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lunes, 13 de julio de 2020

QUÉ PODEMOS HACER LOS ECONOMISTAS CON UNA CIENCIA QUE DEBE (Y CASI NO PUEDE) SER EMPÍRICA

QUÉ PODEMOS HACER LOS ECONOMISTAS CON UNA
CIENCIA QUE DEBE (Y CASI NO PUEDE) SER EMPÍRICA
Por Antonio Aznar
Catedrático de Econometría y Métodos Estadísticos de la Universidad
de Zaragoza y Vicepresidente Primero del Consejo de Administración
de CAI. 

Resumen: El objeto de este trabajo es comentar las dificultades con las que se topa la Economía cuando pretende elaborar, explícitamente, un conocimiento que sea científico. Comenzamos analizando las grandes corrientes de la Filosofía de la Ciencia, comentamos las peculiaridades del fenómeno económico y las consecuencias que se derivan de esas peculiaridades y concluimos con unas recomendaciones. 
Palabras Clave:Científico, Paradigma, Programa de Investigación, Enfoque Preferencialista Bipolar, Tendencias y no Leyes y Predicción. 

Agradecimientos. 
Agradezco las sugerencias que me han hecho Maria Teresa Aparicio, Maria Isabel Ayuda, Pilar Aznar, Tomás García, Javier Nievas, Eduardo Pozo e Inmaculada Villanúa. 

 “A los economistas les gusta pensar que la Economía es una ciencia. En una ciencia, sin embargo, las contradicciones repetidas de un paradigma conducen a su abandono si hay una alternativa disponible.Un paradigma en Economía sostiene que los déficits presupuestarios producen altos tipos de interés. Este paradigma no está soportado por los hechos”. Evans (1985). 


“Los defensores de la equivalencia ricardiana han desarrollado un trabajo econométrico sobresaliente pero sólo han logrado la conversión de un reducido número de economistas americanos. Esto no debe sorprendernos porque, como Summers ya demostró, independientemente de lo que pensemos, la econometría sofisticada tiene poca influencia cuando va en contra del sentido común”. Mayer (1995). 

 1. INTRODUCCIÓN 

 El economista, como cualquier otro profesional, está dotado de un equipaje intelectual que determina y condiciona su aportación al funcionamiento de la sociedad. La cultura económica es uno de los ingredientes destacados del funcionamiento de las sociedades contemporáneas y esta cultura abarca muchos aspectos que van desde la forma de ver las cosas hasta el mismo proceso de toma de decisiones diseñado para cambiarlas. 
Podemos hablar de dos tipos de cultura económica: implícita y explícita. La primera, se manifiesta de forma casi imperceptible por allí por donde pasa un economista. 
No hace falta sacar de la mochila ni las curvas de indiferencia, ni las elasticidades, ni los modelos econométricos. Simplemente, se pone de manifiesto una actitud, una forma de plantear los problemas y un estilo, un talante diríamos hoy, en la forma de sugerir y proponer soluciones a dichos problemas. 
Pero, al lado de esta cultura en torno a una forma de estar, podemos hablar de una segunda cultura, en muchas ocasiones estrechamente unida a la anterior, y que va acompañada, entre otras cosas, por modelos matemáticos y métodos estadístico-econométricos de diferente tipo. Esto es lo que, en este trabajo, llamaré cultura económica explícita y es esta la que hace exclamar a algún estudiante preclaro y a algún que otro economista escéptico de larga tradición “¿Para qué tanto formalismo?”. En este trabajo reflexionaré sobre algunos aspectos relacionados con lo que he llamado cultura explícita. No porque piense que su papel en el funcionamiento de la sociedad sea más relevante que el que corresponde a lo que hemos llamado cultura implícita; mas bien pienso lo contrario. Lo hago porque me resulta más fácil ya que el objeto a 3 discutir está nítidamente delimitado en la literatura y muchos autores se han pronunciado sobre el mismo. 

Reflexionar sobre el papel de lo que hemos llamado cultura implícita resulta, para mí, mucho más complicado porque su intervención en el devenir social es mucho más difusa. Pero repito, no menos importante. 
La sección siguiente está dedicada a reflexionar sobre el llamado fenómeno científico. La Sección 3 se ocupa de ilustrar lo especiales que somos los economistas cuando nos dedicamos a hacer ciencia. 
Por último, en la Sección 4, tratamos de razonar que, ya que somos tan especiales, algo deberíamos de pensar para mantenernos dentro de algún tipo de ortodoxia. 

2 EL FENÓMENO CIENTÍFICO. 

 Comenta Chalmers (1982), al comienzo de su libro, que decir que algo es científico es asignarle un reconocimiento especial y esto no sólo en el campo del conocimiento, sino en campos más de la vida diaria, como una crema dentrífica o el proceso de elaboración de un coche. 
Cuando se dice que una crema de dientes ha sido elaborada siguiendo un método científico, parece que se ofrecen más garantías sobre la excelencia del producto. En definitiva, se intenta decir que se trata de un producto mejor. 
Pero si esto es así para muchos productos, la mayor relevancia de etiquetar algo como científico tiene lugar en el campo del conocimiento. Se da por supuesto que el conocimiento científico es un conocimiento superior a otro tipo de conocimientos como el vulgar o el ideológico. 
Como indica Mayer (1995), cuando no estás de acuerdo con un colega puedes transtornarlo diciéndole que su pensamiento es erróneo; pero todavía lo transtornas más si le dices que su pensamiento no es científico. 

Inmediatamente surge la siguiente cuestión: 
¿Cuáles son las razones que hacen que la vitola de científico sea tan deseada?. 
Limitándonos al campo del conocimiento, el término científico evoca, al menos, lo siguiente: 
- Conocimiento científico, en primer lugar, se identifica con conocimiento objetivo, válido universalmente, que se acepta no por las características personales de quien lo formula sino por el proceso que se ha seguido en su adquisición. 
- Existe el convencimiento de que la utilización del conocimiento científico con fines prácticos llevará a mejores resultados que los que podrían obtenerse utilizando otro tipo de conocimiento.
En concreto, hay dos cosas que solamente con el concurso del conocimiento científico pueden hacerse de forma satisfactoria: la predicción y el análisis causal cuantitativo bivariante. Con la predicción, se pretende anticipar la evolución de ciertos acontecimientos futuros. En el análisis bivariante se trata de determinar qué cambio cuantitativo experimenta una variable al modificar en una determinada cuantía la trayectoria de otra variable. 

 El conocimiento científico se asocia, por tanto, con la posibilidad de lograr conocimiento objetivo y alcanzar altas cotas de satisfacción cuando dicho conocimiento se utiliza para resolver los problemas de nuestro entorno. 
 La comunidad de científicos, pretende tener un código de aplicación semiautomática que les garantice el carácter científico del pensamiento que elaboran y que les permita resolver de forma mecánica las dudas que van surgiendo en el proceso de adquisición del conocimiento. 
En un determinado momento esta aspiración parecía satisfacerse con el llamado Positivismo Lógico que se desarrolló en torno a un grupo de filósofos que formaron el llamado Círculo de Viena en los años 20 y 30. 
El código asociado con el Positivismo Lógico había destilado las esencias de los desarrollos habidos tanto en los métodos lógicos como en las corrientes empiristas. Ver, por ejemplo, Ayer (1959), Kolakovski (1977) y Porta (1983). Los principales rasgos en los que se apoyaba este código del Positivismo Lógico son: principio de determinación, progreso acumulativo y unicidad de método. 

El principio de determinación nos dice que si se aplica correctamente el código elaborado por los positivistas lógicos, entonces a partir de la realidad se llega a un solo modelo teórico explicativo. Se puede hablar de un proceso en dos etapas que nos lleva, en primer lugar, de la realidad a los hechos y, a continuación, de los hechos a las leyes generales en forma de teorías o hipótesis. Para los positivistas, el tránsito de la realidad a los hechos se hace de forma inmediata y no requiere mucha explicación. Basta abrir los ojos y, con un equipamiento sensorial normal, la percepción será la misma para todos: son los hechos puros y duros. 

Como indica Russel Hanson (1977), caricaturizando la posición del positivista estandar: 

“Para los filósofos simplistas la observación consiste en abrir los ojos y mirar.
Los hechos son simplemente las cosas que suceden dura, directa, llana y simplemente”. 

 La segunda etapa nos lleva de los hechos a las leyes generales. La lógica nos indica que, para llevar a cabo esta etapa, el único camino correcto es la aplicación de las reglas de inferencia deductiva.
Esta admite dos variantes: transferir la verdad hacia delante, de las premisas a las 5 conclusiones (modus ponens) o transferir la falsedad hacia atrás de las conclusiones a las premisas (modus tollens).
Uno de los requisitos para que esta inferencia sea válida es que, en el camino, ni se añada ni se reste contenido. En las ciencias empíricas existen diferentes circuitos en los que las conexiones se justifican por la aplicación de la inferencia deductiva. Algunos de estos circuitos pueden verse en la Figura 1.
Así, podemos considerar un argumento en el que las premisas son el conjunto de postulados iniciales, que son enunciados universales, y las conclusiones son las leyes o teorías que son también enunciados universales. 
Puede pensarse también en un segundo argumento en el que las premisas son las leyes o teorías, que son enunciados universales, conjuntamente con las hipótesis auxiliares, que son enunciados singulares, y las conclusiones son las explicaciones o predicciones, que son enunciados singulares. Pero, en las ciencias empíricas, los argumentos más relevantes son aquellos que ponen en conexión a los hechos con algún elemento del esquema teórico. 

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                     Base de postulados iniciales 
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                                       I
                                       I
                                      V
           -----------------------------------------------
           Leyes Universales Hipótesis o Teorías 
           -----------------------------------------------
                                      !
                                      !         
                                                   ---------------------------------------------------------
                                                   Condiciones Iniciales o Hipótesis Auxiliares
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                                         /
                                      !
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                 Explicaciones o Predicciones 
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Figura 1. Método científico.  

Se puede considerar un argumento en el que las premisas son el conjunto de hechos y las conclusiones son o bien el conjunto de postulados iniciales, o bien las leyes universales, teorías o hipótesis. Esta es la llamada inferencia inductiva. De un conjunto de enunciados singulares, los hechos, se trata de validar un enunciado universal, sea este un postulado o una teoría. Pero de un conjunto de enunciados singulares, por muy numerosos y  variados que estos sean, no se puede derivar la validez de un enunciado universal. Así, llegamos al problema de la inducción. El modus ponens cuando se pretende ir desde la evidencia empírica hasta los postulados o hipótesis es ilegal dentro de la Lógica. Por lo tanto, a partir de la evidencia no se puede verificar la verdad de ningún enunciado general. 

 Nos queda el modus tollens. Si, a partir del contraste empírico, se concluye que alguna de las predicciones es falsa, entonces se puede concluir con que la teoría es falsa. En el camino, nos vamos quedando con aquellas teorías que, todavía, no han sido falsadas. En lugar de proclamar que hemos verificado la verdad de la teoría que mantenemos, nos conformamos con decir que, hasta el momento, la teoría no ha sido falsada (aunque puede serlo en futuros contrastes). Parece que, de esta manera, el código sigue manteniendo la ortodoxia y el rigor exigidos por la Lógica. En este sentido, Popper (1962) escribe: “Mi propuesta está basada en una asimetría entre la verificabilidad y la falsabilidad: asimetría que se deriva de la forma lógica de los enunciados universales. Pues estos no son formas deducibles de enunciados singulares, pero sí pueden estar en contradicción con estos últimos. En consecuencia, por medio de inferencias puramente deductivas, (valiéndose de la lógica clásica), es posible argüir de la verdad de los enunciados singulares la falsedad de enunciados universales”. 

Podemos decir que, en los años 50 y 60, los practicantes del positivismo lógico se mueven bajo las influencias de estas dos grandes corrientes positivistas: el verificacionismo y el falsacionismo. Los verificacionistas, aún asumiendo el problema de la inducción, seguirán insistiendo en que el objetivo debe ser el aportar la máxima evidencia empírica a favor de una teoría. Se hablará de la verificación en términos de probabilidad, se distinguirá entre verificación fuerte y verificación débil, se defenderá el concepto de confirmación gradualmente creciente, todo esto orientado a demostrar que, aunque no sea posible verificar la verdad de ninguna ley universal a partir de la evidencia empírica, sí que es posible hablar de que una teoría está más o menos apoyada por la evidencia empírica tanto absolutamente como relativamente respecto al apoyo recibido por otras teorías. 

Como ya hemos comentado, los falsacionistas renuncian a verificar en aras a mantener la ortodoxia de poder justificar la aplicación de la inferencia deductiva. La diferencia con los verificacionistas es sutil pero importante especialmente cuando se presta atención a los requisitos formales que los falsacionistas especifican como una condición necesaria para que una teoría pueda ser aceptada en el campo de la ciencia. Las teorías deberán ser falsables, informativas, arriesgadas; todo esto, simplemente, para ser tenidas como candidatas en la competición científica; luego, se mantendrán si no han sido falsadas. El requisito formal de la falsabilidad es importante porque es algo que los verificacionistas, en 7 su afán de que la teoría siempre tiene que estar de acuerdo con los hechos, habían pasado por alto. Un contraste empírico es tanto más relevante cuanto más arriesgado sea. Esta es, en mi opinión, la gran aportación del falsacionismo. 

