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sábado, 3 de octubre de 2020

INTRODUCCIÓN. LA ECONOMÍA COMO CIENCIA SOCIAL: EVOLUCIÓN DE SU OBJETO Y MÉTODO

 INTRODUCCIÓN. LA ECONOMÍA COMO CIENCIA SOCIAL: EVOLUCIÓN DE SU OBJETO Y MÉTODO 

 La economía es una ciencia social porque 1) sus leyes son empíricas, 2) porque los hechos que selecciona para el análisis están cargados de teoría y 3) porque el individualismo metodológico que se aplica en la investigación económica está restringido por el proceso de socialización. 

1) A diferencia de las ciencias experimentales, la economía se enfrenta a fenómenos caracterizados por un menor grado de uniformidad o constancia, con los que es muy difícil realizar experimentos controlados. Por ello, las leyes de la economía son leyes empíricas: se basan en la experiencia y tienen un grado de generalidad menor que las leyes de la física. 

2) Dada la posibilidad de comprensión empática de los fenómenos económicos y la confusión entre el sujeto observante y el objeto observado (se supone que los economistas son seres humanos y que la economía se ocupa del comportamiento de esa especie) la mera elección de una muestra de fenómenos, de entre un infinito número de observaciones posibles, significa establecer una teoría, de tal manera que los hechos están impregnados de conceptos, controlados por hipótesis que no permiten posibles observaciones contradictorias, contaminados por valores estéticos, morales, religiosos, políticos o ideológicos, y contaminados por los intereses personales de los propios economistas. 

3) Y mientras que en las ciencias experimentales se puede aislar a los individuos o átomos de una sistema para, a partir de ellos, explicar la realidad, en la ciencia económica este individualismo o atomismo metodológico está restringido por la dificultad que supone aislar a los individuos de su contexto general, especialmente debido al proceso de socialización o reproducción social por el que todos los humanos pasan, mediante el aprendizaje de las normas sociales, por un largo período de dependencia, primero biológica y luego económica, hasta convertirse en miembros independientes de una sociedad. 

Puesto que la economía es una ciencia social, la historia del pensamiento económico estudia algo más que la mera evolución de la corriente principal de la teoría económica que ha tomado como modelo de ciencia a la física. 1) Estudia las teorías alternativas, las corrientes heterodoxas que han sido influidas por otras ciencias como la biología, la historia o la sociología. 2) Se ocupa del aspecto explícitamente normativo de la economía (es decir, el que se refiere a cómo deben ser los hechos, en conexión con la ética, que ha sido una parte fundamental en la historia de la disciplina) y de desvelar los supuestos implícitos (y que a menudo son normativos) de una buena parte de la economía positiva 1 (la que supuestamente se ocuparía de hechos sin establecer juicios de valor). 3) La historia del pensamiento económico analiza, también, el arte de la economía (la política económica, que relaciona las fuerzas económicas con el entorno general), que ha sido objeto de atención preferente de determinadas escuelas de pensamiento económico en el pasado. En definitiva, 4) la historia del pensamiento económico combina la reconstrucción racional de la teoría económica (que estudia las teorías del pasado a la luz de los avances posteriores) con la reconstrucción histórica de la misma (teniendo en cuenta el contexto del momento y las intenciones de los economistas que formularon las teorías). En la medida que la economía, como cualquier ciencia es path dependent (dependiente de la trayectoria), la historia del pensamiento económico no es una especialización dentro de la ciencia económica, es la economía desplegada en el tiempo (González 1977: 527-528; Ekelund y Hérbert 1991: 70; Gordon 1995: 61-69, 673-683, 688-691, 695-707, 712; Lysandrou 1996: 578-579; Landreth y Colander 1998: 4-5; Blaug 2001: 147, 150-152, 156-157; Backhouse 2002: 1-3). 

1. De Aristóteles a Marx 

En vista de que su profesionalización ha tenido lugar en el siglo XX, la economía es una ciencia social muy joven. Hasta 1903 (cuando se convirtió en un saber autónomo), la economía formó parte de la ética, de la historia o de la filosofía moral (lo que en el siglo XVIII era equivalente a ciencia social, por oposición a la filosofía natural). Aun si se adopta un punto de vista más amplio y se considera la economía no como una ciencia sino como una disciplina intelectual, sigue siendo un saber reciente: antes de 1500 ningún grupo de pensadores se preocupaba de manera exclusiva por comprender la economía y los que trataron los asuntos económicos lo hicieron como parte de la ética. 

Uno de los primeros y más influyentes pensadores económicos fue Aristóteles (siglo IV a.C.). Para él la economía constituía el arte de la administración del propio patrimonio. Dicho arte formaba parte de la ética porque la riqueza era un medio para un fin y, por tanto, estaba limitado por ese fin, que se concretaba en el bienestar valorado en términos de felicidad, teniendo en cuenta además que la polis (la ciudad, lo público) era anterior al ciudadano: dicho de otra manera, la explicación científica de los fenómenos sociales debía basarse en leyes relacionadas con las acciones de entidades más amplias que los individuos (holismo metodológico). A partir de esta concepción normativa de la economía, Aristóteles utilizó el término crematística para designar el arte de adquirir la riqueza (crematística natural) y la ganancia monetaria, la cual había conducido al principio, contrario a la moral natural, de 2 que la riqueza era ilimitada, era un fin en sí mismo (de ahí que Aristóteles la denomine crematística antinatural). Así, la aportación fundamental de Aristóteles fue subrayar la vinculación de la economía con la satisfacción de necesidades para un determinado fin, significado que persistió en la filosofía moral hasta el siglo XVIII y que entre otros compartirían Adam Smith, y luego John Stuart Mill, Marx, Keynes o recientemente el premio Nobel de Economía Amartya Kumar Sen, a quien se debe la recuperación de las reflexiones éticas y sobre el bienestar para la ciencia económica y que ha sido el inspirador intelectual del paradigma del desarrollo humano de Naciones Unidas (y sus índices asociados, Índice de Desarrollo Humano, Índice de Desarrollo Sostenible, Índice de Desarrollo de Género e Índice de Pobreza Humana). En la actualidad esta visión del objeto de la economía es heterodoxa frente a la concepción neoclásica de la economía ocupada de la satisfacción de deseos concebidos como ilimitados (sin ningún fin). En este caso los recursos, por definición, son (no pueden ser otra cosa que) escasos en relación con los deseos ilimitados, que, además, resultan independientes de los de otros individuos y de los oferentes de bienes y servicios. En cambio, una definición de la economía vinculada a la satisfacción de necesidades, como la que propuso Aristóteles, implica que los recursos deberían ser abundantes en relación con las necesidades humanas y, por tanto, el problema económico no es la escasez sino la mala distribución de los recursos entre personas, generaciones, países y géneros (Finley 1974: 15-16; 1979: 186-189, 202, 206; 1992: 64-83, 133-134; Ekelund y Hérbert 1991: 15; Landreth y Colander 1998: 7; Fukuda-Parr 2003). 

Entre 1500 y mediados del siglo XVIII, la cantidad de literatura concerniente a la economía aumentó de un modo significativo en Europa occidental bajo la genérica denominación de mercantilismo. A medida que se afianzó y legitimó la clase de los comerciantes, los asuntos económicos abandonaron la esfera de las preocupaciones éticas que había absorbido a los escolásticos durante la Edad Media por influencia de Aristóteles y del cristianismo. Los escolásticos se habían aproximado a los asuntos económicos con un enfoque normativo y una metodología deductiva, sustituyendo las intuiciones aristotélicas por la fe y el argumento de autoridad con el fin de cerrar cualquier duda acerca de la verdad de las premisas de sus razonamientos. Partiendo de estas premisas evidentes por sí mismas creían llegar a conclusiones también ciertas sobre casos particulares, utilizando las reglas de la lógica. Sin embargo, los que a partir de 1500 escribieron sobre asuntos económicos, en su mayoría comerciantes, se aproximaron a la realidad con un enfoque radicalmente distinto. En un contexto en que las ideas de Aristóteles se empezaban a poner en duda ante el avance de nuevos 3 descubrimientos científicos de Copérnico, Kepler y Galileo, los que estudiaron los problemas económicos lo hicieron desde un enfoque más positivo que normativo, ligado a la recuperación del método inductivo por parte del empirismo filosófico. Si la deducción es el paso desde premisas generales ciertas a conclusiones también ciertas sobre casos particulares, utilizando las reglas de la razón lógica (racionalismo), la inducción es el paso de proposiciones particulares a las que se llega por la observación de los sentidos (empirismo) a enunciados o leyes generales y, según Aristóteles, sólo era un método aplicable a universos cerrados y controlados. Pero los métodos deductivo e inductivo no eran incompatibles entre sí. De hecho, el libro de ciencia que marcó el canon metodológico hasta principios de siglo XX fueron los Principios matemáticos de filosofía natural (1687) de Isaac Newton, una combinación de rigurosas deducciones e inducciones que se levantó como alternativa empirista exitosa a la visión racionalista del mundo físico de Descartes y que inspiró a los ilustrados escoceses Hume y Smith. 

A principios del siglo XVII hizo su aparición en Francia el término économie politique, en pleno desarrollo del Estado-nación bajo el absolutismo y su política económica de acompañamiento, el mercantilismo: no es casual que la economía se definiera entonces como la ciencia de la adquisición de riqueza y que el adjetivo política acompañara al sustantivo para subrayar la importancia del Estado. La economía política entonces fue sinónimo de la administración de los asuntos del Estado con el fin, no de satisfacer las necesidades de los súbditos, sino de conseguir el engrandecimiento del Estado. A finales de dicha centuria, William Petty sería el primero en utilizar el término political economy en Inglaterra; como fundador de la aritmética política su preocupación fundamental era cuantificar los fenómenos económicos en lo que fue una de las primeras versiones del operacionalismo o fisicalismo en economía, posición filosófica que defiende que los conceptos sólo tienen significado si se les puede asignar valores físicos. En el siglo XVIII, los fisiócratas franceses reclamaron para sí el nombre de economistas y constituyeron la primera escuela del pensamiento económico, con su estructura maestro-discípulos, su órgano de expresión, su metodología deductiva ligada al racionalismo filosófico de Descartes (los fisiócratas elaboraron el primer modelo económico abstracto), y su actuación como grupo organizado que trató de influir sobre la política económica del gobierno. A pesar de proceder de un linaje filosófico opuesto, los fisiócratas influyeron en la definición del objeto de la economía que dio Adam Smith: para ellos, la economía política era la ciencia de la producción y distribución de la riqueza en el contexto de la administración de los recursos de una nación, teniendo en cuenta todos los 4 recursos naturales y otros que luego serían excluidos de la condición de bienes económicos. 

Adam Smith, catedrático de filosofía moral, era seguidor filosófico de Newton y destacado miembro de la Ilustración escocesa. Su principal influencia metodológica fue la de uno de los máximos exponentes de ese movimiento ilustrado, David Hume. En su famoso “problema de la inducción” (como se le ha conocido retrospectivamente), Hume planteó que la inducción no puede conducir a generalizaciones o leyes que posean certeza, o dicho de otra manera, que la observación de una conjunción repetida de acontecimientos no asegura que los mismos fueran a combinarse del mismo modo en el futuro y, por tanto, el principio de causalidad debe descartarse porque no es directamente observable y ser sustituido por la noción de probabilidad. Sobre tal noción se desarrollaría buena parte de la estadística en el siglo XX: cuantas más veces pudiera observarse la correlación entre dos fenómenos mayor sería la probabilidad de que pudieran repetirse, aunque nunca podría demostrarse una relación causa-efecto entre ambos. 

Con el bagaje metodológico de Hume y la influencia de los fisiócratas, Adam Smith definió la economía política, en su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), como “una rama de la ciencia del hombre de Estado o del legislador”, cuyo objetivo es tanto asegurar “un ingreso abundante o la subsistencia para el pueblo” como suministrar “un ingreso suficiente para los servicios públicos al Estado o al interés común”. Igual que para los fisiócratas, la economía política era, para Smith, la ciencia de la producción y distribución de la riqueza, definida como el conjunto de los medios materiales para satisfacer necesidades humanas. Esta concepción fue asumida en términos generales por la escuela clásica británica de economía política y por Marx. Sin embargo, dentro de este grupo de economistas apareció una clara diferenciación. Para Smith y Marx, la economía política era una rama de la filosofía (no en vano ambos eran filósofos) y sus leyes y categorías tenían una naturaleza histórica, de manera que el contexto institucional debía ser especificado; ambos eran relativistas metodológicos, como lo sería también la escuela histórica alemana, aunque a diferencia de la misma, tanto Smith como Marx rechazaron el individualismo y el holismo metodológico, para compartir una posición dualista (reconoce que el comportamiento de los individuos está marcado por el entorno institucional, sin excluir el problema de la agencia). Ricardo, en cambio, pese a ser en muchos aspectos la fuente principal de inspiración de Marx, intentó acercar las leyes de la economía política (por definición leyes empíricas) a las leyes analíticas de la física: tomando como dado el contexto institucional, consideró desde una posición de absolutismo metodológico que 5 las leyes de la economía eran leyes universales y que la economía era una rama independiente de –y ajena a– las ciencias sociales y la historia,. Así, la teoría económica, que en Hume, Smith y Malthus estuvo vinculada estrechamente a la historia económica, se separó de la verificación histórica por la influencia metodológica de Ricardo. El primer John Stuart Mill llegó a definir las leyes económicas de la producción como leyes invariables, leyes de tendencia que, sujetas a la restricción ceteris paribus, se cumplían en ausencia de causas perturbadoras concretas. La combinación del método deductivo e inductivo que en Hume, Smith y Malthus era el canon y que también practicaron John Stuart Mill en su madurez y Marx, fue abandonado por Ricardo, quien, al adscribirse al método deductivo y reducir los límites de lo económico a los factores y mercancías directamente útiles para la producción o el consumo que habían sido apropiados, facilitó el cambio de paradigma hacia la economía neoclásica, tras la revolución marginalista (Groenewegen 1987: 905-907; Walsh 1987: 864; Naredo 1987: 420; Gordon 1995: 37, 40, 47-57, 132, 224, 631-635, 653, 666-667; Oldroyd 1993: 95-118, 122-132, 170- 185, 235-236)

2. La reducción marginalista y neoclásica 

¿Cómo se pasó de la economía clásica a la neoclásica? Los filósofos de la ciencia consideran desde Karl Popper (La lógica del descubrimiento científico, publicada en alemán en 1934 y traducida al inglés en 1959) que ésta avanza por el enfrentamiento de teorías alternativas, en una característica visión dialéctica que se remonta a Hegel: a una teoría o tesis se le opone otra en forma de antítesis, que da como resultado una modificación de ambas en una nueva síntesis superadora, la cual enlaza como tesis con la siguiente cadena teórica. Para entender el planteamiento de Popper hay que distinguir entre los dos modos lógicos de argumentación: el modus ponens (mp) y el modus tollens (mt). Consideremos el siguiente silogismo hipotético: 

1) la población crece en progresión geométrica, 

2) la producción de alimentos crece en progresión aritmética, luego 3) la cantidad de alimentos per cápita tenderá a disminuir con el tiempo. El mp consiste en realizar una investigación empírica de 1) y 2), de manera que si 1) y 2) son verdaderas, 

3) ha de ser verdad: éste era el método lógico que siguieron los escolásticos y más tarde los marginalistas con su razonamiento hipotético-deductivo. 

El mt, en cambio, consiste en efectuar una 6 investigación empírica de 3), de manera que si 3) es falso la lógica nos dice que 1) o 2), o ambos, han de ser falsos. Popper sostiene que el razonamiento científico debe utilizar la forma de deducción mt a partir de la falsedad observada de la conclusión, ya que si bien la veracidad empírica de una conclusión no nos dice nada seguro de las premisas sobre las que dedujo lógicamente, la falsedad empírica de una conclusión es un indicio seguro de que, al menos, una de las premisas tiene que ser falsa (si se encuentra un solo país o época histórica en que la cantidad de alimentos per cápita aumenta a largo plazo, la premisa 1 o la 2 o ambas son necesariamente falsas). Para Popper, las teorías científicas eran conjeturas provisionales que no podían verificarse a través de pruebas empíricas, tan solo refutarse (Harris 1979: 31-32; Katouzian 1982: 63, 97, 102-108, 193-216; Blaug 1985: 22-43, 114-118, 123- 134, 148-149, 153, 288; Boland 1987: 455; Caldwell 1987: 923; Hargreaves-Heap y Hollis 1987: 166; Walsh 1987: 861-862; Wong 1987: 921; Samuelson 1994: 279-280; Gordon 1995: 55, 422-423, 639- 642, 650-651, 696-697, 703-704; Barbé 1996: 29; Dow 1997: 76; Landreth y Colander 1998: 12). 

