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viernes, 7 de octubre de 2022

¿Cómo medir los cambios en la Paridad de Poder de Compra a partir de los Índices de Precios de Consumo y los Tipos de Cambio?

 

SANTIAGO RODRÍGUEZ FEIJOO 

ALEJANDRO RODRÍGUEZ CARO Departamento de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestión Universidad de Las Palmas de Gran Canaria 

CARLOS GONZÁLEZ CORREA Consejería de Economía y Hacienda Gobierno de Canarias 

RESUMEN 

Tomando como punto de partida la Teoría de la Paridad de Poder de Compra, en este trabajo se revisa su formulación estadísticaeconométrica y se propone una medida que permita su análisis a corto y largo plazo para un conjunto de territorios que configuran un mercado global, tanto desde la perspectiva espacial como temporal. Palabras clave: Teoría de la Paridad de Poder de Compra, Índice de Precios de Consumo, Tipos de Cambio Clasificación AMS: 91B24-91B82-62P20

1. INTRODUCCIÓN 

La Teoría de la Paridad de Poder de Compra (PPC) fue enunciada formalmente por Gustav Cassel en 1918. En las últimas décadas su estudio se ha hecho, si cabe, más relevante debido a varios factores, todos ellos motivados por la relación que existe entre la PPC y las variaciones en los precios. 

En primer lugar, tal y como señala Rojo (2000), en el mundo desarrollado cada vez se acepta con mayor nivel de generalidad que la política monetaria debe tener como objetivo la estabilidad de los precios [Rojo (2000), p. 7], debido a que sus movimientos pueden producir desequilibrios importantes al originar cambios en las decisiones de producción y consumo. Como reflejo de este posicionamiento acerca de la finalidad de la política económica, en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (versión consolidada) se establece como misión de la Comunidad el promover "un crecimiento sostenible y no inflacionista ..., (con el fin de obtener) la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social" [Comunidad Europea (2001), Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (versión consolidada), artículo 2, p. 81]. Además, en su artículo 4 punto 2, se insiste en la importancia de los precios cuando se afirma que "se definirá y aplicará una política monetaria y de tipos de cambio única cuyo objetivo primordial es mantener la estabilidad de los precios", y se crea para ello el Sistema Europeo de Bancos Centrales [Comunidad Europea (2001), Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea (versión consolidada), artículo 105, p. 166]. 

En segundo lugar, el proceso de globalización ha disparado el volumen de intercambios entre países, con lo cual también se ha multiplicado el riesgo de los flujos monetarios debido a los movimientos de los precios, tanto internos como externos. El incremento de estos riesgos puede provocar que el mercado no funcione adecuadamente y realice una asignación de recursos ineficientes. 

En tercer lugar, y centrándonos en la declaración de intenciones que explícitamente enuncia la Comunidad Europea en su Tratado Constitutivo, para alcanzar una calidad de vida elevada y una gran cohesión social es fundamental el control de la Paridad de Poder de Compra entre sus países miembros. En este caso, no solo es importante la estabilidad de los precios, sino que se hace necesario definir una política que garantice la convergencia de la Paridad de Poder de Compra de todos los países miembros. Por tanto, el principio de estabilidad de precios solo tiene sentido en una primera fase con el fin de consolidar el mercado comunitario, pero, si lo que se pretende es alcanzar la cohesión social, el objetivo es la convergencia de la Paridad de Poder de Compra de todos los territorios que conforman ese mercado global. Para alcanzar este objetivo, el principio de estabilidad de precios debe relajarse y se hace necesario definir una medida de cambio de la Paridad de Poder de Compra de carácter coyuntural que permita hacer su seguimiento a corto plazo. Esta medida se constituiría en uno de los indicadores a partir de los cuales se definiría la política conducente a alcanzar los mayores niveles posibles de cohesión social en la Comunidad Europea. Sin embargo, la medida de Paridad de Poder de Compra calculada actualmente dentro del Programa de Comparación Internacional de la OCDE tiene un claro carácter estructural y geográfico, frente al coyuntural, temporal y espacial que también sería necesario. 

En este trabajo se analiza la Teoría de la Paridad de Poder de Compra conjuntamente desde la perspectiva espacial, temporal y coyuntural, centrándose en los problemas que presenta su contrastación. En este sentido, la información de la que se parte son los Índices de Precios de Consumo (IPC), que deben ser lo más homogéneos posible, y los tipos de cambio con respecto a una moneda común. Los objetivos concretos que se persiguen son dos. 

En primer lugar, demostrar que la sustitución de la variable precio por el IPC puede conducir a conclusiones acerca del cumplimiento o no de la Teoría de la PPC al menos confusas. Alberola y Marqués(2001) utilizan el IPC pero matizan la amplitud de sus conclusiones diciendo que el análisis no se centra en los niveles de precios sino en la evolución de los precios relativos desde un instante temporal particular [Alberola y Marqués (2001), p. 453]. Cancelo et al (2000) definen una Paridad de Poder de Compra en términos acumulados desde el instante de referencia del IPC hasta el instante actual, sin embargo, luego afirman que la situación de referencia en el período base no tiene interpretación económica. 

En segundo lugar, se propone un estadístico que mide los cambios en la PPC calculado a partir de la información disponible habitualmente, esto es, los tipos de cambio y los IPC. Este estadístico tiene dos versiones, una a largo plazo, ajustándose en este caso a la propuesta de Cancelo et al (2000), y otra a corto plazo, cuya finalidad es analizar los cambios en los niveles de vida de los ciudadanos en el contexto de un mercado global debidos a los cambios producidos en las variables que miden los precios, suponiendo el resto de factores constantes. Además, se demuestra que bajo ciertas condiciones de elaboración de los IPC, el estadístico definido tiene una clara interpretación económica al expresarse como el cociente entre la participación de cada país en la inflación y su importancia dentro del mercado que conforman el conjunto de territorios. 

En lo que sigue este trabajo se estructura en cuatro partes. En el epígrafe siguiente se resume el contenido de la Teoría de la Paridad de Poder de Compra. En el punto tercero se demuestra que el hecho de sustituir la variable precio por el IPC puede afectar a las conclusiones acerca del cumplimiento o no de la PPC. En el epígrafe cuatro, se propone un estadístico para estudiar los cambios en la PPC desde la perspectiva temporal, espacial y coyuntural usando el IPC y se estudia su interpretación en términos de la PPC. En el último epígrafe se enuncian las principales conclusiones. 

2. LA TEORÍA DE LA PARIDAD DE PODER DE COMPRA 

Siguiendo a Cassel, La Teoría de la Paridad de Poder de Compra se cumple cuando "la tasa de cambio de equilibrio iguala el poder adquisitivo de una moneda en el interior (de un país) con lo que dicha moneda podría comprar en el exterior si fuera cambiada por una moneda extranjera" [citado en Spiegel (1996), p. 690]. Desde su formulación en 1918 hasta nuestros días esta Teoría se ha sometido a múltiples contrastaciones empíricas, siendo la base teórica para la explicación de los movimientos en los precios y en los tipos de cambio entre distintas regiones y países. 

Sin embargo, tal y como se señaló en la introducción, la Teoría de la Paridad de Poder de Compra no tiene por qué cumplirse siempre, sobre todo a corto plazo y, en el caso de que no se cumpla, habría que analizar si ello se debe a razones puramente monetarias o por el contrario existen justificaciones reales. En la práctica, en la mayoría de los casos la evidencia empírica no ha respaldado el cumplimiento de la Teoría de la Paridad de Poder de Compra [Lee et al (2002), p. 534]. A partir de estos rechazos empíricos se han planteado modificaciones que tienen que ver tanto con la formulación de la Teoría como con la forma de contrastarla. 

Dentro de la primera línea de trabajo, la Paridad de Poder de Compra tal y como la formuló Cassel se pasó a denominar Paridad Absoluta de Poder de Compra (PAPC), para distinguirla de la Paridad Relativa de Poder de Compra (PRPC). La PAPC se fundamenta en la existencia de mercados competitivos para los productores y transparentes para los consumidores. En este esquema, si un producto se intercambia en dos puntos geográficos distintos pertenecientes ambos a un mercado único, su precio expresado en una moneda común debiera ser el mismo en los dos sitios, una vez descontados los costes de transporte, diferencia de tarifas, etc... La existencia de precios distintos provocaría a largo plazo un desplazamiento de la demanda que tendría como consecuencia el cumplimiento de la PAPC. 

Sin embargo, en cada subespacio del mercado global no están presentes todos los productos que se intercambian en el mismo. Es decir, no todos los productos tienen presencia en los mercados interregionales e internacionales, debido, como razón fundamental, a la imposibilidad de transportarlos de un sitio a otro. Los casos más claros de productos no transportables se encuentran en el sector de servicios. En consecuencia, en ese mercado global competitivo y transparente nos encontramos con dos tipos de productos, unos que compiten a nivel global, los bienes y servicios transportables, y otros que sólo lo hacen a nivel local, los productos no transportables. Estos últimos no están sometidos a las leyes de la competencia del mercado en su totalidad, con lo cual sus precios pueden diferir entre una región y otra. La consecuencia de esto es que la Teoría de la PAPC no tiene por qué cumplirse. 

