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viernes, 26 de junio de 2020

AMARTYA SEN: ÉTICA y ECONOMÍA: Principios eticos y economía

AMARTYA SEN: ÉTICA y ECONOMÍA 
La ruptura con el bienestarismo y la defensa de un consecuencialismo amplio y pluralista

Principios eticos y economía (En torno a la posición de Amartya Sen) 
Dussel, Enrique
Signos Filosóficos, núm. 6, julio-diciembre, 2001, pp. 133-152
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
Distrito Federal, México


Este trabajo se realizó dentro del Proyecto de Evaluación de la Red de Solidaridad a cargo del CIDER y Reunirse.

Resumen 
Hernández, Andrés. "Amartya Sen: ética y economían , Cuadernos de Economía, v. XVXX, n. 29, Bogotá, 1998, páginas 137-162. 

Este ensayo presenta dos aportes de Amartya Sen a las discusiones sobre ética y economia. 

Primero, su ruptura con la ética utilitarista y bienestarista -fundamento de la economia normativa- y su llamado a modificar la métrica de la utilidad, único 'ámbito de información' que estas tradiciones normativas usan para juzgar el bienestar individual y social, es decir, las oportunidades de las personas, el impacto de las politicas públicas y el éxito de las organizaciones sociales. 
Segundo, su propuesta de un esquema de valoración que trascienda la concepción estrecha del utilitarismo, que no caiga en el relativismo ético y que incorpore el análisis de los derechos y las libertades reales sin acoger el razonamiento moral deontológico. 
Con ello, se muestra que una de sus mayores contribuciones a la economia normativa es su esfuerzo por elaborar un marco de evaluación moral pluralista y consecuencialista (basado en las consecuencias) que abandone el criterio de utilidad, permita evaluar el grado de libertad real de las personas y admita la posibilidad de una moral 'objetiva' sensible a los planes de vida de los individuos y al cumplimiento o incumplimiento de sus derechos. Abstract Hernández, Andrés. "Amartya Sen: Ethics and Economicsn, 

This essay presents two contributions of the Amartya Sen to the debates over ethics and economics. First, his break with utilitarianist and welfarist ethics -the foundation of normative economics- and his call to modify the metrics of utility, the only 'field of information' that these normative traditions use to judge individual and social welfare, that is, people's opportunities, the impact of public policies and the success of social organizations. Second, his proposal for a valorization scheme that transcends the narrow conception of utilitarianism, which does not fall into ethical relativism and which incorpora tes the analysis of real rights and freedoms without taking refuge in deontological moral reasoning. With that, he demonstrates that one of his greatest contributions to normative economics is his effort to construct a framework for pluralist and consequentialist (based on consequences) moral evaluation, which abandons the criterion of utility, allows the evaluation of the level of people's real freedom, and admits the possibility of a moral 'objective' sensitive to the life plans of individuals and to the achievement or fail of their rights.


EL PROBLEMA

Este artículo comenta las limitaciones que Sen encuentra en el utilitarismo y en los' enfoques bíenestaristas' cuando se usan para juzgar las ventajas de las personas,' y expone sus argumentos en favor de una valoración moral consecuencialista más amplia2 

Sen sostiene en varios escritos que la ética utilitarista y el razonamiento moral bienestarista son enfoques limitados e inadecuados para la valoración ética debido a las restricciones informacionales que imponen a la hora de juzgar los intereses y ventajas de las personas.3 Pese a que han desarrollado todo un arsenal técnico para medir y calcular el bienestar esas visiones han avanzado muy poco en una elaboraciónmás amplia del bienestar en cuanto mantienen la concepción estrecha de los seres humanos y de sus sentimientos de la tradición utilitarista [Sen 1985, cap. 1; 1987, cap. 2; 1997, 39-107; YHahnn YHollis 1986, 6]. 

También afirma que su predominio en la economía normativa ha empobrecido la valoración moral consecuencialista, pero considera que la solución no es abandonar esta línea de argumentación y acoger el razonamiento deontológico. Rechaza la ética utilitarista y bienestarista sin acoger las teorías morales deontológicas basadas en los derechos y las libertades, y dedica sus esfuerzos a elaborar un análisis consecuencialista que incorpore el cumplimiento y el incumplimiento de los derechos y las libertades en la evaluación de los estados sociales y de las acciones institucionales, y que admita la relatividad del evaluador al juzgar los resultados, es decir que reconozca que personas diferentes evalúan en forma diferente un mismo estado de cosas. 

Considera posible una valoración moral consecuencialista que reconozca que la libertad y los derechos tienen importancia intrínseca en la vida de las personas. Cree en la necesidad de una evaluación basada en las consecuencias, que incluya los valores del agente, es decir, que acepte que la posición del agente debe ser incluida en la valoración de los estados. También cree posible una valoración consecuencialista que acepte que las ventajas de las personas deben ser juzgadas por la amplitud y extensión de la libertad de que gozan y no sólo por los bienes que poseen o por la utilidad que les proporcionan. 

Este ensayo se refiere, entonces, a dos debates abiertos por Amartya Sen: el primero, relacionado con el bienestar o utilidad como dimensión pertinente para la evaluación moral; y el segundo, con la valoración moral consecuencialista como razonamiento moral superior al deontológico. 
En la primera sección se reconstruyen los argumentos que cuestionan la validez y la pertinencia de las corrientes utilitaristas y bienestaristas como enfoques para valorar las ventajas personales, el éxito de las organizaciones sociales y la bondad de las políticas públicas. 
En la segunda se exponen algunas razones que muestran la superioridad de la argumentación moral consecuencialista frente a la deontológica.

Para Sen, el enfoque bienestarista y el enfoque deontológico basado en restricciones -que trata los derechos como restricciones a las acciones y considera que estas restricciones no se deben violar aunque su violación lleve a estados mejores - son inadecuados e insuficientes porque niegan que el cumplimiento o el incumplimiento de los derechos deben formar parte de la evaluación de los estados de cosas y se pueden usar para analizar las consecuencias de las acciones [Sen 1982b, cap. 1]. 

En particular critica los enfoques deontológicos que no consideran las consecuencias en la valoración de las acciones, cuyas visiones de los derechos son más estrechas o cuestionables, como la teoría de la justicia de Nozick, una teoría de títulos basada en una serie de derechos de propiedad, transferencias y rectificación que juzga correctos los resultados (independientemente de que sean justos o injustos) si se respetan las reglas de propiedad y transferencia. Más en general, critica todos los enfoques deontológicos que imponen restricciones inflexibles a las acciones sin importar las consecuencias y resultados de dichas acciones. Se pregunta, por ejemplo, si la distribución de posesiones sería moralmente aceptable aunque tuviera consecuencias desastrosas y considera inadmisible una respuesta positiva. Los enfoques deontológicos que rechazan la incorporación del análisis de los efectos en elrazonamiento moral --como el de Nozick- se diferencian de otras teorías deontológicas, como la de Raw1s,para quien es necesario: 

señalar que las teorías deontológicas se definen como no teleológicas, es decir, no como teorías que caractericen la corrección de las instituciones y de los actos independientemente de sus consecuencias. Todas las doctrinas éticas dignas de atención toman en cuenta las consecuencias al juzgar la corrección. Si alguna no lo hace así, sería irracional [Rawls 1979,48]. 

Así, aunque Rawls se inscribe en la tradición deontológica, cree que para que una doctrina ética sea aceptable, debe tomar en cuenta las consecuencias al juzgar los principios y las acciones. Su teoría considera las consecuencias; por ello, lo que Sen cuestiona en Rawls es la métrica ~ue propone para juzgar el bienestar de las personas: los bienes básicos4. 

¿ES EL BIENESTARISMO ADECUADO PARA LA VALORACION MORAL? 

DEFICIENCIAS DEL BIENESTARISMO y DE LA ÉTICA UTILITARISTA 

Una de las contribuciones de Sen a la economía normativa y a la filosofía moral es la crítica que hace a los enfoques utilitaristas y bienestaristas: que han empobrecido el razonamiento moral consecuencialista, el cual constituye el fundamento de la economía normativa y de las teorías de evaluación económica y social bienestaristas. En esta sección se intenta reconstruir algunos de los argumentos que lo llevan a concluir que tales enfoques son inadecuados, insuficientes y poco pertinentes para la valoración moral y económica. 

¿La principal debilidad de la ética utilitarista y bienestarista es la imposibilidad de realizar comparaciones interpersonales de utilidad? 

La tradición económica del bienestar ordinal rechaza el supuesto utilitarista de la posibilidad de hacer comparaciones interpersonales de bienestar. Su principal crítica al utilitarismo consiste en afirmar que no es posible medir con una misma escala la utilidad que individuos diferentes atribuyen a opciones diversas. Puesto que no se puede medir la intensidad de la utilidad que las personas atribuyen al consumo de bienes y servicios, para la economía ordinal es también imposible hacer comparaciones interpersonales de utilidad al evaluar moral y económicamente los estados sociales resultantes del intercambio económico y de las acciones del gobierno. 

Igual que los teóricos de la economía del bienestar ordinal, Sen juzga inadecuada la tradición utilitarista clásica porque se fundamenta en dos creencias falsas: el supuesto de que cualquier placer o utilidad se puede medir y cuantifican y la creencia en que los placeres se pueden valorar y comparar de acuerdo con sus intensidades respectivas. Coincide con la teoría ordinal en la tesis de que una gran debilidad de la ética utilitarista es la imposibilidad de obtener la información necesaria para hacer comparaciones ínterpersonales de utilidad, por cuanto es imposible medir las intensidades de utilidad que los individuos experimentan con el consumo de los diferentes bienes y servicios [1997,46-48]. Pero se distancia de la teoría ordinalista en dos aspectos: el primero, es que a diferencia de ella, da importancia a las comparaciones interpersonales cuando se juzga el impacto de las políticas públicas y se elige la política económica; y, además, la critica afirmando que el rechazo a la posibilidad de realizar comparaciones interpersonales empobrece aún más la ética bienestarista y la argumentación consecuencialista5 Sen considera que si se cambia la métrica de bienestar de las personas (abandonando las preferencias como métrica valida) es posible introducir comparaciones interpersonales. 

Afirma, además, que si bien es válida la tesis de que es imposible hacer comparaciones interpersonales de manera' científica' sin que intervengan los juicios de valor; también ha llevado a que muchos economistas creyeran, erróneamente, que la ética y los valores no son más que proposiciones 'sin sentido' o 'absurdas' y que deben ser desterradas de la economía normativa. Considera que este recelo a utilizar la ética en la economía ha encerrado a la economía del bienestar en una caja demasiado estrecha y ha afectado los resultados de la economía predictiva, por cuanto no permite que las ideas de la economía del bienestar influyan en ella, dado que supone que el comportamiento humano sólo se basa en el egoísmo, sin que sea afectado por consideraciones éticas [Sen 1987, cap. 2]. 

En cuanto defiende la necesidad de las comparaciones interpersonales, rechaza la solución de la economía del bienestar ordinal de remplazar la métrica de la 'utilidad cardinal' por la métrica de las 'preferencias ordinales' para juzgar el bienestar de las personas. Y propone una nueva métrica para juzgar el bienestar y hacer comparaciones interpersonales: las realizaciones, funcionamientos y capacidades de los individuos."6

También se distancia de las teorías ordinalistas en que no comparte la tesis de que la imposibilidad de hacer comparaciones interpersonales es la principal y mayor debilidad de la ética utilitarista. Aceptar que ésta es su mayor debilidad significa ignorar y no cuestionar las restricciones informacionales que impone el concepto de utilidad -independientemente de cómo se lo defina: placer, felicidad, satisfacción de preferencias- al evaluar el bienestar y los intereses de las personas. Considerar que las preferencias de los individuos son la métrica correcta para evaluarlos implica adoptar una visión muy pobre y estrecha del bienestar, y lleva a ignorar muchos aspectos relevantes. 

¿El problema de los gustos ofensivos y caros es la principal limitación de la ética utilitarista? 

