Un día, discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguían ponerse de acuerdo. Como ninguno de ellos había tocado nunca uno, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y así salir de dudas.
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miércoles, 23 de noviembre de 2016
martes, 22 de noviembre de 2016
Mandeville y Smith : elementos de una herencia no reconocida
Mandeville y Smith : elementos de una herencia no reconocida
RESUMEN
Cuando a mediados del siglo XVIII
Adam Smith coloca a Bernard
Mandeville entre los «sistemas licenciosos»
en su Teoría de los Sentimientos
M o r a l e s , no hace sino recoger el juicio que sus
contemporáneos habían dedicado al autor de L a
Fábula de las Abejas. El subtítulo de la obra,
« Vicios privados, beneficios públicos» es una
muestra del tono deliberadamente provocador de
un texto que granjeó a su autor la reputación de
abogado del vicio.
No obstante, Smith vio mucho más que eso en Mandeville y llega a reconocer que su pensamiento «bordea la verdad».
A comienzos del siglo Mandeville había planteado una defensa de la sociedad comercial basada en que creaba prosperidad material, y en que cualquier alternativa era inviable.
Partía de una concepción de la naturaleza humana como naturaleza caída, aquejada de un fuerte déficit cognoscitivo y moral que reducía al individuo a un ser movido por sus pasiones egoístas. A partir de un material tan defectuoso, la labor de la educación, sea la educación infantil, sea la obra más amplia de «políticos y moralistas», consistía en propiciar la sustitución de los síntomas más evidentes y agresivos de las pasiones por otros más aceptables, en hacer que el individuo renunciara a las formas más directas y conflictivas de satisfacción en aras de otras mediatas pero más seguras.
Esto se consigue haciendo jugar una pasión contra otra (el miedo a la muerte en combate se vence con la ayuda de la cólera) y fundamentalmente mediante la excitación del orgullo frente a cualquier otra pasión. El resultado, que no supone la conquista de las pasiones sino únicamente la transformación de sus síntomas, es la virtud simulada o buenas maneras, los beneficios públicos.
El paso de Mandeville a Smith recoge las vicisitudes de una explicación del orden social como orden del mercado que surge a partir de individuos aislados.
Los aspectos paradójicos de Mandeville se borran en Smith, y lo que era impostura, vicio transformado o virtud simulada, reaparecerá en Smith como virtud real.
La explicación de Smith del vínculo social, a partir de individuos aislados, descansa sobre dos mecanismos: el «espectador imparcial» y la «mano invisible».
Título del artículo 91 Esther Pascual López. Política y Sociedad, 37 (2001), Madrid (pp. 91-96)
Mandeville y Smith : elementos de una herencia no reconocida Esther Pascual López
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