La Teoría de la PRPC tiene en cuenta la presencia de los dos tipos de productos comentados y se define en términos relativos diciendo que la variación del tipo de cambio entre dos regiones es igual a la diferencia de los cambios en sus respectivos precios internos. En este caso, la PRPC ya no tiene como justificación la existencia de un mercado competitivo a nivel global para todos los productos, sino que ahora el mecanismo de ajuste de precios y tipos de cambio se establece sobre una doble base. Por un lado, existe un mercado competitivo y transparente para los productos transportables a nivel global. Por otro lado, dentro de cada región se tiene que producir un mantenimiento de la relación entre los precios de los productos transportables y no transportables [Cancelo et al (2000)]. El marco teórico de la ley de la PRPC es el siguiente. Si se parte de una situación de equilibrio, el incremento en el precio de los productos no transportables en la zona i del mercado global hará que la economía de esa zona dedique más recursos a producir esos bienes, con lo cual, en una situación de uso total de los bienes de producción, implicará producir en esta zona menos productos transportables, con lo que será necesario importarlos. Este incremento de demanda en el mercado global de productos transportables presionará al alza sus precios, tendiendo nuevamente a alcanzar la relación inicial existente en la región i entre productos transportables y no transportables, pero presentando ambos un nivel de precios superior al inicial. La existencia de factores reales tales como tarifas, transferencias interregionales, controles del movimiento de capitales y personas, ..., pueden modificar la relación de equilibrio. 

Dentro de la segunda línea de trabajo, ¿cómo contrastar la Teoría de la PPC?, se han identificado múltiples problemas y se han ensayado diversas técnicas de contrastación. Los problemas más habituales con los que un investigador se encuentra al querer contrastar la Teoría de la PRPC son la falta de series largas y homogéneas, la problemática propia a la hora de medir la variable precio agregada y las dificultades a la hora de compararlos territorialmente, siendo la principal técnica de contrastación utilizada la relacionada con las raíces unitarias y la cointegración [Rodríguez, S., González, C. y Rodríguez, A. (2002), Alberola, E. y Marqués J. (2001), Cancelo et al (2000)]. En la mayoría de las aplicaciones las fuentes empíricas de partida están formadas por series de Índices de Precios de Consumo y de tipos de cambio con respecto a una moneda común. El IPC representa el precio interior y el tipo de cambio el precio exterior. También en la mayoría de los trabajos, el IPC se utiliza como la variable precio, siendo este último el elemento sobre el cual se define el concepto de PPC. 

Una alternativa distinta es la que se enmarca dentro del Programa de Comparación Internacional promovido por Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Universidad de Pennsylvania, la OCDE y Eurostat. El objetivo de este programa se centra en elaborar cifras de riqueza de los países que sean comparables entre sí. Para ello elaboran las Paridades de Poder de Compra, cuyo objetivo fundamental es eliminar las diferencias que producen los distintos niveles de precios existentes entre los países que se desea comparar, de tal manera que las cifras de riqueza que finalmente se comparan eliminen este efecto. Su finalidad es de naturaleza puramente espacial y no temporal y, además, tienen un carácter más estructural que coyuntural [INE (2002)]. 

En cualquier caso, la Paridad de Poder de Compra relaciona el precio de un mismo bien o conjunto de bienes expresados en la misma moneda para dos territorios distintos. Desde el punto de vista matemático, la Paridad de Poder de Compra entre el territorio i y el mercado global se puede expresar como (1), [...]

5. CONCLUSIONES

En este trabajo se presentan dos estadísticos que permiten estudiar los cambios que se producen en la Paridad de Poder de Compra, teniendo en cuenta, de forma simultánea, el factor espacial y el factor temporal, utilizando únicamente la información procedente de los Índices de Precios de Consumo y de los tipos de cambio.

Un primer estadístico,    , compara directamente la PAPC en dos instantes de tiempo distintos. En un escenario de precios crecientes en el mercado global, el hecho de que    sea menor que 1, igual a 1 o mayor que 1, significaría que la PPC entre los territorios i y G se ha reducido, se mantiene igual o ha crecido en comparación a la que existía en el instante de referencia de sus IPC respectivamente.

La segunda medida, ( )   −   , mide los cambios en la PAPC con respecto a la Paridad Absoluta de Poder de Compra del instante de referencia del IPC, y nos permite contrastar si se cumple o no la ley de la Paridad Relativa de Poder de Compra de cualquier territorio con respecto al mercado global. Además, este último estadístico corrige el efecto autoponderación y tiene significado económico, tanto el valor individual de cada uno de los territorios con respecto al mercado general, como la suma de todos ellos. Desde el punto de vista de su interpretación individual, ésta coincide con la relación entre la participación en la inflación del territorio i y su importancia económica dentro del mercado general. Desde el punto de vista  agregado, la suma de los valores de ( )   −   para todo i, nos indica si, en términos medios, son los territorios más grandes los que asumen el mayor peso relativo en la inflación o por el contrario la inflación se genera fundamentalmente en los territorios mas pequeños.

La precisión de ambos estadísticos a la hora de medir los cambios en la PPC depende directamente de la propiedad de comparabilidad que presenten las zonas en las que se divide el mercado general, tanto en las cestas de la compra, como en la metodología con la que se elaboran sus correspondientes IPC, en el sentido de que a mayor nivel de homogeneidad mayor será la precisión que tiene ( )   −   para recoger los cambios en la PPC.

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Teoría de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA): Aportes de Gustav Cassel sobre el tipo de cambio de equilibrio

 

Teoría de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA): Aportes de Gustav Cassel sobre el tipo de cambio de equilibrio

Salcedo-Muñoz, Virgilio 
Universidad Técnica de MachalaEcuador

Teoría de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA): Aportes de Gustav Cassel sobre el tipo de cambio de equilibrio

Revista Venezolana de Gerencia, vol. 25, núm. 92, pp. 1837-1849, 2020

Universidad del Zulia

Resumen:Hasta los años veinte la corriente principal de la ciencia económica en Suecia estaba representada por la obra de Cassel. Fue el primero que expresó la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), en términos de promedios de precios, dándole un carácter operacional para aplicarla empíricamente. Por ello, esta investigación se centró en analizar el aporte de Cassel en la construcción teórica de la Paridad del Poder Adquisitivo y su visión sobre el tipo de cambio de equilibrio. Desde una perspectiva documental, se destacan aspectos clave de su obra “Teoría de Economía Social“, para concluir sobre la forma particular en la que se asumirá la Paridad del Poder Adquisitivo, la cual depende del régimen cambiario en que se le ubique. Cuando el tipo de cambio es flexible, la teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo en su versión absoluta se muestra como una teoría que permite determinar la tasa cambiaria spot; cuando es fijo, se convierte en una teoría que intenta explicar la transmisión internacional de la inflación. El método conceptual que describe Gustav Cassel en “Teoría de la Economía Social está relacionado con: las características generales del sistema económico; los problemas vinculados a la naturaleza de los bienes objeto de la actividad económica; las actuaciones de los agentes económicos de acuerdo al principio de escasez; a la vez que introduce el concepto de paridad del poder de compra, posteriormente estudiado como Paridad del Poder Adquisitivo.

Palabras clave:Paridad de poder adquisitivo, Escuela de Economía Sueca, tipo de cambio de equilibrio, sistema económico.

Abstract:Until the 1920s the mainstream of economic science in Sweden was represented by the work of Cassel. It was the first to express Purchasing Power Parity (PPP), in terms of average prices, giving it an operational character to apply it empirically. For this reason, this research focused on analyzing Cassel’s contribution in the theoretical construction of Purchasing Power Parity and his vision on the equilibrium exchange rate. From a documentary perspective, key aspects of his work “Social Economy Theory” stand out, to conclude on the particular way in which Purchasing Power Parity will be assumed, which depends on the exchange rate regime in which it is located. When the exchange rate is flexible, the theory of Purchasing Power Parity in its absolute version is shown as a theory that allows determining the spot exchange rate; when it is fixed, it becomes a theory that attempts to explain the international transmission of inflation. The conceptual method that Gustav Cassel describes in “Theory of Social Economy is related to: the general characteristics of the economic system; problems related to the nature of the goods that are the object of the economic activity; the actions of economic agents according to the principle of scarcity; while introducing the concept of purchasing power parity, later studied as Purchasing Power Parity.

Keywords:Purchasing power parity, Stockholm school, Sweden, equilibrium.

1. Introducción

La existencia de un tipo de cambio real de equilibrio es un supuesto adoptado con frecuencia en el análisis económico tanto teórico como práctico. En efecto, numerosos modelos macroeconómicos teóricos incorporan la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) como una condición de equilibrio en el largo plazo. Sin embargo, la teoría se asocia principalmente con Gustavo Cassel (1866-1945) quien fue el primero que expresó la teoría en términos de promedios de precios, dándole un carácter operacional al aplicarla empíricamente.

Gustavo Cassel nació en Estocolmo, se doctoró en matemáticas en la Universidad de Upsala (1895). Posteriormente, viajó a Alemania para estudiar Economía y al regresar a Suecia se convirtió en profesor en la Universidad de Estocolmo. Entre sus obras más importantes se encuentran: Das Rechtauf den vollen Arbeitsertrag, publicada en 1900; The Nature and

Necessity of Interest, publicada en 1903;y The oretische Sozialökonomie(Teoría de la Economía Social) que se publicó en inglés en 1923. También destacan en

1921, “The World’s Monetary Problems” (Los Problemas Monetarios Mundiales) y en 1936, “The Downfall of the Gold Standard” (La caída del patrón oro).

