ESCRIBA LO QUE DESEA LEER EN ESTE BLOG

martes, 14 de abril de 2020

LA POBREZA EN SMITH Y RICARDO

LA POBREZA EN SMITH Y RICARDO
POVERTY IN SMITH AND RICARDO




RESUMEN

[Palabras clave: pobreza, historia del pensamiento económico, Smith, Ricardo, teoría económica, JEL: B12, B31, I32]

Este artículo compara los enfoques de Adam Smith y David Ricardo sobre la pobreza en una sociedad capitalista. La comparación se centra alrededor de los diferentes argumentos que ellos utilizan para relacionar la pobreza con la inequidad y las realidades institucionales. La discusión se contextualiza en las experiencias vividas de cada autor, así como en los intereses intelectuales de cada uno; teniendo en cuenta que la pobreza fue uno de los principales problemas que enfrentó Inglaterra entre el siglo XVIII y XIX. La postura de Smith establece una relación entre la pobreza y la estabilidad del orden social; mientras que la perspectiva de Ricardo postula la pobreza como función de los conflictos distributivos y las fuerzas del crecimiento de la población.

ABSTRACT
[Key words: poverty, history of economic thought, Smith, Ricardo, economic theory, JEL: B12, B31]
This paper provides a comparison between Adam Smith and David Ricardo�s treatments of poverty in a capitalist society. The comparison focus on the different arguments they use to relate poverty to inequality and institutional realities. The discussion points out the life experiences of each author and their intellectual interests, taking into account that poverty was one of the most pressing social problems faced by England between the 18th and 19th century. Smith associates poverty with the stability of social order; while Ricardo postulates that poverty is a function of the distributive struggle and the forces of population growth.


El hecho de que Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823) pertenecieran a la escuela económica clásica no significa que ambos coincidieran totalmente en sus ideas y argumentos. A pesar de compartir una misma visión de economía política, la época y el ambiente en que sus vidas se desarrollaron fueron distintos y, en esas circunstancias, sus apreciaciones sobre la manera en que el sistema económico opera pudieron diferir.

Tanto Smith como Ricardo consideraron las libertades individuales y el mercado libre como características cruciales de la economía capitalista, pero llegaron a esta conclusión por caminos diferentes.

Igualmente, ambos relacionaron la pobreza con la desigualdad 
�ejemplo, diferencias en ingreso y riqueza entre clases� y, por razones diferentes, con las realidades institucionales �ejemplo, un orden social dado, leyes, impuestos.

Smith, figura central de la Ilustración, luchó por la emancipación filosófica, social y política de la tiranía clerical. 

Enseñó en la Universidad de Glasgow la cátedra de filosofía moral, que cubría los temas de teología natural, ética, jurisprudencia y economía política, todo ello desde una perspectiva histórica.

Smith consideró al sistema capitalista, que denominaba comercial o mercantil, como parte de un orden social regido con �armonía celeste�.

Sostuvo que la inequidad, principal causa de la pobreza, se justificaba para garantizar la estabilidad del orden social. Dijo además que la acumulación de capital, al incrementar los beneficios de la división del trabajo, genera al cabo del tiempo un aumento en los salarios, sin que ello sea garantía de una menor desigualdad entre las clases sociales.

Ricardo, un exitoso hombre de negocios y miembro de la Cámara de los Comunes, era más pesimista y veía el proceso de acumulación de capital como parte de un conflicto distributivo sin fin entre las clases sociales.

Pensaba que el conflicto central era entre los salarios y las ganancias, pero creía que los intereses de los terratenientes chocaban a su vez con los de los capitalistas y trabajadores. 
Para Ricardo, la pobreza dependía de las dinámicas del conflicto distributivo y del crecimiento poblacional.

A pesar de pertenecer a generaciones diferentes, Smith y Ricardo se preocuparon por el tema de la pobreza porque fue uno, si no el mayor, de los problemas sociales enfrentados por la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. 

Para entender la concepción de Smith acerca de la pobreza es necesario revisar La teoría de los sentimientos morales (TSM, 1759) y otras obras que precedieron a La riqueza de las naciones (RN, 1776)1, así como establecer la relación de este fenómeno con sus ideas sobre división del trabajo, población, salarios e intervención gubernamental. A su turno, Ricardo asocia el problema de la pobreza con su descripción de los procesos de distribución y acumulación; con sus ideas sobre los salarios, los beneficios, la renta y el papel del gobierno; y con el debate con Malthus acerca de la población.
Ambos autores son complejos, aunque por razones diferentes. Smith lo es por la diversidad de temas que estudia, no sólo de economía política, y por las relaciones que establece entre ellos, provocando que su teoría sea más propensa a contradicciones y malentendidos. Ricardo porque a pesar de que no se ocupa de temas tan variados como Smith, los que toca son en sí bastante densos y además porque, como se lo confesara a Mill, tenía muchas dificultades para ejercitar el duro arte de escribir.

1. ADAM SMITH

La pobreza posee un distintivo rasgo de clase para Smith. 
Los pobres son quienes solamente pueden sostenerse por su trabajo asalariado (Lecciones sobre jurisprudencia, LJ, 39), pero un trabajador �es rico o pobre, está bien o mal, en proporción al precio real de su labor� (RN, 51), y este precio está relacionado con la cantidad de bienes que él pueda comprar. Las personas más pobres, entonces, son aquellas que apenas pueden proporcionarse las necesidades de subsistencia, aun cuando disfruten mucho los pocos bienes materiales que pueden adquirir. No obstante, afirma Smith, ellos no son vistos como seres inferiores con respecto a aquellos que pueden poseer mucho más (TSM, 123)2.

El carácter de clase de la pobreza subyace en toda la teoría de Smith. Metodológicamente hablando, y al igual que el resto de su teoría, la explicación acerca de las causas de la pobreza la va construyendo gradualmente, con argumentos que va tomando de diferentes disciplinas del saber. Se apoya no sólo en criterios económicos sino también en elementos históricos, sociológicos, psicológicos, filosóficos e incluso, aunque parezca paradójico, teológicos.

La pobreza está históricamente relacionada con la desigualdad, pues aparece conjuntamente con la propiedad privada y el gobierno, según Smith. La propiedad privada es la que crea diferencias entre las personas. Aquellos que poseen menos, o incluso nada, desean alcanzar aunque sea un poco de la fortuna material de otros, pero es el gobierno el que impide que tal cosa suceda. Smith argumenta que en la época de los cazadores, una de las eras en la que él dividió la historia humana,
no existía un gobierno regular, ellos vivían de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La apropiación de las manadas y los rebaños, que introducen la inequidad de la fortuna, fue lo que primero permitió el surgimiento de un gobierno regular. Hasta cuando exista la propiedad no puede existir un gobierno, porque su fin último es proteger la riqueza y defender al rico del pobre... Esta inequidad de fortunas implica una distinción entre los ricos y los pobres, dándole a los primeros influencia sobre los segundos, porque quienes no poseían manadas ni rebaños tenían que depender de quienes sí los poseían... [Los ricos] necesariamente llegan a poseer una gran influencia sobre los demás... (LJ, 40; cursivas añadidas).
Esta explicación puede extenderse también a otros escenarios históricos, incluyendo la sociedad mercantil descrita en RN:
Donde quiera que haya una gran propiedad, hay una gran inequidad. Por cada hombre rico deben existir al menos cinco pobres, y la abundancia de unos pocos supone la indigencia de muchos. La opulencia de los ricos suscita la indignación de los pobres, que se guían por los deseos, y se incitan por la envidia, para invadir sus posesiones. Es sólo bajo la protección de la magistratura civil que quien posee la propiedad, que se adquiere por el trabajo de muchos años, o por medio de generaciones sucesivas, puede dormir en paz (RN, 709-710; cursivas añadidas).
A través de la historia los gobiernos han estado entonces para proteger la propiedad privada del acecho de los pobres. Los individuos con poder económico, siguiendo sus propios intereses, han influido sobre la sociedad para fomentar la creación de instituciones que preserven el orden social y refuercen los patrones existentes de distribución de riqueza. En consecuencia, para Smith, la inequidad es el resultado de un convenio social entre los propietarios privados y los líderes políticos en donde se legitiman los intereses de los primeros3. 
Más aún, en una sociedad mercantil, tal acuerdo fundamental, en donde lo político se supedita a lo económico, es el que determina el proceso de acumulación de capital y la manera en que el excedente social será repartido.

Hasta aquí, la pobreza es el resultado de un proceso histórico-económico con profundas repercusiones políticas y sociales. La inquietud permanente de Smith por encontrar siempre la causa última de las cosas lo llevó a preguntarse acerca de la persistencia de la desigualdad y, por ende, de la pobreza. Para ello, acude a argumentos morales y psicológicos en donde el tema del orden social surge: si la inequidad está asociada con la propiedad de la riqueza, los poseedores de dicha riqueza promoverán un orden social que los favorezca, aun en detrimento de otras clases. 
Pero, ¿cómo es posible garantizar la estabilidad social en un entorno de desigualdad?

Para Smith, el orden social está apoyado en dos principios morales, autoridad y utilidad, que inducen al hombre, por temor y conveniencia, a ser obediente y a entrar en una sociedad civil. La autoridad consiste en la sumisión de los pobres a los ricos, mientras que la utilidad es el reconocimiento universal por parte de los individuos de la conveniencia de obedecer al �magistrado civil�. Ambos principios se reflejan en actitudes y comportamientos tanto de los individuos como de las instituciones. Dichos principios, que son la base moral de la socialización, están muy entrelazados. �La adquisición de la valiosa y extensa propiedad... necesariamente requiere el establecimiento de un gobierno civil... [, el que] supone una cierta subordinación� (RN, 710).

La subordinación de unos hombres a otros es mantenida por cuatro elementos: la superioridad de las cualidades personales, la edad, la fortuna y el origen. Los dos últimos son los más importantes para cualquier sociedad4 pues pueden ser percibidos por los individuos, sin importar su nivel de educación o su posición social5. Si la �gran masa�, dice Smith, percibe la autoridad puede entonces aceptarla e interiorizarla colectiva e individualmente. Es así como el principio de autoridad entra a hacer parte de los pensamientos y pasiones de los individuos, pues
surge de nuestra simpatía con nuestros superiores que son más que nuestros iguales e inferiores: nosotros admiramos su feliz situación, entramos en ella con placer, y nos esforzamos por promoverla (LJ, 39; cursiva añadida).
El concepto de simpatía es muy importante en la TSM de Smith. Consiste en la identificación de un individuo con las ideas, sentimientos y circunstancias de otros. Esta simpatía puede traducirse en colaboración, solidaridad, pero también en admiración y respeto, e incluso tolerancia y sumisión6. Es por esto que, a más de la determinación económica e histórica de la inequidad, las diferencias entre los individuos se refuerzan con motivaciones sociales y psicológicas. Los trabajadores aceptan individualmente la autoridad de los ricos debido a la existencia de la simpatía. Un elemento atribuido a la naturaleza humana, a sus sentimientos. Esta es la argumentación psicológica que Smith incorpora dentro de su teoría para explicar cómo el orden social se mantiene no obstante las diferencias materiales y sociales.
Sobre esta de la humanidad, de aceptar las pasiones de los ricos y los poderosos, están fundadas las distinciones de rango, y el orden de la sociedad... Nosotros deseamos servir [al rico y al poderoso] por su propio bien, sin ninguna otra recompensa que la vanidad y el honor de servirles... Incluso cuando el orden de la sociedad parece requerir que nos opongamos a ellos, nosotros mismos nos resistimos a hacerlo (TSM, 81; cursiva añadida).
En Smith la estabilidad social está por encima de cualquier otra consideración: La paz y el orden de la sociedad son de mayor importancia que incluso el consuelo de los miserables (TSM, 136, cursiva añadida). Considera que cualquier sociedad necesita seguridad y orden para ser próspera, y esto se hace posible mediante la aceptación del predominio de ciertas relaciones sociales entre clases7. Las pasiones humanas ayudan a superar el odio y el resentimiento que pudieran surgir8. Smith da mayor importancia a los efectos positivos de la inequidad �fortalecimiento de la cohesión y el orden� que a sus perjuicios como fuente de ruptura social y desasosiego9. No obstante, Smith reconoce que el orden social construido de esta manera puede generar un complicado problema, la �corrupción de nuestros sentimientos morales�, que en el caso de la pobreza se traduce en despreciar o rechazar a los individuos de menor condición10.

