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lunes, 30 de noviembre de 2020

TRES PARÁBOLAS EN CLAVE ECONÓMICA

 

TRES PARÁBOLAS EN CLAVE ECONÓMICA

TRES PARABOLAS EN CLAVE ECONÓMICA

Por Ludovico Videla para Sabiduría Cristiana, mayo de 2012

La relación entre la religión cristiana y la economía es bastante clara. La religión ofrece la salvación y la felicidad eterna e indica el camino para alcanzarla. La economía es una parte de la actividad humana que trata de la administración de los recursos escasos y debe, en el caso del creyente, ajustarse y ser consistente con lo que nos lleva por el camino de la salvación. Este es el lugar apropiado de la economía.

El maestro Emilio Komar siempre decía que el problema de la economía es que ha pretendido ser una eudemonología o eudaimonología, arte o ciencia de la felicidad, término acuñado por Schopenhauer, pero que se desarrolla en un contexto sensista.  Sería la ciencia de la felicidad del sensismo inglés. [1]

Este proyecto iluminista es hoy extremadamente popular, pero ha fracasado porque no ha podido crear un mundo feliz en libertad. Jeremy Bentham, uno de los iniciadores de esta corriente, era profundamente totalitario. Su máxima creación fue el panóptico, un edificio que desde el puesto central y a través de espejos permitía controlar a todos sus habitantes. Un edificio propio de una cárcel o asilo para dementes.

Aldous Huxley, en su obra “Un mundo feliz” se refiere al problema de la felicidad como el de “lograr que la gente ame su servidumbre”, una vez que las personas se convierten integralmente en optantes racionales, cuyos términos son el placer y el dolor, están preparadas para lograr resolver el problema de la felicidad amando su servidumbre.[2] Han perdido su verdadera libertad.

La palabra eudaimonía quiere decir literalmente “tener un buen ángel guía”, ese sería el modo para lograr la felicidad. En nuestros tiempos hemos reemplazado el blanco ángel guía, por el negro ángel del Estado con su oferta de providencia o bienestar.

Es notable como en un cuadro de expansivo secularismo, en el que el descreimiento es general, crece la esperanza  y la credibilidad en políticos banales que prometen la felicidad que describe Huxley.

Joseph Schumpeter fue una mente brillante, tal vez el economista más importante del siglo veinte. En su monumental obra sobre la historia del pensamiento económico, dice que la ciencia económica fue elaborada inicialmente por los maestros escolásticos, confesores y teólogos que respondiendo a la consulta moral sobre la licitud de lo que los comerciantes y empresarios hacían, fueron descubriendo principios de operación,  y por supuesto, orientaciones morales.[3]

Toda esta reflexión fue separándose en un campo secular de carácter científico y otro campo moral y religioso que conforma la Doctrina Social de la Iglesia. La ciencia decía: hecho esto se produce tal cosa, si emito dinero o rebajo o desbastó la moneda, provoco inflación. La moral decía si estaba bien o mal hacerlo.

Por ejemplo, el obispo Nicolás Oresme (1300), genio matemático y astronómico describió con precisión la relación entre dinero e inflación y calificó a la inflación como un pecado más grave de la usura.

En el tema de la Doctrina Social, recientemente se editó un Compendio que recoge las líneas fundamentalmente del pensamiento moral de la Iglesia en cuestiones económicas, políticas y sociales cuya consulta recomiendo vivamente.

Llegado a este punto conviene hacer un breve excursus. La economía es una ciencia en que no hay un trabajo de laboratorio de prueba y error que permita descartar lo que es falso o no sirve. Por ello las nuevas ideas se agregan a un acervo, en  que conviven principios y experiencias valederas y disparates manifiestamente falsos. Por ejemplo Oresme dijo verdades y John Duns  Scotus disparates. Las teorías de Scotus son repetidas hoy día en la Argentina y negadas las de Oresme.[4]

También hay que decir que la experiencia económica es histórica, es decir está acotada en el tiempo y en el lugar. Por ello hay una cierta ambigüedad en la aplicación y adecuación de la prescripción, con el problema.

Por ello, la economía es una ciencia difícil, en la que el economista debe sumar diversos saberes para poder interpretar correctamente los problemas.

Decimos que los maestros escolásticos fundaron la ciencia, pero hubo también desarrollos erróneos que generaron enormes confusiones. Nada peor que la mala teología o filosofía sumada a la mala economía, el resultado es espantoso.

Piensen hoy en la Teología de la Liberación que toma como base científica de su análisis la teoría de Carlos Marx, que es demostradamente errónea en la teoría y en la práctica.

Sin llegar a estos extremos, es habitual escuchar reflexiones donde la mala economía y la mala teología resultan en un coctel  indigerible. Por ello, estamos obligados a discernir y aplicar nuestro buen criterio. Para ello hay que formarlo.

Con este propósito les explico mi propuesta de hoy. Tomaremos tres parábolas importantes del Evangelio y trataremos de discernir sus enseñanzas morales y religiosas aplicadas a los problemas económicos.

¿Qué enseñan las parábolas?

Comencemos con un texto de Marcos (4,10)[5]

“Cuando quedó a solas, le preguntaron los que estaban en torno suyo con los Doce acerca de las parábolas y El les dijo: a vosotros os ha sido dado a conocer el misterio del Reino de Dios, pero a los otros, todo se les dice en parábolas para que Mirando, miren y no vean, Oyendo oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados”.[6]

Esta frase casi enigmática muestra la dificultad de una justa interpretación de la parábolas. Por ello no sorprende que el esfuerzo por entenderlas haya sido constante en la Iglesia.

Las parábolas nos ofrecen una lectura en diversos planos. Algunos exégetas han señalado la dirección escatológica que apunta a la instauración del Reino de Dios.

Los judíos veían al mesías prometido, como aquel que iba a instaurar el dominio político y territorial de Israel.

Los discípulos estaban también de alguna forma alcanzados por esta expectativa. A pesar de tener la evidencia del misterio de la persona de Cristo,  le preguntan a Jesús resucitado: “Señor ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel?” Hch. (1,6)

Los apóstoles, hasta Pentecostés, no comprendieron lo que Jesús les decía. “No lo entendieron cuando trataba de transformar sus expectativas en un Reino, nacional y terrenal y los orientaba hacia la realización de un Reino internacional, universal católico; un Reino que se manifiesta en la tierra, pero que es esencialmente celestial”. [7]

En realidad la instauración del Reino debe entenderse en clave cristológica, el Reino de Dios llega con la persona de Cristo. Cristo es la auténtica expresión del Reino que se cumple en su persona.

Sin embargo, Cristo Rey no resuelve gran parte de las expectativas mesiánicas. Los judíos rechazan a un Rey que muere en una cruz.  .

Cristo es el profeta esperado, pero como profeta, tal como nos enseña la historia de la salvación, humanamente fracasa. Su destino es el de los profetas, que predican pero fracasan, porque su mensaje contradice la opinión general. Sólo a través de su fracaso las palabras resultan eficaces.

En el texto de Marcos citado Cristo refiere abreviadamente a un texto de Isaías que es el siguiente:

“Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré y quien irá de nuestra parte? Y yo le dije heme aquí envíame a mí. Y él me dijo Ve y di a ese pueblo. Oíd y no entendáis ved y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos ni oiga con sus oídos, ni entienda su corazón y no sea curado de nuevo, Y yo le dije ¿Hasta cuándo Señor? Y Él respondió. Hasta que las ciudades queden asoladas y sin habitantes y las casas sin moradores y la tierra hecha desierto.” Is.(6,9)

El castigo anunciado responde a la cerrazón del pueblo que no escucha al profeta. Este fracaso del profeta se cierne como una oscura pregunta sobre toda la historia de Israel y en cierto sentido se repite en la historia de la humanidad. También como decíamos es un fracaso humano el destino de  Jesucristo: la cruz. Pero precisamente de la cruz se deriva una gran fecundidad.

Con ello se desvela la relación del Reino con las  parábolas, especialmente la del sembrador  y con la figura de la semilla. El Reino de Dios está presente como una semilla. La semilla es pequeña y sin embargo puede contener en sí un árbol entero.

La semilla mira al futuro, es presencia de él. Es promesa ya, presente hoy.

“Si el grano de trigo muere da mucho fruto” J (12.32)

Las parábolas hablan todas del misterio de la cruz. El fracaso es el modo o camino que lleva a la  conversión y al perdón de Dios.

Los cristianos somos seguidores de un profeta que para el mundo fracaso porque murió en la cruz, sin embargo para los creyentes su muerte y resurrección nos reconcilió con Dios, nos redimió del pecado y del mal.

Un modernista descreído Alfred Loisy decía sarcásticamente que “Jesús proclamó el Reino; y lo que vino fue la Iglesia”. Es cierto, Cristo nos acompaña hasta el final de los tiempos con su presencia en el pan eucarístico que compartimos juntos. “Donde está la eucaristía allí está el rey. Y donde está el rey allí está el reino “. Por ello el Reino de Dios está presente en la Iglesia que nos da la eucaristía.”[8]

 

Parábola de los talentos

“El Reino de los Cielos es como si uno al emprender un viaje llama a sus siervos y les entrega su hacienda, dando a uno cinco talentos a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad y se va. Luego el que había recibido cinco talentos se fue y negoció con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno se fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su amo. Pasado mucho tiempo vuelve el amo de aquellos siervos y les toma cuentas y llegando el que había recibido cinco talentos presentó otros cinco diciendo: Señor tú me has dado cinco talentos, mira pues otros cinco que he ganado. Y su amo le dice, muy bien siervo bueno y fiel, has sido fiel en lo poco te constituiré sobre lo mucho, entra en el gozo de tu Señor. Llega el de dos talentos y dijo; Señor dos talentos me has dado mira otros dos que he ganado. Díjole su amo. Muy bien siervo bueno y fiel has sido fiel en lo poco te constituiré sobre lo mucho entra en el gozo de tu Señor. Se acercó también el que había recibido un solo talento y dijo; Señor tuve en cuenta que eres hombre duro que quieres cosechar donde no sembraste y recoger donde no esparciste y temiendo me fui y escondí tu talento en la tierra, aquí lo tienes. Respondiole su amo, siervo malo y haragán ¿Con que sabias que yo quiero cosechar donde no sembré y recoger donde no esparcí? Debías pues entregado mi dinero a los banqueros para que a mi vuelta recibiese lo mío con intereses, quitadle el talento y dádselo al que tiene diez, porque al que tiene se le dará y abundará, pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará y a ese siervo inútil echadle a las tinieblas exteriores allí habrá llanto y crujir de dientes.” Mt. (25,14-29)

La parábola de los talentos (antigua moneda romana) está en el capítulo 25 de Mateo y tiene un correlato en Lucas 19, en la parábola de las minas (monedas de plata)

El contexto es el del juicio final. Es decir seremos juzgados según nuestros merecimientos y en forma individual. A cada uno se le pedirá cuenta del uso que hizo de los dones que Dios le dio.

Los talentos no sólo representan las cualidades naturales personales, sino también las riquezas que el Señor nos ha dejado en herencia, para que las hagamos fructificar.

La parábola nos recalca el carácter provisorio de la existencia terrenal, que es una peregrinación hacia la meta que es Dios. Dios “es nuestro último destino y el que da sentido a nuestra vida”, nos dice Benedicto XVI.

La parábola propone las grandes líneas de una eficaz política económica.

El desarrollo depende de las personas individuales y su deseo de progresar. Se requiere una mentalidad activa y emprendedora que aproveche todas las oportunidades que las circunstancias nos brindan.

Hay que asumir riesgos confiando en que si Dios nos ha favorecido con un talento, éste, con nuestro esfuerzo, ha de fructificar.

La confianza y la responsabilidad personal son virtudes centrales al orden económico.

Sabemos que hay un tiempo para todo. Lo requiere la semilla para germinar y dar frutos. Por eso nuestro empeño debe ser a largo plazo; no nos preocupan los resultados de corto plazo  solo debemos estar preparados al final de nuestra vida para presentar al justo juez nuestra producción.

No cabe el temor. El miedo nos paraliza y nos lleva a enterrar el tesoro que nos es lo que el Señor quiere.

En su juicio el Señor parece implacable: “al que tiene se le dará y abundará, pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

La razón es que nuestros talentos son dones para nosotros pero también para los demás. Nuestra condición esencial de seres sociales indica, que sólo en la cooperación con los demás podremos se eficientes y aprovechar esos dones para nosotros y los demás.

