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miércoles, 28 de diciembre de 2016

La construcción de la teoría económica


AUTOR: Ricardo Molero Simarro
CATEGORÍA: Fundamentos
ETIQUETAS: 
Cuando los economistas damos una explicación de cualquier fenómeno económico, como, por ejemplo, por qué suben los precios o por qué se producen las crisis, lo que estamos haciendo es aplicar una determinada teoría económica a la explicación de la realidad. Es decir, estamos haciendo economía aplicada.
Detrás de esas interpretaciones que hacemos (seamos conscientes de ello o no, y sea explícitamente o no), hay una teoría general sobre el funcionamiento de la economía y sobre el comportamiento económico. Por ello, para que esas explicaciones sean correctas, la teoría debe estar bien fundamentada. De hecho, supuestamente, lo que debería enunciar una teoría sería el conjunto articulado de regularidades que se dan en el funcionamiento de una economía. Es decir, tendría que tener detrás unas leyes (sin entrar en el alcance que puedan tener) que den cuenta de sus procesos básicos. Sería el que detrás de esta explicación existieses esas leyes lo que le conferiría el carácter científico a la misma.
Sin embargo, en la práctica real las cosas no están tan claras: la teoría económica ortodoxa aspira a estar enunciando las leyes del comportamiento económico (e incluso no económico) universal. Partiendo de las cuales construiría, mediante la abstracción en su mala acepción (es decir, eliminando elementos importantes, que influyen en el objeto de estudio, de la explicación), unos modelos con los que explicaría nuestra realidad económica.
Sin embargo, lo que se consideran las leyes del comportamiento humano no son más que ideas simplistas sobre lo que se cree que es la naturaleza humana, que no tienen otra fundamentación que divagaciones acerca de no se qué náufrago en no se qué isla desierta. Así, los modelos no pueden sino construirse deduciendo de esos supuestos, acerca de las supuestas naturaleza y comportamientos humanos, el conjunto de relaciones y resultados que explicarían cómo funciona una economía. Lo cual quiere decir que esos modelos no son fruto de un estudio histórico que intentase descubrir las leyes que rigen una economía, y una sociedad, mediante una correcta abstracción (es decir, sacando lo abstracto o general de lo concreto, la esencia de la particularidad) que haga visibles las relaciones generales que están detrás de los fenómenos históricos concretos.
Por el contrario, mediante la agregación de los resultados de esos comportamientos individuales, que estudia la microeconomía, como se construyen los modelos macroeconómicos con los que se estudia al conjunto de la economía. En ambos casos se pueden plantear diferentes situaciones (salarios rígidos o flexibles, información completa o incompleta, competencia perfecta o imperfecta…) y estudiar que resultados produce la adaptación de ese comportamiento racional, que habría que llamar optimizador, del homo oeconomicus a las nuevas circunstancias. Así se podrán deducir conclusiones (que todos conocemos de antemano: liberalización, privatización, apertura externa; o concretando un poco más: políticas monetaria y fiscal restrictivas) acerca de qué política económica hay que practicar para que la economía mejore su eficiencia y crezca más (momento en el que nos tendríamos que preguntar quién ha elegido al crecimiento económico como el objetivo básico de la sociedad).
Olvidando, eso sí, las diferencias entre un modelo de competencia perfecta y una economía liberalizada, privatizada y abierta al comercio exterior (véase el artículo de J.Segura, quien es favorable a la teoría económica ortodoxa, pero crítico con sus malos usos, “Competencia, mercado y eficiencia”).
Todos esos resultados se habrán obtenido mediante razonamientos que acaban siendo simples juegos de lógica formal en un terreno que está totalmente alejado de la realidad: el terreno de las ideas, en el que no se considera en absoluto a la historia (quizás porque se cree que acabó con el final advenimiento de esa sociedad acorde a la verdadera naturaleza humana). En efecto, la estaticidad del análisis, que toma en cuenta la evolución histórica de las condiciones sociales que determinan el funcionamiento de una economía, se plasma en la consideración de un tiempo que sólo tiene dos momentos: el inicial de equilibrio en el que se modifica una de las variables (ceteris paribus, claro) y el momento de la consecución del nuevo equilibrio.