Dicho problema moral tiene varias dimensiones. Por una parte, pareciera que la simpatía, como lo anota Heilbroner (1991), tuviera una asimetría peculiar, muy evidente en el análisis que Smith hace de la pobreza11. Reconoce que la pobreza inspira poca compasión porque se considera al pobre como resultado de una desgracia económica que el mismo individuo habría podido evitar por sus propios medios; mientras que otro tipo de desgracias, consideradas inevitables (inundaciones, terremotos, accidentes, enfermedades), generan mayores sentimientos de solidaridad o compasión en el resto de la población. Es precisamente en el contexto del tratamiento de Smith sobre la inequidad y la pobreza que la simpatía no funciona.

De otro lado, Smith, al aceptar que las diferencias en riqueza y grandeza son necesarias para mantener el orden social, reconoce que dichas diferencias se oponen a los principios de sabiduría y benevolencia, que serían moralmente más deseables. Además, en una sociedad capitalista, las pasiones �egoísmo y ambición� de unos pocos hombres, que los mueven a ser ricos y poderosos, pueden limitar las posibilidades de otros para alcanzar su propio bienestar. Smith no es muy claro en este sentido. Al parecer, deseaba que las virtudes de conciencia y justicia fueran un contrapeso a las acciones, no sólo económicas, basadas en el egoísmo.

Esta �paradoja de construir una comunidad moral sobre dichos fundamentos inmorales�12, lo mismo que la verdadera importancia de la simpatía para Smith, son todavía fuente de profundos debates teóricos. Smith intenta superar todas estas dificultades acudiendo a explicaciones filosóficas e incluso teológicas que aún hoy son también tema de discusión.
Efectivamente, en su Historia de la Astronomía (HA), Smith había escrito
La filosofía es la ciencia de los principios conectados de la Naturaleza. La Naturaleza, después de la larga experiencia que la observación común puede adquirir, parece abundar de eventos que aparecen solitarios e incoherentes con todo lo demás que ésta los precede... La filosofía, representando las cadenas invisibles que unen los objetos separados, trata de introducir orden en el caos de las discordantes apariencias... La filosofía, por lo tanto, debe ser tratada como una de esas artes que se relacionan con la imaginación; y cuya teoría e historia, bajo la que se explica, cae propiamente dentro de la circunferencia de nuestro tema (31; énfasis añadido).
Así, la Naturaleza se revela ante nosotros con la experiencia cotidiana, como la realidad que enfrentamos. La filosofía nos ayuda a entender el orden lógico existente detrás del aparente caos que a primera vista parece caracterizar al universo. Esta concepción, sin embargo, le generaría a Smith una contradicción adicional al reconocer después
que los reyes son los sirvientes de la gente... [Esa] es la doctrina de la razón y la filosofía; pero no es la doctrina de la Naturaleza. La Naturaleza nos enseñará a someternos a ellos porque sí, a estremecernos y a inclinarnos ante su situación exaltada... Los motivos más fuertes, las más furiosas pasiones... son apenas suficientes para compensar esta disposición natural a respetarlos. (TSM, 81; énfasis añadido).
Smith estaba en contra de la influencia del clericalismo sobre el pensamiento científico. En su HA muestra su admiración por la teoría de la mecánica celeste de Newton. Desea que otras ciencias logren también descubrir las leyes naturales subyacentes. En la perspectiva de Smith, el uso de la razón y la filosofía para entender las relaciones entre el soberano y su nación genera un grave malentendido acerca de cómo es que realmente se llevan a cabo. La razón y la filosofía ayudan a entender cómo y por qué funciona la Naturaleza, excepto al estudiar las causas del orden social establecido, debido a que Smith no rechaza la creencia, bastante difundida en ese entonces, de que tanto la Naturaleza como la monarquía tenían un origen divino13, lo que obliga a la gente a servir al rey, contrario a lo que la filosofía propone �la democracia. Al parecer, es por esto que Smith abandona algunos argumentos filosóficos cuando trata de explicar por qué la inequidad es necesaria para garantizar la paz y el orden de la sociedad y, curiosamente, para los ojos de nuestra época, decide guarecerse en argumentos teológicos, como veremos en seguida.

El avance que en aquel entonces tenía la teoría del conocimiento, junto con la estructura política imperante, le impedían a Smith distinguir con claridad lo natural de lo originado en fenómenos históricos o institucionales. Otro elemento que ayudó a la confusión radica en que Smith, en TSM, pese a que las había distinguido, no precisa en ocasiones el tipo de sociedad al que se está refiriendo �la que es o la que debería ser�. Así por ejemplo, Smith cree que en su sociedad ideal, la de la libertad perfecta �caracterizada por la seguridad política y la libertad de contrato�, la Naturaleza, de manera justa, recompensa los esfuerzos y las virtudes (especialmente la prudencia y la frugalidad) del hombre. Al incrementarse el egoísmo la desigualdad social aumenta. Algunos individuos, como colectividad, basados en su buena voluntad, desearían evitar que tal cosa sucediera. Pero, dice Smith, sus acciones bien-intencionadas pueden causar, en contra de lo esperado, más inequidad.

En efecto, a pesar de que la Naturaleza, creada por Dios, desea que la humanidad mejore por sí misma y solucione sus propios problemas, la intervención humana para corregir las diferencias sociales en muchas ocasiones empeora la situación en lugar de mejorarla, porque el hombre no es tan perfecto como �El Autor� de la Naturaleza. Tanto la Naturaleza como la humanidad tienen los mismos fines (ejemplo, la preservación del ser humano y la propagación de las especies), con la diferencia de que el hombre no puede controlar el curso de la Naturaleza como ella lo hace por sí misma (TSM, 97, 116-117). En consecuencia, será la Naturaleza la que resuelva cualquier desviación de la desigualdad �y por ende de la pobreza� de una forma más perfecta que el hombre. Todo este análisis lo inicia Smith a partir de su concepción de sociedad perfecta. Pero, por falta de claridad en la obra, esta descripción es comúnmente interpretada como si se estuviera refiriendo al funcionamiento corriente de la sociedad capitalista.

De otro lado, es interesante señalar que la primera vez que Smith introduce explícitamente su famoso término de la �mano invisible� en TSM es precisamente para justificar el carácter natural y divino de la inequidad. Dios aconseja a los ricos para que consuman sólo lo que necesitan y para que compartan con los pobres un poco de lo que poseen, de tal forma que la población pueda adquirir lo que cada uno se merece y de paso sean felices con ello. Su argumentación se resume en el siguiente pasaje:
El producido del suelo mantiene en todo tiempo aproximadamente aquel número de habitantes que es capaz de sostener. Los ricos únicamente seleccionan del montón lo que es más precioso y agradable. Ellos consumen un poco más que los pobres, y a pesar de su egoísmo natural y su rapacidad, de que busquen sólo su propia conveniencia, de que pretendan como último fin que el trabajo de sus miles de empleados complazca su propia vanidad e insaciabilidad de deseos, ellos comparten con los pobres lo producido de todas sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a realizar una distribución según las necesidades de la vida, similar a la que sería realizada si la tierra se repartiera en porciones iguales entre todos los habitantes, y así sin intentarlo, trabajan por el interés de la sociedad, y facilitan los medios para la multiplicación de las especies. Cuando la Providencia dividió la tierra entre los pocos nobles, no olvidó ni abandonó a aquellos que aparentemente habían quedado fuera de la repartición. Estos últimos también disfrutan de todo lo producido. En lo que constituye la verdadera felicidad de la vida humana, ellos no están de ninguna manera por debajo de aquellos que parecen superiores (TSM, 112-123; énfasis añadido).
Por tanto, la pobreza es también un resultado del orden social sabiamente establecido por la Naturaleza y su Creador, en donde la mano invisible es un mecanismo natural o divino que garantiza un reparto justo del producto social y además la estabilidad del orden social, que es expresión de la armonía celeste.
No obstante lo anterior, Smith cree que el hombre y las instituciones, a pesar de sus limitaciones, algo pueden hacer para evitar que la injusticia social y la miseria aumenten. La subordinación de los pobres en una sociedad mercantil puede reducirse a través de un sistema de justicia que limite la influencia directa o fuerte de los poseedores de propiedad sobre el destino de los pobres. El �gasto en justicia� (RN) que haga el gobierno importaría además al revelar la conveniencia de la aplicación del principio de utilidad, más exactamente el de la utilidad pública. Al hacerse evidente su beneficio, motivaría a los hombres a acatar la �magistratura civil�.
Cada cual es sensible a la necesidad de este principio para preservar la justicia y la paz en la sociedad. Por medio de las instituciones civiles los más pobres deben ser recompensados por los ricos y poderosos; y a pesar de que pueden existir algunas irregularidades en casos particulares, como indudablemente las hay, nos sometemos a ellas para evadir mayores perjuicios. Este es el sentido de la utilidad pública, más que la privada, que influencia al hombre a obedecer� (Smith, LJ, 39, énfasis añanido).
Así, la utilidad pública refuerza la obediencia civil, aunque
En todos los gobiernos ambos principios [autoridad y utilidad pública] se presentan en algún grado, pero en una monarquía la autoridad prevalece, y en una democracia la utilidad... (LJ, 39).
En RN Smith analiza también la inequidad y la pobreza a través de sus explicaciones sobre la división del trabajo, los salarios, el proceso de acumulación y el papel del gobierno. Acepta, al igual que Hume y otros pensadores, que los seres humanos son iguales al nacer e incluso en sus primeros años de niñez; pero, al cabo del tiempo, la división del trabajo establecería las diferencias
entre un filósofo y un mozo de servicio...[que] parecen surgir no tanto de la naturaleza, como de los hábitos, costumbres y la educación14... Las diferencias en talentos comienzan entonces a ser evidentes y se hacen cada vez mayores...(RN, 28-29).
A su vez, la división del trabajo proviene de la disposición natural del hombre a permutar, feriar e intercambiar. Es esta última la que �crea las diferencias en los talentos, que están bien marcados entre los hombres de diferentes profesiones, es esta misma disposición la que hace que las diferencias sean útiles� (RN, 29).
La idea de una sociedad económicamente estratificada, como la que se refleja en RN, difiere del orden social mencionado en el TSM en cuanto a que la desigualdad no estaría mediada cotidianamente por la Naturaleza, sino por el mercado. Ello, sin embargo, parece que no representa para Smith una contradicción en la medida en que el mercado, teleológicamente hablando, según lo muestra en RN, también se rige por unas leyes naturales. Así como la mano invisible hace que las motivaciones individuales generen bienestar y mantengan la estabilidad social, el mercado libre se convierte en el instrumento económico eficaz para tales fines, el cual además reproduce las condiciones de distribución del ingreso y la riqueza. La inequidad, entonces, parece surgir por razones de mercado, que en últimas también se rige por condiciones �naturales�, y en donde la división del trabajo tiene un papel crucial.

El valor real del trabajo está relacionado con la cantidad de bienes que un trabajador puede comprar. A su turno, el precio natural del trabajo es aquel valor que garantiza la reproducción de la cantidad de trabajo que la sociedad necesita. Este precio natural es diferente del de mercado, ya que este último resulta de la interacción de la oferta y la demanda en un momento en el tiempo. A un precio natural dado, la pobreza empeora cuando la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, pues el salario caería por debajo de su nivel natural. Cuando el crecimiento de la población y la oferta de trabajo se ajusten al de la demanda de trabajo, el salario volvería a ubicarse cerca del precio natural.

Es por esto que en el corto y mediano plazo la pobreza puede incrementarse más allá de lo considerado como natural. Ello no sucede, sin embargo, en el largo plazo, a medida que el país avanza. Smith cree conveniente para la sociedad como un todo que los trabajadores mejoren su nivel de bienestar (RN, 100), pero esto depende del proceso de acumulación, que es lo que permite incrementar la demanda de trabajo y los salarios en períodos largos. Para Smith, �la demanda de hombres, como la de cualquier otra mercancía, necesariamente regula la producción de hombres� (RN, 98) y los salarios están regulados por la demanda de trabajo y por �el precio de las necesidades y comodidades de la vida� (RN, 103).

La pobreza puede así decrecer en términos absolutos, pero en RN no resulta claro si la división del trabajo asociada con el proceso de acumulación disminuye o incrementa la inequidad generada por el prevaleciente orden social. Smith afirma que el bienestar nacional va mejorando las �circunstancias� de las personas pobres quienes conforman �la mayor parte� de la población, y aunque esto no signifique que la inequidad haya decrecido en términos relativos, el mejoramiento absoluto en las condiciones de vida de los trabajadores �no podrá considerarse como un inconveniente. Ninguna sociedad puede florecer y ser feliz, cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables� (RN, 96).

