Tendencias mundiales hasta 2030:
¿puede la Unión Europea hacer frente
a los retos que tiene por delante?
INTRODUCCIÓN
Donde no hay visión, el pueblo se extravía
Proverbios 29, 18
Mientras el mundo está experimentando un cambio a una
velocidad y con una intensidad que a menudo parecen no
tener precedentes, el ritmo y la calidad de nuestros análisis
colectivos de este cambio deberían hacer lo propio. El
proyecto del Sistema Europeo para el Análisis Estratégico
y Político (ESPAS) tiene como objetivo ayudar a la Unión
Europea (UE) a identificar las principales tendencias mundiales, evaluar sus implicaciones y revisar los retos y las
opciones normativas resultantes a las que se enfrentan los
responsables de tomar decisiones. Al mismo tiempo, el
proyecto señala también la disposición de la Unión Europea
a colaborar con nuestros aliados estratégicos internacionales,
homólogos y expertos de todo el mundo para intentar
reflexionar sobre estas tendencias y retos mundiales
comunes y abordarlos juntos.
Este texto se basa en gran medida en cuatro informes
anteriores, más detallados, elaborados en el marco del
proceso ESPAS hasta la fecha (
1
), así como en los debates
mantenidos en las conferencias anuales del ESPAS y en una
revisión extensa de la bibliografía existente sobre las
tendencias mundiales. Pretende concentrar en un formato
compacto las principales tendencias que configurarán los
sistemas geopolíticos, económicos y sociales mundiales en
las próximas décadas, prestando especial atención a sus
consecuencias para la Unión en el futuro. Esperamos que el
informe sea del interés de los lectores y ayude a la Unión
Europea, sus Estados miembros y sus ciudadanos, así como
a los socios internacionales de Europa, proporcionando
información útil sobre los grandes problemas mundiales de
nuestro tiempo y sugiriendo posibles respuestas a ellos. Para
ello, identifica cuestiones clave para que los responsables
políticos las aborden en el futuro próximo.
(
1
) Los cuatro informes encargados por el ESPAS son:
— Informe del IESUE para el ESPAS, Global Trends 2030 — Citizens in an
Interconnected and Polycentric World, 2012;
— Informe del CEPS para el ESPAS, The Global Economy in 2030: Trends and
Strategies for Europe, 2013;
— Informe de RAND Europe para el ESPAS, Europe’s Societal Challenges: An
analysis of global societal trends to 2030 and their impact on the
European Union, 2013;
— Informe de FRIDE y Chatham House (RIIA) para el ESPAS, Empowering
Europe’s Future: Governance, Power and Options for the European Union
in a Changing World, 2013.
Representantes de las cuatro instituciones y órganos que
participan en la labor del ESPAS —la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, la Secretaría General del Consejo (SGC)
de la Unión Europea y el Servicio Europeo de Acción Exterior
(SEAE)— seguirán cooperando activamente en los próximos
años para que este tipo de análisis de las tendencias
mundiales siga profundizándose al servicio de una formulación de políticas fundamentadas.
El ESPAS se puso en marcha como proyecto piloto y posteriormente se convirtió en una acción preparatoria en el marco
de los presupuestos de la Unión Europea para 2010 y 2012
respectivamente. Este proceso interinstitucional único tiene
por objeto realizar y compartir un análisis sobre las tendencias mundiales a largo plazo a las que es probable que se
enfrente la Unión Europea en las próximas décadas, así como
las posibles dificultades políticas que pueden derivarse de
ellas. El objetivo es tratar de desarrollar una nueva capacidad
de previsión estratégica para la Unión Europea y dentro de
ella.