Por mucho que se construyan modelos que tengan en cuenta algunas de las diferentes condiciones que puedan existir en la economía, la teoría ortodoxa (no sólo la neoclásica) es incapaz de hacer frente a la complejidad de la cultura, la sociedad y las instituciones que son determinantes tanto para la acción económica como para el desenvolvimiento de una economía. Y lo es porque su construcción no se ha hecho partiendo del estudio histórico -social de la sociedad concreta cuya economía se quiere comprender, sino partiendo de idealizaciones estudiadas en islas desiertas.
Pero, después de todo lo dicho, se plantea la duda: ¿es posible construir la teoría de otra manera? Se puede responder a eso haciendo mención a algunas propuestas específicas de formación de una teoría de manera no-ortodoxa:
Empezando por la de K.Marx: lo que hace en “El Capital” es intentar conocer, con un estudio histórico, “la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”. Tal “ley” estaría acotada a la sociedad capitalista, es decir, no tiene pretensión de universalidad y, por ello, tendría un carácter histórico. Supone una teoría acerca del funcionamiento general, pero también de la dinámica de evolución, del capitalismo como sistema socioeconómico. Su conocimiento (que está basado en el método del materialismo dialéctico en el que no vamos a profundizar) se intenta obtener partiendo del análisis histórico, de la observación de la particularidad, tal y como se presenta en la realidad, del llamado “concreto material”.
De la abstracción del carácter particular de sus elementos, no eliminando elementos de la realidad, sino sacando lo que existe de general en ellos, se obtienen las categorías generales y simples que representan lo que es común a todo proceso de producción (por ejemplo, el trabajo en general), es decir, se obtiene el llamado “abstracto intelectual”. Analizando, y teniendo presente, continuamente el proceso histórico real se intenta explicar cómo esa categoría general y simple ha tomado una forma particular y compleja en una sociedad determinada (siguiendo con el ejemplo, se explicaría cómo ha surgido y en qué consiste el trabajo asalariado en la sociedad capitalista), consiguiéndose el “concreto intelectual”. De esta forma se van construyendo todos los conceptos y se van estableciendo las relaciones entre ellos, pudiendo hacer ver (no olvidemos que en el ámbito de la teoría, la cual se utilizará para interpretar los fenómenos históricos concretos) los procesos básicos que rigen el funcionamiento de una economía. Es decir, se explica el comportamiento económico y la evolución de un sistema socio-económico en unas condiciones histórico-sociales concretas. Habiendo formado una estructura teórica mediante el análisis histórico.
Aún así, de esta manera no se hace frente totalmente a la complejidad y a las variaciones existentes dentro del capitalismo. En efecto, éste ha tomado diferentes formas a lo largo de su historia, formas en las que se han alterado los procesos y las relaciones explicadas por el análisis marxista. Así lo hacen ver los autores de la Escuela de la Regulación y, en concreto, su fundador M.Anglietta (“regulación y crisis del capitalismo. La experiencia de los EE.UU).
Sin profundizar en sus planteamientos (como tampoco hemos hecho con los de Marx), porque no es el objetivo de este escrito, se puede decir que dividen la evolución histórica del capitalismo en diferentes modos de desarrollo (cuyo ejemplo que puede resultar más paradigmático es el modo de desarrollo fondista) que van surgiendo fruto de las dinámicas sociales (algo que tampoco tienen en cuenta los planteamientos ortodoxos que hacen surgir su sistema económico de la nada ignorando las continuas transformaciones de la historia, como si hubiese estado allí desde el “big bang”), dinámicas sociales que se dan al entrar en contradicción un régimen de acumulación y el modo en que está regulado socialmente el proceso de acumulación capitalista.
Lo importante de ello es que se ha logrado haciendo “un razonamiento teórico que entraña un análisis histórico” (no obstante, se basa en el análisis de la historia de los EEUU). En este caso lo que se ha conseguido es la enunciación de las leyes de la acumulación capitalista para unas condiciones sociales e institucionales delimitadas históricamente. Es decir, exponer cómo van variando aquellas según lo hacen el régimen de acumulación y el modo de regulación. Exponer tanto las condiciones de la reproducción de una sociedad (es decir, por qué se mantienen esas leyes) como las de su ruptura (por qué dejan de ser válidas y surgen del conflicto social nuevas formas). Todo ello haciendo, según evoluciona la sociedad, continuas idas y vueltas entre lo abstracto y lo concreto. De esta manera, la teoría se hace histórica y la historia se puede interpretar con ayuda de la teoría (con las ventajas, en las que no se va a entrar, que eso conlleva). La teoría evoluciona según lo hace la sociedad (no dándose nunca por acabada), construyéndose, de ese modo, distintas teorías para diferentes realidades (acabando con la separación entre ellas).