Ahora bien, Popper considera que una teoría no podía rechazarse hasta que se dispusiera de otra mejor, lo que daba lugar a la existencia de “estratagemas inmunizadoras” mediante el desarrollo de hipótesis ad-hoc, siguiendo un “principio de tenacidad” de la ciencia. Esto llevó al historiador de la ciencia, Thomas Kuhn, a contemplar el avance de la ciencia no como un progreso continuo a través de la falsación, sino como un fenómeno caracterizado por largos períodos de normalidad rotos por crisis revolucionarias. En su libro La estructura de las revoluciones científicas (1962), Kuhn distinguió entre los períodos de ciencia normal y de ciencia revolucionaria. La ciencia normal era la práctica científica que considerada durante cierto tiempo como ortodoxa: esto implicaba la existencia de un “colegio invisible” de científicos, que compartía una misma visión del mundo o “paradigma”, es decir, un conjunto de supuestos y procedimientos que no se ponen en cuestión y de problemas o “enigmas” a resolver delimitados de antemano. Durante estos períodos de ciencia normal, la ciencia se desenvuelve siguiendo lo que los filósofos de la ciencia denominan doctrina del convencionalismo, según la cual las teorías e hipótesis científicas son simplemente instrumentos para ordenar y comunicar información, que funcionan porque los miembros de la comunidad científica conocen las reglas y las obedecen. Pues bien, desde principios del siglo XIX hasta la década de 1860, los economistas clásicos formaron ese colegio invisible, establecieron un conjunto de supuestos y procedimientos que nadie cuestionaba (la teoría objetiva del valor, la doctrina del fondo de salarios, la teoría malthusiana de la población o la ley de hierro de los salarios) y fijaron como problemas a resolver los del crecimiento y 7 la distribución. Según Khun, el período de ciencia revolucionaria está asociado a la proliferación de “anomalías” que impiden dar respuesta a nuevos problemas o que ponen en cuestión el paradigma dominante, lo que lleva a acumular un gran número de modificaciones ad-hoc del paradigma dominante, hasta que éste entra en crisis y es sustituido por otro. Aplicando el análisis de Khun se podría comprobar que la economía política clásica conoció ese fenómeno de proliferación de anomalías en la época de Mill y Marx. Ahora bien ¿a qué se debió su sustitución, tras la revolución marginalista, por la economía neoclásica a fines del siglo XIX? (González 1977: 509-512, 527-528; Katouzian 1982: 126; Blaug 1985: 48-52; Urbach 1987: 795; Backhouse 1988: 18-20; Ekelund y Hérbert 1991: 70; Gordon 1995: 642-649, 651-652, 657-659; Schwartz 1997: 93; Dow 1997: 77, 85-86; Landreth y Colander 1998: 4). 

Siguiendo al discípulo de Popper, Imre Lakatos, se podría pensar que los economistas eligieron el mejor programa de investigación que tenían a mano de acuerdo con criterios racionales. Para Lakatos un programa de investigación es un grupo de teorías más o menos interrelacionadas que tiene dos componentes: un “núcleo duro” de supuestos aceptados provisionalmente que se consideran irrefutables, y un “cinturón protector” de hipótesis auxiliares para hacer frente a las anomalías y que sí es posible falsar para evitar las “estratagemas inmunizadoras” de las que hablaba Popper. A medida que uno de estos programas se enfrenta con falsaciones experimentaría variaciones en su cinturón protector, que podían dar lugar a un cambio temático de carácter “progresivo” o a uno de carácter “degenerativo”. Un programa es teóricamente progresivo si las sucesivas formulaciones del mismo suponen un aumento del contenido empírico que prediga hechos nuevos hasta entonces imprevistos. Por el contrario, un programa era teóricamente degenerativo si sólo intenta acomodar hechos anteriormente observados. El caso de la economía política clásica sería el de un programa que dio lugar a un cambio temático de carácter degenerativo cuando John Stuart Mill cuestionó uno de los supuestos de su núcleo duro: que el fondo salarial sólo se destinaba a la inversión (Katouzian 1982: 135-136; Blaug 1985: 54-57; Hargreaves-Heap y Hollis 1987: 167; Backhouse 1988: 20-22; Gordon 1995: 660-662). 

A partir de 1870, el continuo progreso tecnológico (la segunda revolución industrial), unido a una mejora de los salarios reales en los principales países desarrollados constituyeron profundas anomalías que dejaron en evidencia tanto el núcleo duro (la teoría del fondo de salarios) como el cinturón protector (la teoría de la población de Malthus y el principio de los rendimientos decrecientes) 8 del programa de investigación de la economía política clásica. Pero hay otras razones que explican el triunfo de la economía neoclásica ajenas a los análisis de Kuhn y Lakatos sobre la evolución de las paradigmas y programas de investigación científicos. En la década de 1980, la llamada escuela de sociología de la ciencia de Edimburgo estableció que la sustitución de unos programas de investigación por otros no se basaba en su superior potencia explicativa o predictiva, sino que dependía de factores externos como el entorno político, social y económico (según esta escuela todo conocimiento es conocimiento situado). Por su parte, el economista Donald McCloskey (La retórica de la economía, 1985) sostuvo que una teoría podía ser aceptada no por su verdad inherente, sino porque se dedicaba con éxito a convencer a otros de su valor haciendo uso de una retórica más persuasiva. En estas dos aportaciones cabría encontrar algunas de las razones que facilitaron el cambio de paradigma desde la economía clásica a la neoclásica. Entre las décadas de 1860 y 1880, se produjo la irrupción del movimiento obrero internacional, bajo la creciente influencia del marxismo. En ese contexto, una teoría que no hiciera referencia al trabajo, ni a los medios de producción, que prescindiera de la división de la sociedad en clases y de conceptos como excedente y explotación, y que mostrara, en definitiva, cómo el mercado funcionando sin trabas proporcionaba una asignación de recursos óptima, estaba destinada a tener un éxito académico seguro, aunque se dedicara a estudiar el mundo real no a partir de lo que era importante, sino de lo que era más sencillo (la teoría del intercambio). Y si lo hacía con una de las herramientas que constituían la base de las ciencias experimentales, el cálculo diferencial, su retórica sería, además, muy persuasiva (Harris 1979: 36-37; Blaug 1985: 63; Gordon 1995: 663-666, 707; Boland 1987: 456; Stettler 1995: 392, 397; Dow 1997: 79; Landreth y Colander 1998: 14). 

Así, desde finales de la década de 1870, en su obsesión por convertir la economía en una ciencia puramente deductiva, la revolución marginalista abandonó la preocupación por la satisfacción de las necesidades humanas de la economía política que tan peligrosas derivaciones habían tomado con la lectura de los clásicos por Marx, para centrarse en los deseos ilimitados. La political economy se fue convirtiendo en economics o economía pura. La (contra) revolución marginalista provocó una cambio en el objeto y el método de la economía. El británico Jevons, que siguió utilizando el término political economy en el título de su manual publicado en 1871, definió (el método de) la economía (economics) como “una especie de Matemática que calcula las causas y los efectos de la actividad humana”; esta idea de la economía como una ciencia objetiva, ajena a los juicios de valor, resultaba un dique de contención contra la crítica de Marx de que la economía política clásica era pura ideología burguesa, un 9 sistema de justificación de los intereses de los capitalistas. El cambio respecto al objeto de la nueva ciencia económica tardó más tiempo en explicitarse (no se produciría hasta la década de 1930). Entre tanto, los teóricos del marginalismo (cuyo principio descubrieron simultáneamente entre 1871 y 1876 Jevons, Menger y Walras) se dedicaron a reducir los límites de lo económico. El fundador de la escuela austríaca, Menger, contribuyó decisivamente a esa tarea al excluir de la consideración de bienes económicos a los que no eran escasos; frente a estos bienes libres, los bienes económicos eran por definición limitados, dado lo ilimitado de los deseos humanos, y, en consecuencia, su valor dependía no de los costes de producción (como pensaban los clásicos y Marx a partir de una teoría del valor que remitía al trabajo como fundamento último del mismo), sino de su utilidad marginal. Walras, el fundador de la escuela del equilibrio general, sistematizó esa visión reduccionista de los límites de lo económico en su definición de la riqueza social como el conjunto de bienes materiales o inmateriales que son escasos (disponibles en cantidades limitadas) y útiles (capaces de satisfacer un deseo), bienes que, en consecuencia, deben ser apropiables, valorables e intercambiables a ciertas tasas de intercambio o precios, y producibles en la medida en que interesa hacer su cantidad menos limitada de lo que es. 

Más tarde, Marshall incorporó el término economics por primera vez al título de una monografía que publicó en 1879. Y luego sacó adelante la primera licenciatura independiente en economía del mundo en la Universidad de Cambridge (1903). Marshall, en su famoso manual Principios de economía, publicado en 1890, trató de conciliar las viejas preocupaciones clásicas sobre “los requisitos materiales del bienestar” con las de la escuela marginalista sobre las preferencias . Ello, unido a su intento de compaginar las teorías del valor de los clásicos y los marginalistas, le convirtió en el jefe de la escuela neoclásica. Pero esta escuela asumió la labor reductiva del marginalismo. Merced a su gran influencia en círculos políticos, Marshall propició la clasificación de las amas de casa, que hasta entonces figuraban en los censos británicos dentro del grupo de trabajadores desocupados, como población dependiente. Ello contribuyó, más que muchas definiciones anteriores, a concretar qué eran bienes y servicios económicos a través de la consolidación de ese cambio en el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN). Frente a los esfuerzos de las pioneras de la economía feminista como Margaret Reid (autora de la Economía de la producción doméstica, 1934), la economía se alejó durante mucho tiempo de la preocupación por la satisfacción de necesidades (bienestar) y legitimó, vía estadística oficial, la marginación de las mujeres llevada a cabo desde los días de Aristóteles y los clásicos. Si para aquel el hombre era el productor y y la mujer la consumidora, para los clásicos (igual que para Marx) 10 el trabajo doméstico, al ser considerado improductivo, quedaba encerrado en la esfera separada de la familia frente al mercado, así que los neoclásicos simplemente dejaron de tenerlo en cuenta pues, al estar fuera del mercado, no reunía la categoría de servicio económico. 

Después de casi un siglo de reducción del objeto de la economía, desde Ricardo a los orígenes del SCN, la definición neoclásica de economía encontró su plasmación canónica en 1932, cuando el seguidor británico de la escuela austríaca, Lionel Robbins, publicó Un ensayo sobre la naturaleza y significado de la ciencia económica (1932): la economía debía convertirse en “un sistema de conocimiento teórico y positivo”, partiendo de premisas verificables por introspección personal. A partir de dichas premisas, Robbins aplicaba el método hipotético-deductivo siguiendo el razonamiento lógico mp: así, si 1) Robbins es un maximizador de su utilidad y 2) Robbins comparte la condición de consumidor con otros agentes económicos, entonces 3) los consumidores son maximizadores de su utilidad. En consecuencia, la teoría económica debía analizar los fenómenos sociales en función de las acciones racionales de los individuos: frente al enfoque relativista y dualista de las escuelas clásica, marxista e institucional (o al relativista y holista de la escuela histórica), el absolutismo y el individualismo metodológicos se convertirían desde entonces en la marca distintiva de la economía de la corriente principal, que se presentaría a sí misma como una ciencia objetiva, libre de juicios de valor (Groenewegen 1987: 905-906; Naredo 1987: 420-421; Folbre 1991: 472-473; Nelson 1992: 117-118; 1995: 142-143; Gordon 1995: 697; Landreth y Colander 1998: 7-8; Domínguez 2001: 187-196). 

3. De la primera a la segunda crisis de la teoría económica 

Contra esta visión de la economía como microeconomía, Keynes mantuvo por la misma época que la economía “es un método más que una doctrina… una técnica de pensamiento”. Esta definición implícitamente llamaba a recuperar la preocupación de la vieja economía política por la resolución de problemas agregados y es la que influyó en la famosa metáfora de su discípula Joan Robinson para quien la economía es “una caja de herramientas”. Las herramientas sirven para arreglar las cosas que no funcionan y lo que no funcionaba en los tiempos de Keynes (las décadas de 1920 y 1930) era la hipótesis de la escasez de la teoría neoclásica (que Keynes prefería denominar clásica para resaltar la originalidad de su propio sistema): ante la existencia de desempleo involuntario, el problema económico no era la asignación de recursos escasos entre usos alternativos, sino cómo emplear los abundantes recursos laborales que estaban ociosos. Ello constituyó la primera crisis de la teoría 11 económica neoclásica. Y frente a la reducción llevada a cabo por ésta, Keynes definió “el problema económico” como “el problema de la necesidad, de la pobreza y de la lucha económica entre clases y naciones”, y distinguió entre medios (la acumulación de dinero) y fines (la autorrealización personal), conectando así con las preocupaciones éticas de la definición aristotélica de la economía y los objetivos emancipadores del individualismo progresivo de John Stuart Mill y Marx. En vez de intentar que la realidad se modificase para adecuarse a la teoría, la economía tenía que contribuir a la resolución del desempleo mediante la adaptación de la teoría a la realidad, empezando por un cambio de metodología que pasara de la microeconomía al enfoque agregado. Antes que Keynes, Smith y Walras habían desarrollado un enfoque macroeconómico como resultado exclusivo de agregaciones que se deducían a nivel microeconómico (lo que se denomina agregacionismo). Sin embargo, el planteamiento de Keynes justificó por primera vez las leyes macroeconómicas de comportamiento (leyes que son empíricas) a partir de la ley de los grandes números, de la que era un especialista (en 1921 publicó su tesis doctoral con el título de Tratado sobre probabilidad): esta posición, que se denomina unitarismo, abrió una brecha significativa en el principio del individualismo metodológico. La llamada síntesis neoclásica, debida al Nobel Paul Samuelson, trató de cerrar esa brecha combinando la definición de Robbins (la que acabó imponiéndose entre los economistas de la corriente principal tras la II Guerra Mundial) con una vuelta al agregacionismo a la hora de abordar los problemas macroeconómicos (Keynes 1931: 10, 332; Groenewegen 1987: 906; Katouzian 1982: 217-218; Hoover 1994: 723; Barbé 1996: 17-19; González 1997: 27-58; Gordon 1995: 627-628; Colander 2000: 131). 

Después de 1950 el centro de gravedad de la ciencia económica se trasladó desde Europa occidental a Estados Unidos, en parte como consecuencia de la Gran Depresión de los años treinta y de la II Guerra Mundial (que llevaron a una estrecha colaboración de los economistas profesionales con el gobierno norteamericano), y en parte por la fuga de cerebros hacia ese país que ocasionó la dominación nazi de Europa. En esos años, la economía no asimiló el falsacionismo popperiano (pese a las apelaciones a Popper), sino la huida hacia adelante del instrumentalismo predictivo. Según esta doctrina, una teoría se confirma si predice correctamente. Para ello se utiliza la “tesis de la simetría”: la explicación científica sigue las mismas reglas que la predicción, con la única diferencia que la explicación se produce después de ocurrido el explanandum, mientras que la predicción se produce antes de que tenga lugar el fenómeno en el tiempo; la explicación es simplemente una predicción proyectada hacia el pasado. Este planteamiento sería asumido por Milton Friedman, el líder de la 12 escuela de Chicago, en su influyente obra Ensayos sobre economía positiva (1953), en la que distinguió entre economía positiva (la que analiza los hechos económicos, considerada como una teoría científica análoga a la física, según las reglas de la predicción) y economía normativa (la que propone cómo debería funcionar una economía y que, según este autor, es meramente una cuestión de valores). Lo importante de una teoría no era el realismo de sus supuestos (de hecho cuanto más irreales fueran los supuestos mayor sería la capacidad de la teoría de explicar mucho a través de poco), sino su capacidad de predicción. Gracias a ello la economía positiva, como se autodenominó la corriente principal en esos años, siguió apegada al absolutismo y al individualismo metodológico y se centró en el método hipotético-deductivo por el sistema mp, alejándose del canon metodológico popperiano y de los problemas reales. La irrelevancia práctica de la mayor parte de la teoría del crecimiento y la incapacidad de los economistas ortodoxos para enfrentarse a los problemas económicos de la crisis de los setenta, son buenas muestras de esa inoperancia de la teoría. Mientras tanto, se intentaba hacer frente a la proliferación de anomalías en el paradigma neoclásico (constatables en la escasa capacidad predictiva de la teoría del comportamiento del consumidor, y la ineptitud del teorema de HeckscherOhlin y del modelo de equilibrio general), con la multiplicación de hipótesis ad hoc. 

Así, a principios de la década de 1970 se hablaba ya de una segunda crisis de la teoría económica, crisis que alumbró en Estados Unidos nuevas corrientes heterodoxas, como la economía política radical (heredera del marxismo), la economía postkeynesiana (heredera del Keynes genuino frente al llamado keynesianismo bastardo) o la economía ecológica, corrientes que, junto con los seguidores de la escuela institucionalista, incluyeron en el núcleo duro de sus programas de investigación la pobreza, la desigualdad internacional e intergeneracional, el poder y la destrucción del medio ambiente, como alternativas a la escasez y la elección. Con estas nuevas heterodoxias, a las que se vino a sumar en la década de los noventa la economía feminista, el problema económico tal y como lo había definido Keynes, se amplió también al racismo y la discriminación sexista. En este contexto de crisis de la teoría ortodoxa, la corriente principal realizó una nueva huida hacia adelante también en cuanto a la definición del objeto de la economía conocida como imperialismo económico. Promovida por las escuelas de Chicago y de la Elección Pública (en Virginia), resucitó el término de economía política no para resolver los problemas económicos relevantes sino para aplicar la aproximación de Robbins a campos completamente ajenos al análisis económico tradicional, como la familia, el crimen, el sexo y la política, pero sin modificar en un ápice el axioma fundamental de la escasez y la elección ni 13 la metodología propuesta por Friedman (Morfaux 1985: 96, 130, 160-161, 185, 209, 240-241, 291; Stromberg 1991: 47-55, 84-89, 112-113; Harris 1982: 28-29; Blaug 1985: 20-22, 29-30, 281-284; Caldwell 1987: 922; Hoover 1994: 718; Oldroyd 1993: 349; Gordon 1995: 55, 61, 331, 409-410, 631- 640, 650-654; Barbé 1996: 28; Landreth y Colander 1998: 4, 10-11, 379-381, 396-399; Ward 1983: 194-197; Katouzian 1982: 221, 244-246; Groenewegen 1987: 906; Allais 1994: 33, 38-39; Rostow 1994: 270-271). 