Bajo la dirección de un grupo de estudio interinstitucional, el
proceso ESPAS ha analizado hasta ahora de manera
específica importantes tendencias mundiales que ya han
surgido o que pueden desarrollarse en los próximos quince
años, centrándose en tres ámbitos principales: i) la economía,
ii) la sociedad y iii) la gobernanza y el poder. En 2012 encargó
un informe general al Instituto de Estudios de Seguridad de
la Unión Europea (IESUE) sobre tendencias mundiales
generales, posteriormente creó un grupo de trabajo para
cada uno de los tres ámbitos específicos, encargó otros
informes de investigación a destacados grupos de reflexión
en cada ámbito en 2013 y sometió a debate y revisión todo
el trabajo en evolución en sucesivas conferencias anuales (en
2011, 2012 y 2014).
Los textos de los distintos informes, los detalles de los
debates del ESPAS y la composición del grupo de estudio
y los grupos de trabajo del ESPAS pueden encontrarse en una
página web específica: www.europa.eu/espas. También puede
consultarse en internet un depósito paralelo de documentos
de numerosas fuentes sobre tendencias mundiales en www.
europa.eu/espas/orbis, una rama del proceso del ESPAS.
El contexto presupuestario prevé que «el sistema ESPAS debe
diseñarse de forma que realice aportaciones periódicas a las
instituciones de la Unión Europea para alimentar el pensamiento estratégico a medio y largo plazo. Estas aportaciones
incluirían una valoración detallada de las tendencias a largo
plazo y la presentación de informes a los presidentes
entrantes de las instituciones de la Unión Europea que
analicen las dificultades y las opciones para el período
2014-2019».
Por supuesto, debe añadirse una nota general de cautela
a todo el trabajo sobre las futuras tendencias. Las previsiones rara vez resultan ser totalmente precisas, puesto que
ninguna tendencia es inmutable, y pueden inmiscuirse
drásticamente acontecimientos imprevisibles, y a menudo lo
hacen, que alteran el curso de la historia. Sin embargo, los
ejercicios de previsión siguen siendo valiosos. Nos permiten
ver el presente desde una perspectiva más amplia y entenderlo mejor. Esto nos facilita la adopción de medidas
correctoras tempranas contra acontecimientos potencialmente negativos y moldear el entorno político de manera
más positiva. Al exponer previsiones de lo que podría pasar,
sacan a la luz cuestiones e invitan a los responsables
políticos a abordarlas y encontrar soluciones que redunden
en los intereses a largo plazo de la sociedad. En la medida en
que el futuro de Europa está en manos de los europeos, la
previsión es una herramienta clave para ayudarnos a configurar este futuro de manera positiva.
SÍNTESIS
La falta de previsión, la poca voluntad de actuar cuando la acción sería sencilla y eficaz, la falta de pensamiento claro, la confusión de las ideas hasta que surge una
emergencia, hasta que la supervivencia toca el gong discordante:
todo ello son características que constituyen la repetición sin fin de la historia.
Winston Churchill, Cámara de los Comunes, Londres, 1935
Las poderosas fuerzas que gobiernan la transformación
mundial que comenzó a principios de la década de 1990
están remodelando el mundo cada vez con mayor firmeza
y rapidez. El mundo se está volviendo sistemáticamente más
complejo, más desafiante y también más inseguro.
La parte uno de este informe establece cinco tendencias
mundiales:
1. La raza humana está envejeciendo y enriqueciéndose, con
una creciente clase media y desigualdades cada vez
mayores.
2. El peso económico y el poder político están desplazándose
hacia Asia. El desarrollo sostenido de la economía mundial
se está volviendo más vulnerable a las dificultades y las
debilidades en el proceso de globalización.
3. La revolución de la tecnología y sus aplicaciones está
transformando las sociedades en casi todos los aspectos.
La digitalización es el invasor, y el cambio radical y perturbador la consecuencia.
4. La gestión de la escasez de recursos supone una dificultad
cada vez mayor, con un creciente consumo de energía y un
cambio en los modelos de producción.
5. La interdependencia de los países, ahora un hecho de la
vida mundial, no va unida al refuerzo de la gobernanza
mundial. El orden mundial es más frágil e imprevisible.
La parte dos del informe analiza tres «revoluciones» estructurales que están forjando un mundo cada vez más complejo
e inseguro —económica y tecnológica, social y democrática,
y geopolítica— y que los autores creen que podrían producir
estas tendencias, así como las dificultades que pueden
entrañar para la Unión Europea.