Sin embargo, incluso las teorías obtenidas de esta manera seguirían sin estar completas si no se toman en consideración toda una serie de elementos sociales, políticos y culturales. No es este el momento de hacer una crítica profunda a la separación de las ciencias sociales, ni de proponer, argumentadamente, el intento de un estudio unificado de una realidad social que es única y no está separada en ámbitos como las disciplinas que la estudian. Por ahora, se tomará una postura más moderada afirmando la necesidad de que los análisis económicos tomen en consideración cuestiones tan importantes como los comportamientos sociológicos, la estructura política o las representaciones culturales de una sociedad.
En efecto, aunque se argumentase que todos esos elementos son fruto en último término de las condiciones materiales de una sociedad, no se podrá negar que también ellos determinan y explican el comportamiento económico (dónde más claro se puede ver es en el consumo, aunque también tengan incidencia en el ámbito productivo). Es cierto, que desde posiciones como las que se acaban de presentar siempre se ha entendido la economía como economía política, y por ello, se han tratado tanto el conflicto político-social como las cuestiones culturales. Sin embargo, quizás, haya faltado su inclusión, sobre todo la de éstas últimas, entre los factores explicativos en el estudio del ámbito económico, y no sólo como factores explicados desde su origen en éste.
Por otro lado, por mucho que la economía hegemónica sólo crea en la conducta optimizadora de medios como modelo de acción humana universal, cualquier acercamiento a estudios históricos y/o antropológicos demuestran que esto no es así (véase el maravilloso libro de K.Polanyi “La gran transformación”, o los estudios de antropología económica de M.Harris). No se quiere decir que no haya situaciones en las que las personas hacen cálculos económicos racionales (entendidos en el sentido ya dicho), sino que la diversidad de la acción humana es mucho mayor y su complejidad no puede ser reducida a aseverar el supuesto egoísmo innato del ser humano.
Desgraciadamente, por ahora, no existen apenas acercamientos que permitiesen integrar lo dicho en los estudios económicos, acercamientos a las disciplinas que han hecho importantes avances en los estudioso sociológicos y culturales en los procesos económicos como la antropología económica, la sociología del consumo, la sociología industrial y de la empresa o tantas otras.
Quizás uno de los pocos intentos que se hayan hecho de integrar los elementos de los que hemos hablado ha sido el de la llamada economía cultural. Ésta entiende y analiza la economía como cultura. Partiendo de una visión no-materialista, cree que es tanto un “producto cultural” como un “productor cultural”, que está vinculada a la “producción de valores y significados” y que “tiene una dimensión simbólica, es decir, expresiva y comunicativa”. Con esta base critica tanto la concepción hegemónica de lo económico como estudio de la asignación eficiente de los recursos, como la separación del ámbito económico en un dominio apartado ya que creen que los seres humanos son “seres totales” (complejos y multidimensionales) que no deben ser reducidos como lo hace la economía. Con esa base llevaría a cabo estudios, dentro de la consideración de la diversidad de culturas y sociedades existentes, estudios culturales de lo económico.
Es una de las posibles vías, aunque en este caso la construcción de una teoría general se haga más difícil.
De cualquier modo, a falta de mayores desarrollos, ya seríamos capaces de responder a la pregunta que nos hemos hecho ya hace un rato: sí que es posible salir del simplismo y la fantasía del intento universalizador de la economía que sufrimos en la mayoría de nuestras clases, y lograr avanzaren la obtención de una teoría económica que sirva para poder comprender mejor el mundo en el que vivimos y, ¿por qué no? Poder transformarlo…