El segundo de los rasgos que caracteriza al Positivismo Lógico es el del progreso acumulativo. En la secuencia de generación de teorías en la historia de la ciencia, cada teoría es mejor que la anterior siendo esta un caso particular de la primera. Las teorías son compatibles y, en la secuencia, se puede medir el avance que supone una teoría dada respecto a la anterior. 

Por último, el tercer rasgo hace referencia a la unicidad en la aproximación científica. Todas las ciencias deben seguir el mismo método con ligeras variaciones con respecto a las recomendaciones que emanan de las normas del código. 

En un afán de ser simples, podríamos decir que esta era la situación epistemológica a principios de los años 60 en torno a un código monolítico con escasas rendijas. Pero como suele ocurrir, todo esquema monolítico tiene su reforma y su contrarreforma. Los partidarios de la reforma ponen patas arriba todo el edificio conceptual y cuestionan uno por uno los fundamentos en los que se apoya el código positivista. Los seguidores de la contrarreforma trataron de salvar los elementos esenciales del código dando entrada a variaciones, más o menos relevantes, en algunos de ellos. 

Los reformistas encontraron dos tipos de incoherencias en la aplicación mecánica del código positivista: lógicas e históricas. Las incoherencias de tipo lógico hacen referencia a situaciones en las que la aplicación automática de las normas que emanan del código no resuelven de forma unívoca las dudas que se plantean en el proceso científico. Desde el punto de vista histórico, los reformistas nos dicen que el comportamiento de los científicos a lo largo de la historia conocida de la ciencia no es lo que resultaría de la aplicación del código positivista. Los comportamientos de los científicos se han alejado, en muchas ocasiones, de lo que cabría esperar si hubieran seguido el credo positivista. Por lo tanto, si el código positivista no se mantiene desde el punto de vista lógico, y no ha sido seguido por los científicos a lo largo de la historia, se hace necesario un cambio. A esta tarea se han dedicado con entusiasmo autores como Feyerabend, Kuhn, Russel Hanson, Toulmin y otros en torno a lo que se ha llamado la Nueva Filosofía de la Ciencia. Es el ataque al antiguo régimen como lo llama Hands (2001). Veamos, a continuación, algunas de las críticas más relevantes. 

Hemos comentado que el principio de determinación era uno de los bastiones del código positivista. Del mundo real a las leyes generales sólo hay un camino parando en la posada de los hechos a la mitad del mismo. Los reformistas cuestionan todo este planteamiento especialmente en lo que 8 se refiere a la posibilidad de una observación objetiva que conduce a una única percepción compartida por todos. Frente a lo que ellos consideran como una visión simplista de la percepción, defenderán lo que llaman una “observación cargada de teoría”. No hay hechos objetivos libres del componente subjetivo del observador. Cada cual ve lo que está preparado para ver; lo que las preconcepciones teóricas adquiridas le permiten ver. Los libros de los reformistas están llenos de referencias a esta cuestión. Por ejemplo, Kuhn (1971) escribe lo siguiente :“Lo que ve un hombre depende tanto de lo que mira como de lo que su experiencia visual y conceptual previa lo ha preparado a ver” y más adelante: “Lo que antes de la revolución eran patos en el mundo del científico, se convierten en conejos después”. Feyerabend (1975), por su parte, escribe lo siguiente: “La impresión sensorial, por simple que sea, contiene siempre una componente que expresa la reacción del sujeto que percibe y que no tiene correlato objetivo”. Parece claro que dos observadores normales que vean el mismo objeto desde el mismo lugar en las mismas circunstancias físicas no tienen necesariamente idénticas experiencias visuales ni tampoco la misma traducción lingüística, es decir, los mismos hechos, de dichas experiencias. Y esto ocurre tanto en la experiencia diaria como cuando se analiza el resultado de la actividad científica como son los resultados de un experimento en un laboratorio. 

Por lo tanto, de la realidad no vamos de forma única a los hechos. No hay una determinación única de estos hechos. No hay nada dentro de la Lógica que permita esa unicidad compartida por todos los observadores. Esto bastaría para hacer saltar por los aires el principio de determinación porque impide continuar el proceso tanto en la dirección del modus ponens como en la del modus tollens. Pero la labor de los reformistas va más allá y su crítica afecta también a los procedimientos de inferencia contemplados en la segunda etapa. 

Ya nos hemos referido a las dificultades que planteaba la aplicación del modus ponens cuando se pretendía pasar la verdad de los hechos a enunciados universales. El problema de la inducción nos indicaba que cualquier incremento de contenido en el proceso de transferencia era merecedor de una tarjeta roja. Esto ya lo habían percibido los propios seguidores de la línea positivista. Por esta razón, las críticas se orientaron a desenmascarar las incongruencias asociadas con la aplicación del modus tollens. En principio, esta aplicación parecía estar libre de cualquier alteración de la ortodoxia dentro de la Lógica. Si alguna predicción no concordaba con los hechos, el rechazo de la teoría parecía ser el resultado normal. Pero, como puede verse en la Figura 1, el camino a seguir no es tan automático. Las predicciones son las conclusiones de un argumento en el que las premisas son, por un lado, las teorías, que son enunciados universales, y, por otro, las hipótesis auxiliares, que son enunciados 9 singulares. Si las predicciones no concuerdan con los hechos, ¿Qué hacemos: rechazar la teoría o rechazar alguna de las hipótesis auxiliares? Dentro del código positivista no hay una única respuesta a esta pregunta; la respuesta que se dé en cada situación será el resultado de tomar en consideración una serie de aspectos que no están reflejados en los tratados de lógica. Este es el llamado problema de Duhem. 

Si, a partir de la realidad, podemos llegar a diferentes conjuntos de hechos según sea el esquema teórico previamente asumido por el observador, y si el problema de la inducción y el problema de Duhem impiden llegar a una conclusión única a partir de un conjunto de datos, ¿qué queda del principio de determinación? Aparece un panorama en el que la lógica formal sigue jugando un papel importante pero que, a su lado, aparecen otros protagonistas como el pragmatismo, la retórica, las circunstancias históricas en que se genera la teoría, los componentes subjetivos del investigador, etc. que también desempeñan un papel importante en el proceso de elaboración de la ciencia. Como escribe Brown (1983) “En contraste con el empirismo lógico, el rasgo más destacado del nuevo enfoque es el rechazo de la lógica formal como herramienta principal para el análisis de la ciencia y su sustitución por la confianza en el estudio detallado de la historia de la ciencia”. A partir de ese análisis se espera calibrar el protagonismo relativo de cada uno de los ingredientes que acompañan a los instrumentos lógicos.

Pero la crítica de los reformistas no se para en el principio de determinación. También afecta a los otros dos puntos sobre los que se apoyaba el enfoque positivista. No aceptan la idea de que la ciencia avance en línea recta en forma acumulativa en la que cada teoría que sigue subsume a la anterior como un caso particular. Frente a esta idea de progreso acumulativo, los practicantes de la nueva filosofía de la ciencia destacan el principio de la inconmensurabilidad entre esquemas conceptuales alternativos. Los hechos son diferentes; los conceptos en muchas ocasiones no son comparables; los criterios de justificación científica son también diferentes.
 Todo esto hace que, para los reformistas, la comparación entre esquemas teóricos alternativos sea una cuestión difícil y que la consideración de uno de ellos como un caso particular del otro sea prácticamente imposible.

 Tampoco aceptan que haya un solo método para todas las ciencias. El objeto que estudia cada ciencia es diferente, las posibilidades de experimentar también son diferentes, el papel del contexto externo varía de una ciencia a otra, etc. y todos estos factores pueden aconsejar un cierto pluralismo metodológico frente al monolitismo positivista. 

Redman (1991), resume de la siguiente manera la situación que, según él, queda después de la reforma: “Pero especialmente desde los años 60 la imagen racional de la ciencia se ha ido empañando. Los fundamentos 10 de la ciencia del siglo diecisiete- en el sentido de que la ciencia se deriva de la observación y el experimento- no son fiables. La ciencia entendida como un proceso de acumulación y como una empresa progresiva ha sido puesta en duda. Una tajante división entre la teoría y la observación se ha mostrado que es inválida así como la distinción entre el contexto de justificación y el contexto de descubrimiento. Se encontró que los conceptos científicos no eran tan precisos como se había estipulado y que la pretensión de lograr un método universal para una ciencia unificada tenía que abandonarse”. 