1) Tres revoluciones que forjan un mundo más complejo
e inseguro
■ Una revolución económica y tecnológica: la convergencia
de las tecnologías y la proliferación de las herramientas
a disposición de grandes multitudes transformarán las
economías y las sociedades. Surgirán enormes oportunidades en cuanto a productividad, aumento del bienestar
y empoderamiento individual. Sin embargo, las perturbaciones sociales pueden incluir un mayor aumento
del desempleo, crecientes desigualdades y empobrecimiento de las clases medias en los países desarrollados,
incluida Europa.
■ Una revolución social y democrática: las personas más
empoderadas y mejor conectadas serán más creativas,
más dinámicas y estarán menos atadas a trabajos para
toda la vida, pero también serán más exigentes y críticas.
Una evolución como esta podría permitir a los países
rejuvenecer fundamentalmente sus «contratos sociales»
e inventar nuevas formas de gobernanza, pero dificultará
el diseño de acuerdos colectivos y la configuración de
planteamientos comunes a través de las estructuras
tradicionales, como los partidos políticos o los sindicatos.
El sentimiento antisistema puede seguir creciendo, así
como el recurso a iniciativas menos tradicionales y más
locales. Aumentará la presión por una mayor responsabilidad y transparencia a distintos niveles de gobernanza.
■ Una revolución geopolítica: parece que el auge de Asia
continuará y los casi dos siglos de dominio mundial del
continente europeo y los Estados Unidos están llegando
a su fin. Junto con la aparición de otros poderes en África
y América Latina, esto dará lugar a un mundo cada vez
más multipolar. La globalización continuará, pero estará
cada vez más impulsada por nuevos actores con distintos
valores. Pueden surgir métodos más agresivos entre
actores clave.
El marco multilateral posterior a la guerra puede sufrir una
presión creciente, que ponga en riesgo la capacidad colectiva
para gestionar la mayor interdependencia de manera
eficiente. A la comunidad internacional le está costando
defender y restablecer cada vez más Estados débiles
y fallidos. Al mismo tiempo, agentes no estatales destructivos pueden aprovecharse cada vez más de las lagunas.
Como consecuencia de estas tres revoluciones, es probable
que en las próximas décadas se produzcan mayores turbulencias e incluso un cambio radical. Los efectos de una
posible aceleración del cambio climático pueden complicar
aún más la situación y agravar las consecuencias negativas
de las tendencias descritas. El contexto global será desmoralizador, puesto que las dificultades estarán interconectadas
y serán demasiado grandes para los Estados individuales
o incluso las regiones. A escala mundial, es probable que se
someta a una dura prueba la resistencia de casi todos los
grandes Estados y organizaciones.
En este clima de incertidumbre, volatilidad y riesgo sistémico,
el margen para elementos negativos de cambio es considerable. Entre las posibilidades se incluyen una enorme crisis
monetaria y financiera, una gran pandemia, una crisis energética a gran escala o un conflicto en la región de Asia y el Pacífico.
También pueden aparecer elementos positivos de cambio,
a veces en respuesta a estos riesgos, como una revolución
digital verdaderamente inclusiva, una gran revolución
energética, una relación transatlántica reformada, un
sistema multilateral reinventado y una Unión Europea
renovada.
2) Implicaciones para la Unión Europea
Las tres «revoluciones» esbozadas tendrán importantes
implicaciones para la Unión Europea y sus Estados miembros,
de aquí a 2030 y más adelante, y para las decisiones
políticas inmediatas en los próximos cinco años.
La Unión Europea se enfrenta a estas importantes tendencias y dificultades al inicio de un nuevo ciclo político y económico. Cuenta con activos considerables: diversidad cultural,
capital humano muy formado, excelente capacidad de
investigación, una infraestructura desarrollada, una sólida
cohesión social y un sistema político descentralizado que
funciona a muchos niveles y se basa en el Estado de Derecho
y la libertad individual. Sin embargo, todos estos activos
necesitan un fomento activo para que Europa siga estando al
frente del desarrollo humano. Mantener el statu quo en
términos de gobernanza económica y social y resiliencia
externa no bastará para que Europa no pierda terreno en un
mundo que cambia con rapidez y es más exigente.