lunes, 19 de diciembre de 2016

UN ENFOQUE FENOMENOLÓGICO Y SISTÉMICO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA GLOBAL


 A PHENOMENOLOGICAL AND SYSTEMIC APPROACH TO THE GLOBAL POLITICAL
ECONOMY
Dr. Antonio Hidalgo (alhc@uhu.es). Universidad de Huelva (Huelva, España)

Abstract 
In this article we present an application from the phenomenological perspective of knowledge and the selforganised system theory to the field of the Global Political Economy, which allows us to give a theory didactical view of the functioning and regulation of the current global economy.
Key words: phenomenology, economy, political, global, system

Resumen 
En este artículo presentamos la aplicación de la perspectiva fenomenológica del conocimiento y de la teoría de sistemas autoorganizados en el ámbito de la Economía Política Global, que nos permite dar una visión teórica didáctica del funcionamiento y la regulación de la actual economía mundial. Palabras clave: fenomenología, economía, política, global,

sistemas 1. La fenomenología como perspectiva epistemológica 

El conocimiento científico como conocimiento de la realidad suele abordarse desde tres perspectivas epistemológicas: el representacionismo, el constructivismo y la fenomenología.

El representacionismo parte de la idea de que la realidad está en el objeto y que el sujeto al observar lo que hace es representar de manera fidedigna esta realidad; por tanto, la realidad sería una realidad objetiva, es decir, vendría determinada por el objeto y el sujeto no puede modificar dicha realidad en el proceso de observación y representación de la misma.

El constructivismo parte de la idea de que la realidad está en el sujeto que al pensar sobre un objeto construye una realidad; por tanto, la realidad sería una realidad subjetiva; es decir, vendría determinada por el sujeto, siendo el objeto sólo la excusa del pensamiento del sujeto en el proceso de construcción de la realidad.

La fenomenología estaría a mitad de camino entre el representacionismo radical y el constructivismo radical y parte de la idea de que el sujeto por medio del proceso de percepción del objeto hace surgir la realidad; por tanto, la realidad sería una realidad percibida, que no podría existir sin la interacción entre el objeto y el sujeto.

Así pues, la realidad ni es representada, ni es construida por el sujeto, sino que es percibida por éste.

Así, un acontecimiento que no es percibido (ni en su acontecer, ni en sus consecuencias) por ningún sujeto, desde la perspectiva fenomenológica del conocimiento científico no existiría.
Un ejemplo de ello podría ser la extinción de una especie de ser vivo en un pasado remoto del que no hubiese quedado ningún resto fósil; dicha extinción no sería una realidad.
También podríamos decir que un acontecimiento pensado por un sujeto que no se derive directamente de un proceso de percepción, desde la perspectiva fenomenológica del conocimiento científico, tampoco existiría.
Un ejemplo de ello podría ser un sueño o una fantasía; dicho sueño o fantasía no sería una realidad. Ahora bien, cuando el sujeto observa un acontecimiento objetivo, lo percibe por medio de los sentidos, y de dicha percepción surge un fenómeno; fenómeno que no sería el acontecimiento objetivo en sí, ya que éste tendría dimensiones que no pueden ser captadas en el proceso de percepción, sino que sería el acontecimiento objetivo percibido por el sujeto.
Un ejemplo de ello podría ser el fenómeno de la vida, ya que la vida puede ser percibida y sería, por tanto, una realidad; sin embargo, podría haber dimensiones del acontecimiento de la vida, como el alma, que al no poder ser percibidas no formarían parte de la realidad.
Partiendo, por tanto, de una perspectiva fenomenológica, nos acercaremos al conocimiento científico por medio del estudio de los fenómenos.

2. Los fenómenos, los sistemas, las organizaciones y las estructuras sociales 

Dado que la Economía es una Ciencia Social, de todos los fenómenos que podríamos estudiar, a nosotros nos interesan especialmente los que se producen por la interacción entre los seres humanos; a dichos fenómenos los denominamos fenómenos sociales y al conjunto de éstos lo denominamos ámbito de los fenómenos sociales.

En el ámbito de los fenómenos sociales cualquier sujeto en su proceso de percepción puede hacer una distinción, es decir, señalar una unidad haciendo una operación que define sus límites y la separa de su trasfondo. Esta operación de distinción es subjetiva y viene determinada, en un principio, por la experiencia perceptiva del sujeto; así, dos sujetos con experiencias perceptivas diferentes podrían hacer distinciones diferentes (1).

Sin embargo, para distinguir una unidad en el ámbito de los fenómenos sociales es necesario que el sujeto acuda al proceso de percepción con una idea del tipo de organización que pretende percibir; entendiendo por organización las relaciones entre los componentes que definen una unidad. La idea de organización procedería de la propia experiencia perceptiva del sujeto (experiencia perceptiva individual), o bien de la experiencia perceptiva que le han transmito otros sujetos (experiencia perceptiva colectiva).

Así pues, si una unidad es percibida por un sujeto en un proceso de distinción a partir de una idea previa de las relaciones entre los componentes que la definen como unidad, dicha unidad sería un conjunto de componentes interactivos; y a un conjunto de componentes interactivos que puede percibirse como una unidad se denomina sistema.