Una de las objeciones de Rawls al utilitarismo y albienestarismo, que se conoce como crítica de los gustos ofensivos, dice que la principal limitación del utilitarismo es su falta de respeto por los individuos cuando se juzga el bienestar social. Para el utilitarismo clásico, una persona no es valiosa y digna de protección por derecho propio; es, más bien, sólo una 11 gota en el océano de la utilidad social" [Elster 1995,239]. Respecto al utilitarismo, RawIs afirma que: 

Al calcular el balance máximo de satisfacción, no importa -excepto indirectamente-- cuál sea el objeto de su deseo. Debemos organizar las instituciones de modo que obtengamos el mayor total de satisfacciones; no hacemos preguntas acerca de su origen o cualidad, sino sólo cómo afectaría su satisfacción el total de bienestar ..Así, si los hombres obtienen placer discriminándose mutuamente, o sometiendo a los demás a un grado menor de libertad como medio para aumentar su propia estima, entonces debemos considerar la satisfacción de estos deseos en nuestra deliberación junto con los demás, valorándolos según su intensidad u otro criterio [Rawls 1971, 30-31]. 

De ese modo, Rawls dice que la mayor debilidad del utilitarismo es la de considerar válidos, para la maxirnización del bienestar social, a los' gustos ofensivos', como·por ejemplo al placer de las' privaciones ajenas'. Ysostiene que la satisfacción de una persona cuando discrimina a otras no debe ser equiparada a otras satisfacciones en el cálculo de la justicia. Desde el punto de vista de la justicia, ese placer merece ser condenado. Por esta limitación, la ética utilitarista queda conceptualmente incapacitada para distinguir entre deseos legítimos e ilegítimos. 

Sen, por su parte, afirma que si bien este argumento es válido contra el utilitarismo y contra la suficiencia de la información sobre la utilidad para hacer juicios morales -y, por ende, contra el bienestarismo en general- utiliza "un principio innecesariamente fuerte"; y cree posible rechazar el bienestarismo aun en el caso de que se acepte que los placeres de la 'privación ajena' no sean intrínsecamente malos y ni siquiera se tengan en cuenta. Aun en este caso, se puede rechazar el bienestarismo a partir de la crítica planteada por la teoría ordinalista: la falta de paridad entre las distintas fuentes de utilidad o la imposibilidad de realizar comparaciones interpersonales de utilidad [Sen 1988, 146]. 

En suma, Sen considera válida la crítica de Rawls al utilitarismo por su menosprecio de los derechos humanos y las responsabilidades y compromisos personales7 pero sostiene que el bienestarismo tiene deficiencias aún mayores.

La principal limitación del bienestarismo: 
las restricciones informacionales 

Para Sen, la mayor limitación del bienestarismo proviene de adoptar la métrica de la 'utilidad' como único "ámbito de información moral" para evaluar las ventajas de las personas, la justicia de las instituciones y la bondad de las políticas públicas. Esta métrica impone restricciones al uso de información distinta del placee la felicidad y la satisfacción de los deseos cuando se juzga el provecho de las personas y se valoran las consecuencias de las acciones institucionales. La mayor limitación normativa de estos enfoques proviene, entonces, de su metodología 'monista', que define un único 'ámbito de evaluación': el bienestar o la utilidad. La imposición arbitraria de esta metodología excluye muchos aspectos importantes en la vida de las personas. Como se muestra a continuación, esta uniformidad valorativa es común a todas las corrientes y variantes del utilitarismo y del bienestarismo: para el utilitarismo clásico, el bienestar agregado -o utilidad total- es el criterio principal para juzgar la bondad de las políticas y el éxito de las instituciones sociales; la suma de las utilidades individuales mide el bienestar social y los estados sociales alternativos se ordenan según el valor de esa suma. Para esta tradición, el 'ámbito de evaluación' pertinente para las comparaciones interpersonales es la utilidad y el criterio de elección entre estados y políticas es 'la maximización de la utilidad del mayor número'. La importancia de otros valores, como la igualdad o la libertad, es sólo instrumental, se deriva de la maximización del bienestar social y queda subordinada a la utilidad como 'ámbito de evaluación' o información moralmente relevante. Por su parte, la economía del bienestar ordinal-que abandona las comparaciones interpersonales de utilidad- también supone la uniformidad descriptiva de lo que se valora, pese a que propone nuevos criterios de elección social: el óptimo de Pareto, los test de compensación y las funciones de bienestar social. Todos ellos se definen en el' espacio de las utilidades', ignorando así los ámbitos de las 'oportunidades', las 'libertades' y los' derechos'. También ignoran otros aspectos morales relevantes en la vida de las personas a la hora de hacer elecciones sociales, como la autonomía y la autoestima. 

El criterio de Pareto como norma de la optimalidad social es una estrategia que lleva al extremo la lógica utilitarista y, con ella, la estrecha y pobre concepción para valorar las ventajas de las personas en función exclusiva de la utilidad que les deparan los bienes que consumen,"8 El criterio de Pareto, como toda la tradición utilitarista, supone que el único ámbito de valor relevante para las evaluaciones económicas y sociales es la utilidad individual. La idea de que el óptimo social exige el óptimo de Pareto se basa en la idea de que si un cambio es provechoso para cada individuo -en cuanto aumenta su utilidad- es bueno para la sociedad, para el bienestar social. ASÍ, cuando se cuestiona la identificación del provecho y de la ventaja personal con la /utilidad', el criterio de Pareto pierde su carácter de condición necesaria para la optimalidad social [Sen 1987, cap. 2]. 

En este contexto, se puede afirmar que la uniformidad valorativa que asume la ética paretiana como criterio de elección y ordenamiento social constituye una limitación importante que se suma a las demás críticas que se le han hecho. Sen, igual que otros críticos del óptimo de Pareto, muestra las limitaciones de este criterio para definir el óptimo social. Afirma que es muy limitado para valorar el óptimo social en la medida en que centra completamente la valoración en la utilidad sin prestar atención a las consideraciones distributivas.9. Reconoce, sin embargo, que al oponerse a las comparaciones interpersonales e imponer como regla única de elección social el/óptimo de Pareto',la tradición ordinalista obtuvo un resultado tan interesante como el de la formulación de los dos teoremas de la economía del bienestar; pero que a pesar de este éxito y de su importancia general, el su contenido ético es escaso.l0"


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1 Para las teorías bienestaristas, "la única consideración pertinente para la asignación de bienes a los individuos es el modo en que afectan el bienestar o la utilidad -estos términos se utilizan aquí como sinónimos-- de los individuos" [Elster 1994, 225]. Para los enfoques bienestaristas, por tanto, la bondad de los estados sociales debe juzgarse sólo en función de la utilidad que las personas obtienen en tales estados. Las teorías del bienestar cardinal y ordinal son sus variantes más importantes. 
2 En teoría moral hay dos procedimientos básicos de fundamentación: el consecuencialista, que evalúa la bondad de una acción o de una institución por sus consecuencias, y el deontológico, que evalúa un estado de cosas o una acción por los principios que encama o lo inspiran. Por ejemplo, una defensa deontológica del mercado no invoca los resultados benéficos del mercado y no apela a la eficiencia, sino que acude a ciertos principios, como la libertad, y afirma que la mejor cristalización de estos principios es el mercado. Las teorías deontológicas de la justicia se limitan a establecer un conjunto de procedimientos y restricciones cuya observancia haría justa a una sociedad, independientemente de los resultados [Ovejero 1994, 17]. 
3 A grandes rasgos, Sen distingue dos formas de ver los intereses de una persona y la satisfacción de sus intereses, a los que llama 'bienestar' y 'ventaja', respectivamente. El bienestar se refiere a los logros de la persona, a que tan bien está realmente; la ventaja, a sus portunidades en comparación con otras personas. Las oportunidades no se juzgan sólo por los resultados que ésta logra y, por ende, por el nivel de bienestar que alcance. De modo que la libertad para alcanzar el bienestar es más cercana al concepto de ventaja que al bienestar propiamente dicho [Sen 1985, cap. 1].
4 Debo a Jorge Iván González la sugerencia de esta aclaración sobre los enfoques deontológicos.
5 Sen dice que a pesar del ataque que Lionel Robbins dirigió contra las comparaciones interpersonales en la década de los treinta "estaba más interesado en mostrar que las comparaciones interpersonales no pueden hacerse 'científicamente', que en afirmar que tales comparaciones no tienen sentido por el hecho de ser comparaciones 'normativas' o éticas" [Sen 1987, 48-49].
6 En este ensayo no se expone la propuesta de Sen, tan sólo se presenta su crítica a la ética utilitarista y bienestarista.
7 RawIs tiene otras dos grandes divergencias con el utilitarismo: primera, en vez de la 'utilidad', propone como eje de valoración de las ventajas individuales a los 'bienes primarios', que para él son condiciones contextuales y medios necesarios para conformar una concepción del bien y buscar su realización. Con esta métrica, las personas poseen el" poder moral de tener una concepción del bien" y son" agentes racionales de construcción"; a diferencia del utilitarismo, Rawls piensa que los individuos son responsables de modificar y ajustar sus fines y preferencias una vez disponen de los bienes primarios. Segunda, el principio de diferencia se ocupa de la distribución de los bienes primarios mientras que el principio de maximización de la utilidad no se ocupa de la distribución del bienestar sino de su medición, sin importar cómo se distribuye. Rawls centra la atención en la suerte de los más desfavorecidos, a los que se debe asegurar la igualdad de oportunidades. Esta prioridad hace que su teoría sea intuitivamente más aceptable que el utilitarismo [Van Parijs 1993, cap. 3].
8 "Se puede considerar que, por sí mismo, el criterio paretiano sólo se refiere a un aspecto concreto del bienestar basado en la utilidad, a saber, una ordenación unánime de las utilidades individuales debe ser adecuada para la ordenación social global de los respectivos estados. De hecho, el empleo práctico del criterio de Pareto va más allá del bienestar basado en la utilidad y abarca también al consecuencialismo, ya que se requiere que todas las elecciones de acciones, instituciones, etc., satisfagan la optimalidad de Pareto, de forma que el censecuencialismo se exige de forma implícita, pero firme" [Sen 1989, 57]. 
9 "Un cambio implica una mejora Pareto si nadie se encuentra en peor situación y alguien se encuentra en mejor situación. El óptimo de Pareto sólo garantiza que no es posible realizar ningún cambio para que alguien se encuentre en mejor situación sin que nadie se encuentre en peor situación. Si la suerte de los pobres no puede mejorarse sin reducir la opulencia de los ricos, la situación será un óptimo de Pareto a pesar de la disparidad entre ricos y pobres" [Sen 1972,19-20]. 
10 "En la pequeña caja en la que se confinó a la economía del bienestar, donde la optimalidad de Pareto era el único criterio de valoración y el comportamiento egoísta la única base de elección económica, las posibilidades de decir algo interesante se hicieron extremadamente pequeñas. Una proposición importante en este reducido territorio es el dominado 'teorema fundamental de la economía del bienestar, que pone en relación los resultados de mercado en situación de competencia perfecta con la optimalidad de Pareto ... Éste es un resultado extraordinariamente elegante que proporciona una visión profunda sobre la naturaleza


jueves, 25 de junio de 2020

8. Críticas al Mainstream I | Carlos Rodríguez Braun - Universidad Compl...

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CRÍTICA A LA ECONOMÍA ORTODOXA

CRÍTICA A LA ECONOMÍA ORTODOXA 

Philip Arestis 
Michel Beaud 
John Cameron 
James A. Caporaso 
Barry Clark 
Ken Cole 
Gilles Dostaler 
Stephen P. Dunn 
Chris Edwards 
George R. Feiwel 
Bernhard Felderer 
Joan García González 
Bernard Guerrien 
O. F. Hamouda 
G. C. Harcourt 
Geoffrey M. Hodgson 
Stefan Homburg 
Oscar Lange 
Marc Lavoie 
David P. Levine 
Alan Marin 
Karl Marx 
Ronald L. Meek 
José Manuel Naredo 
Thomas I. Palley 
Geoffrey Pilling 
Joan Robinson 
Claudio Sardoni 
Malcom Sawyer 
Richard Startz 
Paul M. Sweezy 
Thorstein Veblen 
Bernard Walters 
David Young 

Universitat Autònoma de Barcelona 
Servei de Publicacions 
Bellaterra, 2004

Esta obra recoge una colección de artículos que plantean una revisión crítica de la economía convencional, la que es enseñada en las universidades y la utilizada en el mundo académico, en los negocios e incluso en la economía pública. 
Por cada escuela de pensamiento convencional se ha recogido una selección de textos de reconocidos economistas, pertenecientes a distintos ámbitos del pensamiento económico, que proporcionan una amplia visión crítica de la economía convencional, de sus limitaciones, exageraciones y carencias. 
Según las circunstancias sociales de cada momento, el pensamiento económico ha ido desarrollando unas u otras líneas de expresión. 
En la evolución de estas ideas han ido sobreviviendo las más afines con los intereses dominantes de cada época, mientras se iban marginando las menos acordes con aquéllos, hasta dar lugar a la conformación de un cuerpo de ideas y doctrinas que actualmente se conoce como la economía convencional, la economía ortodoxa o, simplemente, como economía, usurpando e ignorando con esta denominación cualquier otra forma de pensamiento económico. Todavía más, en las últimas tres décadas, sólo una de estas escuelas, la neoclásica, apoyada por los grandes intereses económicos del mundo, y por los no menos corporativos, como los académicos, se ha convertido aparentemente en el único paradigma riguroso, científico y políticamente válido; todo un espléndido ejercicio de pensamiento único. 
El objetivo de este libro es múltiple: en primer lugar, pretendemos poner de relieve el relativismo del pensamiento económico y cómo éste depende en cada época de los intereses económicos dominantes; en segundo lugar, estimular el conocimiento profundo de sus limitaciones; y en tercer lugar, y el más importante, estimular el estudio y la búsqueda de otras interpretaciones en el mundo de la economía, que sirvan de ayuda para la comprensión y transformación de esta sociedad. 
Asimismo, deseamos y esperamos que pueda servir de instrumento para muchos economistas y estudiantes de economía que, buscando una aproximación crítica a la economía convencional, no encuentran materiales adecuados para estudiarla.