Aparte del gasto en justicia arriba mencionado, y con la excepción de ampliar el acceso a la educación de los trabajadores para evitar su idiotización15, Smith cree que el gobierno no debe, en general, intervenir en el proceso de acumulación y distribución porque es por medio del mercado, dirigido por la mano invisible, que los individuos persiguiendo sus propios intereses �frecuentemente promueven los resultados sociales de manera más efectiva que lo que él puede intentar promover� (RN, 456) por sí solo o a través de otros mecanismos.

Smith piensa además que el gobierno no debe aplicar impuestos indirectos que afecten el precio de los bienes consumidos por los trabajadores porque tales tributos incrementan el costo del trabajo y se transmiten a los consumidores finales vía mayores precios. Dos excepciones se aplicarían a esta regla. La primera se refiere a los gravámenes a los bienes de lujo, pues ayudarían a las personas pobres a ahorrar más (no malgastarían sus salarios en dichos bienes).

 La segunda excepción estaría basada en la importancia para los ingresos públicos de un determinado tributo. Tal era el caso del impuesto al combustible, que a pesar de estar afectando una necesidad básica, incluso para los más pobres (RN, 874-875), su importancia en términos de recaudo impedía su desaparición. En contraste, Smith creía que no debía existir ningún impuesto directo que afectara a los salarios.

2. DAVID RICARDO

El interés teórico primordial de Ricardo es la distribución del producto social entre clases. �El problema principal de la economía política consiste en determinar las leyes que regulan esta distribución�16. A pesar de que no provee una definición explícita de la pobreza, no es difícil deducir de sus trabajos y su correspondencia, especialmente con Mill, Malthus y Trower, que Ricardo identifica la pobreza como un problema social que afecta a las clases trabajadoras y reduce el bienestar general de la sociedad. Se preocupó por la pobreza porque era uno de los mayores problemas sociales de Gran Bretaña, pero sobre todo porque consideraba que las medidas que se habían tomado para resolverla la habían empeorado en lugar de aliviarla y además estarían reduciendo el ritmo de acumulación de capital.

El trabajo y los salarios son fundamentales en la teoría de Ricardo. Primero, �el valor de una mercancía, o [sea] la cantidad de cualquiera otra por la que se cambiará, depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para producirla...� (Principles, 11). Segundo, �el teorema fundamental de Ricardo� (Blaug, 1996) �los salarios y las ganancias relativas siempre se mueven en direcciones opuestas y las últimas dependen de los primeros� refleja la existencia de un conflicto distributivo durante el proceso de acumulación. En octubre de 1816, Ricardo escribió a James Mill: �Pienso que las ganancias dependen de los salarios �los salarios dependen de la demanda y la oferta de trabajo, y del costo de las necesidades en que los salarios son gastados. Estas dos causas deben estar operando sobre las ganancias al mismo tiempo, ya sea en la misma dirección, o en sentido contrario� (Sraffa, 1973, p. 72)17.

Ricardo deduce tal �teorema� de sus consideraciones sobre la renta. Muestra que el capital y los salarios determinan los precios de los bienes agrícolas. La renta, entonces, aparece cuando es necesario utilizar tierras menos fértiles para satisfacer la demanda agrícola creciente. El incremento en los precios se debe a una mayor demanda y también a los mayores costos de producción, pero nunca a un incremento de la renta. Este último es una consecuencia, no una causa. Ricardo es muy enfático con respecto a la relación entre la renta y los precios de los bienes agrícolas. Insiste en que la importación de granos no sólo es favorable para los trabajadores sino también para los capitalistas, al reducir los costos del trabajo. Sólo los terratenientes pueden perjudicarse con las importaciones.

Tercero, la determinación de las causas de los movimientos salariales, junto con su teoría de la renta, ayudan a Ricardo a sustentar sus ideas en contra de la hipótesis de Malthus sobre la población �ejemplo, mientras la población crece geométricamente la oferta de alimentos lo hace aritméticamente18.

Por último, el estudio de los salarios le sirve a Ricardo para mostrar las tres causas principales de la pobreza, a saber: la relación dinámica entre las fuerzas demográficas y económicas, el carácter del proceso de acumulación y las razones institucionales. La primera causa que esboza es una refutación a su amigo Malthus.
El crecimiento de la población y el aumento de los alimentos serán efecto, aunque no necesariamente, del alza en salarios. La mejorada condición del trabajador, debido al mayor valor que se le paga, no le obliga a casarse y a tomar sobre sí el peso de una familia; en vez de eso, con el incremento podría comprarse, si le agrada, algunas de las mercancías que contribuyan a su satisfacción. En este caso, su mayor salario no irá acompañado de otro efecto distinto al aumento de la demanda de algunos de esos artículos, y como la clase de los trabajadores no aumentaría materialmente, sus salarios continuarían permanentemente altos. Pero aunque esto pueda ser la consecuencia de los salarios altos, las delicias de la sociedad doméstica son aún tan grandes que en la práctica se encuentra que al mejoramiento de la condición del trabajador sigue invariablemente un aumento de la población; y sólo porque ocurre así, con la ligera excepción antes mencionada, es que surge una nueva y mayor demanda de alimentos. Por lo tanto, esta demanda es efecto de un aumento de capital y de la población, pero no la causa �únicamente porque los gastos de la gente toman esa dirección es que el precio de mercado de las subsistencias excede su precio natural, y se produce la cantidad de alimentos requerida; y es porque el número de personas aumenta que los salarios vuelven a descender nuevamente (Principles, 406-407).
Así, la pobreza puede incrementarse con disminuciones tanto indirectas como directas de los salarios. La primera se da cuando a un incremento salarial sigue una demanda adicional de bienes básicos tal que coloque el precio de mercado de dichos artículos por encima de su precio natural, reduciendo la capacidad de compra de los trabajadores. La pobreza también puede aumentar con un exceso de oferta de trabajo tal, con respecto a su demanda, que reduce los salarios por debajo de su nivel natural, impidiendo adquirir la totalidad de los bienes necesarios para la subsistencia.

La segunda causa principal de la pobreza, el carácter de la acumulación, está relacionada con el �teorema fundamental�. Dado que los salarios absolutos se incrementan en el largo plazo, Ricardo considera que la pobreza puede ser mayor si las ganancias relativas disminuyen en una proporción tal que induzca una reducción en el proceso de acumulación. Al darse tal reducción, la demanda de trabajo caería y, en consecuencia, los salarios. Por otra parte, los capitalistas pueden alternativamente introducir maquinaria para enfrentar el alza salarial. Dicha introducción es inicialmente una amenaza para los trabajadores19, pero con el tiempo, afirma Ricardo, puede también crear problemas a los capitalistas porque un menor costo de producción aumenta la rentabilidad, atrae capital y, por tanto, disminuye la tasa de ganancia de la industria. El empresario ya establecido puede evitar esa mayor afluencia de capital anticipándose a reducir el precio de las mercancías a un nivel tal que sea compatible con la tasa general de ganancias20. A pesar de esto, Ricardo considera que toda la sociedad se beneficiará porque en el largo plazo todos los precios serán menores y la demanda efectiva mayor, incluyendo la demanda de bienes de los trabajadores.

La tercera causa fundamental de la pobreza está relacionada con los intentos institucionales usados para resolver la pobreza en Gran Bretaña: las Leyes de Pobres y los impuestos. Con respecto a las primeras, Ricardo cree que fomentan innecesariamente el crecimiento de la población en lugar de disminuirlo. �Si usted se propone alimentar, vestir y educar a todos los niños pobres, usted estará generando un gran estímulo a un principio ya bastante activo. Con este esquema no puedo ser amigable�21. Ricardo cree ciegamente que el proceso de acumulación y el libre mercado ajustarán el crecimiento poblacional a la demanda de trabajo. Dichas leyes aumentan artificialmente la capacidad de compra de los trabajadores. La intervención gubernamental a este respecto no debe existir.
Cuando los salarios suben, el hecho se debe generalmente a que un aumento de la riqueza y del capital han ocasionado una nueva demanda de trabajo, la cual servirá infaliblemente para aumentar la producción de bienes... Estas son, pues, las leyes por las que se regulan los salarios y se rige la prosperidad de la mayoría de un pueblo. Como todos los demás contratos, los salarios deben abandonarse a la leal y libre concurrencia del mercado, sin someterla nunca a la intervención del poder público. La tendencia manifiesta de las leyes de beneficencia está en directa oposición a estos principios evidentes (Principles, 104 105; énfasis añadido).
En oposición a Malthus, Ricardo considera que cualquier control al crecimiento de la población no soluciona el problema. En 1816 Ricardo escribió a Trower: �reduciendo la población se reduce el nivel de alimentos en quizás una mayor proporción, lo que agrava en lugar de reducir la miseria� (Sraffa, 1973, 48). En otras palabras, debemos dejar que las fuerzas naturales que regulan el crecimiento de la población funcionen libremente. En otra carta a Trower, en 1817, Ricardo afirmó:
La población sólo puede ser controlada con la reducción de las fuerzas que la hacen crecer excesivamente, dejando perfectamente libres los contratos entre los pobres y sus empleadores, se limitaría la cantidad de trabajo en el mercado a su demanda efectiva. El pretender alimentar a todo el que lo requiera crea una demanda ilimitada de seres humanos, y si no fuera por la mala administración... la población seguiría creciendo en una progresión regular hasta que los ricos se conviertan en pobres, y entonces no exista más distinción alguna de rangos (Sraffa, 1973, 25; cursiva original).
Ricardo también creía que las leyes contra la pobreza habían vuelto perezosa a la gente. Los pobres deberían hacer algún esfuerzo para conseguir los ingresos que desean e, igualmente, deberían ser prudentes en sus gastos y en el número de hijos que deseen tener22. Ricardo consideraba preciso modificar las Leyes de Pobres. Al respecto, le escribe a Trower:
Estaría de acuerdo en realizar cambios en las Leyes de Pobres así como en reconstruirlas para enmarcarlas dentro de lo que la intención original deseaba de ellas; a saber, socorrer a los ancianos, enfermos y, bajo algunas circunstancias, a los niños (Sraffa, 1973, 248).
Con respecto a los niños, las Leyes de Pobres serían más efectivas si se enfocaran en su educación23, aunque
el gran propósito sería enseñar a las clases trabajadoras a valerse por sí mismas ante las eventualidades a las que estén expuestas en razón de variaciones ocasionales en la demanda de ciertos bienes manufacturados, las que no deben ser objeto de legislación (Sraffa, 1973, 248).
Otra de las soluciones discutidas en esa época se refería a la creación de bancos privados en donde los trabajadores pudieran ahorrar parte de sus salarios, motivándolos así a la prudencia. Esta última también podría resultar de una mayor educación. Ricardo piensa que el salario ideal de una persona debería ser uno que
sea suficiente no sólo para mantenerse a sí mismo y a su familia cuando se encuentra trabajando sino aquel que le permita dejar una provisión en un banco de ahorros (Sraffa, 1973, 248).
Finalmente, Ricardo no está de acuerdo con los impuestos que agobian a las personas pobres, pero no exactamente por razones sociales. Siente que el problema con los impuestos es que tienen una �tendencia a reducir el poder de acumulación. Todos los impuestos recaen sobre el capital o la renta� (Principles, 152). Adicionalmente, �los impuestos sobre el salario incrementan los mismos y por consiguiente disminuirán la tasa de ganancia del capital� (ibid, 213). Cualquier impuesto que afecte el capital reduce �el goce anual de las personas... [Los tributos] reducen los fondos para la manutención del trabajo, y por esto disminuyen la producción futura del país� (ibid, 153).

3. CONCLUSIONES Y COMENTARIOS FINALES

Tanto para Smith como para Ricardo, los pobres pertenecen a la clase trabajadora. Aunque por razones diferentes, ambos creen que la pobreza está relacionada con asuntos distributivos e institucionales en las economías capitalistas. Para Smith, Dios, con su mano invisible, fija los patrones sociales de distribución, mientras Ricardo ve la distribución como un resultado del conflicto entre tres clases �trabajadores, capitalistas y terratenientes� en donde la relación inversa entre los salarios y los beneficios es la principal fuente del conflicto distributivo y la fuerza determinante del proceso de acumulación.