En una operación de distinción, un sistema social llegaría hasta donde el sujeto es capaz de percibir que se encuentran sus límites, siendo todo lo demás su trasfondo; y dichos límites estarían donde el sujeto deja de percibir los componentes y el tipo de relaciones que han servido para definir la unidad.

Antes de continuar debemos hacer algunas aclaraciones respecto a los conceptos de sistema, organización y estructura. Ya hemos visto que el término sistema lo podemos definir como un complejo de componentes interactivos que puede considerarse como una sola entidad y que el término organización está referido a las relaciones entre los componentes que definen un sistema como una unidad. Por su parte, el término estructura se refiere a los componentes concretos y a las relaciones concretas que se dan entre ellos y que permiten la perfección del sistema como tal entidad; así, la estructura de un sistema determina el espacio en que dicho sistema existe, lo que permitiría la distinción de varios sistemas sociales iguales, con la misma organización social, pero espacialmente separados y con estructuras sociales diferentes.

Sin embargo, no todos los fenómenos sociales son de la misma naturaleza y cabría hacer divisiones en el ámbito de los mismos para crear subconjunto o ámbitos menores.

3. Los fenómenos, los sistemas, las organizaciones y las estructuras económicas

A nosotros nos interesa estudiar un tipo determinado de fenómenos sociales, que son aquellos que se producen por las interacciones entre seres humanos basadas en actividades vinculadas con la producción, el intercambio y el consumo de bienes y servicios susceptibles de satisfacer las necesidades de los seres humanos, así como en actividades de distribución de la renta derivadas de las anteriores. A dicho tipo de relaciones las denominamos relaciones económicas (2), que serían las que darían lugar a los fenómenos económicos, los cuales, colectivamente, formarían el ámbito de los fenómenos económicos como subconjunto del ámbito de los fenómenos sociales.

Por tanto, siguiendo el procedimiento explicado anteriormente, para distinguir un sistema económico en el ámbito de los fenómenos económicos vamos a necesitar una idea del tipo de relaciones económicas que mantiene los seres humanos, es decir, una idea de organización económica que nos permita definir los límites de dicho sistema. A partir de aquí, podríamos proceder a distinguir un tipo determinado de sistema económico, o varios sistemas económicos con la misma organización, pero separados espacialmente y con distintas estructuras económicas.

3.1. Los tipos de organización económica 

La experiencia perceptiva colectiva de quienes se han dedicado al estudio de los sistemas económicos ha permitido conformar cinco tipos ideales de organización económica, cada uno de los cuales caracterizado por un tipo diferente de relaciones económicas; dichos tipos de organización económica serían: el comunismo primitivo (por ejemplo, en algunas sociedades indígenas aisladas de la Amazonía); el tributarismo (3) (por ejemplo, en el Imperio Inca); el esclavismo (por ejemplo, en el Imperio Romano); el feudalismo (por ejemplo, en la Francia de la Edad Media); el mercantilismo (por ejemplo, en la España del Renacimiento); el capitalismo (por ejemplo, en el Reino Unido desde la Revolución Industrial) y el socialismo (por ejemplo, en la URSS).

Estos tipos ideales no siempre han sido útiles para distinguir todo tipo de sistemas económicos, dado que algunos sujetos a lo largo de la historia han percibido relaciones económicas que no se correspondían completamente con ninguno de estos tipos de organización, pero parcialmente con un par de ellos; así surgirían formas de organización híbridas como el capitalismo esclavista (que se dio, por ejemplo, en los Estados del Sur de EEUU antes de la Guerra de Secesión), el feudo-capitalismo (que se dio, por ejemplo, en Japón hasta la Segunda Guerra Mundial), el mercantil-socialismo (que se dio, por ejemplo, en China tras la muerte de Mao) o el capitalismo de Estado (que se dio, por ejemplo, en la Alemania nazi).