¿Qué proponen los reformistas cuando se trata de dar cuenta del camino seguido por los científicos a lo largo de la historia de la ciencia y cuando se van a formular las recomendaciones que todo científico debería tener en cuenta si se va a dedicar a elaborar ciencia en el futuro? Hemos comentado que el principal rasgo de la Nueva Filosofía de la ciencia es el rechazo de un código monolítico del que emanan las reglas que guíen el actuar de los científicos. Por lo tanto, no esperemos encontrar otro código como alternativa. Más bien, lo que podemos encontrar es un abanico de propuestas con ciertos elementos comunes pero sin pretensión de ser monolítico. Dow (1985), a la hora de caracterizar esta corriente que llama modo de pensamiento babilónico, escribe lo siguiente: “Utiliza varios hilos argumentales con diferentes orígenes que, cuando la teoría funciona bien, se refuerzan unos con otros; ningún argumento se fundamenta en la aceptación de un conjunto de axiomas. El conocimiento se genera mediante la consideración de ejemplos de aplicaciones de teorías, utilizando una variedad de métodos”.
Por razones de espacio, no podemos dar cuenta de las diferentes propuestas realizadas bajo el espíritu de la reforma. Voy a limitarme a resumir brevemente la que, al mismo tiempo, ha tenido más impacto y ha sido elaborada con mayor precisión. Me refiero a la propuesta de Kuhn (1971) en torno a los paradigmas. Según este autor, la actividad científica se desarrolla en torno a la siguiente secuencia: adopción de un paradigmaciencia normal- crisis-revolución-adopción de un nuevo paradigma. Todo comienza con la adopción, por parte de la comunidad científica, de un paradigma. Un paradigma es un marco conceptual que, al menos, incluye 1) una perspectiva para observar el mundo y derivar unos hechos determinados, 2) un consenso respecto a los rasgos que deben acompañar o caracterizar una buena teoría, 3) un marco teórico para plantear problemas y 4) un consenso respecto a como contrastar empíricamente una teoría. En un momento determinado, la comunidad científica adopta un paradigma porque tiene más éxito que sus competidores para resolver unos cuantos problemas que el grupo de profesionales ha llegado a reconocer como agudos. Kuhn indica que una ciencia madura está regida por un solo paradigma. Una vez que los 11 miembros de una comunidad científica han aceptado un paradigma se entra en el periodo de ciencia normal en el que los científicos se dedican a resolver problemas sin cuestionar los fundamentos del paradigma. Esta resolución de problemas se desarrolla dentro de un esquema rutinario y con total previsión dando lugar a pequeñas anomalías que no llaman la atención del grueso de la comunidad. Pero, en un momento determinado, las anomalías empiezan a ser más relevantes bien debido a que afectan a los propios fundamentos del paradigma, bien porque son importantes con relación a alguna necesidad social apremiante o bien porque su número empieza a ser considerable. Este es el momento en el que la acumulación de anomalías empieza a socavar la confianza en el paradigma vigente y la comunidad de científicos empieza a considerar alternativas. En el periodo que abarca la revolución se consuma el cambio. Para explicar este cambio hace falta algo más que un tratado de lógica. Como escribe Chalmers (1984) “No existe ningún argumento puramente lógico que demuestre la superioridad de un paradigma sobre otro y que, por tanto, impulse a cambiar de paradigma a un científico racional”. Kuhn vincula el cambio de paradigma con una especie de conversión religiosa y escribe “Los científicos individuales aceptan un nuevo paradigma por toda clase de razones y, habitualmente, por varias al mismo tiempo. Algunas de estas razones están fuera del ámbito de la ciencia. Otras deben depender de idiosincrasias de autobiografía y personalidad”. Por unas razones u otras el nuevo paradigma es aceptado y la comunidad científica entra, de nuevo, en un periodo de ciencia normal. Este es el espíritu de la reforma. Pero, como ocurre en casi todos los campos, la Epistemología también ha tenido su contrarreforma. Esta se ha materializado en diferentes propuestas que, desde dentro, han intentado mantener las esencias del código positivista dando entrada a aquellas variaciones que la crítica reformista hacía inevitables. Hemos comentado que la principal crítica del reformismo estaba dirigida contra el principio de determinación. Ni hay hechos objetivos universalmente aceptados, ni hay procedimiento válido de inferencia que permita justificar leyes generales a partir de enunciados singulares. Esto es lo que los autores situados bajo el paraguas de la contrarreforma van a discutir y matizar. El planteamiento será siempre: Sí, pero... Comencemos con los hechos. Seguramente que es difícil, hoy día, encontrar un positivista que piense en una determinación unívoca que vaya de la realidad a los hechos; que exista un conjunto de hechos que sean infalibles. La cultura positivista ha asimilado todas estos incumplimientos del código original. Baste, como ejemplo, la posición de Popper (1962): “Siempre que una teoría se someta a contraste, ya resulte de él su corroboración o su falsación, el problema tiene que detenerse en algún enunciado básico que decidimos aceptar. Hay que reconocer que los 12 enunciados básicos en los que nos detenemos, que decidimos aceptar como satisfactorios y suficientemente contrastados tienen el carácter de dogmas....Mas este tipo de dogmatismo es inocuo ya que en cuanto tengamos necesidad de ello podremos continuar contrastando fácilmente dichos enunciados”. Por lo tanto, la aplicación mecánica y automática del código que nos lleve de la realidad a unos hechos libres de cualquier ganga teórica ya no resulta aceptable ni para los propios positivistas. PERO, eso no significa que tengamos que aceptar que cada teoría tiene sus propios hechos; es posible pensar en muchas situaciones en las que dos sistemas teóricos comparten parcialmente algunas esferas y discrepan en otras. Es lo que Andersson (1984) llama conocimiento básico aproblemático. Si Tycho Brahe lo que observa es que “en el amanecer, el sol se eleva” y Kepler lo que ve es que “el horizonte se hunde”, entonces cabría pensar en considerar un enunciado del siguiente tipo: “a la salida del sol, la distancia entre el horizonte y el sol crece”. Para aceptar este enunciado basta una especie de teoría rudimentaria de la medida de la distancia que es compatible con los dos sistemas teóricos defendidos por Brahe y Kepler. Por lo tanto, puede pensarse en una base de enunciados básicos compatibles con diversas teorías cuya validez puede contrastarse tomando en consideración dicha base. Pasemos ahora a los métodos de inferencia. El problema de la inducción es uno de los temas que mayor atención han recibido por parte de los positivistas. Las paradojas que surgían en torno a este problema han sido tratadas extensamente en la literatura positivista. Ver, por ejemplo, Swinburne (1974) y Black (1979). Lo mismo puede decirse con respecto al falsacionismo y el problema de Duhem. Pese a los esfuerzos, ninguna de estas cuestiones ha recibido una solución formalmente satisfactoria dentro de la Lógica. PERO, en el fondo, todos somos inductivistas de un tipo u otro y, aunque no se ha llegado a una solución lógica definitiva de los problemas mencionados, sí que se han hecho aportaciones que pueden ayudarnos a entender el fenómeno científico. Por ejemplo, Black (1979) concluye su revisión sobre el problema de la inducción escribiendo lo siguiente: “ El término ‘inducción’ será usado aquí para designar todos los casos de argumentación no demostrativa, en la que la verdad de las premisas, aunque no entraña la verdad de la conclusión, pretende ser una buena razón para creer en ella”. Glass y Johnson (1989), se refieren al concepto ‘confirmación gradualmente creciente’ y escriben “Si bien nosotros no podemos verificar una teoría universal sobre la base de observaciones singulares, los inductivistas han sugerido que, conforme el número de observaciones favorables crece nuestra confianza en la teoría crecerá también. En otras palabras, en lugar de hablar de la verificación de una teoría podemos hablar de confirmación gradualmente creciente de una teoría”. Se repite ‘no queremos demostrar’ o no se pretende ‘verificar 13 la verdad’ de ninguna teoría todo ello fruto de los problemas en torno al inductivismo. Pero eso no significa renunciar a establecer una graduación de las teorías según el apoyo empírico recibido que pueda permitir, en un momento dado, preferir a una frente a las demás. Aunque Glass y Johnson se limitan a considerar el número de observaciones favorables, eso no excluye la toma en consideración de otras características de la evidencia como, por ejemplo, la variedad y precisión del apoyo empírico, la generación de nuevas hipótesis contrastadoras, el apoyo teórico o la simplicidad, tal como puede verse en el Capítulo 4 de Hempel (1980). Pero, con ser importantes todos estos aspectos, lo más relevante para determinar el grado de apoyo que proporciona una evidencia a una teoría son los criterios formales establecidos dentro del falsacionismo. Hemos comentado, que los falsacionistas se ocuparon especialmente de establecer las condiciones para concluir que una teoría es falsable. Y no sólo esto, sino que machaconamente repiten que cuanto más falsable es una teoría más apoyo recibirá de un contraste favorable. Y su recomendación es clara: la preferencia entre dos teorías que concuerdan con la misma evidencia empírica debe recaer en aquella que es más informativa, más arriesgada, en definitiva, más falsable. Podemos ver cómo los seguidores de la contrarreforma, aún aceptando la mayor parte de las criticas formuladas por los reformistas, han logrado mantener un esquema de comparación de teorías no muy alejado de las esencias del código positivista. Se trata de un esquema de comparación bipolar en el que, por un lado, se valoran los aspectos formales adoptados por las teorías y, por otro, se tiene en cuenta la cantidad, la variedad y la precisión del apoyo empírico recibido. Es lo que Watkins (1982) llama el Ideal Bacon-Descartes que lo formula así: “El ideal es bipolar: tiene la aspiración de lograr una explicación profunda en uno de los polos, y la de lograr la certeza en el otro”. Se hablará de un contraste auténtico, severo que tenga en cuenta esa doble dimensión. No se trata de verificar nada, no hay que fundamentar ni demostrar deductivamente la verdad de ningún enunciado. Se trata de adoptar un enfoque preferencialista en línea con el siguiente párrafo de Radnitzky (1982): “Tan pronto como se reconoce la falibilidad esencial del saber científico y se abandona, por tanto, la pretensión de certeza, la metodología no trata ya de la fundamentación, sino de la preferencia”. Vemos como dentro de la contrarreforma, se perfila un enfoque preferencialista que ha recibido formulaciones diversas que pueden verse en el libro de Radnitzky y Andersson (1982) y en el de Lakatos (1983). Veamos una pequeña muestra de estas formulaciones. Koertge (1982), escribe lo siguiente: “En la ciencia deseamos teorías interesantes y altamente informativas, y estamos dispuestos a sacrificar la certeza con tal 14 de obtenerlas... Los científicos buscan sistemas teóricos tanto interesantes ( es decir, profundos, explicativos, informativos y simples) como verdaderos. Pero en este proceso de su investigación se ven a veces forzados temporalmente a cambiar el interés por la verdad y viceversa”. La formulación de Watkins (1982) gira en torno al Ideal Bacon- Descartes al que, anteriormente, nos hemos referido. A Bacon se le asocia con la certeza y ajuste de las prácticas inductivas y a Descartes con la dimensión de información y profundidad. Y sobre la compatibilidad de estos dos factores dice lo siguiente: “En concreto, la petición de profundidad y certeza caminan en direcciones opuestas. Desde las últimas décadas del siglo XIX ha persistido el tema de la aversión a la profundidad.....El principio de verificación del Círculo de Viena era una versión modernizada y de metanivel de la exigencia de certeza. Y este requisito se acompañó con una especie de horror a la profundidad”. Radnitzky (1982) plantea la contradicción entre los dos polos de la siguiente manera: “Cuanto mejores sean las posibilidades de conocer con certeza la verdad de un enunciado, menos contenido tendrá y, al contrario, cuanto más atrevido se sea al afirmar un enunciado, más difícil será confirmarlo. En pocas palabras, certeza y contenido difícilmente son compatibles”. Terminaremos esta revisión con el que puede considerarse el principal protagonista de la contrarreforma: Lakatos. Este autor desarrolla el enfoque preferencialista en torno al concepto de programa de investigación. Un programa de investigación consta de dos elementos- el núcleo y el cinturón protector- y dos códigos de conducta- la heurística positiva y la heurística negativa. El núcleo está formado por aquellos elementos que realmente caracterizan al programa y que siempre aparecen en cualquier formulación del mismo. El cinturón protector se refiere a todos aquellos elementos que pueden alterarse sin modificar sustancialmente a la esencia del programa. Las heurísticas nos informan de lo que podemos cambiar y lo que no podemos cambiar. Para Lakatos, la actividad de los científicos siempre se desarrolla dentro de un programa de investigación. Mientras este programa sea progresivo, la comunidad de científicos se sentirá satisfecha y no considerará programas alternativos. Pero cuando el programa manifieste síntomas de agotamiento y se convierta en degenerativo, entonces la comunidad de científicos buscará algún recambio que le pueda garantizar el carácter progresivo. Pero ¿cómo se distingue un programa de investigación progresivo de otro degenerativo o seudocientífico? Lakatos contesta: “Todos los programas que admiro tienen una característica en común. Todos predicen hechos nuevos, hechos que han sido bien impensables, o bien han sido contradichos por programas rivales....Lo que realmente importa son predicciones inesperadas, dramáticas y sorprendentes.......Un teoría es aceptable si tiene un contenido 15 informativo adicional corroborado respecto a su rival, esto es, solamente si lleva al descubrimiento de hechos nuevos”. Llegamos así al 2006 entre las propuestas de los reformistas y de los contrarreformistas una vez que la referencia al código positivista no parece tener ninguna utilidad para dar cuenta del fenómeno científico. Tanto unos como otros parecen haber resuelto las incongruencias de tipo lógico que acosaban al código anterior y, además, parecen dar cabida de forma satisfactoria a la evolución seguida por la ciencia a lo largo de su historia. La reforma y la contrarreforma comparten algunos criterios frente al código positivista: protagonismo del elemento convencional, observación condicionada, cambio gradual y acumulativo de los esquemas científicos, etc. Pero también hay diferencias. Las principales afectan al concepto de inconmensurabilidad y a los criterios que se tienen en cuenta a la hora de explicar el cambio científico. Para los reformistas, el cambio es el resultado del efecto de muchos factores entre los cuales los criterios lógicos juegan un papel, a veces no el principal, junto a otros factores. Para la contrarreforma, hay también muchos factores que influyen en el cambio científico pero el protagonismo corresponde a alguna regla lógica del tipo ‘contenido informativo adicional corroborado’ que trata de definir el equilibrio bipolar mencionado anteriormente.

2. LAS PECULIARIDADES DE LA ECONOMÍA

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LA ECONOMÍA DE LO PÚBLICO

Núcleo economía de lo público 

La globalización para los países como el nuestro ha impuesto nuevas reglas en la eficiencia, en la producción y en la asignación de recursos. Así, la búsqueda por hacer compatible el interés individual y el colectivo, el incremento de la competitividad, la satisfacción de las demandas ciudadanas y la posibilidad de ―escogencia social‖, se debate con una economía que debe garantizar las condiciones básicas sociales, de producción y de acumulación de las micro y mezo economías.1 La economía de lo público es una disciplina que se encuentra en un proceso de transición y se refiere, según Fernando Rojas (1996)2 , generalmente a la manera como se priorizan y se satisfacen, con recursos escasos, los bienes y servicios de interés colectivo. Así ante la dicotomía entre lo público y lo privado de la economía, el estado y sus aparatos deben velar por ofrecer marcos regulatorios que garanticen los derechos y deberes entre la sociedad civil, sus intereses particulares y los del colectivo. En el campo de la administración pública, se trata de combinar los recursos institucionales de una sociedad no solamente los del aparato público que se caracterizan por funciones de producción y cambios constantes3 . 

Introducción general 

La historia del pensamiento económico se ha desarrollado de manera dispar a través del tiempo, es decir, ha presentado momentos de estancamientos y momentos de grandes evoluciones, por eso el desarrollo del pensamiento económico no ha ocurrido de manera sistemática y uniforme sino por el contrario lleno de saltos e intermitencias. 
Aunque la economía moderna surge hacia la segunda mitad del siglo XVIII en un momento de grandes revoluciones del pensamiento y con la aparición de personajes importantes como Galiano, Beccaria y Hume entre otros, se puede afirmar que desde el antiguo pensamiento griego se puede rastrear la historia de un pensamiento económico aunque este no tenía las complejidades de una ciencia moderna como la de nuestros tiempos. 

Se puede notar en los griegos la preocupación por la administración del hogar y el nacimiento de algunas ideas que eran absorbidas por otro tipo de ciencias sociales que eran de mayor importancia en su época como la filosofía. 

En la edad media ocurrió algo similar pues la economía estaba enmarcada dentro de la filosofía moral. 

Para la mayoría de autores la economía se empieza a concebir como ciencia a partir de la aparición de la obra ―La riqueza de las naciones‖ de Adam Smith, que no es otra cosa que una compilación de problemas económicos tratados por diversos autores mercantilistas en los dos siglos previos. 
Además buena parte de estos temas habían sido tratados por los antiguos griegos. 
A partir de las últimas décadas del siglo XVIII, con una exposición más formal, se puede entonces reconocer existencia a la ciencia económica con Smith y en especial con Ricardo. 
La primera mitad del siglo XIX dio lugar a la aparición de un numeroso grupo de economistas que alarmados por la pauperización que crecía junto con la industrialización expusieron un pensamiento socialista en los que se destacan Owen, Saint Simon y Fourier entre otros, y más tarde le dio paso a Marx quien revisó en detalle la teoría clásica, aportó la revisión histórica de la formación del capitalismo, las teorías sobre el dinero y de las crisis recurrentes derivadas de la concentración del ingreso. 