Cassel junto a John Maynard Keynes influyeron notoriamente en la teoría económica del siglo XX. En los años 1918a 1930, su obra Teoría de la Economía Social fue uno de los tratados más difundidos en Europa central. Cassel fue reconocido por su forma de expresión clara y sencilla; destacando Moll (1947) a este autor como reaccionario, librecambista y adversario de la economía dirigida. Asimismo, el uso que le dio a la matemática para describir la interconexión de los mercados crea un fuerte parentesco entre sus teorías y las de León Walras.

El propósito de esta investigación se centra en analizar el aporte de Gustav Cassel en la construcción teórica de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) y su visión sobre el tipo de cambio de equilibrio. Así mismo, de forma complementaria se pretende destacar la relación de Cassel con la Escuela de Estocolmo y los aspectos claves de su obra Teoría de Economía Social[1]. Lo anterior, recurriendo a documentos particulares y especializados, relacionados a esta teoría del pensamiento económico.

2. Gustavo Cassel y la Escuela de Estocolmo

Gustavo Cassel fue miembro fundador de la Escuela de Estocolmo que agrupa figuras como Gunnar

Myrdal (1898-1982), Erik Lundberg (1907- 1987) Erik Lindahl (1891-1960) y Bertil Ohlin (1899-1979). Su primer inspirador fue Knut Wicksell (18511926). Ese movimiento fue conocido internacionalmente por un trabajo publicado por Bertil Ohlin llamado “Some notes on the Stockholm Theory of Savings and Investment”, publicado en 1937 como respuesta a la General Theory de John Maynard Keynes.

Según Ohlin (1937: 53). A partir de la tradición Wickseiana, “habían aparecido en los últimos años una serie de trabajos de un grupo de jóvenes economistas que se caracterizaban por un aparato teórico distinto al utilizado en los libros elementales de economía para tratar el problema de los precios”.

Para Teixeira (1995), la Escuela de Estocolmo fue un episodio de la historia de las ideas breves, intensas, inacabadas y extraordinariamente influyente en lo político y, en gran medida, olvidado durante décadas. Destaca este autor que la ciencia económica comenzó su andadura en Suecia a partir de los escritos de Davidson[2] sobre los clásicos ingleses en torno a 1880; incorporó e impulsó el alcance de los postulados neoclásicos a partir de la obra de Knut Wicksell, sólo dos décadas más tarde y llegó a conclusiones cercanas a las keynesianas en la década de los treinta de este siglo. Por tanto, desde sus orígenes hasta la aparición de la Escuela de Estocolmo transcurrieron solamente 50 años.

En esos años se produjo en Suecia un proceso de cambio teórico de magnitud considerable. Las ideas clásicas que presidieron el conocimiento económico estructurado desde los escritos del fundador del pensamiento económico sueco como lo fue Davidson en las últimas décadas de siglo XIX, fueron posteriormente sustituidas por el neoclasismo Walrrasiano de Cassel, que se vieron superadas en el transcurso de muy pocos años por otras que situaban la racionalidad en parámetros distintos. Estas nuevas ideas se revelaban herederas de una tradición teórica interna rival de la liderada por Cassel- el neoclasicismo Wickseliano- y además las prescripciones políticas que resultaban de esa nueva forma de pensar, ampliaban las posibilidades de intervención del Estado en la economía, alejándose de forma significativa de los principios de laissezfaire que emanaban de la doctrina anterior.

Hasta los años veinte la corriente principal de la ciencia económica en Suecia estaba representada por la obra de Cassel, y era perfectamente homologable a la heredera del modelo de equilibrio general “Walrrasiano”. Gunnar Myrdal analizó en 1927el resultado de considerar el efecto que las expectativas sobre un futuro incierto proyectan sobre el proceso de formación de los precios. Éste es el primer intento de aplicación teórica de una aproximación al método dinámico, y es por ello considerada la primera obra de la Escuela de Estocolmo. Pues bien, en 1928, la reflexión sobre la necesidad de extender el alcance de la teoría mediante la aplicación del método dinámico convenció a los jóvenes economistas suecos de la necesidad de cambiar de referente analítico: el marco teórico de Cassel fue sustituido por el de Wicksell.

Destaca Teixeira (1995) que la defensa rigurosa de ese cambio de referente analítico se encuentra en Myrdal (1930) que se basó en plantear un ataque a los dogmas de la generación anterior. A partir de ese momento y durante el resto de la década las aportaciones de este autor -y poco más tarde las del resto de la Escuela de Estocolmo- fueron presentadas como una crítica inmanente a la teoría de Wickell. Esto significa que a partir de ese momento la influencia de la línea teórica defendida por Cassel fue nula. El papel que cabe atribuirle a este autor respecto de la Escuela de Estocolmo es perfectamente expresado por Schumpeter, cuando afirma que “Cassel fue un profesor eficaz y sugestivo; algunas de opiniones de los Wicksellianos modernos en cuestiones de teoría pura se pueden remontar a su enseñanza” (Schumpeter,1954: 943).

Para Teixeira (1995) la contribución de la Escuela de Estocolmo a la teoría económica fue la de haber continuado una tradición del pensamiento económico que aportó a la ciencia económica conceptos y métodos que han ampliado el alcance de algunas teorías e incluso que son en gran medida responsables de la aparición de nuevos frentes de investigación que surgieron en las últimas décadas.

Entre los aportes que menciona Teixeira (1995) se tienen , la influencia de la teoría monetaria Wickselliana en el proceso de consolidación de la Teoría General de Keynes, el debate que en los años sesenta se produjo entre los dos Cambridge sobre la controversia del capital se debe en gran medida a la teoría del capital de Wiksell, como destaca entre otros Harcourt (1972)Wicksell (1896) y Lindahl (1919) son los precedentes de la Teoría de la Elección Pública, como en numerosas ocasiones ha reconocido J. Buchanan.

Por su parte el modelo Walrrasiano reducido de Cassel fue utilizado en mayor medida que el del propio Walras por los teóricos del Equilibrio General entre otros por Von Neumanen en los años treinta, el teorema HeckscherOhlin presidió en las últimas décadas la teoría del comercio internacional, la utilización del método dinámico en la teoría económica se debe a la Escuelade Estocolmo, el análisis ex-ante ex-post introducido por Myrdal, se convirtió en un método ampliamente utilizado en la teoría posterior, el tipo de análisis desarrollado en la teoría Arrow-Debreu– equilibrio intertemporal- fue desarrollado previamente en Lindahl (1929) y (1930), y finalmente, los economistas de la Escuela de las Expectativas Racionales reconocen quesus métodos de análisis fueron adelantados por primera vez por Lindahl.

Se puede decir que Cassel inició las críticas económicas sobre las teorías de Keynes, que abrió la puerta a posteriores análisis. Además, ha sido líderen temas tan importantes e impactantes con el valor y la importancia del nivel de interés y su impacto sobre la inversión y la economía y fue el impulsor de la teoría económica que ayudó el desarrollo del Comercio internacional.

3. Teoría de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA): La fundamentación de Gustav Cassel

La hipótesis de la PPA tiene una gran tradición histórica. Según Rogoff (1996), su origen se remonta a la denominada Escuela de Salamanca

en el siglo XVI con las entradas de metales preciosos desde América. En efecto, en la Universidad Salmantina de la época, un grupo de teólogos y juristas interesados por el comercio internacional desarrollaron una versión primitiva de la teoría cuantitativa del dinero que, combinada con el análisis medieval de los tipos de cambio, condujo a la formulación de la PPA.

Posteriormente, el debate bullonista en Suecia, Francia e Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX despierta un renovado interés por esta hipótesis, que adquiere un nuevo relieve (y el nombre por el que la conocemos en la actualidad) a comienzos del presente siglo con las aportaciones de Cassel (1918, 1922)[3]. La primera contribución sobre este tema fue publicada en 1916[4], usando cifras de los países que participaban en la Primera Guerra Mundial, y también de Suecia y Estados Unidos. Una deducción importante fue que sería difícil restablecer las paridades anteriores a la guerra sin causar una gran deflación en algunos países, como era el caso de Inglaterra. De hecho, cuando se restableció el patrón oro en 1925 se fijó la paridad al mismo nivel que existía antes de la guerra, generándose una deflación y un elevado desempleo en Inglaterra.

Cassel planteó la hipótesis de que la libre circulación de mercancías y un comercio bastante generalizado se traducirían en una Paridad del Poder Adquisitivo (PPA), de las monedas de los distintos países, como lo indican los niveles de precios nacionales.

Según Dornbusch (1985), la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) es una teoría de la determinación del tipo de cambio. Afirma (en la forma más común) que el tipo de cambio entre dos monedas en cualquier período de tiempo, está determinado por el cambio en los niveles de precios relativos a los países. Debido a que la teoría destaca los cambios en el nivel de precios como el principal determinante de los movimientos del tipo de cambio, también se le ha llamado la “teoría de la inflación de los tipos de cambio”.

De acuerdo con Schumpeter (1954), la teoría de Cassel surge asociada a la teoría cuantitativa. Ciertamente, ya en sus primeros escritos expone que, de acuerdo a la teoría cuantitativa de dinero, el nivel general de precios varia, permaneciendo constante todo lo demás, en proporción directa a la cantidad de dinero en circulación en el país. Cassel considera que los cambios en el sector real de la economía afectan al nivel de precios, pero la oferta monetaria es el actor más importante con efectos sobre el nivel de precios y sobre el producto real.