Cuadro 1 
Características principales de los tipos de organización económica 
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Tipo de organización   Producción  Factor Tierra   Factor Capital    Factor Trabajo 
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sábado, 17 de diciembre de 2016

El determinismo científico en la ciencia newtoniana


El determinismo científico en la ciencia newtoniana


La ciencia que surgió en el siglo XVII se ha clasificado como determinista porque descubrió unas leyes precisas que gobernaban el movimiento de los cuerpos en la Tierra y los movimientos planetarios. Más precisamente, encontró unas leyes matemáticas que describían el movimiento de los cuerpos terrestre y de los planetas  creando dos disciplinas matemáticas que se conocieron como Mecánica Analítica o Racional y Mecánica Celeste.
La ciencia moderna fue elaborada por una serie de científicos creyentes, por lo que se podría pensar que la mano Dios intervenía en las cosas naturales. Descartes creía en un Dios creador, infinito, eterno, inmutable, omnisciente y omnipotente, causa primera de todas las cosas. Ese Dios había creado la materia y la había dotado de una cantidad de movimiento. El Dios Creador cartesiano fue una de las inspiraciones para que Descartes formulara la ley de conservación del movimiento. El Dios cartesiano era la causa primera de su universo mecanicista. El mundo creado por Dios funcionaba como una máquina y las consecuencias de los procesos estaban condicionados por esa causa que actuaba de motor primero
Igualmente Newton manifiesta su creencia en un Dios creador en el Escolio General  de sus Principia (1687) cuando dice:

“Este elegantísimo sistema del Sol, los planetas y los cometas sólo pudo originase en el consejo y dominio de un ser y poderoso e inteligente… Este rige las cosas,  no como alma del mundo, sino como dueño de los universos…El Dios supremo es un ente eterno, infinito y absolutamente perfecto… Es eterno e infinito, omnipotente y omnisciente, esto es, existe desde la eternidad a la eternidad y está presente desde lo infinito hasta lo infinito. Rige todo y conoce todo cuanto es o  puede ser hecho…”

Newton cree en una inteligencia divina, que existía desde siempre y que está extendida por todo el universo. Esta inteligencia conocería el presente, el pasado y el futuro con todo lo que ha sucedido o pueda suceder. Pero se debe hacer notar que Newton hace estas manifestaciones en uno de los Escolios, que eran consideraciones filosóficas y opiniones plausibles que estaban fuera del corpus científico de los Principia, que, con esta excepción, tenían un tratamiento puramente matemático. No obstante, Newton creyó necesario hacer estas concesiones a consideraciones no matemáticas tanto por ser una persona extremadamente creyente, como por poner de manifiesto que sus innovadores resultados estaban dentro de los principios filosóficos de su tiempo.
Newton pensaba que con sus métodos matemáticos se había aproximado a las leyes del movimiento con las que Dios había dotado a la materia. El mundo newtoniano era un universo gobernado por unas leyes fijas, las leyes del pensamiento divino, que permitían hacer predicciones sobre el movimiento de los cuerpos.
El pensamiento había cambiado algo cien años después de la publicación de la obra de Newton. Cuando Pierre S. Laplace (1749-1827) presentó a Napoleón el segundo tomo de su obra Traité de Méchanique céleste (1799-1825), Napoleón le señaló que le habían comentado la extrañeza de que en un libro, tan importante como el suyo, escrito sobre el sistema del universo no mencionara ni una sola vez a su Creador. A lo que Laplace contestó Señor, no he necesitado esa hipótesis.
Poco tiempo después Napoleón le comentó la respuesta que le había dado de Laplace al matemático J.L. Lagrange (1732-1813), quien exclamó Dios es una bella hipótesis que explica muchas cosas. Y cuando la respuesta de Lagrange llegó a oídos Laplace, este exclamó: Aunque Dios es una hipótesis que puede explicarlo todo, no permite predecir nada.
Lagrange era uno de los matemáticos más importantes del Imperio Napoleónico, que años antes, en su monumental Mecánica Analítica (1772-1788),  había reformulado la mecánica de Newton a partir del cálculo infinitesimal y del principio de mínima acción creando lo que se conoce como Mecánica Lagrangiana y a la que Laplace debe mucho del aparato matemático de su obra.
Debemos señalar que Newton no fue capaz de explicar ciertas irregularidades en las órbitas de algunos planetas que afectaban a la estabilidad del sistema solar y Newton hacía intervenir entonces a Dios para que con su mediación el sistema siguiese funcionando. La respuesta de Laplace a Napoleón quizás se apoya en el hecho de que su Mecánica celeste explicaba el funcionamiento del sistema solar y su estabilidad por procedimientos matemáticos, sin la necesidad de apoyarse en la mediación divina. Creyente o no Laplace pensaba que había completado unas leyes que permitían hacer predicciones sin la ayuda divina, sólo con la ayuda de las matemáticas
Laplace, en el prefacio de su obra Théorie analytique des probabilités (1812),  expresó la forma más conocida de la imagen determinista de la naturaleza derivada del sistema newtoniano. Aseguraba que conociendo perfectamente las condiciones iniciales del presente, mediante el cálculo matemático, podemos conocer las situaciones del pasado y del futuro. A esa inteligencia calculadora capaz de aplicar las fórmulas se le ha conocido como el demonio de Laplace. Laplace decía:

