PRINCIPIOS DE ECONOMÍA HUMANISTA
- Eduardo Valencia VásquezInstituto de Investigaciones Económicas Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Palabras clave: economia humanista, globalización, economía, bienes públicos
Anexo
Breve Introducción
En esta nota se presenta al Humanismo
Económico, nacido en el Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba hacia
1975, como una estrategia válida para transformar la economía hacia una sociedad
para todos, participativa, donde se respete
al hombre como persona y como comunidad. En la consecución de su objetivo, el
ensayo define qué es el Humanismo Económico tanto desde una perspectiva principista como desde los fundamentos del
análisis económico. Enseguida se presenta
el Plan Esperanza como la estrategia macro
creada en la Argentina para la solución de
los problemas socioeconómicos desde semejante perspectiva. Finalmente, se incluyen las observaciones finales y ellas tienen
que ver con la expansión de los ideales del
Humanismo Económico tras las importantes Jornadas realizadas por el CIEC y su
Red de Centros en la Universidad Nacional
de Córdoba (Agosto de 2006). Cierran el
informe un breve informe sobre la Declaración CIEC en las recientes Jornadas Internacionales de Estrategias Macro y las referencias básicas utilizadas.
Qué es el Humanismo Económico
Hacia 1975, se comenzaba a trabajar, desde el modelo de la ciencia económica, esto
es, utilizando el instrumental científico del
análisis ortodoxo en la dirección apuntada
por el CIEC—desde los principios—fundar una sociedad de, para y por el hombre,
eso busca el Humanismo Económico como
objetivo básico. Desde el análisis económico, privilegia temas tales como la distribución del ingreso, la pobreza, la marginalidad, el gasto social en educación, salud y
vivienda, la presencia del territorio en la
formulación de la política, el federalismo
económico y fiscal para disminuir las diferencias históricas de las regiones dentro de
un país como la Argentina, y ahora también
en todos los países de América Latina.
*L. E. Di Marco es Dr. en Economía por la
Universidad de Córdoba, Ph. D. por la University of
California, Berkeley, 1974; profesor titular de Economía de la Universidad de Córdoba, 1970-2005,
autor de 40 libros publicados en la Argentina y en los
Estados Unidos
El Plan Esperanza como estrategia viable
Hacia el mes de Mayo de 2002 se iniciaba,
en el CIESSL, Centro de Investigaciones
Económicas y Sociales de San Luis, el
camino. Se planteaban las bases metodológicas de una realidad cada vez más asequible. Y los resultados fueron llegando. Tras
esas I Jornadas Nacionales del Plan Esperanza, hechas por el centro puntano, vinieron las cordobesas organizadas por el CIEC,
Octubre del 2002. Fueron las II Jornadas
Nacionales con la presencia de muchos
CIES de todo el país, donde se elaboraron
microemprendimientos, pensados como
“disparadores” de desarrollo sustentable
con equidad social.
Luego, más especificas, fueron las III
Jornadas del Plan Esperanza, en las Universidades Nacional del Litoral y Católica de Santa Fe, donde se aprobó el I
documento. Quedaron las bases para las IV
Jornadas Nacionales, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Paraná. Se contó con el
auspicio de sus autoridades que en gesto
fraterno, recibieron a los miembros de los
distintos CIES de la Red del Humanismo
Económico—docentes investigadores de
12 Universidades argentinas—, 17 y 18 de
diciembre de 2003.
Del acto de cierre se destacan las palabras tanto del decano de la FCE-UNER,
Profesor Eduardo Muani—“...esfuerzos
como este merecen el apoyo irrestricto de
la Universidad, y ello porque ofrecen una
estrategia de desarrollo alternativo, donde
priva lo humano, lo social, sin dejar los
aspectos tecnocientíficos”—y de nosotros
mismos—“...el Humanismo Económico se
terminará imponiendo por el peso de su
propia fortaleza, y ella no es otra que de
creer en el hombre, en todos los hombres,
que forjan la Patria de nosotros, los Argentinos”.
En las III Jornadas Nacionales (Santa
Fe, Marzo 2003) se analizaron y aprobaron tres aspectos (I Documento del Plan Esperanza):
a) La solución del Humanismo Económico al problema de la deuda internacional
(se condensa en un modelo de óptimo condicionado, donde junto a las restricciones
económicas, se incluye la brecha social).
Existe una monografía ocasional CIEC de
su Director, “El ajuste estructural como
óptimo condicionado: una solución alternativa a la ortodoxia clásica”, 2003.
b) Políticas económicas y sociales desde el Humanismo Económico: compendiadas en 12 puntos. La persona, principio y
fin. Las políticas sociales. Priorizar la
educación. La deuda externa. La economía solidaria. Instrumentos fiscales, monetarios y cambiarios. El papel de la banca. Empleo, ingresos, tarifas. La integración social y económica. El equilibrio territorial. Los valores del Humanismo Económico y la Administración Kirchner. Responsabilidad social de los intelectuales.
c) Análisis Regional: lineamientos básicos de la política económica y social.