La teoría cuantitativa de dinero también admite otro sentido causal; que la demanda de dinero se incremente proporcionalmente al aumento en los precios y que la oferta pasivamente ajuste a demanda, Cassel enfatiza que la causa inicial de cualquier proceso inflacionario es siempre el incremento en la oferta de dinero que él llama “la creación de poder adquisitivo artificial”. El incremento continuado de oferta monetaria provoca inflación y siempre el gobierno tiene el poder de restringir la oferta y estabilizar los precios. Establece que, en el largo plazo, el poder adquisitivo interno de una moneda siempre será determinado por la cantidad de dinero en circulación. Cassel fue un monetarista aventajado de su época que sostenía la creencia de que los cambios en el sector monetario causaban efectos en el no monetario.

La idea básica detrás de la PPA es la ley de un solo precio. Esta ley sostiene que, en un mercado unificado, es decir, si no existen barreras al comercio, costos de transporte, ni tarifas arancelarias, todo producto tiene un mismo precio. Si suponemos que para un conjunto de productos el mercado doméstico y el mercado extranjero están estrechamente integrados (en cuanto que los productos puedan ser intercambiados fácilmente entre ambos mercados), entonces la ley de un solo precio afirma que los precios de dichos productos deben ser los mismos en todos los países (Larraín y Sachs, 2013)

Para explicar de una manera clara sus ideas partió de los siguientes supuestos: 1) sean dos países A y B, que tienen sistemas monetarios nacionales; 2) el país A es el país exportador de bienes y servicios y B es el país importador; 3) el medio de pago empleado es la letra de cambio (Bill of Exchange); 4) los pagos son efectuados en moneda del país importador, por B; y 5) el punto de vista de las transacciones internacionales es vista desde el ángulo del país importador. De esta manera, un exportador, localizado en el país A, vende productos a un importador en el país B, quien paga por medio de letras de cambio en la moneda de B (Borgucci, 2016).

El país A posee inicialmente las letras de cambio, con esos medios de pago, los tenedores cuentan con un poder de compra en los mercados del país B. Debido a que el nivel de precios es mayor en A que en B, las letras de cambios que posee los exportadores de A son valiosos en términos de los mercados de B. Entonces, el precio de una letra de cambio en el país B, como

expresión del valor en ese país en

(Ecuación 1) términos del país A, está directamente determinado por la relación existente

Donde es el tipo de cambio, entre el valor del dinero en A y B expresado como el precio en moneda (Borgucci, 2016).

nacional de una unidad monetaria


Esta relación es la paridad de extranjera, y representan el precio poder de compra de las dos monedas. de la mercancía i en el

De esta manera, el precio de la unidad mercado nacional y j en el extranjero, de moneda del país B en términos de respectivamente. la moneda del país A es denominada

A partir de (1), considerando en el país A la tasa de cambio (ratio índices agregados de precios en lugar de of exchange) sobre el país B. El factor precios individuales (siempre y cuando la esencial que determina la tasa de construcción de estos índices se realice cambio es entonces la paridad del utilizando ponderaciones idénticas para poder que compra, que en la práctica cada mercancía en los distintos países), representa el nivel normal de tasas de obtendríamos la expresión de la versión cambio” (Cassel, 1932 – 1967).


absoluta de la PPA: Para Cassel, es imposible comprobar exactamente la PPA sobre

(Ecuación 2) la base de la definición realizada anteriormente. Es decir, el nivel de

Donde y son los niveles de precios precios en dos países que tienen nacional y extranjero, respectivamente. diferente unidades monetarias no es


Si despejamos S, se obtendría: exactamente comparable. No obstante, un cambio en el nivel general de precios

(Ecuación 3) en un país en relación con el nivel de precio de otro país debe obviamente

De manera que cuanto mayor alterar la paridad del poder de compra

(menor) sea el nivel de precios nacional así como el nivel normal de tipos de en relación al nivel de precios extranjero, cambio” (Cassel, 1932 - 1967). Esto mayor (menor) debe de ser S o, en otras es claro, incluso si dos países que palabras, se requeriría un tipo de cambio tienen relaciones comerciales que relativamente depreciado (apreciado) experimentan procesos inflacionarios. para mantener el poder adquisitivo de la

Sin embargo, el país más perjudicado moneda nacional. será aquel con un crecimiento mayor en

Una versión menos restrictiva de su nivel general de precios. la PPA admite que el tipo de cambio


La explicación de la relación difiera de los precios relativos por una de causalidad entre precios y tipos constante, de manera que serían las de cambio que subyace en la teoría variaciones del tipo de cambio las que transitó desde una versión absoluta con deberían compensar las variaciones muy fuertes requerimientos, hacia una en los niveles de precios nacional y versión relativa con supuestos menos extranjero rígidos. En su versión absoluta. la PPA es una generalización de la “ley del

(Ecuación 4) precio único”:

Donde el símbolo r sobre una variable indica su variación porcentual. La ecuación (4) es la expresión de la PPA en su versión relativa. Como puede verse en (4), si la tasa de inflación nacional excede a (está por debajo de) la extranjera, se requiere una depreciación (apreciación) del tipo de cambio para mantener el poder de compra de la moneda nacional.

Para Cassel, el factor esencial que determina la tasa de cambio es entonces la PPA, que en la práctica representa el “nivel normal de tasas de cambio” (Cassel, 1967[1932]: 513). Es decir, el tipo de cambio fluctúa alrededor de la PPA. Si el tipo de cambio coincide con la paridad del poder de compra, se está en presencia de un tipo de cambio normal. El tipo de cambio de equilibrio se define como el valor del tipo de cambio que produce equilibrio en la balanza de intercambio. Considera que la principal razón por la que se paga por una moneda extranjera se debe a que dicha moneda representa en su país un poder adquisitivo, que se materializa cuando se usa para adquirir bienes o para pagar servicios internos.

Sin embargo, destaca que no es cierto que el nivel prevaleciente de tipo de cambio coincida siempre con el nivel normal. Las desviaciones del tipo de cambio respecto al nivel normal cae, según Cassel, dentro de dos categorías: 1) de circunstancias externas, como por ejemplo, una subvaluación de la moneda nacional como resultado de una depreciación interna anticipada o medidas para atrasar las exportaciones, altos derechos de exportación o el establecimiento de precios altos para los compradores del exterior; y 2) como resultado de las constantes fluctuaciones en la situación de los mercados internos, que pueden ser causados por ajustes inadecuados en la balanza de pagos (Borgucci, 2016).

Ahora bien, con el segundo de los factores, la cuestión reside en cómo minimizar los efectos negativos de esos desajustes o ajustes más realizados. Los ajustes para arreglar los desbalances pueden tomar dos formas: 1) por medio de transferencias en una dirección u otra; o 2) alterando el balance de las creencias o derechos sobre el resto del mundo.

Así una subvaluación de tipo de cambio, estimula las exportaciones y desincentiva las importaciones, incrementa la demanda de moneda de país en el mercado de cambio exterior, restableciendo la igualdad del tipo de cambio con la PPA. Y viceversa, una sobrevaluación en el tipo de cambio desincentiva las importaciones, disminuyendo a demanda en el mercado de cambio exterior para reponer a igualdad de tipo de cambio –PPA. Lo que Cassel denomina “estimulo artificial” cesaría y el equilibrio en la balanza de pagos se restablece. Se considera que las altas elasticidades para exportaciones e importaciones implican una gran estabilidad del tipo de cambio en el nivel de equilibrio por la respuesta relativamente amplia de la balanza de intercambio en el tipo de cambio.

El concepto de paridad-coste también lo contempla Cassel, afirmando que solo cuando los precios de los productos se han ajustado con su coste de producción se puede considerar que el índice de precios de las ventas totales refleja el nivel general de precios. Además. Considera el nivel de salarios de un país como un factor muy importante en la determinación de valor internacional de su moneda (Cassel, 1967 . 1932)

La Balanza de pagos no puede explicar los movimientos en los tipos de cambio según Cassel, ya que la PPA es un valor de equilibrio estable que corregiría las subvaluaciones o sobrevaluaciones en el tipo de cambio devolviendo la balanza al equilibrio. Fundamentalmente el autor que cree en el buen funcionamiento de los mecanismos de transferencia exterior, donde el déficit o el superávits de la balanza comercial son compensados por la cuenta de capital.

Ambas versiones de la hipótesis de la PPA han sido objeto de numerosos contrastes empíricos a lo largo de los años. Dichos contrastes suelen tomar como punto de referencia las experiencias históricas con tipos de cambio flexibles, la década de los veinte y el actual periodo de flotación iniciado en los primeros años de la década de los setenta. En general, la evidencia existente parece sugerir que, si bien podría aceptarse a grandes rasgos el cumplimiento de la PPA, los resultados obtenidos son mucho más desfavorables. Estas conclusiones parecen confirmarse en estudios que utilizan técnicas de cointegración véanse Taylor y MacMahon (1988) y Taylor (1988) citados por Bajo y Sosvilla (1993:177), Mohammed (2015)Cerquera, Gómez y Arias (2018).

Entre los factores que podrían explicar estos resultados empíricos no favorables se han mencionado la existencia de costes de recolección y procesamiento de información, costes de transporte, barreras al comercio internacional (tales como aranceles y cuotas), e imperfecciones de mercado en general, que pueden limitar el arbitraje espacial y, por tanto, dar lugar a desviaciones respecto a la PPA.