Índice 
Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 

UNA VISIÓN GENERAL 

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21 
La economía, hoy, por Joan Robinson . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 
La crisis de la ciencia económica establecida, por José Manuel Naredo . . . . . . 29 
1. Algunos síntomas de crisis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29 
2. Críticas externas a los enfoques usuales de los economistas . . . . . . . . . . . . 30 
3. Críticas internas a la profesión: circularidad versus insatisfacción y ruptura . . . . . . . . . 33 
4. La crisis de la ciencia económica y las revoluciones científicas . . . . . . . . . 43 

Prólogo a la segunda edición. 
Evolución reciente del pensamiento económico: 
entre la reconstrucción intelectual y la congelación conceptual, por José Manuel Naredo . . . . 49 

El absolutismo del individualismo de mercado, por Geoffrey M. Hodgson . . . . 67 
1. Los límites de los contratos y de los mercados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70 
2. El individuo es el mejor juez de sus necesidades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74 
3. El aprendizaje, un desafío al individualismo de mercado . . . . . . . . . . . . . . 79 
4. El individualismo de mercado y la jaula de hierro de la libertad . . . . . . . . . 85 
5. La supuesta omnipresencia del mercado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90 
6. Las organizaciones y las condiciones para la innovación y el aprendizaje . 93 
7. El individualismo de mercado y la intolerancia de la diversidad estructural . 95 
8. Evaluando diferentes tipos de instituciones de mercado . . . . . . . . . . . . . . . 97 

Prefacio, por Ken Cole, John Cameron, Chris Edwards . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 
1. La teoría del valor de la preferencia subjetiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111 
2. La teoría del valor del coste de producción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113 
3. La teoría del valor-trabajo abstracto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115 
4. ¡Tener que aprender una teoría económica ya es lo bastante malo! . . . . . . 11

Introducción a «Contribución a la crítica de la economía política», por Karl Marx . . . . 121 
1. La producción en general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121 
Algunas reflexiones sobre economía y ecología, por Joan García González . . . 125 
Reflexiones en torno a cómo se ha utilizado la hipótesis evolucionista . . . . . 125 
Reflexiones acerca de cómo se ha utilizado la mecánica newtoniana y otras aportaciones de las ciencias físicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126 
Reflexiones respecto a cómo se han manejado las acotaciones físicas en nuestro sistema socioeconómico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128 

LAS CORRIENTES TRADICIONALES 
Los clásicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 
1. El contexto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 
2. Algunas ideas básicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
 3. Acerca de la crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135 
4. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139 

El enfoque clásico, por James A. Caporaso, David P. Levine . . . . . . . . . . . . . . . 141 
1. La economía política en la tradición clásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141 
2. Valor y distribución . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152 
3. La distribución de la renta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 154

Las preconcepciones de los economistas clásicos, por Thorstein Veblen . . . . . . 159 
El Capital, por Karl Marx . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179 

Marx y Keynes: la crítica de la ley de Say, por Claudio Sardoni . . . . . . . . . . . . . 183 
1. Introducción: La revolución de Keynes y las previsiones de Marx . . . . . . . 183 
2. La crítica de Marx a la ley de Say . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185 
3. La crítica de Keynes a la ley de Say . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193 
4. Conclusión: la «economía empresarial» de Marx y de Keynes . . . . . . . . . . 196 

La ley de Say: reformulación y crítica, por Oscar Lange . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203 
Los neoclásicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 221 
1. El contexto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 221 
2. Premisas del modelo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 222 
3. Los monetaristas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 224 
4. Acerca de la crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 224 
5. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225 

La necesidad de una alternativa, por Marc Lavoie . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 
1. Objetivos del libro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 
2. Programas de investigación y todo eso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229 
3. Presuposiciones de los paradigmas neoclásicos y postclásicos . . . . . . . . . . 231 
4. El dominio de la economía neoclásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 238 
5. Los estudios empíricos y la economía neoclásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 242 
6. Los límites de la teoría neoclásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 248 

El equilibrio general, por Bernard Guerrien . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267 
El problema de la existencia de un equilibrio general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267 
La existencia de un equilibrio general: de Walras a Debreu . . . . . . . . . . . . . . 268 
Las hipótesis sobre las formas de los mercados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 268 
Las hipótesis sobre los gustos, la tecnología y las dotaciones . . . . . . . . . . . . . 269 
estructura del modelo de Arrow-Debreu: 
variables exógenas y variables endógenas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 270 
El lugar del trabajo en la teoría del equilibrio general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271 
Equilibrio y mercado de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 272 
El estatus de las empresas en el modelo de Arrow-Debreu . . . . . . . . . . . . . . . 273 
¿Es nulo el beneficio en el equilibrio? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 274 
El problema del beneficio en la teoría neoclásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 275 
El dilema de los rendimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 276 
¿Cuál es el papel del empresario? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277 
Los mercados contingentes a plazo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 278 

La universalidad de la economía convencional, por Geoffrey M. Hodgson . . . . 279 
1. Las afirmaciones universalistas de la economía convencional . . . . . . . . . . 280 
2. Universalismo versus realismo en la economía de Hayek . . . . . . . . . . . . . . 283 
3. Las especificidades ideológicas ocultas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 285 
4. Los límites del análisis contractual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 288 
5. Actor y estructura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29

1 La libertad es el mercado: la teoría del valor de la preferencia subjetiva, por Ken Cole, John Cameron, Chris Edwards . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 299 
1. De la teoría del valor «guiada» por el trabajo a la teoría de la preferencia subjetiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 299 
2. La naturaleza de la teoría de la preferencia subjetiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303 
3. La base de la organización social: ¿qué puede ofrecerme la sociedad? . . . 306 
4. Algunos problemas de la teoría de la preferencia subjetiva: 
consumidores sin ingresos, empresarios sin competidores, mercados sin estabilidad . . . . 309 

La política de la teoría de la preferencia subjetiva: un marco para la libertad, por Ken Cole, John Cameron, Chris Edwards . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 315 
1. La estrategia política general asociada a la teoría de la preferencia subjetiva . 315 
2. La economía como muchos mercados: el análisis del equilibrio general . . 318 
3. Política económica y teoría de la preferencia subjetiva: el monetarismo . . 321 
4. Conclusión: hacia una crítica de la teoría de la preferencia subjetiva . . . . . 326 

Monetarismo, por Bernhard Felderer, Stefan Homburg . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331 
1. Las bases teóricas, o: monetarismo frente a keynesianismo . . . . . . . . . . . . 333 
2. Las investigaciones empíricas, o: monetarismo frente a fiscalismo . . . . . . 341 
3. Las inferencias políticas, o: monetarismo versus activismo . . . . . . . . . . . . 344 
4. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 345 

El keynesianismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347 
1. El contexto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347 
2. Las ideas básicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 349 
3. Acerca de la crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 351 
4. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 352 
John Maynard Keynes, por Paul M. Sweezy . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 353 
El lugar de Keynes en la historia del pensamiento económico, por Ronald L. Meek 359 

Kalecki y Keynes, por George R. Feiwel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 373 
1. Los árboles genealógicos intelectuales de Kalecki y Keynes . . . . . . . . . . . 373 
2. Crítica de Kalecki a la Teoría general de Keynes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 375 
3. Puntos de diferencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 379 

ÍNDICE 7 
El significado de la revolución keynesiana, por Geoffrey Pilling . . . . . . . . . . . . 387 
1. Keynes: laissez faire y el rol del Estado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 387 
2. ¿Causó el keynesianismo el boom de la posguerra? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 395 
3. La visión tradicional del capital . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 397 
Deficiencias en la explicación keynesiana y en sus propuestas de política económica, por Alan Marin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 401 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 401 
2. La exogeneidad de los salarios nominales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 402 
3. ¿Es el desempleo siempre voluntario? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 406 
4. Salarios reales y desempleo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 412 
5. Desempleo de equilibrio o de desequilibrio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 418 
6. Ciclos económicos y desestabilización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 420 
7. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 428 

La teoría neoclásica actual y Keynes, por Bernard Guerrien . . . . . . . . . . . . . . . 431 
1. Un tema central en Keynes: la incertidumbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 432 
2. Equilibrios de subempleo y paro involuntario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 433 
3. La noción de equilibrio de Keynes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 434 
4. Keynes y el «primer postulado de los clásicos» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 436 
5. ¿Salarios «rígidos» o «flexibles»? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 437 
6. La posición que ocupan el trabajo y el salario en Keynes . . . . . . . . . . . . . . 438 
7. Keynes y la «ley de Say» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 439 

Las nuevas corrientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 443 
1. Nuevos neoclásicos y postkeynesianos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 444 
2. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 445 

Sobre Babel y tres figuras del pensamiento económico actual, por Michel Beaud, Gilles Dostaler . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447 
1. Babel: los economistas en su nuevo mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447 
2. Penélope: del rigor teórico a la complejidad mundial, tejiendo el paño imposible . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 449 
3. Sísifo: reconstruyendo eternamente la heterodoxia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 454 
4. Ícaro: el vuelo roto del pensamiento económico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 459 

Conflicto, distribución y finanzas en las tradiciones macroeconómicas alternativas, por Thomas I. Palley . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 469 
1. Construcciones alternativas acerca del proceso macroeconómico . . . . . . . 469 
Los nuevos neoclásicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 483 
1. El contexto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 483 
2. Los «Nuevos Neoclásicos» . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 484 
3. Acerca de la crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 485 
4. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 487 
Introducción, por ,Bernard Guerrien . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 489 
1. ¿Volver a un enfoque de equilibrio general? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 489 
2. El problema de la agregación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 489 
3. La nueva macroeconomía neoclásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 491

 Conclusión general . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 497 
1. ¿Cómo es esto posible? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 498 
La perspectiva liberal clásica, por Barry Clark . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 501 
1. Los principios del liberalismo clásico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 501 
2. El liberalismo clásico hoy . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 502 

La perspectiva liberal moderna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 505 
1. La economía postkeynesiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 505 

Inflación y desempleo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 506 
1. Políticas de estabilización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 509 
Nueva economía clásica, por Bernhard Felderer, Stefan Homburg . . . . . . . . . . 511 
1. Expectativas y expectativas racionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 512 
2. La curva de Phillips. La estanflación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 516 
3. La visión de los nuevos clásicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 521 
4. El modelo de los nuevos clásicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 522 
5. Inferencias de política económica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 526 
6. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 531 

Notas sobre competencia imperfecta y la nueva economía keynesiana, por Richard Startz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 535 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 535 
2. Las corrientes de la nueva economía keynesiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 538 
3. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 548 