Esta parte del siglo XIX vio también surgir tesis económicas que retomaban los aportes de los mercantilistas alrededor de la necesidad de promover la industria y protegerla con regulación comercial, en oposición a las tesis de Smith y Ricardo respecto a la desregulación del comercio internacional, ideas que fueron sintetizadas por List en su ―Sistema de Economía Nacional‖ publicado en 1840. 

La tendencia que defendía el libre mercado recuperó ánimos a partir de la segunda mitad del siglo XIX con los trabajos de una oleada de autores –Jevons, Walras y Pensamiento económico  Marshall- que aplicaron nuevos métodos matemáticos al análisis económico, corriente esta que se conoció como la revolución marginalista y que logró predominar. 

No obstante el predominio de las ideas sobre libre mercado en el comercio internacional, en el siglo XIX los únicos países que abrieron sus mercados fueron aquellos sobre los que Estados Unidos y las nuevas potencias europeas aplicaron su conocida ―diplomacia de las cañoneras‖. 

Esta forma de trato consistía en bombardear los puertos de los países que se negaban a abrir sus mercados pero eran incapaces de defenderse militarmente. 
Incluso la reina de Inglaterra intentó aplicarla a Bolivia, un país que ya en ese momento no tenía costa, pues le fue arrebatada por Chile; cuando la reina Victoria se enteró de este hecho ordenó que Bolivia fuere borrada de los mapas. 

La escuela histórica alemana –con Hildebrand, Roscher, Knies y Schomoller reaccionó en contra del método utilizado por el marginalismo con el argumento de que era excesivamente abstracto y generalizador, que el deductivismo utilizado carecía de la suficiente evidencia empírica, que por eso era prudente postergar la formular leyes hasta cuando se hicieran suficientes estudios históricos mediante la ciencia descriptiva. 

Menger, de la escuela austriaca, terció a favor del método deductivo afirmando que es inútil intentar construir teoría mediante el inductismo pues ni siquiera los historicistas propusieron la forma de hacerlo y que es mediante razonamientos abstractos –deductiva- que se puede comprender y formular teoría económica. 

No obstante los esfuerzos de un grupo de autores norteamericanos como Veblen que volvieron a llamar la atención sobre la importancia de las instituciones y la política económica, sobre la necesidad de un mayor control social y participación gubernamental en la economía, no fue sino hasta la crisis de 1929 que los gobiernos se vieron obligados a intervenir para mejorar la coordinación económica resolviendo el problema de demanda efectiva que había sido advertida por Marx. Kalecki y Keynes fueron los autores que estuvieron atentos a responder a la crisis con una revisión teórica que puso en cuestión la tesis de que los precios en condiciones de libre mercado aportasen mecanismos automáticos para ajustar los mercados. 

A continuación, y en gran medida como producto de haberse demostrado de forma dramática las limitaciones del libre mercado, surgió una nueva tendencia que se conoció como la ―economía del desarrollo‖ –con Prebisch, Kalecki, Kaldor, Rosenstein Rodan, Furtado, Hirschman y Lance, entre otros- cuyas tesis iban más allá de lo expuesto por Keynes. 

Los economistas del desarrollo encontraron en el Estado la alternativa para proveer directamente el financiamiento y subsidio a la inversión, realizar proyectos de infraestructura básica, regular el sector externo y los monopolios, junto a la promoción del progreso técnico, y la redistribución del  ingreso. 

Todo esto era más cercano List y los mercantilistas que a Smith, Ricardo y los marginalistas. Países como Japón, China y los del Sudeste Asiático les dieron la razón a los economistas del desarrollo pues lograron industrializarse con altas tasas de crecimiento e incremento del bienestar con el apoyo del Estado. 

En contraste el desarrollo les ha sido ajeno a los países que han reducido las funciones del Estado, aún aquellos que han aplicado las versiones más recientes del librecambismo.

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1 Tomado del Programa Curricular de Ciencias Políticas y Administrativas. Escuela Superior de Administración Pública. 1998. 
2 ROJAS, Fernando. Economía Pública Contemporánea. Escuela Superior de Administración Pública. Taller de Publicaciones de la ESAP. 1996. 
3 Ibid.13. 
4 Tomado del Documento de Condiciones Iniciales, Factor No 4 Estructura Curricular. Escuela Superior de Administración Pública. Programa a Distancia. 2004.

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sábado, 4 de julio de 2020

Lo que hemos aprendido de la reactivación económica de China

Lo que hemos aprendido de la reactivación económica de China

China, que sufrió su primera contracción económica en décadas durante el primer trimestre del año, lleva la delantera en la recuperación de esta crisis que ha afectado a todos los sectores

Lo que hemos aprendido de la reactivación económica de China
Los Gobiernos europeos empiezan a trabajar en cómo afrontar la próxima fase: la reactivación de la economía
  

Mientras el coronavirus sigue avanzado alrededor del mundo, los Gobiernos europeos empiezan a trabajar en cómo afrontar la próxima fase: la reactivación de la economía, que debe iniciarse en el momento preciso para no volver a desatar nuevos brotes del virus. De momento, las medidas de confinamiento y suspensión de actividades no consideradas esenciales se mantienen activadas en la mayoría de países europeos.
Las directrices de Bruselas son claras: una salida gradual y coordinada del confinamiento. Sin embargo, algunos estados miembro ya se han desmarcado de sus vecinos europeos. Es el caso de Austria, Dinamarca y República Checa que han empezado a levantar progresivamente las restricciones contra la expansión del virus. Incluso Italia ha iniciado este proceso con la apertura de librerías. Lo han hecho en un momento en el que la Unión Europea remarca la importancia de ir coordinados a pesar de que la pandemia avance de forma distinta en los territorios.

Las directrices de Bruselas son claras: una salida gradual y coordinada del confinamiento


“La falta de coordinación en el levantamiento de las medidas restrictivas podría tener efectos negativos en todos los estados miembros y probablemente derivar en fricciones políticas”, señala el borrador presentado ayer por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Los criterios que Bruselas pone sobre la mesa son tres: la bajada del número de contagios durante un tiempo prudencial, la capacidad de los sistemas sanitarios para atender a los enfermos y la posibilidad de realizar test a la población.
De todos modos, la última palabra es de los Gobiernos nacionales, que son quienes cuentan con competencias en materia sanitaria. Las líneas trazadas por el Ejecutivo comunitario en su hoja de ruta funcionan únicamente como recomendaciones. Entonces, ¿en qué deben basarse las instituciones para desarrollar una estrategia sólida de salida del confinamiento?
Después de que el gobierno de Beijing levantara las medidas drásticas para contener la propagación del coronavirus, China se embarcó en un plan agresivo para salvar su economía
Después de que el gobierno de Beijing levantara las medidas drásticas para contener la propagación del coronavirus, China se embarcó en un plan agresivo para salvar su economía
Para empezar, en toda crisis es fundamental ser consciente de los posibles riesgos. Mantener las prohibiciones durante un largo periodo podría afectar a los suministros de alimentos y a las disposiciones de atención médica, pero levantarlas demasiado pronto podría desatar una nueva oleada de contagios.
Lo que significa que si no detenemos la epidemia a tiempo, el número de muertes seguirá aumentando. Pero a la vez, si los intentos de detenerla desgastan a niveles irreparables la economía, podrían provocar un fuerte daño en los medios de vida de las personas a medio-largo plazo. Es de hecho una de las principales conclusiones del reciente estudio publicado por la consultora McKinsey y titulado ‘How to restart nacional economies during the coronavirus crisis’ que pone sobre la mesa el debate: ¿salvar vidas o medios de vida?
Las restricciones podrían empezar a flexibilizarse primero en lugares con bajas tasas de infección o con un riesgo reducido de transmisión
Las restricciones podrían empezar a flexibilizarse primero en lugares con bajas tasas de infección o con un riesgo reducido de transmisión

El ejemplo chino



La experiencia de China y otros países asiáticos nos dice que la clave está en el equilibrio. El gigante asiático que sufrió su primera contracción económica en décadas durante el primer trimestre del año lleva la delantera en el desarrollo de esta crisis sanitaria. Después de que el gobierno de Beijing levantara las medidas drásticas para contener la propagación del coronavirus, China se embarcó en un plan agresivo para salvar su economía.
Lanzar políticas y campañas con el propósito de incentivar a las personas a volver al trabajo, estimular la confianza empresarial y proteger a la mayor cantidad posible de empresas. Para ello, Beijing invirtió una gran cantidad de recursos en suministros médicos y tratamientos, a la vez que en infraestructura para la generación de empleos.

La experiencia de China y otros países asiáticos nos dice que la clave está en el equilibrio


Antes de pulsar el botón de reiniciar debemos fijarnos en dos indicadores clave: el número total de casos y en la fortaleza del sistema para detectar, gestionar y prevenir los nuevos. Las medidas deben liberarse cuando las sociedades estén preparadas para garantizar una buena atención médica y para ello los sistemas de salud pública deben ser lo suficientemente fuertes como para detectar y responder a nuevos contagios.
El mismo estudio indica que es posible que las medidas deban aplicarse de forma nivelada en los diferentes territorios según el grado de afectación. Las restricciones podrían empezar a flexibilizarse primero en lugares con bajas tasas de infección o con un riesgo reducido de transmisión, como las comunidades rurales, y luego en el resto de territorios.
Son las primeras pistas de esa estrategia de reactivación que está por llegar. Lo cierto es que las líneas de actuación de China están marcando el camino para trazar nuestro propio plan. Sea como sea, la anticipación en todos los ámbitos es fundamental para que esta nueva fase a la que nos enfrentamos se desarrolle con éxito. Así lo indicaron los expertos encargados de elaborar el informe de McKinsey: “La planificación de esta transición debe comenzar de inmediato en la política, la administración, las empresas y otras organizaciones”.

sábado, 27 de junio de 2020

La teoría de la justicia social en Rawls

La teoría de la justicia social en Rawls

¿Suficiente para enfrentar las consecuencias del capitalismo?
The theory of social justice in Rawls. Is it enough to confront the consequences of capitalism?
Paula Francisca Vidal Molina

RESÚMENES

En este artículo se presenta un abordaje general de la teoría de la justicia social de John Rawls. Revisamos algunas críticas desde diversos frentes teóricos. Consideramos que la justicia social permite enjuiciar las consecuencias regresivas para la humanidad del capitalismo en su fase neoliberal y comenzar a imaginar otros mundos posibles.  
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NOTAS DE LA REDACCIÓN