Por otra parte, es más probable que las ponderaciones utilizadas en el cálculo de los índices agregados de precios difieran entre países, así como el hecho de que estos incluyan bienes comerciables y bienes no comerciables. Sin embargo, estudios recientes para América Latina validan la PPA como los trabajos presentados por Gómez y Rodríguez (2012) en México y Lorduy (2014) en Colombia.

4. Teoría de la Economía Social: Algunas contribuciones de Gustav Cassel.

Esta obra la realizó Gustav Cassel en 1918, “Theoretische Sozialökonomie” que se publicó en inglés en 1923 como “The Theory of Social Economy” (La Teoría de la Economía Social), donde establece las condiciones del equilibrio general relacionado con la conexión de los distintos mercados, que se ocupó de exponer el sistema económico, el papel de los factores de producción; el estudio de la naturaleza y efectos del dinero en el sistema económico; las crisis económicas; los efectos del ciclo de negocios en la economía real y lo que se considera una de las contribuciones más importantes en el pensamiento económico de su tiempo: comienza en esta obra su visión del concepto de la teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA). En este punto se realizará una síntesis sobre los aspectos básicos de la obra Teoría de la Economía Social.

Cassel destaca que: “La satisfacción real de un deseo generalmente involucra algún tipo de acción por parte de la persona, que el sistema económico es la suma de acciones que hacen posible la satisfacción de los deseos, la mayor parte de toda la actividad económica es de carácter preparatorio. Su objetivo es crear los medios para satisfacer las necesidades futuras, implicando así la búsqueda de algún objetivo lejano” (Cassel,1967[1932]: 3).

Asimismo, infiere que un sistema económico presupone la cooperación de varios individuos para la mutua satisfacción de sus deseos. Tal cooperación implica naturalmente algún grado de organización consciente. Tan pronto como un sistema económico incluye más de una persona, implica, organización de la actividad económica. Estos dos factores, es decir, la actividad dirigida ala satisfacción de los deseos futuros y la organización es cada vez más prominente a medida que avanza el desarrollo económico.

Por otra parte, plantea la necesidad de lograr un cierto fin con el menor gasto posible de medios. Este principio, que puede ser llamado el “Principio de Medios mínimos, “conduce a una elección cuidadosa de medios técnicos, Y es el criterio para una organización económica eficiente (Cassel, 1967[1932]).

En este sentido reflexiona sobre los factores de producción, exponiendo que por mucho tiempo ha sido la costumbre distinguir tres grupos de factores principales como son, trabajo, tierra y capital. Cassel, incluye una categoría que denominó “materiales naturales” (natural materials), que forma parte del factor tierra. Señala que cada uno de estos cuatro grandes grupos tiene sus características especiales y que estos factores se ofertan y demandan en el mercado a un determinado precio establecido entre los compradores y vendedores. Precio que está en función del principio de escasez.

Por tanto, expone lo siguiente con respecto al precio: “Los valores son reemplazados por los precios, por lo que tenemos una teoría de los precios en lugar de una teoría del valor. Desde este punto de vista se concluye que la llamada teoría del valor debe ser descartada en la Economía. La exposición teorética de la economía de cambio debe tomar el dinero en consideración para ser considerada esencialmente una teoría del precio” (Cassel, 1967[1932]: 49).

Asimismo, define al capital como: “Una suma de dinero que en el futuros e materializará en cierto y real capital, pero que puede, por medio de la venta y la compra,asumir en cualquier otro momento otra forma concreta que se elija” (Cassel, 1967[1932]: 51).

Por otra parte, plantea que la propiedad sobre determinada suma de bienes en una economía monetaria puede generar rendimientos económicos y un cierto retorno a su propietario. Para Cassel, el capital se denomina capital remunerativo (remunerative capital) o riqueza.

Con referencia al interés destaca Borgucci (2016), que Cassel, describe que el fenómeno del interés en la economía se relaciona al derecho de un prestamista de recibir una remuneración como forma de compensar el riesgo asumido por un préstamo de lo que él denominó como capital disponible (capital-disposal)

Así mismo Borgucci (2016) señala que para Cassella economía monetaria, está ligada a dos procesos económicos: el proceso del cambio y el cobro de tributos por parte de la autoridad. En este sentido, los bienes que servían de medio general del intercambio fueron de diversos tipos, pero siempre había la necesidad de buscar un denominados común, una mercancía general (standarcommodity)

Una vez conseguido ese denominador común, según Cassel: “La suma al cual un bien es valorado como si fuese una unidad abstracta de cuenta es claramente un precio. La unidad es el precio unitario y la escala general cálculo es un precio escala. De esta forma, el cálculo del precio comienza con el cálculo en una unidad abstracta que tiene siempre una existencia independiente, distinta de la mercancía general” (Cassel, 1967[1932]: 274)

Este problema de orden práctico, en los negocios y transacciones, requirió de una búsqueda en el tiempo de esa mercancía general, que debía al menos, cumplir con los siguientes requisitos: 1) ser de fácil transporte; 2) fácil de almacenar, es decir, que se pudiese conservar; y 3) fácil de dividir. Cuando una mercancía cumple las condiciones básicas enumeradas anteriormente, se están sentando las bases de lo que Cassel denominó como sistema monetario “Monetar y system”. Entonces, el sistema monetario es el conjunto de instituciones que hacen posible que el proceso de cambio se lleve a cabo de manera conveniente a los intereses de quienes participan en el sistema económico en general (Borgucci, 2016).

Según Cassel, las crisis económicas no son el resultado de la sobre producción de bienes y servicios y de errores en el cálculo de las necesidades de la comunidad. No niega que estos factores sean en parte responsables de las crisis económicas, peroapunta que esos errores son comunes en las formas viejas de crisis económicas.

En este sentido, destaca que en las crisis modernas es tono es primariamente una cuestión de sobre producción. Como el boom económico se distingue por un extraordinario incremento en la producción de bienes de capitalfijo, este hecho podría llevar a una sobreproducción de bienes finales. No obstante, como se ha visto, parece que los servicios del capital fijo, que son el objeto de la demanda de los consumidores, son generalmente no en todos los casos producidos en exceso aún en la última parte de un boom económico; y que, al contrario el capital fijo ha sido empleado al extremo para equipararse a la demanda. Aún los materiales del capital fijo no son producidos en exceso durante el boomeconómico” (Cassel, 1967[1932]: 649).

Una vez establecidos los aspectos más importantes que se desarrollan en la Teoría de la economía Social, se puede apreciar un autor que defiende el principio de la escasez, el libre intercambio con un lenguaje claro y conciso, a continuación se abordará lo referente a la PPA y el tipo de cambio de equilibrio.

5. Reflexiones Finales

La contribución de Gustav Cassel a la teoría de la PPA, surge para identificar un tipo de cambio de equilibrio y se convierte en factor de conversión ampliamente utilizado para lograr la comparabilidad internacional de los principales agregados macroeconómicos de las naciones. Así mismo la PPA, se utiliza para cuantificar en qué medida un país o región es más cara que otra, con el consecuente impacto en el costo de la vida de la sociedad.

Cassel planteaba que si un tipo de cambio no estaba en paridad, estaba en desequilibrio y que el tipo de cambio o el poder adquisitivo se ajustarían hasta lograr la paridad. Los economistas ahora se dan cuenta de que la paridad del poder adquisitivo se mantendría si todos los bienes de un país fueran comercializados internacionalmente. Pero la mayoría de los bienes no lo son. Por tanto la teoría de la PPA tiene en cuenta el impacto de los movimientos internacionales de capital en el mercado de divisas.

Cassel en su obra de la Economía Social, hizo una re exposición de la teoría Walrraciana, de la teoría del equilibrio genera. Sin embargo, la formulación de Cassel era más simple que la de Walrras, consideraba los precios en dinero en lugar de los valores o utilidades, subyacente servidos como elementos básicos del sistema de construcción.

Los aportes de Cassel, en su obra, se pueden comprender en cuanto a la teoría microeconómica del crecimiento económico, la cual fue innovadora y que conquistó a John von Neuman, en el diseño de un modelo que toma en cuenta la formación de ; así mismo, la teoría macroeconómica del crecimiento de la cual fue igualmente innovadora e inspiró el trabajo de Roy Harrod; y, finalmente la teoría del agotamiento óptimo, donde se anticipó a lo que los economistas tuvieron que decir acerca del agotamiento de los recursos energéticos después de la crisis del petróleo de los 70s del siglo XX.

Referencias bibliográficas

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Notas

[1] The Theory of Social Economy (1967[1932]), que se basa en la edición de 918 (TheoretischeSozialökonomie), cuya 4ª edición revisada de 1927, fue traducida a lengua inglesa en 1923 y cuya siguiente edición fue en 1932.
[2] Davidson (1854-1942) es considerado el fundador del pensamiento económico sueco. Sus contribuciones teóricas son escasas: en realidad, su gran contribución a la ciencia económica en Suecia se debe a su papel de divulgador de las ideas de los clásicos ingleses
[3] Cassel, G. (1922), Money and foreign exchange after 1914, Londres, Constable and Co
[4] Cassel, G. (1916), “The Present Situation of the Foreign Exchanges”, Economic Journal.



jueves, 6 de octubre de 2022

El Compendio de Historia Económica del Perú - El cuarto tomo del Compendio de Historia Económica del Perú cubre el período 1821-1930.