Esta es la magia del mercado y de la especialización, que permite que cada uno pueda dar lo mejor de sí mismo.

Pero para que la responsabilidad esté presente, Dios nos otorga el privilegio del dominio individual sobre nuestras capacidades. Es la propiedad individual que fructifica, cuando es administrada mirando a la comunidad.

Benedicto XVI reconoce la influencia de esta Parábola en Occidente. Dice “esta enseñanza evangélica ha tenido un impacto también a nivel histórico- social promoviendo en las poblaciones una mentalidad activa y emprendedora”.[9]

Max Weber alude al concepto calvinista tardío de “vocación” como fundamento del “espíritu capitalista” y del avance del capitalismo. Calvino y sus seguidores insistían en el mérito de ser productivos en el propio trabajo u ocupación, en la propia vocación profesional. El éxito buscado afanosamente por estos puritanos, se funda en la idea de que triunfar en la propia vocación es signo visible de que uno se cuenta entre los elegidos, y ha sido seleccionado por la propia fe calvinista, para trabajar y tener éxito, como manifestación de la gloria de Dios.

Sin duda en la visión puritana se recogen elementos de esta parábola que son exagerados, ello no deja de resaltar la importancia histórica y cultural que ha tenido.

La visión católica en comparación al calvinismo del duro trabajo y el ahorro, enfatiza la búsqueda moderada de la felicidad y la alegría, la buena vida que incluye el ocio y la fiesta. La vida contemplativa era sospechada por el calvinismo, que la veía con sospecha como un perder el tiempo, no una verdadera vocación en la vida.

San Francisco le explica al hermano León de Perusa que la alegría perfecta está en padecer todos los males que nos sobrevienen con paciencia y por amor a Cristo. “Si todo esto lo soportamos con paciencia y con gozo, acordándose de los padecimientos de Cristo bendito, que nosotros hemos de sobrellevar por su amor, ¡Oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta”.[10]

La parábola de los talentos  choca  con algunos lugares comunes contemporáneos. Hay premios y castigos, no se iguala para abajo por el contrario se premia la eficacia. Los talentos no se distribuyen por igual sino en forma manifiestamente desigual. Incluso se dice que al que no tiene se le quitará y al que tiene se le dará.

Por otra parte se manifiesta una gran confianza en la capacidad y responsabilidad de cada persona para salir adelante por sí mismas.

 

Parábola de los dos hermanos  o Parábola del hijo pródigo Lc (15,11-32)

 

El texto de Lucas es bien conocido. Un padre tiene dos hijos. El hijo pródigo le pide al padre su herencia quien, con magnanimidad, accede a su pedido aunque puede entrever el destino que esta decisión le acompañará. Respeta su decisión y le da libertad.

El hijo se marcha a un país lejano. Lejos del padre y su mundo.

Los Padres de la Iglesia han visto en este alejamiento, una separación interior de lo que es propio y de lo que es auténtico. Un alejarse de su naturaleza.

El hijo derrocha la herencia. Sólo busca disfrutar, aprovechar la vida al máximo, tener una vida en plenitud. Una vida feliz según Jeremías Bentham.

Benedicto XVI se pregunta: “¿Acaso no es difícil ser precisamente en eso el espíritu de la rebelión moderna contra Dios y contra la Ley de Dios? ¿El abandono de todo lo que era hasta ahora el fundamento básico, así como la búsqueda de una libertad sin límites?”[11]

La palabra griega usada en el Evangelio para designar la herencia derrochada significa sustancia. El hijo perdido desperdicia su naturaleza se desperdicia a sí mismo.

Al final se gasta todo. Se ve obligado a criar cerdos y envidia su comida. Su falsa autonomía, sin normas lo lleva a la esclavitud. Téngase en cuenta que para los judíos, el cerdo es un animal impuro. Ser cuidador de cerdos es la expresión de la máxima alienación.

En este punto el hijo comprende que está perdido. Era un hombre libre pero se da cuenta que los esclavos de su padre son más libre que él.

Entonces recapacita. Su conversión consiste en que reconoce todo esto, ha perdido su libertad y para recuperarla debe volver a su padre, a su casa, a lo que él es.

El padre ve al hijo cuando todavía estaba lejos y sale a su encuentro. Lo abraza y lo besa y manda preparar un gran banquete. Dice el texto: “porque él que estaba muerto ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado”.[12]

Para los Padres de la Iglesia el hijo es la imagen  del nuevo Adán, al que Dios sale a su encuentro y recibe en su casa.

El mejor traje es el vestido de la Gracia, y el banquete es la imagen de la Eucaristía.

Benedicto XVI destaca la magnanimidad del padre, figura de Dios. El corazón de Dios transforma su justa ira por la conducta del hijo y cambia el castigo por el perdón.

Entonces aparece el hermano mayor. Regresa a casa tras el trabajo en el campo, oye la fiesta en la casa, se entera del motivo y se enoja. No considera justo que a ese haragán, que ha malgastado con prostitutas toda su fortuna, se le obsequie con una fiesta espléndida, sin pasar siquiera por una prueba, por un tiempo de penitencia.

Esto choca con su idea de justicia: una vida de trabajo como la suya parece insignificante frente al sucio pasado del otro.

La respuesta del padre es conocida: “hijo tu estas siempre conmigo y todo lo mío es tuyo”. Le explica la grandeza de ser hijo, ser verdaderamente libre que es la condición de hijo, en la que la herencia material es secundaria. También la actitud del hijo mayor, indica que había soñado, o tal vez deseado una libertad sin límites que llevo a su hermano a la perdición.

Hasta aquí la Parábola. Nos preguntamos, ¿Qué nos dice para la economía?

La afirmación más sugerente se refiere a la clara superioridad del amor sobre la justicia que propone la parábola. Desde la perspectiva de la justicia, como la interpretamos los humanos el hijo mayor parece tener razón.

El padre trata de explicarle que el premio a su constancia en el trabajo y la fidelidad, ya ha sido recompensada con la amistad y comunión con su padre.

Esta comunión, supera a lo material, a la balanza estricta de lo que se recibe o se da. O más bien, si buscamos el amor de Dios  y lo volcamos a nuestros semejantes como expresión de nuestra caridad, necesariamente la justicia va a estar resuelta y plenamente vigente.

Es decir que el amor, el don o la gratuidad como se dice ahora, contienen y supera a la justicia.

En la Caritas in veritate, Benedicto XVI nos dice que lo más importante que Dios nos da es su amor. La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres su amor, es su promesa y nuestra esperanza.

El Papa  nos dice “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente, en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y aceptando esta verdad se hace libre”.[13]

Confrontando esto, la visión convencional sostiene que la persona está más o menos alienada por el sistema económico y político. Para algunos teólogos, la economía de mercado induce a una idolatría de los mecanismos impersonales y termina creando “sacrificios humanos” a través de los ajustes y movimientos de la oferta y demanda.

En ese marco no hay libertad personal posible sin un “cambio de sistema”, concretado a través del imperio de la justicia social, realizada por el Estado.[14]

Estas corrientes teológicas afirman que la visión antropológica del ser humano reducido a mero defensor de sus propios intereses, creada con la concepción moderna de progreso, no puede generar un avance capaz de realizar el bien común. Para ellos, pensar que el egoísmo coordinado por la mano invisible de Adam Smith puede promover el bien común, es un acto de fe, la confianza en un mecanismo impersonal providencial.

Por supuesto que esta teología rechaza lo que considera formas de una absolutización del mercado y propone la intervención o regulación del Estado, con vistas a objetivos sociales y medioambientales.

Benedicto XVI en cambio, considera este enfoque poco realista y estrecho. Para él, la caridad también tiene que estar presente en el ámbito de las relaciones económicas. Porque si hay caridad está implícita la justicia.

“La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos, por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia.”[15]

La posición de Benedicto XVI no pasó inadvertida y ha sido también criticada por algunos teólogos, porque de alguna forma abandona la retórica del cambio del sistema tan popular en América Latina.

Suponer que el agente del mercado que busca su propio interés, puede sentirse solidario, amar a su prójimo y contribuir al bien común, es un verdadero sin sentido para estos teólogos del estatismo.

Su rechazo a Benedicto XVI se vincula a la profundización de algo que ya estaba en Centesimus annus que es el dejar de lado la crítica a la economía de mercado. Toma nota del fracaso del marxismo, la caída del Muro de Berlín y que el modelo “monárquico de izquierda”, conduce a la prepotencia del Estado y la política.

Uno de estos críticos, Johan Verstraeten, profesor de ética y doctrina social en la Universidad Católica de Lovaina dice: “En la encíclica del Papa Benedicto XVI Caritas in veritate, se propone una nueva visión del mercado basada en la lógica del don, no simplemente como una adición o rectificación moral de la actual práctica y teoría económica sino como base para una nueva visión de la naturaleza de la economía como tal”.[16] Y concluye que esta tendencia presente en la encíclica de Benedicto XVI reduce la ética social católica, en lo que a cuestiones económicas respecta a una cuestión de actuación individual e intersubjetiva, con lo que la necesidad de cambiar estructuras injustas desaparece en el ámbito de lo marginal.

La cuestión no es menor ya que desde hace décadas el juicio teológico sobre la realidad económica se cargaba en general de una retórica anti mercado y estatista, que si bien merecía el aplauso de vastos sectores era por razones equivocadas. La perspectiva iluminista se siente cómoda con una iglesia que se convierte en una gran ONG, dedicada a atender a los pobres y a reclamar más gasto social. La “opción preferencial” termina siendo la del estatismo más que la de los pobres, porque la acción pública se tiñe de clientelismo y manipulación de las conciencias. Es lograr que los pobres sean felices amando su servidumbre.

Con la visión de Benedicto XVI todo este enfoque se convierte en una retórica vacía de contenido real y destinada al fracaso.

Hay que decir también que una cierta ortodoxia neoliberal rechaza la introducción del don y la gratuidad en la actividad económica. Están en desacuerdo con el texto de Caritas in veritate que dice “que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria”.[17]

Les parece incomprensible y una idea no operativa al momento de ponerse en práctica.

Propongo una breve conclusión sobre este punto. La primacía del amor sobre la justicia se integra perfectamente con las enseñanzas de Caritas in veritate. No hay transformación económica duradera sin un regreso al Padre como la que nos enseña el hijo prodigo en la parábola.

 

Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro

El cuadro que describe el Evangelio es conocido. El rico Epulón lleva una vida disipada, llena de placeres y el pobre Lázaro ni siquiera puede tomar las migajas de pan que, que según las costumbres de la época, los comensales tiraban al piso después de limpiarse las manos con ella.

Desde el punto de vista cristiano salta a la vista, en primer lugar, lo que representan las riquezas y los placeres para alcanzar el Reino de Dios. Son o pueden ser un obstáculo.

También sale a la luz la vanidad  y el vacío de los que buscan prioritariamente las riquezas, que son verdaderos pobres a los ojos de Dios.

Se ven también el destino de sufrimiento de los que siguen al Señor, como en este caso Lázaro.

Este sufrimiento del discípulo se asocia con el misterio del mal y la satisfacción de Cristo con el sufrimiento de la cruz. La pregunta del best seller del rabino Kushner, ¿por qué sufren los buenos?, o más bien como un Dios poderoso y bondadoso no se conmueve ante el sufrimiento de los justos y los protege, parece no respondida.

Pero la respuesta o señal para esa generación adúltera fue la de Jonás, figura de Cristo en el Antiguo Testamento, y la de Cristo para nosotros los cristianos.

El milagro que pide Epulón en el Hades cuando se encuentra con Abraham, no sirve como instrumento de conversión,  es inútil. Así por ejemplo, la resurrección de Lázaro, en lugar de tocar el corazón de los escribas y fariseos hacia la conversión, los movilizó para conspirar y para matarlo a Jesús.

Benedicto XVI nos invita a leer el Salmo 72  para empezar a entender esta parábola.

El salmista manifiesta inicialmente la bondad de Dios para los justos y limpios de corazón.

Pero reconoce que la observación de la realidad del mundo, por poco lo confunde y lo lleva a dar un mal paso.

Los malvados y perversos prosperan, no tienen sinsabores, están sanos y orondos, no pasan fatiga ni sufren como los demás. Siempre seguros acumulan riquezas.

Viendo esto el Salmista se pregunta ¿para qué he limpiado yo mi corazón y he lavado mi conciencia?

Es decir ¿qué sentido tiene este sufrimiento?