Enfoques económicos de la política, por James A. Caporaso, David P. Levine . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 551 
1. Definiendo el enfoque económico de la política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 553 
2. Aplicaciones de las teorías económicas de la política . . . . . . . . . . . . . . . . . 557 
3. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 577 

La eficiencia de la política económica, por Alan Marin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 585 
1. Expectativas racionales e ineficiencia de la política económica . . . . . . . . . 585 
2. Credibilidad y consistencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 592 
3. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 597 

Los postkeynesianos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 599 
1. El contexto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 599 
2. Algunas variantes postkeynesianas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 601 
3. Algunas ideas básicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 602 
4. Un esbozo de crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 604 
5. Lecturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 605 

Economía postkeynesiana: hacia la coherencia, por Philip Arestis . . . . . . . . . . . 607 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 607 
2. La metodología en la economía postkeynesiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 611 
3. Principales aspectos teóricos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 615 
4. Políticas económicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 627 
5. Resumen y conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 629 

ÍNDICE 9 
Postkeynesianismo: ¿de la crítica a la coherencia?, por O. F. Hamouda, G. C. Harcourt . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 637 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 637 
2. Líneas que se derivan de la economía política clásica . . . . . . . . . . . . . . . . 638 
3. De la economía política clásica, a través de Marshall, a Keynes . . . . . . . 639 
4. Corriente 1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 641 
5. La segunda corriente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 645 
6. La tercera corriente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 648 
7. Precios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 651 
8. Las contribuciones de Kaldor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 654 
9. Crecimiento y dinámica: Joan Robinson, Pasinetti y Goodwin . . . . . . . . 655 
10. Las contribuciones de Godley y sus colegas del DAE . . . . . . . . . . . . . . . . 658 
11. Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 659 

Políticas económicas keynesianas para el nuevo milenio, por Philip Arestis, Malcom Sawyer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 669 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 669 
2. El funcionamiento de las economías de mercado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 670 
3. Las limitaciones al pleno empleo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 671 
4. Políticas keynesianas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 674 
5. Algunos temas pendientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 679 
6. Resumen y conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 680 

Sobre la coherencia de la economía postkeynesiana, por Bernard Walters, David Young . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 685 
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 685 
2. La importancia de la coherencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 687 
3. Coherencia en relación a las escuelas de pensamiento existentes . . . . . . . . 688 
4. Coherencia en términos de una particular metodología/modo de pensamiento 690 
5. Coherencia respecto a un programa unificado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 695 
6. Coherencia respecto a los temas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 696 
7. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 703 

La economía postkeynesiana y sus críticos por Philip Arestis, Stephen P. Dunn, Malcom Sawyer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 707 
1. La falta de un tema organizador central y de coherencia . . . . . . . . . . . . . . 708 
2. Aspectos metodológicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 710 
3. Expectativas, incertidumbre y tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 714 
. La estructura del mercado y la naturaleza de los precios . . . . . . . . . . . . . . 715 
5. El análisis postkeynesiano del dinero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 716 
6. La política económica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 717 
7. Sobre Kalecki y Keynes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 719 
8. La economía postkeynesiana y el enfoque neoricardiano . . . . . . . . . . . . . 721 
9. Resumen y conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 722 

Post-keynesianismo y coherencia: 
una respuesta a Arestis, Dunn y Sawyer, por Bernard Walters, David Young . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 727 


 Presentación 
Todos sabemos que estudiar economía en la actualidad supone estudiar un tipo de economía: la economía neoclásica que se inició a fines del siglo XIX como el marginalismo y que, con distintas variantes y matices, domina el pensamiento económico hasta nuestros días (y es de temer que durante mucho tiempo todavía). Desde su inicio por los autores denominados primero marginalistas, esta escuela fue recibida con gran interés por las clases dominantes y el establishement académco. Venía nada menos que a justificar «científicamente» el beneficio al capital y a maltratar la posibilidad de continuidad del sistema económico-social, frente a los augurios mi pesimistas de los clásicos que la precedieron y especialmente de Marx. Rápidamente ' convirtió en el pensamiento económico dominante e incluso el potente ataque que Keynes realizó de algunos de sus aspectos no consiguió sacudir sus cimientos. Keynes nunca rompió con el esquema neoclásico y pronto se descubrió que cierto tratamiento del keynesianismo permitía integrarlo dentro de la escuela principal como síntesis neoclásica. Sólo mucho más tarde, en los ochenta, se convertirá el keynesianismo en ur vertiente de pensamiento muy incómoda y, en consecuencia, rechazada por los clásicos. A pesar de esta posición de predominio, a mediados del siglo xx existía algún debo te en economía. 
El keynesianismo entonces dominante se enfrentaba al monetarismo (Friedman, que ya en los cincuenta puso en cuestión la interpretación teórica y las prescripciones de política económica del keynesianismo, anunciando ya la recuperad< de las versiones más ortodoxas de los neoclásicos. Al mismo tiempo, la otra gran líbre de pensamiento económico, la marxista, que ya desde antes de la segunda guerra mu dial había quedado relegada a quienes tenían una visión distinta de la legitimidad d sistema capitalista, iniciaba una recuperación y durante los últimos cincuenta y la deuda de los sesenta tuvo una presencia significativa, si bien minoritaria, en los planteamientos teóricos de la economía, especialmente en los países periféricos. [...]

El predominio de la escuela neoclásica en la actualidad es de tal magnitud que prácticamente no se reconoce ningún otro tipo de pensamiento económico. El pensamiento económico neoclásico se ha convertido en "la ciencia económica" y es el único que se considera «serio, riguroso y científico». Todo intento de utilizar otros esquemas alternativos, incluso sólo de aproximarse a otras escuelas para explorar su potencialidad, es rechazado con una mezcla de acritud y desprecio como retrasado y obsoleto. Ni siquiera se le concede un lugar en el debate científico. Se postula su invalidez y se le condena al ostracismo. En el mejor de los casos se le considera como una curiosidad del pasado para aquellos que quieran revisar la evolución del pensamiento económico. Pero incluso en esta consideración las demás escuelas sólo suponen construcciones previas más imperfectas que han venido evolucionando hasta dar lugar a la construcción hoy definitiva: las ideas neoclásicas, principalmente en su versión de equilibrio general y sus diversas variantes. Incluso las ideas keynesianas, que nunca constituyeron una ruptura radical del esquema neoclásico, son incluidas actualmente entre la heterodoxia. La interpretación neoclásica se ha convertido en el «pensamiento único» de la economía, constituye la única versión ortodoxa, engloba a toda la «ciencia» económica convencional. No hay ni siquiera debate, sólo ignorancia, descalificación y desprecio hacia las demás interpretaciones. 

Pero quien se aproxime a este pensamiento con la intención de entender el funcionamiento de la sociedad actual se encontrará con grandes dificultades. El pensamiento neoclásico presenta insuficiencias insalvables tanto para explicar teóricamente la dinámica de la sociedad actual como para enfrentar los múltiples y graves problemas que existen en esta sociedad y orientar una acción transformadora de la misma. Sus insuficiencias son palpables como se verá en este trabajo. Una visión crítica y transfonnadora de la economía o de la sociedad actual son difíciles de interpretar, por no decir imposible, con la ciencia económica convencional. 

Quien, insatisfecho con las explicaciones que obtiene de esta visión convencional, trata de explorar otras posibilidades se encuentra con grandes dificultades: no hay mucha bibliografía al respecto, es poco conocida y menos accesible. Tampoco se hallan con facilidad interlocutores para contrastar ideas y opiniones en esta dirección. Explorar el pensamiento económico con una visión crítica de la interpretación neoc1ásica se ha convertido en una tarea que desafía las posibilidades de muchas personas a quienes les interesaría hacerlo. No solamente esto, sino que muchos profesionales de la economía, y en especial los profesores de esta disciplina en sus diversas ramas, en las universidades españolas tienen grandes dificultades para poder proporcionar una orientación concreta sobre el estudio de la economía desde una óptica crítica a los estudiantes de nuestras facultades. Bastante profesores realizan aproximaciones críticas a sus materias, pero cuando se trata de ayudar a los estudiantes a estudiar sistemáticamente las insuficiencias de la economía ortodoxa se les presentan bastantes dificultades para orientarles sobre las lecturas que les pueden ayudar. Es más fácil tener un enfoque individual crítico que enseñar a otros acerca de como adquirirlo. 

De aquí que algunos jóvenes licenciados en Economía con inquietudes por tener una visión más amplia de la disciplina que recogiera su vertiente crítica, tanto en sus aspectos teóricos como aplicados, iniciaron, con la colaboración de algunos economistas más veteranos, un seminario sobre economía crítica en Barcelona. En las VI Jornadas de Economía Crítica la formación de un grupo de trabajo sobre el tema estimuló su interés y reforzó el intento de realizar un estudio sistemático de la economía desde una vertiente crítica. 

Se decidió dedicar una primera etapa de este seminario a revisar la teoría convencional que todos hemos estudiado. Se pretendía, primero, entender lo que significa en su conjunto la teoría convencional y profundizar en su análisis crítico, antes de iniciar una segunda etapa en la que se trabajarían aquellos aspectos teóricos que parecen más prometedores para entender la sociedad actual y colaborar a transformarla. 

Con este objetivo hemos venido reuniéndonos regularmente después de nuestras horas de trabajo, de forma voluntaria e informal. Nuestra tarea ha consistido en buscar bibliografía crítica sobre el pensamiento económico ortodoxo, leerlo y comentar y debatir sobre el mismo con el objetivo de evaluarlo como instrumento para entender la organización económica de la sociedad actual. 

Nuestra visión crítica parte de considerar que el enfoque adecuado para el estudio de la organización material de la sociedad, que es para nosotros el objetivo de análisis de la economía, requiere una aproximación en términos de economía política; es decir, integrador de la consideración de las diversas facetas de la vida social. Asimismo, el objetivo de nuestra tarea es entender cuáles son las variables que rigen la dinámica de esta sociedad para poder participar en transformarla en una sociedad más justa y satisfactoria para todos. No es sorprendente, por tanto, que nuestro trabajo se quiera colocar desde el principio en la línea que P. Baran situaba al señalar: « ... ciertamente parece deseable romper con la larga tradición de la economía académica de sacrificar la relevancia de la materia a la elegancia del método analítico; es mejor tratar imperfectamente lo que es importante que ejercer el virtuosismo en el tratamiento de lo que no importa" (Baran, 1962, 22). Hemos pretendido realizarlo con la máxima seriedad y rigor del que somos capaces. 

Al final de 1999 creemos que algo hemos avanzado en la revisión, desde una óptica crítica, del pensamiento económico ortodoxo. A comienzos de 2000 nos proponemos empezar a explorar las corrientes más heterodoxas con la esperanza de encontrar en ellas elementos más adecuados para interpretar la sociedad en que vivimos e intentar su transfonnación. Nuestros planes de trabajo inmediato consisten en continuar profundizando en el pensamiento postkeynesiano, principalmente en las versiones más kaleckianas del mismo, porque nos parece que tiene un gran potencial para orientar un enfoque crítico de algunos aspectos de la economía, e iniciar un estudio riguroso de la economía marxista que evalúe su potencialidad para el análisis de las sociedades modernas, los problemas teóricos que plantea y la evolución de sus diversas corrientes. Querríamos también realizar una revisión de la Escuela de la Regulación.



miércoles, 24 de junio de 2020

Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre) / Homo homini deus (el hombre es un dios para el hombre)

Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre) / Homo homini deus (el hombre es un dios para el hombre)


Generalmente la frase “homo homini lupus” se atribuye al pensador inglés Thomas Hobbes ( 1588 – 1679), autor entre otras muchas obras del Leviatán, obra esencial en el desarrollo de la filosofía política en la Edad Moderna y del pensamiento liberal, pero él nunca se adjudicó la autoría.
Según Hobbes el hombre avanza, desde el “estado de naturaleza”  de “guerra de todos contra todos” (bellum ómnium contra omnes),  hacia una sociedad organizada; primero a un estado de “ley natural” que impide al hombre atentar contra la vida y luego a un estado de derecho positivo, fruto del pacto social.  Así pues, con Locke y su “Dos tratados sobre el gobierno civil” y Rousseau y su “Contrato Social”  aborda en época moderna el origen de la sociedad. También pensadores antiguos, como Platón en  su República Aristóteles, se plantearon esta cuestión, pero eso merece un extenso artículo que en alguna ocasión haré.