El Compendio de Historia Económica del Perú comprende cinco tomos correspondientes respectivamente a los períodos prehispánico, colonial temprano, colonial tardío, siglo XIX y siglo XX. Representa un esfuerzo del Banco Central de Reserva del Perú y del Instituto de Estudios Peruanos por poner al alcance de la comunidad científica y del público en general, los avances más relevantes en el conocimiento de los procesos de producción, comercialización y consumo en el Perú a lo largo de sus distintas épocas. 

Este tomo desarrolla la evolución de la economía peruana a lo largo de la primera centuria de vida independiente, extendiendo el análisis desde el inicio de la república hasta la ocurrencia del “crack” mundial de 1929. El periodo cubierto corre así entre 1821 y 1930. Durante esa larga centuria acontecieron importantes episodios que marcaron nuestro pasado económico, tales como el apogeo de las exportaciones de guano, la derrota en la guerra del salitre y la adopción del patrón oro para el sistema monetario. Fue propiamente la época de transición entre la organización económica colonial y la consolidación de una economía nacional. 

El cuarto tomo del Compendio de Historia Económica del Perú cubre el período 1821-1930. 

Introducción

Esto es, desde la independencia hasta el momento en que la crisis económica mundial iniciada en octubre de 1929 impactó en la economía peruana. Se trata de un lapso poco mayor a un siglo, que resultó decisivo para la historia del Perú por corresponder a la época que siguió inmediatamente a la independencia. Fue el momento en que debieron tomarse las decisiones fundadoras acerca de la organización política y económica de la nación, que por el hecho de tener dicho carácter, luego no tuvieron fácil marcha atrás. La guerra del salitre, entre 1879-1883, dividió claramente este período en dos etapas. La primera, entre 1821-1883, fue propiamente la de posindependencia; vale decir, el lapso en que debieron resolverse los problemas planteados por la nueva situación política resultante del rompimiento con la metrópoli española. Algunos de ellos eran urgentes y requerían respuestas inmediatas. La segunda, entre 1883- 1930, se asemejó mucho a la primera, en el sentido de emerger de una guerra y de los problemas derivados de la pérdida de riqueza y legitimidad política por parte de la clase gobernante, pero también tuvo algunos elementos distintos. Detengámonos un poco en señalar los caracteres generales de cada etapa. 

Ya no es una novedad señalar que la economía del Perú emergió debilitada tras la guerra de independencia. Esta había durado casi veinte años, si se contaba desde las campañas del ejército de Abascal contra los insurgentes del Río de la Plata y de Quito, en 1809, hasta la rendición de los realistas en la fortaleza del Callao y el develamiento de los partidarios de Fernando VII en Huanta, Ayacucho, a finales de la década de 1820. La duración del enfrentamiento y la característica de guerra civil que cobró multiplicaron el encono entre realistas y patriotas. Una vez vencidos, los realistas recibirían los castigos de la ejecución sumaria o el destierro, y la expropiación de sus bienes y caudales. Quienes lograron escapar a tiempo se fueron con sus capitales, su experiencia empresarial y sus hábitos mercantiles. La independencia se logró, así, al costo de la descapitalización del país y de la pérdida de su élite económica. 

Esta se había desarrollado especialmente en los sectores del comercio ultramarino, la agricultura de la costa y la minería de la sierra. La desaparición de sus propulsores hizo que después de la independencia estos sectores tardaran en recuperarse. El dominio del tráfico comercial en el Pacífico sudamericano, ejercido por los comerciantes de Lima-Callao hasta los inicios del siglo XIX, no volvió a reeditarse: Valparaíso le quitaría al Callao el lugar de puerto redistribuidor de dicha cuenca. La minería se sumergió en una grave recesión, que se superó alrededor de 1840 (véase el capítulo de José Deustua en este volumen), pero solo fugazmente. Recién en los años finales del siglo XIX se recuperarían los niveles de producción de antes de la independencia; por lo menos en cuanto hace a la minería metálica. 

Cuando la guerra es prolongada, suele suceder que los combates se extienden por muchos frentes e involucran a capas diversas de la población, de modo que en la posguerra queda mucha gente armada y —lo que suele complicar las cosas— sin empleo. En tal escenario, es difícil para el Estado imponer el monopolio de la coerción legítima, que es una condición fundamental para la acción de un gobierno. Sin capacidad del gobierno para asegurar el orden interno, el bandolerismo (entendido como el asalto en los caminos) en el Perú se volvería endémico a lo largo de todo el período tratado en este tomo, complicando las posibilidades de comunicación en un territorio que ya era difícil de recorrer, y mucho más si se iba transportando comercio. Las guerras civiles, o las que se libraron contra los países vecinos —que en mucho tuvieron el mismo carácter, cuando no se confundieron con las guerras civiles—, se prolongaron desde el día siguiente de la independencia hasta el final del siglo. Este clima desalentó los negocios; especialmente las inversiones en minería y agricultura, que dependían fuertemente de la disponibilidad de los mismos bienes que los ejércitos en guerra consumían: hombres, animales y capital. 

En la primera mitad del siglo XIX la población era escasa, frugal y dispersa pero, como nos informa el capítulo de Jesús Cosamalón en este libro, ella fue creciendo a lo largo del período, que se caracterizó por continuar, e incluso acrecentar, la tendencia a la expansión demográfica iniciada en el siglo anterior. Dicho incremento no implicó, sin embargo, urbanización, ya que de las cuatro ciudades mayores a los diez mil habitantes antes de la independencia (Lima, Cuzco, Arequipa y Huamanga) solamente la capital tuvo un incremento demográfico a lo largo del siglo y no surgió durante el mismo ninguna ciudad importante nueva. Con ciudades como Huamanga (rebautizada después de la independencia como Ayacucho) sucedió incluso lo contrario, pues esta perdió una parte importante de su población. De cualquier modo, la vitalidad demográfica del país después de la independencia estaría expresando un tipo de Introducción | 13 crecimiento económico, puesto que no se percibe un descenso del nivel de vida de la población, sino incluso lo contrario. El crecimiento de la población abarcó todos los sectores y regiones, con un cierto sesgo a favor de la parte norte, como ya dejó notar Bruno Lesevic en uno de sus trabajos.1 

Entre los aspectos económicos que demandaron la inmediata atención del Estado tras el logro de la independencia, estuvo la cuestión fiscal. Para que el Estado pudiese implantar su monopolio de la violencia legítima y pasase a cumplir con las tareas propias de todo gobierno (como la garantía de la seguridad externa e interna y la administración judicial), requería de ingresos monetarios. Algunos de los mecanismos fiscales usados por el Estado colonial no pudieron mantenerse, por depender del suministro de bienes provenientes de la antigua metrópoli, como fue el caso del estanco del azogue. El problema fiscal se acrecentaba, si tomamos en cuenta que la independencia había consistido en cierta forma en una rebelión antifiscal contra la Corona española. Uno de los motivos por los cuales la causa patriota ganó adhesión, fue por la percepción de que la carga fiscal impuesta por los gobernantes peninsulares a la población del virreinato era excesiva e injusta. Ocurrida la independencia y transformado el Perú en una república donde ya no habría más súbditos de un rey sino ciudadanos de una nación, la población esperaba que el premio de la libertad fuese un alivio en la tributación. 

Después de 1821, los impuestos tendieron entonces a atenuarse o desaparecer, lo cual expresaba también la menor legitimidad de la que disfrutaba el nuevo Estado frente a la población. Aunque republicano, nacional y democrático, no tenía el apoyo de la tradición y la majestad de la que gozaba el monárquico, imperial y absolutista Estado español. Un cuarto de siglo después de la independencia fue quedando claro que una mayor autoridad y credibilidad del Estado se iría ganando solo trabajosa y paulatinamente. El fenómeno del guano fue un milagro inesperado pero conveniente para el Estado peruano, porque le permitió financiarse a través de la exportación monopólica de este fertilizante natural, sin tener que recurrir a los resistidos impuestos, siempre complicados de recaudar. Se desplegó así un crecimiento de la economía pública, pero que no reposaba en las contribuciones entregadas por los ciudadanos, sino en la renta percibida desde el mercado mundial por el gobierno. Si bien esto le daba al Estado la comodidad de poder crecer y hacer obra pública sin desgastarse políticamente imponiendo contribuciones, lo privaba, por otro lado, de la orientación que las demandas y quejas de la población contribuyente ejercen sobre quien gobierna. 

1. Lesevic, Bruno, La recuperación demográfica en el Perú del siglo XIX. Lima: INANDEP, 1986.

Durante los años del guano se expandió la burocracia, se robustecieron las fuerzas armadas y se iniciaron obras ambiciosas que debían acondicionar ....