“Es nuestro deber considerar el estado actual del universo como un efecto de su anterior estado y como la causa de uno que lo sucederá. Si fuera posible tener por un instante una inteligencia que pudiera abarcar todas las fuerzas que animan a la Naturaleza y la situación respectiva de los seres que la componen – una inteligencia lo suficientemente enorme como para someter al análisis estos datos – comprendería en la misma fórmula el movimiento de los cuerpos más grandes del universo y el del átomo más liviano; para ella nada sería incierto y el futuro, así como el pasado, se presentaría ante sus ojos”. 

Esta situación era excesivamente optimista y con las matemáticas no se había conseguido eso, por una parte es imposible que la inteligencia pudiera llegar a conocer todas las fuerzas de la naturaleza y, por otra, las ecuaciones serían tan enormes que sólo las podría plantear y resolver ese demonio calculador en el que pensaba Laplace. Además, aun conociendo el tipo de ecuación que se debe plantear y las condiciones iniciales no siempre el demonio de Laplace podría resolver, porque, por ejemplo, en el problema de los tres cuerpos, que consiste en calcular las posiciones y las velocidades de tres cuerpos de cualquier masa en un instante dado, no es soluble por cuadraturas por ser un problema sensible a las condiciones iniciales. Lo que quiere decir que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales conducen a soluciones totalmente diferentes, produciendo una situación caótica y por tanto no determinista.
La idea de que todo estaba determinado, que podía deducirse de unos principios o que se conocía la forma en que evolucionaban las cosas, es una creencia extracientífica. La idea determinista surge de una extrapolación a toda la ciencia de los éxitos logrados por la mecánica y en la astronomía. Suponiendo que si en astronomía y mecánica las cosas son previsibles, la previsión puede hacerse sobre todos los fenómenos físicos que sucedan desde lo más grande a lo más pequeño.
En la idea determinista no es ajena la idea de un Dios inteligente que creó la materia y la dotó de unas leyes. El hombre, al estudiar la naturaleza, está profundizando en la comprensión de las leyes con las que Dios la dotó. El optimismo determinista de la ciencia moderna consideró que Newton había descubierto las leyes de movimiento de la materia y que era cuestión de tiempo completar el conocimiento de las otras leyes divinas que gobernaban el resto de los fenómenos.
Los métodos de la mecánica clásica se aplicaron a diversos campos de la física, como la hidrostática, la electricidad, o el magnetismo y funcionaron bien durante más de dos siglos. Pero, a finales del siglo XIX, su generalidad se empezó a cuestionar con la mecánica estadística y aunque en esta salvó el determinismo evitando el azar a nivel de los átomos considerando comportamientos globales, promedios y funciones de estado se descubrieron áreas que no se podían estudiar adecuadamente con sus métodos deterministas como es el caso de la física cuántica. Una partícula cuántica aparecerá  en un lugar u otro y se moverá a una cierta velocidad solamente con cierto grado de probabilidad. La física cuántica, por lo tanto, no sigue las leyes de la mecánica clásica, lo que tiene como consecuencia que los métodos de la mecánica clásica describen sólo una parte de la naturaleza.  
En la actualidad, físicos de renombre, como David Bohm (1917-1992), abogan por un mundo con un sustrato caótico del que surgen procesos estructurados que funcionan de acuerdo a una ley. Bohm en su libro Casualidad y causalidad en la física moderna dice que hay que reconsiderar las ideas que plantearon Heráclito y Parménides. Porque la casualidad, en las infinitas combinaciones que puede generar, puede ser que, en un momento dado genere procesos que dejen de ser casuales, y sigan una ley precisa. Es decir, que un proceso determinista surja a través de los accidentes de un mundo azaroso. Bohm dice:
 “…Vemos, por lo tanto, el importante papel de la casualidad. Si le damos suficiente tiempo, hace posible, y de hecho incluso inevitable, todo tipo de combinaciones de cosas. Con toda seguridad, llegará un momento en que ocurrirá una de esas combinaciones que ponen en marcha procesos irreversibles o líneas de desarrollo que sustraen el sistema de la influencia de fluctuaciones casuales. Así uno de los efectos de la casualidad es ayudar a agitar las cosas de tal manera que permita el inicio de líneas de desarrollo cualitativamente nuevas”

¿Es necesario un giro ontológico para ‘Reorientar la Economía’?