Paralelamente a esta crisis del objeto de estudio, se vivió una crisis del método de la economía positiva ante las continuas desviaciones de las predicciones de la teoría respecto a la evolución de la economía real, y la multiplicación de estratagemas inmunizadoras. Los especialistas en metodología de la economía seguidores de Popper acusaron a los practicantes de la economía positiva de ser incoherentes con su metodología instrumentalista (si las teorías no predecían correctamente lo coherente hubiera sido abandonarlas) y de no someterse a la prueba de la falsación: la economía positiva se basaba en proposiciones incontrastables y llenas de juicios de valor (era, en realidad, una economía cargada de elementos normativos); la economía positiva dejaba que la formalización matemática determinara la esencia y el contenido del conocimiento, que era cada vez menos relevante; en definitiva, la economía positiva era una moderna escolástica defendida con el único arma –la dogmática– de que disponía la antigua, donde la autoridad de Aristóteles era sustituida por Friedman y, más tarde, por el nuevo gurú del imperialismo económico, Gary Becker. En este contexto, un antiguo creyente de la economía positiva, Donald McCloskey confirmó en la década de 1980 el fracaso de la economía neoclásica como ciencia predictiva (si los economistas hubieran tenido esa capacidad serían todos ricos según McCloskey). Entonces todavía se podía defender la idea que, pese a ello y pese a los múltiples síntomas que indicaban su cambio temático de carácter degenerativo, la economía neoclásica había tenido un éxito completo (es decir, seguían creyéndosela los estudiantes, los profesores y los políticos), merced a su retórica matemático-econométrica que cuanto más críptica más persuasiva resultaba (Katouzian 1982: 18-22, 95-100, 116-117; Boland 1987: 456; Gordon 1995: 652-653, 666, 707; McCloskey 1987: 173-174; 1993: 107 y ss.; Strassmann 1993: 56-57, 60, 65; Mäki 1995: 1300- 01; Stettler 1995: 392, 397; Dow 1997: 79). 

En la actualidad, el cuestionamiento de la economía neoclásica se ha generalizado. La plataforma post-autistic economics, nacida de un grupo de estudiantes y profesores de economía en Francia en 2000 y que se ha extendido a los principales países desarrollados, se propone como objetivo volver al 14 estudio de los problemas reales (frente a los mundos imaginarios de los modelos abstractos), limitar el uso de las matemáticas a la categoría de herramienta (frente a su concepción de fin en sí mismo) y establecer un enfoque pluralista que aborde los grandes problemas económicos (desempleo, desigualdades, globalización) desde una concepción más compleja del comportamiento humano, que esté atento a la dinámica histórica, que sea contrastable empíricamente y que se abra al diálogo con otras disciplinas de las ciencias sociales (http://mouv.eco.free.fr). Por su parte, el presidente de la History of Economics Society ha declarado oficialmente “la muerte de la economía neoclásica” y su sustitución por una “economía del nuevo milenio”, más ecléctica, preocupada por el crecimiento económico, que asume una racionalidad limitada, cuestiona el individualismo metodológico, y modeliza en función del criterio de la verificación empírica y la aplicabilidad de resultados al diseño de políticas económicas (Colander 2000: 135-140). 

PALABRAS CLAVE: individualismo, holismo y dualismo metodológicos, economía normativa y positiva, crematística natural y antinatural, paradigma del desarrollo humano, métodos deductivo e inductivo, racionalismo y empirismo filosóficos, operacionalismo o fisicalismo, problema de la inducción, relativismo y absolutismo metodológicos, dialéctica, modus ponens y modus tollens, falsacionismo, estratagemas inmunizadoras, principio de tenacidad, ciencia normal y revolucionaria, convencionalismo, programas de investigación, núcleo duro, cambios temáticos progresivo y degenerativo, conocimiento situado, retórica, agregacionismo y unitarismo, instrumentalismo predictivo, tesis de la simetría, imperialismo económico. 

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Los economistas como científicos

 Los economistas tratan de abordar su materia de estudio con objetividad científica. Esta manera de afrontar el conocimiento es la misma que utilizan los físicos cuando abordan el estudio de la materia o los biólogos cuando abordan el estudio de la vida. Lo que hacen es agrupar diferentes teorías, recabar datos y analizarlos tratando de comprobar o refutar sus teorías.

En una primera instancia puede resultar extraño considerar a la economía como una ciencia. Después de todo, los economistas no trabajan en laboratorios ni con telescopios. Sin embargo, la esencia de la ciencia radica en el método científico, el cual consiste en el desarrollo objetivo y la comprobación de teorías acerca de cómo funciona el mundo. Este método de investigación puede aplicarse tanto al estudio de la economía como a estudiar la fuerza de la gravedad de la Tierra o la evolución de las especies. Como lo dijo Albert Einstein: “La ciencia no es más que un refinamiento del pensamiento cotidiano”.

Aun cuando el razonamiento de Einstein es cierto para las ciencias sociales, la economía y las ciencias naturales como la física, la mayoría de las personas no están acostumbradas a mirar a la sociedad con los ojos de un científico. Analicemos algunas de las formas en las que los economistas aplican la lógica de la ciencia para examinar cómo funciona la economía.

El método científico: observación, teoría y más observación

Isaac Newton, el famoso científico y matemático del siglo XVII, se quedó intrigado al ver caer una manzana de un árbol. Esta observación le motivó a desarrollar la teoría de la gravedad, la cual se aplica no sólo a la manzana que cae del árbol, sino a cualquier par de objetos en el universo. Pruebas subsiguientes de la teoría de Newton han demostrado que su teoría es válida en la mayoría de las circunstancias, aunque tiempo después Einstein puso de manifiesto que dicha teoría no se cumple en todos los casos. Debido a que la teoría de Newton permite explicar muy exitosamente la observación, todavía se enseña en la mayoría de los cursos universitarios del mundo.

La relación entre observación y teoría también ocurre en el campo de la economía. Un economista puede vivir, por ejemplo, en un país que está experimentando un rápido incremento de los precios y, motivado por esto, se decide a escribir una teoría sobre la inflación. La teoría afirma que una alta tasa inflacionaria ocurre cuando el gobierno imprime mucho dinero. Con el objeto de probar esta teoría, el economista puede recolectar y analizar diferentes datos sobre los precios y el dinero en distintos países. Si encuentra que el incremento en la cantidad de dinero no está relacionado con un incremento en los precios, entonces empezará a dudar de su teoría sobre la inflación. Si, por el contrario, encuentra una correlación muy importante entre los datos, entonces el economista se sentirá más confiado con su teoría.

Aun cuando los economistas, al igual que otros científicos, usan la teoría y la observación, los primeros encuentran un obstáculo que dificulta su tarea, ya que en la economía es casi imposible conducir experimentos. Los físicos que estudian la gravedad pueden dejar caer numerosos objetos con el fin de generar información para probar sus teorías. Los economistas, por el contrario, cuando estudian la inflación, no pueden manipular la política monetaria de ningún país con la simple finalidad de generar información para sus teorías. Los economistas, al igual que los astrónomos y los biólogos evolucionistas, tienen que conformarse con los datos que la realidad les proporciona.

Con el fin de encontrar algún sustituto de los estudios de laboratorio, los economistas prestan especial atención a los experimentos que la historia misma proporciona. Así, pro ejemplo, los economistas están muy atentos a las consecuencias que la guerra en Medio Oriente provoca al obstruir el flujo de petróleo. Los precios del hidrocarburo se disparan por las nubes y esto trae como consecuencia, para los consumidores, una bajada en su nivel de vida. Para los diseñadores de la política económica esto plantea una situación muy difícil y con múltiples aristas. Sin embargo, para los científicos economistas, el acontecimiento brinda una oportunidad para estudiar los efectos que un recurso natural clave produce en la economía mundial. Por tanto, a lo largo del aprendizaje consideraremos muchos episodios históricos. Su estudio es importante porque nos ayudan a comprender la economía del pasado y, sobre todo, permiten ilustrar y evaluar las teorías económicas del presente.

El papel de los supuestos

Si usted le pregunta a un físico cuánto tardará en caer una canica de un edificio de diez pisos, lo más probable es que responda a la pregunta suponiendo que la canica cae en el vacío. Este supuesto es falso, desde luego, debido a que el edificio está rodeado de aire y la fricción que ejerce sobre la canica al caer disminuye la velocidad de su caída. Los físicos responderán a esto afirmando que la fricción es casi nula y que, por tanto, su efecto no es importante; es decir, suponer que la canica cae en el vacío simplifica el problema sin afectar significativamente la respuesta.

Por la misma razón, los economistas también hacen supuestos, debido a que éstos simplifican el mundo complejo y lo hacen más fácil de comprender. Para estudiar los efectos del comercio internacional, por ejemplo, podemos suponer que el mundo está formado únicamente por dos países, los cuales a su vez sólo producen dos bienes. En la realidad hay muchos países que producen innumerables bienes, pero al suponer que existen sólo dos países y dos bienes podemos concentrarnos en la esencia del problema. Una vez que se logra entender la esencia del comercio internacional en este mundo simplificado, se tienen mayores posibilidades de comprender el comercio internacional del complejo mundo en el que vivimos.

El arte del pensamiento científico, referido a la física, la biología o la economía, es decidir qué supuestos deben hacerse. Piense, por ejemplo, que se decide dejar caer, de lo alto del edificio, un balón de basquetbol en vez de una caninca; en este caso el supuesto que la fricción no afecta al resultado no será tan exacto, ya que la fricción del balón de basquetbol es mucho más grande. El supuesto de que el objeto cae en un vacío es válido cuando se analiza la caída de la canica, pero deja de serlo al arrojar un balón de basquetbol.

De la misma manera, los economistas usan diferentes supuestos para analizar cuestiones distintas. Suponga que debemos estudiar lo que sucede en la economía cuando el gobierno altera la cantidad de dinero en circulación. Una variable importante de este análisis será la manera en la que responden los precios. En la economía de Estados Unidos, muchos de los precios cambian con poca frecuencia, tal es el caso del precio de venta de las revistas, el cual sólo cambia cada determinado tiempo. Conocer este hecho puede llevar a elaborar supuestos diferentes cuando se analizan los efectos de la política económica en diferentes períodos. Así, para estudiar los efectos a corto plazo de la política económica, podríamos suponer que los precios no cambian demasiado. Incluso podríamos plantear el supuesto artificial y extremo de que todos los precios son totalmente fijos. Sin embargo, para estudiar los efectos a largo plazo de la política, supondríamos que todos los precios son completamente flexibles. Al igual que los físicos usan diferentes supuestos, dependiendo de si lo que se usa en el experimento son balones de basquetbol o canicas, los economistas usan supuestos distintos, dependiendo de si lo que se estudia son los efectos a corto o a largo plazo de alterar la cantidad de dinero circulante en la economía.

Los modelos económicos

Los profesores de biología enseñan anatomía utilizando réplicas del cuerpo humano. Estos modelos tienen los órganos más importantes: el corazón, el hígado, los riñones, etc. Esto le permite a los profesores enseñar a los alumnos, de forma sencilla, dónde están ubicadas las diferentes partes del cuerpo. En general, estos modelos omiten detalles y es evidente que no son cuerpos humanos de verdad. Sin embargo, y a pesar de esta falta de realismo, o quizá gracias a ella, su estudio es muy útil para aprender el funcionamiento del cuerpo humano.

Los economistas también utilizan modelos para facilitar la enseñanza-aprendizaje del funcionamiento del mundo. Estos modelos no son de plástico, sino que se componen de diagramas y ecuaciones. Al igual que los modelos del cuerpo humano los modelos económicos omiten detalles, lo cual permite visualizar aquello que es realmente importante. Los modelos de biología no incluyen todos los músculos y vasos capilares del cuerpo y los de economía no incluyen todas las variables que intervienen en la realidad.

A lo largo de su aprendizaje, con objeto de estudiar diferentes cuestiones económicas, se utilizarán modelos basados en supuestos. Así como los físicos al dejar caer la canica suponen que no existe fricción, los economistas suponen que hay muchos detalles en la economía que son irrelevantes al estudiar ciertas cuestiones y los omiten. Todos los modelos, sean de física, biología o economía, simplifican la realidad para ayudarnos a comprenderla mejor.


Gregory Mankiw, N. (2012). Principios de Economía (Sexta Edición).

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jueves, 1 de octubre de 2020

QUÉ PODEMOS HACER LOS ECONOMISTAS CON UNA CIENCIA QUE DEBE (Y CASI NO PUEDE) SER EMPÍRICA

 QUÉ PODEMOS HACER LOS ECONOMISTAS CON UNA CIENCIA QUE DEBE (Y CASI NO PUEDE) SER EMPÍRICA 

Por Antonio Aznar Catedrático de Econometría y Métodos Estadísticos de la Universidad de Zaragoza y Vicepresidente Primero del Consejo de Administración de CAI. Facultad de Ciencias Económicas. Gran Vía 2-4 50005-ZARAGOZA Teléfono: 976 761829 aaznar@unizar.es 

Resumen: 

El objeto de este trabajo es comentar las dificultades con las que se topa la Economía cuando pretende elaborar, explícitamente, un conocimiento que sea científico. Comenzamos analizando las grandes corrientes de la Filosofía de la Ciencia, comentamos las peculiaridades del fenómeno económico y las consecuencias que se derivan de esas peculiaridades y concluimos con unas recomendaciones. 

Palabras Clave: Científico, Paradigma, Programa de Investigación, Enfoque Preferencialista Bipolar, Tendencias y no Leyes y Predicción. 

Agradecimientos. 

Agradezco las sugerencias que me han hecho Maria Teresa Aparicio, Maria Isabel Ayuda, Pilar Aznar, Tomás García, Javier Nievas, Eduardo Pozo e Inmaculada Villanúa. 2 

“A los economistas les gusta pensar que la Economía es una ciencia. En una ciencia, sin embargo, las contradicciones repetidas de un paradigma conducen a su abandono si hay una alternativa disponible. Un paradigma en Economía sostiene que los déficits presupuestarios producen altos tipos de interés. Este paradigma no está soportado por los hechos”. Evans (1985). “Los defensores de la equivalencia ricardiana han desarrollado un trabajo econométrico sobresaliente pero sólo han logrado la conversión de un reducido número de economistas americanos. Esto no debe sorprendernos porque, como Summers ya demostró, independientemente de lo que pensemos, la econometría sofisticada tiene poca influencia cuando va en contra del sentido común”. Mayer (1995).  

1. INTRODUCCIÓN 

 El economista, como cualquier otro profesional, está dotado de un equipaje intelectual que determina y condiciona su aportación al funcionamiento de la sociedad. La cultura económica es uno de los ingredientes destacados del funcionamiento de las sociedades contemporáneas y esta cultura abarca muchos aspectos que van desde la forma de ver las cosas hasta el mismo proceso de toma de decisiones diseñado para cambiarlas. 

Podemos hablar de dos tipos de cultura económica: implícita y explícita. La primera, se manifiesta de forma casi imperceptible por allí por donde pasa un economista. No hace falta sacar de la mochila ni las curvas de indiferencia, ni las elasticidades, ni los modelos econométricos. Simplemente, se pone de manifiesto una actitud, una forma de plantear los problemas y un estilo, un talante diríamos hoy, en la forma de sugerir y proponer soluciones a dichos problemas. Pero, al lado de esta cultura en torno a una forma de estar, podemos hablar de una segunda cultura, en muchas ocasiones estrechamente unida a la anterior, y que va acompañada, entre otras cosas, por modelos matemáticos y métodos estadístico-econométricos de diferente tipo. Esto es lo que, en este trabajo, llamaré cultura económica explícita y es esta la que hace exclamar a algún estudiante preclaro y a algún que otro economista escéptico de larga tradición “¿Para qué tanto formalismo?”. 

En este trabajo reflexionaré sobre algunos aspectos relacionados con lo que he llamado cultura explícita. No porque piense que su papel en el funcionamiento de la sociedad sea más relevante que el que corresponde a lo que hemos llamado cultura implícita; mas bien pienso lo contrario. Lo hago porque me resulta más fácil ya que el objeto a 3 discutir está nítidamente delimitado en la literatura y muchos autores se han pronunciado sobre el mismo. Reflexionar sobre el papel de lo que hemos llamado cultura implícita resulta, para mí, mucho más complicado porque su intervención en el devenir social es mucho más difusa. Pero repito, no menos importante. 

La sección siguiente está dedicada a reflexionar sobre el llamado fenómeno científico. La Sección 3 se ocupa de ilustrar lo especiales que somos los economistas cuando nos dedicamos a hacer ciencia. Por último, en la Sección 4, tratamos de razonar que, ya que somos tan especiales, algo deberíamos de pensar para mantenernos dentro de algún tipo de ortodoxia. 

