnica. El apropiarse de los objetos, el conocer para dominar es el nexo que impulsa su pensamiento. Como Bacon señaló, el impulso hacia nuevas formas de conocimiento nace de la recuperación del estudio de la naturaleza. En el siglo XVI empieza a establecerse la estrecha relación entre ciencia y tecnología. El saber científico se orienta hacia la práctica, hacia el desarrollo de técnicas que permitan el dominio del ser humano sobre la naturaleza. Esta relación oscurece el saber por el saber. El conocimiento se despliega sobre la finalidad práctica. El saber por el saber aparece como un acontecimiento inútil. La técnica se alza como el horizonte hacia el que se dirige el saber humano. La estrecha relación entre saber y técnica determina que únicamente el saber práctico se desarrolla. La curiosidad y la pregunta acerca del mundo es arrancada de la mente del ser humano, que no persigue otra finalidad que mejorar sus condiciones de vida. La circularidad en la que esta relación se encierra establece una ruta trazada cuyo seguimiento es la condición para el progreso humano. El apropiarse de los objetos, el conocimiento para dominar, es la nueva ruta del pensamiento. En segundo lugar, el ser humano devenido individuo, no tiene presente la noción de la sociedad, sino la de él mismo y la permanente búsqueda de la satisfacción del deseo.
Refiriéndose a esta concepción señala Hunter: «El mono puede decirse que es mitad bestia y mitad hombre, puede decirse que está en el estado intermedio» ( H u n t e r, 1951:57. La diferencia con el animal estriba en que el ser humano escoge, pero esta elección no tiene origen en la razón, sino en el deseo 2 . Esta noción del ser humano está relacionada con la idea de su composición como razón y cuerpo. Noción que se contrapone a la idea del ser como materia que sólo obedece a sus determinaciones corporales. La convergencia entre forma y materia determina la complejidad del ser humano frente a la noción del ser humano como ser deseante.
La concepción de esta segunda versión no es mas que la noción del ser humano como naturaleza creada y el movimiento viene determinado por la naturaleza, según los designios de su creador 3 . En oposición a ello se despliega la noción del ser humano como un ser de razón. En esta distinción subyace la idea del mundo creado y la idea del mundo no construido desde los seres humanos. El primero, como ser de razón, es un ser previsible, ya que la intersubjetividad, que a su vez viene determinada por la capacidad comunicativa, abre un horizonte que se alza en el mundo de la certidumbre.
En la Enciclopedia el término hombre aparecía en los siguientes términos: «Si uno desea entenderlo (al hombre) respecto de sus cualidades naturales, debe clasificarlo como un animal». Esto es el reflejo de la noción materialista del ser humano. El humano y el animal aparecen como seres desprovistos de razón. La conciencia es el lugar en el que se siente el placer y el dolor, no lo que relaciona al ser humano con el mundo.
La simetría entre el interés privado y el interés público, tiene su origen en la teología nominalista. En su contexto esa relación aparece como un problema de fe. La creencia en el Creador es el cierre de su conocimiento en torno a la voluntad y determina que las acciones del ser humano estén predeterminadas 4 . Pero en este caso no estamos hablando de un ser cuyo conocimiento depende de las criaturas. Esta noción es incompatible con la omnipotencia divina.
El nominalismo estableció, a partir de la noción de Dios como voluntad, que la teología no tiene estatuto científico. De ahí desarrolla la conclusión de que los principios de la teología no son autoevidentes como tampoco lo son sus conclusiones 5 . La teología, el conocimiento de Dios, no es una ciencia, puesto que la razón humana no puede alcanzar la voluntad del creador. El ser humano es una naturaleza creada y como tal los principios de la teología no le son autoevidentes. Aparecen dos planos del conocimiento, el de la teología y el que rodea al ser humano. El segundo puede ser conocido, pero el principio que ordena el mundo permanece como un conjunto de verdades al que sólo se puede acceder mediante la fe 6 .
La noción de la teología se inscribe en un mundo teóricamente impenetrable para la razón humana. El ser humano es reducido a la condición de individuo, cerrado sobre sí mismo y definido como un ser que se pone como meta la propia felicidad. Esto plantea al mundo moderno el problema de su irreformabilidad. Sobre ello se establece la separación entre la política y la ética. La política se establece como un elemento técnico, basado en la razón formal. La ética queda fuera del alcance del ser humano y con ello es imposible establecer la racionalidad material.
En este mundo irreformable el individuo aparece como un ser deseante en busca de su propio beneficio. Esto establece la paradoja, basada en la mano invisible, de que el individuo, persiguiendo su propio beneficio, fomenta el bienestar de la colectividad. La simetría entre interés privado e interés público remite a la noción teológica de la mano invisible, desarrollada por Smith.
La política en el siglo XVII se transformó en ciencia. Ésta supone la cognición de una cosa verdadera. Este conocimiento es obtenido mediante la intuición, asentado sobre la noción de la mano invisible. El conocimiento aparece como descripción de un mudo creado, en el que el ser humano mediante la razón describe la naturaleza del la sociabilidad ordenada.
El nominalismo plantea el conocimiento de la criaturas a partir de la legalidad a la que están sometidas. Aparece con ello la noción de hábito. El hábito es aquello que dispone a una persona a una acción ya consolidada tras su adquisición 7 . Desde el desconocimiento de la voluntad de Dios la filosofía de la naturaleza es una colección de hábitos intelectuales. Estos hábitos, en su síntesis configuran el método desde el que se establece el análisis lógico de las premisas. El punto de partida es el análisis de los principios lógicos, configurando al ser humano como un ser deseante. En ellos se contiene el marco en el que se va a desarrollar el conocimiento del individuo. La crítica alude a la coherencia de los términos, que aplicados al mundo exterior darán lugar al conocimiento.
Aristóteles atribuye la noción de causa final a la razón y voluntad de los seres humanos. El nominalismo considera que la causa final no les puede ser atribuida. Equipara a todos los sujetos creados. En el mundo griego el ser humano establece la causa final mediante la razón. Pero al extender esta noción a todo lo que existe, está colocando la noción de causa final en la voluntad del creador. La figura del ser humano aparece reducida a la forma sensitiva, que se despliega según una causalidad previamente establecida. La razón del ser humano, suprimida la noción de forma intelectiva, no fija causas finales,lo que en términos de Weber se llamaría la razón material.
El nominalismo formula la noción de causa final según el principio de que la actuación de los seres creados conduce al mismo fin. La causa final es la regularidad con la que actúa la naturaleza. Esta regularidad subsume al ser humano en la necesidad, como lo opuesto a la libertad desarrollada desde la razón. Con este arg u m e nto, el nominalismo prepara el camino hacia la noción del mundo que tiene su horizonte en la certidumbre. La naturalidad del mudo creado tiene una finalidad exterior al ser humano, exterioridad que es lo opuesto al uso de la libertad. Esta uniformidad se irá abriendo camino en la Ilustración escocesa en la que el ser humano actúa a partir de sus pasiones. Y este comportamiento es lo que permitirá, como indicará Hume, la constitución de una ciencia de las relaciones sociales.