La inequidad y la pobreza resultante están natural o socialmente predeterminadas. Smith y Ricardo señalan que dejando trabajar libremente las fuerzas económicas y demográficas será posible aliviar la pobreza en virtud de la tendencia de largo plazo a que los salarios absolutos aumenten a medida que el proceso de acumulación avanza. Según Smith, la inequidad prevaleciente preserva la estabilidad social, política y económica porque, a pesar de las diferencias de clase, la sociedad avanza con la acumulación de capital de manera análoga al funcionamiento ordenado de la Naturaleza o el Universo. Smith piensa también, según Heilbroner (1992), que �las leyes del mercado por sí mismas serán una parte integral de las leyes que permiten que la sociedad prospere o decaiga� (54). Las explicaciones de Smith son más complejas que las de Ricardo porque aquéllas consideran no sólo dimensiones históricas, económicas y políticas, como lo hace Ricardo, sino también aspectos psicológicos, morales, filosóficos y teológicos en una muy intrincada manera. En contraste, Ricardo no va más allá de indicar que cualquier aumento en los salarios relativos constituye una amenaza a la acumulación de capital, porque reduce la participación de los beneficios en el ingreso total. Cabe recordar que Smith fue un académico formador de elites, mientras que Ricardo fue un hombre práctico dedicado a los negocios y la política.

Smith y Ricardo aceptan que la inequidad puede continuar o ser mayor, pero la tendencia de la sociedad hacia el progreso económico y social por medio de la acumulación de capital mitigará esta indeseada situación, al mejorar el bienestar de los trabajadores en virtud de una mayor disponibilidad de la riqueza material de la sociedad a la que incluso los pobres tendrían algún acceso. La libertad, a su vez, basada en la discrecionalidad de los individuos para contratar en concordancia con las leyes �naturales u objetivas- del mercado, sería un pilar fundamental. Es por estas razones que Smith y Ricardo desestiman la efectividad de la intervención gubernamental directa para reducir la incidencia de la pobreza. Smith sólo acepta la acción estatal dirigida a mejorar el nivel de educación de los pobres para contrarrestar los efectos negativos de la división del trabajo en el desarrollo intelectual de los trabajadores. De la misma manera, Ricardo considera que lo mejor que el gobierno puede hacer, aparte de atender a enfermos y ancianos, es promover la educación de los niños y motivar a los trabajadores a ser prudentes a través del ahorro y también una mayor educación.

Para Smith, el mayor ahorro de los pobres se lograría con el mantenimiento de impuestos a los bienes suntuarios. Pese a que por razones sociales, el ingreso de los pobres debe estar exento de la tributación directa, Smith propone mantener vigentes algunos impuestos indirectos por razones de recaudo. Ricardo coincide con Smith en cuanto a la reducción de los gravámenes a los trabajadores, pero porque el mantenerlos constituye una carga adicional sobre las ganancias, lo que reduce el ritmo de acumulación de capital.
Tres comentarios finales. El primero, en contra de la creencia general y a pesar de la existencia de algunas incongruencias que no se pueden negar, el tratamiento de la pobreza en los trabajos de Smith �especialmente en sus dos libros más importantes, La teoría de los sentimientos morales y la riqueza de las naciones � muestra una extraordinaria consistencia en el sentido de que no modifica sustancialmente sus ideas fundamentales. Segundo, aunque Smith y Ricardo están preocupados por la incidencia de la pobreza en Gran Bretaña y coinciden en resaltar las bondades del libre mercado y el poco margen de intervención que debería tener la intervención estatal, llama la atención que sus motivaciones hayan obedecido a vivencias e intereses intelectuales completamente diferentes. 

Por último, es interesante observar en la literatura reciente de la filosofía, la economía y la política que muchos de los argumentos expuestos por estos autores son todavía utilizados, casi dos siglos después de que fueran inicialmente desarrollados. ¿Será que los pensadores de hoy en día siguen creyendo en el origen natural y divino del mercado?

NOTAS AL PIE


1. Todas las citas textuales en este artículo se referirán a la versión inglesa de las diferentes fuentes, con traducciones libres del autor.
2. Todas las referencias a las obras de Smith diferentes a RN están basadas en la edición hecha por Heilbroner (1987).
3. �Los ricos, particularmente, están interesados en apoyar el orden que pueda asegurarles la posesión de sus propias ventajas... El gobierno civil, en tanto, es instaurado para asegurar la propiedad, está en realidad instituido para la defensa del rico contra el pobre, o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes no tienen ninguna� (RN, 715).
4. �El nacimiento y la fortuna son evidentemente las dos circunstancias que principalmente ponen a un hombre sobre otro. Éstas son las dos fuentes de la distinción personal y, por esto, son las causas principales que naturalmente establecen la autoridad y la subordinación entre ellos� (RN, 714).
5. �La naturaleza sabiamente ha juzgado que la distinción de rangos, la paz y el orden social, estarán mejor aseguradas sobre las diferencias palpables de nacimiento y fortuna, que bajo las diferencias invisibles y a veces inciertas de la sabiduría y las virtudes. Los ojos de la gran multitud pueden percibir claramente lo primero: es con mucha dificultad que los sabios y virtuosos pueden distinguir lo segundo� (TSM, 136).
6. Autores como Heilbroner, por ejemplo, prefieren denominarlo empatía en vez de simpatía.
7. No interesa qué tan justos o injustos, qué tan virtuosos o no sean los reyes y los nobles, porque �ellos están sustentados en su rango y preeminencia� (TSM, 82). Fitzgibbons (1995), por su parte, dice: �Smith da prioridad a la preservación del sistema... La equidad no era un objetivo o valor por sí mismo, y la preservación del estado requería que la ley fuera imparcial, en lugar de que estuviera parcializada en favor de los pobres� (168).
8. �Los motivos más fuertes... son apenas suficientes para balancear esta disposición natural a respetar [a los ricos]... son aptos para ceder en cualquier momento y fáciles de recaer dentro de su estado habitual para aquellos que están acostumbrados a seguir a sus superiores naturales� (TSM, 81).
9. Heilbroner (1991).
10. Esta disposición a admirar y casi venerar al rico y al poderoso, y a despreciar, o por lo menos a rechazar, a las personas en condiciones de pobreza, aunque necesaria para establecer y mantener la distinción de rangos y el orden de la sociedad, es, al mismo tiempo, la mayor y más universal causa de la corrupción de nuestros sentimientos morales (TSM, 86).
11. Ver TSM, Parte III, Capítulo 3.
12. Heilbroner (1991, 436).
13. Smith evade utilizar la palabra Dios. El prefiere referirse a �El Autor�, �La Deidad� o �El Creador�.
14. Esta oración fue curiosamente utilizada por Morrow (1928) para demostrar cómo �Smith era un creyente convencido de la equidad como cualquier líder revolucionario� (168).
15. Smith dice en RN que el hombre, en virtud de la division del trabajo, es confinado a realizar operaciones simples durante su jornada laboral que lo pueden convertir en estúpido e ignorante. Es este perjuicio social el que justificaria el gasto gubernamental en educación.
16. Prefacio de su libro On the Principles of Political Economy and Taxation, p. 5. En adelante, Principles.
17. Ricardo también afirma en Principles que los salarios dependen de �la oferta y la demanda de trabajo y del precio de las mercancías en que los salarios de trabajo son gastados� (97).
18. Un resumen sobre el principio de la población de Malthus y el debate sobre la población, la renta y la acumulación están en Schumpeter (1966), Cap. V. Ver también Heilbroner (1992), cap. IV.
19. �Que la opinión mantenida por la clase trabajadora de que el empleo de la maquinaria es frecuentemente perjudicial para sus intereses no está fundado en un prejuicio ni en un error, sino que se ajusta a los principios más correctos de la Economía Política� (Principles, 392).
20. Un manufacturero �podría continuar cobrando el mismo precio por sus productos; pero, como ya lo hemos visto, estará obligado a bajar el precio de sus bienes, o si no el capital llegará a la industria hasta que sus ganancias se reduzcan al nivel general... Ni las máquinas, ni las mercancías hechas por éstas, aumentan en valor real, sino que todos los bienes hechos por máquinas se reducen, y caen en proporción a su durabilidad� (Principles, 41-42).
21. Correspondencia a Mill (Sraffa, 1973, 361).
22. �La operación del sistema de las Leyes de Pobres ha sido contraria a esto. Ellas han creado restricciones superfluas, y han invitado a la imprudencia, al ofrecer una porción de los salarios prudentes y de la industria para tal fin� (Principles, 107).
23. Ricardo considera esta posibilidad en una carta a Mill (Sraffa, 1973, 360).


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Blaug, Mark. Economic Theory in Retrospect, 5ª ed., Cambridge, Cambridge University Press, 1996.
2. Fitzgibbons, Athal. Adam Smith�s System of Liberty, Wealth and Virtue. Oxford, Clarendon Press, 1995.
3. Heilbroner, Robert L. The Essential Adam Smith, New York, W.W. Norton & Company, 1987.
4. Heilbroner, Robert L. �The Socialization of the Individual in Adam Smith�, en Mark Blaug, editor. Adam Smith (1723-1790), Vol. II, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.
5. Heilbroner, Robert L. The Worldly Philosophers, 6ª ed., New York, Touchstone, 1992.
6. Morrow, Glenn L. �Adam Smith: Moralist and Philosopher�, en J. M. Clark, P. H. Douglas, J. H. Hollander, G. L. Morrow, M. Palyi y J. Viner. Adam Smith, 1776-1926. Lectures to commemorate the sesquicentennial of the publication of the Wealth of Nations, New York, August M. Kelley, 1966.
7. Ricardo, David. On the Principles of Political Economy and Taxation, editado por Piero Sraffa, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.
8. Schumpeter, Joseph. History of Economic Analysis, 6ª ed., editado por Elizabeth Boody Schumpeter, Oxford, Oxford University Press, 1966.
9. Smith, Adam. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, editado por R. H. Campbell, A. S. Skinner y W. B. Todd, Oxford, Oxford University Press, 1981.
10. Smith, Adam. �The History of Astronomy�, en R. L. Heilbroner, The Essential Adam Smith. New York, W. W. Norton & Company, 1987.
11. Smith, Adam. �The Theory of Moral Sentiments�, en R. L. Heilbroner. The Essential Adam Smith. New York, W. W. Norton & Company, 1987.
12. Smith, Adam. �Lectures on Jurisprudence�, en R. L. Heilbroner. The Essential Adam Smith. New York, W.W. Norton & Company, 1987.
13. Sraffa, Piero. The Works and correspondence of David Ricardo. Vol. VII. Letters 1816-1818, Cambridge, Cambridge University Press, 1973.


Edgar Pardo Beltrán*
* Profesor de la Universidad Externado de Colombia, estudiante del doctorado en economía, New School for Social Research, New York. Se agradecen los comentarios de Robert L. Heilbroner a una versión en inglés de este artículo; lo mismo que a Mauricio Pérez, Jaime Lozano y Carolina Esguerra, por su colaboración para la publicación en español. E-mail: parde097@newschool.edu

VER FUENTE

martes, 7 de abril de 2020

¿Qué es el empleo informal? Entrevista a Guadalupe Espinosa, 1ª parte.