Inevitablemente, el futuro de la Unión Europea se enfrenta
a riesgos y dificultades. Los principales son de carácter
interno y se refieren a la necesidad de restablecer la
confianza en la Unión Europea y generar resultados concretos
y beneficiosos para sus ciudadanos.
Resolver la ecuación del crecimiento europeo en los próximos
veinte años no será fácil. El apalancamiento financiero en
Europa y en otros lugares del mundo estará limitado por los
elevados niveles de deuda. El motor de los países emergentes
puede que no sea lo suficientemente potente para impulsar
a la economía mundial con rapidez y puede verse aún más
debilitado por las dificultades internas significativas y el
rápido envejecimiento demográfico. Por lo tanto, es peligroso
esperar a que vuelva el crecimiento como un fenómeno
cíclico. El crecimiento ya no puede venir de una simple
recuperación o de mero enfoque keynesiano. Tiene que
lograrse sin deuda. La realización del mercado único de una
verdadera unión económica y monetaria desempeña un
importante papel en esta operación. El éxito dependerá
también de la capacidad de la Unión Europea para prever
y ser más flexible, más ágil y más inclusiva. Al mismo tiempo,
tiene que actuar estratégicamente y fomentar una perspectiva a largo plazo entre los actores de los sectores público
y privado.
El informe determina cinco «dificultades» políticas principales
e interrelacionadas a las que deberá hacer frente la Unión en
los próximos años. No establece iniciativas políticas prescriptivas, sino que más bien pretende definir varias dificultades
estratégicas posibles a las que puede que se enfrenten los
responsables decisorios. Estas dificultades pueden superarse
con un llamamiento a la reestructuración de la economía, el
fomento de una sociedad de cambio e innovación, la lucha
contra el aumento de la desigualdad y la creciente exclusión,
la habilitación del empoderamiento individual y la democracia y el refuerzo del papel internacional de la Unión Europea
i) Reestructuración de la economía
■ Europa necesita una nueva plataforma para el crecimiento económico sostenible y duradero. Existe un
peligro real al considerar el crecimiento un fenómeno
cíclico que está abocado a volver. Los elevados niveles de
deuda constituyen un serio impedimento en Europa y otros
lugares del mundo y los países emergentes no están
necesariamente destinados a ser poderosos motores de la
economía mundial. El objetivo del renacimiento europeo
puede venir impulsado principalmente por la innovación,
no solo digital y tecnológica, sino social y en el diseño y la
práctica de la gobernanza.
■ Movilización de la inversión pública y privada para
ayudar a impulsar la economía de Europa. Una mayor
convergencia de la inversión pública y privada, entre otras
cosas aprovechando los ahorros privados, estimularía la
creación de empleo y ayudaría a sostener el modelo
europeo de economía social de mercado.
■ Realización del mercado único. El mercado único de
bienes y servicios está lejos de realizarse, principalmente
debido a la resistencia de determinados actores con
intereses creados en el statu quo. De hecho, aunque está
más cerca de realizarse, por ejemplo en el sector industrial, necesita una actualización periódica para tener en
cuenta las novedades del mercado. Las deficiencias
incluso están aumentando en el sector servicios, donde el
potencial crecimiento económico es mayor. Se necesitan
iniciativas sólidas para invertir estas tendencias.
■ Refuerzo de la gobernanza en la zona del euro. La
gestión y la reducción de la deuda pública en la zona del
euro, así como la reparación definitiva del sistema
bancario, requerirán unidad y resolución política. La
coordinación y ejecución de importantes reformas
económicas en las economías de los Estados miembros
y la realización de la unión económica y monetaria (UEM)
son los cometidos a corto y medio plazo. La agenda a más
largo plazo podría incluir la mejora de la coordinación de
las políticas fiscales y laborales para igualar el aumento
de la vigilancia presupuestaria y económica, avances
hacia obligaciones para la financiación de proyectos
y posiblemente una capacidad financiera central adecuada. Durante todo este proceso, será esencial mantener
una cohesión suficiente entre los miembros de la zona del
euro y los miembros no pertenecientes a ella.