Recibido: 20.05.2009  Aceptado: 01.07.2009

TEXTO COMPLETO

Algunos supuestos

1Algunos dirán que además de volver cada cierto tiempo como una moda que renueva líneas clásicas, permite justificar acciones que en nada cambian el panorama actual; la semántica de la justicia aparece cual sombra de infinitos movimientos. Un sin número de instancias contradictorias y análogas ocupan, usan, apelan al concepto de justicia, sin embargo, lo que diferencia una de otra es el modo como conciben y materializan ese concepto.
2La relevancia de visibilizar y profundizar algunos elementos desdibujados, pero que se conjugan a la hora de hablar de justicia social, está lejos de constituirse en un mero ejercicio estético, de erudición, de lógica o moda, más bien nos enfrenta a la vitalidad de la pregunta por el tipo de sociedad en la que deseamos vivir y queremos construir para futuras generaciones. La pregunta –instalada aparentemente en la carga genética de la humanidad y capaz de gestar los más grandes y sublimes movimientos de lo humano como también los más miserables y vacíos- nos enfrenta con nuestra cotidianidad y el futuro saturado de pura posibilidad.
3Justicia es una palabra con una carga teórica e histórica que esconde discursos y prácticas que los afirman, combaten o tensionan. Hoy se teje junto a otras como ciudadanía, democracia, bienestar, comunidad, reconocimiento, derechos, equidad, etc., todo lo cual configura una trama colmada de contradicciones y pugnas, que se ubican muy lejos de la aparente asepsia del mundo conceptual. Aquí esa trama de conceptos no será objeto de estudio, solo se asumen como sustrato y consecuencias de la discusión sobre la justicia social.
4Fijar la mirada en un concepto permite leer la multiplicidad de sentidos que se atribuyen –en este caso- a la noción de justicia y la extraordinaria confusión que provoca su uso. Perelman ya anunciaba que las concepciones más corrientes la significan como: a cada cual la misma cosa, a cada cual según sus méritos, a cada cual según sus obras, a cada cual según sus necesidades, a cada cual según su posición o a cada cual según lo que la ley le atribuye (Perelman, Chaïn; 2005).
5Cada uso es puesto en cuestión si se observa a la luz de los fenómenos regresivos de la sociedad contemporánea, donde el creciente aumento de la pobreza, la permanente violación de los derechos sociales, económicos, políticos, culturales y ambientales, el aumento de la desigualdad entre países y al interior de estos, es parte del paisaje que viven millones de personas.
6En este marco, nos parece imprescindible conocer, analizar y tensionar a la luz de esos fenómenos una de las teorías contemporáneas de la justicia -la de Rawls- porque ha instalado renovadamente el concepto de justicia social e influenciado nuevas y viejas reflexiones al respecto, especialmente dentro del marco del Estado Liberal. Si bien, la obra de este autor nace y se inscribe en países y debates de los países centrales, creemos que su producción viene influenciando también las preocupaciones dentro y fuera del mundo académico en América Latina, ya sea a través de las exigencias y “recomendaciones” de lineamientos internacionales para con la semántica y el hacer de las políticas públicas, o con los debates hegemónicos del mundo académico internacional –especialmente de los países centrales- cuyo peso alcanza más allá de su órbita. Por lo mismo se requiere conocer con mayor rigurosidad los planteamientos con el fin de evaluar su pertinencia en el momento actual de la sociedad contemporánea.
7A Rawls algunos autores lo ubican como un promotor de un Estado liberal-socialdemócrata, o liberal igualitario donde el Estado asume una función activa de preocupación por las necesidades de la sociedad, por lo mismo se lo tilda de progresista en relación a la tradición de Nozick o de la vertiente “anarco-liberal”.
8El telón de fondo desde donde construye su sistema teórico es la legitimidad que posee el sistema económico de libre mercado y el Estado de Derecho, por lo tanto, conocer profundamente esta versión, permite elaborar críticas de fondo que apunten a la superación de ese orden. En ese contexto, parece pertinente concebir la propuestas de justicia en analogía con lo que en música llaman el sistema tonal, donde la base que domina es el capitalismo, una economía de libre mercado, y tanto la estructura institucional como otras esferas de la vida social se subordinan a sus requerimientos o la tensionan sin apuntar a modificar lo fundamental. En función de ello, parece urgente visualizar –siguiendo a Callinicos- otras vías que se levanten como alternativa teórico filosófico al modelo liberal (y sus variantes) en las discusiones sobre la justicia, ya que (re)construir un horizonte normativo es parte del proceso de concebir, imaginar un modelo de sociedad anticapitalista que guíe las diversas acciones a emprender.

John Rawls y la teoría de la justicia

9Previo a explicitar los argumentos que constituyen la “Teoría de la Justicia” de Rawls, debemos señalar que con esta obra, salida a luz en 1971, se propone como objetivo ofrecer, en el contexto de la filosofía moral moderna una concepción moral alternativa a la derivada del utilitarismo clásico, el perfeccionismo y la opción intuicionista.
10Este texto para muchos teóricos, discípulos y oponentes de Rawls, ha significado atribuirle la revitalización de la filosofía moral que en esa época estaba en peligro de constituirse en algo estéril producto del énfasis en análisis lógicos y semánticos de conceptos éticos y metaéticos, todo lo cual había desviado la atención de cuestiones prácticas y materiales (Kukathas y Pettit, 1990; Van Parijs, 1992; Gargarella, 1999; Borón, 2003; Massini, 2005; entre otros). Lo anterior unido a la agitación social y política de la época, los cuestionamientos morales de la guerra de Vietnam, el papel decadente que venía teniendo el positivismo analítico en la década de los setenta, tradición que había dejado de lado la cuestión de la justicia,  vienen a sumarse para que “Teoría de la Justicia” se inserte en ese proceso de superación del positivismo analítico y adquiera la dimensión de un clásico. Otros, también le asignan a él ser el precursor de la mayoría de edad de la filosofía política liberal, en tanto incorpora en la tradición individualista la idea de que las sociedades tienen pautas de desigualdad que persisten en el tiempo y a la vez, modos sistemáticos mediante las cuales se asigna a las personas posiciones dentro de jerarquías de poder, estatus y dinero (Barry, en Callinicos; 2003). Vallespín (1985) agrega que la salida a luz de la Teoría de la Justicia es oportuna debido a la crisis de legitimidad que cruzaba a la teoría democrática clásica en ese momento y la necesidad que se tenía de renovar las bases del liberalismo para permitir orientar y enjuiciar las prácticas institucionales.

La justicia como primera virtud de las instituciones sociales

11Rawls le otorga prioridad absoluta a la justicia y la entiende como la primera virtud de las instituciones sociales, por lo mismo en su planteamiento no le concede un valor mayor a las instituciones por presentarse ordenas, estables o eficientes, lo fundamental –menciona- será que ellas sean justas y en el caso de no serlo deberán atenerse a ser reformadas o invalidadas.
12Con ello deja claro que su punto de partida y el foco de la justicia social es la estructura básica de la sociedad y en ello especialmente el modo en que las instituciones sociales distribuyen deberes y derechos al interior de la sociedad. Reconoce que a través de ellas se pueden favorecer o no ciertas posiciones iniciales en que se encuentran los sujetos en la sociedad, o crear desigualdades entre las personas –por cierto no justificadas en el mérito o el desmerecimiento- que indudablemente influirán en las expectativas de vida que tengan. Algunas de estas instituciones que Rawls menciona son la familia monogámica, las leyes, la constitución política, la protección jurídica de libre pensamiento y de la propiedad privada de los medios de producción, entre otros. Su propuesta concibe una idea de sociedad definida como una asociación de personas que reconocen ciertas reglas o pautas públicas de conducta, de orden obligatorias que permiten relacionarse y actuar. Estima que tales normas especifican un cierto sistema de cooperación que permite promover el bienestar de aquellos que participan del.
13La cooperación en sociedad –en el modelo rawlsiano que parece retomar de los clásicos liberales- se caracteriza por estar constituido por dos polos; la identidad y el conflicto de intereses. La identidad de intereses deja ver la concurrencia de todos para permitir una vida mejor que aquella posible de obtener según el esfuerzo particular e aislado de cada persona. No obstante –refiere- que el conflicto de intereses es constitutivo al interior de un grupo, debido a que las personas no son indiferentes acerca de la forma de distribuir los mayores beneficios que resultan de la colaboración entre las personas, siempre ellas van a preferir tener una mayor participación en función de la obtención de sus fines.
14Bajo estos supuestos, afirma la necesidad de contar con un conjunto de principios de justicia que permitan definir el modo de asignar derechos y deberes por parte de las instituciones básicas y con ello, definir la distribución“apropiada de los beneficios y las cargas de cooperación social”.De esta manera, una concepción de justicia otorga un criterio para evaluar los aspectos distributivos que permite la estructura básica de la sociedad, principios de justicia que permiten regular, por ejemplo la constitución política, instancias del Estado y elementos del sistema económico y social. Pero ello implica –en este modelo- asumir un sentido público de la justicia y una concepción compartida de ella, donde las diferencias de intereses y objetivos de las personas, no afecte establecer vínculos de “amistad cívica”.
15Admite la existencia de diferencias de facto entre las personas acerca de lo que estiman justo o injusto en la sociedad, pero este reconocimiento no anula que cada uno posea una concepción de justicia y a la vez, asuman la importancia de contar con un conjunto de principios que asignen derechos, deberes básicos, el modo de la distribución correcta de las cargas y beneficios de la cooperación social. Es decir, aceptan la diferencia entre el concepto y las diversas concepciones de la justicia que cada uno pueda adscribir.
16Pero no cede frente a lo que cree fundamental, el establecer un criterio de acuerdo acerca de lo justo e injusto con el fin de que las personas puedan coordinar sus planes y acciones en función del respeto de acuerdos que benefician a las partes, de lo contrario se corre el riesgo de que las acciones de las personas desgasten los vínculos del civismo, “La desconfianza y el resentimiento corroen los vínculos del civismo, y la sospecha y la hostilidad tientan al hombre a actuar de maneras que de otro modo evitaría” (Rawls; idem:23).1
Explicita que cualquier teoría ética relativamente completa debe incluir principios para definir la distribución de las instituciones básicas de la sociedad, y estos principios –independientemente de cuales sean- constituyen la doctrina de justicia.

La justicia como imparcialidad: el velo de la ignorancia y la posición original

17Su preocupación ahora será mostrar el mecanismo por el cual se llegan a elegir dos principios que darán cuenta de su teoría de la justicia como imparcialidad o equidad. Ya sabemos que los principios regulan los derechos, deberes, los beneficios y los tipos de cooperación social aceptados en la estructura básica de la sociedad, ahora cuales principios serían elegibles y deseables, pero desde un punto de vista imparcial, realizado por personas racionales y libres es lo que pretende responder Rawls. La justicia como imparcialidad posee dos componentes, el primero es la posición inicial u original de los sujetos y la elección que realizarán acerca del problema a tratar y un segundo componente es el conjunto de principios acerca de los cuales habrá cierto acuerdo.
18Centrándonos en el primer componente de la justicia como imparcialidad, podemos decir que Rawls llama la atención acerca de la existencia de unas “circunstancias de la justicia” que las entenderá como las condiciones normales bajo las que es posible y necesaria la cooperación humana, es decir, lo que ya previamente habíamos mencionado acerca de la coexistencia de identidad y conflicto de intereses entre los sujetos, pero donde prima la necesidad de cooperación social.
19Profundizando en las circunstancias de la justicia menciona la existencia de condiciones objetivas y subjetivas que hacen posible y necesaria la cooperación humana –idea que reconoce ya presente en los escritos de Hume. Dichas condiciones objetivas las vincula a la semejanza en capacidades físicas y mentales existente entre los sujetos, la vulnerabilidad a la que pueden ser todos expuestos, como también la escasez moderada de recursos naturales y no naturales con que se cuenta en una sociedad.
20Por otro lado, las circunstancias subjetivas las remite a que los sujetos de la cooperación poseen planes, concepciones y propósitos diferentes de vida, incluso conflictivos en muchos aspectos, pero el punto común entre todos ellos es que pretenden obtener del acuerdo, el máximo posible de ciertos bienes buscados por todos los participantes, ejemplo de ello son derechos, libertades, ingresos y riquezas, autorrespeto, oportunidades y poderes. Cree él que sin la existencia de estas circunstancias –la necesidad de cooperación y pluralidad con posibles conflictos de intereses- no es posible “la virtud de la justicia”. En la posición original en que se encuentran los sujetos, éstos asumen esas circunstancias aceptándolas como algo dado naturalmente o parte constitutiva de la sociedad.
21La posición original equivale a establecer un cierto procedimiento equitativo –por lo que se le llama justicia como equidad- mediante el cual se elegirán unánimemente ciertos principios por los miembros de las sociedad -que independiente de quienes elijan y cuales sean los principios elegidos- serán asumidos porque se ha arribado a ellos siguiendo un determinado método. Rawls mostrará que los principios elegidos en esta posición original no podrían ser otros más que a los que él ha llegado.
22Pero antes de avanzar en su demostración, el supuesto con el que cuenta es con la existencia de igualdad entre los sujetos, en tanto personas morales o como seres que poseen una concepción de lo que es bueno para ellas, y también capaces de tener un sentido de la justicia y una capacidad de actuar conforme a cualquiera de los principios de justicia adoptados.
23Los sujetos en esta posición original participan de una situación ficticia, menciona que se encuentran cubiertos por un “velo de ignorancia” acerca de las características de los que participan en ella. Con esta fórmula Rawls quiere asegurar que los principios de justicia se escogerán en la más plena ignorancia, para asegurar a nadie posiciones de ventajas o desventajas producto de la fortuna natural o por las circunstancias sociales en que han vivido los sujetos. Tal procedimiento fija y garantiza que los acuerdos alcanzados respecto de la elección de los principios de justicia sean imparciales, a la vez que se permite que todos tengan los mismos derechos de elegir principios2, “nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social; nadie conoce tampoco cuál es su suerte con respecto a la distribución de ventajas y capacidades naturales, su inteligencia, su fortaleza, etc. Supondré, incluso, que los propios miembros del grupo no conocen sus concepciones acerca del bien, ni sus tendencias psicológicas especiales. Los principios de justicia se escogen tras un velo de ignorancia (…) si un hombre sabe que él es rico, puede encontrar racional el proponer que diversos impuestos sobre medios de bienestar sean declarados injustos; si supiera que era pobre, es muy probable que propusiera lo contrario. Para presentar las restricciones deseadas uno se imagina una situación en la que todos estén desprovistos de esta clase de información” (Rawls; idem: 29-36).
24Incorpora la figura del contrato social donde -hipotéticamente- el estado de naturaleza se corresponde con la posición original de igualdad en que los participantes se ubican y relacionan bajo el velo de ignorancia. Si bien considera que la noción de contrato o acuerdo aplicado a materias morales puede llevar a equívocos e invitar a objeciones, plantea que esta noción no debe entenderse como el ingreso a un tipo de sociedad o adoptar un cierto tipo de gobierno –propuesto en la tradición contractualista de Hobbes, Locke, Kant, Rousseau- sino en adoptar ciertos principios elegidos en una situación inicial claramente definida. La figura del contrato3 –menciona- sugiere la pluralidad de relaciones entre personas que participan de la cooperación social, de sus diversos y conflictivos intereses, como del requisito de que la división correcta de ventajas tiene que hacerse acorde a principios aceptables y públicos para todas las partes.
25 Explicita ciertas restricciones formales del acuerdo de principios de justicia a que arriben las personas en la posición original. Entre ellas muestra cinco restricciones: primero, los principios deberán ser generales, es decir, la formulación expresarán relaciones y propiedades generales que no permita a las partes disponer de información específica acerca de sí mismos y de su situación, para evitar identificarse. Segundo, deben ser universales en su aplicación o valer para todos por ser estas personas morales. Una tercera condición es el carácter público, en el sentido de que las partes suponen que están escogiendo para una concepción pública de la justicia, es decir, debe ser reconocida públicamente como constitutiva de la vida social. La cuarta restricción es que la concepción de lo justo debe imponer una ordenación de las demandas conflictivas que puedan surgir. Por último, la quinta condición es la definitividad de su carácter justificatorio; las partes han de considerar el sistema de principios como el tribunal supremo de apelación en materia de razonamiento práctico.Avanza a la vez hacia la necesidad de justificar la elección de una concepción de justicia por sobre otra y esta justificación la vincula con la teoría de la elección racional, ya que parece razonable aceptar que en. La racionalidad la significa como aquel individuo que si bien posee sus preferencias, es capaz de jerarquizar las opciones en función de aquellas que mejor le permiten conseguir sus propósitos.
26Supone una racionalidad de la que participan los individuos, y entre sus características menciona que a un “individuo racional no le asalta la envidia” puesto que este sentimiento hace peores a los sujetos, así mismo, su no existencia –de envidia- implica comprender que cada persona posee un plan de vida propio que le es suficiente y que no está dispuesto a abandonar. Tal racionalidad mutuamente desinteresada posee una interpretación en vías paralelas, una de ellas es aquella en que los sujetos están dispuestos a ganar la mayor cantidad de bienes sociales para sí, y la segunda es que en esta ganancia no pretenden dañarse entre todos -ya que no los mueve el rencor- ni beneficiarse de los demás. Otro rasgo de la racionalidad que subyace a su propuesta, la muestra en que las partes no están dispuestas a suscribir acuerdos que no se puedan cumplir o se encuentren con innumerables dificultades para hacerlo, a su vez afirma que al hacer sus propuestas, los sujetos no cuentan con el incentivo de sugerir principios insensatos o arbitrarios, ya que los principios se muestran como una limitación a la libertad de acción y el aceptar tales restricciones solo sería mediante una acción racional.