La forma define la extensión de la materia y a la vez no guarda relación con el proceso de conocimiento. La noción de forma se asimila a la figura. Desde esta perspectiva se puede distinguir una cosa de otra, una sustancia de otra sustancia. En este proceso de pensamiento en el que la forma se asimila a la figura se abre el camino hacia la concepción materialista del ser humano 8 . Ser y conciencia aparecen en una relación determinada. La conciencia no es el despliegue de la razón en su relación con el mundo, sino la manifestación del ser. La conciencia no es el principio que relaciona al ser humano con el mundo, sino algo subsumido en la naturaleza del individuo 9 . De este modo se elimina la libertad y se abre el camino hacia un mundo de seres humanos intercambiables.
La noción kepleriana del mundo como imagen de Dios remite a un mundo ordenado, pero cuyas causas del orden no se conocen. El mundo como imagen de Dios aparece como incognoscible, del mismo modo que la naturaleza del Dios tampoco lo es. Kepler creía que Dios deseaba que los seres humanos descubrieran el orden que había creado 10.
La idea del cosmos ordenado desde la voluntad del Creador conduce a la descripción del orden. Lo que Kepler refleja es la subyacente concepción teológica. Desde su perspectiva la creación es sinónimo de perfección. De ahí que desarrollase su investigación no desde el método experimental, como hizo Newton, sino desde el apriorismo de la perfección del mundo.
La armonía del sistema astronómico deriva de la voluntad del Creador. La armonía del mund o físico es simétrica a la armonía del mundo moral. A través de la armonía del universo, el ser humano toma conciencia de los conocimientos que debe adquirir para acercarse a la virtud. El orden del mundo físico es un espejo del orden que debe regir las relaciones entre los seres humanos.
La creencia en Dios subyace a la noción de un mundo ordenado. Desde esta creencia se proyecta la tesis del mundo de los seres humanos regidos por leyes independientes de la razón. Aquí se asienta el principio que transforma la política en técnica. Su administración se desvincula de las relaciones entre los seres humanos, para centrarse en el principio de un orden independiente de la acción del ser humano. En esta concepción subyace el principio de legitimación cuya consecuencia es la exclusión de la razón humana en la construcción de la sociabilidad, así como el avance hacia la concepción del ser humano que se relaciona con el otro mediante el sentimiento 11. El ámbito de la razón material pertenece a una voluntad exterior a los seres humanos, lo que equivale a la aceptación de un orden ajeno a la configuración racional del ser humano. Esta creencia en un mundo creado determina que lo que sucede en el mundo no guarde relación con la acción de los seres humanos. El estudio de las causas queda excluido, pues su origen está en la voluntad del creador, inaccesible al conocimiento humano.
El objeto de los P r i n c i p i a de Newton era mostrar que los principios matemáticos conv e rgen con las observaciones empíricas. Su objetivo fue construir una explicación del mundo en la que convergieran la física y la matemática 1 2. La fuerza innata de un cuerpo es el poder por el cual persevera bien en reposo, bien en movimiento: «...a partir del volumen de una materia corpórea que, normalmente, es proporcional a su peso» ( H a r m a n , 1993:209). La densidad de la materia la denomina el cuerpo o la masa. La fuerza inherente la denomina el concepto de masa. La fuerza de la materia es el poder de resistencia mediante el cual cualquier cuerpo persevera en su estado de reposo o de movimiento uniforme. La inactividad de la masa es lo que determina que el cuerpo ejerza la resistencia y el ímpetu. Newton explicó el movimiento de los planetas alrededor del Sol, partiendo del supuesto de que el Sol ejerce atracción sobre cada planeta 1 3 .
El argumento de Newton se basa en dos principios. Primero: la filosofía se funda en la apariencia de las cosas. Segundo: si Dios interviene constantemente en la naturaleza de las cosas, entonces sus relaciones cambian constantemente. En este caso no hay posibilidad de establecer regularidad entre las cosas. Con este argumento rebate a Descartes 14. La noción de Newton es la del Dios nominalista, que crea el mundo y se aleja de él. Este Dios establece la relación entre su voluntad y la verdad. De este modo se puede establecer el principio de una legalidad que rige el mundo de la astronomía. El Dios nominalista establece un orden en el mundo que permanece inmutable.
Newton despliega la tesis de las cosas creadas y provistas de una naturaleza inmodificable. Dios ha creado el mundo, lo ha dotado de una determinada legalidad y no interviene en el orden con el que las cosas se relacionan. Esto supone la desaparición de los milagros en el mundo y éste se despliega según una determinada legalidad que nace de la voluntad de Dios. Se establece, a diferencia de Descartes, la compatibilidad entre la creencia en Dios y la experimentación y observación del conocimiento científico 15 .
A través de la noción de gravedad despliega la noción de un mundo regido por la legalidad y no sometido a la constante intervención divina. Es el creador que si sitúa al margen del mundo, es un Dios cerrado sobre sí mismo, que no guarda relación con las cosas creadas.
En el libro tercero de los Principios mate - máticos de la filosofía natural, Newton expone las cuatro reglas para filosofar. En la regla primera: «No debemos para las cosas naturales admitir más causas que las verdaderas y suficientes para explicar sus fenómenos» (Newton, 1987:461). En la segunda regla: «Por consiguiente debemos asignar tanto como sea posible a los mismos efectos las mismas causas» (ibid:461). En la tercera regla: «Las cualidades de los cuerpos que no admiten intensificación ni reducción, y que resultan pertenecer a todos los cuerpos dentro del campo de nuestros experimentos, debemos considerarlas cualidades universales de cualesquier tipo de cuerpo» (ibid:461-2). En la cuarta regla: «En filosofía experimental debemos recoger proposiciones verdaderas o muy aproximadas, inferidas por inducción general a partir de fenómenos, prescindiendo de cualquier hipótesis contraria hasta que se produzcan otros fenómenos capaces de hacer más precisas esas proposiciones no sujetas a excepciones»(ibid:463). El argumento de Newton es el siguiente. Primero, la filosofía se funda en la apariencia de las cosas. Segundo, si Dios interviene constantemente en la naturaleza de las cosas sus relaciones cambian constant e m e n t e 16 . No hay posibilidad de establecer regularidad entre las cosas. Tercero, como consecuencia, la verdadera ciencia debe basarse en el apartamiento de Dios del mundo de las cosas. Newton hace suya la tesis de las cosas creadas e inmodificables.
Su análisis se centra tanto en experimentos como en observaciones, a partir de los cuales se pueden obtener conclusiones generales. La únicas objeciones que pueden admitirse son aquellas que tienen su origen en los experimentos. Las hipótesis no deben ser tenidas en cuenta por la filosofía experimental. En el siglo XVII se desarrollaron nuevas teoría científicas vinculadas a los nuevos sistemas de filosofía 17. La nueva concepción se asentaba en la noción de un mundo creado. La constitución del mundo era inmodificable. La metafísica y la ética eran dejadas de lado, sustituidas por la observación de los acontecimientos 18 .