(Este documento puede consultarse en
la revista del Centro, Informe Económico
CIEC, Año XXIV-93, Marzo de 2003).
El II Documento incluye 10 capítulos
que comprenden las 24 jurisdicciones políticas argentinas ordenadas en 10 regiones, según definiciones acordadas por el
CIEC y la Red de Centros. Estas son:
— Región Norte (Jujuy y Salta)
— Región Noroeste (Tucumán y Santiago del Estero)
— Región Andina (Catamarca y La
Rioja)
— Región Noroeste (Corrientes, Formosa, Chaco y Misiones)
— Región Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), creación analítica del
CIEC.
— Región Cuyo (Mendoza, San Juan y
San Luís)
— Región Comahue ( La Pampa, Neuquén y Río Negro)
— Región Metropolitana (Capital Federal)
— Región Bonaerense (Buenos Aires)
— Región Patagónica ( Chubut, Santa
cruz y Tierra del Fuego)
El contenido de los capítulos indica que
en cada región se hace “una visión global”.
Ella condensa el estudio de las provincias
involucradas, con algún anticipo ya sea de
los aspectos salientes de la realidad, o de
recomendaciones de política. Enseguida
viene el informe de cada uno de los Estados
argentinos, bajo una armonización de lenguaje y contenido.
Del estudio regional se reconocen tres
aspectos.
La economía pública: fuerte crisis en lo financiero que debilita la capacidad de absorción del Estado; ello impide,
desde una perspectiva institucional, la formación de capital en las regiones; la economía de mercado: así, en las Regiones
Cuyo, Centro y Sur se detectan avances en
términos de la calidad productiva, y también en función de nuevas inversiones,
cosa que no sucede en la Región del Noa;
se ha detectado un asociativismo débil en
los emprendimientos, y una incorporación
de tecnologías intensivas en capital en todas las regiones que comportan el Plan
Esperanza; la economía social: se observa
un fuerte incremento de los actores involucrados. Las estadísticas presentadas en las
IV Jornadas permiten reconocer una significativa reducción del desempleo y de la
pobreza, sin que ello signifique que haya sustentabilidad económica en el circuito
productivo (en el medio se halla la actividad turística, capaz de integrar las economías pública, de mercado y social).
(Los aspectos básicos del II Documento
pueden consultarse en Informe Económico
CIEC, Año XXIV-96/97, Diciembre. 2003
y Marzo 2004).
Finalmente, el III Documento quiere
ser un aporte concreto desde las bases
mismas de la economía. Se aprobó en las V
Jornadas Nacionales—Santa Fe, 1-2 de
Octubre de 2004, UNL y UCSF—y se
refiere a “El Humanismo Económico crece
desde los Emprendimientos Conjuntos para
afianzar la Territorialidad patria” (cfr., en
Informe Económico CIEC, Año XXV-98-
99, Noviembre de 2004). A modo de síntesis, y como se lee en el propio III Documento, se busca lograr una integración económica de las distintas regiones que conforman la Argentina vía los emprendimientos
conjuntos. La idea es lograr que distintas
formas empresariales—y ello incluye la
economía solidaria de cooperativas y
mutuales—puedan hacer “aventuras conjuntas” entre distintos lugares de la geografía nacional para compartir tecnologías (“saber cómo”), intercambiar bienes y servicios (“desarrollar el flujo de
bienes domésticos”, o sea, entre argentinos), compartir habilidades administrativas (“manejo empresarial”), etc. Los
CIES ofician de “puente” para que los
interesados trabajen en forma conjunta, y
mientras ellos logran los lógicos nuevos
ingresos de la actividad económica, el
Humanismo Económico tiene lo suyo: la
consolidación de una economía integrada
en términos solidarios, la remuneración
digna tanto de empresarios como de trabajadores, etc., principios básicos de una
sociedad con el rostro del hombre.
Observaciones finales
El siglo XX tuvo dos modelos que fueron
practicados desde la política económica.
Más allá de ciertos aspectos rescatables, se
observa que tanto el capitalismo neoliberal
como el socialismo de estado—en particular, desde una perspectiva de los valores
humanos—han fracasado (cfr., L. E. Di
Marco, 2006 b, pp. 23-31). Veamos algunos aspectos para el cambio desde la óptica
del Humanismo Económico.