Los principios

27El primer principio exige la igualdad en la repartición de derechos y deberes básicos y el segundo principio mantiene las desigualdades sociales y económicas siempre y cuando éstas sólo producen beneficios compensadores para todos y especialmente para los sujetos menos aventajados de la sociedad, es decir, este segundo principio implica aceptar que unos pocos obtengan mayores beneficios con el fin de que se mejore la situación de los sujetos menos afortunados a diferencia de la lógica común en donde se justifica que unos pocos sufran privaciones si es que se compensa con que se obtenga un mayor bien para todos en general.
Ambos principios los formula de la siguiente manera:
- “Cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos”
- “Las desigualdades económicas y sociales han de ser estructuradas de manera que sean para:
a) mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con un principio de ahorro justo, y
b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades” (Rawls; 1995: 341).
28El primer principio refiere a todo tipo de libertades básicas –derecho a voto, desempeñar puestos públicos, de expresión, de reunión, de conciencia, de pensamiento, personal o de opresión psicológica, de agresión física, de propiedad personal, son algunos ejemplos-, el segundo se aplica a las desigualdades económicas y sociales, como la distribución del ingreso y la riqueza, al diseño de organizaciones que hagan uso de las diferencias de autoridad y responsabilidad (Rawls, idem.). Los bienes sociales primarios a distribuir son: derechos y libertades básicas, la libertad de circulación y la libre elección de ocupación en un contexto de oportunidades diversas, poderes y prerrogativas de cargos y posiciones de responsabilidad en las instituciones políticas y económicas de la estructura básica y  renta y riqueza.
29Los principios –observa- pueden ser interpretados “democráticamente” y con esa intensión remite a las tradicionales ideas de libertad, igualdad y fraternidad, ajustando la idea de libertad e igualdad al primer principio -aunque la igualdad también concuerda con la justa igualdad de oportunidades- y la fraternidad al principio de la diferencia.
30Pero no queda todo allí, incorpora un orden y unidad entre estos dos principios, lo cual se manifiesta en un “orden serial” o en la prioridad lexicográfica de uno sobre el otro, es decir, el primer principio posee prioridad sobre el segundo. Así también es prioritaria la segunda parte del segundo principio, la igualdad de oportunidades, sobre la primera parte del mismo. El orden lexicográfico, significa quehasta que no se consiga el nivel adecuado en uno de los principios, el siguiente no entra en juego. Rawls, con este orden hace evidente la distinción entre derechos y libertades fundamentales, y beneficios sociales y económicos, generando con ello la jerarquización de diversos bienes primarios, en donde las libertades básicas pasan a ser prioritarias e irrenunciables a pesar de que su abandono pueda compensar desde el punto de vista de las ventajas económicas y sociales. Especialmente en este punto se observa con gran nitidez su arraigo liberal.
31Plantea que este ordenamiento de los principios se configura casi intuitivamente entre las partes y en contraposición al principio de utilidad, ya que los sujetos en la posición original se entienden primeramente como personas libres que poseen intereses y objetivos fundamentales en nombre de los cuales creen legítimo hacerse demandas mutuas en función de la confirmación de la estructura básica de la sociedad. Mediante tal ordenamiento cree que todos los intereses fundamentales de las partes están garantizados en la medida que se anteponga el principio de libertad por sobre el segundo. Pero esa prioridad que le otorga a la libertad es casi absoluta puesto que abre la opción de negar o restringir la libertad siempre y cuando con esa acción se logre cambiar las condiciones de la civilización, de manera de permitir en un tiempo determinado gozar nuevamente de tales libertades.

La estrategia maximin como elección conservadora

32El principio denominado “libertad equitativa” es el “máximo natural” del primer principio y el principio llamado de  “diferencia” es el “máximo natural” del segundo principio, por lo que Rawls asumirá que estos dos principios son la solución óptima elegida por las personas en la posición original. Concibe que la elección de ellos, son una especie de solución máxima porque siempre los peores resultados serán superiores al (los) peor(es) resultado(s) de cualquier otra. Los dos principios son pensados por este autor, como la solución maximin al problema de la justicia. Lo que distingue a la regla maximin es que se define como una estrategia alternativa a otras dos opciones disponibles; la maximax y la maximización de la utilidad esperada. La alternativa maximax refiere a que se debe ordenar las alternativas por sus mejores resultados posibles, adoptando aquella cuyo mejor resultado sea mejor que el mejor resultado de las demás, así se muestra como una estrategia para optimistas. La alternativa de la maximización se plantea el ordenamiento de las alternativas sobre la base de estimaciones de ganancia probable.
33Rawls rechaza la estrategia maximax por presentarse altamente arriesgada ya que las posibilidades de perder son grandes. También rechaza la segunda estrategia porque en la posición original, en las que el conocimiento de probabilidades es imposible o inseguro, se precisa ser escépticos a propósito de los cálculos, ya que el velo de la ignorancia no permite tener claridad acerca de la probabilidad de obtener ganancias.
34La regla maximin permite ordenar las opciones por los peores resultados posibles que ofrecen y se aceptará aquella cuyo peor resultado sea superior a los peores resultados de las otras. La regla maximin es una estrategia que se justifica y que resultaría atractiva a alguien con una actitud conservadora o pesimista, pero a propósito de la situación especial de la posición original ya que surge la duda de que esta sea la mejor alternativa en la vida real. Las partes eligen principios para el diseño de una sociedad como si los lugares que fueran a ocupar en ella fueran determinados por sus peores enemigos.

La justicia materializada en las instituciones

35Para superar la forma abstracta de esta concepción de justicia, Rawls apunta en la segunda parte de su libro, a mostrar las implicancias substantivas que se derivan de adoptar estos principios (cuyas nociones de libertad, oportunidad, equidad aun vagas y ambiguas) a nivel de las instituciones. En ese despliegue intenta clarificar la significación y consecuencias prácticas de ambos principios lo cual ilustra describiendo la estructura básica que los satisface, estructura de la cual fluyen ciertas instituciones o prácticas básicas, al interior del marco de una democracia constitucional y liberal. Una constitución política justa, arreglos económicos justos y obligaciones de las personas de obedecer las leyes de una sociedad que es imperfectamente justa serán ejemplos de eso.
36.El vínculo que establece Rawls entre los principios de justicia elegidos en la posición original y las instituciones justas, lo va aclarando paulatinamente, y en una especie de ejercicio metódico pide imaginar una secuencia de acontecimientos en cuatro estadios o pasos que –en su conjunto- darán cuenta de esa vinculación. El primer paso describe la elección de los principios bajo el velo de la ignorancia, el segundo está destinado a que las partes que participan de la posición original se reúnan y decidan sobre la justicia de las formas políticas, como también elijan una constitución, en el que se aclaran los derechos y libertades básicos, el tercer paso está destinado a establecer leyes –legislar- que afecten a la estructura económica y social de la sociedad y, por último, en el cuarto ocurre la aplicación de las reglas por parte de los jueces y demás funcionarios, previamente dado una comprensión plena de la estructura básica –y justa- de la sociedad.
37El sistema político justo en este ámbito lo será siempre que se incorporen y protejan las libertades de la ciudadanía al interior de la constitución política. La libertad nunca puede ser negada o restringida en la teoría y la instancia que materializa esta idea es una constitución justa que deberá entender y proteger la libertad, que incluye libertad de conciencia, pensamiento, personal y la igualdad en los derechos políticos. Es claro en declarar que el sistema político acorde con ello sería alguna forma de democracia constitucional, pero da cuenta de la limitación de alcanzar un estado ideal de justicia por vía de una constitución en la sociedad concreta, por lo que lo mejor a que se puede aspirar es una justicia procesal imperfecta. Pero a pesar de eso, cree firmemente en que en la medida que se defina el campo de la justicia ideal se permitirá evaluar las soluciones existentes y se identificarán con mayor nitidez los problemas y dificultades más graves que una sociedad debe evitar o los cambios que debe impulsar.
38Las funciones de asignación, de estabilización, de transferencia y de distribución, serán ejercidas por el gobierno para dar cuenta de lo anterior. En ese sentido, se logra visualizar que la justicia económica expresada por el segundo principio de justicia se materializaría mediante los órganos de un gobierno, instancia más cercana a la figura que algunos comentaristas han vinculado a un Estado de Bienestar4 que a la del Estado mínimo.