El salmista reconoce que entender esto es muy difícil hasta que, “entre en el Misterio de Dios y comprendí el destino de ellos” (los malos)

En verdad, Dios pone a los infieles en el resbaladero, los precipita en la ruina y deja que los consuma el espanto.

El salmista dice que cuando su corazón se agriaba y le punzaba en su interior por lo que sufría era un necio e ignorante. “Yo era un animal ante ti”.

Y concluye ¿no te tengo a ti en el Cielo?

Y contigo ¿Qué me importa la tierra?

Para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi refugio.

Para nuestra visión contemporánea las enseñanzas de esta parábola resultan difíciles de entender. El desamparo de Lázaro nos conmueve y su pobreza nos resulta inaceptable. Sin embargo, la tradición cristiana nos enseña que la pobreza puede ser también ocasión de alegría.

San Francisco de Asís por ejemplo, demuestra que la pobreza fue el medio por el que él alcanzó la alegría. El desasimiento que la pobreza exige, abre paso a una actitud fundamentalmente espiritual ante la vida.

San Francisco dice que la pobreza no es una renuncia melancólica o una mortificación, es por el contrario una posibilidad de goce, acaso la única chance de ingresar en el camino de la alegría. La tenencia de bienes bloquea el acceso a una vida dichosa.

En realidad la opción de San Francisco por la pobreza, no solo trae alegría sino que también permite abandonar una riqueza ilusoria – la de los bienes materiales- por una riqueza auténtica y permanente- la de los bienes del espíritu-.

Abdala escribió con acierto, que nuestros contemporáneos en su desmedido afán de riqueza material o de fama, en su incesante búsqueda neurótica del placer o de la diversión banal, comprometen la capacidad natural para la alegría, que nos ha regalado Dios como una gracia especial.

Nuestra obcecación nos impide ver los que San Francisco entrevió, la alegría profunda no solo es posible y está al alcance de cualquiera, sino que es barata, es gratuita, es un don, un regalo.

Por esto resulta claro de la parábola que una sociedad que busca como fin principal la riqueza material, no puede terminar bien.

Se destaca también como colofón del texto, el fenómeno de la ceguera voluntaria que sufre Epulón en vida y su deseo de alertar sobre ella, a sus hermanos. Impresiona que la ceguera voluntaria sea tan potente, que ni siquiera un milagro pueda revertirla. Nosotros debemos cuidarnos especialmente de ella y buscar por el contrario abrir nuestros ojos a Dios, es decir a una perspectiva providencial de la vida y a un horizonte que incluya nuestro destino final, prefigurado en la parábola por el Hades y el juicio.

 


[1] Komar, Emilio, “El progreso ilimitado y su posible filosofía, en Revista Valores, Año 1, nº1, 3 Trimestre. de 1983, p.38.

[2] Huxley, Aldous, Un Mundo Feliz, prólogo , p.8http://www.sindominio.net

[3] Schumpeter, Joseph,1971,  Historia del análisis económico, Ediciones Ariel, Barcelona, cap.2.

[4] Scotus sostenía que el precio justo del cereal era el que correspondía al costo de producción del labrador más los gastos de sostenimiento de su familia. Fijar el precio por el costo, es lo que pretenden los gerentes de Aerolíneas Argentinas que reclaman por el precio del combustible que les cobra YPF, ignora el costo de oportunidad y que el precio lo fija la oferta y la demanda. Sobre Scotus confrontar Rothbard, Murray,1999, Historia del pensamiento económico, Unión Editorial, Madrid, pp.90-91.

[5] Todas las citas bíblicas corresponden a E.Fuster, A.Colunga, G.Cicognani,1957, Sagrada Biblia, BAC, Madrid.

 

 

[7] Hahn, Scott, 2009, La fe es razonable, Rialp, Madrid, p.214.

[8] Hahn,Scott, 2009, p.211.

[9] Homilía de Benedicto VI, Obispo de Roma. 2008-11-16

[10] San Francisco de Asís, Florecillas, capítulo VIII.

[11] Ratzinger, Joseph, 2007, Jesús de Nazaret, Planeta, Buenos Aires, p.245.

[12] Lc (15,32)

[13] Caritas in veritate, n°1.

[14] Los teólogos que siguen esta línea son entre otros Enrique Dussel y Hugo Assman. Confrontar  Concilium N° 343, noviembre de 2011.

[15] Caritas in veritate, n°38.

[16] Verstraeten, Johan,2011, “Nueva visión de la economía, ¿una cuestión de amor o de justicia?, Concilium , n°343, noviembre, p.116.

[17] Caritas in veritate, n°38.

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sábado, 28 de noviembre de 2020

ESTRATEGIAS DE INTERNACIONALIZACION Y GLOBALES PARA PAISES EN DESARROLLO Y EMERGENTES

 ESTRATEGIAS DE INTERNACIONALIZACION Y GLOBALES PARA PAISES EN DESARROLLO Y EMERGENTES

INTERNATIONALIZATION AND GLOBAL STRATEGIES FOR DEVELOPING AND EMERGING COUNTRIES

Santiago Sarmiento del Valle2

http://www.scielo.org.co/pdf/diem/v12n1/v12n1a10.pdf


FORMA DE CITACIÓN

Sarmiento, S. (2014). Estrategias de internacionalización y globales para países en desarrollo y emergentes.

Revista Dimensión Empresarial, vol. 12, núm. 1, p. 111-138.

RESUMEN

Este artículo es una reflexión que busca promover el debate acerca de la forma en que las estrategias de internacionalización y globales favorecen la participación de empresas de países en desarrollo y emergentes, en el mercado nacional y, sobre todo, que conduzcan a asumir un rol protagónico en escenarios que puedan resultar estratégicos para ingresar a mercados del exterior, a pesar de que la mayoría de las grandes economías del mundo hoy se encuentran en su fase de recuperación posterior a la última recesión y no muestran signos claros y sólidos que permitan entender un cambio radical de coyuntura. El proceso de internacionalización ha cambiado el entorno en que se desenvuelve el mundo de los negocios, en especial de los países en desarrollo y emergentes, quienes como parte de solución a las crisis de las grandes economías, recibieron inversiones. Era evidente que se necesitaba encontrar una forma propicia para salir de la grave situación razón por la cual la globalización se constituyó en la mejor opción para que los países desarrollados encontraran en otros países ampliación de sus mercados y obtención de materias primas. Mientras que los países en vías de desarrollo y emergentes también aprovecharon la situación para promocionar sus productos y ser partícipes de actividades comerciales que antes estaban vedadas para ellos.

Palabras clave: estrategias, internacionalización, globalización, crisis, economías emergentes.

ABSTRACT

This article was elaborated under these considerations as a reflection that promotes the debate about the global and international strategies and advantages that the emergent and developed countries’ participation in the national market above all assume a main role in the countries’ market that could result in strategies for the ingress to exterior market despite the world’s major economies that are mired today in recession and do  not show a solution to the problem they face. The Internationalization process has changed the environment in which the business world operates. Especially in developing and emerging countries who, as part of the solution to major economic crisis received investments. It was then evident that they needed to find a proper way to solve the serious situation, both for major economies and for the world in general, which is a reason as to why globalization was constructed in the best option for the developed countries that will find in other countries extensions for their markets obtaining raw materials. All the while the developing countries and emergent countries also took advantage of the situation to promote their products and be participants in commercial activities that were previously closed to them.

Keywords: strategies, internationalization, globalization, crisis, emerging economies.


1 Trabajo de reflexión elaborado en la Universidad Autónoma del Caribe, Barranquilla, Colombia, con el fin de contribuir al debate académico en lo referente a la necesidad de estrategias de internacionalización y globales para ser competitivos en el mundo de los negocios. Fecha de recepción: noviembre 25 de 2013. Fecha de aceptación: febrero 15 de 2014. 

2 Magister en Administración de Empresas (MBA), Especialista en Economía. Docente investigador de la Universidad Autónoma del Caribe, Facultad de Ciencias Administrativas, Económicas y Contables, Programa de Negocios y Relaciones Internacionales. Correo:

santisar_delvalle@hotmail.com


1. RECESIONES Y SUS INCONVENIENTES 

Es evidente que las economías del mundo, históricamente, han presentado fases en que los indicadores económicos les son favorables y otros donde ha ocurrido lo contrario. Precisamente, Chateauneuf (2005), plantea aspectos básicos para analizar e interpretar las distintas etapas por las que pasan los países. Define el ciclo económico como aquellas fluctuaciones económicas recurrentes pero no periódicas, siendo el PIB el principal indicador, además por su relación con otros, caso desempleo, nivel general de precios, comportamiento del precio de la energía, ingresos tributarios, nivel de inversiones, entre otros. 

Para encontrar razones del porqué se presentan los ciclos económicos es necesario identificar algunas causas externas y otras internas. Un ejemplo de causas externas son los cambios climáticos, que originan una serie de cuestionamientos por los efectos que pueden ocasionar en recursos como la energía, destrucción de la capa de ozono, daños ecológicos, escasez de agua. Sin embargo, es poca la conciencia sobre la grave situación que a mediano y largo plazo pueden traer consigo. Por otro lado, quizás es más real y evidente mostrar los ciclos a través de magnitudes económicas. Por ejemplo, la presencia de desajustes entre los niveles de ahorro e inversión, los cambios que provocan los grandes avances tecnológicos, los graves conflictos políticos, los cambios de precios de productos básicos, caso petróleo, alimentos y materias primas. 

Debe tenerse en cuenta que muchos asocian los ciclos económicos con aquellas economías que se rigen por un sistema de mercado, que tratan por sí mismas de ajustarse para alcanzar el equilibrio, por lo que en algún momento se corregirían las perturbaciones que se presentan. En las fases del ciclo económico se destaca la fase de recesión o crisis, en cuya situación la economía presenta una contracción que se refleja en una caída del PIB, aumento de las tasas de desempleo, disminución de la tasa de inflación, reducción de la demanda agregada, reducción de la inversión, disminución de las exportaciones y devaluación o depreciación de la moneda nacional, perdiendo competitividad los productos nacionales. 

Debe reconocerse que un gran aporte para tratar de encontrar salida a la recesión o crisis, fue la realizada por J. M. Keynes, quien resaltaba el papel protagónico que debía tener el Estado para incrementar la demanda agregada, especialmente con los instrumentos de la política fiscal: impuestos y gasto público. Y, con la política monetaria, generalmente direccionada por el Banco Central, disminuyendo las tasas de interés en busca, principalmente, de favorecer la inversión y el consumo. Ambas políticas orientadas a lograr el crecimiento económico, altas tasas de empleo y estabilidad de precios. Estas políticas son conocidas como anticíclicas. 

Es importante considerar en este proceso la influencia que tiene lo que ocurra a nivel internacional. Ejemplo de ello es el efecto que tuvo la crisis de los países asiáticos antes y la crisis de 2008 en Estados Unidos, que tuvo injerencias en la economía mundial, específicamente en los precios internacionales y la consiguiente caída de muchos mercados. 113Dimensión Empresarial / Vol. 12 No. 1 / Enero - Junio 2014, págs. 111-138 

Otro efecto nocivo sobre las economías se encuentra en las consecuencias que generan los crecientes problemas ambientales, caso sequías, que han incidido drásticamente en la generación de energía y en la reducción de las actividades de los distintos sectores económicos y sobre el consumo final. 

Un inconveniente estructural que puede generar fuertes recesiones son las desigualdades en la redistribución del ingreso, los bajos niveles de desarrollo, que ocasionan una tendencia a desmotivar y mostrar problemas sociales que llevan a conflictos laborales, que a su vez, presiona a crear un círculo vicioso que agrava la problemática, pues trae una disminución de la inversión debido a la desconfianza que surge. 

Otro factor a considerar es la importancia que tiene para una economía cuando el sector de la construcción presenta un buen nivel de crecimiento, indicativo de que está respondiendo al comportamiento de la actividad económica; es decir, si existe expansión, jalona su crecimiento, debido a la búsqueda de inversión en este sector, presentándose una incremento en la demanda agregada y disminución de las tasas de desempleo. 

Sin embargo, esta situación requiere cuidado porque puede llevar al colapso del sector, fundamentalmente porque se exagera el endeudamiento, se satura el mercado, lo que puede afectar al sector financiero y provocar una recesión, que traería consigo una reducción de los ingresos y alzas en las tasas de interés. 