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LA ECONOMÍA PÚBLICA EN EL PERÚ DESPUÉS DEL GUANO Y DEL SALITRE

 LA ECONOMÍA PÚBLICA EN EL PERÚ DESPUÉS DEL GUANO Y DEL SALITRE 

Crisis fiscal, y élites económicas durante su primer siglo independiente

INTRODUCCIÓN

Este trabajo da cuenta de la crisis fiscal que sacudió a la hacienda pública del Perú entre 1873 y 1895, y de la reforma que la resolvió en los años siguientes, hasta aproximadamente 1920. Para exponer el patrón fiscal anterior hemos debido remontarnos hasta los inicios de la República, incluyendo así la era del tributo indígena y la subsecuente del guano. En medio de la crisis que puso fin a la era del guano ocurrió la guerra del salitre, que en muchos sentidos podría calificarse como un conflicto desatado por los recursos fiscales. Derrotada la alianza peruano-boliviana, el Perú debió ceder a Chile la provincia de Tarapacá, sede de los yacimientos de salitre, así como sufrir la expropiación parcial (y la inmovilización por un tiempo) de sus depósitos de guano. Las ventas de este último recurso y del salitre habían sido las fuentes principales de las que se habían nutrido las finanzas del Estado peruano desde la década de 1840, de modo que en los años de la posguerra debió procederse a una profunda reforma fiscal. Esta debía reducir el nivel del gasto público a la nueva realidad de los (disminuidos) ingresos del erario nacional, al tiempo que procurar el reemplazo de las antiguas fuentes de ingresos con otras nuevas. 

Los estudios sobre la formación de las finanzas nacionales en América Latina tras la Independencia han enfocado las dificultades que las nuevas naciones enfrentaron para forjar una estructura tributaria estable y suficiente. La explotación de los derechos de aduana, la venta de territorios, la concesión de monopolios comerciales a particulares y los préstamos internos y del exterior fueron algunas de las soluciones más socorridas, aunque en general fracasaron en conseguir la ansiada estabilización fiscal.1 Algunas décadas después de la Independencia, los atrasos e incumplimientos en el pago de la deuda volvieron difícil continuar con los préstamos del exterior; poco después, el cambio técnico ocurrido en el campo militar y en el del transporte hizo crecer las necesidades de gasto público, sobreviniendo agudas crisis fiscales, de cuya resolución dependió mucho el patrón que seguirían estas naciones. Es sobre este guión que bosquejamos esta porción de la historia fiscal peruana. Para decirlo en otras palabras: nuestra intención es mostrar cómo ocurrió la primera formación de la “economía pública” del Perú. La constitución de esta se alzaba como uno de los requisitos básicos para que se pudiese cumplir la promesa de la Independencia de dar a luz a una república moderna y viable. 

La historiografía económica y política de la postindependencia en el Perú no ha dado el debido espacio al tema fiscal. Tras la época de inestabilidad política y estrecheces económicas del primer cuarto de siglo que siguió a la Independencia, se asume que advino un nuevo período, conocido como la “era del guano”, que implicó una etapa de “vacas gordas” para el erario nacional. Por razones que aún se siguen discutiendo (¿corrupción, falla de las élites, precariedad del Estado, maldición de las materias primas, fallas en el timing o en la secuencia adecuada?), se considera que ella fue “una oportunidad desperdiciada” para el desarrollo.2 

1. Véase, entre otros, los trabajos de Marichal 1988, Carmagnani 1994, Centeno 2002, Aboites y Jáuregui 2005, Alexander 1992, Lofstrom 1983 y Gootenberg 1997. Asimismo, los reunidos en Liehr, ed., 1995; Jáuregui, coord., 2006; Prados y Amaral, eds., 1993; y Bordo y Cortés Conde, eds., 2001. 

2. Basadre 1981.

Cuando las cosas comenzaban a cambiar, en la década de 1870, conformándose una élite civil nacional que, por fin, sacudiéndose de medio siglo de tiranía de los caudillos de la Independencia, lograba el control del gobierno, irrumpió la guerra con Chile, que descalabró todo el desarrollo anterior y devolvió al país a las condiciones del momento de la emancipación. La posguerra, a partir de 1884, coincidió felizmente con un crecimiento de la demanda mundial por materias primas, coyuntura a la que el Perú pudo engancharse gracias a la acción del propio capitalismo internacional. Así, la economía “se hizo más burguesa a condición de ser cada vez menos nacional”.3 El boom de la exportación de materias primas devolvió a los peruanos a un nuevo pero más moderado ciclo de vacas gordas, hasta que se produjo el crack de 1929, que implicó una nueva fase de estrecheces e inestabilidad. 

Durante las épocas de bonanza, que correspondían a las de auge exportador, la política también “mejoraba”: se creaban partidos con ideologías y programas, que lograban movilizar e influir a buena parte de la población y competían electoralmente por alcanzar el poder; mientras que en las fases de contracción los partidos se disgregaban, siendo reemplazados por caudillos autoritarios que dirimían a balazos el derecho al trono presidencial. Así, durante la era del guano se formó el Partido Civil, organizado por intelectuales de ideas liberales deseosos de salvar al país de la anarquía militarista y por oligarcas del guano interesados en recuperar la función de contratistas privilegiados del Estado, que acababan de perder. Mientras que con ocasión del siguiente auge exportador, nacieron otros partidos, como el Constitucional, el Demócrata y el Liberal, que compitieron con el renacido civilismo (del Partido Civil) durante el período que Jorge Basadre bautizó como “la República aristocrática” (1895-1919).4 

En esa secuencia de alzas y bajas marcadas por el comercio de materias primas se perdió de vista la acción política del gobierno y la manera como este no solo marcaba la continuidad entre dichas fases, sino que influía en su cronología y en su propia marcha. Poca reflexión hubo acerca de por qué ocurrió esa sintonía entre bonanza primarioexportadora y desarrollo político, y viceversa; ni en general se intentó vincular los procesos económicos a los políticos, cual si corriesen por carriles independientes.5

El estudio de la perspectiva fiscal puede salvar este vacío al fijarse en el tema de cómo el auge exportador se transmitió a la esfera de acción del Estado, cómo la organización de este mismo se vio transformada por dicho auge y cómo, al fin, la relación del Estado con la población y con el resto de la economía cambiaba según se adoptasen distintos esquemas de tributación y gasto público. 

La fiscalidad y la constitución del Estado Los temas fiscales son una perspectiva útil e importante —clave, podríamos añadir— para el estudio de la formación y evolución del Estado y de cómo este se ha vinculado a la estructura económica y social del país.6 Materializada en impuestos que hay que cobrar, deudas, salarios y pensiones que hay que pagar, infraestructura y servicios que hay que costear y mantener, la fiscalidad ofrece lo que Gabriel Ardant llamó una “fisiología” del Estado, que dota a los historiadores de una serie de indicadores concretos, posibles de observar e incluso de medir a lo largo del tiempo, permitiendo una reconstrucción histórica objetiva y comparable.7 

Sea porque la formación de los estados haya resultado de los conflictos entre los pueblos (y en este sentido podríamos decir que la guerra del salitre efectivamente transformó tanto al Estado vencedor como a los derrotados),8 o de la necesidad de los hombres por constituir un poder que asigne y haga respetar los derechos de propiedad,9 el hecho es que los aparatos estatales, para subsistir y consolidarse, requerían de medios que les permitiesen ejercer el monopolio de la violencia legítima dentro de sus territorios.10 

3. Bonilla 1973. 

4. Basadre 1963:

5. La salvedad sería la asociación que trazaron algunos autores, como Yepes y Bonilla, entre el contrato Dreyfus de 1869 y la creación del Partido Civil en 1871 (que apareció primero bajo el nombre de Sociedad Independencia Electoral). Véase Yepes 1972: 95-86 y Bonilla 1974: 122. 

6. Entre los trabajos pioneros en esta perspectiva pueden mencionarse a Schumpeter 1954 y Peacock y Wiseman 1961. 

7. Ardant 1975. 

8. Tilly 1992. 

9. North 1984. 

10. Weber 1988 [1918].

Así como Marx planteó que las condiciones y los medios materiales de supervivencia de las personas eran las que determinaban su ser social y su conciencia,11 podríamos decir que la naturaleza del Estado y sus relaciones con la sociedad resultaban, sino determinadas, al menos poderosamente modeladas por la manera como este procuraba sus ingresos y los gastaba. 

Dentro de esta perspectiva, el estudio de las crisis y las reformas fiscales resulta de un particular interés para el historiador, puesto que de ordinario sirve para poner de manifiesto los intereses económicos de los grupos sociales, las coaliciones que establecen con otros grupos y su capacidad efectiva para influir o determinar las políticas públicas. La teoría de la hacienda pública, así como la historiografía sobre el tema, han resaltado frecuentemente las fuertes vinculaciones que las crisis y reformas fiscales han tenido con la lucha política, las tensiones sociales y el proceso de formación del Estado.12 No casualmente han venido asociadas a las grandes revoluciones sociales.13 

La crisis fiscal puede en principio ser definida como la ocurrencia de un déficit fiscal que no logra ser satisfactoriamente resuelto por las vías ordinarias a las que hasta entonces había recurrido el Estado, como impuestos, confiscaciones, préstamos, venta o arriendo de bienes públicos. En ocasiones, fue el propio intento de conjurar un déficit fiscal mediante un nuevo gravamen, una expropiación de la riqueza de los particulares o de sus organizaciones, o un préstamo forzoso, lo que desató la crisis social y política.14 

11. Marx 1973 [1859]. 

12. “Toda reforma fiscal plantea siempre un problema de naturaleza política —el del conflicto de intereses y poderes de los contribuyentes a quienes afecta— y supone siempre una solución política —el reparto al que se llega del poder económico entre las distintas clases sociales—” (Fuentes Quintana 1990: 423). 

13. La revolución norteamericana de 1776 o la francesa de 1789, por ejemplo, serían incomprensibles sin la noción o concepto de crisis fiscal (Bonney 1998). 