■ Desarrollo de una verdadera «unión de la energía»
y lucha contra el cambio climático. El fragmentado
mercado de la energía y la transición hacia las energías
renovables deben abordarse con rapidez y de manera
integral mediante políticas que también reduzcan la
actual dependencia de fuentes externas, que entraña un
serio riesgo. Deberían aumentarse la seguridad del
abastecimiento y la competitividad. El objetivo de una
verdadera «unión de la energía» también debería contribuir a los esfuerzos de la Unión por reducir las emisiones
en vista de los riesgos que plantea el cambio climático.
ii) Promover una sociedad de cambio e innovación
■ Una verdadera revolución digital. La Unión Europea y sus
Estados miembros tienen que ponerse a la altura de los
principales actores para recuperar liderazgo en la
innovación técnica e industrial, especialmente en el sector
digital de la economía en rápido crecimiento. Será esencial
permitir que los operadores lleven a cabo una investigación de alto nivel y entren en el mercado con menores
dificultades. Los individuos tendrán que asumir nuevos
modelos de consumo, trabajo y telecomunicaciones.
A nivel de la Unión Europea, la realización del mercado
único digital será esencial para que la Unión pueda lograr
un mayor crecimiento sin deuda y reducir las actuales
tasas de desempleo.
■ Construir un espacio europeo de investigación e innovación. A pesar de los programas de la Unión Europea, la
fragmentación de la I+D tanto en el sector público como
en el privado provoca ineficiencia, falta de masa crítica
y múltiples normas para los productos. La movilidad de los
científicos entre el mundo académico y la industria y las
iniciativas audaces son las claves probables para unas
inversiones más racionalizadas y máxima innovación.
■ Un nuevo concepto de educación. Debe volver a evaluarse meticulosamente en toda Europa la rentabilidad de la
inversión en educación. En la actualidad, los elevados
niveles de gasto no están evitando el creciente desequilibrio entre la oferta y la demanda de cualificaciones, el
analfabetismo digital y el abandono escolar prematuro, lo
que da lugar a la exclusión de muchos trabajadores
jóvenes o incluso mayores del mercado laboral. La
formación lingüística inadecuada actúa como freno a la
movilidad laboral. Los primeros avances de Europa en
importantes cualificaciones habilitadoras a veces se están
perdiendo en comparación con otras economías destacadas o emergentes. Las nuevas políticas de educación
y formación permanente deberían orientarse a una
excelencia duradera y una mayor participación en la
fuerza de trabajo.
iii) Lucha contra el aumento de la desigualdad
y la creciente exclusión
■ Las crecientes desigualdades afectarán cada vez más
a la cohesión de la Unión Europea y menoscabarán su
fortaleza económica. Hasta ahora, la Unión Europea no ha
logrado reintegrar a los trabajadores poco cualificados
y otros grupos sociales que han sido los más afectados
por la globalización. Incluso está menos preparada para la
próxima revolución tecnológica, lo que podría ampliar
drásticamente la diferencia entre «ganadores» y «perdedores». Para evitar mayores divisiones sociales, la Unión
Europea y sus Estados miembros —cada uno dentro de
sus respectivas competencias— deberían centrarse
colectivamente en: mercados laborales menos rígidos,
sistemas de educación más inclusivos, reducción de los
obstáculos a la iniciativa y la competencia y mayor
inversión en atención sanitaria. En el caso de los ciudadanos en riesgo de exclusión total o afectados por ella, las
medidas deberían dotarlos de las cualificaciones demandadas en el mercado laboral y, en general, promover su inserción en la vida comunitaria activa.