No es Hobbes el autor de la célebre frase homo homini lupus

Pues bien, es cierto que Hobbes utilizó la expresión “Homo homini lupus” en determinado contexto, pero nunca reivindicó su paternidad, que no le corresponde, aunque probablemente ha sido quien más ha contribuido en época moderna a su extensión y conocimiento.
Pero, si Hobbes no creó la citada frase, ¿Quién lo hizo?
Hace unos pocos días unos buenos amigos de reconocido prestigio intelectual lo planteaban en una de las más extendidas redes sociales. Me sugirieron la posibilidad de indagar un poco más en el origen y significado de la citada frase.
En primer lugar es conveniente conocer con un poco más de detalle la frase de Hobbes en su contexto o al menos en el párrafo en el que queda inmersa.
Hobbes emplea la frase al principio de la obra “De cive”, “Sobre el ciudadano” en la dedicatoria al conde de Devonshire. En realidad el título inicial y completo era “Elementa Philosophica de Cive”“Elementos filosóficos acerca del ciudadano”.
Como quiera que la obra comienza con una valoración general sobre la antigua Roma y su imperio,  y este blog trata precisamente sobre la Antigüedad, me permito reproducir una parte más extensa que la mera reproducción de la frase en cuestión. De paso el lector comprobará cómo hasta bien entrado el siglo XX todo intelectual y pensador era un buen conocedor de la Antigüedad clásica; es ahora cuando avanzamos hacia un desconocimiento cuasi absoluto que privará a los jóvenes del conocimiento de buena parte de su propia identidad.
La obra la escribió Hobbes en latín, lengua internacional de la ciencia y del pensamiento todavía entonces, y se publicó en 1642 en París y en 1651 apareció la traducción al inglés con el título ‘Philosophicall rudiments concerning government and society‘. Así que ofreceré los textos en  las tres versiones, incluida la española:
Elementos filosóficos sobre el ciudadano (De cive)
Al muy honorable Guillermo, Conde de Devonshire
Excelentísimo señor:
Era un dicho del pueblo romano, enemigo de los reyes por el recuerdo de los Tarquinios y por las instituciones de la ciudad, pronunciado por la boca de Marco Catón el Censor, que todos los reyes eran del género de las bestias rapaces. Pero ¿acaso el mismo pueblo romano que había expoliado casi todo el orbe de la tierra, a los africanos, los asiáticos, los macedonios, los aqueos, y a todos los demás para ser llamados ciudadanos por gentes a su vez expoliadas, acaso no era también como una bestia? 
No con menos acierto que Catón lo dijo también Poncio Telesino. Se encontró este en la guerra contra Sila junto a la Puerta Colina pasando revista a los escuadrones de su ejército y dijo con grandes voces que la misma Roma debía ser destruida y arrasada, porque añadía que nunca faltarían lobos que robaran la libertad itálica si no era arrasado el bosque en el que suelen refugiarse.
Ciertamente, estas dos cosas se han dicho con toda verdad: el hombre es un dios para el hombre, y el hombre es un lobo para el hombre. La primera si comparamos los ciudadanos entre sí; la segunda si comparamos las ciudades. En el primer caso se llega a la semejanza con Dios por la justicia y también por la caridad y las virtudes de la paz; en el segundo, por la depravación de los malos, los buenos también tienen que recurrir, si quieren protegerse, a las virtudes de la guerra, la violencia y el engaño, esto es, la rapacidad de los animales. Y aunque los hombres la consideran recíprocamente como un vicio unos a otros, de manera natural, porque colocan sus hechos en las otras personas, como en un espejo en el que la izquierda es la derecha; y piensan que la derecha es la izquierda;  así el derecho natural que surge de la necesidad de la propia conservación no permite que sea un vicio. Quizás algunos han podido admirarse sin embargo de que en Catón, hombre de sabiduría muy celebrada, haya podido imponerse hasta tal punto el odio sobre el juicio, la pasión sobre la razón,  que piensa que lo que es justo si lo hace el pueblo, lo mismo es injusto si lo hacen los reyes; pero yo hace ya mucho tiempo que soy de la opinión de que nunca fue extraordinaria la opinión que agrada al pueblo, ni una  sabiduría superior a la vulgar puede ser conocida por el pueblo, bien porque no la comprenden o comprendiéndola la igualan (a la vulgar).
Populi Romani, memoria Tarquiniorum, et civitatis instituto, Regibus iniqui, vox erat (Excellentiss.Domine) prolata ore Marci Catonis Censoris, Reges omnes de genere esse bestiarum rapacium. Ipse autem Populus Romanus, qui per Africanos, Asiaticos, Macedonicos, Achaicos, caeterosque a spoliatis gentibus cognominatos cives, totum fere orbem terrarum diripuerat, qualis bellua erat? Non minus ergo quam Cato, sapienter dixit Pontius Telesinus.Is praelio ad Portam Collinam contra Syllam circumvolans ordines exercitus fui; vociferatusque, eruendam delendamque ipsam Romam, adiiciebat, numquam defuturos Raptores Italicae libertatis Lupos, nisi sylva, in quam refugere solerent, esset excisa.
Profecto utrumque vere dictum est, Homo homini Deus, et Homo homini Lupus. Illud, si concives inter se; Hoc, si civitates comparemus. Illic iustitia et charitate, virtutibus pacis, ad similittudinem Dei acceditur; Hic propter malorum pravitatem, recurrendum etiam bonis est, si se tueri volunt, ad virtutes Bellicas,vim et dolum, id est, ad ferinam rapacitatem. Quam etsi hominess pro convitio invicem obiiciant, more innato, facta sua in personis alioru, tanquam in speculo, sinistra dextra; dextra sinistra existimantes; vitium tamen esse non sinit profectum a necessitate conservationis propriae ius naturale. Quod autem Catoni,viro spientiae celebratissimae, odium pro iudicio, affectus pro ratione imponere in tantum potuit, ut quod aequum in populo suo, idem reges facere iniquum censeret, mirari fortasse alii poterunt, ego sane in ea opinione iam diu sum,neque egregiam sententiam unquam fuisse quae placuit populo, neque sapientiam vulgari maiorem vulgo agnosci posse; quipped quam vel non intelligent, vel intelligentes aequant.
To the Right Honourable, William, Earle of Devonshire,
My most honoured Lord
May it please your Lordship,
It was the speech of the Roman people (to whom the name of King had been render’d odious, as well by the tyrannie of the Tarquins, as by the Genius and Decretals of that City) ‘Twas the speech I say of the publick, however pronounced from a private mouth, (if yet Cato the Censor were no more than such) That all Kings are to be reckon’d amongst ravenous Beasts.  But what a Beast of prey was the Roman people, whilst with its conquering Eagles it erected its proud Trophees so far and wide over the world, bringing the Africans, the Asiaticks, the Macedonians, and the Achaeans, with many other despoyled Nations, into a specious bondage, with the pretence of preferring them to be Denizens of Rome? So that if Cato’s saying were a wise one, ‘twas every whit as wise that of Pontius Telesinus; who flying about with open mouth through all the Companies of his Army, (in that famous encounter which he had with Sylla) cryed out, That Rome her selfe, as well as Sylla, was to be raz’d; for that there would alwayes be Wolves and Depraedatours of their Liberty, unlesse the Forrest that lodg’d them were grubb’d up by the roots. To speak impartially, both sayings are very true; That Man to Man is a kind of God; and that Man to Man is an arrant Wolfe. The first is true, if we compare Citizens amongst themselves; and the second, if we compare Cities. In the one, there’s some analogie of similitude with the Deity, to wit, Justice and Charity, the twin-sisters of peace: But in the other, Good men must defend themselves by taking to them for a Sanctuary the two daughters of War, Deceipt and Violence: that is in plaine termes a meer brutall Rapacity: which although men object to one another as a reproach, by an inbred custome which they have of beholding their own actions in the persons of other men, wherein, as in a Mirroir, all things on the left side appeare to be on the right, & all things on the right side to be as plainly on the left; yet the naturall right of preservation which we all receive from the uncontroulable Dictates of Necessity, will not admit it to be a Vice, though it confesse it to be an Unhappinesse. Now that with Cato himselfe, (a person of so great a renowne for wisdome) Animosity should so prevaile instead of Judgement, and partiality instead of Reason, that the very same thing which he thought equall in his popular State, he should censure as unjust in a Monarchical, other men perhaps may have leisure to admire. But I have been long since of this opinion, That there was never yet any more than vulgar prudence that had the luck of being acceptable to the Giddy people; but either it hath not been understood, or else having been so, hath been levell’d and cryed downe.

Nótese cómo la frase latina “profecto utrumque vere dictum est…” “con verdad se ha dicho…” implica que no es Hobbes el creador, sino que la frase ya existía, ya existía cuando él la dijo.

La frase ha de ser considerada un proverbio

Es más, la frase ha de ser considerada como un proverbio, si aplicamos la doctrina que el gramático Servio hace en su comentario a la Eneida. En ese pasaje explica la expresión “pectore toto”, con todo su pecho, es decir, con todo su corazón, como equivalente a “con todo el afecto” y cita una frase de Cicerón en su De Legibus: Nisi toto pectore amantur, ut dicitur. El gramático dice, que cuando se utiliza la expresión, ut dicitur (como se dice, como dicen, como la gente suele decir, como cuentan, etc.), se trata de un proverbio:
Servius: Enedia, IX, 276.
Con todo el corazón. Con todo afecto. Es un proverbio. Cicerón en el “Sobre las leyes”: a no ser que se amen con todo afecto. Así pues, cuando dice “ut dicitur” (como se dice ) manifiesta que es proverbial.
“Pectore toto. Omni affectu. Et est de proverbio. Cicero De Legibus: Nisi toto pectore amantur, ut dicitur. Cum enim dicit, ut dicitur, ostendit proverbiale.

¿Cuál es el origen de la frase homo homini lupus?

Ya desde la Antigüedad se cita como probable origen, y frase latina más cercana a la citada de Hobbes, un pasaje de la comedia de Plauto (254-184 a.C.) Asinaria (La comedia de los asnos).
Es una típica comedia en la que se desarrolla un complicado enredo entre un padre, su autoritaria y rica esposa, un hijo enamorado y los esclavos intrigando a favor de sus amos.
El argumento se nos resume al comienzo de la propia obra:
Argumento
Un viejo que vive bajo la férula de su mujer, quiere ayudar económicamente a su hijo, que está enamorado, y da orden de que se le entregue al esclavo Leónidas el precio de unos asnos que debía recibir Sáurea. El hijo entrega el dinero a su amiga y se la cede por una noche al padre. Un rival, desesperado de ver que le han quitado a la muchacha, se lo hace saber todo por medio de un parásito a la mujer del viejo, que se presenta y se lleva al marido del burdel. (Traducción de Mercedes González-Haba. Edit. Gredos)
Argumentum
Amanti argento filio auxiliarier
Sub imperio vivens volt senex uxorio.
Itaque ob asinos relatum pretium Saureae
Numerari iussit servolo Leonidae.
Ad amicam id fertur. cedit noctem filius.
Rivalis amens ob praereptam mulierem,
Is rem omnem uxori per parasitum nuntiat.
Accurrit uxor ac virum e lustris rapit.


¿Fue Plauto el creador de la frase homo homini lupus?