Newton construirá un sistema alejado de la noción de impacto, lo que le llevará al enfrentamiento con Leibniz 19. El modelo de Newton se basaba en fuerzas que relacionaban los cuerp o s entre si 20. A partir de ahí establece una nueva ciencia de la naturaleza. A esto responde Leibniz: «La ciencia mecánica de los cielos empieza con Newton como una ciencia matemática, no como una fábrica de imaginarios modelos»(Hall, 1980:149).
La posición de Leibniz respecto a la gravedad se explica en el siguiente párrafo: «tanto la gravedad como la elasticidad están solamente en la materia por razón de la estructura del sistema y puede ser explicada mecánicamente» (Hall, 1980:157). Ello supone el rechazo de la atracción de Newton, no solamente porque pensó que seguía una falsa metafísica científica, sino porque a los ojos de Leibniz cualquier atribución de actividades a la materia estaba abocada a llevar a un conjunto de falsas conclusiones en areas del pensamiento que nada tienen que ver con la ciencia natural. Lo que Leibniz plantea es que la gravedad y la elasticidad están en la materia y ambas pueden ser explicadas mecánicamente o por impulso.
Newton construirá su sistema fuera de la noción de impacto, como explicación del movimiento. Su modelo se basa en fuerzas que relacionan los cuerpos entre sí. Esto da lugar a una nueva concepción de filosofía de la naturaleza. Refiriéndose a la concepción de Newton escribió Leibniz: «El fundamental principio de razonamiento es: nada sin causa...Este principio prescinde de todo lo inexplicable, de ocultas cualidades y otras ficciones (...) Por ejemplo, si uno afirma en la materia una primaria fuerza atractiva que no es derivable de nociones inteligibles del cuerpo (...) Cuando se afirma que el efecto de la gravedad depende no de una oculta causalidad de los cuerpos sino de la voluntad de Dios o una oculta ley divina, se nos está proporcinando una causa sobrenatural o milagrosa (Hall, 1980:153). Lo que Leibniz critica a Newton es que la gravedad sea una cualidad de los cuerpos producida por la voluntad del creador. Desde su perspectiva esto remite a lo sobrenatural. Para Leibniz el movimiento se debe al choque entre materias de la naturaleza. El movimiento producto de la atracción, tal como lo entendía Newton, era para Leibniz volver a las cualidades ocultas del pensamiento escolástico. La noción de la gravedad como lo inexplicable supone un retroceso al mundo de lo mágico. Afirmar que los cuerpos se mueven porque hay una fuerza de atracción que los relaciona es recurrir a cualidades ocultas. La diferencia radica en que Leibniz habla de un Dios que interviene en el mundo, y Newton de un Dios que ha creado un orden, que se despliega según leyes propias. La posición de Leibniz se asentaba en el principio de que el choque entre los cuerpos explicaba el movimiento, lo que permitía establecer una causa. Newton remitía al principio de gravitación y a que por medio del experimentalismo se podría establecer principios que explicaran el movimiento de los cuerpos.
En Newton aparece la noción de la pasividad de la materia. La materia es inerte, sólo por la voluntad del Creador está dotada de gravitación. A través de esta fuerza se establece el orden de los planetas.
La gravitación es la manifestación de la voluntad de Dios en el mundo21. El punto central de la argumentación de Newton radica en la noción del Dios creador, que una vez creado el mundo y dotado de orden lo contempla desde la lejanía. El orden nace de la voluntad de Dios, y de ahí se deduce la noción de orden formal. Esta formalidad se traslada a la lógica del mercado, en el que la figura del ser humano es la figura del ser deseante.
La acción del ser humano a partir de la teoría de la predestinación y la presciencia de Dios, es una acción centrada en la corporalidad. El deseo determina las acciones de los individuos. Esta noción excluye el uso de la razón, el ser humano aparece como un ser movido por las pasiones a la que la razón se encuentra subordinada.
La noción de la creación lleva aparejada la idea teológica del progreso. En esta idea subyacen dos nociones. La primera es el desarrollo de la racionalidad económica. Tras este momento continúa desarrollándose la sociedad a partir del ser deseante, que cifra la felicidad en la posesión de objetos materiales. Otro elemento vuelve a hacer referencia a la condición del obrero. Reaparece la noción teológica de que el ser del obrero lleva aparejada la conciencia revolucionaria. El fin de la historia es un mundo regido por la clase obrera 22 .
Esta doble noción teológica se coloca en términos antagónicos con la noción del ser humano racional. En contra de ésta, el ser deseante aparece como un ser creado y con ello la constitución del mundo es inmodificable 23 . La materia es inerte pero, por la voluntad de Dios, es dotada de gravitación. La noción de Dios que sostiene Newton es la un creador que crea el mundo desde su voluntad. El punto central de la construcción de Newton radica en la noción del Dios creador, quien una vez creado el mundo, lo dota de orden y se aleja de él. Del orden producido por la voluntad de Dios se deduce la noción de orden formal. Esta formalidad se traslada a la lógica del mercado, en la que la figura del ser humano es un ser desprovisto de razón.
La transposición de un orden astronómico al campo de las relaciones sociales se proyecta como un orden construido hasta el final del tiempo 24. Newton se remite a la divinidad, quien dota a los cuerpos de gravedad. Esta fuerza establece el principio de atracción de un cuerpo por otro. El principio de un mundo creado remite a una relación establecida por la mayor o menor masa de los cuerpos. Smith transpondrá está noción a la lógica de la oferta y la demanda.
La teoria de Newton derivó hacia una naturaleza autocontenida así como hacia el equilibrio de poderes atractivos y repulsivos 25. La noción de naturaleza autocontenida y de equilibrio de los poderes atractivos y repulsivos supone que el mundo no está sujeto a la intervención providencial de Dios. La noción de voluntad del Creador remite a un orden determinado que se desarrolla con certidumbre. El mundo de la certidumbre permanece inmodificable y todo lo que sucede no guarda relación con el ser humano. Se trata de un mundo eterno. En este mundo las consecuencias de las acciones de los individuos no guardan relación con ellos mismos. Es el mundo de las consecuencias no queridas: un mundo seguro, un mundo burocratizado en el que el ser humano, reducido a la condición de individuo, solamente tiene su horizonte como objetivo.
El mundo construido desde el ser humano racional establece la relación entre sus acciones y las consecuencias que éstas tienen para los otros. Es un mundo de incertidumbre en el que la política no es técnica, sino que supone la permanente relación con el otro. La política deja de ser la administración de la lógica del mercado y el ser humano, en un mundo no creado, puede desarrollar la racionalidad material 26. La noción de perfección alude al orden de los planetas. Desde el comienzo de los tiempos el mundo siempre ha sido perfecto. Los futuros contingentes son conocidos por Dios, porque de él ha nacido la idea de determinarlos de forma inmutable 27. Es la voluntad de la divinidad la que determina los rasgos de la materia. Desde el principio de los tiempos el Creador conoce la verdad de las cosas. Esta verdad movida desde su voluntad determina el movimiento de los cuerpos 28. La fuerza de atracción y repulsión son efectos de la voluntad divina 29. Newton fue el primero que estableció la observación como principio que permite el establecimiento de la legalidad. La polémica con Descartes y Leibniz radica en este punto.