2 EL FENÓMENO CIENTÍFICO. 

 Comenta Chalmers (1982), al comienzo de su libro, que decir que algo es científico es asignarle un reconocimiento especial y esto no sólo en el campo del conocimiento, sino en campos más de la vida diaria, como una crema dentrífica o el proceso de elaboración de un coche. Cuando se dice que una crema de dientes ha sido elaborada siguiendo un método científico, parece que se ofrecen más garantías sobre la excelencia del producto. En definitiva, se intenta decir que se trata de un producto mejor. Pero si esto es así para muchos productos, la mayor relevancia de etiquetar algo como científico tiene lugar en el campo del conocimiento. Se da por supuesto que el conocimiento científico es un conocimiento superior a otro tipo de conocimientos como el vulgar o el ideológico. Como indica Mayer (1995), cuando no estás de acuerdo con un colega puedes transtornarlo diciéndole que su pensamiento es erróneo; pero todavía lo transtornas más si le dices que su pensamiento no es científico. 

Inmediatamente surge la siguiente cuestión: ¿Cuáles son las razones que hacen que la vitola de científico sea tan deseada?. Limitándonos al campo del conocimiento, el término científico evoca, al menos, lo siguiente: 

- Conocimiento científico, en primer lugar, se identifica con conocimiento objetivo, válido universalmente, que se acepta no por las características personales de quien lo formula sino por el proceso que se ha seguido en su adquisición. 

- Existe el convencimiento de que la utilización del conocimiento científico con fines prácticos llevará a mejores resultados que los que podrían obtenerse utilizando otro tipo de conocimiento. En concreto, hay dos cosas que solamente con el concurso del 4 conocimiento científico pueden hacerse de forma satisfactoria: la predicción y el análisis causal cuantitativo bivariante. Con la predicción, se pretende anticipar la evolución de ciertos acontecimientos futuros. En el análisis bivariante se trata de determinar qué cambio cuantitativo experimenta una variable al modificar en una determinada cuantía la trayectoria de otra variable. 

 El conocimiento científico se asocia, por tanto, con la posibilidad de lograr conocimiento objetivo y alcanzar altas cotas de satisfacción cuando dicho conocimiento se utiliza para resolver los problemas de nuestro entorno. La comunidad de científicos, pretende tener un código de aplicación semiautomática que les garantice el carácter científico del pensamiento que elaboran y que les permita resolver de forma mecánica las dudas que van surgiendo en el proceso de adquisición del conocimiento. En un determinado momento esta aspiración parecía satisfacerse con el llamado Positivismo Lógico que se desarrolló en torno a un grupo de filósofos que formaron el llamado Círculo de Viena en los años 20 y 30. El código asociado con el Positivismo Lógico había destilado las esencias de los desarrollos habidos tanto en los métodos lógicos como en las corrientes empiristas. Ver, por ejemplo, Ayer (1959), Kolakovski (1977) y Porta (1983). 

Los principales rasgos en los que se apoyaba este código del Positivismo Lógico son: principio de determinación, progreso acumulativo y unicidad de método. 

El principio de determinación nos dice que si se aplica correctamente el código elaborado por los positivistas lógicos, entonces a partir de la realidad se llega a un solo modelo teórico explicativo. Se puede hablar de un proceso en dos etapas que nos lleva, en primer lugar, de la realidad a los hechos y, a continuación, de los hechos a las leyes generales en forma de teorías o hipótesis. Para los positivistas, el tránsito de la realidad a los hechos se hace de forma inmediata y no requiere mucha explicación. Basta abrir los ojos y, con un equipamiento sensorial normal, la percepción será la misma para todos: son los hechos puros y duros. Como indica Russel Hanson (1977), caricaturizando la posición del positivista estandar: “Para los filósofos simplistas la observación consiste en abrir los ojos y mirar. Los hechos son simplemente las cosas que suceden dura, directa, llana y simplemente”. 

La segunda etapa nos lleva de los hechos a las leyes generales. La lógica nos indica que, para llevar a cabo esta etapa, el único camino correcto es la aplicación de las reglas de inferencia deductiva. Esta admite dos variantes: transferir la verdad hacia delante, de las premisas a las 5 conclusiones (modus ponens) o transferir la falsedad hacia atrás de las conclusiones a las premisas (modus tollens). Uno de los requisitos para que esta inferencia sea válida es que, en el camino, ni se añada ni se reste contenido. 

 En las ciencias empíricas existen diferentes circuitos en los que las conexiones se justifican por la aplicación de la inferencia deductiva. Algunos de estos circuitos pueden verse en la Figura 1. Así, podemos considerar un argumento en el que las premisas son el conjunto de postulados iniciales, que son enunciados universales, y las conclusiones son las leyes o teorías que son también enunciados universales. Puede pensarse también en un segundo argumento en el que las premisas son las leyes o teorías, que son enunciados universales, conjuntamente con las hipótesis auxiliares, que son enunciados singulares, y las conclusiones son las explicaciones o predicciones, que son enunciados singulares. Pero, en las ciencias empíricas, los argumentos más relevantes son aquellos que ponen en conexión a los hechos con algún elemento del esquema teórico.

[...]

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LA ESTRUCTURA LÓGICA DE LA TEORÍA GENERAL DE KEYNES

 LA ESTRUCTURA LÓGICA DE LA TEORÍA GENERAL DE KEYNES

Carlo Benetti*

* Universidad París X - Nanterre El autor agradece a Jean Cartelier, Ghislain Deleplace, Michel De Vroey y Amaine Rebeyrol por sus valiosos comentarios. Este ensayo se publicó originalmente en Cahiers d' économie politique 30-31. Traducción de José Félix Cataño con autorización del autor y de los editores.


Resumen

El objetivo de este artículo es la construcción de la teoría de Keynes, concebida como una estructura compuesta por tres modelos generales y de base que se deducen unos de otros. Se muestra que la ley de Say, a la que se opone Keynes, se puede formalizar por medio de un modelo "recursivo por la oferta". La crítica de Keynes conduce a un modelo diferente: "uno no walrasiano y de interdependencia general" que no admite la critica del ajuste al equilibrio de pleno empleo. Es un modelo de referencia a partir del cual, en una tercera etapa, se obtiene el modelo keynesiano propiamente dicho, que admite al menos un equilibrio con desempleo involuntario en condiciones de flexibilidad de salarios y de precios. Este estudio muestra tanto la coherencia de la construcción de la teoría de Keynes como los limites de su "herejía" teórica.

Abstract

In this paper we study the construetion of Keynes' theory, conceived as a structure composed by three general and basic models, which are deduced ones from the others. We show that Say's law as criticized by Keynes can be formalized by means of a "recursive supply" modelo Keynes' criticism leads to a different model, a "non -wal rasian and general interdepedence" one, which does not allow to criticize the adjustement to a full employment equilibrium. lt is used by Keynes as a basic model from which, in a third stage, he obtains the keynesian model, defined as the model which admits at Ieast one involuntary unemployment equilibrium with flexibility of wages and priees. We conclude that the construction of Keynes' theory is logically coherent and we show the limitations of his theoretical "heresy".


INTRODUCCIÓN

1. El objeto de este artículo es la construcción de la teoría de Keynes, considerada como una estructura compuesta por modelos diferentes, generales y de base, que se deducen unos de otros. Este método, que llamaremos 'lógico', es compatible con nuestro principal objetivo: la comprensión de una teoria tan singular como la "herejía" keynesiana [1934, 489]. Los resultados de los enfoques históricos, que tratan cuestiones de génesis y del método analítico no son satisfactorios. El amplio debate generado por la teoría de Keynes ha hecho creer que esta teoría ha alcanzado una formulación coherente y que se tiene bien identificado el alcance de las diferentes hipótesis utilizadas. Sin embargo, no está de más revisar de tal estructura analítica, ya que si encontramos alguna incoherencia podríamos mejorar el modelo, aun sin lograr grandes avances en comprensión.

El mismo Keynes aporta una justificación: "La economía es una ciencia que piensa en términos de modelos, y es el arte de escoger los modelos relevantes en el mundo contemporáneo" [1938, 296). La segunda parte de esta definición se refiere a la teoría dominante cuya crítica es el punto de partida obligado de todo enfoque que pretenda ser heterodoxo.

Para Keynes la debilidad de la teoría neoclásica no está en su consistencia lógica, sino en "la falta de claridad y de generalidad de sus premisas" [1936, p. XXl, traducción corregida]. El resto se deduce. Al cambiar ciertas hipótesis del modelo neoclásico configuramos un modelo diferente pero que no permite la critica del ajuste al equilibrio de pleno empleo.Este último cumple el papel de modelo de referencia a partir del cual, en una tercera etapa, se consigue un modelo ke nesiano propiamente dicho. Así que la comprensión de la teoría de Keyne requiere responder estas preguntas:

i) ¿Cuál es el modelo de referencia al que se opone?

ii) ¿Cuál es el modelo de referencia adoptado por Keynes?

iii) ¿Cuál es el modelo keynesiano, el deducido del modelo de referencia, que concluye en la posibilidad de equilibrios con desempleo in oluntario en una economía con precios y salarios flexibles?

Al menos en parte, estas son las mismas preguntas que formula Hícks en el artículo de 1937 y que resuelve con los tres modelos que exponemos en el Anexo 1.

2. La dificultad de hacer un estudio de la teoría keynesiana desde el punto de vista lógico -que es una de las mayores justificaciones- es que Keynes no presenta de forma explícita ni el modelo de referencia de la teoría a la que se opone, ni la teoría que propone. Sin embargo provee todos los elementos que se necesitan para deducirlos. El resultado muestra la consistencia del enfoque de Keynes y los límites de su "herejía" teórica.1

Con este método no examinamos los aspectos especificas de la teoría de Keynes -de sus contribuciones más importantes– sino que nos dedicamos al estudio lógico de la teoría en conjunto para definir un marco de referencia que permita realizar análisis particulares.

En suma, las principales etapas del método que seguimos comienza con la exposición y la crítica de la ley de Say y de los dos postulados fundamentales de la economía clásica' para avanzar en la búsqueda de los dos modelos de referencia, el neoclásico y el keynesiano. De aquí se puede deducir el modelo de referencia que Keynes asigna a la teoría dominante (el modelo de la ley de Sayo recursivo por la oferta) y el modelo de referencia que él adopta (el modelo no walrasiano de interdependencia general),espectivamente. Sobre esta base se de arrolla la teoría de la demanda global. Al contrario de cierta tradición, no se llega a un modelo recursivo por la demanda sino a modelos originales de interdependencia que admiten equilibrios con desempleo involuntario. Posteriormente presentamos la noción de equilibrio keynesiano. La respuesta a las tres preguntas planteadas en la sección anterior es la siguiente: que la teoría de Keynes se construye en oposición a un modelo recursivo por la oferta, y el resultado es un modelo no walrasiano de interdependencia general, a partir del cual se derivan los modelos keynesianos de determinación del equilibrio con desempleo involuntario. En la última sección sacamos algunas conclusiones generales. En los dos Anexos presentamos una discusión de la interpretación de Hicks y de algunas afirmaciones usuales que consideramos inexactas.

Como se podrá notar, nuestro objeto no es el pensamiento o "la economía de Keynes" propiamente dicha [Cartelier 1995] sino la parte que se expone en la Teoría General y que identificaremos, con un poco de abuso, como la teoría de Keynes,

LA REFERENCIA DE LA TEORÍA CLÁSICA: MODELO RECURSIVO POR LA OFERTA O LEY DE SAY

3. Keynes no presenta de manera explicita la teoría neoclásica, aunque la identifica claramente de acuerdo a us características principales pues él mismo afirmó "según mi leal saber y entender" [1936, 18]. Se trata de la teoría que cumple la ley de Say, y que reposa sobre dos postulados fundamentales acerca del mercado de trabajo. Como lo veremos se trata de las dos caras de la misma moneda ya que cada propiedad implica la otra.

En los siguientes pasajes Keynes presenta su interpretación de la ley de Say:

Que la oferta crea su propia demanda en el sentido de que el precio de la demanda global es igual al precio de la oferta global para cualquier nivel de producción y de ocupación [1936, 31], Y en la teoría clásica, de acuerdo con la cual [la demanda global es igual a la oferta global] para todos los valores de N, la cantidad de ocupación está en equilibrio neutral en todos los casos en que sea inferior al máximo, de manera que puede esperarse que la fuerza de la competencia entre los empresarios lo eleve hasta dicho valor máximo. Sólo en este punto, según la teoría clásica, puede existir equilibrio estable [1936,37].

El punto central es que la idea de que "la oferta crea su propia demanda" no tiene sentido en el modelo macroeconómico con mercados interdependientes, donde la oferta crea la demanda, y la demanda crea la oferta. Esa propiedad sólo se verifica en un modelo macro económico donde la oferta global pueda determinarse de manera independiente y previa a la demanda global.El equilibrio general se obtiene por medio de la adaptación de esta última a la oferta global predeterminada. Para construir ese modelo se parte de un modelo macroeconómico de interdependencia, se sustraen las ecuaciones de la oferta global de la interdependencia general, y la oferta y la demanda de trabajo deben depender únicamente del salario real. Las ecuaciones del mercado de trabajo y la función producción forman un subsistema qu puede aislar del resto pues la solución es independiente de los otros parámetros y de las otras ecuaciones a las que ella se impone. Lo llamamos el "subsistema de la oferta global". Para resolver el sistema completo hay que ir por partes de manera secuencial. Primero, el sub ist ma dela oferta determina el salario real, el empleo y la oferta d quilibrio. En segundo lugar estos valores se introducen en el subsistema compuesto de las ecuaciones de la demanda global–el subsistema de la demanda– cuya única función es determinar las otras variables de manera que la demanda global sea igual a la oferta global predeterminada.

Llamarerno "recursivo por la oferta" al modelo de referencia de la teoría a la cual se opone Keynes. Este modelo es la formalización de la ley de ay en el entido keynesiano.2

i) na característica importante del modelo de la ley de Say es que es un modelo general, una representación de la economía en conjunto cuyo resultado esencial se consigue por medio de un análisis de "equilibrio parcial" limitado al mercado de trabajo. La condición de este tipo d análisis no es el hecho de que las variables relativas a los otros mercados estén fijas sino el hecho de la recursividad por la oferta, en virtud de la cual estas variables se ajustan automáticamente a la solución parcial del subsistema de la oferta.

ii) El enunciado de que "la oferta crea su propia demanda cualquiera que sea el nivel de empleo" no es inteligible sino en el modelo recursivo por la oferta donde, contrariamente a los modelos de interdependencia, todo nivel de producción determinado por el subsistema de la oferta se impone al subsistema de la demanda. Así, la demanda global no puede ser diferente de la oferta global.

iii) En un modelo recursivo por la oferta la única causa del desempleo involuntario es la ausencia de ajuste del salario real.Es esa precisamente la teoría de Pigou que Keynes presenta y crítica en el Anexo del capítulo 19 de la Teoria General. "El profesor Pigou concluye que la desocupación se debe primordialmente a una política de salarios que no se ajusta lo bastante por sí misma a los cambios en la función de demanda real de mano de obra" [1936, 246].

iv) A menudo la ley de Say se identifica con el reflujo a las empresas de la integridad del ingreso que ellas ya han distribuido. De ahí procede la crítica basada en la posesión de saldos en dinero, formulado por Marx y retomada por Keynes cuando este último afirma que "un acto de ahorro individual significa -por decirlo así- el propósito de no comer hoy, pero no supone la necesidad de tomar una decisión de comer o comprar un par de botas dentro de una semana o de un año o de consumir cualquier cosa concreta en fecha alguna determinada. [La situación sería diferente] si el ahorro consistiera no sólo en abstenerse de consumir en el presente, sino en situar simultáneamente una orden específica de consumo posterior" [1936,188].3 Este argumento es ambiguo. En cuanto a los flujos el enunciado "la oferta crea la demanda" no puede criticarse válidamente haciendo intervenir un acervo. En segundo lugar, la condición de reflujo es demasiado general porque pertenece al concepto de equilibrio, cualquiera que sea el modelo usado, y sea recursivo por la oferta (la oferta de equilibrio crea su demanda) o ya sea de interdependencia (la oferta y la demanda de equilibrio se determinan simultáneamente). Si la recursividad por la oferta implica el reflujo en el sentido mencionado antes, la proposición inversa no es cierta: la ley de Say es la condición suficiente del reflujo, pero no es condición necesaria a la inversa: el reflujo es condición necesaria pero no suficiente de la ley de Say.

4. El resultad es exactamente el mismo que se obtiene si partimos de la teoría neoclásica del empleo. Keynes notaba que "la teoría fundamental [acerca de las fluctuaciones de empleo] en que descansa […] se ha creído tan sencilla y evidente que no habría caso para mencionarla".Ella descansa en dos postulados fundamentales: el salario es igual al producto marginal del trabajo, y la utilidad del salario, cuand e u a d terminado volumen de trabajo, es igual a la desutilidad marginal de ese mismo volwnen de ocupación [1936, 17].4

En un sistema de interdependencia donde ningún subconjunto de mercado e privilegia en detrimento de otros, estas dos condiciones no erían 'fundamentales' o no más importantes que las condiciones de las funciones de oferta y de demanda de las otras mercancías. Deducimos que la teoría a la que e opone Keynes no es la versión macroeconórnica de un esquema de interdependencia general.

La condiciones de las funciones de oferta y demanda de trabajo sólo son fundamentales en modelos donde estas dos funciones determinan la variable central del sistema. e trata ciertamente del nivel de empleo. ya vimos que este resultado sólo se consigue en un modelo recursivo por la ferta.

5. El modelo de la ley de Say e escribe como sigue:

EL subsistema de la oferta está compuesto por cuatro ecuaciones, a saber:

[1]

[2]

[3]

[4]

las cuales determinan las cuatro incógnitas w/p, Ns Nd, e Y.