La frase en cuestión aparece en un pasaje en el que el esclavo Leónidas pretende hacerse pasar por el administrador de la casa para que un mercader le entregue  el dinero de la venta de unos asnos y dárselo al muchacho para que a su vez pueda dárselo a la muchacha y a su celestina, sólo ávidas de dinero. Pero el mercader no se deja engañar.
Plauto, Asinaria Acto II, escena IV, v. 484 y ss.
LEONIDAS: ¿Qué, bribón? ¡Con que patibulario! ¿Es que te piensas que rehuimos a nuestro amo? ¡Venga, vete ya al amo, delante del que nos cita, detrás del que andas ya todo el rato!
MERCADER: ¡Ajajá! ¿Ahora al fin? Desde luego que no sacarás ni una perra de aquí (señalándose a sí mismo) , a no ser que Deméneto en persona me dé orden de que lo entregue.
LEONIDAS: Haz lo que te dé la gana, hale, andando pues. Tú puedes hacer ultrajes a los demás y a ti no se te puede decir una mala palabra, ¿no? Tanto soy yo una persona como lo eres tú.
MERCADER: Desde luego, así es.
LEONIDAS: Anda, ven entonces conmigo. Aunque me esté mal el decirlo, nadie me ha hecho a mí hasta ahora nunca jamás un reproche merecido, ni hay hoy por hoy otra persona en toda Atenas que goce de una más reconocida fama de solvencia que yo.
MERCADER: Todo puede ser, pero así y todo, no te saldrás con la tuya de hacerme entregar el dinero a una persona que no conozco. Cuando una persona te es desconocida, pues es para ti, como un lobo, no un hombre.
LEONIDAS: Ya te vas poniendo un poco más manso. Ya sabía yo que te disculparías ante mi humilde persona por tus injurias; aunque me ves así con unos atavíos de nada, pero soy un hombre como Dios manda, y mis riquezas personales no se pueden contar.
MERCADER: Todo puede ser.
LEONIDAS: También Perífanes, un rico comerciante de Rodas me entregó, en ausencia del amo, nada más que él y yo presentes, un talento de plata; hizo confianza en mí y no ha tenido motivo alguno de queja.
MERCADER: Todo puede ser.
LEONIDAS: Y también tú mismo, si te hubieras informado por otros sobre mí, estoy bien seguro, qué caray, de que me hubieras confiado lo que traes.
MERCADER. No digo que no. (Se van)
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)

LEONIDA. Quid, verbero? ain tu, furcifer? erum nos fugitare censes?
ei nunciam ad erum, quo vocas, iam dudum quo volebas.

MERCATOR. Nunc demum? tamen numquam hinc feres argenti nummum, nisi me
dare iusserit Demaenetus.

LEONIDA. Ita facito, age ambula ergo.
tu contumeliam alteri facias, tibi non dicatur?
tam ego homo sum quam tu.

MERCATOR. Scilicet. ita res est.
LEONIDA. Sequere hac ergo.
praefiscini hoc nunc dixerim: nemo etiam me accusavit
merito meo, neque me alter est Athenis hodie quisquam,
cui credi recte aeque putent.

MERCATOR. Fortassis. sed tamen me
numquam hodie induces, ut tibi credam hoc argentum ignoto.
lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.

LEONIDA. Iam nunc secunda mihi facis. scibam huic te capitulo hodie
facturum satis pro iniuria; quamquam ego sum sordidatus,
frugi tamen sum, nec potest peculium enumerari.

MERCATOR. Fortasse.
LEONIDA. Etiam ~ nunc dico Periphanes Rhodo mercator dives
absente ero solus mihi talentum argenti soli
adnumeravit et mihi credidit, nequest deceptus in eo.

MERCATOR. Fortasse.
LEONIDA. Atque etiam tu quoque ipse, si esses percontatus
me ex aliis, scio pol crederes nunc quod fers.

MERCATOR. Haud negassim.—
Exactamente en el verso 495 se dice: «Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit», que podemos traducir literalmente como:
«Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro»
y con una traducción menos literal como:
Cuando una persona te es desconocida, pues es para ti como un lobo, no un hombre.
Así que la frase no aparece en Plauto con la transcendencia que se utiliza después, cuando adquiere la categoría de sentencia, máxima, proverbio, etc.; antes bien, se usa en un contexto de relaciones personales y en una escena cómica de asunto intranscendente. Es esta una diferencia muy importante con Hobbes, donde se refiere nada menos que al estado previo de naturaleza de los hombres, anterior a la constitución de la sociedad humana.
Dicho todo esto,  podemos preguntarnos también, ¿fue Plauto el creador de la frase?
Plauto, es el autor más importante de comedias en latín. Como casi toda la literatura y cultura latina, el teatro también es deudor de los griegos. Plauto no sólo se inspira en comedias griegas sino que a veces prácticamente las traduce y las adapta al nuevo escenario romano. Es más, a veces, se sirve de varias griegas para componer una latina; a esa mezcla se le llamó “contaminación” y esta práctica generó un notable debate en lo que podríamos llamar “crítica literaria” del momento.
Pues bien, la comedia “Asinaria” es una traducción de una griega llamada “El arriero”, Onagos, ᾿οναγός, como se nos dice en el prólogo de la misma obra que suele acompañar a la edición:
PROLOGO V. 6  y ss.
Ahora os diré el motivo por el que he salido aquí a escena y qué es lo que pretendo: se trata simplemente de deciros el título de la comedia, porque por lo que toca al argumento, bien breve que es. Ahora os voy a decir lo que dije que quería deciros: esta comedia se llama en griego “El arriero” y su autor es Demófilo; Maco (Plauto) la ha traducido al latín, y con vuestro permiso, la quiere titular “Asinaria”; la pieza tiene gracia y chiste, es una comedia de risa. Ahora tened la amabilidad de prestarnos vuestra atención, y que el dios Marte os siga protegiendo como ya lo ha hecho en otras ocasiones.
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)

nunc quid processerim huc et quid mihi voluerim
dicam: ut sciretis nomen huius fabulae;
nam quod ad argumentum attinet, sane brevest.
nunc quod me dixi velle vobis dicere,
dicam: huic nomen graece Onagos fabulae;
Demophilus scripsit, Maccus vortit barbare;
Asinariam volt esse, si per vos licet.
inest lepos ludusque in hac comoedia,
ridicula res est. date benigne operam mihi,
ut vos, ut alias, pariter nunc Mars adiuvet.   

¿Extrajo Plauto, pues, de la obra griega la frase que luego, con una pequeña modificación, se ha hecho tan famosa?  Muy probablemente así ocurrió; es muy probable que la frase estuviera ya en la comedia de Demófilo,  pero no tenemos un conocimiento incontestable de ello. Empleada por Demófilo o por otros griegos, la frase sonaría más o menos como consta muchos años después en Erasmo: Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος (ánthroposs ánthropou lýkos).

Homo homini deus, el hombre es un dios para el hombre

En todo caso, en el mundo griego es bien conocida y frecuente una frase  que es precisamente la antítesis de la anterior: ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον (anthropos anthropou daimonion),   que en latín ha dado “homo homini deus”, y en español “el hombre es un dios para el hombre”. Esta frase precisamente es la que aparece en Hobbes en contraposición a “el hombre es un lobo para el hombre”, aunque sea precisamente esta la que ha obtenido más fortuna.
ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον (anthropos anthropou daimonion) es una sentencia o frase hecha frecuente en griego y atestiguada en numerosas ocasiones y por supuesto también su correspondiente en latín  “Homo homini deus”,.
En griego, por ejemplo aparece en el “Corpus paroemiographorum graecorum” al menos cuatro veces:  en el caso de Zenobios, I,91; en Diogenianus o pseudo Diogenianus, I, 80  y I, 46; Miguel Apostolios, III,10 y en Gregorio de Chipre I,50.
En latín,  el poeta cómico Cecilio (ca 280-ca.168 a.C.) utilizó un verso que se conserva gracias a la cita de Símaco, autor del siglo IV, que  lo utiliza en una carta de agradecimiento:
Símaco, Epistolas IX,114:
“Correctamente el cómico Cecilio dijo: el hombre es un dios para el hombre, si conoce su obligación.”
Recte Caecilius comicus inquit
Homo homini deus est, si suum officium sciat.

Cecilio parece imbuido de la filosofía estoica y del Círculo proheleno de los Escipiones. Recordemos que Terencio había escrito  en su Heautontimorumenos, v. 77:
«homo sum, humani nihil a me alienum puto»,
Soy hombre y nada humano lo considero ajeno a mí.
Pero conviene reproducir la carta entera, muy breve por lo demás, porque nos ayuda a entender la extensión en el uso de esta frase y la razón de su uso.
Con razón dijo el cómico Cecilio que “un hombre es un dios para otro hombre si conoce su obligación”. Yo puedo decir que esta máxima se aviene contigo, que desinteresadamente has aplicado una atención vigilante a nuestros asuntos. Desde entonces vive el recuerdo en nuestro corazón, la alabanza en nuestra boca, y la gloria de tu acción y de tu interés no sólo florece momentáneamente sino que estará viva una eternidad, según me augura mi razón. Ahora incluso sería apropiado un discurso más prolijo para agradecértelo si no temiera dar la sensación de haber pagado de una vez todo lo que debo. No soporta haber recibido un beneficio quien se apresura a liberarse del vínculo y no parece aceptar la ayuda mutua como cun amigo si se ruboriza ante una demora en la demostración de gratitud.  Pero la naturaleza de mi carácter es otra: me apresuro a pagar el interés pecuniario y deseo adeudar durante mucho tiempo la devolución de pruebas de consideración. Que te vaya bien. (Traducción de Juan Antonio Valdés Gallego. Editorial Gredos)
Symmachus . . . . . Recte Caecilius comicus: Homo, inquit, homini deus est, si suum officium sciat. Hanc ego in te dixerim sententiam convenire, qui nostris negotiis curam vigilem praestitisti. Hinc in pectore memoria, laus in ore versatur. Nec in praesentia modo floret facti et studii tui gloria, sed, ut mens augurat, aevum vigebit. Prolixior agendis gratiis sermo etiam nunc competeret, ni vererer, ne simul totum videar expunxisse, quod debeo. Impatiens est accepti beneficii, qui nexu properat liberari: nec videtur mutuam operam quasi amicus accipere, si erubescit ad moram gratiae. Alia mei ingenii ratio est. Pecuniae fenus accelero persolvere: officiorum vices diu opto debere. Vale.
Se trata de una carta de agradecimiento por un bien recibido y en el mundo antiguo está muy extendida la idea de que quien hace un bien, un beneficio a alguien, el benefactor, es un dios.  Esto ayuda a entender la extensión de la deificación de los gobernantes, porque son benefactores (algunos de ellos se llaman precisamente así, evergetes, benefactor, como por ejemplo, Ptolomeo III Evergetes,( en griego: Πτολεμαίος Ευεργέτης),, que vivió  c. 282 – 222 a. C., tercer faraón de la Dinastía Ptolemaica) y también la extensión, y banalización si se prefiere, a cualquier persona que favorezca a un semejante. Es, pues, una frase muy utilizada para reconocer un favor a alguien.
Curiosamente en la misma comedia “Asinaria se usa esta idea, aunque en un contexto burlesco, como corresponde a la comedia, cuando el esclavo exige un tratamiento divino por el favor de dar el dinero, en el verso 712:
ARGIRIPO: Y ahora, ¿qué?; por favor, después de que nos habéis tomado el pelo como os ha dado la gana, ¿nos dais el dinero?
LIBANO: Con la condición de que me dediques una estatua y un altar y de que me hagas la ofrenda de un toro, como si fuera un dios, que yo soy para ti la divinidad de la Salud en persona.
LEONIDA: Amo, no le hagas caso a éste y ocúpae conmigo y dame a mí los honores que él te ha pedido  y hazme una súplica.
ARGIRIPO: Y a ti, ¿qué divinidad te voy a llamar?
LEONIDA: Yo soy la Fortuna y la Foruna a tus pies.
(Traducción de Mercedes González-Haba. Editorial Gredos.)

ARGIRIPUS. Quid nunc, amabo? quoniam, ut est libitum, nos delusistis,
datisne argentum?
LIBANUS. Si quidem mihi statuam et aram statuis
atque ut deo mi hic immolas bovem: nam ego tibi Salus sum.
LEONIDA: Etiam, tu, ere, istunc amoves abs te atque –ipse me adgredere atque illa, sibi quae hic iusserat,mihi statuis supplicasque?
ARGIRIPUS: Quem te autem divom nominem?
LEONIDA: Fortunam, atque Obsequentem

Los textos latinos en los que aparece esta idea de la divinidad del hombre benefactor son infinitos. Pondré tan sólo dos  ejemplos bien significativos.
Virgilio en la primera de sus famosas Églogas agradece a Augusto que no le sean confiscadas sus tierras para dárselas a un soldado. Virgilio le considera un “dios”:
Virigilio, Egloga I, v.6-8:
Títiro:   A un dios, ¡oh Melibeo! Debo estos solaces, porque para mí siempre será un dios.
¡Frecuentemente empapará su altar la sangre de un recental de mis majadas! A él
debo que mis novillas vaguen libremente, como ves, y también poder yo entonar            los cantos que me placen, al son de la rústica avena.