En definitiva, Newton despliega la tesis de las cosas creadas y provistas de una naturaleza inmodificable. La divinidad ha establecido el mundo y lo ha dotado de una determinada legalidad. Desaparecen los milagros y el mundo se despliega según una determinada legalidad. De este modo se establece la compatibilidad entre la creencia en Dios y la búsqueda del conocimiento científico.
II
El antecedente inmediato de Smith es H u t c h e s o n 3 0 , quien desarrolla la noción del ser humano en los siguientes términos: «La intención de la naturaleza con respecto a nosotros es mejor mostrada examinando qué son nuestros sentidos o poderes perceptivos, y cuáles son los objetivos de nuestros múltiples deseos naturales, y cuáles de ellos son de la mayor importancia para nuestra f e l i c i d a d» (Huecheson, 1734:2). La noción de felicidad individual se encuentra en el centro de los análisis del ser humano. Se habla de los deseos naturales, pero no aparece la noción de razón como el elemento que relaciona al ser humano con el exterior.
En otro texto explica lo siguiente: «Todos estos poderes se ejercen ellos mismos en una forma demasiado oscura para nosotros como para aprehenderlos completamente. Al principio efectivamente actuamos así por instinto sabiamente implantado en nosotros (ibid:18). No es el ser humano el que mediante la razón determina su relación con las cosas, sino que éstas vienen establecidas desde la voluntad del autor de la naturaleza.
Hume desarrolla una concepción análoga: «Las acciones pueden ser laudables o censurables, pero no razonables o irrazonables» (Hume, 1988:620). La razón es esclava de las pasiones 31. El ser humano es un ser compuesto de pasiones, la razón se supedita a ellas. El ser humano como criatura creada es parte de la naturaleza. Sus acciones se encuentran predeterminadas en su naturaleza. La noción de creación es simétrica, a partir de la noción de Dios como voluntad, a la configuración del ser humano como pedazo de la naturaleza, en el que sus acciones no nacen de la razón sino del cuerpo.
Refiriéndose a la constitución de la sociedad escribe Hutcheson en su System of Moral P h i l o s o p h y: «Uno puede negar a la humanidad su natural impulso a la sociedad con sus contemporáneos, como un inmediato principio (...) Sus otros principios, la curiosidad, la comunicación, el deseo de acción, el sentido del honor, su composición, benevolencia, modo de ser y la facultad moral podrían tener poco o ningún ejercicio en soledad» (Hutcheson, 1762:153). La noción de sociedad no se construye desde la naturaleza del ser humano, sino que aparece como una condición que hace posible el desarrollo de la naturaleza. En ambas concepciones subyace una diferente relación con el hecho social. En el primer caso, el ser humano es simétrico a la constitución de la sociedad. No puede hablarse del ser humano sin su relación con el otro. En el segundo caso aparece como un elemento instrumental y utilitario. La sociedad como lo que permite el desarrollo de la naturaleza humana.
En esta concepción destacan varios rasgos. El primero es que la sociedad es un instrumento para la seguridad y el progreso. Las leyes que aseguran ambas condiciones, las leyes del mercado, aparecen como la forma óptima en la que los individuos deben subsumirse. En segundo l u g a r, es la naturaleza la que lo ha dotado con poderes y entendimiento para desarrollar las tareas políticas. En esto último se vuelve a poner de manifiesto que no es la condición del ser humano la que supone la constitución de las sociedades, sino que la naturaleza ha dotado al ser humano de la sociedad como forma de satisfacer sus deseos.
La física de Newton estableció la coverg e n c i a entre la matemática y el experimentalismo. El primer texto de Smith fue El tratado de astro n o - m í a, a partir del cual desarrolló su concepción de la ordenada sociabilidad. Los elementos de conexión son los siguientes. En primer lugar, Smith hace referencia a la naturaleza de los cuerpos, estos moviéndose determinan, siguiendo un plan providencial, las leyes de la ordenada sociabilidad. Smith traslada esta noción a los seres humanos. Estos moviéndose según su naturaleza, vale decir siguiendo sus intereses, promueven el mundo humano ordenado. Lo que hace Smith es aplicar los esquemas de la física newtoniana a la relación entre los seres humanos. Esta aplicación tiene una consecuencia y es la simplificación del ser humano, que desprovisto de razón, se mueve desde las pasiones.
Como señala Smith la razón es esclava de las pasiones. El ser humano es un ser compuesto por pasiones y la razón se encuentra supeditada a ellas. El ser humano como criatura creada es parte de la naturaleza, sus acciones se encuentran predeterminadas, lo que es simétrico a la configuración del ser humano como ser deseante, diseñado por el Creador y por tanto sus acciones no nacen de la razón sino del deseo.
La preocupación de la los autores de la Ilustración escocesa era construir una ciencia del ser humano, trasladando los métodos y descubrimientos de la ciencia natural que se había desarrollado en el siglo XVII. La sociedad ya no es vista como una creación del ser humano, sino como una relación natural.
Lo que Smith entiende por el método de Newton lo expresa en los siguientes términos: «..ponemos ciertos principios, primarios o probados, en el comienzo, desde los cuales explicamos varios fenómenos, conectando todos juntos por la misma «unidad», y añade que «en cada ciencia sea ciencia moral o filosofía natural, este método es inmensamente mas i n g e n i o s o» (Campbell, 1971:33). Se empieza por poner determinados principios y la prueba de estos principios la establece la naturaleza física del mundo. A partir de ahí se encadenan los hechos, lo que es aplicable tanto al análisis de la moral como a la filosofía natural. Lo que es relevante es la no distinción entre uno y otro terreno. En ello subyace una concepción del ser humano similar a la de los objetos físicos. Este ser humano, siguiendo su naturaleza, cumple el adecuado programa de la d i v i n i d a d .
Al explicar la emergencia de la ciencia en tiempos y lugares particulares en la Ilustración, afirma que el progreso científico no puede tener lugar «antes del establecimiento de la ley, el orden y la seguridad» (Campbell, 1971:33). La condición de la certidumbre y la seguridad son cruciales para la ciencia de la sociedad. Los criterios que establece para determinar el carácter científico de una teoria son los siguientes. En primer lugar, la teoría debe establecer la coherencia en un amplio número de fenómenos aparentemente disímiles. En segundo lugar, la ciencia tiene como función reducir la complejidad de la naturaleza. La teoría debe alejarse de la complejidad, de tal forma que se acerque a las formas mas simples. El principio de simplicidad avala el carácter científico de la teoría. La proyección de este principio sobre la teoría social se despliega a partir de la intercambiabilidad de los individuos. La relación compleja entre los seres humanos, sus diferencias y permanentes modificaciones, aparecen como incompatibles con este principio. La «imaginación» aparece como el elemento al que se refiere la teoría. Allí donde la imaginación se enfrenta a la compleja teoría ésta queda desbordada. La complejidad de la teoría únicamente puede ser abordada por la inteligencia, en la que subyace la concepción del ser humano como un ser racional.