Algunas observaciones a la teoría de la justicia

39En estos años ha sido inmensa la producción teórica que en algún modo critica o aprueba la Teoría de la Justicia,  a continuación mostraremos algunas críticas que se han levantado a esta propuesta, de modo de mostrar algunos de los límites que posee.
40Siguiendo a Vallespín (1998) es claro que Rawls muestra una confianza en poder sustentar una concepción pública de la justicia, válida para las sociedades contemporáneas donde la pluralidad de modos de vida cuestiona la aceptación de una única concepción del bien que rija para todos, por lo mismo, la construcción rawlsiana representa la creencia en la razón-racionalidad como vía -aún capaz- de construir ciertos procedimientos de argumentación racional que logren sintonizar esa pluralidad, más allá del “carácter finito y falibilista de la razón, ciertamente reducida en su capacidad para poner orden” (Vallespín; 1998: 13). Tal edificación se sostiene sobre “delgados pilares”, como es la coherencia interna de los principios y la aceptación por parte de los que participan de la posición original, argumentación que deja de lado cualquier concepción de objetividad vinculada a la verdad como correspondencia con la estructura de la realidad o una verdad gestada históricamente.
41El acento en estos elementos procedimentales favorecerían la prioridad y distinción de la justicia sobre el bien, es decir, diferencia entre la justicia y lo que es bueno para un cierto grupo en un determinado contexto, definición contextual que Rawls ve imposible de universalizar. Pero algunos críticos evidenciaron la inconsistencia de ello en la misma obra ya que Rawls acaba aceptando algunas nociones de bien humano que permiten darle sentido a la organización social, a través de la definición de bienes primarios válidos para todos y “suponiendo –aunque sea sin aceptarlo explícitamente- toda una concepción de la vida buena o perfección humana social: una vida presidida por la autonomía de los sujetos y la tolerancia de y hacia los demás, de vigencia de los derechos humanos, de participación política en democracia y así sucesivamente” (MacIntire, en Massini; 2005: 183). Este elemento de crítica será superado en su obra Liberalismo Político, en donde ajusta cuentas con esa observación.
42Otro orden de objeciones deriva del énfasis puesto en una ética de las estructuras institucionales, invisibilizando la dimensión de la ética humana que conlleva sus propias motivaciones, deseos y fines. Considerar este elemento obliga a preguntarse por la posibilidad de incidencia que posee ello una vez levantado el velo de la posición original, la inseguridad de que los sujetos respeten el acuerdo realizado una vez conocidas sus propias motivaciones morales parece ser acertado. La crítica de Walzer al respecto se puede resumir en que difícilmente los sujetos racionales que eligen en condiciones de imparcialidad, llevados de vuelta a gente común, con un sentido de la propia identidad e inmersos en los problemas cotidianos, van a reiterar su “hipotética elección”.
43Rawls, al rechazar que las particularidades de la historia, la cultura y la pertenencia a un grupo definan la elección de los principios de la justicia, puntualiza su construcción como universalista y abstracta, lo cual deja de lado las diferencias, la “otredad”, materializadas en las múltiples minorías que hoy claman sus derechos a participar de las decisiones. En este punto, la teoría rawlsiana de la justicia no da cuenta de la dimensión de las identidades, el género y del reconocimiento. Iris Marion Young (2000) objeta le centralidad de la distribución en Rawls porque no considera los temas de opresión y dominación ni cuestiona las estructuras sociales ni los contextos como las instituciones capitalistas y las relaciones de clase.   
44El principio de diferencia (Massini, 2005; Gerald Cohen, 2001) se constituye en un principio que posibilita el conformismo con el liberalismo, y una inmensa desigualdad siempre y cuando ambas partes reciban algún beneficio. A partir del principio maximin se argumenta que los más desfavorecidos deben aceptar las ventajas que se les brindan, ya que de otro modo se encontrarían en una situación peor. Una regla explicitada en esos términos anula cualquier intensión de transformación radical de las estructuras sociales que mantienen las desigualdades. La predilección por el cumplimiento de ciertos derechos los torna una estructura cerrada, inmutable frente al movimiento y luchas de las distintas formas de vida por alcanzar la igualdad social-económica y el reconocimiento de la identidad.
45Desde el mismo campo de batalla, Sen y Habermas apuntan su fuego amigo. Habermas (1998) llama la atención de la dificultad en que se encuentra Rawls al asimilar los bienes básicos a derechos, bienes generalizados que los sujetos pueden necesitar para realizar sus planes de vida. Ello implica que los principios de justicia se reduzcan a la justa distribución de los bienes básicos, más que a la autonomía de los sujetos a través del ejercicio de los derechos. Habermas también se opone al diseño de la posición original en la que la elección se basa en sujetos “egoístas racionales”, pone en duda que la imparcialidad se logre mediante la reflexión individual donde priman generalmente intereses egoístas. Amartya Sen, por su lado, menciona acerca del riesgo fetichista que se corre al asumir la centralidad de los bienes primarios o recursos a la hora de hacer comparaciones interpersonales.Interpreta esos bienes primarios como un equivalente a los medios para la libertad para propósitos generales, pero insiste en que si el eje de preocupación es la libertad, no es suficiente centrarse en los medios para la libertad sino en la amplitud de la libertad que realmente tiene la persona debido a que “la capacidad para convertir estos bienes primarios y recursos en libertad –para seleccionar una vida particular y para alcanzarla- puede variar de persona a persona, la igualdad en las posesiones de bienes o las libertades reales de que gozan las diferentes personas” (Sen, Amartya; 1998: 115).
46Por lo tanto, la evaluación de la justicia basada en capacidades, las demandas individuales no se valoran en términos de los recursos o bienes primarios que poseen las diversas personas, sino en términos de las libertades de que realmente gozan para elegir entre los diferentes modos de vivir que pueden tener razones para valorar, es “la libertad real la que representa la “capacidad” de una persona para conseguir las varias combinaciones alternativas de realizaciones, esto es, de haceres y estares”. La posesión de bienes primarios o recursos no representa la capacidad de la que goza una persona5.

Los retos de la justicia social frente al contexto actual

47La filosofía griega nos muestra esa maravillosa relación entre justicia, sociedad, comunidad y ciudadano como parte del hacer en y de la polis, a cuya grandeza Jaeger nos sumerge y nos invita a reconocer. Esta relación    –y la prioridad de la justicia- en los orígenes del pensamiento occidental se presenta desde los poemas épicos de Homero como también en los primeros filósofos griegos quienes entendieron la justicia como el centro de la cultura humana y la clave para dar cuenta del lugar del hombre en el cosmos (Jaeger, 1982)6. Es decir, la justicia, era parte y a la vez permitía un orden cósmico, una armonía y jerarquía de las acciones humanas. Este orden y armonía en la ciudad, construido a través del ejercicio ciudadano de la política en la esfera pública también sirvió para naturalizar diferencias entre hombres-ciudadanos y esclavos, mujeres, niños, extranjeros y ancianos.
48El cuestionamiento acerca de la naturalización de la desigualdad social y política lo apunta brillantemente Rousseau, quien plantea que ésta no deriva de la voluntad divina, ni es consecuencia de la desigualdad natural entre los hombres, al contrario su origen es resultado de la propiedad privada de la riqueza y de los beneficios que ese ejercicio otorga7. El tratar de explicar el origen de la desigualdad social como la legitimidad de que es objeto, nos lleva a centrar la atención en la estructura económica, social, política y normativa que permite aquello. Fenómenos contemporáneos cristalizan la cara sórdida de aquel imaginario griego, pero, a la vez ¿no expresan un desafío para la conceptualización y materialización de la justicia social?
49Como sabemos, las guerras de las últimas décadas muestran un parámetro distinto de funcionamiento que las realizadas hasta la primera mitad del siglo XX, hoy las guerras adquieren una forma monstruosa para la sociedad civil, donde la cantidad de muertos civiles –especialmente mujeres, niños y ancianos- es mucho mayor que las bajas de las fuerzas militares de los bandos en pugna, a su vez, los sobrevivientes muchas veces se transforman en desplazados, hombres y mujeres que recorren el país evitando encontrarse en el fuego cruzado, el refugio en muchos casos ha tendido a disminuir porque los países aledaños al conflicto tienden a cerrar sus fronteras. A lo anterior se deben sumar las muertes indirectas causadas por enfermedades o hambrunas producto de la guerra. Baste decir que el trasfondo de la mayoría de esas guerras son intereses económicos y de dominación, para comprender que la semántica de las “guerras justas” cumple una función de encubrimiento y justificación.
50Por otro lado, la declaración del milenio derivada de la Asamblea General de las Naciones Unidas el año 2000, criticaba las enormes desigualdades en el desarrollo humano de los países e impuso la tarea de reducir la pobreza a la mitad al año 2015, pero esa intensión no deja de ser una ficción. Las cifras hablan por si solas, hasta el 2007 -según el informe de evaluación y monitoreo del PNUD- existían 980 millones de personas en los países en desarrollo que sobrevivían con menos de un dólar diario, cifra que hoy se ha elevado a 1.400 millones según la nueva medición de pobreza realizada por el Banco Mundial, que da cuenta de nuevas 400 millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza, ubicada ahora en un dólar y veinte y cinco diariamente en los países en desarrollo. Las mismas estimaciones del Banco Mundial mencionan que al año 2015 serán 1.000 millones de personas las que estarán en situación bajo la línea de pobreza, y muchos de los que han superado el dólar y veinte y cinco, diario seguirán siendo pobres8, situación que desacredita los compromisos del milenio.
51Lo anterior es acompañado por un aumento en la desigualdad de ingresos, la existencia de 800 millones de desnutridos en el mundo, 2.600 millones de personas sin acceso a un saneamiento básico, 1.8 millones de niños muertos al año como consecuencias de diarreas y enfermedades derivadas de agua contaminada o saneamiento insuficiente (PNUD, 2006). Alrededor de 50.000 seres humanos mueren diariamente (especialmente niños y personas de color), ya sea de hambre o enfermedades como diarrea, neumonía, malaria y otras causas relacionadas con la pobreza. (Pogge, Thomas; 2007).
52La concentración de la riqueza es escandalosa9, según el X informe sobre la riqueza mundial de Merril Lynch y Capgemini del 2006, el número total de millonarios en el mundo creció en un 6.5 % en el año 2005, alcanzando unos 8,7 millones de personas –correspondiente al 0,1% de la población mundial- que controlan 33,3% billones de dólares y al 2010 se estima que el patrimonio en manos de los millonarios alcanzará 44,6 billones de dólares. Incluso en situación de crisis como la que viene sucediendo desde mediados del año 2007, desatada por el mercado inmobiliario, un estudio estadounidense del año 2008, a cargo de The Boston Consulting Group (BCG) muestra que la acumulación o aumento de la riqueza ha sido sostenido en los últimos seis años, así los que eran ricos no dejan de ser ricos y a la vez se suman los nuevos10, que se las arreglan haciendo los ajustes necesarios, en el contexto de la crisis financiera, para nunca perder.
53La destrucción ambiental, trae sus propias consecuencias a nivel mundial, afectan y lo harán –a futuro con mayor gravedad- desigualmente a los países y al interior de estos aumentando la pobreza11. En el marco del capitalismo, los recursos naturales se tornan cada vez más en capital financiero en beneficio de los grupos económicos y en detrimento de los recursos naturales. La creciente deforestación, degradación de tierras secas (sin contar los desiertos), el riesgo de extinción y desaparición de especies ha ido en aumento, la escasez y restricciones de acceso a agua se vaticina para las dos terceras partes de la población mundial en los próximos 25 años son solo algunos de los efectos de esta masacre ambiental (Claude, M.; 2007: 10). A ello debemos incluir el informe sobre derechos humanos de Amnistía Internacional (2007) que relaciona la búsqueda de recursos naturales por parte de grandes conglomerados económicos con la persistente amenaza de la identidad cultural y supervivencia de varias comunidades indígenas en América Latina.
54Un fenómeno de no larga data en los países, especialmente de Europa y América del Norte, se relaciona con la “seguridad frente al terror-ismo”, idea que se ha vuelto capaz de justificar acciones paranoicas que derivan en discriminación, control, detenciones injustificadas, violación del derecho de libertad, etc. (Amnistía Internacional; 2007). Desde otro frente, Kurz (1997), menciona que los fundamentalismos de orden (pseudo)religiosos vienen a constituirse en formas de castigo merecido, por la soberbia de la economía de mercado, del sistema capitalista que impone un modo de vivir unilateral con consecuencias de desintegración brutales.
55Otra dimensión -con el mismo sustrato- vemos en la legitimación de la criminalización de los inmigrantes ilegales por parte de la unión europea, que refleja un resabio xenofóbico, de racismo y discriminación contra millones de personas que ven en los países centrales una salida a la permanente situación de pobreza y desigualdad que viven en sus países de origen. La paradoja de todo esto es que la función del Estado se torna mínima y máxima a la vez, la primera materializa las inacciones de regulación o “libertad” de mercado  y la segunda, una máxima intervención policial y leyes punitivas. Marx, en La Cuestión Judaica de 1843 advertía brillantemente sobre este último punto al declarar “La seguridad es el concepto social supremo da la sociedad burguesa, el concepto de policía, según el cual toda la sociedad existe solamente para garantizar a cada uno de sus miembros la conservación de su persona, de sus derechos y de su propiedad” (Marx, 2005: 37). Seguridad y libertad son caras de la misma moneda.