El subsistema de la demanda está compuesto por cuatro ecuaciones: dos funciones y dos condiciones de equilibrio cuyo papel es cundario. Se puede usar la presentación (que se volvió) estándar:

[5]

[6]

[7]

[8]

conociendo Y y ,podemos resolver estas cuatro ecuaciones y encontrar las cuatro incógnitas C,I, r y p.5

Esta forma del modelo clásico puede sorprender. Las ecuaciones [5] a [8] resumen la teoría de la demanda de la síntesis neoclásica, a la que contribuyó, de manera decisiva, la obra de Keynes. El hecho de atribuírsela a los economistas clásicos, a los que Keynes se opone, e un anacronismo evidente (§24). Este defecto que es intolerable en hi toria del análisis, es aceptable desde nuestra perspectiva ya que permite hacer una presentación unificada del encadenamiento de los tres modelos constitutivos de la teoría de Keynes, sin afectar la argumentación.

6. Es verdaderamente admirable la perspicacia de Keynes en cuanto a la comprensión de la estructura del modelo neoclásico básico. La recursividad por la oferta no es una característica propia de la ortodoxia en la época de Keynes. La encontramos en la mayoría delas versione contemporáneas del modelo macroeconómico neoclásico de base, lo que es aún más sobresaliente tras considerar los decenios de triunfo indiscutible de la teoría del equilibrio general que ha impuesto la concepción de la econonúa en términos de interdependencia general.

Curiosamente, la primera presentación clara del modelo clásico está en la obra de Patinkin, quien defendió con gran vigor la construcción de la macroeconomía en el espíritu de la interdependencia general. u opinión sobre la ley de Say es extraña. En la primera parte de su libro la Microeconomía, critica ampliamente la ley de Say vista por Lange. Sin embargo, el modelo macroeconómico de base que propone en la segunda parte, se apoya en la ley de Say tal como era vista por Keynes.6

En la actualidadela recursividad por la oferta se considera como una pr piedad vidente por lo que no necesita justificación. La obra de arg nt es un caso ejemplar: la recursividad del modelo clásico es una característica tan "peculiar e importante" como misteriosa [1987, 22].

7. La quivalencia entre la ley de Say y los modelos recursivos por la ferta que acabamo de establecer, permite revisar la crítica keynesiana a la teoría d neoclásica de la tasa de interés. Es un punto crucial en tanto ta variable es la que ajusta la igualdad de la inversión y el ahorro, e mplemento necesario de la ley de Say (§25). Así, no debe sorprender que Keyne sitúe en este mismo punto "el error fatal" de la teoría ortodoxa y su principal desacuerdo ya que conduce a una determinación de la demanda efectiva y el empleo, de donde se sacan "conclusiones que […] parecen ser inaceptables" [1934, 489].

La critica qu se desarrolla en el capítulo 14 de la Teoría General trata de que si el ahorro es función de la tasa de interés y el ingreso, existen tanta ta a de interés de equilibrio como niveles posibles de ingreso, de donde surge la indeterminación de la tasa de interés de equilibrio. Garegnani critica esta visión explicando que en la teoría neoclásica sólo existe un nivel de equilibrio del ingreso (compatible con el pleno empleo) y, por lo tanto, una única tasa de interés de equilibrio. él lleva la crítica a la relación funcional monótona y decreciente entre la inversión y la tasa de interés, invalidadas en el caso general, como lo mostó el debate de la reversión de técnicas [Garegnani 1964 y 1965].

La crítica keynesiana –y con ella la de Garegnani– es dudosa. Como vimos en el modelo de la ley de Say el modelo recursivo por la oferta, todo depende de la condición del salario real:

i) El ingreso de pleno empleo invocado por Garegnani sólo se consigue si se supone la flexibilidad del salario real. Si éste es rigido a la baja, el ingreso se estabiliza en un nivel menor al prevaleciente. Por lo tanto Keynes tiene razón por considerar este caso, y aún más porque refleja la posición dominante a la que se opone.

ii) in embargo, está equivocado al inferir que la tasa de interés queda indeterminada. Para cada nivel de salario real el subsistema de la oferta determina un nivel de empleo y de producción. Y la tasa de interés se determinará resolviendo el subsistema de la demanda.

En realidad, el razonamiento de Keynes es el siguiente: considerando un desplazamiento de "la curva de la demanda del capital" concluye que la teoría neoclásica no puede determinar la nueva tasa de interés de equilibrio a menos que suponga constante el nivel del ingreso. Sin embargo, "esta es una teoría absurda" porque el ingreso cambia "con el resultado de que todo el esquema basado en la hipótesis de un ingreso dado se derrumba" [1936, 161].

En verdad, lo que nos parece que "no tiene sentido" es el razonamiento de Keynes, debido a la disyuntiva entre los siguientes razonamientos:

i) el desplazamiento de la "curva de demanda del capital" se acompaña del desplazamiento de la curva de demanda de trabajo, si por ejemplo, el origen del primero es un cambio técnico. El nivel del ingreso determinado por el subsistema de la oferta cambia, y las ecuaciones del subsistema de la demanda determinan la nueva tasa de interés de equilibrio. Así, el ingreso cambia y, sin embargo, la tasa de interés no queda indeterminada.

ii) la curva de demanda de trabajo no se desplaza, el ingreso permanece inalterado y la tasa de interés se fija tal como dice Keynes. Pero en este caso el ingreso constante no resulta de una "hipótesis" –como pretende– sino que se deduce correctamente del funcionamiento del modelo recursivo por la oferta.

Estas debilidades de la crítica a la teoría de la tasa de interés son más sorprendentes cuando sabemos que se trata de la ley de Say, que presenta Keynes de forma clara en los capítulos 2 y 3 de la Teoría General. Es fácil ver que los argumentos del capítulo 14 contradicen los de los capítulos 2 y 3. Si la oferta crea su propia demanda de manera que oferta y demanda global se igualan, cualquiera que sea el nivel del ingreso y de empleo, no se puede pretender que la teoría deje indeterminada la tasa de interés, que es –como admite Keynes– la variable por la cual la demanda global iguala la oferta global. No se puede sostener que la tasa de interés de equilibrio está determinada sólo para un nivel de ingreso dado cuando se desplaza la curva de demanda de capital, y a la vez afirmar que la igualdad entre demanda y oferta global e tablecida por la ley de Say se cumple para cualquier ni el del ingreso.

LA REFERENCIA DE LA TEORÍA KEYNESIANA: UN MODELO NO WALRASIANO DE INTERDEPENDENCIA GENERAL

8.Al principio de la Teoría General la oposición de Keynes a la teoría d rninante toma la f rma d aceptación del primero y rechazo del segundo de los dos 'postulado fundamentales' de la teoría neoclásica del empleo (§4). sta visión es central en la construcción de la teoría de Keynes (§9) a pesar de la falta de claridad de esta forma de planteamiento.

a) El desempleo involuntario de equilibrio es definido para un salario real que es igual a la productividad marginal del trabajo, y superior a la de utilidad marginal del trabajo que corresponde al nivel de empleo Nˆ<Ns. Esta situación es extraña, ya que significa que las empresa están de acuerdo en pagar a los obreros más de lo que éstos estarían di puestos a aceptar para realizar la cantidad de trabajo Nˆ. En resumen es el "lado largo" del mercado el que fija el precio.

nos parece que el origen de esta idea es la teoría de Marshall del ajuste competitivo. La cantidad de una mercancía producida y ofrecida en el mercado se considera dada. Dependiendo de sí el precio de demanda –que es igual al precio de mercado– es superior o inferior al precio de oferta, la cantidad ofrecida aumenta o disminuye.

Aplicando este esquema al mercado de trabajo nos da que al nivel de empleo inferior al pleno empleo corresponde un salario real o precio de demanda de trabajo (igual a la productividad marginal del trabajo) superior a su precio de oferta (igual a la desutilidad marginal del trabajo).

Podemos admitir que el precio de la demanda fija el precio de mercado en un esquema de tanteo marshalliano, donde se trata de confrontar las 'di posiciones" de compradores y de vendedores para determinar su compatibilidad. Por el contrario, no nos parece posible definir en el marco de ese mismo análisis, una situación de equilibrio con desempleo involuntario. No vemos razones por las que las empresas aceptarían pagar la cantidad de trabajo de Nˆ a un salario real uperior al que los obreros están dispuestos aceptar a cambio de esta misma cantidad de trabajo. Si se excluye una prohibición absoluta de modificar el salario real, estando los empleados de acuerdo y las empresas tienen interés en ello, es razonable considerar que el salario real puede situarse en cualquier nivel entre el precio de demanda y la des utilidad marginal del trabajo correspondiente al nivel de empleo Nˆ

i) Las empresas ya no están sobre su curva de demanda de trabajo. Eso es normal ya que el exceso de oferta "nocional" en el mercado de trabajo les permite conseguir la cantidad de trabajo que desean (NA) a un precio más bajo que el asociado a su beneficio 'competitivo' (aquel al cual ellas se debieran contentar sí el mercado de trabajo estuviese equilibrado al nivel de empleo Nˆ).

ii) Al permanecer inalterado el nivel de empleo Nˆ el desempleo involuntario depende del salario real y se transforma en de empleo voluntario cuando este último es igual a la desutilidad marginal del trabajo.

Así llegamos a una situación que contradicen punto por punto el argumento de Keynes sobre los "dos postulados de la economía clásica". Esto equivale a decir que el concepto de de empleo involuntario deducido de la discusión de estos dos postulados es ambiguo: no es claro sino cuando se trata de una situación de desequilibrio (que es inutilizable por Keynes) mientras que pierde toda la pertinencia en el equilibrio (éste es precisamente el único caso interesante para Keynes). Veremo que e ta crítica no pu de ser dirigida al desempleo involuntario de equilibrio tal como aparece en el modelo keynesiano de interdependencia (§20 a §22).

b) Hay que aceptar ambos postulados si un "volumen determinado de trabajo empleado" es de equilibrio,. Por fuera del equilibrio lo ag nte no están "sobre sus curvas" y para las empresas no se cumple el primer postulado. Nos parece que la única razón para aceptar el primer postulado y rechazar el segundo, es que limita el análisis a los casos de exceso de oferta de trabajo.

Al rechazar el segundo postulado, Keynes parece rechazar la función de oferta de trabajo, en tanto su "objeción más importante" es que los contratos de trabajo se pacten en el salario nominal, y porque "los obreros en un conjunto no pueden disponer de un medio que les permita hacer coincidir el equivalente del nivel general de salarios nominales en artículos para asalariados, con la desutilidad marginal del volumen de ocupación existente" [1936, 23-24]. Pero si uno adopta esta interpretación ya no es posible concebir o medir el desempleo involuntario. volvemos a la misma conclusión: cuando Keynes rechaza el segundo postulado, pretende no limitar el análisis a las situaciones d de lo breros están 'sobre' la curva de oferta.

9. Keynes no presenta su propio modelo de referencia. Pero su crítica al modelo neoclásico permite deducirlo.

El rechazo del segundo postulado conduce a la desactivación de la función de oferta de trabajo (en el sentido propuesto antes) y de esa manera la supresión de la condición del equilibrio en el mercado de trabajo. La consecuencia inmediata es la indeterminación del modelo inicial (§S). Al eliminar las ecuaciones [2] y [4] y la incógnita Ns, uno tiene una incógnita más que las ecuaciones independientes.

Esta indeterminación desaparece al poner el salario monetario exógeno: w = wo. Como explica con creces en el capítulo 19 de la Teoria General para Keynes el salario no es rígido sino que se conoce a partir de factores externos al modelo y que por ende no es afectado por las otras ecuaciones ni por el cambio de otros parámetros.

La recursividad por la oferta del modelo inicial desaparece. La crítica de Keynes lo transforma en un modelo de interdependencia general. otemo que este resultado se puede obtener a través de dos tipos de ríticas de la ley de Say que vale la pena distinguir. La primera es de tipo walrasiano y consiste en atacar la recursividad por la oferta escribiendo la oferta de trabajo en función de w, de p y también de r. La segunda es la keynesiana. Por otra parte, es fácil verificar que esta última conduc al mismo modelo, si, en lugar de la ley de Say, la critica se dirige a un modelo walrasiano donde la función de oferta de trabajo se modifica como acabamos de indicar. El salario monetario exógeno y la desactivación de la función de oferta de trabajo son las dos caras de la misma moneda, que también se puede ver como la anulación de la ley de Walras, o como su aplicación limitada a una sola parte de la economía al xcluir el mercado de trabajo.

Cuando la demanda de trabajo es inferior a la oferta, la restricción presupuestal de los asalariados se altera radicalmente ya que los recursos de los asalariados estarán medidos por w /p Nd Y no por w /p Ns. El cálculo económico de los asalariados requiere, además de precios, la información de las cantidades Nd.7 De lo que resultan dos consecuencias importantes:

La función de oferta de trabajo es "desactivada". Lo que quiere decir que a los precios y salarios corrientes, los asalariados pueden calcular su plan de asignación de recursos maximizando u función de utilidad con la restricción presupuestal usual. El resultado es la cantidad de bienes y de trabajo que desean comprar y vender, respectivamente. Pero en la situación definida por Nd < Ns este cálculo no tiene efecto económico, porque, como ya vimos, en la restricción de presupuesto Ns es reemplazado por Nd. Esta sustitución 'desactiva' la función de oferta de trabajo: le quita cualquier papel como fuerza activa en una economía con el desequilibrio de Nd < Ns. Las magnitudes significa tivas son las demandas "efectivas", calculadas reemplazando Ns por Nd en la restricción de presupuesto de los asalariados.

En este caso, la ley de Walras se anula ya que al agregar todas las restricciones de presupuesto de la economía se obtiene ∑n-1i=1 P1 Zi,(p)= 0. Pero, dado que la restricción de presupuesto de los asalariados s modifica, la suma de todas las restricciones d presupuesto de la economía también da ∑n-1i=1 Pi Zi(p)=0. donde los (n-1) mercados son los n mercados menos el de trabajo. De allí se crea la posibilidad de equilibrios de la economía que excluyen el mercado de trabajo.8

En suma, la discusión keynesiana de los dos postulados de la economía neoclásica deriva en una condición compuesta por tres aspectos, cada uno de los cuales implica los otros dos:

i) w = Wo

ii) la desactivación de la función de oferta de trabajo.

iii) el mercado de trabajo está excluido de la ley de Walras.

La ecuaciones [1] -[4] del modelo inicial se modifican. Aunque en §19 indicaremos la diferencias, por ahora podemos adoptar cualquiera de esta formulaciones:

[1']

[2]

[3']

o bien:

[1"]

[2]

[3]

[3']

[4']

Donde U es el de empleo involuntario.9 El único papel de la función d oferta de trabajo explícita en la egunda formalización e implícita en la primera en la gu ólo aparec n las fuerzas económicas activas, es la medida del d empleo involuntario. Notemos que La función de oferta de trabajo no estaría desactivada si la condición w = W0 no se hubiera acado de la negación keynesiana del egundo postulado neoclásico. En este caso, ella volvería superflua la ecuación monetaria del modelo inicial que seguiría siendo recursivo por la oferta y cuya solución seria el quilibrio de pleno empleo.

La solución del modelo neoclásico así modificado es un conjunto de equilibrio competitivos cada uno parametrizado según el salario monetario exógeno, y cuya característica común es la realización de los plane d producción de la empresas, cualquiera que sea el grado de r alización de Lo planes de los a alariados. Un subconjunto de estos equilibri corresponde al pleno empleo.

El resultado es un modelo de interdependencia general que no cumple La ley de Say ni la ley de Walra ,y que adelante llamaremos "modelo no walrasiano de interdependencia general"(En §26 y §27 indicamos las relacione con el modelo walrasiano).Este modelo es el esquema de ref rencia a partir del cual se construyen los modelos de Keynes.

10. Keynes obtiene este modelo al final del capítulo 2 de la Teoria General Especifiquemos algunos puntos (§26).

    – El primero se refiere a su dominio de validez, definido por Nd≤Ns. Este modelo, donde el empleo de equilibrio es parametrizado con el salario monetario exógeno sólo puede ser usado para valores de W0 que cumplen la condición anterior.

    – Este modelo se distancia en puntos importantes de los trabajos de Hicks [1937] y de Clower [1965] de los cuales se deriva. Hicks propone una primera versión al imponer al modelo estándar los aspectos (i) y (ii) de la condición del §9. Pero introduce una ambigüedad cuando impone el salario monetario rígido. Como examinaremos más adelante, ésta no es la condición de Keynes.

Clower aportó un aspecto importante: la parte (iii) de la condición anterior, que deduce del análisis de una economía walra iana en desequilibrio.10 A diferencia del análisis de Clower, en el de Keynes el modelo no walrasiano de interdependencia e de equilibrio.

LA DIFICULTAD DEL MODELO RECURSIVO POR LA DEMANDA

11. Consideremos el problema tal como se plantea en esta etapa crucial de la elaboración de la teoría de Keynes. ésta se dirige contra lo que él designa "escuela del ajuste automático" [1934, 488 y ss].