También es evidente que la apreciación o revaluación de la moneda nacional frente a la extranjera disminuye las exportaciones e incrementa las importaciones ocasionando desequilibrios en la balanza de pagos, pues los inversionistas extranjeros aprovechan la situación y realizan fuertes inversiones en activos reales y financieros. Además, el grave problema que es el incesante lavado de activos y los elevados niveles de corrupción. Adicionalmente, pueden presentarse inconsistencias en el manejo de la política monetaria por parte del Banco Central, como sucede en Colombia, que en búsqueda del control de la inflación, hacia donde dirige sus acciones y objetivos, frena en determinado momento el crecimiento de la producción, por ejemplo, al subir las tasas de interés de intervención, limitando el crédito de consumo y la inversión, con lo que disminuye la demanda agregada, generando las consecuencias que surgen de estas medidas. De ahí que la política del banco muchas veces se aleja de los objetivos del gobierno. 

Indudablemente que los países en desarrollo y emergentes se han visto afectados por la apertura de los mercados, los tratados comerciales y distintas formas de cooperación internacional, básicamente por no contar con la infraestructura necesaria para aprovechar u optimizar las ventajas comparativas, y menos, desarrollar ventajas competitivas, que los hagan atractivos para los países extranjeros. 

Ante los efectos de las crisis que viven las grandes potencias, los países en desarrollo atraen inversión extranjera directa, pueden permitirse mostrar de cierta manera mejoría en algunos indicadores pertenecientes a sectores importantes de la economía, pero, bajo cierto margen de incertidumbre que proviene, principalmente de los países que conforman la Unión Europea por los graves problemas de desempleo y déficit fiscal que mantienen. Además, los países en desarrollo y emergentes aun presentan niveles altos de desempleo y con un incremento significativo de la informalidad, muy a pesar del aumento del consumo y de la formación bruta de capital, en especial en empresas que han reestructurado sus equipos y maquinarias. Además, el aumento en los precios del petróleo ha limitado el crecimiento de la actividad económica, aunado a la ya preocupante situación política, social y económica. 

Por el lado de la política monetaria, es evidente que la disminución de las tasas de interés de intervención, no han sido trasladadas con rapidez a los clientes de las entidades bancarias, reduciendo el deseo de ahorrar y de invertir. De ahí que se presenten situaciones críticas en la economía debido a las altas tasas de colocación, atrayendo capital extranjero, ocasionado el ingreso de divisas y presionando a una apreciación de la moneda nacional frente al dólar, generando un efecto negativo sobre el sector exportador y 114Dimensión Empresarial / Vol. 12 No. 1 / Enero - Junio 2014, págs. 111-138 favoreciendo a las importaciones, básicamente de productos que pueden producir nuestros países. Esta situación se refleja en un saldo deficitario en la balanza comercial. 

2. ESTRATEGIAS PARA INTERNACIONALIZARSE Y SER GLOBALES 

Para establecer estrategias de internacionalización y/o globales se hace necesario considerar una serie de acciones que incentiven la participación en los mercados internacionales, aunque dependerá de las características y disponibilidad de recursos. Por lo tanto, es imprescindible identificar y establecer estrategias que permitan calificarlas como si realmente fuesen internacionales y/o globales, relacionando aspectos que determinen el nivel de participación o cuota de mercado que tenga, la ubicación de sus actividades y las acciones competitivas que realice. La esencia de este proceso radica en la simultaneidad de estas acciones. 

Establecer este tipo de estrategias implica la evaluación de alternativas que brinden más beneficios a quienes las implementen. Dentro de ellas pueden mencionarse algunas que permitan reducir costos, mejorar la calidad (buscar la calidad total), alcanzar adecuados niveles de eficiencia y eficacia en busca de mayor productividad y competitividad. 

El éxito de las estrategias dependerá en gran medida del aprovechamiento y desarrollo de economías de escala, lograr menores costos de operación, participar con productos globales (aceptación con alta calidad y precios competitivos) y ser flexibles para adaptarse a las fluctuaciones continuas que traen el desarrollo tecnológico y la economía mundial. 

Sin embargo, pueden presentarse inconvenientes y restricciones que deben considerarse al establecer las estrategias. Una situación a tener en cuenta es que puede incurrirse en costos muy elevados que podrían dar al traste con lo que quiere lograr la empresa. Por ejemplo, en materia de capacitación y coordinación del personal, incremento de trabajadores especializados y pérdida de incentivos y motivación en el ámbito local. Además, podría ocurrir que ciertos productos se encuentren estandarizados en el medio local o nacional y presenten dificultades para tener aceptación externa y que a la larga tenga efectos contrarios en los clientes, ocasionando menos competitividad y con ello perder posicionamiento en el mercado local y el externo. 

Sopesar los beneficios y limitaciones al momento de aplicar estrategias es requisito básico, debido a que no es un proceso fácil, pero tampoco imposible de llevar a cabo. Requiere cuidado, esfuerzo, dedicación y actitud porque la complejidad es parte del proceso. Esta complejidad se refleja, por ejemplo, al momento de ejecutar las acciones, tal como puede suceder cuando en los distintos países existen características diferentes reflejadas en pérdida de productos o mercados que las obliga, inclusive, a abandonarlos. Ante esta situación, es conveniente que la empresa, al aplicar este tipo de estrategias rediseñe una estructura acorde con los objetivos que pretende con dichas estrategias; desarrolle un proceso administrativo coherente y eficiente; tenga muy bien referenciados a todos sus grupos de interés; sin dejar de lado la importancia que tiene la cultura. 

Al establecer estrategias debe reconocerse que para participar activamente es esencial evaluar la relación entre el espacio geográfico, el tamaño del mercado y la disposición de los países en el mundo globalizado. Además, es básico estar consciente de la necesidad de participar en mercados externos buscando una serie de beneficios apoyados en el aprovechamiento de economías de escala, poder de negociación frente a proveedores, adecuados canales de distribución y lograr el reconocimiento de sus clientes. Todo esto implica alcanzar un buen posicionamiento y una significativa cuota de mercado a nivel doméstico lo cual facilitaría la diminución de sus costes y una continua innovación.

 Una condición fundamental es la predisposición a establecer estrategias que consoliden los mercados nacionales a través de empresas que asumen un rol activo en los mercados internacionales, para ello, aunque con limitaciones, se hace necesario participar con empresas que cuenten con ingresos elevados que les faciliten la disminución de 115Dimensión Empresarial / Vol. 12 No. 1 / Enero - Junio 2014, págs. 111-138 costos, que se apoyen en la innovación, es decir, deben ser, preferiblemente, empresas grandes; porque las que carecen o cuentan con poca participación deberán sacar provecho a otros aspectos, como la posibilidad de incursionar por el tamaño del mercado, la posición que haya logrado en el mercado nacional, entre otros; pero, deben buscar reducción en sus costos, alcanzar preferencia de sus clientes, calidad en sus productos o servicios, que los lleve a una adecuada eficiencia competitiva. 

En lo referente a sus productos, deben identificarse con claridad los denominados productos estandarizados o productos globales, pues son a la larga quienes se relacionan con el desarrollo de estrategias internacionales por la aceptación que de ellos se tengan. Es necesario aclarar que no se trata de productos idénticos, sino de productos que cumplen ciertas características, como diseños, que permiten modificarlos y ajustarlos bajo ciertos parámetros reconocidos. En este proceso se busca, precisamente, estandarizar combinaciones o contenidos de productos a nivel mundial. 

Aunque esta estandarización deberá apoyarse en estrategias de reducción de costos y mejoramiento continuo, con productos de calidad, que logren la fidelización de sus clientes como eje principal para evaluar el éxito de la aplicación de dichas estrategias. Se requiere de este apoyo para evitar una serie de inconvenientes, como descuidar parte del mercado local y la falta de adaptación a los nuevos mercados, pero, definitivamente se hace necesario aprovechar economías de escala globales que permitan la producción a costos bajos. 

Un paso esencial es considerar la localización de las distintas actividades que realizará la empresa para participar en los mercados externos. En este caso, determinar sí continuará localizada en el medio local o se ubicará en otros países, es decir, se exige establecer con claridad cuál sería la mejor opción. Una de ellas será referenciar aquellos países que aceptan la globalización dentro de sus procesos, son estratégicos y asumen riesgos. Todo este proceso debe relacionarse estrechamente con el desarrollo de estrategias internacionales de marketing, por ejemplo, si recurre a la utilización de una estrategia única o muy similar en distintos países. Aunque se debe ser cuidadoso porque se necesita desarrollar la estrategia y los distintos programas que son necesarios. 

La aplicación de un marketing internacional permite la consolidación de sus funciones en varios países y puede reducirse y eliminar ciertas actividades. De aquí resulta un valor agregado a sus clientes, por cuanto se acepta el marketing como parte de sus preferencias. De manera similar, es posible alcanzar mayor y mejor eficiencia y eficacia en el desarrollo de sus actividades. Aunque se requiere ser precavido y analítico de la situación porque si el costo es elevado en la incursión en distintos países con programas de marketing diferentes puede ocasionar serios inconvenientes. 

Es importante destacar que el desarrollo del marketing internacional tiene por objetivo alcanzar el posicionamiento también internacional, que permitirá facilitar el reconocimiento, lo que requiere evaluar es si las empresas de países en desarrollo y emergentes cuentan con las capacidades para incursionar con este tipo de marketing en países estratégicos y globales. Aunque debe tenerse en cuenta que este proceso requiere de información actualizada, distinguir a sus rivales, conocer los precios con el fin de establecer de igual forma precios globales, competitivos y adecuados con el nivel de ingreso del país con quien tendrá relaciones, basándose en crear una excelente imagen a través de una publicidad agresiva y acorde con las exigencias del medio. 

En el proceso de establecimiento de desarrollar estrategias internacionales y/o globales es esencial priorizar ciertas medidas que evalúen las acciones realizadas en el tiempo y momento en que se tomará la medida. En este proceso es fundamental identificar y conocer a las empresas que actúan globalmente y las que cuentan con gran potencial para incursionar en otros países, con el fin de elaborar la estrategia adecuada de acuerdo a la situación. 

Un aspecto a considerar es que elaborar estrategias de este tipo, conlleva al establecimiento de medidas competitivas que deben ser coordinadas y requieren del apoyo de todos los miembros directivos, independientemente del país 116Dimensión Empresarial / Vol. 12 No. 1 / Enero - Junio 2014, págs. 111-138 donde actúen. Pero, no establecerlas redundará en efectos negativos y perjudiciales para mantener o posicionarse en un mercado internacional. Un aspecto relevante es contar con una adecuada estructura organizacional, y todo lo que incluye, como el proceso administrativo, la disponibilidad de recursos físicos, humanos y financieros, para que se encuentre acorde con la estrategia global que se quiera implantar. Además, de incluir la cultura nacional e internacional, con sus valores y normas de conducta. 

3. SITUACIÓN ACTUAL 

Históricamente las empresas de países en vías de desarrollo y emergentes mostraron poco interés para ser partícipes activos en los mercados internacionales. Mantenían una muy buena cuota en el mercado interno, muchas veces protegidos por políticas de los gobiernos respectivos, que en el momento de la internacionalización y apertura de los mercados, las encontró en posiciones desfavorables para ser competitivas. 

Esta desventaja obligó a las pocas empresas que lograron internacionalizarse a que lo hicieran con estrategias que les permitieran defenderse o reaccionar ante los cambios que se venían presentando con el simple objetivo de aprovechar una situación marginal muy particular, pero, en términos generales, estaban orientados a mantenerse en el mercado interno. Por lo tanto, no se preocuparon por realizar inversiones significativas y, además, utilizaron pocos recursos en estas actividades. 

Sin embargo, las políticas proteccionistas, de las cuales nunca quisieron desprenderse las empresas, no les permitieron ver que con la apertura económica urgía la necesidad de ser parte activa de un mundo globalizado que les podían brindar muchos beneficios. Pero, como los obligaba a cambiar, inclusive, la forma de gestión, que debería incluir diversos tipos de estrategias orientadas a la internacionalización, muy pocas se prepararon y adaptaron a las exigencias del entorno, es decir, se requería una visión que tuviese en cuenta la necesidad de establecer estrategias de internacionalización y estrategias globales. 

Actualmente la situación de la economía mundial muestra que los mercados domésticos se hacen insuficientes para las empresas. La necesidad de participar en mercados internacionales requiere de estrategias que se encuentren acordes con las exigencias de la globalización, muy a pesar de las dificultades que presenta el entorno económico, que obliga a reaccionar ante tales exigencias y exige la participación activa, teniendo como base contar con alguna ventaja competitiva, además de mantener un buen posicionamiento en el mercado interno. 