O Meliboee, deus nobis haec otia fecit.
Namque erit ille mihi semper deus: illius aram
Saepe tener nostris ab ovilibus imbuet agnus.
Ille meas errare boves, ut cernis, et ipsum
Ludere quae vellem calamo permisit agresti.

Dice Plinio en su Naturalis Historia,2,7.18-19:
Dios significa para un mortal ayudar a otro mortal y éste es el camino para la gloria eterna. Por él marcharon los romanos más ilustres y por él caminará ahora con paso celestial junto a sus hijos el gobernante más grande de todos los tiempos, Vespasiano Augusto, prestando su ayuda en las malas circunstancias.
De ahí viene la costumbre antiquísima de conceder a quienes más lo merecen la gracia de figurar entre los dioses como les corresponde (y por supuesto que los nombres de los demás dioses y astros, que antes referí, proceden de los méritos de los hombres). Traducción de Ana María Moure Casas. Editorial Gredos
deus est mortali iuvare mortalem, et haec ad aeternam gloriam via. hac proceres iere Romani, hac nunc caelesti passu cum liberis suis vadit maximus omnis aevi rector Vespasianus Augustus fessis rebus subveniens.
hic est vetustissimus referendi bene merentibus gratiam mos, ut tales numinibus adscribant. quippe et aliorum nomina deorum et quae supra retuli siderum ex hominum nata sunt meritis. Iovem quidem aut Mercurium aliterve alios inter se vocari et esse caelestem nomenclaturam,
El pensamiento de Plinio respecto de los dioses quedá también aquí claramente insinuado: próximo al ateísmo: Dios es para un mortal ayudar a los mortales.
La segunda, homo homini lupus, muy probablemente existió en contraposición a la primera, dando lugar a la doble frase, que es posible que estuviera ya en Demófilo, o en otros autores..
La imagen del lobo como animal especialmente cruel para el hombre está sin duda en la relación del lobo con el perro, que curiosamente resulta ser “el amigo más fiel del hombre» y probablemente el animal primeramente domesticado tal vez hace 40.000 años. Los nombres científicos de ambas subespecies son “canis lupus” para el lobo y canis lupus familiaris” para el perro, en virtud de su proximidad genética.
Son infinitos los pasajes en los que el perro es el fiel amigo del hombre (hominis canis amicus optimus); recordemos por ejemplo al perro que reconoce a Ulises, Argos,  cuando regresa a Ítaca; o  ¿qué decir del perro como guardián de la casa del amo si por todo el Imperio aparece la famosa frase “cave canem”, “cuidado con el perro” en la puerta de la finca?.  Si el canis doméstico es el mejor, el canis salvaje será el peor en la imaginación y experiencia popular.
Dejaré para otra ocasión alguna referencia  al mito de la “licantropía” o conversión del hombre en lobo y al hecho de que fuera precisamente Licaón (hombre al que Zeus convirtió en lobo) el que diera las leyes a los humanos e hiciera posible el abandono de la vida salvaje y la aparición de la sociedad humana sometida a normas de derecho.

Entre otros textos latinos próximos a la frase “homo homini lupus” tenemos el verso de Ovidio (43ª.C.-8 d.C)  en Tristia V, elegia VII, vv. 45-46:
“Vix sunt homines hoc nomine digni. Quamquam lupi, saevae plus feritatis habent”.
Recordemos cómo Ovidio, obligado al exilio en el Ponto Euxino, en los límites del Imperio, junto al Mar Negro, pasa sus días sumido en la tristeza y la nostalgia. Castigado por alguna falta que nunca se ha conocido con exactitud, fue impedido de volver más a la Roma que tanta gloria le dio. Allí escribió estos “poemas tristes”, “Tristia”.
Aunque el artículo se está tal vez alargando demasiado con demasiados textos, no me resisto a reproducir unos pocos versos en los que encuadrar el citado y de paso nos informen sobre lo duro que resultaba el exilio para una mundano poeta de éxito en la capital del mundo, Roma.
Preguntado por sus amigos cómo pasa los días, les escribe entre otras cosas:
Tristia, V,VII , versos 37 y ss:
Y sin embargo ni estoy pendiente de ser alabado ni preocupado por un nombre futuro, que más útil mi hubiera sido si lo hubiera ocultado. Entretengo mi alma en los estudios y huyo de mis dolores y procuro dar buenas palabras a mis afanes. ¿Qué más puedo hacer solo en estas playas desiertas o qué otra ayuda puedo intentar buscar a mis males?
Si miro al lugar, el lugar no es nada amable (inamable) y nada puede haber más triste en todo el orbe. Si miro a los hombres, apenas son hombres dignos de este nombre, pues tienen más de animal fiereza que los lobos. No temen a las leyes, sino que  lo justo cede a sus fuerzas y los derechos vencidos yacen bajo la violenta espada. Rechazan los malos fríos con pieles y anchas bragas; sus horribles rostros los cubren con largo pelo; en pocos queda algún vestigio de la lengua griega, que ya suena extranjera pronunciada con sonido Gético.  Ni uno solo hay en este pueblo que pueda medio traducir del latín alguna palabra. Yo mismo, aquel famoso poeta romano, -perdonadme Musas-  me veo obligado a hablar casi todo en lengua sármata. Me avergüenzo de ello y confieso que por la larga falta de uso, apenas si me vienen a la mente las palabras latinas. Y no dudo de que también en este pequeño librito hay no pocas palabras bárbaras. Estas no son culpa del hombre sino del lugar. Y sin embargo para no perder el uso y relación con la  lengua y mi voz se haga muda al sonido patrio, yo mismo hablo conmigo y repaso las palabras que no uso y repito las señales funestas de mi deseo.
nec  tamen, ut lauder, vigilo curamque futuri
nominis, utilius quod latuisset, ago.
detineo studiis animum falloque dolores,
experior curis et dare verba meis.
quid potius faciam desertis solus in oris,
quamve malis aliam quaerere coner  opem?
sive locum specto, locus est inamabilis, et quo
esse nihil toto tristius orbe potest,
sive homines, vix sunt homines hoc nomine digni,
quamque lupi, saevae plus feritatis habent.
non metuunt leges, sed cedit viribus aequum,
victaque pugnaci iura sub ense iacent.
pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,
oraque sunt longis horrida tecta comis,
in paucis remanent Graecae vestigia linguae,
haec quoque iam Getico barbara facta sono.
unus in hoc nemo est populo,
qui forte Latine quaelibet e medio reddere verba queat.
ille ego Romanus vates—ignoscite, Musae!—
Sarmatico cogor plurima more loqui.
en pudet et fateor, iam desuetudine longa
vix subeunt ipsi verba Latina mihi.
nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello
barbara . non hominis culpa, sed ista loci.
ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,
et fiat patrio vox mea muta sono,
ipse loquor mecum desuetaque verba retracto,
et studii repeto signa sinistra mei.

Séneca había expresado la maldad del hombre sin recurrir a la comparación con el lobo en su Epistola a Lucilio número103, en la que advierte que es necesario desconfiar de los hombres.
Como no es excesivamente larga la transcribiré íntegra para facilitar así al lector el conocimiento de una de las 124 cartas con consejos morales que Séneca escribió a su amigo Lucilio, aunque la frase concreta que hace referencia al asunto que nos ocupa es :
… pero el peligro del hombre para el hombre es de cada día.
Ab homine homini quotidianum periculum”.
Séneca, Cartas a Lucilio, 103:
Es necesario desconfiar de los hombres
¿Por qué te preocupas de aquellas cosas que tal vez puedan suceder, pero que también pueden no suceder? Quiero decir el incendio, el hundimiento de la casa y otros accidentes que nos ocurren por azar,  pero no por insidia alguna; antes bien, procura prever y evitar aquellas cosas que nos acechan y pueden asaltarnos por sorpresa. Son accidentes más raros,  aunque graves, naufragar, volcar en un vehículo, pero el peligro del hombre para el hombre es de cada día. Contra éste debes prepararte, a éste tienes que dirigir siempre unos ojos atentos; no existe ningún mal más frecuente, ninguno más pertinaz ni más traidor. La tempestad amenaza antes de estallar, los edificios crujen antes de hundirse, el humo anuncia anticipadamente el fuego, pero los perjuicios que nos vienen del hombre llegan de súbito, y se encubren con tanta mayor diligencia cuanto más cerca los tenemos.
Te equivocas si te fías del rostro de los que se te presentan: tienen cara de hombre, pero alma de fiera, pero en las fieras sólo el primer ataque es peligroso: no persiguen a los que pasan de largo; cuando atacan es siempre obligadas por el hambre o por el miedo, pues sólo la necesidad les impulsa a ser crueles. El hombre, al contrario, mata por gusto. Con todo, piensa tanto en los peligros que vienen del hombre, que llegues a pensar en los deberes que incumben al hombre. Considera los primeros  para no ser herido, y los segundos para no herir. Alégrate de la felicidad de todos, conmuévete con sus desdichas, y acuérdate de lo que tienes que hacer y de lo que debes evitar. ¿Qué conseguirás viviendo así? No que no te hagan daño, sino que no te engañen. Pero refúgiate tanto como puedas en la filosofía: en su seno hallarás protección y en ese santuario estarás seguro, por lo menos más seguro. No tropiezan unos con otros sino cuando siguen la misma vía. Pero no uses la filosofía con jactancia: para muchos fue causa de peligro el hecho de haberla conducido por caminos de altanería y arrogancia: es menester que te cures de los vicios sin retar a los demás hombres. No menosprecies las costumbres públicas, ni procedas de tal modo que parezcas condenar todo lo que no sea ella misma. La sabiduría puede andar sin pompa y sin malevolencia. Consérvate bueno. (Traducción de Jaime Bofill y Ferro. Edit. Iberia. Barcelona 1965)
Quid ista circumspicis, quae tibi possunt fortasse evenire, sed possunt et non evenire ? Incendium dico, ruinam, alia, quae 1 nobis incidunt, non insidiantur; illa potius vide, illa devita, quae  nos observant, quae captant. Rariores sunt 3 casus, etiam si graves, naufragium facere, vehiculo everti; ab homine homini cotidianum periculum. Adversus hoc te expedi, hoc intentis oculis intuere. Nullum est malum frequentius, nullum pertinacius, nullum blandius.
Ac tempestas minatur antequam surgat, crepant aedificia antequam corruant, praenuntiat fumus incendium; subita est ex homine pernicies et eo diligentius tegitur, quo propius accedit.
Erras, si istorum tibi qui occurrunt vultibus credis; hominum effigies habent, animos ferarum, nisi quod illarum perniciosus est primus incursus; quos transiere, non quaerunt. Numquam enim illas ad nocendum nisi necessitas incitat; aut  fame aut timore coguntur ad pugnam; homini perdere hominem libet.