Esta escu la se apoya en un modelo cuyas soluciones, en condiciones de flexibilidad de precios y salarios, son todas de pleno empleo. El modelo de la ley de Say posee esta propiedad. La crítica del segundo postulado neoclásico no conduce a un modelo en que, en 'las mismas' condiciones de flexibilidad de salarios y precio algunas soluciones son de subempleo. En efecto, como ya vimos, en el modelo no walrasiano de interdependencia el equilibrio de subempleo es paramettizado por el salario monetario exógeno. Se trata, por ende, de saber cuál es, en este modelo, el efecto de una disminución del salario monetario sobre el empleo. La respuesta que se deduce de la posición general de Keynes –unánimemente compartida hasta una reciente fecha (§25)– es que el empleo aumenta cuando el salario monetario baja. Este resultado no depend del funcionamiento clásico del mercado de trabajo ya que la oferta de trabajo está desactivada. n realidad se obtiene a partir del den minad "efecto Keynes": la disminución de los precios que se genera por la di rninución del salario monetario, aumenta los saldos líquidos reales. ste exceso de oferta de dinero reduce la tasa de interés en el mercado de títulos, de donde se deriva el aumento de la inversión privada.11 desempleo involuntario sólo puede persistir a causa de la rigidez a la baja del salario monetario.

En suma, la exclusión del mercado del trabajo de la interdependencia general conduce a un modelo recursivo por la oferta donde el desempleo involuntario tiene como origen la falta de ajuste del salario r al. La discusión keynesiana de los dos postulados neoclásicos lleva a la exclusión del mercado del trabajo de la ley de Walras, y esta modificación permite obtener el modelo no walrasiano de interdependencia general, donde el equilibrio con desempleo involuntario depende del salario nominal exógeno. Se estará de acuerdo en que la diferencia entre los resultados de estos dos modelos no es considerable. Pero apenas a esto es que llega la critica keynesiana d teoria n oclá ica del empleo.12

La oposición de Keynes a la escuela del ajuste automático puede ser ahora precisada. Para simplificar supongamos que el modelo de la ley de Say tiene una única solución. ésta es también una solución del modelo no walrasiano de interdependencia que se ha deducido: existe un nivel del alario monetario exógeno al cual este modelo da el mismo re ultado que el modelo de la ley de Sayo Consideremos ahora un salario monetario diferente, de tal manera que se esté dentro del dominio de validez del modelo no walrasiano de interdependencia. A este salario corresponde un equilibrio con desempleo involuntario, que es tanto más débil cuanto que el salario monetario exógeno es más bajo. Precisamente, es en este punto que se debe situar, en el plano de la lógica, la oposición de Keynes. Ella no se refiere a la estabilidad del equilibrio de pleno empleo del modelo de la ley de Sayo Keynes no plantea este problema. Como lo indicamos antes, él considera que ese resultado (la existencia y la estabilidad del equilibrio de pleno empleo) se deduce correctamente de las premisas del modelo.

La crítica de estas últimas tiene el efecto de descartar el modelo de la ley de Say y, con ella, el problema del ajuste en ese modelo. Se deduce que la oposición de Keynes sigue un camino lógico indirecto cuya etapa decisiva es la critica de la estabilidad del equilibrio de pleno empleo en el modelo no walrasiano de interdependencia general, es decir, en su propio modelo de referencia.

12. Dado que la variable de ajuste es la demanda global, es la teoría de la demanda la que va a proporcionar el modelo keynesiano propiamente dicho. La Teoría General es fundamentalmente la exposición de una teoría de la demanda. El capítulo 3, con el que termina el libro 1, proporciona la presentación sintética de un modelo donde el empleo es determinado por lo que Keynes llama "el principio de la demanda efectiva". Tras un segundo libro dedicado a las definiciones, vienen los dos libros centrales, 3 y 4, donde se trata los dos componentes de la demanda, el consumo y la inversión, respectivamente. En el libro 5, capítulo 19, Keynes regresa a la hipótesis de salario monetario exógeno y afirma que en su sistema, la flexibilidad del salario tiene efectos despreciables que pueden ser negativos sobre el empleo. Así, en el modelo de Keynes el salario monetario exógeno no es la condición de un equilibrio con desempleo involuntario, mientras sí lo era en el modelo no walrasiano de interdependencia general.

13. La solución radical del problema planteado sería la pura y simple eliminación del efecto Keynes,

Esto requiere una teoría de la demanda que suprima la interdependencia del modelo de referencia de Keynes y que lo transforme en un modelo recursivo por la demanda (cuyo dominio de validez esvidentemente el mismo que el modelo del cual se deduce).

ste últim e La expre ión de lo que podemos llamar la "anti-ley de ay": n lo límites de los recur os disponibles, la demanda crea su propia oferta.

La variables del modelo de referencia son C, I, Y, r,N, y p. Se obtiene el modelo recursivo por La demanda concibiendo la demanda global como un subsistema de 4 ecuaciones (§5) susceptible de determinar las 4 prim ras variabl s (La función de inversión debe modificarse eliminand 1 argumento N). Conociendo Y, la función de producción determina . La igualdad del salario y la productividad marginal del trabajo e suficiente para determinar p.El sistema se resuelve de manera secuencial. atemos que esta última igualdad juega un papel diferent en el modelo recursivo por la oferta y el recursivo por la demanda. En el primero, contribuye a la determinación del empleo y del salario real de equilibrio, mientras que en el segundo, sirve para determinar el precio p (y por consiguiente, el salario real de equilibrio) que corresponde al alario monetario exógeno y al nivel del empleo fijada por el subsistema de la demanda.

Se toca aquí un punto crucial y muy delicado de la Teoría General La e ndición suficiente y al mismo tiempo la dificultad central de la transformación del modelo no walrasiano de nterdependencia general en un modelo recur ivo por la demanda es la escritura de las ecuaciones de la demanda por fuera de precios. Sólo en este caso, las 4 ecuaciones de la demanda forman un subsistema cuya solución para C, I,Y y r es independiente de las otras ecuaciones. Sin embargo, es imposible eliminar los precios de las ecuaciones de la demanda. A pesar de la ambigüedad de ciertostextos (§14) Keynes no comete este error. Para mostrarlo nos apoyamos en el capítulo 19 de la Teoría General que e central para la comprensión de la estructura lógica de la teoría de keynes. De hecho, es el único donde Keynes estudia con cuidado el funcionamiento de una economía con desempleo involuntario y flexibilidad de salarios. Como Patinkin lo subrayó acertadamente, "constituye el clímax del argumento de Keynes" [1965, 643].

Keynes plantea el problema claramente: "el asunto concreto que se discute es si la baja de los alanos nominales irá o no acompañada por la misma demanda global efectiva de antes medida en dinero" [1936, 227]. La respuesta no se apoya en un modelo recursivo por la demanda. Keynes considera que, cualquiera que sea el modelo que se tome el salario monetario actúa sobre la demanda global através de los precios. Esto es claro en el modelo neoclásico donde "una reducción de los salarios nominales estimulará, Ceteris paribus, la demanda al hacer bajar el precio de los productos acabados" [1936, 227]. Y también es obvio en su propio modelo donde "una baja de los salarios nominales reducirá algo los precios. Acarreará, por tanto, cierta redistribución de los ingresos reales [1936, 231] [y] contraerá la necesidad de efectivo para consumo y para negocios, y abatirá, por tanto la curva de preferencia por liquidez de la comunidad en conjunto. Ceteris paribus, esto reducirá la tasa de interés y será favorable a la inversión" [1936, 232]. Reconocemos aquí el efecto Keynes.

En razón de que el precio es una variable de las ecuaciones de la demanda, a pesar de una larga tradición probablemente salida de la interpretación de Hicks (Anexo 1), el modelo recursivo por la demanda no es la formalización conveniente de la proposición central de Keynes, según la cual "el volumen de la ocupación está ligado en una sola forma con el de la demanda efectiva" [1936, 230]. ésta debe interpretarse como sigue: la reducción del salario nominal no actúa directamente sobre el empleo, por medio de la disminución del salario real. Esto implica la adaptación pasiva de la demanda a la oferta, es decir, en el fondo, la ley de Sayo Al rechazar esta última se deduce que la disminución del salario nominal actúa de manera indirecta sobre el empleo, a través de la modificación de ciertas variables de las ecuaciones de la demanda, en particular del precio y, por este medio, a la tasa de interés. ta formulación de la interdependencia entre la oferta y la demanda global es pesada. Su única ventaja es mostrar en que consiste "la inversión" del modelo neoclásico inicial qu se obtiene al rechazar la ley de Sayo

La critica a la teoría de Pigou aclara las cosas: "El profesor Pigou cree que, a la larga, la desocupación puede remediarse por medio de ajustes en los salarios, y yo sostengo que el salario real […] no está determinado en primer término por los ajustes de salario sino por las otras fuerzas del sistema" [Keynes 1936,247]. Esas fuerzas son las de la demanda, en particular, la eficiencia marginal del capital y la tasa de interés. En una situación de de empleo involuntario, si bien es legítimo postular la adaptación espontánea de la oferta a una demanda aumentada, el recíproco no es necesariamente cierto. Sin embargo, según Keynes, es esto lo que afirma la teoría neoclásica cuando considera que la demanda agregada medida en dinero "no se reduzca en la misma proporción que la reducción de los salarios nominales" [1936, 229], es decir, que la demanda crece en términos reales. Ya sabemos que este resultado sólo se garantiza en el modelo de la ley de Say, recursivo por la oferta.

14. Dos textos de la Teoría General son especialmente ambiguos en la cuestión de la presencia de los precios en las ecuaciones de la demanda. Se trata de los capítulos 15 y 3.

i)En el primero, Keynes escribe la ecuación monetaria: M = L1(R) +(r) (donde M=pL1(Y)+L2(r)). Patinkin destacó que, dado que las magnitudes M y R eran nominales, la demanda especulativa de dinero era afectada por la ilusión monetaria.13 Esta crítica es justa. Pero como lo muestra Patinkin, el error de Keynes tiene consecuencias negativas sobre el análisis de la teoria neoclásica de la tasa de interés, no afecta la ausencia de recursividad por la demanda en los modelos keynesianos. El efecto Keynes del capítulo 19 no se anula en razón de la ecuación anterior. ólo ocurriría si la ilusión monetaria cubriera toda la demanda de dinero y no sólo la demanda especulativa, o, lo que vi n a ser lo mismo, si la demanda de dinero se identificara únicamente con la demanda especulativa, tal como se encuentra en uno de los modelos keynesianos de Hicks (Anexo 1).

ii)Al contrario, la dificultad del capítulo 3 es seria más por las interpretaciones que ha inspirado este capítulo que por su propia contenido. quí abordamos sólo un problema haciendo abstracción de lo otros numerosos en ese texto: ¿el "principio de la demanda efectiva" se apoya, sí o no, en algún modelo recursivo por la demanda?

priori, podemos dar dos respuestas opuestas. La primera es afirmativa: si el salario nominal se supone constante, la oferta y la demanda globales son medidas en unidades de salario (en términos reales). El empleo depende del nivel de consumo y de inversión, y por consiguiente, sólo de la demanda. Una vez que haya sido determinado, la igualdad del salario real y la productividad marginal del trabajo permite encontrar el precio. Por esta razón Keynes concluye que "la teoría de precios ocupa su lugar apropiado como subsidiaria de nuestra teoría general" [1936, 39]. Pero también podemos dar la respuesta contraria. Keynes advierte que la hipótesis del salario nominal rígido es una "simplificación, de la que prescindiremos después, y que se usa únicamente para facilitar la exposición.El carácter del argumento es exactamente igual, sin importar que los salarios nominales, etc., sean o no susceptibles de modificarse" [1936, 35]. llegamos a la misma conclusión anterior (§13) de que el modelo de la demanda efectiva no es recursivo por la demanda.

La siguiente observación permite evitar la conclusión perezosa que se limita a constatar la incoherencia. Las ecuaciones de la demanda subyacentes al principio de la demanda efectiva son tres y no cuatro, como en el modelo completo. Sin ecuación de la demanda por dinero, el subsistema de la demanda sólo es determinado si se pone la tasa de interés de manera exógena, cuya consecuencia es la eliminación pura y simple del efecto Keynes. Esta hipótesis no es arbitraria. Corresponde a una etapa de la evolución del pensamiento de Keynes, aquel en que "el resultado […] era dejar la tasa de interés en el aire" [1937,212]. Pero si tal es la condición necesaria para la consistencia del modelo recursivo por la demanda del capítulo 3, se estará fácilmente de acuerdo en que no merece mucha atención. En particular, es abusivo interpretarlo como " el modelo keynesiano". Se trata en realidad de un modelo simplificado, usado únicamente para presentar un esbozo -" un breve resumen" [Keynes 1936, 35]- de la teoría que se desarrollará en los capítulos siguientes, y cuyo único objetivo es refutar la ley de Sayo Por tal motivo, basta notar, como lo hace Keynes, que no se puede admitir que todo crecimiento de la oferta necesariamente crea su propia demanda antes de haber analizado los determinantes de la demanda. Se habría evitado toda ambigüedad en la recursividad sí Keynes hubiera expresado la condición de la exogeneidad de la tasa de interés explícitamente y no hubiera afirmado que la teoría de precios sólo posee un papel subsidiario.

LOS MODELOS KEYNESIANOS

15. Dado que el efecto Keynes del modelo de referencia no puede ser eliminado por medio de un modelo recursivo por la demanda, el éxito del proyecto de Keynes depende en lo esencial, de una teoría de la demanda tal que el resultado de este efecto sea atenuado, o aun invertido. 1 modelo que proporciona este resultado es designado "modelo keyne iano",

El efect Keynes pone en acción dos relaciones:14 una entre la cantidad de dinero y la tasa de interés, la otra entre esta última y la inversión.Asi, la condición de un modelo keynesiano es una teoría de la tasa de interés o una teoría de la inversión que modifique al menos una cuación de la demanda en el modelo de referencia. En síntesis, el blanco principal de la teoría de la demanda global de Keynes, o del model keyn iano es, finalmente, el efecto Keynes.

A partir de este instante las cosa no son tan claras como en el momento del estudio de los dos modelos anteriores. No sólo el modelo keynesiano aún no tiene el mismo grado de precisión, sino que ad má ,e el objeto de una gran diversidad de opiniones tal como lo at stigua la variedad de escuelas que se reclaman de él. No es necesario entrar neto debates. Basta recordar la intuición que se encuentra en la base de los diferentes modelos keynesianos de la Teoría General (a fin de cuentas, bien conocida) para definir el concepto de equilibrio keynesiano, o Keynes podemos encontrar por lo menos tres teorías, dos de la tasa de interés y una de la inversión que justifican tres modelos keynesianos distintos (que pueden ser complementarios).15

16. La teoría de la preferencia por liquidez es la más conocida puesto que se ha integrado con mayor éxito en la síntesis neoclásica, y por eso se ha usado desde el primer modelo (§5).

El efecto Keynes se anula cuando la solución del modelo no walrasiano es un desempleo positivo y una tasa de interés a la cual la elasticidad de la demanda de dinero resulta igual a ∞. La ecuación monetaria se modifica y el modelo se comporta como si fuese recursivo por la demanda. Las ecuaciones de la demanda determinan C,I,Y, rmin. El precio queda indeterminado, pero esto no tiene importancia, ya que el mercado del dinero está equilibrado, cualquiera que sea p. Conociendo Y, el precio se determina al mismo tiempo que el empleo, por las ecuaciones de la oferta. La disminución de precios, con cutiva a la disminución del salario nominal, no afecta la tasa de interés, y por consiguiente, tampoco al empleo. Su único efecto es la deflación. Y como la tasa de interés nominal no puede ser negativa, la tasa real de interés termina por aumentar, de donde se deriva la di mioución de las inversiones y el aumento del desempleo.

17. El segundo modelo keynesiano se obtiene modificando la ecuación monetaria en el sentido sugerido en el capítulo 17 de la Teoría General; donde la tasa de interés es determinada por la tasa propia del dinero. Es el caso menos estudiado.

18. El modelo keynesiano más importante es el tercero que resulta de la modificación de la función de inversión al introducir entre los argumentos las expectativas inciertas de los empresario ,o el estado de confianza (capítulo 12 de la Teoría General). Todo descansa en el concepto de eficiencia marginal del capital que "es de fundamental importancia porque la expectativa del futuro influye sobre el presente principalmente a través de este factor (mucho má que a través de la tasa de interés)" [1936, 133].

Uno de los resultados más notables del análisis del capítulo 12 es el escepticismo sobre una política de la tasa de interés. En particular, el efecto Keynes se anula porque el efecto positivo de la disminución del salario nominal y de los precios sobre la tasa de interés puede er más que compensado por el efecto negativo en la eficiencia marginal del capital.Entonces la teoría de la acumulación del capital es la pieza central del modelo keynesiano – que según el estado actual del tema es en gran medida de carácter programático– haciendo que el progreso en el modelo keynesiano está condicionado por el desarrollo de esa teoría.

EL EQUILIBRIO CON DESEMPLEO INVOLUNTARIO O EQUILIBRIO KEYNESIANO

19. Consideremos este último modelo.

I)Sea Nˆ el nivel del empleo correspondiente al salario monetario w= Wo acordado por una negociación salarial. La confrontación con la oferta de trabajo a este salario y con los precios determinados por el modelo, permite calcular el nivel de desempleo. 16 Si resulta positivo, es involuntario en el sentido de que el salario real Wo/p es superior a la d sutilidad marginal del volumen de empleo de Nˆ. Pero, por involuntario que sea,este desempleo no es necesariamente keynesiano ya que no es necesariamente de equilibrio.