La simplicidad de la teoría estriba en su capacidad para sugerir a la imaginación analogías mecánicas. Esto remite a la existencia de una mano invisible situada más allá de lo v i s i b l e 3 2. Para Smith una teoría tiene capacidad explicativa si guarda analogía con una explicación mecánica. El tratar la subyacente legalidad en términos de un sistema mecánico despeja la incertidumbre y abre un horizonte en el que el individuo puede calcular y prever sus acciones. El carácter de las teorías científicas está determinado por su capacidad de previsión.
Smith ve en Newton el pensador que ha dado lugar al más importante mejoramiento de la filosofía. Por eso trató de explicar el proceso de sociabilidad a partir de un principio análogo. Este fue la ley de la oferta y la demanda. De modo similar a lo que sucedía con la gravedad, el principio de la oferta y la demanda regula las relaciones entre los individuos. Esto supone trasladar la configuración del orden social desde la acción de los seres humanos a un principio que subordina y regula sus relaciones.
Este principio de oferta y demanda se basa en la reducción de todos los componentes (volumen de trabajadores, volumen de capital y volumen de la tierra) a masas comparables entre sí. Esta comparabilidad se asienta en la noción de una materia sin forma. Con ello se abría un principio que determinaba la relación, sujeta a leyes, entre los seres humanos. Del mismo modo que la gravedad explica el movimiento de los planetas, las leyes de la oferta y la demanda explican las relaciones entre individuos y su integración en la totalidad.
La analogía con los planetas tiene otra consecuencia. Estos, como naturaleza inerte, son movidos por la gravedad. La formalidad de la legalidad del mercado remitía a un mundo mecánico y en consecuencia inevitable. Las consecuencias de esa legalidad aparecen no como consecuencias ético-políticas, sino como consecuencias naturales. De ahí nace el principio de legitimación de las diferencias en el mundo moderno.
Smith fue contrario a la enseñanza basada en la filosofía, pues pretendía que la función de la ciencia era mejorar los niveles de vida. Era opuesto, como señala en La Riqueza de las Naciones, a los razonamientos especulativos que veía como algo que no guarda relación con el mejoramiento de la vida práctica. Con el descubrimiento de las leyes del orden, la totalidad de la formación del ser humano se dirige hacia su desarrollo. En este sentido Smith ponía la política como sinónimo de la técnica encarnada en la lógica del mercado.
La desaparición del poder y el descubrimiento de la técnica abrían paso hacia un mundo regido por leyes naturales. La política como técnica prometía un horizonte de permanente progreso. No obstante persistía el principio del mundo creado. Al individuo no le quedaba otra opción que adaptarse a él. Este mundo creado liberaba a los seres humanos de su responsabilidad en relación con los otros. La persistencia del mundo construido suponía que al individuo no le quedaba otra opción que adaptarse.
En este mundo construido, los individuos no se relacionan entre sí sino a través de la lógica que representan las leyes del orden. El deseo es el reflejo del hombre; no es la razón la que determina sus acciones. La razón no es más que un elemento de cálculo supeditado al deseo. El ser humano ha abandonado la forma inteligible y recupera la forma sensitiva, sinónimo en el mundo moderno de la libertad individual.
Se vuelve a poner de manifiesto la paradoja del interés privado y el interés público. La razón del ser humano aparece subsumida en las pasiones. El ser deseante no es, como señala Aristóteles, un ser no ético, sino un producto de la providencia cuyos movimientos conoce de antemano. Sobre estas bases teológicas se legitima la moderna noción de libertad individual.
La sociedad no se construye desde el contrato social,sino desde las leyes naturales que relacionan a los seres humanos. La noción de un mundo creado vincula a los seres humanos a sus determinaciones, cualesquiera que sean sus consecuencias. La legalidad es una legalidad creada, que en el mundo secularizado aparece como natural. La noción de ley se identifica con los siguientes principios. Primero, identifica la ley de la naturaleza con lo que el ser humano debe creer. Segundo, la ley de la naturaleza no guarda relación con la relación ética que el ser humano debe establecer con los demás. La «mano invisible» es explicada como metáfora.
La mano invisible es la referencia a la voluntad de Dios. La mecánica del mundo está ordenada hacia la felicidad, entendida como posesión de objetos materiales. El ser humano es un ser sin voluntad ni razón, movido por el deseo. La similitud entre la metáfora del reloj y la mano invisible se establece del siguiente modo: la mano invisible hace el reloj. A partir de esta metáfora las relaciones sociales funcionan con regularidad.
En La Teoría de los sentimientos morales e xpone la posición del ser humano en los siguientes términos: "Aunque al explicar las operaciones de los cuerpos siempre distinguimos la causa eficiente de la causa final, al dar cuenta de las mentes somos propensos a confundirlas. Cuando principios naturales nos impulsan a promover fines que una razón refinada e ilustrada nos aconsejaría, tenemos la tendencia a imputar a esa razón, en tanto que causa eficiente, los sentimientos y acciones mediante los cuales promovemos dichos fines, y a imaginarnos que es sabiduría del hombre lo que en realidad es sabiduría de Dios» (Smith, 1997:188). En este párrafo está planteando lo siguiente. Primero, aunque seamos capaces de calcular las operaciones de los cuerpos, no podemos distinguir la causa eficiente de la causa final. Segundo, la determinación de los fines no corresponde a la sabiduría humana. Es el principio del cálculo por el cálculo, supeditado a las pasiones. El mundo de la ordenada sociabilidad tiene un fin extraño, completamente extraño al conocimiento del ser humano. Sólo la mano invisible establece la simetría entre interés privado y bienestar público.
El mundo avanza sin finalidad. La formalidad y la coherencia del cálculo marca el camino adecuado. En este punto se sitúan las consecuencias no queridas de la acción. Sus efectos son únicamente percibidos por los sentimientos; el ser humano desprovisto de razón se mueve de acuerdo con sus sentimientos. El uso de la razón, como el principio que fija fines, es síntoma de la rebelión contra el mundo ordenado 33. Es el principio de la rebelión frente al mundo creado.
La inmodificabilidad de la naturaleza humana construida desde múltiples representaciones culturales es la condición para el progreso y la ordenada sociabilidad. El placer y el dolor son objetos de deseo y aversión. El deseo se coloca en el mundo como deseo de felicidad individual. Entre el cristianismo y la secularización subyace la misma relación. Todo aquello que se realiza tiene como exclusiva finalidad la felicidad. Refiriéndose al estudio de la astronomía, lo contempla como el que ha abierto las puertas a la perfección del universo y de la sociedad 34 .