Este texto forma parte de un amplio trabajo de investigación, The Informal Economy: Definition, Theories and Policies,1 cuyo objetivo es proponer una respuesta de política a la economía informal con base en cuatro pilares fundamentales: crear más empleos formales; regular las empresas y los empleos informales; extender la protección estatal —social y legal— hacia la fuerza laboral informal, y aumentar la productividad de las empresas informales y los ingresos de los trabajadores informales. El apartado que reproducimos ofrece un resumen histórico del concepto de sector informal y de los debates en torno a él, de acuerdo con las cuatro escuelas de pensamiento dominantes sobre la economía informal. Después, centramos el análisis en el replanteamiento reciente del concepto, detallando la acepción estadística —en el sentido más amplio— de empleo informal y los modelos conceptuales holísticos de la composición y las causas de la informalidad. MAC
Existe actualmente un interés renovado en la economía informal en todo el mundo. Ello se debe en parte a que la economía informal ha crecido y ha surgido con disfraces nuevos y en lugares inesperados. Esto es resultado, entre otras cosas, del hecho de que el empleo informal se expandió de manera significativa durante la reciente gran recesión (Horn 2009). Hoy en día, en la mayoría de las regiones desarrolladas, más de la mitad del empleo no agrícola es informal, y en el sur de Asia la proporción del empleo informal puede ser tan alta como 80% del empleo no agrícola (Vanek et ál. 2012). Si en estos cálculos se incluyeran los datos sobre el empleo informal en la agricultura, la proporción del empleo informal en el empleo total sería aun más alta en las regiones eminentemente agrícolas, especialmente en el África subsahariana, e incluso más en el sur de Asia.
Este interés renovado también es resultado del reconocimiento de los vínculos entre informalidad y crecimiento, por una parte, y entre informalidad, pobreza y desigualdad, por otra. Hay un mayor reconocimiento de que hoy en día la economía informal está íntimamente unida a la economía formal y contribuye a la economía total, y de que el apoyo a los trabajadores pobres en la economía informal es un elemento crucial para reducir la pobreza y la desigualdad. Y también existe un mayor reconocimiento de que las mujeres suelen concentrarse en las formas más precarias del empleo informal, así que el apoyo a las trabajadoras pobres en la economía informal es crucial para reducir la pobreza de las mujeres y la desigualdad de género (Chen et ál. 2004, 2005).
En resumen, aunque el interés por este fenómeno ha sufrido altibajos desde principios de la década de los setenta, el concepto ha seguido resultando útil para muchos formuladores de políticas, activistas e investigadores. Esto se debe a la importancia de la realidad que trata de reflejar: la gran parte de la fuerza laboral que contribuye de forma significativa a la economía mundial pero que queda desprovista de la protección y la regulación del Estado.
Hoy en día, la economía informal es un campo de estudio por derecho propio que atrae el interés de un número creciente de expertos de muchas disciplinas: desde la economía, la antropología y las relaciones industriales hasta los estudios de género, las ciencias políticas, la sociología y la planificación urbana. Las investigaciones recientes se enfocan en la magnitud y composición de la economía informal, el motor o las causas de la informalidad, las consecuencias de la informalidad en lo que respecta al bienestar y la productividad, y los tipos de vínculos que existen entre informalidad, formalidad, crecimiento, pobreza y desigualdad. Este resurgimiento del interés por la economía informal ha generado un replanteamiento significativo del concepto y mejoras en la medición oficial del fenómeno.
I. Debates históricos
Vendedores ambulantes en la Ciudad de México, vendedores con carritos en Nueva York, tiradores de rickshaws en Calcuta, conductores de minibuses en Manila, recolectores de basura en Bogotá y barberos en la vía pública en Durban: las personas que trabajan en las calles o al aire libre son los trabajadores informales más visibles. Otros trabajan en tiendas y talleres pequeños que reparan bicicletas y motocicletas; reciclan chatarra; producen muebles y partes de metal; curten piel y cosen zapatos; tejen, tiñen y estampan telas; pulen diamantes y otras piedras preciosas; producen y bordan ropa; separan y venden ropa, papel y desechos de metal, y mucho más. Los trabajadores menos visibles —la mayoría de ellos mujeres— trabajan en sus hogares. Trabajadores a domicilio hay en todo el mundo e incluyen a los de la confección en Toronto, bordadores en la isla de Madeira, zapateros en Madrid y ensambladores de partes electrónicas en Leeds. Otras categorías de trabajos que tienden a ser informales tanto en países desarrollados como en países en desarrollo incluyen a los trabajadores eventuales en restaurantes y hoteles, los conserjes subcontratados y guardias de seguridad, los jornaleros en la construcción y la agricultura, los trabajadores a destajo en talleres con condiciones laborales abusivas y los asistentes de oficina temporales o personas subcontratadas que procesan datos a distancia.
Las condiciones de trabajo y el nivel de ingresos difieren notablemente entre aquellos que andan buscando trapos viejos y papeles en la calle, aquellos que son contratados para producir prendas de vestir en sus hogares, aquellos que venden mercancía en las calles y aquellos que procesan datos de manera temporal. Al interior de los países, la economía informal se encuentra altamente segmentada según el sector de la economía, el lugar de trabajo y el estatus del empleo, y dentro de estos segmentos de acuerdo al grupo social y al género. Pero aquellas personas que trabajan de manera informal tienen una cosa en común: carecen de protección legal y social.
A lo largo de los años, el debate sobre la vasta y heterogénea economía informal se ha cristalizado en cuatro escuelas de pensamiento dominantes sobre su naturaleza y composición:
1. Escuela dualista: el sector informal de la economía comprende actividades marginales —distintas del sector formal y no relacionadas con él— que proporcionan ingresos a los pobres y una red de seguridad en tiempos de crisis (Hart 1973; ilo 1972; Sethuraman 1976; Tokman 1978). Los dualistas argumentan que los negocios informales están excluidos de las oportunidades económicas modernas debido a desequilibrios entre las tasas de crecimiento de la población y el empleo industrial moderno, y a un desfase entre las habilidades de las personas y la estructura de las oportunidades económicas modernas. Son de la opinión de que las unidades y actividades informales tienen pocos (si es que los tienen) vínculos con la economía formal; antes bien, operan como un sector distinto de la economía, y la fuerza laboral informal —la cual se asume como mayoritariamente autónoma— constituye el sector menos favorecido de un mercado laboral dualista o segmentado. Los dualistas prestan relativamente poca atención a los vínculos entre las empresas informales y las regulaciones gubernamentales. Pero recomiendan que los gobiernos creen empleos y otorguen créditos y servicios de desarrollo empresarial a los negocios informales, así como infraestructura básica y servicios sociales a sus familias.
2. Escuela estructuralista: percibe la economía informal como unidades económicas (microempresas) y trabajadores subordinados que sirven para reducir los costos de insumos y de mano de obra, y, de ese modo, aumentan la competitividad de las grandes empresas capitalistas (Moser 1978; Castells y Portes 1989). Los estructuralistas argumentan que la naturaleza del crecimiento capitalista y/o del capitalismo impulsa la informalidad: específicamente, los intentos de las empresas formales de reducir los costos laborales y aumentar la competitividad, así como la reacción de las empresas formales ante el poder de los trabajadores sindicados, las regulaciones estatales de la economía (particularmente los impuestos y la legislación social), la competencia global y el proceso de industrialización (particularmente, sectores deslocalizados, cadenas de subcontratación y especialización flexible). Para esta escuela, la economía informal y la formal están intrínsecamente vinculadas. Percibe a las empresas informales lo mismo que a los trabajadores asalariados informales como subordinados a los intereses del desarrollo capitalista, proporcionando bienes y servicios baratos. Argumentan que los gobiernos deberían abordar la relación desigual entre el “gran capital” y los productores y trabajadores subordinados, reglamentando tanto las relaciones comerciales como las de empleo.
3. Escuela legalista: la economía informal está formada por microempresarios “valientes” que eligen trabajar de manera informal a fin de evitar los costos, el tiempo y el esfuerzo del registro formal, y que necesitan derechos de propiedad para hacer que sus activos sean legalmente reconocidos (De Soto 1989, 2000). Argumentan que un sistema legal hostil lleva a los trabajadores independientes a operar de manera informal, con sus propias normas informales y extrajudiciales. Esta escuela se centra en las empresas informales y el marco regulatorio formal, que en buena parte deja de lado a los trabajadores asalariados informales y a la economía formal per se. Pero reconoce que las empresas formales —lo que De Soto llama los intereses “mercantilistas”— se coluden con el Gobierno para establecer las “reglas del juego” (De Soto 1989). Argumentan que los gobiernos deberían introducir trámites burocráticos simplificados para animar a las empresas informales a registrarse y extender los derechos legales en materia de propiedad a los activos de los negocios informales, a fin de promover su potencial productivo y convertir sus activos en capital real.
4. Escuela voluntarista: también se centra en empresarios informales, quienes deliberadamente tratan de evitar regulaciones e impuestos, pero a diferencia de la escuela legalista, no culpa a los trámites engorrosos de registro. Los voluntaristas argumentan que los negocios informales eligen operar de manera informal después de considerar la relación costo-beneficio de la informalidad en comparación con la formalidad. Prestan relativamente poca atención a los vínculos económicos entre los negocios informales y las empresas formales pero son de la opinión de que los negocios informales crean competencia desleal para las empresas formales porque evitan las regulaciones formales, los impuestos y otros costos de producción. Argumentan que los negocios informales deberían ser sometidos al marco regulatorio formal para aumentar la base fiscal y reducir la competencia desleal hacia los negocios formales.
Otro enfoque —a menudo concentrado en los países desarrollados y en transición— percibe al sector informal como producción ilegal, u oculta y/o clandestina. Producción ilegal se refiere a actividades de producción que están prohibidas por la ley o que resultan ilegales si son realizadas por productores no autorizados, mientras que producción clandestina se refiere a actividades de producción que si bien son legales si se realizan en cumplimiento de las regulaciones, son deliberadamente ocultadas de las autoridades.
Dada la heterogeneidad de la economía informal, cada una de estas perspectivas tiene su mérito, ya que cada escuela refleja uno u otro “trozo del pastel (informal)”. Pero la economía informal, en conjunto, es más heterogénea y compleja que lo que la suma de estas perspectivas podría indicar.
Algunos de los trabajadores autónomos eligen —o se ofrecen a— trabajar de manera informal para evitar el registro y los impuestos, mientras que otros lo hacen por necesidad o tradición. Asimismo, muchos de los trabajadores autónomos acogerían con agrado cualquier esfuerzo para reducir las barreras al registro y los costos de esta transacción, especialmente si pudieran recibir los beneficios de la formalización.
Además, mucho del aumento reciente en el empleo asalariado informal se debe a la informalización de relaciones de empleo que solían ser formales. En muchos de estos casos son los empleadores —no los empleados— quienes evitan las regulaciones y los impuestos. Los empleadores a menudo prefieren mantener una pequeña plantilla de base permanente y contratar a los demás trabajadores de manera informal para evitar pagar los impuestos sobre la nómina y las cotizaciones al seguro social del empleador o las pensiones. En algunos casos, se evaden los impuestos sobre la nómina y las cotizaciones al seguro social por consentimiento mutuo del empleador y del empleado, como cuando los empleados prefieren recibir una mayor remuneración neta en lugar de las cotizaciones del empleador al seguro social. Este puede ser el caso cuando los sistemas de seguridad social son mal administrados —o sus condiciones no son transparentes o son mal comprendidas—, lo que lleva a que el empleado no espere ninguna prestación a cambio de las contribuciones.
En resumen, algunos empresarios informales eligen —o se ofrecen a— trabajar de manera informal. Sin embargo, el empleo informal tiende a expandirse durante las crisis económicas o recesiones, lo que indica que —además de la elección— es la necesidad la que impulsa la informalidad. Asimismo, la informalización de las relaciones de empleo es una característica del crecimiento económico contemporáneo y de la economía mundial. Además, en muchos países en desarrollo la mayoría de la fuerza laboral nunca ha tenido un empleo formal y continúa dedicándose a actividades tradicionales y de supervivencia.
II. Replanteamiento reciente
En los últimos 15 años, se han dedicado muchas reflexiones y muchos esfuerzos al desarrollo de marcos holísticos que tomen en cuenta todos los aspectos de la informalidad y todas las categorías de trabajadores informales. Los estadísticos y usuarios informados de datos se han centrado en las definiciones y mediciones estadísticas para mejorar los datos oficiales sobre la fuerza laboral y otros datos económicos sobre la informalidad.
Otros observadores se han enfocado en entender la composición de la economía informal y lo que impulsa sus diferentes componentes, así como los vínculos de la economía informal con la formal y las regulaciones formales.
Una definición estadística ampliada
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Grupo de Delhi (expertos en estadísticas sobre el sector informal) y Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando (WIEGO, por sus siglas en inglés) trabajaron juntos para ampliar el concepto y la definición con la incorporación de ciertos tipos de empleo informal que no estaban incluidos en definiciones y conceptos previos de sector informal. Intentaron incluir la informalidad relacionada con el trabajo como se manifiesta en las economías industrializadas, las economías en transición y las economías en desarrollo, así como las dinámicas reales en los mercados laborales actuales, particularmente los arreglos de empleo de los trabajadores pobres.
La definición ampliada se centra no solo en las características de las empresas, sino también en la naturaleza del empleo; incluye todos los tipos de empleo informal, tanto dentro como fuera de las empresas informales.2 Según esta definición, el empleo informal es una categoría amplia y heterogénea. Para efectos de análisis y formulación de políticas, resulta útil subdividir el empleo informal en empleo independiente y empleo asalariado, y dentro de estas amplias categorías, en subcategorías más homogéneas de acuerdo a la situación en el empleo, de la siguiente manera:
• Empleo independiente informal: empleadores en empresas informales, trabajadores por cuenta propia en empresas informales, trabajadores familiares auxiliares (en empresas informales y formales), miembros de cooperativas de productores informales (donde existen).
• Empleo asalariado informal: los empleados contratados por empresas formales o informales sin contribuciones de protección social o contratados como trabajadores remunerados en hogares. Es más probable que los siguientes tipos de trabajos asalariados sean informales: empleados de empresas informales, trabajadores ocasionales o jornaleros, trabajadores temporales o a tiempo parcial, trabajadores del hogar remunerados, trabajadores a contrato, trabajadores no registrados o sin declarar, trabajadores industriales a domicilio (también llamados trabajadores subcontratados).
Esta definición ampliada extiende el enfoque de empresas no reguladas legalmente a la inclusión de relaciones de empleo que no son legalmente reguladas o socialmente protegidas. También sirve para centrar la atención en los trabajadores informales, por ejemplo, aquellos que son empleados de manera informal. A este enfoque centrado en el empleo se ha sumado una reconsideración importante de la composición, las causas y las consecuencias del empleo informal. Hoy en día se reconoce ampliamente que el empleo informal incluye una gama de personas independientes que trabajan principalmente en empresas pequeñas o no registradas y no constituidas en sociedad de capital, así como una gama de trabajadores asalariados que son empleados sin contribuciones del empleador al sistema de protección social.
En resumen, hay tres definiciones y términos estadísticos oficiales relacionados que se usan con frecuencia de manera imprecisa y sin distinción: el término sector informal se refiere a la producción y al empleo que tienen lugar en empresas pequeñas o no registradas y no constituidas en sociedad de capital (ICLS 1993); el término empleo informal se refiere al empleo sin protección legal y social, tanto dentro como fuera del sector informal (ICLS 2003); y el término economía informal se refiere a todas las unidades, actividades y trabajadores así definidos, así como a su producción. Juntos forman, tanto nacional como mundialmente, la amplia base de la fuerza laboral y la economía.
Modelos conceptuales holísticos
Hay diferentes teorías sobre lo que causa la informalidad y lo que esta abarca. Muchos economistas tradicionales se suscriben a la noción de que la economía informal está conformada por empresarios informales que eligen —o se ofrecen a— trabajar de manera informal (Maloney 2004). Sin embargo, otros economistas reconocen que el empleo informal tiende a expandirse durante las crisis económicas o recesiones, lo que indica que —además de la elección— es la necesidad lo que impulsa la informalidad. Otros observadores señalan que la informalización de las relaciones de empleo es una característica del crecimiento económico contemporáneo y de la economía mundial, y que los trabajadores asalariados informales contratados por empresas formales u hogares van en aumento en muchos países. Además, cada vez hay un mayor reconocimiento de que diferentes factores impulsan diferentes segmentos de la economía informal. En los últimos años, varios grupos de observadores han planteado modelos que buscan capturar los componentes de la informalidad y/o los diferentes factores que impulsan la informalidad.
Modelo del empleo informal de WIEGO: jerarquía de ingresos y riesgo de pobreza por situación en el empleo y género
La red de wiego,3 dedicada a la acción, la investigación y las políticas, desarrolló y puso a prueba un modelo multisegmentado del empleo informal, definido en términos de la situación en el empleo. Este modelo cuenta con seis situaciones de empleo que aparecen en la Figura.
Este modelo vincula la informalidad con la pobreza y el género, y su aplicación permitió estimar el porcentaje de trabajadores en situaciones de empleo específicas que provenían de hogares pobres. En todos los países, los ingresos medios bajaron y el riesgo de pertenecer a un hogar pobre aumentó mientras más baja era la situación del empleo del trabajador.
Diversos investigadores e instituciones como el Banco Mundial (BM) han desarrollado modelos holísticos sobre las causas de la informalidad. Tanto el modelo del BM como otras explicaciones causales dominantes son valiosas, pero solo para ciertos segmentos del empleo informal, ya que ninguna teoría por sí sola puede explicar cada segmento del empleo informal. En su conjunto, no son suficientes como explicaciones causales, ya que existen fuerzas estructurales más amplias y regulaciones informales que también fomentan la informalidad.
En resumen, una mezcla de factores impulsa los diferentes segmentos del empleo informal. Algunos trabajadores autónomos eligen —o se ofrecen a— trabajar de manera informal para evadir el registro y los impuestos. Otros no eligen trabajar de manera informal; lo hacen por necesidad, condicionamiento social o tradición. Muchos de los trabajadores autónomos acogerían con agrado cualquier esfuerzo para reducir las barreras al registro y los costos de transacción relacionados con este, especialmente si pudieran recibir los beneficios de la formalización. El aumento reciente en el empleo informal está asociado con el declive en el empleo asalariado formal y con la informalización de empleos que solían ser formales. La informalización se debe, en gran medida, a las prácticas de contratación de los empleadores que prefieren mantener una pequeña plantilla de base permanente y contratar al resto de los trabajadores de manera informal para evitar el pago de los impuestos sobre la nómina, las cotizaciones al seguro social del empleador, las pensiones u otras obligaciones como empleadores. En algunos casos, se evaden los impuestos sobre la nómina y las contribuciones al seguro social por consentimiento mutuo del empleador y del empleado.
De Soto, H., The Mystery of Capital: Why Capitalism Triumphs in the West and Fails Everywhere Else, Basic Books, Nueva York, 2000.
Maloney, W.F., “Informality Revisited”, World Development, vol. 32, núm. 7, 2004.
Chen, M., J. Vanek y M. Carr, Mainstreaming Informal Employment and Gender in Poverty Reduction: A Handbook for Policymakers and Other Stakeholders, Secretariado del Commonwealth, Londres, 2004.
Castells, M. y A. Portes, “World Underneath: The Origins, Dynamics, and Effects of the Informal Economy”, en A. Portes, M. Castells & Lauren A. Benton, The Informal Economy: Studies in Advanced and Less Advanced Developed Countries, John Hopkins University Press, Baltimore, 1989.
Horn, Z. E., Afrontando la crisis: Recesión persistente, inflación creciente y la fuerza laboral de la economía informal, WIEGO y Ciudades Inclusivas, Cambridge, 2011.
Hart, K., “Informal Income Opportunities and Urban Employment in Ghana”, Journal of Modern African Studies, vol. 11, núm. 1, 1973.
Sethuraman, S.V., “The Urban Informal Sector: Concept, Measurement and Policy”, International Labour Review, vol. 114, núm. 1, 1976.
Tokman, V., “An exploration into the Nature of the Informal-Formal Sector Relationship”, World Development, vol. 6, núm. 9-10, 1978.
Vanek, J., M. Chen, R. Hussmanns, J. Heintz y F. Carre, Women and Men in the Informal Economy: A Statistical Picture, OIT y WIEGO, Ginebra, vol. 6, núm. 9/10, 2012.
1 WIEGO Working Paper 1, The Informal Economy: Definition, Theories and Policies.
2 En 2002, esta definición ampliada fue aprobada por la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT), y en 2003 por la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET). Para obtener más información, consulte el segundo documento de trabajo de WIEGO (Vanek et ál. 2012).
3 Fundada en 1997, WIEGO es una red global dedicada a la acción, la investigación y las políticas que busca mejorar la situación de los trabajadores pobres en la economía informal, especialmente la de las mujeres, mediante el desarrollo y el fortalecimiento de las organizaciones de los trabajadores informales; el mejoramiento, la investigación y las estadísticas sobre el empleo informal, y el fomento de políticas laborales, de protección social, comerciales y urbanas que sean justas y adecuadas. Para obtener más información sobre WIEGO y la economía informal, consulte <www.wiego.org> .
___________
MARTHA ALTER CHEN es profesora de Políticas Públicas en la Kennedy School de la Universidad de Harvard y coordinadora internacional de Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando (WIEGO), una red global dedicada a la acción, la investigación y las políticas sobre el tema.
Etiquetas: 267, economía informal, julio 2013, Martha Alter Chen, trabajo informal
3 Respuestas para “La economía informal: definiciones, teorías y políticas”