II) i disminuye el salario monetario y los precios bajan. Hay dos posibilidades en cuanto al nivel del empleo: (i) que aumente, (ii) que no cambie o que disminuya. En el primer caso, el desempleo determinado en (I) no es de equilibrio, es decir que no es keynesiano. Su origen está en la rigidez de los salarios a la baja. En el segundo caso, y sólo en ese, el desempleo es de equilibrio o keynesiano. En este caso el desempleo sólo puede disminuir por medio de una intervención exterior al sistema d mercado.17

20. Ahora el problema es escoger el método para hacer el 'test' de la etapa (TI) que puede ser análisis dinámico o de estática comparativa. En este último caso, el efecto de la disminución del salario nominal se conoce calculando los equilibrios estáticos que corresponden a los nivele cada vez más bajos del parámetro wo.

El análisis dinámico presenta serios inconvenientes. Como sucede a menudo con los ajustes, el resultado depende de la fuerza relativa de I fectos de la disminución del salario monetario, favorable (en la tasa de interés) y desfavorable (en el estado de confianza) sobre la inversión. Aunque la teoría de la demanda global propuesta por Keynes fuese irreprochable, el resultado sería frágil. En efecto, se obtiene por medio de un tipo del análisis cuyas conclusiones no tienen un carácter general ya que tiene una fuerte dependencia de los valores de los coeficientes de reacción, sin hablar de las dificultades para resolver los modelos dinámicos que obligan a adoptar método de simulación, por demás inciertos.

La estática comparativa tampoco es la solución porque sólo da un resultado satisfactorio si el equilibrio es estable y único. Por un lado, uno tiene –ahora de manera implícita– las dificultades mencionadas anteriormente. Por otro lado, si el equilibrio no es único (lo que es el caso general) el desempleo keynesiano sólo se obtiene si en todos los equilibrios que corresponden a cada salario monetario inferior a wo, el nivel del empleo no es superior al inicial. Es fácil percibir la dificultad de esta verificación.

21. En el modelo keynesiano, una solución con desempleo involuntario con salario nominal Wo es un equilibrio si todos los mercados, excluyendo el de trabajo, están en equilibrio y si el desempleo existente no e puede eliminar con la disminución del salario monetario. Entonces el equilibrio así concebido no se puede reducir a una solución de punto fijo correspondiente a un parámetro Wo dado porque esa situación es compatible con la explicación de desempleo por la rigidez del salario nominal.

En el análisis keynesiano el desempleo involuntario al salario wo, e d equilibrio por el fracaso del ajuste por medio de la disminución del salario y de los precios. Por lo tanto, una demostración de existencia del equilibrio con desempleo al salario Wo es insuficiente. s sólo una primera etapa. Este equilibrio sólo es keynesiano si no puede ser mejorado por el mecanismo espontáneo del mercado. Por esta circunstancia, representa la situación económica menos mala que puede conocer una economía competitiva.

Así se explica la conclusión del capítulo 19 de la Teoría General "a la luz de estas consideraciones opino ahora que el mantenimiento de un nivel general estable de salarios nominales es, en general, la política más aconsejable para un sistema cerrado" [1936, 238]. O también, el equilibrio con desempleo involuntario se determina al salario Wo no porque el salario no pueda bajar sino porque el nivel de desempleo no disminuye si el salario baja. Por esto es deseable que este último no baje.

22¿ porqué la solución keyneiana e un equilibrio? Se trata de un concept riginal irreductible tanto al equilibrio walrasiano como a una variante del equilibrio de precios fijos:

Patinkin considera que "todo lo que está estrictamente en equilibrio,es el nivel, o posiblemente sólo el hecho del desempleo; pero no existe equilibri de la tasa de salario monetario" [patinkin 1965, 643-644]. El m delo keyne iano no excluye que pueda existir un nivel del salario monetario al cual la solución sea el pleno empleo. Si ella es de subempleo no implica que el salario monetario no sea de equilibrio sino que el equilibrio del modelo de Keynes no es waltasiano.

ii) La definición del equilibrio keynesiano implica un análisis dinámico (o al meno de estática comparativa). Desde el punto de vista walrasiano, el quilibrio keynesiano equivale a la inestabilidad del equilibrio de pleno empleo (el cual es estable en el caso de desempleo no keynesiano). La distinción entre la existencia y la estabilidad del equilibrio e establece si el equilibrio keynesiano se define para un salario monetario que no sólo es exógeno sino también rígido. Pero en e te caso el equilibrio keynesiano sería sólo una variante del concepto más general de equilibrio de precios rígidos. Esta conclusión es incorecta ya que en el modelo keynesiano el salario nominal puede bajar.

Nuestra respuesta es la siguiente. La solución del modelo keynesiano al salario Wo es un equilibrio en el sentido de que nadie tiene interés en alterar u po ición; si el salario bajara nadie ganaría (las empresas c ntinuarían estando en equilibrio competitivo), y algunos perderían (el empleo no e elevaría más). Esto implica que todos tienen interés en bloquear el mecanismo del mercado al aceptar el salario wo.

En el plano formal, esta interpretación no es completamente satis factoria porque ólo considera la variación a la baja del salario, sin decir nada de lo que pasaría si el salario aumentara. Sin embargo, en este análisis la disminución del salario es la más significativa –y La única que considera Keynes– porque no es razonable imaginar un aumento del salario en una situación de desempleo masivo.18

23.El estudio de la teoría de Keynes conduce a una doble conclusión: (i) esta teoría se construye de manera notablemente coherente (ii) fu a de las cuestiones específicas acerca de las distinta funciones que aparecen en el modelo keyne iano, el problema general no encontró una solución satisfactoria: el concepto de equilibrio keynesiano es demasiado dependiente del análisis dinámico.

CONCLUSIONES

24. La consistencia lógica de la teoria keynesiana es un resultado más significativo en tanto el proyecto de Keynes es fundamentalmente teórico.

Keynes critica vigorosamente a aquellos que creyeron poder elab rar una heterodoxia sin darse el trabajo de atacar las base de la teoría ortodoxa [1934, 489]. Según él, la critica teórica e la condición para que una 'herejía' suficientemente sólida ea convincente [1964, 492].

Keynes es el único autor de un gran libro de teoría económica qu desde el comienzo del Prólogo y los primeros capítulo, reivindica su oposición a la teoría dominante. Su crítica no es empirista pue no apunta a la falta de realismo de la teoría neoclásica. Hemos visto que en la época de Keyne la existencia del desempleo involuntario era reconocida por todos los participantes en el debate, diferente a la situación actual donde a eces se ruega. La única divergencia se refería a la explicación de este fenómeno. Si Keynes considera que la teoría neoclásica no es pertinente para resolver los problemas del mundo real [1936, 333], no es porque ella niegue un aspecto de la realidad sino porque da una explicación que considera errénea.En cuanto a la crítica keynesiana de los postulados de la teoría del empleo, aquí no se hace intervenir ninguna consideración mpírica. o es la observación de una realidad cualquiera lo que permite inducir un juicio sobre la ley de Sayo Sucede lo mismo en el plan positivo. Lo fundamental es el resultado teórico y no alguna proposición de política económica:

Considero que mis sugerencias para una cura, que no están completamente elaboradas –lo admito– se encuentran en plano distinto al del diagnóstico. No quiere decir que sean definitivas. Están sujetas a todo tipo de hipótesis especiales y necesariamente están relacionadas con las condiciones paniculares de cada momento. Pero mis principales razones para alejarme de la teoría tradicional van mucho mis al fondo de esto, Ellas son de un alto carácter general y pretenden ser definitivas [1937, 122].

Al encerrarse en la ley de Say, la teoría ortodoxa se había impuesto la imposibilidad de avanzar. En efecto, mientras se continúe razonando en el marco de un modelo recursivo por la oferta donde el único papel de la demanda es ajustarse pasivamente a una oferta predeterminada, la teoría no puede progresar mucho. En este sentido interpretamos este diagnó tico de Keynes sobre que "la falta grave de la escuela clásica, ejemplificada por Pigou, ha sido la de exigirle demasiado a un modelo anticuado o demasiado simple, y en no darse cuenta de que el progreso e taba en mejorar el modelo" [1938,296].

El modelo clásico es "muy simple" porque, en conformidad con la ley de ay, todas us conclusiones dependen, a final de cuentas, sólo de las tres ecuacione que representan el mercado de trabajo. Ahora vemos mejor en qué consiste su 'mejoría': la teoría de los determinantes de la demanda global, propuesto por Keynes en los libros III y IV de la Teoría General.

25 En lo esencial, la doctrina ortodoxa vista por Keynes es la de la 'escuela del ajuste automático' al equilibrio de pleno empleo.

La situación actual difiere mucho de los días de Keynes. La ausencia de resultados satisfactorios en la teoría neoclásica de la estabilidad confirma el escepticismo de Keynes en las virtudes de autorregulación del sistema competitivo. En este punto central es más bien la teoría ortodoxa la que se ha acercado a las posiciones defendida por Keynes no lo contrario.

Pero, al mismo tiempo, el mismo proyecto de Keynes sale afectado.Vimo que según Keynes, la estabilidad del equilibrio de pleno empleo e stá correctamente deducida de las hipótesis del modelo neoclásico básico. Esta posición es fácilmente explicable. Keynes identifica la teoría ortodoxa al modelo de la ley de Sayo Ahora bien, un modelo recur i, o por la oferta se comporta como un modelo de equilibrio parcial donde la estabilidad del sistema en su conjunto se reduce finalmente sólo a la estabilidad del equilibrio del mercado de trabajo.

Es verdad que la ley de Say implica el ajuste del ahorro y la inversión por medio de la tasa de interés. Eso explica por qué Keynes atribuye la mala teoría neoclásica de la demanda efectiva "al fracaso de la doctrina clásica en desarrollar una teoría satisfactoria de la tasa de interés". Pero en el modelo recursivo por la oferta la critica de este tipo de ajuste no es posible. La tasa de interés iguala el ahorro y la inver ión para un nivel dado de la producción, predeterminada por el subsistema de la oferta. Si este mecanismo es inestable, de aquí no se deduce que el equilibrio de pleno empleo sea inestable sino que toda solución del sistema, a cualquier nivel del empleo, es inestable. No puede sorprendernos, por consiguiente, que la critica de Keynes a la teoría neoclásica del interés apunta a la determinación del equilibrio y no a la estabilidad.

En un modelo diferente al de la ley de Say el problema de] ajuste al pleno empleo puede plantearse apropiadamente. Vimos que se trata del modelo no walrasiano de interdependencia de donde se deriva el modelo keynesiano propiamente dicho. El mecanismo de ajuste propio del primero, el efecto Keynes, se anula en el segundo.La critica actual del ajuste automático siguió otro camino, sugerido por Tobin.19 Recientemente se mostró que en un modelo neoclásico convencional menos particular que el de la ley de Say (modelo de las generaciones traslapadas) el estado regular puede no ser estable [Hahn y Solow 1995 cap.2].

Desde el momento en que la oposición al ajuste neoclásico no requiere ninguna nueva teoría, la motivación de la teoría keynesiana está debilitada. Pero esta última no se vuelve superflua porque la crítica a la estabilidad del equilibrio neoclásico no proporciona ninguna noción sobre la posibilidad de un equilibrio diferente al de pleno empleo.

Otros resultados recientes del análisis del proceso dinámico permiten avanzar en esa dirección. Se trata de la crítica 'interna' del efecto Keynes. Como se podría esperar, se mostró que siendo flexibles los salarios y los precios, el equilibrio de pleno empleo en el modelo no walrasiano de interdependencia puede ser inestable [Flaaschel et al.1996, cap. 6]. Esto implica que la solución de ese modelo para un salario exógeno Wo un equilibrio keynesiano. En lo esencial, este resultado central puede con eguirse limitándose a los dos primeros capítulos de la Teoría General. La intuición de Keynes respecto a los posibles efecto negativos de la disminución del salario nominal resulta confirmada, al mismo tiempo que se pone en duda el interés mismo de su proyecto teórico.

26. Muy probablemente Keynes consideró que la crítica de las hipótesis e la má radical, ya que apunta a los fundamentos de la teoría. sta idea no nos parece correcta. En el modelo no walrasiano de interdependencia, btenido por la crítica keynesiana del postulado relativo a la oferta de trabajo, el equilibrio al salario Wo puede excluir el mercado de trabajo. Se ha concluido que se trata de una teoría alternativa a la ortodoxia. sta interpretación tiene origen en la famosa afirmación de Clower: "o la ley de Walras es incompatible con la economía Keynesiana, o Keynes no tenía nada fundamentalmente nu para agregar a la teoría económica ortodoxa" [Clower 1965, 278]. Pero la existencia de una solución, parametrizada por el salario monetario, diferente a la del modelo ortodoxo, no implica que se trate de una construcción lógicamente distinta. Como lo confirma claramente el artículo de Clower, ella resulta de este mismo modelo al modificar una de sus hipótesis. También, recordemos que Hicks no consideraba que la de activación de la función de oferta de trabajo y su reemplazo por el salario monetario exógeno trastornaba el modelo neoclá sico. Hasta tal punto que él mismo atribuía estas mismas característica "al modelo clásico" (Anexo 1). n cuanto al equilibrio con un "exceso de oferta de trabajo", no perturba, "por sí mismo", el modelo de Walras [Hicks 1980-1981 321].

De una manera general, la modificación de una u otra de las hipótesis del modelo de referencia de la teoría neoclásica no modifica la teoría sin ólo el resultado conseguido con esta misma. De este punto de vista se puede decir que una teoría es más poderosa en tanto sea capaz de acoger un número mayor de hipótesis diferentes, lo que le permite tratar un número mayor de casos. Al tener esta propiedad, la teoría del Equilibrio General proporciona la referencia de la mayor parte de las teorías actuales, incluyendo aun las de inspiración keynesiana [Benetti 1997]. demás estas últimas se han agotado en la investigación de las modificaciones que conviene aportar al modelo estándar para conseguir el resultado "keynesiano" deseado.

27. Como todas las grandes obras de teoría económica, la Teoría General empieza con la teoría del valor, pero a diferencia de los otros, Keynes no lo hace para desarrollarla ino para excluirla. 1 proyecto de Keyne tiene como punto de partida (i) la separación de los problema del nivel de empleo de los recursos y de la asignación de los recursos empleados,20 y (ii) la delimitación del papel de los precios a la distribución de un volumen de recursos empleados", que además, según Keynes, lo realizan de manera satisfactoria. Esto implica que "lo que determina la ocupación real de los recursos disponibles" [1936, 16] depende de otra ley, externa a los precios.

Esta dicotomía solo e legítima si e adopta una teoría del valor que determina lo precios independientemente de las cantidades producidas. quí podemos reconocer la teoría ricardiana, al menos la formalizada por Sraffa. Keynes tiene razón en referirse a Ricardo para justificar la dicotomía entre el nivel y la asignación de los recursos empleados: "Ricardo negó expresamente que tuviera algún ínteres el monto del dividendo nacional como hecho independiente de su distribución", pero se equivocó al considerar que la teoría ortodoxa seguía siendo ricardiana: "pero sus sucesores, con una visión menos clara, han usado la teoría clásica en estudios sobre las causas de la riqueza" [1936, nota 1, 16].

En el enfoque neoclásico, el nivel y la asignación de recurso con el mismo y único problema. Desde el momento en que el equilibrio, en el entido a la vez de la asignación eficiente y del pleno empleo, se obtiene por medio del mismo mecanismo, el sistema de precios, no hay ningún lugar para la idea central de Keynes según La cual la regulación de la demanda global es suficiente para asegurar un buen funcionamiento de la economía, al suponerse que el mecanismo de precios se encarga de garantizar la asignación eficiente de los recursos.

De hecho, existe la siguiente disyuntiva: (i) O bien, el mecanismo de los precios funciona como lo afirma la teoría neoclásica, y en este ca o la regulación de la demanda global no es necesaria ya que el pleno empleo es automáticamente asegurado; (ii) O bien, el mecanismo de precios no funciona, la regulación de la demanda global es necesaria, pero uno no puede estar seguro de que se utilicen los recursos de manera eficiente ya que por hipótesis, el mecanismo de precios es defectuoso. La teoría del valor no tiene un objetivo específico propiamente dicho. Constituye el principio de donde se derivan las otras teorías. La negativa de toda discusión sobre la teoría del valor significa aceptar, de hecho, el modelo de base de la teoría ortodoxa. Para Keynes se trata, por ende, de eliminar uno de los resultados principales: Sólo existe un equilibrio en el pleno empleo. Para con reguirlo, construye un modelo donde el funcionamiento walrasiano del mecanismo de precios se anula al negar el segundo postulado neoclásico y la supresión de la hipótesis de sistema completo de mercados. Sobre esta base se elabora la función de inversión de la que depende el equilibrio de subempleo con flexibilidad de precios. Por lo tanto, este último pertenece al conjunto de equilibrios ineficientes que resultan de la modificación de una o de otra de las hipótesis del modelo de referencia. Es cierto que el modelo de Keynes es el que se aleja más del modelo walrasiano, sin embargo, no deja de obtenerse por medio de la aplicación del mismo método a través del cual se elabora actualmente la mayor parte de la teoría neoclásica positiva.21

Keynes concibe su proyecto colocándose en un nivel intermedio entre los fundamentos de la teoría y la política económica. Este nivel r pre enta la mayor parte de la enseñanza universitaria de la teoría económica y por con iguiente, es aquel que sirve para la formación económica de "funcionarios públicos y políticos, y aun los agitadores" [19 6 337]. Si bien su importancia es obvia, no es compatible suficientemente con una teoría "herética".