En la transposición del mundo de la naturaleza y el mundo de las relaciones sociales, subyace la similitud de ambos campos. El movimiento de las «piezas» del mundo, físico y social, nace de la naturaleza de las cosas y compone el orden 35 .
Como señala en La Riqueza de las Naciones, la dependencia mutua, desarrollada a través de la división del trabajo, es lo que configura la sociabilidad 36. La dependencia mutua tiene su origen en la noción del ser humano deseante. La imposibilidad de satisfacer sus deseos de forma individual y aislado le lleva a relacionarse con otros individuos, por medio de la división del trabajo. Con ello se multiplican las posibilidades de satisfacer los deseos. La vinculación entre la satisfacción del deseo y la libertad separa. Por medio de la división del trabajo se establece la simetría entre la libertad individual y la ordenada sociabilidad. El deseo aparece como el equivalente de la gravedad de los cuerpos astronómicos. Por medio del deseo los individuos se unen a partir de la división del trabajo. Esta no es una institución nacida de la acción consciente de los seres humanos, sino que su origen está en la naturaleza deseante del individuo.
Individuo y división del trabajo constituyen los momentos sobre los que se organiza el orden social, a partir de designios exteriores al individuo. De modo similar a como sucede en los planetas, su relación mutua nace de la gravitación, una fuerza puesta por el creador. Análogamente, el deseo es el equivalente de la fuerza de la gravitación entre los seres humanos. La equivalencia entre objetos naturales y seres humanos se cierra en la idea de la creación: el ser humano reducido a la condición de un ser pasional, cuyo movimiento nace necesariamente de la naturaleza. La liberta queda completamente excluida, en cuanto que su origen está en la razón humana. La libertad y el uso de la razón es lo opuesto al mundo creado 3 7 .
A partir de la noción del ser humano deseante, el crecimiento económico deviene el nexo único de unión entre los seres humanos. La economía se desarrolla como el espacio en el que satisfacer los deseos de forma pacífica. La razón del ser humano se circunscribe al cálculo, nunca al establecimiento de un horizonte racional. El mundo avanza movido por la necesidad. La libertad es el deseo individual. En definitiva, se afirma la libertad de los deseos y la subordinación de la razón.
La noción de la mano invisible descansa en el papel de la Naturaleza. Este papel es atribuido a Dios, el Gran Arquitecto 38. En La Rique - za de las Naciones se dirige hacia el beneficio general de la humanidad, a partir de la creencia en la libertad natural. Esto ha sido aceptado como la justificación de la creencia en la libertad natural, que a través de la competencia permite el bienestar colectivo.
La divinidad aparece como un Ser que ordena el mundo que garantiza la perfección a partir de su sabiduría. Esta noción se plasma en la tierra, en el mercado. En La Teoría de los Sen - timientos Morales utiliza la expresión del «espectador imparcial». Esta es sustituida en La Riqueza de las Naciones por el mercado impersonal, que establece las recompensas a cada uno de los individuos. Esa libertad está determinada por las pasiones. La mano invisible es la que concilia el interés personal con el interés colectivo. La mano invisible armoniza la libertad de todos los seres humanos. La armonía permite, igual que la naturaleza de los planetas de Newton, establecer el orden entre los seres humanos. Aquí se produce la paradoja de que el designio de Dios permite el progreso de la Humanidad.
La mano invisible es la creación de Dios, que ha ordenado a los seres humanos, para que puedan desarrollar una vida sociable. Las raíces teológica de La Riqueza de las Naciones se hacen visibles en esta referencia a un mundo creado. En este texto el deísmo es lo que da coherencia al desarrollo de la economía y la mano invisible, expresión de la perfección, es sinónimo de la racionalidad que permea todas las esferas del mundo, pero que el ser humano no puede comprender. Esta racionalidad no se establece a partir de que el ser humano sigue la razón, sino a través de las pasiones. El mundo está controlado por una Creador que crea al ser humano como naturaleza deseante.
Aquí aparece la fe en la simétrica paradoja entre el interés privado y el interés público. La libertad del individuo permite el progreso de las naciones. Pero es una libertad establecida por el deseo que a su vez es controlada por la mano invisible. Esto conduce a que el ser humano deba adaptarse a la lógica del mercado, desapareciendo todo control racional sobre las sociedades humanas.
El libre mercado es aceptado como lo que permite la eficiencia en el progreso de las sociedades. En la noción de mano invisible subyace la idea del progreso, que señala que al final de los tiempo se establecerá la igualdad entre los miembros de la sociedad. El ser humano, como pedazo de naturaleza, regido por la mano invisible. Aquí se produce la separación entre la ética y la formalidad de la relación entre los seres humanos. El ser humano reducido a la satisfacción de sus deseos es el móvil de la perfección formal de la sociedad. El propio interés es lo que permite la armonía y la perfección, así como la moralización de las relaciones entre los seres humanos. La relación final la garantiza la noción de la mano invisible.
Desde la creación la mano invisible hace al ser humano un ser sociable. La sociabilidad no está regida por la razón, sino por el dinero como vehículo para realizar el deseo. Hutcheson ve la sociedad como el lugar de la satisfacción del deseo por medio de la división del trabajo. La sociedad es un instrumento, no algo que pertenece a la naturaleza del ser humano. Las acciones de los seres humanos están motivadas por el propio interés.
La política ha sido sustituida por la técnica, como el cumplimiento de una legalidad que viene de la divinidad. Esto remite a Smith a las nociones de los antiguos estoicos, según los cuales el mundo estaba ordenado, sin que el ser humano pudiera desarrollar más que una racionalidad formal y nunca la racionalidad material. Toda la teoría de Smith se basa en el optimismo de una divinidad creadora.
Lo decisivo en Smith es la libertad del individuo. Esta libertad es la persecución del propio interés que conduce a un mundo ordenado y moralizado. Los hábitos de la economía son cultivados desde el propio interés y a la vez conceden valor a la vida de los seres humanos. La mano invisible aparta al Estado de la intervención sobre el mercado, lo que es compatible con la política como técnica que promueve el bienestar de la sociedad. La noción de un mundo creado remite a un principio incognoscible para el ser humano. La voluntad de Dios es inalcanzable para un ser finito. El ser humano puede describir, mediante la razón, los elementos que establecen la ordenada sociabilidad. Al igual que hizo Newton, se puede escribir la legalidad de los movimientos de los astros, pero no puede establecerse cuáles son las razones de este movimiento.
Las leyes de la ordenada sociabilidad muestran la simetría entre el orden y la libertad indiv i d u a l 3 9. Como señaló D. Stward en su elogio fúnebre a Smith, la política deviene un elemento técnico. Esta tecnicidad se vincula a la noción de mano invisible, que establece la simetría entre la persecución del propio interés y el bienestar de la colectividad. La política deviene el descubrimiento de las leyes naturales establecidas por el Creador. A estas leyes el ser humano debe adaptarse como la condición para la sociabilidad formal. En la noción del mundo creado, la racionalidad se identifica con el cálculo.