El panorama de la economía mundial, es difícil para los países desarrollados. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM), es latente el bajo crecimiento económico para los países desarrollados y todas las expectativas muestran que se mantendrá está tendencias, para 2013 se prevé sea de 1.6%, 2.3% y 1.3%, respectivamente. En tanto que para los países en desarrollo y emergentes, las tendencias son alentadoras, especialmente para los BRIC. Para Brasil que sería 3.6%, 3.9% y 4.4%, respectivamente. Rusia tendría un crecimiento de 4.1%, 4.1% y 3.9%, respectivamente. India, por su parte lograría tasas de crecimiento del 6.5%, 8.2% y 7.7%, respectivamente. El caso de China mantiene su comportamiento si consigue tasas de 9.0%, 9.5% y 8.3%, respectivamente. Por lo tanto, creo es el momento de aprovechar las fortalezas y oportunidades, pero, deberán reducir sus debilidades y enfrentarse, con estrategias correctas, a las amenazas. 

A nivel de América Latina es evidente la presencia de un flujo de capital importante, lo cual puede ser indicativo de que es el momento para que cada uno de los países que lo conforman logren un despegue doméstico orientándose a una internacionalización creciente a países similares e, inclusive, hacia los mismos países desarrollados, necesitados de productos, servicios y materias primas, que sólo pueden ser suministrados por empresas latinas. Según el World Bank, Global Economic Prospects, de junio de 2012, 117Dimensión Empresarial / Vol. 12 No. 1 / Enero - Junio 2014, págs. 111-138 los flujos internacionales de capital hacia América Latina alcanzará 4.3%, superior al 2012 que fue de 4.1%. 

En el caso de Colombia, según información del Dane, se nota una tasa de crecimiento significativa en lo referente a la formación bruta de capital, especialmente en 2013, cuando el país alcanzaría una cifra de 15%. La mayor tasa se presentó en el año 2006, cuando alcanzó un 18%. Luego disminuye en el 2009, producto de los efectos de la crisis mundial, para en los siguientes años recuperarse notoriamente. 

Otro aspecto a destacar del país, según el mismo Dane, es la diminución paulatina de la tasa de desempleo, que se situó en 10.83 % en el 2011, mientras que en ciertas economías desarrolladas, por efectos de la crisis mundial, presentan cifras crecientes. Algo similar ocurre con la inflación, que alcanza una tasa de de 3.8% en el mismo periodo, brindando confianza a la política monetaria del Banco de la República 

Si se consideran buenos y aceptables los indicadores anteriores, no ocurre lo mismo con el comportamiento de la competitividad de los productos colombianos en el exterior a causa de la revaluación que se presenta, principalmente desde 2010, tal como lo expresa el Banco de la República en las cifras de devaluación nominal y real que presenta. Es decir, Colombia muestra indicadores aceptables a nivel doméstico, pero, en materia de competitividad frente al exterior, no lo favorece mucho, razón por la que se está muy esperanzado en la firma de tratados internacionales que le permitirían consolidar muchos productos en el exterior. 

4. CONCEPTUALIZACIÓN DE ESTRATEGIA 

El concepto de estrategia se utilizó inicialmente en aquellas actividades relacionadas con la guerra. El término estrategia viene del latin strategĭa, y del término griego stratos, que significa ejército y agein, que quiere decir guía-conducción. En sus inicios aparece referenciada por K. V. Clausewitz, quien la describe como 

…el arte de hacer uso en combate de los medios dados… surgen aquí actividades diferentes: preparar y conducir individualmente estos encuentros aislados y combinarlos unos con otros para alcanzar el objetivo de la guerra. La primera es la llamada táctica y la segunda se denomina estrategia. La táctica enseña el uso de las fuerzas armadas en los encuentros y la estrategia el uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra. 

Un compendio importante de conceptualización sobre estrategia lo presentan Castellanos Castillo y Castellanos Machado (2011). Presentan los aportes de Drucker (1954), que considera que la estrategia de la organización era la respuesta a dos preguntas: ¿Qué es nuestro negocio?, ¿Qué debería ser? Chandler Jr. (1962), define la estrategia como la determinación de metas y objetivos básicos de largo plazo de la empresa, la adición de los cursos de acción y la asignación de recursos necesarios para lograr dichas metas. Andrews (1962), considera que la estrategia es el patrón de los objetivos, propósitos o metas y las políticas y planes esenciales para conseguir dichas metas, establecida de tal modo que definan en qué clase de negocio la empresa está o quiere estar y qué clase de empresa es o quiere ser. 

Por lo tanto, la estrategia debe verse como una forma de aplicación de actividades que buscan el logro de objetivos de parte de las organizaciones. También son planes que exigirán a los dirigentes asumir riesgos y responsabilidades en busca de objetivos previamente definidos, basándose en experiencias y proyecciones futuras, que a su vez, deben incluir los medios y acciones para alcanzarlos. 

Las definiciones que se tienen sobre estrategias son amplias, controversiales y prestas a debates. Existen diversas definiciones, dependiendo del autor, teoría y contexto en que se desenvuelve. Según Chandler, la estrategia establece los propósitos de la organización en términos de objetivos a largo plazo, acciones a corto plazo y recursos necesarios para implementarlos. En tanto que para Learned, Christensen, Andrews y Guth, (1965), la estrategia define el campo competitivo de la organización, es decir, selecciona el negocio donde la organización está o desea estar. Por su parte, Porter (1980, 1985, 1991) considera que la estrategia

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sábado, 21 de noviembre de 2020

Lógica y ética en Karl Popper

 Lógica y ética en Karl Popper

Prof. Mariano Artigas

Pamplona, 13 de enero de 1999

   Es un placer encontrarme aquí para tener este Seminario que, según me parece, se ocupa de un problema importante: la relación entre lógica y ética. En la cultura actual, la ética parece ser un asunto meramente subjetivo, y el ámbito de los argumentos objetivos pertenecería por entero a una ciencia que se presenta como libre de valores. La Wertfreiheit (o "libertad de valores": no existe un término castellano o inglés equivalente a este término alemán) se presenta como una característica central de la ciencia: los argumentos lógicos nada tendrían que ver con los valores éticos, que quedarían relegados a opciones completamente subjetivas y circunstanciales.

   En mi opinión, la Wertfreiheit es una característica real de la ciencia experimental, que se centra en el conocimiento de pautas espacio-temporales naturales. Podemos alcanzar ese conocimiento con independencia de nuestro sistema de valores éticos. Pero eso no significa que la ciencia experimental no tenga nada que ver con los valores. Por el contrario, tiene mucho que ver. Por una parte, la ciencia experimental es una actividad humana dirigida hacia un doble objetivo, el conocimiento de la naturaleza y su dominio controlado, y esa actividad, desde el punto de vista objetivo, supone que consideramos que ese doble objetivo merece ser buscado. Así, la búsqueda del conocimiento de la naturaleza y de su dominio controlado son valores constitutivos sin los cuales la empresa científica carecería de significado y ni siquiera podría existir. Además, la exigencia del control experimental implica una exigencia de intersubjetividad que da lugar a valores institucionales: los científicos constituyen una comunidad en la cual existen unos estándares rigurosos que afectan a la integridad intelectual, a la publicidad, a la apertura al diálogo y a la crítica. En definitiva, esos valores constitutivos e institucionales son condiciones necesarias para la existencia y el progreso de la ciencia experimental. Por tanto, existen importantes relaciones intrínsecas entre ciencia experimental y valores éticos. Sin perjuicio, claro está, de que existan otros tipos de conexiones además de los que acabo de señalar.

   Pero el tema de este seminario es la relación entre lógica y ética en Karl Popper. ¿Cuál es la opinión de Popper al respecto? La respuesta estándar es muy clara. Karl Popper relaciona esos dos ámbitos a través de su criterio de demarcación entre la ciencia y la no-ciencia. Una teoría es científica si es falsable, o sea, empíricamente refutable: el precio que debe pagarse para poder entrar en el templo de la ciencia empírica es la actitud científica, que lleva a buscar contra-ejemplos que puedan mostrar falsedades en nuestras teorías, con el ánimo de detectar errores y, así, avanzar en nuestra búsqueda de la verdad. La lógica elemental muestra que nunca podemos demostrar, en pura lógica, la verdad de una teoría, mientras que un solo contraejemplo basta para mostrar que la teoría contiene algún error. Esa asimetría lógica entre verificación y falsación es la clave del método científico, que consiste en una búsqueda sin término, porque nunca podemos demostrar con certeza que nuestras teorías son definitivamente verdaderas, y siempre deberíamos buscar contraejemplos que nos ayuden a acercarnos más a la verdad mediante la eliminación del error.

   La aplicación de estas ideas a la teoría social tiene como resultado la sociedad abierta. Si nuestro conocimiento es esencialmente falible, debemos cultivar la disposición a rectificar nuestras ideas y a examinarlas de modo crítico, aceptando la crítica objetiva, venga de quien venga, e incluso buscándola activamente. La sociedad abierta se basa en la apertura a la crítica, en la tolerancia, en el rechazo de cualquier tipo de autoritarismo y de dogmatismo. De este modo, La lógica de la investigación científica (publicada en 1934), donde Popper expone su criterio de demarcación, proporciona la base lógica para La miseria del historicismo (publicada en 1944-1945) y La sociedad abierta y sus enemigos (publicada en 1945), donde Popper expone su teoría social. En la obra lógica de 1934 Popper se enfrenta al verificacionismo cientificista del Círculo de Viena, y en las dos obras de teoría social de 1944-1945 se enfrenta al totalitarismo, especialmente en su versión marxista. La conexión entre lógica y ética parece clara y lineal. Filosofía de la ciencia y teoría social son, en Popper, dos caras de la misma moneda. Su filosofía de la ciencia, que está centrada en torno a las relaciones lógicas entre enunciados, fue elaborada y publicada en primer lugar, pero los problemas sociales habían ocupado seriamente a Popper desde su juventud, y su rechazo temprano del marxismo en 1919 le llevó a ocuparse seriamente del derecho con que el marxismo se presentaba como teoría científica y, desde ahí, a ocuparse de la naturaleza de la ciencia en general.

   Me parece que lo que he dicho hasta ahora refleja fielmente el pensamiento y la trayectoria de Popper. He dicho estas mismas cosas, e incluso las he publicado en mi primer libro, titulado Karl Popper: búsqueda sin término, desde la década de 1970. Sin embargo, si ahora, 30 años después, acabo de publicar otro libro titulado Lógica y ética en Karl Popper y he venido a dirigir un Seminario con el mismo título, es porque pienso que se puede decir algo más. ¿Qué es este algo más?, ¿cuál es su interés? Para responder a estas preguntas, que se refieren directamente, como veremos, a la relación entre lógica y ética en Popper, me referiré a la génesis de mi nuevo libro y a algunas de sus ideas principales.

   En 1995, después de ocuparme durante 25 años de Popper, casi exclusivamente de su filosofía de la ciencia, me interesé con mayor detalle por los aspectos éticos de su obra. Tuve ocasión de trabajar en el archivo de Popper en la Hoover Institution, en la Universidad de Stanford, y allí pude asomarme a los aspectos más personales de su vida y de su obra, especialmente a través de la correspondencia. Las dimensiones éticas de la obra de Popper me parecían cada vez más importantes. En esas circunstancias, comencé a pensar que, de algún modo, la ética de Popper proporciona la clave para comprender e interpretar adecuadamente toda su filosofía, incluida su epistemología. Cuando estaba dando vueltas a esta sospecha, Josep Corcó me dejó copia de un artículo que se encontrabva en un libro recientemente llegado a nuestra Biblioteca, porque pensaba que me podía interesar. En efecto, me interesó sobremanera. El autor era el profesor Hubert Kiesewetter, de la Universidad de Eichstätt en Baviera, a quien tendremos el gusto de escuchar dentro de un par de meses aquí mismo. En ese artículo Kiesewetter escribía:

Desde que estudié en la London School of Economics and Political Science en 1967-68, la cuestión de las raíces éticas o fuentes morales de la filosofía de Popper nunca ha cesado de ocupar mi mente (...) En los últimos años discutí extensamente con Sir Karl el tema de los fundamentos éticos de su filosofía (...) mi intención es demostrar que todo su pensamiento se encuentra profundamente enraizado en la ética (...) La metodología del falsificacionismo o racionalidad crítica de Karl Popper había sido formada en su núcleo mucho antes de que él estudiara matemática, física y filosofía natural en la Universidad de Viena. Por tanto, mi hipótesis es que el método de Popper de ensayo y error (...) se encuentra inseparablemente entrelazado con principios éticos o morales1.