Notas al pie

1 Este juicio tiene justificación en algunos análisis particulares pero es falso respecw a la estructura lógica de la Teoría.

2 Como constatamos, ésto no tiene que ver con la interpretación de la ley de Say propuesto por Lange y retomada por Patinkin. Esta última se caracteriza por una recursividad del sector real en su totalidad (y no de la oferta real) con respecto al sector monetario. Por otra parte, en la interpretación de Keynes, la ley de Say no excluye la presencia del dinero bajo la forma de un saldo de liquidez para transacciones (primer modelo de Patinkin). Lo que implica que el saldo de dinero de: asalariado sólo depende del ingreso real, y es independiente de la tasa de interés.

3 Según los teóricos del equilibrio general el sistema de mercados no está completo.

4 No se trata de postulados sino de condiciones de primer orden de rnaximiaación de las respectivas funciones objetivo de empresarios y de obreros, en competencia perfecta.

5 Este modelo describe un equilibrio de flujos, y su acervo de capital está dado. Sus fundamentos 'microeconómicos' se explican en Sargenr [1987, 7-19].

6 Patinkin justifica su enfoque diciendo que "si ignoramos estas influencias adicionales (saldos reales, acervo de titulos y tasa de interés) es porque el mercado de trabajo como tal no nos interesa en el análisis siguiente; su única funcióo es proporcionar el punto límite del pleno empleo […] La introducción de estas influencias adicionales no afectarían el análisis de estática comparativa aunque si complicaría de manera importante el análisis dinámico" [patinkin 1965, 204-205].

7 Desde este punto de vista, el salario en la restricción de resupuesto del asalariado ocupa un lugar análogo al que el modelo An:ow-Debreu asigna a la ganancia en la restricción de presupuesto del consumidor.

8 Para un estudio del modelo con "ley de Walras restringida" ver Cartelier [1995, 47 y ss].

9 No hay cambio esencial si se adopta una función walrasiana de oferta de trabajo de Ns = Ns (w/p,r).

10 La teoría de Clower elimina una incoherencia de la definición tradicional de ofertas y demandas en desequilibrio. Pero no conduce a ningún concepto distinto del equilibrio walrasiano, lo que explica el desarrollo de modelos de equilibrio con precios fijos.

11 No es el capítulo 19, Keynes analiza las diferentes (siete) efectos de la disminución de los salarios monetarios y concluye que es sobre lo que se llamará después "Efecto Keynes", que "deben hacer descansar su argumentación aquellos que creen en la propiedad del sistema económico de ajustarse automáticamente; aunque no sé que lo hayan hecho así" [1936,266].

12 Una parte considerable de los trabajos de los "nuevos keynesianos" se dedica a proporcionar "los fundamentos microeconómicos" de estas dos formas de rigidez del salario. Cualquiera que sea el interés intrínseco de estas teorías, su alcance para la teoría de Keynes es sumamente limitado.

13 En efecto, si los individuos "se confrontan con un doble nivel de precio duplicado […] su demanda por saldos nominales L2(r) se mantiene constante, así que su demanda por saldos reales especulativos disminuirá" [Patinkin 1965,254 y ss.,nota K2 pág. 637 y ss].

14 Hacemos abstracción del efecto de saldos reales que está por fuera de la Teoría General. Esto no parece molestar. Pacinkin, el autor que más insistió en este efecto, lo considera tan esencial para La teoría monetaria (la existencia del efecto) como despreciable para el ajuste macroeconómico (la fuerza del efecto). Por ejemplo, en los Estados Unidos entre 1929 y 1932 el valor real de los saldos netos privados aumentó 46 por ciento mientras que el ingres nacional real bajó 40 por ciento [ Patinkin 1949]. Por su lado Neary y Stiglitz [1982] calcularon que, a pesar de la fuerte baja de precios durante la gran depresión, seria necesario más de dos siglos para que por medio del efecto de los saldos reales, el pleno empleo pueda restaurarse.

15 Estos tres modelos no agotan los factores de la anulación del efecto Keynes que se eñalan en la Teoría General [1936, 262-264]. Entre estos hay que poner atención a la "Influencia depresiva que ejerce sobre los empresarios el aumento de la carga de deuda [que] puede neutralizar parcialmente cualquier reacción optimista que resulte del descenso de los salarios" [1936,233].

16 Si se adopta la primera formalización del numeral 9, se puede tener que No > Ns, en tal caso la solución de Nˆ no es viable. En los otros casos, las dos formalizaciones dan el mismo resultado.

17 El abanico de opciones es muy el amplio: desde la inversión pública hasta las acciones con el fin de modificar expectativas de largo plazo.

18 Esos límites del concepto de equilibrio keynesiano no justifican de ninguna manera la gran confusión que se generó. e tomó el mal hábito de calificar como "keynesiano" un equilibrio con desempleo y, por extensión, el modelo que genera ese resultado. En la mayoría de los casos, o los salarios Y los precios son flexibles, pero el desempleo de equilibrio no es involuntario; o el desempleo de equilibrio es involuntario, pero (cualquiera que sea la justifiación) los salarios nominales o reales (y a veces los precios) no varían. Ver Anexo 2 .

19 Tobin [1975, 1993] subraya en particular el efecto desestabilizador del endeudamiento utilizando modelos que combinan caracteristicas keynesiaoas y neoclásicas.

20 La única excepción notable es el capítulo 17 de la Teoría General.

21 Si aparece un e quema de base diferente al equilibrio general, de hecho una teoría alternativa del valor, se podrá elaborar una teoría en el seno de la cual podrán integrarse con seguridad importantes elementos del modelo keynesiano.

22 Hacemos abstracción del cuarto modelo que –como señala Hicks– es una "generalización" mas que una formalización de la teoría de Keynes. Por otra parte, los modelos de Hicks poseen dos bienes (de consumo y de inversión). Pero dado que sus peeaos relativos no tienen ningún papel, no se pierde nada si se considera sólo un bien.

23 Esta recursividad monetaria está bien explicada por Cartelier [1995, 88], Pero él considera que en la recria neoclásica la hipótesis de salario monetario fijo es incompatible con la presencia de la ecuación monetaria, ya que su coexistencia conllevaría a la sobredeterminación de los precios nominales [Canelier 1995,46-47]. Este argumemo no nos parece convincente. En un modelo, el papel de una ecuación no se define de una vez por todas, independientemente de las hipótesis de las otras ecuaciones. La crítica de Cartelier conduciria a rechazar la utilización keynesiana de la ecuación F'N=w/p para determinar p bajo el pretexto de que su papel es determinar la demanda de trabajo.

ANEXO 1. LOS MODELOS DE HICKS

La int rpretación de la teoría de Keynes que Hicks propone en su artículo de 1937 se apoya en los tres modelos siguientes.22

Donde R es el ingreso que es igual a p Y.

Estos tres modelos tienen las mismas incógnitas: N,Y,w, p, r, I, S, Y las mismas ecuaciones de la oferta [1]-[3]. Ninguno es recursivo por la oferta. El modelo clásico posee una recursividad monetaria, R es la única incógnita de la ecuación [7]. Por este hecho, el empleo es determinado por el subsistema definido por las ecuaciones [1 ]-[3] y [7]. Basta escribir [7] Mo = k wp/wY. Utilizando las ecuaciones [1] a [3], la ecuación [7] tiene una sola incógnita: N.23

Los dos modelos 'keynesianos' son recursivos por la demanda, Los subsistemas de la demanda (ecuaciones [4]-[7'] y [4]-[7"]) determinan r, I, S y R. Al conocer el ingreso nominal de equilibrio, las ecuaciones de la oferta determinan Y y N. El empleo es una función creciente del ingreso nominal (el aumento de R no puede ir acompañado del crecimiento proporcional de p, sin contradecir las ecuaciones [1]-[3]).

La diferencia entre los dos últirnos modelos reside en la determinación de la demanda. En el primero, las cuatro ecuaciones de la demanda se resuelven de maneta secuencial: r está determinada por la ecuación monetaria [7']. Enseguida se conoce 1 mediante la ecuación [4],luego R por el multiplicador o la ecuación [6'] . Por el contrario, a causa de La modificación de la ecuación monetaria, en el segundo modelo se r uelven la cuatro ecuaciones de la demanda simultáneamente. Es el modelo IS-LM

Ninguno de estos modelo es claro. El primero porque no es clásico, los d porque no son keynesianos. a primera afirmación es evidente: el modelo clásico de Hick no es el de la ley de Say.No es recursivo por la oferta sino por la ecuación monetaria.

Es trivial considerar que los modelos keynesianos de Hicks son el ig n de las equivocaciones sobre la teoría de Keynes. Pero no nos referiremos a los limites reales o supuestos del modelo IS-LM, tales como la coexistencia de variables estado y de control (lo que es evidente) o la formalización de la teoría de Keynes por medio de un modelo de interdependencia (esta critica no nos parece justificada). Para nosotros, La equivocación más grave se origina en la identificación de los modelos keynesianos con los modelos recursivos por la demanda.Una consecuencia notable es la importancia concedida a la ilusión monetaria en la demanda especulativa de dinero, en particular en el "modelo especial" que se presenta como la separación más importante que <eynes logró realizar con respecto a la teoría dominante.Est modelo es el origen de profundas confusiones sobre la sig nificación de la "determinación monetaria de la tasa de interés" de Keynes.Sobre todo los modelos keynesianos de Hicks formalizan la que hemos llamamos la anti-ley de Say que, además, no se opone aquí a ninguna ley de Say (el modelo clásico es recursivo por la ecuación monetaria). La estructura lógica de la teoría de Keynes se oscurece completamente.

ANEXO 2. A PROPÓSITO DE ALGUNAS AFIRMACIONES CORRIENTES

Vamos a considerar algunas afirmaciones corrientes, sin cuidamos del orden ni de su profundidad.

– "Al contrario del modelo de equilibrio general, el modelo keynesiano depende del análisis de equilibrio parcial". Esta afirmación es injustificada y es un contrasentido. La importancia del análisis de equilibrio parcial no reside en el hecho de permitir estudiar el mercad de arvejas por fuera de las perturbaciones causadas por la variación de los precios en otros mercados, principalmente en aquéllo de las otra verduras. En la macroeconomía, el equilibrio parcial está ligado a la ley de Say que permite conseguir resultados a nivel del sistema en su conjunto a partir únicamente del análisis de un mercado particular (el de trabajo). Precisamente es contra este enfoque de equilibrio parcial que Keynes propone su idea central según la cual el empleo depende del funcionamiento de otros mercados diferentes al de trabajo. n el plano metodológico, la concepción de la macroeconomía en términos de interdependencia es ciertamente una de la mayores contribuciones de Keynes.

Debemos precisar que esta visión no implica la asignación del mismo grado de interdependencia a todos los mercados. Por ejemplo, n excluye que la valoración financiera pueda alejarse de la valoración real (valor fundamental). Esta cuestión importante ni siquiera podría plantear en un modelo de equilibrio parcial.

– "Al contrario del modelo walrasiano de interdependencia general, el modelo keynesiano es recursivo". Complementa la anterior y también nos parece injustificada. En los días de Keynes no s la interdependencia sino la recursividad (por la oferta) la característica del modelo dominante. Es posible que, dejándose llevar por la corriente, Keynes estuviera tentado a oponerle un modelo de recursividad por la demanda, la anti-ley de Sayo Hemos encontrado sólo un rastro en el capítulo 3 de la Teoría General. Pero la interpretación no es clara. Se trata de un resumen tan parcial de su teoría que una ecuación tan importante como la de la tasa de interés está ausente. Los modelos keynesianos son de interdependencia general. Uno solo entre ellos, el de la preferencia para la liquidez, admite entre todas las soluciones un equilibrio particular, la trampa de liquidez, donde el modelo se comporta como si fuese recursivo por la demanda.

Es verdad que, en el modelo de Keynes, las decisiones de los agentes no son simultáneas. Debido a la presencia de Nd en las restricciones de presupuesto de los asalariados, sus decisiones son necesariamente posteriores a las de las empresas. Pero la no simultaneidad de las decisiones no implica la recursividad del modelo. El Equilibrio General es evidentemente un modelo de interdependencia. Sin embargo, en la formulación dada por Arrow y Debreu, las decisiones no se hacen de manera simultanea porque en la restricción de presupuesto de los consumidor s figuran las ganancias de las empresas. Por otra parte, el modelo de la ley de Say es recursivo a pesar de que las decisiones sean simultáneas.

–Una interpretación corriente de la teoría de Keynes como un modelo tecur i o por la demanda se apoya en una de las dos deducciones siguientes. La primera (i) (a) dado que la política keynesiana de eliminación del desempleo involuntario consiste en la expansión de la d manda global, (b) entonces, la teoría keynesiana es la que explica el de empleo involuntario por la insuficiencia de la demanda global.La segunda es la siguiente (ii): (a') dado que el desempleo keynesiano es aquel que no puede ser disminuido por la baja de salarios, (b')entonces, él es explicado por la insuficiencia de la demanda global.

Por lo tanto la teoría keynesiana del desempleo involuntario se deduce de la política contra desempleo según (i), y de la definición del desempleo de equilibrio según (ii). Consideramos que ambas son incorrecta. n el modelo de Keynes esbozado antes, el nivel del empleo se determina simultáneamente con las otras incógnitas, y por ende, es explicado por la totalidad de las ecuaciones. Por lo anterior dep nde tanto de las condiciones de la demanda como de las condiciones de la oferta. Es a la solución de este modelo que se aplica el test de la disminución del parámetro wo, Si el nivel del empleo no aumenta, el desempleo es keynesiano: la definición (a') no implica (b').

La solución del modelo depende de las ecuaciones y de sus parámetros. Si la ecuaciones de la demanda permanecen iguales, el empleo de equilibrio es diferente si, por ejemplo, la función de producción cambia o si la producción se decide con un criterio diferente al de la maximización de la masa de ganancia (por ejemplo, la tasa). La cuestión de la política económica es saber cuáles son los parámetros y las variables sobre las cuales puede actuar el Estado. Un vistazo a las ecuaciones del modelo es suficiente para percibir que la sola posibilidad se refiere a las ecuaciones de la demanda. El conjunto de técnicas disponible así como las decisiones de producción escapan a la acción del estado. La justificación de la política keynesiana no se debe buscar en la recursividad por la demanda, sino en el hecho de que permite actuar sobre el desempleo keynesiano (ineliminable por la disminución de salarios) respetando la propiedad privada de medios de la producción. La proposición (a) no implica (b).

– 'Al contrario de la teoría neoclásica que está concebida en términos reales, la teoría de Keynes es monetaria". Si lo anterior se entiende en el sentido de que el dinero se integra en la teoría de la determinación de las magnitudes, esto es tan inexacto respecto a Keynes como a los neoclásicos. El dinero aparece en dos lugares: en la ecuación monetaria y en el salario exógeno. En el primer caso, es captado solamente a través de la propiedad de reserva de valor. Ahora bien, como lo han mostrado ampliamente los trabajos neoclásicos en teoría monetaria, la integración del dinero intentada por este enfoque es un fracaso. Como unidad de medida del salario exógeno, el dinero aparece solamente en la propiedad de unidad de cuenta. Así como en la teoría neoclásica, a la teoría de Keynes le falta la integración del dinero. La razón es la misma: ninguna de las dos teorías le abre campo al dinero como medio de cambio. El análisis de las transacciones (se esté o no en equilibrio) está ausente.

– Como casi toda la Teoría General está escrita con la hipótesis de salario monetario exógeno, se concluyó que "la rigidez del salario monetario es la condición del equilibrio keynesiano". Es obvio que, tanto el modelo neoclásico como el keynesiano, se presta para ser usado para el estudio de los efectos de rigideces de precios o de salarios. Pero es incorrecto pensar que el equilibrio con desempleo involuntario depende de una rigidez cualquiera. sta proposición falsa resulta de la confusión entre el salario monetario exógeno y rígido. Keynes adopta la primera hipótesis y no la segunda. La variación exógena del salario monetario es la que permite el 'test' decisívo de la etapa II (§19).

– "Un modelo es keynesiano si todas sus soluciones son equilibrios con desempleo involuntario". Esta interpretación falsa tiene sus orígenes en la inversión abusiva del resultad del modelo de equilibrio general en el que todas las soluciones son de pleno empleo. Un modelo es keynesiano si admite entre sus soluciones un equilibrio con desempleo involuntario (ineliminable por la flexibilidad de salarios y de precios).

– Se dice que "el desempleo keynesiano es explicado por el dinero". Pero en el modelo keynesiano, que es de interdependencia, el desempleo se explica tanto por la ecuación monetaria como por las otras ecuaciones. También esto es cierto en el caso de la trampa de liquidez, donde la tasa de interés mínima es la que corresponde a la solución del conjunto del modelo.

– Se afirma que el desempleo keynesiano se explica por el dinero porque "Keynes tien una teoría monetaria de la tasa de interés". Sólo la encontrarnos en dos ocasiones. Una primera vez, en el segundo m delo de Hicks, llamado "teoría especial de Keynes" ¡Pero en la interpretación de Hicks, Keyne tiene una teoría monetaria de la tasa d interés dela misma manera que los clásicos tienen una teoría monetaria de la producción! Una segunda vez, a propósito de la determinación de la tasa de interés por la tasa propia del dinero pero se trata de la teoría de la tasa de interés, de la que no se conoce su papel en el modelo keynesiano.


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