¿Es necesario un giro ontológico para ‘Reorientar la Economía’?
Eugenia Perona (Universidad Nacional de Córdoba)

Resumen 
En su último libro, Reorienting Economics (2003), Tony Lawson intenta explicar la naturaleza de los problemas que afectan a la economía moderna, así como proponer una salida a los mismos. Su tesis central es que la economía debe reorientarse en el sentido de un mayor compromiso con la ontología. Este libro no es sólo una contribución notable, sino que ha estimulado el debate metodológico dentro de la comunidad académica en una medida no conocida hasta ahora. Además de presentar las principales ideas de la obra de Lawson, en esta nota se lleva a cabo una reseña sobre las principales reacciones a Reorienting Economics.
Palabras clave: Reorienting Economics, ontología, realismo crítico, economía heterodoxa

Abstract 
In his last book, Reorienting Economics (2003), Tony Lawson endeavours to explain the nature of the problems pervading modern economics, as well as to outline a possible way out. His central thesis is that a reorientation of economics should be carried out, in the direction of a greater concern with ontology. Not only is this book a truly remarkable contribution, but it has also stimulated methodological debate within the academic community to an extent unknown before. In addition to presenting the main ideas of Lawson’s work, this note offers an overview of the main reactions to Reorienting Economics.
Key words: Reorienting Economics, ontology, critical realism, heterodox economics

1. Introducción 

El último libro de Tony Lawson, Reorienting Economics, ha tenido una gran repercusión entre los investigadores en metodología de la economía y economía heterodoxa, y es entendible por qué. Tony Lawson es hoy en día una figura líder entre los economistas que se oponen al enfoque tradicional (o mainstream) de la economía, cuya supremacía se ha extendido a lo largo del último siglo. Sus numerosos trabajos y conferencias; su idea pionera de aplicar a la economía los preceptos del enfoque filosófico sistematizado como realismo crítico; su fuerte compromiso con promover un cambio en la forma de hacer economía, que haga de la misma una verdadera ciencia social y no meramente un ejercicio en modelística; su análisis minucioso y coherente de las causas que explican los diversos problemas que afligen a la economía moderna; su visión provocativa pero a la vez de un gran rigor científico; su carisma personal, reflejado tanto en el entusiasmo con que defiende las tradiciones heterodoxas, como en la organización de innumerables eventos destinados a promoverlas – entre los que se destaca el famoso Workshop on Realism and Economics que lleva más de diez años de sesiones ininterrumpidas en la Universidad de Cambridge; han hecho del autor inglés un referente ineludible en el largamente postergado, pero en los últimos años floreciente, campo de la metodología de la economía. En efecto, el nuevo libro de Lawson, publicado por Routledge en 2003, fue recibido con avidez por la comunidad científica relevante, que no tardó en hacer oír sus reacciones. La conferencia de la International Network for Economic Method llevada a cabo en Leeds (UK) en septiembre de 2003, incluyó una mesa redonda sobre el libro en cuestión, dando lugar a comentarios por parte de Sheila Dow, Mark Peacock y Julian Reiss, así como a una réplica por parte del mismo Tony Lawson, que fueron luego publicados en una edición reciente del Journal of Economic Methodology. También el Post-Autistic Economics Review (PAER) – una revista electrónica cuyo número de adherentes crece día a día desde su creación en 2000 – se sumó al debate con un simposio sobre Reorienting Economics. En el número 28 (octubre de 2004), los editores comunican que ésta y las próximas ediciones de la revista estarán destinadas en parte a la discusión de la obra de Lawson “con la intención de que su libro sirva como foco para una discusión general acerca de la reforma de la economía”. Así, los números 28, 29 y 30 (estos últimos de diciembre de 2004 y marzo de 2005, respectivamente), incluyen comentarios de: Geoff Hodgson, Irene Van Staveren y Bruce Caldwell (No.28); Bernard Guerrien, Jack Vromen y Andrew Sayer (No.29); y Jeroen Van Bouwel y Bruce McFarling (No.30). 


† Publicado originalmente como: Perona E (2005) “Reseña sobre el debate acerca de Reorienting Economics”, Revista Empresa y Humanismo, Vol. VIII, Nº2/05, Universidad de Navarra, España (http://www.unav.es/empresayhumanismo/4publi/revista.html)