Algunas conclusiones: entre lo normativo y los fenómenos sociales

56¿Será posible combatir lo anterior con una redistribución de recursos?, ¿se puede terminar o reducir la injusticia social en una economía capitalista, donde la pobreza y la desigualdad son solo algunos ángulos de ésta?, difícilmente se puede afirmar que es posible. El capitalismo es constitutivamente inestable, oscila entre fases de expansión y depresión, “está sujeto de forma crónica a colapsos profundos y disruptivos en la producción y en el empleo” (Callinicos; 2003:137),además genera conductas que tienden hacia el hedonismo, el egoísmo, el consumo exacerbado, el individualismo, cuyas consecuencias nefastas no se expresan solo en la desigualdad de la riqueza como ya vimos.
57Estas ideas son las primeras que aparecen si es que se descuida la importancia de la pregunta por la Justicia que declara el horizonte normativo y la buena sociedad que se desea construir. En ese aspecto esta pregunta trae inscrita dos dimensiones: valorar, enjuiciar el presente para mirar el futuro a partir de algunos elementos existentes en el presente que permitirían construirlo.
58Es importante fijar la potencia que poseen los valores y principios que pueden guiar la futura sociedad. Ya Macpherson –desde la tradición marxista- hablaba de que Rawls podría ser llevado a cabo en una sociedad sin clases. Fernando Lizárraga (2009) sintetiza -adecuadamente- los motivos de la importancia de Rawls para las discusiones que se enfrentan en esta materia. Rawls rechaza el utilitarismo y sus medidas subjetivistas de bienestar, la meritocracia, la tesis de autopropiedad (cuyo representante es Nozick), además propone una medida objetiva para valorar la igualdad (los bienes sociales primarios), ensaya reglas de prioridad para evitar o disminuir la arbitrariedad de las intuiciones al momento de tomar decisiones morales, en este punto, la prioridad de la justicia sobre la eficiencia y de lo justo sobre lo bueno resulta contraria al sentido común de la época actual y al estilo del capitalismo en la fase neoliberal. Por último, es interesante de considerar ya que no excluyó la posibilidad de que los dos principios que definen lo que es la justicia (en su aparato conceptual) fueran posibles de llevar a cabo en una sociedad donde existe propiedad social de los medios de producción. Podríamos agregar que Rawls transparenta la injerencia que poseen las instituciones sociales en generar, fortalecer y potenciar las desigualdades sociales.
59Sin duda que al examinar en detalle estos elementos vemos que las respuestas y propuestas de la Teoría de la Justicia no permiten la cristalización –como dice Gerald Cohen (2001) de la “Igualdad radical de oportunidades” que obliga a corregir todas las desigualdades originadas de vivir o nacer en condiciones sociales desventuradas y no escogidas. La historia muestra que cualquier intento de igualar esas condiciones bajo un modelo económico capitalista tendrá como consecuencias grandes movimientos y salidas de capitales u oposiciones de tal magnitud que solo dejan sangre en el país que lo intenta. La lógica del capital profundamente depredadora –en su fase actual- es incompatible con una sociedad igualitaria de bienes primarios y generación de capacidades, y muestra de ello lo entrega cada cierto tiempo cada Informe de Desarrollo Humano, que solo ratifica la incapacidad de materializar dichos principios.
60A la vez, ante la pregunta por la posibilidad de reconciliación en sociedades en que no solo la diferenciación creciente de modos de vida o la pluralidad de concepciones morales y acerca del bien existentes, sino también se convive con innumerables formas de degradación y regresión humana, parece ser una pregunta que traspasa las respuestas y soluciones apuntadas por Rawls.
61Al evaluar la propuesta de Rawls, no solo en función de la sociedad norteamericana sino a nivel global –ya que la regresión de derechos sociales traspasa el ámbito local- surge la inquietud acerca del modo de hacer converger este retroceso social con la elección de un cierto conjunto de principios de justicia como los propuestos por Rawls, esta concepción pública de la justicia, ¿es sustentable en sociedades donde la pluralidad llega hasta la negación de la dignidad humana, o donde los que participan en la posición original no son todos los que efectivamente deben estar?, ¿cómo podrían participar aquellos que no han sido objeto de reconocimiento más que para ser desechados?.  Sin duda que la redistribución de los bienes sociales y primarios propuestos por Rawls, en función de los desventajados, es absolutamente insuficiente para una sociedad como la nuestra. El no romper con las estructuras que causan la pobreza y la desigualdad, la intensión de mejorar el resultado de una situación injusta establecida históricamente no hace más que mantener su reproducción.
62Por otro lado, la teoría de Rawls es ciega frente a la relación entre política y grandes consorcios que influyen –sin duda- en la concentración del poder económico y baste para eso recordar los casos de transnacionales como Shell en Nigeria donde se alía a la esfera política, militar para mantener sus intereses12. El predominio del mercado sobre el Estado es un hecho fundamental, Kurz acierta cuando menciona que “el Estado no posee ningún medio primario de regulación, mas bien depende del medio del mercado, esto es, del dinero. Entretanto el medio “poder” atribuido al Estado y, teóricamente, en la mayoría de las veces, identificado con el dinero no posee ningún grado jerárquico primario, a penas un grado secundario, pues todas las medidas del Estado precisan ser financiadas, no solamente las actividades jurídicas, infraestructurales, etc., sino también el poder en el sentido mas inmediato del término, o sea, las fuerzas armadas. En ese sentido, ni los militares son un efectivo “factor extraeconómico”, pues ellos también están sometidos al medio mercado, a través del problema de su financiamiento” (Kurz; 1997: 103).
63Tras el recorrido iniciado podemos decir que la justicia demanda algo más que la construcción de una mejor forma de distribución, sino una transformación real de las estructuras de producción y de distribución. La debilidad de la teoría de la justicia presentada es la creencia en que la justicia puede realizarse al interior del sistema capitalista, obviando –según Callinicos- el papel de la explotación en la creación y mantenimiento de las estructuras existentes de desigualdad como de todas las diversas formas de regresión humana.
64La dimensión normativa de la justicia frente a los fenómenos empíricos e históricos que estamos viviendo, nos permite evaluar este presente como regresivo para la humanidad, de carrera hacia el abismo, sin una noción de justicia y de buena sociedad a la que aspiramos difícilmente estos fenómenos de regresión (y que nos sitúan al borde del colapso) se tornarían problemáticos y repudiables.
65Los aportes de Rawls acerca de concebir una sociedad justa, nos inducen –sin que lo imagine- a pensar que ellos sólo pueden ser logrados –como dice Callinicos- en contra del capitalismo, creemos queel desafío puesto a la concepción de la justicia social rawlsiana en el contexto capitalista, es el modo de mostrar los límites inherentes que posee para afrontar las consecuencias de este sistema hegemónico. Es urgente –ya lo vienen diciendo varios pensadores- imaginar otros mundos posibles, donde la sustentabilidad, la democracia, la justicia social y la vida digna sean su centro y para ello los valores y principios que inspiren esa sociedad son fundamentales para incubar ese futuro.
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NOTAS

1  Esta afirmación nos recuerda a Hobbes y su concepción negativa acerca de la naturaleza del hombre por lo que se precisa establecer un contrato social con el fin de sacar al hombre del estado de naturaleza siempre en potencia de guerra y lucha de todos contra todos y depositar en un tercero la seguridad de la vida.
2  La ignorancia no es absoluta, Rawls considera algunos conocimientos básicos que poseerán las partes entre los que encontramos los siguientes: conocen hechos generales de a sociedad humana, entienden las cuestiones políticas, los principios de teoría económica, las bases de la organización social y las leyes de la psicología humana.
3  La teoría del contrato social desemboca en una concepción del orden político como limitación de la libertad de cada persona, pero a la vez subyace una noción individualista como punto de partida, es decir, es la persona quien determina todo el procedimiento de elección cuyo método es el “constructivismo kantiano”. Lo anterior se traduce en que los principios de la ética serán creados por sus destinatarios, los cuales se suponen personas libres e iguales que al seguir ciertos procedimientos racionales construirán y aceptarán unos principios de justicia sin referencia a objetos morales cognoscibles o en deuda a una realidad externa al sujeto. Para mayor detalle, ver Massini, Carlos; El constructivismo de Rawls. Estudios Jurídicos. Universidad de Navarra.1997.
4  Este punto es un tanto obscuro en esta obra, ya que en distintos pasajes se refiere o a una democracia constitucional, en otros a una democracia de particulares y en otros a una democracia liberal.
5  Sen cita algunos ejemplos que clarifican dicha afirmación, en pobreza menciona que “al considerar la pobreza en los países ricos, tenemos que tener en cuenta el hecho de que muchas de las personas que son pobres en términos de renta y de otros bienes primarios también tienen características –edad, incapacidades, propensión a las enfermedades, etc.- que hacen más difícil para ellas convertir bienes primarios en capacidades básicas, por ejemplo, la capacidad de desplazarse, para llevar una vida sana o para tomar parte en la vida social” (Sen, Amartya, 1998:115)
6  “En el pensamiento  homérico, pues, era dique la línea de demarcación entre la barbarie y la civilización. Dondequiera que la justicia impere, pisa el hombre tierra firme, gozando de seguridad y protección en su persona y sus bienes, a salvo incluso como peregrino en tierra extraña”, o cuando refiere a Heráclito y Anaximandro: “Heráclito, pues, no solo concibió el principio del universo como una ley o una justicia de índole cósmica, a la manera de Anaximandro, sino que conectó, además, directamente la ley humana y la vida del hombre en comunidad con aquel orden divino. Ello implicaba que todo ser individual desempeña su papel en el mundo, como todo ciudadano de una polis griega desempeña el suyo en la vida constitucional de su comunidad” (Jaeger, 1982: 8, 32).
7  “El primero que, habiendo cercado un terreno, descubrió la manera de decir: Esto me pertenece, y halló gentes bastante sencilla para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Qué de crímenes, de guerras, de asesinatos, de miserias y de horrores no hubiese ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o llenando la zanja, hubiese gritado a sus semejantes:”Guardaos de escuchar a esteimpostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos pertenecen a todos y que la tierra no es de nadie”¡(Rousseau; 1999: 60).
8  Para mayor detalle ver sitio del Banco Mundial en: http://go.worldbank.org/MLVZFZTMS0
9  Para detalles de la concentración mundial, Ver www.iarnoticias.com o Universidad de las Naciones Unidas UNU-WIDER, en www.wider.unu.edu/ . Los análisis dan cuenta de una estructura integrada de desigualdad en las economías avanzadas como EEUU e Inglaterra en los años 90, en que la brecha entre ricos y pobres en función de los ingresos ha aumentado como también dificultad de movilidad social. (Callinicos, Alex; 2003). Algunos datos en Chile muestran la tendencia de la concentración del capital, así tenemos que la distancia de ingresos entre el 5% más rico y el 5% más pobre aumentó entre los años 1990 y 2005, pasando de 110 a 220 veces, creciente polarización que no tiene que ver con talentos naturales, ni trabajo o sacrificios. Desde el año 2003 al 2007 las compañías multinacionales se llevaron casi el 50% del PIB (Cademartori, José; 2008), por otro lado la concentración de la riqueza en Chile se acumula en tres grupos económicos cuyas ganancias aumentan año a año; tenemos así que el ranking lo encabeza el grupo Luksic que de 3.400 millones de dólares poseídos al año 2004 aumentó a 4.200 en el año 2005, le sigue el grupo Angelini que de 2.500 millones de dólares al 2004 aumentó a 2.900 en el 2005 y por último el grupo Matte que de 2.800 millones de dólares al año 2004 retrocedió a 2.700 en el año 2005. (Claude, Marcel; 2008)
10  El periódico español El País, en su columna en economía llama la atención sobre este fenómeno, el crecimiento de las nuevas familia millonarias, el cual alcanzó un 11%, especialmente por los aportes de familias provenientes de Asia y América Latina, así también muestra como aquellas familia que ya son millonarias se las arreglan para aumentar su crecimiento de fortunas a pesar de la crisis hipotecaria. Ver Diario El País, economía, 5/9/2008, en
http://www.elpais.com/articulo/economia/ricos/vez/ricos/pesar/crisis/financiera/elpepueco/20080905elpepueco_6/Tes
11  El Pnud habla de que a medida que avanza el cambio climático, esto traerá mayores  retrocesos a escala global.  “Los reveses en el desarrollo humano no serán lineales, y sus poderosos efectos se retroalimentarán mutuamente. Las pérdidas en la productividad agrícola reducirán los ingresos, disminuirán el acceso a la salud y a la educación. A su vez, menores posibilidades detener acceso a la salud y a la educación restringirán las oportunidades de mercado y reforzarán la pobreza. En un nivel más fundamental, el cambio climático dañará la capacidad de las personas más vulnerables del mundo de tomar decisiones y perfilar procesos que tengan efectos en su propia vida” (PNUD, 2007: 107).
12  Es de voz pública que el gobierno de EEUU demostró que la compañía Shell – consorcio petrolífero transnacional angloholandesa- gastó en cinco años más de US$400 millones en lobby para modificar leyes que perjudicaban sus intereses, así también en 1993 utilizó otros métodos para controlar las protestas del pueblo ogoni que protestaba en Nigeria contra un desastre ecológico provocado por la compañía exigiendo su retiro, “transportó a las tropas y pagó salarios extras a los soldados que participaron de ataque contra los ogonis”(The New York Times, citado por Fazio; 2005: 10). Otras manifestaciones en el mismo sentido es el reconocimiento público por parte del grupo farmacéutico Basf de contar con mas de 200 empleados dedicados a actividades políticas a jornada completa, el descubrimiento en el 2005 de que la empresa automotriz Volkswagen pagara desde 1990 sueldos a ejecutivos que ingresaron a la política, el reconocimiento en el año 2005 por parte de una diputada alemana democratacristiana cercana a Angela Merkel, de recibir sobresueldo del Dresdner Bank (Fazio; 2005), y así se podrían escribir montañas de textos con los casos en todo el mundo.
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PARA CITAR ESTE ARTÍCULO

Referencia electrónica

Paula Francisca Vidal Molina« La teoría de la justicia social en Rawls  »Polis [En línea], 23 | 2009, Publicado el 27 julio 2011, consultado el 27 junio 2020URL: http://journals.openedition.org/polis/1868
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AUTOR

Paula Francisca Vidal Molina

Estudiante de Doctorado en Servicio Social por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Email: pvidal71@yahoo.com
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