14. En el caso de la Independencia del Perú, las medidas fiscales aplicadas por los últimos virreyes para financiar la defensa del imperio español frente a los arrestos de los patriotas del Río de la Plata y Nueva Granada tuvieron como efecto que parte de la población peruana abandonase su postura inicial de defensa de la monarquía española. Véase Hamnett 1978 y Anna 2003. Esta idea también ha sido aplicada para la historia de la independencia de toda la América hispana. Véase Lynch 2004 y Te Paske 1982.

También aconteció que la conmoción producida por una revolución social impidió o dificultó la recolección de impuestos, deviniendo dicha revolución en una crisis fiscal. Las crisis fiscales podían desatarse a raíz de acontecimientos extraordinarios, como una guerra o la amenaza de la misma, o una severa catástrofe (una epidemia, un terremoto), que incrementaban de forma repentina la necesidad de gasto público.15 Aun cuando en el pasado tales acontecimientos eran tan ordinarios y frecuentes que difícilmente podrían calificarse de “imprevistos”, servían para volver más patética la poca flexibilidad de la estructura fiscal “tradicional” o de “Antiguo Régimen”. 

Otra fuente de las crisis fiscales sería la conocida ley de Wagner: la tendencia “natural” de los estados a incurrir en déficits por su deseo de ganar legitimidad ante la población, gastando en ella más de lo que recauda a título de impuestos.16 El gobierno obtendría así popularidad, pero solo al costo de incubar una futura crisis fiscal. La rápida rotación de los gobiernos tras la instauración de los regímenes republicanos o constitucionales favorecería esta práctica, en la medida que las consecuencias de la compra de la popularidad se trasladarían al siguiente gobierno. La progresiva extensión del derecho del sufragio a los grupos sociales menos favorecidos aumentó la tendencia expansiva del gasto público, dado que estos nuevos votantes tenían ahora un arma eficaz para hacer escuchar sus necesidades, que eran muchas.17 

En un sentido más amplio, las crisis fiscales expresarían la debilidad del Estado como organización capaz de interpelar a la población, y la rigidez o esclerosis de las instituciones y las estructuras económicas y sociales de una nación.18 Philip Hoffman y Kathryn Norberg sostuvieron que solamente los gobiernos que gozaban de amplia legitimidad y eran genuinamente representativos podían ser capaces de levantar grandes empréstitos o de cobrar ingentes sumas de impuestos. 

15. Tilly 1992 y Centeno 2002. 

16. Campbell 1993: 167-168 y O’Connor 1973. 

17. Peacock 1995. 

18. Bonney 1999.

Los gobiernos despóticos y totalitarios, en cambio, estarían condenados a no poder nutrir sus finanzas por la vía de los impuestos, sino por otras más arcaicas, como los bienes patrimoniales o el manejo de monopolios, sujetas a una mayor inestabilidad y, a la larga, a un menor rendimiento.19 

Una crisis fiscal expresaría en tal sentido la pérdida de legitimidad del gobierno o un desajuste entre sus planes de gasto y su fuerza política.20 De otro lado, la idea de “ciclo crediticio” de Carlos Marichal para la historia de América Latina podría ser extrapolada también a la fiscalidad.21 Tendríamos así ciclos de dos fases, en los que a una época de reforma, en que el aparato tributario se ajustaría a las nuevas posibilidades que le permiten los cambios ocurridos en la estructura económica y social vigente, consiguiendo financiar los planes de gasto público, sobrevendría otra en que las maniobras elusivas y evasivas frente a los impuestos que van tomando los agentes económicos (entre las que debería incluirse la progresiva concesión de exoneraciones logradas por los allegados al poder o por bloques regionales o sociales, estos últimos mediante maniobras políticas), junto con las transformaciones ocurridas en la economía, dejan desfasado, perforado e inerme el esquema tributario, creando el escenario propicio para una crisis fiscal. En cualquier caso, al concepto de crisis fiscal va asociado el de reforma fiscal, en la medida que esta resulta su consecuencia; sin embargo, ninguna reforma resuelve los problemas de hacienda para siempre. La reforma fiscal se ha entendido a veces como una racionalización del sistema, en el sentido weberiano, asimilándose a lo que sería la “modernización fiscal”.22 Supondría así la abolición de privilegios, exenciones o subsidios que hayan terminado cobrando un cariz arbitrario, así como la introducción de imposiciones que conlleven un nuevo tipo de relación entre el Estado y la economía, o entre aquel y la sociedad civil.

19. Hoffman y Norberg, eds., 1994: Introducción. 

20. Sin embargo, en la época contemporánea, dominada por los impuestos a la renta y al valor agregado, la capacidad de recaudación de un gobierno podría depender más de aspectos meramente técnicos, como, por ejemplo, aplicar las retenciones del impuesto antes de que pasen a las manos de las personas, haciendo de las grandes empresas entes recaudadores. 

21. Marichal 1988: 12-15. 22. Pro 2005.

 La imposición del income tax en Inglaterra en 1799, o del timbre en México en 1869, o del impuesto a la renta en este mismo país entre 1924 y 1925 representaron nuevos umbrales en las relaciones entre el Estado y la sociedad, en el sentido que modificaron los derechos y deberes económicos de las personas.23 Asimismo, permitieron un mayor registro del Estado sobre la economía de las personas, aumentando las posibilidades de imposición, a la vez que dotaban a los agentes de una mayor seguridad en sus transacciones. La creación de condiciones que permitan la ampliación de la base tributaria, como por ejemplo la formalización o titulación de la propiedad, o la preparación de un catastro del territorio, también deberían comprenderse entre los elementos de una reforma fiscal.24 

En la historiografía, la estrella de las reformas fiscales ha sido en todo caso la reforma tributaria. Fuentes Quintana recuerda el aforismo de que “Detrás de una verdadera reforma tributaria hay siempre una revolución”.25 Las reformas tributarias afectan los intereses económicos y desafían los poderes de grupos específicos, por lo que resultan, para él, de una sutil química entre la destreza técnica y la habilidad política para aplicar la nueva mecánica impositiva. Advierte que no deben ser entendidas como un acontecimiento específico en una fecha precisa (como la dación de una ley creando un impuesto), sino como un conjunto de medidas que van ocurriendo poco a poco, aunque impulsadas por un mismo plan. En suma, la reforma fiscal sería el proceso por el cual la estructura tributaria se transforma para dar un salto cualitativo en el nivel de los ingresos, lo que siempre supone una afectación de los derechos de propiedad y ciertos cambios en el marco institucional.26 

El nacimiento de los estados modernos en Europa occidental entre los siglos XV y XVIII, así como las transformaciones fiscales influidas por el liberalismo y la idea del bienestar social durante los siglos XIX y XX, han sido los temas más frecuentados por la historiografía fiscal. Algunos autores han llegado a proponer una secuencia evolutiva del proceso fiscal, en el que se pasaría de una estructura de “Antiguo Régimen” a una “liberal”, para desembocar en la del “Estado de bienestar”. 

23. Para el caso de México, véase Carmagnani 1994, Marichal 1994 y Aboites y Jáuregui, coords., 2005. 

24. Pro 1992: cap. 3. 

25. Fuentes Quintana 1990: 370. 26. North y Thomas 1978: cap. 8.

La hacienda del Antiguo Régimen se caracterizaría por la imposibilidad de distinguir entre los intereses públicos y privados, tanto en las labores de recaudación cuanto en las de gasto, al punto que las prácticas que ahora llamaríamos fraudulentas eran comunes y socialmente aceptadas. La hacienda liberal se regiría por los principios de equidad, equilibro presupuestario y Estado mínimo, lo que condujo a imposiciones de baja tasa, con proporcionalidad según los ingresos o el consumo de los contribuyentes, y énfasis en la legalidad y la seguridad jurídica de los tributos. La fase del Estado de bienestar, por su parte, se caracterizaría por una intención redistributiva, una presión fiscal diferenciada contra las rentas altas y una mayor regulación de las actividades económicas.27 En cuanto al tipo de gasto, en la fiscalidad tradicional el peso mayor recaía en el gasto militar, que a su vez era también responsable de la mayor parte de la deuda pública. En la fase de la hacienda liberal, este patrón es reemplazado por el gasto de inversión en infraestructura y en ayuda al desarrollo, mientras que en el Estado de bienestar la tajada más importante del gasto correspondería a los servicios y transferencias sociales y a las pensiones.28 

Harley Hinrichstrazó una periodización de las imposiciones fiscales que ha tenido gran aceptación. Rechazando la tesis de que la modernización tributaria consistiría en el reemplazo de los impuestos indirectos por los directos, él postuló que tanto en las imposiciones directas como indirectas debería distinguirse entre tributos antiguos y modernos. En la sociedad “tradicional” predominaban los impuestos vinculados a la propiedad o a la producción agraria (impuestos directos de tipo antiguo), mientras que aquellos ligados al comercio, como los aranceles de aduana y los peajes (impuestos indirectos de tipo antiguo), tenían un papel solo complementario. Una buena parte de los ingresos del Estado procedía de sus bienes patrimoniales. Distingue luego dos fases transicionales, en las que los impuestos ligados al comercio crecen, especialmente algunos impuestos vinculados al comercio interno, como los derechos de consumo o el impuesto sobre las ventas.

27. Comín 1996: 225-226. 

28. Vries 1979: 206 y Comín 1996.

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