■ Redefinir el debate sobre la migración. Muchos Estados
miembros de la Unión Europea se enfrentan a una
creciente presión derivada de elevados niveles de
migración que dificultan la cohesión de sus sociedades.
Esta presión, especialmente de la vecindad meridional, es
probable que aumente en las próximas décadas por
motivos demográficos y políticos. No existen soluciones
fáciles a este problema. Al mismo tiempo, el envejecimiento en Europa implica que, a largo plazo, habrá menos
personas en edad de trabajar para mantener en funcionamiento la economía. Antes de 2030, deben redefinirse las
políticas de migración con vistas a una estrategia
migratoria más sostenible desde el punto de vista
económico, humana y cuidadosamente gestionada.
iv) Posibilitar el empoderamiento individual
y la democracia
■ Mejorar la aplicación de las políticas y la responsabilidad política. La mayor complejidad de la gobernanza y la
creciente multiplicidad de la información suponen que los
ciudadanos a menudo pierden de vista los planes y las
promesas hechas por las autoridades políticas a nivel
nacional y europeo. Persiste una falta de confianza, que
puede poner en peligro la cohesión política y social. Deben
encontrarse formas inclusivas y eficientes de salvaguardar
y profundizar la democracia a todos los niveles, sin
socavar los valores y la equidad de los actuales sistemas
de gobernanza. A nivel de la Unión Europea, se necesitan
profundas reformas en su interacción con los Estados
y los ciudadanos. Entre ellas podrían incluirse: un establecimiento más claro de las prioridades; el respeto sistemático de la subsidiariedad; una transparencia funcional;
sistemas de comunicación más claros; y sistemas de
gobernanza modernizados, que incluyan una mayor
armonización entre las instituciones y una división más
clara de las tareas entre ellas.
v) Reforzar el papel internacional de la Unión Europea
■ La Unión Europea se enfrentará a importantes dificultades
externas derivadas de un mundo más inseguro a sus
puertas, en forma de «regreso» de la geopolítica, intervención reducida de los Estados Unidos y vecindades cada vez
más turbulentas. Los europeos tendrá que asumir una
mayor responsabilidad colectiva por su seguridad
y defensa. Sin embargo, la Unión Europea está lejos de
dotarse plenamente de las políticas, instrumentos
y enfoque estratégicos adecuados para hacer frente
eficazmente a estas amenazas. Todavía tendrá que:
• Fomentar la estabilidad y el desarrollo en su gran
vecindad estratégica, entre otras cosas colaborando más
profundamente con los principales actores e invirtiendo
al mismo tiempo la actual tendencia a la baja del gasto
en defensa, con el fin de preservar la propia seguridad de
la Unión Europea y poder actuar cuando sea necesario.
• Reforzar el sistema mundial, promoviendo de manera
eficiente un marco multilateral que se adapte al nuevo
mundo multipolar y siga basándose en valores
universales.
• Desarrollar más sus alianzas y colaborar con potencias
en alza. Deberían profundizarse las asociaciones
estratégicas existentes, en concreto con los Estados
Unidos como principal socio. Estas asociaciones deberían
fomentar la integración económica, pero también
reforzarse cuando proceda con dimensiones de seguridad y defensa, inversiones cruzadas y gestión de flujos
humanos. No se debería aislar a las potencias mundiales
en alza, sino que habría que colaborar con ellas y alentarlas a asumir mayores responsabilidades mundiales. El
auge de China, como factor de cambio fundamental,
exige una reevaluación de la relación de la Unión
Europea con este país de una forma que concuerde con
su futura importancia.
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Más información sobre la Unión Europea, en el servidor Europa de internet (http://europa.eu).
Luxemburgo: Oficina de Publicaciones de la Unión Europea, 2016
Print ISBN 978-92-823-9107-5 doi:10.2861/392896 QA-02-16-302-ES-C
PDF ISBN 978-92-823-9104-4 doi:10.2861/060748 QA-02-16-302-ES-N
© Unión Europea, 2016
Reproducción autorizada, con indicación de la fuente bibliográfica.
Printed in Luxembourg