Lucy dice:
julio 17, 2013 a las 4:05 pm
Mención especial a la mujeres que contribuyen a la economía del país (México),y por ende a sostener en parte los gastos del hogar.
Centro de Estudios Estrategicos Nacionales dice:
julio 10, 2013 a las 12:15 pm
Muy interesante, una investigación que apoya al entendimiento del tema, de la población que recurre a la economía informal para sobrevivir; para iniciar la alternativa del como formalizarlos y contribuyan al gasto de gobierno
LA ECONOMÍA INFORMAL: DEFINICIONES, TEORÍAS Y POLÍTICAS | Noticias del macrocontexto dice:
julio 3, 2013 a las 12:25 pm
[…] Fuente: http://estepais.com/site/?p=46140 […]

WEBER, Max Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva


WEBER, Max
Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva
Fondo de Cultura Económica, México 1977.

I. INTRODUCCION

Para analizar correctamente esta obra de Max Weber en su contexto adecuado, es preciso partir de que se trata de una obra póstuma, fruto de la compilación de escritos del autor, algunos publicados en vida y otros inéditos. Esto explica la gran variedad y diversidad de los temas tratados, que tienen como denominador común únicamente el estar relacionados con la sociología según la entendía Weber: un campo muy amplio en el que se encuentran entrelazadas la economía, la interpretación histórica y la antropología.
La obra se puede definir como una síntesis en la que el autor pasa revista a los diferentes aspectos de la realidad económica, social e histórica, desde unos parámetros eminentemente sociológicos.
Max Weber se declara en varias ocasiones contrario a la explicación de la realidad elaborada por el marxismo (de hecho, se le ha llegado a considerar "el más elaborado revisionista del marxismo clásico")[1]. Sin embargo, esta misma obsesión por huir del reduccionismo económico le hace caer en otra deformación similar, siempre amparándose en los parámetros sociológico-antropológicos, sin hacer nunca ninguna referencia a la trascendencia como una realidad objetiva. La religión es un asunto interesante para el sociólogo, porque es como una necesidad humana: pero nunca como una prueba patente de la trascendencia[2].
Otra característica a tener en cuenta antes de empezar la lectura es la gran preocupación del autor por la nomenclatura utilizada: siempre que aparece un término nuevo se preocupa por definirlo, lo que causa una buena impresión en el lector de seriedad metodológica. Esta seriedad metodológica no libera a la obra de una ambigüedad de fondo, que nace del posicionamiento a priori anti-marxista de Max Weber unido a su visión materialista de facto de la realidad.
La misma estructura de libro delata la preocupación metodológica del autor y el carácter ecléctico del material recogido: la primera parte está dedicada al estudio de las "categorías sociológicas", mientras que la segunda lo está al estudio de la economía y de los "poderes sociales". Lo general y abstracto de la terminología de los títulos de los diferentes apartados y el hecho de que la segunda parte fue redactada cronológicamente varios años antes que la primera son bien elocuentes al respecto del carácter heterogéneo y de la falta de unidad interna del plan de la obra.
Es, pues, tarea del espíritu crítico del lector el desentrañar una unidad en el argumento lineal del autor: tarea muy ardua si se parte de lo abstracto del pensamiento de Weber y del hecho de que esta obra sea fruto de una recopilación (en este sentido es bien diferente de su Ética Protestante...)

II. CONTENIDO
La estructura general del libro es muy compleja. Está constituida por dos partes, con cuatro y siete capítulos respectivamente y múltiples subdivisiones, que no hacen más que entorpecer un intento de dar coherencia formal a la obra. Esta estructura es atribuible en gran medida al carácter compilatorio de la obra —se trata de unos cuantos artículos del autor ordenados temáticamente con un criterio muy aleatorio—, y contradice notablemente el afán de claridad metodológica de caracterizan otras obras del autor.

La estructura general es como sigue:

Primera parte: Teoría de las categorías sociológicas.
I. Conceptos sociológicos fundamentales.
II. Las categorías sociológicas fundamentales de la vida económica.
III. Los tipos de dominación.
IV. Estamentos y clases.
Segunda parte: La economía y los órdenes y poderes sociales.
I. La economía y los diversos órdenes.
II. Economía y sociedad en general.
III. Tipos de comunidad y sociedad.
IV. Comunidades étnicas.
V. Sociología de la comunidad religiosa (Sociología de la religión).
VI. Mercado.
VII. Economía y derecho (Sociología del derecho).
VIII. Las comunidades políticas.
IX. Sociología de la dominación.