   En ese artículo, Kiesewetter solamente proporciona unos datos muy escuetos sobre la infancia y juventud de Popper. Pero su idea central me estimuló a estudiar más en concreto las raíces éticas de la epistemología de Popper.

   Nuevos datos vinieron a confirmar el interés del tema. Como suele suceder cuando nos interesamos sobre algún tema, comenzaron a llegar noticias de personas que compartían ese interés, trabajaban en esa línea e incluso habían publicado algo. Además, y sobre todo, en el verano de 1996 (Pablo López lo recordará bien), un día me llegó un sobre de South Croydon, de los herederos de Karl Popper. Me enviaban un material que pensaban, acertadamente, que me podría interesar: la transcripción (unos cuatro folios a un espacio) de una intervención espontánea de Popper en un seminario que tuvo lugar en 1992 en Japón. Se refería a la naturaleza de su racionalismo crítico, intentando clarificar algunos equívocos relacionados con las ideas de uno de sus discípulos más conocidos, William Warren Bartley.

   William Warren Bartley nació en los Estados Unidos en 1934. Era, por tanto, 32 años más joven que Popper (quien nació en Viena en 1902). Bartley se graduó en filosofía, en Harvard, en 1958. En ese año marchó a Londres para trabajar con Popper. Completó su tesis doctoral, bajo la supervisión de Popper, en 1962, y en ese mismo año publicó su primer libro, titulado La retirada al compromiso2. Este libro, cuyo contenido se relaciona ampliamente con su tesis doctoral, se centra en torno a los límites de la racionalidad, que es el tema que preocupaba a Bartley y que provocó unas relaciones difíciles con Popper.

   Bartley fue, sin duda, uno de los mejores discípulos y colaboradores de Popper. Precisamente de aquí surgen las dificultades para advertir los equívocos que él mismo provocó. Atraído por las ideas de Popper, desde el primer momento Bartley creyó descubrir en ellas la posibilidad de formular una visión del mundo que le permitía responder a los problemas que él se planteaba. Le parecía, sin embargo, que para servir a ese objetivo, los argumentos de Popper debían ser generalizados e incluso corregidos.

   La generalización parecía bastante fácil. En efecto, Popper había propuesto la falsabilidad como criterio de demarcación entre la ciencia y la pseudo-ciencia; en la ciencia empírica, según Popper, formulamos nuestras hipótesis de tal modo que puedan ser sometidas a control experimental: nunca podemos demostrarlas de modo concluyente, pero podemos avanzar hacia la verdad eliminando los errores que detectamos cuando chocan contra la experiencia. Popper mismo había generalizado esta actitud, aplicándola a las teorías metafísicas: estas teorías, según Popper, tampoco podrían ser demostradas, pero podrían ser sometidas a "crítica racional", utilizando argumentos racionales que, sin poseer la fuerza típica de los experimentos científicos, serían suficientes, no obstante, para someter a las teorías metafísicas a un proceso de eliminación de error análogo al que se da en las ciencias. Bartley proponía considerar el problema de la demarcación como un caso particular del problema de la racionalidad. Las ideas de Popper no sólo daban pie a esa generalización; parecía, incluso, que Popper mismo ya la había realizado, y que sólo era necesario hacerla explícita.

   Existía, sin embargo, un aspecto en las ideas de Popper que molestaba profundamente a Bartley, quien lo veía como un obstáculo insalvable para conseguir su objetivo. Popper subrayaba con fuerza el carácter conjetural del conocimiento humano y la imposibilidad de conseguir demostraciones concluyentes; por tanto, proponía un pensamiento claramente anti-dogmático en el que no había lugar para la certeza. Pero ese "racionalismo crítico" reposaba en último término, según confesión explícita del mismo Popper, en una "fe irracional en la razón", fruto de una "decisión moral" en favor del racionalismo. Según Popper, la actitud de tomar en serio los argumentos racionales no podía, a su vez, ser fundamentada mediante argumentos racionales, y por este motivo afirmaba que, en último término, su racionalismo crítico se basaba en una decisión irracional. Bartley pensaba que este paso era suicida porque, en esas condiciones, el racionalismo crítico siempre debería enfrentarse, sin posibilidad de respuesta, a la objeción típica del fideísmo filosófico o religioso; en efecto, el fideísta podría decir al racionalista algo de este estilo: "tú me atacas porque fundamento mis ideas en una fe irracional, pero tú también te apoyas, en último término, en una fe irracional".

   Lo que Bartley buscaba era, precisamente, una filosofía que no se viera sometida a este argumento del "tu quoque". Le sobraba la fe en la razón, la decisión moral que Popper colocaba en la base de su racionalismo crítico. Creyó encontrar lo que buscaba en lo que él llamó primero "racionalismo crítico comprehensivo" y más tarde "racionalismo pan-crítico". Estaba en la línea del racionalismo de Popper, pero había dado el último paso: considerar absolutamente todo como abierto a la crítica, eliminando la necesidad de ninguna decisión moral básica, de ninguna fe irraccional. Según Bartley, todo, incluso el propio racionalismo, debe estar abierto a crítica. Se trataría, en definitiva, de llevar hasta el final la dirección emprendida por Popper: no sólo podemos criticar cualquier hipótesis, sino que incluso esa misma posición, o sea, la disposición de someter todo a crítica, debe estar ella misma abierta también a la crítica.

   Si Bartley se hubiese limitado a desarrollar su posición, y Popper a aceptarla o rechazarla claramente, yo no habría escrito mi libro ni estaría diciendo aquí estas cosas, ni Pablo estaría haciendo una tesis doctoral sobre estas cuestiones. Lo que sucedió es mucho más complicado. Terriblemente complicado. Tan complicado, que en mi libro yo digo que sólo podré asomarme a los problemas que surgieron y que se encuentran sin resolver. Para resolverlos completamente, si es que alguna vez se llega a hacerlo, será necesario utilizar una documentación mucho más extensa de la que yo cito. Sin embargo, conozco buena parte de esa documentación, al menos lo suficiente como para poder decir que, en sus aspectos fundamentales, casi todos los aspectos esenciales del problema pueden tratarse seriamente en base a los textos que ya han sido publicados. Algunos aspectos importantes, de tipo personal, quedarán necesariamente sin tratar (por el momento, los herederos de Popper no han autorizado la publicación de cartas, que tanto Pablo como yo conocemos como consecuencia del trabajo en los archivos de Popper, y que son muy importantes para este tema).

   En la primera parte de mi libro, me centro en la publicación y comentario de un texto de Popper que denominaré documento de Kyoto, que hasta ahora no había sido publicado. Es difícil exagerar su trascendencia. Gabriel Zanotti, profesor en la Universidad Austral de Buenos Aires y experto en Popper, ha escrito una recensión de mi libro que será publicada probablemente en la revista Arbor, y en el resumen inicial dice lo siguiente: "En su último libro sobre Karl Popper, Mariano Artigas plantea una hermenéutica revolucionaria: muestra que la ética de Popper es el fundamento de su epistemología, y que el fundamento de esa ética está lejos del "conjeturalismo" que suele atribuirse a Popper. Artigas analiza qué significa en Popper la "fe irracional en la razón" y utiliza, como fuente inédita, el dramático relato que hace Popper de su relación con W. W. Bartley, por primera vez, en Kyoto, en 1992. Sea cual fuere la opinión del lector, el libro de Artigas divide la hermenéutica de Popper en un antes y un después".

   Situaré brevemente el documento de Kyoto. Cuando ya había cumplido los 90 años, Karl Popper fue a Japón para recibir de la Fundación Inamori, en Kyoto, un premio para "las artes creativas y ciencias morales". Con ese motivo, entre otras actividades, el 12 de noviembre de 1992 tuvo lugar un seminario titulado "La Filosofía de la sociedad abierta". Actuaron como coordinadores los profesores Ryuichi Nagao y Rinitsu Kawakami, Universidad de Kyoto. Karl Popper pronunció una conferencia titulada "El origen de la cultura occidental y sus raíces literarias y científicas". Además de unas introducciones y de varios diálogos, hubo cuatro conferencias pronunciadas por profesores japoneses.

   La conferencia del profesor Keiichiro Kamino se tituló "Sobre el racionalismo crítico de Popper" y fue calificada por Popper como excelente. Pero Kamino no se había limitado a una exposición neutral. Se había referido, de modo muy concreto, a la interpretación de Bartley y a su relación con Popper, expresando además sus opiniones al respecto. Y aquí empezó todo. Según él mismo dijo en su intervención improvisada, Popper nunca había querido intervenir en las disputas a que había dado lugar la posición de Bartley (quien, dicho sea de paso, a pesar de ser mucho más joven que Popper, había muerto de cáncer en 1990). Pero ahora, al cabo de los años, Popper se encontró con un acto en el que, delante de expertos en su filosofía, se trataba expresamente ese tema. También había, en las intervenciones de otros profesores, algunas alusiones a ese problema. Entonces Popper quiso clarificar algunos puntos, y lo hizo de modo espontáneo, con gran sencillez, aludiendo a aspectos de su obra y de su relación con Bartley que en ninguna otra ocasión manifestó públicamente. Se trata, por tanto, de un documento único y excepcional. La intervención de Popper fue grabada y hasta ahora no había sido publicada. Se ha publicado un libro, en japonés, donde se recogen las conferencias del seminario de Kyoto y algunos otros estudios, pero ahí no se incluye esa intervención.

   No es mi intención desarrollar en detalle los problemas que Popper planteó en su intervención de Kyoto. Están analizados en la primera parte de mi libro. Aquí bastará una referencia a la idea central. En Kyoto, Popper subraya una vez y otra que su racionalismo crítico no es una doctrina, sino una actitud. En otras palabras: él no está proponiendo una tesis filosófica, sino que está argumentando en favor de una actitud que considera importante, sobre todo por motivos éticos: porque es una actitud de diálogo y de razonabilidad, que favorece el entendimiento, la tolerancia y la paz, frente a cualquier tipo de totalitarismo y de violencia. En este contexto, es importante la Introducción que Popper escribió para su libro "El mito del marco común", colección de ensayos publicada póstumamente en 1994, el mismo año de su muerte. En esa Introducción, medio siglo después de la publicación de La sociedad abierta, Popper se refiere a la racionalidad como

una manera de pensar e incluso una manera de vivir: una disposición para escuchar argumentos críticos, para buscar los errores propios y para aprender de ellos. Es, en lo fundamental, una actitud que he tratado de formular (quizá por primera vez en 1932) en estos dos versos: Quizá esté yo equivocado y tú tengas razón, quizá con un esfuerzo a la verdad nos acerquemos... Los puse en cursiva para indicar que los considero importantes, pues fueron un intento de resumir una parte particularmente central de mis artículos morales de fe. Al punto de vista que los mismos resumen lo llamé "racionalismo crítico".

A continuación, Popper lamenta que se haya reparado poco en esos versos, admitiendo que pudo ser en parte culpa suya, porque al lector le puede pasar por alto todo lo que quiere decir con esos versos tan breves, y añade:

Por esta razón los cito aquí medio siglo después. Fueron concebidos para que contuvieran, en el mínimo espacio posible, una confesión de fe, expresada simplemente, de manera no filosófica y en lenguaje corriente; fe en la paz, en la humanidad, en la tolerancia, en la modestia, en el esfuerzo por aprender de nuestros propios errores; y en las posibilidades de la discusión crítica. Era un llamamiento a la razón.

Y, en medio de estas reflexiones, Popper menciona varias interpretaciones equivocadas de su racionalismo crítico. Aquí nos interesa muy especialmente una. Según Popper,

también existió un intento de sustituir mi racionalismo crítico por una posición radicalmente crítica y más explícitamente definida. Pero, puesto que este intento adoptó el carácter de una definición, condujo a una serie interminable de argumentaciones filosóficas acerca de su adecuación3.

La alusión a Bartley es inequívoca: no cabe otra interpretación. Y también es clara la diferencia que Popper advierte entre su posición y la de Bartley: éste, en su afán de evitar cualquier tipo de presupuestos, se embarca en un problema que constituye un auténtico laberinto lógico, mientras que Popper admite francamente, desde los años 1940 y hasta los años 1990, que toda su posición se basa sobre un compromiso de tipo ético y tiene sentido a la luz del mismo.