Tu tamen ita cogita, quod ex homine periculum sit, ut cogites, quod sit hominis officium. Alterum intuere, ne laedaris, alterum ne laedas. Commodis omnium laeteris, movearis incommodis et memineris, quae praestare debeas, quae cavere.
Sic vivendo quid consequaris ? Non te ne noceant, sed ne fallant. Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.
Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. Vale.
Así que la idea del potencial maligno del hombre para con sus semejantes es una idea bien extendida.
Pero también escribió  “el hombre es una cosa sagrada para el hombre”, «Homo, sacra res homini», en la carta 95,33.  La carta es muy larga y en ella arremete Séneca contra la gula y el despilfarro, origen de muchas enfermedades del cuerpo y del alma. En este caso me limitaré a transcribir el párrafo en el que aparece la frase, aconsejando al lector la lectura completa de esta “epistula”.
Cartas a Lucilio, XCV, 33:
…El placer se anda buscando por todos los caminos; ningún vicio permanece dentro de su esfera; el lujo impele hacia la avaricia. Se va extendiendo un gran olvido de la honestidad: nada es deshonroso cuando el afán de lucro nos lo aconseja. El hombre, cosa sagrada para el hombre, es muerto ya por el juego o pasatiempo; antes era un crimen enseñarle a infligir y recibir heridas, hoy ya se le expone desnudo y sin armas, y el único espectáculo que podemos sacar del hombre es ya la muerte. (Traducción de Jaime Bofill y Ferro. Edit. Iberia. Barcelona 1965)
[33] …voluptas ex omni quaeritur. Nullum intra se manet vitium; in avaritiam luxuria praeceps est. Honesti oblivio invasit. Nihil turpest, cuius placet pretium. Homo, sacra res homini, iam per lusum ac iocum occiditur et quem erudiri ad inferenda accipiendaque vulnera nefas erat, is iam nudus inermisque producitur satisque spectaculi ex homine mors est.
Muchos años después el dominico español Francisco De Vitoria (1483-1546), que hizo una notable contribución al derecho internacional  y cuyo nombre lleva hoy una universidad privada española de orientación conservadora, se refiere a estos versos de Ovidio  cuando escribe:
Es contra el derecho natural que el hombre rechace al hombre sin causa alguna, pues no es el hombre un lobo para el hombre, como dijo Ovidio, sino un hombre.
“Contra ius naturale est, ut homo hominem sine aliqua causa aversetur. “non enim homini homo lupus est, ut ait Ovidius, sed homo”. (Relección primera. De los Indios,III,3ª ed. a cura de T.Urdanoz. Madrid 1960,p.709).
En la misma época de Vitoria, un humanista famoso, Erasmo de Rotterdam (1466-1536) utiliza la misma frase, contraponiendo los dos términos y lo hace precisamente en una de sus más famosas obras, en los Adagia, Adagios, que se imprimió no menos de veinte veces antes del De Cive de Hobbes; se publicaron la primera vez en 1508.
En realidad Erasmo parte del proverbio griego de Zósimo, aunque no lo dice y dedica al asunto dos de sus adagios, los números 69 y 70 de la Primera Quliada. El primero lo dedica a comentar la frase “Homo homini deus” y el segundo a “Homo  homini lupus”.
NotaQuiliada es una palabra derivada de la griega kilioi (mil) y por tanto significa “millar
El primero, el 69, el que dedica a  Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον,  “Homo homini deus”, es muy largo.  Comienza con una larga referencia a la “divinización” entre los antiguos.
No se diferencia mucho de este aquel dicho Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, esto es: Homo homini deus, que se suele decir de aquel que nos aporta un repentina e inesperada salvación o de aquel que de algún modo nos hace un gran favor. Los Antiguos creían que ser dios no era otra cosa que ser útil a los mortales.
Non admodum hinc abludit et illud:Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, id est
Homo homini deus, quod dici solet de eo, qui subitam atque insperatam attulit
salutem aut qui magno quopiam beneficio juvit. Antiquitas, enim nihil aliud
existimabat esse deum quam prodesse mortalibus…

Así que “homo homini deus” es un dicho que se suele decir. La Antigüedad creía que ser dios no es otra cosa sino ser beneficioso para los mortales.
Se fundamenta luego Erasmo en la autoridad de Homero y de Hesiodo y de Estrabón, y de Horacio y Juvenal Virgilio y de Plinio y de Ovidio y de Plutarco y de San Pablo y de Gregorio Nacianceno, para poner ejemplos de benefactores que son dioses o considerados como tales. Termina matizando en qué condiciones un cristiano puede utilizar la expresión sin ofender a Dios.
Por cierto que Plinio, con su frase  “Deus est mortali juvare mortalem”, comentada anteriormente, muestra su inclinación hacia el ateísmo y poca reverencia para con los dioses, como el propia Erasmo se encarga de resaltar en este adagio. Plinio no admite una divinidad suprema que se cuide de los hombres, sino que cree que es el propio o mundo o una cierta Naturaleza quien lo dirige todo:
Plinio Segundo, en su Historia Natural, libro II, se refiere más claramente al proverbio (παροιμίαν) griego,  pero habla tan irreverentemente acerca de los dioses como lo hace un poco después sobre la inmortalidad de las almas y tan locamente sobre la resurrección de los cuerpos.
Riéndose de la multitud de dioses y rehusando atribuir el cuidado de los mortales a una sumprema divinidad, que el considera el mundo o una naturaleza no sé de qué tipo, dice: “Ser dios consiste en que un mortal proporcione ayuda a otro mortal”. Y este es el camino para la gloria eterna.
Plinius Secundus libro Naturalis historiae secundo manifestius Graecam παροιμίαν
indicavit, sed tam impie sentiens de diis quam paulo post de animarum
immortalitate deque corporum resurrectione desipienter. Nam cum et multitudinem
deorum irrisisset et uni illi summo, quem aut mundum hunc aut naturam nescio
quam esse putat, prorsus ademisset curam mortalium, Deus est, inquit, mortali
iuvare mortalem. Et haec ad aeternam gloriam via.

El Segundo, el 70,  es mucho más breve
I,I,70  Homo homini lupus
Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος, es decir, el hombre es un lobo para el hombre Es una frase casi inversa a la anterior, y que parece que ha sido hecha a partir de esta, que utilizó  Plauto en su Asinaria, “El hombre es un lobo para el hombre”. Con esta frase nos advierte de que no nos fiemos de una persona desconocida, sino que por el contrario seamos precavidos como un lobo.
Un lobo, dice,  es el hombre para el hombre, y no un hombre, cuando no sabe de quien se trata.
Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος, id est Homo homini lupus. Superiori quasi
diversum est ac velut hinc effictum videtur, quod usurpavit Plautus in Asinaria, Homo homini lupus. Quo monemur, ne quid fidamus homini ignoto, sed perinde atque a lupo caveamus:

     Lupus est (inquit) homo homini, non homo, qui qualis sit non novit.
Y también en Francis Bacon (1561-1616), que se desenvuelve en una temática sobre la Justicia y el Estado, como hace Hobbes, dice en su Instauratio Magna, en el De dignitate et augmentis Scientiarum, en el Liber VI, c.III. Exempla antithetorum XX,:
La justicia debe hacer que el hombre sea un Dios para el hombre, no un lobo.
“Iustitia debetur, quod homo homini sit Deus, non lupus
Nota: François Tricaud, en su artículo: “Homo homini Deus”, “Homo homini Lupus”: Recherches de Sources de deux Formules de Hobbes”, no conoce esta cita; es más afirma de Bacon que no utiliza la doble fórmula  …deus…lupus. Es un error.
Y también el mismo Bacon, en un contexto similar, en el Liber VIII, caput II, en la parábola XXV, que titula “Fons turbatus pede, et vena corrupta, est iustus cadens coram impío” y en la que advierte que hay que evitar los juicios injustos, porque la injusticia del juez corrompe las fuentes mismas del derecho:
25. Fons turbatus pede, et vena corrupta, est justus cadens coram impio.
EXPLICATIO. Praecipit Parabola, rebuspublicis ante omnia cavendum esse de iniquo et infami judicio, in caussa aliqua celebri et gravi; praesertim ubi non absolvitur noxius, sed condemnatur insons. Etenim injuriae inter privatos grassantes turbant quidem et polluunt latices justitiae, sed tanquam in rivulis; verum judicia iniqua qualia diximus, a quibus exempla petuntur, fontes ipsos justitiae inficiunt et inquinant. Postquam enim tribunal cesserit in partes injustitiae, status rerum vertitur tanquam in latrocinium publicum: fitque plane, ut homo homini sit lupus.

Luego también en J.Owen (muerto en 1793):
“Homo homini lupus, homo homini deus” ((Epigrammata,1606,III,23),
Existen obras como el Dictionary of the Proverbs in England in the 16th and 17th Centuries, de M.P. Tilley en el que se dan numerosas referencias anteriores a Hobbes.
Baruch de Spinoza (1632-1677) en su Ethica, IV, escolio del segundo corolario de la proposición XXXV, dice, pensando en Hobbes, que la frase “Homo homini Deus” “estaba casi en todas las bocas” (ómnibus fere in ore), señalando así la frecuencia y conocimiento de la frase en cuestión.
Montaigne (1533-1592) en Francia, que refiriéndose al matrimonio dice en Essais, III,ch.IV:
“C’est une convention à laquelle se raporte bien à point ce qu’on dict, homo homini o Deus o lupus”
“Es una convención a la que bien a punto se refiere lo que se dice, que homo homini o Deus o lupus”.
También Montaigne, pues,  presenta la frase como algo que frecuentemente se dice.
Y en España Baltasar Gracián (1601-1658) en su Criticón,I, IV, pág, 32 de la edición de la Colección Austral de Espasa-Calpe, al referirse a los hombres también la emplea: “cada uno es un lobo para el otro”
En este punto, después de todas estas citas que a algún lector pueden parecer demasiadas, podemos preguntarnos de nuevo: ¿Leyó Hobbes la comedia de Plauto?
Pudo leerla, pero si la frase de Plauto se había convertido en una sentencia y su difusión era tan extensa que estaba casi en todas las bocas, como decía Spinoza y figuraba en las recopilaciones de sentencias, Hobbes no necesitó del conocimiento completo de la comedia de Plauto.  En realidad lo más probable es que lo conociera de Erasmo, dada la fama de sus Adagia, o más probablemente de Bacon, con el que Hobbes vivió incluso algunos meses; por ello en ningún momento se adjudica la autoría.
Con esta larga exposición habría intentado profundizar en el origen de la frase en cuestión. Nos quedaría ahora profundizar en el significado de las frases en cada autor y contexto, su uso proverbial en griego, en los autores ¿Demófilo?, PlautoCecilioVirgilioPlinio y los restantes autores latinos, ErasmoHobbes, etc.
No haré ahora la reflexión sobre el contenido de las frases; dejo la tarea al lector; pero en cambio sí quiero dejar unas cuantas cuestiones abiertas a la consideración del lector.
La primera sería la idea extendida en el mundo antiguo según la cual los dioses son benefactores de los hombres y en consecuencia el hombre que favorece a sus semejantes también es un dios o se asemeja a los dioses.

El hombre que favorece a sus semejantes también es un dios

Esto está en relación también con el “evergetismo” (del griego εύεργετέω y  ευεργετισμός, que significa «hacer el bien»,  «obrar bien, hacercer buenas obras») o función benefactora de los gobernantes, ricos y poderosos, y con la divinización de los reyes y dirigentes.
¿Plauto nos dice que debemos desconfiar de todo desconocido (este parece el sentido banal del pasaje de “Asinaria”)?  o ¿tal vez insinúe que el hombre es un lobo para el hombre si no reconoce al otro como su semejante?
¿Nos está diciendo Plinio, despectivo con los dioses tradicionales, que el único dios que existe para el hombre es otro hombre cuando hace el bien a sus semejantes?
Si en la traducción inglesa de Hobbes “Homo homini lupus” se traduce por Man to Man is a kind of God”, ¿se está diciendo que el hombre es Dios, un dios o algo similar a Dios, algo divino?
¿O estará diciendo Hobbes algo parecido a lo que decía Plinio, cuando une en una misma frase el “homo homini lupus” y el “homo homini deus? Es decir, ¿nos estará diciendo Hobbes que el hombre deja de ser un lobo para convertirse en dios cuando crea el Estado y las instituciones sociales que garantizan su pervivencia y el ideal burgués de supervivencia y reciprocidad? Es decir, ¿será Hobbes más revolucionario en el fondo con su frase homo homini deus de lo que podría hacernos creer su frase más exitosa homo homini lupus?

En el autor en el que no cabe duda alguna del sentido de la frase Homo homini deus est es en  el materialista Ludwig Feuerbach (1804-1872), para quien la idea de Dios no es sino la del hombre alienado proyectado hacia un ser ficitio y lejano a la propia humanidad.
Creo que son ya muchas preguntas, quedan varias más,  para finalizar un artículo ya demasiado largo. Así que dejaré las respuestas a la voluntad del sabio lector.
En cualquier caso, el proverbio o los proverbios si separamos las dos partes de la frase o consideramos algunos muy similares, se sigue utilizando con toda frecuencia y también en todo tipo de contextos, con lo que su significado concreto es enormemente variado.
Expondré a título de ejemplo un proverbio similar con el que Miguel de Unamuno, cambiando ligeramente la forma (existe también homo homini canis) y también el sentido (el hombre, algunos hombres, son como perros falderos al servicio de otro hombre) publicó en la revista española “La Esfera” número 106, en  un artículo titulado “Homo hominis canis”, en el que decía textualmente:
“Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre, dijo Hobbes, pero podría muy bien cambiarse el aforismo y decir: Homo hominis canis, el hombre es un perro del hombre.Y hay más hombres caninos o perrunos que no lupinos o lobunos”.