RESUMEN POR CAPITULOS

Primera parte
I. Conceptos sociológicos fundamentales

Es una "declaración de principios" del autor. La sociología, embrionaria por entonces, se planteaba básicamente un problema epistemológico: de ahí la preocupación del autor por definir los términos básicos, que luego utilizará profusamente en su discurso.
Define sociología como "una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos." (p. 5). Es bien patente la influencia de los postulados positivistas (muy en boga a principios de siglo), reflejados tanto en esta definición como en la frase que comentamos a continuación. Para Weber, "toda interpretación persigue la evidencia" (p. 9): es importante constatarlo, pues en sus aseveraciones muestra una gran seguridad que suele degenerar en un determinismo ideológico, poco apropiado para el discurso en las disciplinas humanísticas.
La "acción social" juega un papel importante, ya que es la orientación natural de toda acción humana que mira hacia el exterior. En este capítulo (y esto es una característica que se repite en toda la obra) el autor se mueve habitualmente en el campo de la acción violenta, sobre todo cuando se trata de poner ejemplos: "...venganza de previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa frente a ataques futuros" (p. 18) o bien "debe entenderse que una relación social es de lucha cuando la acción se orienta por el propósito de imponer la propia voluntad contra la resistencia de la otra u otras personas" (p. 31). La lucha de clases preconizada por el marxismo estaba demasiado de moda como para que Max Weber pudiera desentenderse de su nomenclatura y de su influencia conceptual.
El capítulo se cierra con la definición de otros conceptos relacionados con el campo de la sociología: uso, costumbre, convención, derecho, asociación, poder, dominación, etc.

II. Las categorías sociológicas fundamentales de la vida económica
El autor entra de lleno en el campo de la economía, siempre desde un punto de vista sociológico-abstracto. Así lo advierte el mismo autor desde el principio: "En este capítulo en modo alguno se trata de una "teoría económica", sino de definir algunos conceptos frecuentemente usados en estos últimos tiempos y de fijar ciertas relaciones sociológicas elementales dentro de la vida económica" (p. 46).
Es el capítulo más largo (pp. 46-149) —exceptuando el último—, lo que da idea de la trascendencia que para Max Weber tenía esta disciplina, si bien sus comentarios siempre son desde una perspectiva claramente teorética, y nunca entrando en terminología o conceptos más técnicos.
La nomenclatura marxista está profusamente utilizada: "apropiación de los medios de producción" (p. 102), el propietario en contraposición al proletario y al obrero, el capital como medio de dominación, las relaciones de apropiación, etc. Es francamente difícil entender a dónde quiere llegar realmente el autor. La lectura de este extenso capítulo proporciona una abundante información respecto a la nomenclatura económica —puesta de moda por el marxismo incipiente de principios de siglo—, pero aporta pocas soluciones de síntesis al binomio Economía-Sociología, que es precisamente el abanderado del libro.

III. Los tipos de dominación
En este capítulo pretende meterse de lleno en el campo de las relaciones sociológicas pero siempre desde un prisma de una auténtica sociología de la violencia" o, si se quiere de una "sociología de la dominación", según la misma frase del autor. Los planteamientos materialistas vuelven a dominar el discurso, que no puede salir de la dinámica del reduccionismo que supone plantear las relaciones humanas siempre desde el prisma de la dominación de "los de arriba" contra "los de abajo", lo que determina también otras "manifestaciones sociológicas" como el derecho, la política, etc. Todas estas manifestaciones de la actividad humana están vistas bajo el prisma de estas relaciones de dominación, lo que simplifica mucho las conclusiones del autor y las empobrece enormemente.
Este reduccionismo es de tal calibre que llega a identificar lo legítimo con la ejecución efectiva de la dominación. Este proceso es muy sencillo, desde el momento que el autor afirma que la legitimidad es una pura creencia (cfr. p. 170), expuesta por tanto a cualquier tipo de contingencia. Esta"aleatoriedad de lo objetivo" justifica al autor frases como la que sigue: "La adhesión puede fingirse por individuos y grupos enteros por razones de oportunidad, practicarse efectivamente por causa de intereses materiales propios, o aceptarse como algo irremediable en virtud de debilidades individuales y de desvalimiento" (p. 171).
Con estos planteamientos, no es extraño tampoco que el autor se extienda en el estudio de la dominación legal  y de la subsiguiente burocracia generada por ésta (pp. 173-179), contraponiéndola a lo que el llama la dominación tradicional (pp. 180-192) y que adopte un concepto amplísimo del feudalismo (pp. 204-213), reduciendo todas estas realidades a simples métodos de dominación, y no como unas soluciones concretas y positivas de la colectividad a problemas planteados en las relaciones sociales cotidianas
El capítulo finaliza con una sorprendente adición de unos apartados que difieren totalmente de la temática desarrollada hasta entonces: el carisma, la división de poderes, las Administraciones, etc. que no añaden demasiada información cualificada.

IV. Estamentos y clases
Es muy breve (pp. 242-246), pero quizás por este motivo más claro y bien estructurado. De todos modos, el autor se mueve dentro de unos parámetros eminentemente economicistas, llegando a declarar explícitamente que la "situación de clase" hay que definirla en primer lugar siguiendo unos parámetros "de provisión de bienes" (pp. 242).
Es quizás en este pequeño apartado donde el autor se refiere de un modo más explícito a la visión marxista de la realidad. El proletariado es la clase dominada, llegando a afirmar que es, en sí misma, un "objeto de propiedad" y que incluso las clases medias "sacan de ellas sus ingresos" (pp. 243).
Con este tipo de afirmaciones —y, lo que es más importante, con las ideas de fondo que contienen los diferentes artículos del libro— sorprende mucho la tesis de los críticos de Max Weber al señalar que éste se desmarca claramente del marxismo. Podemos admitir, a lo más, que acepta otras materias y disciplinas en su estudio (vid. sus estudios sobre la religiosidad), pero incluso al abordar éstas no supera un palmario materialismo de base que dirige y orienta todas sus argumentaciones.
Segunda parte
La segunda parte del libro tiene, paradójicamente, más coherencia que la primera: hay un hilo conductor. La economía —siempre desde una perspectiva sociológica— está presente (implícita o explícitamente) en todos los diferentes apartados de que se compone.


I. La economía y los diversos órdenes
Se contrapone la economía con el orden jurídico, centrándose en los "límites de coacción" que el derecho determina en todo lo económico. Las "relaciones de dominación", a las que tanta importancia da el autor, incluso se desarrollan en el campo de las instituciones jurídicas para controlar lo económico.
Le siguen tres temas más con muy poca aportación metodológica y conceptual: II. Economía y sociedad en general (pp. 273-288), III. Tipos de comunidad y sociedad (pp. 289-314) y IV.Comunidades étnicas (pp. 315-327). De entre estos capítulos, quizás habría que destacar algunos subapartados del segundo, que se refieren a las "comunidades domésticas" (p. 289-293) y las relaciones con las que se organizan (pp. 293-305).
Las ideas sobre el matrimonio son muy confusas. El contrato es puramente formal —esto se da como por supuesto—, sin ningún tipo de vínculo permanente. El modo de tratar este tema es descarnado, lo que contribuye a dar una sensación de falta de fijeza en todas las relaciones familiares, que siempre se mueven por motivaciones superficiales (los intereses sociales, las presiones de linaje, el impulso sexual) y nunca por unas motivaciones trascendentes (ni en términos naturales ni, por supuesto, en términos sobrenaturales)[3].
El matrimonio se define simplemente como "comunidad sexual duradera" (p. 289) : parece como si esa "duración" fuera una necesidad para la estabilidad de la sociedad, y los hombres se hubieran aferrado a ella por una motivación puramente sociológica. No es extraño que de estos planteamientos surgieran posteriormente estudios muy desenfocados desde el punto de vista antropológico en los que la sociedad estaría distribuida en linajes por una pura evolución biológica, sin ninguna referencia a lo que salga de unas motivaciones más allá de lo puramente material o "estratégico".
La vida familiar queda, pues, muy empobrecida desde estos planteamientos deterministas[4]. El núcleo doméstico utiliza la realidad sexual como un pretexto para la duración y la estabilidad de la sociedad al siguiente nivel (el linaje), lo que contribuye a la estabilidad de la sociedad en general. En este sentido, son tremendamente ilustrativos los títulos de los apartados 3 y 4 del capítulo III: "Las relaciones sexuales en la comunidad doméstica" y "El clan y la regulación de las relaciones sexuales".

V. Sociología de la comunidad religiosa (Sociología de la Religión)

Es un estudio de las diferentes posturas que el hombre ha adoptado respecto a lo trascendente. No aparecen referencias a ningún tipo de realidad objetiva: todo son actitudes y convicciones posibles —como acciones humanas— pero que no hacen referencia a una realidad trascedente.
Las ideas de este capítulo se hacen cada vez más abstractas. No aparece nunca una idea de un Ser trascendente. La religiosidad humana nace de una necesidad sociológica del hombre, impelido, en primer lugar, hacia el "más acá", para remontarse posteriormente hacia las realidades supranaturales y después a las sobrenaturales. Para Weber, la religión es fruto de un "determinado tipo de acción comunitaria" (p. 328): nunca una respuesta esencial del hombre hacia lo trascendente.
La religión "crea" una serie de instituciones que la hacen sobrevivir y trascender: el mago y el sacerdote (pp. 345-347), el profeta (pp. 356-364), etc. Incluso la figura de Dios parece que esté creada por el hombre como por una "necesidad" (el planteamiento inmanentista de Max Weber se hace aquí proverbial). Todo lo demás (ética religiosa, tabús, ministerio sacerdotal, etc.) es puro "montaje" para justificar lo anterior: es decir, la religión se convierte en una cadena de justificaciones a una necesidad del hombre por referirse a lo trascendente.
Ante todo este planteamiento hay que aclarar que el autor no tiene ningún interés en explicar exactamente el por qué de esta "necesidad" de referirse a este "trascendente" como algo real. Al no desarrollar estos dos puntos, toda esta disgresión sobre la religiosidad es un magnífico ejercicio de teorización de "sociología religiosa" pero de ningún modo es una búsqueda honesta de la realidad, ya que se parte de unas conclusiones de las que no se han querido aclarar los presupuestos fundamentales. Esta es quizás una de las mejores armas de Max Weber: su discurso es fluido y brillante, entre otras razones porque nunca se detiene a reflexionar sobre las primeras razones de sus argumentaciones: simplemente las omite, con lo que consigue un ambiente ideológico de fondo muy escurridizo y difícilmente posicionable.
En el apartado 7 de este capítulo ("Estamentos, clases y religión"), analiza el "fenómeno-religión" siempre distinguiendo cada una de las clases sociales (los intelectuales, los burgueses, los campesinos, etc.) : con ello relativiza cualquier convicción religiosa a un determinado estado social. La religión depende de la clase social en la que uno se halle encajonado, y no puede salir de esos parámetros sin un cambio de su status actual (determinismo religioso según el nivel social).
Este capítulo sobre la religión termina con unos apartados que se refieren al modo concreto en que se ha desarrollado la "teoría religiosa" y las diferentes soluciones que el hombre a encontrado a su problema de la trascendencia. Así, la Redención es, en el fondo, un problema de "Salvación y renacimiento" (cfr. pp. 417-420) y la ética religiosa es una respuesta a todos los factores que determinan la actuación humana desde el punto de vista trascendente (cfr. pp. 452-475)
Después del capítulo VI. Mercado, algo incoherente por estar incompleto, el autor vuelve a la carga con la sociología del derecho en el cap. VII. Economía y derecho. Los comentarios se centran en unos cuantos temas y definiciones jurídicas. Max Weber demuestra ser un buen conocedor de todos estos conceptos, que se hallan correctamente enumerados y explicados, siguiendo, eso sí, la pauta sociológica (En concreto define nociones tan básicas como derecho privado y público, reglamento, gobierno, administración, delito, proceso, ...)
En este capítulo el autor vuelve a dar muestras de su seriedad metodológica desde el punto de vista formal, lo que compatibiliza perfectamente con la falta de coherencia al no recurrir a los principios fundamentales, hecho al que ya nos hemos referido anteriormente. Las definiciones están bien elaboradas, son convincentes y aclaran al lector muchos puntos del saber (aunque también es cierto que están poco trabadas unas con otras). Vemos innecesario detallar cada una de las definiciones, por la minuciosidad con que se emplea aquí Max Weber.
Desde el punto de vista deontológico-jurídico quizás plantea más problemas el apartado 7 ("Las cualidades formales del derecho revolucionariamente creado: el derecho natural", pp. 639-647): el derecho no tiene una consistencia objetiva y, la que tiene, ha sido creada por el hombre. Por tanto, es inútil pretender una objetivización del mismo o una referencia trascendente a la elaboración de la legislación. El iuspositivismo jurídico parece impregnar todas las aseveraciones del autor en este apartado.