Así, tanto en los antiguos países socialistas y en muchos de América Latina se
han realizado corruptos procesos de privatización capitalista que son no sólo impopulares sino alejados de todo perfil eficientista, y con ganancias elevadas (por no
decir muy exageradas: superan largamente
las obtenidas por los “inversores” en el país
de origen). Una política transparente desde el Humanismo Económico buscaría renacionalizar todos los activos privatizados
ilegalmente, tal vez con la forma de sociedades mixtas de los sectores privado y
público, bajo estrictos estándares empresariales.
En lo relativo a lo macro, se estima que
la planificación descentralizada, con un
papel razonable y necesario del Estado,
debe hacerse bajo una agenda equilibrada
de medidas de política económica, directas
e indirectas. Ellas deben privilegiar un
sistema tributario progresivo—que no castigue al consumo de las mayorías, y dibuje
una equitativa distribución de la renta nacional. Estos son ingredientes—que hacen
a una economía de la Justicia—de un Humanismo Económico activo que los funcionarios no deben soslayar.
En lo relativo al gasto, tanto público
como privado, se deben privilegiar las erogaciones sociales en educación, salud y
vivienda que, con la federalización del
gasto en infraestructura (caminos, comunicaciones, servicios financieros y previsionales, etc.), sirvan para construir una economía para todos. Tal sociedad participativa es un baluarte del Humanismo Económico.
La defensa de la forma republicana y
democrática en su más pura expresión, es
un requisito institucional para lograr una
economía ordenada al bien común de la
sociedad (en su no adopción estriba el
fracaso tanto del capitalismo neoliberal
como del socialismo soviético). No hay
porcentajes poblacionales a salvar, sino
que todos los ciudadanos de una Nación
tienen derecho a una vida digna, y ello
significa un razonable poder de compra
para todos los que trabajan, y el acceso al
empleo debe ser un derecho consagrado
formalmente. Así lo pregona el Humanismo Económico—cfr., I Documento aprobado en las III Jornadas Nacionales del
Plan Esperanza, Universidades Nacional
del Litoral y Católica de Santa Fe, Santa
Fe, Marzo de 2003).
Hoy lo ecológico está en peligro a resultas de las graves crisis que dominan al
neoliberalismo y al socialismo histórico:
ambas, en su disputa por el poderío militar,
tecnológico, científico y económico, no
sólo destruyeron el hábitat sino que lo
descuidaron. Por eso, una preocupación
básica de la política del Humanismo Económico será la de construir instrumentos
que tiendan a la preservación del medio
ambiente, y ello incluye la defensa de toda clase de recursos naturales (los acuíferos,
los minerales, etc.) de los pueblos de América Latina.
Alguna vez Jan Tinbergen, Premio
Nóbel, nos escribió una carta (hacia 1995)
hablándonos de la conveniencia de un gobierno mundial. Tal vez, ante el fracaso de
las Naciones Unidas (el “caso Irak” es el
más flagrante), pueda pensarse en tal ente
colegiado. Más allá de su estructura formal, hay que diseñar un organismo que sea
capaz no sólo de ordenar la distribución
justa del excedente productivo, sino de garantizar la paz mundial, el imperio de la
justicia en todos los países del mundo, una
ecología limpia para la humanidad entera.
Sólo así se habrán superado los modelos del
neoliberalismo y del socialismo histórico.
En suma, el Humanismo Económico
pretende sentar las bases para que tal
sea: emplear lo bueno de los viejos esquemas pero privilegiar los valores permanentes del hombre como individuo y
como sociedad. Tales bases van a permitir construir la sociedad nueva, la civilización solidaria, entre todos los pueblos
del mundo, un globo terráqueo donde
quepan todos. He ahí, pues, los ideales
del Humanismo Económico que, desde
la perspectiva científica de la Economía,
apunta a contribuir a un mundo humano,
y cada vez más humanizable.
Córdoba, Argentina
Setiembre de 2006.
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http://www.eco.buap.mx/aportes/revista/33%20Ano%20XI%20Numero%2033,%20septiembre%20-%20diciembre%20de%202006/13%20El%20humanismo%20economico%20como%20opcion%20realista-Luis%20Eugenio%20Di%20Marco.pdf
COMENTARIOS
[…] 18 (69%). Puno (89,3%), Huancavelica (84,9%), Ayacucho (82,6%) y Cajamarca (71,3%) son las regiones más pobres del país y coinciden con las cifras más altas de apoyo a Castillo. Esto se debe, en parte, a que el […]
[…] a que la pobreza bajará de 52,2 por ciento en 2005 hasta el 20,2 por ciento en 2019, y que la extrema pobreza rural se redujera hasta menos del 10 por ciento en el mismo […]
como podemos combatir la pobreza extrema de los niños frente a la pandemia
Excelente trajo.sería importante vincular el presente trabajo al cumplimiento de la Política Pública del Acuerdo Nacional sobre pobreza.