La política deviene el descubrimiento del orden que el Ser supremo ha establecido en el mundo. El ser humano es un ser en que las pasiones marcan los objetivos, y está subsumido en un mundo creado, regido por leyes naturales. El principio de la oferta y la demanda determina la relación ordenada entre los seres humanos. La política deviene técnica que se despliega según leyes creadas. Como a comienzos del siglo XX señaló Weber, la racionalidad material ha desaparecido y se despliega la racionalidad formal 40.
La racionalidad material significa el establecimiento de un sistema de valores. Esta noción es lo opuesto a la paradoja de la simetría entre el interés privado y el interés público. Con ello se cierra la noción del ser humano racional, que vincula la ordenada sociabilidad al bienestar de todos los individuos. La racionalidad material significa el establecimiento de un sistema de valores. La noción de un mundo creado confina al ser humano a la racionalidad formal, desvinculándolo de la ética que está asociada a la racionalidad material.
La ética resulta demarcada de la política. Esta última queda confinada a la descripción de la legalidad que rige el mundo. La política deviene el arte de lo posible. Aquello que significa la imposibilidad, la recuperación de la ética, aparece fuera del ámbito de la política. El político, a partir del siglo XVIII, se convierte en un administrador de las leyes de la economía. La política deviene técnica proyectada por el Creador. Una técnica que determina el ámbito de lo posible, que a su vez está determinada por la configuración del poder. La noción de racionalidad material es lo opuesto al ser humano deseante. Significa que desde la razón se establece un sistema que establece la primacia de la razón sobre las pasiones. En la inversión que se produce desde el siglo XVII, las pasiones determinan el comportamiento del ser humano. Estas subordinan a la razón y aparece como los motivos de la acción del ser humano.
La política se cierra en la noción de la individualidad que a la vez permite la ordenada relación entre los seres humanos. El individuo actúa desde su deseo. Reaparece la paradoja, que vuelve a remitir al problema de la fe en un mundo creado. La consideración de sí mismo determina el progreso de las sociedades. El individuo es un ser aislado respecto de otros seres. Y como Simmel puso de manifiesto, el dinero es lo que permite la constitución de las sociedades.
Con la noción de individuo el ser humano se cierra en su perímetro orgánico fisiológico y se establece la igualdad entre todos los seres humanos. Desaparece con ello la noción del ser humano exterior y con ello la condición social del ser humano. La reducción del individuo a un ser interior determina la igualdad entre todos los seres humanos. Las condiciones sociales en las que vive el ser humano devienen irrelevantes. El individuo, cualquiera que sea su posición social, no da lugar a ningún hecho político, vinculado a la racionalidad material, que pueda mejorar su condición social.
La política devenida técnica es sinónimo de la noción de fe que remite a un mudo creado. Con ello la noción del ser humano se despliega como un ser deseante que utiliza la razón para calcular. La política se asienta sobre la noción deista de un mundo regido por la propiedad. La política deviene el arte de lo posible,vinculado al ser humano que solo usa la razón formal. La imposibilidad de la política remite a un mundo en el que el ser humano desarrolla la racionalidad material y se desprende de la paradoja que relaciona el interés privado con el bienestar público. La noción de racionalidad material alude al ser humano que se mueve a partir de la razón y que desde ella determina el control de sus pasiones.
NOTAS
1 En esto se diferencia del ser humano, en el que la voluntad está desligada del poder y que la voluntad no determina la certeza.
2 Lord Mondobbo caracterizaba al ser humano como el mas noble y el mas degenerado animal de la tierra. En esta caracterización se sitúa más allá de aquellos intentos que ven la igualdad de todos los seres humanos.
3 Aristóteles estableció la diferenciación entre el ser humano no ético y el ser humano ético. El primero se mueve únicamente a partir de su forma sensitiva. Mientras que el segundo lo hace a partir de su forma intelectiva. Esto supone la noción del ser humano como ser sociable, que tiene en cuenta las necesidades suyas y las de las demás personas. El desarrollo de la forma intelectiva supone el uso de la razón en la relación con los demás
4 Esto se establece de acuerdo con la noción de la omnipotencia de Dios que, reducido el ser humano a ser deseante, conoce el futuro de la acción de las personas.
5 «La crítica de Ockham al estatuto científico de la teología fue quizás el esfuerzo interno más consistente de combatir el racionalismo de Anselmo. Los principios de la teología no son autoevidentes. (Goddu, 1984: p. 11 ) .
6 «La teología así concebida, es primariamente práctica. Su primaria y última meta es la articulación de aquellas doctrinas esenciales para la salvación, y la elaboración de aquellos instrumentos por medio de los cuales la salvación es obtenida en el orden de las cosas». (Goddu, 1984: p. 11).
7 «El conocimiento es un hábito, puesto que es más difícil de quitar que muchas cualidades, y aquél puede ser adquirido por la repetida transición de un estado a otro..» (Goddu 1984, p. 24).
8 Esto supone la inversión respecto de la concepción aristotélica, pues no es la forma intelectiva la que determina el comportamiento, sino la que determina las formas y el contenido del pensamiento. La causalidad formal,material, final y eficiente queda reducida, en el mundo cristiano a la causalidad eficiente. Dios crea a las criaturas; su finalidad, su materialidad y su formalidad solo son conocidas por el Creador.
9 La conciencia es el espacio en el que el individuo percibe las sensaciones de placer y dolor. La complejidad del ser humano será retomada en el siglo XX a apartir de Simmel y Weber.
10 La idea general del mundo como imagen de Dios, que se encuentra al final del Timeo de Platón, la hizo propia Kepler. Véase J. Kepler (1997).
11 Concepción que Smith desarrolla en La teoría de los sentimientos morales.
12 «La fuerza inherente y esencial de un cuerpo es el poder por el cual persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme en línea recta, y es proporcional a su masa. Dicha fuerza es ejercida proporcionalmente al cambio de estado (P. H. Harman, 1993: p. 208).
13 «... que crecía en proporción inversa al cuadrado de la distancia de dicho planeta y el sol» (P. Harman, 1993: p. 444).
14 La nocion cartesiana remite a un Dios que interviene en el mundo. El movimiento de los cuerpos celestes esta determinado por su voluntad.
15 Aquí aparece la diferencia entre Descartes y Newton. El primero mantiene que las cosas pueden ser percibidas por la mente; el segundo que pueden ser percibidas por los sentidos a través de la observación.
16 Aquí es donde rechaza la noción de hipótesis c a r t e s i a n a .
17 «La irresistible propulsión de la investigación científica moderna hacia el positivismo, hacia la eliminación de la metafísica» y llevó a que «los científicos rechazaron la metafísica y la teología, la estética y la ética, que habían sido partes constitutiva de la ciencia de los griegos» (P. Rosi, 1968: p. 234).