   No digo que la postura de Popper sea inequívoca ni que esté libre de dificultades. Por el contrario, me parece que su planteamiento contiene algunos defectos que afectan a toda su filosofía y provocan ambigüedades de difícil solución. Por ejemplo, su negación completa de toda certeza en el conocimiento parece excesiva. Es cierto que afirma la existencia de una verdad objetiva, y que subraya que podemos acercarnos progresivamente hacia ella, pero al mismo tiempo insiste en que nunca podemos saber que ningún conocimiento particular es verdadero. Precisamente el análisis de las raíces éticas de la epistemología de Popper tiene interés porque permite advertir el sentido más auténtico de sus ideas, evitando bastantes dificultades y facilitandola utilización de sus aspectos válidos. De todos modos, considero mi deber advertir que la posición de Popper, tal como él la expresa, contiene bastantes aspectos que fácilmente conducen a perplejidades y confusiones, y que mi interpretación no elimina completamente esas dificultades.

   Popper coloca en la base de toda su filosofía lo que él llama fe en la razón, o fe irracional en la razón. Esta expresión resultaba inaceptable para Bartley. En realidad, la expresión no es muy afortunada, sobre todo en su segunda formulación, cuando no sólo se habla de "fe en la razón", sino que se dice que esa fe es "irracional". En mi opinión, esa "fe en la razón" se refiere a unos supuestos humanistas que sirven de base a Popper y que se refieren a la dignidad de la persona humana. Tanto en su filosofía de la ciencia como en su filosofía social, Popper se apoya en unos supuestos que él mismo considera obvios, de modo que no se detiene a hacerlos explícitos. En efecto, su filosofía de la ciencia no tiene sentido a menos que se acepte una ontología y una teoría del conocimiento realistas, y su filosofía social se apoya sobre unas convicciones morales amplias y profundas acerca de la persona humana y de la sociedad. En definitiva, la racionalidad popperiana se inscribe dentro del marco de una racionalidad más básica y general, la racionalidad del mundo y la racionalidad de la persona, y propone un cultivo sistemático de la racionalidad humana tanto en el ámbito de la ciencia como de la vida social. Las ideas de Popper son coherentes con una filosofía realista que le sirve de complemento y que, de hecho, es utilizada implícitamente por Popper en su obra. Contemplada en esta perspectiva, la decisión moral en que se apoya la propuesta social de Popper no es una fe irracional, como él dice. Es racional. De hecho, Popper argumenta en su favor.

   Popper afirma que su compromiso moral con la dignidad de la persona humana es fruto de una decisión, y tiene razón: por muy bien fundamentado que ese compromiso pueda estar, requiere una decisión moral. Pero Popper admite que esa decisión está abierta a argumentación, y de hecho argumenta en su favor: por eso no tiene inconveniente en aceptar la propuesta de Bartley según la cual deberíamos mantener todo abierto a la crítica, incluso nuestra decisión básica de mantener todo abierto a la crítica. Al mismo tiempo, su decisión moral es amplia y firme; ése es el motivo que le llevó a separarse del marxismo y a estudiar seriamente en qué consiste el carácter científico de las teorías: de hecho, toda la filosofía de la ciencia y de la sociedad de Popper tiene como fondo ese compromiso moral del que no está dispuesto a renunciar. En cambio, Bartley no quiere saber nada de compromisos, porque identifica compromiso con fe ciega en el sentido del fideísmo. Pero existen tipos de fe y de compromiso que son razonables y no tienen nada que ver con la fe ciega del fideísmo. Además, existe una racionalidad básica que sirve de marco general a la ciencia, a la filosofía, a la religión, y en general a toda la vida humana

   En su intervención de Kyoto, Popper subraya que su racionalismo se refiere a una actitud, no es una teoría. Es una actitud que lleva a mantener las propias ideas abiertas a posibles rectificaciones, pero no es, en absoluto, una actitud iconoclasta. Precisamente es una actitud que, al basarse en unas razones morales, implica toda una serie de supuestos éticos. Con su decisión moral, Popper admite implícitamente toda una serie de supuestos que no está dispuesto a abandonar: supuestos que se refieren a la libertad, a la dignidad humana, a la justicia, a la igualdad, a la convivencia pacífica, al respeto, a la tolerancia. Lo que sucede es que le parecen tan obvios que ni siquiera se los plantea expresamente como supuestos. Quizá ésa sea una de las claves de los equívocos que puede provocar la filosofía de Popper: que se apoya en unos supuestos que no examina expresamente.

   Las consideraciones precedentes se pueden aplicar a la valoración del falibilismo de Popper. Los argumentos de Popper en favor del falibilismo derivan del carácter conjetural de nuestro conocimiento y de la magnitud de nuestra ignorancia. Sin embargo, Popper combina estos argumentos con consideraciones éticas. Dice, por ejemplo:

Los principios que constituyen la base de toda discusión racional, es decir, de toda discusión emprendida a la búsqueda de la verdad, constituyen los principios éticos esenciales. Me gustaría enunciar aquí tres de estos principios.

Y formula esos tres principios de este modo:

1. El principio de falibilidad: quizá yo estoy equivocado y quizá tú tienes razón. Pero es fácil que ambos estemos equivocados. 2. El principio de discusión racional: deseamos sopesar, de forma tan impersonal como sea posible, las razones en favor y en contra de una teoría (...). 3. El principio de aproximación a la verdad: en una discusión que evite los ataques personales, casi siempre podemos acercarnos a la verdad (...).

   Popper subraya que esos principios incluyen aspectos éticos cuando continúa diciendo:

Vale la pena señalar que estos tres principios son principios tanto epistemológicos como éticos, pues implican, entre otras cosas, la tolerancia: si yo espero aprender de ti, y si tú deseas aprender en interés de la verdad, yo tengo no sólo que tolerarte sino reconocerte como alguien potencialmente igual; la unidad e igualdad potencial de todos constituye en cierto modo un requisito previo de nuestra disposición a discutir racionalmente las cosas4.

   Una explicación puramente lógica o epistemológica no puede reflejar esta situación, porque las ideas principales implicadas en ella "son principios tanto epistemológicos como éticos". Por eso no hay círculo vicioso: la ética sirve de base a la actitud racional (aunque esto no significa que la ética sea completamente autónoma: lo racional y lo ético se encuentran estrechamente entrelazados y relacionados en ambas direcciones).

   También es interesante señalar que Popper incluye "el principio de falibilidad" como uno de los principios que "constituyen los principios éticos esenciales". Esta afirmación bastaría para mostrar que el falibilismo no se refiere a un asunto meramente lógico, y que no sólo incluye dimensiones éticas, sino que tiene, según las palabras del propio Popper, un carácter principalmente ético.

Popper también se refiere a la igualdad y unidad entre los hombres como otro componente ético de su falibilismo, y esto tiene fuertes connotaciones antropológicas. Me atrevería a decir que aquí se encuentra el supuesto básico de toda la filosofía de Popper: él cree en el hombre, en la libertad, en la razón, en la paz, en el respeto. Popper se encuentra fuertemente comprometido con esos valores, y todos sus argumentos los suponen. En la misma línea añade:

Así, los principios éticos constituyen la base de la ciencia. La idea de verdad como principio regulador fundamental -el principio que guía nuestra búsqueda- puede considerarse un principio ético. La búsqueda de la verdad y la idea de aproximación a la verdad también son principios éticos; como lo son las ideas de integridad intelectual y falibilidad, que nos conducen a una actitud de autocrítica y de tolerancia5.

   Es difícil exagerar la importancia de estas afirmaciones, que abren nuevas perspectivas a la base ética de la ciencia, que constituye todo un ámbito de investigación, y muestran que los aspectos cruciales de la epistemología de Popper no pueden comprenderse adecuadamente sin una referencia a sus aspectos éticos.

   Ha habido varios intentos de proporcionar una clave unificadora de la filosofía de Popper. No pretendo presentar otro intento de unificación. En cambio, la perspectiva ética proporciona una comprensión de la filosofía de Popper en un nivel diferente que se refiere al origen de las otras claves. Más en concreto, permite comprender el significado de la crítica y del racionalismo crítico de Popper. En efecto, cuando consideramos la epistemología de Popper bajo la luz de la clave ética, nos damos cuenta de que representa una actitud más que una doctrina. Es una doctrina centrada en torno a una actitud, la actitud de razonabilidad, de dar importancia a la discusión racional, una discusión en la cual mantenemos la apertura mental con respecto a cualquier tipo de objeciones o calificaciones, dispuestos a abandonar una opinión que apreciamos cuando hay razones para abandonarla. La epistemología de Popper puede ser considerada como la articulación teórica de este tipo de actitud.

   Popper está interesado principalmente en la verdad. La crítica de Popper se encuentra esencialmente relacionada con la búsqueda de la verdad: es una actitud cuya relevancia se debe, precisamente, a la función esencial que desempeña si deseamos buscar un conocimiento verdadero del mundo real. De hecho, cuando Popper argumenta en favor de un realismo filosófico que se opone a cualquier forma de subjetivismo e idealismo, sus argumentos adoptan un tono que casi hace olvidar su insistencia en el carácter conjetural de nuestro conocimiento. En la última parte de mi libro muestro algunos ejemplos.

   Aunque no me detendré en otros detalles, mencionaré que Popper dice que "creyó" y continúa "creyendo" en el realismo metafísico. Esto es aparentemente no popperiano, si recordamos que Popper subraya que no cree en la creencia. Encontramos otras expresiones aparentemente no popperianas cuando Popper desarrolla su discusión del realismo. Dice, por ejemplo, que tanto el realismo como el idealismo comparten como característica común que son indemostrables e irrefutables, pero, añade,

hay una importantísima diferencia entre ellas. El idealismo metafísico es falso y el realismo metafísico es verdadero. No ‘sabemos’ esto, naturalmente, en el sentido en que podemos saber que 2 + 3 = 5; es decir, no lo sabemos en el sentido del conocimiento demostrable. Tampoco lo sabemos en el sentido del ‘conocimiento científico’ contrastable. Pero esto no significa que nuestro conocimiento no sea razonado o razonable. Por el contrario, no hay conocimiento factual que esté apoyado por más argumentos o por argumentos más fuertes (aunque no sean concluyentes)6.

Esta afirmación acerca del realismo y el idealismo no podría ser más fuerte, y la referencia a argumentos positivos parece chocar con el criticismo extremo atribuido con frecuencia a Popper. Además, Popper continúa hablando de "los argumentos positivos en apoyo del realismo metafísico".

Por supuesto, Popper se refiere aquí a verdades muy elementales. Pero las trata de modo completamente realista, sin ninguna concesión a los argumentos típicos de los filósofos subjetivistas o idealistas. En este terreno, Popper no parece tener miedo de decir que realmente sabe algo con certeza.

   Pienso que la argumentación de Popper acerca del realismo metafísico podría ser suscrita por un tomista como Étienne Gilson. El criticista Popper utiliza el mismo tipo de argumentos empleados por Gilson para llegar a la misma conclusión con el mismo tipo de certeza.

   Ésta no es, sin embargo, la única ocasión en que Popper argumenta sobre temas metafísicos. Cuando se le acusó de ser o haber sido positivista, replicaba que nunca había negado que la metafísica tenga sentido, y también que había discutido frecuentemente problemas metafísicos, lo cual es cierto. Subrayaría que, aunque Popper nos diga que sus puntos de vista deberían ser considerados como conjeturas, de hecho argumenta tan fuertemente como cualquier otro lo haría cuando ataca el materialismo o argumenta en favor del realismo, el indeterminismo y la emergencia.

   Todo este asunto puede ser clarificado si recordamos que, al argumentar en favor del realismo, Popper escribe: "No ‘sabemos’ esto, naturalmente, en el sentido en que podemos saber que 2 + 3 = 5; es decir, no lo sabemos en el sentido del conocimiento demostrable. Tampoco lo sabemos en el sentido del ‘conocimiento científico’ contrastable. Pero esto no significa que nuestro conocimiento no sea razonado o razonable". Pienso que un diálogo acerca de este texto podría bastar para alcanzar un amplio acuerdo sobre algunos temas entre Popper y muchos filósofos realistas, tomistas incluidos.