VIII. Las comunidades políticas

En este apartado, relativamente corto (pp. 661-694) reaparecen una serie de conceptos a los que ya se ha hecho referencia: dominación, poder, clases dominantes, etc.
Las comunidades políticas son aquéllas "cuya acción consiste en que los partícipes se reservan la dominación ordenada de un "ámbito" (...) y de la acción de los hombres situados en él de un modo permanente o sólo provisional, teniendo preparado para el caso la fuerza física, normalmente armada" (pp. 661). Como vemos, sus reflexiones se van a mover en un campo similar al del cap. III de la primera parte (Los tipos de dominación): la violencia está siempre presente como reacción natural del hombre ante cualquier estímulo, y precisamente de ahí nace la necesidad de defenderse adoptando diferentes modos de organización, que no son más que manifestaciones de poder.
Estas "manifestaciones de poder" están analizadas también en este capítulo octavo. Así, el autor divide el poder de la comunidad en tres categorías: las clases, los estamentos, los partidos. Son estos diferentes modos de asociación —natural o pactada— los que posibilitan una acción de "poder" (término este clave en la argumentación de Max Weber, ya que es precisamente con ese poder con el que se puede constituir una plataforma de dominación —uno de los conceptos que más aparecen en el libro—).

IX: Sociología de la dominación

Parece ser el lugar a donde ha querido llevarnos el autor con sus aseveraciones. Una intención casual, a tenor de lo que hemos anotado ya sobre el "desfase cronológico" de los diferentes capítulos del libro. Este nuevo capítulo se extiende de la p. 695 a la p. 1117 y está constituido por nueve subapartados, que tienen a su vez diferentes subdivisiones.
La dominación —entendida sobre todo como un ejercicio de la superioridad de un hombre o de una colectividad respecto a un "contrario"— domina las relaciones humanas, originándose una serie de instituciones para consolidar este tipo de relaciones[5]. La dominación y el poder son dos realidades íntimamente unidas (pp. 695-700) y el gobierno es la forma en que se concreta la dominación (pp. 701-704).
En los siguientes subapartados —(pp.704-846)— la terminología utilizada por el autor se hace más difícil de comprender, sobre todo en el empleo de términos específicamente jurídicos. Sin embargo, el tono general de la exposición se mueve en terminos de una falta total de fundamentos jurídicos objetivos: lo "legal" se confunde con lo "moral", la "organización" con la "dominación", la "dominación" como justificación de toda actuación, etc. En definitiva, toda regla emanada por la autoridad legítimamente constituida (como consecuencia de una dominación consolidada) tiene visos de ser obedecida no por la misma coherencia de la ley (en consonancia con el derecho natural) sino únicamente por estar emanada por las instituciones creadas por "la dominación legítima". El iuspositivismo jurídico es en estas páginas bien elocuente.
Viene a continuación un largo subapartado sobre "La dominación no legítima (tipología de las ciudades)"(pp. 847-1046). Este apartado es el que está más relacionado con un planteamiento historicista de la dominación. Las reflexiones se mueven siempre en un campo muy teórico, utilizando términos ambiguos (ver, por ejemplo, la larga disertación sobre el "linaje" en la Edad Antigua y Edad Media pp. 938-998) y sin una solidez documental que los avale.
Es evidente que Max Weber se mueve en todo este largo apartado en el campo de las intuiciones históricas —más o menos brillantes— pero no fundamenta sus aseveraciones en la realidad y la seriedad de una verdadera investigación a base de una documentación mínimamente objetivable: a este respecto cabe destacar las reflexiones que hace sobre la formación y origen de los patriciados de las ciudades europeas durante los últimos siglos medievales (cfr. pp. 975-998), que adolecen de rigor histórico por completo.
En esta interpretación histórica, no supera el reduccionismo marxista de la lucha de clases. Las ciudades medievales y modernas, por ejemplo, son dominadas por un grupo de "notables" que monopolizan la administración urbana y se organizan en linajes, cuyos miembros tienen en común la propiedad de la tierra (cfr. p. 976)
El último apartado, La Sociología del Estado (pp. 1047-1116), está constituido por una serie de reflexiones sobre el papel que ha jugado el estado en todo este proceso histórico y la formación de los partidos, del parlamentarismo y de la democracia, siempre en el contexto del papel rector de dicho estado como la institución en la que se concreta y sublima la dominación efectiva.

III. CONCLUSIÓN
El presente libro es un conjunto de artículos y ensayos que el autor fue elaborando a lo largo de su vida. De ahí el carácter heterogéneo de los temas tratados y la falta de coherencia interna que salta a la vista al analizar el mismo índice. Con todo, la obra de Max Weber ha tenido —y está teniendo— un gran prestigio en el entero campo de las ciencias humanas y en la economía. ¿Por qué?.
En primer lugar, Weber muestra un alto grado de dominio de la metodología en todas las ciencias humanas. A pesar de abarcar un campo tan grande de ellas (sociología, economía, historia, psicología, política, etc.) siempre utiliza una terminología muy precisa y no tiene ningún reparo en definir cualquier término: esto da una sensación de seriedad metodológica muy grande y, lo que nos parece más importante, proporciona al lector conceptos claros a la hora de reelaborar la propia teoría. Es, pues, un instrumento muy útil para posteriores elaboraciones en el campo general de las humanidades.
Ya se ha comentado que no hay un hilo conductor que vertebre toda la exposición: paradójicamente, este hecho ha contribuido grandemente a la fama de Max Weber en el campo general de las humanidades. Esta falta de coherencia interna es precisamente lo que ha permitido a muchísimos comentadores de su obra el alargarse en las múltiples sugerencias metodológicas que se desprenden de su lectura, sin detenerse a considerar ese hilo conductor.
Si nos tenemos que aventurar a analizar ese "hilo conductor" que domina la obra de Max Weber, nos inclinamos a pensar que en el meollo de su exposición se halla un pretendido rechazo del materialismo marxista —que reducía todas las explicaciones del devenir humano en consideraciones economicistas— pero sin llegar a una solución trascendente. Es decir, para Weber la realidad humana se puede explicar desde otros parámetros, como la "ética de los valores" y las grandes concepciones y inclinaciones sociales (como la dominación) que serían el verdadero motor de los social, pero que jamás trascienden una realidad material.
En definitiva, una gran paradoja: intentar superar los parámetros marxistas sin superar el campo de lo puramente material. Es decir, como un "materialismo social". Parece indudable que Weber es el padre de la sociología: no es extraño entonces que esta disciplina, desde su creación, se haya movido siempre en un campo tan radicalmente alejado de las realidades trascendentes, teniendo a tal fundador.
La ambigüedad terminológica del autor no puede ocultar, pues, este ambiente "materializado". Y, de hecho, todo el libro está empapado de la terminología del marxismo, tan en boga por aquel entonces. Es importante constatar que en la época de Max Weber confluyen marxismo, economicismo y positivismo, lo que hace difícil al autor sustraerse de todo ese ambiente ideológico.
Con su libro "Economía y Sociedad", el autor ha querido racionalizar todos los procesos humanos de creación de instituciones económicas, políticas, religiosas y jurídicas. Pero esta racionalización es muy nociva ideológicamente si se pretende elaborar desde unos parámetros puramente materialistas.
Para Weber, los fenómenos religiosos hay que verlos siempre determinados por la sociología: el "reduccionismo sociológico" en que cae es muy nocivo para un adecuado análisis de la realidad espiritual que se halla presente en todos los hombres.
En definitiva, cualquiera que quiera profundizar en esta compilación de Max Weber, debe tener siempre presente el planteamiento materialista a priori del que parte el autor, para poder analizar su obra con un mínimo de espíritu crítico: el problema es entusiasmarse con la brillantez expositiva y la cuidada metodología que se halla presente en toda la obra, sin parar a considerar la anti-trascendencia con la que se halla comprometido el autor.



[1] Para Weber, el rigor científico de las ciencias sociales radica en su capacidad de ofrecer explicaciones causales de los hechos. Dado que la realidad es infinita, el historiador y el sociólogo se ven obligados a seleccionar los fenómenos sociales, y a explicarlos, no aisladamente, sino enmarcándolos bajo un punto de vista. A mayor número de puntos de vista se alcanza una idea más exacta del problema, del fenómeno social. Además, los puntos de vista se van modificando con el tiempo porque también los intereses de quienes investigan y de los hombres en general van cambiando. Como los puntos de vista no son únicos, tampoco puede decirse que existan ciencias privilegiadas —ni la Filosofía, ni la Economía, ni la Psicología...— que ofrezcan la clave interpretativa de toda la realidad. Este es el único camino para asegurar la objetividad científica: huir de la unilateralidad de enfoques. En efecto, Weber critica la "escuela histórica de la economía" heredera del idealismo hegeliano, que quita a la economía la autonomía que le corresponde, relegándola a una simple manifestación del "Espíritu del pueblo". Bajo estos planteamientos, la Filosofía ocuparía el lugar de ciencia suprema.
        Contra la "entronización de la Economía", disiente del "materialismo histórico", es decir, de Marx, porque considera que esta doctrina petrifica y dogmatiza la relación entre "formas de producción y trabajo" (estructura) y las demás manifestaciones culturales de la sociedad (superestructura). Weber llega a afirmar que el punto de vista económico es en Marx algo unilateral ("una unilateralidad intencionada"). Sin embargo, el temor a caer en el extremo opuesto (sustituir una interpretación causal materialista de la historia y de la civilización, por otra espiritualista), le lleva a aceptar la concepción materialista marxista en la medida que se la considere un conjunto de hipótesis explicativas que deben contrastarse con la experiencia caso por caso.
        También se opone a la pretensión de Dilthey, de colocar a la Psicología en la base de la Sociología.
[2] Como ejemplo de la metodología "abierta" que propugna el autor para las ciencias sociales, (y aunque no sea el tema central de "Economía y Sociedad") merece la pena considerar el tratamiento "antimarxista" que Weber hace del fenómeno social de la religión. Lejos de ser —por principio— una superestructura dependiente de la economía, es capaz, en algunas ocasiones, de causar Importantes cambios económicos. Por ejemplo, para Weber, el protestantismo explica y justifica el capitalismo —esa conducta caracterizada por la búsqueda del máximo lucro—, con todas las consecuencias a nivel de "infraestructura económica" que de ello se derivan. Esta tesis es defendida en su obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo"; en "Economía y Sociedad", simplemente se habla del determinismo religioso social.
[3] No hay que olvidar que en la sociología maxweberiana, los fenómenos sociales —uniformidades detectables en el actuar humano en cuanto actuar social—, objeto de la sociología, si existen, es precisamente porque interesan al hombre, es decir, son relativos a las necesidades culturales del mismo. Las ciencias sociales estudian el sentido de estos fenómenos, y las regularidades externas que los explican.
[4] Es fácil entender su concepción "materialista" del matrimonio y de la familia, pues como el mismo Weber afirma, al ser propio de la fe generar el amor y la fraternidad en las relaciones más inmediatas, desaparecida ésta (la fe), los vínculos familiares resultan siempre interesados: sensuales, económicos, etc. Teniendo en cuenta el desprestigio de la fe y de la caridad en Weber, se entiende mejor su constante alusión a la violencia, al poder, etc. como algo natural al hombre social. A la voluntad del hombre de Weber —incapaz de amar—, sólo le quedan dos opciones: desear o dominar.
[5] Se entiende que WEBER rechaza un tipo de dominación (la tradicional, feudal...) y defiende otro (la legal, pareja a una organización racional y propia de nuestra época, etc). Quizá se podría encontrar en el racionalismo y positivismo la explicación de esta postura.
        Heredero del positivismo de Comte, el autor desestima las épocas pasadas en las que —según  él— para explicar la realidad se aducía a los mitos, a las divinidades, a las abstracciones metafísicas, etc. El hombre de hoy asiste al "desencantamiento del mundo" porque es capaz de explicarlo todo con su razón, y de dominar la naturaleza, no mediante la magia o el favor de los dioses, sino mediante la técnica. En este mundo las sociedades humanas evolucionan hacia una organización más racional y cada vez más burocrática, donde el dominio de los gobernantes está justificado y es plenamente válido, precisamente por ser racional. El positivismo se encuentra incapacitado para sostener una concepción de "naturaleza humana" que no sea física, positiva... Con lo que el desprestigio de la ley natural y del derecho natural, son una consecuencia lógica.