18 St. Hales (1670) en su obra Vegetale Saticks s e ñ a l a la matematización del mundo: «tenemos la seguridad de que el omnisciente creador ha observado las mas exactas proporciones de número, peso y medida en la constitución de todas las cosas, por lo que el modo más plausible de llegar a comprender la naturaleza de aquellas partes de la naturaleza que no es dado observar tienen que se precisamente numerar, pesar y medir» (Hales, 1670: p. 35).
19 «Para Leibniz, la idea de apelar a una desconocida y misteriosa fuerza era espantosa, algo fuera del ámbito de la razón le parecía que Newton estaba tratando de explicar la naturaleza inventado procesos inexplicables. (A. R. Hall, 1980: p. 147).
20 Es la noción de la gravedad, cuestionada por Leibniz.
21 «La noción de ‘principio activo’ fue transformada durante el siglo XVIII en la noción de ‘sustancias activas’ que, como los principios activos en la filosofía natural de Newton, fueron empleados para explicar la actividad y las operaciones de la naturaleza» (Harman, 1993:236).
22 Como señaló Weber la clase obrera está imbuida por la noción de la individualidad del ser deseante. En este sentido no puede establecerse la diferenciación entre la noción de la burguesia como un grupo social autista y la clase obrera como una clase con aspiraciones revolucionarias, que establecería un orden determinado por la relación materialmente igual entre los seres humanos. Esta concepción mitólogica de la clase obrera se encuentra en G. Luckas.
23 «La noción de pasividad de la naturaleza, la materia como entidad encarnada en el mas bajo grado de realidad, es fundamental en la filosofía de Newton, ya que añadió a las infinitésimas pequeñas partículas fuerzas inmateriales como agentes del cambio de la naturaleza» (P. H. Harman, 1993: p. 236).
24 «Mientras la noción de Newton de principio activo fue usado para explicar el problema ontológico de la fuerza en términos de causación de la agencia divina en el mundo, el equilibrio de la naturaleza fue asegurado por operaciones de poderes atractivos y repulsivos» (P. H. Harman, 1993: p. 291).
25 «Una concepción de la naturaleza como sistema auto-contenido, activo, que en su estructura manifiesta la sabiduría y el designio de Dios. Pero el sistema de la naturaleza tuvo que ser explicado en términos de operaciones y equilibrios de los poderes atractivos y repulsivos, y sus operaciones no estaban sujetas a la intervención providencial de Dios» (P. H. Harman, 1993: p. 292).
26 «Y si la naturaleza representa la perfección de Dios, su estado presente indica que las fuerzas que actúan lo hacen con la misma intensidad con que lo hicieron durante la temprana historia del proceso físico» (P. H. Harman, 1993: p. 292).
27 «La existencia, la extensión, la impenetrabilidad,la mobilidad y la inercia de la materia, son aparentemente los efectos de la voluntad de Dios. La verdadera existencia de la materia, así como las cualidades esenciales, son expresión de la naturaleza de la perfección de Dios: las cualidades esenciales son reflejo de la inmutabilidad» (Harman, 1993: p. 296).
28 «Los principios activos de atracción y repulsión son, en sí mismos, la manifestación de la actividad divina en la naturaleza» (P. H. Harman, 1993: p. 297).
29 «La asociación de principios de atracción y repulsión con diferentes sustancias como la base de un sistema de naturaleza, no fue común en la filosofía natural del XVII» (P. H. Harman, 1993: p. 299).
30 Este autor desarrolla la crítica a Hobbes. El argumento del Leviatán es que la falta de libertad del ser humano es la condicion para la ordenada sociabilidad. Hutcheson establece que la posibilidad de la libertad individual es la condición para la ordenada sociabilidad. La libertad individual se entiende como la posibilidad de realizar el deseo. La realización del deseo en el contexto de la división del trabajo es lo que permite la relación pacífica entre los individuos y a la vez la libertad del individuo.
31 Otro autor reciente da una visión más completa: «La razón, por sí misma es completamente impotente en este particular....No hablamos en sentido estrictamente filosófico cuando hablamos del combate de la pasión y la razón. La razón es, y debe ser únicamente la esclava de las pasiones y nunca puede pretender otro oficio que servir y obedecerlas» (G.Bryson, 1968: p. 128).
32 «Insistiendo en que toda teoría científica debe adherirse a un mecanismo familiar de la naturaleza, Smith fue espoleado por el exito del sistema de Newton y la extrema familiaridad del fenómeno de la gravedad. Como muchos pensadores del periodo asumió que éste sería el modelo para todas las teorías científicas» (Campbell, 1971: p. 41).
33 Vid. Safransky (2000).
34 «El ensayo sobre la historia de la astronomía nos muestra cómo Smith vio la relación entre historia y teoría. Debemos recordar que él, como otros pensadores de su tiempo, no hizo una clara distinción entre filosofía y ciencia. En cuanto a Smith no había diferencia de sustancia entre los principios que hacían avanzar la filosofía moral, incluyendo la jurisprudencia y la economía política (...) La perspectiva de Smith es que la imaginación es necesaria para llenar el vacio de un sistema propuesto, una teoria o modelo que trata de unificar los datos obtenidos por observación. Además, es el ejercicio de la imaginación lo que se encuentra en la ciencia» (D. D. Raphael, 1985: p. 107).
35 Esta noción la desarrolla el nominalismo al poner de manifiesto que el conocimiento de los futuros contingentes no depende en las acciones de los seres humanos, sino de la voluntad de Dios.
36 Esto lo explica en el capítulo II. Smith (1976) p. 17 a 21.
37 Como señala Safransky (2000), la rebelión de Adán es el uso de la razón y por tanto su configuración como un ser humano libre frente al Creador.
38 En La teoría de los sentimiento morales la mano invisible es el último poder que controla la autonomía de los individuos y los dirige hacia el bien de la humanidad en general.
39 Desde Hutcheson se criticó la propuesta de Hobbes que establecía que el orden y la falta de libertad del individuo eran elementos que se correspondían. Hutcheson ve la simetría entre la libertad individual y el orden social. La noción de libertad está asociada a la noción del deseo que se expresa libremente. La legalidad de la división del trabajo, institución central en la sociedad, es la que permite el desarrollo de la libertad individual así como la convivencia pacífica entre los individuos.
40 «Nadie sabe quién ocupará en el futuro el estuche vacio y si al término de esta extraordinaria evolución surgirán profetas nuevos y se asistirá a un pujante renacimiento de antiguas ideas o ideales; o si, por el contrario, lo envolverá todo la ola de petrificación mecanizada y una convulsa lucha de todos contra todos. En este caso, los últimos hombres de esta fase de la civilización podrán aplicarse esta frase. «Especialistas sin espíritu, gobernantes sin corazón: esas nulidades se imaginan haber ascendido a una nueva fase de la humanidad jamas alcanzada anteriormente» (We b e r, 1979:259-60).
41 Como señala Leibniz en La Te o d i c e a ( v é a s e Leibniz 317:73).
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