   Desde mi punto de vista, diría que difícilmente conocemos algo acerca del mundo físico "en el sentido en que podemos saber que 2 + 3 = 5", de modo que, si consideramos esto como el paradigma del "conocimiento demostrable", Popper tendría razón cuando considera que nuestro conocimiento es básicamente conjetural. Sin embargo, para evitar, como Popper pretende hacerlo, actitudes que obstruyen el progreso científico, no es necesario afirmar que todo nuestro conocimiento es conjetural, lo cual no es cierto. Basta aceptar que nuestro conocimiento es siempre limitado y perfectible. Además, en la ciencia experimental nuestras construcciones siempre dependen de contextos que nosotros mismos construimos y que, en consecuencia, conducen a conocimientos que, aunque sean verdaderos, poseen siempre un carácter contextual y parcial.

   Por otra parte, tampoco es difícil comprender que en la ciencia experimental existe una fuente especial de intersubjetividad y de verdad. Esa fuente, sin embargo, no es nada misteriosa: consiste en el hecho de que el mundo natural está organizado en torno a pautas espacio-temporales repetibles. Los experimentos científicos son posibles porque existen pautas repetibles. En cambio, cuando se trata de las ciencias humanas, debemos tomar en consideración las dimensiones específicamente humanas que, aunque puedan relacionarse con pautas espacio-temporales, también las trascienden. Por tanto, no podemos zanjar las discusiones metafísicas utilizando exactamente la misma clase de argumentos que se usan en la ciencia experimental; sin embargo, podemos alcanzar eventualmente conclusiones que son mucho más seguras que las de la ciencia experimental.

   Popper defiende algunas doctrinas filosóficas que tienen gran importancia para los tomistas y para muchos otros filósofos realistas. Éste es el caso de su argumentación en favor del realismo metafísico. Esto también puede extenderse a la imagen de la ciencia experimental como una empresa humana cuyo objetivo es la búsqueda de la verdad; a la importancia de las razones éticas para la búsqueda de la verdad; a la afirmación de que nuestra búsqueda de conocimiento empírico debe basarse en el método de conjeturas y refutaciones; a la idea de que, más allá de la ciencia experimental, existe un ámbito de cuestiones metafísicas que no pueden ser decididas mediante experimentos pero pueden, no obstante, ser discutidas racionalmente; a la importancia de la modestia intelectual, especialmente en el ámbito de las empresas intelectuales; a la necesidad de fomentar la actitud de diálogo y razonabilidad en los asuntos humanos.

   Me atrevería a decir que algunas dificultades aparentes en la filosofía de Popper podrían ser superadas mediante un diálogo previo dirigido a entender los respectivos marcos de referencia. Sin embargo, la tarea no es fácil. Ahora, yo no diría que la filosofía de Popper es principalmente una epistemología que se aplica al ámbito social; más bien diría que es verdad lo contrario. En tal caso, el diálogo con Popper es, probablemente, más factible de lo que parece a primera vista, pero, en cualquier caso, no es un asunto fácil. Mi trabajo sobre las raíces éticas de la epistemología de Popper pretende ayudar a hacer más fácil esa tarea.

1. Hubert Kiesewetter, "Ethical Foundations of Popper's Philosophy", en: A. O'Hear (editor), Karl Popper: Philosophy and Problems, Royal Institute of Philosophy Supplement: 39, Cambridge University Press, Cambridge 1995, pp. 275-276.

2. W.W. Bartley, The Retreat to Commitment, Knopf, New York 1962.

3. K. R. Popper, El mito del marco común. En defensa de la ciencia y la racionalidad, Paidós, Barcelona 1997, p. 15

4. Karl Popper, En busca de un mundo mejor, Paidós, Barcelona 1994, p.255.

5. Ibid.

6. Karl Popper, Realismo y el objetivo de la ciencia, Tecnos, Madrid 1985, pp. 120-128.

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EN EN SOCIOLOGÍA 

Con Friedrich Hayek y Karl Popper podemos tener variados disensos. Del primero podemos debatir su afirmación de la ideonidad del sistema de precios para la asignación de recursos o su adherencia sobre la tutela de la libertad individual por parte de la noción originaria de la Ley. Del segundo, las confusas nebulosas que se desprenden de su teorización sobre la existencia de un “Tercer mundo”. De ambos quizás y en conformidad a la postura política en la que nos situemos, el ser pensadores orbitantes del liberalismo. Pero si en algo coincide la comunidad intelectual sobre los aportes de la pareja, ha sido la coherente argumentación que han realizado para desnudar a la actividad manufacturadora del conocimiento de uno de sus ropajes más anticientíficos: el dogmatismo.

La lógica fundacional de la Ciencia operó en un contexto de reacción metodológica y argumentativa al monopolio operado por la Religión. Contraponiéndose a la noción del Dios omnipresente y portador de una sabiduría sólo descifrable por lo divino, el hombre en labor prometeica se propone conocer la racionalidad natural del mundo físico. Las llamadas “ciencias naturales”, y posteriormente las “ciencias duras”, encuentran en el método científico una sistematización de pasos para encontrar modelos que se acerquen a la realidad. El hombre, observa la naturaleza y adquiere una serie de datos, una información que se le ofrece de forma inmediata y directa. Otros datos los obtiene con la ayuda de instrumentos que simplifican el alcance de sus sentidos. Puede, además, experimentar, provocar situaciones nuevas en relación con los procesos naturales, y al observar las respuestas, consigue otras informaciones más allá de las logradas por la mera observación. Con las nociones así obtenidas se construyen teorías que deberán ser contrastadas, sometiéndolas al control de la experimentación. “Las teorías no son un reflejo directo de la realidad; son más bien un entramado abstracto, una red de modelos; son una construcción inventada. La verdad científica es, por tanto, la correspondencia entre las realidades naturales y las teorías científicas que explican cómo son.”[1]


Pero la Ciencia es una labor humana, y como éste, perfectible y mejorable. Las verdades parciales y momentáneas pasaron a convertirse en nociones irrefutables, incluso para quienes trataban con ella de conseguir respuestas sobre los hechos sociales. La Ciencia terminó convertida en el sucedáneo del totem religioso, con prácticas y espíritu de secta sublimado de su contrario, la Iglesia.

La Segunda Guerra Mundial no sólo significó el reacomodo del mundo bajo la lógica bipolar de la Guerra Fría. También inauguró la construcción teórica del desencanto: la posmodernidad. Aquella fe en que los avances científicos y la industrialización eran el camino seguro al progreso y el bienestar se erosionó con el fruto de varios de sus hijos legítimos: el campo de exterminio –Auschwitz, los gulags stalinistas- y la bomba atómica. La actividad científica debía cuestionarse a sí misma. Y esta labor, es realizada por dos científicos de nombre Karl Popper y Friedrich Hayek.

Popper: La búsqueda sin término

“Quizá este yo equivocado y tú tengas razón, quizá con un esfuerzo a la verdad nos acerquemos”. La frase resume el pensamiento de quien hace de un racionalismo de tipo crítico una actitud. Según el mismo, esta forma de razonar “es una manera de pensar e incluso una manera de vivir: una disposición para escuchar argumentos críticos, para buscar los errores propios y para aprender de ellos”[2].

Tal perspectiva le ha valido a Popper la denominación de “positivista que quiere ir más allá del positivismo”[3]. Los postulados popperianos que esgrime para llegar a ese punto son los siguientes:

– El racionalismo crítico. Popper al respecto se refiere a Albert Einstein en los siguientes términos: “Me impresionó la clara afirmación del propio Einstein, que consideraría a su teoría como insostenible si no resistía a ciertas pruebas… Einstein buscaba experiencias cruciales, cuyo acuerdo con sus predicciones en modo alguno establecerían su teoría, mientras que un desacuerdo, como él mismo fue el primero en señalar, mostraría que su teoría era insostenible”.[4] Para Popper la verdadera actitud científica era la actitud crítica, la cual no busca justificaciones autocomplacientes sino refutar la teoría contrastada.

– La falsabilidad. La Ciencia avanza por ensayo y error. Las teorías sólo se refutan negativamente y no es posible alcanzar verdades definitivas. Nuestras teorías son como redes, con ellas creamos un mundo virtual: el de nuestras propias redes, y con ellas, intentamos comprender la realidad.

– La distinción de la Ciencia de otras formas de conocimiento. “Llamamos “verdadero racionalismo” al de Sócrates, esto es, a la conciencia de las propias limitaciones; a la modestia intelectual de aquellos que saben con cuanta frecuencia yerran y hasta qué punto dependen de los demás aun para la posesión de este conocimiento; a la comprensión de que no debemos esperar demasiado de la razón, de que todo argumento raramente deja aclarado un problema, si bien es el único medio para aprender, no para ver claramente, pero sí para ver con mayor claridad que antes”.[5]

Esta postura es contrastada por el autor con lo que considera “seudoracionalismo”, ejemplificado a su juicio por Platón y sinónimo de inmodestia, superioridad e intelectualismo autoritarista.

– La búsqueda sin término. Para Popper la verdad es inalcanzable. Todo enunciado científico es de carácter provisional, por lo que cualquier pretensión de alcanzar una verdad definitiva sería dogmática. Una discusión que evite los ataques personales y se centre en los argumentos hace más clarificadora esta búsqueda.

Para Karl sus principios son tanto epistemológicos como éticos, “implican entre otras cosas, la tolerancia: si yo espero aprender de ti, y si tú deseas aprender en interés de la verdad, yo tengo no sólo que tolerarte sino reconocerte como alguien potencialmente igual; la unidad e igualdad potencial de todos constituye en cierto modo un requisito previo de nuestra disposición a discutir racionalmente las cosas”[6]

Hayek: el conocimiento descentralizado

Si Popper introduce a la tolerancia como valor en la búsqueda del conocimiento, Hayek complementa esta noción dispersando los datos en un número indefinido de actores. Los datos que necesitamos sobre una realidad específica no existen concentrados en una sola cabeza, sino que se encuentran descentralizados en muchas. Hayek desmitifica de esta manera al cientificismo como único conocimiento válido: “Sólo es preciso recordar cuánto tenemos que aprender en cualquier ocupación después de que hemos completado nuestro entrenamiento teórico; qué gran proporción de nuestra vida activa la pasamos aprendiendo trabajos específicos, y cuán valioso es en todos los órdenes de la vida el conocimiento de las personas, de las condiciones locales, y de circunstancias especiales”[7]. Después de décadas de menosprecio intelectual, el sentido común se revaloriza. “El conocimiento científico no es la suma de todo el conocimiento”, la frase suena lapidaria para las petulancias de los cientificistas. El reconocimiento de las visiones complementarias de los actores, de sus distintas situaciones y de sus lógicas individuales colinda incluso con la pretensión objetivista del científico, el cual debe ubicarse a si mismo incluso como un actor más.

“Nuestros argumentos tratan de mostrar meramente que –la razón- no es todopoderosa y que la creencia de que es posible dominarla y controlar su desarrollo puede incluso destruirla”[8].  A la tolerancia como valor ético de la Ciencia, Hayek agrega el de la cooperación: “La primera condición para el uso inteligente de la razón en la ordenación de los negocios humanos es que aprendamos a comprender el papel que de hecho desempeña y puede desempeñar en el funcionamiento de cualquier sociedad basada en la cooperación de muchas opiniones aisladas”.

Bibliografía

ARTIGAS Mariano. “Lógica y ética en Karl Popper”.

http://www.unav.es/gep/Logetic.html

HAYEK Friedrich. “Los fundamentos de la libertad”. Union Editorial, Madrid 1998.

HAYEK Friedrich.“El orden de la libertad”. Editorial Sofarma, Guatemala 1992.

LOPEZ Moralla. Conocimiento científico: Fiabilidad de la Ciencia. http://www.servicato.com/doctrina/conocimi.htm

POPPER Karl “La sociedad abierta y sus enemigos”. Editorial Paidos, Barcelona. 1981.

Ensayo entregado al profesor carlos blank en la materia optativa “La evolución de la Razón: Popper y Hayek”, Escuela de Sociología UCV ¿año? ¿2001?


[1] N. López Moratalla. “Conocimiento científico: Fiabilidad de la Ciencia”. http://www.servicato.com/doctrina/conocimi.htm


[2] Citado por Mariano Artigas en “Lógica y ética en Karl Popper”. http://www.unav.es/gep/Logetic.html

[3] N. López Moratalla. Ob. Cit.

[4] Citado por N. López Moratalla. Ob. Cit.

[5] Karl A. Popper. “La sociedad abierta y sus enemigos. Editorial Paidos, Barcelona. 1981.

[6] Citado por Mariano Artigas. Ob. Cit.

[7] Friedrich Hayek “El orden de la libertad”. Editorial Sofarma, Guatemala 1992.

[8] Friedrich Hayek. “Los fundamentos de la libertad”. Union Editorial, Madrid 1998.